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domingo, 31 de marzo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 25: BIBLIA (vi)


CRÓNICAS DE LECTURAS – 25
LEER LA BIBLIA (VI)

I
El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento parece que presentara un cierto aire más moderno respecto al Antiguo. Se centra en la figura, presencia, predicación, vida y muerte de Jesucristo, el Mesías de los judíos; y la acción de sus inmediatos seguidores, los cristianos. El Nuevo Testamento goza de la misma sacralidad que el Antiguo, y contiene la mayor parte de lo que es original en el Cristianismo con respecto a su matriz semita, para las confesiones cristianas es el mismo centro de la Biblia. Para los judíos, bueno, no tiene el mismo carácter, exceptuando un muy pequeño grupo, pero imagino que lo leerán por curiosidad y por hallar las claves de lo escrito en el Nuevo Testamento en el Antiguo, igual que es posible para los cristianos rastrear el Nuevo en la Misa y demás liturgias. Lo Original del Nuevo Testamento con respecto al Antiguo es el convencimiento de que el Mesías esperado por los Judíos es Emanuel Jesús, llamado el Cristo. Y así lo Esencial del Nuevo Testamento – de toda la Biblia para los cristianos – es el relato de la llegada del Mesías, pues esta es la Buena Noticia (Evangelio en griego) que se está anunciando. El Nuevo Testamento consta así de Cuatro versiones de esta Buena Noticia, Cuatro Evangelios, tres de ellos denominados Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), aparte de un cuarto, muy original, cuyo hagiógrafo sería el Apóstol Juan, a su vez autor de Epístolas y del Apocalipsis. Además Lucas, hagiógrafo del Tercer Evangelio, parece ser también autor de los Hechos de los Apóstoles, en apariencia editado originalmente junto a su correspondiente Evangelio, y luego editado aparte para tener los Cuatro Evangelios en un solo bloque. Viene luego un conjunto de Cartas o Epístolas, también dividido en dos grupos: El primero y más numeroso es el de Epístolas Paulinas, cuyo autor sería el apóstol Pablo, nacido Saulo de Tarso, judío de la dispersión convertido a la fe de Jesús en dramáticas circunstancias, y que dedica su celo apostólico y epistolar a las primigenias comunidades cristianas. Al otro grupo lo forman las epístolas católicas o universales, por estar dirigidas en su mayoría a la comunidad cristiana en su conjunto. Sus autores habrían sido otros apóstoles: Pedro, Juan, Judas y Santiago. Ya mencionamos en otras Crónicas al último de los Libros, el Apocalipsis de Juan, centrado en las visiones que el mencionado habría tenido durante su destierro en la Isla de Patmos, y cuyo parentesco con otros libros del Antiguo Testamento ya hemos comentado.

El Nuevo Testamento comprende en total 27 libros en el canon de la Iglesia Católica Romana, que es más o menos el mismo de la mayoría de las Iglesias de la Reforma. Hay dudas sobre la Epístola de Santiago, que Lutero llamaba con desprecio epístola de cartón, dado que defiende la necesidad de buenas obras para la salvación personal (la fe que no produce obras está muerta – Santiago, 2, 26), cuando el monje alemán estaba convencido que la justificación paulina por la Fe es la que cuenta (quien no tiene obras que mostrar, pero en cambio cree en el que hace justos a los pecadores, a ese tal se le toma en cuenta su fe y se le considera justo – Romanos, 4, 5-6), así que se me hace que su oposición era algo interesada. En todo caso, me ha sonado siempre como una discusión tipo la de qué es primero, si el huevo y la gallina. Pero por menos la gente se mata. El idioma en el que se escribe el Nuevo Testamento es casi todo griego koiné, menos una parte del Evangelio de Mateo. La traducción de la Biblia al koiné se inició hacia el 250 a.C., cuando un grupo de sabios judíos helénicos residentes en Alejandría de Egipto, conocidos como los Setenta, empezaron a traducir el Antiguo Testamento para las sinagogas (sinagoga es término de origen griego, precisamente) dispersas en el mundo de habla griega. A esta obra se le conoce como la Biblia de los LXX, e incluye partes del Antiguo Testamento cuyo original en hebreo se ha perdido, motivo por el que algunas iglesias dudan de su canonicidad. Aunque es posible que la lengua materna de Jesús fuera el arameo, no se descarta que supiera griego, pues Galilea parece era bilingüe en aquellos días, y lo emplea Jesús frente al procurador romano Poncio Pilato. Hay grandes variantes en las formas del griego empleado en el Nuevo Testamento: Las epístolas de Santiago, Pedro y a los Hebreos (atribuida a Apolo), así como el evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles, presentan un griego literario y elegante, escrito por gentes con el griego por lengua materna. Las epístolas paulinas tienden a ser más coloquiales, en tanto que el Evangelio de Juan y sus cartas presentan un estilo sencillo pero correcto. El Apocalipsis en cambio está escrito en un griego complejo y recargado. El empleo de muchos giros semíticos en estos libros sugiere que sus hagiógrafos pensaban en arameo u otras lenguas semitas, pero trataban con mayor o menor solvencia de emplear el idioma en el que sabían que su mensaje sería más leído y entendido.

II
Los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles

Es muy difícil hablar de los Evangelios, lo reconozco. La sensación de su Sacralidad invade el espíritu, desde que los que vivimos en países fundamentalmente cristianos y católicos nos hemos criado en su interior, por así decirlo. El carácter sagrado de los Evangelios es reforzado en la liturgia de la Misa Católica a través de ritos particulares, y no se le menciona ni cita sin añadir al final “esta es la palabra de Dios”, a la que, para emplear una expresión de catecismo, “el pueblo se adhiere diciendo amén”. Que si los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) fueron posteriores o anteriores al Evangelio de Juan, como sostienen algunos masones y/o francmasones, y por lo tanto la versión arriana – atanasiana de la divinidad de Jesús resulte siendo la primordial por sobre otras, es aspecto doctrinal de una discusión que debo decir me tiene francamente sin cuidado. En todo caso sí es discernible una clara diferencia entre los tres Evangelios Sinópticos y el de Juan en cuanto a las fuentes, pues Juan narra los hechos empleando fuentes diferentes, en muchos casos de más exactitud y detalle que las de los Sinópticos, que en realidad parecen escritos mirándose los unos a los otros. Además el plan del Evangelio de Juan es muy diferente y altamente teológico, en tanto que los hagiógrafos que escribieron los Sinópticos parecen más bien pensar en términos de demostración histórica tangible de la realidad y presencia de Jesús. La cuestión más interesante a mi modo de ver es de ese orden, el tratar de dilucidar qué evangelio fue escrito primero, y por ende haya sido utilizado como fuente para los otros. Todo abona a que el Evangelio de Marcos fuera uno de los primeros en escribirse, si no el primero, en principio por su corta extensión, comprimida en dieciséis intensos capítulos, y por el hecho que parezca una especie de Manual para Uso del Predicador Aficionado. Debe así haber estado en la faltriquera de los otros Hagiógrafos, Mateo y Lucas, que lo emplearían junto con otras fuentes. En el principio existía la Palabra, dice Juan (Juan 1,1), y el verbo dicen otras traducciones. Y esto pareciera referirse al hecho que todas las relaciones escritas sobre Jesús el Cristo tienen como antecedente la palabra, la oralidad de los predicadores, heredera directa de la predicación de los profetas, y por ende semejante a ella en varios de sus caracteres. Algunas de las historias de los Hechos de los Apóstoles referidas a la Predicación parecen sacadas de los Profetas del Antiguo Testamento. Es el caso del milagro de curación que Pedro y Juan aplican a un tullido en Hechos 3, 1-10, en la que podrían cambiarse los nombres por los de Elías y Eliseo; o el martirio de Esteban (Hechos, 7); o el bautizo del eunuco por el apóstol Felipe (Hechos, 8, 26ss.). En este contexto de predicación intensa se habría empezado a sistematizar la información, poniéndola por escrito, agrupándola en sucesión cronológica de hechos, o siguiendo algún otro criterio. La narrativa parece seguir criterios análogos para todos los sinópticos, incluso a veces con análogas o iguales anáforas o referencias que seccionan y dividen las narraciones, como por ejemplo: “y sucedió que …”, preferida de Lucas; o “en aquellos días …” o “en aquel tiempo …” (in illo témpore en la Vulgata), preferida de Mateo. De algún modo pareciera que Lucas emplea a Marcos y a Mateo como fuentes primarias, aunque pasando por alto el sentido hebreo-judío del Evangelio de Mateo, que trata de ubicar a Jesús dentro de una genealogía, además de detenerse en los relatos de su concepción, nacimiento, huida a Egipto y  demás hechos de su Infancia, indicando siempre su predicción por los Profetas. Lucas añade más datos al respecto, aunque claro está, en un plan diferente al de Mateo, pues Lucas es un helenizante y se dirige a helenizantes, y por ende ordena y clasifica la información de un modo diferente.

