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lunes, 21 de noviembre de 2011

NI ESTUDIA NI TRABAJA NI NADA: GENERACIÓN FRUSTRADA


NI ESTUDIA NI TRABAJA NI NADA: GENERACIÓN FRUSTRADA

"Los jóvenes tienen que trabajar de manera tan competitiva, que se acaban rompiendo (...) No están sólo desorientados, es que, en realidad, no hay pistas, no hay camino, no hay derecha, izquierda, adelante, detrás". (Alain Touraine)

“Si seguimos confundiendo lo que es el éxito para una persona, si queremos pensar que alguien exitoso es aquel que en menos tiempo hace más dinero, estamos equivocándonos, y eso tiene que ver con el crimen organizado y con la búsqueda de salidas falsas que no llevan a ninguna parte” (José Narro López, Rector de la UNAM de México)

“No son chicos que la que estén pasando genial a expensas de los padres. Son chicos, chichas, grandotes, grandotas y asustados.” (Alejandro Schujman)

"Lo que pasa es que rechazan el menú laboral que les ofrecemos. El fallo es nuestro, de nuestra educación y nuestros medios de comunicación (…) Se está produciendo una gran quiebra cultural. Los componentes identitarios de los jóvenes no son ya las ideas, el trabajo, la clase social, la religión o la familia, sino los gustos y aficiones y la pertenencia a la misma generación y al mismo género; es decir elementos microespaciales, laxos y efímeros" (Federico Jabaloy)

Empecemos con algunos testimonios recogidos en red. Son jóvenes Ni-Ni y adultos preocupados que hablan de su experiencia en posts anónimos sobre el problema. En algún caso he intervenido la ortografía para hacer legible el post:
“(…) hace tres meses terminé mis estudios (…) la empresa que me había prometió contratarme no me contrató. (…) después del enorme esfuerzo que supuso para mí, estudiar (…) ya pasaron 4 meses desde que terminé la escuela (…). Ahora que me entero de los NINI, me siento fatal, porque (soy) de esa generación, y por más que ayude a las tareas domésticas y trate de ser útil en mi hogar, (…) no estoy haciendo lo que a mis 21 años debo hacer. Me siento muy mal y con mucho miedo, (…) tengo pánico de ponerme a trabajar. Lo que estudié no es (…) lo que más me gusta, (…) lo estudié para (…) conseguir trabajo (…), pero no contaba con que la empresa retiraría su inversión e interés en mi, dejándome sin nada. Ahora me siento insegura porque (…) tengo que buscar trabajo (en) lo que estudié, pero es terrible buscar trabajo (en lo) que no te gusta y no puedo (en lo) que no estoy capacitada. (…) queda la opción de (…) estudiar, pero no hay (lugar) en las escuelas públicas, (…) y mis padres no me pueden pagar una escuela privada. No sé qué hacer, no quiero trabajar por pánico a tener un trabajo (que) no me gusta (ni) motiva, no puedo (entrar) en la universidad pública porque tiene un cupo super-extra limitado, (…) y no estoy dispuesta a trabajar (…) donde me paguen una miseria (…). No sé qué hacer, estoy bloqueada y ese bloqueo me hace ser parte de la nueva generación (…) de los NINI. (…) me la paso leyendo libros y estudiando Italiano en línea, pero sé que pronto eso no va ser suficiente y siento que una enorme depresión se avecina....”

“Hola, no soy bienbenido aqui, estoy pidiendo ayuda, aqui estoy en mi casa sin aser nada pero no por huevon, yo quiero estudiar y trabajar para darme mis lujos, pero no puedo, mi problema es que soy flaco, feo con lentes, un poco chaparro, tengo 15 años, cada ves que salgo la mayoria de la gente se burla y se rie, no quiero salir, ademas me jusgan sin siquiera conoserme, que me creo mucho, que tengo cara de pendejo, entre muchas cosas mas. Me sacó mi madre por que hiba a reprobar, trabaje en un restaurante en donde casi todos me trataron mal, me tuve que salir de ai y a mi si me gustaba mi trabajo, mi ermana me trata mal pero no la culpo soy un parasito, haora aveses estoy tratando de buscar como estudiar y trabajar pero aun no encuentro nada. “

“ .. usted sabe que cuando encontró empleo fue sin experiencia, igual que toda la gente grande que comenta aquí. No nos hagamos tontos, la verdad yo ahorita trabajo de chalan, aunque soy ingeniero de software y tuve que pasarme por empleado por que pedía trabajo como ingeniero y no me daban, según los empresarios por que no tiene uno mucha experiencia. Que se vayan al carajo esos vejetes, ellos mismos entraron sin experiencia y con conocimientos nulos”

“Hace días explotó mi relación con mi pareja en parte por este problema, yo nunca vi justo (que sus) dos hijos (…) (de) 24 y 22 años -no soy el padre biológico- no estudien no trabajen, exijan comodidades y lujos y hasta vehículo último modelo, no ayudan a levantar ni un papel del suelo, ah, pero sí beben alcohol y fuman. Ellos dicen porque es obligación de la madre hacerlo …”

“Yo tengo un sobrino de 21 años y no hace nada, ni trabaja ni estudia ni da golpe como dicen en mi tierra, no sabemos qué hacer, cuando dejó de estudiar mi esposo y yo lo intentamos motivar con apoyo económico como "premio", pero nada ha funcionado, al principio pensamos que por haber "salido del closet" tenía choques emocionales pero ahora ya no sé qué es lo que tiene. Sacarlo de casa y quitarle el apoyo no creo que ayude mucho, su papás nunca han tenido mucho así que mi pregunta es ¿tienen algún reportaje guía, comentarios, o algo que nos pueda guiar a sacarlo de esa actitud? Es un desperdicio de vida, capacidades y tiempo la actitud que toman.”

"Miramos con descrédito la vida que nos ofrece la sociedad. Nuestros padres trabajaron mucho y se hipotecaron de por vida, pero tampoco les hemos visto muy felices. No es eso lo que queremos. La gente tiene pocas prisas para hacerse mayor"

En este Blog hemos tocado reiteradamente el problema de los Ni-Nís, centrándonos en advertir la existencia de este grupo generacional, que abarca gran número, y algunos de sus rasgos, aunque en realidad sobre los Ni-Nís los estudios no abundan y poco sabemos fuera de hipótesis más o menos astutas y testimonios como los que muestro líneas arriba. El fenómeno, por cierto, no es privativo de los países subdesarrollados o emergentes, en verdad pasa en todos lados, aunque con diferentes modalidades e intensidades. Lo único de lo que podemos en verdad estar seguros es que el problema social ya está aquí, pero no lo vemos.

