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martes, 20 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 51: LAS MIL Y UNA NOCHES (4)

Peru Blogs
CRÓNICAS DE LECTURAS – 51
Las Mil Noches y una Noche (4)

I
Las Versiones

Para culminar esta larga Crónica, trataremos de las versiones de Las Mil y Una Noches. Dicen que la compilación de las historias y relatos fue primero, y que la hizo un cuentista persa del siglo IX de la era cristiana, un señor Abu abd-Allah Muhammed el-Gahshigar, pero ello me resulta a mí bien poco probable. Claro que no soy nadie para opinar en estas cuestiones, pero la gran diversidad de las versiones hace poco probable que los cuentos originales cubrieran con precisión esas mil y una noches, a cualquier compilación se le puede hacer crecer así indefinidamente añadiendo cuentos o variando su extensión. Entiendo que compilaciones así debe haber habido, de eso no me cabe la menor duda. ¿Pero Las Mil y Una Noches? Para que Las Mil y Una Noches sean Las Mil y Una Noches necesitan del relato-marco, de Shahrasad y todos sus efectos especiales. Y eso, según se dice, se le añade a la compilación en el siglo XV de la era cristiana. La verdad, esa no me la creo. Es posible, sí, que el origen remoto de las Noches Árabes sea persa, pero si es así es de persas que salmodian Lā 'ilāha 'illā-llāhu Muhammad rasūlu-llāh. (No hay más Dios que el Dio, y Mahoma es su profeta), y que escriben en árabe y no en persa. En todo caso dejo este lío a los especialistas. Lo que sí sabemos es que entre 1704 y 1717 el diplomático francés Antoine Galland traduce y adapta un texto árabe, que pondrá en circulación en 12 tomos con el nombre La mille et une nuits, contes árabes traduits en français, con gran éxito, pues la novelería de la época se pirraba por lo oriental, lo exótico y novelesco, tema de conversación en los Salones de las ridicules de entonces. Testimonio de esto es el paralelo éxito de las Cartas Persas de Montesquieu y los muchos Libros de Viajes de la época. Tan de moda se puso que apareció un compendio hechizo que parodiaba La mille et une nuits, y que no hizo tanta fortuna: Los Mil y Un Días. En inglés surgen en 1713 las Arabian Nights. Entertainments translated from the french, primera traducción al inglés, a la sazón indirecta y anónima. Tras nuevas traducciones relativamente mediocres, surge la germana de Gustav Weil, Tausend und Eine Nach, Arabische Erzählungen; así como la inglesa de John Payne, en 500 ejemplares de circulación privada, con todo su erotismo completo. En Oriente aparecen ediciones en árabe, incompletas o mutiladas como la de Bulaq de 1835, la del Scheij Al-Yemeni de Calcuta en 1814; o purgadas por los jesuitas, como la edición Beirut.

Hablamos en Crónica pasada del problema que enfrentó Richard Burton en su Traducción de 1885 en 16 volúmenes, The Book of the Thousand Nights and a Night, cuyo trabajo es reputado como uno de los mejores, si bien basado ampliamente en el de Payne. Hemos mencionado también al médico sirio-francés, J.C. Mardrus, su edición de 1889 se considera como de gran precisión y elegancia, a pesar que ha levantado muy fuertes críticas. Ambas ediciones, aunque discordantes entre sí y con la de Weil y otras, poseen atributos que las hacen imprescindibles para el estudio especializado. No deja de sorprender que los ocho siglos de convivencia entre hispanos y moros no se reflejaran en una temprana traducción directa al castellano de Las Mil y Una Noches, parece que el colonialismo mental hacía estragos en el siglo XIX español. Hay historias de Las Mil y Una Noches infiltradas en el Siglo de Oro español, llegadas de Italia, pero parece que en una época a nadie le pareció interesante o importante traducirlas. Y como dice Rafael Cansinos en España es donde Las Mil y Una Noches están como en su casa y apenas si nos parecen exóticas. La miríada de términos en castellano que proceden del árabe facilitan la traducción y dan fe que los que vivimos en esta hermosa lengua de Lope y de Unamuno y de García Lorca pensamos y sentimos en parte en árabe. Pero no fue. La primera edición retraduce a Weil en 1841 en Barcelona, y en 1846 se traduce a Galland. En 1916 ruge la guerra en Europa mientras aparece con inmerecidos bombos y platillos la traducción del francés del Mardrus de 1889, por Vicente Blasco Ibáñez. Por fin, en 1954 Rafael Cansinos Asséns hace cuidadosa traducción directa del árabe para la Editorial Aguilar, que es aquella de la que hemos hecho profuso empleo en estas Crónicas. Más no sabemos, pero Alá sabe más.


II
Las penúltimas Historias

Continuamos donde nos quedamos. Ya hablamos de las intenciones apologéticas del Islam, y en este caso el asunto sale de lo exclusivamente religioso para adentrarse en lo ético y moral, aparentemente de la mano de los moralmente muy evolucionados sufíes. La historia del nombre que hurtó la fuente de oro, en la que había comido el perro (Noches 807 a 809) parece escrita por un austero repúblico romano mezclado con un genial Esopo con emoción social, que narra la historia evangélica del rico Epulón y el pobre Lázaro, y es válido incluso hoy: Haces mal en acusar al sino de injusticia. Y si ignoras la causa de tu ruina, yo te la haré saber. Tú alimentabas a tus dogos en fuentes de oro y dejabas a los pobres morir de hambre. Toda una admonición, a mi humilde entender, no solamente para los ricos inconscientes sino incluso para algunos exagerados “animalistas” de hoy en día. En la cacería de amor (Noches 809 y 810) el cazador resulta cazado, vieja manera de hacer reír. Una alusión a la histórica Batalla de Alarcos de la Guerra de Reconquista Española, se halla en la historia de lo que pasó entre Yakub-Ben-Yusuy y el Rey Adfonsch (Noche 812), como en la del guerrero que tomó él solo una ciudad (Noches 812 y 813). Conforme avanzamos hacia el final, la historia promedio – si es lícito así referirnos – es cada vez más corta, ya no hallamos las grandes seguidillas del principio. A algunas historias sobre los hechos de los Jalifas, le sigue la bella e idílica historia del príncipe Yasmin y la princesa Allosa (Noches 818 a 821). Hagamos notar malévolamente que Yasmín es nombre de varón, aunque a Disney no le guste. La historia de la joven Tuhfetu – L – Kulub, jalifa de los pájaros (Noches 824 a 840) nos devuelve a la peculiar combinación de fantasía y realidad, en que aves que hablan, efrits y califas coexisten felizmente y sin contradicción aparente; y donde reina sin oposición la poesía, lo que parece dar pie a las varias historias de poetas que le siguen, entre la que destaca la de Find, el poeta, y sus dos hijas guerreras Ofairah Schemsún y Hozailah Budur (Noches 846 y 847). A estas le siguen historias de amores platónicos, santos islámicos, ascetas y sabios, entre los que destaca el proverbial Lokmán (Noche 858), más Ben-Sadet el elocuente y Sibuyet el gramático. Shahrasad parece a estas alturas remachar la curación de Shahriar a través de historias que narran el punto de vista de las mujeres, mostradas en sus distintas facetas. En los maridos juzgados por sus mujeres (Noches 861 y 962) presenta incluso un tribunal de éstas presidido nada más y nada menos que por Aischa, última esposa de Mahoma, sea sobre él la paz. Vienen más historias de mujeres, entremezcladas con otras, hasta llegar a la caballeresca historia singular del príncipe Almas (Noches 872 a 885).

Más anécdotas edificantes de una o dos noches de duración se suceden. El histórico y muy conocido Sultán de Mizr o Egipto, Selahu – D – Din (más conocido en Occidente por su transliteración Saladino), contemporáneo y rival del Rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León en la Tercera Cruzada, tiene su historia en las Mil y Una Noches: El fel-lah mizriano y sus hijos blancos (Noches 891 a 894), que traspone al terreno erótico las luchas de esta Cruzada, marcando en la conquista y conversión de la mujer franca la indudable victoria sarracena. Vuelta  a lo fantástico – reyes, pescadores, efrits – en las Noches 894 a 910 (historia de Jalifa y El Jalifa), y a las pequeñas historias de un par de noches o menos de duración, lo que quizá atestigua que Shahrasad está más relajada y tranquila y ya no necesita desplegar tan prolijas habilidades como las que hasta ahora ha mostrado. A estas alturas probablemente ella se divierte tanto como el soberano al que según parece ya ha curado de su mal de misoginia. Pero por si acaso y por las dudas se vuelve a relatos sobre la acción de los soberanos del siglo en la sociedad, su intervención para establecer la justicia, con más apariciones del Califa Harunu – R – Raschid y más de la literatura caballeresca y picaresca, combinada un tanto sin orden ni concierto, o en todo caso con un orden y concierto interiores y no inmediatamente evidentes, en particular considerando que por su mismo carácter las Mil y Una Noches puede abrirse desde cualquier página, la famosa lectura digital a la que en alguna otra Crónica nos hemos referido. Pero dejándonos llevar por la lectura entre líneas que en árabe es perfectamente pertinente, notamos que el orden y calidad de las historias podrían corresponder a las etapas de la terapia del soberano a quien se le han estado administrando estos relatos como píldoras.         

