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lunes, 16 de marzo de 2015

MAESTROS, por Francisco Mora - LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 14


MAESTROS, de Francisco Mora
LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 14

Leo el artículo MAESTROS, de Francisco Mora, maestro español y catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense de Madrid, así como catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa, y no puedo por menos que sentirme orgulloso de mi oficio. Si dejaran hacer a los maestros veinte años sin interferencias, estoy seguro que otro gallo nos cantara. Pero nos siguen pegando abajo, como en la canción de Charly García. Lo que Mora dice para España puede afirmarse con mayores razones para el Perú, pero mejor os dejo con el artículo, que fue publicado en http://www.huffingtonpost.es/francisco-mora/maestros_b_4631734.html

Y lo copio exactamente tal cual, sin cambiarle ni una coma, aprovechen:

Acabo de regresar de lugares en donde he respirado otras culturas. Y vuelto con la mente lavada, fresca, como la de un niño recién peinado que lo llevan al colegio. Y precisamente, tras lo vivido, he pensado mucho, una vez más, en la cultura que tenemos y la educación que recibimos. Y en el colegio y los maestros y su significado en la educación, la cultura, la ciencia en esta España tan vieja, pícara, engañosa y deshonesta. Y la gran labor que hay por hacer en valores verdaderamente humanos, lejos del pensamiento pobre, egoísta, oscuro, que respiramos todos, todos los días.
La educación en este país no se arreglará nunca desde arriba, a golpe de leyes. Solo se arreglará seleccionando, formando buenos maestros. A alguien, ahí arriba, algún día, se le ocurrirá transformar los estudios de magisterio y crear un proceso serio de selección de los candidatos a maestros. Y lo hará, tal vez, de pronto, tras darse cuenta que el maestro es el gran hacedor, el hacedor de futuros, el responsable máximo de quien depende, en gran medida, los que van a ser los ciudadanos que va a tener un país. Reconocerá el enorme poder que el maestro tiene en su mano, poder real, del que posiblemente el propio maestro no es consciente. Y ese poder reside en que el maestro, haga bien o mal su trabajo, va a cambiar el cerebro de los niños a los que enseña. Y debo insistir, ese cerebro, de forma lenta y con los largos tiempos de colegio, no cambiará de una forma sutil, sino que lo hará en sus raíces, en su química y en su física, en sus conexiones anatómicas, en el funcionamiento de los circuitos neuronales y en sus engramas emocionales profundos. Y en ellos anclará de forma definitiva los valores y aprenderá las normas que instrumentan esos valores para vivir en sociedad. Eso es lo que enseña la Neurociencia hoy.

Es claro que la familia es ese primer modulador del cerebro del niño. Pero es el maestro, insisto, en orquestación de la relación con los otros niños el que entroniza en su cerebro los valores que deben regir su vida en una sociedad. Eso es educación que, como acabo de señalar, no se arreglará nunca solo con leyes sino, fundamentalmente formando buenos maestros, reconociendo que hay que seleccionar y formar muy bien quien va a ser maestro, creando en él la responsabilidad personal y social que implica su trabajo. Y solo así podemos tener la esperanza de que las cosas cambien de raíz. Y es así también que sembrando bien podemos esperar recoger una cosecha que fructifique en posteriores periodos de la enseñanza o en la misma conducta personal y social de ese niño. Y pasar así, con valores, de esa tan enraizada y centenaria conducta aireada y aplaudida del listo, pícaro y engañoso, zorruno y corto con los demás, a la conducta que expresa nobleza, mirada larga, honradez consigo mismo y bien hacer con los demás.

Cierto que ser maestro no es una tarea para la que sirve todo el mundo. Profesión dura que hay que amar pues requiere una buena dosis de entrega de tiempo y talento emocional. Y eso no es fácil y menos en ese día a día que es la briega del aula, de la lucha, tantas veces, con la incomprensión y la desesperanza. Por eso hay que formar al maestro haciéndole consciente del valor de su trabajo. Haciéndole saber emocionalmente que es él quien alimenta el fuego que hace cocer lento los talentos ejecutivos, la inhibición y el control de la conducta, el entrenamiento de la memoria de trabajo, la emoción, la atención, el aprendizaje y la repetición del aprendizaje y el respeto y la comprensión empática del otro. Proceso que acumulado será la guía del futuro personal del niño. Y eso son valores en donde, más allá de la enseñanza misma y el ejemplo cotidiano del maestro, sean en esos primeros años como era la luz de los faros para los barcos.

