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viernes, 26 de octubre de 2012

REVOCATORIAS, MAFIAS, INOCENCIAS

Peru BlogsREVOCATORIAS, MAFIAS, INOCENCIAS

“Yo asumo la responsabilidad”
(Susana Villarán)

No hay cómo callarse sobre este tema. El Mercado de Santa Anita y el ordenamiento de la ciudad problemática y caótica que es nuestra milenaria Lima nos obliga a tomar posición. Y asumir posición significa ser claros. No se puede estar con Dios y con Mammón. El luto que Lima debería guardar por las víctimas de los condenables actos de violencia desatada por las mafias y sus aliados delincuentes el día de ayer muestra que hay una guerra en marcha, y que ésta, como todas las guerras, no soporta tibiezas ni acomodos. Y para tomar partido se necesita tener en claro cuáles son los intereses en pugna y qué actores están representados.

Qué está en juego

En el caso del Mercado de Santa Anita se trata de poner orden, de una buena vez por todas, al comercio de los alimentos y otros abarrotes y productos. Esta es una exigencia de la opinión pública, y tiene muchos años, pues este Mercado se viene construyendo desde tiempo atrás, lo que prueba que ningún alcalde de la ciudad, desde Alfonso Barrantes en adelante, dejó de tener claridad al respecto. Lima necesita con absoluta urgencia ordenar el comercio de los alimentos, y eso afecta absolutamente a toda la ciudad.

Por supuesto, no se trata solo de modernizar la ciudad y formalizar a los trabajadores de La Parada. Es algo mucho más difícil, que los alcaldes anteriores, en particular Castañeda, descuidaron mientras nos distraían metiendo cemento como cancha, lo que siempre es más fácil. A estas alturas está claro que Castañeda trató en todos sus períodos de no hacerse problemas y pateó el asunto hacia adelante. Ello fue una mecida en forma. Tal vez eso explicara en parte su constitucional tendencia al silencio.

Parece también que está claro que elegimos una Alcaldesa no para que se quede contemplando los problemas, sino para que tome el toro por las astas. Y aunque podemos y debemos discrepar con ella, pues cuando hay que apoyar, hay que hacerlo sin tantos tiquismiquis.  

Chocar o no chocar con Chocano

Es que, por supuesto, hay una manera de no equivocarse al hacer algo, y es no hacer nada en absoluto. Y sustituir los hechos con jarabe de pico o con silencios culpables y a veces cómplices. Un razonamiento espurio nos dice que para no equivocarnos con los operativos, pues no hagamos operativos en absoluto, pobrecitas las mafias y sus delincuentes que tanto se sacrifican trabajando por la ciudad.

Es decir, mejor sería, en la mente inocente de los revocadores “no chocar con Chocano”. Chocano en esta ocasión es uno de los jefes de las mafias que controlan el abastecimiento de alimentos a la capital de la república. Ya se habla de la bolsa de 100 soles per cápita que los mafiosos reunieron – o más bien expoliaron – para pagarles a Pedro Navaja, Juanito Alimaña y sus amigos que trabajaron tan bien ayer. Y a los que se asegura ingresos “extras” a través del saqueo consecuente. Hemos escuchado la amenaza de los mafiosos de meter juicio al que diga que se le ha pagado a Pedro, Juanito y sus patas. Imaginamos que ellos también chambean en las Barras Bravas que apuntalan a la mafia hermana del Fútbol, y que se traen un buen conjunto de cadáveres en la conciencia. Y para remate encontramos en los medios de comunicación esa extraña y ambigua actitud que tanto nos habla de los verdaderos intereses que defienden y como tratan de culebrear entre ellos.

Mafias

No es secreto que nuestro país está inficionado por la corrupción. Las organizaciones que la instrumentan se llaman “mafias”. Y no es de más recordar qué son: La “mafia” se define como una organización que emplea métodos ilícitos para el logro de sus objetivos y no deja participar a otros en una actividad. Vale decir, por definición excluye a otras personas y grupos acaparando una actividad y creando una jerarquía propia, sostenida por la fuerza. Lo que va contra la esencial ley del mercado de la Libre Concurrencia, es decir destruyendo el mercado. Y si algo puede equilibrar los precios de los alimentos de manera decisiva es precisamente establecer el mercado en donde existan condiciones adecuadas para ello. Esta obligación fue establecida por la ciudadanía en las elecciones que Susana Villarán ganó con tanta dificultad. Y esto ocurrió porque el programa presentado implicaba precisamente hacer lo que se está haciendo: Poner orden. Y como somos peruanos y no nos chupamos el dedo, sabemos que las mafias que hoy se rasgan las vestiduras y que son apuntaladas con descaro por los medios de comunicación, apoyan la Revocatoria. Y es obvio que sus intereses coinciden con los de la derecha ByA (Bruta y Achorada) que instrumentan la Revocatoria.

Seamos claros, estar por la revocatoria es estar objetivamente aliado a las mafias de los alimentos (y de paso del Transporte Público). Y aspira, aunque no lo sepa, a que los precios de los alimentos (y de paso los pasajes) sigan siendo controlados por éstas.  Allá ellos con sus inocencias.

Y ya que menciono todo esto, digamos que ocurre igual con las mafias que controlan el Transporte Público. Entre tantas falacias que tratan de afincarse en un sentido común retorcido producido por la experiencia, hacen “huelgas”. Y eso no son “huelgas”, que se definen por ser realizadas por los trabajadores, sino “lock-outs” realizados por los propietarios que defienden su mafia, apoyados con absoluta claridad por la DBA. Véanse los periódicos de hoy y escúchense los comentarios radiales, si no me lo creen.

