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martes, 20 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 51: LAS MIL Y UNA NOCHES (4)

Peru Blogs
CRÓNICAS DE LECTURAS – 51
Las Mil Noches y una Noche (4)

I
Las Versiones

Para culminar esta larga Crónica, trataremos de las versiones de Las Mil y Una Noches. Dicen que la compilación de las historias y relatos fue primero, y que la hizo un cuentista persa del siglo IX de la era cristiana, un señor Abu abd-Allah Muhammed el-Gahshigar, pero ello me resulta a mí bien poco probable. Claro que no soy nadie para opinar en estas cuestiones, pero la gran diversidad de las versiones hace poco probable que los cuentos originales cubrieran con precisión esas mil y una noches, a cualquier compilación se le puede hacer crecer así indefinidamente añadiendo cuentos o variando su extensión. Entiendo que compilaciones así debe haber habido, de eso no me cabe la menor duda. ¿Pero Las Mil y Una Noches? Para que Las Mil y Una Noches sean Las Mil y Una Noches necesitan del relato-marco, de Shahrasad y todos sus efectos especiales. Y eso, según se dice, se le añade a la compilación en el siglo XV de la era cristiana. La verdad, esa no me la creo. Es posible, sí, que el origen remoto de las Noches Árabes sea persa, pero si es así es de persas que salmodian Lā 'ilāha 'illā-llāhu Muhammad rasūlu-llāh. (No hay más Dios que el Dio, y Mahoma es su profeta), y que escriben en árabe y no en persa. En todo caso dejo este lío a los especialistas. Lo que sí sabemos es que entre 1704 y 1717 el diplomático francés Antoine Galland traduce y adapta un texto árabe, que pondrá en circulación en 12 tomos con el nombre La mille et une nuits, contes árabes traduits en français, con gran éxito, pues la novelería de la época se pirraba por lo oriental, lo exótico y novelesco, tema de conversación en los Salones de las ridicules de entonces. Testimonio de esto es el paralelo éxito de las Cartas Persas de Montesquieu y los muchos Libros de Viajes de la época. Tan de moda se puso que apareció un compendio hechizo que parodiaba La mille et une nuits, y que no hizo tanta fortuna: Los Mil y Un Días. En inglés surgen en 1713 las Arabian Nights. Entertainments translated from the french, primera traducción al inglés, a la sazón indirecta y anónima. Tras nuevas traducciones relativamente mediocres, surge la germana de Gustav Weil, Tausend und Eine Nach, Arabische Erzählungen; así como la inglesa de John Payne, en 500 ejemplares de circulación privada, con todo su erotismo completo. En Oriente aparecen ediciones en árabe, incompletas o mutiladas como la de Bulaq de 1835, la del Scheij Al-Yemeni de Calcuta en 1814; o purgadas por los jesuitas, como la edición Beirut.

Hablamos en Crónica pasada del problema que enfrentó Richard Burton en su Traducción de 1885 en 16 volúmenes, The Book of the Thousand Nights and a Night, cuyo trabajo es reputado como uno de los mejores, si bien basado ampliamente en el de Payne. Hemos mencionado también al médico sirio-francés, J.C. Mardrus, su edición de 1889 se considera como de gran precisión y elegancia, a pesar que ha levantado muy fuertes críticas. Ambas ediciones, aunque discordantes entre sí y con la de Weil y otras, poseen atributos que las hacen imprescindibles para el estudio especializado. No deja de sorprender que los ocho siglos de convivencia entre hispanos y moros no se reflejaran en una temprana traducción directa al castellano de Las Mil y Una Noches, parece que el colonialismo mental hacía estragos en el siglo XIX español. Hay historias de Las Mil y Una Noches infiltradas en el Siglo de Oro español, llegadas de Italia, pero parece que en una época a nadie le pareció interesante o importante traducirlas. Y como dice Rafael Cansinos en España es donde Las Mil y Una Noches están como en su casa y apenas si nos parecen exóticas. La miríada de términos en castellano que proceden del árabe facilitan la traducción y dan fe que los que vivimos en esta hermosa lengua de Lope y de Unamuno y de García Lorca pensamos y sentimos en parte en árabe. Pero no fue. La primera edición retraduce a Weil en 1841 en Barcelona, y en 1846 se traduce a Galland. En 1916 ruge la guerra en Europa mientras aparece con inmerecidos bombos y platillos la traducción del francés del Mardrus de 1889, por Vicente Blasco Ibáñez. Por fin, en 1954 Rafael Cansinos Asséns hace cuidadosa traducción directa del árabe para la Editorial Aguilar, que es aquella de la que hemos hecho profuso empleo en estas Crónicas. Más no sabemos, pero Alá sabe más.


