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martes, 20 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 51: LAS MIL Y UNA NOCHES (4)

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CRÓNICAS DE LECTURAS – 51
Las Mil Noches y una Noche (4)

I
Las Versiones

Para culminar esta larga Crónica, trataremos de las versiones de Las Mil y Una Noches. Dicen que la compilación de las historias y relatos fue primero, y que la hizo un cuentista persa del siglo IX de la era cristiana, un señor Abu abd-Allah Muhammed el-Gahshigar, pero ello me resulta a mí bien poco probable. Claro que no soy nadie para opinar en estas cuestiones, pero la gran diversidad de las versiones hace poco probable que los cuentos originales cubrieran con precisión esas mil y una noches, a cualquier compilación se le puede hacer crecer así indefinidamente añadiendo cuentos o variando su extensión. Entiendo que compilaciones así debe haber habido, de eso no me cabe la menor duda. ¿Pero Las Mil y Una Noches? Para que Las Mil y Una Noches sean Las Mil y Una Noches necesitan del relato-marco, de Shahrasad y todos sus efectos especiales. Y eso, según se dice, se le añade a la compilación en el siglo XV de la era cristiana. La verdad, esa no me la creo. Es posible, sí, que el origen remoto de las Noches Árabes sea persa, pero si es así es de persas que salmodian Lā 'ilāha 'illā-llāhu Muhammad rasūlu-llāh. (No hay más Dios que el Dio, y Mahoma es su profeta), y que escriben en árabe y no en persa. En todo caso dejo este lío a los especialistas. Lo que sí sabemos es que entre 1704 y 1717 el diplomático francés Antoine Galland traduce y adapta un texto árabe, que pondrá en circulación en 12 tomos con el nombre La mille et une nuits, contes árabes traduits en français, con gran éxito, pues la novelería de la época se pirraba por lo oriental, lo exótico y novelesco, tema de conversación en los Salones de las ridicules de entonces. Testimonio de esto es el paralelo éxito de las Cartas Persas de Montesquieu y los muchos Libros de Viajes de la época. Tan de moda se puso que apareció un compendio hechizo que parodiaba La mille et une nuits, y que no hizo tanta fortuna: Los Mil y Un Días. En inglés surgen en 1713 las Arabian Nights. Entertainments translated from the french, primera traducción al inglés, a la sazón indirecta y anónima. Tras nuevas traducciones relativamente mediocres, surge la germana de Gustav Weil, Tausend und Eine Nach, Arabische Erzählungen; así como la inglesa de John Payne, en 500 ejemplares de circulación privada, con todo su erotismo completo. En Oriente aparecen ediciones en árabe, incompletas o mutiladas como la de Bulaq de 1835, la del Scheij Al-Yemeni de Calcuta en 1814; o purgadas por los jesuitas, como la edición Beirut.

Hablamos en Crónica pasada del problema que enfrentó Richard Burton en su Traducción de 1885 en 16 volúmenes, The Book of the Thousand Nights and a Night, cuyo trabajo es reputado como uno de los mejores, si bien basado ampliamente en el de Payne. Hemos mencionado también al médico sirio-francés, J.C. Mardrus, su edición de 1889 se considera como de gran precisión y elegancia, a pesar que ha levantado muy fuertes críticas. Ambas ediciones, aunque discordantes entre sí y con la de Weil y otras, poseen atributos que las hacen imprescindibles para el estudio especializado. No deja de sorprender que los ocho siglos de convivencia entre hispanos y moros no se reflejaran en una temprana traducción directa al castellano de Las Mil y Una Noches, parece que el colonialismo mental hacía estragos en el siglo XIX español. Hay historias de Las Mil y Una Noches infiltradas en el Siglo de Oro español, llegadas de Italia, pero parece que en una época a nadie le pareció interesante o importante traducirlas. Y como dice Rafael Cansinos en España es donde Las Mil y Una Noches están como en su casa y apenas si nos parecen exóticas. La miríada de términos en castellano que proceden del árabe facilitan la traducción y dan fe que los que vivimos en esta hermosa lengua de Lope y de Unamuno y de García Lorca pensamos y sentimos en parte en árabe. Pero no fue. La primera edición retraduce a Weil en 1841 en Barcelona, y en 1846 se traduce a Galland. En 1916 ruge la guerra en Europa mientras aparece con inmerecidos bombos y platillos la traducción del francés del Mardrus de 1889, por Vicente Blasco Ibáñez. Por fin, en 1954 Rafael Cansinos Asséns hace cuidadosa traducción directa del árabe para la Editorial Aguilar, que es aquella de la que hemos hecho profuso empleo en estas Crónicas. Más no sabemos, pero Alá sabe más.


