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jueves, 22 de diciembre de 2011

CONTRA EL PENSAMIENTO RACIONAL Y LA FAMILIA



“Dios es trino, y todo lo que Él ha creado, lleva ese sello indeleble. El hombre que fue creado a su imagen y semejanza, no podría ser una excepción. Por este motivo nos dice la Palabra de Dios que el hombre es un ser tripartito, compuesto de espíritu, alma y cuerpo.” (Jack Fleming, http://www.estudiosmaranatha.com/mensajes/mensaje21.html, consultado el 22 de Diciembre de 2011 a las 14:40, Hora de Lima)


“La misión del señor es perfeccionarnos en el ser tripartito que somos, alma, cuerpo y espíritu.” (Ana Jara, Ministra de la Mujer)


Dos noticias últimas me motivan, ambas protagonizadas de uno u otro modo por nuestra flamante Ministra de la Mujer. Una tiene que ver con el hecho que parece que no aspiraba a ser Ministra de la Mujer; y es casi curioso eso de aceptar una cartera que no se quería, pues parece que más bien deseaba un Ministerio de la Familia. Y hay cierta diferencia entre los términos. La segunda noticia se merecería artículo aparte y quizá lo escriba, pues la flamante Ministra disparó una interesante y poco feliz declaración acerca de la tripartición platónica del ser humano en Cuerpo, Alma y Espíritu. Según parece, convocó a las Sagradas Escrituras cristianas como la fuente de la autoridad suprema en estos menesteres. Ambas cosas se me complementan en un tema, que es el uso de ciertas palabras y los contenidos y significados que se les puede adjudicar. El concepto de Familia es una de ellas.

Concepto

A riesgo de simplificar demasiado el tema, un concepto es la expresión lingüística de una imagen mental, que podríamos llamar idea. Cada vez que enunciamos un concepto los seres humanos hacemos una operación de alto vuelo intelectual, aunque no seamos conscientes de ello: Clasificamos el mundo de nuestras percepciones, introduciendo cada concepto en una pre-estructura de clases y tipos en construcción constante. Estas percepciones se integran en una estructura mental dinámica que abarca nuestra experiencia y conocimientos pasados y presentes. Dicha estructura posee un sustrato físico en el número y tipo de sinapsis – conexiones interneuronales - que se construyen incesantemente en el cerebro. Nuestro cerebro es una máquina de pensar extraordinaria, que emplea sus recursos electro-químicos para construir el hardware que soporta el software conceptual. Al revés de lo que ocurre en el mundo de la computación, en el cerebro el software construye el hardware, aunque sea en parte. Todas las personas poseemos cerebro, pero a la vez todos tenemos estructuras sinápticas diferentes, que representan nuestro mundo individual de experiencias y conocimientos adquiridos. En cierto modo la citoarquitectura cerebral es semejante a la disciplina de la arquitectura, que emplea en todos los casos ladrillos, cemento, concreto, adobe, asfalto, etc. para estructurar puentes, edificios de muchos tipos, carreteras, hoteles, fábricas y todo tipo de construcciones. Del mismo modo todos empleamos oxitocina y otros neurotransmisores para construir nuestra estructura sináptica, pero no todos lo hacen del mismo modo ni con los mismos resultados.

El concepto “Familia”, como todos los demás por supuesto, procede de varias percepciones de diversas procedencias, tanto emocionales como intelectuales. Una de las más importantes es nuestra propia experiencia de familia, construida en nuestros primeros años y por lo tanto bien metida en nuestra estructura mental. Vale la pena indicar en este punto que la evolución parece haber introyectado en nuestros genes – al final, los portadores de las instrucciones de construcción de sinapsis – algunas estructuras proteínicas que favorecen una determinada percepción de la estructura social, del mismo modo que ocurriría con los lobos que se agrupan en manadas o las aves en bandadas. Es decir hay un sustrato previo, originado en algunos centenares de miles de años de evolución, al que se le añade una suma de percepciones individuales estructuradas culturalmente. Este sería el hardware primigenio, anterior a toda construcción de software. Las percepciones son tanto emocionales como intelectuales, pues que somos seres que hemos heredado genéticamente la capacidad de vivir las emociones, y también la capacidad de reflexionar, pensar, razonar y construir pensamientos conscientes estructurados acerca de nuestras emociones y nuestro entorno. El asunto es complejo y no pretendo agotarlo, pero bien puedo introducirlo.

