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lunes, 23 de septiembre de 2013

CRÓNICA DE LECTURAS 56 - LECTURAS POLÍTICAS (1)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 56
Lecturas Políticas (I)

I
Política, Juventud y Educación para la Indiferencia

Empiezo con una nota real: Los jóvenes la tienen tan complicada en estos días que soñar con la posibilidad de cambiar las cosas en profundidad está tan a trasmano como el Turismo con gastos pagados a la Galaxia de Andrómeda. La inversión a realizar para posicionar laboral y socialmente a un joven hoy en día es tan ingente que resulta inalcanzable ya no al promedio, sino a la gran mayoría de las familias en nuestra sociedad, sólo unas pocas lo conseguirán. Tras ingentes gastos y desvelos, hacia la mitad de la veintena habrá que tener un título “profesional”, y por estricta situación de mercado muchos quedarán fuera. La igualdad como valor democrático está pervertida y sustituida por un feroz e indisimulado clasismo. La igualación social basada en la ciudadanía se ha evaporado, y se expande la percepción de que los relatos igualitarios son una farsa y que lo único que cuenta es la plata. Como no hay un punto de partida social parejo, los chicos quedan atrapados entre el inicio de la pubertad y el fin de la adolescencia entre el cuento de la educación y la realidad de su identidad de clase, cerrada como una casta hindú. La estafa que constituye la educación – que, como dice la canción, fue a otros que se le dio de verdad – da como resultado por un extremo el escepticismo y por el otro la indiferencia, que serán funcionales por algún tiempo, hasta que empiece el pingüinismo en el Perú, esa es mi lectura. Si es Verdad que la Verdad nos hará libres, pues entonces nuestra Educación no nos dice la Verdad, ni en el aspecto práctico de desarrollar herramientas para la Vida, ni en el de formar Valores para la convivencia civilizada.     

Entre la sociedad y la escuela hay una entelequia: La Educación Ciudadana, que algunos quieren Cívica, es decir pegada al Manual de Carreño más que a Rawls o Castoriadis. Toda democracia constituye una apuesta social implícita que combina Orden y Libertad. El Pacto Social en sociedades con larga historia de incorporar cada vez más segmentos de su población a la libertad económica y política, ha sido el de tolerar la desigualdad del mercado para elevar producción y productividad, y así elevar el nivel de vida de las mayorías en plazos razonables. Pero cuando las castas dominantes ejercen el poder sin asumir responsabilidad, dejan el elevar el nivel de vida para otro siglo y no ven más allá de sus ganancias, entonces expropian las libertades de la mayoría y faltan a dicho pacto, por más implícito que sea, más aún si se apropian de la escolaridad (Más escolaridad no necesariamente es más Educación). Allá abajo la Juventud pierde interés en la Política, que se ve inútil y por saber que se carece de posibilidades de desarrollo, a no ser que haya plata. Así aparece la generación NINI (NI trabaja, NI estudia) derrotada antes de empezar, y que cualquier teórico político contaría como potencialmente revolucionaria. Las válvulas obvias de escape para evitarlo son la emigración, el narcotráfico, la delincuencia o el nihilismo, por lo menos para aquellos jóvenes que no pueden contratar a sicarios para que asesinen a sus padres y así disfrutar de farra perpetua con la herencia.     

La Educación Ciudadana se imparte menos en las escuelas que en los medios de comunicación. Los mensajes de los medios están hegemonizados por los oligopolios que controlan la economía, y proyectan la paradoja de una Política Formal signada por una hipócrita, angelical y sesgada condena moral del mercantilismo y oligarquización. Años ha que se repite la misma cantinela a los jóvenes: La Política es una porquería, no te metas en ella si eres decente e inteligente. Claro que falló el encuadre para tanto joven “decente” e “inteligente”, hasta el extremo de oírse la extraña queja de que educar produce izquierdistas, lo que lleva a la curiosa ecuación de Izquierdista = Decente e Inteligente; y a la paradoja de que no debemos educar para que no haya contestatarios al sistema. Pero esto es parte de la razón instrumental expresada en los Cuentazos del Desarrollo Económico. Para lo que nos interesa ahora, digamos que desde Freud sábese que el Discurso Manifiesto contiene uno latente, que en nuestro caso es:  … déjame la política a mí, que me sacrifico y te libero de esa carga … por un precio. Y el tal precio en la realidad real será aceptar la Corrupción Institucionalizada como pago de que nos quiten al agobio de la política – y lo lamentamos de dientes para afuera para no sentir la obligación de hacer algo al respecto. Así conservamos nuestra ceguera, y que los jóvenes se las arreglen como puedan en eso de encuadrarse en su sociedad. La consecuencia es que de cada cuatro jóvenes como mínimo uno es NINI, y no podemos hacerlos chefs felices a todos. Y es en este contexto que hablamos de Leer Política hoy en día.  

(Paréntesis: Vale esta cita en el presente contexto: La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera (Gramsci))

II
Pequeña Antología Política, de Antonio Gramsci

Uno de los más importantes teóricos políticos de todos los tiempos es Antonio Gramsci (1891 – 1937). Abonan en su favor sus Cuadernos escritos en la cárcel de los fascistas de Mussolini, donde murió. A falta de fuentes de consulta usó de su memoria, a más que tras un cierto tiempo en la canasta los pajaritos no se quedan en la cabeza, y se habla con claridad, con el único límite de la censura de carceleros ignorantes, y qué te pueden hacer a esas alturas. Así la acción política se beneficia del tiempo pasado en estos spas, a modo de pasantías políticas que tiemplan el carácter. Cuéntanse entre los que han pasado vacaciones en la canasta a Nelson Mandela, Josip Broz, José Mujica, Mohandas Gandhi, Dilma Rousseff, Ricardo Lagos, Jawaharlal Nehru, Hugo Chávez, etcétera. Y no hay que olvidar a los que siguen presos, y a quien sus enemigos les terminarán por regalar el poder como a Mandela. Tras el colapso soviético, los socialistas más sólidos buscaron referentes teóricos acordes a las nuevas circunstancias. Antonio Gramsci resulta ser muy adecuado y tan ortodoxo que Palmiro Togliatti, jefe del Partido Comunista Italiano, lo veía continuador de Carlos Marx. Desde el otro lado, observamos que el poco sospechoso de progresismo de cualquier especie Opus Dei, que controla entre otras cosas una conocida Universidad Peruana, lo estudia con los recursos de la Universidad como al peligroso enemigo que piensa es, y edita opúsculos contra Gramsci, lo que nos indica que hay quien rinde homenaje sin saberlo al peso político de una mente clara que gana batallas después de muerta.