II
Las penúltimas Historias

Continuamos donde nos quedamos. Ya hablamos de las intenciones apologéticas del Islam, y en este caso el asunto sale de lo exclusivamente religioso para adentrarse en lo ético y moral, aparentemente de la mano de los moralmente muy evolucionados sufíes. La historia del nombre que hurtó la fuente de oro, en la que había comido el perro (Noches 807 a 809) parece escrita por un austero repúblico romano mezclado con un genial Esopo con emoción social, que narra la historia evangélica del rico Epulón y el pobre Lázaro, y es válido incluso hoy: Haces mal en acusar al sino de injusticia. Y si ignoras la causa de tu ruina, yo te la haré saber. Tú alimentabas a tus dogos en fuentes de oro y dejabas a los pobres morir de hambre. Toda una admonición, a mi humilde entender, no solamente para los ricos inconscientes sino incluso para algunos exagerados “animalistas” de hoy en día. En la cacería de amor (Noches 809 y 810) el cazador resulta cazado, vieja manera de hacer reír. Una alusión a la histórica Batalla de Alarcos de la Guerra de Reconquista Española, se halla en la historia de lo que pasó entre Yakub-Ben-Yusuy y el Rey Adfonsch (Noche 812), como en la del guerrero que tomó él solo una ciudad (Noches 812 y 813). Conforme avanzamos hacia el final, la historia promedio – si es lícito así referirnos – es cada vez más corta, ya no hallamos las grandes seguidillas del principio. A algunas historias sobre los hechos de los Jalifas, le sigue la bella e idílica historia del príncipe Yasmin y la princesa Allosa (Noches 818 a 821). Hagamos notar malévolamente que Yasmín es nombre de varón, aunque a Disney no le guste. La historia de la joven Tuhfetu – L – Kulub, jalifa de los pájaros (Noches 824 a 840) nos devuelve a la peculiar combinación de fantasía y realidad, en que aves que hablan, efrits y califas coexisten felizmente y sin contradicción aparente; y donde reina sin oposición la poesía, lo que parece dar pie a las varias historias de poetas que le siguen, entre la que destaca la de Find, el poeta, y sus dos hijas guerreras Ofairah Schemsún y Hozailah Budur (Noches 846 y 847). A estas le siguen historias de amores platónicos, santos islámicos, ascetas y sabios, entre los que destaca el proverbial Lokmán (Noche 858), más Ben-Sadet el elocuente y Sibuyet el gramático. Shahrasad parece a estas alturas remachar la curación de Shahriar a través de historias que narran el punto de vista de las mujeres, mostradas en sus distintas facetas. En los maridos juzgados por sus mujeres (Noches 861 y 962) presenta incluso un tribunal de éstas presidido nada más y nada menos que por Aischa, última esposa de Mahoma, sea sobre él la paz. Vienen más historias de mujeres, entremezcladas con otras, hasta llegar a la caballeresca historia singular del príncipe Almas (Noches 872 a 885).