II
Las penúltimas Historias

Continuamos donde nos quedamos. Ya hablamos de las intenciones apologéticas del Islam, y en este caso el asunto sale de lo exclusivamente religioso para adentrarse en lo ético y moral, aparentemente de la mano de los moralmente muy evolucionados sufíes. La historia del nombre que hurtó la fuente de oro, en la que había comido el perro (Noches 807 a 809) parece escrita por un austero repúblico romano mezclado con un genial Esopo con emoción social, que narra la historia evangélica del rico Epulón y el pobre Lázaro, y es válido incluso hoy: Haces mal en acusar al sino de injusticia. Y si ignoras la causa de tu ruina, yo te la haré saber. Tú alimentabas a tus dogos en fuentes de oro y dejabas a los pobres morir de hambre. Toda una admonición, a mi humilde entender, no solamente para los ricos inconscientes sino incluso para algunos exagerados “animalistas” de hoy en día. En la cacería de amor (Noches 809 y 810) el cazador resulta cazado, vieja manera de hacer reír. Una alusión a la histórica Batalla de Alarcos de la Guerra de Reconquista Española, se halla en la historia de lo que pasó entre Yakub-Ben-Yusuy y el Rey Adfonsch (Noche 812), como en la del guerrero que tomó él solo una ciudad (Noches 812 y 813). Conforme avanzamos hacia el final, la historia promedio – si es lícito así referirnos – es cada vez más corta, ya no hallamos las grandes seguidillas del principio. A algunas historias sobre los hechos de los Jalifas, le sigue la bella e idílica historia del príncipe Yasmin y la princesa Allosa (Noches 818 a 821). Hagamos notar malévolamente que Yasmín es nombre de varón, aunque a Disney no le guste. La historia de la joven Tuhfetu – L – Kulub, jalifa de los pájaros (Noches 824 a 840) nos devuelve a la peculiar combinación de fantasía y realidad, en que aves que hablan, efrits y califas coexisten felizmente y sin contradicción aparente; y donde reina sin oposición la poesía, lo que parece dar pie a las varias historias de poetas que le siguen, entre la que destaca la de Find, el poeta, y sus dos hijas guerreras Ofairah Schemsún y Hozailah Budur (Noches 846 y 847). A estas le siguen historias de amores platónicos, santos islámicos, ascetas y sabios, entre los que destaca el proverbial Lokmán (Noche 858), más Ben-Sadet el elocuente y Sibuyet el gramático. Shahrasad parece a estas alturas remachar la curación de Shahriar a través de historias que narran el punto de vista de las mujeres, mostradas en sus distintas facetas. En los maridos juzgados por sus mujeres (Noches 861 y 962) presenta incluso un tribunal de éstas presidido nada más y nada menos que por Aischa, última esposa de Mahoma, sea sobre él la paz. Vienen más historias de mujeres, entremezcladas con otras, hasta llegar a la caballeresca historia singular del príncipe Almas (Noches 872 a 885).

Más anécdotas edificantes de una o dos noches de duración se suceden. El histórico y muy conocido Sultán de Mizr o Egipto, Selahu – D – Din (más conocido en Occidente por su transliteración Saladino), contemporáneo y rival del Rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León en la Tercera Cruzada, tiene su historia en las Mil y Una Noches: El fel-lah mizriano y sus hijos blancos (Noches 891 a 894), que traspone al terreno erótico las luchas de esta Cruzada, marcando en la conquista y conversión de la mujer franca la indudable victoria sarracena. Vuelta  a lo fantástico – reyes, pescadores, efrits – en las Noches 894 a 910 (historia de Jalifa y El Jalifa), y a las pequeñas historias de un par de noches o menos de duración, lo que quizá atestigua que Shahrasad está más relajada y tranquila y ya no necesita desplegar tan prolijas habilidades como las que hasta ahora ha mostrado. A estas alturas probablemente ella se divierte tanto como el soberano al que según parece ya ha curado de su mal de misoginia. Pero por si acaso y por las dudas se vuelve a relatos sobre la acción de los soberanos del siglo en la sociedad, su intervención para establecer la justicia, con más apariciones del Califa Harunu – R – Raschid y más de la literatura caballeresca y picaresca, combinada un tanto sin orden ni concierto, o en todo caso con un orden y concierto interiores y no inmediatamente evidentes, en particular considerando que por su mismo carácter las Mil y Una Noches puede abrirse desde cualquier página, la famosa lectura digital a la que en alguna otra Crónica nos hemos referido. Pero dejándonos llevar por la lectura entre líneas que en árabe es perfectamente pertinente, notamos que el orden y calidad de las historias podrían corresponder a las etapas de la terapia del soberano a quien se le han estado administrando estos relatos como píldoras.         