Agendas Políticas

En general a los problemas sociales en nuestro medio se los invisibiliza. Esto en parte refleja un conflicto entre Agendas políticas. Las agendas periodísticas están sesgadas hacia intereses ajenos a los grandes problemas de la sociedad. Existe un lenguaje que oculta, así como hay un lenguaje que muestra, y parece que la agenda periodística oculta muchísimo más de lo que muestra, y cuando muestra lo hace muchas veces para ocultar. La Agenda Pública la establecen los gobernantes, que tienden a ver los problemas según los criterios de lo que se puede hacer, la legalidad disponible para hacerlo y la posibilidad real de lograrlo. A su vez, hay una Agenda Ciudadana con muy limitados medios de expresión, pues la Agenda Periodística muestra poco interés en ella, y la Agenda Pública está limitada por las leyes, los presupuestos y las inercias institucionales.

Estereotipos Públicos

Hay temas que el discurso de los medios solamente toca desde sus estereotipos, que a su vez articulan un lenguaje y una visión de la realidad destinadas a lograr objetivos políticos dictados desde las alturas de los poderes fácticos. En apariencia se trata de fomentar el temor difuso y mantener lo más aislado posible en compartimentos estancos a ciertos grupos sociales. En el discurso de los medios los niños y jóvenes Ni-Ní se representan en sus estereotipos de vagos, pandilleros, delincuentes juveniles y mendigos de la calle; las Personas con Discapacidad como cieguitos, cojitos y niños Down objetos de lástima y requeridos de asistencia; los Excluidos sociales como pobretones, vagos, cholos, indios y nativos amazónicos protestones, informales, invasores y perros del hortelano; los alumnos y profesores que necesitan educación como senderistas y sindicalistas, resentidos, culpables de la decadencia de la educación, revoltosos y manipulados. Es una visión infantil de la realidad.

En el discurso de los medios así como hay los Malos de la película no pueden faltar los Buenos, tan estereotipados como los Malos, pero con estereotipos cuyos rasgos se consideran deseables en la republiqueta de fantasía que alguien por ahí pretende vender: Los emprendedores y empresarios que dan trabajo y hacen que El Perú Avance por puro patriotismo; los peruanos pobres pero honrados que sobreviven felices con unos cientos de soles al mes y no se quejan porque quejarse es de resentidos; los buenos trabajadores que son buenos precisamente porque no protestan nunca, ya que entienden los problemas de la empresa y no necesitan más que el sueldo mínimo e incluso menos; los buenos alumnos que estudian calladitos la boca, chancando sus cursos, rezando sus oraciones y obedeciendo a sus superiores; y los deportistas que sacrificada y ocultamente le dan lauros al Perú sin pedir nada a cambio. Los problemas sociales los tienen estas personas, y son presentados en los medios como, sin ironía, “casos humanos”.

El estereotipo Ni-Ní

Los adultos tenemos grandes prejuicios hacia los jóvenes, como si los adultos fuéramos lo máximo. Es así que construimos una serie de estereotipos, porque la vaca se olvida de cuando fue ternera, y los estereotipos a veces hablan más de los propios temores que de las reales características de a quienes se refiere. Los adultos ven – vemos - a los jóvenes como eventuales competidores laborales, y saben – sabemos - que se viene una avalancha de muchachos y muchachas pertrechados de montones de papeles a nombre de la Nación que dicen que son esto y lo otro, aunque sabemos que muchos de ellos son, por desgracia, analfabetos funcionales pobremente formados en universidades públicas y privadas que los han procesado como latas llenas de caballa, pero que dice atún en la etiqueta.

En lo laboral los jóvenes son repudiados, minimizados, odiados y manipulados por adultos atrincherados detrás de un escritorio y una suficiencia que ostenta supuestos conocimiento y experiencia. Olvida la vaca que un día fue ternera y el adulto que un día fue joven. Me he cansado de escuchar a muchos cuánto trabajo les costó llegar a donde están, cuando en su realidad de jóvenes consiguieron la chamba en la empresa de papi, o de un amigo de papi, o encaramándose sobre el apellido, la plata y/o las relaciones sociales de papi, mami o el abuelito, y por ende con un ingreso laboral de alfombra roja, pues menos no se mereció el hijo, sobrino o nieto de Fulano de Tal. Hoy en día se mantienen muchos rasgos del pasado, pero las estructuras sociales han colapsado por el crecimiento demográfico, y los tarjetazos y posibilidades laborales se han reducido y hecho más caras, y si no has marcado el paso, ya fuiste. Es sabido que un profesional recién salido en realidad sabe muy poco de la profesión que ejerce. Los noveles ingenieros civiles - anécdota escuchada a un ingeniero que heredó una de las fábricas más importantes del Perú – saben menos que los maestros de obra, pero tienen que aprender el arte de disimularlo, no vaya a perder valor el cartón colgado en la pared. Pero la pregunta es cómo los trabajadores jóvenes o que recién entran en el mercado laboral van a obtener la experiencia que todas las empresas solicitan de sus nuevos trabajadores, pero que ninguna está dispuesta a dar. Nadie nació sabiendo y la experiencia laboral es como el sexo, que no sabes lo que es hasta que no lo experimentas por ti mismo.  

Los Ni-Nís del Perú

El Latinobarómetro 2011 registra un porcentaje de alrededor del 18 % de los jóvenes peruanos entre los 14 y los 29 que ni trabaja ni estudia, lo que está aproximadamente dentro de los parámetros para toda América Latina. En términos sociales implica que varios millones de jóvenes están desencuadrados de los mecanismos de ubicación social y laboral.

Ser parte de la Generación Ni-Ni en el Perú significa muy probablemente que vives en una ciudad; que estás fuera del sistema educativo sea porque desertaste de él porque no te llegó a absorber (pobres rurales, personas con discapacidad), o porque desertaste antes de terminar el colegio, o si lo culminaste no te encuadraste en una chamba o en la educación formal superior. También significa que es muy probable que tu situación familiar sea vulnerable y precaria en lo económico, lo emocional, lo social o varias. Hay Ni-Nís en todas las clases sociales y en todos los niveles de remuneración de las familias, aunque es obvio que debe haber muchos más en los sectores pobres y entre las familias colapsadas o altamente disfuncionales.

Las válvulas de escape por fuera del sistema que se le ofrecen a los Ni-Nís pueden ser la migración - forma de encajarle el problema social a otro país-; el ingreso al lumpenproletariado por las vías de la mendicidad organizada, la prostitución, el bricherismo, la informalidad, las redes de narcotraficante e incluso los remanentes de sendero luminoso; combinado con distintos niveles de vagancia y permanencia en casa en una interminable adolescencia que los hace eternamente dependientes, compartiendo con la Tercera Edad el ser una carga económica para el resto de la familia, no producir y por lo tanto carecer de decisión dentro de la familia. Por ello, tampoco cuentan con decisión en su vida personal, como en la formación de pareja. Resulta ser, pues, la escuela más difundida de formación de sociópatas.