Más anécdotas edificantes de una o dos noches de duración se suceden. El histórico y muy conocido Sultán de Mizr o Egipto, Selahu – D – Din (más conocido en Occidente por su transliteración Saladino), contemporáneo y rival del Rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León en la Tercera Cruzada, tiene su historia en las Mil y Una Noches: El fel-lah mizriano y sus hijos blancos (Noches 891 a 894), que traspone al terreno erótico las luchas de esta Cruzada, marcando en la conquista y conversión de la mujer franca la indudable victoria sarracena. Vuelta  a lo fantástico – reyes, pescadores, efrits – en las Noches 894 a 910 (historia de Jalifa y El Jalifa), y a las pequeñas historias de un par de noches o menos de duración, lo que quizá atestigua que Shahrasad está más relajada y tranquila y ya no necesita desplegar tan prolijas habilidades como las que hasta ahora ha mostrado. A estas alturas probablemente ella se divierte tanto como el soberano al que según parece ya ha curado de su mal de misoginia. Pero por si acaso y por las dudas se vuelve a relatos sobre la acción de los soberanos del siglo en la sociedad, su intervención para establecer la justicia, con más apariciones del Califa Harunu – R – Raschid y más de la literatura caballeresca y picaresca, combinada un tanto sin orden ni concierto, o en todo caso con un orden y concierto interiores y no inmediatamente evidentes, en particular considerando que por su mismo carácter las Mil y Una Noches puede abrirse desde cualquier página, la famosa lectura digital a la que en alguna otra Crónica nos hemos referido. Pero dejándonos llevar por la lectura entre líneas que en árabe es perfectamente pertinente, notamos que el orden y calidad de las historias podrían corresponder a las etapas de la terapia del soberano a quien se le han estado administrando estos relatos como píldoras.         

III
Más penúltimas Historias y el Elogio del Libro

Conforme se avanza hacia el final de las Mil y Una Noches, los relatos de Shahrasad se van adentrando cada vez más en el género de los consejos para los reyes, recordándonos sutilmente que después de todo la hermosa Shahrasad es hija de un Gran Visir, y por otra trayéndonos a la memoria otros textos de este género como Los Castigos del Rey de Mentón, de la literatura caballeresca occidental. No de otro modo podemos entender historias como la del tesoro sin fondo (Noches 930 a 935), dirigidas a perfeccionar el gobierno mundano de los Califas y Sultanes, en una suerte de formación para la gobernabilidad y la gobernanza dignas de nuestro siglo. Como todo en las Mil y Una Noches va combinado, hallaremos más Rosas y Versos (Noches 935 y 936), esta vez dedicados al poeta Ishak-Ben-Ibrahim de Mosul, versado en flores: Dióme una rosa mi amada / y, al dármela, así me dijo / - Haz cuenta que mis mejillas / te ofrezco, amado mío. Una urgenciada versión de la Esfinge, mejorada con la sutil presencia de noventinueve cortadas cabezas de pretendientes fracasados, es enseñada en la historia del hijo del rey y la soberbia princesa (Noches 936 a 939), que nos muestra como las viejas historias adquieren extrañas formas cuando atraviesan el tiempo. Los Dichos Memorables de los Sabios que escribieron sobre temas diversos, en especial Las señales de amor (Noches 939 a 941) siguen a ésta, continuando así el proceso de aprendizaje al que Shahriar está sometido, en verso, por supuesto: ¡Qué caprichosa y qué extraña / es la mujer que yo adoro! / Si me ve que río, llora / y ríe cuando yo lloro. / En llevarme la contraria / parece cifrar su gozo; / es como una yegua loca / que, abandonada a su antojo / corre ligera y, en cambio / corta sus vuelos de pronto, / cuando el jinete la hostiga, / incitándola al retozo.

