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martes, 9 de septiembre de 2014

CONTRA LA POLÍTICA DE LAS MAFIAS

Peru Blogs

CONTRA LA POLÍTICA DE LAS MAFIAS 

Asistimos a un espectáculo útil y necesario, aunque cínico y nauseabundo: todos los hombres públicos, valiéndose de documentos fehacientes, se arrojan a la cara el lodo que amasaron en su camino. Parece la sacada al Sol de todas las inmundicias almacenadas en un hospital de sifilíticos y leprosos. Sólo falta que la nación arroje una buena dosis de ácido fénico.  
(Manuel González PradaHoras de Lucha – Nuestros Beduinos - 1889)

Los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz   (Lucas 16:8)


Mafia y Política

Las elecciones a gobiernos locales y regionales en todo el Perú hacen saltar chispas políticas que normalmente se esconden. Es momento para deconstruir discursos falaces o mentirosos, y tal vez elevar el debate. En el Perú los términos Mafia y Política devienen sinónimos, abundan cuestionamientos por Corrupción de Presidentes y Consejeros Regionales, Alcaldes y Regidores Provinciales y Distritales, Congresistas de la República, Ministros de Estado, Jueces y Fiscales, Policías y Militares, y demás instituciones. La cosa no mejora en el sector privado, la Derecha Económica busca frontalmente lobistas expertos y hábiles que gobiernen directamente para ellos – no parece haber más que los chapuceros de siempre – y las estructuras de la corruptela se desinforman en los medios de comunicación concentrados y parametrados. Leo los ensayos de Horas de Lucha de Manuel González Prada, y me sorprende la similitud de las  situaciones, las que salvo dos o tres nombres propios son tan aplicables a la situación de hoy que de hecho me pregunto si en verdad algo ha cambiado en los últimos cien años.

Estructuras mafiosas

Incuestionable es que en la política peruana hay Capos y Dones, e incluso capi di tutti di capi, lo que sugiere estructuras largamente establecidas del tipo famiglias y argollas. No diré nombres por motivos de supervivencia y flotamiento, pero son tan obvios, tan conocidos y tan protegidos que son capaces – ya ha ocurrido en México – de acallar incluso aparentemente inofensivos Blogs con mandatos judiciales debidamente remunerados. A tales Capos se les reconoce rápido, acaparan titulares y acumulan medios defensivos. Y, hay que decirlo, actúan con mayor habilidad que los hijos de la luz. Pero entendámonos, acá no creemos en una moral de dibujos animados, con los buenos de un lado y los malos del otro, menos aún en una sociedad donde la sotana esconde la alianza con los aparatos de corrupción más documentados de toda la Historia peruana (Ver al respecto mi Crónica de Lecturas 47 – Historia de la Corrupción en el Perú: http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/08/cronicas-de-lecturas-47-historia-de-la.html). Por ello siempre me ha parecido que amarrar el tema de la Corrupción con el de Valores es un truco barato para esconder los árboles dentro del bosque.

El aceite que lubrica

Por si alguien en el Perú aún es tan caído del palto que duda de la procedencia del aceite que lubrica el asunto, éste se reparte entre la delincuencia directa y el empleo de la caja fiscal. Entre sus formatos está la mayor o menor permisividad con que se saben conectar. Dentro de las industrias ilegales destaca el Narcotráfico por los montos que maneja, su internacionalización y el silencio que lo recubre, que también tiene su costo. Hablamos acá más o menos de unos 6,000 millones de dólares anuales, que requieren una economía en crecimiento para lavarlos bien lavados. El sistema de la Corrupción no es, pues, un conjuntito de aisladas argollas sin contactos entre sí y con islas de “Bondad” y “Honradez” entre ellas en donde se puedan esconder los ciudadanos que no quieren hacerse problemas. La complicidad asume muchas formas, entre ellas la de votar por los candidatos de la Corrupción que todo el mundo conoce, y por lo tanto ya no es posible a estas alturas aducir ignorancia. Hoy no quedan más que dos alternativas en ese respecto: O se es imbécil o se es cómplice.

