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miércoles, 19 de junio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 41 - FILOSOFÍA (2)


Peru Blogs

CRÓNICAS DE LECTURAS – 41
FILOSOFÍA (2)

I
Qué le hace la Filosofía a la Vida

He escrito ya una Crónica sobre Leer Filosofía, y he tratado de decir su lugar y analizarle su poquito la utilidad. Lo cierto es que de una u otra manera leemos en algún momento algo de Filosofía, y creo que no siempre es por obligación. Leer Filosofía y hacer Filosofía y Filosofar le hace algo a la vida. Si lees bien, si piensas disciplinadamente, es decir si filosofas resulta que se te despiertan ciertos campos neuronales que no sabías que tenías, como cuando montas bicicleta por vez primera y te terminan doliendo ciertos músculos que recién te enterabas estaban ahí. Y piensas que para algunos pensar es el enemigo, y que lo que quieren es que seas un insípido y estúpido cara de caballo, es decir un simple consumidor que no cree problemas, que salive cuando le pongan la publicidad y que gaste. Pero como yo estoy seguro que tú no eres un perro de Pavlov - de otro modo no leerías estas Crónicas - me gusta que me leas, y más contento estoy aún de que uses tu cabeza, a tu modo y a tu ritmo y en lo que te parezca pertinente. Así que si quieres criticar, bienvenida es la crítica y no importa lo dura que sea siempre que sea bienintencionada. Y aunque sea malintencionada bastará con que sea sólida, por esta parte del camino no nos da miedo la polémica. En cualquier caso hay momentos en que es importante que nos metamos con la Epistemología, por ejemplo, cuando estamos metidos en una investigación y de repente hay ciertas preocupaciones muy concretas al respecto. O con la Ética, que hoy es el espolón de la Filosofía en general, porque resulta en una preocupación mayor de nuestra época. O con la Filosofía de la Religión, ahora que todo lo sólido se desvanece en el aire.

En la otra Crónica mostré las dificultades que plantea la Filosofía como materia de enseñanza y lectura de cabecera. Podemos comparar lo que le pasa a un lego en Filosofía con lo que le ocurre a un piloto de Combate, que no lo es porque sea un especialista en combustible de alto octanaje. Para pilotear un avión con éxito se debe saber muchas cosas, pero no hay por qué embarazar la mente con un dominio de especialista del combustible que se emplea, aunque indudablemente es importante saber lo que se necesita sobre él. Y ésta es la clave del asunto, sea en pilotaje de combate o en Filosofía: Qué es lo que realmente necesitamos. Cuando enseñamos algo, Filosofía, Historia, el Triángulo de Pascal, Geometría Analítica, a cruzar la calle o a manejar un tráiler, tratamos en primer lugar que se aprenda lo que es necesario si es que hacemos las cosas bien y con sensatez. No sirve de mucho proporcionar al aprendiz de manejo de tráiler una maestría sobre la bocina del mismo. Por desgracia no es así como operamos en la realidad, los maestros / enseñantes / coaches (no me gusta la palabreja, pero la necesito) tenemos ideas preconcebidas y fuertes prejuicios que guían nuestras decisiones al respecto del qué aprender y cómo. Y la mayor parte de ellas son decisiones de mercado tomadas desde fuera. Vale decir, no se estudia digamos la ética por ella misma sino porque proporciona criterios para tomar decisiones en el desempeño profesional, la Deontología que le llaman.

Por otra parte, no hace tanto se hizo una encuesta en la Pontificia Universidad Católica del Perú acerca de qué contenidos conceptuales de los que se enseñan en las facultades de Ingeniería eran empleados en el tiempo real del ejercicio profesional, y la cifra en porcentaje parecía realmente muy pequeña, menos de 15 % si la memoria no me engaña. Claro está que eso depende de los objetivos que se trace la institución educativa, así como de los perfiles de salida del producto final, esto es, los rasgos del profesional. Porque la Universidad no existe sólo para hacer economistas o ingenieros o artistas o historiadores o trabajadores sociales, también forma personas humanas en una determinada dirección según la personalidad de la Institución. Ello explica los sesgos en las mallas curriculares según la Universidad de que se trate. Da la sensación que desde un punto de vista instrumental, y si lo único que quieren es sacar Ingenieros, puedes recortar un 50 % de los cursos, y el impacto en el desempeño profesional sería relativamente pequeño. O quizá más bien deberíamos decir que recién se notaría en el Largo Plazo. Con esto cuentan muchas instituciones que se dicen Universidades, y que en verdad son Institutos adornados de un caché que no les corresponde, pero que usan el membrete Universidad para ganar plata como cancha. Como por la plata baila el mono, la Filosofía en cuanto Curso se queda presente, pues tiene un costo bajo que se recupera en el caché que ciertas Instituciones necesitan para blanquearse, es decir, un costo de Ventas. Sé que esta es una conclusión más o menos desoladora, pero lo que interesa en general de la Filosofía no es un curso de ella, sino su aplicación y/o la capacidad de leerla, y esto en la medida que sea útil. Me viene a la mente un libro escrito en esta perspectiva: Más Platón y menos Prozac, que he leído a medias, y que debo decir que no lo siento del todo descaminado. Pero no es este libro el que deseo comentar.