No dejaremos pasar así nomás esta historia de las noches 941 y 942, un hermoso Elogio del Libro que nos permitimos reseñar sin más ceremonia, porque dijo un sabio: Es el libro el mejor compañero en los ratos de soledad y el mejor de los amigos cuando en tierra extraña somos peregrinos. Y el mismo sabio abundó más aún, demostrándonos que el aprecio por la palabra escrita ha atravesado los siglos y hermanado a los hombres: Pues el libro es al mismo tiempo árabe y persiano y de Al-Hind y de As-Sind y rumí. Y además es tumba de secretos y lonja de depósitos y broche de las ciencias, y fuente de juicio y mina de generosidad y nobleza e incansable compañero que no se entrega al sueño. Y por ende, tras estas y otras enumeraciones descriptivas que nos muestran la bondad y carácter del libro, nos recomienda: Honra, pues, al libro y trátalo con todo mimo. Y me pregunto si esto no compensa y/o contradice ampliamente esa anécdota que no sabemos si será cierta, del Califa Omar quemando la Biblioteca de Alejandría (Si (los libros) dicen lo mismo que el Corán, son inútiles; y si no, son perniciosos), anécdota que me suena a mentirosa guerra psicológica de los cristianos, culpables desde antes de los tiempos de Hipatia de Alejandría de un frenesí destructivo que atacaba el paganismo, al que igualaba con el saber y el conocimiento y la belleza. Me cuesta creer que un Califa de la misma estirpe que Selahu- D –Din, Harunu - R- Raschid y los sabios gobernantes del Al-Andalus, que construyeron Bibliotecas y rescataron a los griegos y trajeron al Bárbaro Occidente los números de la India y la geometría de Euclides, que tradujeron y comentaron a Aristóteles, hayan sido culpables de lesa cultura. Pero no olvidemos tampoco que árabe es este verso: Alguna vez me preguntan / qué he sacado de esta vida / yo que no gozo de ella. / Y yo contesto en seguida: / - Pues un poco de escritura / y algunas pocas de rimas. / Ahí tenéis todo lo que / atesora mi valija. Y dijo aún otro poeta: La suerte al ignorante / se place en proteger / y en cambio al hombre docto / lo trata con desdén / Recorre los mercados / del mundo y podrás ver / que el más pobre de todos / el de los libros es. Pero es Alá, sin duda alguna, el más sabio, y está por encima de nuestra voluntad.

IV
Las últimas Historias, y dos Broches de Oro

Tras varias noches dedicadas a elevar la sabiduría, entre ellas la que trata de la polémica ya por entonces encendida y de ningún modo terminada hoy en día entre Educación y Naturaleza (Noche 942), y en que el espíritu práctico de los árabes encuentra aplicación en el servicio a la justicia (Historia del culpado inocente – Noches 946 a 948), vienen más anécdotas edificantes, alguna que otra de origen talmúdico pero la mayoría sufíes, e incluso algunos relatos que más parecen deberle a la provocada sabiduría de los comedores de Hachísch que a la de los escritores y lectores de libros. De todo hay en la viña de Alá, según se ve en la compleja y complicada historia del hijo adulterino (Noches 951 a 956, prolongada a la 972), que por cierto está en la versión de Mardrus y en ninguna otra, y por eso parece que podemos sospechar algo de su canonicidad, ya sabemos que Mardrus usó de la tradición oral de manera que podría juzgarse abusiva. Por otra parte ya pareciera que Shahrasad – o el escritor o escritora que asume su lugar y espacio -  tratase de completar un poco a la mala la cifra mágica de las Mil y Una, y no podemos culpar a los autores y/o recopiladores de intentar hacerlo un poco con calzador, que encajar historias en un rosario predeterminado no es nada fácil y requiere no solamente de talento sino de ciertas virtudes más éticas, porque las historias con las que complementar el número (o las sobrantes que hay que sacar, no lo sabemos de cierto) no pueden parecer artificiales. Pero si ya llegaste hasta aquí, lector, perdonarás que los relatos escapen algo del canon y el estilo, todos queremos ver a Shahrasad tener éxito. Y así, tras anécdotas sobre talismanes y milagros, y otros relatos por el estilo de los que ya estamos acostumbrados, llega el primero de varios broches de oro, una de las historias que más ha impresionado la imaginación de todos los pueblos en todos los tiempos: la historia de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones (Noches 980 a 989) que no, no es profecía referente a los tiempos modernos ni a la honradez de los políticos de hoy, aunque así lo parezca por analogía con las bandas que se apropian de los dineros públicos y los meten en cuentas con contraseñas más difíciles de quebrar que el Ábrete Sésamo.