III
Más penúltimas Historias y el Elogio del Libro

Conforme se avanza hacia el final de las Mil y Una Noches, los relatos de Shahrasad se van adentrando cada vez más en el género de los consejos para los reyes, recordándonos sutilmente que después de todo la hermosa Shahrasad es hija de un Gran Visir, y por otra trayéndonos a la memoria otros textos de este género como Los Castigos del Rey de Mentón, de la literatura caballeresca occidental. No de otro modo podemos entender historias como la del tesoro sin fondo (Noches 930 a 935), dirigidas a perfeccionar el gobierno mundano de los Califas y Sultanes, en una suerte de formación para la gobernabilidad y la gobernanza dignas de nuestro siglo. Como todo en las Mil y Una Noches va combinado, hallaremos más Rosas y Versos (Noches 935 y 936), esta vez dedicados al poeta Ishak-Ben-Ibrahim de Mosul, versado en flores: Dióme una rosa mi amada / y, al dármela, así me dijo / - Haz cuenta que mis mejillas / te ofrezco, amado mío. Una urgenciada versión de la Esfinge, mejorada con la sutil presencia de noventinueve cortadas cabezas de pretendientes fracasados, es enseñada en la historia del hijo del rey y la soberbia princesa (Noches 936 a 939), que nos muestra como las viejas historias adquieren extrañas formas cuando atraviesan el tiempo. Los Dichos Memorables de los Sabios que escribieron sobre temas diversos, en especial Las señales de amor (Noches 939 a 941) siguen a ésta, continuando así el proceso de aprendizaje al que Shahriar está sometido, en verso, por supuesto: ¡Qué caprichosa y qué extraña / es la mujer que yo adoro! / Si me ve que río, llora / y ríe cuando yo lloro. / En llevarme la contraria / parece cifrar su gozo; / es como una yegua loca / que, abandonada a su antojo / corre ligera y, en cambio / corta sus vuelos de pronto, / cuando el jinete la hostiga, / incitándola al retozo.

No dejaremos pasar así nomás esta historia de las noches 941 y 942, un hermoso Elogio del Libro que nos permitimos reseñar sin más ceremonia, porque dijo un sabio: Es el libro el mejor compañero en los ratos de soledad y el mejor de los amigos cuando en tierra extraña somos peregrinos. Y el mismo sabio abundó más aún, demostrándonos que el aprecio por la palabra escrita ha atravesado los siglos y hermanado a los hombres: Pues el libro es al mismo tiempo árabe y persiano y de Al-Hind y de As-Sind y rumí. Y además es tumba de secretos y lonja de depósitos y broche de las ciencias, y fuente de juicio y mina de generosidad y nobleza e incansable compañero que no se entrega al sueño. Y por ende, tras estas y otras enumeraciones descriptivas que nos muestran la bondad y carácter del libro, nos recomienda: Honra, pues, al libro y trátalo con todo mimo. Y me pregunto si esto no compensa y/o contradice ampliamente esa anécdota que no sabemos si será cierta, del Califa Omar quemando la Biblioteca de Alejandría (Si (los libros) dicen lo mismo que el Corán, son inútiles; y si no, son perniciosos), anécdota que me suena a mentirosa guerra psicológica de los cristianos, culpables desde antes de los tiempos de Hipatia de Alejandría de un frenesí destructivo que atacaba el paganismo, al que igualaba con el saber y el conocimiento y la belleza. Me cuesta creer que un Califa de la misma estirpe que Selahu- D –Din, Harunu - R- Raschid y los sabios gobernantes del Al-Andalus, que construyeron Bibliotecas y rescataron a los griegos y trajeron al Bárbaro Occidente los números de la India y la geometría de Euclides, que tradujeron y comentaron a Aristóteles, hayan sido culpables de lesa cultura. Pero no olvidemos tampoco que árabe es este verso: Alguna vez me preguntan / qué he sacado de esta vida / yo que no gozo de ella. / Y yo contesto en seguida: / - Pues un poco de escritura / y algunas pocas de rimas. / Ahí tenéis todo lo que / atesora mi valija. Y dijo aún otro poeta: La suerte al ignorante / se place en proteger / y en cambio al hombre docto / lo trata con desdén / Recorre los mercados / del mundo y podrás ver / que el más pobre de todos / el de los libros es. Pero es Alá, sin duda alguna, el más sabio, y está por encima de nuestra voluntad.