Colofón

El que nos diga que la Revocatoria, la violencia en La Parada y los lock-outs del transporte Público no están relacionados muestra o poseer una impresionante bandada de pajaritos en la mitra, o tener familia en alguna de las jerarquías de las mafias. O que se come lo que dicen los medios de comunicación obviamente digitados. Y así los delincuentes no son delincuentes, ni las mafias son mafias, ordenar la ciudad es condenable e imponer la ley y el orden no debe hacerse. Seamos claros: Defender la justicia no es defender el desorden, y favorecer a las mafias no es Política Social. A tomar el toro por las astas con vigor, con energía, con sensatez. El que tenga Oídos, que Vea.  

jueves, 9 de junio de 2011

NI ESTUDIAN NI TRABAJAN, SEGUNDA PARTE DE LA GENERACIÓN NINI



Una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse.
(Kofi Annan)

Nuestra colistera en la lista Comunidad E-ducativa, la Doctora Nacarid Rodríguez Trujillo, a la que agradecemos de corazón, nos piloteó hasta la base de datos del Sistema de Investigación de Tendencias de la Educación en América Latina - SITEAL, y así hemos obtenido algunos datos relevantes sobre la extensión en varios países de América Latina de la Generación que Ni Estudia Ni Trabaja. A su vez, SITEAL ha extraído la data peruana de las Encuestas Nacionales de Hogares (ENH) del INEI de 2007 y 2009. La Generación NINI, tan desgraciadamente invisibilizada en el discurso electoral de los últimos meses, es expresión doble de la doble crisis de empleo y de educación que nos aqueja.

Como vimos en artículo anterior sobre este tema, el empleo se reduce, y se reduce más aún el empleo decente. Entre las principales víctimas de este proceso, están los jóvenes. La Generación NINI, que NI ESTUDIA NI TRABAJA, le debe este nombre a su característica fundamental de no estar encuadrada ni en el sistema educativo ni en el sistema productivo. Es decir, está en NADA, como decimos nada sutilmente por acá.

La importancia del tema está en la medida que combina los aspectos laboral y educacional, a la vez que se refiere a los jóvenes y su inserción social. La única cifra que manejábamos en anterior artículo era de unos 20 millones de jóvenes en América Latina en situación NINI. En Centroamérica, México y Colombia el problema de la Generación NINI parece estar muy relacionado con el problema del narcotráfico y el pandillaje. Los Maras, grupo internacional de pandilleros organizados semi-militarmente, se afiataron como superpandilla gracias a la brillante y facilista “solución” de ingresar a estos jóvenes en el Servicio Militar, multiplicando varias veces el problema que se pretendía solucionar. Esto demuestra que la estupidez suele ser contagiosa, y ataca la capacidad de observación y razonamiento, pues que sepamos la incapacidad de aprender de la experiencia ajena tuvo entre sus víctimas a una candidata presidencial en el Perú, y al Gobierno Regional del Callao, que insistieron, e insisten, en esta “solución”, que entienden como panacea. Las elecciones pasaron, así que el fantasma de ver a la estupidez entronizada en este aspecto ha pasado por ahora, aunque entendemos que en el Callao se hace lo necesario para fomentar la aparición de una versión nacional de maras.

Primero, las cifras

Miremos un poco a América Latina, manejando algunas de las cifras que SITEAL nos pone al alcance. Veamos el asunto primero desde una perspectiva longitudinal y sincrónica, y luego desde una transversal, comparativa. Reservaremos este artículo para la primera, en tanto que en un ulterior artículo enfrentaremos la segunda.

La perspectiva sincrónica

Veamos algo de la evolución del problema de acuerdo a las cifras, escogiendo algunos países que sentimos como representativos:

Los países pueden clasificarse de acuerdo a la gravedad del problema:
Grave, como Argentina Urbana y Chile, donde uno de cada dos jóvenes de 14 a 30 años son NINI.
Regular, como Colombia y México, con aproximadamente uno de cada tres jóvenes NINI.
Por último, la estándar, de Brasil y Perú, con 1 de cada 4 jóvenes en la condición NINI.

Vamos uno por uno:

En la Argentina Urbana, en 1993 un 37.7 % de la población entre los 14 y los 30 años de edad era NINI. Hacia 1998, la cifra saltó a 42,5 %, manteniéndose más o menos estacionaria hasta 2009, que registra un 44 %. Casi la mitad de esta población total es NINI.

En Brasil, las cifras muestran ser estacionarias, desde el 2001 un 24,7 % hasta el 2009, un 25, 3 %.

En Chile, se presenta un aumento y agudización del problema. En 1990 un 38,5 % era NINI, en 1996 se salta a 45,7 %, alcanza un pico de 49,8 en el 2003, y de ahí una pequeña reducción a 48 % en el 2009.

Colombia no cuenta con más cifra que el 32,6 % registrado en 2010. No es posible hacer aquí análisis sincrónico.

México, que quizá es el país que más visualiza y enfrenta el tema, registra un crecimiento desde el 24,9 % en 1993, hasta el 31,3 % en 2008. Esta visibilización tendría fuerte relación con un problema que Colombia enfrentó una década atrás, el de la “narcotraficización” (horrible neologismo) de la sociedad, que incorpora una peligrosa forma de encuadrar a los jóvenes NINI.

El Perú registra dos cifras: En 2007 un 23,7 % y en 2009 un 25,8 %. Pocas para registrar una tendencia, sin embargo nos ayudarán en la comparación.

No entraremos a plenitud al tema de los países centroamericanos, cuna de los maras, por razones de simplicidad y espacio.

Una primera conclusión que sugieren estas cifras es que parece que la condición NINI está en general crecimiento. Cada vez más gente joven está en estado de “vagancia”, o como decimos algo jocosamente por acá, de “travagancia”.

Otra conclusión es que las contenciones que se han estado colocando para evitar la expansión del problema no parecen surtir un efecto demasiado apreciable. Así lo sugerirían las cifras brasileñas, argentinas y mexicanas.

Los casos del Perú y Colombia parecen ser diferentes, porque no sabemos que se haya aplicado ni una sola contención dado que el problema no está visibilizado aún en la sociedad, posiblemente por la válvula de seguridad constituida por la emigración en el caso peruano. En el caso colombiano, del que ignoramos casi todo, aventuraremos una hipótesis: En las décadas del 80 y 90 el estado colombiano habría tomado por las astas el tema de la narcotraficización de la sociedad en los niveles locales y municipales, reforzando sus municipios al entregarles ingentes montos del presupuesto nacional, a fin de competir eficazmente con el clientelismo de los cárteles de narcotraficantes, con el posible efecto colateral de interrumpir o cuando menos estorbar el reclutamiento de jóvenes NINI.

