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jueves, 15 de enero de 2015

CRÓNICAS DE LECTURAS 96 - LOS LIBROS DE MARILYN MONROE


Crónicas de Lecturas - 96
Los Libros de Marilyn Monroe










Me dicen que sos una rubia tonta / 
pero eso no es cierto / 
no sos rubia en realidad

(Canción pop de un grupo argentino)

I

Marilyn Monroe / Norma Jean Baker (1926 – 1962)

Encontré en la Revista Virtual Arcadia un artículo titulado Así era la Biblioteca de Marilyn Monroe (http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/libros-de-marilyn-monroe/39237), y tras leerlo me provocó escribir esta Crónica, así que ahí voy. Después de todo, aunque mi adolescencia no coincidió con la época alciónica de Marilyn Monroe, ella era un ícono en los ´60 y habría que ser marciano para no identificarla. Y de paso, dudo que los marcianos no hayan tenido noticias de ella, y si los marcianos no existen pues peor para ellos. Tuvo una niñez movida, con una madre poco aparente para el puesto, y un padre que se esfumó antes que ella naciera, lo que la hizo pasearse por varios hogares adoptivos. Casó joven en época de guerra, y luego se decidió por el sueño de Hollywood, el modelaje y la actuación. Desde 1944 pagó derecho de piso en aquel difícil ambiente, actuó en varias películas en el papel de rubia tonta, pero seductora, femenina y “vulnerable”. Este tipo no lo fijó del todo hasta 1952, y según parece expresó el problema de encasillamiento que Hollywood plantea a los actores, al exigir por contrato acomodar toda presentación pública a la “casilla” de personalidad, para maximizar la ganancia de los Estudios. Pero la Rubia no era Tonta, en 1951 se inscribió en la Nocturna de Arte y Literatura de la Universidad de California. Hacia 1953 le llega la consagración y el estrellato, marcado por su amarga y poco publicitada frase sobre los favores sexuales para conseguir un papel. Sigue estudios con Lee Strasberg, crece notablemente como actriz y funda una Productora, pero su vida emocional es un desastre. Hacia 1956 las tensiones acumuladas le pasan factura en la forma de adicción al alcohol y a los barbitúricos, y es que diez años en el Hollywood de entonces requerían un equilibrio emocional poco común. Los ataques de pánico y de negación que sufría constantemente revelan una voluntad tensa demasiado tiempo en un medio ambiente hostil y asesino, y a pesar de sus notables éxitos en diversas direcciones no logra estabilizarse, y es así que una noche cualquiera ingiere demasiados barbitúricos y ya no despertó más, tenía apenas 36 años de edad. Su muerte inspiró el bello poema de Ernesto Cardenal, Oración por Marilyn Monroe (Señor / recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe, / aunque ése no era su verdadero nombre / (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años / y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) / y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje / sin su Agente de Prensa  / sin fotógrafos y sin firmar autógrafos / sola como un astronauta frente a la noche espacial.) que puedes encontrar completo acá: http://www.poesi.as/ec0001.htm .

Se pregunta uno cómo una confesa amante de la lectura y la buena literatura podía terminar hundida en la evasión por alcohol y barbitúricos. Quizá ciertas lecturas la llevaban de nuevo a lo que no podía remediar, no siempre leer es tan bacán como los fanáticos de la lectura quisiéramos creer, hay lecturas que hacen disonancia con el alma. Lo que sí sabemos es que era mucho más de lo que aparentaba, como debieron haberlo sabido los obsesos y ventajistas buitres de la prensa, pues si a alguien le preguntan qué se pone para dormir, y pergeña a la velocidad de la luz la respuesta Chanel Número Cinco, discúlpenme, es para fijarse dos veces en ella. Sabemos que trató de poner por escrito lo que sentía, lo que la hermana con todos los que tratan, tratamos, de expresar nuestra verdad interior sobre el papel. Ya se le ha editado lo que se pudo rescatar, les comento, con el muy adecuado nombre de Fragmentos, en edición facsimilar que tuve la suerte de tener entre manos. El libro vio la luz gracias a Ann Strassberg, del Actor´s Studio de Nueva York, quien sabiamente reúne el testimonio gráfico con el escrito, porque a veces se necesita que haya editores que complementen lo que el autor ya no está en condiciones de poder decir, y la imagen completa lo escrito con un lenguaje igual de potente. Los textos van desde 1943 a 1962, y sus intenciones y formas van desde notas de cocina, cartas a sus amigos y otros textos casuales, hasta intentos de poetizar su interior más o menos al modo de los “cadáveres exquisitos” que nuestro amigo Claudio Basschuk solía fabricar en vida, puede incluso que por razones análogas. Mas se desprende de estos Fragmentos la lucha perenne por reunir los pedazos en que la despedazaban, la guerra por demostrarse una y mil veces que era diferente del estereotipo en que se le encerraba por contrato: es mi feminidad la que exige satisfacción. Nada menos, nada más. No hay nada de glamour en saberse una derrotada de la vida. Quisiera yo, como Ernesto Cardenal, que hubiera un Señor en el Cielo que le hiciera justicia, alguien que la invitara a bailar en la fiesta donde ha acudido sola.     

II

Marilyn Monroe: Arte, Ensayo y Política

La Revista Arcadia registra 70 títulos de los aproximadamente 450 que había en la Biblioteca de la “rubia tonta”. Mirando los títulos de una Biblioteca podemos conocer algo del carácter de los habitantes de la casa, y seguro la Biblioteca de Marilyn no es excepcional al respecto. Clasificar siempre es complicado y lo hago sabiendo que es mi clasificación y no la suya. Me imagino que ella no clasificaba, se me hace que los libros estaban en un ambiente iluminado de su departamento, en libreros de madera de cedro, sin más orden que el del momento de la adquisición. Así La Democracia en América, de Alexis de Tocqueville, se codearía con Ian Fleming (Desde Rusia con Amor) y con Sigmund Freud, en abigarrada y ecléctica combinación. Por cierto, en otra Crónica traté del libro de Tocqueville, y a ella remito a mis lectores (http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/09/cronicas-de-lecturas-57-lecturas.html), pero no puedo dejar de pensar que la “rubia tonta”, vinculada sentimentalmente con John y Robert Kennedy, debía tener preocupaciones ciudadanas. Puestos a especular, quizá el libro llegó a su Biblioteca precisamente obsequiado por alguno de estos políticos, no me imagino a Marilyn haciendo librerías, era demasiado conocida. A ese respecto algunos títulos resultan especiales, por ejemplo dentro de lo que puede llamarse el aspecto práctico de la vida encontramos Cómo viajar incognito, de Ludwig Bemelmans, que obviamente le debe haber resultado de alguna utilidad en más de un momento, quizá para las compras en la Librería.

Que le interesara el Arte es bastante obvio, era parte sustancial de su chamba, y está claro que nunca se conformó con ser el proverbial prototipo cinematográfico de la Rubia Tonta que un periodismo idiota trataba de imprimir en un imaginario popular acomodado a las exigencias y necesidades de la Industria del Cine. En lo literario hallamos en la Biblioteca un estudio filológico como la Antología de la literatura afroamericana, de Sylvestre Watkins. Desde el punto de vista del arte de la música está Beethoven: Su desarrollo espiritual, de J.W.N. Sullivan, lo que hace que nos preguntemos si realmente ella escuchaba a Beethoven y si realmente estaba interesada en su desarrollo espiritual. Reconozco que acá no tengo clave alguna que me sugiera alguna razón para leer este libro. El Maestro de la Sospecha Sigmund Freud está representado en los tres ensayos publicados en Moisés y la religión monoteísta, y se me da que Marilyn no debe haber leído mucha psicología, ni tampoco se han encontrado libros de autoayuda en la Biblioteca. Por otra parte, los Fragmentos no lo sugieren así. Por último, parece que se interesaba por la mitología griega (Mitología griega, de Edith Hamilton, un clásico del género).

Para los interesados en lo que leía Marilyn Monroe, acá Freud y el Moisés:
http://www.uruguaypiensa.org.uy/imgnoticias/684.pdf;
así como el principio del Libro 1 de Edith Hamilton y Mitología Griega:
http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/obras/mitologia_princpio_del_libro_1.pdf

III

Marilyn Monroe: Literatura

En realidad no me sorprende que Marilyn leyera mucha y buena literatura, tenía un motivo de lo más profesional: Muchas historias procedentes de la Literatura recalan en el cine, son contadas y recontadas una y otra vez, y ello para una actriz constituye un aliciente para la lectura. Parece que Marilyn era centrada en la Toma de Decisiones, y si algo tiene que saber sí o sí un actor, es leer. No es improbable que las lecturas literarias de Marilyn se centraran en profundizar en ciertos personajes, y que cuando leyera se identificara con algunos más que con otros, exactamente como todos hacemos. Esto debe haber sido más ostensible en las obras teatrales que poseía en su Biblioteca, los actores suelen memorizarlas; y debió soñar con las performances de un Largo viaje hacia la noche, de Eugene O'Neill, de quien había representado con notable éxito Anna Christie; como de El innombrable, de Samuel Beckett, Tartufo de Moliére, Un tranvía llamado Deseo de Tennessee Williams o El precio, de su ex marido Arthur Miller, quien puede que le obsequiara el libro. Parece indudable que Miller encontró que ese alguien increíblemente sexy con quien se había casado tenía refinados gustos lectores, y debe haber contribuido en alguna medida a refinarlos aún más, fuera del fracaso matrimonial. Sin embargo, la relación entre la Monroe y Miller no fue emocionalmente tan comprometida como la que sostuvo con el beisbolista Joe DiMaggio, a quien continuó viendo después del divorcio, pues parece era más amable, humano y sencillo que el intelectual.