Ambientada en el Fars persa, hay varios temas sugeridos a lo largo de todas las noches anteriores, aunque sintamos que algo le falta para ser compendio de todas ellas. Pero sin duda está el tema de la envidia entre los hermanos Kasim y Alí Babá, y mencionemos de paso que esta casi última historia del Libro es la primera que Peter Barnes hará narrar a Shahrasad en su película, aunque a mí no me guste que un guionista de hoy le enmiende la plana a la sin par princesa. Es verdad que el estilo narrativo denuncia autoría y estilo asaz diferentes de los que hasta ahora han presidido nuestra obra, pero nada pierden con ello las Mil y Una Noches, capaces de asimilar esto y mucho más: ¡Loado sea Alá, que hizo entrar en nuestra casa los bienes mal adquiridos por esos cuarenta bandidos (…) volviendo así lícito lo que era ilícito! ¡Es verdad que Alá es el Generoso, el Liberal! El eterno elemento del equilibrio en la Justicia está presente y le da encanto a este relato donde se trata de enseñar entre otras cosas cómo se administran los bienes de acuerdo a los preceptos del Corán. Inclúyese acá la historia de las cuarenta tinajas, cada una con su respectivo ladrón, y si esperas, lector, que te lo cuente todo, esperarás sentado, cierra mejor esta pantalla, anda al libro y léelo, ese es el verdadero tesoro escondido. Por que no son las riquezas loque cuenta en este relato sin par, sino el tesoro que hay en la lealtad y la astucia de Nuru – l – Leila, mi tercer personaje femenino preferido tras Shahrasad y el hada Pari-Banu. Gloria a Aquel que da sin cuenta a los humildes de la Tierra.

Pocas Noches quedan ya. Tras pocas historias que no desentonan, destinadas a completar número, acábase con la historia de la Princesa Deryabad (Noches 996 a 1001), metida en la de Judadad y sus hermanos, y destinada a lo que parece a dotar de prestada voz a Shahrasad: Esa desventurada princesa soy yo. Y en la conclusión final de Las Mil y Una Noches, dícese que en los intermedios de estas Historias, esos silencios a los que nos referimos Crónicas ha, en los que pasa más que en las Historias narradas, Schahrasad dióle tres hermosos hijos a Schahriar: ¡Ye Rey de los Tiempos y perla sin par de edades y épocas! Tu esclava soy y mil y una noches llevo ya contándote historias de los antiguos y ejemplos y advertencias de los que nos precedieron (…) Estos son tus hijos y por ellos pido que me eximas de la muerte odiosa (…) // Rompió el rey a llorar, al oír aquello, y, cogiendo a sus hijos, los estrechó contra su pecho, diciendo: ¡Ye Shahrasad, por Alá que antes que estos hijos vinieran al mundo ya yo te había perdonado la vida (…)!

Y esto es todo lo que ha llegado hasta nosotros sobre el origen de este libro, y Alá es sapientísimo.
 
V
Colofón

Para terminar, dos cosas: No se trata de leerse todas las Noches al destajo y de un solo queco, no es ni conveniente ni agradable. Yo me sé que desde que tengo Las Mil y Unas Noches me las leí todas seguidas solamente una vez, más bien las he releído bastante porque aguanta perfecto abrirla en cualquier parte y disfrutarla, esa es la forma de leer que se le acomoda. Y en segundo lugar te doy este enlace que he encontrado, ye lector: 

Ahora tratemos de vivir entre delicias y perfecta dicha, hasta que llegue a visitarnos la Destructora de los goces del mundo y la Constructora inexorable de sepulcros.

