Mostrando entradas con la etiqueta Biblia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biblia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de octubre de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 94 - NEIL DEGRASSE TYSON - OCHO LIBROS PARA GENTE INTELIGENTE


CRÓNICAS DE LECTURAS – 94

Neil DeGrasse Tyson: Ocho Libros para Gente Inteligente

I

Neil DeGrasse Tyson

Estaba por disparar otra Crónica, cuando me llegó esto: Un usuario de REddit.com le preguntó al eminente astrofísico, divulgador científico y Director del Planetario Hayden, Neil DeGrasse Tyson (Nueva York, 1958) cuáles libros debería leer toda persona inteligente de nuestro planeta. Y aquí debo confesar ingenuamente mi entusiasta admiración por Tyson, porque aparte su carisma en el rol de sucesor de Carl Sagan y narrador de la serie Cosmos Dos (recientemente emitida entre aplausos y vítores en el extranjero, e ignorada por la insípida y estúpida TV comercial de nuestros países), Tyson logra que haga algo que a algunos les gustaría lograr de mí: Que cierre la boca y abra las orejas. Porque no solamente sabe de lo que habla, sino que cae bien y no solamente no tiene pajaritos en la azotea, sino que ataca a los que hacen de la creencia en ellos cuestión ideológica, como los creacionistas y reaccionarios de todo calibre. La confianza y admiración que despierta procede del convencimiento de que si se equivoca y se entera de ello, se corregirá como Dios manda. Rarísimo en los medios de comunicación es hallar una persona que no te mienta, que no trata de engañarte y que además es profundamente crítico, en los medios de comunicación de hoy tal integridad y credibilidad son inexistentes. En resumen, Neil DeGrasse Tyson es uno de los nuestros, y entre las muchas formas de ser inteligente que puede haber (Howard Gardner enumera ocho) la de Tyson es con seguridad un prototipo, e incluye un aspecto ético-moral de importancia: Para aceptar y aplicar plenamente el método científico se necesita una integridad y una escala de valores sólida, que privilegie la verdad y la honradez. Por eso sabemos que si Tyson entrega a requerimiento una lista de Ocho Libros Imprescindibles para una persona inteligente en el siglo XXI, es seguro que se referirá a libros que él mismo conozca y considere importantes al efecto.

No quiere esto decir que debemos pensar como Tyson a no ser en el método, que es cosa de raciocinio. Los hombres y mujeres que ejercemos nuestra libertad en un mundo de siervos axiológicos e indiferentes cognitivos no podemos menos que celebrar esta libertad. Neil Tyson es más que su carisma divulgador, y se mide su calibre moral en la anécdota de la desclasificación de Plutón como planeta, de la que es en parte responsable. Como personas y docentes sabemos de la inercia cognitiva: Le hacemos caso a textos, inscripciones en paredes o  monumentos así digan falsedades, aún involuntarias. Se definió tradicionalmente como planeta a Plutón sin plantear formalmente una definición, y cuando esta falta de definición resultó inconveniente y/o inútil, y hubo tantos objetos que clasificarían como planetas si a Plutón se le considerara así, que ya era necesario cambiar los nombres y asignarlos a los objetos correspondientes respetando la vieja definición aristotélica de la Verdad (Decir de lo que es, que es; y de lo que no es, que no es). Dada la poca trascendencia del “planeta” Plutón para la marcha general de los negocios es bastante obvio que cualquier resistencia a cambiar su status estaba dictada puramente por la inercia cognitiva. Y si esto es así en un caso así, tratemos de imaginarnos cómo son las cosas cuando hay reales intereses económicos de por medio. En este punto cabe preguntarse también por qué toda persona “inteligente” debería leer estos libros que Tyson propone. Y además, en qué consiste esa “inteligencia”. Pero esta segunda pregunta me la reservaré por ahora, tengo en marcha una Crónica sobre Howard Gardner y las Inteligencias Múltiples, así que sólo diremos a modo de definición completamente informal y provisional que una persona inteligente es aquella que no es caída del palto ni tiene pajaritos circulándole por la azotea (vulgo por “cabeza”). Y para volver a la primera pregunta, precisamente Tyson propone un motivo o razón para leerlo, entre los muchos motivos o razones que puede tener. Podríamos conformarnos con esto, pero Tyson y Sagan nos han enseñado bien que no hay que atracar con lo que nos digan por que nos lo dicen.   


II

Libros en los lugares Octavo, Séptimo y Sexto

Para aprender que la gente que no está en el poder hará todo lo posible para adquirirlo y que la gente que sí está en el poder hará todo lo que esté a su alcance para mantenerlo es bueno leer El Príncipe de Niccoló Maquiavelo (1469 – 1527), que Tyson ubica en el número Ocho. Tanto Carl Sagan como Neil DeGrasse Tyson son científicos con reflejos ciudadanos. Vale decir, no aprovechan de su condición para esconderse como avestruces tras una neutralidad que por un tiempo demasiado largo ha estado de moda entre los científicos, en especial los dedicados a las ciencias hard. Hay un hecho simple a constatar: Dos terceras partes de los científicos del mundo prepararon una eventual Guerra Termonuclear, que no por que afortunadamente no se produjo los exime de culpa. Ni la Ciencia ni los científicos son neutrales, esconderse es cobardía, y los científicos como corporación tienen una penosísima responsabilidad ante la sociedad global y la humanidad de la que aún no se han descargado. Y no sólo por la carrera armamentista, hay que incluir aquí la manipulación genética y los transgénicos, la medicina y la investigación del genoma humano, la contaminación ambiental y las tecnologías de la información y comunicación (TIC), entre otras cosas. Afortunadamente, los hombres y mujeres del calibre de Sagan y Tyson no se callan. El científico es antes que nada ser humano, y está en la obligación de no escudarse tras lo “técnico” y no abdicar de lo “político”. Pero no comentaré El Príncipe, ya lo hice en mi Crónica de Lecturas Número 57: http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/09/cronicas-de-lecturas-57-lecturas.html.

Para aprender que el acto de asesinar a nuestros semejantes, los humanos, puede convertirse en un arte es que una persona inteligente debe leer El arte de la guerra, de Sun Tzu (544 – 496 aC), ubicado en el número Siete. Tengo en cartera este libro como Crónica, pero de todos modos no veo razón alguna para no adelantarme, cuando menos en entregarlo a mis lectores: http://www.dominiopublico.es/libros/T/Sun_Tzu/Sun%20Tzu%20-%20El%20Arte%20de%20la%20Guerra.pdf. En Crónica posterior lo diseccionaré, por ahora créanme, es bueno leerlo para lograr el objetivo que Tyson propone.

Para aprender que el capitalismo es la economía de la codicia y una fuerza de la naturaleza en sí misma, conviene leerse La riqueza de las naciones, de Adam Smith (1723 – 1790), en el número Seis de la lista. Ahora bien, muchachos, no soy yo el que dice esto, por si acaso. Que los sistemas políticos y económicos son eso y nada más, y por ende perfectibles, es que hay que conocer su doble naturaleza, programa que Tyson plantea en su frase: No se lucha contra una fuerza de la naturaleza, se la conoce y se toman las debidas precauciones contra el desmadre de las fuerzas peligrosas. A la vez hay implícita una crítica ético-moral en la mención de la codicia elevada a la categoría de elemento de toma de decisiones económicas. Habría mucho más qué decir, pero lo dejaremos para momento más oportuno. Entretanto, véanse esta edición facsimilar de La riqueza de las naciones, que demuestra no solamente que Manuel de Godoy (1767  - 1851), ministro, valido y amante de la reina María Luisa de Parma, era un buen lector de los best-sellers de la época; sino además un perfecto sonsonazo, pues leer no basta si no se aplica lo aprendido. Y, por cierto, les paso el tomo I, y si quieren más espérense que me haga la Crónica: http://www.marxists.org/espanol/smith_adam/1776/riqueza/smith-tomo1.pdf.

III

Libros en los lugares Quinto, Cuarto y Tercero

Para aprender cómo el poder del pensamiento racional es la fuente primaria de la libertad en el mundo conviene leer La edad de la razón, de Thomas Paine (1737 – 1809), en el puesto número Cinco. Quizá aquí nosotros podríamos empezar a discrepar un tanto, aunque esto podría atribuirse a que provenimos de otra tradición cultural y política, diferente aunque igualmente respetable. Y no digo esto porque el libro recomendado sea precisamente malo, inadecuado, incompleto o negativo; por el contrario, es de lo más ideológicamente avanzado de la Tradición Política anglosajona, tan avanzado que incluso en estos días han tratado - y tratan - de acallarlo lo más posible. Es que siempre hay gente que incomoda, y Paine era una especie de Incómodo Profesional, tan incómodo que en los mismísimos Estados Unidos ni monumento tiene. Lo que ocurre es que ataca las creencias cristianas en sus mismísimas raíces, y eso es difícil de perdonar por parte de muchas personas e instituciones, que es evidente ponen en juego su poder para tratar de acallar a un hombre muerto hace dos siglos. Por algo será, ya eso lo predispone a nuestro favor. De hecho, hoy en día es bastante complicado obtener un libro de Paine o inclusive hallarlo en la world wide web, debido a que toca fibras particularmente sensibles en las personas religiosas. Se puede leer una parte, on-line, acá: http://lineaalterna.com/2009/11/24/la-edad-de-la-razon-thomas-paine-parte-i/. Ahora hagan uso de su libertad y juzguen por ustedes mismos.