El libro al que aludimos es una antología de los Cuadernos y otras obras de Antonio Gramsci. Hay quien no gusta de ellas por sentir que te mastican los textos, pero las circunstancias de los Cuadernos hacen imprescindible seleccionar. Un coaching o training en habilidades precisas requiere resultados concretos, por ello se elige con cuidado contenidos y habilidades, porque construir Cuadros Políticos – lo que nuestra derecha liberal descubrió poco ha como operadores políticos, y que tratan aún de definir - es difícil y nadie garantiza resultados: Véase por ejemplo la triste suerte de los delfines de Haya de la Torre; o la inoperancia política del partido de gobierno frente a los conflictos sociales o a la simple corporización de las medidas que surgen en las cabezas del gobierno. O miremos la caída de la URSS y la sorprendente permanencia de los comunistas en China y Cuba, de la Social Democracia en Alemania y otros países. El coaching o training político de hoy requiere describir el proceso y resultado para obtener los rasgos ético-morales y cognitivos deseables. Hoy faltan Cuadros Políticos y hay una rala idea de partido político, que se cree es la estructura y no los cuerpos calientes que la llenan: (Hay) Un elemento difuso, de hombres corrientes, que en su participación ofrecen disciplina y fidelidad (…) sin ellos el partido no existiría. Nótese la necesidad de formar en ética política desde la simple simpatía. Gramsci plantea más sobre los militantes: (Son) El elemento cohesionador principal, que centraliza en el campo nacional y convierte en eficiente y poderoso un conjunto de fuerzas, aunque por sí solo este elemento no formaría el partido. Es decir se necesita entre líderes y militantes un conjunto que articule (…) y (los) ponga en contacto (moral e intelectual). Esto es Cuadros Políticos, no operadores, for God´s sake. Para ser operador no necesitas Partido, lealtad ni ética, sino astucia para ubicarte en las argollas. El precio de tener Cuadros Políticos es el Control dentro del partido. Por eso a los autoritarios y a los corruptos no les gustan los Cuadros, sino el Clientelaje; y cada cierto tiempo destripan sus partidos para eliminar elementos pensantes. Imagínate a un Lula o un Evo Morales corruptos y sin Cuadros, no podrían gobernar con eficiencia ni reelegirse. El Partido Aprista peruano, por ejemplo, hoy carece de hombres corrientes y de dirigentes dignos de ese nombre, pero tiene Cuadros cuarentones que le permiten sobrevivir como argolla enquistada en las instituciones. Claro que de ahí ya no sabemos, porque muchos fugan y dejan a los operadores.    

El liderazgo disperso y espontáneo es un rasgo político indeseable del postmodernismo. Su resultado son increíbles metidas de pata que alimentan conflictos sociales, guerras civiles e intervenciones militares guiadas por intereses mal disfrazados de falacias. Un Cuadro Político no cae en candideces y lee con solvencia la realidad política. Por ello la Derecha Inteligente contrata izquierdistas renegados, formados en política real, sin pajaritos en la cabeza y con manejo de ideas y discursos. Los renegados se venden caros, porque saben qué tienen y cuánto vale, pero perdieron la ética del Cuadro y son simples tránsfugas, no sorprende que medren. Traiciones y conformismos ha habido siempre, es la condición humana: El conformismo ha existido siempre: hoy se trata de (…) una lucha de hegemonía, de una crisis de sociedad civil. Los viejos dirigentes (…) sienten que el suelo se les hunde bajo los pies; se dan cuenta de que sus “prédicas” se han convertido precisamente en “prédicas”, esto es, en cosas extrañas de la realidad, pura forma sin contenido, larva sin espíritu; de ahí (…) sus tendencias reaccionarias y conservadoras. Cuesta no ver estas palabras como descriptivas del actual estado de la izquierda en el Perú, pero Gramsci buscaba fortalecer el Partido basado en la lógica de clase y una percepción realista del mundo. Gramsci negaría el espontaneísmo y no confundiría el medio con el mensaje, que hoy se cree lo producen las redes sociales. La primavera árabe y otros sucesos análogos no son espontánea “lucha por la libertad” como los teóricos recién descubren, aunque no los medios de comunicación, tercamente enfeudados en el fantasma de sus propios miedos o los de sus amos. Gramsci diría que una cosa es lo espontáneo y otra que nosotros no miremos bien, porque la masa no se mueve sola, y es puro idealismo la concepción (…) para la cual sólo es real y digno el movimiento que es consciente al ciento por ciento y que incluso está determinado por un plan minuciosamente trazado de antemano (que corresponde) a una teoría abstracta. No hay en mi modesta opinión autor político tan práctico y a la vez tan sólido en lo teórico. Conviene que se le lea y se le estudie con atención para entender cómo funciona la política realmente existente.
Casi seguro estoy que me acusarán de propaganda comunista por añadir este link, en el que se encontrará la obra de Gramsci: http://www.marxists.org/espanol/gramsci/   