En la Literatura hace parte la narrativa. Todos los grandes narradores estadounidenses están en la Biblioteca de la rubia: Howard Fast (Espartaco), Mark Twain (Aventuras de Huckleberry Finn, El conde americano y otras historias), F. Scott Fitzgerald (El Gran Gatsby), William Faulkner (El sonido y la furia), Ernest Hemingway (Fiesta). Entre los británicos está en la Biblioteca Lewis Carroll y sus dos obras Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, libros que comenté (http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2014/06/cronica-de-lecturas-83-literatura.html) y que de seguro le dieron buenos ratos. Anda por ahí también Lawrence Durrell y su cuarteto de Alejandría y Thomas Wolfe y La historia de una novela. Hay obras en otras lenguas traducidos al inglés, como Camille de Alexander Dumas; Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievsky; La caída, de Albert Camus; La fugitiva, Sodoma y Gomorra y Por el camino de Swann, de Marcel Proust; La última tentación de Cristo, de Nikos Kazantzakis; Madame Bovary, de Gustave Flaubert; Resurrección, de León Tolstói. Parece que la novela de largo aliento no la asustaba, puede que en ella se cumpliera aquello de que uno lee lo que quiere y/o lo que necesita. Pero la pregunta se impone: ¿De verdad se habrá leído el Ulises de James Joyce, o lo estaba guardando para las próximas vacaciones, esas que nunca llegaron? Yo lo tengo en mi Biblioteca y no lo he leído aún, no completo, no consigo llegar a la página 100, y eso que el libro es interesante, pero aturrulla tanto que me cuesta pensar que Marilyn lo haya leído. Debe haber algo de prejuicio en esto que digo. Sin embargo esto no explica su ecléctico gusto, o cuando menos curiosidad, por la poesía: Incluye en su selección a Jack Kerouac, Rainer Maria Rilke, Alexander Pope, D.H. Lawrence, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Edgar Allan Poe, Louis Aragon, Oscar Wilde,  Walt Whitman, W.B. Yeats y William Blake, por supuesto en inglés, que sepamos no conocía otro idioma que el propio.

IV

Marilyn Monroe: Filosofía

¿Marilyn Monroe filosofando? La misma chica que le canta a los Diamantes ponderándolos como el mejor amigo posee en su Biblioteca los Diálogos de PlatónY la gran pregunta que uno se hace es si verdaderamente Marilyn se los leería. Después de todo vive sola y no tiene que rendirle cuentas a nadie, no sabemos sus lecturas de cabecera. Hay varias posibilidades dadas por las características particulares de los Diálogos. Puede que se los leyera una vez y los dejó tras completar el libro, paró de leerlo antes de terminarlo, suele pasar. Puede que las consultaba de cuando en vez, como hacemos algunos. También es posible que no los haya abierto, así de simple. Como posibilidad más posible se me ocurre que los Diálogos de Platón, como la Metafísica de Aristóteles también encontrada en su Biblioteca, podrían haber sido libros de lectura obligatoria en algún curso de la Nocturna de la Universidad de California. El destino de estos libros de lectura obligatoria es que se consulten para lo que se les necesita para luego arrumbarlos en algún estante. Pero en ese caso sorprende no encontrar en la lista la Poética de Aristóteles, digamos que muy adecuada tanto para la Filosofía de la Estética como para el Arte y la Retórica, y difícil de suponer que no se haya estudiado en una Universidad. La incursión a los clásicos de la Antigüedad se completa con De la naturaleza, de Lucrecio, el desencantado vividor.  

Sorprendentemente, Bertrand Russell es uno de los autores con más de un libro en la Biblioteca Monroe. Es verdad que Russell es un excelente escritor, y que los escándalos en que se vio envuelto en los Estados Unidos – y que le impidieron enseñar en las Universidades de dicho país - lo debieron hacer puesto en el candelero muy aparte su merecida fama como pensador, pacifista, educador y filósofo. El Por qué no soy cristiano y otros ensayos relacionados con la Religión es un best – seller, de seguro Marilyn trató de estudiarlo y quizá trató de resolver sus dudas filosóficas en materia religiosa a través de los criterios del filósofo británico. Por cierto que de este libro traté en otra Crónica (http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/06/cronicas-de-lecturas-41-filosofia-2.html), y hay ahí el enlace a una página para bajar el libro, para los que lo quieran leer. Tenía la rubia un segundo libro de Russell sobre la Filosofía del Conocimiento: Nuestro conocimiento del mundo exterior. Cuando estás solo, estás solo y eso siempre es dramático. Pero por lo menos te posees a ti mismo y puedes hacer cosas que de otro modo no harías, como construir tu identidad a tu modo, eso hace tus lecturas importantes, quizá hasta ponerte en una perspectiva contestataria, tal vez por eso se encuentre en la Biblioteca La alienación del hombre moderno, de Fritz Pappenheim, cuya lectura podrá haberle dado pautas sobre la enajenación de la sociedad y de las personas en aquellos años ´50 y ´60. Posiblemente, pienso, trató de encontrar explicaciones para las relaciones humanas que le rodeaban, y este libro bien puede haber sido un intento para lograr alguna explicación. Nunca lo sabremos de cierto.   

Para los interesados, un bonito enlace a las Obras Completas de Platón:  http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf09007.pdf, y otro para De la Naturaleza de las Cosas de Lucrecio:  http://www.biblioteca.org.ar/libros/89401.pdf

V

Colofón

Marilyn era una mujer extremadamente realista, más culta que la mayoría de los tipos que la obligaron a pasarse la noche con ellos por una oportunidad o por el estelar de una película. Posiblemente el cuerpo de Marilyn Monroe les perteneció, pero no el de Norma Jean Baker, que sólo se perteneció a sí misma. Eso se puede distinguir en una Biblioteca, tal como se puede ver en el cómo se ordena la propia habitación o cómo se camina. Es una parte esencial del mundo interior, allí donde no hay cadenas ni mazmorras que te esclavicen. Y cuando la presión es tan ruda que ello no basta, la contradicción se hace tan aguda que tratamos de escapar de ella como sea, y a veces no volvemos. Lee lo que quieras.




Peru Blogs

miércoles, 19 de junio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 41 - FILOSOFÍA (2)


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CRÓNICAS DE LECTURAS – 41
FILOSOFÍA (2)

I
Qué le hace la Filosofía a la Vida

He escrito ya una Crónica sobre Leer Filosofía, y he tratado de decir su lugar y analizarle su poquito la utilidad. Lo cierto es que de una u otra manera leemos en algún momento algo de Filosofía, y creo que no siempre es por obligación. Leer Filosofía y hacer Filosofía y Filosofar le hace algo a la vida. Si lees bien, si piensas disciplinadamente, es decir si filosofas resulta que se te despiertan ciertos campos neuronales que no sabías que tenías, como cuando montas bicicleta por vez primera y te terminan doliendo ciertos músculos que recién te enterabas estaban ahí. Y piensas que para algunos pensar es el enemigo, y que lo que quieren es que seas un insípido y estúpido cara de caballo, es decir un simple consumidor que no cree problemas, que salive cuando le pongan la publicidad y que gaste. Pero como yo estoy seguro que tú no eres un perro de Pavlov - de otro modo no leerías estas Crónicas - me gusta que me leas, y más contento estoy aún de que uses tu cabeza, a tu modo y a tu ritmo y en lo que te parezca pertinente. Así que si quieres criticar, bienvenida es la crítica y no importa lo dura que sea siempre que sea bienintencionada. Y aunque sea malintencionada bastará con que sea sólida, por esta parte del camino no nos da miedo la polémica. En cualquier caso hay momentos en que es importante que nos metamos con la Epistemología, por ejemplo, cuando estamos metidos en una investigación y de repente hay ciertas preocupaciones muy concretas al respecto. O con la Ética, que hoy es el espolón de la Filosofía en general, porque resulta en una preocupación mayor de nuestra época. O con la Filosofía de la Religión, ahora que todo lo sólido se desvanece en el aire.