Es difícil determinar qué parte o partes de los evangelios puedan ser más centrales que otras. La predicación de Jesús debe haber durado entre dieciocho meses y tres años, y los Evangelios hacen básicamente dos cosas: Contar los sucesos acaecidos a Jesús, y presentar la Buena Nueva que el Cristo trae. Mateo vincula Dichos y Hechos de manera íntima y bien planteada, pues el hagiógrafo narra secciones que empiezan con milagros y otros acontecimientos, y que culminan en conversaciones o discursos, como en Mateo 15, cuando se acercan a Jesús algunos fariseos y mantienen un tenso intercambio, que luego culmina en un pequeño discurso de Jesús con una o varias enseñanzas: ¿No comprenden que que todo lo que entra por la boca va a parar al vientre y después sale del cuerpo, mientras que lo que sale de la boca viene del corazón y eso es lo que hace impuro al hombre? (Mateo 15, 17-18). O Mateo 22, 15ss., en donde los fariseos preguntan a Jesús sobre la pertinencia de pagar el impuesto al César, y la enseñanza: den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22, 21). Ya hemos visto que Marcos tiende a contar menos y más bien reseña impactos. Lucas, por su parte, poseía marcadas cualidades para  la observación y la descripción detallada, más un cierto sentido práctico, que no sorprende si atendemos a que era médico. Su evangelio (y su continuación los Hechos de los Apóstoles) se los dedica al converso cristiano Teófilo, persona acomodada a la que espera convencer para que le financie copias de estos escritos. En cierto modo es una investigación donde Lucas hizo a conciencia su tarea: Empleó las mismas fuentes del evangelio de Marcos, cuyo orden sigue, así como ciertos documentos (Logia) que debió obtener de las iglesias más antiguas de Palestina, Jerusalén y Cesarea, con los que alimenta los capítulos 9 a 18 de su evangelio; y es posible que tuviese a su disposición el evangelio de Mateo. Además completó la chamba con información de primera mano, testimonios de apóstoles y gentes que conocieron a Jesús, incluyendo casi con seguridad en este grupo a María, Madre de Jesús, pues hay información que solamente podría haber sido suministrada por ella misma: Entró el ángel a su casa y le dijo: Alégrate tú, la Amada y Favorecida, el Señor está contigo. Estas palabras la impresionaron y se preguntaba qué querría decir este saludo. (Lucas, 1, 28). A diferencia de Mateo y Marcos, que escriben manuales para predicadores, Lucas se interesa en registrar los hechos en forma muy parecida a lo que hoy llamamos Historia y trata de describir con fidelidad tanto los Hechos como los Dichos. El Evangelio de Juan, por el contrario, no tiene intenciones historicistas sino más bien de carácter teológico y religioso. Donde los Sinópticos abundan en milagros y hechos, Juan solamente narra Siete Milagros, número simbólico, y los discursos de Jesús los centra en determinados conceptos y términos que Juan trabajó cuidadosamente. La intención de este evangelio es clara: Esto ha sido escrito para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que por esta fe tengan la vida que él solo puede comunicar (Juan, 20, 31). De hecho muchas de las creencias actuales alrededor de la persona del Cristo y su relación con los planes de Dios proceden en línea recta de este Evangelio: A Dios, nadie lo ha visto jamás, pero Dios, Hijo único, comparte la intimidad del Padre: éste nos lo dio a conocer (Juan 1, 14).

III
Las Epístolas Paulinas

El estilo de Pablo de Tarso ha marcado las epístolas neotestamentarias de manera tan indeleble, que podemos considerar fácilmente al susodicho como el autor de género epistolar más leído en el mundo. Incluso en la liturgia católica aparece mencionado muchas más veces que los otros Apóstoles, lo que es posible por la muy sencilla razón de que la mayoría de las Epístolas se le adjudican. En todo caso tiene propaganda gratis en todas las Misas, pues las epístolas se leen de cajón, y es muy probable que sea de una de las suyas, y ello fuera de que hay liturgias en las que se emplean sí o sí, como en el caso del Matrimonio, donde los novios leen el Himno a la Caridad de I Corintios 13, 1-13: Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe … . Las correrías del hagiógrafo Pablo de Tarso están profusamente mencionadas en los Hechos de los Apóstoles, ocupando algo más de la mitad. Pablo, como apóstol de los gentiles, acapara la atención de Lucas, que lo conoce en persona y trabaja con él en la predicación. Y por si fuera poco en sus cartas se describe a sí mismo con sinceridad digna de elogio: Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, intachable. Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo (Filipenses, 3, 5-7). Al principio su celo de fariseo lo lleva a perseguir cristianos y enredarse en el asesinato del protomártir Esteban, pero se convierte a la Fe de Jesús en apariencia por directa intervención divina y arrebatamiento al Tercer Cielo: Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, (…) le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (…) Yo soy Jesús, a quien tú persigues (…) entra  en la ciudad y se te dirá lo que tienes que hacer (Hechos 9, 3-6); cae de inmediato en un estado de aparente arrobamiento, del que lo sacará Ananías, y de ahí Saulo el perseguidor de cristianos se convertirá en el apóstol Pablo, que asume el ministerio de viajar y predicar por el Mediterráneo Oriental y Central, y escribir incansablemente un total de catorce epístolas conocidas y varias no conocidas, haciendo trabajar a la mala a sus secretarios a lo largo de tres viajes de evangelización, que lo llevarán hasta la mismísima Roma. Su personalidad es tan acusada que se ha dicho que sostenía correspondencia con Séneca. La tradición quiere que haya fallecido en Roma el mismo día que el apóstol Pedro, motivo por el que su fiesta es compartida: San Pedro y San Pablo, el 29 de Junio. Pablo de Tarso combinó las cualidades del fanático medio fundamentalista, de sangre caliente; y la del frío razonador oportunista, y de ahí que despliegue un estilo para escribir dirigido a lograr impacto, muy coloquial y de notable oralidad, a la que colaboró sin duda el hecho que dictara las cartas a sus secretarios, los que de cuando en vez añaden una línea de saludo. Por cierto, el estilo oratorio paulino ha sido copiado a mansalva por los predicadores evangélicos de hoy, y según parece funciona muy bien, examinemos si no las nutridas cuentas bancarias de Billy Graham, Jimmy Swaggart y otros “apóstoles” más, que en este tema, ay, también puede hacerse negocio. De hecho, hay tanta plata en los medios de comunicación, que hay también en el cable canales católicos, y sacerdotes y monjas mediáticos. En fin, pecado no parece ser.

Las epístolas paulinas están unidas a los acontecimientos de la Predicación y de la propia vida del apóstol, y así encontramos que el libro más antiguo del Nuevo Testamento, la Primera Carta a los Tesalonicenses (circa 51 d.C.) fue escrita por Pablo de Tarso, y ya contiene y describe la mayor parte de los artículos de fe: El Dios Trino y Uno (aunque nunca se mencione la Trinidad por su nombre), la resurrección de los muertos, la redención por Jesucristo y su Segunda Venida, que muchos daban por inminente: … sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche (I Tes., 5, 2). Parece que de aquí proviene también la creencia de algunas iglesias en el rapto, que incluso se ha representado en algunas películas evidentemente financiadas por grupos religiosos:  … los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires (1 Tes., 4, 16-17). Por cierto, Pablo no se libró de imitadores, pero esto no parece le haya desagradado, pues eran canónicos en sus creencias, y más bien parece se los arrejuntaba en una suerte de Escuela o Equipo de Predicadores. Parece ser el caso de Apolo, mencionado en Hechos 18, 24-26 y nuevamente en 1 Corintios, 1, 12. Podemos especular que, como algunos escritores modernos, Pablo tenía sus “negros” (escritores por encargo) que le hacían las epístolas, que él sólo revisaba y firmaba. Es el caso aparente de la Segunda Carta a los Tesalonicenses, las cartas a los Colosenses y Efesios, la Epístola a Tito y las dos a Timoteo. Es muy interesante el hecho que haya general acuerdo en los estudiosos, incluso en los revisionistas, que las epístolas Primera a Tesalonicenses, Filipenses, Gálatas, Romanos, Filemón, y Primera y Segunda a los Corintios son originales definitivos del exfariseo y converso Pablo de Tarso. Es la personalidad más delineada de su época, e inapreciable como fuente histórica del cristianismo primitivo, pues las epístolas parecen incluso anteriores a los evangelios. Parece indudable que hubo una suerte de escuela paulina, que habría sido responsable de la conservación de su corpus epistolar. Las epístolas tratan de diversos temas de moral y fe, pero en todas se percibe la tensión entre los cristianos de origen judío y los de origen gentil, desenredada a medias en el Concilio de Jerusalén, y problemática por la dificultad de comunicarse, por la Dispersión misma y por la multiplicidad de predicadores. Siempre me ha parecido curioso que de doce, trece o catorce apóstoles originales – pues parece que ese número de doce nunca fue muy exacto - la mayoría se hayan dedicado a los judíos y solamente uno o dos (Pablo y Bernabé) a los gentiles.
  
IV
Más sobre las Epístolas, la Fe, y cómo terminan “los Libros”

Ya hemos visto que in illa témporeEn aquellos días - se creyera que el Fin del Mundo y la Segunda Venida de Cristo andaban cerca y ocurrieran en cualquier momento. Había profecía de Jesús al respecto, que registran los tres sinópticos: Mateo 24; Marcos 13 y Lucas 21: … cuando veáis que sucede ésto, sabed que el reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Lucas, 21, 31-33). Ya hemos visto a Pablo tomando medidas con los tesalonicenses al respecto, y hemos examinado someramente el papel del Apocalipsis de Juan. De hecho, las circunstancias históricas, sociales y políticas parecían dirigirse en el mundo cultural judío hacia lo que en los Andes llámase un pachacuti, una inversión del mundo, el fin de una era y el principio de otra, una “revolución”, quizá, en vocabulario más moderno. Nuestra cronología refleja dicho hecho, ya que escribo estas líneas en el año 2013, después de Cristo, o, como dicen los anglosajones, A.D., es decir Anno DominiAño del Señor. La teología de las epístolas nos lo indica en su evolución y en la narrativa de los problemas de fe y comportamiento que atravesaban las comunidades. Las epístolas paulinas a Timoteo son importantes por su preocupación ética, por ejemplo, referida a las condiciones que deben reunir los Obispos. Y las Siete Epístolas Universales, escritas supuestamente por otros apóstoles y reunidas en colección aparte, dan fe también de las dificultades del Cristianismo Primitivo. Los estudiosos no están seguros de la paternidad de los apóstoles en referencia a estas epístolas. Juan en particular, tendría que haber llegado a ser realmente bien viejo para escribir las epístolas que se le atribuyen, y el Apocalipsis más. Y la de Judas y las dos de Pedro parecen tener partes añadidas, y definitivamente hay más de tradición en su aceptación canónica que estudio científico. Por supuesto eso no les quita a ninguno de estos escritos canonicidad alguna, en la medida que son aceptados como parte de la Biblia desde tiempos inmemoriales por tradición, y que eso de decir que son de Santiago o Judas o Juan puede perfectamente ser nada más que un título, producto de suplantación piadosa. Por ello no necesariamente los hagiógrafos son exactamente quienes se dice que son, por los motivos que hemos reseñado ya para otros libros y hagiógrafos de la Biblia.

