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miércoles, 20 de julio de 2011

CONTRA EL ENGAÑO EN PUBLICIDAD


No hace mucho di a luz un pequeño articulito que mencionaba lo que pasa cuando el valor de la Verdad se contrapone y termina dominado por el valor de la Ganancia económica. Creo que, por una vez, todos estaremos de acuerdo en que la publicidad muy fresca aún de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo, que defiende – pobrecitos ellos – la posición contra el pago de impuestos constituye una monumental metida de pata. El pasarla durante el partido de Fútbol Perú-Uruguay de la Copa América constituyó otro señalado desenbarrancamiento. El recurrir al señero jugador y buen entrenador Juan Carlos Oblitas, con el máximo de los respectos que me merece, me pareció otra magnífica metida de pata, aunque para él ha significado sin duda un sustancioso aumento en sus arcas, cosa que no podemos retrechearle. Pero estos son detalles. El tema de fondo es el de la mentira elevada como argumento a favor de la ganancia económica.

Los superdotados publicistas que perpetraron esta Publicidad se basaron en algunos elementos desfasados, otros absurdos y otros bastante obvios. Veamos algunos.

Apelación a la competencia con Chile

Uno, Chile nos ganó por uno a cero, y por lo tanto debería haber algún tipo de resquemor frente a ellos. Y sin embargo esto todo lo que demuestra es que hay que ser bien caído del palto para plantearle eso a gente que ve Fútbol, considerando que Chile fue eliminado por Venezuela, que Uruguay nos ganó el partido en que pasaron el spot – asociando la Publicidad al hecho de Perú perdiendo -, y que a la inmensa mayoría de la gente nos importa tres pepinos que Chile nos ganara en una olvidada guerra hace casi 130 años. Lo de la competencia podría tal vez funcionar, pero según parece tomaron como ejemplo el peor posible.

Preguntas: ¿Por qué no compararon la situación del Perú con la del petróleo de Venezuela o la gran minería en Bolivia, si tan seguros están de su posición? ¿Por qué con Chile?

Comparación como ejercicio racional

Dos, trataron de hacer una comparación como ejercicio racional, es decir que lo buscado era una demostración racional de que en el Perú las Mineras pagan impuestos más que en otros países, y que eso es negativo para la inversión. Pero para cualquiera es patente que no puedes asumir el Fútbol como si fuera la Minería, no hay una sola asociación libre que permita asociar una con otra en la mente de la gente. Con esto la comparación se hacía espectacularmente incoherente, y cómo la apelación es a la racionalidad, pues obligas a la gente al indeseado ejercicio del pensamiento. El efecto, por ende, ha sido exactamente el contrario al deseado.

Preguntas: Si nos querían hacer pensar en la Minería, ¿no hubieran acudido mejor a lo que la Minería le hace ganar al Perú? ¿O al número de puestos de trabajo creados? No hubiera sido óptimo, y la comparación no hubiera funcionado, es decir, la publicidad hubiera sido más tradicional y menos impactante, pero por lo menos no la habrían embarrado. Pero el problema es que según parece lo que les interesa no es lo que la gente quiere, sino lo que ellos quieren, y ESE mensaje sí pasó a la perfección.

Asociaciones libres

Tres, Que a Oblitas le reviente que Chile nos ganara 4 a 0 en una ocasión está tapado por el hecho que con Markarián nos ganó por uno a cero en la última, lo que todo el Perú vio. La asociación es que si antes, con Oblitas, nos ganaba por 4-0; ahora, con Markarián, lo hace por 1-0, y si le sumas que Ollanta ganó las elecciones, entonces eso significa que las cosas con el de antes iban mal y con el de ahora – Ollanta - irán a mejor y no a peor, y por lo tanto Ollanta queda asociado a Markarián y su exitosa campaña en la Copa América.

Preguntas: ¿Es que no vieron que Oblitas, el entrenador de antes, está asociado a perder, y Markarián a trabajar y ganar? ¿Dónde tienen los publicistas el cerebro, por Dios santo? ¿No vieron que la asociación era negativa para la SMPE, y favorable a Ollanta Humala?

Cifras discutibles

Cuatro, la apelación racional queda oscurecida por el simple hecho que, según parece, las cifras presentadas son altamente discutibles. No soy técnico en la materia, pero lo que he visto es que Chile presiona más que el Perú en impuestos a las mineras extranjeras, en tanto que a las Mineras nacionales les da un trato preferencial. Por ahí que de repente a algún caído del palto no se le ocurrió desagregar las cifras y sumó unas con otras, y claro, le iba a salir favorable a Chile. La frase atribuida a José de Echave, experto en el tema, es lapidaria: “Si sumas todo lo que deberías sumar y restas todo lo que deberías restar, en el Perú pagan menos que en Chile”. Y ahí no quedó la cosa, sigue Echave: “Han sumado el Impuesto a la Renta (IR), las regalías, el aporte voluntario… Pero las empresas que pagan regalías no pagan aporte voluntario y viceversa. Además, el IR tiene una serie de beneficios tributarios que son deducibles: la depreciación acelerada, la doble depreciación, la reinversión de utilidades, si la empresa construye un colegio, un hospital, una carretera, todo eso es deducible del IR… Esas restas se han olvidado de hacer”. Por cierto, extraigo las declaraciones de Echave de La Mula.pe.

Preguntas: ¿No sabían que desde que se dan cifras, esas cifras serán cuestionadas? ¿O es que de lo que se trata es de sobarle el ego herido a la SMPE por la pérdida de las elecciones y la consiguiente baja en la autoestima? Ojo, algunas empresas de publicidad son expertas en eso de manipular el ego de sus clientes, en especial aquellos que manejan poder político. Pregúntenles a los candidatos perdedores qué opinan ahora de sus empresas de publicidad.

Contradicciones obvias

Cinco, una cosa es la comparación y otra es la forma como se obtiene. Parece ser que se utilizó un ranking del Instituto Fraser de Canadá, que según se dice emplea ponderaciones cuestionadas. Por ahí, además, me he enterado que el Perú ocupa el 5to lugar en el Mundo en prospecciones mineras, El ranking sería primero Canadá, luego Australia, México, Brasil y Quinto, el Perú empatado con Chile. Que alguien me explique por favor como se come esto.

Preguntas: ¿Las empresas mineras del mundo son tan bobas que van a gastar plata en prospección – esa plata que no retorna – a un país que le va a cobrar más que el resto, en especial el vecino?

Conclusiones

Uno, el fantasma chileno solamente funciona para algunos militares retirados y gente desfasada de lo que piensan y sienten verdaderamente los peruanos. A estas alturas nos interesa más ganarles los partidos de fútbol, que la manera en que manejen su Minería.

Dos, el fútbol no es lo mismo que la Minería. Lo digo porque creo que los de la SMPE creen que sí. El resto, no.

Tres, cuando se apela a la razón, es eso lo que van a obtener. El problema es que ya probaron con el miedo en las elecciones, y no les funcó. Ahora tendrán que convencernos, y les será más difícil tras esta metida de pata. Han levantado, Dios sabe por cuánto tiempo, una unanimidad, pero en contra.

Cuatro, todo el mundo sabe ya que lo que quiere la SMPE es no pagar los impuestos, algo que todos los peruanos sí hacemos, y nos cuesta. Y eso no se ve nada bonito en muchachos que ganan la plata que quieren.

Cinco, los peruanos saben ya que la SMPE les miente con descaro cuando de defender sus intereses se trata. Y no nos gusta eso tampoco.

Seis, para introyectar posiciones ideológicas no se emplea publicidad, se hace educación o instrucción, y se da buen ejemplo. Mejor emplearían ese dinero en mejorar escuelas, puestos de salud y cosas que la gente realmente necesita. Ahí sí obtendrán apoyo concreto y real, y las ventajas de la Minería quedarán patentes.

COLOFÓN

Para hacer una publicidad de esta clase, vaya hombre, mejor llámenme a mí, que no seré la Price Waterhouse, pero no meto la pata de ese modo, y necesito ganarme la vida. No creo que podamos dudar de nuestra vocación minera, pero lo que no queremos los peruanos es que nos tomen por idiotas. Señores: Hablen con la verdad, paguen sus impuestos, sean buenos muchachos, y en vez de navegar en tres yates, háganlo en solo dos, que lo pequeño es hermoso. Tengan ganancias sensatas en vez de jugar a la avaricia, paguen bien, cuiden el medio ambiente, demuestren que son mejores, y su situación será mucho más sostenible. O búsquense una dictadura africana que coimear.

miércoles, 11 de mayo de 2011

ODIOSAS COMPARACIONES – Segunda Parte


En el mes de Enero de este año, como celebrando Año Nuevo, me disparé un artículo sobre un hecho que me parecía de cabal importancia: Luis Inazio Da Silva “LULA”, terminaba su segundo período de Gobierno en Brasil, con una aprobación superior al 87 %, y era sustituido por Dilma Roussef, la primera Presidenta de dicha República. Decía en el dicho artículo que este hecho era acallado por nuestra Prensa, Recontra Democratísima e Imposible De Ser Considerada Sesgada. Y sospechábamos que la razón podría estar en las Odiosas Comparaciones de Siempre, que la gente suele hacer entre unas y otras personas en la misma situación, en aquel caso entre nuestro amado presidente actual, y el susodicho Lula.