La madera de maestro no crece en todos los bosques. Es una madera especial que hay que escoger y seleccionar muy cuidadosamente. Y después embellecerla. Magisterio debiera de ser una de las profesiones más cuidadas, no a nivel de conocimientos en materias, que también, sino en sensibilidad social, en fibra emocional, en aristas de ética, en capacidad docente, en corazón de valores y en sentimiento profundo de responsabilidad social. Un niño en manos del maestro es como un bloque de mármol en el que clase a clase, día a día, hay que modelar a pequeño golpe de palabra y emoción y sacar una figura que sea la base de un ser humano sólido y honesto. Un maestro es un hacedor de futuros. Un mago capaz de transformar el cerebro en desarrollo de los niños para que puedan convertirse en dirigentes honrados o simplemente ciudadanos capaces de sentirse orgullosos de un buen hacer con lo que hace. Y también ser capaces de volver algún día al Colegio, dar un abrazo a su maestro y derramar sobre su mesa luces de agradecimiento.

De lo que el maestro haga, con su palabra y con su ejemplo, saldrán niños con amor por la verdadera cultura, las humanidades y la ciencia. Saldrán niños con valores capaces de ennoblecer la verdadera dignidad personal y el bien hacer, escuchar y respetar al otro. De hacer reconocer emocionalmente que los demás no solo son los que están delante de ti, cercanos y hablando contigo, sino aquellos otros que no ves. Y que el daño y desdoro hacia los demás puede ser simplemente echar una colilla o un pañuelo sucio desde tu coche cuando conduces por la carretera. Entronizar valores humanos significa luchar por ser el mejor bibliotecario, el mejor ingeniero o el mejor fontanero o carpintero sintiéndote orgulloso de un trabajo bien hecho. Y todo eso, en gran medida, depende de los maestros. El maestro debiera ser la joya de una sociedad.



Colofón


Y aquí de nuevo este bloguero: Preguntémonos si el maestro es la joya de nuestra sociedad o el tacho en que arrojamos las culpas y depositamos las responsabilidades que como sociedad y estado cobardemente no nos atrevemos a asumir. Y si decir esto significa incendiar la pradera, pues que se queme, pues las hogueras también iluminan la noche. Que escuche el que tenga oídos. 


Peru Blogs

lunes, 16 de diciembre de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 69 - LECTURA EN PANTALLA (PARTE UNO)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 69
Lectura en Pantalla (on line y off line) - PARTE UNO

I
Lectura en Pantalla

Leemos signos impresos, pintados, grabados e incluso manuscritos sobre un conjunto de superficies planas encuadernadas entre dos tapas, así ha sido desde algo más de cinco siglos. Según UNESCO hay un libro si el conjunto de signos se despliega en no menos de cuarentinueve (49) de esas superficies planas (en adelante páginas), a razón de dos (2) por cada hoja de papel, lo que da veinticinco (25) hojas. De cinco a cuarentiocho páginas (3 a 24 hojas) es un folleto y menos que eso hojas sueltas. Antes, los rollos de papiro obligaban a la lectura lineal, avanzar o retroceder en un libro no era compatible con el libro-rollo, no se iba al final a ver en qué terminaba la aventura. Pero el mundo cambia: Entre papiro y papel hubo pergamino, que sugiere el ir y venir por el texto, hojear para ojear. El libro-rollo y el libro de hojas se transportan fácilmente, pero se maneja mejor un almacén de una Biblioteca con libros que con rollos. A fines del Siglo XX llega otro cambio radical en los soportes para leer, que pasan del papel a un formato documentario virtual. Crece el empleo del libro digital (o libro virtual, libro electrónico, ciberlibro, e-book, eBook, etcétera) en la lectura normal y en la profesional, como en la conservación de documentos. Surge el audiolibro para personas con discapacidad visual y para su empleo en museos y espacios turísticos. Leer en pantalla y mover lectores hacia ella es una etapa que, como la del pergamino, durará poco dado el acelerado desarrollo de soportes portátiles para leer, en los que llevarás tu Biblioteca Virtual y leerás lo que sea, donde sea y cuando te dé los forros. Estamos en la cresta de la ola del cambio y la hojarasca es barrida por el viento.