III
Más penúltimas Historias y el Elogio del Libro

Conforme se avanza hacia el final de las Mil y Una Noches, los relatos de Shahrasad se van adentrando cada vez más en el género de los consejos para los reyes, recordándonos sutilmente que después de todo la hermosa Shahrasad es hija de un Gran Visir, y por otra trayéndonos a la memoria otros textos de este género como Los Castigos del Rey de Mentón, de la literatura caballeresca occidental. No de otro modo podemos entender historias como la del tesoro sin fondo (Noches 930 a 935), dirigidas a perfeccionar el gobierno mundano de los Califas y Sultanes, en una suerte de formación para la gobernabilidad y la gobernanza dignas de nuestro siglo. Como todo en las Mil y Una Noches va combinado, hallaremos más Rosas y Versos (Noches 935 y 936), esta vez dedicados al poeta Ishak-Ben-Ibrahim de Mosul, versado en flores: Dióme una rosa mi amada / y, al dármela, así me dijo / - Haz cuenta que mis mejillas / te ofrezco, amado mío. Una urgenciada versión de la Esfinge, mejorada con la sutil presencia de noventinueve cortadas cabezas de pretendientes fracasados, es enseñada en la historia del hijo del rey y la soberbia princesa (Noches 936 a 939), que nos muestra como las viejas historias adquieren extrañas formas cuando atraviesan el tiempo. Los Dichos Memorables de los Sabios que escribieron sobre temas diversos, en especial Las señales de amor (Noches 939 a 941) siguen a ésta, continuando así el proceso de aprendizaje al que Shahriar está sometido, en verso, por supuesto: ¡Qué caprichosa y qué extraña / es la mujer que yo adoro! / Si me ve que río, llora / y ríe cuando yo lloro. / En llevarme la contraria / parece cifrar su gozo; / es como una yegua loca / que, abandonada a su antojo / corre ligera y, en cambio / corta sus vuelos de pronto, / cuando el jinete la hostiga, / incitándola al retozo.

No dejaremos pasar así nomás esta historia de las noches 941 y 942, un hermoso Elogio del Libro que nos permitimos reseñar sin más ceremonia, porque dijo un sabio: Es el libro el mejor compañero en los ratos de soledad y el mejor de los amigos cuando en tierra extraña somos peregrinos. Y el mismo sabio abundó más aún, demostrándonos que el aprecio por la palabra escrita ha atravesado los siglos y hermanado a los hombres: Pues el libro es al mismo tiempo árabe y persiano y de Al-Hind y de As-Sind y rumí. Y además es tumba de secretos y lonja de depósitos y broche de las ciencias, y fuente de juicio y mina de generosidad y nobleza e incansable compañero que no se entrega al sueño. Y por ende, tras estas y otras enumeraciones descriptivas que nos muestran la bondad y carácter del libro, nos recomienda: Honra, pues, al libro y trátalo con todo mimo. Y me pregunto si esto no compensa y/o contradice ampliamente esa anécdota que no sabemos si será cierta, del Califa Omar quemando la Biblioteca de Alejandría (Si (los libros) dicen lo mismo que el Corán, son inútiles; y si no, son perniciosos), anécdota que me suena a mentirosa guerra psicológica de los cristianos, culpables desde antes de los tiempos de Hipatia de Alejandría de un frenesí destructivo que atacaba el paganismo, al que igualaba con el saber y el conocimiento y la belleza. Me cuesta creer que un Califa de la misma estirpe que Selahu- D –Din, Harunu - R- Raschid y los sabios gobernantes del Al-Andalus, que construyeron Bibliotecas y rescataron a los griegos y trajeron al Bárbaro Occidente los números de la India y la geometría de Euclides, que tradujeron y comentaron a Aristóteles, hayan sido culpables de lesa cultura. Pero no olvidemos tampoco que árabe es este verso: Alguna vez me preguntan / qué he sacado de esta vida / yo que no gozo de ella. / Y yo contesto en seguida: / - Pues un poco de escritura / y algunas pocas de rimas. / Ahí tenéis todo lo que / atesora mi valija. Y dijo aún otro poeta: La suerte al ignorante / se place en proteger / y en cambio al hombre docto / lo trata con desdén / Recorre los mercados / del mundo y podrás ver / que el más pobre de todos / el de los libros es. Pero es Alá, sin duda alguna, el más sabio, y está por encima de nuestra voluntad.

IV
Las últimas Historias, y dos Broches de Oro

Tras varias noches dedicadas a elevar la sabiduría, entre ellas la que trata de la polémica ya por entonces encendida y de ningún modo terminada hoy en día entre Educación y Naturaleza (Noche 942), y en que el espíritu práctico de los árabes encuentra aplicación en el servicio a la justicia (Historia del culpado inocente – Noches 946 a 948), vienen más anécdotas edificantes, alguna que otra de origen talmúdico pero la mayoría sufíes, e incluso algunos relatos que más parecen deberle a la provocada sabiduría de los comedores de Hachísch que a la de los escritores y lectores de libros. De todo hay en la viña de Alá, según se ve en la compleja y complicada historia del hijo adulterino (Noches 951 a 956, prolongada a la 972), que por cierto está en la versión de Mardrus y en ninguna otra, y por eso parece que podemos sospechar algo de su canonicidad, ya sabemos que Mardrus usó de la tradición oral de manera que podría juzgarse abusiva. Por otra parte ya pareciera que Shahrasad – o el escritor o escritora que asume su lugar y espacio -  tratase de completar un poco a la mala la cifra mágica de las Mil y Una, y no podemos culpar a los autores y/o recopiladores de intentar hacerlo un poco con calzador, que encajar historias en un rosario predeterminado no es nada fácil y requiere no solamente de talento sino de ciertas virtudes más éticas, porque las historias con las que complementar el número (o las sobrantes que hay que sacar, no lo sabemos de cierto) no pueden parecer artificiales. Pero si ya llegaste hasta aquí, lector, perdonarás que los relatos escapen algo del canon y el estilo, todos queremos ver a Shahrasad tener éxito. Y así, tras anécdotas sobre talismanes y milagros, y otros relatos por el estilo de los que ya estamos acostumbrados, llega el primero de varios broches de oro, una de las historias que más ha impresionado la imaginación de todos los pueblos en todos los tiempos: la historia de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones (Noches 980 a 989) que no, no es profecía referente a los tiempos modernos ni a la honradez de los políticos de hoy, aunque así lo parezca por analogía con las bandas que se apropian de los dineros públicos y los meten en cuentas con contraseñas más difíciles de quebrar que el Ábrete Sésamo.

Ambientada en el Fars persa, hay varios temas sugeridos a lo largo de todas las noches anteriores, aunque sintamos que algo le falta para ser compendio de todas ellas. Pero sin duda está el tema de la envidia entre los hermanos Kasim y Alí Babá, y mencionemos de paso que esta casi última historia del Libro es la primera que Peter Barnes hará narrar a Shahrasad en su película, aunque a mí no me guste que un guionista de hoy le enmiende la plana a la sin par princesa. Es verdad que el estilo narrativo denuncia autoría y estilo asaz diferentes de los que hasta ahora han presidido nuestra obra, pero nada pierden con ello las Mil y Una Noches, capaces de asimilar esto y mucho más: ¡Loado sea Alá, que hizo entrar en nuestra casa los bienes mal adquiridos por esos cuarenta bandidos (…) volviendo así lícito lo que era ilícito! ¡Es verdad que Alá es el Generoso, el Liberal! El eterno elemento del equilibrio en la Justicia está presente y le da encanto a este relato donde se trata de enseñar entre otras cosas cómo se administran los bienes de acuerdo a los preceptos del Corán. Inclúyese acá la historia de las cuarenta tinajas, cada una con su respectivo ladrón, y si esperas, lector, que te lo cuente todo, esperarás sentado, cierra mejor esta pantalla, anda al libro y léelo, ese es el verdadero tesoro escondido. Por que no son las riquezas loque cuenta en este relato sin par, sino el tesoro que hay en la lealtad y la astucia de Nuru – l – Leila, mi tercer personaje femenino preferido tras Shahrasad y el hada Pari-Banu. Gloria a Aquel que da sin cuenta a los humildes de la Tierra.

Pocas Noches quedan ya. Tras pocas historias que no desentonan, destinadas a completar número, acábase con la historia de la Princesa Deryabad (Noches 996 a 1001), metida en la de Judadad y sus hermanos, y destinada a lo que parece a dotar de prestada voz a Shahrasad: Esa desventurada princesa soy yo. Y en la conclusión final de Las Mil y Una Noches, dícese que en los intermedios de estas Historias, esos silencios a los que nos referimos Crónicas ha, en los que pasa más que en las Historias narradas, Schahrasad dióle tres hermosos hijos a Schahriar: ¡Ye Rey de los Tiempos y perla sin par de edades y épocas! Tu esclava soy y mil y una noches llevo ya contándote historias de los antiguos y ejemplos y advertencias de los que nos precedieron (…) Estos son tus hijos y por ellos pido que me eximas de la muerte odiosa (…) // Rompió el rey a llorar, al oír aquello, y, cogiendo a sus hijos, los estrechó contra su pecho, diciendo: ¡Ye Shahrasad, por Alá que antes que estos hijos vinieran al mundo ya yo te había perdonado la vida (…)!

Y esto es todo lo que ha llegado hasta nosotros sobre el origen de este libro, y Alá es sapientísimo.
 
