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jueves, 23 de enero de 2014

CRÓNICA DE LECTURAS 73 - LECTURA EN PANTALLA (PARTE DOS)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 73
Lectura en Pantalla (on line y off line)
 – Parte Dos

I
Pequeña Historia de la Lectura 
(Parte Uno)

La Lectura, hablando en simple, es un medio para almacenar y administrar Información. En la guerra constante que los seres organizados tenemos emprendida contra la entropía, la información es un elemento de organización tan fundamental que sus soportes y sustratos físicos surgen espontáneamente para actuar como almacenes y operadores. El curioso fenómeno que llamamos “vida” es, entre otras cosas, mover información de un conjunto de coordenadas espacio-temporales a otro. Dicho en culterano, se trata de vencer el paso del tiempo, de permanecer lo más posible como individuos y conjuntos. Los soportes formados por estructuras de ADN (Ácido Des-Oxi-Ribonucleico) pasan la información de una a otra generación  de seres vivos. Los soportes basados en haces de células nerviosas evolucionan desde el ADN primigenio y conforman sistemas nerviosos que brindan información para tomar decisiones más rápidas y pertinentes que lo que permite el estereotipado hardware de ADN, congelado en un momento del tiempo. Con esto se las arreglaron bastante bien las especies por algunos miles de millones de años. El ser humano, recién llegado a la danza contra la entropía, requirió de más almacén de información y de mejoradas habilidades de procesamiento, por ello inventó el alfabeto, la lectura, los gnomones, las Bibliotecas, las matemáticas, los quipus, la contabilidad, las yupanas, los escribas, los ziggurats, los ábacos y las tablillas de barro, entre muchas otras cosas, para incrementar y mejorar el manejo de datos. La herramienta para ello es el muy activo sistema nervioso central, que consume desmesuradas cantidades de energía para ejecutar su chamba fundamental: optimizar recursos. El cerebro halla formas de hacer cosas con mayor eficiencia y eficacia, y lo hace magníficamente bien dada cierta amplitud de los parámetros culturales.

En la actualidad la Lectura es sin duda la más central de las operaciones de conservación y procesamiento de información. La cantidad y movilidad de la información en nuestro planeta presenta un Incremento en el tiempo cada vez mayor, y una pendiente cada vez más cercana al infinito. Las operaciones mentales que asociamos a la Inteligencia crecen en cantidad y complejidad. La Lectura / Escritura no es excepción: Se inventa hace unos 5000 años, y la inteligencia – sea cuál sea su definición – desde entonces aumenta exponencialmente. Hoy sabemos que la experiencia modifica la estructura sináptica del cerebro individual, y aunque necesitemos más información al respecto parece que la vieja polémica entre Lamarck y Darwin sobre la herencia de información adquirida por los individuos - resuelta tiempo ha a favor del segundo - podría tener que reabrirse dialécticamente: Es decir, ni tú ni yo tenemos la razón, sino todo lo contrario. Pero no nos compliquemos, el cerebro modifica su estructura sináptica a lo largo de la vida y podría resultar que ello quede registrado en el ADN que se transmite a las nuevas generaciones, lo que explicaría muchas cosas. En todo caso, como los seres humanos inventamos los símbolos y los signos no hace mucho tiempo (cinco milenios son un suspiro para la evolución), el cerebro no desarrolló aún circuitos neuronales dedicados en exclusiva al efecto y especializa poco a poco – como suele ocurrir en los procesos evolutivos – circuitos de otras funciones. Cuando aprendemos a leer en la infancia dichos circuitos “improvisados” y “reciclados” se activan y por eso una manzana y la pintura de una manzana nos parecen igualmente reales, y si somos chibolitos estiramos la mano para alcanzar la manzana del cuadro o la foto, por supuesto si la queremos. Al principio no muchos debieron tener la predisposición necesaria para ser “escriba”, primer intelectual de la Historia capaz de “leer” y “abstraer” símbolos y signos.       