La necesidad de acordar la verdad como valor racionalista con la verdad religiosa es, a mi manera de ver, muy relativa cuando hablamos de Libros Sagrados en general. Imaginemos que se demostrara científicamente que Siddharta Gautama Buda no hubiera existido jamás, ¿invalidaría ello el corpus de la predicación budista y las creencias de estas personas? Seguramente la respuesta sería afirmativa para muchísimos no-budistas, lo que nos llevaría a preguntarnos más bien por la pertinencia de los que no son budistas a meter la cuchara en las creencias de los budistas. Y es que me parece está aquí precisamente el problema, que ya toqué en referencia a los creacionistas, a la identidad de los hagiógrafos y la paternidad de muchos libros de la Biblia: el tema de la Fe en tanto que creencia en enunciados no demostrados, e inclusive indemostrables. La Biblia es uno de esos hechos de la realidad que puede someterse a pruebas racionales para encontrar la “verdad”. Y por ende pueden encontrarse “verdades” sostenidas en los valores del racionalismo opuestas a las “verdades” sostenidas en los valores religiosos. Pueden existir perfectamente creencias sostenidas en fantasías: Cada cierto tiempo aparece siempre alguien que asegura haber fotografiado los restos del Arca de Noé en el monte Ararat, y todavía estamos esperando esas fotos. El cuando una creencia adquiere valor de “verdadera” es todo un tema, porque a pesar de toda nuestra parafernalia sobre el asunto, la inmensa mayoría de las afirmaciones en las que creemos son no-demostradas. Empezando por si mi casa está ahí donde debe estar cuando no estoy en ella.  Como profesor de Filosofía que soy he enfrentado este tema, tanto como persona individual como con mis alumnos, entendiendo que debo mantener el respeto debido por las creencias del resto, pero a la vez aplicando el lenguaje y la aproximación filosófica, que excluye de necesidad la aceptación de cualquier doxa, y por ende de cualquier ortodoxia. Y es un tema que seguramente continuará, y que dejo aquí planteado, por lo que pueda valer. Después de todo, no leemos la Biblia necesariamente para averiguar las costumbres de los romanos de los primeros siglos de nuestra era, sino también para encontrar guía y consuelo en nuestras circunstancias vitales. A estas alturas me pregunto si he hecho bien este trabajito, por aquello de que todo lo que vale la pena de hacerse, vale la pena de hacerse bien. Pero adolezco de profundidad, reconozco. Si algo he hecho es, tal vez, inducir a mis lectores a leer por sí mismos, que no es más que lo que nos propusimos desde el principio en estas humildes Crónicas.

V
Colofón

Vaya si me han costado trabajo estas crónicas sobre Leer la Biblia. No es que estén realmente terminadas. Durante el proceso encontré por lo menos dos Crónicas más que se inspiran en Leer la Biblia, y que publicaré llegado el momento. Pero espero haber culminado con estas Crónicas  sobre la Biblia misma, y no haberlo hecho demasiado mal, en el espíritu de lo que se suele leer en la espalda de muchos vehículos en Lima: Lea la Biblia. Parece por último pertinente, por ende, finalizar estas Crónicas con las últimas palabras de la Biblia: El que da fe de estas palabras dice: Sí, vengo pronto. Amén, ven, Señor Jesús. Que la gracia del Señor Jesús esté con todos. Amén. (Apoc. 22, 20-21)

viernes, 29 de marzo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 24: BIBLIA (v)


CRÓNICAS DE LECTURAS – 24
LEER LA BIBLIA (V)

I
No uno sino muchos Apocalipsis

Empezamos a hablar del Apocalipsis en nuestra anterior Crónicas sobre Leer la Biblia. Identificamos su origen en la Lucha y Resistencia Cultural en la que se trata no de salvaguardar una ilusoria Independencia política, sino la propia identidad religiosa. Los hebreos ya se las habían visto chiquitas antes: A la influencia egipcia le sucedió el tiempo heroico de Jueces y Reyes, culminado en la división política y desaparición completa de diez de las doce tribus de los Hijos de Israel a manos asirias. Luego la Deportación masiva a Babilonia, la liberación por obra de Ciro el Grande, el retorno de un pequeño grupo, un resto, a Jerusalén y la reedificación del Templo. Y por último Alejandro Magno y luego los Reyes Antíocos. Tratemos de pensar que pasaría si a nosotros trataran de quitarnos lo que nos hace ser nosotros mismos. Pasó en la Tacna ocupada durante medio siglo, cuando nuestros valientes compatriotas enfrentaron la chilenización desde los hogares, escuelas e iglesias: La Procesión de la Bandera nos muestra como se vincula la Religión a la Patria como expresión de Resistencia Interior. Del mismo modo, y salvando las distancias, los judíos compensaron el dominio extranjero y la agresión cultural con una redención cósmica, operada por el mismo Dios en cumplimiento de Su Promesa. No pensaban, como nosotros que estamos influidos por Platón y la idea de la inmortalidad del alma, que la Resurrección de los Muertos era cosa individual. Por ello la combinación de la resurrección judía y la helena inmortalidad del alma resulta explosiva en las primigenias creencias cristianas y da lugar a varias de las creencias cristianas de hoy.

Los judíos del período aproximado entre los Siglos II a. C. a II d. C. piensan el concepto de la Resurrección de la Carne como algo general, apocalíptico, escatológico y total. La redención es cosa total, no separan el Estado de la Religión, y por ello cuando los profetas se lanzan a anunciar las cosas que vendrán, a describir las últimas Luchas y tribulaciones, describen cómo finalizará el mundo, la forma en que el Dios de los Ejércitos operará el justo castigo de los incircuncisos, y premiará a los que se sostuvieron fieles hasta el martirio. Un cambio importante se opera entre los profetas del apocalipsis con los profetas más o menos tradicionales, y es el paso de la oralidad al medio escrito, que repentinamente se vuelve más trascendente, probablemente para diferenciar a los videntes del apocalipsis de los anteriores y marcar lo Sagrada que es la Escritura: Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo vi y oí, caí a los pies del Ángel que me había mostrado todo esto / (…) / Y me dijo: No selles las palabras proféticas de este libro, porque el Tiempo está cerca (Apoc., 22, 8-10). Así, los últimos momentos de la existencia del Mundo, que les son mostradas a los hagiógrafos en la forma de visiones, deberán ser descritos en libros para que se cumpla la voluntad divina de que estas visiones sean dadas a conocer a Todos los Pueblos. Es decir, aparece el hecho trascendental de que la Salvación ya no es solamente para el Pueblo Elegido, sino que se convocará a Todas las Naciones, y esto es una novedad en unas Escrituras que no se cansan de lanzar maldiciones contra los enemigos, pese a la apertura que representaban libros como Rut y Jonás. … a los extranjeros que se han puesto de parte de Yahvé (…) los llevaré a mi Cerro Santo. (Isaías 56, 6-7). La Alianza se abre así hacia la Humanidad entera, porque ahora cada hombre tiene que elegir su bando, que las aguas se parten aquí y ahora. Los apocalipsis tienen el objetivo de procurar consuelo al pueblo sufriente, para que pueda imaginarse un paraíso recobrado, donde los que hoy padecen disfruten, a la vez que se arroja al infierno a los malvados. Y entre estos malvados hay dos categorías: el Pagano Extranjero, que es agente de la opresión; y el Judío Traidor, peor si cabe, pues se retrae de la verdadera Religión, y vive las ventajas evidentes de la traición, en vez de cumplir con su deber.  

II
Tiempos de Tribulación y Persecución

Incluso Jesús predica un potente discurso apocalíptico y escatológico, el de Marcos 13: Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo Yo Soy, y engañarán a muchos. Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras no os alarméis, porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. (…) os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis ante gobernadores y reyes por mi causa, para que déis testimonio ante ellos. Y es preciso que antes sea proclamada la Buena Nueva a todas las naciones. (…) Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. (…) Pero cuando veáis la abominación de la desolación instalada en el lugar donde no debe estar (el que lea, que entienda bien) entonces que los que estén en Judea huyan a los cerros. (…) Entonces si alguien les dice: Mira, el Cristo está aquí o allá, no le crean. Ya que aparecerán falsos cristos y falsos profetas que harán señales y prodigios con el fin de engañar, aún a los elegidos, si esto fuera posible. (…) el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y entonces se verá al Hijo del Hombre venir en medio de las nubes con gran poder y gloria (…) El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Marcos, 13, 5-8, 9-10, 13, 14, 21-22, 24-26, 31). En la esencia del género apocalíptico está el Tiempo de la Tribulación, de la prueba, del martirio que probará a aquellos que se mantengan firmes en la Fe. Las Tribulaciones tienen carácter cósmico pero están profundamente asociadas a las persecuciones que los verdaderos creyentes sufrirán por el hecho de serlo. Y si se persigue y martiriza a los firmes en la Fe, es porque hay traidores, tránsfugas, apóstatas, gentes que abandonan al Dios Único y se pasan al enemigo, y no hay peor señal de que el Fin está Cerca. Los momentos en los que surge el género apocalíptico son los momentos de crisis, tan comunes en la Historia de la humanidad. Tal vez por eso Borges decía que todos los tiempos son el fin de los tiempos, y como el Fin de los Tiempos se asocia a cataclismos e inversiones en el orden del mundo, el temor y el miedo están siempre presentes. En este contexto, los Apocalipsis son moneda bastante corriente en épocas en que los conquistadores se suceden unos a otros: Alejandro Magno, los Reinos epígonos, la agresiva República Romana y su sucesor imperial. Y así encontramos que las Tribulaciones se extienden ampliamente desde el siglo III a. C. hasta el Fin.