V
Colofón

Para terminar, dos cosas: No se trata de leerse todas las Noches al destajo y de un solo queco, no es ni conveniente ni agradable. Yo me sé que desde que tengo Las Mil y Unas Noches me las leí todas seguidas solamente una vez, más bien las he releído bastante porque aguanta perfecto abrirla en cualquier parte y disfrutarla, esa es la forma de leer que se le acomoda. Y en segundo lugar te doy este enlace que he encontrado, ye lector: 

Ahora tratemos de vivir entre delicias y perfecta dicha, hasta que llegue a visitarnos la Destructora de los goces del mundo y la Constructora inexorable de sepulcros.

Selam! ¡Y la paz! 

Esta Crónica viene desde el siguiente link:
http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/08/cronicas-de-lecturas-50-las-mil-y-una.html

viernes, 16 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 50: LAS MIL Y UNA NOCHES (3)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 50
Las Mil y Una Noches (3)

I
La lengua árabe

La lengua árabe en la que se escribieron el Corán, las Mil y Una Noches y otras muchas obras es muy diferente de las romances, las germánicas y las eslavas, y posee por su cuenta algunas espeluznantes particularidades. Su disposición gráfica, vale decir lo que se ve en un texto árabe clásico nos recuerda las Biblias y otros Libros Incunables editados por Gutenberg y otros viejos editores antes de que se inventaran los signos de puntuación y otros medios de organizar las ideas, que según parece esto de los Organizadores de Ideas actuales no son más que la última expresión de una antigua y gloriosa tradición. Medio milenio de Imprenta nos acostumbró a la evolución de una tipografía que dispone hoy de divisiones por párrafos y acápites, de mayúsculas y signos de puntuación, de vocales fonéticas y otros signos auxiliares. Ni el uso de la arroba (@ - originalmente medida de peso para 100 kilos) ni el de los emoticones son precisamente novedad desde el punto de vista de la tipografía. Las delicadezas tipográfícas fueron extrañas al árabe y al hebreo, su resucitada lengua prima hermana. Ahora bien, para lo que sirve esta parafernalia de imprenta es para precisar y agudizar la comprensión lectora como una respuesta a la complicación en la decodificación. Si en las lenguas de alfabeto fonético de tipo latino o cirílico la Decodificación y la Comprensión pueden más o menos separarse como procesos, parece que aprender a leer en árabe o en hebreo implica que el proceso bicorne de DECODIFICAR / COMPRENDER hay que dominarlo a la vez. Pareciera que los alfabetos latino y cirílico pusieran muletas en las entendederas para lograr la abstrusa habilidad de leer, que no otra cosa son esas constantes anáforas y vueltas que otorgan a lo escrito en latino y cirílico un sentido que el lector árabe en árabe y el lector hebreo en hebreo no necesitaban para captar el sentido de lo escrito. Para ellos desde el mismo principio de su aprendizaje hay que pasar por la comprensión del entorno cultural metido en la escritura, y ello nos explica por qué para ingresar a la Universidad de El Cairo durante el período más brillante de la cultura árabe el único “pre-requisito” (qué palabra más horrible) era recitar el Qumrán completo, de memoria y sin errores. Se me ocurre que algo así debe pasar también con el coreano, el japonés y el chino mandarín en sus modernas versiones fonéticas.

Que este tema tiene su importancia se ve en lo que le ocurrió al pobre San Jerónimo, traductor de la famosa Vulgata Latina, y a los primeros equipos de Traductores de las Escuelas de Palermo y Bolonia cuando se les encargaba diversas partes de la Biblia y enfrentaron textos en hebreo. Motivados estaban, considerando que de su chamba dependería el texto sagrado de toda la Cristiandad por los siglos de los siglos: Estos no cantados héroes se enfrentaron cuál Roldanes y Oliveros de Cantar de Gesta a textos hebreos sin mayúsculas, ni signos de puntuación, ni vocales, párrafos ni otros apoyos a la interpretación, y se vieron obligados a ir al combate inventando sobre la marcha UNIDADES DE SENTIDO por su cuenta y riesgo: Los versículos y capítulos de la Biblia fueron el resultado, que por cierto nos complicaron la existencia a nosotros lectores al darle a las Sagradas Escrituras sentidos que de seguro no poseían en el principio. Y así se nos hace penoso recordar los motivos por las que las diferentes sectas se han asesinado y quemado entre sí, todo por el sentido de una u otra palabra o frase que nadie miró en el original hebreo, donde el problema de repente nunca fue tal a los ojos y entendederas de los dichos. Por otra parte, como en el japonés, el sánscrito y el llamado quechua imperial, hay formas cultas del árabe que no son para ser habladas sino solamente escritas. En árabe y hebreo las vocales se marcan solamente si son verdaderamente necesarias, es decir si hay riesgo concreto de confusión. En estas lenguas “lo que no se dice” tiene tanto o más peso que “lo que se dice”, lo que nos trae a las mientes ciertos pasajes del Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein acerca de lo inefable, de lo que no se puede hablar como centro atractor de lo que se habla. El contenido entre líneas está así casi manifiesto para los lectores árabes y judíos, Cuando Sir Richard Burton enfrentó esto por primera vez, trató de presentárselo a occidente de manera que los occidentales entendieran cómo funcionaba la lengua árabe, y por eso renunció a los párrafos y separaciones y tradujo, por decir así, “de corrido”, repitiendo la disposición gráfica de las letras tal como las encontró. No pudo ir tan lejos como hubiera querido, los editores de seguro no lo dejaron: Mantuvo algunos signos de puntuación y las vocales, y así aunque como edición no fue precisamente un éxito editorial, es de consulta obligada para los especialistas.     

II
Continúan las Historias, y el rol de Dunyasad

Hemos visto ya la intención apologética del Islam, siempre presente en las historias narradas por la encantadora Shahrasad. Como la Biblia, las Mil y Una Noches a veces es tolerante de otros cultos, pero siempre subsumiendo su eventual verdad dentro de la propia, como suelen hacer todas las religiones, las que aunque juzgan justos a los justos de otras religiones, los consideran “en ruta” hacia la verdad que ellos representan más fielmente que los otros. No es muy diferente esta ruta al camino de la vida que propone el Dante al principio de la Divina Comedia. Pero en demasiadas ocasiones las religiones son xenófobas e intolerantes y caricaturizan a las gentes de las otras, en esto las Mil y Una Noches no son la excepción: como en la historia de Mesrur el mercader, y su amada Sinu-L-Mauazif  (Noches 465 a 477) que deja a judíos y cristianos como gente de cuestionable e indigna conducta, en especial cuando tratan de convertir a los Verdaderosa Creyentes a su religión. La historia de Alí Nuru-D-Din y Maryem, la cinturonera (Noches 477 a 492) introduce en las relaciones interreligiosas el elemento político de la “paz armada” propia del segundo siglo de la Hechra, y el rey de Ifrancha al que se alude es sin duda Carlomagno. El nombre Maryem es árabe por María, y su apellido-adjetivo “cinturonera” (as-sonariya) un apodo que los musulmanes le encajaban a los cristianos peregrinos y a los judíos, que usaban el cinturón como parte de su indumentaria. Enredada por supuesto en la clásica historia de amor, probablemente sea una de las que más poesías contiene, particularmente en esa variedad de requiebro que los latinos de América parecemos haber heredado, y también se lee acá un verso que contradice la común creencia en la prohibición muslime a rajatabla del alcohol y que más bien nos sugiere a Omar Khayyam: Bebamos, que Alá clemente / perdona a los pecadores / y en el vino medicina / encuentro yo a mis dolores / y dizque tampoco peco, / al beber, ya que Alá dijo: / - Para el hombre, en la bebida, / se encuentra algún beneficio. Luego, como es común, vienen historias puntuales, destinadas a reforzar ciertos puntos o a relajar la tensión narrativa, incluyendo cortas fábulas como la del cuervo y la culebra (noche 495) o la de la araña y el viento (Noches 497 y 498). Una historia que sigue la misma estructura de la de As-Simbad es la de Abdu-L-Lah, el de tierra, y Abdu-L-Lah, el de Mar (Noches 509 a 511), contada antes de volver a las clásicas historias de amor y más apariciones del Califa Harunu-R-Raschid.  

El tema del Buen Amor aparece en la historia de Kamaru-S-Semán y su amada (Noches 516 a 523), que como el Kamasutra, el Ananga Ranga, el Arte de Amar, el Libro de Buen Amor, el Decamerón  y muchos otros circula entre los polos opuestos y complementarios del erotismo terrenal y el amor sublimado, donde ambos son más o menos la misma cosa vista desde diferentes ángulos. El tema familiar vuelve en la historia de Abdul-L-Lah-Ben-Fazil, Amel de Bazra, y sus dos hermanos (Noches 523 a 528). Entre las noches 528 a 533 aparece un tema nuevo en la historia de Mârufu-L-Askafi y su mujer: Las desventuras conyugales del hombre tranquilo que debe soportar a una mujer insoportable hasta que ya no la soporta, que cambia totalmente su carácter perdiendo en la ruta sus valores morales y haciendo pagar a la realidad por ello con ventaja para él. Pero como la puritana moralidad musulmana no tolera éticamente este modo de resolver el asunto, Shahrasad trata de arreglarlo sin perder el sentido del cuento, y en una solución inconsistente recurre al consabido premio por la buena acción a través de la aparición de un anillo mágico (de los muchos que aparecen en las Mil y Una Noches), que trata de usar en una suerte de compensación moral. Los objetos mágicos (anillos, lámparas, ollas) parecen servir, en las Mil y Una Noches como en otras mitologías, para compensaciones de carácter moral. Pero acá no termina el enredo de Mâruf.  Se aparece la ñora (Fatimetru-L-Urra) a enredarlo todo de nuevo, la moraleja se acompleja, y parece ser que la enseñanza moral final es que a mujeres de esta calaña solo se les apacigua con plata: (Mâruf) no hacía caso de su mujer Fatimetru-L-Urra, la cual era ya vieja y más mala y fea que nunca (…) Y dizque Mâruf, al dispensarle aquellas atenciones y honores, no lo hizo porque lo mereciera por su buen natural, sino solo buscando el agradar a Alá. Lo que es una razón como otra cualquiera para portarse como un caballero. Pero la en otras cosas hábil Shahrasad no sabe cómo recuernos salir del embrollo en que se ha metido. Hay que ganar tiempo y para eso necesita le rescate la hasta aquí silenciosa Dunyasad: ¡Ye qué sabrosas estas tus palabras, más poderosas a cautivar los corazones que las mágicas miradas! ¡Y qué interesantes y atrayentes esas tus historias peregrinas y raras! Pues no se pueden comparar – respondió Shahrasad – con la que pienso contaros la noche que viene, si vivo y el rey prolongar mis días es servido. Cosas del marketing de los cuentos, que en boca propia la alabanza misma es locura y empezamos a entender por qué Shahrazad insistió tanto en tener al lado a Dunyasad como respaldo, que sonsas no eran las hermanitas.   