Selam! ¡Y la paz! 

Esta Crónica viene desde el siguiente link:
http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/08/cronicas-de-lecturas-50-las-mil-y-una.html

miércoles, 27 de marzo de 2013

CRÓNICA DE LECTURAS 23: BIBLIA (IV)

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CRÓNICAS DE LECTURAS – 23
LEER LA BIBLIA (IV)

Me aprovecho de la Semana Santa para disparar mis Crónicas de Lecturas sobre Leer la Biblia. Y ya estoy en la cuarta entrega. Agradezco a mis lectores la paciencia.

I
Profetismo y Profecías

Hasta el 2012 estuvieron de moda las profecías del fin del mundo, y nos hemos malacostumbrado a llamar Profeta a cualquier charlatán que diga cualquier bobada, y así es fácil que se nos escape lo que era realmente ser Profeta en tiempos bíblicos. La palabra hebrea para profeta es Nabí, que denota a la vez el rasgo pasivo de ser llamado, y el activo de ser portador del mensaje anunciador de la voluntad de Dios. Dicho mensaje puede atañer al pasado, presente o al futuro, recibirse por visiones, audiciones o inspiración interior, y transmitirse en poemas, relatos, parábolas, oráculos e incluso con acciones cargadas de simbolismo. Los Profetas se dedican full time a la labor de mensajeros de Yahvé, el llamado es irresistible, y no puede rechazarse: Antes de formarte en el seno de tu madre te conocía; antes de que tú nacieras, Yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones. / Yo exclamé: Ay Señor Yavé, ¡cómo podría hablar yo, que soy un muchacho! / Y Yavé me contestó: No me digas que eres un muchacho. Irás dondequiera que te envíe, y proclamarás todo lo que Yo te mande. / No les tengas miedo, porque estaré contigo para protegerte, palabra de Yavé (Jeremías, 1, 5-8). Los Cuatro Profetas Mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel) son así llamados por el tamaño de los escritos que han dejado, pero parece que varios de ellos, particularmente Isaías, son más de uno. Ya hemos hablado en su momento del papel de los Sacerdotes y del Templo de Jerusalén, que se dedicaba entre otras cosas a reunir las escrituras dispersas en un canon aceptable. Imaginemos el problema que se presentó cuando los reinos hebreos desaparecieron a manos de asirios y babilonios y cesaron como entidades políticas. Los Sacerdotes y Levitas dispersos en medio mundo juntaron y separaron escrituras, y los escritos se entremezclaron. Así que saber cuáles son cuáles y quiénes son quiénes es complicado y requiere de especialistas realmente expertos. Por ejemplo, entre los Judíos, Daniel no se clasifica Profeta, sino Escrito. Y todo esto choca además con el libre examen, tan caro a las Iglesias Cristianas post Reforma, así como al Liberalismo racionalista.