¿Qué se siente ser Ni-Ní?

Los problemas de los estereotipados Ni-Nís en el caso del Perú son invisibles para las gentes, y la preformación a través de medios tiende a aislarlos y hacerles sentir que su problema es individual y responsabilidad absoluta de ellos mismos. Se sienten en crisis permanente, estagnados, paralizados; sensación que se extiende al resto del grupo familiar, aumentando su disfuncionalidad y añadiendo presión y estrés a los productores de la familia. Pero los Ni-Nís no son vagos que tratan de pasarla bien, excepto tal vez en los casos en que la situación económica familiar es razonablemente buena.

Un tema psicológico social se vincula a la angustia de ser Ni-Ní: La tendencia social generalizada a buscar logros inmediatos que centra los objetivos en los resultados y no en los procesos. Si algo no se obtiene de inmediato es desechado con la misma inmediatez, medida del valor del logro, reforzado por la inmediatez de las necesidades, que al estar en creciente aumento requieren de mayor y más rápido financiamiento. El abuso de los medios tecnológicos que la realidad ofrece – un clic permite obtener productos intelectuales terminados – abstrae el esfuerzo que costaron dichos productos intelectuales y no se es consciente que detrás del producto hay muchísimas horas-hombre. Si los propios objetivos no son obtenidos por el joven de manera automática, o casi, entonces se frustra, se estanca y entra en estado de eterna adolescencia, de la que no sabe cómo salir. No hay cultura instalada de esfuerzo ni concepto de que las cosas cuestan tiempo, trabajo y esfuerzo físico e intelectual. El esfuerzo no es valorado ni posee sentido, y al no lograr el objetivo planteado inmediatamente la frustración se convierte en costumbre. Aunque no lo sabemos de cierto, podemos suponer con solidez que la sobreprotección y la ausencia de límites familiares desde la infancia contribuye a este hecho, con el efecto de que el joven no sabe controlar ni manejar sus estados de frustración, que se van instalando permanentemente en la psique.

Como nuestra sociedad se ha inestabilizado profundamente en lo económico y en lo emocional, y eso es percibido por todos, los jóvenes no ven emocionalmente rentable comprometerse en un proyecto de vida definido por estar casi definido su fracaso o relativización. Como los beneficios de hacer algo no son seguros, por lo tanto mejor no embarcarse y no comprometerse. Se instala el presentismo y se aprovecha el momento en una suerte de “carpe diem” hedonista que deriva en un pragmatismo neutro axiológicamente, es decir sin valores involucrados. Total, sólo el momento cuenta, pues el mundo, se dice, se acaba el año 2012.

La virtualidad de las redes sociales juega en contra de los Ni-Nís. El mundo artificial de la pantalla es vehículo de las relaciones interpersonales, y cuando el computador se apaga el joven se halla en la más absoluta de las soledades existenciales, con la que no saben cómo lidiar, ante el desconcierto de los padres y docentes. Los psicólogos ya hablan del Síndrome Ni-Ní, dada la generalización en grandes sectores de jóvenes de rasgos de apatía, astenia, pragmatismo, indefinición, presentismo, nihilismo, regresiones a la adolescencia, la pubertad e incluso la niñez, observada en jóvenes en diversas latitudes. Quizá estos caracteres tengan más tiempo instalándose de lo que creemos, y posiblemente formen la estructura psíquica básica de los miembros del movimiento de los Indignados. Es un hecho que la juventud chilena está reaccionando contra la sociedad gracias a una mayor madurez política de su sociedad. Se ha dicho abiertamente que la columna vertebral de la rebelión árabe han sido los Ni-Nís. Del alpinchismo a la protesta y el rechazo hay un pasito corto de dar. Parafraseando la maldición china, si no hacemos algo al respecto, pero ya, se nos vienen tiempos interesantes.

¿Conclusiones?

Los Ni-Nís están, en consecuencia, en la condición social de marginación, discriminación y exclusión social; obligados a mantener una situación forzada de ocio frustrante, obligatorio, impuesto, incómodo, improductivo y, por supuesto, angustiante y doloroso. Son jóvenes desocupados que buscan acomodo, que tratan de encontrar un lugar en el mundo, que luchan para obtener alguna migaja pero que no lo logran, simple y sencillo. Se les encuentra por manadas en busca de trabajos, maestrías y diplomados, fantasmas con sus currículum vitaes bajo el brazo, haciendo eternas colas, llenando montones de formularios, entrando a entrevistas y dando exámenes, para sólo recibir en la inmensa mayoría de los casos la negativa más absoluta. La frustración acumulada es clara, el desencanto sobrecogedor, el temor creciente y la situación cada vez más crítica. La autoestima se hace puré y la confianza en sí mismo desaparece. El maltrato social es evidente, y es más grave porque ocurre en la etapa más delicada de la vida, al inicio del desarrollo profesional y la inserción social, cuando se fabrican los primeros proyectos personales y se chambea en función de los sueños. La dura realidad envía a los Ni-Nís al despeñadero emocional y quedan a la deriva, sin rutas abiertas ni posibilidades a la vista, y en esto están acompañados por sus núcleos familiares, que a los problemas de la supervivencia añaden la propia angustia y ansiedad del no saber qué hacer.

La condición del joven es por naturaleza vital, combativa y llena de capacidades para la superación. Pero esta especie de desánimo general visible desde hace muchos años pero invisibilizado por la incapacidad de la sociedad de percibir y observar sus propios problemas, hace que uno se pregunte por el futuro. Las soluciones que se plantean parecen pequeñas y desarticuladas, sin impacto profundo. Los efectos del desánimo generalizado pueden ser duraderos e instalarse en la sociedad como un pesimismo generalizado y el pasmo de las posibilidades de cambio. A no ser que se tome el toro por las astas. El que tenga ojos, que vea.




Peru Blogs

miércoles, 26 de octubre de 2011

CONTRA LA SOBREPROTECCIÓN




“La culpa de nuestro destino, querido Horacio, no es de nuestro destino, es nuestra” – William Shakespeare, traducción libre)

En general todos tenemos Miedo. Y no cualquier miedo, sino uno difuso, sin dirección ni brújula, análogo al que los niños sienten cuando de repente caen en que están en un entorno perfectamente desconocido, mirando a todos lados y sin ver nada que puedan identificar. El miedo se refiere a eventuales riesgos o peligros que deberemos enfrentar en algún momento, no sabemos muy bien cuales, pero estamos muy seguros que ahí están, y tenemos miedo precisamente porque aunque no sabemos de qué se trata, nos imaginamos los peores escenarios posibles, y así derivamos en la angustia, la ansiedad y el estrés.