III
Derecha e Izquierda, de Norberto Bobbio

Espero se me disculpe que me interese más en los textos referidos a la Izquierda que a la Derecha, sobre todo porque tras el colapso soviético anuncióse con bombos y platillos que el ángel de la historia de Walter Benjamin se jubilaba, que la Izquierda colapsaba al fin y la Historia llegaba a su ídem. No vieron que la Derecha se evapora cuando no hay Izquierda, pues creían – algunos aún creen - que la Derecha existe sola, pero así son los fundamentalismos e instrumentalismos a la medida de temores e irracionalidades, no hay que quejarse de que no funcionen. El pobre Francis Fukuyama vivió así la triste suerte de ser citado sin haber sido leído en la misma proporción o intensidad con que se enterró tan fácil a la Izquierda y a la Historia. Las anteojeras ideológicas impidieron una lectura objetiva de Carlos Marx – otro citado más que leído -  y si se hubieran cuidado más de hablar antes de tiempo la Historia no les sorprendería como ahora. El wishful thinking es una carga sobre el intelecto, a veces sospecho que Marx se refería a esto como corsé ideológico de la Burguesía. Pensar más allá de la época es complicado como el diablo, lo sabía Hegel cuando ideaba esa vaina del zeitgeist - espíritu de la época – y esa otra de la dialéctica. Las cosas no son tan claras como solían ser, por eso decimos hoy con más razón que todo lo sólido se desvanece en el aire. Dilucidar sigue siendo una tarea de la filosofía política y de la política a secas, y para hacerlo se requiere un mensaje claro en que insistir, porque no se puede estar en Política sin tomar parte en ella. Eso significa tenerla clara uno mismo, y así nos preguntamos, por ejemplo: ¿Existen aún  la Izquierda y la derecha?  Y esto es lo que Norberto Bobbio (1909 – 2004), un intelectual postmoderno de a de veras, trata de responder en este excelente librito, excelente porque hace lo que se supone hace un intelectual que se respete: Establecer posición, definir, clasificar, aclarar conceptos, encontrar sus relaciones, evidenciar la díada, es decir mirar los conceptos Izquierda / Derecha como interdependientes, como hermanos enemigos, como pareja conceptual Caín / Abel o matrimonio mal avenido, que no se separa porque el uno sin el otro no viven.

Escrito en los ´90, cuando parecía que la díada Izquierda / Derecha se disolvía … El primero en quedarse sorprendido del éxito de este pequeño libro he sido yo. Convertido en best-seller a pesar del mismo Bobbio, parece que ninguna otra de sus obras ha tenido esa suerte, con la posible excepción de La Izquierda en la época del karaoke, que ni por asomo tiene el mismo peso o despliegue teórico. Bobbio es mejor como pensador y fabricante de ideas que como escritor. Sus ideas las va elaborando en sus libros, leídos por pocos miles de personas cada vez, hacen fortuna y se popularizan. Le pasa así que cada obra constituye un estado del arte de sus ideas al momento de ser escritas, y por ello cuando se busca su quintaesencia en una Obra fundamental (un opus magnum) que dé cuenta del resultado final, pues no se encuentra. Es que Bobbio siempre ha tratado de combinar conceptos complejos: Democracia con Izquierda, Derechos Humanos con Paz, etcétera; todos elementos difíciles de conciliar en el discurso político y en el cuerpo ideológico; y asimismo porque no ha tenido ocasión de construir ese Opus Magnum que daría cuenta de todo ello. La coyuntura pasma los procesos largos, la lucha política italiana del Siglo XX fue mortal para desarrollar teoría. Otro Sí, la intención de Norberto Bobbio se dirigió a elementos de comunidad ideológica en conjuntos de ideas que según él, y más o menos como muñecas rusas, podían estar unas dentro de otras. Es así que con toda su solidez teórica, representa un modelo de wishful thinking de la postmodernidad política, pero ese es precisamente su inmenso aporte, también su gran límite. Sin embargo, logró un concepto pragmático de la relación en la díada, aplicable sin duda a la realidad política italiana y a otras, y que a cualquier persona interesada en estos temas conviene estudiar. La idea base es la de la Igualdad como parteaguas entre las Izquierdas y las Derechas: Nunca como en nuestra época se han puesto en tela de juicio las tres fuentes principales de la desigualdad: la clase, la raza y el sexo. Parece haber aquí todo un programa político para la Izquierda del Tercer Milenio, por poco que se sepa leer, pero se requiere no copiar solamente, aún hay que jerarquizar ideas, parece por lo menos discutible eso de subsumir el problema de la Clase en el de Género o en lo étnico, como cree cierta Izquierda de ONG, sumergida en su propio wishful thinking. La lectura de este libro de Bobbio permite entender el problema desde lo político, pero no lo he encontrado publicado en la web, discúlpenme mis lectores. Sin embargo encontré un artículo que sin tratar directamente de Bobbio, puede ser útil para introducir el tema:

IV
Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, de José Carlos Mariátegui La Chira

Uno de los textos más clásicos de la política peruana es uno de dilucidación de la realidad. Nos tememos que en muchos aspectos aún está vigente a pesar de haber sido publicado en 1928. Va ya por los 83 años, y parece que lo que Mariátegui no dejó hecho sigue todavía sin hacerse. A José Carlos Mariátegui La Chira le cupo el destino de morir antes de tiempo. Es difícil saber qué tan ortodoxo hubiera seguido siendo de no haber fallecido y continuar al frente de la Confederación General de los Trabajadores del Perú y el Partido Socialista tras 1930. La historia posterior no ha sido amable con el Socialismo Marxista en el Perú, que desde la defección de Eudocio Ravines hasta Sendero Luminoso ha tenido una larga continuidad de bandazos, desgobiernos, indisciplinas políticas, divisiones y formación de múltiples capillas, algunas con extraños seguidores. La potencia de la vida y las ideas de José Carlos Mariátegui La Chira sugieren la ucronía del qué hubiera pasado si … con toda la tentación que levanta como ejercicio intelectual que expresaría el wishful thinking de una o dos generaciones, pero resulta fácil dedicarse a la profecía a posteriori y no parece que ello contribuyera a nada, si acaso a iluminar subjetividades y tal vez las necesidades del momento. Creemos que el mismo Mariátegui hubiera preferido y le hubiera gustado manejar una racionalidad opuesta a las fantasías de la postmodernidad. Después de todo su virtud fundamental a nuestro humilde entender (hay tanto exégeta de José Carlos Mariátegui que no me atrevo a dar una opinión así como así) era precisamente su libertad intelectual, que atribuyo al hecho de no estar encerrado en las cuatro paredes de la Educación Formal de nuestra patria, particularmente limitante y castradora, más aún a principios del siglo XX. Por otra parte, los descendientes del Amauta han cuidado que la obra no se perdiera, y así el fundador del marxismo peruano no llegó a ver la gran difusión de su obra, particularmente del libro que nos ocupa.   