III
Siguen las historias, y llegamos a Aladino

Ha llegado a mis oídos, ¡ye monarca, el bienhadado!, que Mâruf no desairó a su mujer, por amor a Alá; pero se abstuvo con ella de todo trato conyugal. Continúa la historia de Mâruf, pequeña pero central en las Mil y Una Noches con el intento de la fea y desgradable Fatimetru-L-Urra de robar el Anillo Mágico. Pero el hijo de Mâruf sorprende a la ladrona y la mata por accidente. Así las hermanitas le enseñan a Shahriar, así de pasada nomás, que es solamente Alá quien dispone el castigo de la mujer que le falta al marido, empleando para el caso justicieros al paso. Inmediatamente, para diluir el efecto de lo dicho y no tener que abundar en explicaciones, viene un rosario de historias para distraer (Historia de Baibars y de los capitanes de policía, noches 533 a 543; Algunas historias referentes a Abu-Nuás y Raschid, noches 543 a 549; y otras más). Se hace hora de retornar a la novela de caballerías y hazañas guerreras tan del gusto de los soberanos del Siglo, y así en la historia de Garib y Achib, su hermano (Noches 549 a 572) se vuelve sobre la épica de la lucha contra los politeístas, esto es los cristianos, llamados así debido a su adoración de la Trinidad, que los duros monoteístas del Islam no atracaban por nada. Además - probablemente por contagio cristiano - hay milagros de Alá y conversiones en masa a la fe de Mahoma, sea sobre él la paz. Tras algunas cortas historias se plantea un tema metafísico que siglos más tarde le quitará el sueño a René Descartes: el de la realidad y el sueño en la historia del durmiente despierto (Noches 576 a 583). Tendemos a olvidar que las preocupaciones filosóficas occidentales nacieron casi todas en el mundo árabe, y que Averroes comentó a Aristóteles mejor que Santo Tomás de Aquino. Esta historia dícese habría inspirado a Pedro Calderón de la Barca su La Vida es Sueño, así como ciertas escenas de La fierecilla domada y Sueño de una noche de verano a un tal William Shakespeare. No sabemos, tal vez sea sólo que todos los seres humanos nos preguntamos las mismas cosas. En esto como en todo, Alá es el más sabio.

Tal vez por ser este relato demasiado filosófico es que le sigue una recatafila de crudos cuentitos, como el graciosísimo y constantemente comentado pedo histórico (Noches 583 y 584) y la muy gráfica Ar-Raschid, juez de amor (Noche 585), que anteceden al ciclo de la historia de Alá-D-Din y su lámpara (Noches 587 a 603), una de las más conocidas y famosas de las Mil y Una Noches, ambientada en el Reino de Az Zin, es decir en la China, pero con su mago originario del África. Son de antonomasia los djinns (genios) de la lámpara maravillosa y el anillo mágico de esta historia, más aún porque no son solamente artilugios mágicos capaces de albergar seres que pueden hacer lo que se les pida, sino porque su posesión mejora el alma y el entendimiento de su propietario: Ala-D-Din empieza esta historia como un zafio ganapán, analfabeto y haragán; y la culminará sensato, inteligente y sensible. La lámpara es dadora de luz, el simbolismo en este caso escapa de oriente y se vuelve universal. Otro elemento es el de la elevación de los humildes sobre los doctos, tan propia del Islam y las otras religiones del cercano oriente. Pero Alá, claro, es el más sabio, y en la seguidilla de cortos cuentos que sigue recurre a argumentos anteriores y a otros nuevos, pasando por la historia de Parisad y sus hermanos (Noches 640 a 651) de origen persa, historia caballeresca con una princesa de protagonista; por las llaves del sino (Noches 652 a 660); por la historia de la princesa Nuru-N-Nehar y de la bella Pari-Banu (Noches 660 a 673), y debo confesar que fuera de Shahrasad, es esta hermosa y justiciera hada Pari-Banu mi personaje femenino preferido de Las Mil y Una Noches. Hecha la ruborizada confesión, henos en la historia de la princesa Zuleika (Noches 673 a 681); la de Ataf el generoso (Noches 681 a 695); y dos conjuntos sucesivos de anécdotas atribuidas a personajes populares: El Quevedo de Oriente, Abu-Nuás, mencionado antes, y el famoso Choja, padre de los chistes y los donaires que abarca de la Noche 695 a la 700.       

IV
Y más Historias todavía

Tras la historia de Alí Jocha y el tarro de aceitunas (Noches 700 a 703), popular en las versiones infantiles de las Mil y Una Noches; sigue la del caballo mágico (Noches 703 a 710) pariente del Caballo de Troya y del famoso Clavijo del Quijote; la historia prodigiosa del espejo de las vírgenes (Noches 710 a 717), adminículo que permite averiguar si conserva o no su virginidad la dama que en él se observe. Tras éstas vienen algunas historias cortas de amores infelices y de los otros, incluyendo la historia de la treta que urdió una mujer contra su marido (Noche 722), francamente rabelesiana. Destaca por otras razones la corta historia del ángel de la muerte y el rey de los Beni-Israil o Hijos de Israel (Noches 726 y 727), de origen talmúdico, que presenta al ángel Asrail, el que recoge las almas de los que van a morir, junto con puntos teológicos sobre lo irrevocable de los plazos y la suerte de los tibios e indiferentes en materia religiosa. La princesa mendiga (Noche 735) relata un episodio histórico de las guerras civiles entre Omeyas y Abbasíes, en que una princesa destronada ruega patético amparo a los vencedores. Siguen anécdotas sobre los tacaños, las marrullerías de las mujeres casadas, y en medio una Noche completa (la 739) dedicada a los versos, y para muestra un botón: Si me tildas de imperfecto / te lo agradezco de veras, / pues con ello me aseveras / que no soy sino perfecto. Otro tremendo y dramático episodio histórico se narra en la historia del fin de Chafar, el Visir, y de todos los Beni-Barmek (Noches 744 a 754, incluyendo otras relacionadas), horrenda masacre ordenada por el Califa Harún sobre la familia de su Gran Visir. La fatalidad del amor y la intensidad de los sentimientos – que causa desmayos y desvanecimientos en los enamorados, y eventualmente la muerte, como en esta historia – aparecen en la historia de las tres esclavas (Noches 755 a 757). Luego vienen otras historias y anécdotas de ebrios, para continuar con las apreciadas seguidillas de relatos en la historia de Al-Maliku-N-Nazir y los tres capitanes de la guardia, el cairota, el bulakí y el kurdo (Noches 765 a 770). Vienen historias de amor y de rivalidades entre sirios y egipcios, en que los segundos le toman el pelo a los primeros, más otro cuento rabelesiano, el chico terco y su hermana, la del pie pequeño (Noches 778 a 780).

Un original género literario árabe, la munazira, surge en este punto – aunque ya se vio antes esporádicamente – en la disputa que entre sí tuvieron el cirio y el vino (Noches 788 a 790). La munazira es una polémica, justa o competencia poética entre dos o más rivales, que se disputan un premio y para ello recurrirán a sus mejores galas retóricas. Parece anteceder de algún modo los toasts anglosajones en los que era tan experto Mark Twain, como las competencias musicales o de baile donde se aprecia la capacidad de improvisación, como por cierto la Impro de nuestros días. Otras munaziras enfrentan al aceite y la carne, y a los árabes de ciudad y los beduinos, esta última presenta interés incluso histórico y sociológico. Siguen más historias edificantes de carácter apologético religioso y también histórico; así como anécdotas donosas que involucran al famoso personaje Choja. Por acá se distinguen historias de origen sufí, como la del profeta y la justicia de la providencia (Noches 801 y 802), la del barquero del Nilo y el Santo (Noche 803). A estas alturas del partido, parece que a la encantadora Shahrasad se le están acabando los argumentos, y el rey Shahriar no parece que caerá dos veces en la maniobra de distracción de Dunyasad. La bella narradora recurre entonces a la historia antigua, y hasta se sale del Islam, con Iskander y el rey del pueblo de los humildes (Noches 806 y 807). Iskander el bicorne es el nombre que llevó en el Oriente el Rey Alejandro el Grande de Macedonia, y el que anécdotas suyas se filtraran hasta a las Mil y Una Noches atestiguan su inmenso impacto histórico. Destaca en esta Noche en particular un episodio que involucra calaveras, que según parece William Shakespeare podría haber copiado para Hamlet.