II
Pequeña Historia de la Lectura (Parte Dos)

Con la Lectura / Escritura y otros inventos como la Contabilidad, las tareas sociales se agilizan, los mecanismos de control social mejoran, el Poder se sofistica y sutiliza. Las elites se alertan, tratan que el conocimiento no salga del círculo dominante, lo frenan y contienen, reteniendo lo necesario para sus fines: Pirámides y Grandes Murallas, esclavizar al pueblo, levantar ejércitos, banquetear a lo grande, cosillas análogas a las de hoy. El mito de Prometeo encadenado y torturado para siempre por entregar el conocimiento al hombre, compadecido de verle padecer hambre y frío, expresa el milenario castigo que las clases dominantes le reservan al imbécil que se le ocurra pasarse a la Indiada, porque la chusma no debe empoderarse del saber de los Dioses. Pero los cerebros continuaron su elaboración y argumentación y reflexión. La creatividad dio un Gran Salto Adelante, mayor conforme crecía el número de gente capaz de leer y escribir. Por siglos dichas operaciones estuvieron separadas, no era raro escribir sin entender lo escrito, que se decodificaba en un segundo paso, la lectura en voz alta. Y otro cambio será hacia el siglo III d. C. la adopción de la lectura silenciosa, para procurar recogimiento y devoción a los monjes, únicos lectores por entonces. Asimismo los alfabetos ideográficos ceden lentamente a los silábicos y fonéticos, más fáciles de decodificar. Leer en silencio aporta nuevas formas de reflexionar e interpretar y propende a la autoconciencia, aunque la Lectura en voz alta se conserva hasta hoy en contextos precisos. El siguiente cambio se produce hacia el siglo XII en la escritura del alfabeto fonético, con los signos de puntuación, las separaciones en párrafos y las mayúsculas. Imaginemos si podemos un texto sin separaciones, puntuación, mayúsculas, ello nos da idea de la dificultad enfrentada por los Traductores italianos que hubieron de inventarse Capítulos y Versículos para aportarle unidades de sentido a la Biblia hebrea traducida en la Vulgata. En otra Crónica vimos a Richard Burton traduciendo Las Mil y Una Noches a un inglés sin puntuación ni saltos de párrafo para mostrar cómo fluye la narrativa árabe. Los párrafos, la puntuación y las mayúsculas y otros signos asisten la Comprensión del sentido de los textos, unen la lectura con la respiración, dan espacio a macrooperaciones lectoras más complejas.  

Se ha abundado tanto en el tema de la revolución causada por la Invención de la Imprenta que casi resulta ocioso seguir haciéndolo, pero cuando Johann Gutenberg se mandó con eso, todo cambió para siempre. El número de libros se multiplicó por cien, por mil y luego por decenas y centenas de mil. Con el crecimiento exponencial de la Oferta los costos y los precios de los libros se vinieron al piso, haciendo accesible la lectura a millones de gentes. Hacia 1490 circulaban 12 millones de libros y el proceso echado a andar ya era irreversible. Por supuesto, y con rapidez que denota profunda conciencia de sus intereses, tanto el Estado como la Iglesia hicieron lo suyo para mantener el control de las conciencias a través de eventuales mecanismos como la censura, que trataremos en otra Crónica ya casi lista. Pero el Cambio no se detuvo: Aparece en el último tercio del Siglo XX la escritura / lectura digital y todo se remueve otra vez. El paso de la web 1.0 a la web 2.0 implicó dejar de ser simples recipiendarios de información para convertirnos todos en potenciales productores de la misma, y si no me engaña mi memoria de lo que trata todo esto es precisamente de información, su procesamiento y soportes: Blogs como éste, páginas web, redes temáticas, foros, listas de interés, gestión de datos,  gráficos y fotografías, motion pictures, microblogging, etcétera, todo en conexión diferida o en tiempo real, pero siempre sobre una pantalla. El Procesamiento de Datos más la Telecomunicación nos ha convertido en un solo gran cerebro global, enorme y asaz chismoso, al que los Poderes Fácticos tratan de controlar con cierta histórica desesperación. Hacia el año 2011, según la revista Science, la humanidad interconectada generaba cada dos días la misma cantidad de información – no calidad, ese es otro precio – que lo que la misma hizo en la totalidad de los últimos 5000 años. En cifras: 5 Hexabytes = 1018 bytes cada 48 horas. Es decir 10.000,000.000,000.000,000 bytes. O por ahí.       