II
Por qué no soy Cristiano y otros ensayos relacionados con la Religión,
de Bertrand Russell

Este libro me fue prohibido de leer en casa. Y dada la prohibición y mi nula tendencia a obedecer a la autoridad, fue uno de los primeros libros de Filosofía que leí. No hay nada más bobo en el universo que prohibirle a un chico lector que lea, ello sólo demuestra la impotencia de la Autoridad frente a las ideas. Terminas por entender un hecho que te teleporta a la Independencia: la Autoridad tiene miedo de que pienses. Nuestro país se caracteriza por una secular filosofía autoritaria subyacente que sostiene que la gente no pensará si la aíslas del pensamiento, o mejor aún, que pensará como tú quieres si le das algo para que piense de esa manera. A estas alturas del partido me cuesta creerme que tenga toda la razón George Orwell en 1984. No veo modo de que ese Gran Hermano en particular nos hermanifique a todos. Y si lo consigue es probable que los hermanificados se lo merezcan. Claro, puede haber nuevos modos que no conozca, pero las circunstancias actuales tendrían que ser opresivas en serio, peores que las fabricadas en la mente apocalíptica de Orwell, acertada en otros aspectos. Pero el peligro mayor no estaba en la Unión Soviética, que no consiguió llegar lejos no por falta de ganas sino porque la cosa no es fácil y requiere cuantiosas inversiones. El manejo del mundo postmoderno por el capitalismo neoliberal se distingue mucho mejor en los modales de  los sucesores del complejo militar-industrial que Dwight Eisenhower (conservador pero decente) denunció en su momento. Podemos conjeturar que toda la postmodernidad podría ser fomentada por los que la mueven, del mismo modo que desactivaron a los Panteras Negras en los ´70 s o fabricaron el punk en los ´80 s. ¿Suena a teoría de complot? Sí, pero no por temor a que me crean bobo voy a serlo más negando una amenaza real. Pero se me pierde Bertrand Russell, ojalá pudiéramos solventar al lado de cada ser humano un educador de la calaña de Bertrand Russell por unos cuantos años. Estoy seguro que el mundo se arreglaría en cuanto las gentes se dejaran de pensar bobadas, pues el enemigo público número uno de las bobadas es Bertrand Russell, qué duda cabe. Y escribió mucho y sobre muchas cosas, y siempre se le puede leer con gran provecho. De hecho este libro se hizo muy famoso, y eso que el ensayo que le da título es cortito, pero da inicio a toda la argumentación alrededor del tema religioso y el racionalismo que se despliega en el libro.

Los argumentos del Por qué no soy cristiano son lógicamente impecables. Ahí está su límite, dicho sea de paso. El mismo Russell lo presenta así: Lo que realmente hace que la gente crea en Dios no son los argumentos intelectuales. La mayoría de la gente cree en Dios porque les han enseñado a creer desde la infancia. El análisis sigue una ruta muy ordenada: De qué se trata ser cristiano, la existencia de Dios, los argumentos clásicos de Santo Tomás de Aquino y otros más, entre ellos el argumento del plan, que se parece como dos gotas de agua al famoso argumento del Diseño Inteligente que los creacionistas y otra gente rayada han soltado últimamente como si fuera la gran novedad. Luego se embarca en el argumento moral, en particular el de Kant, para después de reventarlo navegar en una discusión sobre el carácter de Cristo y los defectos que encuentra en sus enseñanzas y que justificarían considerarlo un ser humano de elevada moral, pero no necesariamente de carácter divino. Denuncia a las Iglesias en general como las responsables del retraso del Progreso Moral, y las acusa frontalmente de crueldad diabólica en la imposición de su moralidad. Por último señala al Miedo como fundamento de la religión: Tenemos que mantenernos de pie y mirar el mundo a la cara: sus cosas malas, sus bellezas y sus fealdades; ver el mundo tal cual es y no tener miedo de él (…) Tenemos que hacer el mundo lo mejor posible (…) Un mundo bueno necesita conocimiento, bondad y valor. El resto del libro abunda y profundiza en estas ideas, vale la pena señalar algunos de los títulos, que caracterizan perfectamente a un Russell que durante toda su vida tomó firmemente el toro por las astas y no se comió ninguna estupidez: ¿Sobrevivimos a la muerte?, Nuestra ética sexual, Gente bien, La libertad y las universidades, La existencia de Dios, etcétera. Debemos decir que a nuestro humilde entender este libro debería ser leído absolutamente por todas las personas en ejercicio de su libertad. Soy de los que cree que un mejor concepto de Dios y la Religión aparecerá cuando eliminemos toda la hojarasca de los intereses creados por las Iglesias y Organizaciones Religiosas de toda índole, y en este aspecto creo que hasta Bertrand Russell estaría de acuerdo, como de hecho lo estaba Carl Sagan. Un diálogo entre las dos maneras de reflexionar no parece imposible. Terminemos diciendo que Bertrand Russell debería ser leído no solamente en cuanto Filósofo y Matemático, sino como el gran Educador que fue toda su vida. Reconozco mi profunda admiración por este hombre, admiración que comparte en mi pensamiento con ese otro grande combatiente por la Libertad, Nelson Mandela. Así que a leerse el Por Qué no soy Cristiano y todo lo demás que caiga en tus manos. Como es sumamente sólido empieza siendo un poco difícil, pero tras los primeros tropiezos y esfuerzos por entenderlo, se te vuelve un compañero inseparable y merecido.

Un link donde puede hallarse este libro es:
 http://espanol.free-ebooks.net/ebook/Por-que-no-soy-cristiano/pdf/view     