Tanto el rey helénico Antíoco Epífanes como los romanos de Pompeyo y el Emperador Nerón y otros, reprimieron a los judíos y luego a los cristianos. La respuesta cultural de éstos fue el convencimiento de que el indefectible Castigo caería sobre los malvados, los de dentro y los de fuera de la Sinagoga o la Iglesia, por la acción del Justiciero Dios de los Ejércitos, sin que las tibiezas alcancen a salvarte: Ahora bien, puesto que eres tibio (…) voy a vomitarte de mi boca. (Apoc. 3, 16). El género apocalíptico narrará y describirá este proceso cósmico. El Libro de Daniel es la primera gran expresión del género, y parece ser contemporáneo de las terribles circunstancias descritas con tanto realismo en el Libro Segundo de Macabeos. Posee además referencias previas en los libros de Ezequiel y Zacarías. Hablamos de mesianismo en el caso de los judíos y del final del mundo en el caso de los cristianos. Todo esto aparece sin disfraz en textos de carácter marcadamente apocalíptico, que incluso no son exclusivos de la Biblia, aunque son contemporáneos de ésta, como el Libro de Enoc y el IV de Esdras. La creencia en el Mesías puede rastrearse en la necesidad de ver actuar a Dios en el Mundo, y como hemos dicho el Primer Mesías fue el Gran Rey Ciro de los Persas. Pero con el tiempo la creencia se espiritualiza y en este contexto aparece la idea del Cristo (el Ungido). El Judaísmo se parte así en dos: los que esperan al Mesías y los que piensan que ya llegó y que el Cristo es Jesús. Ambos grupos son espiritualmente muy semejantes, indiferenciables para los romanos, que los persiguen más o menos por igual. La llama prenderá en medio de las persecuciones: Las rebeliones judías del 66 al 70 d.C. y la última dirigida por Simón Bar Kochba en 135 d.C. terminan en la llamada Diáspora o Dispersión de los judíos por el mundo. Los cristianos a su vez, tras el ajuste de cuentas realizado en el Concilio de Jerusalén se dirigen también a los gentiles y empiezan a hacer conversiones. Ambos se convierten en factores a tomar en cuenta en el mundo romano, que ve sus extrañas creencias con incredulidad y sorpresa no exenta de agresividad. Y así las persecuciones arrecian.

III
Más sobre el género apocalíptico, el mesianismo y el Fin del Mundo

Un malentendido muy común entre las gentes ansiosas de creer en la divinidad, y que en consecuencia están constantemente a la busca de signos sobre-naturales, es que la narración de los hagiógrafos es profética en el sentido que los hechos que la originan fueron anteriores a la predicción hecha. Según parece no es este el caso cuando menos en la mayoría de los casos. Ya hemos visto que la mayoría de los libros de los Profetas Mayores en realidad incluyen más de un hagiógrafo, en algún caso hasta tres o cuatro, separados en el tiempo incluso por siglos. Obviamente los Hagiógrafos que siguen al primer Isaías, por ejemplo, no es que por casualidad tuvieran el mismo nombre (tampoco es descartable que así fuera, pero es muy improbable), sino que pretendían literariamente ser el mismo Profeta, y usaban a modo de seudónimo el mismo nombre del Profeta. Imagino que no había intención de engañar de primera mano, no veo por qué tenemos que imaginarnos lo peor a la primera, pero está claro que si te haces llamar Isaías y no Pancracio es porque pretendes que tus dichos le sean atribuidos a Isaías, que es mejor que atribuírselos a un Pancracio a quien nadie le da bola. Esta suplantación se presentaba ya en los Libros Sapienciales, de los que hemos hablado ya. El Qohelet, por ejemplo, dice ser rey en Jerusalén, es decir, se pretende nada más y nada menos que Salomón, y aunque la crítica moderna distingue que no lo es, durante siglos se pensó que Salomón fue el hagiógrafo autor del Eclesiastés, el Cantar de los Cantares y algunos libros más por ahí. Recuérdese que Salomón – el Solimán o Suleimán de las 1001 Noches - es el prototipo del hombre sabio. Tratemos de explicar estos hechos considerando la época. Estos hagiógrafos que se hacen llamar Salomón, Isaías o Zacarías no mienten, en el sentido que mentira y verdad son valores relativos respecto a los hechos, pero absolutos respecto a la conformidad con el mensaje divino que transmiten. Digamos que contar lo que el Señor dice que debe contarse es muchísimo más importante que la simple conformidad con los hechos, que Yahvé puede por virtud de su omnipotencia modificar cuándo y cómo le parezca. Tiene más Valor de Verdad la conformidad con el mensaje in illo témpore que la conformidad con la exactitud de los hechos. Y esto no tiene nada de curioso ni de extraño si nos atenemos, por ejemplo, a lo que los soviéticos le hicieron a los libros de Historia según la orientación política. Hoy en día esto es llamado fraude piadoso. Claro que debemos entender que para ellos el asunto no solamente no tenía nada de fraudulento, sino que era la Verdad.

Los hagiógrafos judíos Zacarías, Ezequiel y Daniel, entre otros, profetizan la caída y destrucción de diferentes malvados (asirios, babilonios, edomitas, egipcios, etcétera), que ya habían caído para cuando ellos escribían, es decir profetizaban acontecimientos ya sucedidos, presentados en forma de alegorías para edificación de los actuales perseguidos. Hasta hoy hay los que creen que ciertas profecías están vigentes, y esto incluye ciertas confesiones, que creen que hay acontecimientos que aún deben suceder, a pesar de que sus profecías parecen haber sido escritas posteriormente a los hechos que narran. Recordemos el Gran Chasco, que por cierto tuvo entre otras consecuencias que las diversas confesiones tuvieran muchísimo más cuidado con eso de mandarse con predicciones exactas, lo que hoy no hacen ni amenazados con descuartizamiento por caballos salvajes, pero nunca te dejan de decir que el Tiempo está cerca (Apoc. 22,10). El principal hagiógrafo cristiano del Fin del los Tiempos, el Apóstol Juan, desterrado en la Isla de Patmos en un contexto de persecución, recurrió a su tradición judía para consolar a los perseguidos, y así escribió su Apocalipsis, sucesión de visiones que desembocan en el último Juicio y la llegada de la Jerusalén Celestial: Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva – porque el primer cielo y primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto de Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. (Apoc 21, 1-2), en la que evoca imágenes del Arca de la Alianza (Levítico, 26,11) y de Isaías 25,8. Así ocurrirá con muchas otras visiones e imágenes, como la del Hijo del Hombre, procedente de Daniel; el río de la Vida y los Cuatro Vivientes, que vienen de Ezequiel; los Jinetes del Apocalipsis, que vienen de Zacarías (Y que Blasco Ibáñez convertirá en tíitulo de novela en el siglo XX), así como los Dos Testigos que restaurarán el Templo;  las señales cósmicas, que vienen de uno de los Isaías y de Oseas; y así encontraremos incluso citas directas de muchos otros profetas incluidas en el libro, por decirlo así, sin comillas. El Apocalipsis es el último libro de la Biblia, y ello a pesar de la eventual existencia de otro, denominado Novísimos, del que apenas he escuchado alguna mención, así que difícilmente puedo hablar de él.    

IV
Guerra Santa y Dominación Romana

La Jihad, o Guerra Santa, al revés de lo que puedan pensar muchos hoy en día, no la inventaron los musulmanes. Creo que podemos decir que muchas de sus características actuales están tan completamente prefiguradas en los libros Primero y Segundo de Macabeos, que podemos sin temor darle partida de nacimiento en este período. Y me parece a mí que difícilmente podía estar más justificada. A pesar de lo que nos podamos imaginar, el Segundo libro de los Macabeos no es continuación del Primero. De hecho ni siquiera son del mismo autor. Ni se escribieron en el mismo sitio. Y aunque coinciden más o menos en el tiempo, el Segundo de Macabeos arranca de un poquito más atrás que el Primero de Macabeos, escrito en hebreo por un judío anónimo en la misma Judea, y que quiere ser una narración más “histórica”, es decir más o menos fiel a la secuencia de los hechos, y aunque solo se conserva en griego koiné, fue escrita originalmente en hebreo. El Segundo de Macabeos, en cambio, posee hagiógrafo conocido, de nombre Jasón de Cirene, nombre bastante helenizante para un judío, considerando además que Cirene está en el Norte de África, actual Libia. Escrito para los judíos de Alejandría directamente en griego koiné, de alguna manera muestra la contradicción clásica de la intelectualidad de un pueblo que para mantener sus antiguas tradiciones no tiene más remedio que emplear la lengua y los registros de los odiados opresores. La feroz persecución de los helenizados orientales a los tradicionalistas judíos es narrada con gran recargo en las tintas, incluso patetismo, y sin embargo, está escrita en el griego de los perseguidores en vez de en el hebreo de los perseguidos. Y, a diferencia del Primero, se mete con temas teológicos: La resurrección de los muertos que ya mencionamos, las sanciones de premio y castigo de ultratumba, las intercesiones y relaciones entre el Más Allá y el Más Acá, etcétera. Por estas razones es que la iglesia Católica lo considera canónico, precisamente, mientras que no está en el canon judío, aunque sí es bastante apreciado como fuente histórica, a la par de la obra del historiador Flavio Josefo, más o menos contemporáneo.

Para conocer los sucesos históricos, el Primero de Macabeos es más útil que el Segundo: La familia de los Asmoneos – luego apodados Macabeos = Martillos – se puso al frente de la Resistencia Nacional. Vale la pena narrar cómo ocurrió, pues Matatías el Asmoneo reunía a su alrededor a los descontentos y así Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios (…) y le dijeron (a Matatías): Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad (…) Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas. (1 Mac., 2, 15-18). Por supuesto, el clásico señuelo de la potencia ocupante que dice lo de siempre: que ya lo hicieron los demás, que tendrás tu recompensa, bla, bla, bla. Matatías responde: Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes, yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres (…) No obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda (1 Mac. 2, 19-22). Probablemente muy poco lógica para la postmodernidad, pero indudablemente gallarda y valiente respuesta. Y así la Guerra Santa se inicia en Modín con la matanza de traidores y enemigos, y la retirada de Matatías y sus hijos a la guerrilla montañera, en la que los hebreos tenían práctica desde tiempos de David. La famosa fiesta de Hánukkah, que se asocia a la Navidad cristiana por la cercanía de fechas, es remembranza de la rebelión de los Macabeos, cosa que seguro sorprenderá a más de uno. Para no hacerla más larga, diremos que tras la muerte de Matatías, sus cinco hijos, empezando por el epónimo héroe nacional Judas Macabeo, se sucedieron en el mando, hasta que el último, Simón, obtiene de los sirios la Autonomía de Judea, con él como Rey y fundador de la dinastía asmonea. Un siglo durará esta suerte de independencia, hasta que los romanos lleguen y desplieguen su hábil política de divide et impera. Los sucesores de Simón se metieron con sandalias y todo a la política de entonces, nada edificante. Surgen en esta época los grupos enfrentados entre sí de los Fariseos y Saduceos, con los Esenios circulando por ahí. Este reino desaparecerá en una guerra civil entre sus últimos soberanos: Aristóbulo II e Hircano II, donde ambos tontamente llaman a los romanos en su ayuda, los que ni cortos ni perezosos acuden al mando de Pompeyo el Grande, y se apoderan de todo en 63 a.C. Así Jerusalén fue ocupada y Judea convertida en protectorado, y luego en colonia. Pompeyo, curioso de ver el extraño ídolo de los judíos, profana el Templo, entra al Sancta Sanctórum, y declara, según el historiador Tácito: No vi la imagen de ningún dios, solamente un espacio vacío y misterioso. En este contexto vendría al mundo Jesús de Nazaret.