Un Sistema Corrompido

No hay, pues, donde esconderse, la realidad nos alcanza. Por más mentolátum que le echemos al cáncer sigue siendo cáncer. Un sistema de Corrupción implica organizaciones (unificadas o no), modus operandi, protocolos de acción, funding, dispersión tentacular y códigos como la ley del silencio, entre otras características. Usar la ley con fines de corruptela es más conocido que los agujeros de las orejas, e incluso su lenguaje retorcido rememora la Camorra siciliana y calabresa: No hay mafioso que no se reclame “honorable” y “cavaliere” como Berlusconi. Son, por supuesto, hombres (y mujeres) que defienden su honor, a los que en Sicilia recibirían ni más ni menos que como mafiosos. Manuel González Prada les llamó hace más de un siglo Los Beduinos, en memoria de los asaltantes de Caravanas.         

Cómo se combate la Corrupción

No nos interesa acá ser específicos y detallistas. También es verdad que es facilísimo hablar, pero si se tiene cierta claridad en ver los problemas, se tiene cierta claridad en ver las soluciones. El problema más grave de la Corrupción es su enquistamiento en el Estado, la Empresa y la Sociedad Civil. Un Sistema corrompido desde la médula solo puede atacarse de dos modos: Desde Dentro o Desde Fuera. La solución “Desde Fuera” se ha probado muchas veces, y ha chocado con poderosas resistencias, y aunque parece más efectiva y tentadora, hoy ya no está de moda. La solución “Desde Dentro” es condenadamente fácil, pero lo fácil es difícil: Es tratar a los delincuentes como delincuentes y combatir al fuego con fuego, y esto no se consigue de la noche a la mañana. Como en todo, hay que comenzar por el principio, y el principio es una cuestión política: que la gente señale a los delincuentes con el dedo y diga: Estos son delincuentes.

Condena Política   

La Corrupción carece de sentido del Humor, salvo ciertos cavalieres. Por ello no sabe ni puede defenderse de la vergüenza pública, responderá primero con el silencio y el acallamiento, que para eso controlan los medios. Sólo en segunda instancia serán agresivos con el sarcasmo, la ironía, la burla y la superioridad intelectual. Recurren ahí a “argumentos”: Falacias, calumnias y mentiras. Crecer en un ambiente de silencio es más fácil que crecer a la luz del día, la gente ve juntarse tipos cada vez más impresentables, y las reputaciones se erosionan y derrumban. Las redes clientelares mafioso-delincuenciales-periodísticas son cada vez menos capaces de engañar a una cantidad respetable de la población, a no ser convenzan que todos son lo mismo a punta de machaconas insistencias y de llevar la gente al hartazgo. La Condena Política empieza por decir del pan que es pan y del vino que no es aceite: Si una encuesta dice que para un 40, 50 o 60 % de la población el “Hacer Obra” es tan valioso como “Robar”, pues dejémonos de tonterías y digamos directamente que hay gente que es o Estúpida o Cómplice, y que si esa población es coherente que se deje de bobadas y le enseñe a sus hijitos lo importante que es ROBAR, y les envíe a colegios donde se enseñen estas habilidades. Total, lo que importa son los Valores.

Colofón

En realidad, si fuéramos coherentes, deberíamos dejarnos de lo que en México ya llaman “diatribas semánticas” y lanzarnos de frente a una Operación Manos Limpias de desmantelamiento de argollas y mafias. Pero parece que aun no estamos preparados para semejante grado de desarrollo social, y que la situación deberá empeorar antes de mejorar,  y llegar primero a un punto de crisis insoportable. Que el que tenga Oídos, Vea. Que el que tenga Ojos, Oiga. Y después, que no se quejen.

lunes, 14 de febrero de 2011

VOTO JOVEN Y POLÍTICOS JÓVENES


Conversaba con un joven de unos 30 años acerca del voto, y sus ideas me dieron qué pensar. Me señalaba que no tenía mayor interés en votar, que cumpliría con su deber, claro, porque si no lo multaban, y la plata no le sobra; y que seguramente viciaría su voto. Yo no entendía cómo puede ser posible que alguien joven no tuviera un mayor interés en saber cómo iba a ser el futuro político y cómo le afectaría. Me fastidió que, siendo tan hábil en diversos campos, tuviera tan poco qué decir en política, excepto repetir el discurso mediático. Una persona inteligente debería poder navegar un poco más allá de sus prejuicios, recuerdo que le dije. Fue ahí que me soltó esta frase: “Es que en realidad no siento interés en esta sarta de ladrones y estafadores”.