IV
Las últimas Historias, y dos Broches de Oro

Tras varias noches dedicadas a elevar la sabiduría, entre ellas la que trata de la polémica ya por entonces encendida y de ningún modo terminada hoy en día entre Educación y Naturaleza (Noche 942), y en que el espíritu práctico de los árabes encuentra aplicación en el servicio a la justicia (Historia del culpado inocente – Noches 946 a 948), vienen más anécdotas edificantes, alguna que otra de origen talmúdico pero la mayoría sufíes, e incluso algunos relatos que más parecen deberle a la provocada sabiduría de los comedores de Hachísch que a la de los escritores y lectores de libros. De todo hay en la viña de Alá, según se ve en la compleja y complicada historia del hijo adulterino (Noches 951 a 956, prolongada a la 972), que por cierto está en la versión de Mardrus y en ninguna otra, y por eso parece que podemos sospechar algo de su canonicidad, ya sabemos que Mardrus usó de la tradición oral de manera que podría juzgarse abusiva. Por otra parte ya pareciera que Shahrasad – o el escritor o escritora que asume su lugar y espacio -  tratase de completar un poco a la mala la cifra mágica de las Mil y Una, y no podemos culpar a los autores y/o recopiladores de intentar hacerlo un poco con calzador, que encajar historias en un rosario predeterminado no es nada fácil y requiere no solamente de talento sino de ciertas virtudes más éticas, porque las historias con las que complementar el número (o las sobrantes que hay que sacar, no lo sabemos de cierto) no pueden parecer artificiales. Pero si ya llegaste hasta aquí, lector, perdonarás que los relatos escapen algo del canon y el estilo, todos queremos ver a Shahrasad tener éxito. Y así, tras anécdotas sobre talismanes y milagros, y otros relatos por el estilo de los que ya estamos acostumbrados, llega el primero de varios broches de oro, una de las historias que más ha impresionado la imaginación de todos los pueblos en todos los tiempos: la historia de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones (Noches 980 a 989) que no, no es profecía referente a los tiempos modernos ni a la honradez de los políticos de hoy, aunque así lo parezca por analogía con las bandas que se apropian de los dineros públicos y los meten en cuentas con contraseñas más difíciles de quebrar que el Ábrete Sésamo.

Ambientada en el Fars persa, hay varios temas sugeridos a lo largo de todas las noches anteriores, aunque sintamos que algo le falta para ser compendio de todas ellas. Pero sin duda está el tema de la envidia entre los hermanos Kasim y Alí Babá, y mencionemos de paso que esta casi última historia del Libro es la primera que Peter Barnes hará narrar a Shahrasad en su película, aunque a mí no me guste que un guionista de hoy le enmiende la plana a la sin par princesa. Es verdad que el estilo narrativo denuncia autoría y estilo asaz diferentes de los que hasta ahora han presidido nuestra obra, pero nada pierden con ello las Mil y Una Noches, capaces de asimilar esto y mucho más: ¡Loado sea Alá, que hizo entrar en nuestra casa los bienes mal adquiridos por esos cuarenta bandidos (…) volviendo así lícito lo que era ilícito! ¡Es verdad que Alá es el Generoso, el Liberal! El eterno elemento del equilibrio en la Justicia está presente y le da encanto a este relato donde se trata de enseñar entre otras cosas cómo se administran los bienes de acuerdo a los preceptos del Corán. Inclúyese acá la historia de las cuarenta tinajas, cada una con su respectivo ladrón, y si esperas, lector, que te lo cuente todo, esperarás sentado, cierra mejor esta pantalla, anda al libro y léelo, ese es el verdadero tesoro escondido. Por que no son las riquezas loque cuenta en este relato sin par, sino el tesoro que hay en la lealtad y la astucia de Nuru – l – Leila, mi tercer personaje femenino preferido tras Shahrasad y el hada Pari-Banu. Gloria a Aquel que da sin cuenta a los humildes de la Tierra.

Pocas Noches quedan ya. Tras pocas historias que no desentonan, destinadas a completar número, acábase con la historia de la Princesa Deryabad (Noches 996 a 1001), metida en la de Judadad y sus hermanos, y destinada a lo que parece a dotar de prestada voz a Shahrasad: Esa desventurada princesa soy yo. Y en la conclusión final de Las Mil y Una Noches, dícese que en los intermedios de estas Historias, esos silencios a los que nos referimos Crónicas ha, en los que pasa más que en las Historias narradas, Schahrasad dióle tres hermosos hijos a Schahriar: ¡Ye Rey de los Tiempos y perla sin par de edades y épocas! Tu esclava soy y mil y una noches llevo ya contándote historias de los antiguos y ejemplos y advertencias de los que nos precedieron (…) Estos son tus hijos y por ellos pido que me eximas de la muerte odiosa (…) // Rompió el rey a llorar, al oír aquello, y, cogiendo a sus hijos, los estrechó contra su pecho, diciendo: ¡Ye Shahrasad, por Alá que antes que estos hijos vinieran al mundo ya yo te había perdonado la vida (…)!