El encuadre de los NINIs

Nos gustaría introducir un concepto tipo vuelo de pájaro. Si ni el sistema educativo ni el sistema productivo encuadran eficazmente a los jóvenes, la pregunta es entonces, de dónde surgen y en dónde o hacia dónde se encuadran. Llamemos provisionalmente “encuadre” al locus de la ubicación físico-social de los jóvenes NINI, definiéndolo operativamente como los lugares institucionales desde donde son “expulsados” hacia la situación NINI. Entendemos que este “encuadre” tiene que ver con los procesos que dan lugar a los NINIS, que trataremos de visualizar, aunque como no contamos con data haremos hartas hipótesis, esperando que nuestros amigos nos ayuden a corregirlas y aumentarlas. ¿Dónde encuadramos a los NINIS? Vale decir, ¿De dónde surgen, y a dónde van?

Primer encuadre: Desertores del sistema educativo

En nuestro país podemos suponer un primer nivel de encuadre en los desertores del sistema escolar que permanecerían en el hogar. Se quedan en casa consumiendo televisión o juegos, o tal vez ayudando en la economía doméstica. Las muchachas y muchachos que deben abandonar la escuela por diversos motivos no tienden a retornar al sistema, porque el crecimiento económico del que tanto se han jactado los gobiernos no ha llegado allá abajo en ninguna forma, ni de empleo ni de mejora del sistema educativo que retenga al alumno. Por ello entendemos como muy posible que este grupo termine reforzando las estadísticas de Trabajo Infantil en el nivel de las actividades de subempleo, o peor aún, de trata de personas o la integración a redes de delincuencia organizada.

Ahora bien, retener al alumno en el sistema educativo no es una solución al problema, es más bien un paliativo. Como es sabido, los jóvenes tienen la mala costumbre de crecer con el tiempo, a razón de un año cada año, y no pueden estar eternamente en el sistema educativo, sin por lo menos combinarlo de alguna manera con el sistema laboral. Cruzando esa cuarta parte de la población joven que es NINI con los niveles de desempleo abierto juvenil, parece ser que, efectivamente, los mecanismos de “primera chamba”, aunque existen, no están suficientemente desplegados para abarcar una parte notable de la población joven. Este es un enorme reto para el gobierno que recién se inicia.

Segundo encuadre: Egresados del sistema educativo secundario

Un segundo nivel de encuadre estaría en los egresados del sistema educativo en secundaria. Se sabe que la formación que el sistema educativo proporciona solamente puede definirse como inútil si de ganarse la vida se trata, y solamente sirve para orientar a los jóvenes a las universidades, donde ellos y sus familias continúan siendo exprimidos hasta donde se pueda. Los no-ingresantes se encuadran entonces en otro grupo NINI. Desde el hogar alimentarán a las academias preuniversitarias, o entrarán al mercado laboral juvenil en condiciones completamente adversas. La ruta vital los lleva en línea directa al subempleo, el ocio improductivo, o las redes delincuenciales.

Tercer Encuadre: Expulsados del sistema universitario

Naturalmente, cuando hablamos de “expulsión” no hablamos en sentido académico sino económico. Es sabido que muchos jóvenes que están estudiando no trabajan. Contrario sensu, muchos de los que trabajan no estudian. Los que consiguen ambas cosas son muy pocos, pues no existe coordinación alguna entre una actividad y otra, de modo que para la mayoría de jóvenes son actividades exclusivas. Vale decir, se entiende que el que estudia no trabaja, y si, por motivos académicos o económicos, debe retirarse del sistema universitario, normalmente lo hará por la necesidad de trabajar. Pero el empleo no es que precisamente abunde, entonces se encuadrará como NINI desde las filas del desempleo juvenil abierto, o del subempleo.

Cuarto Encuadre: La Discapacidad

La discapacidad es un problema particular, con sus propias aristas, pero es obvio que muchísimas personas con discapacidad son jóvenes NINI, y muchos de ellos desde los 14 años. Naturalmente, dado quye la discapacidad puede ser genética o adquirida, los jóvenes que entran en esta categoría pasan a ser NINIS casi automáticamente. Un grupo particularmente visible es el de los veteranos de la guerra de sendero y otros conflictos, que constantemente están en queja de las condiciones en que sus instituciones los tienen.

Las cifras de personas con discapacidad en el Perú no se conocen con exactitud debido al problema conceptual de definición de la discapacidad, lo que ha producido cifras para todos los gustos. Pero hay coincidencia en todas las fuentes que la deserción, el desempleo y el subempleo son mucho mayores entre la población con discapacidad. Uno de los encuadres más comunes del NINI con discapacidad es la mendicidad, se ha observado que el número de personas con discapacidad entre los mendigos y pobres extremos es notablemente alto.

Seguiremos con el tema

Estos encuadres no deben ser completos, pero como no pretendo agotar el tema, sino introducirlo y visibilizarlo, podemos por ahora dejar aquí este primer análisis, llamémoslo sincrónico, es decir centrado en un superficial vuelo para ver de dónde vienen y a dónde van los NINIS. Amenazamos entonces con un siguiente artículo sobre el tema. Nos vemos.


VIENE DE JÓVENES QUE NI ESTUDIAN NI TRABAJAN: LA GENERACIÓN NNI - http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/05/jovenes-que-ni-estudian-ni-trabajan-la.html

CONTINÚA EN: GENERACIÓN NINI, LA SOLUCIÓN DEL EMPLEO - :http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/06/generacion-nini-la-solucion-del-empleo.html

lunes, 16 de mayo de 2011

JÓVENES QUE NI ESTUDIAN NI TRABAJAN: LA GENERACIÓN NINI


La problemática educativa en nuestro país nos ofrece tantas preocupaciones, y todas parecen tan esenciales. Por desgracia, la tendencia mundial al creciente uso de la cibernética en los procesos productivos tiende a la reducción del empleo; y en nuestro país, además, esto se complica con el divorcio del crecimiento económico del desarrollo. Añadamos a esta malvada sopa nuestras rígidas estructuras sociales, la cultura empresarial mercantilista del cholo barato, más la enorme ignorancia cívico-política de las mayorías, y esta viciosa ecuación nos da, entre otros males que padecemos, la llamada Generación Ni-Ni: Un grupo generacional compacto y creciente de jóvenes que “Ni estudian, Ni trabajan”. Son jóvenes entre los 14 y los 30 años que no hacen, literalmente, nada. Este hecho tiene, necesariamente que causar niveles de angustia en los que la padecen, así como tiene que aumentar el estrés económico de muchísimas familias en nuestro país.