III
El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder

He mencionado ampliamente este libro en una de mis primeras Crónicas, traté con éxito relativo de usarlo para enseñar Filosofía. Algunos de mis antiguos alumnos – antiguos en el sentido del tiempo transcurrido, no de la edad – me hacen saber que se felicitan de haberse introducido en la Filosofía por este libro, lo que siempre hace que uno se sienta mejor. Pero ahora me gustaría comentarlo desde la perspectiva de lo que ocurre cuando se combinan dos y hasta tres géneros: Novela, Historia y Filosofía. Empecemos por el título: El Mundo de Sofía suena un tanto común y silvestre, después de todo así se construyen la mayoría de las frases y oraciones: El chino de la esquina, el papá de Matilde, el león del zoológico. Estamos acostumbrados a decir y leer estas expresiones y no solemos percatamos de su ambivalencia o anfibología. Eso pasa acá: El sentido del asunto expresado en la frase–título El Mundo de Sofía, está en Sofía, claro, pero también está en el Mundo. Nosotros, como la protagonista Sofía Amundsen, no solemos preguntamos sobre la estructura de la realidad al interior de la cual vivimos a no ser que se nos despierte alguna duda al respecto, y para que eso pase tiene que ocurrir algo realmente gordo. Cuando reflexionamos hacemos harta hermenéutica porque el pensamiento filosófico no es pensamiento científico, que a su vez es un caso particularísimo de pensamiento racional, y leyendo la novela no hay nada de esto, sino una historia común y algo sonsa sobre una niña y un profesor y unas extrañas clases de filosofía en el límite mismo de lo verosímil, como si nos contaran el proverbial cuentito de hadas. Lo que yo sé es que si mi hija empezara a recibir cartitas raras de un profesor de filosofía, probablemente ese gallo terminaría preso. Cuando leemos novela hacemos un pacto implícito con el autor: Le creemos así meta en el relato Dragones, Mosqueteros, Trapecistas, Militantes liberales del Opus Dei, Feudalismo Industrial o Islas Voladoras. Ahora bien, cuando este relato algo simplón (uno se pregunta por qué es best-seller, y la verdad por eso continué leyéndolo) alcanza el límite de lo verosímil, de repente nos percatamos que Sofia Amundsen se cuestiona precisamente esa verosimilitud de la esencia del Mundo en que ella está, y empieza a aproximarse poco a poco a una Verdad nada cómoda. Y ahí es cuando nosotros en tanto lectores empezamos a rayarnos y empezamos a entender que la anécdota estaba diseñada para adormecernos y encajarnos un bombazo.

Dios mueve al jugador y este a la pieza / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza? Este es un versito de Jorge Luis Borges que viene muy a cuento, porque si Sofía Amundsen se pregunta sobre el Mundo en el que “realmente” está, tiene que percatarse con el coprotagonista Alberto, el Profesor de Filosofía, que ellos mismos son personajes de una novela, y que viven su tiempo mientras está siendo escrita por un Mayor del Ejército Noruego destacado con las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas en el Líbano como obsequio de cumpleaños para su hija Hilde. Hasta acá Dios mueve al jugador, pero Alberto empieza a sospechar que el Mayor no sabe que a él también lo escribe un tal Jostein Gaarder. Y ya puestos en esta seguidilla, no hay motivo para detenerla creyendo que somos diferentes del resto del Universo o que vivimos en un plano particular: A nosotros, que leemos al buen Jostein, nos podrían estar escribiendo, también. Y subidos a este potro ¿por qué al Buen Dios – nombre que le daremos provisionalmente al Supremo Escritor – no podría estar escribiéndolo alguien (¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?)? Y como ya metí un signo de interrogación dentro de otro, evidencio la muñeca rusa que es esta inocente novelita, y de repente la mismísima trama de la llamada "realidad". Estamos en el terreno gnóstico del siglo II d.C., que dejó honda huella en la civilización occidental, que presenta una posibilidad posible que no tiene nada de boba, metidos en el terreno de la dilucidación de la Física de la Realidad – es decir de la Metafísica. Ni es tampoco Gaarder el primero al que se le ocurre aplicar el inocente versito de Borges, que tan bien se la sabía. En su novela – o nívola, término que remite a la neblina o niebla, o … – Niebla, Miguel de Unamuno hace que un personaje le hable y hasta lo cuadre (Usted se morirá, mi Don Miguel, y Dios dejará de soñarlo). Woody Allen también cae en el encanto de recombinar los planos de la realidad en su película La Rosa Púrpura del Cairo, aunque en el caso de Unamuno la cosa es dramática, mientras que en Allen es un motivo más para desternillarse de risa. Al final de todo, lo cierto es que una historia que parecía tratar de hacer entretenida la Historia de la Filosofía en realidad se resuelve en una profunda reflexión sobre el Ser y un reconocimiento del poder y los límites de nuestra capacidad para la reflexión. Y para la rayadera. Presten especial atención al final de la Novela (O nívola), cuando lo hagan tal vez – solamente tal vez -  se encuentren en la punta de los pelos del conejo … 

Un link desde donde puede bajarse este libro es:
 http://www.dad.uncu.edu.ar/upload/El%20Mundo%20de%20Sofia.pdf

Y para los que no sepan que este libro había terminado teniendo su película, acá va el link:
http://www.youtube.com/watch?v=eI64ujPtB-w&list=PL67d4V6VTlB52m8iCBxdYReW_U_S8suZf&index=39
    

IV
Contra el Método, de Paul K. Feyerabend

Tratar de entender la Ciencia es uno de los grandes problemas de la Filosofía. Hay la idea de que la Ciencia es exacta, metódica, rica, ordenada, todo eso se supone lo aprendemos en esos bonitos manuales por los que todos pasamos cuando llevamos cursos de metodología o seminarios de investigación, en especial cuando tenemos que hacer la Tesis, esa maldita desgraciada, y tenemos que pasar por el aro del método científico y sus reglas. Me recuerda esto esos libros con los que se trataba de introducirnos al tema en el primer o segundo ciclo de Educación Superior, del tipo de La aventura del trabajo intelectual, de Armando Zubizarreta o La tesis universitaria de José Antonio Del Busto Duthurburu. También he leído, como tantos, al filósofo argentino Mario Bunge y su La Ciencia, su Método y su Filosofía, elevados a los altares académicos con justicia, porque me parece un libro muy bueno precisamente por la crítica y defensa de un cierto tradicionalismo realista aristotélico. Pero cuando el tiempo pasa y la novedad se desvanece, pasa con las reglas del método científico lo que pasa con la mayoría de las reglas sobre cualquier cosa, que podemos tal vez seguirlas en plan de manual y esto nos ayudará a cumplir con lo canónico de la tesis, por ejemplo, algo que indudablemente nos traerá grandes ventajas aunque no volvamos a ver una investigación en todas nuestras reencarnaciones posteriores. Pero para entonces ya nos habremos comido algunas otras cositas de más complicada digestión, como la Introduction to research, de Tyrus Hillway; la Introducción a los métodos de la sociología empírica, de Renate Mayntz, Kurt Holm y Peter Hübner; a Johann Galtung, Teoría y Método de la Investigación Social (Uno de mis preferidos, si debo decirlo, junto con los Métodos de Investigación Social de William Goode y Paul K. Hatt). Por otra parte, ser muy canónico y seguidor de las reglas no molesta nada y es de extrema utilidad en las ciencias formales -matemáticas y lógica – pero las variantes en la Investigación Social requieren que miremos la cosa, como se decía antes, cum grano salis. Cuando se trata con la realidad hay que aplicar las reglas creativamente, y la creatividad con las reglas suele ser arriesgada cuando hay un título académico de por medio. Sin embargo, para mí constituye indicio de anquilosamiento social cuando se siguen las reglas por el puro prurito (o picazón, que eso significa prurito) de seguir las reglas. Las reglas son básicamente algo que es útil para alcanzar un objetivo, en este caso para alcanzar conocimiento, y por eso uno debe conocerlas al dedillo para saber en qué medida las debe asumir. Y no, no estoy aconsejando dedicarnos al incumplimiento sistemático de las reglas, sino a la necesidad de conocer y practicar una ética y moral más elevada que la que proviene de simplemente cumplir las normas por cumplirlas. A veces cumplir con las normas es ética y moralmente un crimen. En ciencia, digámoslo así, posiblemente.