Y esto es todo lo que ha llegado hasta nosotros sobre el origen de este libro, y Alá es sapientísimo.
 
V
Colofón

Para terminar, dos cosas: No se trata de leerse todas las Noches al destajo y de un solo queco, no es ni conveniente ni agradable. Yo me sé que desde que tengo Las Mil y Unas Noches me las leí todas seguidas solamente una vez, más bien las he releído bastante porque aguanta perfecto abrirla en cualquier parte y disfrutarla, esa es la forma de leer que se le acomoda. Y en segundo lugar te doy este enlace que he encontrado, ye lector: 

Ahora tratemos de vivir entre delicias y perfecta dicha, hasta que llegue a visitarnos la Destructora de los goces del mundo y la Constructora inexorable de sepulcros.

Selam! ¡Y la paz! 

Esta Crónica viene desde el siguiente link:
http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/08/cronicas-de-lecturas-50-las-mil-y-una.html

miércoles, 14 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 49: LAS MIL Y UNA NOCHES (2)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 49
Las Mil Noches y una Noche (2)

I
Las Visiones del Pasado

En pocas cosas como en Las Mil y Una Noches se puede distinguir mejor los resultados de la ambigüedad, la neblina y las mezclas, mezcolanzas y combinaciones que el tiempo opera sobre las obras literarias. En mi fuero de profesor de Historia distingo el pasado como una suerte de pantalla bidimensional, a despecho de las posibilidades que otorga la visión binocular propia de nosotros los primates. Pero la mente no ve igual que los ojos, no vemos el Pasado sino la Visión del Pasado, los sucesos difuminan sus contornos con el tiempo, se entremezclan en la distancia, para verlos bien necesitamos acortar la distancia, precisamente lo que no podemos hacer desde que el tiempo se nos da unidireccional y unidimensional, lo que significa que lo que ganamos en perspectiva lo perdemos en resolución y, como en los cuadros de Seurat, vemos verde lo que es azul y amarillo yuxtapuestos. Cuando miramos hacia el pasado entra así en acción una suerte de principio de indeterminación: Que un recuerdo se nos vuelva Historia implica que pierde ángulos y aristas, y hasta del rostro más querido nos quedará sólo la sensación de la mirada y quien sabe un arqueo de cejas. Renunciamos a la exactitud del pasado, porque para decir la historia no precisamos de exactitud, y así me quedo con lo que me quedo, a veces a punta de las razones aquellas que la razón no comprende. Y es así también con los pueblos, la literatura, las consejas, la múltiple personalidad colectiva. Imaginemos una Historia cualquiera, digamos la de As-Simbad, o la de Alí Babá, no nos interesa conservar de ellas la dirección del viento o la estructura social de Bagdad. Marineros y leñadores ha habido desde el principio del tiempo, la mayoría de ellos vivió vidas anodinas y vacías, o murieron “antes” y no quedó nada qué evocar de ellos. El rostro que evocamos lo evocamos “como queremos”. Tal vez para nosotros el rostro de los incontables leñadores y marineros sean los de Alí Babá y de As-Simbad.

Por eso entiendo a ese médico sirio Mardrus, que aunque escribe y publica en francés, piensa y siente las Mil y Una Noches en árabe y por eso siente que es pertinente – y algo fraudulento quizá, pero qué importa – “mejorar” las Historias de los manuscritos apelando a la tradición oral que escucha en los puertos, tabernas, calles y zocos de Oriente. Por eso entiendo al grande Richard Burton, genial viajero británico, cuya ruta vital me produce envidia (no soy el único, el autor de Ciencia Ficción Philip José Farmer lo convierte en un personaje principal de Mundo Río y sus secuelas) cuando declara con suficiencia haberlo visto y oído todo. Y por eso entiendo también al primero de todos, al diplomático Galland, que fue el que se trajo las Mil y Unas Noches a Occidente, empezando por Francia, allá en el Siglo XVIII. Y como la visión de las cosas hoy en día suele ser dependiente de la cultura de la pantalla en la que vivimos, es permitido hacernos imágenes, que se plasman en un ecran: La muy larga película Las Mil y Una Noches Árabes (Link:  https://www.youtube.com/watch?v=TAlYSO-iR_U ) de Steve Barron con un guión algo desmayado y “modernizado” de Peter Barnes, y la actuación de Alan Bates y Tcheky Karyo; tiene como aporte el mostrar la tensión del desequilibrio mental del monarca, y una Shahrasad quizá más parecida a una princesa del Medievo europeo, pero en fin. Hay, por otra parte, una obra fílmica muy personal dirigida y escrita por Pier Paolo Pasolini, Las Mil y Una Noches, que me gusta mucho más aun siendo mucho menos ambiciosa, y es que tal vez está más pegada a una lectura personal del universo cultural árabe, y la sensibilidad de Pasolini hace las cosas más fáciles: Su link es el siguiente: https://www.youtube.com/watch?v=BSeN3DO0heE. Suerte, y recuerda que ni este libro en su original ni las películas son para niños. Y que Alá te acompañe.