Contexto Nacional

Es conocido el simple hecho que el mercado laboral, en términos relativos, se reduce cada vez más, así como la creciente necesidad de mayores certificaciones académicas para alcanzar la mera posibilidad de trabajos escasos, mal pagados y en condiciones laborales precarias. Ello afecta a vastas capas de la población. Hace tiempo que un vasto sector de la PEA de las capas medias de más de 45 o 50 años ha perdido su empleo principal, y realiza actividades de supervivencia, por ejemplo. Sin embargo, estas capas poseen cierta protección en base a las inversiones realizadas en años anteriores, tanto en su nivel educativo, como en inmuebles, ahorros de todo tipo, o en el apoyo familiar de sus descendientes. Pero el problema se generaliza hacia otras capas demográficas mucho más vulnerables. Aunque hace ya muchos años se abrieron dos grandes válvulas de escape, la Emigración y las Pequeñas Empresas, y aunque carecemos de cifras precisas al respecto, podemos decir que, si de lo que se trata es del logro del pleno empleo o cuando menos de condiciones razonables de vida, la situación laboral de las grandes mayorías de nuestro país ya se escapó de las manos. Los jóvenes que ingresan anualmente en números ingentes al mercado laboral se encuentran con problemas de empleo muy graves.

Otros países de la región han visibilizado este problema, como Brasil, México y Argentina. Aquí todavía o no visibilizamos adecuadamente el tema, o si se hace se plantean simples parches que resuelven únicamente algunos forados más o menos evidentes, y que puedan dar réditos políticos. Es el caso del servicio militar para los pandilleros, planteado por la candidata de FUERZA2011, y en una forma edulcorada por el conservador y conceptualmente bastante perdido Gobierno Regional del Callao. Estas “propuestas”, según parece, amenazan con ser impuestas más que consensuadas, y obedecerían a limitaciones ideológicas de los decisores políticos, o a compromisos políticos, más que a una visión realista del tema.

Lo cierto es que si en los países europeos, el Japón o los Estados Unidos el estudiante que alcanza una certificación no encuentra trabajo y se dedica a sus juegos de video, en países como los nuestros, de pobreza generalizada, el ex estudiante desciende a la categoría de desempleado y ciudadano del Perú. Como se sabe, conseguir una chamba en el Perú para las clases medias implica una movilización de los recursos familiares basada en las relaciones sociales establecidas, más que en los merecimientos académicos del joven en cuestión. Esto no mejora las relaciones sociales, al visualizarse las diferencias entre grupos sociales no principalmente como una cuestión de acceso a la formación académica, que también, sino como de ventajas injustas e inmerecidas alcanzadas básicamente por mecanismos de corrupción generalizada.

Mucha gente no me cree cuando digo, con otros educadores, que el último puesto de un colegio de categoría A estará en una posición laboral mucho más ventajosa que el primer puesto de un colegio nacional, y me pregunto por qué esto está invisibilizado.

El factor ético social y los Planes de Gobierno

Añadamos a este enredo el factor ético, es decir la escala de valores socialmente aceptada e introyectada por los mecanismos sociales de formación de valores, entre ellos los medios de comunicación abiertos. Éstos muestran una increíble irresponsabilidad al transmitir sin autorregulación alguna y como parte de sus contenidos diarios, una ética social basada en el azar, la sinvergüencería, la conveniencia, la vida fácil y una suerte de desmovilización ciudadana. No digamos los evidentes sesgos de la campaña electoral, que muestran palmariamente a vastas capas de la población que la plata manda, y se obtiene por faenones o corrupción. Desde una perspectiva ética no es posible explicarse esta reversión de valores por una cuestión de maldades individuales o limitaciones personales de periodistas o propietarios de medios, sino como un reflejo de lo que nuestra sociedad realmente es.

La invisibilización del tema sería parte de este aspecto. Un factor crucial a tomar en cuenta en los Planes de Gobierno de los candidatos en esta segunda vuelta es la existencia o no de una suerte de Plan de Gobierno “Latente”, escondido detrás del Plan de Gobierno “manifiesto”, que es el que se le muestra al país. Evidentemente, un Plan de Gobierno pequeño y con falencias notables, como el de FUERZA2011 no puede contener suficientes candados que tranquilicen a la ciudadanía. La muestra está en la aparición de temas no mencionados en dicho Plan, como el tema del Servicio Militar Obligatorio, mencionado por dos altos dirigentes de dicha agrupación como Kenji Fujimori y María Luisa Cuculiza, y rápidamente “desmentido” por la candidata presidencial, ni bien se percató de la metida de pata. Nos guste o no, el Plan de GANA PERÚ contiene muchos más de dichos candados, y por lo tanto la ciudadanía puede exigirle su cumplimiento. No pasa esto con el plan de gobierno de FUERZA2011. Es más, un elemento clave del Plan de Gobierno de GANA PERÚ es el de la Lucha contra la Corrupción, y creemos que una manifestación tan frontal en contra de la Corrupción, es garantía de acciones en cuanto a los problemas de valores sociales imperantes en nuestro medio. Y si no lo hace, que tenga por seguro que la Patria se lo demandará.

Generación NINI en el Perú

Volvamos a la Generación NINI. Más del 10 % de la PEA entre 14 y 30 años, y cerca de 20 millones en América Latina padecen el problema. ¿Cuántos en el Perú? No tenemos ni la más mínima idea, pero deben ser una cifra muy respetable. ¿Y por qué es un problema? Pues porque si sumamos dos más dos, el joven que NI ESTUDIA NI TRABAJA, entonces ¿qué hace?.