(Paréntesis: Las últimas y memorables declaraciones de Alan García respecto a la muerte de Bin Laden y la eventual relación de este hecho con la directa intervención del Beato Juan Pablo II con Dios, aparte de haber hecho trizas el efecto del buen video de nuestra Marca País, demuestra que la Distancia con Lula es realmente abismal … Hoy en día al Presidente de la República del Perú se le menciona en los programas humorísticos de TV en los Estados Unidos, y eso seguro llegó a Peru, Nebraska).

Vale la pena poner al día algunos de los conceptos vertidos en aquel momento: Lo primero que saltaba a la vista era la enorme aprobación con que Lula se iba, 87 %. Para lograrla, no necesitó de una corte de medios de comunicación de ridícula obsecuencia, ni un interesado manejo de los noticieros de la televisión abierta, los diarios y los programas radiales que evite cuidadosamente decir las verdades, y de cuando en vez celebre triunfos hechizos o cante halagos a algún candidato por “mantener el modelo”. Tampoco necesitó de un conjunto de encuestadoras que le manejara una cifra más o menos razonable como para mantener la ilusión del apoyo popular. Ni del apoyo de un montón de dizque representantes del pueblo para crear una mayoría basada básicamente en las prebendas políticas y en la promesa del continuismo.

De hecho, lo que Lula hizo fue gobernar para su pueblo. Tuvo a la prensa en contra, obvio. Cuando la Prensa se dedica a DESINFORMAR y a MANIPULAR, como queda patente en la actual campaña electoral, no parece que sean los candidatos los que están mal. En todo caso, y como consecuencia lógica, el que debe estar mal es el candidato al que apoyan, no al que atacan. Ese es un razonamiento de sentido común que, a pesar de tanta y tan sólida campaña de embrutecimiento de la población, no parece haber sido demasiado golpeado. Es que la gente, a pesar de lo que algunos despistados creen, conservan algo de sentido común, y se nota si se acalla permanentemente todo lo que huela aunque sea un poquito a crítica del modelito económico en el que se medra. Es que se ve raro cuando se nos alimenta a diario a los electarados – desdichada frase de AM destinada a halagar a los que no son, supuestamente, tarados – con nuestro correspondiente menú de asesinatos, violencias, chismes de farándula, racismo solapado o descarado, cherris, medias verdades, alusiones veladas, publirreportajes, completas mentiras, ediciones fraudulentas, autovictimizaciones, llamados a la libertad de empresa, contradicciones o desinformaciones. Incluso al Plan Sábana se le ven los hilos, así como se le ven a la contrata de sicarios mediáticos, y la gente, aunque se le haya adormecido su sentido de la ética y la moral, se escandaliza al saber que a dichos sicarios se les paga sumas que harían que 100,000 o más de nuestros niños desnutridos crónicos tomaran desayuno por un mes.

Volviendo a Lula diremos que, en suma, fue un Presidente de Lujo. Y para serlo tuvo que cometer diversos pecados contra el modelito, además. El principal de todos sus pecados fue el de ser honesto. Vale decir, y para ponerla en fácil, no parece que se haya levantado los dineros del Estado, como más bien fue la costumbre de la mafia agrupada alrededor de uno de los candidatos a las elecciones peruanas (Adivinen cuál). Tampoco se educó con el dinero que el pueblo tiene que arañar día tras día, pero concedámosle a la candidata que no estaba enterada de esto, a pesar que formaba parte del gobierno como Primera Dama. De ser el caso, creemos que Lula no hubiera sido tan inepto de no darse cuenta, en primer lugar.

Centrémonos en el temita de la corrupción. Hay dos posibilidades: O Lula fue más brillante que Montesinos para esconder las cutrerías, robos, alianzas con el narcotráfico y lavados de dinero; o de repente, quien sabe, no hizo más zamarradas que las puramente políticas. Es decir, no fomentó el delito, no fomentó la corrupción, no fomentó el crimen, aunque algo de ello se haya producido. Es muy distinto, válganos Santa Corruptela, tener un caso de corrupción adentro y extirparlo, que fomentar la corrupción como método. En este sentido Lula no cayó en el delito y el crimen en que sí cayó, sin atenuante alguno, el fujimorismo. Y considerando que Lula tenía – y tiene, no crean que se le ha perdonado - a los grupos de poder y sus medios de comunicación en contra, es seguro que fue examinado con lupa. Y no se le ha encontrado un hijo no reconocido, un familiar trepado al aparato del estado, un petroaudio, un vladivideo, o más que sea una verruga en el que te jedi. Nada, maldición. Parece que ni siquiera se ha tirado un lápiz, porque con seguridad lo hubieran denunciado con parlantes de 100,000 watts, y por vía satélite.

Y encima fue capaz. Porque aunque le han revisado ya no con lupa, sino con microscopio electrónico, toditos sus actos de gobierno, el resultado ha arrojado logros realmente espectaculares que lo califican como el mejor Presidente que ha tenido la hermana República, y un líder importante a nivel del continente y del mundo. Este simple hecho no ha sido “notado” por la Prensa, ocupada en buscar los errores por puro sesgo político. Y a pesar de ello ha logrado su inmenso prestigio sin el apoyo descarado de los medios de comunicación. Y no se lo debe a nadie sino a sí mismo y a su Partido. De hecho, Lula se ha ganado un sitial importantísimo en toda la patria grande latinoamericana.

¿Qué le puede oponer el fujimorismo redivivo? ¿A Alberto Fujimori, el “mejor” presidente del Perú? Válganos el cielo, si este fue el mejor, como habrá sido el peor. Porque hacer algunas cosas bien – que las hizo, no vamos a retrechearle sus logros tampoco – no te da permiso para hacer las cosas mal. Porque no es que haya una compensación entre unas cosas y otras. Un asesino que toque bien la flauta es un gran flautista, pero también un gran asesino. No me parece que por el gusto de escuchar una obrita de Mozart como Dios manda tengamos que tolerar un asesino en casa. El problema es que algunas personas han sido tan deformadas en su sentido ético y moral, que creen que existe algún tipo de compensación entre lo bueno y lo malo. Entonces ponen en la balanza y hacen un juicio: Lo bueno superó a lo malo. Y no dudo que en ciertos aspectos de la realidad esto puede que sea más o menos adecuado. Pero hay límites.

Y en el proceso político que vivimos, donde el candidato de GANA PERÚ posee el aval, apoyo, y cercanía ideológica con el Partido de los Trabajadores del Brasil - el partido de Lula -, no parece raro que la candidata de FUERZA2011, habiendo observado en su entorno muchos modos de apropiarse de lo ajeno, intente ganarse alguito pegándose a ideas que no son suyas ni de su equipo de Plan de Reparto, perdón, de Gobierno. Entonces copia, y con descaro, el Plan de Gobierno de GANA PERÚ, a la vez que lo ataca, tanto por sí como a través de los medios de comunicación que le son obsecuentes, espontánea o interesadamente.

Entonces las Comparaciones, que en el caso de Lula con Alan García podían ser más o menos risueñas, en el caso de la candidata de FUERZA2011 son más bien patéticas. Ya había copiado de Ollanta Humala el tema del Impuesto a la Sobre Ganancias, lo que, a juzgar por los antecedentes alanistas del 2006, sería sustituido por alguna otra clase de óbolo, cuyo destino no es seguro que sean necesariamente las arcas nacionales. Ya estaba copiando las propuestas de Pensión 65 u otras de carácter social, intentando aprovechar la evidente pegada que estaban teniendo entre los vastos sectores excluidos de nuestra Patria. Apoyada esta candidata en la sumisión, espontánea, adquirida u obligada, de los medios de comunicación, ataca el Plan que copia con descaro. Muestra de pragmática coherencia, suponemos. Con ello, si de Odiosas Comparaciones se trata, a quien más se parecería la candidata de FUERZA2011 es a Alan García, más bien que a Luis Inazio Da Silva LULA.

Tampoco es que sepa copiar con la debida discreción. Es lo mínimo, como sabe cualquier muchacho que ha copiado en un examen. El problema es cuando empieza a decir cosas delirantes, como que su estilo de gobernar será parecido al de Lula. No es extraño que la reacción haya partido del mismo partido travalhista brasileño, ligeramente contrariado por el intento de semejantes hueleguisos de subirse a su carro. Y estamos seguros que ni a Lula ni a Dilma le deben gustar tan malos arrejuntes. Diplomacia, ta bien, pero no más. Y como para las cuestiones políticas está el partido, veamos la respuesta que le dio Valter Pomar, dirigente nacional del PT: "Keiko Fujimori es neoliberal, no tiene nada que ver con nosotros, decir que aplicará políticas sociales como las de Lula es oportunismo, es un chiste.” Y el diputado PT Emiliano José: “Nosotros en el PT en realidad sentimos simpatía por el candidato Ollanta Humala, pero queremos decir que las elecciones peruanas las decide el pueblo del Perú, que es libre de hacerlo y que tiene la sabiduría para hacerlo, y lo hará con tranquilidad. Y esperamos que elijan a Humala, pero este deseo es el fruto de nuestra solidaridad (…) Y el pueblo del Perú está a las puertas de una decisión histórica. O es el pasado de Fujimori, un recuerdo triste y trágico, o se mueven hacia el futuro con Ollanta Humala. Nosotros, aquí, en Brasil, observamos con atención el recorrido del pueblo peruano.”