Condicionamientos de la Definición

Percibir la realidad de una determinada manera y construir conceptos alrededor de ella es algo que los seres humanos hacemos porque lo hacemos, del mismo modo que la araña teje su tela porque eso es lo que hace la araña. En cierto modo podríamos decir que la araña es una máquina biológica de tejer, como los seres humanos lo somos de pensar. Pero cuando nos metemos a la Definición estamos ya decididamente en el terreno propiamente humano de la Cultura. Porque “definir” es una operación mental de carácter racional, que expresa la capacidad de clasificar nuestras percepciones, generalizándolas más o menos según el caso, y esto es una operación mental más o menos consciente. Volvamos al concepto “familia”. Este se puede definir de diversos modos, y por lo general tal definición suele depender del entorno cultural en que se ha nacido. Si naciste y creciste en una sociedad determinada, eso te predetermina hacia algunos tipos de construcción conceptual, quieras que no. Hay elementos genéticos comunes a todas las culturas, pero lo cierto es que inuits, estadounidenses de Minnesota, matsiguengas, sudafricanos blancos, parias indios, lapones, beduinos errantes, tamiles, pintjantjanjaras australianos, parisinos, moscovitas, nubios, mapuches, etcétera, tienen – tenemos – concepciones diferentes de familia, y por lo tanto definiciones diferentes de familia.

Además de esta relativización cultural del concepto “familia”, hay otras, que se las debemos al esfuerzo de filósofos, científicos y demás intelectuales, entre los que destacan los Maestros de la Sospecha. Charles Darwin y sus continuadores nos hicieron saber que un enorme porcentaje de lo que tenemos en la cabeza es lo mismo que tienen los otros animales, y de hecho nos devolvió a nuestra condición de simios evolucionados. Sigmund Freud y Carl Jung introdujeron el Inconsciente como instancia mental, sobre el cual sobrenada nuestro consciente, en apariencia donde reside nuestra capacidad racional de definir, evidenciando que cuando definimos no lo hacemos solamente con nuestras mentes racionales conscientes, sino también con nuestros contenidos latentes más o menos inconfesados, que pugnan por salir a la luz. Otros psicólogos y antropólogos plantean el tema del desarrollo, que nos indica que aunque yo soy la misma persona cuando tenía tres años que a los diez, los treinta o los cincuenta; sin embargo también estoy cambiando constantemente, y por lo tanto mis construcciones mentales cambian y evolucionan según las experiencias que vivo y los conocimientos que acumulo u olvido. Karl Marx y otros pensadores señalaron la importancia de la clase social en la que se nace, y cómo ésta predetermina nuestro aparato ideológico de manera más o menos estereotipada. David Cooper y los anti-psiquiatras han desmenuzado el concepto de familia quitándole, de una vez por todas, el encanto que alguna vez pudo tener. Los filósofos modernos y postmodernos han enfatizado esta relativización del concepto de ser humano y de familia, y por lo tanto han hecho algo de eso que el ser humano sabe hacer tan bien, que es cuestionar lo que existe.

Definición y crisis postmoderna

Se nos dijo siempre que no hay que pensar tanto, cuanto pensar bien. Esta diferenciación entre lo cuantitativo y lo cualitativo alude a las reglas que se supone se debe seguir cuando se trata de pensar de modo racional. Si se siguen esas reglas se supone que estás “pensando bien”. Estas reglas proceden cuando menos desde Aristóteles (Definiendum, definiens, genus proximum, differentia specifica) y han conocido un enorme si bien desigual desarrollo tanto desde la Filosofía (falacias, paradojas), como desde la Lógica Formal y las Matemáticas (Teoría de Conjuntos, Formalización, Teoría de clases, etcétera). Se entiende que el lenguaje científico – fortaleza última de la racionalidad – está estructurado sobre este tipo de pensamiento, y en gran medida la formación profesional es la estructuración de las experiencias sociales alrededor de ciertas disciplinas, de acuerdo a estas reglas de construcción. El clamor generalizado actual de la recuperación de la Tesis para optar el Título Profesional obedece no tanto a que los conocimientos sean insuficientes en cantidad (de hecho siempre lo son), sino a que nuestros egresados son bastante incapaces de operar lógicamente, y la Tesis es, básicamente, la demostración de que se sabe pensar. Dado el estado actual de los sistemas educativos, no hay garantía que la gente piense, efecto colateral de una suerte de desconfianza frente a la inteligencia, cuyos efectos no siempre son previsibles. Dado que el soporte evidente del pensamiento racional son los resultados, es decir la eficacia y utilidad de este modo de pensar, pensamos racional, lógica y científicamente por la razón más simple del mundo: Porque funciona. Y funciona desde ciertos objetivos que se determinan a priori, es decir, “desde antes”, lo que es una manera de decir “desde fuera” del pensamiento racional.