V
Colofón

A estas alturas mis astutos lectores habrán notado que estoy empleando la Semana Santa para colocar estas Crónicas sobre Leer la Biblia. Parece adecuado el momento para hacerlo, y ruego disculpas si a alguien le molesta. Pero recordemos que la cosa es leer. Y ya falta poco para terminar con estas Crónicas sobre leer la Biblia. Paciencia.



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martes, 17 de enero de 2012

EL FIN DEL MUNDO o Contra la Industria del Fin del Mundo

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“Para la cultura maya no existe un concepto del apocalipsis” (Confederación Guatemalteca de Sacerdotes mayas y guías espirituales)
“Todo esto se ha convertido en un negocio, sin que exista el deseo de entender el fenómeno”, (Cirilo Pérez, consejero de la Presidencia de Guatemala, chamán y ajq'ij - ‘aquel que cuenta los días’-
“El calendario maya no termina el 21 diciembre de 2012, después de ese momento inmediatamente otro período comienza. No hay ningún alineamiento planetario en el horizonte para las próximas décadas (…,) e incluso de producirse, como han predicho algunos, el efecto sobre nuestro planeta sería insignificante.” (NASA)

Reunido con amigos y conocidos de diversas procedencias, la conversación de estos días parece centrarse en la búsqueda de ciertas seguridades alrededor del eventualmente próximo Fin del Mundo, “programado” como se sabe para Diciembre de este año. Los que no creen en el calendario maya están preocupados por el alineamiento planetario que se dice habrá. La mayoría de las personas que conozco son gente inteligente y sensata – hay excepciones, claro – y poco proclive a dejarse llevar por el vuelo de pajaritos de diversos colores. ¿Por qué, entonces, gente que conozco y respeto por su inteligencia se permite ser influida por las evidentísimas falsedades y monsergas fabricadas por la Industria del Fin del Mundo?

Es tan obvia la existencia de esa Industria que hace plata como cancha y jala agua para sus molinos con el temor de las gentes, que en realidad lo único evidente es el negocio. Los profesionales del tema, vendedores de sebo de culebra de diversas especies, cuentan con la complicidad de los medios de comunicación, tanto por la activa - “reportajes” e “informaciones” tendenciosos, falsos y mentirosos de los medios “especializados” en el tema – como por la pasiva; es decir faltando en todos los idiomas, calendarios y sistemas numéricos a su deber de informar con la verdad. Y luego les parece extraño que la sociedad los quiera regular, y gritan No a la Censura, lo que quiere decir, poco más o menos: No a la Censura… que no ejerzamos nosotros.

El Fin de… ¿qué?

Cuando decimos El Fin del Mundo se encuentra una muy interesada inversión de conceptos, que muestra la increíble petulancia y exagerado sentido de la propia importancia de que hacen gala los seres humanos. Ni la muerte individual ni la extinción de la especie humana califican como Fin del Mundo. De hecho, si nosotros como especie desapareciéramos, es muy probable que el Mundo – Universo, Galaxia, Sistema Solar, Planeta Tierra – ni siquiera se dé por enterado, pues como fenómeno de la existencia somos bastante poco importantes, y nuestra trascendencia cósmica se limita básicamente a nuestra capacidad para destruir el medio ambiente en el que vivimos. Desde cierta perspectiva, podríamos decir que nuestra extinción física le resulta muy conveniente al Planeta, pues que la Vida en general – de la que nosotros sólo somos una manifestación más – conocería con nuestra extinción un nuevo impulso, a juzgar por el hecho verificable que nuestra especie es la única que crece a expensas de todas las demás.

Sabiendo entonces que nosotros no somos el Mundo, sino una parte de él bastante prescindible, conviene preguntarnos un poco sobre el sentido del Fin. La muerte de cada uno de nosotros marca un final, por más fe que tengamos que tras esta vida venga otra. Vista con alguna objetividad, la Vida es un estado de equilibrio inestable anti-entrópico, un gasto de energía universal que se paga en desorganización en alguna otra parte, y que es importante no porque sea grande en el esquema cósmico, sino porque es nuestra. Si mi propia muerte no me preocupara en uno u otro sentido, pues entonces debo andar mal de la azotea. Mi muerte individual constituye el fin de mi Mundo, y aunque sabemos que nos perpetuamos en el resto de la especie, y particularmente en nuestra descendencia, la muerte es un hecho tan irrevocable que lo proyectamos a términos universales, y nos parece terriblemente importante. Esa convicción subjetiva parece correcta, siempre y cuando la entendamos como subjetiva. El problema es cuando la proyectamos a la universalidad.

Realidad y Creencia

En general nuestra percepción del mundo es sesgada, vemos las cosas un tanto como queremos verlas y otro tanto como nos dicen otros que son. No hemos aprendido ni nos han enseñado que lo que nos dicen sobre el mundo son afirmaciones que deben ser verificadas antes de poder decir que son verdaderas o falsas. Confundimos las opiniones – en especial si son nuestras – con las verdades, y éstas con los hechos. Se cree que los arcanos y profundos secretos epistemológicos del razonamiento están reservados a algunos iluminados nerds de diversos tipos y calibres, y que no somos dignos de desatarle la sandalia a la Verdad, por lo que recurrimos a Santones, Científicos, Gurús, Sacerdotes de diversas confesiones, etcétera para hallar algo que, como reclamaba Descartes, nos haga sentir seguros en el mundo.

Abandonados así a nuestra suerte, resulta que los medios para verificar afirmaciones que posee el común de las gentes dependen de la sindéresis que poseamos, esto es la capacidad natural para hacer juicios rectos y acertados; así como de la heurística que apliquemos, es decir qué métodos usemos para aumentar nuestros conocimientos. Como todo el mundo sabe, nuestro sistema educativo no nos enseña a emplear ni el uno ni la otra. Nuestro razonamiento natural puede ser fácilmente manipulado utilizando masivamente falacias, verdades mentirosas y mentiras verdaderas; en tanto que nuestra forma de obtener conocimientos depende de muchos intermediarios, registros y códigos. No podemos estar seguros de todo lo que creemos, dado que no nos han enseñado a pensar, sino a aceptar lo que las autoridades nos dicen, y el conocimiento, como quería Sócrates, es algo que se da a luz, no que se compra en el quiosco.

La Ciencia se confunde con la Tecnología, y ésta con la Magia. Estamos anclados por diversas razones en un pensamiento mágico que nos proporciona ciertas respuestas medidas, combinado con ciertas certidumbres sobre el Mundo, que proceden de nuestra experiencia y del uso de nuestros sentidos. Le atribuimos explicaciones de diversa índole a los fenómenos que nos rodean o que nos cuentan que existen, y le otorgamos a la Ciencia y la Tecnología el mismo fundamento que a la Religión, la Superstición y a la Metafísica. Creemos, y creemos que creemos, pero no entendemos lo que es creer, lo confundimos con la certeza, y a ésta con la verdad. Necesitamos con vasta desesperación poseer ciertas seguridades acerca de ciertos hechos, y entonces nos agarramos a lo que haya. Tememos la eventualidad de nuestra desaparición física – no hay peor miedo -, y queremos saber qué hay de verdad en las eventuales amenazas a ésta. Y es aquí donde se inscribe la Industria del Fin del Mundo.

Calendarios y Predicciones

Desde tiempos inmemoriales tratamos de predecir el futuro. Hemos deseado sustituir el no-saber con el saber. Esta preocupación alimentó la necesidad de buscar elementos para entender el devenir de acontecimientos que tendían a repetirse, y cuya interrupción sería catastrófica para la sociedad. Los ciclos naturales del Sol, la Luna, las Estrellas y los Planetas despertaron la curiosidad de nuestros antepasados más astutos e ingeniosos, que encontraron que podían emplearlos para medir el Tiempo y determinar el valiosísimo ciclo agrícola. Descubrieron una forma de conocer que – visto desde nuestra perspectiva - combinaba Ciencia, Religión y Tecnología. Fue una enorme victoria del intelecto, y trajo como consecuencia la formación de complejas y brillantes civilizaciones en Egipto, Mesopotamia, India, China, los Andes Centrales y Mesoamérica.

Los Calendarios eran calculadoras conceptuales destinadas a predecir el futuro, en especial el advenimiento de los ciclos naturales, dado que las élites gobernantes pensaban fino y trataban de sostener sociedades complejas. El pueblo agricultor intercambiaba información y conocimiento a cambio de sus excedentes agrícolas, y recibía esta data envuelta en papel de regalo religioso-ceremonial. El éxito se medía en el bienestar de la élite, en la cantidad de ofrendas y en la división del trabajo orientada hacia la producción de bienes cerámicos, textiles, metalúrgicos y de toda índole. El conocimiento no era masivo, y lo poseía una élite que lo empleaba como instrumento de poder y control. La predicción del futuro se volvió más sofisticada, porque ya no se trataba únicamente de proporcionar información agrícola, sino de lograr que la masa creyera lo que convenía a las élites, y que en consecuencia hiciera lo que le conviniera a las élites. El aparato religioso se sofisticó, y los ritos y ceremonias constituyeron elementos de inmensa importancia para la cohesión social. No parece que hayamos cambiado mucho desde entonces.