En la otra Crónica mostré las dificultades que plantea la Filosofía como materia de enseñanza y lectura de cabecera. Podemos comparar lo que le pasa a un lego en Filosofía con lo que le ocurre a un piloto de Combate, que no lo es porque sea un especialista en combustible de alto octanaje. Para pilotear un avión con éxito se debe saber muchas cosas, pero no hay por qué embarazar la mente con un dominio de especialista del combustible que se emplea, aunque indudablemente es importante saber lo que se necesita sobre él. Y ésta es la clave del asunto, sea en pilotaje de combate o en Filosofía: Qué es lo que realmente necesitamos. Cuando enseñamos algo, Filosofía, Historia, el Triángulo de Pascal, Geometría Analítica, a cruzar la calle o a manejar un tráiler, tratamos en primer lugar que se aprenda lo que es necesario si es que hacemos las cosas bien y con sensatez. No sirve de mucho proporcionar al aprendiz de manejo de tráiler una maestría sobre la bocina del mismo. Por desgracia no es así como operamos en la realidad, los maestros / enseñantes / coaches (no me gusta la palabreja, pero la necesito) tenemos ideas preconcebidas y fuertes prejuicios que guían nuestras decisiones al respecto del qué aprender y cómo. Y la mayor parte de ellas son decisiones de mercado tomadas desde fuera. Vale decir, no se estudia digamos la ética por ella misma sino porque proporciona criterios para tomar decisiones en el desempeño profesional, la Deontología que le llaman.

Por otra parte, no hace tanto se hizo una encuesta en la Pontificia Universidad Católica del Perú acerca de qué contenidos conceptuales de los que se enseñan en las facultades de Ingeniería eran empleados en el tiempo real del ejercicio profesional, y la cifra en porcentaje parecía realmente muy pequeña, menos de 15 % si la memoria no me engaña. Claro está que eso depende de los objetivos que se trace la institución educativa, así como de los perfiles de salida del producto final, esto es, los rasgos del profesional. Porque la Universidad no existe sólo para hacer economistas o ingenieros o artistas o historiadores o trabajadores sociales, también forma personas humanas en una determinada dirección según la personalidad de la Institución. Ello explica los sesgos en las mallas curriculares según la Universidad de que se trate. Da la sensación que desde un punto de vista instrumental, y si lo único que quieren es sacar Ingenieros, puedes recortar un 50 % de los cursos, y el impacto en el desempeño profesional sería relativamente pequeño. O quizá más bien deberíamos decir que recién se notaría en el Largo Plazo. Con esto cuentan muchas instituciones que se dicen Universidades, y que en verdad son Institutos adornados de un caché que no les corresponde, pero que usan el membrete Universidad para ganar plata como cancha. Como por la plata baila el mono, la Filosofía en cuanto Curso se queda presente, pues tiene un costo bajo que se recupera en el caché que ciertas Instituciones necesitan para blanquearse, es decir, un costo de Ventas. Sé que esta es una conclusión más o menos desoladora, pero lo que interesa en general de la Filosofía no es un curso de ella, sino su aplicación y/o la capacidad de leerla, y esto en la medida que sea útil. Me viene a la mente un libro escrito en esta perspectiva: Más Platón y menos Prozac, que he leído a medias, y que debo decir que no lo siento del todo descaminado. Pero no es este libro el que deseo comentar.

II
Por qué no soy Cristiano y otros ensayos relacionados con la Religión,
de Bertrand Russell

Este libro me fue prohibido de leer en casa. Y dada la prohibición y mi nula tendencia a obedecer a la autoridad, fue uno de los primeros libros de Filosofía que leí. No hay nada más bobo en el universo que prohibirle a un chico lector que lea, ello sólo demuestra la impotencia de la Autoridad frente a las ideas. Terminas por entender un hecho que te teleporta a la Independencia: la Autoridad tiene miedo de que pienses. Nuestro país se caracteriza por una secular filosofía autoritaria subyacente que sostiene que la gente no pensará si la aíslas del pensamiento, o mejor aún, que pensará como tú quieres si le das algo para que piense de esa manera. A estas alturas del partido me cuesta creerme que tenga toda la razón George Orwell en 1984. No veo modo de que ese Gran Hermano en particular nos hermanifique a todos. Y si lo consigue es probable que los hermanificados se lo merezcan. Claro, puede haber nuevos modos que no conozca, pero las circunstancias actuales tendrían que ser opresivas en serio, peores que las fabricadas en la mente apocalíptica de Orwell, acertada en otros aspectos. Pero el peligro mayor no estaba en la Unión Soviética, que no consiguió llegar lejos no por falta de ganas sino porque la cosa no es fácil y requiere cuantiosas inversiones. El manejo del mundo postmoderno por el capitalismo neoliberal se distingue mucho mejor en los modales de  los sucesores del complejo militar-industrial que Dwight Eisenhower (conservador pero decente) denunció en su momento. Podemos conjeturar que toda la postmodernidad podría ser fomentada por los que la mueven, del mismo modo que desactivaron a los Panteras Negras en los ´70 s o fabricaron el punk en los ´80 s. ¿Suena a teoría de complot? Sí, pero no por temor a que me crean bobo voy a serlo más negando una amenaza real. Pero se me pierde Bertrand Russell, ojalá pudiéramos solventar al lado de cada ser humano un educador de la calaña de Bertrand Russell por unos cuantos años. Estoy seguro que el mundo se arreglaría en cuanto las gentes se dejaran de pensar bobadas, pues el enemigo público número uno de las bobadas es Bertrand Russell, qué duda cabe. Y escribió mucho y sobre muchas cosas, y siempre se le puede leer con gran provecho. De hecho este libro se hizo muy famoso, y eso que el ensayo que le da título es cortito, pero da inicio a toda la argumentación alrededor del tema religioso y el racionalismo que se despliega en el libro.

Los argumentos del Por qué no soy cristiano son lógicamente impecables. Ahí está su límite, dicho sea de paso. El mismo Russell lo presenta así: Lo que realmente hace que la gente crea en Dios no son los argumentos intelectuales. La mayoría de la gente cree en Dios porque les han enseñado a creer desde la infancia. El análisis sigue una ruta muy ordenada: De qué se trata ser cristiano, la existencia de Dios, los argumentos clásicos de Santo Tomás de Aquino y otros más, entre ellos el argumento del plan, que se parece como dos gotas de agua al famoso argumento del Diseño Inteligente que los creacionistas y otra gente rayada han soltado últimamente como si fuera la gran novedad. Luego se embarca en el argumento moral, en particular el de Kant, para después de reventarlo navegar en una discusión sobre el carácter de Cristo y los defectos que encuentra en sus enseñanzas y que justificarían considerarlo un ser humano de elevada moral, pero no necesariamente de carácter divino. Denuncia a las Iglesias en general como las responsables del retraso del Progreso Moral, y las acusa frontalmente de crueldad diabólica en la imposición de su moralidad. Por último señala al Miedo como fundamento de la religión: Tenemos que mantenernos de pie y mirar el mundo a la cara: sus cosas malas, sus bellezas y sus fealdades; ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él (…) Tenemos que hacer el mundo lo mejor posible (…) Un mundo bueno necesita conocimiento, bondad y valor. El resto del libro abunda y profundiza en estas ideas, vale la pena señalar algunos de los títulos, que caracterizan perfectamente a un Russell que durante toda su vida tomó firmemente el toro por las astas y no se comió ninguna estupidez: ¿Sobrevivimos a la muerte?, Nuestra ética sexual, Gente bien, La libertad y las universidades, La existencia de Dios, etcétera. Debemos decir que a nuestro humilde entender este libro debería ser leído absolutamente por todas las personas en ejercicio de su libertad. Soy de los que cree que un mejor concepto de Dios y la Religión aparecerá cuando eliminemos toda la hojarasca de los intereses creados por las Iglesias y Organizaciones Religiosas de toda índole, y en este aspecto creo que hasta Bertrand Russell estaría de acuerdo, como de hecho lo estaba Carl Sagan. Un diálogo entre las dos maneras de reflexionar no parece imposible. Terminemos diciendo que Bertrand Russell debería ser leído no solamente en cuanto Filósofo y Matemático, sino como el gran Educador que fue toda su vida. Reconozco mi profunda admiración por este hombre, admiración que comparte en mi pensamiento con ese otro grande combatiente por la Libertad, Nelson Mandela. Así que a leerse el Por Qué no soy Cristiano y todo lo demás que caiga en tus manos. Como es sumamente sólido empieza siendo un poco difícil, pero tras los primeros tropiezos y esfuerzos por entenderlo, se te vuelve un compañero inseparable y merecido.