Como profesor de Ciencias Sociales y Realidad Peruana he preferido siempre presentar a José Carlos Mariátegui La Chira a través de su obra, antes que hablar sobre él. Por ello siempre he tratado que mis alumnos lo lean y se formen su propia opinión, y que trabajen y operen intelectualmente encontrando qué aspectos de los que trata como problemas principales del Perú permanecen vigentes y de qué manera. Y es que comparando con lo que se escribió sobre la realidad peruana en este período – Realidad Nacional de Víctor Andrés Belaúnde, El antimperialismo y el Apra de Víctor Raúl Haya de la Torre – los Siete Ensayos resultan ser la propuesta más vigente y que menos ha sufrido con el tiempo. Leer a Belaúnde o a Haya hoy nos da la sensación de lo viejo, lo concentrado en la coyuntura de la época, en la percepción - que tal vez no sea justa – de que esas obras en definitiva ya fueron. No pasa así con los Siete Ensayos, que siguen vigentes del modo que está vigente El Origen de las Especies de Darwin o incluso – me atreveré a esta comparación – a las Matemáticas de Aurelio Baldor, es decir libros que sabemos por una parte son puntos de partida, es decir clásicos; y a la vez aún hoy en día resultan útiles aunque no sean lo último. Y aunque Mariátegui escribió mucho, y con gran calidad y todo se puede hallar con facilidad en la Librería y Editorial Minerva, destacan con luz propia los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, que aunque dedicados de manera no muy orgánica a los considerados Siete Temas Principales del Perú necesitados de explicación y dilucidación teórica, tienen como elemento común la aplicación del materialismo histórico como herramienta de comprensión de la realidad. Mariátegui había estado desarrollando sus ideas al escribir sus artículos en las revistas Amauta y Mundial, por ello es que se puede asumir los Siete Ensayos como un Estado del Arte al publicarse en 1928.

En el Primer Ensayo, Esquema de la evolución económica, se resume el desarrollo histórico de clase de la economía peruana desde sus mismas bases coloniales hasta el momento en que se escribe. Nada casual que sea el primer Ensayo del libro, considerando que aquí está planteando la estructura económica que da base a toda la sociedad y al desarrollo de los siguientes Ensayos. Los dos que siguen pueden así considerarse como continuidades y partes del primero, solamente separados por razones estrictamente metodológicas: El Problema del Indio y El Problema de la Tierra rompen con la explicaciones en boga entonces y hoy vetustas, anacrónicas y absurdas, entre ellas la de la superioridad / inferioridad de las razas, tradicional bastión argumental “racional” de la más rancia de las Derechas, empleada aún hoy. Compárese cualquier argumento de la DBA de hoy con lo escrito en 1928: Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden a éste como problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos -y a veces sólo verbales-, condenados a un absoluto descrédito. No las salva a algunas su buena fe. Prácticamente, todas no han servido sino para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclarece, porque busca sus causas en la economía del país y no en su mecanismo administrativo, jurídico o eclesiástico, ni en su dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condiciones culturales y morales. La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los "gamonales". Los siguientes Cuatro Ensayos se referirán a elementos que pueden considerarse de Superestructura: El proceso de la Instrucción Pública; el Factor Religioso; Regionalismo y Centralismo; y El proceso de la Literatura. No nos resistimos a comentar esta pequeña cita, referida al proceso literario: Por los caminos universales, ecuménicos, que tanto se nos reprocha, nos vamos acercando cada vez más a nosotros mismos. Hallamos así el universalismo a través del cual encontramos y construimos nuestra identidad sin renunciar a nada de lo que nos hace ser nosotros mismo, en lo propio y en lo que compartimos con los demás seres humanos, sin calco ni copia - como se ha dicho hasta la náusea. En tal sentido el corpus del análisis de Mariátegui seguramente algún día quedará atrás, como es con cualquier creación humana, pero lo que indudablemente queda y seguirá quedando es el impulso hacia adelante.

En este link encontraremos los Siete Ensayos:

V
Colofón

Que la Política es importante, qué duda cabe. Que se ha hecho un nada laudable esfuerzo para sacar a la gente de ella para dejar campo libre a la corrupción, no me quepa la menor duda. Al pourrisement (empudrecimiento) de la Política le ha sucedido la instauración de kakistocracias (gobierno de los peores) en muchos países. Esto se contrarrestaría con la incorporación de jóvenes al Servicio Público, lo que es combatir frontalmente el desarme ideológico. No es esta la única Crónica que dedicaremos a este tema. Hay mucho qué decir, y mucho qué leer, y trataremos de decirlo y presentarlo. Por hoy, punto y coma.

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miércoles, 28 de marzo de 2012