Pese a la inminencia de más cambios profundos en la función de la lectura, éstos no se avizoran claramente, los predictores de escenarios, planificadores educativos y demás profetas y sibilas están sumamente desconcertados: Lo imprevisible del devenir humano hace que prever qué pasará en los próximos cinco o diez años se vea iluso, no digamos los próximos veinte o cincuenta: El equipamiento en las escuelas queda obsoleto con vergonzosa premura; en especial en un Perú donde la desconfianza manda y se le teme tanto al maestro que se le quiere reducir al estatus de pulsador de botones. No se hace la muy necesaria investigación básica y aplicada y seguimos sin saber a estas alturas qué pasa exactamente en el cerebro cuando leemos, y menos aún qué pasa con la lectura en pantalla y si hay diferencia entre la lectura on – line (lectura en tiempo real y enlace en directo con la world wide web) y la lectura off-line (lectura de documento en pantalla desde su almacén virtual). Las preguntas son claras: ¿Nuestros cerebros actúan distinto y se desarrollan de forma diferente dependiendo del formato de lectura? ¿Decodificamos y/o comprendemos mejor leyendo en impreso o en pantalla? ¿Qué diferencia hay entre leer on line y off-line?

II
Una primera aproximación

Todo empieza y termina con las personas. Tratar de formatear a la gente no funciona porque se parte del supuesto equivocado de que la gente es formateable. Pero sí es cierto que la gente posee una historia y un presente cognitivo y metacognitivo. A mí, como a la gran mayoría, el destino me encontró cuando empecé a usar computadoras: La necesidad convoca a la herramienta y el contexto manda: Durante el desastroso gobierno de Alan Damián García (1985 – 1990) la galopante hiperinflación hacía del cálculo de costos un infierno para los que chambeábamos en hoteles, en particular en el rubro de Alimentos y Bebidas. Los precios se alzaban vertiginosos y dejaban atrás los procesos tradicionales de costeo. Vi la luz con las Hojas de Cálculo, se me representó un costeo de pocas horas de duración, pregunté tres o cuatro cosas, conseguí unas proformas y alegremente expuse mis ideas a la gerontocracia gobernante. Me sentía en la punta de la Tecnología de Punta, en la mismísima vanguardia de la innovación, y me expresé, creo,  de manera en exceso entusiasta. La expresión de entusiasmo casi me cuesta el puesto: mis jefes eran dinosaurios con los sesos en la cola y no aceptaban que un jovenzuelo de fuera de la argolla les dictara el futuro, y yo no sabía aún que tener razón antes de tiempo es peor que equivocarse. Bueno, esto ya es Historia, salvé el puesto a duras penas y pensé, como el Potro de Horacio Quiroga: Ya llegará el día en que se diviertan. Pero tal día no llegó, la empresa se privatizó y pasaron cosas que para qué te cuento. Por mi cuenta compré mi computadora a plazos, y otra, y luego otra más. Y cada cual contaba con más memoria de almacenaje (soporte físico para una Biblioteca Virtual), creciente velocidad de procesamiento RAM, pantallas de mayor resolución, tarjetas gráficas más potentes, las últimas versiones de programas de software, etcétera. Incluso encontré los primeros programas para libros digitalizados. Y por último y a la vez, surgió la www y todo lo avasalló.