La postmodernidad ha denunciado y criticado, a mi modo de ver con justicia, el anquilosamiento de determinados modos racionales de pensar, que presuponen objetivos y contenidos latentes ideológicos previos y que no hacen más que justificarlos, adjudicándoles contenidos de valor como “correcto / incorrecto” y “verdad / falsedad”. La consecuente relativización de toda Definición ha llevado a la idea generalizada de que todos los conceptos son más o menos equivalentes, intercambiables e igualmente valiosos o deleznables según el individuo que los profesa. La crisis del lenguaje en cuanto portador de contenidos – vehiculada por el pensamiento de Wittgenstein, Russell, Whitehead y otros – nos lleva a entender que el lenguaje oculta tanto o más de lo que muestra. Por ende tenemos tres reacciones sociales contrapuestas, pues el equilibrio conceptual inestable resulta poco soportable para la mente humana.

Algunas reacciones intelectivas

Emplearemos el concepto de “familia”, tan bueno como otro cualquiera. Asumiremos como metáfora la visión del caminante en una encrucijada. Frente a una generalizada y devastadora crítica de los absolutos, que incluyen al concepto y la definición de “familia”, el caminante se detiene y debe tomar una decisión vital y existencial, y en ello hay cuando menos tres reacciones posibles:

1.       Detenerse. Esto parece ser lo más común. El camino pierde su sentido, no hay por qué continuar andando, y mejor nos estacionamos para siempre en el sitio, dejamos de hacernos problemas y pensamos en otras cosas más prácticas. Entonces tratamos de meternos en la inconsciencia, y dejar pasar las cosas, con lo que en la práctica nos convertimos en veletas que giran según la dirección del viento. Pero como habíamos llegado hasta acá, esto se cobra su peaje, y entonces nos convertimos en quejosos profesionales, que lamentamos el estado de cosas sin meter la mano en ello, sin tratar de mejorar las cosas, y más bien incluso criticamos a aquellos que tratan de hacerlo como reflejo de nuestra propia culpa no asumida. Vale decir, nos ubicamos en el tendido a ver los toros, y comentamos con autosuficiencia lo que hace el torero, pero sin meter la mano, porque el toro suele cornear. Así hablaré de la Familia, de lo mal que está, de lo importante que es, pero todo eso será un simple saludo a la bandera, pues no haré nada al respecto.

2.       Retroceder. Esto es, como me da miedo avanzar hacia la indeterminación y el desencantamiento, y me da miedo hacer uso de la libertad de mi pensamiento, entonces retrocedo hacia una Autoridad que me dé la seguridad de que carezco. Esta Autoridad puede provenir de las Iglesias, las Ideologías o incluso del New Age. Renuncias al penoso trabajo de pensar y le entregas tus creencias y pensamientos a lo que te resulte más cómodo, y además pagarás el precio entregando tu autonomía. Una ventaja de la postmodernidad es su relativismo, así que mientras creas en la “energía”, “Dios”, o cualquier panteísmo o cosa que termine en ismo, todo va bien. Entonces tus fuentes de autoridad serán los libros sagrados de toda especie, poseerás la Verdad, más que sea por delegación de la Autoridad. Y así te sentirás seguro, gracias a la autoaplicación de una lobotomía emocional del lóbulo frontal, donde está – estaba - tu voluntad. Y creerás que opinas sobre la Familia por ti mismo, como sobre cualquier otra cosa, aunque en la práctica solamente serás caja de resonancia de otros.