Un link donde puede hallarse este libro es:
 http://espanol.free-ebooks.net/ebook/Por-que-no-soy-cristiano/pdf/view     

III
El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder

He mencionado ampliamente este libro en una de mis primeras Crónicas, traté con éxito relativo de usarlo para enseñar Filosofía. Algunos de mis antiguos alumnos – antiguos en el sentido del tiempo transcurrido, no de la edad – me hacen saber que se felicitan de haberse introducido en la Filosofía por este libro, lo que siempre hace que uno se sienta mejor. Pero ahora me gustaría comentarlo desde la perspectiva de lo que ocurre cuando se combinan dos y hasta tres géneros: Novela, Historia y Filosofía. Empecemos por el título: El Mundo de Sofía suena un tanto común y silvestre, después de todo así se construyen la mayoría de las frases y oraciones: El chino de la esquina, el papá de Matilde, el león del zoológico. Estamos acostumbrados a decir y leer estas expresiones y no solemos percatamos de su ambivalencia o anfibología. Eso pasa acá: El sentido del asunto expresado en la frase–título El Mundo de Sofía, está en Sofía, claro, pero también está en el Mundo. Nosotros, como la protagonista Sofía Amundsen, no solemos preguntamos sobre la estructura de la realidad al interior de la cual vivimos a no ser que se nos despierte alguna duda al respecto, y para que eso pase tiene que ocurrir algo realmente gordo. Cuando reflexionamos hacemos harta hermenéutica porque el pensamiento filosófico no es pensamiento científico, que a su vez es un caso particularísimo de pensamiento racional, y leyendo la novela no hay nada de esto, sino una historia común y algo sonsa sobre una niña y un profesor y unas extrañas clases de filosofía en el límite mismo de lo verosímil, como si nos contaran el proverbial cuentito de hadas. Lo que yo sé es que si mi hija empezara a recibir cartitas raras de un profesor de filosofía, probablemente ese gallo terminaría preso. Cuando leemos novela hacemos un pacto implícito con el autor: Le creemos así meta en el relato Dragones, Mosqueteros, Trapecistas, Militantes liberales del Opus Dei, Feudalismo Industrial o Islas Voladoras. Ahora bien, cuando este relato algo simplón (uno se pregunta por qué es best-seller, y la verdad por eso continué leyéndolo) alcanza el límite de lo verosímil, de repente nos percatamos que Sofia Amundsen se cuestiona precisamente esa verosimilitud de la esencia del Mundo en que ella está, y empieza a aproximarse poco a poco a una Verdad nada cómoda. Y ahí es cuando nosotros en tanto lectores empezamos a rayarnos y empezamos a entender que la anécdota estaba diseñada para adormecernos y encajarnos un bombazo.

Dios mueve al jugador y este a la pieza / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza? Este es un versito de Jorge Luis Borges que viene muy a cuento, porque si Sofía Amundsen se pregunta sobre el Mundo en el que “realmente” está, tiene que percatarse con el coprotagonista Alberto, el Profesor de Filosofía, que ellos mismos son personajes de una novela, y que viven su tiempo mientras está siendo escrita por un Mayor del Ejército Noruego destacado con las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas en el Líbano como obsequio de cumpleaños para su hija Hilde. Hasta acá Dios mueve al jugador, pero Alberto empieza a sospechar que el Mayor no sabe que a él también lo escribe un tal Jostein Gaarder. Y ya puestos en esta seguidilla, no hay motivo para detenerla creyendo que somos diferentes del resto del Universo o que vivimos en un plano particular: A nosotros, que leemos al buen Jostein, nos podrían estar escribiendo, también. Y subidos a este potro ¿por qué al Buen Dios – nombre que le daremos provisionalmente al Supremo Escritor – no podría estar escribiéndolo alguien (¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?)? Y como ya metí un signo de interrogación dentro de otro, evidencio la muñeca rusa que es esta inocente novelita, y de repente la mismísima trama de la llamada "realidad". Estamos en el terreno gnóstico del siglo II d.C., que dejó honda huella en la civilización occidental, que presenta una posibilidad posible que no tiene nada de boba, metidos en el terreno de la dilucidación de la Física de la Realidad – es decir de la Metafísica. Ni es tampoco Gaarder el primero al que se le ocurre aplicar el inocente versito de Borges, que tan bien se la sabía. En su novela – o nívola, término que remite a la neblina o niebla, o … – Niebla, Miguel de Unamuno hace que un personaje le hable y hasta lo cuadre (Usted se morirá, mi Don Miguel, y Dios dejará de soñarlo). Woody Allen también cae en el encanto de recombinar los planos de la realidad en su película La Rosa Púrpura del Cairo, aunque en el caso de Unamuno la cosa es dramática, mientras que en Allen es un motivo más para desternillarse de risa. Al final de todo, lo cierto es que una historia que parecía tratar de hacer entretenida la Historia de la Filosofía en realidad se resuelve en una profunda reflexión sobre el Ser y un reconocimiento del poder y los límites de nuestra capacidad para la reflexión. Y para la rayadera. Presten especial atención al final de la Novela (O nívola), cuando lo hagan tal vez – solamente tal vez -  se encuentren en la punta de los pelos del conejo … 

Un link desde donde puede bajarse este libro es:
 http://www.dad.uncu.edu.ar/upload/El%20Mundo%20de%20Sofia.pdf

Y para los que no sepan que este libro había terminado teniendo su película, acá va el link:
http://www.youtube.com/watch?v=eI64ujPtB-w&list=PL67d4V6VTlB52m8iCBxdYReW_U_S8suZf&index=39
    

IV
Contra el Método, de Paul K. Feyerabend

Tratar de entender la Ciencia es uno de los grandes problemas de la Filosofía. Hay la idea de que la Ciencia es exacta, metódica, rica, ordenada, todo eso se supone lo aprendemos en esos bonitos manuales por los que todos pasamos cuando llevamos cursos de metodología o seminarios de investigación, en especial cuando tenemos que hacer la Tesis, esa maldita desgraciada, y tenemos que pasar por el aro del método científico y sus reglas. Me recuerda esto esos libros con los que se trataba de introducirnos al tema en el primer o segundo ciclo de Educación Superior, del tipo de La aventura del trabajo intelectual, de Armando Zubizarreta o La tesis universitaria de José Antonio Del Busto Duthurburu. También he leído, como tantos, al filósofo argentino Mario Bunge y su La Ciencia, su Método y su Filosofía, elevados a los altares académicos con justicia, porque me parece un libro muy bueno precisamente por la crítica y defensa de un cierto tradicionalismo realista aristotélico. Pero cuando el tiempo pasa y la novedad se desvanece, pasa con las reglas del método científico lo que pasa con la mayoría de las reglas sobre cualquier cosa, que podemos tal vez seguirlas en plan de manual y esto nos ayudará a cumplir con lo canónico de la tesis, por ejemplo, algo que indudablemente nos traerá grandes ventajas aunque no volvamos a ver una investigación en todas nuestras reencarnaciones posteriores. Pero para entonces ya nos habremos comido algunas otras cositas de más complicada digestión, como la Introduction to research, de Tyrus Hillway; la Introducción a los métodos de la sociología empírica, de Renate Mayntz, Kurt Holm y Peter Hübner; a Johann Galtung, Teoría y Método de la Investigación Social (Uno de mis preferidos, si debo decirlo, junto con los Métodos de Investigación Social de William Goode y Paul K. Hatt). Por otra parte, ser muy canónico y seguidor de las reglas no molesta nada y es de extrema utilidad en las ciencias formales -matemáticas y lógica – pero las variantes en la Investigación Social requieren que miremos la cosa, como se decía antes, cum grano salis. Cuando se trata con la realidad hay que aplicar las reglas creativamente, y la creatividad con las reglas suele ser arriesgada cuando hay un título académico de por medio. Sin embargo, para mí constituye indicio de anquilosamiento social cuando se siguen las reglas por el puro prurito (o picazón, que eso significa prurito) de seguir las reglas. Las reglas son básicamente algo que es útil para alcanzar un objetivo, en este caso para alcanzar conocimiento, y por eso uno debe conocerlas al dedillo para saber en qué medida las debe asumir. Y no, no estoy aconsejando dedicarnos al incumplimiento sistemático de las reglas, sino a la necesidad de conocer y practicar una ética y moral más elevada que la que proviene de simplemente cumplir las normas por cumplirlas. A veces cumplir con las normas es ética y moralmente un crimen. En ciencia, digámoslo así, posiblemente.

Por ello una crítica fundamentada contra el método en general y contra el método científico en particular es siempre pertinente. El libro de Paul Feyerabend que trato de reseñar precisamente hace eso, criticar el método con método crítico, tan caro a la Filosofía en general y tan sólidamente establecido por Emanuel Kant, que dejándonos de cosas se calzaba sus puntos a pesar de esas metidas de pata éticas de que hablamos líneas arriba. Por cierto, criticar la crítica es también pertinente, pero si criticamos el método, y /o a la crítica del método, cuando menos estamos en la obligación de fundamentar nuestra asistematicidad en la investigación y el método científicos. Menos mal hay cómo, Feyerabend toma en consideración la relatividad de las afirmaciones científicas en el tiempo, considerando la Ciencia misma como un conjunto de ideas y proposiciones que se desarrolla históricamente, y siendo histórico su desarrollo participará de los factores ambientales que la rodean, incluyendo particularmente en ello las consideraciones semi-mitológicas que los propios sujetos agentes - los científicos - utilizan cuando tratan de describir su propio proceso científico “históricamente”. La misma idea de la racionalidad que rodea a la Ciencia, los conceptos e ideas socialmente predominantes sobre la esencia e importancia de la inducción y la contrainducción, del falseamiento o falsación, de la teoría, de lo empírico y del experimento, de las bases lógicas y epistemológicas que sostienen el edificio de la Ciencia, de la interrelación entre los conceptos y los hechos – que por cierto ha hecho crisis en la post-modernidad -, de las autolimitaciones ideológicas en la interpretación de los hechos lleva al autor de este libro a atacar toda ortodoxia y a sostener una suerte de Teoría del Error Científico, en la que basa su anarquismo epistemológico. Y no está solo, pues con Karl Popper, Rollo May, Imre Lakatos, Willard Ormand De Quine y Jerszek Kolakowski, entre otros, hay harto de qué hablar al respecto. Me parece que tal vez no debería ahondar más en este tema, complejo de por sí, más allá del simple propósito de comentar un buen y moderno libro de Filosofía. Las ideas de Feyerabend han calado hondo en la crisis de la racionalidad y de la ciencia, y su Teoría de la Inconmensurabilidad, que comparte con otro gran filósofo crítico, Thomas Kuhn, es importante de ser conocida para todo aquél que pretenda decir que sabe filosofía. Terminemos este apartado con unas palabras del propio Feyerabend, las que dan término a Contra el Método: … la teoría se aplicaba, pero (…) no se entendía todavía. El entendimiento (…) se hace así inefectivo y superfluo. Resultado: Las sensaciones también pueden ser eliminadas del proceso de entendimiento (aunque pueden seguir acompañándolo, del mismo modo que un dolor de cabeza acompaña al pensamiento profundo).