CRONICAS DE LECTURAS 9: Leer en el contexto del Bullying

CRÓNICAS DE LECTURAS – Nueve

Leer en el contexto del Bullying

I
De colegios, nerds y matonería - bullying

Cuando yo estaba en el colegio – estuve en dos – leer no era demasiado importante. Se pasaba por agua tibia los cursos sin necesidad de leer ni el calendario, pues era suficiente repetir lo que el profe decía en clase y lo que había en el texto. Eso de PISA, de la emergencia educativa, de la crisis del sistema, del plan lector, no le preocupaba absolutamente nada a absolutamente nadie. Pocos percibían el problema en marcha, y por eso hoy en día tantos creen que la educación de antes era “mejor”, y la verdad, no creo que lo fuera para nada. Los problemas de ahora ya estaban ahí, simplemente no se notaban. La Educación era cosa de élites, algunas con más visión se la tomaban en serio; mientras que la mayoría no, pues para lo que se requería no contaba tanto. Si tú eras el hijo del Jefe, tú serías el Jefe, y ya. Y en ese caso qué importaba si en el colegio aprendías algo o no, pues para eso había la Universidad, y en ocasiones ni siquiera. Como dice el viejo versito, se interesaban en el asunto tanto “cómo el aristócrata ruso / en el primer calzón de raso / que se puso”. No era el aprendizaje de los cursos sino el de la ubicación social lo que realmente contaba. El aprendizaje central era el de tu ubicación en la sociedad, y el principal instrumento educativo era el de la matonería – bullying. Hoy vemos lo difícil es cambiar esa realidad, porque el bullying estaba y está instalado en la cultura educativa nacional desde siglos (La letra con sangre entra se decía desde el Virreinato, y he oído a padres, profes y hasta sacerdotes repetirlo con unción y nostalgia). Desde siempre los alumnos más sabihondos – en verdad los dotados de buena memoria – han sido objeto de acoso. Y poseer memoria / erudición era ser “inteligente”. Así estaba la cosa, y pese a toda el agua que ha pasado bajo el puente, poco ha cambiado y la cosa sigue ahí. Tal vez la principal diferencia entre entonces y ahora es que éramos más sonsos y vivíamos un feliz aislamiento que permitía mirarnos satisfechos el ombligo. Cuando no te comparas con nadie, puedes creerte que lo estás haciendo bien, eso hasta que llega la dura realidad y te das cuenta con cuánto entusiasmo lo que estabas haciendo lo hacías fuera del recipiente. Así nos enteramos que estábamos en crisis, lo que no fue tan malo, pues nos metió un sentimiento de urgencia y ganas de cambiar las cosas. 

Ser el nerd del salón de clase sin tener verdadera vocación para ello no fue agradable, por más que en mis tiempos eso implicaba juntarte con los tipos más leídos y escribidos del ídem. Además si no te juntabas con ellos quedabas solo como un hongo, y así los bacanes se juntaban con los bacanes y los nerds con los nerds. Ser nerd implicaba que en el mundillo del salón eras una bestia en las actividades que sí importaban a tus pares: El fútbol, el recreo, el fastidiar a los profesores - que llamo contra-bullying. Si leías y/o eras estudioso (“chancón”) y sacabas buenas notas, te aislabas de tus pares, pero servía con los otros grupos de la institución escolar: Profes, padres y/o autoridades, y tu estatus mejoraba algo aunque tus pares eventualmente te acusaran de soplonaje. A no ser que procedieras a un reajuste de tus actitudes sociales y aprendieras a jugar fútbol y jorobar profes, tus relaciones se reducían drásticamente. Compañeros tuve cuya vida escolar era dramática e imposible. Los matones (bullyes) lo son porque así se ubican como “superiores” en una jerarquía implícita entre los “pares”, que a mi entender refleja por mímesis el orden institucional y social. Podemos acudir al viejo símil del gallinero: La gallina A picotea a todas, la gallina B a todas menos la A, y así sucesivamente hasta la pobre gallina Z que no picotea a nadie y es picoteada y acosada por todas. La estabilidad del sistema se mide en la relación entre la amenaza de violencia y su empleo real. La matonería – bullying se da a la sombra de las consignas de la autoridad institucional a través de los conocidos mecanismos del currículum oculto o latente. La llegada de un alumno nuevo, por ejemplo, introduce un cuerpo extraño que cambia el orden establecido, y se reconfigura la estructura jerárquica en el gallinero-aula, probando al nuevo y ubicándolo en la jerarquía; esto en cuanto al grupo de pares. Por encima y por debajo de los pares hay otros grupos y otras super o subjerarquías: Los alumnos de años superiores, más grandes y fuertes por definición, que solían abusar de los más pequeños, y en casos extremos – más de los que creemos – incluso sexualmente; los profesores estaban por definición arriba en la jerarquía, pero esto se relativizaba cuando no sabían o no podían ejercer autoridad en el salón de clase. Así la jerarquía misma era subvertida a través del contra-bullying, es decir cuando los alumnos le jorobaban la vida a los profesores percibidos como más débiles de carácter. Por encima de todos, las Autoridades del plantel detentaban el último Poder: El de admitir o excluir de la Institución a los más levantiscos o indisciplinados o débiles de carácter, sean alumnos o profesores. El currículum oculto establecía que los alumnos sean sumisos con la autoridad, y que los profes “se hagan respetar”, “controlen” su clase y “contengan” a sus alumnos. La iniciativa y la audacia de maestros y alumnos se sometían a la Autoridad, a costa de las habilidades intelectuales y sociales basadas en la autonomía, pues el orden jerárquico y la autoridad estaban primero en la escala de valores institucional.  

Por este aro pasaban los alumnos, y aunque algunos desarrollaban más autonomía y espíritu independiente, o tenían mayores habilidades individuales y sociales, la conciencia de los dobles estándares los subsumía en el sistema. Si los procesos de la adolescencia permitían a alguno alzarse con cierto liderazgo y remecer la estructura colándose por sus intersticios más débiles, captados intuitivamente y rara vez explícitos, terminaban igual por adaptarse al entorno. En ciertos colegios particulares que dependían de las pensiones para la supervivencia de la Institución y de los puestos de trabajo, los alumnos sabían que no los botarían, y se volvían “Intocables”. Los alumnos del último año en muchísimas Instituciones educativas sabían que habría que hacer algo realmente gordo para ser echados. Hasta dónde esta realidad ha cambiado y en qué extensión es una buena pregunta.