(PARÉNTESIS: Encontré que entre Nicolai Rimsky-Korsakov, el Ballet Kirov y los bailarines Farukh Ruzimátov y Svetlana Zakhárova se perpetraron en el 2002 esto:  http://www.youtube.com/watch?v=CpE_pCHVBR4&list=PL3AD77B0D25EFBBC8 )

V
Colofón


Corro a todo meter para que no me ganen las Mil y Una Noches. Y sí parece que les gano, pero mejor no canto victoria antes de acabar. Algunas historias como las de Aladino y la de Simbad fueron apartadas del corpus de las Mil y Una Noches, y dieron lugar a ediciones aparte de libros, por su extensión vinculados a otros cuentos, e incluso han aparecido películas de aventuras y hasta serie de TV con un Simbad nada parecido al original. Las versiones para niños suelen ser más conocidas, y tienen  la virtud de mostrarte el personaje y la obra, pero así y todo prefiero recomendar la lectura del original para saber qué se incluyó y qué no. Aprovecho sí para quejarme amargamente de la irregular invasión perpetrada por Disney con esa cosa en animación de Aladdín, y su muy artificial personaje la princesa Jazmín, que no le hace justicia a ninguna de las princesas de las Noches Árabes. En fin, lee y ve lo que quieras, no seré yo quien te lo critique. Ya vuelvo con la última parte de estas Crónicas, si Alá quiere. 

Viene de Las Mil y Una Noches (2) en el link:  

miércoles, 14 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 49: LAS MIL Y UNA NOCHES (2)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 49
Las Mil Noches y una Noche (2)

I
Las Visiones del Pasado

En pocas cosas como en Las Mil y Una Noches se puede distinguir mejor los resultados de la ambigüedad, la neblina y las mezclas, mezcolanzas y combinaciones que el tiempo opera sobre las obras literarias. En mi fuero de profesor de Historia distingo el pasado como una suerte de pantalla bidimensional, a despecho de las posibilidades que otorga la visión binocular propia de nosotros los primates. Pero la mente no ve igual que los ojos, no vemos el Pasado sino la Visión del Pasado, los sucesos difuminan sus contornos con el tiempo, se entremezclan en la distancia, para verlos bien necesitamos acortar la distancia, precisamente lo que no podemos hacer desde que el tiempo se nos da unidireccional y unidimensional, lo que significa que lo que ganamos en perspectiva lo perdemos en resolución y, como en los cuadros de Seurat, vemos verde lo que es azul y amarillo yuxtapuestos. Cuando miramos hacia el pasado entra así en acción una suerte de principio de indeterminación: Que un recuerdo se nos vuelva Historia implica que pierde ángulos y aristas, y hasta del rostro más querido nos quedará sólo la sensación de la mirada y quien sabe un arqueo de cejas. Renunciamos a la exactitud del pasado, porque para decir la historia no precisamos de exactitud, y así me quedo con lo que me quedo, a veces a punta de las razones aquellas que la razón no comprende. Y es así también con los pueblos, la literatura, las consejas, la múltiple personalidad colectiva. Imaginemos una Historia cualquiera, digamos la de As-Simbad, o la de Alí Babá, no nos interesa conservar de ellas la dirección del viento o la estructura social de Bagdad. Marineros y leñadores ha habido desde el principio del tiempo, la mayoría de ellos vivió vidas anodinas y vacías, o murieron “antes” y no quedó nada qué evocar de ellos. El rostro que evocamos lo evocamos “como queremos”. Tal vez para nosotros el rostro de los incontables leñadores y marineros sean los de Alí Babá y de As-Simbad.

Por eso entiendo a ese médico sirio Mardrus, que aunque escribe y publica en francés, piensa y siente las Mil y Una Noches en árabe y por eso siente que es pertinente – y algo fraudulento quizá, pero qué importa – “mejorar” las Historias de los manuscritos apelando a la tradición oral que escucha en los puertos, tabernas, calles y zocos de Oriente. Por eso entiendo al grande Richard Burton, genial viajero británico, cuya ruta vital me produce envidia (no soy el único, el autor de Ciencia Ficción Philip José Farmer lo convierte en un personaje principal de Mundo Río y sus secuelas) cuando declara con suficiencia haberlo visto y oído todo. Y por eso entiendo también al primero de todos, al diplomático Galland, que fue el que se trajo las Mil y Unas Noches a Occidente, empezando por Francia, allá en el Siglo XVIII. Y como la visión de las cosas hoy en día suele ser dependiente de la cultura de la pantalla en la que vivimos, es permitido hacernos imágenes, que se plasman en un ecran: La muy larga película Las Mil y Una Noches Árabes (Link:  https://www.youtube.com/watch?v=TAlYSO-iR_U ) de Steve Barron con un guión algo desmayado y “modernizado” de Peter Barnes, y la actuación de Alan Bates y Tcheky Karyo; tiene como aporte el mostrar la tensión del desequilibrio mental del monarca, y una Shahrasad quizá más parecida a una princesa del Medievo europeo, pero en fin. Hay, por otra parte, una obra fílmica muy personal dirigida y escrita por Pier Paolo Pasolini, Las Mil y Una Noches, que me gusta mucho más aun siendo mucho menos ambiciosa, y es que tal vez está más pegada a una lectura personal del universo cultural árabe, y la sensibilidad de Pasolini hace las cosas más fáciles: Su link es el siguiente: https://www.youtube.com/watch?v=BSeN3DO0heE. Suerte, y recuerda que ni este libro en su original ni las películas son para niños. Y que Alá te acompañe.

II
Más Historias de las Mil y Una Noches

Me había quedado cuadrado en las primeras cien Noches. Sigo: La triste y patética historia de Asís y Asisa (noches 104 a 120) se ha reproducido por fuera de las Mil y Una Noches incontables veces. Asisa no sería muy popular hoy día, pues representa el amor incondicional y no correspondido, pues el tal Asis es una bala perdida, y el eterno perdón que le acuerda Asisa no solamente no se lo merece, se merece todo lo malo que le pase. Hoy en día Asisa no recibiría felicitaciones, más bien se la acusaría de masoquista. Sin embargo esta es una historia de amor incondicional como hay pocas, de sacrificio y generosidad sin límites. Nos podemos consolar, menos mal, pensando que Asís terminará de eunuco, llorando la ausencia de Asisa como de aquello que a los varones nos hace sentir inmerecido orgullo. Siguen historias más reilonas, simples y relajadas, como para atemperar el patetismo de la historia de Asís y Asisa, cortas fábulas de animales e historias de ermitaños. Más amores contrariados por diversos motivos siguen en la historia de Alí-Ben-Bekkar y Schemsu-N-Nehar (noches 138 a 147) y la historia del Rey Kamaru - S – Semán y del rey Scharahmán (noches 148 a 176). Hay cierta gradación, por poco que se mire, en las Mil y Unas Noches, que nos hace saber que su canon original – si alguno tuviera – ha debido estar ordenado un poco al estilo de la antigua literatura de la India, en la que puede reconocérsele un antecedente. Nos preguntamos cómo habrá sido esta obra antes que sus divulgadores hayan metido mano en ella. En fin. Continúan las historias de amores contrariados por la separación o la pasión desenfrenada de los príncipes según esquemas clásicos, como la de Nam y Nima  (Noches 176 a 184), y Alá – D – Din Abu-Schamat (Noche 184 a 201). No confundir a este Aladino con el Aladino clásico de la lámpara, que ya llegará. Los nombres árabes merecen mención, todos tienen significados acordes a las historias que se cuentan, y por cierto ni más ni menos que en castellano, con la salvedad que nosotros nos hemos olvidado que Fortunato es afortunado o los significados de nombres como Diosdado, Félix o Adolfo. Alá – D – Din significa, por ejemplo, Excelsitud de la Fe.

A manera de puntuación entre historias de gran extensión podemos encontrar digresiones históricas, ya vimos antes que también fábulas o cuentos más o menos estereotipados, lo que obedecería a la intención del autor de indicar cómo Shahrasad le cambiaba los temas a Shahriar de acuerdo a sus cambios de humor, u obedeciendo a la lógica de la curación del alma. Tampoco es de olvidar que el telón de fondo de estas historias es la amenaza de muerte que pende sobre el cuello de Shahrasad al momento que se le acabe la inventiva, lo que nos da una idea de cómo la intriga se podía instalar en las Noches Árabes. Y así encontramos incluso referencias a la conquista de España (noches 202 y 203 – historia referente a algunas ciudades del Al-Andalus, que conquistó Tarik-ben-Siyad) y la reaparición del andariego Califa Harunu-R-Raschid en las noches 204 a 208 con historias de proverbial justicia y con las acostumbradas historias dentro de historias, que alejan el cuello de Shahrasad del alfanje del verdugo y que sirven a la hermosa cuentacuentos a modo de contra-transferencia espetada a Shahriar: Sólo moriré a tus manos si Alá así lo dispone. Este fondo de Fe fatalista está presente en historias como la de Abu-Mohammed –L – Kaslas y Ar-Raschid (noches 211 a 218), como en el convencimiento de que nada le está vedado al poder de Alá, incluso el cambio de sexo para que la esclava Sumurrud pueda ser rey en país exótico, un cambio de roles no muy sutil con el amado (Noches 218 a 229 – historia de Alí Schar con Sumurrud la esclava), que da pie a graciosos intercambios verbales, llenos de alusiones poéticas picarescas. Caprichos de mujeres en la historia de Budur, la hija del joyero (Noches 229 a 234) y la historia de las jóvenes de diferente color (Noches 234 a 238) parecen sentar derechos para las mujeres, aunque es fácil imaginar el entrecejo fruncido del misógino monarca, con lo que Shahrasad tórnase a las pecadoras mujeres de Mizr (Egipto), famosas por su promiscuidad y lascivia, como diciendo que después de todo las hay peores, como en la historia de Uardán el carnicero (noches 238 y 239), la de la Incontinencia en la mujer y el modo de curarla (Noches 239 y 240) y la más sutil y romántica de Anisu-L-Uchud (Noches 249 a 258).