Un link desde el cual bajarse este libro, acá:
http://ifdc6m.juj.infd.edu.ar/aula/archivos/repositorio//0/137/Feyerabend-_Tratado_contra_el_metodo.pdf       

V
Colofón

Algunas personas me han acusado con gran crueldad mental y emocional de ser un racionalista furioso que ve las cosas en función de su lógica y sistematicidad en relación con el Gran Todo Flotante del Conocimiento y la Realidad, dejando aparte el sentimiento y otros modos de captar y vivenciar la Realidad real que me (nos) rodea. Calculo que si leen esta Crónica dichas personas disparen una semisonrisa de conmiseración. Esas cosas pasan cuando lees pues. Y qué bueno. Así que ya sabes, parafraseando la Biblia: Lee y haz lo que quieras.




sábado, 30 de abril de 2011

ALGUNAS IDEAS SOBRE DROGAS Y SEXO

ALGUNAS IDEAS SOBRE DROGAS Y SEXO


Para mi amigo Ángel,
que quemó cerebro.


Las drogas destruyen tu memoria y tu propio respeto, no son buenas, pero las drogas son parte de mi vida y son tan fuertes como el diablo
(Kurt Cobain)

niños que se ponen como motos / con goma para pegar 
(Miguel Ríos)

El problema con las drogas no es que sean malas, es que son buenísimas (Ernesto Blume)


No soy un experto en el tema, pero me parece que todo educador debería tener ideas claras sobre el problema. Estas son algunas de las mías.

Una generación de convivientes con las drogas

Desde que tengo memoria me han prevenido contra las drogas. Como mi niñez empieza a perderse en la oscuridad de lo antediluviano, eso es desde hace mucho tiempo. No es que supiera muy bien qué cosa era eso de drogas, pero sí que eran malas, muy malas, y que los padres responsables se preocupaban de ello, lo suficiente para sentarse con uno a hablar sobre el tema en una época donde no se estilaba que los padres hablaran con sus hijos. Naturalmente no era consciente de lo que pasaba, eso de las drogas a los 9, 10 u 11 años no es algo que a un chico de clase media en realidad le preocupe demasiado. Yo miraba más bien a las chicas.

Sin embargo, otro recuerdo me viene a la mente, tan marcado en ella como a veces ciertos sueños muy vívidos lo están. Estaba en la cancha de fútbol de mi cole, sentado en medio de un corro de chicos de mi tonelaje, tendríamos unos 9 o 10 años de edad. Uno de estos compañeros hablaba directa y frontalmente de lo rico que era el “asio”. Por supuesto, quería decir “ácido”, que se refiere a un tipo de droga alucinógena. No sé si en verdad este chico de diez años la usara, pero hablaba con tal convencimiento y con tanto gusto de los efectos que producía, que los que lo escuchábamos sentíamos esa especie de combinación de envidia, fascinación y celos que mostraría un chico virgen oyendo hablar de la primera experiencia sexual de alguien. La conversación, en la que yo intervine en absoluto silencio, derivó en cómo obtener el “asio” y otras drogas menores, aunque bacanes, como la marihuana. La cocaína aún no estaba muy de moda. No dudo que la mayoría de aquellos compañeros hicieron la experiencia, de manera inmediata o tardía. Algunos de ellos, como se decía entonces y ahora, “quemaron cerebro”, y fueron concomitantemente condenados a una suerte de ostracismo social, sea por condena moral, sea porque era más probable que en su compañía los consumidores no tan torpes terminaran por ser detectados. Alguno que otro de aquellos muchachos se especializó en el narcotráfico. Les va muy bien económicamente.

Durante décadas hemos convivido con las drogas. Muy poca gente hablaba con claridad de ellas. Se ponía por delante la condena moral. Quiso la suerte que mi humilde persona fuera elegida en algún momento para hablar en un evento escolar masivo sobre el tema de las drogas, de donde muy tempranamente me alisté en el bando de los no consumidores. Sin embargo, ello no me libró de las otras drogas, esas que no sabíamos que lo eran, y cuyo consumo era socialmente permitido y alentado, como el tabaco y el alcohol. Es más, su empleo se asociaba a los ritos de adolescencia. No se salía de la niñez sin el empleo de dichas sustancias. La condena no las alcanzaba, eran legales. Y claro, quien toca guitarra quiere cajón, y la gran mayoría de los jóvenes de clase media de mi época adolescente fueron consumidores de drogas ilegales en diferentes medidas. Hasta hoy muchas personas de mi generación se reúnen a puerta cerrada para fumarse su porrito, y conforman un mercado interesante por su capacidad de gasto. No haré al respecto fáciles juicios morales. Los adultos supuestamente sabemos qué hacer y qué no. Sin embargo, divierte ver gente hecha y derecha tomar infantiles precauciones propias de niños malcriados que hacen su travesura, para fumarse el tronchito.

La ruptura generacional

Esta generación ahora tiene hijos adolescentes y jóvenes, y creció en medio de la aceptación soterrada e hipócrita de las drogas ilegales combinada con la aceptación abierta de las drogas legales. Muchos de ellos son en la actualidad indiferentes ante ellas, y traspasan esa indiferencia a sus hijos. Más importante resulta prevenir el embarazo adolescente, por ejemplo, cuyos efectos son más decisivos en la vida y la economía de las personas y familias. Otros son más militantes y enfrentan en sus hijos el consumo de drogas ilegales, aunque aceptan el consumo de las legales. Naturalmente esta confrontación es tanto más inútil cuanto que la nueva generación de adolescentes y jóvenes maneja sus propias reglas, como ha sido desde que el mundo es mundo. Otros padres y madres, situados en las puntas estadísticas, son consumidores de drogas, legales e ilegales; mientras que otros son no consumidores de drogas ni legales ni ilegales.

Los ritos de paso de la niñez a la juventud en nuestras culturas están profundamente asociados al consumo de drogas de varios tipos. El tabaco y el alcohol son los más conocidos, como aceitadores de relaciones sociales, tan complicadas para los adolescentes. Las profundas urgencias hormonales y los desajustes entre lo que el cuerpo exige y los límites sociales podrían estar en el origen del consumo. El cuerpo pide sexo, y los senderos químicos del cerebro estructurados desde la educación formal y no formal no son suficientes ni para obtenerlo ni para contenerlo. El celibato y la virginidad son, como dice la canción, cosa medieval en tiempos de fácil acceso a anticonceptivos y condones. Basta ver el estrepitoso fracaso de las iglesias en contener su empleo en la gran mayoría de los fieles. Lo máximo que pueden ofrecer es la sublimación de una tremenda urgencia hormonal, y, claro está, las reuniones parroquiales se convierten en oportunidades para que los chicos y las chicas se conozcan e intimen. La masturbación, por otra parte, ofrece alguna contención, aunque siempre ronda aquella antigua quisicosa de que mejor es el sexo, porque se conoce gente. Visto desde la química cerebral, el cerebro de un adolescente debe ser lo más parecido a una elaborada e inquietante trompeadera de pulpos. Se entremezclan urgencias y temores, y hormonas y neurotransmisores están en una revolución que hace de la Marcha de los Cuatro Suyos, por comparación, una reunión de monjes trapenses.

Naturalmente este enredo se expresa en contextos sociales determinados. La acelerada descomposición social de nuestra sociedad deja de proporcionar referentes utilizables efectivos. Domar, en el buen sentido del término, a los jóvenes y orientar sus energías hacia actividades “adecuadas”, como cualquier profesor y padre responsable de familia sabe, es una labor paciente que requiere de presencia física y emocional. Ningún contenido valorativo se instala sin referente concreto. La principal contención en los adolescentes es un juego de toma y daca, de tira y afloja, del que se espera emerja un ser humano capaz de contenerse a sí mismo y determinar un uso de su sexualidad libre y responsable. El problema es cuando los padres y educadores no estamos ahí, en esas situaciones que ellos deben resolver solos. Ese es nuestro terror y eso determina nuestra dificultad para dejarlos crecer autónomamente. Es un tema complejo, y me contento por ahora con dejar planteadas algunas de sus dificultades.