Más directo y elegante, imposible.

jueves, 24 de marzo de 2011

ELECCIONES Y GOBERNANTES EN LA HISTORIA DEL PERU (Parte 2)

ELECCIONES Y GOBERNANTES EN LA HISTORIA DEL PERU (Parte 2)


En esta segunda parte de ELECCIONES Y GOBERNANTES EN LA HISTORIA DEL PERÚ, empezaré por recuperar un par de ideas fuerza que mencioné en la primera. Decíamos que las sociedades tienen características que, fijadas en tradiciones, determinan mucho de su quehacer político, entre lo que destaca la visión que tienen de la manera y el estilo de dirigir que tienen sus gobernantes, que expresa lo que de algún modo esperamos de ellos. Aquellos gobernantes cuyo recuerdo ha quedado fijado, y que identificamos como importantes, se convierten históricamente en paradigmas del “deber ser”, del Buen Gobierno. Dichos paradigmas nos pueden ayudar a entender qué esperamos de los gobernantes potenciales, especialmente de cara a las elecciones que en unas semanitas tenemos que afrontar.

Nuestra democracia actual arrastra sus tradiciones, la mayoría anteriores a ella. El Presidente de la República es el sucesor legal de todos los que mandaron en este territorio, y eso lo convierte en continuador por lo menos de tres de los grandes personajes de nuestra Historia: El Sapa Inca Pachacútec, el Virrey Francisco de Toledo y el Presidente Ramón Castilla y Marquesado. Ello en la medida que el estado republicano de hoy es sucesor del Virreinato y del Tahuantinsuyo, que a su vez es resumen y compendio de los 10,000 años anteriores a él. A ellos estamos dedicando este Tríptico, y ya pasamos por el Sapa inca Pachacútec, centrándonos en algunos de sus rasgos que de alguna manera hoy en día nosotros, la indiada, esperamos nuestro gobernante posea.

Esta segunda parte se la dedico al Excelentísimo Señor Virrey del Perú, Don Francisco Álvarez de Toledo. Cualquier semejanza de nombre con el apellido de cualquier candidato es pura, purísima, extraordinariamente impóluta e inocente, y además involuntaria, coincidencia. Qué culpa tengo yo que se apelliden igual.

Francisco Álvarez de Toledo, Virrey del Perú


El Perú, tras la Conquista del Tahuantinsuyo y el esfuerzo de sojuzgar y controlar a la población originaria, seguía siendo tierra levantisca. El Rey, en la remota España, lo sabía. Había que poner orden en estas tierras, y sostenerlo. Se había intentado ya al convertir al Perú en Virreinato, es decir un Reino más bajo la directa autoridad del Rey de España, y que resultó ser el más extenso, pues que abarcada toda América del Sur menos las posesiones brasileñas. Y los Incas ni se habían rendido ni estaban derrotados, y resistían desde Vilcabamba, amenazando, como espada de Damocles suspendida sobre las cabezas, la estabilidad de la perla más preciosa de la Corona española. Los españoles, fieles a sus antiguas tradiciones anárquicas, también andaban soliviantados. Algunos españoles en el Perú mantenían encomiendas para darse la gran vida como señores feudales con los tesoros del Virreinato, y se sentían más dueños del Perú que el Rey mismo, lo que seguro no le gustaba ni poco ni mucho. Las Nuevas Leyes de 1542 en lugar de aplicarse como Dios manda, servían básicamente para aguantar la pata rota de la mesa donde comían pan los Virreyes del Perú, de los que el primero – Blasco Núñez Vela – por excesivo entusiasmo en hacer cumplir la Ley, había perdido la cabeza a manos de los Conquistadores, ahora Encomenderos, del Perú, que tras haber derrotado al Tahuantinsuyo no se sentían demasiado impresionados por una Corona real, menos todavía por un gorro virreinal. Y para remate, el tesoro español demandaba recursos para mantener su prestigio y poder en Europa. Había en estos reinos una crisis de autoridad y una crisis de lealtades. ¿A quién enviará al Perú el Rey Felipe II, en cuyo Reino jamás se pone el Sol?

Francisco Álvarez de Toledo, tras larga y hazañosa vida, estaba más o menos en lo que hoy llamaríamos “situación de retiro”. Cuando el Consejo de Indias, reunido para examinar los problemas de las colonias españolas en América, decide proponerlo para Virrey, el Rey lo nombra como su representante directo en tanto que “persona real” en el Perú – que nada menos que eso era ser un Vice-Rey – en 1568, hace ya más de 400 años. Con el nombramiento de Virrey venían también adjuntos los de Gobernador y Capitán General, vale decir, el control de los asuntos civiles y militares, nada menos. Don Pancho de Toledo no conocía las Indias, y ya era un veterano cincuentón, que pesaban como muy cercanos a la vejez en aquellas épocas, en que tal edad no tenía el mismo significado que hoy. Es así que llega a Cartagena de Indias en 1569 con sus credenciales de Virrey en la faltriquera.

Nótese que la Autoridad de Francisco de Toledo le viene por delegación del Rey mismo. La fuente de la Autoridad es importante, dado que su prestigio se suma al prestigio personal del nombrado. Hay en esto cierto parecido con lo que ocurre en la actualidad con las democracias republicanas. En las Monarquías del Siglo XVI el Soberano – el depositario de la Soberanía - por supuesto, era el Rey, y nadie más. Si al Soberano del Perú, el Rey Felipe II Austria, se le hubiera ocurrido sentar sus reales por estas tierras, pues ni modo, de cajón hubiera sido el Big Boss. De hecho algo semejante ocurrió a principios del Siglo XIX con nuestro vecino el Brasil, gracias a ciertas travesuras napoleónicas. Hoy en día el Soberano sigue ahí, pero por supuesto ya no es el Rey de España, sino el Pueblo peruano. Pero ni el Rey ni el Pueblo están en todas, y los Virreyes lo eran precisamente por dos cualidades consideradas esenciales en aquestas monárquicas épocas, la lealtad y la capacidad. La capacidad era esencial, pero ningún Rey hubiera nombrado para Vice-rey a alguien cuya lealtad en el cumplimiento de las instrucciones no estuviera absolutamente fuera de toda duda. Más aún considerando que pasar el charquito del Océano Atlántico, más el cruce el istmo de Panamá, más embarcarse en este Pacífico Océano, hacia la costa más remota del mundo que era la nuestra precisamente, implicaba un aislamiento geográfico tan grande que la lealtad al Rey resultaba desde todo punto imperativa. Más en épocas en que una carta podía tomarse seis meses en llegar del Perú a España, y eso cuando era rápido. Ellos en todo caso preferían el error leal que el acierto desleal. Y desde el punto de vista político tenían toda la razón, qué duda cabe. Quizá ello explique por qué los funcionarios de gobierno parecen a veces tan tontos. Ser leal al Rey significaba poseer la virtud o valor de la lealtad, y ello significaba in illo témpore que se era español a toda prueba y católico a ultranza. Lo que implicó que Don Francisco Álvarez de Toledo gobernaría con tres ideas fijas en la cabeza: Servir a Dios, al Rey y a España. Y que quede claro que él no vino a gobernar a favor del Perú sino de España. No pertenecía por la sangre a la familia imperial incaica, no tenía ningún contacto telúrico con los Andes, y menos aún había sido electo por nadie, sino por el Rey, que Dios guarde, con la ayuda de los Consejeros de Indias.

Notamos muy presente este valor, al que se le da entonces y hoy una enorme importancia: La Lealtad. Podemos criticarle al Virrey Francisco Álvarez de Toledo todos, absolutamente todos sus actos de gobierno, pero indudablemente ni tirios ni troyanos, ni entusiastas ni opositores podemos criticarle en absoluto su insoslayable lealtad al Soberano, que fue absoluta y completa, hasta en sus errores. ¿Y qué significa eso de la lealtad? Ateniéndonos a algunas definiciones que encontramos por ahí, digamos que la lealtad es muy parecida a la Fidelidad, aunque no exactamente igual, y consistiría en “hacer aquello con lo que uno se ha comprometido”. Alto el fuego. Observemos primero que “ser leal” es asumir un compromiso determinado frente a un tercero; y en segundo lugar que se trata de ser consistente con ese compromiso y hacer todo lo necesario para cumplir el compromiso. Esto es tan importante para asegurar el Buen Gobierno, que hacemos jurar a los Presidentes, por lo que tenemos por más sagrado, el cumplimiento fiel de la Constitución y las Leyes. Y si lo cumple, se supone que la Patria se lo premiará, y si no, que se lo demandará. Y se entiende que el compromiso debe ser total, porque los intereses generales no se compelen con los particulares, y al que representa el interés general no le cabe anteponer intereses particulares ni propios ni ajenos. Hacerlo constituye una deslealtad política de alto vuelo. El soberano, frente al cual se ha asumido el compromiso, tiene el derecho de demandar el cumplimiento y castigar el incumplimiento.