II
Más sobre bullying, Velasco, cambio de colegio, textos escolares

La jerarquía social escolar entiendo refleja los rasgos y composición de nuestra sociedad. En el cuento Paco Yunque del genial César Vallejo, Paco, objeto de acoso por el matón Humberto Grieve, dibuja lo que para él es la situación jerárquica establecida desde el acoso. Esta parte del cuento no se edita en las versiones escolares, nunca he entendido por qué. Recuerdo con gran nitidez el día que uno de nuestros profes – Pacheco o el Tigre Huertas, no sé bien quién, pero ambos sabían hacerse respetar sin violencia – nos leyó el cuento. No era común que un profesor nos leyera algo, y la atención del respetable público estudiantil fue fulminantemente absorbida por la trama, que mucho nos decía porque mucho nos involucraba. El final del cuento desconcertó a todos, pues nadie podía creer que un cuento terminara así, dejando indemne la situación de abuso, sin final feliz, sin nada a qué aferrarse. Preguntamos:  ¿Y cómo termina? Y el profe, con una mirada que era toda una declaración de principios: Ahí termina. A nosotros nos contaban por lo general narraciones y lecturas redondas, donde los buenos invariablemente merecen ganar y ganan, y los malos invariablemente merecen perder y pierden. Y eso se vende como “fomento de valores”, siendo de una simpleza escandalosa y de una irrealidad espeluznante. Jamás he podido estar de acuerdo en enseñar mentiras o edulcorar la realidad ético-moral. La semilla que Paco Yunque sembró tomó forma en mí y en muchos de mis compañeros posteriormente. Y en otros no, como siempre ocurre en este trabajo, porque el profe nunca sabe qué pasará con la semilla que echa, como en la parábola del Sembrador. Sólo la echas, ves qué pasa, y mañana echarás otras. Esto no lo comprenden los decisores políticos y los padres de familia. El aprendizaje es una actividad humana, y como dice el educador inglés Ken Robinson, es consecuencia de la Revolución Industrial: Una línea fabril de producción, donde metes por un extremo a niños “sin formar” y los sacas formateados por el otro extremo. Una visión más equilibrada compara la Educación más bien a la paciente labor del agricultor, que siembra, riega, abona y mueve la tierra, y observa todo el tiempo qué pasa con el clima y el entorno para reajustar sus acciones.

En una estructura educativa donde lo primordial es la introyección de la jerarquía establecida y el statu quo social, el aprendizaje de contenidos es secundario. Pero en aquellos días la realidad se entrometió en esta feliz arcadia con un remezón: El Gobierno y Reformas de Juan Velasco Alvarado. Pasó incluso que uno de mis parientes cercanos me llevó aparte y me explicó concienzudamente por qué la Reforma Agraria era mala, y Velasco el Diablo. La discusión política, a pesar de todos los esfuerzos, llegaba a los alumnos produciendo preguntas incómodas, que nos llevaban a usar de nuestras cabezas en una complicada, anárquica y espontánea autonomía. Oscuramente intuíamos que se ponía en cuestión todo lo instituido, y la clásica rebeldía adolescente se expresó, como siempre, en contradictorios rechazos y maximalismos de toda especie. En ese contexto fui cambiado de colegio en circunstancias poco felices, y una de las razones parecía ser que mi colegio, religioso y todo, era un antro de comunistas. Así que como quien dice tuve que empezar todo de nuevo, sin comunistas, creo. Y como yo antes leía mucho más y mucho mejor cuando lo hacía por mi cuenta exclusiva, en mi nuevo cole me encontré con que eso que había adquirido por mi cuenta resultaba ser muy apreciado por mis nuevos profes y por el Director – que por cierto llegó a Viceministro. Hasta entonces yo siempre había procrastinado la lectura escolar, pues ni la quería ni la necesitaba ni la usaba ni me inspiraba para nada. Mi rebelión adolescente empezó por no leer lo que era obligatorio leer. Tampoco importó mucho, no pasó nada académicamente. Con excepción del curso de Física, pasé el período por agua tibia, y a ritmo de entrenamiento aprobé con buenas notas, lo que me proporcionó muchas ventajas. Como lector identificado, los alumnos de años superiores me pedían les leyera sus textos obligatorios y les hiciera las tareas, así que aprendí economía comercializando mis conocimientos, cosa útil hasta hoy. En el Internado cobraba cinco soles de entonces a cada alumno que requiriera de mis servicios para resumir textos y llenar fichas. Además yo era el único usuario “espontáneo” de la Biblioteca escolar, y mi mejor lectura, lo recuerdo bien, fue la Historia de la Independencia Americana de Bartolomé Mitre, en varios tomos. Por cierto, qué narrador tan excelente. Ahora que el problema de los textos escolares está de moda, más que sea por sus precios, encuentro que nadie piensa hoy en la diferencia entre los viejos textos y los actuales: La interactividad. Los autores tratan, tratamos, que se hagan cosas con los textos. Los viejos y entrañables textos pueden provocar sentimentales suspiros de nostalgia, pero no eran interactivos, limitándose a echar listas de preguntas, a veces precedidas por un Cuadro Sinóptico – único y simbólico homenaje a la operación de las ideas. Estaban diseñados, como el resto del sistema, a imagen y semejanza de nuestra sociedad: autoritaria, repetitiva, memorística y unidireccional. Se puede decir que la matonería – bullying existía también a nivel de texto: Eran la Verdad, la Verdad se acepta, y si la discutes, jalado. La evaluación escolar puede ser también parte del estándar del bullying, cuando se destina más a sostener la jerarquía que a medir logros o reforzar aprendizaje. En otro momento trataremos de esto. No me parece extraño que el gran contestatario peruano, José Carlos Mariátegui, fuera un autodidacta libre del amaestramiento, que se ahorró sufrimientos innecesarios y viera así otras perspectivas en sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, donde entiende la educación como problema político, económico y social, no pedagógico. Ni es extraño que José Antonio Encinas, el gran educador peruano, criticara con visión nuestro atrasado sistema en Un ensayo de escuela nueva en el Perú, de 1932. No me resisto a hacer una cita al azar de sus combativos y actuales puntos de vista: Hace algunos años visité una “Escuela Correccional”, que era prácticamente una Cárcel para menores. Esa escuela ha estado en manos de militares y de curas, menos en poder de educadores y de psiquiatras. (…) encontré como Director a un Teniente Coronel de Caballería, quien había impuesto un régimen militar. (…) Ninguno de los niños detenidos había sido objeto de un estudio psico-médico. Bastaba la línea antropométrica policial. (…) Era suficiente, para corregirles, el calabozo o la capilla. (op. Cit. Ed. Facsimilar CIDE, 1986, p. 183). Admito que me disgusta mucho percatarme que problemas vistos con tal claridad hace ya más de 80 años por Mariátegui y Encinas sigan como si tal cosa en nuestro sistema educativo.