III
Intento de un Pequeño Estado del Arte

Hoy probablemente podríamos meter todo el contenido - gráficos incluidos - de la proverbial Biblioteca de El Nombre de la Rosa de Umberto Eco en un solo disco duro, y nos sobraría harto espacio virtual. Menos del 0,1 % de la información del mundo está sobre soporte de papel. Vale decir, el 99,9 % de toda la información del mundo está digitalizada y sólo podemos acceder a ella en la pantalla. La razón fundamental son los costos, ya hemos visto que nuestro cerebro tiende a buscar espontáneamente cómo hacer las cosas mejor, más rápido y con menos recursos. Y ello a pesar que construimos nuestras imágenes simbólicas del mismo modo que construimos las del mundo real, o por lo menos con los mismos circuitos nerviosos. Hay discusión entre si estamos más adaptados al libro de papel o al libro en pantalla, y yo la siento como una discusión entre lectura silenciosa y lectura en voz alta, o si es mejor leer con música o en silencio. Lo que yo pienso es Lee como quieras, porque el cerebro presenta aguda plasticidad, y puesto a la tarea de aprender lo hace según la experiencia del medio ambiente que vive y ha vivido, de donde no hay que sorprenderse si es que se demora un tanto en adaptarse. Hay base para suponer que la tendencia del cerebro al soporte físico de papel, el libro tal como lo conocemos, es análoga a la que hubo respecto al rollo en tiempos helénicos. El cerebro se modifica a sí mismo, no es una entelequia metafísica, y lo digo en serio, el cerebro reconstruye todo el santo tiempo sus estructuras cognitivas reformulando químicamente su citoarquitectura. No hay gran diferencia – si acaso en la intensidad medida en cantidad de estímulos por segundo – entre leer un libro que nos sacuda emocionalmente e inyectarse LSD. El secreto del cerebro es el mismo del ADN: La forma es fondo, el cómo adquirimos información determina cómo la percibimos y transmitimos.

Y esto significa que la herramienta para leer condiciona la Lectura. Fueron todos seres humanos los que inventaron sucesivamente el rollo de papiro, la tablilla cuneiforme, el pergamino, el papel y la imprenta en China y en Europa, y la máquina de escribir del Siglo XIX. El que escribe a mano y luego aprende mecanografía sabe que sus procesos mentales cambian en profundidad. La tan vilipendiada Lectura en F que se produce en Pantalla (dos / tres líneas del primer párrafo – paseo por la izquierda del borde, uno o dos líneas del medio y nuevo paseo por la izquierda hasta el fondo de la página web) es una técnica de toma de decisión sobre continuar o no la lectura más ilustrada y costoefectiva que la mayoría de otras empleadas en una lectura cuyos contenidos nos son casi totalmente desconocidos. Y esto se refleja en el mucho menos tiempo que se demora un “nativo digital” en encontrar una información “x” por comparación con un “inmigrante digital”. Lo importante para padres y educadores es poder enseñar a Tomar Decisiones en lo cognitivo, lo metacognitivo y lo axiológico. Por cierto, baso estas afirmaciones - de las que soy único responsable - en la Investigación Nielsen – Norman, a la que me referí en Crónica anterior y que definió la Lectura en F; la de la University College of London dirigida por David Nicholas; la del Laboratorio de Investigación de Usabilidad de Software de la Universidad Estatal de Wichita; la de la empresa israelí de software ClikTale, especialmente valiosa por lo masivo de su universo y muestra en cuanto al tiempo de permanencia en las páginas web; y la de Ziming Liu, de la Universidad Estatal de San José, que describe la aleatoriedad de la exploración en pantalla y su centro no en la Lectura Lineal sino en los motores de búsqueda de palabras-clave.