Drogas, sexo y envidia

Nadie como los Les Luthiers ha conseguido expresar la profunda ambivalencia y envidia de los padres frente a los hijos en su pequeño y maravilloso R.I.P al Rap. El enlace es

 http://www.youtube.com/watch?v=PULB4MjXCPg

Préstese especial atención a dos aspectos: La velada y graciosísima alusión al “éxtasis” y las drogas como las metanfetaminas, y la general y muy jocosa “denuncia” de la envidia de nosotros, “los mayorcitos”, sentimos frente a la libertad sexual que muchos jóvenes ejercen. Creo que la relación entre Consumo de Drogas y Libertad Sexual queda suficientemente explicitada, aunque no suficientemente demostrada.

Lo que entendemos por Drogas

Para la acción práctica de los padres y educadores, aparte del jovial reconocimiento emocional que debiéramos hacer sobre nuestra propia posición al respecto, resulta imperativo manejar ideas dinámicas alejadas de los estereotipos socialmente instalados, so pena de perder de vista lo que realmente pasa.

No existe consenso social sobre qué son drogas y qué no. Las mejores definiciones son las más simples por lo general, y la definición de “droga” como sustancia que al ingresar al organismo modifica una o varias de sus funciones, aunque tal vez demasiado amplia, da cuenta de la ambivalencia en que se desarrolla el tema. Porque entonces una sal de Andrews y una aspirina resultan ser drogas. Y desde el punto de vista farmacológico lo son. A nadie se le ocurriría igualar el consumo de aspirinas con el de marihuana, pero desde la perspectiva de la definición dada, vienen a ser lo mismo. Ello obliga a pensar que el tema de las drogas debería desplazarse hacia sus efectos. Y separar lo que es dañino de lo que no lo es.

Esta es una distinción clara en lo que respecta a los medicamentos, drogas por derecho, digamos así, e introduce criterios cuantitativos y cualitativos en el tema. Si te enchufas 40 aspirinas las modificaciones que harán en tu organismo producirán un “daño” concreto y a veces irreversible. La pasta básica de cocaína resulta diabólica en sus efectos, dado que en muchas personas basta una probadita para engancharse. Se supone que si se usan drogas es porque de alguna manera se necesitan. Y los efectos de cualquier droga son más o menos conocidos, en especial en lo que se refiere a la creación en el cerebro de ciertos “senderos químicos” relacionados con las sustancias cerebrales productoras del placer, cuya necesidad se hace perentoria, y cuya falta de satisfacción produce el espantoso “síndrome de abstinencia”. No puedo dejar de pensar en la reflexión de Bertrand Russell al respecto de lo fácil que es para las culturas primarias aceptar el alcohol de los hombres blancos, dado que los efectos de su consumo son, y cito de memoria, una de las pocas cosas que hacen que se crea que la vida es digna de vivirse. Ello nos lleva al tema de a qué consideramos “daño causado por las drogas”, el porqué se decide consumirlas, y por qué se cree que la voluntad debiera bastar para dominarlas.

El daño que causan las drogas

Hay un cierto consenso en que las drogas causan “daño” físico. Esto tiene sus absurdos incorporados. Mi santa abuela fumó su proverbial cajetilla de nauseabundos cigarrillos negros hasta los 85 años de edad, cuando dejó este mundo por otras muy distintas razones. Muchos ven el tema no como una cuestión o no de consumo, sino de si el consumo modifica de modo “negativo” las relaciones sociales de estudio y trabajo, en una suerte de “si no se nota, no existe”. Naturalmente están los efectos de largo plazo, acumulables, como lo sabe cualquier fumador. Desde una perspectiva puramente física – pulmones, hígado, etc. – parece que el consumo está guiado por el efecto rana: La rana salta cuando la meten en agua caliente, pero si la metes en agua fría la sancocharás antes que el batracio se percate. Si eres inteligente sabrás que el equilibrio entre el consumo de drogas en general y la vida depende de un nivel de consumo asociado a un estilo de vida saludable que compense tus pequeñas desviaciones hacia el tabaco, el alcohol o la marihuana. La mayoría de los consumidores, sin embargo, no hace este razonamiento y sufre diversos desequilibrios homeostáticos en diversos momentos, como las aseguradoras y los sistemas de Salud privados bien saben al cobrar sus primas y tarifas. Nadie ha hecho ningún esfuerzo serio por instalar una cultura de prevención de Salud.

El daño producido por las drogas en el terreno mental es, en cambio, mucho más oscuro de determinar y más visto como un estereotipo por el que sentir un temor difuso. No todos los consumidores queman cerebro, pero el daño que se percibe en la conducta del consumidor crónico es evidente en especial cuando se presenta el “síndrome de abstinencia”, que muestra la pérdida de control de las propias acciones. Este parece ser el punto crítico donde el daño que las drogas producen es considerado más negativo. Es un lugar común el fumador que sale a las 4 am de su casa a comprar cigarrillos. El “síndrome de abstinencia” evidencia la pérdida del control volitivo, y se asocia además con la evasión del mundo real. No me meteré con el problema de la realidad de la percepción del mundo, aunque bien se lo merecería.

Se registra consumo de drogas entre los soldados en los frentes de batalla, sea en la forma de la administración de alcohol antes de una batalla, o sea en la forma del consumo de marihuana y otras drogas más “duras” entre los jóvenes soldados norteamericanos durante la Guerra de Vietnam. De hecho, parece ser que el consumo puede ser fomentado en ciertas circunstancias, como se ha hecho inveteradamente en nuestra sierra con el consumo de coca para extraer mayor fuerza de trabajo a los indios sin sobrecostos laborales, como darles de comer, por ejemplo. Es evidente que en estos casos el consumo de drogas parece estar bastante “justificado” desde el lado de la realidad, sea para ocultarla o sea para soportarla.

Voluntad y Drogas

Uno de las creencias ético-morales más instaladas socialmente es la idea de que el problema de las drogas es una cuestión de voluntad individual. Las personas somos diferentes en nuestra química cerebral, y es evidente que la voluntad está relativizada por motivos genéticos. Un “deber-ser” señala que el pasarse en el consumo hasta el extremo de la pérdida de la propia voluntad debería generar acciones de recuperación del propio Yo. Alcohólicos Anónimos y las diversas acciones sociales de rehabilitación de consumidores de drogas ilegales muestran resultados poco alentadores al respecto, aunque según parece no hay mejores opciones para todos los que necesitan de estas instituciones. En todos estos casos se entiende como condición el aceptar una especie de “fuerza superior” – a veces con contenido religioso – a la que se debe someter la propia voluntad, y que de alguna manera funciona como una prótesis emocional. Tal vez esto pueda entenderse como que la necesidad de una profunda convicción emocional que marque la química cerebral de tal modo que pueda “sustituir” la necesidad de la droga. Parece una “solución” semejante a la de la extirpación del lóbulo frontal para enfrentar ciertos desórdenes mentales. La conversión religiosa parece funcionar en este sentido, lo que es utilizado seguramente por diversas confesiones. No estamos seguros que este camino sea otra cosa que una solución desesperada.

La necesidad de prevenir

Visto lo anterior, parece que la Prevención es el arma de la victoria en este caso. Se necesitan políticas de Salud Pública al respecto, y políticas de Familia y Juventud. El sector Educación parece que la tiene más clara, aunque los problemas para aplicar políticas de prevención en este caso son más complejos. Pero está claro que la Prevención es mucho más barata y eficiente, y políticas efectivas al respecto deberían reducir el número de los que requieren “rehab”.

En el nivel directo de las familias y las instituciones educativas es posible actuar preventivamente, aunque esto también presenta problemas. Las famosas charlas antidrogas que cualquier centro educativo que se respete organiza para padres de familia y profesores en algunos colegios tienen entre sus espectadores a consumidores de alcohol, tabaco y medicamentos, así como algunos consumidores crónicos o eventuales de marihuana y cocaína, hoy padres y madres de familia y/o docentes. Me pregunto qué pensaran para su coleto cuando escuchan la consabida y siempre repetida condena moral. Tiene que haber una profunda escisión en las mentes de los que aceptan de boca para afuera la condena al consumo de drogas legales o ilegales. Mi generación tiene tan instalada, vista como unidad, el consumo de drogas, que en realidad dudo mucho que esta condena, implícita o explícita, surta algún efecto. Cuando no nos cuentan la cosa moral, aunque esta condena se suponga, y se incide más bien en el daño producido, entra en juego la racionalidad adulta y los efectos de estas charlas suelen ser mejores. De aquí se extrae como lección que no es la apelación moral lo importante, sino informar y enseñar cómo prevenir. Y la prevención tiene que instalarse en los padres de familia desde el nivel inicial, porque si queremos que nuestros hijos manejen la cosa por ellos mismos necesitamos formarlos en determinadas direcciones, y la inmensa mayoría de los padres y madres de familia no tiene ni idea de cómo hacerlo. Y ello implica también tratar con el tema sexual, de las relaciones sociales, de la envidia de los mayores, y de las relaciones intergeneracionales, entre otras cosas.