III
La Poesía de los Árabes

Vale la pena detenernos unos segundos en la muchísima poesía suelta por las Mil y Una Noches. No parece sino que los árabes, así en general, buscaban el momento para intercalar versos en toda conversación cotidiana sobre cualquier tema, y tal momento era todo el tiempo, tanto en los palacios donde se producía la carrera de ratas de la cortesanía; como en las calles, zocos, plazas y hogares más humildes. Todo el mundo hace poesía, todo el mundo versifica, porque la lengua árabe parece prestarse particularmente a dicha posibilidad. Las poderosas raíces orales de la tradición poética fomentan la improvisación, quizá un tanto más que todas las demás poesías del mundo. Después de todo, lo que nos gusta de la poesía es que suene bonito. Aún traducida la poesía árabe posee un sonido particular, tal vez por los siglos que árabes y castellanos convivimos como hermanos enemigos: De unos ojos hirióme / la aguda flecha / y desde entonces tengo / yo el alma enferma / Yo no pensaba / que amor matar pudiera / con la mirada (Noche 140) o también Oró y su oración fue oída; / perdonó Alá al pecador/ y que su gracia le daba / claramente le mostró / al enviarle la muerte / según ella le pidió (Noche 886). Ocho siglos de convivencia de moros y cristianos no es moco de pavo, algo se contagiaron unos a otros, el romance español no salió del aire. Y que con la poesía se puede también contar historias, se ve en esta deliciosa historia de amor de dos niños en una de las escuelitas que en el mundo árabe impartían las primeras letras: véase la noche 544, la historia de los dos parvulillos enamorados, donde él escribe en una tablilla que le muestra a ella: ¿Qué dirías tú de quién peligro corre / de morir por la fuerza de su amor?; y ella – una esclavita - le responde escribiendo del mismo modo: Si a un amante verdadero / por su amor vemos sufrir /  forzoso es correspondamos / a sus ansias con un sí. Claro que aquí el maestro de escuela al revisar la tablilla mete la cuchara y escribe en la misma: A tu amante consuela y sus temores / disipa, pues lo ampara la locura / dile que nada tema del maestro / que antes que él pasó por su amargura. Por último, en este diálogo escrito se mete el amo de la esclavita, que al leer la dicha, saca la pluma y añade de su coleto: ¡Que Alá os perdone y os una / como vuestro amor merece! / Pero ¡hay que ver el maestro / qué grandísimo alcahuete!  

La poesía árabe es muy antigua, las antiguas mohalalas del santuario (moal-lakats), que menciona Jorge Luis Borges en sus cuentos son de origen preislámico, y se escribían en los tapices que rodeaban la Piedra Kaaba desde mucho antes que ésta se dedicara en exclusiva a Alá, el Clemente, el Misericordioso. Los árabes guardaron así la obra de sus grandes poetas del tiempo de la ignorancia (anterior al conocimiento de Alá que el Profeta Mahoma, Bendito sea su Nombre, llevó a los Verdaderos Creyentes). Los temas son clásicos: El amor en todas sus etapas, el ardor guerrero, la pasión que despierta el conocimiento y adoración del Dios Único, la separación nostálgica y la ausencia de la ciudad y la tierra natal, que en toda la poesía y en todos los poemas hay siempre un sutil, o no tanto, recordatorio del maktub, el famoso fatalismo árabe. También los estudiosos distinguen, en especial en la poesía miliunanochesca más elegante y elaborada, el poderoso influjo de otra raza de poetas, la de los persas, que no por nada tienen para poner en la cancha a Firdusi y Khayyam. No parece que en el árabe exista rima externa, y aunque hay pocas cosas en las que sea yo mismo tan lamentable y profundamente ignorante, según me parece – y puedo estar muy equivocado - toda rima en árabe es interior, es decir, depende más de la métrica y del ritmo que de la repetición de ciertos sonidos ubicados en ciertos sectores de la oración, como nuestra rima. El apogeo poético árabe corresponde al florecimiento de los califatos abasí y omeya, en los primeros siglos de la Hechra, en particular durante el reinado y gobierno de nuestro ya conocido Califa Harunu-R-Raschid.    

IV
Continúan las historias: As-Simbad y más

Hemos visto ya que las historias parecen tener un cierto sentido, que fácilmente se indistingue o cambia según los compiladores. Entre los grandes ciclos de cuentos referidos a temas y personajes determinados hay historias cortas, algunas muy notables, como la del prior del convento que se volvió musulmán (noches 265 y 266), que evidencia la potencia misionera y catequista del Islam en el entorno de religiones cruzadas del Creciente Fértil, en el cambio de nombre del prior del Convento de Diru-L-Anwar (Convento de las Luces) de Abdu-L-Mesij (Siervo del Mesías) a Abdu-L-Lah (Siervo de Alá). La historia de Tauaddud, la esclava (noches 269 a 280) parece ser un recordatorio a Shahriar que las mujeres pueden ser hermosas e inteligentes, y a la vez leales y sinceras. Un conjunto de cortas historias edificantes un poco al estilo del Talmud, de quien algo se inspira, puntúan esta parte antes de la historia de Chanischah (Noches 295 a 316) donde tras el realismo de las historias pasadas se equilibra la cosa con una fantasía desaforada de princesas-pájaro y más fauna fantástica relacionada con las historias de caballería, que será Introducción al ciclo de historias de As-Simbad, el Marino (noches 317 a 334), donde se compara el diferente sino de dos hombres que comparten el nombre As-Simbad, uno pobre cargador de puerto y el otro marino enriquecido. El cargador laméntase de su suerte de manera forzadamente ortodoxa, y por supuesto en verso: Oh, qué diferencia va / de mí a aquel que, dichoso, / se solaza entre delicias / y vive en completo ocio / (…) / ¿Por qué, si de barro Alá / sin distinción hizo a todos, / ha de haber diferencia / contraste tan asombroso / entre criatura y criatura / (…) / Pero, en fin, cierra tu boca; / póstrate ante Alá, piadoso / que Alá es justo y es sabio / y es equitativo en todo. El Marino le hace llamar y le pide recite de nuevo el verso (No te avergüences, hermano) y luego cuenta su historia y la de sus Siete Viajes, pues lo cierto es que antes de llegar a este lugar hube de pasar muchos trabajos y de verme en grandes aprietos, apuros y sobresaltos. Y aquí te lo dejo, lector, anda a las Mil y Una Noches y léelo, que las historias de Simbad que leímos de niños, y los filmes que se le han hecho no le hacen nada de justicia a la narración original.

Comntinúanse las historias inspiradas en el Talmud y la figura de Soleimán (Salomón) y los genios encerrados en botellas (noches 335 a 343), y de vuelta las historias que tratan de engaños y marrullerías de las mujeres (Noches 344 a 365), como para equilibrar lo anterior. No podemos menos que admirar el tira-y-afloja narrativo, el equilibrio que Shahrasad impone, porque, ¿quién mejor que la encantadora cuentacuentos para narrar las marrullerías femeninas y sacarles ortodoxa moraleja? La princesa, sin embargo, se mueve rápido, y antes de fomentar siquiera la sombra de una idea homicida en su misógino y real marido, lo deriva a los problemas familiares (historia de Chúder, el hijo del mercader Omar, y sus dos hermanos, Noches 365 a 380) y de vuelta a los cortos cuentos de amor romántico, algo al estilo de los del posterior Decamerón de Boccaccio, como para introducir la picaresca de Ahmedu-D-Danaf y Hasán Schumán con Dalila, la ladina y Seineb, la trapisondista, su hija (Noches 387 a 405). El problema que afronta Shahrasad es el de las moralejas y enseñanzas de sus historias,no siempre convenientes, y por eso de cuando en vez es bueno darse un baño fantasioso, en especial si se roza lo escandaloso y hay ropa tendida. Así, en las noches 406 a 421 (historia del casamiento del rey Bedr Basim Ben-Scharahmán con la hija del rey Samandal) y 422 a 437 (Historia del príncipe Sefu-L-Muluk y Bedîetu-Ch-Chemal) tienen lugar amores entre personas y seres marinos fantásticos al estilo de las sirenas occidentales, por supuesto enredados en historias de caballeros andantes. El estilo épico, siempre sugerido, a veces se hace cargo de la historia, como en el ciclo de Hasán, el joyero de Bazra (Noches 437 a 465), en el que confluyen, al decir de recopiladores y expertos, viejas tradiciones persas y sánscritas de cierta semejanza con los viajes de As-Simbad, aunque éste se circunscribe a la geografía real, y Hasán más bien a una de fábula, donde destacan las islas de Al-Uaku-L-UIak, que se dice serían al archipiélago japonés, donde viven las mujeres-cisne. Y en este punto: ¡Loado sea Alá, que posee el reino y la realeza y vive eternamente y perdura y no muere!    