La comparación con nuestros gobernantes republicanos es posible en este punto. ¿Cuáles de nuestros gobernantes republicanos resultaron más leales a su Soberano, es decir, al pueblo peruano que los colocó en el puesto? Hay que ver los dos elementos, el compromiso asumido y las acciones realizadas en función de éste. Se puede asumir de palabra el compromiso, de hecho todos los mandatarios lo hacen … ¿pero cumplirlo? Parece harina de otro costalillo. Porque los candidatos se comprometen a hacer y no hacer cosas, y cuando ya han gobernado, y tenemos la experiencia, se puede recurrir a ella para averiguar si efectivamente el Presidente cumplió con lo que prometió cuando era candidato. Y esto podemos observarlo, por ejemplo, en la persona de nuestro muy querido y jamás bien ponderado Señor Presidente de la República, cuya lealtad a su Soberano, el pueblo sufrido del Perú, es cuando menos cuestionable, dado que, según recordamos, en esto de la lealtad no lo es demasiado, pues fue electo con ciertas promesas cuyo cumplimiento aún estamos esperando. Pero tenemos fe que en los meses que le quedan de repente le da por cumplir alguna.

En el Siglo XIX tenemos dos casos tristes de lealtad presidencial. Derrotado nuestro país en la Guerra del Pacífico, el General Cáceres y sus heroicas huestes combatían con desesperación básicamente para no cederle territorio a Chile. Militarmente vencidos, peleamos en los aciagos años de 1881 a 1883 para minimizar el daño lo más posible. Haríamos lo que fuese para gestionar la paz, menos ceder territorio. Y por eso la lealtad del llamado “Presidente de la Magdalena”, Francisco García Calderón es un paradigma. Porque lo peor es que era un presidente de cartón, de esos que resultan elegidos para cargar el muerto, sin Poder efectivo, excepto el que viene de su investidura. No tenía plata ni tropa, y lo único que nos recordaba que era Presidente era esa bonita faja bicolor con la que se adornaba. Casi daba risa. Y los chilenos que ocupaban Lima por supuesto que rieron de buena gana, porque ya la veían hecha. Pero el caso es que el compromiso que García Calderón había recibido de la representación nacional era clarísimo: Paz, pero sin ceder ni un milímetro cuadrado de territorio. Y cuando los chilenos le pusieron el Tratado correspondiente ante los ojos – Tratado que estaba listo desde 1879 – se les congeló la sonrisa, porque, leal como era este valeroso hombrecito sin ningún poder, simplemente les dijo aquello que saca de sus casillas a esa gente que disfruta de poder efectivo y que cree que tiene la sartén por el mango: NO, NO y, en caso que haya dudas, NO. Y cumplió con ese compromiso hasta el extremo de soportar vejaciones e insultos, incluso la deportación de la patria a tierras enemigas. Un paradigma digno de seguir en horas aciagas.

Por cierto, el valor de la Lealtad parece distinguirse mejor en tiempos de Guerra. La discusión contemporánea sobre si era mejor ceder terreno y acabar esa maldita guerra de una buena vez se hizo amarga y compleja con la deportación a Chile de García Calderón. La potencia de ocupación esquilmaba sin misericordia al Perú, y la juventud peruana moría con denuedo en los campos de batalla. No soy de los que está de acuerdo con lo que hizo Miguel Iglesias al reconocer la derrota y ceder territorio, pero lo cierto es que demostró entereza al aceptar una posición que en automático lo haría odiado por todos. Iglesias prometió terminar la guerra, y cumplió con lo prometido, preso de inmensa amargura, podemos imaginarlo, desde que él mismo había combatido contra los chilenos en el Morro Solar, donde vio morir a su propio hijo, y en San Pablo. Cuando entendió que el Perú no podía soportar más la guerra (en lo que podemos y debemos discrepar), el Presidente Miguel Iglesias cargó sobre sus hombros la responsabilidad de firmar la rendición y hacer la paz con Chile. Podemos estar en desacuerdo, pero que se compró el pleito, se lo compró. Y la entereza moral necesaria para hacer lo que se debe hacer tiene en Miguel Iglesias un trágico exponente.

En el Siglo XX, tan pletórico de deslealtades y promesas incumplidas, la figura del Presidente del Gobierno de Transición, Valentín Paniagua, también posee este brillo de la Lealtad. Por mandato constitucional y exigencia popular, el Presidente Paniagua debía tomar una serie de medidas que permitieran al Perú recuperar la vía institucional y democrática tras casi un decenio de dictadura de Fujimori y Montesinos. Y lo hizo dentro de los plazos establecidos, convocó a elecciones, y cumplió con toda lealtad su deber para con el Soberano que ahí lo había puesto, es decir el pueblo del Perú. ¿Por dónde andará su monumento?

Volvamos al siglo XVI con el Virrey Don Pancho Álvarez de Toledo. Si tomamos en cuenta lo importantes y discutidos que fueron sus más de 11 años como gobernante del Perú, el carácter de Don Pancho deviene como muy importante, y explica en buena medida lo acertado de su nombramiento. Don Pancho, a los 53 años de edad, ya era hombre completo y experimentado en las lides militares y políticas de su época. Administrador no lo era tan bueno, curiosamente, o cuando menos nada nos hace pensar que tuviera una gran experiencia previa. Pero está claro que poseía valores personales propios, que se decantaban en una conducta que se puede calificar de moralmente intachable. Sobrio hasta el extremo, era bastante inmune a la corrupción, por aquello de que quien nada necesita, nada apetece. De contextura sólida e imponente físicamente, su carácter serio y su firmeza le permitían, y seguramente muchas veces lo hizo, imponerse sobre los que le rodeaban, y establecer un fuerte liderazgo, que ejerció con audacia. Pagado de su propia persona, era impulsivo por momentos, e impaciente frente a lo que no andaba bien o no funcionaba, con seguridad debe haber dado muchos puñetazos contra la mesa para hacerse obedecer por los españoles de la época, tan aficionados al revolutis; y seguramente debe haber tenido medio aterrorizados a sus subalternos. Como era altivo, seguramente pensaba que nadie haría mejor que él las cosas, y debe haberle costado delegar la Autoridad del Rey. De ideas firmes y concretas, vino con la idea de reformar lo que debía reformar y mantener lo que había que mantener. No era fácil meterse con el Virrey Toledo, y más difícil todavía tenerlo bajo control, coacción o relativizar su autoridad, incluso influir en él debe haber sido casi imposible, y eso que los peruanos tenemos harta experiencia en eso de manejar al Príncipe. Este hombre haría lo que creyera correcto al servicio de Dios, el Rey y la Patria española, y punto.

Quizá sea difícil hallar en nuestra historia republicana a un gobernante que, en términos de carácter fuerte y firmeza de propósito, le sea comparable. Nuestros presidentes han sido demasiado dubitativos, demasiado temerosos de pisar callos, y esto demasiadas veces. Tal vez podamos encontrar en el siglo XIX la figura de Don Andrés Avelino Cáceres, empecinado en la Resistencia contra los chilenos invasores hasta el extremo de nunca admitir la derrota, y que jamás se rindió, con lo que dio muestras de un carácter parecido en ciertos aspectos al del Virrey Toledo. Es indudable que el carácter de una persona influye grandemente en su forma de administrar el estado. Si es sobrio, de carácter reformista, firme en sus ideas y planteamientos, serio y capaz de ejercer liderazgo, podemos decir que es una persona idónea para ejercer el mando, que requiere tener autoridad. En el siglo XX tenemos realmente pocos ejemplos de carácter fuerte. Esto parece ser más propio de los gobiernos fuertes, donde la Autoridad del gobernante muchas veces se expresará en términos del carácter que posee. Los gobernantes de Facto no pueden basar su Autoridad en fuentes externas a ellos mismos, tienen necesariamente que ser muy caudillos. Es posible que el Presidente de Facto Juan Velasco Alvarado haya contado, según se cuenta de sus acciones y contando con su talante reformista, con estas características personales cercanas a las del Virrey Toledo.

Retornando al Siglo XVI, lo cierto es que Francisco Álvarez de Toledo, ni bien llegó a Lima, lo primero que hizo fue establecer su Autoridad. Podría haberse comportado como otros Virreyes, en el sentido de que cuando estás en un cargo así, contemporizas con la realidad para no chocar demasiado con Chocano – que debe ser personaje de mucho poder - y hacer lo que tienes que hacer de la mejor manera que veas, aunque eso implique que pases por alto ciertas cosas. Cualquier persona que ha ejercido alguna autoridad, de cualquier tipo, sabe que esa autoridad nunca se desenvuelve en el vacío, sino en medio de inquinas, recelos, antipatías, conflictos, conveniencias, luchas por el poder y el control. Pero Pancho Toledo metió carácter y puso orden donde no lo había, de manera que pudiera dejar la capital, que era lo que quería hacer, y las cosas siguieran funcionando. Así se metió con lo más difícil por delante, de arranque y sin meter embrague: Reorganiza la hacienda y las escalas de salarios, restablece el servicio militar, nombra corregidores, pone orden en la Iglesia y la Audiencia. Se toma un año entero para poner orden en casa, porque aspira a más, y por eso o pisa ahora los callos difíciles y complicados, o no lo hará nunca. Y no deja títere con cabeza, y se mete con los temas de la plata, de las armas y de los nombramientos, es decir, los recursos económicos, militares y políticos, con lo que se asegura el control de las fuentes del poder.