A los adolescentes no les interesa mucho esto, como no les interesa demasiado la estructura del aparato reproductor cuando lo que quieren es sexo. La información es necesaria, qué duda cabe, pero los adolescentes no necesitan la condena moral, que produce muchas veces inquietantes escisiones emocionales. Los adolescentes, a veces sin saberlo ellos mismos, necesitan herramientas para entender qué diablos les pasa, por qué se sienten como se sienten, y por qué las relaciones sociales son como son. Y ello en un ambiente que les dé autonomía y seguridad propia, así como confianza, guía y consejo constante. Ellos necesitan lo que dijimos antes, autonomía para poder aprender a relacionarse unos con otros, y a lidiar consigo mismos y con las cosas que les ocurren.

En términos más generales, nadie, excepto algunas agencias y ONG s se han preocupado realmente del tema preventivo. Se ve más importante la salida – o ingreso - de divisas o el fortalecimiento de grupos de poder más o menos vinculados, directa o indirectamente, al tráfico de drogas. Lo que podríamos llamar “génesis social” del consumo de drogas no parece estar muy visualizado. Las drogas como parte de los happenings que marcan el ingreso de los adolescentes al mundo de los adultos presuponen una elección por parte de cada joven al consumo de éstas. Necesitamos, como sociedad, hablar de este tema más allá de las coyunturas electorales y de los intereses particulares. Por desgracia, la ausencia o inoperatividad de políticas al respecto ha sido la constante. Hay más preocupación por otras cosas.

Conclusión

Pienso que enfrentar el narcotráfico y prevenir el consumo de drogas son dos caras de la misma moneda. Se necesita un fuerte liderazgo para encaminar un esfuerzo nacional realmente efectivo. Esto es política social, y no deberíamos pensar que las políticas sociales son solamente para pobres. En las elecciones políticas de Junio deberemos elegir entre dos opciones, y tengo la sensación de que solamente una de ellas podría plantearse con seriedad el tema. La otra, por desgracia, parece demasiado vinculada al otro bando.

Y punto.

miércoles, 27 de abril de 2011

PARA QUE SIRVE LA EDUCACION – ADDENDA PARA UNA CATARSIS


Hace poco publiqué en este Blog una serie de artículos acerca de los objetivos de la educación con unas notas realistas y algo desesperanzadas, sabiendo que mucho de lo dicho no tendría efecto visible y mensurable. Esto, en la labor educativa, no es raro. Nosotros no “vemos” resultados. Sembramos, regamos, cuidamos el jardín, a veces podamos con energía, a veces tenemos que mirar con tristeza el tronco doblado que tras enormes esfuerzos no pudimos enderezar. Un maestro que se precie de serlo siempre intenta superar la común condición humana. Ningún maestro lo es por el ansia de aumentar sus bienes, sino de enriquecerse enriqueciendo la común herencia humana. Como decía Bertrand Russell, un maestro de verdad tiene un instinto paterno/materno superdesarrollado, que no se puede agotar en los propios hijos, y que lo convierte en el padre y la madre de todos sus alumnos. No hay peor frustración ni peor destino para un maestro que el no poder enseñar. Quizá por eso pretendo, en un momento donde, en el calor de la lucha electoral, aparecen voces que nos culpan de lo mal que anda la educación, hacer una catarsis a través de esta Addenda a esos artículos.

Hoy algunos egregios maestros peruanos recomiendan a sus alumnos, con realismo y paternal firmeza, que no estudien Educación a no ser que la vocación sea tan insoportable que haya que seguirla de todos modos. Hoy la profesión es devalorada y vilipendiada, atacada desde todos lados y, oh ironía, responzabilizada de la debacle y decadencia educativas en nuestro país. Los maestros somos la única barrera que se interpone entre los niños y jóvenes; y las políticas de la sociedad, el mercado y el estado destinadas a embrutecer y mercantilizar. Es una pelea desigual y descorazonadora, porque ellos tienen todos los medios a su disposición, y a nosotros nos quitan hasta lo que no tenemos. Y lo que con tanto esfuerzo tratamos de construir es destruido de un plumazo, y encima nos echan la culpa. La sociedad, el mercado y el estado son en nuestro país entes hipócritas que dicen que la educación es lo más importante, y como consecuencia reducen los presupuestos educativos, desnutren y pauperizan a los niños, hacen de la equidad educativa un sueño, y tienen a los maestros con sueldos de hambre.

Como cualquiera ser humano, a veces me deprimo, y busco mis motivos para seguir adelante y no terminar sentado en la encrucijada lamentándome de mi suerte. Busco, entre los grandes educadores que me inspiraron, los motivos para seguir en la pelea, los objetivos por los que tanta gente común y silvestre como yo pelean una batalla que muchas veces damos por perdida. Nuestro problema existencial como docentes, del que nadie se ocupa porque a nadie le interesa, es por qué deberíamos seguir en una actividad tan maltratada y tan inútil. Los docentes tenemos motivos sobrados para el hartazgo y la depresión. Y la pregunta existencial del docente, que no puede evitar porque la lleva clavada detrás de todas las incomprensiones y desdichas, siempre está dirigida a los objetivos de lo que hace. Por eso a veces tenemos que rebuscar, junto a la vocación primigenia que nos movilizó, lo que aquellos que nos antecedieron en esta tarea tan poco comprendida nos dijeron acerca de los OBJETIVOS DE LA EDUCACIÓN.

Los Objetivos de la Educación según los Educadores

Donde hay buena educación no hay distinción de clases.
(Confucio, China)

La educación iguala a los hombres en lo que se debe igualar a los hombres, en su condición humana. Por sobre la situación económica y las diferencias de toda clase debería estar siempre la comprensión de la común condición humana. Educamos, por lo tanto para que cada ser humano alcance su plena dignidad, es decir, que sea plenamente humano.

Reconocer, mantener y promover en cada ser la dignidad de la persona, ésta es toda la educación de la humanidad
(Enrique Pestalozzi, Suiza)

Por ende, si algo debe hacer la educación es hacernos humanos en un sentido no solamente individual o reactivo a la existencia de desigualdades, sino en el sentido social del término. Es decir no podemos ser plenamente humanos sin el Otro. Porque de nada sirve mi felicidad individual si no está enraizada en la común lucha humana, es que un Objetivo de la Educación es integrarnos a la humanidad en su conjunto.
“La educación debe hacer que cada uno encuentre su propia felicidad, realizada en la medida en que hace que se mejoren las condiciones de los otros” 
(John Dewey, Estados Unidos)

La contradicción entre individuo y sociedad es resuelta por John Dewey en un tema ético: No es un ser humano pleno y feliz aquel que no se preocupa por mejorar las condiciones de los Otros. No recuerdo en qué película escuché esta frase: ¿Qué clase de hombre es aquél que no se preocupa de mejorar el mundo en que vive? Un Objetivo de la Educación es construir una ética de la felicidad alcanzada a través del servicio a los Otros.

Para educar a un niño hace falta la tribu entera. 
(Proverbio africano)

Los maestros solamente somos la punta del iceberg. No podemos enseñar sino en el contexto de la sociedad en que vivimos. Si la sociedad considera la educación solamente cosa de aulas, maestros y alumnos, camina hacia su ruina. Se aprende enseñando y se enseña aprendiendo. Hay una relación dialéctica, un círculo virtuoso entre ambas actividades, como bien lo intuyó el desconocido educador africano que cito. Un Objetivo de la educación es convertir a todos los miembros de la sociedad en Educadores, para mantener nuestra viabilidad y nuestra supervivencia social.

“Luchamos por lograr que los niños sean libres en su interior, libres del miedo, de la hipocresía, del odio, de la intolerancia.” 
(Alexander Neill, Gran Bretaña)

La libertad es uno de los dones más preciados que el ser humano posee. Es condición para todo. Elude una explicación única, porque es uno de esos principios que, como todo maestro sabe, más que instilado debe ser vivido. Se puede ser libre incluso en el fondo de una mazmorra. Pero sabemos bien a donde nos lleva el miedo, como destruye la iniciativa, como pasma la voluntad, como transforma a los seres humanos en medrosos animalitos agazapados esperando que las cosas les pasen en lugar de salir a hacer que las cosas pasen. Instilar el miedo es objetivo político de muchos para manipular y dominar. Pero el maestro es el enemigo público número Uno de la manipulación, precisamente porque tiene el poder de hacerlo. Un verdadero maestro forma y educa, no manipula. Por ello las dictaduras de todo calibre tratan siempre de amaestrar al maestro. Un Objetivo de la Educación es liberar – y liberarnos - del Miedo, y de toda su odiosa parentela: El Odio, la Intolerancia, la Hipocresía, el Racismo. Y esto es lo más difícil.

La gran meta de la educación no es el conocimiento, 
sino la acción. 
(Thomas Henry Huxley, Gran Bretaña)

El ser humano puede definirse, entre otros rasgos, por su capacidad para la acción y el trabajo fecundo. Si bien es esencial saber para qué hacemos las cosas, es igual de importante educar para hacer cosas. Conocer es necesario pero no suficiente. La teoría sin práctica sirve para lo mismo que la práctica sin teoría: Para Nada. Se educa para que nuestros niños y jóvenes salgan al mundo a transformarlo, no a contemplarlo. Un Objetivo de la educación es, a través de nuestros alumnos, transformar el Mundo para hacerlo más humano y vivible.