¿Qué posibilidades tiene un joven de 14 a 30 años que ni estudia ni trabaja en el Perú? Intentemos imaginarlo, a falta de data. Puede quedarse en su casa “haciendo nada”. Es decir, no está, como es frase común entre nuestros jóvenes, haciendo nada por la vida. Lo que significa dejar pasar la vida en una suerte de cómodo “descanso”, insostenible a la corta o a la larga, pues NINI se constituye como carga familiar, sin perspectivas de futuro, como una boca que no produce, pero que hay que alimentar. Y la situación económica de las familias en el Perú no es precisamente bacán. Los servicios educativos se segmentan cada vez más, y sus costos aumentan. Recurrir a las relaciones sociales para que le consigan un trabajo al joven es cada vez más complicado. No hay ninguna política pública al respecto, excepto el programa PROJOVEN, dirigido desde el ministerio de Trabajo, que combina diferentes visiones y posibles soluciones del problema, y según parece de manera más o menos efectiva, pero con una penetración bajísima, dependiente de la inversión privada que se realiza dentro del Perú. Pero desde que la mayor parte del producto nacional es minero, y sale del país, la cantidad de inversión privada no minera – que es baja generadora de puestos de trabajo – es mucho más limitada de lo que se cree. Y la mayor parte de los puestos que PROJOVEN provee lo son en el sector de servicios, que es por definición, de menores salarios. Empresarios guiados únicamente por el criterio de ganancia económica utilizan estos trabajadores para prescindir de otros trabajadores más “caros”, y “reducir sobrecostos”, con el nefasto efecto que por dar trabajo a un joven en condiciones laborales ventajosas para la empresa suelen dejar a padres de familia sin empleo, reproduciendo la Generación NINI a la larga.

Hay otros inquietantes temas involucrados: La delincuencia, el pandillaje, el narcotráfico. Estas respetables instituciones ofrecen puestos de trabajo a los jóvenes peruanos. En la lógica de la ganancia inmediata, son promisorias y muestran una gran proyección basada en la continuidad del uso de psicotrópicos, el crecimiento económico que proporciona “clientes”, la aceptación de la sociedad, y la posibilidad de apoyo gubernamental según quien gane las elecciones. Además poseen proyección internacional y no requieren de experiencia previa, excepto en cuanto a las condiciones sociales imperantes en nuestro país. En muchos casos ofrecen una institucionalidad establecida y reglas de juego claras, entre ellas una jerarquización sólida, y la certeza de que se entra a pie y se sale en pijama de madera. Aunque el mercado interno está subdesarrollado, la capacidad de exportación está en auge, sometida a los vaivenes de los mercados internacionales y de ciertos grupos que supuestamente combaten estas santas actividades. A los jóvenes NINI, básicamente, les proporcionan una actividad en la que se gana plata, reconocimiento social, farra interminable y posibilidades de ascenso político, si elige el partido político adecuado.

Posibles soluciones

El gobernador del estado de Chihuahua, en México, ha propuesto ingresar a los jóvenes NINI chihuahueños en el Servicio Militar. En el caso del Gobierno Regional del Callao, en el Perú, que plantea una forma de servicio semi-militar, no se les llama NINI sino “pandilleros”. Se ha mantenido esta brillante idea en el Plan de Gobierno latente de FUERZA2011, aunque repentinamente sazonada con una copia del original de un exitoso programa brasileño, salpicado de algunas gotas de PROJOVEN. No abundaré en las muchas razones que están en contra de esta medida y a las que cualquier persona con algo de tiempo para usar las neuronas puede llegar. Describí algunas de ellas en mis artículos sobre Matonería-Bullying y Disciplina y Valores, por si son necesarias. Dejemos estas “opciones” y vamos a algo inteligente, recogido y aplicado de diversos educadores y decisores políticos de Argentina, México y Estados Unidos.

Primero: Por motivos estrictamente crematísticos y estamentarios, las Universidades e Institutos del Perú están desactualizadas en sus currículas, mantienen a los estudiantes demasiado tiempo en aulas para sacarles hasta el último céntimo posible, y la mayoría de sus cartones sirven para adornar las paredes, manera simple de decir que no responden a las necesidades del mercado laboral.

Se propone: Vincular las universidades con las empresas privadas para conocer las verdaderas necesidades de éstas, y reactualizar las currículas y syllabi hacia cuestiones realmente útiles. Una encuesta tomada hace algunos años a egresados de las carreras de ciencias de la Universidad Católica mostró que apenas el 10 % de los contenidos aprendidos eran empleados en la vida laboral. Se retiene demasiado tiempo a los estudiantes antes de obtener una certificación que permita entrar al mercado laboral. En otros países se certifica en 2 años, en 4 años, y de ahí en adelante, según esquemas abiertos y flexibles. Por otra parte, las carreras técnicas son aún el patito feo del Perú, por temas de estatus social. Hay experiencias en las que la certificación en carreras técnicas ha sido extremadamente útil en la auto creación de puestos de trabajo. Incluso en el Perú se tuvo en época de Velasco tanto las ESEPs como el llamado Proyecto Perú, gestionado por la Universidad de Lima, que certificaron a muchísimas personas. Las experiencias pasadas, sumadas a las exitosas de otras latitudes deberían impulsar un trabajo sólido al respecto.

Segundo: La deserción y la repitencia en la escuela peruana son problemas graves, más aún si consideramos el bajísimo nivel de calidad educativa que nos caracteriza. La estructura educativa no está diseñada para mantener a los jóvenes en procesos educativos coherentes. La temprana edad de inicio de la situación NINI, indica que muchos de los niños entre los 14 y 16 o 17 seguramente están en sus casas o en las calles, desatendidos de manera absoluta. Esta desatención tiene que tener tempranos efectos de desencanto en ellos. La autoestima baja y la sensación de fracaso se instalan y es el principal caldo de cultivo de NINIs.

Se propone: Reforzar la educación en valores empleando todos los recursos educativos. Es esencial convertir las escuelas en espacios amables. El fomento de programas de Deporte – el programa brasileño con sesgo de género “Vencedoras” se orienta a ello, y tenemos algunas experiencias en el vóleibol -, Arte, Ciencias y Solidaridad social, fomenta valores sociales importantes, prepara para la vida ciudadana y laboral, y es altamente inclusiva. Y mantiene a los niños en las escuelas. En resumen, se trata de hacer atractiva la permanencia en la escuela.

Tercero: La pobreza generalizada determina la presencia de un serio problema de Trabajo Infantil, debido a que los problemas de la infancia no son enfrentados. La necesidad de las familias de mejorar como sea la dramática situación económica determina el ingreso temprano a la delincuencia, en algunos casos ya instalada como tradición familiar, mientras que muchos otros niños tienen que trabajar. La cifra es de millones de niños, y aunque el problema se está visibilizando, falta lo esencial, enfrentarlo políticamente.