II
Más Historias de las Mil y Una Noches

Me había quedado cuadrado en las primeras cien Noches. Sigo: La triste y patética historia de Asís y Asisa (noches 104 a 120) se ha reproducido por fuera de las Mil y Una Noches incontables veces. Asisa no sería muy popular hoy día, pues representa el amor incondicional y no correspondido, pues el tal Asis es una bala perdida, y el eterno perdón que le acuerda Asisa no solamente no se lo merece, se merece todo lo malo que le pase. Hoy en día Asisa no recibiría felicitaciones, más bien se la acusaría de masoquista. Sin embargo esta es una historia de amor incondicional como hay pocas, de sacrificio y generosidad sin límites. Nos podemos consolar, menos mal, pensando que Asís terminará de eunuco, llorando la ausencia de Asisa como de aquello que a los varones nos hace sentir inmerecido orgullo. Siguen historias más reilonas, simples y relajadas, como para atemperar el patetismo de la historia de Asís y Asisa, cortas fábulas de animales e historias de ermitaños. Más amores contrariados por diversos motivos siguen en la historia de Alí-Ben-Bekkar y Schemsu-N-Nehar (noches 138 a 147) y la historia del Rey Kamaru - S – Semán y del rey Scharahmán (noches 148 a 176). Hay cierta gradación, por poco que se mire, en las Mil y Unas Noches, que nos hace saber que su canon original – si alguno tuviera – ha debido estar ordenado un poco al estilo de la antigua literatura de la India, en la que puede reconocérsele un antecedente. Nos preguntamos cómo habrá sido esta obra antes que sus divulgadores hayan metido mano en ella. En fin. Continúan las historias de amores contrariados por la separación o la pasión desenfrenada de los príncipes según esquemas clásicos, como la de Nam y Nima  (Noches 176 a 184), y Alá – D – Din Abu-Schamat (Noche 184 a 201). No confundir a este Aladino con el Aladino clásico de la lámpara, que ya llegará. Los nombres árabes merecen mención, todos tienen significados acordes a las historias que se cuentan, y por cierto ni más ni menos que en castellano, con la salvedad que nosotros nos hemos olvidado que Fortunato es afortunado o los significados de nombres como Diosdado, Félix o Adolfo. Alá – D – Din significa, por ejemplo, Excelsitud de la Fe.

A manera de puntuación entre historias de gran extensión podemos encontrar digresiones históricas, ya vimos antes que también fábulas o cuentos más o menos estereotipados, lo que obedecería a la intención del autor de indicar cómo Shahrasad le cambiaba los temas a Shahriar de acuerdo a sus cambios de humor, u obedeciendo a la lógica de la curación del alma. Tampoco es de olvidar que el telón de fondo de estas historias es la amenaza de muerte que pende sobre el cuello de Shahrasad al momento que se le acabe la inventiva, lo que nos da una idea de cómo la intriga se podía instalar en las Noches Árabes. Y así encontramos incluso referencias a la conquista de España (noches 202 y 203 – historia referente a algunas ciudades del Al-Andalus, que conquistó Tarik-ben-Siyad) y la reaparición del andariego Califa Harunu-R-Raschid en las noches 204 a 208 con historias de proverbial justicia y con las acostumbradas historias dentro de historias, que alejan el cuello de Shahrasad del alfanje del verdugo y que sirven a la hermosa cuentacuentos a modo de contra-transferencia espetada a Shahriar: Sólo moriré a tus manos si Alá así lo dispone. Este fondo de Fe fatalista está presente en historias como la de Abu-Mohammed –L – Kaslas y Ar-Raschid (noches 211 a 218), como en el convencimiento de que nada le está vedado al poder de Alá, incluso el cambio de sexo para que la esclava Sumurrud pueda ser rey en país exótico, un cambio de roles no muy sutil con el amado (Noches 218 a 229 – historia de Alí Schar con Sumurrud la esclava), que da pie a graciosos intercambios verbales, llenos de alusiones poéticas picarescas. Caprichos de mujeres en la historia de Budur, la hija del joyero (Noches 229 a 234) y la historia de las jóvenes de diferente color (Noches 234 a 238) parecen sentar derechos para las mujeres, aunque es fácil imaginar el entrecejo fruncido del misógino monarca, con lo que Shahrasad tórnase a las pecadoras mujeres de Mizr (Egipto), famosas por su promiscuidad y lascivia, como diciendo que después de todo las hay peores, como en la historia de Uardán el carnicero (noches 238 y 239), la de la Incontinencia en la mujer y el modo de curarla (Noches 239 y 240) y la más sutil y romántica de Anisu-L-Uchud (Noches 249 a 258).