3.       Caminar hacia delante. Vale decir, tratar de avanzar con el mundo, y arriesgarse a pensar por uno mismo. El camino es imprevisible, no se sabe a dónde vas ni a donde te conducirá. Eres el torero con el toro, y con el respetable en contra, comentando tus lances o tu ausencia de lances desde la platea. Si tienes un buen sentido de la aventura de estar vivo suele ser muy gratificante, pero a la vez te introduce en una gran soledad, a no ser que encuentres a otros galifardos como tú, pero eso es muy raro, así que tendrás que acostumbrarte al exilio interior, pues si hablas, los que se detuvieron y/o anquilosaron, te criticarán sin piedad y casi siempre sin fundamento. Y terminarás reaccionando a las tonterías que te digan o que escuches. Eso, claro está, si te compras el pleito. En lo que a la Familia se refiere, tu visión tratará de ser propia y realista, y aunque no siempre lo consigas, tratará de ser objetiva. Y no es que lo logres, pero en el intento está la cosa.

Por supuesto, esto representa únicamente mi idea sobre el tema. Y es discutible y espero que se discuta. Porque me creo el cuento de que estoy avanzando, aunque de repente esto no resulte así, pero en todo caso lo considero preferible a quedarse plantado en el sitio o a aceptar una Autoridad por aceptarla.

Colofón

Según parece nuestra ministra de la Mujer – Familia, perdón – tiene su situación clara. Prefiere la Autoridad metafísica platónico-cristiana y rige su acción política de acuerdo a ella. Ello no es necesariamente negativo en cuanto a los resultados previsibles, pues de proposiciones falsas pueden derivarse proposiciones verdaderas, según las leyes de la Lógica Formal. Asimismo, el reino de la política es el reino de las opiniones y las pasiones, y quien sabe no lo haga tan mal después de todo, pues una cosa es el intelectualismo y otra la acción política. Pero aún así no podemos menos que observar la dificultad para pensar de manera independiente y propia, que ahora circula de Sócrates a Platón. La Autoridad asumida porque es Autoridad siempre es cosa de doble filo. Se supone que una Autoridad que lo es por sus demostradas capacidades y resultados puede ser interesante de seguir en ciertos aspectos, pero entiendo muy instrumentalmente que no se resuelven los problemas de hoy retrocediendo hacia los paraísos perdidos del ayer, por más que Platón, Sócrates y Aristóteles les den soporte. Ellos en todo caso serían los primeros en poner en cuestión sus propios pensamientos, y nos parece que es esto lo que deberíamos aprender, antes que a seguir mecanicista e ideológicamente sus ideas. Seguiremos la acción desde nuestra perspectiva, y veremos.

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jueves, 27 de octubre de 2011

INCLUSIÓN SOCIAL o Contra la Pobretología (I)


INCLUSIÓN SOCIAL o Contra la Pobretología (I)

“Hay tres formas de mentir: Las mentiras descaradas, las medias verdades, y las estadísticas” (Anónimo)

Pensé titular este artículo “Contra la Estadística”, pero la Estadística es una ciencia respetable y extremadamente útil, cuando se la sabe usar. Como toda herramienta debe ser utilizada de acuerdo a sus propias reglas. Si tomo un martillo por la cabeza en vez de por el mango, mi capacidad de colocar un clavo en su lugar queda por lo menos obliterada. Si trato de usar una computadora para que piense por mí, me encuentro con esa famosa frasecita sobre las computadoras: Confiables, Exactas, Estúpidas e Imbéciles, o el conocido SISO: “shit in, shit out”. Para transportar una aspirina puedo emplear un portaaviones, y la aspirina será transportada, aunque de manera bien poco eficiente. En la Estadística hay deformaciones que no proceden de sí misma, sino de su empleo para apuntalar objetivos políticos. En diversas ocasiones hemos señalado los grandes problemas que hay alrededor de las Estadísticas aplicadas en el Perú. Como arma política es sumamente interesante, de cara a la opinión pública de la ciudadanía. Creemos, por ejemplo, que la pobreza ha disminuido, aunque cada gobierno ha añadido su batiburrillo a las labores de recolección de información, su interpretación y difusión de acuerdo a sus muy particulares intereses. Es muy bacán si como gobierno podemos decir que se redujo la pobreza, o que el analfabetismo ha sido erradicado. Sin embargo, si rascamos un poco debajo de la superficie encontramos algunos hechos poco felices, que atemperan cuando menos el optimismo.