III
El texto de Literatura de Cuarto Año, y el contra-bullying

Seguro he sido injusto con los viejos textos escolares. Hubo varios que me gustaron, como el de Historia del Perú de Gustavo Pons Muzzo. Los textos de Matemáticas de Rubén Romero Méndez presentaban orden y efectividad, y sus ejercicios, más mi profe de segundo de media, lograron que me gustaran las mates. Pero el que más me gustó fue el texto de Literatura de Cuarto de Media, de Rubén Barrenechea Núñez. Me lo leí de cabo a rabo con satisfacción íntima mucho antes de verle la cara al autor, que fue mi profe en Quinto. Pongámonos en contexto: Mi humilde persona y mis compañeros de la promo conformábamos un conjunto de vivaces cachafaces en algo semejantes a los Alegres Compañeros de Robin Hood en el Bosque de Sherwood, aunque otras percepciones tal vez más objetivas nos compararan mejor a una banda de Visigodos sueltos durante el saqueo de Roma. Es decir, un grupete al que el estar proscrito o fuera de la ley no incomodaba o producía el más mínimo atisbo de reflexión moral. Como grupo poseíamos rasgos hobbesianos, bakuninistas y libertarios. Vivíamos prestos a romper toda norma por el puro gusto de pasarla bien, ah qué tiempos. En cifras redondas, la banda de delincuentes juveniles en cuestión era el terror de los profesores, pues no solamente era alegremente vocinglera, capaz de extraordinarias cotas de chacota y astutamente transgresora, sino que además constituía una gestalt que manejaba un fulminante análisis psicográfico de personalidades combinado con el más absoluto de los nihilismos y el más acabado manual de tácticas para hacerle la vida imposible a los profes. Separados éramos muchachos más o menos comunes, ni mejores ni peores que otros, con virtudes y defectos. Juntos éramos las cabalgaduras que el Demonio empleaba para visitar sus dominios infernales más levantiscos. Contadísimos profes podían controlarnos, y demasiados salieron – cosa de la que hoy no siento orgullo – con la cabeza gacha, humillados por esta banda inmanejable en la que los más tranquilitos y chancones podían ser los peores. Saber que a los de quinto no los botan otorga ventaja en la secular guerra entre los alumnos y el sistema que los trata de doblegar. El grupo había alcanzado con los años y la práctica una sinergia que maximizaba al extremo los efectos de la chacota: Desde el nerd más nerd hasta el más bacán de los bacanes utilizaba corporativamente el máximo de sus habilidades para hacerle la vida imposible a los profes, formando lo que hoy llamaríamos un equipo multidisciplinario con eficiente y eficaz integración de habilidades diferentes. La matonería había desaparecido del grupo de pares, y dichas energías se redirigieron hacia el contra-bullying, que se convirtió así para nosotros en un arte, una ciencia, un hábito y un hobby.

No me atrevo a contar qué le hicimos a algunos profes. Estuve presente activamente, para mi vergüenza, en actos de grande e inconsciente crueldad. Después pensé mucho en ello y tomé decisiones. Sin embargo, con ciertos profes habíamos alcanzado la coexistencia pacífica, que no excluía la crítica o las chapas (apodos). En ciertos casos era por el poder que detentaban, en otros porque nos caían bien y/o sus clases tenían interés. El profesor de Literatura de Quinto, autor de nuestro texto, era un tipo curioso. No hablaba mucho, no se esforzaba por ser más que él mismo, y se notaba que se las había visto y dado chico y partido a guapos de toda calaña y salones muchísimo más complicados y difíciles que el nuestro. No me pregunten cómo lo sabíamos, ya hablé del aparato de análisis psicográfico fulminante que poseíamos. Lo sabíamos, punto. Por ende, no había contra-bullying. Dado mi oficio y experiencia, trato de encontrar cómo este profesor de Literatura, usuario de una muleta, bajito y portador de unos anteojos de carey ya entonces en desuso, se las podía ver con nosotros, controlarnos, contenernos y encima hacer bien su clase. Tras varias décadas de reflexión a algo llegué, a su actitud. En sus acciones había un absoluto y completo desprecio por los estudiantes. Por favor no me malentiendan, no digo que nos despreciara a nosotros, sino a los estudiantes, en el sentido que mucho después encontré en las Lecciones de Metafísica de José Ortega y Gasset. Los estudiantes son en realidad una tira de farsantes, sin ninguna sensación de identidad con los conocimientos que reciben, porque no sienten la más mínima necesidad de ellos, y por lo tanto se puede decir que son unos fantoches sin personalidad. Mi experiencia de estudiante corrobora este aserto, me temo. El desprecio del profe era impersonal, como el que se le podría acordar a una circunferencia o a un ladrillo, no tenía que ver con los chicos. Se veía que nos identificaba y trataba como seres humanos, no como estudiantes. Y cuando nos portábamos así, sentíamos como sus revoluciones bajaban y se le enfriaba el entusiasmo. Nadie se ofendía, nos manteníamos quietecitos, temerosos de incurrir no en su ira, de la que no éramos dignos, sino de su desprecio, mil veces peor. Ni hablábamos de ello ni lo entendíamos. La medida del respeto intelectual y temor reverencial que inspiraba su presencia se daba en que era el único profe sin apodo o sobrenombre. Y le decíamos de frente “Doctor”.