IV
Coexistencia Pacífica:
Lectura Lineal y Escaneo

Pero donde por lo general está el problema de fondo es en las capacidades y habilidades lectoras que dícese los estudiantes deberían tener y no tienen "debido a la Pantalla". Relativizo esta afirmación dado que la queja proviene por lo general de la nostalgia de un deber-ser del que francamente no estamos para nada seguros. No tenemos ni la más remota idea de qué tipo de habilidades lectoras – y de cualquier otra índole, para el caso - serán necesarias en el futuro, cualquier futuro que podamos imaginar, o no. Sólo sabemos con seguridad que cualesquiera sean esas habilidades, nuestros sistemas educativos no entrenarán a nadie para ello, por obsoletos y anquilosados, inútiles y prescindibles. En mi país consigue aprender a entender lo que lee una de cada cinco personas, así que no me vengan ahora con la lectura en libro y las habilidades curriculares, mejor haríamos en cantar, todos juntitos en coro y con música de huayno: Este librito que tú me regalaste / este librito que tú me regalaste / pío, pío, pío, pío / no sé qué dice / pío, pío, pío, pío / no entiendo ná. Ahora bien, nos es posible encontrar un par de cosas que se pueden decir “desde el otro lado”, es decir desde las habilidades que la Lectura en pantalla tal como es, efectivamente no forma ni puede formar dejada suelta. Y el asunto no se resuelve repartiendo demagógicamente computadoras, del mismo modo que no fomentamos la música selvática arrojando en paracaídas Pianos Steinway a las tribus no contactadas de nuestra Amazonía.

¿Qué falla en este esquema? Entre otras cosas, que las Computadoras conectadas a Internet son un Medio de Comunicación análogo a la Radio, la TV y la Prensa Escrita y deben por ende ser tratadas como tal. TV, Radio y Periódicos pueden ser utilizados como medios para educar, los profes lo sabemos bien. Pero las computadoras y soportes análogos no sirven si no los empleas de acuerdo a sus características, sus potencialidades y límites. Si nos limitamos a dejarlas que se apoderen de nuestras vidas, pues ahí sí que nos desestabilizan, porque la pantalla posee potencial de entretenimiento, siempre más fácil, que para eso es entretenimiento. La palabra mágica – la hay, y no es sinsaravino –para resolver este problema, es administración. Administración de las habilidades, la educación, el trabajo, las actividades, el tiempo. El aprendizaje es un hecho espontáneo, lo que hay que hacer es organizarlo. La experiencia de la Escuela en la Nube de Sugata Mitra ha demostrado (Ver el enlace en http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/05/un-agujero-en-la-pared-una-nube-en-el.html) a mi corto entender que los niños y niñas se equivocan bastante menos que los sistemas que pretenden amaestrarlos.

La cuestión parece más simple así: ¿Es posible administrar las cosas para que la Lectura en Pantalla y la Lectura Lineal coexistan pacíficamente y se refuercen entre sí? Hablando con honestidad, no creo que nosotros los que pontificamos seamos quienes para dar las respuestas. Queramos o no, nuestros primeros años fueron de lectura lineal, nuestros cerebros se adaptaron a ello, así que estamos sesgados e influidos… pero, stop y firmes… aún así todos los días los inmigrantes digitales estamos en Internet mirando y mirando páginas web, interactuando, buscando información, chateando, escribiendo correos electrónicos, haciendo las mil y una cosas que se hacen en las redes sociales. Y para remate escribo esto en un Blog, y no solamente no me he muerto sino que… sigo leyendo linealmente, y más, mucho más; y mejor, mucho mejor; que nunca. Y si un inmigrante digital como yo puede sin demasiado problema, pues los nativos digitales también pueden, y mejor… pero eso significa que hay que enseñarles a leer linealmente, y cuando digo eso no me refiero solamente a decodificar, sino a comprender y a disfrutar del leer, y nada de eso es del otro Mundo. Pero es exigente en la medida que te obligará a leer y a entender lo que lees en más de una forma. Pero esas son las cosas que se hacen por nuestros hijos y alumnos.

V
Colofón


Hay, entonces, una conclusión, y se parafrasea en una vieja verdad de Shakespeare: El problema, querido Horacio, no es nuestro destino, somos nosotros. Me reafirmo: Lee lo que quieras.