Para aprender, entre otras tantas lecciones satíricas, que la mayoría de los seres humanos son Yahoos la mayor parte del tiempo. Es que conviene leer Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1667 – 1745). Esta propuesta es algo desencantada incluso en medio del mediano optimismo racionalista que Tyson, como Sagan, hereda de Comte y Bertrand Russell, porque eso de ser yahoos la mayor parte del tiempo no nos hace ningún honor. Pero ello es, por desgracia, incontestablemente cierto. Aunque he tratado de este libro algo tangencialmente en mi Crónica de Lecturas Número 6, siempre conviene volver a decir lo que está bien dicho, y si no sabes qué es eso de yahoos (y obviamente NO es en este caso un dominio web), te mando al libro: http://www.portaluchile.uchile.cl/revistas/autor/swift/gulliver.pdf. En la última parte encontrarás a los dichos yahoos. Provecho.

Para aprender sobre nuestro parentesco con todas las otras formas de vida en la Tierra resulta de gran efectividad leerse El origen de las especies, de Charles Darwin (1809 – 1882). Y no, no es un libro pasado de moda, aunque es mucha verdad que muchísimas de sus afirmaciones están completamente desfasadas, y que el avance en el conocimiento de la Evolución es incomparablemente mayor que lo que muestra un libro escrito al principio de la segunda mitad del siglo XIX. Así que relativizo esta afirmación de Tyson, que de seguro hay más y mejores libros que el de Darwin para aprender sobre nuestro verdadero lugar en el árbol de la vida. Por cierto, yo ya traté de este libro antes, en mi Crónica de Lecturas Número 86, a la que remito a mis amables lectores: http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2014/07/cronicas-de-lecturas-86-ciencia-y.html

IV

Los Libros en el Segundo y Primer Lugar

Para aprender que el universo es un lugar cognoscible ubica Neil Tyson a El sistema del mundo, de Isaac Newton (1643 – 1727). Reconozco que acá me atraparon. De este libro no tenía ni idea que existía hasta que me lo contaron, pero es que no parecía el Principia Mathematica, Así que seguí el link, y me encontré con que sorprendentemente no está en spanish, just in english, y así os lo mando. Y al hacerlo, me encontré con que lo que hay es esto:

"Newton's Principia : the mathematical principles of natural philosophy"


Y adentro: http://www.archive.org/stream/newtonspmathema00newtrich/newtonspmathema00newtrich_djvu.txt. Todo esto es una pena, porque significa que en alguna parte tenemos una confusión: ¿Recomienda Tyson leer los Principia Mathematica de Isaac Newton? Parece que sí, no estoy seguro, no sé. Pero ocurre que tanto el lenguaje como el nivel de la ciencia en las últimas décadas de los 1600 se nos escapan y el fruto que se puede recoger de una lectura de este tipo me parece bien relativo. Como recomendación vale tanto como tratar de leer los libros de los contemporáneos o muy cercanos Copérnico, Galileo o Kepler en un área del conocimiento donde “lo último” se desfasa con gran rapidez. ¿Será que de repente Neil Tyson comete el error clásico de muchos científicos hard de suponer que porque la mayoría de los habitantes de este mundo no manya las matemáticas hay que mandarlos a los textos históricos? Ya lo vimos con Darwin hace un rato. La pregunta de fondo es si necesitamos realmente a Newton para entender que el Universo es un lugar cognoscible. Yo no encuentro problemas en honrar al hombre, pero un libro es un libro y los lectores son lectores, así que en este Segundo Lugar y en el Primero tengo la sensación que Tyson no la achunta como podría.   

Para aprender lo fácil que es que otros nos digan cómo y qué pensar y nosotros creamos que estamos pensando por nosotros mismos se supone que conviene leerse la Biblia. Y aquí estoy en grande y completo desacuerdo, no por motivos ideológicos cuanto propedéuticos. No veo de qué manera una lectura atenta de la Biblia permite alcanzar el objetivo planteado por Tyson. Sé decir que un objetivo de este tipo no se alcanza con facilidad, ni la ruta para alcanzarlo pasa solamente por la lectura de un libro. Estoy casi seguro que cuando Tyson enfrentó el problema de encontrar los Ocho, buscó lemas o mottos que expresaran lo que pretendía conseguir, lo que resulta en una estrategia cognitiva adecuada, pero cuando llegó la hora de escoger los libros… bueno, trató de encajar esferas en cubos, y por supuesto, esto no le funcionó. En fin, no todo tiene que salir bien, y en todo caso concuerdo que es necesario tener un conocimiento más que superficial de la Biblia y otros libros religiosos, esto si se es una persona inteligente, pues entre los rasgos que definen la inteligencia no puede estar la de negar la existencia de lo que se rechaza, y eso incluye la Religión y los libros sagrados.


V

Colofones de Neil Tyson, y mío

Thanks for this ongoing interest in my book suggestions. From some of your reflections, it looks like the intent of the list was not as clear as I thought. The one-line comment after each book is not a review but a statement about how the book’s content influenced the behavior of people who shaped the western world. So, for example, it does no good to say what the Bible “really” meant, if its actual influence on human behavior is something else. Again, thanks for your collective interest.

Para nuestros amigos en castellano mi traducción un tanto libre: Agradezco este interés en curso por mis libros sugeridos. De algunas reflexiones parece que la intención de la lista no quedó tan clara como creía. El comentario de una línea tras cada libro no es una crítica, sino una declaración sobre cómo el contenido del libro influyó en la conducta de la gente que dio forma al mundo occidental. Así, por ejemplo, no es bueno decir lo que la Biblia "realmente" significó, si su influencia real en el comportamiento humano es algo más. Una vez más, gracias por su interés colectivo.


Y ahora, este cronista culmina su Crónica: Reconocer errores y misunderstandings honra al que los reconoce, y enseña sobre la profunda humildad que los seres humanos, todos, debiéramos cultivar como valor deseable. Y ya saben: Lean, escapen de la ignorancia, piensen por sí mismos, no me crean a mí, pues como dice Bertold Brecht: Apunta con tu dedo, y pregunta ¿de qué? Estás llamado a ser un dirigente.  
Peru Blogs

sábado, 20 de abril de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 29: BIBLIA Y APÓCRIFOS


CRÓNICAS DE LECTURAS – 29
Leer la Biblia: Los Apócrifos

I
Las Otras Versiones

Aprovechando  de la pasada Semana Santa me disparé algunas Crónicas sobre la Biblia. De alguna manera yo sentía que las debía, era un bicho que me andaba picando hacía muy buen rato, y conseguí sacarme el clavo con más o menos éxito, pues he notado que alguna gente le ha prestado alguna atención, y eso, después de todo, es lo que quiero que ocurra. Dígase lo que se diga uno escribe para que lo lean. Pero algunas cosas se me quedaron de las otras Crónicas y eso hay que repararlo. Es que la Biblia no es un texto normalizado para todas las religiones, hay Biblias Católicas, Evangélicas, Ortodoxas y de otras confesiones cristianas, en especial las orientales, en las que el número de libros considerados parte del Canon Sagrado aumenta o disminuye. Es el caso de la Epístola de Santiago con las Iglesias luteranas, o de los libros Tercero y Cuarto de Macabeos con la Iglesia Ortodoxa. El orden de los Libros suele ser también muy diferente, destacando por su sencillez el original judío, que los cristianos llaman el Antiguo Testamento: La Ley, los Profetas y los Demás Escritos (Torah, Neviím y Ketuvim). Las traducciones y su mayor o menor fidelidad a los textos originales han producido discusiones acerbas y a veces bastante abstrusas: Algunas confesiones hacen cuestión de estado de la manera de pronunciar la transliteración castellana (que aquí transcribimos de izquierda a derecha, al revés de como debe ser) del Tetragrámaton יהוה, que son las cuatro consonantes hebreas Y(od) H(ei) V(av) H(ei). Estas equivalen al Nombre de Dios, el Yo Soy de la zarza ardiente de Moisés, que en hebreo se escribía y se escribe sin vocales, porque en esa lengua, como en árabe, simplemente no hay vocales que escribir y por lo tanto el problema de cómo pronunciar el Nombre de Dios se resolvía simple y llanamente prohibiendo pronunciar el Nombre de Dios, lo que en buena cuenta resulta no solamente más práctico sinio muchísimo más arcano y solemne.

Por ende, que unos entiendan se deba pronunciar el Tetragrámaton Y(od) H(ei) V(av) H(ei) como Yahvéh, en tanto que otros señalen, exijan e impongan el término Jehováh como único que debe emplearse, implica que hay quienes colocan el empleo de esta pronunciación como suerte de lindero entre aquellos que después del Universal Ajuste de Cuentas gozarán de la eterna Pachanga Celestial, mientras los pecadores que pronunciaron mal se rostizarán al spiedo con carácter permanente. Y esto constituye a nuestro humildísimo y peculiar modo de ver una de las más estúpidas y bizantinas discusiones que se puedan sostener, y yo supongo que el Buen Dios debe estarse lamentando de que al tarado de Moisés se le olvidara el glosario al lado de la zarza, que contenía la pronunciación fonética canónica. No se puede confiar en estos seres humanos. Lo que sí me queda patente es que las gentes parecemos necesitar más de fórmulas mágicas antes que de verdades éticas y morales que guíen nuestras conductas. No sé ustedes, pero para mí eso no es más que una elaboración del infantil miedo al castigo. En fin, si esto se presenta con el Tetragrámaton, imaginemos lo que pasa cuando se trata de exégesis y hermenéuticas de textos mucho más extensos. Ya nomás entenderse con la gente es bastante difícil, porque aunque digamos lo mismo (y a veces hasta con las mismas palabras) a veces se te juzga por tu intención, por la intención del que te habla; por tu tono, por la interpretación de tu tono; por la expresión de tu cara o por el que habla contigo cree que es tu expresión. Si algo es difícil en la convivencia humana es ponerse de acuerdo. Viéndolo desde acá es comprensible la dificultad que hay para entenderse en términos de Verdad Divina