Verdades Mentirosas

En el año 999 después de Cristo se produjo un pánico generalizado y masivo en los pueblos cristianos. El cumplimiento del Milenio desde el nacimiento de Jesús parecía tener el significado escatológico de marcar el final del proceso iniciado por la irrupción de Dios en el Mundo, reforzado por las referencias escatológicas en la Biblia. La histeria colectiva fue enorme, las parejas se perdonaban sus infidelidades, los comerciantes – más extraordinario todavía – perdonaban las deudas, el comercio se arruinó, se descuidó la agricultura, y todo para que al final nada ocurriera. Por supuesto esto se atribuyó a diferentes causas, de la que la cuenta errada fue el principal. En 1910, la cola del cometa Halley rozó la atmósfera terrestre, y la irresponsable afirmación periodística de la presencia del venenoso gas cianógeno sin mencionar la densidad de éste en la cola causó una tremenda histeria, con víctimas mortales. Estos hechos no son excepcionales. La desinformación y el fanatismo produjeron 39 suicidios debido al paso de un cometa tan inofensivo para nosotros como el Hale-Bopp en 1996. En el 2000 se lanzó el bolo del colapso de la Internet, y parece que al final poca gente se lo comió.

En la actualidad vemos una suerte de combinación de 1000, 1910 y 2000. Hoy en día relativamente poca gente se come las profecías bíblicas o de otros libros sagrados; o se come las catástrofes tipo el colapso de Internet o la epidemia de Influenza. La Industria del Fin del Mundo ya no es más propiedad de las iglesias, sino cosa corporativa, entrelazamiento de intereses comerciales, que recurre a falacias, mentiras verdaderas, verdades mentirosas, seudociencia, el calendario maya o cualquier otro que sea funcional, la superstición, los libros sagrados, el miedo difuso, etcétera, etcétera, etcétera. Todo sirve. La cosa se sofistica y parece que se emplean todos los argumentos funcionales, yuxtapuestos uno sobre el otro. Ante esto no parece inadecuado para nosotros responder la pregunta del rey de la conseja: “Estoy paranoico… ¿lo estaré lo suficiente?”

Mentiras Verdaderas

La ignorancia de los elementos más básicos de la realidad conspira a favor de la Industria del Fin del Mundo. No hay afirmación al respecto que resista a una crítica más o menos sólida, solamente imágenes efectistas planteadas en el cine y la TV, y espeluznantes afirmaciones destinadas a asustar a los incautos. Pongamos el caso del alineamiento planetario “programado”. Olvidemos por un rato que el tal alineamiento no se producirá.

Se cree que el hecho que los planetas se alineen – se pongan en una línea - tiene un efecto gravitacional destructivo sobre nuestro planeta. Es evidente que se desconoce en este caso qué es la gravedad, así como no se tiene una idea de las distancias y las dimensiones, creyéndose que es algo así como lo que se percibe en la superficie terrestre. La Gravedad como Fuerza se mide en una cifra, que aumenta si aumenta el producto de las masas, y se reduce inversamente al cuadrado del aumento de la distancia, por lo menos eso dice el loquito ese de Isaac Newton. Aún si hubiera ese pretendido alineamiento de planetas, las distancias en el Sistema Solar son muy grandes, y como la gravedad se reduce como 9 si la distancia aumenta como 3, entonces esos alineamientos resultan gravitacionalmente bastante anodinos. Se han producido antes, se producirán después, su efecto es despreciable ahora como entonces. Hasta donde sabemos.

El Sol posee el 99 % de toda la masa del sistema solar, y fuera de equilibrar nuestra órbita, todo lo que puede hacer en nuestro planeta a 150 millones de kilómetros promedio es una marea capaz de levantar un poco el nivel de los fluidos (agua, aire), gracias a la enorme masa que posee. La masa de la Luna es, comparada con la del Sol, de una soberana insignificancia, pero está solamente a 384,000 kilómetros, metros más o menos, y su marea es mucho más interesante, como cualquier surfista puede atestiguar. El siguiente cuerpo más cercano es el planeta Venus, que cuando anda cerca está a algo más de 40 millones de kilómetros, es decir, a unas 120 veces la distancia Tierra – Luna, con lo que su gravedad es menor que la lunar en 120 al cuadrado, sin considerar las masas. Así que Venus no nos levanta ni un pelo, a no ser metafóricamente como Diosa del Amor. El planeta Júpiter, muy grande en relación a la Tierra, pero muchísimo menos masivo que el Sol, está al triple de la distancia del Sol, eso cuando está más cerca. Sumar la masa de los planetas a la del Sol, para así dar la sensación de la enormidad, es algo así como ponderar el peso de una mosca en una pirámide.

Por otra parte, supongamos una alineación de los planetas con el Sol, y que todos apunten a la Tierra. No podría haber alineamiento – ubicación en una línea – más que en un plano, porque los planetas no están ordenaditos orbitando alrededor del Sol en el mismo plano, como falazmente se supone. Todos están más o menos por encima o por debajo del plano ecuatorial del Sol, lo que se conoce como inclinación de la órbita con respecto a la eclíptica, lo que quiere decir que si los ves desde una dirección los verás alineaditos, pero si los ves desde otra están bien desordenaditos. Cosas de creer aún que el Universo es un plano y no un espacio-tiempo.

Por otra parte, caballero, señorita… no me crea a mí. Busque por sí mismo y use las sinapsis neuronales que Dios, en su infinita sabiduría, distribuyó dentro de su cráneo. Investigue por sí mismo y no se crea lo que le cuentan, incluido yo mismo. Verifique las afirmaciones que hago, y si usted encuentra que me equivoco, corríjame y me corregiré. En eso consiste una sindéresis adecuada y una heurística efectiva. No se la crea, y mire quienes y por qué quieren que se la crea.

Riesgos reales e imaginarios

¿Se podría eventualmente producir el “Fin del Mundo” para el solsticio de invierno – Hemisferio Norte – del año 2012 después del nacimiento de Cristo? Por supuesto. Pero con la misma probabilidad o mayor podrían también repentinamente nacerle alas a los chanchos. Puestos a mirar las cosas estadísticamente, muchas cosas son posibles. La teoría cuántica predice que el agua del vaso que tengo enfrente podría saltar espontáneamente fuera de él, pero la probabilidad estadística de que esto suceda es increíblemente remota. En el preciso momento que escribo estas líneas un meteorito podría caer sobre mí y acabar con mi seguramente poco importante existencia. Es posible, pero muy poco probable, y no me induce a dejar de escribir. Ese meteorito podría ser como el de Yucatán hace 65 millones de años y hacer cisco todo rastro de vida humana, animal y vegetal. Posible, pero bien poco probable. No he visto a nadie que modifique su rutina diaria de salir a la calle porque un meteorito podría hacerlo añicos. Más probable es que te chanque un vehículo, particularmente en el Perú, y hacemos los reclamos pertinentes mientras tomamos las precauciones correspondientes.

Hay riesgos muy reales frente a los que no solamente no tomamos precaución alguna, sino que los posponemos en función de cosas que entendemos más importantes. Las enfermedades son algo cuya ocurrencia es muy probable, mucho más que la caída de un meteorito, pero muchos padres y madres de familia no toman seguros médicos para sí mismos para poder pagar las pensiones escolares de sus hijos. Las gentes viven en edificaciones precarias pese a que estamos en una zona sísmica, y la ocurrencia de terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas no es nada imprevisible. Nos precavemos sabiamente contra los deletéreos efectos del humo del tabaco ajeno, mientras seguimos respirando alegremente el plomo que los vehículos arrojan por sus tubos de escape. Parece que nuestra percepción del riesgo puede ser manipulada, dado que depende en mucho de nuestra herencia genética ancestral. Percibimos el riesgo cuando lo tenemos encima, es decir cuando lo podemos percibir con nuestros sentidos de una manera determinada. Los genios del marketing lo saben, y tal vez por eso se filmó la película 2012, bastante anodina y altamente estereotipada, con el fin de instalar las imágenes en el imaginario de las gentes. (Roland Emmerich se ha ganado su buena platita, qué duda cabe, pero sería interesante analizar de donde obtuvieron la plata los productores). Yo puedo razonar contigo todo lo que quieras, pero la imagen del monje budista del Himalaya tocando la campana sagrada mientras el mar se precipita sobre las montañas del Techo del Mundo es algo que impacta con más fuerza. Nuestro cerebro reptílico no sabe que eso no ocurrió o que su probabilidad es bien pero bien bajita, simplemente lo registra y responde con el miedo.

A quién beneficia y a quién perjudica la Industria del Fin del Mundo

Aquí la parte sabrosa del asunto. A quién beneficia y a quién perjudica la moda de la Industria del Fin del Mundo. En lo económico parece estar claro. Se trata de crear una necesidad artificial y ofrecer resolverla. Igualito que la coca-cola, o cualquier otro bien o servicio perfectamente prescindible. No hay que ser un tigre del marketing para darnos cuenta que la difusión es importante, eso lo puede decir cualquier vendedor de sebo de culebra. Tampoco es gran cosa señalar que hay que apelar a la emoción antes que a la razón, pero que hay que darle su lugar a ésta, por eso de la plausibilidad. Ni tampoco resulta en el descubrimiento de la pólvora decir que se necesita de la ilusión de la objetividad que el periodismo y los medios de comunicación proporcionan a cambio de un precio. Si se tratara de vender whisky, pañales o relojes de pulsera me parecería de repente algo más o menos aceptable, pero el tema es qué se está vendiendo y con qué se está traficando. Hay en la danza centenares de millones de dólares en productos y servicios, papel y tinta impresa, efectos especiales en películas, armas y refugios anti-fin del mundo, acumulación artificial de alimentos, especulación en bolsa de valores, entretenimiento, juegos de video, turismo new age, y mucho más. Mucha plata hay aquí.