Cuando decidí formar mi Biblioteca Virtual dispuse de los libros en Pantalla como si fueran físicos. Los codifiqué según el Sistema Dewey, pues la diferencia entre una ruma de libros y una Biblioteca es el orden y el registro; y si bien no soy bibliotecario profesional tenía (y tengo) libros, folletos y formatos impresos en tal cantidad que se justificaba sistematizar. Ya tenía la experiencia de haberlo hecho en un par de Bibliotecas institucionales con el apoyo de alumnos que hacían prácticas. Mi Biblioteca Física es grande, contiene a la fecha algunos millares de libros y otros formatos; pero tengo bastantes más títulos en la Biblioteca Virtual. Como en todo lo novedoso, las ventajas parecen mayores que los inconvenientes; y cuando surgen las desventajas hay que aprender a minimizarlas. En esto no hay maestro mejor que la experiencia, cada persona en su aproximación cuenta con un juego propio en  asuntos como los ítems de clasificación que es a la vez, bendito sea Dios, el criterio de almacenaje en el disco duro – u otro soporte. No tienes por qué apegarte a rajatabla a la Clasificación Dewey, pensada para las Bibliotecas del Mundo entero, porque tus necesidades son diferentes de las mías y no necesariamente empatarán. No sabíamos muy bien como se comía eso de la personalización antes de la explosión de computadoras / ordenadores y conexiones en red, estábamos mucho más acostumbrados a acomodarnos a la estandarización que a que ésta se acomodara a nosotros. Creo que este es uno de los principales cambios en la relación del pueblo común y corriente con la ciencia y la tecnología, para bien en mi opinión.

III
Enfoque “abajo-arriba

El enfoque arriba-abajo  es grosso modo un modo de entender la comprensión lectora centrado en el lector; en tanto que el enfoque abajo-arriba se centra en el texto a comprender. La diferencia fundamental entre leer en libro y leer en pantalla parece estar precisamente en lo que está “abajo”, y parece conveniente empezar por aquí. Para ver en qué medida se lee distinto tenemos que identificar los formatos digitales de la lectura, y sus diferencias con el clásico: Para empezar están los libros electrónicos o ebooks, que aparecen en 1971 con el Proyecto Gutenberg, primera Biblioteca Digital. En el 2001 los primeros autores en poner a la venta ebooks con éxito fueron Stephen King y Vladimir Putin. Los ebooks son la versión más cercana al formato en papel, e incluso a veces son sólo el calco en facsímil de anteriores ediciones en papel, en especial los de formato .pdf, aunque los hay de formato .doc y .rtf, modificables con el programa word. Se puede disponer del archivo en el propio disco duro o soporte equivalente (en cuyo caso se accede a él off-line) o consultarlo a través de una página web que proporcione una Biblioteca Virtual (acceso on-line). Se ahorra un ingente espacio físico almacenando libros en el disco duro o soportes análogos. Confieso que daría lo que fuera por una tablet o equivalente en la que portara mi acervo bibliográfico y documental entero, tal como aparece en las novelas de ciencia ficción. Sus principales ventajas residen en la conservación y transporte de archivos, así como en el inmediato acceso cuando se los necesita. El brillo de la pantalla aún dificulta la lectura, la vista se cansa en especial para miopes y/o astigmáticos. Pero se desarrollan a todo meter soportes que resuelven este problema. Otra ventaja es el de la transcripción de citas para estudios o trabajos académicos, gracias al famoso copy and paste. En el tablet se lee off-line, aunque coexista con la lectura on-line en Bibliotecas Virtuales con documentos digitalizados y e-books ofrecidos al público por Internet.