II
Lo de los Unos y lo de los Otros

Por siglos la Iglesia Católica se irrogó la interpretación única y oficial del texto sagrado, oponiéndose así a las Sociedades Bíblicas fomentadas por las Iglesias Reformadas. Conviene repasar algunos acontecimientos al respecto: La Católica Congregación de Propaganda Fide criticó acerbamente la falta de comentarios y notas en los textos bíblicos, en buena cuenta el exceso de confianza en que el Espíritu Santo asista al fiel según el Libre Examen. Por otra parte es muy cierto que hay serias dificultades para traducir el espíritu de las lenguas bíblicas, el hebreo y el griego, a otras lenguas. El Concilio de Trento (1545-1563) exigía de los fieles ciertas condiciones para leer la Biblia en lengua vernácula, como someter la traducción a la aprobación de Obispos e Inquisidores, tarea que luego se confió a la Congregación para la Doctrina de la fe, que entre otras brillantes ideas instituyó el Índex, en el que por cierto jamás estuvo la Biblia. Estas limitaciones fueron liberalizándose poco a poco, aunque se mantuvo la prohibición absoluta de toda traducción de procedencia “hereje”. Una importante Comisión Católica fue fundada por el Papa León XIII con el fin de cuidar de la exposición y conservación del verdadero sentido de la Palabra. La existencia de esta Comisión y sus sucesoras puede leerse de dos maneras diferentes y complementarias: Por una parte atiende a la modernidad – por ejemplo los descubrimientos científicos, mejorando la transmisión del Mensaje; por otra puede verse como encargada de ajustar la Palabra a la Ortodoxia Católica. Las Sociedades Bíblicas nacieron en Inglaterra hacia 1662, y en 1777 inician la edición de Biblias en Norteamérica. En 1946 se fundan las Sociedades Bíblicas Unidas, que hoy combinan los esfuerzos de más de 150 organizaciones y probablemente son la principal editora de Biblias en la actualidad. 

Presenta mucho más interés, por más que no se ajuste a la Ortodoxia, observar la existencia de ciertos libros asociados a la Biblia que comparten con ésta algo de su importancia y/o su sacralidad, aunque por lo general siempre se reconoce a la Biblia como la fuente religiosa más sagrada e importante, la que le da soporte a todas los demás. Es el caso, nos parece, de los libros judíos Talmud y Mishná. Estos textos son desarrollos posteriores, añadidos si se quiere, a la Torah. El Talmud, en sus dos versiones – de Jerusalén y de Babilonia – recoge viejas tradiciones judaicas y muchísimos comentarios. La Mishná (“Enseñanza”) es una codificación de leyes orales y comentarios de mucha antigüedad. Su importancia relativa se evidencia en la profunda tradición rabínica de “construir un muro alrededor de la Toráh”, que ha permitido mantener la esencia de la religión judía sin demasiadas infiltraciones heterodoxas, inclusive del Talmud y la Mishná. La Qábbalah o Cábala es definitivamente otra cosa, y el que estas líneas escribe declara no saber nada de ella, así que no hay comentario posible. Hay diferencias entre la Iglesia Católica y las Evangélicas en cuanto al número de libros de la Biblia, que fluctúa entre 66 y 73. Y está el caso de los llamados apócrifos, es decir, libros no canónicos y en ocasiones considerados falsos, en especial cuando se utilizan para sostener desviaciones pensadas como heréticas. No confundamos estos libros con los llamados deutero-canónicos, que son tan canónicos como los protocanónicos, cuando menos para los Católicos, pues para los Protestantes son apócrifos, y no los incluyen en sus Biblias.

III
Los Libros Apócrifos

Existe una cantidad de libros considerados apócrifos sumamente grande, tan grande como la necesidad de afirmar ciertas ortodoxias sobre otras, o tratar de imponer ciertas creencias en el imaginario de las gentes, y cada confesión tiene sus propios apócrifos. No pretendemos dar cuenta de todos, de hecho nuestra ignorancia en este terreno seguro supera ampliamente a nuestro conocimiento. Entre los apócrifos hay algunos libros mencionados en la Biblia, recordamos específicamente un par en la Epístola de Pedro, en el Nuevo Testamento, que son la Asunción de Moisés, y el Libro de Enoc, de carácter apocalíptico, y que me parece mencionamos en otra Crónica. Otros que corresponderían al Antiguo Testamento pero no se incluyen en las Biblias Católicas por no ser considerados parte del Canon - aunque sí los encontraremos en las de otras denominaciones, principalmente la Iglesia Ortodoxa - son los Salmos 151 al 155, el Libro Tercero de Esdras, los Libros Tercero y Cuarto de los Macabeos, el Libro de las Odas, el Libro de los Salmos de Salomón, el Apocalipsis de Baruc, el Libro de los Jubileos, y algunos trozos sueltos que constituirían diversos añadidos a Libros considerados Canónicos. Al revés de lo que se cree, la lectura de los apócrifos no está prohibida, y en ciertos casos se les ha incluido en ediciones históricas de la Biblia, puesto que mayormente no parecen opuestas a la doctrina, y se consideran como lecturas edificantes, aunque es obligatorio señalar que no son inspiradas por Dios.

Es curiosa la aparición de algunos Apócrifos de creación aparentemente reciente, siempre amparados en problemáticos indicios de antigüedad, como es el caso del Evangelio Secreto de Marcos, nombre sugestivo por lo de “secreto”, pero cuya fuente es dos fragmentos de una carta del Padre de la Iglesia Clemente de Alejandría, carta que también presenta dudas sobre su autenticidad, y que casi seguramente es una falsificación. En los primeros siglos del cristianismo, el interés debe haber sido justificar el cuerpo de pensamiento gnóstico con textos a los que se les adjudicaba carácter sagrado. En nuestras épocas el interés parece ser más bien crematístico. Por lo demás, aparte los evangelios, ha habido muchísimos otros escritos del Nuevo Testamento considerados apócrifos. Hay Hechos de diversos apóstoles y para todos los gustos. Las Actas de Pedro, por ejemplo, contienen la leyenda de Jesús saliendo al encuentro de Pedro cuando abandona Roma, que  Henryk Sienkiewicz retomó y modificó en su obra Quo Vadís?. Asimismo hay Epístolas que se atribuyen al Apóstol Pablo, como la Carta a los Laodicenses, la Tercera a los Corintios, la Carta a los Alejandrinos y un curioso y problemático intercambio epistolar entre Pablo y el filósofo romano Séneca. Abundan las versiones apócrifas inspiradas en el Apocalipsis o Revelación del Apóstol Juan: Ascensión de Isaías, Apocalipsis de Pedro, Apocalipsis de Pablo y el Pastor de Hermas.  Quizá en esta parte quepa mencionar al Libro de Mormón y la Perla de Gran Precio, libros sagrados de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, considerados tan sagrados como la Biblia, y que serían supuestamente traducciones hechas por el profeta Joseph Smith de viejos papiros, realizada en la primera mitad del Siglo XIX.      

IV
Los Apócrifos y su importancia económica

Cada cierto tiempo aparecen novelas – con su contrato para la película incorporado - que especulan con un conjunto de creencias “ocultas” o “escondidas” a propósito y culpablemente por diversas instituciones, en especial la Iglesia Católica, con el fin aparente de mantener su poder. La tradicional y secular antipatía de las confesiones evangélicas por el “papismo” tendría alguna parte en ello. Desde la Reforma los países anglosajones han asimilado a la Iglesia Católica con el oscurantismo, la prohibición y la culpa, y ello se constituye en adecuado sustrato para escribir cierto tipo de narrativa. Aunque en la actualidad el laicismo y el agnosticismo ganan terreno constante, existe un sustrato anticatólico para ser explotado. Se venden argumentos basados en teorías de complot donde la Iglesia Católica tiene parte activa. Los códigos novelísticos permiten la mezcla desigual entre realidad y ficción, y así un autor contemporáneo de dudosa calidad pero de mucho oficio como Dan Brown aplica los protocolos literarios que mantienen enganchados a los lectores. Entre estos esquemas está jugar con un limitado concepto del Bien y el Mal, asignando el Mal a la Iglesia Católica, como en Ángeles y Demonios, o a un sector de ella con muy mala prensa (El Opus Dei) en El Código Da Vinci; y el Bien al erudito individualista que representa la crítica, la razón y la ciencia. Vale señalar que el que estas líneas escribe no siente simpatía alguna por el Opus Dei, pero si lo que hace Brown es crítica del Opus Dei, yo soy un marciano. Este asunto tiene su importancia, porque para poder sostener el complot se necesita plausibilidad, es decir tienes que presentar motivos y argumentos para que te crean. Y así se recogen textos como el protoevangelio de Santiago (fuente para la vida de María, Madre de Jesús), o el muy breve y gnóstico Evangelio de María Magdalena, se les sacan dos o tres ideas, que se estiran, lavan, percuden y malcocinan con sal, pimienta, comino y hasta lejía, y se las sirve en tapa dura y edición de millón de ejemplares.