Por ello una crítica fundamentada contra el método en general y contra el método científico en particular es siempre pertinente. El libro de Paul Feyerabend que trato de reseñar precisamente hace eso, criticar el método con método crítico, tan caro a la Filosofía en general y tan sólidamente establecido por Emanuel Kant, que dejándonos de cosas se calzaba sus puntos a pesar de esas metidas de pata éticas de que hablamos líneas arriba. Por cierto, criticar la crítica es también pertinente, pero si criticamos el método, y /o a la crítica del método, cuando menos estamos en la obligación de fundamentar nuestra asistematicidad en la investigación y el método científicos. Menos mal hay cómo, Feyerabend toma en consideración la relatividad de las afirmaciones científicas en el tiempo, considerando la Ciencia misma como un conjunto de ideas y proposiciones que se desarrolla históricamente, y siendo histórico su desarrollo participará de los factores ambientales que la rodean, incluyendo particularmente en ello las consideraciones semi-mitológicas que los propios sujetos agentes - los científicos - utilizan cuando tratan de describir su propio proceso científico “históricamente”. La misma idea de la racionalidad que rodea a la Ciencia, los conceptos e ideas socialmente predominantes sobre la esencia e importancia de la inducción y la contrainducción, del falseamiento o falsación, de la teoría, de lo empírico y del experimento, de las bases lógicas y epistemológicas que sostienen el edificio de la Ciencia, de la interrelación entre los conceptos y los hechos – que por cierto ha hecho crisis en la post-modernidad -, de las autolimitaciones ideológicas en la interpretación de los hechos lleva al autor de este libro a atacar toda ortodoxia y a sostener una suerte de Teoría del Error Científico, en la que basa su anarquismo epistemológico. Y no está solo, pues con Karl Popper, Rollo May, Imre Lakatos, Willard Ormand De Quine y Jerszek Kolakowski, entre otros, hay harto de qué hablar al respecto. Me parece que tal vez no debería ahondar más en este tema, complejo de por sí, más allá del simple propósito de comentar un buen y moderno libro de Filosofía. Las ideas de Feyerabend han calado hondo en la crisis de la racionalidad y de la ciencia, y su Teoría de la Inconmensurabilidad, que comparte con otro gran filósofo crítico, Thomas Kuhn, es importante de ser conocida para todo aquél que pretenda decir que sabe filosofía. Terminemos este apartado con unas palabras del propio Feyerabend, las que dan término a Contra el Método: … la teoría se aplicaba, pero (…) no se entendía todavía. El entendimiento (…) se hace así inefectivo y superfluo. Resultado: Las sensaciones también pueden ser eliminadas del proceso de entendimiento (aunque pueden seguir acompañándolo, del mismo modo que un dolor de cabeza acompaña al pensamiento profundo).

Un link desde el cual bajarse este libro, acá:
http://ifdc6m.juj.infd.edu.ar/aula/archivos/repositorio//0/137/Feyerabend-_Tratado_contra_el_metodo.pdf       

V
Colofón

Algunas personas me han acusado con gran crueldad mental y emocional de ser un racionalista furioso que ve las cosas en función de su lógica y sistematicidad en relación con el Gran Todo Flotante del Conocimiento y la Realidad, dejando aparte el sentimiento y otros modos de captar y vivenciar la Realidad real que me (nos) rodea. Calculo que si leen esta Crónica dichas personas disparen una semisonrisa de conmiseración. Esas cosas pasan cuando lees pues. Y qué bueno. Así que ya sabes, parafraseando la Biblia: Lee y haz lo que quieras.




miércoles, 13 de marzo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 19: FILOSOFÍA (i)


CRÓNICAS DE LECTURAS – 19
Leer Filosofía (1)