Sobreprotección

¿Qué cuernos tiene todo esto que ver con la sobreprotección? Pues simple. Si le preguntamos a mamis, papis y profes la pregunta del profesor Jirafales: Por qué razón, motivo o circunstancia protegen a sus niños y niñas, nos dirán que es porque tratan de evitarles peligros, riesgos y daños. En principio muy bien, y con algunos centenares de miles de años de práctica, por lo que ha terminado por meterse en nuestros genes, resultando que aún el papi o mami más capaz de dejar que un pobre se le muera de hambre en su puerta siente la necesidad de proteger a su descendencia. También hay modos culturales específicos de proteger a la prole. En nuestra tradición nacional, que proviene - aunque a algunos no les guste - de la Grecia y Roma Clásicas intermediadas por las Españas y otros más, proteger a los niños y niñas es un trabajo parental con preponderancia materna, o quizá sea mejor decir femenina. Está asociada a la presencia materna, a la emotividad, contrarreflejada en el endiosamiento de la madre de cabellos canos, al matriarcado, a la tradición que se va y a los valores que siempre decimos es preciso recuperar. Así se configura en nuestras sociedades un fenómeno interesante, al que muchos personajes de gran lucidez se han referido de manera tan aguda como perfectamente inútil: La Sobreprotección.

Breve descripción irónica

Tratemos de describirlo para precisarlo. Que me perdonen si me pongo irónico, pero no es para menos. Las mamás les ponen chompas a los niños cuando ellas tienen frío. Hay niños que salen en la mañana con cuatro camisetas, una encima de la otra, un día de sol, pues podrían atrapar un virus y fallecer de pulmonía o tuberculosis. Hay niñas y niños que conocen la calle solo por foto, pues no se les permite salir a ella por estar erizada de violadores, asaltantes, asesinos, combis asesinas y contaminación ambiental. Hay niñas y niños en hogares que parecen restaurantes, pues no comen la comida del día que no les gusta, y los hogares se transforman en restaurantes con menús a la carta. Hay niños y niñas de cierta edad a los que no se les permite usar los muy peligrosos cuchara y tenedor, y ni mencionar los afilados cuchillos, y para evitar la posibilidad de cortes se les pone el alimento en la boca, y si se puede previamente masticado. Hay niñas y niños que no pueden aprender a caminar pues cada vez que lo intentan hay papis, mamis y amas de cría que temen que se caiga y se haga daño. La enfermedad, en esta época de virus y microbios – perdónenme, tengo entendido que todas las épocas han tenido sus microbichitos – acecha a niñas y niños, así que se les atiborra de vitaminas y minerales – que están y siempre han estado en los alimentos que no comen porque no les gustan – y de remedios y programas de Salud que se emplean rarísima vez, pero que se pagan religiosamente todos los meses. Como los niños y niñas pueden llegar tarde al colegio y eso es terrible, “se gana tiempo” vistiéndolos. Como pueden hacerse daño con las esquinas de las mesas y otros muebles – artilugio malvado inventado por los ebanistas para dar chamba a los médicos – entonces que ni se encaramen en una silla ni caminen ni salten, no sea se claven y mueran. Juro y prometo que he visto mamis, tías y abuelas aparecer como un pelotón de Fuerzas Especiales para cubrir con las manos las esquinas de las mesas cuando un chico de 10 años pasa a unos 50 centímetros de distancia. No se permite a niñas y niños bajar o subir la escalera sin una mano de apoyo o un paracaídas, porque las escaleras son inclinadas, y hay que defender a los niños de la fuerza de la gravitación universal. No se enseña hoy en día la costura y el tejido, enojosos procesos que quitan tiempo al iPod o al Wii, y que exponen a los chicos a las riesgosas agujas y palos de tejer. Se cubren los tomacorrientes con adminículos plásticos especiales para que no introduzcan los dedos en un arranque de investigación científica. No se permite a los chicos el complejo proceso de cruzar la pista, a no ser tomados de la mano, aunque el vehículo más cercano sea una carreta de caballos a una milla de distancia. El montar bicicleta es un deporte en vías de extinción, pues hay riesgo de caídas con raspones o de chancado por un trailer de 90 toneladas que justo podría pasar por ahí.

Suficiente de ironía. Es verdad que los chicos necesitan protección, eso ni qué dudarlo. Nunca me falta quien me toma el rábano por las hojas y piense que cuando abogo por algo, me voy al otro extremo y quiero matar criaturas. Ya pues, no soy extremista. Hecha esta acotación sigo con el tema.

Hablemos sin Anestesia

La sobreprotección impide que los niños y niñas vivan experiencias habituales e ineludibles que comporten su adecuada socialización, de acuerdo a su entorno y a los años de vida que tienen. Sin entrar en tanto barullo conceptual, la Socialización es, básicamente, el proceso de adquisición de conductas, costumbres y valores – sí, valores, esos que dicen que se han perdido – propios del grupo en el que se ha nacido, en el que se vive y en el que con toda probabilidad se seguirá viviendo. Por eso existe la Educación, proceso con el que la Sociedad retransmite sus valores a través de las conductas y costumbres que efectivamente existen y pasan de generación en generación. Esas costumbres y conductas no son intercambiables con los de otras culturas, sino que constituyen el mismo meollo del cómo los niños y niñas se relacionarán con sus pares, sus mayores y menores; así como con los diversos grupos y subgrupos que conforman la sociedad. Son experiencias ineludibles, que no pueden pasarse por alto. Los niños las vivirán, si no cuando deben pues después, cuando sean púberes, adolescentes o jóvenes. Pero sin protección, desnudos de habilidades y con sus propios y escasos recursos.

Pobrecitos, mis calzones

La sobreprotección solamente protege a los niños de una cosa: De experimentar la vida. A vivir se aprende viviendo, y la falta de experiencias no es, como vemos, producto de la casualidad o de que el planeta Tierra esté inclinado. Reconoce una causa, y esta causa es la sobreprotección que se viene instalando en nuestros códigos culturales. ¿Es tan mala, desagradable y horrible la vida que tenemos que proteger a nuestros vástagos de ella? No hablamos aquí de los excluidos, que por serlo precisamente padecen cortapisas en sus posibilidades de vivir una vida plenamente humana, que sí se merecen una protección que la sociedad les niega. Los ciudadanos quechuahablantes, indígenas, afrodescendientes, discapacitados, mujeres u homosexuales son exceptuados de amplios aspectos del ejercicio de la cultura de la que técnicamente forman parte. No es nada casual que una de las primeras reacciones de un ciudadano promedio frente a la conciencia de la exclusión en una persona concreta sea decir “pobrecito fulano, es negro, indio, maricón o ciego”. Digámoslo de frente, no son “pobrecitos”, son excluidos, que es algo muy diferente, y a lo que sí se le puede poner remedio. Este trato es continuación de la manera en que nos referimos a los niños y niñas cuando se caen y se raspan una rodilla, o cuando lloran porque la comida no es la que ellos les gusta: “Pobrecito mi hijito”. Para decir qué pienso al respecto emplearé una expresión italiana de la edad media: “Pobrecitos, mis calzones”.