Y ese es todo el acercamiento que las gentes tienen con los Apócrifos del Nuevo Testamento. Hay, claro está, cierta base histórica. En el transcurso de 2,000 largos años la Iglesia Católica en diversas instancias y Concilios se pronunció sobre la veracidad doctrinal de muchos de estos libros, populares en ciertos lugares y épocas, y algunos resultaron prohibidos. He tenido entre mis manos la excelente edición de Nácar-Colunga de los Evangelios Apócrifos, así como otras, lo que demuestra que mientras no se les considere ortodoxamente palabra de Dios, su lectura es posible si bien tampoco la fomentan. Los Evangelios Apócrifos son versiones más o menos complementarias de la Vida de Jesús narrada en los canónicos Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. El problema para determinar la canonicidad de un texto sagrado se puede resumir esquemáticamente en si la fuente es anterior a la Doctrina que defiende, o la Doctrina anterior a la fuente. Resulta evidente que el tal Evangelio es “falso” – es decir, hecho por encargo - si es que es posterior a la Doctrina que defiende, como parece haber ocurrido con la doctrina gnóstica, de alrededor del Siglo II d.C., que se habría tratado de incorporar a la ortodoxia cristiana. El tema es complejo y no lo resolveremos aquí, limitándonos a presentar algunos títulos que se han conservado en todo, en parte o en fragmento: El Evangelio del Pseudo-Tomás resulta poco creíble, el Niño Jesús hace pajaritos de barro a los que insufla vida, y causa la muerte de otros niños por travesura. El Evangelio árabe del Pseudo-Juan, el Evangelio de Bernabé, o el Evangelio de la Infancia según San Pedro, fueron escritos en árabe y no se consideran canónicos. El Evangelio de los Hebreos podría haber sido fuente para los Evangelios de Mateo y Lucas, pero está perdido, y sólo se le conocen citas hechas por San Ireneo, Eusebio de Alejandría, San Jerónimo y Clemente de Alejandría. El Evangelio de Judas, claramente gnóstico, defiende la acción de Judas Iscariote como secuaz, auxiliar o cómplice del plan de Jesús. Desde perspectivas coptas y/o gnósticas otros evangelios apócrifos, como los de Bartolomé, Nicodemo y Pedro, narran la Anastasis, o descenso de Jesús a los Infiernos. Interesantes son los evangelios apócrifos de Tomás y Felipe, que reúnen supuestos dichos de Jesucristo. La lista, por cierto, es inmensa, y como dijimos, no la agotaremos, pero tengamos por seguro que hay apócrifos para todos los gustos, y para justificar cualquier creencia que pueda reportar algún tipo de ganancia.

V
Colofón

Si de algo estoy completamente seguro después de haber buceado por más de media docena de Crónicas inspiradas de una u otra manera por la Biblia, es que en realidad casi no sé nada de ella. Haberla leído completa no es garantía de nada, la Biblia es un conjunto que se merece su estudio, y recomiendo su lectura, siempre y cuando esté presidida por la sensatez, y en esto estoy seguro las confesiones religiosas nos acompañan. Punto por hoy.  


Peru Blogs

lunes, 8 de abril de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 27: LIBROS MAS LEÍDOS EN EL MUNDO


CRÓNICAS DE LECTURAS – 27
Los Libros más leídos en el  Mundo

I
La inflamación de los Indicadores

Que no es lo mismo “Libro más vendido” (Best-seller) que “Libro más leído” parecería más que obvio. Pero se confunden los periodistas, los políticos y otros que aspiran a creerse las propias falacias, y se comprende pues de eso viven. Pero como aquí tratamos de realidades y no de la visión del mundo que tratan de vendernos para que no preguntemos de donde salió la plata del depa de París, estamos obligados a ver y pensar. Nos encontramos una vez más con el fabricadísimo conflicto entre la realidad que existe y el indicador que trata de describirla: ¿Un libro que ha sido más vendido es necesariamente el más leído? Pues NO. Podrías comprar el libro y no usarlo o usarlo poquísimo, como los textos escolares, por ejemplo. Tenemos libros que adornan estantes, y que para eso se compraron. Reto al más pintado a que me diga si se ha leído alguna vez todo un texto escolar, cualquiera. O si el libro es un Diccionario o Enciclopedia, ¿te lo has leído todo?. Me cansa que me pregunten cuántos libros he leído, como si Mo Yan fuera igual que Hegel, o Freinet igual a Dawkins. Y me molesta que el ministerio de educación me diga que mis alumnos deben leer “x” cantidad de libros al año, sin considerar que hay libros de 12 páginas y de 1200; o que no es lo mismo Paulo Coelho que Martin Heidegger, Oliver Dollfuss o George Gamow. O que no es lo mismo leer en castellano que en runa-simi o en inglés. NO todo es lo mismo, por Dios. Pero esta es la epidemia de la enfermedad de la INDICADORITIS, que es una inflamación de los indicadores que afecta el cerebro, y le hace a uno perder la perspectiva de la realidad y empezar a creerse la metafísica de las cifras, a no ser, claro, que emplees tu cerebro y no sigas a rajatabla el manual de instrucciones. Me pregunto cuándo dejarán estos de pensar en “libros” y empezarán a pensar en “lectores”, gran misterio hasta para Sherlock Holmes. O cuándo dejaremos de hablar “acerca” de los indicadores y empezaremos a hablar de “qué indican”, dejar de hablar de ellos para hablar de a lo que se refieren, implícito en el concepto de “indicador”, cosa que no entienden muchos. La INDICADORITIS como enfermedad terminal se produce cuando los intereses económicos se presentan en la forma de tercio excluido, lo que ocurre cuando se sienten amenazados. Ahí los periodistas, políticos y otros metidos en las oposiciones simplistas, terminan: O por formatearle la realidad al populórum, o por caer en trivialidades, dada la dificultad en hacer entender a la indiada lo que ellos no entienden, porque no es ni una moral bipolar de dibujos animados ni una paranoia digitada desde los intereses de las mafias.

((PARÉNTESIS: He notado que los periodistas más trejos y experimentados son los que formatean la realidad - y deben ser por ende los que más cobran -; en tanto que a los jóvenes postmodernos esto se les complica porque se creen ellos mismos su discurso, y tratan de ser sinceritos - es decir confunden la sinceridad con la Verdad, que como es objetiva no la captan, efecto colateral de la INDICADORITIS complicada con la POSTMODERNITIS; y así logran sólo presentar a la gente sus propios desconciertos y estereotipos, pero con palabras bonitas. La realidad es más compleja, jóvenes, mucho más, pero como el sistema os ha educado para que marquéis el paso y no para que uséis vuestras neuronas, sois espectadores y no participantes. Pero eso ha sido siempre, la diferencia es que últimamente están teniendo más éxito. Así que si usáis (no USAID, por favor) vuestras neuronas consideraos afortunados, pero también tened muchísimo cuidado, que a pesar del discurso común la inteligencia está muy mal vista, y tener razón muy pronto suele ser peor que estar equivocado.))

Pero nos nos metamos en honduras. Limitémonos a los indicadores y la realidad. Nos dicen, por poner un ejemplo, que ya no hay pobreza porque la gente gasta más de 150 soles - o la cifra que sea, ahorita es lo de menos - al mes. Vale decir se confunde el medidor con la cantidad de agua. O el termómetro con la fiebre. Un indicador no “es” sino que “hace”, es decir “indica – señala – identifica” un algo; pero hay que considerar los demás indicadores si queremos una composición de la realidad real, que siempre es una combinación de “algos” que de repente no están a la vista como cualquier investigador sabe. Ejemplo: Para saber cuánto recorrerá mi carro con la gasolina que le eche, necesito saber cuánta gasolina le echo, y eso es correcto. Pero necesito también saber cuántos kilómetros por galón o litro me rinde el motor o el vehículo, y el estado de las carreteras, y si el camino es empinado o no, y etcétera. Si solamente me baso en el primer dato puedo confundir un Alfa Romeo con un Volkswagen y decir que andan lo mismo porque usan la misma cantidad de gasolina. La realidad se operacionaliza a través de indicadores pertinentes, que pueden ser muchos, y mientras más mejor. Pero no operacionalizamos todos los que debiéramos porque es caro y si no tomamos eso en cuenta pues razonamos fuera del recipiente. Cuando el indicador indica, lo que hace es ubicar un valor determinado – cuantitativo o cualitativo – en una dimensión predeterminada: Si una persona gasta más de una determinada cantidad, ¿podemos decir que dejó de ser pobre sin saber de dónde provino ese dinero? ¿si la plata con la que consume más resulta que es prestada, producto de subsidio o producto de narcotráfico, acaso eso no modifica la visión de la realidad de la pobreza? Entonces resulta obvio que necesitamos introducir notas al indicador, o más indicadores que nos permitan hacernos la composición de contexto: Saber si la pobreza efectivamente está siendo erradicada o simplemente hacemos malabares estadísticos tipo Alan para decir que sí, somos menos pobres, aunque la gente o la caja fiscal terminen endeudados hasta las orejas, o seamos el primer productor mundial de cocaína – que lo somos. Los métodos como el análisis estratégico o el Marco Lógico – y sus hijos y nietos empleados para la Diversificación Curricular, por ejemplo - no serán muy útiles a no ser que podamos diferenciar un indicador de una competencia, por ejemplo. No miento, he visto Diversificaciones Curriculares en provincias donde los confunden, y son oficiales. Pero es que resulta tan conveniente la INDICADORITIS: La gente se pone optimista, las comisiones se cobran, hay nuevos millonarios, ya sabemos quienes. Y si alguien dice algo, hablamos por los codos y ganamos tiempo hasta empujársela al otro gobierno, compañeros.    