La primera parte de LECTURA EN PANTALLA se encuentra acá:

Peru Blogs

lunes, 16 de diciembre de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 69 - LECTURA EN PANTALLA (PARTE UNO)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 69
Lectura en Pantalla (on line y off line) - PARTE UNO

I
Lectura en Pantalla

Leemos signos impresos, pintados, grabados e incluso manuscritos sobre un conjunto de superficies planas encuadernadas entre dos tapas, así ha sido desde algo más de cinco siglos. Según UNESCO hay un libro si el conjunto de signos se despliega en no menos de cuarentinueve (49) de esas superficies planas (en adelante páginas), a razón de dos (2) por cada hoja de papel, lo que da veinticinco (25) hojas. De cinco a cuarentiocho páginas (3 a 24 hojas) es un folleto y menos que eso hojas sueltas. Antes, los rollos de papiro obligaban a la lectura lineal, avanzar o retroceder en un libro no era compatible con el libro-rollo, no se iba al final a ver en qué terminaba la aventura. Pero el mundo cambia: Entre papiro y papel hubo pergamino, que sugiere el ir y venir por el texto, hojear para ojear. El libro-rollo y el libro de hojas se transportan fácilmente, pero se maneja mejor un almacén de una Biblioteca con libros que con rollos. A fines del Siglo XX llega otro cambio radical en los soportes para leer, que pasan del papel a un formato documentario virtual. Crece el empleo del libro digital (o libro virtual, libro electrónico, ciberlibro, e-book, eBook, etcétera) en la lectura normal y en la profesional, como en la conservación de documentos. Surge el audiolibro para personas con discapacidad visual y para su empleo en museos y espacios turísticos. Leer en pantalla y mover lectores hacia ella es una etapa que, como la del pergamino, durará poco dado el acelerado desarrollo de soportes portátiles para leer, en los que llevarás tu Biblioteca Virtual y leerás lo que sea, donde sea y cuando te dé los forros. Estamos en la cresta de la ola del cambio y la hojarasca es barrida por el viento.

Pese a la inminencia de más cambios profundos en la función de la lectura, éstos no se avizoran claramente, los predictores de escenarios, planificadores educativos y demás profetas y sibilas están sumamente desconcertados: Lo imprevisible del devenir humano hace que prever qué pasará en los próximos cinco o diez años se vea iluso, no digamos los próximos veinte o cincuenta: El equipamiento en las escuelas queda obsoleto con vergonzosa premura; en especial en un Perú donde la desconfianza manda y se le teme tanto al maestro que se le quiere reducir al estatus de pulsador de botones. No se hace la muy necesaria investigación básica y aplicada y seguimos sin saber a estas alturas qué pasa exactamente en el cerebro cuando leemos, y menos aún qué pasa con la lectura en pantalla y si hay diferencia entre la lectura on – line (lectura en tiempo real y enlace en directo con la world wide web) y la lectura off-line (lectura de documento en pantalla desde su almacén virtual). Las preguntas son claras: ¿Nuestros cerebros actúan distinto y se desarrollan de forma diferente dependiendo del formato de lectura? ¿Decodificamos y/o comprendemos mejor leyendo en impreso o en pantalla? ¿Qué diferencia hay entre leer on line y off-line?

II
Una primera aproximación

Todo empieza y termina con las personas. Tratar de formatear a la gente no funciona porque se parte del supuesto equivocado de que la gente es formateable. Pero sí es cierto que la gente posee una historia y un presente cognitivo y metacognitivo. A mí, como a la gran mayoría, el destino me encontró cuando empecé a usar computadoras: La necesidad convoca a la herramienta y el contexto manda: Durante el desastroso gobierno de Alan Damián García (1985 – 1990) la galopante hiperinflación hacía del cálculo de costos un infierno para los que chambeábamos en hoteles, en particular en el rubro de Alimentos y Bebidas. Los precios se alzaban vertiginosos y dejaban atrás los procesos tradicionales de costeo. Vi la luz con las Hojas de Cálculo, se me representó un costeo de pocas horas de duración, pregunté tres o cuatro cosas, conseguí unas proformas y alegremente expuse mis ideas a la gerontocracia gobernante. Me sentía en la punta de la Tecnología de Punta, en la mismísima vanguardia de la innovación, y me expresé, creo,  de manera en exceso entusiasta. La expresión de entusiasmo casi me cuesta el puesto: mis jefes eran dinosaurios con los sesos en la cola y no aceptaban que un jovenzuelo de fuera de la argolla les dictara el futuro, y yo no sabía aún que tener razón antes de tiempo es peor que equivocarse. Bueno, esto ya es Historia, salvé el puesto a duras penas y pensé, como el Potro de Horacio Quiroga: Ya llegará el día en que se diviertan. Pero tal día no llegó, la empresa se privatizó y pasaron cosas que para qué te cuento. Por mi cuenta compré mi computadora a plazos, y otra, y luego otra más. Y cada cual contaba con más memoria de almacenaje (soporte físico para una Biblioteca Virtual), creciente velocidad de procesamiento RAM, pantallas de mayor resolución, tarjetas gráficas más potentes, las últimas versiones de programas de software, etcétera. Incluso encontré los primeros programas para libros digitalizados. Y por último y a la vez, surgió la www y todo lo avasalló.