Medir Pobreza y medir Inclusión

La Inclusión Social y la Pobreza son temas complejos. Que hay relación entre ellos, es obvio, pero cuál pueda ser ésta no está claro. Empecemos por la Pobreza: Su medición es uno de esos hechos poco felices en los que se toman decisiones sobre la base de la publicidad de indicadores confundidos con Valores y Variables, y Variables confundidas con las Definiciones Operativas, Nominales y Reales, y éstas últimas a su vez confundidas con Conceptos. Así si resulta que este mes gastaste 50 céntimos más que el anterior, saliste de la Pobreza. Ello linda con el absurdo, y proviene de confundir un indicador con un concepto, y éste con una situación. No sabemos quién determinó una cifra y no otra como límite, ni por qué ni cómo, aunque supongo que debe haber muy buenas razones. Además está la cuestión de la foto y la película: Yo puedo tomar un momento determinado justo antes de que suban precios, y decir abusivamente que la pobreza bajó porque el indicador tal bajó, y atención, no es que eso sea necesariamente falso, es apenas falaz. Si al día siguiente de que anuncié con bombos y platillos la reducción de la pobreza resulta que suben los alimentos y combustibles, tendría que rehacer toda mi ecuación, y corregir lo dicho, porque el gasto de 50 céntimos, uno, dos o cinco soles de más ya no corresponde al nivel de precios con el que se hizo el primer cálculo. De hecho, los cambios en los niveles de precios modifican los valores del indicador de un año para otro, de un mes para otro, e incluso de una semana o día para otro/a. Si yo anuncio hoy que la pobreza bajó porque bajó el indicador de gasto, y mañana suben los precios de subsistencias o combustibles, y no modifico la información, pues digo la verdad cuando digo que el gasto es mayor, pero con los precios de ayer, no los de hoy. Tengo entre manos un dato real, pero manipulado e interpretado de manera sesgada para dar la impresión que avanzamos. Y eso linda con el engaño.

El 16 de Octubre fue el día internacional de las personas con discapacidad, y además es día nacional de la educación inclusiva. Como quiera que estas efemérides nos importan y están en relación directa con el tema que nos ocupa, debiéramos tratar de ellas a la luz de lo mencionado. ¿Cómo medimos la Inclusión Social? ¿Qué relación tiene la Pobreza con la Inclusión? He aquí un debate que seguramente es muy académico, pero que debería interesarnos, pues de lo que saquemos en limpio determinaremos acciones a tomar.

De donde salen los Indicadores

Los Indicadores salen de determinadas Variables a través de las cuales se determina la presencia o no de una determinada situación. Decimos que el nivel de gasto mensual que las personas realizan es un indicador razonablemente confiable de su nivel socioeconómico. No es descaminado. Es obvio que cuando hacemos un gasto priorizamos ciertas cosas antes que otras, salvo que estemos medio chiflados. Por lo general comemos antes de comprarnos una casa, y entonces de la variación de ese nivel de gasto se puede deducir la situación de los pobres. Si gastas más – precios ceteris paribus, es decir, si gastas más con precios iguales – es porque sin duda mejoras tu calidad de vida, eso es bastante obvio. El dato puede asumirse con moderado optimismo, sobre todo si ese aumento es constante en el tiempo y no sufre decrecimientos notables. El indicador mide un valor en dinero, que si aumenta indica que el número de pobres baja, y si disminuye indica que el número de pobres sube. Y de ahí sacamos los porcentajes a los que tan aficionados somos.

La Variable del Gasto es entonces importante para medir, y seguramente se eligió porque hay mucha economía informal y subterránea, y medir los ingresos resulta muy difícil. Pero ¿qué es la Pobreza, o qué es ser pobre? ¿Y qué relación tiene con la Inclusión Social? Normalmente para llegar a los Indicadores hemos tenido que pasar por todo un proceso que empezando desde el Concepto, "baja" a la Definición, llega a una Definición Operacional, de ahí se determinan Variables para culminar, ahí recién, en los indicadores.