I

Qué tan útil es la Filosofía: Contenidos y propedéuticas

La Filosofía tiene mala prensa. Me equivoco, no tiene mala prensa, la tiene realmente muy mala. Llegas a la sílaba “Fi…” y ya te cansaste de leer, te quieres ir. Pese al esfuerzo de divulgadores ciertamente muy capaces, como los que presento aquí (parece el siglo de los divulgadores), para la gran mayoría de las personas la Filosofía se asocia sin remedio a farragosas y eternas discusiones, clases obligatorias y aburridísimas, nombres kilométricos de tipos cuyas ideas nadie sabe a qué cuernos se refieren, impronunciables títulos en alemán de libros que todos mencionan y nadie abre, palabras en cursiva con un significado que nadie tiene claro y a nadie le interesa, ancianos con anteojos que hablan y hablan (los ancianos, no los anteojos), abstrusas disquisiciones y disertaciones con abundantes palabras en griego a las que asisten entre tres y cuatro personas. Es decir, pura carnecita para nerds y frikis de todo calibre. Desde el punto de vista editorial la Filosofía es veneno, entre Yo me comunico con los extraterrestres por telepatía cuando estoy en el baño y el Tractatus Logico-Philosophicus; entre Sixto Paz y Ludwig Wittgenstein, la elección no es dudosa. Todo esto es caricatura pero la realidad no le queda tan lejos. La Filosofía parece una disciplina poco útil y de dificultad completamente injustificada. Es difícil, claro, si te metes a fondo, si te dedicas a ella, cosa que no recomiendo tampoco así como así, porque si lo que quieres es ganar plata, más útiles son la Ingeniería o el Narcotráfico. No es que sea inútil hacer Filosofía, pero no es demasiado adecuada si tu objetivo vital es ganar plata. Imagino que cuando sobre la plata gracias al desarrollo económico, se contratará a Filósofos para que filosofen. La verdad, no lo creo. Lejos de mí dorar píldoras, pero tampoco la Filosofía es tan terrible como se dice. En cualquier caso se cree suficientemente importante como para “enseñarla”. Es cierto que no se “necesita” de “toda” la Filosofía, como no necesitamos “todo” el tiempo de “toda” la Ingeniería, “toda” la bisutería, o “todo” el repujado en cuero. En realidad sí necesitamos, y es discutible, de ciertas dosis de Filosofía. Y como no todo el mundo va a ser Filósofo, lo que de la Filosofía necesitamos son ciertas destrezas y actitudes. Cuando yo enseñaba Lógica y Filosofía en la Universidad, mis colegas esperaban de mí que “enseñara a pensar” a mis alumnos, y creían que eso se hacía trabajando contenidos. Me chantaban así la responsabilidad si en sus cursos un alumno resultaba una nulidad en el ejercicio del pensamiento: Bellina tenía la culpa de las barrabasadas dichas o escritas por los estudiantes. Son cosas del Orinoco, que tú no sabes ni yo tampoco. En todo caso, se me hace curioso asociar la Lógica y la Filosofía con la destreza en el pensamiento. Por el lado de la Lógica parece claro, pues esta disciplina trata de formalizar el lenguaje, véanse y léanse la Introducción a la Lógica de Irving Copi, texto excelente en esto de operar con enunciados y proposiciones, fórmulas moleculares, equivalencias y demás fauna heredada de Boole, Frege, Cantor y Lukasiewicz.

Pero con la Filosofía no se ve tan claro eso de “enseñar a pensar”. Para empezar, me pregunto si se puede. Enseñar tiene su contraparte en aprender, supone una acción con un agente (el docente) y un paciente (el discente, estudiante o alumno), de ida y vuelta: El agente hace cosas que producirán un cierto cambio en la mente del paciente, cuyo resultado debiera ser una mejora en la capacidad de entender la realidad y accionar sobre ella. Es decir: “pensar”, lo que en lenguaje universitario no es un conjunto de operaciones mentales que aprendemos espontáneamente a no ser que nos hayan extirpado el cerebro, sino la capacidad de razonar disciplinada, ordenada y creativamente sobre los contenidos de los distintos cursos universitarios. Se otorga así a la Filosofía un gran valor propedéutico (Propedéutica: Conjunto de saberes y disciplinas que se requiere conocer para preparar el estudio de otra materia, ciencia o disciplina), que es que parece útil estudiarla como una suerte de prolegómeno cuando estás estudiando otra cosa. Podemos decir sin error que se justifica la Filosofía en la escuela y la universidad – más en la segunda que en la primera – por las habilidades que se adquieren al estudiarla, creo que acertamos. Pero así podríamos preguntarnos con justicia por qué en vez de Filosofía no estudiamos Genética de Poblaciones, Psicología del Lenguaje o Mecánica Cuántica, para el caso igualmente propedéuticos. Ahí todos ponen los ojos en blanco y dicen que los conceptos y proposiciones de la Filosofía poseen utilidad “por sí mismos”, y así podemos discutir unos añitos sin agotar el tema. Ahora bien, mi perspectiva es pedagógica y así la despacho: No se puede separar el pensar de lo pensado, sólo se puede “pensar filosóficamente” sobre conceptos y proposiciones de carácter filosófico. Y esto porque el “pensar” tal como lo entiende la Filosofía es diferente de “pensar” en ciencia o de “pensar” en cotidiano, y es importante saberlo y circular entre esos modos de pensar. Parece que así se alcanza la sensación de “tener la mente abierta”, de vivir en horizontes mentales más amplios, y así se justifica aprender a reflexionar en filosófico. Y he dicho, parafraseando a  Emanuel Kant, “aprender a reflexionar en filosófico”, no “aprender filosofía”. No aprendemos filosofía, aprendemos a filosofar. Y a no ser que quieras ser Filósofo con licencia, lo que necesitas es el reflexionar más que el objeto al que le aplicas la reflexión. Vas a hacer cosas con la mente, no a paporretear. No sé a otros, pero esto a mí me cambia la perspectiva: La Historia de la Filosofía es bacán, pero no me es rentable para reflexionar en filosófico memorizar qué dijeron las auctoritas. La disciplina Historia no es la disciplina Filosofía. Prefiero ver a mis alumnos resolviendo dilemas éticos, epistemológicos o metafísicos como los que hallarán en su desempeño como profesionales y seres humanos.   