Con esto sólo bastaría para decir que el Virrey Pancho de Toledo hizo un Buen Gobierno. Pero eso fue solamente el principio. Uno no hace cosas por hacerlas, sino para algo. El Virrey tenía un programa qué cumplir. Y como la única manera de hacer las cosas bien es verlas con los propios ojos, inició una famosa Visita General al Perú que duró 5 años, de 1570 a 1575, y dejó huellas tan duraderas como los corregimientos, las reducciones y las mitas. No insinúo que estas medidas hayan sido positivas para nosotros o para el Perú visto como la “persona nacional” de Basadre, solamente dejo sentado que Pancho Álvarez de Toledo, con lealtad probada a su Rey y a su Patria, y con eficiencia y firmeza de carácter hizo lo que debía hacer, y lo hizo bien. Y dejó por ello una huella histórica imborrable. Podemos admirar al hombre sin tener que denigrarlo por hacer eficientemente lo que desde su posición debía de todos modos hacer. Quizá podamos deplorar que no haya sido más tonto, débil o ineficiente, como la mayoría de los que han detentado autoridad en nuestra Patria. Quizá hubiera sido mejor para la vida de los peruanos de entonces el que no hubiera hecho bien las cosas. O tal vez podemos deplorar que de todos los ineficientes españoles de la época justo nos haya tocado éste. Pero que fue eficiente y eficaz, por suerte o por desgracia, lo fue.

No por nada le llamaron el Solón peruano. Solón, como mis lectores saben o ignoran, es el paradigma universal del legislador reformista y creativo, el que a partir de la realidad que encuentra, la modifica para mejorarla, para desactivar los conflictos y permitir el desenvolvimiento de una vida más o menos normal, tras resolver las contradicciones que encuentra. El Virrey Francisco Álvarez de Toledo resultó ser un reformista creativo y realista, que encontró al Perú como la mona, y cuadró las cosas para hacerlas manejables. En la ruta cometió errores, que su empleador Felipe II no le perdonó, lo que consideramos fue muy injusto. Porque, efectivamente, tuvo características de un Solón. Quizá debamos pedirle a Dios que nos libre de tipos eficientes que gobiernan bien, pero para el extranjero …

Ahora hagámosla igual que la que hicimos en la Parte 1. Pensemos en los principales candidatos. ¿Quiénes de ellos podrían parecerse en algo al Virrey Francisco Álvarez de Toledo?

Instrucciones: Califica de 1 a 5 a cada candidato en los temas de LEALTAD - FIRMEZA Y DECISIÓN POLÍTICA - CARÁCTER REFORMISTA. No te hagas trampa. Intenta ser objetivo. Luego suma sus puntajes. El puntaje máximo es 15 y el mínimo 0. Ello te dará una idea de qué puedes esperar de ellos.

Candidatos por orden alfabético
CARÁCTER

Luis Castañeda
Keiko Fujimori
Ollanta Humala
Pedro Pablo Kuczynski
Alejandro Toledo

Y ojo, QUE DESPUÉS VIENE: El Presidente Ramón Castilla y Marquesado.



martes, 22 de marzo de 2011

ELECCIONES Y GOBERNANTES EN LA HISTORIA DEL PERU (Parte 1)


Como dice la canción, no se puede nadar sin agua. Tengo en la línea de producción cosas sobre didáctica de la Historia, enseñanza / aprendizaje de valores, perlitas cognitivas, educación para el trabajo y varias cosetas más, pes cholo. Pero se nos meten las elecciones en medio, y queda tan poquito para la primera vuelta que mejor tratamos de hacerle guiños a la realidad política y meternos de nuevo en el ajo. Estos últimos días las cosas decantan. Las encuestadoras, temerosas de perder credibilidad – deben seguir vendiendo estudios de mercado cuando no hay elecciones, la vida hay que ganársela – empiezan a sincerarse. Y es lógico, hay dos mil maneras de manipularlas, y muchas se han evidenciado en los últimos días, con lo que la gente pensante debería no caerse de contento cuando una encuesta te da más votos de los que te dijo originalmente que tenías. Los abrazos de oso sueles ser algo apretados. Pero para nosotros, la indiada, pueden ser cosas del Orinoco, de esas que tú no sabes y yo tampoco.

Así que ni modo. Habrá que intentar meterle un poquito más de neuronas a la campaña electoral. Y en este caso se me ha ocurrido pensar qué es lo que esperamos lograr con las elecciones. Y pensaba que si vamos a votar por Presidente de la República, por Jefe del estado, valdría la pena hacer un pequeño recorrido.

Cultura política y orígenes

Nuestra cultura política es curiosa. Es una de esas cosas que determinan nuestra identidad. Y aunque quizá eso no nos guste, nuestra identidad, eso de “ser peruano”, está muy determinado por esa cosa que se llama sociedad, y la sociedad tiene un desarrollo en el espacio – este territorio que llamamos Perú – y en el tiempo. Lo que hacemos hoy tiene, tras de nosotros, casi 200 años de vida republicana, 300 años más de Colonia de los españoles, un siglo de Tahuantinsuyo más, y, casi nada, 10,000 años de constante permanencia en nuestro territorio. Ello nos sube la autoestima, y nos ha dado una cierta prestancia que otros países no tienen, y en América, salvo México, y quizá Bolivia y Guatemala, ningún país es comparable a este pedazo de tierra, con su curiosa gente y sus extrañas ideas de cómo gobernarse. En los Estados Unidos, algo que tenga 200 años es realmente viejísimo. En la Argentina, la gente no desciende de sus abuelos, sino de los barcos repletos de migrantes. Nuestras tradiciones son viejas como los agujeros de las orejas y el Hombre de Lauricocha. Gozamos o padecemos de una mezcla informe de estirpes, muy nuestra, donde convivimos desde bailarines de marinera moches hasta navegantes lacustres aimaras, pasando por descendientes directos de Huayna Cápac – nuestro amigo el genealogista Ronald Elward los ha encontrado -, polacos nacionalizados, palestinos fabricantes de alfombras mágicas, huancaínos que comercializan hasta los ojales vacíos de las camisas, quechuas mahometanos, pentecostales e israelitas del Nuevo Pacto Universal, zambos que tocan el cajón y rockean como los buenos, pitucas que charlan por los codos en sus casas de playa, tusanes que cocinan el mejor wantán frito del universo, croatas pescadores, tiroleses con mote, capullanas morenas de ojos verdes como la perdición de Adán, bricheros y pequeños empresarios, vedettes y delincuentes, sacerdotes y luchadores sociales, y un larguísimo e inacabable etcétera. Pucha, que tratar de entender nuestros orígenes como sociedad es tan sencillo como explicar en fácil la teoría de las Supercuerdas.

Don Nicomedes Santa Cruz, ese grande y orgulloso Negro Peruano, pretendía en una de sus décimas simplificar el nudo gordiano, y sugería con gracejo que en el Perú solamente cohabitaban tres razas, y eso era fácil de entender para todos. Total, no hay más que indoblanquinegros, blanquinegrindios y negrindoblancos. Pero se le olvidaron al zambrano los tusanes y los niseis, que hay harta gente de esa por acanga; y de que decir “indio” es meter en el mismo saco a huancas, quechuas, moches, tallanes, chachapoyas, cajamarcas, chancas, collas, shipibos, matsiguengas, aháninkas, aymaras, etc.; y que decir “negro” es mezclar a congos, angolas, ashantis, sudaneses, bantús, zulús, xhosas, hausas, etc.; y que decir “blanco” es mezclar a vikingos, árabes, tiroleses, andaluces, calabreses, provenzales, escoceses, bávaros, húngaros, bielorrusos, drávidas, etc.; y que decir “chino” es combinar viets, han, song, nipones, coreanos, taiwaneses, mongoles, tibetanos, y más etcéteras todavía. Así que tratar de dilucidar las mezclas y combinaciones puede ser realmente espeluznante, e incluso escandalizar a algunos creyentes en la imposible “pureza de la sangre”. ¿Cómo, Dios de Israel, le llamamos a alguien cuyos ocho bisabuelos son de origen cajabamba, portugués, croata, vasco, danés, chincha, alemán, y español? ¿”Chincapocromán? ¿”Davascajañol””? Yo tengo mi propia teoría al respecto, y creo que es la mejor posible. A alguien así le llamo “hija”. Es que solamente Dios, en su infinita sabiduría, quizá pueda tener una idea de los tipos de gente que existe, y de cuánto grupo más hay en nuestra patria tan extraordinaria. Total, dicen que Dios, para rematar esto de la mezcla, nació en Trujillo … Así que mejor no nos metamos con lo que no es posible meterse.