Dejémonos de coartadas y racionalizaciones, de justificaciones y chantajes emocionales, de evasivas y angustias. El adulto es adulto precisamente porque es autónomo, es decir porque ha adquirido y emplea plenamente esas habilidades sociales que los niños deben aprender para integrarse a la sociedad. Mucha verdad decía un mi amigo hace luengos años, cuando ya jóvenes adultos criticábamos esta trama social: “En el Perú la adolescencia dura hasta la vejez, por lo menos”. Crecer es una chamba a la que la sobreprotección se opone. Abundan pobrecitos manganzones de 25, 30, 35 y 40 años que aún esperan que les tiendan la cama y que venga mamá a hacerles la comidita, que no saben valerse por sí mismos porque se les enseñó en la práctica desde mocosos que mamá estaba ahí para atenderlos. La invalidez emocional se aprende, la dependencia se instila, y es funcional porque resulta muy conveniente para todo el mundo: Para cubrir la necesidad de mamis y papis de licuar su ansiedad frente al futuro, por ejemplo para asegurar la pensión de vejez que el estado y la sociedad niegan; así como para los liderazgos sociales, políticos y económicos, pues mientras más minusválidos emocionales seamos más fácilmente manipulables seremos; e incluso para los dependientes mismos, ya que es más fácil echarle la culpa de nuestras desgracias y problemas a toda suerte de entidades metafísicas, como la educación, la historia, la Iglesia católica, el comunismo, el neoliberalismo, la novena sinfonía o la perestroika, y justificar nuestro inmovilismo mientras esperamos la gloriosa venida de la autoridad que resolverá nuestros problemas. Así nos quedamos insertos en la espiral de nuestros Miedos, que además pasamos a nuestros hijos.

Fenomenología de la Sobreprotección

La razón por la que el adulto sobreprotector sobreprotege es sencilla: Para licuar su propia ansiedad, su propia angustia y sus propios miedos. La posibilidad de que los miedos se corporicen en algo concreto que me afecte es lo que me quita el sueño. La lista es inmensa: Desempleo, Inflación, Terrorismo, Epidemias, Rayos Ultravioleta, Transgénicos, Tránsito, Delincuencia, Corrupción, Narcotráfico, Bombardeo meteorítico, etc, etc, etc. Pero todo esto son conceptos, y nada más que eso. Sus expresiones en la realidad que vivimos sí pueden revestir mayor o menor gravedad en el tiempo, y cuando la tienen se enfrentan conociéndolos y arbitrando medidas específicas para resolverlos o al menos paliarlos. Eso es lo que los adultos hacen frente a los problemas. Pero nos llenamos la cabeza de temores, dejamos de pensar y nos angustiamos en nuestra dependencia.

Un meteorito podría caer sobre mis retoños justo cuando salgan a la calle mañana en la mañana. Podría ser muy grande y acabar de paso con toda la vida en el planeta. Podría ser. Pero no necesito ser astrofísico para que la experiencia me diga que no es común que caigan meteoritos, por lo menos no en Barranco temprano en la mañana. Sabemos que cae un meteorito que hace chichirimico toda la vida del planeta una vez cada cierto número de centenares de millones de años. No es que no pueda pasar. Pero la gente no deja de salir en las mañanas porque puede caer un meteorito. Que el riesgo existe, claro que existe. No hace tanto cayó un meteorito en el mero Nueva York y otro en Puno. Pasa todo el tiempo. ¿Es eso motivo para que mis hijos no vayan al colegio, o vayan con una escafandra metálica?

Aparte del cálculo inteligente y sensato de los riesgos realmente existentes, lo demás es puramente miedo, y el miedo, como mencioné en mi artículo “Miedo” en este Blog, es básicamente irracional, es decir, no piensa. Si bien es cierto hay riesgo en todo lo que pasa y en todo lo que hacemos, cualquier persona con una ñisca de cerebro se tiene que dar cuenta que todo el mundo se hinca con la aguja cuando aprende a coser, y que todos los niños derraman la comida cuando aprenden a comer, y que cuando hace sol la chompa de más solamente le dará más calor e incomodidad porque no sabrá qué hacerse con ella. Luego usted lo resondrará por perder la chompa, el círculo de su angustia se cerrará  e iniciará otra vuelta, y ahora usted tendrá miedo de que pierda la ropa, y se la amarrará. Todo se aprende, porque todo necesita aprenderse, y todo aprendizaje tiene un costo.

La reacción desmesurada del adulto procede de ciertos condicionamientos culturales que no carecen de importancia, porque como hemos visto, no es que no haya riesgo. Así que, señora, no se vaya al otro extremo y suelte a su hijita cuando cruza la pista porque tiene que aprender a cruzarla. El aprendizaje viene solito en muchas cosas, pero no en las cuestiones culturales. Para que aprenda, al niño hay que enseñarle, y su primer deber, señora, es superar sus propios miedos irracionales y meterles principio de realidad. El carro te puede chancar, sí. Y si chanca, duele harto. Pero no si está a dos cuadras y va despacio. Entre las muchas formas que tienen los niños para aprender está el muy potente instinto de la imitación – lo que llamamos ejemplo -, y si la ven a usted cruzando como loca la pista por el medio de la calzada, de nada vale que la agarre de la manito. No solamente le enseñó usted a su hija que es una tonta que no puede cruzar sola una calle, le enseñó también que SU autoridad de usted es más importante que lo que ven sus ojos de ella, y además le enseñó de qué manera le podrá sacar de quicio y sacarle la vuelta cuando sea adolescente, le pase la factura, y se zurre en todo lo que le dijo durante catorce o quince años. Eso sin contar la contradicción en la que ha caído entre su discurso y su conducta, que la niñita mira con toda claridad, y que introyectará y repetirá. Pero aunque no hubiera contradicción, todo lo demás sigue ahí.