Otro día conversaba con otro joven, que vota en esta ocasión por primera vez. Me sorprendió igualmente percatarme de lo muy interesado que estaba en los OVNIS y en el hecho que el mundo pudiera acabarse en el corto plazo, digamos el 2012, o en marzo de este año. Cuando le pregunté sobre ello me señaló que él estaba realmente preocupado en obtener de inmediato cualquier tipo de trabajo para poder comprarse ciertos juegos de computadora en los que está particularmente interesado. Y que, después de todo, la Biblia DICE que el mundo se va a acabar, pero ya. Hace estudios, pero no tiene mayor interés en ellos. Me llamó la atención su falta de exposición a lo que realmente pasa, y cómo aquello que ocurre fuera de la puerta de su casa no consigue afectar su vida en el corto plazo. Recordé lo que el Educador Ken Robinson decía acerca de jóvenes de su británico-estadounidense entorno: “Antes los jóvenes terminaban y salían a trabajar. Hoy terminan, y se van a sus video-juegos”.

En Féisbuk, Tuiter, Yahoo Live y otras redes, lo quiera o no, muchos de mis alumnos y exalumnos me anotan como amigo, y eso me parece formidable y me gusta porque me permite mantener el contacto y pulsar lo que ocurre entre ellos, lo que para un maestro siempre es importante. Es notable un hecho muy concreto: Las elecciones no tienen ninguna importancia para ellos. Son básicamente los adultos de más de 40 los que mueven sus páginas alrededor del tema. Cuando lo hacen, pues hay quien no lo hace, claro, pero allí encontraremos atrás decisiones conscientes. Choca un tanto ver la gran indiferencia electoral de los jóvenes habiendo tanto porcentaje de la población que es joven, y habiendo reales consecuencias en estos hechos para ellos.

Como adulto con más de cinco décadas pisando este planeta – y este país, por Dios Santo – debería estar inmunizado contra el escándalo. Pero honestamente, no lo estoy. La verdad, esta situación sí me escandaliza. Me importa mucho cuando percibo que los jóvenes parecen haberse convertido en una simple “masa de maniobra” a ser manipulada. Me gustaría analizar un poco esta situación, a fuer de profesor preocupado por el tema ciudadano.

Hay muchas maneras de pensar este problema, pero no siento ningún deseo de suavizar las cosas, sino más bien de verlas tal cual son. ¿Por qué algo que seguramente se merece pensar en ello su rato, no ofrece un interés por lo menos igual al de la playa de moda, el record de permanencia en Féisbuk, la cantidad de trago que se tomó fulano, o la liquidación de Tottus? Claro, la primera respuesta posible es que los jóvenes poseen sus propias preocupaciones, y claro está, la política no es la primera. Y, entre nosotros, les comentaré que eso no me parece tan malo ni para escandalizar demasiado. Es de lo más normal que los jóvenes se fijen esencialmente en aquello que les interesa a ellos y a sus pares. Lo que sorprende es la falta de “click” con el tema electoral.

Pero mirando un poquito más en redes sociales, y haciendo algunas preguntas, se nota que sí existen preocupaciones inmediatas, mucho más serias, lo que ocurre es que no hacen “click” con el tema político. Los estudios, por ejemplo. O el empleo. Conseguir uno es percibido como una suerte de sacada de lotería, que amerita su publicación en redes, y la celebración consiguiente, lo que incluso ha tenido un curioso rebote publicitario. Las prácticas pre-profesionales y profesionales, cuando hay edad suficiente y se ha alcanzado un determinado nivel académico. Cuando no lo hay, abundan referencias a las fiestas y al amor – nada raro en 14 de febrero, por cierto. Pero también al trago, al sexo y a la farra en el contexto de happenings que son una suerte de iniciaciones sociales. Claro, no tenemos la acuciosidad de una encuesta, y los miembros de las redes sociales abundan entre los NSE A hasta el C inclusive, pero los niveles D y E y las zonas rurales están ampliamente infrarrepresentados. Así que de ellos poco podemos decir.