V
Colofón

Como decía, estas Crónicas Miliunanochescas me dan un delicioso trabajo que hasta ahora no lamento para nada.Ya sabes, lee lo que quieras: Ya llega, ya viene … la Crónica que sigue.


Viene de Las Mil y Una Noches (1) en el link:

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jueves, 8 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 48: LAS MIL Y UNA NOCHES (1)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 48
Las Mil Noches y Una Noche (1)

En el nombre de Alá, 
el Clemente, el Misericordioso.

I
Contar Cuentos

A mí siempre me ha gustado contar y actuar los cuentos e historias, cantar canciones de cuna y más que eso. He sido feliz haciéndolo con mis hijos, he dictado mis clases como si fueran narrativas y creo que a veces he tenido éxito con mis alumnos, en cualquier caso lo he disfrutado y me he fabricado así frondosos recuerdos que me acompañarán hasta el día que le luzca el pelo a la que deshace las reuniones. Estos últimos años he vuelto a ser feliz leyendo cuentos con mi hija. Y como en nada somos los primeros en este mundo cochino y como todo está dicho - aunque todo esté para volver a ser dicho - pues en esto de contar cuentos e historias se me adelantaron todas las culturas de todas las generaciones de seres humanos. Es que los cuentos no se han fabricado para los niños, aunque por supuesto para ellos también, tampoco me tomen los rábanos por las hojas. Lo cierto es que narrar cuentos e historias satisface una profunda necesidad del ser humano. La oralidad es poderosa, y lo creado para ser contado en las hogueras de los campamentos y los dormitorios de las chozas se convierte en escrito, menos mal. Entre los cuentos e historias que han hecho el gasto los últimos diez mil años de la existencia humana están los que se recopilaron para formar las famosísimas Mil y Una Noches. Esta obra es en definitiva un clásico, pero hay que pensarla como una obra viva, pues la oralidad en ella es tan evidente, que incluso uno de sus recopiladores / traductores (Mardrus) le añadió con toda la del buey cuentos e historias escuchados por él en las barberías y zocos de Damasco. Pero también contiene algunas paradojas: No podemos fechar con exactitud la antigüedad de las Mil y Una Noches, dada la cantidad de versiones que tiene, y el número de cuentos e historias incluidas o no incluidas según la versión. Lo único evidente es que muchas de estas historias son arcaicas. Y aunque tiene un notable sustrato Islámico, hay orígenes de los cuentos y escenarios establecidos en todo el mundo musulmán y más allá: Egipto, China, la India, Persia, Siria, Rum, etcétera.

A pesar de su origen oral y sus grandes indeterminaciones, hay en las Mil y Una Noches una suerte de impersonalidad objetiva, una manera de contar que está ahí y a la vez tiene demasiada dignidad para decir que está ahí, muy análoga a la de otras grandes obras literarias como la Ilíada, la Odisea, el Mahabharata, el Ramayana, los Eddas, el Quijote, el Fausto, la Divina Comedia, etcétera; que nos da la sensación a nosotros, lectores modernos, de haber en la colada un solo autor o cuando menos un solo criterio para determinar qué está y qué no está en la obra. Por otra parte, las Mil y Una Noches no constituyen una narración continua al estilo de los Poemas Homéricos, donde se puede discernir una suerte de linealidad por encima de los eventos narrados. Tiene más semejanzas con la Biblia, que pertenece a la misma tradición oriental, en el sentido que es más abigarrada, a-lineal, arrejuntada. Y sin embargo posee más coherencia que la misma Biblia, dada su estructura narrativa de principio y final, y al hecho incontrovertible que allí donde la Biblia es un montón de libros, las Mil y Una Noches es uno solo, como el Corán. A semejanza del libro de Job y algún otro, la pequeña Historia original de Shahriar y Sheherezada se partió en dos para colocar en medio mucho más contenido. A diferencia de la Biblia y sus diversas lenguas (Hebreos, Griegos, Arameo, etcétera), las Mil y Una Noche están escritas en árabe de punta a cabo, y además son completamente islámicas y mahometanas todo el tiempo (Pero Alá es el más sabio). Por otra parte los cuatro estilos retóricos del idioma árabe están presentes, aunque es el llano (transliterado sazich) el que predomina casi absolutamente, reservándose los otros a efectos muy particulares. Es, pues, por esta y por muchas otras razones que trataremos de dilucidar en esta y otras Crónicas, una obra de origen, desarrollo y final popular, y aparecerán en ella Nobles, Califas, Sultanes, Princesas, Efrits, junto a barberos, cargadores de bultos, vendedores de dátiles, leñadores, marineros, pastores, comerciantes, peregrinos a La Meca, domesticadores de monos y demás fauna humana.

Para información de mis lectores, la edición que empleo es la mexicana de 1989 de Aguilar, traducción y notas de R. Cancinos Assens; primera edición de 1955, de donde extraeré las citas, salvo que se diga lo contrario.    

II
La anécdota de las Mil Noches y Una Noches

Apenas encuentro que la palabra anécdota sea descriptiva para contar el drama que da cuerpo y estructura a esta monumental recopilación de historias de tantos y diversos tipos y procedencias. El drama es común y terrible, más terrible aún porque es común: La infidelidad. El Rey del Siglo (expresión miliunanochesca para diferenciar a Alá – soberano de la eternidad - de los reyes mundanos) Shahriar es un monarca justo y equitativo, caballero valiente y leal, pero ingenuo y caído del palto, que por tener babuchas cree que el suelo es de cuero, debido a su crianza – de él y de su hermano menor, el rey Shahsemán – en el artificial ambiente cortesano. Ambos descubren la realidad de la vida al enterarse de la infidelidad de sus respectivas esposas, que por supuesto, y para variar, son los últimos en enterarse. Shahsemán es el primero: … acordóse el soberano de una cosa que dejara en su palacio olvidada, y tornóse allá, y al llegar, encontróse a su esposa tumbada en el lecho, abrazada al cuello de un esclavo negro de entre los esclavos, y al ver ello ennegrecióse el mundo ante los ojos del soberano. Tras asesinar al negro y la esposa, visita a su hermano Shahriar, pero es obvio que está triste y amargado, y no es para menos con su mundo destruido y sus ingenuas creencias hechas trizas. Además y para colmo, Shahsemán descubre las orgías que su cuñada organiza a espaldas de su marido, y con el consabido esclavo negro. Encuentra Shahsemán cierto consuelo al percatarse que no es el único portador de tupida cornamenta, y al insistir Shahriar en por qué el semblante adusto y melancólico cambió repentinamente, Shahsemán le suelta el bombazo. Convencido por sus propios ojos, voló su razón de su cabeza y  decidieron los dos hermanos correr los caminos, y ver si somos los únicos a los que tal percance les ocurrió en el mundo. Pues si así fuere, preferible a la vida sería nuestra muerte. Quizá algo exagerada la reacción, pero es comprensible. En la ruta hallan un Efrit o Genio a la que su prisionera le saca la vuelta exactamente por 572 veces (llevaba la cuenta la pelandusca en cuestión), contando a ambos hermanos con los que yace bajo amenaza, y planteando, eso sí, sus razones: Este efrit me raptó la noche misma de mi boda (…) Y ha de aprender que las hembras de mi laya, cuando quieren una cosa, no las detiene nada. Lección que más vale que asumamos nosotros, los que gastamos barba. 

Vuelven los hermanos al reino de Shahriar, éste ejecuta a su esposa, al negro y a todos los complicados en las orgías, que eran bastantes. Y desde entonces solía Shahriar, cuando tomaba esposa virgen y le arrebataba su virginidad, matarla aquella misma noche sin aguardar a la mañana. En este plan estuvo tres años, con serio riesgo de despoblar su reino pues empezó a clamar la gente y a huir de la ciudad llevándose sus hijas. Y por supuesto el gobierno andaba en desbarajuste pues su cabeza misma está desequilibrada. Shahriar se ha convertido en un monstruo de venganza, en un déspota sanguinario. ¿Qué otra cosa puede hacer en estas circunstancias? No puede aceptar la vida como es, no perdona debilidades, y trata de recuperar la confianza en sí mismo – de esto se trata todo - impidiendo a sus esposas la infidelidad por la vía directa. Y al no haber muchas más damas disponibles, precisamente, le encarga a su Visir la chamba de alcahuete. Entra así Shahrasad o Sheherezada, hija del Visir, en escena. Y es una joven sabia y hermosa y valiente (En la Biblia hubiera sido el epítome de la mujer fuerte, ¿quién la hallará?): Por Alá, padre mío, cásame con el rey y a fe que moriré o serviré de rescate para las hijas de los mahometanos y las libraré de entre sus manos. Por supuesto, por poco que lo pensemos, vemos que los planes de Shahrasad combinan los de las heroínas judías Judith y Ester, que la niña no es ninguna boba, y contempla todas las posibilidades, incluso la de matar al rey, lo que no pasará porque el rey no es en verdad malvado, sólo está enfermo de misoginia y debe ser curado. Y con la complicidad de su ligeramente descocada hermana menor Dunyasad, Sharasad empieza a contarle cuentos a ésta y al rey, que sin darse cuenta se interesa en la continuación y pospone la ejecución de su esposa todos los días, pues ésta lo deja siempre con la miel en la boca y con la yuca adentro. Ella contará cuentos por más de mil noches … y estas inocentes historias resultan ser la terapia que devolverá la vida al triste y melancólico soberano, la belleza y la esperanza y la ilusión del amor. Alá, efectivamente, es el que más sabe, pero ¿qué más podemos nosotros, los mercaderes del zoco, decir de Shahrasad, la heroína del pueblo, la salvadora de las mujeres, la amante deliciosa, la elocuente cuentacuentos …? ¿Por qué, ye Alá, el Piadoso, el Apiadable, no has puesto en tu sabiduría una hembra así al lado de cada estúpido varón con que poblaste este mundo …?