En lo político y social es bastante obvio que si usted y yo nos ocupamos de que los meteoritos no nos chanquen, pues no nos estamos ocupando del tránsito que sí nos chanca. Esto le da un respiro a los grandes intereses, y muchos ganan con que la gente se descuide de los problemas que sí puede resolver en función de los que no se puede resolver. Usted y yo podemos terminar por gastar plata en tonterías. Yo, por lo menos, fui a ver la película 2012, y francamente el género catástrofe tiene mejores exponentes. Aparte la plata, se pierde un valioso tiempo discutiendo estupideces, en vez de centrarnos a los temas que sí podemos resolver. A mí, en particular, me molesta mucho tener que tratar sobre gansadas, cuando hay tantas cosas importantes de las que ocuparse. Si estoy utilizando mi tiempo en dilucidar ante la opinión pública cosas absurdas no lo estoy utilizando para dilucidar cosas importantes, y con eso los que la hacen en lo importante se ganan con la distracción, tanto la mía como la de muchísimas otras personas. Es obvio que el que está muerto de miedo comprando alimentos, medicinas, rifles y municiones para defenderse durante el apocalipsis universal no es un Indignado, por ejemplo, y así deja de ser un factor activo con el que hay que contar para convertirse en un factor pasivo al que llevar de la nariz, con todas las ventajas que ello conlleva para los que la mueven.

Colofón

Soy consciente de lo injusto de algunos de mis apreciaciones, pues el fomento y utilización del miedo con fines subalternos no es ninguna tontería. El problema del miedo difuso es que afecta a los que menos pueden defenderse, a nuestros niños y adolescentes, a los que les induce temores irracionales que afectan su autoestima, su proceso de conocimiento y su felicidad. Aquí vale la pena un recuerdo personal. Tendría yo unos ocho años de edad cuando leí en un tabloide una historia acerca de un asteroide que caería a la Tierra y la haría añicos, profusamente ilustrada con dramáticos dibujos al respecto. Mi capacidad crítica era bastante inexistente, y me creía que lo que estaba escrito era verdad por estar escrito. Se daba incluso una fecha. No me atrevía a manifestar mi miedo a ningún adulto, porque me daba vergüenza, pero entre los chicos lo discutíamos, y había miedo de por medio. De repente no me creerán si les cuento que esperé varios meses hasta esa fecha, sin decirle nada a nadie, creyéndome poseedor de un enorme y trascendental secreto, con la esperanza oculta de que el asteroide no caería, pero temiendo su caída. Cuando el día pasó como cualquier otro, y el asteroide, como es obvio, no cayó, di un suspiro de alivio y algo más empecé a aprender sobre la mentira. Cosas de chicos… ¿o no?

martes, 12 de abril de 2011

APOCALÍPTICOS Y DES-INTEGRADOS


El miedo es el más ignorante, el más injusto y el más cruel de los consejos. (Edmund Burke)

Qué ha pasado el 10 de Abril

Hace casi 2 días que la primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas ha terminado. De ellas, y de acuerdo a las cifras oficiales que están saliendo ya, emerge un cuadro que calificaremos, siguiendo y a la vez apartándonos del conocido texto de Humberto Eco, de APOCALÍPTICOS Y DES-INTEGRADOS.

¿Qué ha ocurrido? Pues que, como es obvio en cualquier elección, emergió un ganador. GANA PERÚ, coalición liderada por Ollanta Humala se ha alzado con la primera mayoría, al lograr un 31 % de los votos. Un 23 % aproximadamente, ha logrado FUERZA 2011, nombre que para estas elecciones adoptó el fujimorismo. Los grupos más o menos afines al modelo económico de Castañeda, Toledo y Kuczynski, han quedado atrás, y ya no juegan el juego sino desde la cazuela o entre bastidores. Desde el punto de vista estrictamente electoral, su influencia está ahora circunscrita al nivel congresal, y en este aspecto, y durante los cinco años que vienen, el Congreso que emerge de estas elecciones tendrá vigencia. Para la dilucidación de la Presidencia, el 5 de junio se realizará la segunda vuelta electoral, donde se enfrentarán Ollanta Humala y Keiko Fujimori.

Cinco años de Guerra Sucia

Desde el año 2001, la estructura electoral ha reflejado la carencia de un real sistema de partidos. La representatividad del sistema político, producto de la Constitución de 1993, ha sido y es severamente cuestionada, y resulta defendida básicamente por los que ganan con ello. También ha resultado normal que los sucesivos Congresos hayan carecido de una clara mayoría que diera sostenibilidad al gobierno, y ello ha fomentado la negociación política bajo la mesa. La disolución por Alberto Fujimori de un Congreso sobrepoblado, indiferente y corrupto en 1992 fue saludada por la ciudadanía en su momento, pero el resultado político ha sido un Congreso más o menos igual de indiferente y corrupto, pero esta vez con infrarrepresentación.

Las elecciones del 2006 y las del 2011 registran el mismo ganador en la primera vuelta, Ollanta Humala. En 2006 una coalición de todas las fuerzas de la derecha, estructurada a toda prisa, y basada en oscuros manejos electorales que permitieron a Alan García llegar al ballotage, le arrebató el triunfo a Ollanta Humala por muy pocos votos y en medio de una guerra sucia malévola y sin cuartel. Esta guerra sucia ha sido la característica más saltante del discurso político los últimos cinco años, y en ella se emplearon a fondo gran cantidad de recursos, desde el gobierno y desde el poder económico y mediático. El “Método Montesinos” fue rechazado de dientes para afuera, pero aceptado como manual de operaciones. Se adquirió congresistas al por mayor, se sesgó la información, se manejó el efecto anchoring y el bloqueo informativo, se emplearon el Poder Judicial, la escucha electrónica y la represión, todo bellamente estructurado como en los mejores tiempos de los 90, aunque no con la misma efectividad, hay que decirlo.

Quizá nunca un personaje político peruano haya sido tan espulgado y atacado desde todos los ángulos como lo ha sido Ollanta Humala, con la única excepción de Víctor Raúl Haya de la Torre. Sin embargo, el efecto de esta guerra sucia resultó contraproducente, pues en estas elecciones Ollanta logró básicamente el mismo porcentaje de votos entonces que ahora. Obviamente la guerra sucia no logró reducir la percepción del pueblo peruano de su propia realidad, sino que además permitió objetivamente un aumento cuantitativo en el apoyo electoral, dado el crecimiento vegetativo de la población. Ni Haya de la Torre ni Ollanta Humala fueron atacados por los grupos del poder fáctico de nuestro país por ser feos, malos chicos o por un repentino interés en la democracia por parte de los poderes fácticos. La política de a verdad se fabrica a partir de los intereses, y en nuestro país, si bien el pueblo está infrarrepresentado, los grupos de poder fáctico están perfectamente representados, e incluso sobrerrepresentados.

De nuevo y a acomodarse

No hemos revisado aún cuantos parlamentarios ha conseguido poner Yanacocha en su “bancada dorada”. La Confiep ha respondido con rapidez a la primera vuelta creando un spot radial, que ya se emite, y cuyo mensaje es “No al Cambio”. Don PPK ha manifestado que no votará por Ollanta, lo que quiere decir que ya sabemos por quien lo hará. Aunque los alineamientos no están aún completamente claros, los discursos ya presentan ciertas características de una nueva guerra sucia, otra vez, tal vez con unos pocos cambios y ajustes. Se seguirá fabricando el miedo, creando estereotipos y prejuicios, y los temas serán los mismos: que si Chávez, que si la estatización, que si el radicalismo, que si se comen a los niños crudos o sancochados.

El lado de la propuesta resulta igual de fantasioso. Los discursos de los grupos del poder fáctico plantearán el mundo bello y hermoso de la Inversión, como si nada hubiera pasado, unido al tema de lo malo que es Ollanta y de que ya, ya, ya, el crecimiento llega y todos seremos ricos. Se planteará una vez más el mundo ideal de la República NeoLiberal de Ninguna Parte, habitada por esforzados inversionistas extranjeros, pajaritos de colores, puros de corazón y los candorosos a los que Ricardo Palma llamaba cándidos. En esa República reinan los hermosos sentimientos patrióticos, los empresarios trabajan teniendo en su mira el bienestar de las mayorías, los políticos abandonan sus intereses particulares para servir a los Pobres del Perú, los electores son todos igualitos en cuanto a inteligencia, capacidades y sentimientos, y los intereses de las grandes empresas resultan ser los de todos los peruanos. Es una pena que esa República solamente exista en la imaginación.

Floro y chamullo

Como los discursos políticos, lejos de evidenciar los intereses, por lo general los ocultan, la capacidad para el disfraz es altamente valorada en el mundillo de los poderes fácticos, lo que por cierto linda con la hipocresía y la mentira. En términos muy generales podríamos decir que la mentira y la corrupción andan juntos, y la plata en realidad “no llega sola”. El discurso puede hasta ser correcto, inclusivo, hermoso y coherente. El único problema es que no se condice con la realidad, y un discurso tal puede terminar perfectamente devaluado por su aplicación concreta en manos de un político determinado. Testigos los últimos cinco años de chamullo.

Los muchachos solían decir, cuando un discurso sin contenido se orienta a un objetivo no confesado, pero que redundará en ventaja para el que lo dice y daño para el que lo escucha, que eso es “floro”. El término es tan bello que vale la pena dilucidarlo. ¿Aludirá quizá al hablar bonito que “echa flores” que distraigan al incauto al que se dirige? ¿Se percatará la chica que ese canto de sirena hará que termine, como decimos acá, bastante agresivamente por cierto, con la yuca adentro? No es nada casual que la yuca, ese inocente tubérculo, se haya constituido en el imaginario popular como un símbolo de Alberto Fujimori, cuya participación en un eventual nuevo gobierno parece estar siendo celebrada con antelación. Pero la yuca en tanto que instrumento político ha sido tan utilizada estos años en su versión aprista, que ha producido ingentes daños en la confianza de las gentes, y en la capacidad de los electores para el discernimiento político.