Lo que sí es observable es la poquísima relación que se hace de estos temas concretos con lo que va a ocurrir electoralmente. No se tiene conciencia alguna, o muy poca, de la importancia del voto propio, o de la necesidad de reunir esfuerzos alrededor de una u otra opción política. Arriesgando una opinión, digamos que el voto pareciera ser percibido como una especie de imposición adulta con la que hay que cumplir, más o menos en el nivel de las obligaciones escolares. Quizá lo más complicado de encajar es que exista una ley seca en el momento de la votación, ley seca hecha para sacarle la vuelta, claro. También existe la oportunidad de viciar el voto, cosa que según parece muchos jóvenes suelen hacer, como una suerte de rebelión impotente, anárquica e individual frente a la penosa obligación de tener que votar. Vale decir, no se distingue que el tema electoral posea mayor “importancia”, que tenga alguna clase de “trascendencia” en el sentido de que si haces una cosa en un sentido u otro, ésta tendrá consecuencias.

Bajo el iceberg de indiferencia joven se distinguen algunos contenidos interesantes. Se rasca un poco la superficie y se ve una percepción extraordinariamente negativa del hecho político. Una descalificación absoluta de éste, corporizada en una descripción de las personas que se dedican a esta actividad como “rateros”, “delincuentes”, “ladrones”, “corruptos” y otras perlitas que dicen mucho acerca de la percepción del hecho político. Ensayemos algunas razones para esto.

Primero, y esto será una suerte de sopapo conceptual, da la sensación de que estos jóvenes que algunos tildan “sin valores ni principios” – clásica queja senil – poseen los suficientes de unos y otros para juzgar al sistema político y condenarlo de tal manera que ni siquiera desean tener contacto con él. La corrupción y la ratería, a juzgar por lo que muchos jóvenes manifiestan, parecen ser contagiosas, y entonces muchos jóvenes no desean contaminarse con ellos. La medida de la impermeabilidad del sistema es que según parece los políticos “profesionales” se conforman con el voto obligatorio, en vez de dedicarse a pensar en la manera de involucrar a los jóvenes en la política.

O sí lo hacen, de repente. No hace mucho se pasó una ley para que el estado financie con la nuestra la “formación política” de los jóvenes, que en la práctica es aprovechada por los hijos de los políticos “profesionales”, con lo que ciertas características del sistema terminan por pasar de padres a hijos. Testigo Kenji. Tengo la desagradable sensación que lo que podría estar ocurriendo es que tras esta “camada” entren a los partidos políticos cantidades de jóvenes sin cortapisas ideológicas ni estorbos éticos, simplemente dispuestos a lo que fuere con tal de conquistar el poder y las ventajas que trae, sea por las plumas simbólicas que abren puertas, o por haber aprendido las lecciones de estadista que nuestro Señor Presidente siente la necesidad de dar: “La plata llega sola” y “Qué son Cinco Mil Dólares”.

Por otra parte, los modelos políticos que se presentan a los jóvenes por las vías mediáticas para su sesuda consideración – ya sabemos que nuestros jóvenes no leen periódicos ni diarios, sino que ven TV – son el “Comepollo”, el “Lavapiés”, y patatín. Modelos tan absolutamente negativos, que con seguridad deben producir rechazo. Hay más modelos en el pasado y eventualmente en el presente también, incluso, pero por alguna razón misteriosa, no son destacados, ni siquiera presentados. ¿Habrá algún interés en ello, me pregunto?