Concepto de Pobreza

INEI, cuya página consultamos, reconoce que medir la pobreza es un tema complejo. Se relaciona con diversos conceptos opuestos, como la riqueza; o con conceptos complementarios y traslapados, como por ejemplo el “estatus” o la “insatisfacción”, que se relaciona con la percepción de las propias necesidades. Las necesidades humanas son extraordinariamente complejas, con rasgos objetivos y subjetivos, no es solamente que yo sea pobre si no tengo plata, también la sensación manda. Una persona se puede sentir más pobre porque no puede resolver la necesidad de llenar la piscina por ejemplo, y esa sensación lo puede llevar a percibir que “desciende de nivel”, pues no puede efectivamente satisfacer la necesidad de bañarse cuando hace calor. La sensación de carencia es, pues, importante. Pero hay también el aspecto objetivo, sobre todo si se vive en un clima muy caluroso, y la ausencia de bañera, poza o piscina puede implicar la muerte por deshidratación. Y los muertos no gastan. El 89 % de la población sobreviviente del Perú se computa a sí misma como Pobre, según la Encuesta Nacional de Hogares. Es una interesante discusión académica, si bien soslaya las situaciones reales, como todos los conceptos. Pues ser pobre es una cosa, y otra cosa la Pobreza en cuanto idea o concepto. Aterrizar el concepto para los estadísticos resulta muy complejo, porque prefieren tratar con generalidades, y no es que esté mal, es que simplemente en medio del tráfago intelectual y matemático se les escapa la perspectiva humana.

Comprender el concepto "Pobreza" se dificulta cuando tratamos de describirlo: Si hablamos de necesidades básicas, entonces cuáles son las no-básicas. La alimentación es definitivamente importante, pero el mantenimiento de la Salud, la calidad de la vivienda, la posesión de vestido y abrigo, el acceso a la educación, la capacidad de ejercer ciudadanía, el acceso a los derechos humanos, etcétera pueden ser considerados en sí mismos o en relación con la ingesta de alimentos o cualquier otra idea. Es que según las condiciones te puedes morir o enfermar tanto si no comes como si comes mal, o hace demasiado frío y estás a la intemperie o sin ropas adecuadas, o sin las vacunas correspondientes. Las condiciones de vida presentan facetas interrelacionadas: Si gozo de salud, es porque mis requerimientos nutricionales están más o menos cubiertos, pero si no puedo solventar el costo de las vacunas o el tratamiento de accidentes o enfermedades me muero igual. Vivienda es toda cosa con techo, pero si no tengo desagüe mi posibilidad de enfermar aumenta, y si gasto en sanarme limito la compra de alimentos. La vulnerabilidad es, por ende, un concepto muy presente. Se puede vivir al borde de la pobreza de modo más o menos permanente, según  mi grado de vulnerabilidad.

No es demasiado difícil catalogar a una persona pobre. El problema es clasificar a grandes cantidades de personas como tales, lo que es necesario si tratamos de tomar decisiones con recursos escasos. Hay que cuantificar para saber cuánta gente es pobre. Y por eso tenemos que discutir qué significa ser pobre. INEI detiene aquí su preocupación, en sus documentos públicos salta directo a los métodos de cuantificación. Es como si nos dijeran que, bueno, el problema es complejo, no nos corresponde a nosotros más que las malas noticias, así que lo que necesitamos es un método simple, pasar por alto la discusión sobre la Definición Real, que es medio filosófica, e irnos de frente a una definición nominal, que entendemos mejor y nos permite avanzar. Ahí es que nos dicen que la premisa es: hay pobreza cuando una o más personas muestran un nivel de bienestar inferior al mínimo necesario para la sobrevivencia. 

Qué sea eso de la sobrevivencia queda una vez más en el aire, como concepto es lindo. Parece que cuando de estadísticas se trata nos apuramos en pasar a la tranquila superioridad de los números, porque para qué vamos a explicarles a alpacas y vicuñas cosas intelectuales. Los números sirven para medir algo, y si ese algo lo dejamos en la nebulosa pues entonces nos faltará precisión y focalización. Definir la pobreza por la sobrevivencia (y sus mínimos) no parece que sea adelantar algo. También los presos de los campos de concentración Nazis sobrevivían. Pero por ahorrar saliva y palabreo ahí lo dejan.

Definición Nominal de Pobreza

Ya que eres pobre si no sobrevives, que es lo que se nos dice, podríamos jocosamente decir que eres pobre si ya estás muerto, pero que si no te has muerto todavía es probable que no seas pobre, y eso significaría que estás en un nivel de bienestar superior al de la línea de sobrevivencia. A la vez podríamos decir que puede que no estés muerto pero sí en proceso de morirte, precisamente porque estás por bajo la línea de supervivencia. Yo me sospecho que eso se puede medir usando esa cosa estadística denominada “expectativa de vida”: cuánto tiempo vivirías si las condiciones que presidieron tu nacimiento se mantienen. Lo interesante de esta definición nominal es que nos proporciona una línea de pobreza, es decir una línea que puede medirse considerando las condiciones en las que saldrás de la situación de candidato a la fosa, hacia una situación de bienestar, signifique eso lo que signifique.