Se propone: En primer lugar hay que tener una política seria de Infancia que involucre a los diversos sectores del estado, la empresa y la sociedad civil. Y además establecer una política real y efectiva contra el Trabajo infantil. Esto a nivel de prevención. En lo directo, las distintas experiencias de mexicanos y argentinos de subsidio directo o becas focalizadas parecen tener bastante éxito en esto de retener a los jóvenes en la escuela. Las cifras mexicanas son de aproximadamente US$ 45 mensuales por alumno, con un costo aproximado de 1500 millones de dólares anuales. En Brasil, el acceso al equivalente de JUNTOS en el Perú está amarrado con el envío de los niños a las escuelas. Tenemos entendido que algo de esto se está haciendo en el Perú.

Nos detenemos aquí, por exceso de espacio. No está agotado el tema, ni mucho menos. Pero por lo menos queda planteado.

CONTINÚA EN: NI ESTUDIAN NI TRABAJAN: SEGUNDA PARTE DE LA GENERACIÓN NINI:
http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/06/ni-estudian-ni-trabajan-segunda-parte.html

martes, 1 de febrero de 2011

DISCIPLINA Y VALORES ¿CURSO CÍVICO-MILITAR?

Nos llamó la atención días atrás una noticia publicada en El Peruano, respecto a la implementación en el Callao de un así llamado “Curso Cívico-Militar”, que sería obligatorio para los estudiantes secundarios del primer puerto. La noticia no dice mucho más, sino que la justificación estaría dada debido a “que un sector de la juventud ha perdido valores fundamentales como el respeto al prójimo y a la propiedad lo que tiene como desenlace el pandillaje y la delincuencia. (SIC)” Son palabras atribuidas a Félix Moreno, Presidente Regional del Callao.

Dícese también que “el curso no implicará marchas con pasos militares ni el uso de indumentarias castrenses, pero sí el reforzamiento de la cultura cívica de los estudiantes para contribuir a su formación como hombres de bien.” Gracias a Dios el Ministerio de Educación ya se enteró y puso el correspondiente grito en el cielo, aunque ampliamente edulcorado por la necesidad de transar con las autoridades políticas, que por alguna razón parecen ser bastante expertos en Educación “Cívico-Militar”.

Me pregunto qué estará pasando con el curso de educación ciudadana y cívica en el Callao que no pase en el resto del país. Cuál podrá ser la diferencia. Ya sabemos que ese curso es bastante inoperante, como lo son, dicho sea de paso, los de Comunicación, Matemáticas y Ciencias (A PISA 2009 nos remitimos), pongamos por caso. Pues mirando bien parece que con el curso no pasa nada especial. Tal vez sea la situación del Callao. Sabemos de más que el Primer Puerto, y como buen puerto además, cuenta con su cuota de delincuencia común. Y según parece, la delincuencia que, por desgracia, caracteriza al Callao, requiere de algún tipo de respuesta política. O cuando menos la finta de que algo se hace. Y se les ocurrió esta simpática medida de crear un “curso cívico-militar”, a la sombra, claro está, de la diversificación curricular. La justificación ensayada por el presidente Regional se refiere directamente a valores como el “respeto al prójimo y a la propiedad”, que serían, si comprendemos bien la noticia, causas de la formación de pandillas y de la proliferación de la delincuencia.

No deja de ser interesante que, interesadamente o no, se confundan causas con consecuencias. Creemos, sin lugar a dudas, en la capacidad de las autoridades del Puerto para entender los problemas. Y sin embargo, tengo entendido que el asalto y el robo – a esto se refieren con los eufemismos de “falta de respeto por el prójimo y la propiedad” – son una consecuencia del ingreso de jóvenes concretos, reales, con nombre y apellido, piernas y brazos, en la delincuencia. No al revés. No es que primero eres “malo”, y luego haces “cosas malas”. Es teniendo en tu entorno “cosas malas”, y viendo hacer “cosas malas” es que aprendes a copiarlas, y en la copia y perfeccionamiento de esta habilidad es que te vuelves “malo”. Y que me perdonen mis lectores por este argumento, pero estoy obligado a ponerlo de manera que lo entiendan las autoridades del Puerto.

Esto de señalar como causa de todo mal social a la “falta de valores” honestamente ya cansa un poco. Escuchar a algunas personas pontificar sobre los valores, como si supieran de qué se trata, y confundirlos con los hechos concretos de la vida sería jocoso, si no fuera porque los que así se expresan son autoridades elegidas, y sus carencias de entendimiento desembocan en curiosidades como un curso cívico-militar para “reforzar” valores. No entiendo cómo se puede “reforzar” algo que se ha tipificado como “carencia”. Si no hay, no hay nada que reforzar, pues. Hay que “crearlos”, “traerlos” o “instilarlos”. El Ministerio de Educación, con mejor criterio, prefiere “formarlos”, que aunque no le ligue, es mejor que imponerlos a patadas.

La lógica de las cosas, obviamente, sería bien aumentar las horas de educación ciudadana y cívica, o bien mejorar su calidad, o mejor aún, ambos. Pero aparentemente eso no da réditos políticos, ni produce la finta de hacerle creer a la población que algo se hace contra la delincuencia, o cuando menos que existe algo que recuerde más que sea de lejos a una política al respecto.

Es que hay temas escondidos debajo. Se habló de “monitores” proporcionados por la Marina de Guerra, para plantear “disciplina”, y, suponemos, introyectar “valores”, aunque eso de introyectarlos espero que alguien me cuente como se hace. Digo, de verdad, porque si se trata de emplear el garrote para que los alumnos chalacos saliven disciplina y valores, bueno, ya sabemos que muy bien no funciona, por más monitores y por más Marina de Guerra que se meta en el tema. Por supuesto, a falta de definiciones claras o ideas precisas sobre el tema, se cae en los lugares comunes ya escuchados. Y todo indica que esos lugares comunes, que se quieren imponer como la lógica de las cosas, son los que presiden esta curiosa decisión del Gobierno Regional. Según estas extrañas ideas todo tiempo pasado fue mejor, y como la vetusta Instrucción Pre-Militar funcionaba y a la vez no había tanta delincuencia, se hace la correlación automática de que uno supone el otro, y ya está. Y la disciplina consistirá en marcar el paso y obedecer sin chistar. Es decir, la aplicación de la famosa política de “contención”.