Atarse los cordones de los zapatos, o abotonarse, por ejemplo, son operaciones importantes para la adquisición de ciertas destrezas motoras. Si usted le abotona y le ata los cordones durante, digamos, cinco o diez años, lo que no es nada raro ¿se puede saber cómo y cuándo va a adquirir el retoño esas habilidades motoras? Eventualmente lo hará de todos modos, tanto porque usted no estará ahí todo el tiempo para abotonarle, como porque los niños no son idiotas, y terminan por hacer lo que tienen que hacer, aunque, claro, usted no lo supo proteger del retraso motor que ahora sí tiene. Y empleo adrede la palabra retraso precisamente por el sacrosanto terror que despierta, porque es parte de la sobreprotección ese miedo al “retraso”, del que el peor de todos es el miedo al “retraso mental”, que causa precisamente lo que trata de evitar. Además está el tema de la autoestima. Un chico que no sabe abotonarse o atarse los cordones de las tabas lo tendrá que intentar cada vez a que se le desabotone la camisa o se le desaten los zapatos. Y no todas las familias sobreprotegen, o no lo hacen tanto como usted. En un entorno en el que todos saben abotonarse y su retoño no, la autoestima de su vástago termina en el basurero. Aunque usted no lo crea.

Desmesura y desorganización

El problema es que los adultos que sobreprotegen no están pensando, y no lo hacen porque no se lo enseñaron en su momento, de repente por sobreprotección, ya sabemos que el pensamiento puede resultar peligroso. Pero la capacidad de pensar es algo que viene dado en el cerebro, y a pesar que nos esforzarnos durante años por destruir esa capacidad seguimos pensando, y tan mal no lo hacemos en muchos aspectos. La cosa es llevar la capacidad de pensar donde sea útil. Sea usted sensato(a) y no se desorganice. No me venga ahora con el sentimiento de culpa, dé violentamente marcha atrás y quiera empezar todo de cero, como si en cinco minutos y con palabras fuera usted a arreglar las tamañas metidas de pata que ya cometió. Respete a sus hijos y quiéralos como son, que después de todo si son como son, la responsabilidad es suya. Pero no tiene que conformarse, piense qué hacer y cómo hacerlo. Y cálmese, recuerde que el enemigo es la ansiedad, no los chicos.

Ansiedad

Es que el problema, señoras y señores, no lo tienen sus hijos. Los tiene usted. No son tantas las personas que hayan vivido tan tremendas experiencias que lleven a sobreproteger a la descendencia para compensar el propio temor, aunque es verdad que abunda eso de “que tenga lo que yo no he tenido”. Incluso de ser el caso se puede entender, aunque no justificar, pero cuando menos habría algún asidero real. Se equivocarían igual o peor, pero tendrían disculpa. El problema es que en la gran mayoría de los casos no es así.

El origen de la sobreprotección a niñas y niños puede hallarse en cómo enfrentamos nuestros problemas cotidianos. La sensación de inseguridad reinante es fomentada desde los medios de comunicación y tiene su propia agenda, pero hay base real en la profunda impotencia que los padres y madres sienten frente a las tensiones de no saber si habrá trabajo o ventas hoy, mañana, la otra semana o el próximo mes y año, si habrá qué comer mañana o el próximo mes, si alcanzará la plata para pagar los dos o tres préstamos bancarios en que se incurrió para tener un techo encima o para educar a los hijos, si remitirá algo el maltrato diario que se vive en las ciudades – tránsito, delincuencia, contaminación, corrupción -, si el matrimonio o la convivencia funciona o es un asco, si …..

Hay tantos condicionales en nuestra vida que en realidad no debería haber ironizado tanto alrededor de este tema, y hasta un poco me arrepiento de haberlo hecho. Nuestra cultura entera está enferma de ansiedad y estrés, y es humano que tratemos que ese estrés y esa ansiedad no pasen a los hijos, aunque nos equivoquemos de medio a medio en el cómo hacerlo, y creemos que no lo hacemos cuando es precisamente lo que hacemos. Es que nadie nos enseñó y tenemos que aprenderlo sobre la marcha. Lo cierto es que las personas, en especial aquellos que nos entendemos como contestatarios de la sociedad, tenemos que reaccionar contra este rasgo constitutivo de la vida social, de manera inteligente y proactiva.

Colofón

Parece que tenemos entre manos un problema social grave, e incluso de Educación y Salud Públicas. Hay demasiadas consecuencias de la Sobreprotección que se reflejan socialmente: La obesidad infantil, la malnutrición, el problema adolescente en general, el embarazo no deseado, el consumo de drogas y alcohol, y muchos otros males sociales tienen indudablemente en la sobreprotección uno de sus determinantes. No es entonces cosa únicamente individual, aunque es obvio que las personas algo podemos hacer al respecto.

Para dejar de sobreproteger a los niños y niñas hay que empezar por que los papis, mamis y demás educadores enfrenten sus propios temores. No le podemos dejar más eso a los libros de autoayuda. Nada se transmite que no se posea. Si lo que me manda es la ansiedad, pues eso transmitiré. Si lo que me manda es la sensatez, eso transmitiré. Puedo hacer las cosas mejor con mis hijos, pero tendré que asumir las cosas de manera diferente, más comprometida conmigo mismo, con mi sociedad y con mi descendencia. El amor es una cosa muy buena, y empieza con un sensato amor a sí mismo, porque si yo no estoy bien, mis hijos no estarán bien. Empecemos por deconstruir esos temores que nos acosan, deshagámonos de ellos afrontándolos con energía y madurez, y tomemos la vida con un poco más de calma. Es parte del reto de estar vivo. Vivamos para verlo.

P.D. Sospecho que seguiré escribiendo sobre esto. Que me perdonen mis lectores, pero el tema da para mucho más.

Peru Blogs

lunes, 9 de mayo de 2011

MIEDO


“A los verdugos se les reconoce siempre. Tienen cara de miedo.” - Jean Paul Sartre

“De lo que tengo miedo es de tu miedo.” – William Shakespeare

En el Perú, hoy en día, tenemos Miedo. Está clarísimo que esta campaña electoral que vivimos se ha centrado en una campaña del Miedo, que explota los temores escondidos en el fondo de nuestro ser, y que está mostrando su feo rostro de reacciones viscerales y emocionales. He educado a mis hijos, en la medida que me ha sido humanamente posible, en la deconstrucción del Miedo, porque sé que el Miedo es un destructor infalible de todo lo que es bueno en la naturaleza humana, así como un fomentador de todo lo que es malo. La felicidad y la formación individual y social de nuestros niños y jóvenes depende de la seguridad que sienten, y en estos días el miedo que se ha estado instilando en nuestros niños estaría originado, en parte por lo menos, en la incapacidad de muchos adultos de lidiar con los propios temores.

Como educador, creo que el conocimiento es una vacuna efectiva contra el Miedo. Por desgracia, eso lo saben también quienes lo instilan y lo emplean como arma política, y cuentan con muchos más medios para convertirlo en una lacra social, en función de intereses particulares. Por ello la ignorancia siempre es un caldo de cultivo para el Miedo. Hoy me gustaría poner mi granito de arena contra el Miedo. Porque si, haciendo un esfuerzo de imaginación, puedo suponer que los adultos, por serlo, tienen derecho a sus miedos, no es éste el caso de los niños. Y si somos algo más que primates asustados de las sombras, lo menos que deberíamos hacer es proteger a nuestros niños del Miedo.