En consecuencia - no creo que lo hayan pensado - el bienestar se mide en la medida que puedes sobrevivir o no, entendido como que alcanzas una cierta edad. Si sobrevives posees un nivel de bienestar y no eres pobre. Y si te mueres, es porque no tienes el nivel de bienestar requerido para la sobrevivencia y te mueres antes de lo que debes, y por eso eres pobre. Tengo la penosa sensación de que están razonando en círculos. No soy estadístico, pero me parece un tanto circular y simplón considerar que si te estás muriendo es porque estás por debajo de los niveles de bienestar. Los conceptos de bienestar, sobrevivencia y pobreza en apariencia no han sido estudiados ni profundizados cabalmente, puede que por la urgencia de dar una cifra con la que se puedan hacer cosas. Los estadísticos no son malos chicos, solamente es que ven las cosas en términos de escalas y números. Atraquemos con esto provisionalmente.

Cuantos pobres hay

Se trata entonces de hallar Variables, de preferencia solamente una o dos, significativas y manejables, de modo que trabajemos menos para llegar a lo que queremos. Hay tres métodos de medición internacionalmente reconocidos: Línea de pobreza (LP), Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) y el integrado (I), que combina las dos anteriores. Hagamos el análisis correspondiente. En 1997, en América Latina, doce países empleaban el LP, ocho el NBI, y siete el Integrado. El indicador de marras que se ha publicitado hasta el extremo para decir que somos menos pobres proviene obviamente del método de Línea de Pobreza.

El empleo de uno u otro método depende de la definición de pobreza, que ya hemos visto presenta algunas falencias conceptuales. LP se basa en el consumo privado, en tanto que NBI se orienta hacia la inversión pública y privada, y el consumo público. Así, a vuelo de pajarraco, parece que integrar ambos resulta ser más informativo, desde que las personas no se mueren solamente por no tener plata, sino porque puedes tener toda la plata que quieras y no haber hospital a 100 millas a la redonda; o no hay carreteras para transportar alimentos y producir una oferta nutricional equilibrada; o no hay iluminación y caes en un agujero y te mueres.

Se elige un método por razones prácticas metodológicas y de proyección demográfica y económica. Veamos qué pasa con el método Integrado al clasificar a los pobres: Pobres crónicos - grupo más vulnerable con al menos una NBI e ingresos o gastos por debajo de la línea de pobreza; Pobres recientes - los que tienen sus NB satisfechas pero sus ingresos por debajo de la línea de pobreza; Pobres inerciales - los que tienen al menos una NBI, pero con ingresos o gastos por encima de la línea de pobreza; y por último los Integrados socialmente, - no tienen necesidades básicas insatisfechas y sus gastos están por arriba de la línea de pobreza.

Aunque en teoría en el Perú empleamos el método Integrado, solamente escuchamos hablar de Pobres y Pobres Extremos, lo que sugiere una especie de conspiración de silencio para no mencionar ese tema lisuriento de Pobres Crónicos, Estructurales, Recientes o Inerciales. El dato de reducción de la pobreza que todos manejamos proviene de un indicador del método LP, y así pasamos olímpicamente por alto problemas conceptuales graves, como el de la separación entre políticas económicas y sociales. Según parece, optamos en el pasado por mantener “cuerdas separadas” en tal sentido, con el efecto perverso de la estigmatización de la pobreza, y el contenido ideológico anexo de que si el pobre es pobre es porque se lo merece. Además, privilegiar la LP pasa por agüita caliente la estructura económica, e introduce coyunturas como el tipo de cambio. Otro problema más, bastante práctico, es que el Método Integrado siempre registra mayor cantidad de pobres que si solamente trazamos una raya en el piso, pues en buena cuenta y con un par de trucos, elegimos de acuerdo a nuestra conveniencia por donde la hacemos pasar. Un indicador basado en una Línea de Pobreza rinde más réditos políticos, o sea permite administrar más jarabe de pico a la población y hacerle creer que la pobreza disminuye, aunque tengamos un déficit de infraestructura enorme. De hecho, es el caso del Perú.