La lectura en pantalla on-line presenta entre su fauna indígena al hipertexto, forma de estructurar información a través de links o enlaces o hipervínculos integrados a la interfaz del usuario, la idea es que cuando en el proceso de la lectura encuentras un concepto resaltado con hipervínculo significa que puedes interrumpir la lectura que haces para hacer click sobre él e iniciar una lectura subsidiaria en otra página referente al concepto vinculado o enlazado en la lectura anterior. El efecto es bifurcar la lectura, al salir de la primera para aclarar o completar un concepto en la segunda. En teoría al concluir esa “lectura secundaria” vuelves a la lectura anterior, en la práctica el retorno se dificulta. Por ejemplo, puedes encontrar hipervínculos “terciarios” al interior del hipervínculo “secundario”, interesarte en ellos y continuar haciendo clicks de manera que tu atención se desconcentra de la “lectura primaria”. Al "recentrarte" vuelves primario lo que era secundario, y te pierdes tal como dice la metáfora: irse por las ramas. Ese vagar por las armas y perderte del tronco del árbol desgracia la lectura como proceso sucesivo de decodificación / comprensión, porque el esquema de la lectura se va descubriendo – o construyendo - conforme lees. El riesgo en la lectura en pantalla on-line es perder el proceso al internarte en cada detalle hipervinculado. Claro que esto ya es enfoque arriba-abajo a desarrollar en la parte siguiente. Quedándonos en el soporte, digamos que la cantidad de hipertexto hipervinculado puede operar como un regressus-in-infinitum (retroceso al infinito) y llevar al lector a callejones sin salida conceptuales. Cada concepto empleado en una proposición posee una definición formulada a su vez por conceptos. Cada concepto a su vez posee una definición, formulada a su vez por conceptos, y cada concepto … y lo dejamos aquí precisamente para no retroceder hacia el infinito y perdernos. Parece claro ser éste el problema a enfrentar, la pérdida de los vínculos lógicos en el tronco principal de la argumentación, que los hipertextos estorban. Para ser competente en operar hipertextos se requeriría autodisciplina intelectual basada en el dominio del lenguaje de la Lógica Booleana y la Teoría de Conjuntos. Los hipervínculos y demás formas de organizar textos on-line son masivos en las Comunidades Virtuales (Facebook, Twitter, Google+, etc.), los e-zines (revistas electrónicas de estructura hipertextual) y los Blogs (Bitácoras web que recopilan cronológicamente diversos tipos de archivos de texto, imagen y sonido de uno o más autores).

IV
Enfoque “arriba-abajo

Ya le echamos un vistazo a los soportes (abajo); ahora vamos arriba, directo al cerebro de los lectores: Leer es un acto cognitivo complejo, las operaciones cerebrales de la lectura se suelen explicar como un Doble Proceso combinado de decodificación y comprensión. La Decodificación se automatiza con la práctica y traduce y acumula letras, fonemas, palabras, frases, oraciones, enunciados y proposiciones; con los que construye sucesivas unidades de sentido. La constante y más o menos fluida sucesión decodificadora da lugar a que el cerebro “se adelante” y produzca “predicciones” sobre lo que vendrá después: Si lees la sucesión t-i-e-r-r- es muy probable que ya sepas que lo que viene es la “a” de t-i-e-r-r-a. Y si viene “i”, es probable que te inclines a predecir t-i-e-r-r-i … -t-a. Mil disculpas por el chabacano ejemplo. La predicción puede considerarse la primera parte del paso del automatismo decodificador a la comprensión lectora. Después de todo, comprender “tierra” no es igual que comprender “tierrita”, y no es lo mismo decir L1: “estamos en mi tierra” que L2: “estamos en mi tierrita”; comprender nos hace conscientes, por ejemplo, del contenido emocional (connotación) en L2, que L1 no posee. Y a una oración se suma otra, y a un párrafo otro, y a un capítulo le sigue otro; las comprensiones parciales se siguen prediciendo y acumulando en mayores unidades de sentido para llegar a poder producir eventualmente valoraciones de diverso tipo, tales como “Este libro parece de redacción descuidada”; “el sistema de ideas tal no es coherente (o sí lo es, o lo es parcialmente)”; “el informe registra hechos pero no interpreta”; “este poema es hermoso”; etcétera. Los dos conjuntos de microoperaciones y macrooperaciones conforman el acto de la lectura; la decodificación actúa sobre las pequeñas unidades; y la predicción / comprensión sobre las grandes (párrafos, capítulos, libros). Ateniéndonos a esta explicación, que trato sea lo más corta y coherente posible, podemos buscar diferencias entre leer en pantalla y leer en formato tradicional.