IV
La falsedad del estudiar, lo verdadero del aprender: Un profe y un texto

Tal es el Profesor, tal es el texto. Lo interesante en ambos, el texto escolar y el profesor-autor en la clase, era ese otro lado de ese orteguiano desprecio por el estudiante, que es el aprecio por el aprender y por el aprendiz. El profe y el texto eran apasionados, si bien dentro de sus límites. Parecía que mi profe no quería estudiantes en su clase, quería aprendices. Ello me dejó profunda huella, porque ni José Ortega y Gasset, ni el Profe Rubén Barrenechea, ni el profe Bellina quieren “estudiantes” en las aulas que tuvieron, tienen o tendrán a su cargo; quieren gentes con otra actitud vital frente al conocimiento. Para no caricaturizar ni caer en la injusticia, recurriré al propio Ortega y Gasset: El “estudiante” es un ser adocenado, aburrido, atrabiliario, a quien se le obliga a hacer algo falso, a fingir que siente una necesidad que no siente, que vive en el  vicio humano que consiste en fingir cuidado por lo que no nos da en rigor cuidado, en un falso preocuparse por cosas que no nos van en verdad a ocupar; porque ser estudiante es verse el hombre obligado a interesarse directamente por lo que no le interesa, y así El estudiante es una falsificación del hombre.  (Todas las cursivas son de Ortega y Gasset, José, Unas lecciones de metafísica, Alianza Editorial, 2da Edición, Madrid, 1968). Y si somos algo autónomos y tratamos de pensar con nuestras propias cabezas estas reflexiones nos llevarán a cuestionar el sentido de nuestras instituciones educativas, y por ende del sistema en su conjunto: escuelas, textos, maestros docentes, alumnos discentes, entorno, en suma el sentido general de lo que hacemos. Si tratamos a nuestros niños y jóvenes como simples “estudiantes”, en un contexto violento, matonesco y acosador, en buena cuenta los estamos falsificando por partida doble como seres humanos, lo que en mucha medida explica por qué somos tan malos educando, a pesar de nuestro ingente gasto en infraestructura, y tener excelentes textos y educadores; y por qué fracasamos en hacer algo útil con la Educación. Es horrible decirlo pero a veces pienso que somos un laboratorio del fracaso, que los éxitos de las personas que atraviesan el sistema son obtenidos a pesar de, y no debido a, el sistema. Basta con examinar lo que ocurre en términos generales con las personas exitosas, analizar su recorrido por el sistema, y llegaremos casi con seguridad a ciertos hechos terribles y muy penosos de aceptar, pero que debemos confrontar si queremos hacer algo. Me resulta difícil medir lo que pasó con mi generación, incluso con los que compartieron aula conmigo. Muchísimos emigraron, quizá más del 50 % contando a mis dos promos. Demasiados “quemaron cerebro” a través del inmoderado consumo de drogas legales y/o ilegales. Demasiados tienen vidas, familias y/o entornos inestables o disfuncionales. Otros simplemente se perdieron de vista, nada sabemos de ellos. Algunos fallecieron prematuramente por muerte violenta: asesinato pasional, atropello, incluso suicidio. Otros hicieron fortuna fuera de la ley, a través del narcotráfico, la estafa y otros delitos. También hay el otro lado, por supuesto, pero son tan pocos los que se reúnen a recordar los viejos tiempos, que hace que uno se pregunte por qué, no parece que esas épocas hayan sido para la mayoría un paraíso. Y en cuanto al aprendizaje, mi sensación personal fue que recién en la Universidad se aprendía “en serio”. 

La diferencia entre el profesor y el texto que menciono con otros profesores y otros textos no era la buena voluntad, que estaba presente en la gran mayoría. Ni era la sapiencia o la pasión, muchos conocían muy bien sus cursos y les gustaban. Ni tampoco el sistema en que se desenvolvían, el mismo para todos. Era la actitud frente a las personas que estábamos ahí en el papel social de escuchar, aceptar y aprender. Los profesores que yo más recuerdo eran aquellos que nos trataban como seres humanos, y trataban que entendiéramos la importancia de lo que estábamos haciendo. Creo que todos lo intentaban de uno u otro modo, pero el mismo entorno les impedía ser los seres humanos que a ellos mismos les hubiera gustado ser. Así como los alumnos que lo hicieron bien, lo hicieron a pesar y no por el sistema; los profesores que lo hacían bien, lo hacían no por el sistema, sino a pesar de él. Volvamos a la matonería – bullying. El concepto de currículum oculto nos ayudará a entender que en la práctica hay dos currículos: La excelente y cuidada currícula oficial, documento maravilloso, lleno de buenas intenciones, que el Ministerio se ocupa de estructurar y reestructurar cada cierto tiempo, y que las diversas instancias, hasta el maestro en su aula, tratan supuestamente de diversificar; y el currículum oculto, expresado en la realidad institucional de las escuelas, establecido por las reales acciones que se adoptan y resultado de las relaciones sociales realmente existentes. Para decirlo de un golpe, la currícula oficial considera la convivencia pacífica como el modo de establecer relaciones sociales democráticas y horizontales; el currículum oculto que las relaciones sociales reales son jerárquicas y basadas en la ley del más fuerte. Es decir, la matonería – bullying no empieza en las relaciones entre alumnos pares entre sí, sino en la integración a un esquema educativo jerárquico y autoritario, basado en la imposición de normas, la repetición de contenidos y la memorización de conceptos. Si pensamos – discutible, por supuesto – que el sistema educativo expresa el carácter de la sociedad, y que la Educación es la correa de transmisión de los contenidos socialmente deseables, pues entonces la extensión y amplitud del fenómeno de la matonería - bullying demostraría que éste es en la práctica el tipo de relaciones que existen en la sociedad.

V
Colofón
A veces uno sabe como empieza, pero no como termina un texto. Leer en el contexto del bullying nos lleva de hecho al bullying. Curioso concepto, que para que nosotros nos enteráramos que existía, tuvo que venir de norteamericanas latitudes, entre tanto “no lo vimos”. Seguimos siendo virreinales en nuestra educación y medievales en nuestro concepto de valores, y por eso no solamente ocultamos la matonería, sino que además sotto voce la consideramos como un hecho de la realidad al que hay que adaptarse, y algunos incluso la ven formativa para sus hijos. No hay padre de familia responsable que no entienda que hay que enseñar a los hijos a defenderse físicamente, y por eso los profes de artes marciales tienen tanta chamba en las clases medias. Tal vez el desprecio por la Cultura y los Libros que en la realidad existe, a pesar de todas las declaraciones líricas al respecto sea un reflejo, también, de esas relaciones sociales matonescas. Lo bueno es que el tema se ha visualizado y empieza a enfrentarse. Entremos en esa lucha, y entretanto Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. No te arrepentirás. Y cuídate del Bullying.

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