Un paréntesis

(Dicho sea de paso, eso del tema de “peruanos afrodescendientes” estará bacán para los discursos oficiales, pero desde que tengo memoria tengo amigos negros, y vaya, negros les he dicho siempre, aceptando bien interculturalmente el mote de “crudo” para mí, por cierto. Es que una cosa es el discurso oficial, que pretende marcar la interculturalidad para los que no la agarran, lo que debe hacerse y está muy pero que muy bien, y otra cosa muy distinta es jugar fulbito y decirle a Carlitos: “¡afrodescendiente no amarres bola, pásala!”. El idiolecto es el idiolecto, y solamente debiéramos pretender cambiarlo cuando resulta ofensivo o irrespetuoso con un grupo humano, o cuando el grupo mismo, con todo derecho, desee ser conocido de otro modo. También es cierto que el tono dice mucho, y entiendo que los “negros – afrodescendientes” se resientan de la palabra “negro” dicha con displicencia, desprecio o prejuicio. Y es cierto que palabrejas como “negroide” son monstruosidades por donde se las mire. Y para sentar un ejemplo, no otra cosa ha sido sustituír “campas” por “asháninkas” o “machigüengas” por “matsiguengas”, que es como los asháninkas y matsiguengas de nuestra patria desean ser llamados, por sus propias razones y sin que al resto nos tenga que importar cuáles sean. Si yo me llamo Javier no quiero ser Douglas Enrique, pues mi nombre es parte de mí y mi identidad. Y como dice Guareschi, cada uno consigo mismo, y Dios con todos. Fin del paréntesis.)

El Gobernante en la Historia del Perú

Me encantan las digresiones, dicho sea de paso. Mis sufridos lectores lo habrán notado. Llevo dos páginas y no he entrado en materia todavía. Así que, como dice el dermatólogo, vamos al grano. Los estilos de ser gobernante en nuestra Historia marcan, quieras que no, el estilo actual de serlo. Tratemos de entenderlo mejor.

¿De dónde proviene la autoridad republicana con la que revestimos al Presidente de la República? Teóricamente del consentimiento popular expresado en la voluntad general del pueblo. Este ya es un ajo conceptual. Porque el “consentimiento popular” siempre ha sido en eso que llamamos Democracia, una trampa para cazar inocentes pajaritos. La “voluntad general del pueblo” es algo tan huidizo y tan difícil de determinar que el teórico francés Condorcet – víctima de la Revolución Francesa que dio lugar a la frase de que la Revolución se traga a sus hijos-, que era hombre práctico, tenía que recurrir a una falacia, la de suponer que si alguien obtenía más de la mitad de los votos, entonces representaba la “voluntad general del pueblo”. Es decir, el hecho práctico de que todos los habilitados para ello votemos nos da una idea aproximada de la “voluntad general del pueblo”. En las actuales elecciones las encuestas, cuál grandes electores, proponen a cinco probables candidatos al “Sillón de Pizarro”, lo que nos parece gracioso. ¿Qué clase de autoridad republicana es la de alguien que sale elegido con el 30 % de los votos? Eso está en nuestra Tradición, porque el ballotage o Segunda Vuelta es cosa bien nueva en nuestra legislación.

Nuestra democracia actual arrastra sus tradiciones, la mayoría anteriores a ella. El Presidente de la República es el sucesor legal de todos los gobernantes anteriores de este territorio, y eso lo convierte en continuador por lo menos de tres de los grandes personajes de nuestra Historia: El Sapa Inca Pachacútec, el Virrey Francisco de Toledo y el Presidente Ramón Castilla y Marquesado. Ello en la medida que el estado republicano de hoy es sucesor del Virreinato y del Tahuantinsuyo, que a su vez es resumen y compendio de los 10,000 años anteriores a él.

Autoridad y elecciones

Miremos un poco más adentro, ligeramente. Al principio de nuestra Historia Republicana el Presidente era elegido de manera indirecta por el Congreso. Lógico en una República que recién empezaba y que pretendía tener cierta estabilidad para lograr eso de ser Libre y Feliz por la Unión. Viéndolo en cierta perspectiva, veníamos de haber sido Virreinato y Tahuantinsuyo, y en esas unidades políticas nadie elegía a nadie. El Sapa Inca era resultado de una combinación de sucesión por sangre y guerra ritualizada; y el Virrey del Perú era nombrado por el Rey de España. Sin embargo, nuestro imaginario popular y social vio y ve aún a los gobernantes como una suerte de seres semi-divinos, con capacidad para hacer más o menos lo que les venga en gana, limitados básicamente por su propia voluntad y por las fuerzas concretas a las que les deben sus cargos. Nada raro si entendemos que la democracia y la república son instituciones novedosas – menos de 200 años - en un país con más de 10,000 años de Historia.

Nos pasamos los primeros 30 años de la República con caudillitos imitadores de los Virreyes y los Sapa Incas, pero incapaces de moverla con la solvencia ya no de Pachacútec o el Virrey Toledo, sino de sacristán de Iglesia de Cristo Pobre. Llegó Ramón Castilla y tuvimos ilusiones, ingresos y veleidades de gran potencia, y por un buen rato – lo que duró la plata del guano y el salitre -, nos la creímos. La Guerra con Chile nos devolvió a nuestro nivel, y con el tiempo y tras el supuestamente tranquilito período de la República Aristocrática (1895 – 1919), en la que gobernaban los que la movían y nadie más, se vinieron huaycos democratizadores de dentro y de fuera del Perú, y empezó un ajuste de cuentas interno que aún no acaba. Tras la dictadura de Leguía y su fracaso en perpetuarse, vino una Constitución – 1933 - que nos movió el piso y el cotarro, porque por primera vez había voto directo para elegir al Presidente de la República. Se acababan para siempre los compromisarios y las tutelas, y el pueblo pisaba con sus pies cochinos lo que hasta entonces fue salón dorado de aristócratas y señores semifeudales. Quien pateó esa puerta, debemos decirlo, fue Víctor Raúl Haya de la Torre. No nos interesa ahora lo que haya hecho después, en aquel momento era visto peor que Ollanta ahora. Hasta entonces caudillajes militares y civiles le pasaron la factura al sistema político peruano. Desde entonces las Dictaduras ya nunca más pudieron ser lo que eran, desde que el pueblo estaba involucrado. Para ser Dictador, como lo fueron Benavides, Odría, Velasco, Morales Bermúdez y Fujimori, debías rodearte de ciertas formas gubernamentales que te dieran legitimidad, para hacer tu régimen “sostenible”. Incluso elecciones, aunque fueran amañadazas, como las de Odría de 1950, o las de Fujimori. Y si te sometes a elecciones estás frito, Dictador, porque tarde o temprano te darán forata, de uno u otro modo. Testigo el ciudadano Fujimori. Y, desde otra perspectiva, testigo el general Velasco, que precisamente cuestionaba a profundidad las elecciones, dado que así como estaban no representaban a nadie, y por eso jamás las convocó pues no las necesitaba.

Desde 1933 hasta la fecha sostenemos la elección directa del Presidente de la República, aunque con dos cambios fundamentales. Uno fue la ampliación constante y sostenida de capas de población al electorado. Las ampliaciones fueron por edad, de 21 años a 18; luego por género, y las mujeres votaron; y al final se acabó con la prohibición para los analfabetos. La otra fue el sistema de Segunda Vuelta, que reflejaba la preocupación de darle más carne a la “voluntad general del pueblo”, para que el Presidente tuviera más del 50 % de los votos, y lograra legitimidad para que fuera más difícil bajárselo.

Pachacútec, Sapa Inca

Empecemos el recorrido por los gobernantes más característicos del Perú por el Sapa Inca Pachacútec, autocrático y divino gobernante del Tahuantinsuyo, que es su principal paradigma. Podemos suponer que la Autoridad del Sapa Inca reflejaba a la de los muchos Sinchis, Cápacs, Curacas y gobernantes de toda índole que hubo en el Perú desde 10,000 años en adelante. Así que tradición telúrica de gobierno había tras él. Hubo en apariencia, incluso, otro Imperio en la Historia anterior a la invasión española, el Imperio Huari, y podemos perfectamente suponer que el Sapa Inca heredaba, como era lógico, toda la parafernalia, características, y conceptos vinculados a la Autoridad in illo témpore. Así que el Big Boss en cuestión, autoridad suprema del Tahuantinsuyo, devenía su poder de una legitimidad basada en su relación con la Tierra y los poderes del más allá, que de una u otra manera hemos heredado. El Sapa Inca era un jefe religioso, porque era el Hijo del Sol, nada menos. Lo que quería decir que tenía que negociar con toda una élite religiosa muy poderosa. Aliado con ella rodeaba sus actos de ritos religiosos que reforzaban su legitimidad. Al Hijo de Dios no lo detienes en la calle y le pides DNI para que se identifique. Y por si hubiera alguna duda, el Big Boss circulaba sentado en sus andas, con una guardia personal de esas que no te las para ni mandinga, rodeado de sacerdotes, vírgenes del Sol, soldados adustos, ayayeros, cargadores de andas, funcionarios de gobierno, ministros de estado, portaquipus, y como diez mil extras encargados básicamente de gritar Causachum Pachacútec. Había que ser muy idiota para no verlo, y más te valía verlo y gritar causachum, so pena de perder salva sea la parte antes de que sin mayor ceremonia te cortaran el pescuezo.