La experiencia sugiere que el cerebro percibe la lectura impresa espacialmente delimitada: Hay unas coordenadas físicas tridimensionales: Un arriba – abajo dado por el grosor del libro percibido con la vista y el tacto, mas una dirección y un vector izquierda – derecha (derecha – izquierda en las lenguas semíticas; arriba – abajo en las de extremo oriente). Aunque sigue habiendo dirección y vector en la pantalla, la apercepción del grosor impide ciertas predicciones, no se sabe cinestésicamente de qué tamaño es el artículo, libro o enciclopedia que se lee, y esto repercute en el contexto predictivo. Hay otra diferencia cinestésica: las manos actúan pasando las páginas del libro impreso en un complejo proceso de coordinación vista-mano, en cambio mover la página en un texto en pantalla sin división natural en páginas no es ciertamente posible en la lectura on-line (sí en la off-line, aunque no al modo del libro clásico), y debe emplearse el mouse (ratón) o una tecla de “bajada” para “avanzar” el texto, y de “subida” para retrocederlo. El juego de asociaciones (base de la memoria y del aprendizaje) en el libro físico es distinto que el de la pantalla, como sugiere una investigación de Kate Garland, de la Universidad de Leicester: Con el libro físico la mente tendría más juego para hacer sinapsis al haber más puntos físicos de referencia percibibles por los sentidos, que permiten mayor cantidad de asociaciones. La estructura física del libro apoya la evocación de los datos, como cuando sabes que en la página 268 entra en Moria la Comunidad del Anillo; o que la explicación de la simbiosis está en el capítulo XV. La pantalla plana limita estas percepciones y la “memorabilidad” de los textos. En este aspecto todo parece reducirse a que los cambios en la pantalla pueden llevar a que a uno “se le mueva el piso”, es decir, que no tenga referencias fijas que establecer en el momento que lee, es decir menos perchas cognitivas de las que colgar las ideas, cuestión central en la construcción de estructuras cognitivas.

Una investigación de Jakob Nielsen sugiere que el tamaño de la Pantalla cuenta – tal vez esto explique la actual popularidad de las pantallas de gran tamaño, así como su creciente resolución, lo que también se observa en la Televisión y el Cine. A menor área de pantalla más pequeño el contexto en el que se ubica la información y menor evocación de sus contenidos. Pero no parece que esto se diferencie mucho del problema de los minilibros en factura clásica de papel, o de tratar de leer la Enciclopedia Colliers con una lupa de 2 centímetros de diámetro. En mi opinión – y solamente eso, sometida a mejor data y salvo error u opinión - todo parece indicar que las diferencias de lectura entre lo digital y lo clásico en papel son solamente de grado, y por ello únicamente requieren de un período razonable de adaptación al cambio. Hay datos que así lo sugieren: Los niños británicos tienden a leer más en formatos digitales, particularmente computadoras. Los estadounidenses adultos y niños poseen más tablets y leen más en ellos. Los rusos y españoles leen mucho más en digital que hace cinco años. 

V
Colofón

Parece ser claro que se lee más que antes, aunque no podemos concluir nada aún en referencia de los procesos de lectura de libros propiamente dichos. Parece, sí, que en definitiva debemos hablar de diversos tipos de lecturas. Quizá Twitter muestre un paradigma nuevo: El microblogging estaría ayudando al desarrollo de la capacidad de síntesis, pero en este caso estamos rompiendo los estrechos límites de la lectura tradicional no solamente en cuanto a la capacidad relativamente pasiva de leer, sino en la capacidad activa de producir textos. Y como esto no está aún terminado trataremos de verlo mejor en una segunda parte de esta Crónica que voy preparando y que ya veremos si publicamos. Hasta entonces.