Ah, las definiciones

Maquillar es fácil si se sabe cómo, y aprovecha tanto de la ignorancia estadística de la población como de la candorosa confianza que se tiene en los liderazgos políticos. Ir de la definición nominal a la operacional de manera “conveniente” es uno de los tantos procedimientos de hacer la finta que existen en nuestra patria.

Para que no crean que me mando sin saber, tomemos el caso del concepto “hacinamiento”, que indica cuántas personas viven en una habitación. En Bolivia la cifra es 2.5 personas, y eso significa que tres personas viviendo en una habitación de un tamaño determinado es hacinamiento. Pero en el Perú para que una habitación esté hacinada, requieres de cuatro personas. Es decir lo que en Bolivia es hacinamiento, NO es hacinamiento en el Perú.

La cantidad de indicadores también cuenta. Bolivia considera la salud un NBI, por ejemplo, pero el Perú no lo hace. Es decir, gastas al mes 300 soles y en consecuencia NO eres pobre. Claro que igual te morirás porque el Hospital más cercano está a 30 kilómetros de distancia a campo traviesa. Y así le "ganamos" a Bolivia cuando "comparamos" cifras. Claro que con el árbitro a favor, con más jugadores en la cancha y con canchas y arcos de diferente tamaño. Pero qué importa eso si ganamos. Pero el orgullo nacional ni se come ni cura enfermedades, y con tres personas estamos hacinados aunque digamos que es con cuatro, y en el Perú se dice que la Salud es una necesidad Básica SATISFECHA. Y Bolivia puede seguir siendo el premio consuelo del Perú, pero ello ya suena a hueco, porque nos ganan. Bueno, siempre nos queda Haití.

Los organismos internacionales

Ya hemos visto que los países miden como les da la gana, y por eso nuestras cifras no pueden compararse impunemente. Los organismos internacionales emplean sus propios modelos por sus propias e inescrutables razones, pero parece que algunas de ellas se ajustan a sus necesidades, que no a las nuestras. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por ejemplo, emplea la LP, que divide a los Pobres en Pobres Extremos, Pobres No Extremos, y No Pobres. Para hacerlo compara el ingreso con la LP para definir la magnitud de la pobreza, determina el costo per cápita diario expresado en dólares, define el valor de la LP, y el valor de la LP total, y luego califica a los hogares. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) emplea también una variante de la LP. Parten de una línea de pobreza extrema metropolitana que corresponde al valor de una canasta básica de alimentos metropolitana. La línea de pobreza extrema del resto urbano es asumida como el 95% de la línea de pobreza extrema metropolitana y la línea de pobreza extrema rural equivalente al 75% de la misma. La línea de pobreza total urbana es asumida como el doble de la línea de pobreza extrema, y la línea de pobreza extrema total rural es igual a la línea de pobreza extrema aumentada en 75%. Los hogares son calificados con los mismos criterios que sigue el BID. Quizá esto tenga algunas ventajas, al emplearse un criterio objetivo de cierto interés, el valor de una Canasta Básica. Por otra parte es obvio el sesgo urbano. El Banco Mundial (BM) compara el consumo con las líneas de pobreza. Para poder hacer comparaciones válidas, ajusta los datos de los países a dólares per cápita diarios en términos de precios internacionales, según la paridad del poder adquisitivo. Así define una línea de pobreza internacional, considerando pobres a los que viven con ingresos por debajo de dicha LP. Esto tiene la virtud de normalizar la data y poder comparar a los diversos países, cosa que ya vimos no se puede hacer con las cifras de cada Institución nacional.

Primer Colofón

Esto hace que nos preguntemos por qué, si existe la información para comparar, y las diversas cifras obtenidas por diversas metodologías, tenemos que asumir como criterio de reducción de pobreza uno y solamente uno, y además aquel que posee menos elementos de objetividad. No decimos tampoco que sea negativo, pero lo cierto es que su empleo ha tenido dos efectos en la Opinión Pública: Uno, dar la sensación de que estamos realmente superando la pobreza, y que por ende las políticas económicas establecidas desde los tiempos del fujimorismo tienen sentido, y Dos, el de invisibilizar el tema de la Inversión Pública en Necesidades Básicas Insatisfechas, con lo que se le encaja el problema de ser pobre a la población. Es decir, si eres pobre, es tu culpa. 
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