Es obvio que a Pachacútec no lo eligió nadie, si acaso él mismo. Ni siquiera le tocaba ser Sapa Inca. Él se la hizo, por decirlo así. Es decir impuso su Autoridad. Naturalmente primero fue héroe militar al derrotar a los chancas en Carmenca y Yahuarpampa, cuando no era más que el Auqui Cusi Yupanqui, lo que demuestra su audacia al enfrentar ejércitos más poderosos, así como su capacidad militar. Es curioso, porque hemos tenido presidentes que han sido héroes militares, como Castilla, Cáceres y Benavides. Aunque tampoco ello asegure algo. Don Eloy Ureta, ilustre vencedor en la Guerra con Ecuador, perdió las elecciones frente al insípido Manuel Prado. Ah, pero el Jefe de Estado Mayor en esa guerra, Manuel A. Odría, sí que fue presidente por golpe de estado. En fin. Lo cierto es que el Auqui Cusi tiene que ajustar sanguinarias e internas cuentas con el aparente correinante Inca Urco, a quien le pisaba los callos; y hacer de su padre el Sapa Inca Viracocha una figura decorativa, conservándolo como mandamás teórico, para que sea el Auqui Cusi quien realmente la mueva. A la muerte de su padre, el Auqui Cusi deviene Sapa Inca, y ahí es donde lo vemos realmente en acción.

El Sapa Inca Pachacútec respeta la institucionalidad que ha heredado y la utiliza, ni más ni menos que un Presidente moderno, para remachar su Poder y aumentar su Autoridad. Hace alianzas sociales, políticas y militares con diversos ayllus y etnias, y combate a otras, lo que le permite controlar las fuentes de poder de todos los tiempos, los recursos económicos y a la vez aumentar sus efectivos militares. Organiza un aparato administrativo realmente eficiente para manejar dichos recursos. Los quipucamayocs son el aparato burocrático y administrativo al que nada se le escapa en su furia contable. Los tocricocs o tukuy ricocs son una combinación de contralores, fiscales y espías que, premunidos de la Autoridad del Sapa Inca, simbolizada en las hebras de la mascaypacha que portaban, vigilan con los ojos bien abiertos todo lo que ocurre y ponen orden en donde hay que ponerlo, destituyendo funcionarios y expandiendo, para ponernos poéticos, “la Justicia en toda la Tierra”. Claro que esa era la justicia de Pachacútec, no la nuestra. Pero que la gente se comió ese contenido ideológico se lo comió con ojotas y uncus completos. Y con todo éxito, pues aún hoy en día, nos la creemos.

Me imagino una posible escena de la época. Un Collca Camayoc (administrador incaico de collca) se tira una cantidad de maíz producto del tributo de los ayllus, y por el que debe responder, para hacerse su aqa (chicha) a espaldas de las gentes, y meterse su tranca de vez en cuando. Alguien más tenía que saber de esto, porque habría cuando menos un quipu camayoc que viera el faltante y lo registrara, pues así es la chamba. El astuto Tocricoc que casualmente “por ahí pasaba”, seguro metía la nariz en los quipus, y detectaba el faltante. Casi veo al Tocricoc desplegar las hebras, tomar el mando y dedicarle al corrupto, con la mismísima Autoridad del Sapa Inca, frente a quien todos tiemblan, una de esas muertes espeluznantes por lo horribles, y que se vuelven testimonio de la dureza en la aplicación de la Ley. Desde siempre es así como se sienta ejemplo sobre el adecuado manejo de los recursos comunes. Por supuesto no lo hacía en nombre del pueblo, sino del sacrosanto Sapa Inca Dueño de Todo y Detentador del Derecho, a quien robarle era, Inti no lo permita, nada menos que crimen nefando. Aquí tenemos ante los ojos el significado real de decir Ama Súa, Ama Qella, Ama Llulla, por más que la frase misma no sea real. Lo real y concreto era “róbame y miénteme, y verás lo que te pasa”.

De entonces acá, vemos la Autoridad política como la de un alguien que “organiza”, que “hace funcionar” el aparato del estado de manera correcta. Ese Alguien no tiene piedad con la corrupción. Nos interesa tanto que las cosas anden bien que le exigimos al Sapa Inca, perdón, al Presidente, que sea un buen organizador y que castigue duramente la corrupción. En nuestra historia republicana encontramos que hombres como Manuel Pardo y Nicolás de Piérola cumplimentan de alguna manera este primer paradigma, el de “organizador” y “luchador contra la corrupción”.

Sigamos con el Poderoso Sapa Inca Pachacútec que, premunido de la autoridad que le da poseer el control religioso, económico y militar, está subido en la cresta de la ola de una dinámica de expansión militar y política, en la que se va apoderando a la velocidad de Illapa (el rayo) de las fuentes de riqueza de la época. Lo vemos extender su aparato organizativo, ordenar el mundo poniendo a los ayllus a trabajar para él, construir, reconstruir y mantener con eficacia caminos, puentes, tambos, collcas, acllahuasis, centros administrativos, palacios y ciudades completas. Así legitima su Autoridad a cada paso que da, aprovechando todo lo que encuentra en su victoriosa marcha. Logra asegurar condiciones de vida vivibles y ordenadas a la población, y la organiza para utilizarla como un instrumento bien templado para la sostenibilidad del sistema de la que él es la cabeza. Crea círculo virtuoso tras círculo virtuoso. Es, realmente, un ejemplo extraordinario de Buen Gobierno que ha superado las barreras del tiempo. Sobre el Orden que erigió, su hijo Túpac Yupanqui y su nieto Huayna Cápac añadieron y modificaron, pero no fueron muy creativos, sino simples talentosos continuadores. Si miramos el paradigma de la Autoridad Política en el estado anterior a la invasión española, ese paradigma indudablemente es el Auqui Cusi Yupanqui, el Sapa Inca Pachacútec. Él es indudablemente nuestro Hammurabi, Marco Aurelio o Tsi Huang Ti andinos.

Hagamos un juego que tiene algo de ejercicio mental y pensemos en los principales candidatos. ¿Quiénes de ellos podrían parecerse en algo al Sapa Inca Pachacútec?

Instrucciones: Califica de 1 a 5 a cada candidato en los temas de AUDACIA - CAPACIDAD DE ORGANIZACIÓN - LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN. No te hagas trampa. Intenta ser objetivo. El puntaje máximo es 15 y el mínimo 0. Luego suma sus puntajes. Ello te dará una idea de qué puedes esperar de ellos.

Candidatos por orden alfabético
AUTORIDAD

LUIS CASTAÑEDA
KEIKO FUJIMORI
OLLANTA HUMALA
PEDRO PABLO KUCZYNSKI
ALEJANDRO TOLEDO

Nota: Que me perdonen mis amigos que piensan votar por otros candidatos, pero es que se necesita ahorra espacio también ...

Y ojo, TAMBIÉN VIENE: El Virrey Francisco Álvarez de Toledo, y el Presidente Ramón Castilla y Marquesado.

domingo, 2 de enero de 2011

ODIOSAS COMPARACIONES


Odiosas Comparaciones

Felicidades a todos y cada uno por este Nuevo Año. Aunque ya hace un respetable número de décadas que vengo repitiendo este saludo, y las felicidades más bien como que se resisten un tanto a aparecer. En todo caso este principio de año 2011, año electoral para nosotros, está marcado por diversos hechos. Alan García terminará su mandato constitucional y será sustituido por el que gane las elecciones generales próximas. Y en nuestro vecino del Oriente, el Brasil, se produce un acontecimiento que los medios de comunicación hacen pasar desapercibido, para variar, suponemos que para evitar las Odiosas Comparaciones de siempre.

Hay cambio de gobierno. Sale de la cancha, aureolado por una aprobación del 87 %, Luiz Inacio da Silva, “Lula”, tras un desempeño, que, para conservar la metáfora futbolera, le ha merecido aplausos desde la tribuna. Entra Dilma Rousseff, del mismo Partido Travalhista Brasileño, como la primera mujer que gobierna el Brasil. Hay algunas acotaciones que vale la pena hacer, en cuanto a las enseñanzas que cabe extraer de estos acontecimientos.

Lo primero que salta a la vista es la enorme aprobación con que Lula se va. No necesita aparentemente una corte de medios de comunicación obsecuentes, ni un interesado manejo de los noticieros, diarios y programas radiales que evite cuidadosamente decir las verdades y de cuando en vez celebre triunfos hechizos o le cante halagos por “mantener el modelo”. Ni un conjunto de encuestadoras que le maneje una cifra aprobatoria más o menos razonable como para mantenerle la gobernabilidad al modelito. Parece ser que a Lula le ha bastado para ser apreciado por sus ciudadanos el colocar el desempleo brasileño en su nivel más bajo históricamente, y rebajar la pobreza en el Brasil en casi 30 millones de personas, es decir la población combinada de los peruanos de dentro y de fuera del Perú. Brasil, el enorme Brasil, el Brasil Gran Potencia, crece además un 7 % cada año. Y su gente, a diferencia de la nuestra, parece leer mejor. Bueno, esto último no es demasiado difícil, dado que seguimos últimos en Sudamérica y casi últimos en el mundo.

Lula ha sido un presidente de lujo, en suma.

Y que tuvo a la prensa en contra, la tuvo. Obviamente, desde que la libertad de prensa falleció de muerte natural en nuestro continente, y fue sustituida por la libertad de empresa, el coro de sostenedores del “modelito” no le dejó pasar una al expresidente del Brasil desde el saque. Los ejemplos nacionales que ilustran este comportamiento mediático sobran. Recordemos la demolición a que fue sometido Alejandro Toledo, con el fin específico de cortarle las alas políticas. O las baterías dirigidas permanentemente contra Ollanta Humala estos últimos cinco años. O, dado que la memoria de nuestro país está como su comprensión lectora, y no se recuerda nada más allá del mes pasado, la manipulación mediática contra la Susita Villarán. Todo lo que huela un poquito a crítica es permanentemente acallado y se nos sirve diariamente nuestro correspondiente plato de asesinatos, violencias, chismes de farándula, racismo solapado o descarado, cherrys, medias verdades, alusiones, publirreportajes, completas mentiras, contradicciones o desinformaciones. Y todo para sostener el modelito.