Los medios de comunicación están tan tomados por su realidad comercial, que en realidad no notamos que se den ciertas condiciones básicas de “libertad de prensa”. La lógica del “cherry” sin límites y el hecho que en una sociedad iliterata – PISA 2009 ha mostrado lo iliteratos que somos en la práctica – la manipulación mediática cree poder político, determina que las condiciones democráticas en las que se desarrollan estas elecciones estén sumamente relativizadas. Si nos conformáramos con una democracia que hoy por hoy es básicamente votar cada cierto tiempo y dejar hacer a los mandatarios lo que les dé la gana, podríamos pasar por todo esto. Pero resulta que la Democracia es bastante más que eso.

Los cursos de educación ciudadana y cívica impartidos en las escuelas, si uno se centra en los contenidos curriculares y en los textos, parecen ser de lo más interesantes cuando del nivel local se trata. Cuando se va a los niveles superiores hay una suerte de “silencio administrativo”, pues los temas que se tratan a partir de allí se distinguen como poco realistas, y acallan aquello que los jóvenes podrían preguntar pero como no se les menciona nunca, no se produce el desequilibrio cognitivo necesario. Como por ejemplo, el tema de la corrupción, por qué se produce, qué se hace con ello. En vez de ello, conforme se avanza en la secundaria, se plantean a la consideración de los futuros ciudadanos una serie de generalidades sobre la Constitución y las Leyes, por ejemplo, bastante alejadas del ejercicio cotidiano de la ciudadanía. Se plantea una especie de “Deber Ser” más que un “Es” que no se le oculta a nadie, y que choca frontalmente con la percepción de que todo anda como la mona. No se responden preguntas, imaginamos tanto por cierta vergüenza propia o ajena, como por la necesidad de no chocar con Chocano, como por el temor de lo que puede pasar si es que se abre la caja de Pandora. Sin embargo, en Historia somos, sí, adecuadamente derrotistas. En tanto que nuestra Geografía es adecuadamente triunfalista. Como para desconcertar al más pintado. Pero al final de cuentas, desde que la mayoría de nuestros alumnos de 15 años suelen no entender lo que leen, tampoco es que tenga gran importancia.

El desconcierto ciudadano también se da en las familias, y eso cuando éstas existen y están más o menos estructuradas, que tampoco es el caso. Las familias no imparten educación ciudadana o cívica, desde que la preocupación por la supervivencia – o la conservación del estatus - es percibido como algo mucho más importante. Algunas, muy pocas, familias actúan desde las duras realidades del trabajo y la escasez, y consiguen pasar una ética del propio esfuerzo y el trabajo dictada desde el ejemplo. Otras tratan a niños y jóvenes como tacitas de porcelana al borde de romperse, a los que no debe exponerse a hechos graves, sospechamos que como reflejo de nuestros propios traumas. Hace un par de años se criticó acerbamente desde el poder, y con alto contenido mediático, una suerte de “infiltración senderista” en textos de una reconocida editorial. La mayoría de los padres de familia se tragó el tema completito, muy pocos leyeron los textos. Hubo mucha oscuridad y poca discusión acerca de la educación, apenas el acostumbrado escandalete mediático. Muy poca gente analizó los textos para ver si era cierto. Lo único que quedó claro es que exista la tendencia en ciertos grupos a querer borrar el tema de Sendero Luminoso y el conflicto armado interno, como si jamás hubieran ocurrido. El problema, por supuesto, es que sí ocurrieron.

En cualquier caso, las familias, como correa de transmisión de contenidos valorativos sociales, ya no salvan al Perú como solían hacerlo. Hay demasiadas familias donde el negocio familiar se pasa simplemente a la nueva generación, como es el caso del narcotráfico y la delincuencia organizada. Y las vinculaciones entre el Narcotráfico y la Política son solamente invisibles para los medios de comunicación, a no ser que, como ha venido pasando desde hace muy poco, WikiLeaks meta la cuchara. Y demasiadas familias donde el choque generacional culmina en soluciones violentas. Y demasiadas familias donde lo que se transmite es la manera de pasar piola por el sistema.