II
Indicadores de lectura: La venta

Estaba mirando vejeces y me tropecé con El Comercio y Radio Programas del Perú, con la noticia de “Los Diez Libros más Leídos en el Mundo”, que data del 2012: http://www.rpp.com.pe/2012-11-21-los-diez-libros-mas-leidos-en-el-mundo-noticia_542390.html y http://elcomercio.pe/espectaculos/1432236/noticia-estos-son-10-libros-mas-leidos-historia, y en realidad me encontré con que no es que fueran los libros más leídos, sino los más vendidos, según el portal Alltop.com, que no está tratando de engañarme. Bueno, ya sabemos que el periodismo nacional tiende a la copia y a un exasperante facilismo cuando no se trata de defender los intereses de las mafias, de los que pagan, o el interés que ipso facto aparece cuando hay aroma de sangre en el aire y los buitres atisban cadáveres en lontananza; que ahí sí se concentran sus recursos. Te apuesto plata que no se han percatado de la asociación que hacen entre “vendido” y “leído”. Y que los límites autoimpuestos por los periodistas son francamente infantiles aparecen patentes en la misma lista de libros en relación con los comentarios previos: un desconocido redactor del Decano escribe esto: Coincidir en gustos literarios, también lo sabemos, es muy difícil, pero hay libros que, por una u otra razón, todos parecen (o deberían) conocer y a continuación los presentamos. En primer lugar, no todos los libros que hay ahí en esa lista son strictu sensu literarios. Ni tampoco son para leerlos completos – es el caso de los primeros dos, por cierto, que, además, oh casualidad, no son literarios. Esta limitación de la realidad lectora a la Literatura obedece a un reduccionismo ya clásico, producto de una deformación intelectual reflejada en el rellenado de una plantilla para cobrar un sueldo. Pero no le pegaré más a un desconocido redactor que trata de hacer su trabajo, los pobres también lloran para llevar sus frejoles a casa.

Chequeemos la lista y comentémosla su poquito, en función de esa diferencia entre “leído” y “vendido” que el periodismo nacional no ha aprendido aún a distinguir. Y, por cierto, este datito vale la pena señalarlo, lo menciona el Decano, pero no RPP, que parece no puede distraer cinco minutos de un redactor para comentar el tema, y es que esta lista abarca las ventas de los últimos cincuenta años, no sabemos si estas ventas son globales o no, ni qué idiomas abarca. Veamos los títulos a los que se refiere Alltop.com según los periodistas, porque he buscado en el site y naranjas:

Puesto 10. El Diario de Ana Frank – 27 millones vendidos.
Puesto 9: Piense y Hágase Rico (Think and Grow rich), de Napoleon Hill – 30 millones
Puesto 8: Gone with the Wind (Lo que el Viento se llevó) – Margaret Mitchell – 33 millones
Puesto 7: Crepúsculo, la sagaStephanie Meyer - 43 millones
Puesto 6: El Código Da VinciDan Brown – 57 millones
Puesto 5: El alquimistaPaulo Coelho – 65 millones
Puesto 4: El Señor de los Anillos - J.R.R. Tolkien – 103 millones
Puesto 3: Harry Potter …J.K. Rowling – 400 millones
Puesto 2: El Libro Rojo - Mao-Ze Dong – 820 millones
Puesto 1: La BibliaVarios Autores -  3,900 millones

Bueno, a mí no me lo han preguntado, y después de todo esta no es una lista para determinar quién es el mejor, sino solamente cuáles son los más vendidos. Considero justo y bacán que estén el Diario de Ana Frank, El Señor de los Anillos, Lo que el viento se llevó, Harry Potter y la Biblia. El Libro Rojo de Mao, pues mira, ni fu ni fa, no puedo menos que asociarlo a la Revolución Cultural China, y no me siento muy bien con ello, tengo mi opinión sobre ese período histórico y no me agrada, al margen o no de su pertinencia histórica, que no juzgaré acá.  Los demás me parecen olvidables, con excepción de la saga Crepúsculo, de la que honestamente nada puedo decir, porque simple y llanamente mi interés por los vampiros se agotó con el Drácula de Bram Stoker hace ya luengos años, y ni la he leído ni he visto sus películas.

III
Indicadores de lectura: Los de a verdad

Yo no digo que comprar libros no sea un indicador de lectura. Es evidente que no se compran libros para trapear el piso o guardar en la refrigeradora. Pero no es ni puede ser el único Indicador. Empecemos por el principio: ¿Se lee solamente libros comprados? Pues no. Te lo podrían prestar o regalar; podrías ir a una Biblioteca Pública o Escolar; podrías alquilarlo en un banco del Libro y/o fotocopiarlo; podría pertenecer a un pariente que viva contigo, o a un amigo; podrías bajar un libro en formato PDF de una pagina web – y, por cierto, algunos no le llaman libro a esto. ¿Y qué hay de los libros donados, de los textos escolares proporcionados por el Ministerio, de los libros heredados y/o usados? Ya aquí nos dimos cuenta que tiene que haber algún tipo de definiciones alrededor del tema para poder aclararse las cosas, y que la venta sola no es ni puede ser un factor definitorio. Si además cruzamos el dato con el de Ingresos per cápita, peor. Es bastante obvio que antes de leer tienes que comer, y es también bastante obvio que los que tienen más dinero compran más libros que los que no tienen dinero. Y esto es una deformación de lo que tratamos de investigar, que es qué libros son más leídos. En los países que se toman el problema en serio, como Colombia, sí tratan de saber como van las cosas, y se sabe que solamente la tercera parte de los libros son nuevos, es decir, adquiridos recientemente – cifras de 2005 -, mientras que un 17 % son prestados, otro 17 % son relectura de los propios libros ya usados, un 7 % de Bibliotecas, un 6 % fotocopias. En el 2005 por ejemplo, el 46 % de los textos leidos por la población colombiana urbana de 12 o más años de edad fueron textos escolares. ¿Tenemos cifras similares en el Perú? Favor de alcanzármelas, por favor. Por supuesto, hay más qué decir sobre Indicadores de Lectura en serio, como Horas dedicadas a Lectura, el peso de la Emigración, la Lectura Obligatoria en las escuelas, etcétera. Pero en nuestro país nos ocupamos del asunto poniendo el carro antes que el caballo, preocupándonos de cuántos libros se venden, no de cuánta gente lee. Y eso nos dice con absoluta claridad cuáles son las preocupaciones reales y lo increíblemente chata que es nuestra sociedad y nuestra clase política al respecto. El resto son vainas. Deberíamos empezar por tener una Biblioteca Nacional desde donde, por lo menos, pudieran descargarse libros y no apareciera el antipático avisito: “no se pudo establecer contacto con la página …”. Probablemente luego nos quejaremos que nos gane todo el resto, y será titular.       

De los diez títulos indicados en esa lista, siete corresponden a obras literarias, uno a política, uno a religiosa y uno a autoayuda. Sin embargo, El alquimista de Coelho parece obedecer al criterio de autoayuda también. De las literarias, tres constituyen no un título sino un conjunto de ellos, y por lo tanto resulta excesivo decir que es “un” libro. El Señor de los Anillos tiene tres partes-libros (La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey); Crepúsculo tiene seis libros (Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse, Amanecer, Sol de medianoche y La segunda vida de Bree Tanner); y Harry Potter tiene siete títulos (Harry Potter y la Piedra Filosofal, Harry Potter y la cámara secreta, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Harry Potter y el cáliz de fuego, Harry Potter y la Orden del Fénix, Harry Potter y el misterio del Príncipe, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte). Vale decir, nos hacen pasar las ventas de dieciséis libros como si fueran de tres. No parece objetivo. Por otra parte, dificulto enormemente la cifra de la Biblia, que no tiene una edición única y estable en número de libros y en extensión. No sabemos si se incluyen las Biblias Judías. Las Sociedades Bíblicas Unidas y otras instituciones cristianas de todas las denominaciones han editado y repartido gratuitamente diferentes versiones de la Biblia, desde la Vulgata hasta la famosa Traducción del Rey Jaime (Dícenle Jaime al soberano en cuestión, cuando en castellano el nombre es Jacobo, pero así es como lo ponen, en inglés esta versión de la Biblia es la King James Bible) pasando por la Traducción del Nuevo Mundo. El Piense y Hágase Rico, y tal vez El Alquimista, decíamos, no califican como literatura o no mucho. Es como añadir a la lista las instrucciones del Lego o del juego de Ajedrez o del Monopolio, estoy casi seguro que hay más de esas Instrucciones editadas que libros de autoayuda, la diferencia está en el objeto al que se dedican las Instrucciones. Las de hacerse rico no parece, por otra parte, que hayan sido sumamente efectivas, no hay que sepamos 30 milllones de millonarios, y si los hay es muy probable que no hayan leído este libro. Pero estoy seguro que el señor Napoleón Hill sí está entre ellos (los millonarios).  

IV
Listas más reales

El peso y volumen de las ventas actuales es mayor que el de otras épocas, y ello se debe al aumento vegetativo de la población absoluta. Ni Víctor Hugo ni Charles Dickens ni Mark Twain podrían haber vendido como Dan Brown en la actualidad, por la sencilla razón que no había tanta gente en su época como la hay ahora. Y como popularidad no es igual que calidad, la cifra no es indicativa ni comparable. Están los Libros para Niños, los cuentos tipo Blanca Nieves o Caperucita Roja, de Grimm, Anderssen y Perrault, cuya popularidad es inmensa, pero sus cuentos forman parte de antologías o grupos, y por ende no son títulos comparables. Las guías de viajeros, los diccionarios y almanaques han gozado de inmensa popularidad, y sin embargo no aparecen mencionados.   Encontré una página en internet, por cierto, que me dice la cosa más como es: Los 20 Libros más vendidos de la Historia, y parece una selección muchísimo más interesante y real que la mencionada antes:   http://www.taringa.net/posts/info/7910168/Los-20-libros-mas-vendidos-de-la-historia.html. Menciónase en primer lugar a la Biblia, por supuesto, y es un primer lugar merecido, sobre todo si no nos ponemos muy complicados con sus versiones. Parecen haberse editado alrededor de 6,000 millones de copias. Se incluyen además libros para niños como Peter Rabbit de Beatrix Potter; Miffy de Dick Bruna; y El Principito de Antoine de Saint Exupéry. En cuanto a las series, tratadas como un solo título, están por supuesto El Señor de los Anillos y Harry Potter, y también Las Crónicas de Narnia de Carl Lewis. Está el muy famoso best-seller del Doctor Benjamin Spock, Baby and Child Care; el Libro Rojo de Mao Ze Dong; el American Spelling Book (Webster’s Dictionary), de Noah Webster, editado por primera vez en 1783, y que de ahí para acá ha vendido más de 100 millones de copias, y no es nada extraño que esté aquí, bien acompañado del libro de texto de mayor continuidad del mundo: el McGuffey Readers, que colocó entre 1836 y 1961 más de 120 millones de ejemplares y que continúa haciéndolo a razón de unos 30,000 más por año. Pucha, yo he escrito algunos textos, y la verdad me gustaría durar así. Está también el libro con copyright vigente más vendido del mundo: El Libro de Records Guinness, cuya primera edición data de 1956 y que va por los 94 millones, acompañado del World Almanac, que desde 1868 va vendiendo más de 73 milllones de ejemplares. El Código Da Vinci, El Alquimista y Lo que el Viento se Llevó están aquí. Pero les acompañan El Mundo de Sofía, de Joostein Gaarder y El Valle de las Muñecas, de Jacqueline Susann. Para completar el asunto hay algunos títulos de interés: Un mensaje a García de Elbert Hubbard, que no estoy tan seguro entre en la categoría de Autoayuda; y el libro de tema religioso In his Steps, de Charles M. Sheldon.  