Cuando decidí formar mi Biblioteca Virtual dispuse de los libros en Pantalla como si fueran físicos. Los codifiqué según el Sistema Dewey, pues la diferencia entre una ruma de libros y una Biblioteca es el orden y el registro; y si bien no soy bibliotecario profesional tenía (y tengo) libros, folletos y formatos impresos en tal cantidad que se justificaba sistematizar. Ya tenía la experiencia de haberlo hecho en un par de Bibliotecas institucionales con el apoyo de alumnos que hacían prácticas. Mi Biblioteca Física es grande, contiene a la fecha algunos millares de libros y otros formatos; pero tengo bastantes más títulos en la Biblioteca Virtual. Como en todo lo novedoso, las ventajas parecen mayores que los inconvenientes; y cuando surgen las desventajas hay que aprender a minimizarlas. En esto no hay maestro mejor que la experiencia, cada persona en su aproximación cuenta con un juego propio en  asuntos como los ítems de clasificación que es a la vez, bendito sea Dios, el criterio de almacenaje en el disco duro – u otro soporte. No tienes por qué apegarte a rajatabla a la Clasificación Dewey, pensada para las Bibliotecas del Mundo entero, porque tus necesidades son diferentes de las mías y no necesariamente empatarán. No sabíamos muy bien como se comía eso de la personalización antes de la explosión de computadoras / ordenadores y conexiones en red, estábamos mucho más acostumbrados a acomodarnos a la estandarización que a que ésta se acomodara a nosotros. Creo que este es uno de los principales cambios en la relación del pueblo común y corriente con la ciencia y la tecnología, para bien en mi opinión.

III
Enfoque “abajo-arriba

El enfoque arriba-abajo  es grosso modo un modo de entender la comprensión lectora centrado en el lector; en tanto que el enfoque abajo-arriba se centra en el texto a comprender. La diferencia fundamental entre leer en libro y leer en pantalla parece estar precisamente en lo que está “abajo”, y parece conveniente empezar por aquí. Para ver en qué medida se lee distinto tenemos que identificar los formatos digitales de la lectura, y sus diferencias con el clásico: Para empezar están los libros electrónicos o ebooks, que aparecen en 1971 con el Proyecto Gutenberg, primera Biblioteca Digital. En el 2001 los primeros autores en poner a la venta ebooks con éxito fueron Stephen King y Vladimir Putin. Los ebooks son la versión más cercana al formato en papel, e incluso a veces son sólo el calco en facsímil de anteriores ediciones en papel, en especial los de formato .pdf, aunque los hay de formato .doc y .rtf, modificables con el programa word. Se puede disponer del archivo en el propio disco duro o soporte equivalente (en cuyo caso se accede a él off-line) o consultarlo a través de una página web que proporcione una Biblioteca Virtual (acceso on-line). Se ahorra un ingente espacio físico almacenando libros en el disco duro o soportes análogos. Confieso que daría lo que fuera por una tablet o equivalente en la que portara mi acervo bibliográfico y documental entero, tal como aparece en las novelas de ciencia ficción. Sus principales ventajas residen en la conservación y transporte de archivos, así como en el inmediato acceso cuando se los necesita. El brillo de la pantalla aún dificulta la lectura, la vista se cansa en especial para miopes y/o astigmáticos. Pero se desarrollan a todo meter soportes que resuelven este problema. Otra ventaja es el de la transcripción de citas para estudios o trabajos académicos, gracias al famoso copy and paste. En el tablet se lee off-line, aunque coexista con la lectura on-line en Bibliotecas Virtuales con documentos digitalizados y e-books ofrecidos al público por Internet.