La segunda parte de esta Crónica se encuentra en el siguiente enlace:
 http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2014/01/cronica-de-lecturas-73-lectura-en.html


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miércoles, 18 de enero de 2012

¿POSITIVISMO MORAL O IMPERIALISMO CULTURAL? UN VIDEO TED

En el contexto de la organización TED: Ideas worth spreading (Ideas dignas de ser difundidas), se presentó el Filósofo y Neurocientífico Sam Harris en Febrero de 2010. Su conferencia, que podremos ver a continuación, afirma que la Ciencia permite responder preguntas sobre moralidad. Ha sido clásico señalar que las proposiciones referidas al Ser no son del mismo tipo que las proposiciones referidas al Deber-Ser, separando así el dominio de lo fáctico del dominio de lo ético. Esta separación ha jugado en dos direcciones que no consideramos correctas: Por una parte ha justificado en la práctica el pragmatismo y la doble moral, y por la otra ha dado lugar a una suerte de relativismo moral ingenuo. Harris trata de resolver este problema partiendo del hecho que hablar de moralidad implica hablar de hechos que pueden ser Verdaderos o Falsos, y por eso caer dentro del dominio de la Ciencia. Conviene escucharlo, la conferencia está en el siguiente enlace:

Sam Harris: Science can answer moral questions | Video on TED.com


Una vez que hemos visto el video, me gustaría dejar flotando algunas reflexiones críticas sobre los puntos de los que trata:

1. ¿La búsqueda de un positivismo moral no terminará por deslizarse hacia un imperialismo cultural de la peor especie? Recordemos lo que pasa en un terreno bastante menos espinoso, el de la determinación del coeficiente intelectual, que ha sido muy criticado precisamente por disfrazar de positivismo epistémico lo que no era más que imperialismo cultural. Liberarnos de los contenidos ideológicos - entendiendo ideología como auto-engaño, como quería el Viejo Marx - pareciera ser condición sine qua non para poder ocuparnos con cierta eficiencia del problema moral. ¿Será posible liberarse del poder de la doxa (opinión)? ¿Proporciona el método científico base suficiente para fundar sobre él una moralidad positiva? Aunque Harris parece pensar que sí, su aproximación es lo suficientemente polémica para justificar la intervención final de Chris Anderson en la Conferencia (es extremadamente raro que esto suceda en las Conferencias TED) para orientar el tema  precisamente a restablecer una suerte de equilibrio.

2. ¿Son los hechos verdaderos o falsos, según Harris parece haber mencionado repetidas veces a lo largo de su conferencia? No estamos seguros. Los hechos son los hechos, y su descripción y juicio se hacen a través de proposiciones referidas a los dichos hechos. Los hechos no son ni verdaderos ni falsos, las verdaderas o falsas son las proposiciones que se refieren a los hechos. Nos parece curioso que un científico y filósofo de la talla de Harris pueda haberse enredado en una cuestión tan básica. Tal vez esto podría ser considerado una muestra de ideologización.

3. Los senderos electroquímicos del cerebro pueden explicar muchas cosas, pero, a riesgo de equivocarnos en un terreno espinoso del que poco sabemos, creo que los circuitos integrados de mi equipo de sonido no me pueden decir mucho acerca de si la música de Beethoven que toco en él es estéticamente bella o no. Pero tampoco hay nada que impida suponer que no podamos emplear lo que sabemos y descubramos sobre química del cerebro, biología evolutiva, neurociencia, psicología, etcétera para entender la génesis y desarrollo de la moralidad. Pero determinar a partir de ahí que estos conocimientos pueden ayudarnos a determinar si existe una moralidad universal básica, a la manera de la gramática generativa transformacional de Chomsky, no me parece que esté ni mucho menos demostrado. A lo más se habría demostrado qué útil podría ser si existiera.

4. ¿Puede existir una moralidad universal no dependiente del cómo los entornos culturales modifican la estructura sináptica del cerebro desde el nacimiento y a todo lo largo de la vida? De ser así el choque entre diversas relatividades culturales se resolvería a favor de una objetividad universal sobre lo que es bueno y es malo. A pesar de todo lo señalado por Sam Harrtis relativizando los eventuales resultados de un esquema de este tipo, la puerta al Imperialismo Cultural queda demasiado abierta a nuestro entender, pues definir el cómo deben ser las cosas suele depender del poder de quien impone sus propias soluciones.

Y punto por hoy.


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