Se dice con mucha lógica que una actividad tan sucia y desagradable como la política no debe atraer a nadie que tenga un poco de decencia personal. Y eso nos dice mucho acerca de la peculiar actitud juvenil frente al hecho político. Desde esta óptica los jóvenes no parecen tan negativos políticamente después de todo. Pero la consecuencia obvia es que esta deserción de los jóvenes “deja hacer” a los corruptos, ladrones y sinvergüenzas de todo pelaje las tropelías que les parece. Si no fuera porque no nos gusta ver complots en todas partes, parece que fuera una suerte de “Sistema Nacional de Desmovilización Social”, especie de “Anti-SINAMOS” en acción.

El esquema desmovilizador pasaría por varias etapas. La primera sería, como hemos visto, destrozar la imagen de la actividad política asociándola a los peores contenidos. Tras esta criba, que elimina a los menos interesados, y que permite disponer de una masa de maniobra a la que se le puede impresionar políticamente por vía mediática para obtener un porcentaje importante de votos, la segunda fase sería destrozar las ilusiones juveniles alrededor de la posibilidad de poder introducir cambios en el sistema. Los jóvenes que quisieran entrar en la actividad política entonces serían básicamente maltratados por el simple hecho de querer entrar y hacer algunas armas en él. A no ser que ya estén en el ajo, como ocurre con muchos de los hijos e hijas de los políticos “profesionales”. Con esto la a veces llamada “carrera” del “Servicio Público” queda desvirtuada por principio, y se aseguraría la sucesión de una argolla política por otra. Pero, por supuesto, no creemos en las teorías complotistas.

Si creyéramos en estas teorías, diríamos que si bien muchos políticos de hoy, para llegar a ser corruptos, autoritarios y ladrones, tuvieron que batallar con sus propias conciencias, destruir el ejemplo de hombres como Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Víctor Andrés Belaúnde, Héctor Cornejo Chávez, Luciano Castillo, etc., y aplanar su propia escala de valores, los políticos jóvenes podrían llegar sin frenos éticos ni morales, dispuestos a lo que fuere con tal de disfrutar el poder. Este riesgo, haya complot o no, es muy real.

Quizá la conclusión más interesante al respecto sea que si hay jóvenes que desean entrar a la política del “servicio público”, a pesar de todo lo dicho, deben ser jóvenes de extraordinarias capacidades y gran sentido ético. Pensemos en lo que pasó en el sistema político estadounidense y la convocatoria que Barack Obama consiguió llevar a cabo, que determinó, en este país de voto facultativo, que un porcentaje jamás visto de la población decidiera hacer uso de su voto. Esto debe haber llenado de aprensión a los usufructuadores del sistema político norteamericano. Naturalmente, la percepción de la impermeabilidad del sistema está arrojando a Obama al limbo de los presidentes de un solo período. O pensemos en Egipto y los países árabes en estos días, donde la gran mayoría de los manifestantes que están alcanzando a reformular el sistema político son jóvenes.

Queremos pensar que existe una gran potencialidad en la juventud peruana, a pesar de todo. Precisamente porque, a pesar de todo, hay cierta fuerza en ellos que hay que tomar en consideración. Si alguna ventaja tiene el que exista tan enorme desmovilización, ello nos indica que los que consiguen pasar la criba resultarían poseer una calidad ética mayor. En realidad no lo sabemos. Décadas de desencanto tienen que tener su costo. Las cosas pueden desenvolverse en las dos direcciones. Pero a la vez, tenemos motivos para sentir cierta confianza en las posibilidades.

El que esto escribe va a buscar a ciertos políticos jóvenes para elegir de entre ellos. El voto preferencial, con lo negativo que es, por lo menos otorga cierta libertad. Creo que por eso hay resistencia oculta ciudadana a acabar con este pequeño espacio de libertad. Cuando Manuel González Prada escribió su inmortal frase “Los Viejos a la Tumba, los Jóvenes a la Obra” pensaba, estoy casi seguro, en la necesidad de cambiar el sistema político vigente en algo realmente decente o cuando menos sostenible. Si alguien entiende realmente este viejo, aunque nada vetusto, mensaje, debe ser un joven. Los jóvenes políticos, los de verdad, de hoy tienen entre las manos una labor realmente difícil, la de hacer de nuestro país un país viable políticamente. Vivir para ver.