La lectura en pantalla on-line presenta entre su fauna indígena al hipertexto, forma de estructurar información a través de links o enlaces o hipervínculos integrados a la interfaz del usuario, la idea es que cuando en el proceso de la lectura encuentras un concepto resaltado con hipervínculo significa que puedes interrumpir la lectura que haces para hacer click sobre él e iniciar una lectura subsidiaria en otra página referente al concepto vinculado o enlazado en la lectura anterior. El efecto es bifurcar la lectura, al salir de la primera para aclarar o completar un concepto en la segunda. En teoría al concluir esa “lectura secundaria” vuelves a la lectura anterior, en la práctica el retorno se dificulta. Por ejemplo, puedes encontrar hipervínculos “terciarios” al interior del hipervínculo “secundario”, interesarte en ellos y continuar haciendo clicks de manera que tu atención se desconcentra de la “lectura primaria”. Al "recentrarte" vuelves primario lo que era secundario, y te pierdes tal como dice la metáfora: irse por las ramas. Ese vagar por las armas y perderte del tronco del árbol desgracia la lectura como proceso sucesivo de decodificación / comprensión, porque el esquema de la lectura se va descubriendo – o construyendo - conforme lees. El riesgo en la lectura en pantalla on-line es perder el proceso al internarte en cada detalle hipervinculado. Claro que esto ya es enfoque arriba-abajo a desarrollar en la parte siguiente. Quedándonos en el soporte, digamos que la cantidad de hipertexto hipervinculado puede operar como un regressus-in-infinitum (retroceso al infinito) y llevar al lector a callejones sin salida conceptuales. Cada concepto empleado en una proposición posee una definición formulada a su vez por conceptos. Cada concepto a su vez posee una definición, formulada a su vez por conceptos, y cada concepto … y lo dejamos aquí precisamente para no retroceder hacia el infinito y perdernos. Parece claro ser éste el problema a enfrentar, la pérdida de los vínculos lógicos en el tronco principal de la argumentación, que los hipertextos estorban. Para ser competente en operar hipertextos se requeriría autodisciplina intelectual basada en el dominio del lenguaje de la Lógica Booleana y la Teoría de Conjuntos. Los hipervínculos y demás formas de organizar textos on-line son masivos en las Comunidades Virtuales (Facebook, Twitter, Google+, etc.), los e-zines (revistas electrónicas de estructura hipertextual) y los Blogs (Bitácoras web que recopilan cronológicamente diversos tipos de archivos de texto, imagen y sonido de uno o más autores).

IV
Enfoque “arriba-abajo

Ya le echamos un vistazo a los soportes (abajo); ahora vamos arriba, directo al cerebro de los lectores: Leer es un acto cognitivo complejo, las operaciones cerebrales de la lectura se suelen explicar como un Doble Proceso combinado de decodificación y comprensión. La Decodificación se automatiza con la práctica y traduce y acumula letras, fonemas, palabras, frases, oraciones, enunciados y proposiciones; con los que construye sucesivas unidades de sentido. La constante y más o menos fluida sucesión decodificadora da lugar a que el cerebro “se adelante” y produzca “predicciones” sobre lo que vendrá después: Si lees la sucesión t-i-e-r-r- es muy probable que ya sepas que lo que viene es la “a” de t-i-e-r-r-a. Y si viene “i”, es probable que te inclines a predecir t-i-e-r-r-i … -t-a. Mil disculpas por el chabacano ejemplo. La predicción puede considerarse la primera parte del paso del automatismo decodificador a la comprensión lectora. Después de todo, comprender “tierra” no es igual que comprender “tierrita”, y no es lo mismo decir L1: “estamos en mi tierra” que L2: “estamos en mi tierrita”; comprender nos hace conscientes, por ejemplo, del contenido emocional (connotación) en L2, que L1 no posee. Y a una oración se suma otra, y a un párrafo otro, y a un capítulo le sigue otro; las comprensiones parciales se siguen prediciendo y acumulando en mayores unidades de sentido para llegar a poder producir eventualmente valoraciones de diverso tipo, tales como “Este libro parece de redacción descuidada”; “el sistema de ideas tal no es coherente (o sí lo es, o lo es parcialmente)”; “el informe registra hechos pero no interpreta”; “este poema es hermoso”; etcétera. Los dos conjuntos de microoperaciones y macrooperaciones conforman el acto de la lectura; la decodificación actúa sobre las pequeñas unidades; y la predicción / comprensión sobre las grandes (párrafos, capítulos, libros). Ateniéndonos a esta explicación, que trato sea lo más corta y coherente posible, podemos buscar diferencias entre leer en pantalla y leer en formato tradicional.