Lula parece haber estado blindado contra estos ataques. El hecho de haber sido reelecto con portentosas votaciones, y ser, de lejos, el mejor presidente que ha tenido el Brasil, país vecino con el que estamos unidos por intereses estratégicos de primera línea, no parece ser importante para nuestros hipercultos medios de comunicación. Pero es que Lula comete diversos pecados contra el modelito. El principal de todos, el de ser honesto y capaz. Vale decir, y para ponerla en fácil, no parece que se haya levantado los dineros del Estado. Y parece que ha tenido sus logros. Centrándonos en la cosa honesta, o es brillantísimo para esconder las cutrerías, o de repente no las hizo. Y considerando que tiene a los grupos de poder y sus medios de comunicación en contra, parece que fue examinado con lupa. Y no se le ha encontrado un hijo no reconocido, un reloj caro, un familiar amigo de lo ajeno, un petroaudio o más que sea una verruga en el que te jedi. Parece que ni siquiera se ha tirado un lápiz, porque con seguridad lo hubieran denunciado con parlantes de 100,000 watts. Por supuesto eso no quiere decir que lo adoran con locura. Ya vemos cómo igualito entró en acción el bloqueo informativo enfriando sus iniciativas positivas y simplemente callando la existencia de este personaje, en la esperanza de desapercibirlo. Para enterarnos de lo que hacía el Presidente del país vecino, debíamos recurrir a BBC. De hecho, el bloqueo informativo es un tema internacional, y la Derecha Peruana compite con la hondureña en ser la más retrógrada del continente. Y como la prensa existe para defender el modelito, y para nada más, pues para qué hablar de otras cosas, excepto los asesinatos de siempre. Salvo la ilusión que se nos vende, todo es Poder.

Para continuar estas Odiosas Comparaciones, ahora cabe preguntarnos a donde se irá a vivir el ahora expresidente. Según parece, Lula se va a su casa, un pequeño departamento en Sao Bernardo do Campo, ciudad industrial donde nació hace 65 años. Me parece muy curioso que no se vaya a Francia o a Japón, destinos aparentemente obligados de los que ejercitan el poder en nuestro país. Es más, maravilla de las maravillas, no se ha fugado ni espera fuera del país que le prescriban los delitos. Extraño y curioso. Llega a producir cierto desasosiego cívico, y cierto desequilibrio cognitivo, saber que en una parte no muy lejana hay un exPresidente que no tiene que salir corriendo cuando su mandato termina. Sospecho que eso no le es perdonado por los sostenedores del modelito cuyos más destacados exponentes practicaron el arte de la fuga en Si Mayor, como lo pueden atestiguar Fujimori, De la Rúa, Sánchez de Losada, y un largo etcétera. Ahora y de repente es por eso que no lo mencionan mucho los medios. Podría afectar, creemos, la estabilidad del modelo y la gobernabilidad el percatarnos que este obrero tornero y sindicalista de izquierdas ha resultado ser un presidente bastante más ético y capaz que … otros.

Y aquí vale la pena señalar otro ángulo notable de la noticia, y contrastarlo con el eterno discurso del conservadorismo en nuestro país, que expresa a voz en grito la imperiosa necesidad de que los que ejercen la política posean una aureola de títulos académicos (casi digo nobiliarios) para ejercer los cargos respectivos. Se critica a quechuahablantes por no hablar “bien”, y se ejerce una suerte de culto a la “suficiencia académica”, al alcance solamente de los que la mueven en nuestro país. El Presidente Lula le propina una soberana cachetada a esta trasnochada y oligárquica idea que algunos escriben o dicen con total desparpajo, vendiéndonos un ejército de gatos por liebre, y asociando falazmente la “honestidad” y la “capacidad política” con el “desempeño académico”. Y eso que la idoneidad real de la mayoría de los propietarios de papeles que dicen que uno es tal cosa o la otra no está ni mucho menos probada. De hecho, y como todos sabemos, por lo general la posesión de papeles de este tipo en el Perú solamente atestigua sin ninguna duda que se pagó el cupo correspondiente por ellos. Algunos de nuestros vecinos han sido o son gobernados por personas sin ningún pergamino académico, y sin embargo han hecho o hacen magníficas presidencias. Por supuesto no me faltará alguna pobre alma que me diga que esto no demuestra que ser un “ignorante académico” capacita para el ejercicio pleno de cargos políticos. Naturalmente, el polo norte no es más caliente que el sur porque sea su opuesto, y algunos pobres de espíritu viven tan dentro de sus anteojeras conceptuales, que evitan como a la peste y por todos los medios el pensamiento racional, que les hace mucho daño.

De hecho, en nuestro país el “desempeño académico” significa en realidad, y con menos excepciones de las que creemos, únicamente la posesión de papeles de instituciones que supuestamente dan fe del hecho. No hace muchos días me comentaban que bastaba con leer como el 5 % de la bibliografía, y por supuesto, pagar, para que te endosaran tu correspondiente licencia para matar. Es decir, lo que indican con certeza es la pertenencia a la argolla correspondiente, y la posibilidad de poder ejercer exclusión a los que no pertenecen a la dicha. Saber o conocer o aplicar con coherencia, suficiencia y habilidad los conocimientos aprendidos es algo completamente diferente y que la papelería no mide. Y los grandes y relevantes actos de corrupción no son ejecutados por personas “ignorantes”, sino más bien, por personas que poseen todos los “títulos académicos” necesarios para ejercer, según las pobres, asustadas y conservadoras almas, el poder del Estado con preferencia a obreros torneros o campesinos cocaleros.

Lula retorna a su pequeño departamento, y lo hace incluso con cierto desparpajo y desenfado. Como no parece deber nada, por ende no parece temer nada. Y ello le da un tono bastante irónico a ese aparentemente inocente retorno. Sospecho que Lula sonríe para sus adentros cuando se percata de la Odiosa Comparación. La conclusión obvia de este acto es que para ejercer un cargo ciudadano de manera honesta y capaz no se necesita un título académico (casi digo nobiliario), y que no existe relación alguna entre los papeles académicos y la honestidad y capacidad políticas. De hecho, incluso parecería ser al revés, si no supiéramos que el dominio moral y el dominio académico no se tocan sino muy relativamente. Hay personas ignorantes académicamente que la rematan con deshonestidad y otras lindezas. Y hay personas de magnífico desempeño académico que poseen un agudo sentido del ejercicio de la corrupción. Y viceversas.

Por otra parte, debe ser horrible para los grupos de poder en nuestro continente ver cómo la democracia se les tuerce, cómo deja de ser su propiedad, cómo se vuelve contra sus márgenes de utilidad, y, sobre todo, cómo se permite el escándalo de que obreros torneros y campesinos cocaleros, exguerrilleros y militares progresistas, mujeres e indígenas, cometan el nefando crimen de faltarle el respeto a las aristocracias de la sangre, el color y la plata, ganando elecciones y reelecciones de la manera más democrática y casi plebiscitaria, creando partidos democráticos que se suceden en el gobierno y demostrando en los hechos su mayor capacidad para gobernar. Es que la indiada es, en el fondo, desagradecida. La frase de Lula, dicha entre lágrimas hace pocos días, "Si yo hubiese fallado (como presidente de Brasil) el fallo hubiese sido de la clase trabajadora, de los pobres", es tremenda. Desnuda las diferencias políticas entre unos y otros, y sobre todo hace sobrenadar aquello que los medios machacan y que se nos ha dicho en todos los tonos posibles que no existe: Las diferencias de clase. Y es que estas diferencias de clase están ocultas detrás de las falaces cifras de reducción de la pobreza, que les encanta tratar a los medios como si fueran cuestiones puramente estadísticas y la gente pudiera disociarse de su condición humana para transformarse en números manipulables. Y produce una Odiosa Comparación más, la de la cifra de reducción de la pobreza, por la que si gastas 139 soles (cifras promedio del 2008) eres un pobre extremo, pero si gastas 141 eres pobre nomás. Y si gastas 251 soles con cincuenta céntimos al mes, resulta que ya no eres pobre. O eso nos quieren decir los estadígrafos al servicio de ya sabemos quiénes. Aunque no es éste el lugar para discutir la efectividad de las políticas de reducción de la pobreza, o las falacias de la conceptualización de la pobreza, o su medición, es bastante obvio para cualquiera con medio dedo de frente que una cosa es reducir la pobreza y otra muy diferente fingir que se reduce la pobreza. Vale decir, la simple diferencia entre la verdad y la mentira.

Y este es un tema de ética y moral política antes que un tema técnico.

Porque la más Odiosa Comparación de todas es la que tenemos directa y frontalmente ante nuestros ojos, a pesar de la interesada ceguera mediática. La de la Corrupción Institucionalizada como sistema de gobierno. La del Engaño entendido, considerado e institucionalizado como instrumento de la administración de los recursos comunes. Porque la Mentira y la Corrupción son, definitivamente, hermanas. Porque para que la plata “llegue sola”, se necesita de ambas.