¿Es injusto que El Quijote, la Guerra y la Paz, el Decamerón, Los Miserables, El corazón de las tinieblas o Crimen y Castigo no estén en estas listas? ¿O que no figuren Dante, Homero, Shakespeare? Pues fíjense, no sé. Porque yo creo que tomando en cuenta todas las posibilidades, podríamos hacer nuestra propia lista aún a riesgo de equivocarnos, por supuesto, pero así y todo trataríamos de dilucidar cuáles libros deben haber sido los más leídos a lo largo de la Historia, por lo menos desde la Imprenta de Gutenberg.  Así que aquí van mis hipótesis, sin ningún orden, porque eso sí me parece no debe ser:   

La Biblia
Me parece imbatible.  Se ha editado de todos los modos posibles, y lo cierto es que resulta más popular que nunca. Ya le hemos hecho sus Crónicas, a ellas remito a los interesados.
Las Mil y Una Noches
Quizá uno de los libros más hermosos de todos los tiempos. Debe resultar obvio que no esté en las listas, por su extensión que abarca varios tomos, y por que está básicamente editada en versiones para niños, cuando menos en Occidente.
El Diario de Anna Frank
Este libro narra la guerra mundial. Pero se diferencia de los relatos convencionales en que se le narra “desde dentro”, desde los ojos de una niña que tiene que esconderse para que no la atrapen por el crimen de ser un chivo expiatorio para que un grupo de asesinos pueda conservar el poder.
El arte de la guerra
Sun-Tzu tiene que haber sido un tipo de enormes habilidades para que su texto se haya convertido en un clásico. Se estudia hoy en día en todas las escuelas militares y políticas del mundo y no hay como soslayarlo.
El Príncipe
Niccoló Machiavelli se vuelve un clásico por el expediente de tratar a las cosas políticas como son y no como nos gustarían que fuesen. Inventor de la razón de estado, probablemente de ahí viene la frase que se le atribuye: El Fin justifica los medios.
Romeo y Julieta
William Shakespeare. Es verdad, no lo han leído tanto, pero que lo han visto en alguna de sus centenares de versiones, y que todo el mundo identifica a Romeo y a Julieta, más que sea parodiados, pos sí.
El Hombre que calculaba
Malba Tahan. Un clásico de las matemáticas y de los cuentos. Me gustará siempre la manera como Alá prefiere los repartos.
Más allá del bien y del mal
Federico Nietzsche. Hasta hoy se vende, y eso es extraño para obras del calibre de la mencionada y otras del mismo autor, pero Nietzsche no solamente era un filósofo impeque sino un literato de primera.
La Metamorfosis
Franz Kafka. Favorecida por ser corta, barata de comprar, muy representativa y además soberbiamente narrada. ¿Quién no la tiene en casa?
Las aventuras de Huckleberry Finn
Mark Twain. Entrañabilísimas. Huck es el chico de más personalidad de toda la literatura universal, en mi humilde opinión, y alguien con el que me encantaría recorrer el Missisipi en barca.
Los Miserables
Víctor Hugo se supera a sí mismo en este fresco y pintura de las miserias humanas y del lirismo con el que las trata. Todos conocen a Jean Valjean. Vive a la vuelta.
Diez Negritos
Agatha Christie. Vamos, no se hagan, a todos nos gustan los detectives y los casos para resolver.
El Nombre de la Rosa
Umberto Eco. Monjes Detectives y Asesinos. La lucha alrededor de una Biblioteca y de un libro perdido.
Ella
Henry Ridder Haggard. La aventura en su máxima expresión. Quien no la haya leído no sabe qué es aventura, ni cómo se come.
Así se templó el acero
Nikolai Ostróvsky. Épica revolucionaria soviética, alejada de los cánones del realismo socialista.

V
Colofón

Yo me sospecho que estos podrían ser  los libros más leídos, pero estoy seguro que me paso por alto espacios culturales completos. En todo caso hemos ganado una panorámica y cuando menos no nos estamos tragando el cuentazo de que lo que más se vende es necesariamente lo que más se lee. En todo caso, prueba suerte, haz tu lista, y lee lo que quieras
Peru Blogs

domingo, 31 de marzo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 25: BIBLIA (vi)


CRÓNICAS DE LECTURAS – 25
LEER LA BIBLIA (VI)

I
El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento parece que presentara un cierto aire más moderno respecto al Antiguo. Se centra en la figura, presencia, predicación, vida y muerte de Jesucristo, el Mesías de los judíos; y la acción de sus inmediatos seguidores, los cristianos. El Nuevo Testamento goza de la misma sacralidad que el Antiguo, y contiene la mayor parte de lo que es original en el Cristianismo con respecto a su matriz semita, para las confesiones cristianas es el mismo centro de la Biblia. Para los judíos, bueno, no tiene el mismo carácter, exceptuando un muy pequeño grupo, pero imagino que lo leerán por curiosidad y por hallar las claves de lo escrito en el Nuevo Testamento en el Antiguo, igual que es posible para los cristianos rastrear el Nuevo en la Misa y demás liturgias. Lo Original del Nuevo Testamento con respecto al Antiguo es el convencimiento de que el Mesías esperado por los Judíos es Emanuel Jesús, llamado el Cristo. Y así lo Esencial del Nuevo Testamento – de toda la Biblia para los cristianos – es el relato de la llegada del Mesías, pues esta es la Buena Noticia (Evangelio en griego) que se está anunciando. El Nuevo Testamento consta así de Cuatro versiones de esta Buena Noticia, Cuatro Evangelios, tres de ellos denominados Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), aparte de un cuarto, muy original, cuyo hagiógrafo sería el Apóstol Juan, a su vez autor de Epístolas y del Apocalipsis. Además Lucas, hagiógrafo del Tercer Evangelio, parece ser también autor de los Hechos de los Apóstoles, en apariencia editado originalmente junto a su correspondiente Evangelio, y luego editado aparte para tener los Cuatro Evangelios en un solo bloque. Viene luego un conjunto de Cartas o Epístolas, también dividido en dos grupos: El primero y más numeroso es el de Epístolas Paulinas, cuyo autor sería el apóstol Pablo, nacido Saulo de Tarso, judío de la dispersión convertido a la fe de Jesús en dramáticas circunstancias, y que dedica su celo apostólico y epistolar a las primigenias comunidades cristianas. Al otro grupo lo forman las epístolas católicas o universales, por estar dirigidas en su mayoría a la comunidad cristiana en su conjunto. Sus autores habrían sido otros apóstoles: Pedro, Juan, Judas y Santiago. Ya mencionamos en otras Crónicas al último de los Libros, el Apocalipsis de Juan, centrado en las visiones que el mencionado habría tenido durante su destierro en la Isla de Patmos, y cuyo parentesco con otros libros del Antiguo Testamento ya hemos comentado.

El Nuevo Testamento comprende en total 27 libros en el canon de la Iglesia Católica Romana, que es más o menos el mismo de la mayoría de las Iglesias de la Reforma. Hay dudas sobre la Epístola de Santiago, que Lutero llamaba con desprecio epístola de cartón, dado que defiende la necesidad de buenas obras para la salvación personal (la fe que no produce obras está muerta – Santiago, 2, 26), cuando el monje alemán estaba convencido que la justificación paulina por la Fe es la que cuenta (quien no tiene obras que mostrar, pero en cambio cree en el que hace justos a los pecadores, a ese tal se le toma en cuenta su fe y se le considera justo – Romanos, 4, 5-6), así que se me hace que su oposición era algo interesada. En todo caso, me ha sonado siempre como una discusión tipo la de qué es primero, si el huevo y la gallina. Pero por menos la gente se mata. El idioma en el que se escribe el Nuevo Testamento es casi todo griego koiné, menos una parte del Evangelio de Mateo. La traducción de la Biblia al koiné se inició hacia el 250 a.C., cuando un grupo de sabios judíos helénicos residentes en Alejandría de Egipto, conocidos como los Setenta, empezaron a traducir el Antiguo Testamento para las sinagogas (sinagoga es término de origen griego, precisamente) dispersas en el mundo de habla griega. A esta obra se le conoce como la Biblia de los LXX, e incluye partes del Antiguo Testamento cuyo original en hebreo se ha perdido, motivo por el que algunas iglesias dudan de su canonicidad. Aunque es posible que la lengua materna de Jesús fuera el arameo, no se descarta que supiera griego, pues Galilea parece era bilingüe en aquellos días, y lo emplea Jesús frente al procurador romano Poncio Pilato. Hay grandes variantes en las formas del griego empleado en el Nuevo Testamento: Las epístolas de Santiago, Pedro y a los Hebreos (atribuida a Apolo), así como el evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles, presentan un griego literario y elegante, escrito por gentes con el griego por lengua materna. Las epístolas paulinas tienden a ser más coloquiales, en tanto que el Evangelio de Juan y sus cartas presentan un estilo sencillo pero correcto. El Apocalipsis en cambio está escrito en un griego complejo y recargado. El empleo de muchos giros semíticos en estos libros sugiere que sus hagiógrafos pensaban en arameo u otras lenguas semitas, pero trataban con mayor o menor solvencia de emplear el idioma en el que sabían que su mensaje sería más leído y entendido.