Qué es el Miedo

La Real Academia de la Lengua Española define miedo como sigue: "(Del latín metus) Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que uno tiene de que le suceda una cosa contraria a lo que desea.”

Analicemos un poquitín: El Miedo es una perturbación del ánimo, es decir afecta un cierto estado de equilibrio previamente existente. Nos mueve el piso, nos desequilibra. Pero no lo hace de modo racional, como podría ser el caso de una perturbación cognitiva, es decir lo que sentimos cuando nos llega una información que no teníamos y que modifica una idea u opinión previamente instalada. El Miedo se relaciona con la angustia, con la ansiedad. La angustia impide el sosiego, como cuando nos despertamos en la noche por una preocupación. El contacto con el objeto del Miedo produce reacciones inmediatas de intolerancia y rechazo, que se justifican cuando el objeto del miedo es un puma atacando, por ejemplo, y la reacción defensiva no es racional, y muchas veces más vale que no lo sea, pues mientras la mente se ocupa en digitalizar el peligro, el puma ya te comió. Pero en la definición está dada la posibilidad de que el estado de perturbación desequilibrante y angustioso esté dado por un peligro o riesgo real o imaginario. Es obvio que no hay pumas en las calles de Lima comiéndose a la gente. Pero durante miles de años temimos a los pumas y otros predadores, y el Miedo en estos casos estaba más que justificado. De hecho, gracias al Miedo estamos vivos, y nos podemos explicar por qué antes de las batallas de la antigüedad los romanos hacían sacrificios al Dios Pavor, como una manera de exorcizar el miedo lógico a entrar en batalla y arriesgar el propio pellejo. Los antiguos peruanos divinizaron al Puma, es decir, lo transformaron en un Objeto de Culto al que se podían acercar y de alguna manera influir para que se mostrara cuando menos modosito y lo pensara dos veces antes de comerme. Las conductas asociadas con el Miedo son tan antiguas y están tan instaladas en nuestra herencia genética, que realmente tienen que haber sido muy útiles para la supervivencia en los remotos y extensos tiempos en que fuimos cazadores y recolectores.

El Miedo no es un estado exterior a nuestra mente. El Miedo que a veces llamamos “físico” – el producido por motivos exteriores - nos impele a tres reacciones básicas, como sabe todo aquél que ha pasado por un terremoto: O huyes despavorido, o te paralizas, o te sobrepones. No por nada hacemos simulacros de Sismos, si no es para instalar conductas que permiten sobreponernos al Miedo y lograr las conductas más convenientes para la supervivencia. Siempre es mejor saber qué hacer durante el sismo, buscar el punto seguro, evacuar con cierto orden, llegar a la zona de seguridad, y quedarnos junto con otros. Las personas y las sociedades inteligentes exorcizan el Miedo sometiéndolo a la razón. Si el barco se hunde se trata de ayudar a evacuar a la gente, y evacuarnos a nosotros mismos. Pero estoy seguro que cuando el sismo se inicia todos, mal que bien, acudimos al Dios de los Cristianos o a la Pachamama, o al Gran Viracocha: “Aplaca, Señor, tu ira, tu justicia y tu rigor …”

Y por todo esto, las conductas de Miedo son muy fáciles de ser manipuladas.


¿Por qué sentimos Miedo, y cómo lo exorcizamos?

Sentimos Miedo cuando hemos estado expuestos a situaciones traumáticas reales o imaginarias. El primer gobierno de Alan García, recordaremos, estuvo signado por el Miedo: Miedo a Sendero Luminoso, Miedo a la Carestía Económica. Vale decir, se instalaron temores concretos a la muerte, fuera por bala o coche bomba, fuera por inanición. Aunque las posibilidades reales de que algo de esto ocurriera fueran pequeñas, eran bastante reales, y no olvidemos la irracionalidad del Miedo que agiganta el riesgo. La muerte era posible, y eso era suficiente, pues la imaginación hace el resto, porque la irracionalidad del Miedo lleva precisamente a patentizar imaginariamente los peores escenarios posibles. Si te quieren manejar te dirán entonces que la futura situación “x” o “y” es traumática, es espantosa y horrible. Cargarán las tintas sobre lo que “podría pasar” aunque la posibilidad de que pase sea ínfima o inexistente. Tomarán tus temores más profundos y te los restregarán por la cara, para que no te puedas escapar. A esto se le llama la “exposición sub-traumática”, que se dirige a recordarte los contenidos de tus propios Miedos, machacándote las posibles consecuencias del trauma cuantas veces puedan hacerlo, porque con eso reforzarán constantemente tu Miedo y tu irracionalidad. Y así manejarán tus sentimientos. Y tus acciones.

La observación directa de personas que tienen Miedo también produce Miedo. Por eso a veces se habla de epidemias de Miedo, como las que se producen en medio de un cataclismo o desastre natural. Los gritos de las gentes y la percepción de las conductas de Miedo nos despiertan Miedo. Contrario sensu, la observación de actitudes de seguridad y don de mando muchas veces lo exorcizan, como lo saben los jefes militares, los encargados de evacuar, y todos aquellos que alcanzan a dominar su Miedo. Todos los que hemos estado a cargo de gentes indefensas en situaciones reales de peligro sentimos miedo, pero sabemos que debemos controlarlo y ocultarlo para que nuestros protegidos mantengan la calma, sigan nuestras órdenes y se sostenga una organización mínima que permita la salvación. Se ha dicho que una de las virtudes de un jefe es saber dar órdenes inmediatas, y si son acertadas mucho mejor todavía. Esto nos lleva a un tema anexo: Exorcizamos el Miedo cargándoselo al que suponemos que no lo tiene, y lo ponemos a cargo. El Manual del Perfecto Manipulador podría decirlo así: Si quieres que alguien te obedezca, métele Miedo, y no le demuestres que lo tienes. Así te obedecerá, porque supone que tú sabes qué hacer.

Como los Miedos son básicamente acontecimientos interiores, es decir, reacciones a un estímulo, se trata de instalar estímulos que produzcan Miedo. Desde los famosos perritos de Pavlov, sabemos que los reflejos se pueden condicionar. Pon a la Caperucita al lado del Lobo de manera constante y sostenida, y cuando recuerdes a Caperucita recordarás al Lobo. Y si además te dicen todo el tiempo que Caperucita es una agente disfrazada del Lobo, y su canastita contiene una bomba nuclear, empezarás a desconfiar de todas las niñitas que se pongan caperuza roja. Sentirás Miedo de las caperuzas rojas. Y de las canastitas. Y por ende, de las niñitas. Y, quien sabe, en algún momento exorcizarás tu Miedo pegándole un tiro a una niñita.