La admiración que despierta la hermosa y sabia Shahrasad no es solamente literaria. El ruso Rimsky-Korzakov le compuso el poema sinfónico Sheherezada, en la que el violín la representa:

III
El Libro de las Mil y Una Noches: 
Lo que se dice y lo que se calla

El de los conocimientos maravillosos y las historias entretenidas, peregrinas. Las cuales noches añaden curiosidad a curiosidad y ofrecen descripciones de amor y pasión y locura de amor. Y contienen historias y rarezas amenas y divertidas y graciosas, adornadas con figuras sorprendentes nuevas, de lo más nuevo que haber pueda, y panoramas prodigiosos de los prodigios de los tiempos. Esta es la traducción castellana literal de la edición de Bulaq, y tratar de reproducir o siquiera contar en el corto espacio de unas Crónicas toda la riqueza de las Mil y Una Noches es ciertamente locura y hace que me pregunte seriamente sobre mi equilibrio mental. Trataremos solamente de presentar algunas de las partes y rasgos que definen esta gran obra. Y empezaremos con el hecho que las historias de Shahrasad se engranan siempre con palabras más o menos estereotipadas, del tipo Ha llegado a mis oídos, ye monarca, el afortunado, que había una vez … y así arranca una historia que puede durar menos de una noche, o tal vez treinta o cuarenta, con añadidos e intromisiones y según el humor del soberano y la sapiencia de la princesa. Pero todas tienen en común que Shahrasad las dejará inconclusas en la mejor parte, a la manera de un serial de cine de barrio o incluso de un coitus interruptus, y creo que no es posible encontrar mejor metáfora para esto: Sorprendió aquí a Shahrasad la mañana y atajó el flujo de sus desbordantes palabras. Y es que en el proceso de curación del misógino soberano este tema del coitus interruptus tiene mucha más importancia de lo que parece. No haremos psicoanálisis barato, digamos que el monarca recupera la sensación de la maravilla que trata de ahogar en sangre de vírgenes. Imaginamos a toda la ciudad aguantando la respiración cada noche, en especial a las mujeres núbiles y casaderas, y sus familias, rezando a Alá el Clemente, el Misericordioso para que a la princesa no se le agote el flujo de sus desbordantes palabras y pueda asegurarles a las mocitas de la ciudad, a sus padres y madres y hermanos, un día más de respiro, un día más de tranquilidad.

Tras cada historia de las Mil y Una Noches no hay pues solamente una historia y nada más, sino el testimonio del sordo drama que se desarrolla en las plazas públicas de la atribulada ciudad tanto como en la intimidad de la alcoba del rey y la princesa, una sutil tensión hecha de silencios interrumpidos con las historias narradas por Sharasad a Dunyasad y de costado al rey. Es una tensión que se respira fuerte al principio y que se olvida con facilidad tras las primeras noches, por el interés de las historias y las mecánicas repeticiones de los lugares comunes de Shahrasad, destinadas a tranquilizar al rey y recuperar su confianza. Pero lo cierto es que todos caminan en la cuerda floja, y una risa fácil, un exceso de confianza, un comentario fuera de lugar, una alusión descuidada, una falta de astucia podrían culminar en el reinicio del baño de sangre, con consecuencias imprevisibles;  y esa tensión está presente a todo lo largo de todas y cada una de las noches de las Mil y Una Noches. Es esta una situación que las versiones que por lo general nos han familiarizado con esta obra pasan por alto completamente. Ha pasado con las Mil y Una Noches como con Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, que han sobrevivido en su componente infantil y maravilloso: la anécdota mágica, los califas, los genios, las lámparas maravillosas, las alfombras voladoras, el ábrete sésamo y todo ese artificial y hollywoodense exotismo oriental de película de los años ´40. Digamos pues que esta terapia que Shahrasad le aplica al rey tiene su sentido profundo en cada cuento y poema que narra, y trataremos en adelante de ver esa magia en acción.          

IV        
El Libro de las Mil y Una Noches: 
Las primeras Historias

Empiezan las historias con el cuento del mercader y el efrit (Noches 1 y 2) y de cómo tres scheiks (jeques) rescatan la sangre del mercader al contar sendas e interesantes historias que proporcionan solaz y alegría … a cambio de la vida del susodicho. Estos efrit, ifrit, afarit, alifrit e incluso djinn o chinn, son lo que en occidente llamamos Genios, es decir una suerte de espíritus mitológicos, dotados de ciertos poderes, entre ellos el de hacerse invisibles y desplazarse a grandes distancias en corto tiempo. Algunos son buenos y están de parte de Alá, otros malos y están de parte de Iblís o Schaitán, el diablo según el Islam. No parece casual que las Mil y Una Noches empiecen con esta historia, parece una sutil reconvención de Shahrasad al rey para que distinga que se puede cambiar el derramamiento de sangre por historias y relatos. Y aunque el rey no lo note y nada haya en el texto que nos lo indique, preferimos pensar que en su astucia la princesa – de quien somos rendidos admiradores, habrá notado ya el lector – empieza a aplicarle los torniquetes del acting out al soberano, al que tiene entre sus dedos, pero con sumo cuidado que no se le rompa. También parece que de cuando en cuando no está tratando de enseñarle y guiarlo por los vericuetos de la sanación, sino simplemente distrayéndolo sabiamente con cuentos de diverso tipo, entre ellos los picarescos, como la historia del alhamel y las mocitas (Noches 9 a 11), donde por primera vez aparecen personajes que encontraremos en toda la obra: El Califa Harunu-R-Raschid, su Visir Châfar y su esclavo y verdugo el negro egipcio Mesrur. A veces también aparece la celosa esposa de Raschid, la Califa Zobeida. Parece adecuado señalar aquí que es posible que Shahrasad presente al poderoso Califa de Bagdad y Emir de los Creyentes como un ejemplo a seguir para el soberano Shahriar.         

Que la historia verdadera se entremezcle con la fantasía parece ser constitutivo de la narrativa árabe. Harunu-R-Raschid (766 – 809 de la era cristiana; 144 – 187 de la Hechra o Hégira) que en esta historia comparte créditos con los efrit, es definitivamente un personaje histórico, aunque su Visir Châfar, su verdugo Mesrur y su esposa Zobeida sean un poco más problemáticos. Harunu-R-Raschid, o Aarón el Justo (nombre latinizado) fue el quinto califa abasí de Bagdad, y gobernó un cuarto de siglo, que fue el de máximo esplendor del califato abasí, dícese que llegando incluso a cambiar embajadores con el otro gran imperio de la época, el de Carlomagno. Parece que gobernó de manera ecuánime, lo que se refleja en su fama de soberano sabio y astuto, que trata de saber cómo van la cosas por la vía directa, saliendo de su Palacio de incógnito y recorriendo Bagdad de noche, de modo que se termina enterando de todo el lío del alhamel y de los tres zaluks que además cuentan respectivamente sus historias (Noches 11 a 16) con otras intercaladas, como es costumbre en las Mil y Una Noches. Al final el Califa resuelve el problema, apoyado por el Saber del Visir y el Alfanje del Verdugo. Veremos a Moliére hacer lo mismo en El Avaro algunos siglos después. La historia del visir Nuru-D-Din y su hermano Schemsu-D-Din (Noches 20 a 25) tiene su lado jocoso, en especial cuando discuten y pelean por el destino de unos hijos que aún no nacen, pero la fuerza del maktub (“está escrito”) árabe queda patente en el cumplimiento del destino de estos jóvenes. Las historias de barberos o alfayates confirman los estereotipos que rodean el oficio y que como vemos parecen ser universales. La ocurrente historia del alfajeme de Bagdad, As-Samet alias “el silencioso”, alusión sarcástica (Noches 33 a 37), y sus seis hermanos, todos barberos también, muestra cuán antigua es la chismosa tradición de los cascaliendres. Entre las Noches 60 a 102 y 120 a 126 se desenvuelve la larga y épica historia del rey Omaru-N-Nomán y sus valerosos hijos Scharkán y Zu-L-Mekán, que por cierto es la más larga de todas las Mil y Una Noches. Se ambienta durante la resistencia árabe a las Cruzadas, y es de carácter caballeresco y algo picaresco, nada tiene que envidiar a la caballeresca occidental del Amadís de Gaula o del Caballero Cifar.    

                                                                                V         
Colofón

Largo, animado y agradable trabajo me espera, he llegado apenas a reseñar cien noches de las Mil y Una. Así que ahí veremos si no me eternizo en estas Crónicas. En todo caso, y como dicen los árabes, sea sobre nosotros la paz. Y lee lo que quieras.

Esta Crónica sobre las Mil y Una Noches continúa en el link:
http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/08/cronicas-de-lecturas-49las-mil-noches-y.html
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