II

La Filosofía – Una invitación a pensar (Jaime Barylko)

Considero este libro muy adecuado para introducir a las gentes comunes y silvestres en la reflexión filosófica, y eso que sigue la tradicional estructura de la Historia de la Filosofía, probablemente porque innovar editorialmente era arriesgado, y hacerlo a la tradicional aseguraba cierta previsible lectoría. Más, al revés de muchos autores, el filósofo Jaime Barylko no se confunde, es pedagógico cuando piensa en filosófico, no se enreda en los datos, no trata de impresionarte, sino que emplea la información para presentar diferentes formas de pensar, no para memorizar, sino para emplearlas en lo concreto. Esta obra parte de que la reflexión filosófica no puede envejecer ni pasar de moda, porque las preguntas que uno se hace en los momentos de crisis son más o menos las mismas en todas las épocas. Es, por cierto, un abordaje clásico, pero no menos cierto en nuestro tiempo que en otros. Lo que algunas mentes bien ordenadas dijeron tratando de enfrentar sus propios períodos críticos, sus desconciertos y desazones tuvo y tiene importancia, pues en esta época del desencanto pueden proporcionar si no guía, cuando menos un paradigma. Y así no tenemos que partir de cero todas las veces, aunque también esa pueda ser, como con René Descartes, una posibilidad. Las crisis existenciales, tan parecidas y a veces presupuestas por las económicas, nos caen siempre de sopetón porque nadie la espera ni las quiere, y nadie se lanza a reflexionar a profundidad a no ser que las circunstancias lo obliguen. A mí me salva haber vivido varias crisis, y si bien el pensar en cuanto actividad no me ha rendido dividendos en plata, sí sería retrechero no reconocer cuánto me ha dado sub specie aeternatis (que se puede traducir como desde la perspectiva de la eternidad perdonadme el latinajo, culpa de Baruch Spinoza): Capacidad para mirar más allá y más ampliamente, recurso a la resignación cuando no queda otro remedio, reformulación de la propia persona cuando empiezas a resolver problemas desde la posibilidad de ubicarte en terreno alto y amplio. Las opciones que se visualizan así resultan por lo general mucho más viables y de mayor calidad que lanzarse hacia la realidad como un pelotón de búfalos mojados y desconcertados, mal aconsejados por gente o por libros de autoayuda que plantean minimalismos referidos a la voluntad y la actitud. No, mi amigo, creer que eres un jet no te hará volar. No, mi amiga, no puedes detener la corrupción solamente con tu buena voluntad. Ya lo dijo Fito Páez: No se puede vivir del amor / le dijo un soldado romano a Dios. Si bien es cierto que la actitud que tengas y la voluntad que pongas sí influyen, también cuenta la realidad, que no es un tema puramente subjetivo ni solipsista. Porque es verdad que no hay tal cosa como una solución desde fuera, pues que toda solución a todo problema parte de adentro de uno mismo, pero eso es porque no existe problema que no te venga desde fuera. La dinámica entre uno mismo y el mundo es total y gestáltica: No es solamente la cosa económica, o la afectiva, o la religiosa. Pero hay que decir que tampoco es tonto tomarse un día a la vez y resolver las cosas una por una, las reglas clásicas del buen pensar suelen orientar muy bien en esto. Por ende, lo que requerimos son modelos, ejemplos, paradigmas; no recetas. Así, la manera en que Barylko aborda la Filosofía de la Religión, por ejemplo – terreno minado, porque muchos intereses hay de por medio – no puede ser más equilibrada y aplicable, tal como sus aproximaciones a la Filosofía Analítica y la Filosofía del Lenguaje nos dan buena pista para el despegue. Nada mejor podemos pedirle.

La Filosofía – Una invitación a pensar, llegó a mí a través de mi amigo el filósofo Gonzalo Cobo, en la dichosa época en que junto con brillantes colegas llegados de todas partes de nuestro Perú, tratábamos de enseñarle a enseñar filosofía a nuestros profes de colegio, muchos de ellos legos a la perfección en dicha materia. Se nos imponía a nosotros mismos contar con materiales adecuados, y así la aportación de Gonzalo resultó esencial. La labor del maestro no es saberse Filosofía como un Filósofo, pues para eso son los Filósofos. Por desgracia vivimos en medio del renacentista malentendido de que todos debemos saber todo, y eso no solamente en Filosofía: El maestro debe pensar la disciplina en su perspectiva de guía y facilitador, no es que debe saberse de paporreta los contenidos. Claro que no estorba sabérselos, y hay contenidos mínimos que deben saberse, por eso de que no se puede separar el pensar de lo pensado. Pero presumir de erudito es bobada, cuando lo que hay que hacer es enseñar a “reflexionar en filosófico”. Como nadie da lo que no tiene, y nadie aprende en cabeza ajena, por lo tanto debíamos cubrir la doble exigencia de por una, reflexionar en filosófico, y por otra, plantearse la didáctica de cómo hacerlo. Y así La Filosofía – una invitación a pensar nos presentaba la posibilidad de un mejor material de trabajo que casi todo lo que he visto, antes o después (Con una clamorísima excepción: El texto del Bachillerato español, no pensado para el gran público, Aprender filosofía es aprender a razonar, de Boldiú, Bría, Lasterra, López, Manjón, Marías y Serrano). Es curioso que los mejores libros que he visto para poder lograr esto, pues no estén a la venta. Yo mismo los poseo en fotocopia, y pocas fotocopias cuido más que estas, no creo que se den muchas ediciones. Otros libros que hay en el mercado son muy difíciles de aplicar porque carecen de la intencionalidad pedagógica: El Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora, o la Historia de la Filosofía de Johannes Hirchsberger son muy buenos como Diccionario y como Historia, pero no son para docentes sino para Filósofos, o para consulta de alto vuelo. Nuestro gran filósofo peruano Francisco Miró Quesada se disparó Para iniciarse en la filosofía, libro que pese a arrancar magnífico, a partir del Capítulo 2 se engolosina y regodea en el pensamiento abstracto, y no consigue del todo plasmar su intención divulgadora. Se entusiasmó Don Paco y se le salió el Indio Filósofo, y no va a ser. Pero se le pasmó la didáctica.    