La información se puede manejar para que produzca Miedo. Un ejemplo interesante de publicidad subliminal es el de los quioscos de periódicos y los titulares. Como los grupos empresariales propietarios de los diarios los orientan de acuerdo a la segmentación, el control de los titulares resulta esencial para impactar en la audiencia. Una noticia de primera plana respecto a un candidato dada por un diario “serio” suele estar al costado – y lo está muchas veces – de un titular de diario chicha “informando” de la muy próxima llegada del Fin del Mundo. El pacífico ciudadano de a pie que observa los titulares, por el tema de figura-fondo, asociará al dicho candidato con el “Fin del Mundo”. Y lo interesante es que la mayor parte de los casos no lo recordará conscientemente. El período de los 90 estuvo signado por esta suerte de psicosociales. Todos recordamos las “vírgenes que lloran” como elemento distractivo. También suele emplearse este esquema en la Televisión, y con ventaja, porque aquí el poder de la imagen es mucho más notable.

A veces esto tiene resultados algo divertidos. Un elemento del Plan “Sábana” era la intervención de Bayly, el que filma sus intervenciones en pantalla en Miami con cierta antelación. Por desgracia para él, no se podía no pasar la noticia de la muerte de Bin Laden, con lo que el efecto mediático de manipulación preparado terminó pasmadísimo. Escuché hace poco que se le paga muy bien a Jaimito por su “trabajo”.

Miedo y Comunicación de Masas

¿Se puede instilar el Miedo en los medios de comunicación? No solamente se puede sino que se hace de manera constante y sostenida. Un caso horrible por lo sanguinario fue el del efecto del Miedo producido en los ruandeses de etnia Tutsi por las radios. Las grandes matanzas que causaron la muerte de centenares de miles de ruandeses de etnia Hutu fueron manipuladas desde las radios a través del fomento del Miedo de los Tutsis. ¿Qué mensaje se les dio? Que los Hutus les iban a quitar sus tierras y sus medios de vida, y que había que adelantarse, para lo cual muy convenientemente se motejó a los Hutus con el apelativo de “cucarachas”. Y a las cucarachas se les aplasta. Las radios dirigieron las matanzas a través de la acción de periodistas venales escudados bajo el paraguas de la Libertad de Expresión. De sobra conocemos sus espantosos resultados.

Para los que crean que esto solamente pasa en África, tenemos un ejemplo mucho más cercano y propio, y relacionado con elecciones. En el plebiscito de Tacna, allá por principios del Siglo XX, que no se llegó a realizar precisamente por falta de garantías, se amenazó a los tacneños con que si votaban por volver al Perú perderían sus propiedades o las verían destruidas, se despidió periodistas que estaban a favor del retorno al Perú, se impidió a los propagandistas de toda especie que hicieran su propaganda, se motejó a los que estaban por la vuelta al Perú de “cholos ignorantes”. A los que reaccionaban se les acusó de violentos. Y ello con todos los diarios, a plena plana, y sin pudor alguno. Cualquier semejanza con situaciones actuales NO es pura coincidencia.

La comunicación de masas es impersonal, se dirige a una audiencia. Pero siendo comunicación posee interlocutores. Solamente uno de ellos, el emisor, puede estar personalizado. Es decir, los conocemos por sus nombres, son todos aquellos periodistas que tienen programas de opinión. La gran pregunta es quienes están instilando el Miedo. Porque algunos periodistas, hay que decirlo, tienen vergüenza de ser manipulados por sus jefes. Después de todo son empleados, y lo son porque tienen familias que mantener. El incidente con Jaime de Althaus, en mi modesta opinión, no tiene justificación alguna no solamente por el tema de sus derechos humanos, que los tiene y le deben ser reconocidos, inclusive el derecho a una opinión que no nos guste; sino por la consideración práctica de que incidir sobre un empleado no es incidir sobre las causas. Lo que, por cierto, tampoco justificaría un incidente dirigido al propietario del medio de comunicación. En el intento de Democracia que vivimos, debemos todos aprender que lo cortés no quita lo caliente. Y si percibimos manipulación o fomento del Miedo, no se puede responder con las mismas armas del agresor. Ello lo único que produce es una escalada en el Miedo. Porque responder al Miedo de los medios con el Miedo a las turbas es demagogia, y una opción política que se respete a sí misma no ataca medios de comunicación, no les limita su capacidad informativa. Quede eso para los que defienden posiciones autoritarias, y ya tienen amplia expertisse en esto de manipular medios. También están representados en la presente elección.


Miedos infantiles y adultos

A mí me preocupan los niños, y los efectos del Miedo sobre ellos. Me permito citar a una preocupada amiga: “Mi hija hoy me dijo triste que tenía miedo de perder sus cosas y que muchos de sus amigos se tengan que ir del país”.

¿Se puede saber con qué derecho ocurre esto? Y ojalá fuera un tema aislado. Honestamente, no me preocupa tanto la hija de mi amiga, o mis propios hijos, porque para eso tienen a sus padres que les respetan, y actúan. Pero ¿Y estos niños que sienten Miedo verdadero porque ese Miedo es el que sus padres les meten en la cabeza? Y ojalá que sea inconscientemente, porque el irrespeto a los propios hijos, la manipulación política consciente a los menores no tiene perdón, peor aún si son los propios hijos. Queremos creer que este indeseable efecto social de la manipulación mediática es producto de la ignorancia, instalada aún en los niveles sociales más “elevados”.

Si los adultos no saben lidiar con sus Miedos podríamos decir que es cuestión de ellos. Por desgracia, parece que el tema no es ese. Si los adultos sentimos necesidad de que otros nos crean y compartan nuestros irracionales Miedos, hagámoslo con otros adultos, entremos al debate e intercambiemos ideas. Y de repente resolverás tu problema y votarás menos angustiado y ansioso por la opción que tú creas conveniente. El problema está en que la irracionalidad del Miedo no te dejará hacer eso.

Como no vivimos en un mundo perfecto, sino en uno donde hay estudiantes universitarios que creen que el Perú se independizó en 1986, que tiene 6,000 habitantes o 70 departamentos, podemos llegar a la conclusión que el Miedo se instala en el ambiente de la Ignorancia. Charles Dickens en su inmortal Cuento de Navidad coloca dos niños famélicos dentro del gabán del Fantasma de las Navidades Presentes, y cito de memoria: “Esta es la Necesidad, el otro es la Ignorancia. Cuídate de ellos y de toda su larga descendencia”. La Necesidad puede tal vez ubicarse de preferencia en los estratos sociales más bajos. Pero la Ignorancia, por desgracia, es peor cuando está allá arriba, y cuando es Atrevida, es decir, cuando cree que no es ignorancia. El que tenga oídos, que vea a sus hijos.