Apocalípticos

El Apocalipsis es un libro de la Biblia y un género literario que nos remite a las señales que preceden al fin de los tiempos. El fin de los tiempos, además, es visualizado como una suerte de gran cataclismo universal. Parece que estuviera en el fondo de cada ser humano el temor frente a estas fuerzas de la naturaleza que en su furor tratarían a los seres humanos como éstos tratan a las hormigas. Y este temor puede explotarse y es explotado. No falta nunca un periódico cuyo titular diga, en letras grandes y espectaculares que el fin del mundo se acerca, sea por meteoros, erupción volcánica, terremoto, tsunami, invasión extraterrestre o epidemia universal. Y curiosamente siempre aparecen cuando hay alguna noticia sobre Ollanta Humala, así que podemos fácilmente colegir que la asociación del contenido apocalíptico a una determinada persona o posición política empleando las técnicas de la comunicación de masas, seguramente sirve a un objetivo político. E implica además algún tipo de coordinación. Hace mucho que dejamos de chuparnos el dedo.

Lo que se trató y se tratará de nuevo es de presentar un eventual gobierno de Ollanta Humala como un sucedáneo del Fin del Mundo. Tuvo algún efecto. No sirvió para reducir la votación de Ollanta, pero sí para elevar barreras emocionales sólidas y dividir al país. La emocionalidad es resistente a los argumentos lógicos, y por ello en el Manual del Perfecto Manipulador (Prólogo de Rendón, Prefacio de Montesinos) con toda seguridad están detallados los métodos y protocolos a emplear. Por supuesto, si haces las cosas descriteriadamente, por más que sigas el manual al pie de la letra no te funcionarán las cosas. Se requiere cierto desapego emocional, cierto profesionalismo que, cuando estás a merced de tus propias antipatías, casi siempre indica que eres una víctima de tu propia medicina. Eso le pasa a algunos dizque periodistas y directores de ciertos medios de descomunicación.

En mi artículo Humala el Malo planteé algunos de los temas que andan por debajo de ello, así que ahí lo dejo. Ahora me interesa más hacer notar el planteo apocalíptico que se está dando a estas elecciones. Se empezó desde una perspectiva discriminadora y racista, orquestada desde las redes sociales, como para decir, por ejemplo, que el voto de alguien con Féisbuk es más “válido” que el de alguien que no lo tenga. De hecho se jugó, a mi entender con absoluta irresponsabilidad, con los sentimientos negativos instalados en profundidad en las gentes. Campean los adjetivos y los epítetos vacíos pero efectistas. Incluso hay abiertos discursos racistas, frente a los cuales una personalidad de alta calidad moral y prestigio alcanzado con toda justicia como Gastón Acurio, elevó con coraje su voz, dando una muestra de decencia personal y sentido democrático que debería ser mucho más imitada.

Desde el otro lado, ciertas opciones asumen un sentido común bastante cuestionable, la de suponerse a sí mismas como “democráticas”, con exclusión de otras. Normalmente este discurso iría unido a un sentimiento de superioridad intelectual y a cierto desarraigo emocional. Naturalmente esto último lo digo a modo de hipótesis. Se asume alegremente que ser demócrata significa estar de acuerdo a rajatabla con un modelo económico, y si no lo estás, ya no eres demócrata sino un malvado. Y en este saco se echa a todo aquel que haga alguna crítica al modelo económico, aún de modo light, por ejemplo si crees que si hay empresas que hacen sobreganancias no esperadas se podría cobrar impuestos sobre ellas. O si deberíamos utilizar el quechua y el aymara para comunicarnos con los millones de peruanos que emplean estas lenguas. ¿Cuál es el fundamento racional – que debería tenerlo – para oponerse a estas medidas? Cuando estos y otros temas aparecen la discusión política es dirigida a temas de carácter emocional que ocultan en vez de mostrar.

No puedo dejar de mencionar al más talentoso de nuestros apocalípticos, Don Mario Vargas Llosa, cuya contribución a las visiones del Apóstol Juan nos ha dado excelentes y a veces magníficas metáforas. Lástima que la mayor parte de las veces estén desprovistas de sentido político, excepto tal vez para esa República NeoLiberal de Ninguna Parte, que según parece solamente existe en la desbordante imaginación de nuestro Premio Nóbel, en alguna región entre la España de los Borbones y el Irak democratizado a la prepo.

Des-integrados

En el terreno de la Política de verdad ahora se trata de plantear los términos de la discusión. Ir a la búsqueda del centro político. De la gobernabilidad que permite la estabilidad dentro del libre juego de los mecanismos democráticos. No será sencillo. Primero porque GANA PERÚ aún no ha sido refrendado en segunda Vuelta. Segundo porque los mecanismos comunicacionales de la Desintegración y la Exclusión volverán a formularse y reformularse, a la búsqueda de la mejor defensa de ciertos intereses. Y aquí se jugará otra vez con el Miedo.

Hay muchas cosas que nos dividen, pero hay una que atraviesa el esquema político de parte a parte, de tal manera que pareciera ser constituyente del esquema con que nos hemos manejado hasta hoy. Esta división traza una línea dentro de la sociedad y las instituciones, en el Poder Judicial, en el parlamento, en las Fuerzas Armadas y policiales, en los Partidos políticos, en el Sector privado, en las ONGs, en fin, en todo. Es la fina línea que separa a la corrupción del interés bien entendido. Nadie puede realistamente oponerse a que las gentes se ganen la vida desplegando esfuerzo, capacidad y astucia, y a alcanzar el bienestar aumentando las riquezas propias con sensatez, abiertamente y creando valores agregados. Gastón Acurio y muchos otros empresarios peruanos constituyen un ejemplo al respecto, que ya quisiéramos que fuera el paradigma preponderante. Pero no es lo que las desconcertadas gentes peruanas tienen instalado en su inconciente colectivo, por poco que rasquemos. El narcotráfico, el aprovechamiento de las ventajas injustas, el patrimonialismo, la concentración que excluye, la corrupción simple y llana, en suma, son todavía los modelos en los que educamos a nuestros hijos, lo sepamos o no. Lo único realmente decente es hacer algo al respecto.

Quizá el elemento real que, considerado individualmente, produzca más miedo silvestre y cerval en ciertos grupos económicos y en un sector importante de la clase política, sea el de la Lucha contra la Corrupción. Este miedo es proyectado a las cajas de resonancia mediática con la idea de generalizarlo, en la idea de que un árbol se esconde mejor en el medio de un bosque. El compromiso de GANA PERÚ en la Lucha contra la Corrupción produce Miedo. Miedo a ser descubierto, miedo a que se sepa la Verdad. Recordemos los Vladivideos, de donde Montesinos extraía en parte su poder sobre la sociedad peruana, un poder que surgía curiosamente del manejo retorcido de la verdad. Interesante resulta ver a la candidata de FUERZA2011 señalar que será ella misma la que se ponga al frente de la Lucha contra la Corrupción en un eventual gobierno de Fujimori. Recordemos que Alan García dijo lo mismo, y que nombró a una “zarina” que tuvo que renunciar porque no tenía ni presupuesto, ni sueldo ni escritorio ni pasajes ni siquiera una cafeterita para el cafecito de media mañana. El lenguaje también suele servir para ocultar la decisión política de no hacer nada.

El combate frontal y sin atenuantes contra los faenones es una bandera irrenunciable. Sin ella, GANA PERÚ es nada. Urge que se presente un Plan Anticorrupción, sólido y con dientes. Ramón Castilla decía que la corrupción no era tan complicada en los estratos bajos de la sociedad, sino en los altos, porque desde allí se contagiaba como la fiebre amarilla. Pero tampoco se trata de ser complaciente con la “corrupción-hormiga”. Sin embargo, el Buen Gobierno exige sentar ejemplos claros.

Si bien la negociación política es normal en el desenvolvimiento de las relaciones de Poder, se necesita diferenciarse con absoluta claridad y evidencia del estilo de “negociación” de Fujimori-Montesinos, y recordar a la olvidadiza memoria nacional, sin temor alguno, las inocentes reunioncitas en la salita del SIN. La negociación es un mecanismo político decente y normal, donde las astucias se despliegan y las inteligencias contienden entre sí. Las negociaciones que se establezcan debieran ser en lo posible a puertas abiertas, con las cartas cara arriba y a la vista de todo el mundo. Nada hará más daño que una negociación bajo la mesa. No se puede permitir confusión alguna en este sentido.

Qué hemos ganado los peruanos

Dentro de la real situación de nuestro país, donde incluso el Presidente García acepta, fuera de su habitual triunfalismo, que hay población que no ha alcanzado los beneficios del crecimiento económico, ahora se trata de ver como integramos los esfuerzos de los peruanos de buena voluntad para empezar a hacer lo que se reclama necesario y frente a lo cual no se ha hecho realmente nada o muy poco en los últimos años.

Los objetivos nacionales resultan claros: Calidad educativa, masiva. Atención de Salud de calidad, masiva. Lucha contra la Corrupción, masiva. Seguridad Ciudadana, masiva. Inclusión, masiva. Crecer no lo es todo, repartir es necesario. Se trata de mantener un crecimiento económico sólido y consistente que dé soporte a la ejecución de estos objetivos, empleando las exportaciones mineras – riqueza que Dios nos ha dado, y que se acabará algún día - como palanca para un desarrollo eficiente, que abarque a la mayor cantidad de peruanos que nos sea posible. La Agricultura de consumo interno, y la de exportación no tienen por qué desarrollarse de espaldas la una a la otra. Producir alimentos, en este mundo abarrotado de gente, es Poder. La investigación científica y el desarrollo tecnológico deben dejar de ser los huérfanos del Estado. Erradicar el analfabetismo no es obligar a la gente a que emplee el castellano, sino a que aprenda a leer, en su idioma y también en castellano, nuestra lingua franca. Defender el patrimonio natural y cultural es una prioridad. Desarrollar nuestra Identidad como País de Todas las Sangres, un imperativo.

¿Cómo obtener una integración nacional en función de estos altos objetivos frente a las inmensas fuerzas que se le oponen? Durante mucho tiempo hemos estado presos en un esquema donde el Otro era visualizado falazmente como poco menos que responsable de su pobreza e ignorancia. Para que algunos vivieran regular se condenó a millones a la abyección. Decir que la pobreza ha disminuido porque si en vez de morirte lirondamente ahora vives con tuberculosis y desnutrición, y además hay que agradecerlo, no tiene sentido ni racional ni emocional. Hay que abandonar la costumbre infame de decir las cosas sotto voce. Se necesita, antes que nada, superar el miedo. El miedo destruye. El miedo paraliza. A lo único que debemos temer es al temor mismo.