II
Los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles

Es muy difícil hablar de los Evangelios, lo reconozco. La sensación de su Sacralidad invade el espíritu, desde que los que vivimos en países fundamentalmente cristianos y católicos nos hemos criado en su interior, por así decirlo. El carácter sagrado de los Evangelios es reforzado en la liturgia de la Misa Católica a través de ritos particulares, y no se le menciona ni cita sin añadir al final “esta es la palabra de Dios”, a la que, para emplear una expresión de catecismo, “el pueblo se adhiere diciendo amén”. Que si los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) fueron posteriores o anteriores al Evangelio de Juan, como sostienen algunos masones y/o francmasones, y por lo tanto la versión arriana – atanasiana de la divinidad de Jesús resulte siendo la primordial por sobre otras, es aspecto doctrinal de una discusión que debo decir me tiene francamente sin cuidado. En todo caso sí es discernible una clara diferencia entre los tres Evangelios Sinópticos y el de Juan en cuanto a las fuentes, pues Juan narra los hechos empleando fuentes diferentes, en muchos casos de más exactitud y detalle que las de los Sinópticos, que en realidad parecen escritos mirándose los unos a los otros. Además el plan del Evangelio de Juan es muy diferente y altamente teológico, en tanto que los hagiógrafos que escribieron los Sinópticos parecen más bien pensar en términos de demostración histórica tangible de la realidad y presencia de Jesús. La cuestión más interesante a mi modo de ver es de ese orden, el tratar de dilucidar qué evangelio fue escrito primero, y por ende haya sido utilizado como fuente para los otros. Todo abona a que el Evangelio de Marcos fuera uno de los primeros en escribirse, si no el primero, en principio por su corta extensión, comprimida en dieciséis intensos capítulos, y por el hecho que parezca una especie de Manual para Uso del Predicador Aficionado. Debe así haber estado en la faltriquera de los otros Hagiógrafos, Mateo y Lucas, que lo emplearían junto con otras fuentes. En el principio existía la Palabra, dice Juan (Juan 1,1), y el verbo dicen otras traducciones. Y esto pareciera referirse al hecho que todas las relaciones escritas sobre Jesús el Cristo tienen como antecedente la palabra, la oralidad de los predicadores, heredera directa de la predicación de los profetas, y por ende semejante a ella en varios de sus caracteres. Algunas de las historias de los Hechos de los Apóstoles referidas a la Predicación parecen sacadas de los Profetas del Antiguo Testamento. Es el caso del milagro de curación que Pedro y Juan aplican a un tullido en Hechos 3, 1-10, en la que podrían cambiarse los nombres por los de Elías y Eliseo; o el martirio de Esteban (Hechos, 7); o el bautizo del eunuco por el apóstol Felipe (Hechos, 8, 26ss.). En este contexto de predicación intensa se habría empezado a sistematizar la información, poniéndola por escrito, agrupándola en sucesión cronológica de hechos, o siguiendo algún otro criterio. La narrativa parece seguir criterios análogos para todos los sinópticos, incluso a veces con análogas o iguales anáforas o referencias que seccionan y dividen las narraciones, como por ejemplo: “y sucedió que …”, preferida de Lucas; o “en aquellos días …” o “en aquel tiempo …” (in illo témpore en la Vulgata), preferida de Mateo. De algún modo pareciera que Lucas emplea a Marcos y a Mateo como fuentes primarias, aunque pasando por alto el sentido hebreo-judío del Evangelio de Mateo, que trata de ubicar a Jesús dentro de una genealogía, además de detenerse en los relatos de su concepción, nacimiento, huida a Egipto y  demás hechos de su Infancia, indicando siempre su predicción por los Profetas. Lucas añade más datos al respecto, aunque claro está, en un plan diferente al de Mateo, pues Lucas es un helenizante y se dirige a helenizantes, y por ende ordena y clasifica la información de un modo diferente.

Es difícil determinar qué parte o partes de los evangelios puedan ser más centrales que otras. La predicación de Jesús debe haber durado entre dieciocho meses y tres años, y los Evangelios hacen básicamente dos cosas: Contar los sucesos acaecidos a Jesús, y presentar la Buena Nueva que el Cristo trae. Mateo vincula Dichos y Hechos de manera íntima y bien planteada, pues el hagiógrafo narra secciones que empiezan con milagros y otros acontecimientos, y que culminan en conversaciones o discursos, como en Mateo 15, cuando se acercan a Jesús algunos fariseos y mantienen un tenso intercambio, que luego culmina en un pequeño discurso de Jesús con una o varias enseñanzas: ¿No comprenden que que todo lo que entra por la boca va a parar al vientre y después sale del cuerpo, mientras que lo que sale de la boca viene del corazón y eso es lo que hace impuro al hombre? (Mateo 15, 17-18). O Mateo 22, 15ss., en donde los fariseos preguntan a Jesús sobre la pertinencia de pagar el impuesto al César, y la enseñanza: den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22, 21). Ya hemos visto que Marcos tiende a contar menos y más bien reseña impactos. Lucas, por su parte, poseía marcadas cualidades para  la observación y la descripción detallada, más un cierto sentido práctico, que no sorprende si atendemos a que era médico. Su evangelio (y su continuación los Hechos de los Apóstoles) se los dedica al converso cristiano Teófilo, persona acomodada a la que espera convencer para que le financie copias de estos escritos. En cierto modo es una investigación donde Lucas hizo a conciencia su tarea: Empleó las mismas fuentes del evangelio de Marcos, cuyo orden sigue, así como ciertos documentos (Logia) que debió obtener de las iglesias más antiguas de Palestina, Jerusalén y Cesarea, con los que alimenta los capítulos 9 a 18 de su evangelio; y es posible que tuviese a su disposición el evangelio de Mateo. Además completó la chamba con información de primera mano, testimonios de apóstoles y gentes que conocieron a Jesús, incluyendo casi con seguridad en este grupo a María, Madre de Jesús, pues hay información que solamente podría haber sido suministrada por ella misma: Entró el ángel a su casa y le dijo: Alégrate tú, la Amada y Favorecida, el Señor está contigo. Estas palabras la impresionaron y se preguntaba qué querría decir este saludo. (Lucas, 1, 28). A diferencia de Mateo y Marcos, que escriben manuales para predicadores, Lucas se interesa en registrar los hechos en forma muy parecida a lo que hoy llamamos Historia y trata de describir con fidelidad tanto los Hechos como los Dichos. El Evangelio de Juan, por el contrario, no tiene intenciones historicistas sino más bien de carácter teológico y religioso. Donde los Sinópticos abundan en milagros y hechos, Juan solamente narra Siete Milagros, número simbólico, y los discursos de Jesús los centra en determinados conceptos y términos que Juan trabajó cuidadosamente. La intención de este evangelio es clara: Esto ha sido escrito para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que por esta fe tengan la vida que él solo puede comunicar (Juan, 20, 31). De hecho muchas de las creencias actuales alrededor de la persona del Cristo y su relación con los planes de Dios proceden en línea recta de este Evangelio: A Dios, nadie lo ha visto jamás, pero Dios, Hijo único, comparte la intimidad del Padre: éste nos lo dio a conocer (Juan 1, 14).

III
Las Epístolas Paulinas

El estilo de Pablo de Tarso ha marcado las epístolas neotestamentarias de manera tan indeleble, que podemos considerar fácilmente al susodicho como el autor de género epistolar más leído en el mundo. Incluso en la liturgia católica aparece mencionado muchas más veces que los otros Apóstoles, lo que es posible por la muy sencilla razón de que la mayoría de las Epístolas se le adjudican. En todo caso tiene propaganda gratis en todas las Misas, pues las epístolas se leen de cajón, y es muy probable que sea de una de las suyas, y ello fuera de que hay liturgias en las que se emplean sí o sí, como en el caso del Matrimonio, donde los novios leen el Himno a la Caridad de I Corintios 13, 1-13: Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe … . Las correrías del hagiógrafo Pablo de Tarso están profusamente mencionadas en los Hechos de los Apóstoles, ocupando algo más de la mitad. Pablo, como apóstol de los gentiles, acapara la atención de Lucas, que lo conoce en persona y trabaja con él en la predicación. Y por si fuera poco en sus cartas se describe a sí mismo con sinceridad digna de elogio: Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, intachable. Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo (Filipenses, 3, 5-7). Al principio su celo de fariseo lo lleva a perseguir cristianos y enredarse en el asesinato del protomártir Esteban, pero se convierte a la Fe de Jesús en apariencia por directa intervención divina y arrebatamiento al Tercer Cielo: Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, (…) le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (…) Yo soy Jesús, a quien tú persigues (…) entra  en la ciudad y se te dirá lo que tienes que hacer (Hechos 9, 3-6); cae de inmediato en un estado de aparente arrobamiento, del que lo sacará Ananías, y de ahí Saulo el perseguidor de cristianos se convertirá en el apóstol Pablo, que asume el ministerio de viajar y predicar por el Mediterráneo Oriental y Central, y escribir incansablemente un total de catorce epístolas conocidas y varias no conocidas, haciendo trabajar a la mala a sus secretarios a lo largo de tres viajes de evangelización, que lo llevarán hasta la mismísima Roma. Su personalidad es tan acusada que se ha dicho que sostenía correspondencia con Séneca. La tradición quiere que haya fallecido en Roma el mismo día que el apóstol Pedro, motivo por el que su fiesta es compartida: San Pedro y San Pablo, el 29 de Junio. Pablo de Tarso combinó las cualidades del fanático medio fundamentalista, de sangre caliente; y la del frío razonador oportunista, y de ahí que despliegue un estilo para escribir dirigido a lograr impacto, muy coloquial y de notable oralidad, a la que colaboró sin duda el hecho que dictara las cartas a sus secretarios, los que de cuando en vez añaden una línea de saludo. Por cierto, el estilo oratorio paulino ha sido copiado a mansalva por los predicadores evangélicos de hoy, y según parece funciona muy bien, examinemos si no las nutridas cuentas bancarias de Billy Graham, Jimmy Swaggart y otros “apóstoles” más, que en este tema, ay, también puede hacerse negocio. De hecho, hay tanta plata en los medios de comunicación, que hay también en el cable canales católicos, y sacerdotes y monjas mediáticos. En fin, pecado no parece ser.