III
La Poesía de los Árabes

Vale la pena detenernos unos segundos en la muchísima poesía suelta por las Mil y Una Noches. No parece sino que los árabes, así en general, buscaban el momento para intercalar versos en toda conversación cotidiana sobre cualquier tema, y tal momento era todo el tiempo, tanto en los palacios donde se producía la carrera de ratas de la cortesanía; como en las calles, zocos, plazas y hogares más humildes. Todo el mundo hace poesía, todo el mundo versifica, porque la lengua árabe parece prestarse particularmente a dicha posibilidad. Las poderosas raíces orales de la tradición poética fomentan la improvisación, quizá un tanto más que todas las demás poesías del mundo. Después de todo, lo que nos gusta de la poesía es que suene bonito. Aún traducida la poesía árabe posee un sonido particular, tal vez por los siglos que árabes y castellanos convivimos como hermanos enemigos: De unos ojos hirióme / la aguda flecha / y desde entonces tengo / yo el alma enferma / Yo no pensaba / que amor matar pudiera / con la mirada (Noche 140) o también Oró y su oración fue oída; / perdonó Alá al pecador/ y que su gracia le daba / claramente le mostró / al enviarle la muerte / según ella le pidió (Noche 886). Ocho siglos de convivencia de moros y cristianos no es moco de pavo, algo se contagiaron unos a otros, el romance español no salió del aire. Y que con la poesía se puede también contar historias, se ve en esta deliciosa historia de amor de dos niños en una de las escuelitas que en el mundo árabe impartían las primeras letras: véase la noche 544, la historia de los dos parvulillos enamorados, donde él escribe en una tablilla que le muestra a ella: ¿Qué dirías tú de quién peligro corre / de morir por la fuerza de su amor?; y ella – una esclavita - le responde escribiendo del mismo modo: Si a un amante verdadero / por su amor vemos sufrir /  forzoso es correspondamos / a sus ansias con un sí. Claro que aquí el maestro de escuela al revisar la tablilla mete la cuchara y escribe en la misma: A tu amante consuela y sus temores / disipa, pues lo ampara la locura / dile que nada tema del maestro / que antes que él pasó por su amargura. Por último, en este diálogo escrito se mete el amo de la esclavita, que al leer la dicha, saca la pluma y añade de su coleto: ¡Que Alá os perdone y os una / como vuestro amor merece! / Pero ¡hay que ver el maestro / qué grandísimo alcahuete!  

La poesía árabe es muy antigua, las antiguas mohalalas del santuario (moal-lakats), que menciona Jorge Luis Borges en sus cuentos son de origen preislámico, y se escribían en los tapices que rodeaban la Piedra Kaaba desde mucho antes que ésta se dedicara en exclusiva a Alá, el Clemente, el Misericordioso. Los árabes guardaron así la obra de sus grandes poetas del tiempo de la ignorancia (anterior al conocimiento de Alá que el Profeta Mahoma, Bendito sea su Nombre, llevó a los Verdaderos Creyentes). Los temas son clásicos: El amor en todas sus etapas, el ardor guerrero, la pasión que despierta el conocimiento y adoración del Dios Único, la separación nostálgica y la ausencia de la ciudad y la tierra natal, que en toda la poesía y en todos los poemas hay siempre un sutil, o no tanto, recordatorio del maktub, el famoso fatalismo árabe. También los estudiosos distinguen, en especial en la poesía miliunanochesca más elegante y elaborada, el poderoso influjo de otra raza de poetas, la de los persas, que no por nada tienen para poner en la cancha a Firdusi y Khayyam. No parece que en el árabe exista rima externa, y aunque hay pocas cosas en las que sea yo mismo tan lamentable y profundamente ignorante, según me parece – y puedo estar muy equivocado - toda rima en árabe es interior, es decir, depende más de la métrica y del ritmo que de la repetición de ciertos sonidos ubicados en ciertos sectores de la oración, como nuestra rima. El apogeo poético árabe corresponde al florecimiento de los califatos abasí y omeya, en los primeros siglos de la Hechra, en particular durante el reinado y gobierno de nuestro ya conocido Califa Harunu-R-Raschid.    