Examinemos esto unos momentos: El libre examen de lo escrito en el Libro Sagrado es sin duda un triunfo del espíritu y de la libertad fundamental con que el Hombre fue creado, y si lo ha sido a imagen y semejanza de Dios, pues es esta una característica de Dios con la que me siento sumamente cómodo. Pero como nada es perfecto en este mundo cochino, el Libre Examen que presidió la Reforma Religiosa terminó por “equilibrarse” con la creencia en la Infalibilidad de la Biblia, basada, como no, en una cita: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia. (2 Timoteo, 3,16, Traducción Reina-Valera, 1960). Y patatín, salimos de Guatemala para caer en Guatepeor, para qué superamos entonces a San Jerónimo, a la Vulgata y a la Interpretación Ortodoxa de la Biblia. Esto hace que me pregunte sobre qué sentido tuvo hacer tanta movida para terminar en el mismo sitio de enantes, voluntad de Dios será de repente. El concepto de sola scriptura, creencia fundamental de las iglesias reformadas, suele interpretarse a la fundamentalista, como que Toda Verdad Está En La Escritura, y a veces peor, como que No Hay Conocimiento Que Contradiga La Biblia. Y eso no sería ningún problema, si fuéramos sensatos y supiéramos mantener separados los planos del conocimiento. Pero la sensatez es una suposición que nada nos autoriza a sostener, los fundamentalistas no son gentes sensatas y tienen demasiados problemas emocionales que resolver (necesidad de una autoridad qué seguir y qué manipular), y le adjudican a la Biblia un Valor de Verdad Absoluta, rasero que les permite juzgar a los demás con toda la del buey. Mi corta experiencia me dice que no hay nada más relativo que una Verdad Absoluta, y si no me cree láncese usted una de esas por ahí, en media hora tendrá tantas interpretaciones como personas la hayan escuchado. Todo esto viene a cuento porque ciertos pasajes de la Biblia interpretados numerológicamente han dado lugar a confesiones religiosas, aunque parecen provenir más de errores honestos que de charlatanismo – que seguro también anda por ahí. El señor William Miller, de Nueva York, hombre íntegro, humanitario, benévolo y de inteligencia más que mediana, estudió la Biblia por años, y llegó a la convicción por libre examen que la Segunda Venida de Jesucristo se produciría de todas maneras en algún momento entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844. Cuando pasó la fecha sin pena ni gloria – especialmente sin gloria – la volvió a fijar para el 18 de abril de 1844. Y al no pasar nada, declaró: Confieso mi error y reconozco mi decepción; pero aún creo que el día del Señor está cerca, casi a la puerta.

II
Grandes Chascos, y esperando al Mesías

Si bien la muy respetable Iglesia Adventista (De Adviento o Advenimiento) reconoce su origen en las ideas e interpretaciones de Miller, hoy en día tiene la sensatez de no ponerle fecha al Fin de los Tiempos (Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre - Mateo 24:36 – Me pregunto por qué Miller no empezó por aquí). Tras el 18 de abril de 1844 los milleristas no escarmentaron, revisaron los trabajos del susodicho y le pusieron fecha a la Segunda Venida para el 22 de Octubre de 1844. Al pasar la noche del 22 al 23 sin que el Señor se dignara aparecer la Decepción fue inmensa, y se la conoce en la historia de las religiones como el Gran Chasco. Según parece, ni fue, es, o será el primero ni el último. Las consecuencias fueron complejas, podemos imaginar cómo se sacudió la fe de las gentes sencillas: Nuestras más profundas esperanzas y expectativas fueron destrozadas, y un espíritu de angustia vino sobre nosotros como nunca antes había experimentado... lloramos y lloramos hasta el atardecer. Por más bautizado católico que esté, no es decente burlarse de las creencias de estos hombres y mujeres, aunque he oído a algunos que creen así ganarse puntos. Pero la fe es demasiado escasa y valiosa para maltratarla. Pero todo esto empezó con la interpretación de William Miller de partes de la Biblia, en especial el capítulo 8, versículo 14 del Libro de Daniel: Le respondió: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas: después será reivindicado el santuario. Miller era en apariencia un hombre honesto y nada tonto, debe haberse sentido realmente en estado de shock cuando no le funcionó el cálculo. Muchos de los que vinieron después no tuvieron sus escrúpulos. Y de éstos no hay demasiado qué decir, mejor retornemos a la Biblia, me parece ya estamos advertidos de los chascos en los que se cae al hacer profecías y jugar con el miedo de las gentes, sin permiso del Gran Jefe.