La experiencia sugiere que el cerebro percibe la lectura impresa espacialmente delimitada: Hay unas coordenadas físicas tridimensionales: Un arriba – abajo dado por el grosor del libro percibido con la vista y el tacto, mas una dirección y un vector izquierda – derecha (derecha – izquierda en las lenguas semíticas; arriba – abajo en las de extremo oriente). Aunque sigue habiendo dirección y vector en la pantalla, la apercepción del grosor impide ciertas predicciones, no se sabe cinestésicamente de qué tamaño es el artículo, libro o enciclopedia que se lee, y esto repercute en el contexto predictivo. Hay otra diferencia cinestésica: las manos actúan pasando las páginas del libro impreso en un complejo proceso de coordinación vista-mano, en cambio mover la página en un texto en pantalla sin división natural en páginas no es ciertamente posible en la lectura on-line (sí en la off-line, aunque no al modo del libro clásico), y debe emplearse el mouse (ratón) o una tecla de “bajada” para “avanzar” el texto, y de “subida” para retrocederlo. El juego de asociaciones (base de la memoria y del aprendizaje) en el libro físico es distinto que el de la pantalla, como sugiere una investigación de Kate Garland, de la Universidad de Leicester: Con el libro físico la mente tendría más juego para hacer sinapsis al haber más puntos físicos de referencia percibibles por los sentidos, que permiten mayor cantidad de asociaciones. La estructura física del libro apoya la evocación de los datos, como cuando sabes que en la página 268 entra en Moria la Comunidad del Anillo; o que la explicación de la simbiosis está en el capítulo XV. La pantalla plana limita estas percepciones y la “memorabilidad” de los textos. En este aspecto todo parece reducirse a que los cambios en la pantalla pueden llevar a que a uno “se le mueva el piso”, es decir, que no tenga referencias fijas que establecer en el momento que lee, es decir menos perchas cognitivas de las que colgar las ideas, cuestión central en la construcción de estructuras cognitivas.

Una investigación de Jakob Nielsen sugiere que el tamaño de la Pantalla cuenta – tal vez esto explique la actual popularidad de las pantallas de gran tamaño, así como su creciente resolución, lo que también se observa en la Televisión y el Cine. A menor área de pantalla más pequeño el contexto en el que se ubica la información y menor evocación de sus contenidos. Pero no parece que esto se diferencie mucho del problema de los minilibros en factura clásica de papel, o de tratar de leer la Enciclopedia Colliers con una lupa de 2 centímetros de diámetro. En mi opinión – y solamente eso, sometida a mejor data y salvo error u opinión - todo parece indicar que las diferencias de lectura entre lo digital y lo clásico en papel son solamente de grado, y por ello únicamente requieren de un período razonable de adaptación al cambio. Hay datos que así lo sugieren: Los niños británicos tienden a leer más en formatos digitales, particularmente computadoras. Los estadounidenses adultos y niños poseen más tablets y leen más en ellos. Los rusos y españoles leen mucho más en digital que hace cinco años. 

V
Colofón

Parece ser claro que se lee más que antes, aunque no podemos concluir nada aún en referencia de los procesos de lectura de libros propiamente dichos. Parece, sí, que en definitiva debemos hablar de diversos tipos de lecturas. Quizá Twitter muestre un paradigma nuevo: El microblogging estaría ayudando al desarrollo de la capacidad de síntesis, pero en este caso estamos rompiendo los estrechos límites de la lectura tradicional no solamente en cuanto a la capacidad relativamente pasiva de leer, sino en la capacidad activa de producir textos. Y como esto no está aún terminado trataremos de verlo mejor en una segunda parte de esta Crónica que voy preparando y que ya veremos si publicamos. Hasta entonces.

La segunda parte de esta Crónica se encuentra en el siguiente enlace:
 http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2014/01/cronica-de-lecturas-73-lectura-en.html


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