Conclusión

Cuando nos formulamos el tema de Objetivos de la Educación deberíamos siempre mirar lo que tenemos, con sus gangas y sus mermas, pero además mirar al cielo, a la utopía, al sueño. Siempre desde nuestra realidad por más dura que sea. Pero la dureza de la realidad no nos arredra, porque, como dice el antiguo y siempre reactualizado refrán de los educadores: “El estado no hace nada, el director no dirige, el coordinador no coordina, pero el profesor siempre dicta su clase”.
Y punto.

martes, 9 de marzo de 2010

ASPERGER: LA VENGANZA DE LOS NERDS


ASPERGER: LA VENGANZA DE LOS NERDS

Últimamente estoy muy interesado en este tema. Aunque descubierto a finales de la década de los 40, este “síndrome”, o “conjunto de síntomas” es hoy en día una preocupación más en el espectro psicológico y educativo.

Básicamente, el Síndrome de Asperger se parece a una formación de carácter autista, una suerte de Autismo de Alto Rendimiento con el que según parece se le suele confundir. Se caracteriza no por un retraso de las funciones cognitivas, que parecen ser normales o incluso superiores al de la media de la población, sino por una característica clásica del autismo, que es la de la apercepción de los estados anímicos procedentes del exterior. Para aclararlo, digamos que el Asperger es “ciego” a los estados de ánimo de otras personas. No consigue compartir el lenguaje no verbal dentro de los diversos ámbitos semióticos del hogar, la escuela y los diversos ambientes en que debe desenvolverse. Por ello los Asperger viven muy dentro de sí mismos, al modo autista, aunque hay diversos grados de prevalencia de este aislamiento, de los que el Asperger sería más o menos consciente, y que trata de quebrar.

Algunos Asperger rompen su aislamiento empleando su capacidad intelectual. En ello no se diferencian básicamente del resto de las personas, que emplean los talentos que poseen para insertarse en la trama de relaciones humanas. Sin embargo, hay consenso en la dificultad (me resisto a los términos incapacidad o discapacidad) de estas personas para poder vincularse afectivamente a un medio que no comprenden y que tampoco los comprende.

Algo que caracteriza a los Asperger es el caer fácilmente en otros estados de dificultad psicológica, como neurosis, depresión, esquizofrenia; que ocultan el primer diagnóstico. Son vistos como raros, excesivamente literales, pedantes en su empleo del lenguaje, algunos alcanzan un dominio lingüístico de diccionario, como clara compensación de sus dificultades para “hablar” dentro de ámbitos semióticos específicos de lenguajes propios característicos. Carecen de “armadura social”. Resultan con frecuencia ser víctimas del bullying o matonería escolar, y les cuesta aprender socialmente, debiendo crear sus propios esquemas de aprendizaje, a la vez que aprenden los contenidos académicos. Pero siempre a su modo, lo que hace que choquen con facilidad con los esquemas pedagógicos impuestos en el aula. Sus intereses son poco prácticos, aunque pueden alcanzar solvencia en la teoría, el análisis, la síntesis y otras operaciones mentales. Hacen buenos matemáticos, pero no buenos ingenieros, por poner un caso. Sus intereses son estrechos, en el aula se suelen apasionar por un aspecto específico: mapas, tablas estadísticas, números, etc., con exclusión de todo lo demás. Se les atribuye esta condición a Einstein, Newton y otros personajes, básicamente del mundo científico o filosófico. Pareciera que puede existir una identificación entre los popularmente llamados nerds con los Asperger y otros “desadaptados”.

Justamente su vida afectiva está signada en mayor o menor grado por la dificultad para comunicar estados emocionales. Les cuesta relacionarse, y cuando lo hacen, es posible que sea con otros nerds, sean o no semejantes a ellos. Escapan decididamente a la “normalidad”, sea ésta lo que sea. Muchos son hablantines, verbosos, elegantes en el sistema lingüístico, aunque no en el habla común. Suelen aprender a leer temprano, y mucho. Interrumpen con temas “que no vienen al caso”. Pueden “florear” con facilidad, pues no se vinculan afectivamente demasiado, al no poder “alcanzar” a otros. Alcanzan gran dominio temático, aunque específico a ciertos temas.

Se dice que el origen de esta condición es genético. Esto es producto de la observación del hecho que, para ellos, sería cierto el retorcido adagio “De padres ciegos, hijos cíclopes”. Cuando el padre es Asperger, es posible que el hijo también lo sea, de acuerdo a la lotería genética y al azar del medio ambiente. La Ciencia Cognitiva ha detectado diferencias en la formación cerebral de los Asperger, aparentemente en el sistema límbico (emociones) y del neocórtex prefrontal (volición). Nada es seguro aún, la condición está recientemente visualizada y evidenciada, en apariencia por la aparición repentina de muchos Asperger. Podría ser una moda como la del los Niños Índigo, o quizá parte del denodado esfuerzo de la Asociación Médica Americana para crear enfermedades a la mayor gloria de la ciencia médica y a la mayor ganancia de los laboratorios farmacéuticos (“Invente usted una enfermedad, y saldrá una medicina al mercado”).

Parecen, como decíamos, existir en gran número. Se dice que la incidencia en la población es relativamente baja, uno en mil señalan algunos estudios, pero eso ocurre en otras sociedades y no disponemos de cifras nacionales que no sean extrapolación. Pero parecen surgir por todos lados, como se puede notar tras una ligera pasada por la habitación de Miss Google. Es más, así como hay muchos que la ven como enfermedad, muchas personas que se auto-evidencian Asperger, entre ellos incluso psicólogos, psiquiatras y educadores, sostienen con vigor que el síndrome no puede considerarse enfermedad, sino una “condición personal”, más o menos análoga a poseer diversas inteligencias múltiples, por ejemplo. Se habla ya de Neurodiversidad, nueva subcultura que añadir a las existentes por pertenencia étnica, religiosa, política o social. Existen grupos que reivindican la Neurodiversidad hasta la militancia, con páginas web y grupos de presión en formación.

Sin embargo, aún muchos la ven como una discapacidad. Si ello es cierto, se debiera tratar de “incluirlos”, más aún si parece ser una condición que no requiere de excesivas adaptaciones del maestro en el aula, dado que su “gravedad” es relativa, y afecta básicamente su capacidad de relacionarse socialmente, así como su modo de aprendizaje. Pero los maestros sabemos que eso es una de las muchas cosas que pasan en un salón de clase. El microcosmos del aula refleja los problemas sociales, son los maestros los que debiéramos ser los mejores especialistas en esto de las diferencias en el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos.

Por otra parte, suponiendo que sea cierto que hay muchos Asperger entre los llamados genios, entonces una sociedad que “incluya” a los Asperger tendría ventajas diferenciales respecto de otras. Una “selección cultural” de tintes neodarwinistas aconsejaría a cualquier sociedad incluir e integrar a todos aquellos que presenten diferencias en su estructura neurológica, pues la diversidad es un valor importante para tener éxito como sociedad. Los nerds tendrían un valor social desproporcionado a su número.

Parece una fantasía suponer que sistemas masivos educativos – como el público - pueden asumir con éxito políticas tan específicas, más aún el nuestro. Pero si es cierto que los nerds presentan origen combinado genético – medioambiental, se les podría incluir, aunque no creo se justifique hacerlo desde la educación especial. Sin embargo, la creciente individuación pedagógica entrega herramientas a los docentes para tratar estos casos cada vez más visibles, es importante disponer de estrategias integradoras de los diferentes estilos de seres humanos que vemos en las aulas. Y ser un buen docente ayuda.

Termino con un recuerdo personal. En una de mis muchas visitas a salones de clase de últimos años de secundaria, para apoyar a docentes en ejercicio, encontré a un docente de especialidad de Educación Física enseñando Ciencias Sociales, lo que no es poco común en nuestro medio. Pero aunque este docente no supiera donde quedaba Constantinopla, era un as en esto de incluir en el proceso de aprendizaje a sus alumnos, entre los que se incluían nerds de varios tipos, muchachos y muchachas muy normales, y homosexuales masculinos y femeninos. El secreto se transparentaba en los rasgos de la clase que el maestro “dictaba”: Involucrar a los alumnos, fomentar un ambiente de aula agradable y abierto, cambiar constantemente de perspectiva frente a los problemas que presentaba a sus alumnos, fomentar decididamente la crítica y la participación de todos, desde su propia identidad. Y es esto de la IDENTIDAD lo que parece ser decisivo. Los alumnos estaban muy contentos con su profe, y sentían que lo que hacían en el aula tenía sentido. El profe lo decía en tres palabras: Quererlos, estimularlos, tener  estrategia. La primera condición para poder enseñar / aprender es, como dice Bertrand Russell, el amor paterno indiscriminado, y el amor empieza por aceptar al Otro como es.