IV
Continúan las historias: As-Simbad y más

Hemos visto ya que las historias parecen tener un cierto sentido, que fácilmente se indistingue o cambia según los compiladores. Entre los grandes ciclos de cuentos referidos a temas y personajes determinados hay historias cortas, algunas muy notables, como la del prior del convento que se volvió musulmán (noches 265 y 266), que evidencia la potencia misionera y catequista del Islam en el entorno de religiones cruzadas del Creciente Fértil, en el cambio de nombre del prior del Convento de Diru-L-Anwar (Convento de las Luces) de Abdu-L-Mesij (Siervo del Mesías) a Abdu-L-Lah (Siervo de Alá). La historia de Tauaddud, la esclava (noches 269 a 280) parece ser un recordatorio a Shahriar que las mujeres pueden ser hermosas e inteligentes, y a la vez leales y sinceras. Un conjunto de cortas historias edificantes un poco al estilo del Talmud, de quien algo se inspira, puntúan esta parte antes de la historia de Chanischah (Noches 295 a 316) donde tras el realismo de las historias pasadas se equilibra la cosa con una fantasía desaforada de princesas-pájaro y más fauna fantástica relacionada con las historias de caballería, que será Introducción al ciclo de historias de As-Simbad, el Marino (noches 317 a 334), donde se compara el diferente sino de dos hombres que comparten el nombre As-Simbad, uno pobre cargador de puerto y el otro marino enriquecido. El cargador laméntase de su suerte de manera forzadamente ortodoxa, y por supuesto en verso: Oh, qué diferencia va / de mí a aquel que, dichoso, / se solaza entre delicias / y vive en completo ocio / (…) / ¿Por qué, si de barro Alá / sin distinción hizo a todos, / ha de haber diferencia / contraste tan asombroso / entre criatura y criatura / (…) / Pero, en fin, cierra tu boca; / póstrate ante Alá, piadoso / que Alá es justo y es sabio / y es equitativo en todo. El Marino le hace llamar y le pide recite de nuevo el verso (No te avergüences, hermano) y luego cuenta su historia y la de sus Siete Viajes, pues lo cierto es que antes de llegar a este lugar hube de pasar muchos trabajos y de verme en grandes aprietos, apuros y sobresaltos. Y aquí te lo dejo, lector, anda a las Mil y Una Noches y léelo, que las historias de Simbad que leímos de niños, y los filmes que se le han hecho no le hacen nada de justicia a la narración original.

Comntinúanse las historias inspiradas en el Talmud y la figura de Soleimán (Salomón) y los genios encerrados en botellas (noches 335 a 343), y de vuelta las historias que tratan de engaños y marrullerías de las mujeres (Noches 344 a 365), como para equilibrar lo anterior. No podemos menos que admirar el tira-y-afloja narrativo, el equilibrio que Shahrasad impone, porque, ¿quién mejor que la encantadora cuentacuentos para narrar las marrullerías femeninas y sacarles ortodoxa moraleja? La princesa, sin embargo, se mueve rápido, y antes de fomentar siquiera la sombra de una idea homicida en su misógino y real marido, lo deriva a los problemas familiares (historia de Chúder, el hijo del mercader Omar, y sus dos hermanos, Noches 365 a 380) y de vuelta a los cortos cuentos de amor romántico, algo al estilo de los del posterior Decamerón de Boccaccio, como para introducir la picaresca de Ahmedu-D-Danaf y Hasán Schumán con Dalila, la ladina y Seineb, la trapisondista, su hija (Noches 387 a 405). El problema que afronta Shahrasad es el de las moralejas y enseñanzas de sus historias,no siempre convenientes, y por eso de cuando en vez es bueno darse un baño fantasioso, en especial si se roza lo escandaloso y hay ropa tendida. Así, en las noches 406 a 421 (historia del casamiento del rey Bedr Basim Ben-Scharahmán con la hija del rey Samandal) y 422 a 437 (Historia del príncipe Sefu-L-Muluk y Bedîetu-Ch-Chemal) tienen lugar amores entre personas y seres marinos fantásticos al estilo de las sirenas occidentales, por supuesto enredados en historias de caballeros andantes. El estilo épico, siempre sugerido, a veces se hace cargo de la historia, como en el ciclo de Hasán, el joyero de Bazra (Noches 437 a 465), en el que confluyen, al decir de recopiladores y expertos, viejas tradiciones persas y sánscritas de cierta semejanza con los viajes de As-Simbad, aunque éste se circunscribe a la geografía real, y Hasán más bien a una de fábula, donde destacan las islas de Al-Uaku-L-UIak, que se dice serían al archipiélago japonés, donde viven las mujeres-cisne. Y en este punto: ¡Loado sea Alá, que posee el reino y la realeza y vive eternamente y perdura y no muere!    

V
Colofón

Como decía, estas Crónicas Miliunanochescas me dan un delicioso trabajo que hasta ahora no lamento para nada.Ya sabes, lee lo que quieras: Ya llega, ya viene … la Crónica que sigue.


Viene de Las Mil y Una Noches (1) en el link:

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