Me detengo en esto de la “contención”. Este término es de lo más curioso y merece una poca de análisis. ¿Qué es “contener”? A mí me sugiere algo que se nos viene con una fuerza eventualmente destructiva, y a lo que hay que ponerle un dique. Si nos atenemos a lo señalado, esa fuerza ciega es la delincuencia, la que se produciría por “falta de valores”. Y como la mayoría de los que entran a este inframundo de la delincuencia lo hacen durante la adolescencia y juventud, pues entonces hay que contener esa entrada de niños y jóvenes a la delincuencia. Y hasta acá, qué duda cabe, podríamos tener un cierto acuerdo. Nadie puede estar de acuerdo con los asaltos y los robos. Y algo hay que hacer al respecto. Lo que objetamos es que la aplicación a rajatabla de esa llamada “disciplina” y la formación de valores vengan de la mano con un curso “cívico-militar”. Es indudable que la adolescencia y la juventud son etapas de la vida. Los niños aprenden lo que viven. El niño es el padre del hombre. Y si el niño es mal formado, lo demás sería simplemente contención. Pero la adolescencia en nuestro país es un período que tiene demasiado de desencantamiento, demasiadas contradicciones irresueltas, muy poco de alternativas de vida. Y produce, por ende, una reacción agresiva. Como el curso se propone para Secundaria, suponemos que es a esta agresión ciega a la que se le propone como dique un curso “cívico-militar” de reforzamiento de valores.

Y la disciplina. Ah, la famosa disciplina, tan asociada en nuestro país al garrote y al principio de autoridad. Se nos olvida tan fácil que la disciplina es un sustantivo y no un adjetivo. Que la disciplina se define como la habilidad (HA-BI-LI-DAD, no imposición) de poder centrar el esfuerzo personal o social para obtener un resultado determinado. Y que ello requiere formar el “carácter”, la “fortaleza” de la persona o el grupo, precisamente para poder centrar los esfuerzos y evitar la dispersión. Pero acá confundimos el “carácter disciplinado” del militar que cumple órdenes con la “disciplina”, que es la habilidad de centrarse en cumplirlas. No en vano se llama “disciplina” a las matemáticas, la física o la filosofía, pues para estudiarlas y conocerlas se requiere centrar el esfuerzo en su aprendizaje, seguir sus reglas, abocarse a entenderlas. Esfuerzo personal, sí, pero con establecimiento de un “foco” en el cual esforzarse. Es decir, la disciplina no va de fuera adentro, sino de dentro afuera, como una habilidad aprendida, con actitudes más. Pero acá asociamos disciplina a castigo. La “disciplina” no es un “valor”, es una habilidad. El “ser disciplinado” sí muestra el valor de la “fortaleza de carácter”.

Aparte de este tema de la disciplina, que no se menciona pero que se supone, está el de los “valores”. En las penosas declaraciones del presidente regional se dice que la “juventud” ha “perdido” valores. Interesante concepto ese el de “perder valores”. Habría que ver primero si los jóvenes delincuentes en potencia a los que se quiere contener, se los han encontrado en alguna parte del previo camino de la vida, y si estos son los valores sociales que suponemos correctos. Porque nadie puede perder lo que jamás ha tenido. Si los valores de “respeto al prójimo y a la propiedad” se han perdido, sería bueno empezar por ver si en algún momento se adquirieron. Los educadores sabemos que los valores no pueden imponerse con acciones estereotipadas, so pena de crear hipocresías y dobles discursos con los que simplemente disimulamos el problema y lo enredamos más. Y sabemos que de lo que se trata en términos formativos es de fomentar actitudes que conlleven acciones, lo que significa tomar la vida tal cual es, como al proverbial toro, por las astas. De nada sirve decir que esto es lo que le gusta a alguna entelequia, tal como Dios o la Patria, sin formar las emociones y proporcionar cuando menos alguna explicación racional de por qué es preferible el valor “x” al valor “y”. Y es viejo el chiste ese que mencionaba al chiquito cuyo padre le dice que hay que decir siempre la verdad, pero que cuando el cobrador llama a la puerta, debe decirle que el papá no está.

Me he cansado de escuchar jóvenes que dicen con todas sus letras que no hay nada qué hacer en esta sociedad, que todo es plata, que todo es simplemente una suciedad andando, y que lo único que hay es vivir como se pueda y ganar plata. Perdón, ganar plata y vivir, el orden cuenta. Y el resto qué importa. Jamás olvidaré a una señorita que insistía en que nada se podía hacer, y traía como ejemplo un acto de injusticia que simplemente no se resolvía nunca. Estos jóvenes han captado, a mi entender perfectamente, de lo que se trata la cosa. No podemos engañarlos con frasecitas bien construidas. Saben que hay corrupción, saben que hay engaño, saben que cualquier discurso sobre valores es vacío, es contradictorio, o peor aún, sirve a algún interés. A no ser claro, que todavía siga creyendo en pajaritos, y que hay gente así, la hay a montones. Muy conveniente para algunos, parece. No extraña así ni la emigración ni la delincuencia como reacciones lógicas de esa juventud abandonada a su suerte. Y los que se van de nuestro país no son por lo general los menos audaces e inteligentes.

Volviendo al malhadado curso, se ha precisado que no se empleará indumentaria militar o que no se realizará marchas militares. Esto parece ser una concesión a esas malhadadas nuevas ideas educativas – que en realidad son bastante antiguas – de “educación para la libertad” y demás monsergas ideológicas importadas del extranjero por malvados iconoclastas enemigos de la patria y sus instituciones tutelares …. caray, que el discurso conservador se contagia … Bueno, eso es porque para tal discurso el esquema pedagógico básico a emplear es la repetición pavloviana. Y ella es magnífica para enseñar a salivar, de repente para marcar el paso, pero para poco más. Y así seguimos sin entender qué tendrá de militar el curso de marras. La Educación y la Instrucción militares sirven para una cosa en específico, y ella es formar soldados. Ese es su objetivo y ese es su razón de ser. Gente con capacidad de seguir órdenes y eventualmente darlas, en la consecución de los objetivos políticos que se dirimen por medios armados. ¿Es a eso a lo que se dirigirá el Curso “Cívico-Militar”? Porque esto de amar a la patria y a los símbolos sagrados me suena algo más bien para ser trabajado desde la Primaria. Lo militar no existe para fomentar valores, ellos se suponen vienen dados desde la sociedad, es decir, suponiendo que haya algo que valga la pena defender en ella.