III
El hombre rebelde (Albert Camus)

Quería hablar de Unas lecciones de metafísica de Ortega y Gasset, pero veo que me he referido en otras Crónicas ya a este libro, una y otra vez. Claro, lo tengo asociado a la primera vez que armé mi Curso de Metodología del Estudio y la Investigación, y eso así nomás no se olvida. Pero hay más libros, menos mal, y además, la vida te termina por aclarar los libros. Hoy que escribo esta Crónica ha fallecido Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, y en medio del duelo por la pérdida de un ser humano que no estaba en el común de las gentes, el acontecimiento mismo me genera el libro para comentar: El Hombre Rebelde, de Albert Camus. Porque en esta Latinoamérica, continente concreto donde la personalidad cuenta muchas veces más allá de las fuerzas impersonales y colectivas de la Historia, la Revolución puede que sea algo muy marxista leninista, pero más latinoamericana parece la Rebeldía a lo Albert Camus. La opción vital de Albert Camus, ese “pie cochino” (pied-noir) francoargelino, era ubicarse, como hubiera dicho Karl Jaspers, en el mero centro de la cisura de la experiencia humana, y por ende elegir cotidianamente no cometer seppuku, sin dramatismo pero con pasión, cada día y cada hora. Esto lo decía Camus – entre muchísimas otras cosas - en El mito de Sísifo, y lo mostró descarnado y desnudo en El extranjero. Y qué nos queda en el entre tanto (ese feroz entretanto que es el entretanto existencialista) si no es la rebeldía. Y la rebeldía no se da solamente en lo abstracto. Empieza así El hombre rebelde recordándonos que estamos en el mundo y no en una perfumería ni un convento trapense, escupiéndonos que hay crímenes de pasión y crímenes de lógica, y que desde el instante que el crimen se razona, prolifera como la razón misma, toma todas las formas del silogismo (….) Ayer juzgado, ahora dicta leyes. Y dado el hecho: El propósito de este ensayo es, una vez más, aceptar la realidad del momento, que es el crimen lógico, y examinar precisamente sus justificaciones: esto es, un esfuerzo para comprender mi tiempo. (…) es necesario que se comprenda su culpabilidad. En tiempos de gelatina postmoderna, de fórmulas tipo sopita de enfermo para estómagos metafísicos y débiles, en tiempos donde un hombre que se juega es básicamente un hombre que se quema; reconforta el recuperar textos como éstos, hechos por y para gentes con la mente y el corazón de los maquis. Es que la realidad está ahí, exigiendo, y la rebeldía constituye una ineludible respuesta para un ser humano que se considere vivo.  

El gravísimo problema de la obligatoria lucidez a que esto te obliga es que suele convertirse en un callejón sin salida. El punto desde el cual se ubica uno – entre la ideología y un prudente pragmatismo, entre la pasión y la lógica, tratando de no caerse nunca en ninguna dirección, guardando algún equilibrio – determina y a la vez es determinado y no es posible escaparse de alguna vez no tener razón o no haber sido suficientemente apasionado. La revolución, entonces, se extrema, se nihiliza, y el origen rebelde, suerte de virtud original del movimiento, se pierde, porque vienen el desencanto y el alpinchismo, y el intento desesperado de aterrizar en algún sentido: El tiempo apremia entonces, la persuasión exige el ocio, la amistad una construcción sin fin; el terror sigue siendo, por lo tanto, el camino más corto hacia la inmortalidad. Pero estas perversiones extremas gritan, al mismo tiempo, la nostalgia del  valor rebelde primitivo. El espíritu de la rebelión, jamás satisfecho, siempre exigente, contiene su propia elección moral, su propia y libre ética y su correr particular, su propia manera de empujar la roca de Sísifo. En el choque y conflicto entre la rebeldía individual y la revolución colectiva, más aún con lo colecticio en que termina lo revolucionario, es que empieza a conocerse el asesinato organizado, el nihilismo absurdizado de la reacción y el alpinchismo que esconde la cabeza en el caparazón y capaz acaba con el mundo sólo para que lo dejen en paz. Que hay alpinchismos para adelante como el estalinista, y para atrás como el reaccionario; avances y retrocesos. Y así como puede decirse esto, también podría cuestionarse si se avanza, hacia dónde y desde dónde, y si hay algo así como unas coordenadas no dependientes de la subjetividad. Cómo le hizo Albert Camus para llegar hace tres cuartos de siglo hasta esta preocupación mayor de las mentes auténticamente postmodernas de la actualidad, es para mí un misterio. Pero parece que solamente trataba de comprender la culpa de nuestro tiempo. Y no era inmune a la esperanza: Más allá del nihilismo todos nosotros, desde las ruinas, preparamos un renacimiento. Pero muy pocos lo saben. (…) La rebelión, sin pretender resolverlo todo, puede ya, por lo menos, hacer frente. Misma primavera árabe, mismo Anonymous, mismo Evo, Correa, Lula; mismo Hugo Chávez.

Un link donde encontrar este libro, y bajarlo, es:
http://www.enxarxa.com/biblioteca/CAMUS%20El_hombre_rebelde.pdf

IV

Ética para Amador (Fernando Savater)