Las epístolas paulinas están unidas a los acontecimientos de la Predicación y de la propia vida del apóstol, y así encontramos que el libro más antiguo del Nuevo Testamento, la Primera Carta a los Tesalonicenses (circa 51 d.C.) fue escrita por Pablo de Tarso, y ya contiene y describe la mayor parte de los artículos de fe: El Dios Trino y Uno (aunque nunca se mencione la Trinidad por su nombre), la resurrección de los muertos, la redención por Jesucristo y su Segunda Venida, que muchos daban por inminente: … sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche (I Tes., 5, 2). Parece que de aquí proviene también la creencia de algunas iglesias en el rapto, que incluso se ha representado en algunas películas evidentemente financiadas por grupos religiosos:  … los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires (1 Tes., 4, 16-17). Por cierto, Pablo no se libró de imitadores, pero esto no parece le haya desagradado, pues eran canónicos en sus creencias, y más bien parece se los arrejuntaba en una suerte de Escuela o Equipo de Predicadores. Parece ser el caso de Apolo, mencionado en Hechos 18, 24-26 y nuevamente en 1 Corintios, 1, 12. Podemos especular que, como algunos escritores modernos, Pablo tenía sus “negros” (escritores por encargo) que le hacían las epístolas, que él sólo revisaba y firmaba. Es el caso aparente de la Segunda Carta a los Tesalonicenses, las cartas a los Colosenses y Efesios, la Epístola a Tito y las dos a Timoteo. Es muy interesante el hecho que haya general acuerdo en los estudiosos, incluso en los revisionistas, que las epístolas Primera a Tesalonicenses, Filipenses, Gálatas, Romanos, Filemón, y Primera y Segunda a los Corintios son originales definitivos del exfariseo y converso Pablo de Tarso. Es la personalidad más delineada de su época, e inapreciable como fuente histórica del cristianismo primitivo, pues las epístolas parecen incluso anteriores a los evangelios. Parece indudable que hubo una suerte de escuela paulina, que habría sido responsable de la conservación de su corpus epistolar. Las epístolas tratan de diversos temas de moral y fe, pero en todas se percibe la tensión entre los cristianos de origen judío y los de origen gentil, desenredada a medias en el Concilio de Jerusalén, y problemática por la dificultad de comunicarse, por la Dispersión misma y por la multiplicidad de predicadores. Siempre me ha parecido curioso que de doce, trece o catorce apóstoles originales – pues parece que ese número de doce nunca fue muy exacto - la mayoría se hayan dedicado a los judíos y solamente uno o dos (Pablo y Bernabé) a los gentiles.
  
IV
Más sobre las Epístolas, la Fe, y cómo terminan “los Libros”

Ya hemos visto que in illa témporeEn aquellos días - se creyera que el Fin del Mundo y la Segunda Venida de Cristo andaban cerca y ocurrieran en cualquier momento. Había profecía de Jesús al respecto, que registran los tres sinópticos: Mateo 24; Marcos 13 y Lucas 21: … cuando veáis que sucede ésto, sabed que el reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Lucas, 21, 31-33). Ya hemos visto a Pablo tomando medidas con los tesalonicenses al respecto, y hemos examinado someramente el papel del Apocalipsis de Juan. De hecho, las circunstancias históricas, sociales y políticas parecían dirigirse en el mundo cultural judío hacia lo que en los Andes llámase un pachacuti, una inversión del mundo, el fin de una era y el principio de otra, una “revolución”, quizá, en vocabulario más moderno. Nuestra cronología refleja dicho hecho, ya que escribo estas líneas en el año 2013, después de Cristo, o, como dicen los anglosajones, A.D., es decir Anno DominiAño del Señor. La teología de las epístolas nos lo indica en su evolución y en la narrativa de los problemas de fe y comportamiento que atravesaban las comunidades. Las epístolas paulinas a Timoteo son importantes por su preocupación ética, por ejemplo, referida a las condiciones que deben reunir los Obispos. Y las Siete Epístolas Universales, escritas supuestamente por otros apóstoles y reunidas en colección aparte, dan fe también de las dificultades del Cristianismo Primitivo. Los estudiosos no están seguros de la paternidad de los apóstoles en referencia a estas epístolas. Juan en particular, tendría que haber llegado a ser realmente bien viejo para escribir las epístolas que se le atribuyen, y el Apocalipsis más. Y la de Judas y las dos de Pedro parecen tener partes añadidas, y definitivamente hay más de tradición en su aceptación canónica que estudio científico. Por supuesto eso no les quita a ninguno de estos escritos canonicidad alguna, en la medida que son aceptados como parte de la Biblia desde tiempos inmemoriales por tradición, y que eso de decir que son de Santiago o Judas o Juan puede perfectamente ser nada más que un título, producto de suplantación piadosa. Por ello no necesariamente los hagiógrafos son exactamente quienes se dice que son, por los motivos que hemos reseñado ya para otros libros y hagiógrafos de la Biblia.

La necesidad de acordar la verdad como valor racionalista con la verdad religiosa es, a mi manera de ver, muy relativa cuando hablamos de Libros Sagrados en general. Imaginemos que se demostrara científicamente que Siddharta Gautama Buda no hubiera existido jamás, ¿invalidaría ello el corpus de la predicación budista y las creencias de estas personas? Seguramente la respuesta sería afirmativa para muchísimos no-budistas, lo que nos llevaría a preguntarnos más bien por la pertinencia de los que no son budistas a meter la cuchara en las creencias de los budistas. Y es que me parece está aquí precisamente el problema, que ya toqué en referencia a los creacionistas, a la identidad de los hagiógrafos y la paternidad de muchos libros de la Biblia: el tema de la Fe en tanto que creencia en enunciados no demostrados, e inclusive indemostrables. La Biblia es uno de esos hechos de la realidad que puede someterse a pruebas racionales para encontrar la “verdad”. Y por ende pueden encontrarse “verdades” sostenidas en los valores del racionalismo opuestas a las “verdades” sostenidas en los valores religiosos. Pueden existir perfectamente creencias sostenidas en fantasías: Cada cierto tiempo aparece siempre alguien que asegura haber fotografiado los restos del Arca de Noé en el monte Ararat, y todavía estamos esperando esas fotos. El cuando una creencia adquiere valor de “verdadera” es todo un tema, porque a pesar de toda nuestra parafernalia sobre el asunto, la inmensa mayoría de las afirmaciones en las que creemos son no-demostradas. Empezando por si mi casa está ahí donde debe estar cuando no estoy en ella.  Como profesor de Filosofía que soy he enfrentado este tema, tanto como persona individual como con mis alumnos, entendiendo que debo mantener el respeto debido por las creencias del resto, pero a la vez aplicando el lenguaje y la aproximación filosófica, que excluye de necesidad la aceptación de cualquier doxa, y por ende de cualquier ortodoxia. Y es un tema que seguramente continuará, y que dejo aquí planteado, por lo que pueda valer. Después de todo, no leemos la Biblia necesariamente para averiguar las costumbres de los romanos de los primeros siglos de nuestra era, sino también para encontrar guía y consuelo en nuestras circunstancias vitales. A estas alturas me pregunto si he hecho bien este trabajito, por aquello de que todo lo que vale la pena de hacerse, vale la pena de hacerse bien. Pero adolezco de profundidad, reconozco. Si algo he hecho es, tal vez, inducir a mis lectores a leer por sí mismos, que no es más que lo que nos propusimos desde el principio en estas humildes Crónicas.

V
Colofón

Vaya si me han costado trabajo estas crónicas sobre Leer la Biblia. No es que estén realmente terminadas. Durante el proceso encontré por lo menos dos Crónicas más que se inspiran en Leer la Biblia, y que publicaré llegado el momento. Pero espero haber culminado con estas Crónicas  sobre la Biblia misma, y no haberlo hecho demasiado mal, en el espíritu de lo que se suele leer en la espalda de muchos vehículos en Lima: Lea la Biblia. Parece por último pertinente, por ende, finalizar estas Crónicas con las últimas palabras de la Biblia: El que da fe de estas palabras dice: Sí, vengo pronto. Amén, ven, Señor Jesús. Que la gracia del Señor Jesús esté con todos. Amén. (Apoc. 22, 20-21)