La educación militar bien entendida no crea matones, sino soldados con disciplina suficiente para seguir órdenes en función de objetivos. Las instituciones armadas son sociedades con sus propias reglas y normas, basadas en una jerarquía necesaria para el cumplimiento de órdenes, diseñadas para defender al conjunto de la nación. Por desgracia ello no siempre se la ha entendido así, como nuestra historia de caudillaje y pronunciamientos militares nos muestra. Pero la “militaridad” tiene un carácter que no tiene el resto de la sociedad, que es que se entrena y se instruye para el uso de la fuerza orientado al objetivo de vencer. Y mientras el mundo no esté formado por corderos, sino también por lobos, debemos estar listos para ser corderos con el cordero y lobos con el lobo (Manuel González Prada dixit). Si vis pacem, parabellum. Podemos deducir que todo este asunto del curso “cívico-militar” parece sugerir esta característica del uso de la fuerza como argumento para “contener” a los enemigos de la patria.

A nuestro modesto entender, esto es una simple manera de hacerle creer a una sociedad atemorizada el cuento de que se empleará la fuerza militar para “contener” a pandillas y delincuentes, y para asociar a los “delincuentes” como “enemigos de la patria”. Así preparamos la intervención de carros blindados que dispararán en todas direcciones sin preguntar. Porque los “enemigos” solamente se merecen bala, en este curioso revolvimiento de conceptos. Pero da la casualidad que estos “enemigos” son, ni más ni menos, nuestros hermanos e hijos. No creemos que la Marina de Guerra se vaya a prestar a una manipulación tan burda por parte del poder político. Después de todo, son militares, no matones. Aunque supongo que entre ellos también hay nostálgicos de la “disciplina”.

Si toda la sociedad está organizada en torno a valores sociales muy específicos orientados al consumo y a la ganancia fácil; si toda la sociedad nos dice que el vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo; si el famoso chorreo no chorrea y no existen mejores opciones para los jóvenes que la emigración o la delincuencia; si los medios de comunicación hacen del asesinato y la muerte su principal noticia diaria; si el narcotráfico se difunde como la fiebre amarilla; si nuestros gobernantes nos señalan que “la plata llega sola” y que la autoridad consiste en la imposición hasta el grado de la agresión física; si las familias están desorganizadas y desorientadas por la pobreza y la anomia … ¿se puede saber qué demonios va a lograr este curso “cívico-militar”?

¿Proporcionará una alternativa viable a la formación de pandillas? Si las instituciones educativas no lo logran, con la enorme cobertura que poseemos, no veo como este curso en particular vaya a hacerlo. Una pandilla es, fundamentalmente, un conjunto de jóvenes carentes de referentes sociales positivos, nucleados alrededor de valores como el respeto a la fuerza, la carencia afectiva compartida, una suerte de estoicismo brutal y la lealtad al grupo. ¿Qué puede hacer este curso en cuanto a instilar valores alternos que tengan la misma fuerza que los pandillescos, si maestros y padres están igual o peor de desorientados que estos jóvenes? ¿Volveremos a los tiempos de “A la droga dile NO”, sin razones, sin explicaciones, solo en base a slogans, estos sí, importados del extranjero?

¿Reducirá la delincuencia? Es decir, y sin engañarnos, ¿reducirá el número de jóvenes que ingresan al inframundo de la ilegalidad, cuando la ilegalidad “es”, en este mundo trastocado, la legalidad? ¿Cuándo la sociedad misma vive una perversión axiológica y el inficionamiento de la delincuencia organizada del narcotráfico, que no es detenida – a veces creemos que es fomentada – por los que tienen la responsabilidad de mantener el orden social? Lo que estos jóvenes chalacos y peruanos necesitan no son “valores” inyectados a la fuerza, son alternativas de vida. Y no solamente ellos, sino las familias – todo delincuente proviene de una familia –, los maestros y los medios de comunicación. Es decir, aquellos que supuestamente tienen el rol de asegurar la continuidad de los valores sociales, sirviendo de correa de transmisión de éstos. Los mismos valores sociales están trastocados, y sabemos positivamente que en nuestro país en crecimiento económico no se da el desarrollo social correspondiente, y se deja a amplios sectores de población a su suerte. Y esto es percibido por nuestros jóvenes cuando alcanzan una cierta comprensión del mundo que los rodea.

El “respeto por el prójimo y la propiedad” se logra formando a nuestros alumnos en el conocimiento y la emoción de que el cuerpo humano – el propio y el ajeno – es sagrado. Que no me puedo apoderar del borrador del vecino sin antes solicitarlo. Que el ladrón y el asesino son juzgados por la sociedad y castigados, y no soltados por la mal llamada Justicia en nuestro país. Que el trabajo y los derechos del trabajador honesto y decente son respetados, y que la buena fortuna se debe al esfuerzo y la habilidad personales. Que la corrupción y el narcotráfico no pagan, sino que crean sociedades jerarquizadas con la misma o peor explotación y que se sale de ella en piyama de madera y los pies por delante. Que el mundo no es perfecto y que siempre estamos intentando hacer las cosas mejor. Que la sociedad civilizada se esfuerza para que todos surjan y para eso se necesita guardar orden y ejercitar valores.

Si en nuestra sociedad la corrupción – la principal forma de delincuencia, curiosamente dejada de lado por el cursito de marras - está tan institucionalizada que ya es norma de vida, lo que necesitamos es un esfuerzo nacional contra la corrupción. Vienen las elecciones. Miremos cuales candidatos nos aseguran que ese esfuerzo contra la corrupción se hará y será efectivo. Compulsemos sus ideas con las terribles realidades. Como decía Brecht, alcemos el dedo, y preguntemos “Por Qué”. Insistamos en que nos expliquen cómo piensan prevenir y enfrentar la corrupción.

Finalizo el presente artículo con una reflexión del Mariscal Ramón Castilla. Decía el viejo militar, dos veces Presidente Constitucional del Perú, que la corrupción no era algo tan negativo en las clases bajas de la sociedad. Cazurro y criollón como era, se percataba con claridad que la corrupción era mucho peor en las capas altas, porque desde ahí se contagiaba, para emplear sus términos, “como la fiebre amarilla”. Los valores se transmiten por procesos de mímesis social, no por cursos “cívico-militares” sacados de la manga.