Fernando Savater es autor de moda, lo que basa en vivir en esa especie de ecotono entre el ecosistema académico y el de los medios de comunicación. Saber comunicarse no es fácil, tiene mérito hacerlo bien, como vimos con Barylko y con los divulgadores en Ciencia. La divulgación humanística, de la que la filosófica es sólo una parte, presenta más dificultad todavía, porque se necesitan habilidades para guiar a la gente a las ideas en las disciplinas humanísticas, o a la mente de pensadores que tratan de ser sólidos – lo que les puede llevar a ser abstrusos y complejos en la expresión del pensamiento. Estas habilidades las posee Savater, incluso para la Televisión. El problema de la divulgación en Humanidades es que su utilidad no es inmediatamente evidente. El público, y más todavía los superdotados de la televisión, no la ven “entretenida”. Trato de imaginarme como presentaría un canal nacional de televisión basura un programa de Savater, y no lo consigo, sus parámetros son reducidos, parten de muy abajo, sólo compran y venden. Y sin embargo resulta esencial aprender a transmitir habilidades, pues no es tanto el objeto o concepto lo que se aprende, cuanto el modo en que se piensa. Y resulta más fácil de lo que parece. Pero vender a gentes brutas es más fácil que vender a gentes sensatas, entonces para qué hacerse harakiri manejando un sobrecosto inaceptable, si la competencia me come. Y así, a nosotros, sufridos receptores de todo esto, no nos queda más que ir al libro: Fernando Savater tiene el mérito de lograr una obrita sabrosa y sencilla, dedicada a una cuestión actual e importante, la Ética, presentada en una reflexión dirigida a su propio hijo Amador. Ello empata con la preocupación de los papis de entender a su prole – en especial la adolescente, e insuflarle más que sea un simulacro de Valores. Claro que para eso se necesitaría que papis y mamis tuvieran ellos mismos Valores, o por lo menos se planteen el problema, y mucho me temo que nuestro medio no nos prepara para ejercitar la libertad, y menos aún para ejercitar la ética. Basta ver el bajísimo nivel de la discusión política en la última Revocatoria en Lima. Creo a la franca que los adolescentes y jóvenes la tienen mejor que nosotros en esto de la ética, porque ellos honestamente “no saben” y prefieren por ende aislarse del contagio; en cambio nosotros creemos saber, con toda petulancia. En el actual proceso de revocatoria en Lima, se observa en muchísimas personas supuestamente capaces de razonamiento moral una aceptación consciente de las conductas delincuenciales y mafiosas en función del mantenimiento de un determinado orden al que están acostumbrados y que les proporciona seguridad. Los temores y angustias sociales se manejan desde bambalinas, y las decisiones políticas se digitan desde los temores insuflados. No es ética solamente, es también cognición: Nuestra ética social realmente existente se basa en la idea de que "lo bueno" proviene de la opinión de una autoridad – auctoritas iluminada, y que "la verdad” baja de los cielos. Lo curioso para mí es ver cómo ello es tan fácilmente manipulado hacia una chata lógica utilitarista, que hubiera avergonzado a Bentham. Estos nuestros rasgos éticos me llevan a aconsejar a los papis que se lean el libro, y traten de no hacer el ridículo ético-moral con sus pequeños monstruos, en especial cuando empiecen a pedirles cuentas de sus creencias, lo que siempre pasa.   

Decíamos que la Ética para Amador está escrita de modo coloquial, el de un padre que trata de explicarle a su hijo de qué va la ética. Y la lectura atrapa, gracias a una estructura sólida, un lenguaje simple, ejemplos cotidianos, el hecho que Savater sabe de lo que habla, y algunas frases memorables como ¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? Pues no ser imbéciles. De ahí que pueda emplearse incluso en el nivel escolar, aunque de eso no estoy tan seguro, si a PISA nos remitimos. La obra es fiel al desarrollo histórico de la Ética, a la que entiende a la manera clásica como arte del buen vivir (La ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor. Si merece la pena interesarse por la Ética es porque nos gusta la buena vida. Sólo quien ha nacido para esclavo (…) vive de cualquier manera.). Su principal valor a mi ver es que no se arredra en presentar la realidad tal como es, y su reflexión sobre la libertad es digna de ser repetida: Si deseas saber en qué puedes emplear mejor tu libertad, no la pierdas poniéndote ya desde el principio al servicio de otro o de otros, por buenos, sabios y respetables que sean: interroga sobre el uso de la libertad … a la libertad misma. El problema es que estoy casi seguro que debe haber muy pocas personas e instituciones en mi país que puedan firmar esta declaración, que no estén en la desesperación de buscar auctoritas a las que amarrarse y pagarle cupo, que no estén demasiado comprometidos con la contención, el autoritarismo, la manipulación, el poder. Pero es bueno que los que lean usen de este libro para autoeducarse, y educar a sus hijos. Por ello lo recomiendo con tanto calor que ya quema, y espero que todos mis lectores emprenderán eventualmente su lectura, si no lo han hecho ya. Encima, es barato y está difundido, no hay excusa para no leerlo. Y qué tristeza me da que todos estos conceptos favorables a la Ética para Amador no sea posible repetirlos para la Política para Amador, del mismo Fernando Savater. La Política es la continuación social de la Ética, y se imponía un libro sobre ella dirigido a jóvenes, y lo esperábamos. Por desgracia para Savater se cumplió la norma cervantina de nunca segundas partes fueron buenas. Y no porque Savater no haya hecho su tarea o sea menos brillante. La Política para Amador resulta particularmente limitada porque se centra en el desconcierto político europeo, poco vinculado a nuestra realidad. Como texto para introducir a los jóvenes en la Política con mayúscula, es inferior. Puede que en esto yo peque de ver la Política más Ciencia y Arte que Filosofía. Pero estoy seguro que hay mejores textos para introducir a los jóvenes en Política.

(Nota: Acabo de enterarme que Savater acaba de publicar un libro que continuaría la Ética para Amador, la Ética de lo Urgente, o algo así. No lo he leído, no puedo decir nada propio aún, pero las críticas son buenas, aunque no sé de cierto si justificadas, imagino que si el libro es malo o no demasiado bueno, tampoco los críticos lo dirán, Savater se impone demasiado, la mayoría de los críticos no están a su altura y temen faltarle el respeto, como si eso importara. Habrá que leerlo, para uno la única crítica que cuenta es la propia.)

Un link para bajar este libro es:   http://www.educa2.madrid.org/web/educamadrid/principal/files/19bbca30-c7e7-4079-a251-772b5b4e3e6a/Savater+Etica+para+Amador.pdf 

V
Colofón

Solemos confundir la actividad con el corpus del conocimiento. La Ingeniería, la Medicina, la Antropología, dominar el saxofón o manejar un Caza de Combate son cosas tan difíciles como la Filosofía. Pero son entendidas cómo… ahí va … útiles. En ese sentido, la Filosofía no es para ganar plata y consumir a lo bestia. Sin embargo, la reflexión a la filosófica es necesaria, y que la Filosofía esté en las mallas curriculares de las universidades es adecuado. Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. Y reflexiona, es difícil, pero funciona.

La posterior Crónica de Lectura sobre FILOSOFÍA es la siguiente: http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/06/cronicas-de-lecturas-41-filosofia-2.html

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