Volvamos a los firmes, los Profetas de la Biblia, bien conocidos por sus recuentos de profecías, discursos y hechos, escritos por ellos mismos o por secretarios especiales, como Baruc, secretario de Jeremías; o transmitidos oralmente y luego fijados por escrito. Lo importante del profeta es su calidad de mensajero, pero parece que algunos fueron dotados por Yahvé con poderes taumatúrgicos, aunque éstos (Elías, Eliseo, Natán, Balaam, etcétera) no dejaron escritos, que sepamos, y para nosotros no cuenten tanto. Los Profetas suelen dividirse en dos grupos: Los Profetas Mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel) y los Profetas Menores (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Jonás, Zacarías y Malaquías). Por cierto ya vimos que estos libros no parecen estar del todo bien clasificados, según la Tradición Hebrea Daniel no es Profeta; y en cuanto a Jonás, como también dijimos antes, lo metieron al grupo parece que para completar la docena, por ser doce un número místico, o por completar un equipo de fútbol con entrenador. La interpretación cristiana desde la Patrística vio en los Profetas el anuncio del Mesías por venir. Esta idea del Mesías es muy peculiar y merece alguna explicación: Durante el destierro en Babilonia, de unos setenta años, aparece la creencia en un Salvador, descendiente del Rey David, que devolverá la Gloria y la Independencia al Pueblo Elegido. El Salmo de la Balada del Destierro testimonia la añoranza de los desterrados por su Jerusalén bienamada, su tierra, religión y costumbres. Como en tiempos de Moisés en Egipto, se espera un Libertador del Pueblo, y he aquí que aparece uno, aunque no judío: El Rey Ciro el Grande de los persas era un personaje especial, que los judíos sentían que podía ser “de los nuestros”: Como buen Persa, rendía culto fanático a la Verdad; no arrasaba a los pueblos vencidos, más bien se los incorporaba; su Religión, el zoroastrismo, poseía elevada moral y era “casi” monoteísta; y por si fuera poco, era enemigo de los babilonios, a los que derrotó y conquistó con la probable colaboración de los judíos y otros pueblos sojuzgados. El Gran Rey Ciro calificó merecidamente como un Primer Mesías: Los Libros de Esdras y Nehemías cuentan con agradecimiento cómo el Gran Rey liberó del cautiverio a los judíos, concede el retorno a Judea, les autoriza reedificar su Templo en Jerusalén, y así el profeta Isaías lo celebra: Así habla Yahvé a Ciro, su elegido: (…) Sin que me conocieras te hice tomar las armas, para que todos sepan, del oriente al poniente, que nada existe fuera de mí (…) Que se abra la tierra y produzca su fruto, que es la salvación (…) Yo también lo he llevado a la victoria y le he despejado el caminio. Él reconstruirá mi ciudad, traerá a su patria a mis desterrados, sin exigir rescate ni recompensa, dice Yahvé de los Ejércitos. (Isaías 45, 5, 8, 13)

III
Qué profetizan los profetas

Para no corrernos el riesgo de William Miller de encontrar lo que no hay, precisemos que un Profeta se caracteriza por saber escuchar a su Dios y transmitir lo que se le dice, y así no se equivoca. No es un chamán ni un gurú ni necesariamente un místico, que se perfeccionan espiritualmente en un extático recogimiento. Tampoco es parte de la jerarquía religiosa. Aquí podemos encontrar ciertas gradaciones y prelaciones según la fe que se tenga. Para los judíos el Profeta por antonomasia es Moisés, y en comparación todos los demás son segundones, aunque le otorgan cierto prestigio a Samuel. El Islam es radical en este extremo también, pues fuera de Mahoma Decid: creemos en Dios y en lo que se nos ha revelado, en lo que se reveló a Abrahán, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus; en lo que Moisés, Jesús y los profetas recibieron de su Señor. No distinguimos a ninguno de ellos y nos sometemos a Dios. (Corán 2,136). En el Cristianismo el Mesías (Emanuel Jesús) es Rey y Sacerdote, pero también Profeta que abroga a los demás, dejándolos como simples precursores, como se dice al respecto de Juan Bautista, el último y mayor de ellos: En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él (Mateo, 11,11). No deja de sorprender a muchos enterarse que los Profetas del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam son básicamente las mismas personas, y lo que cambia son las valoraciones que se hace de ellos. Todos tienen en común la experiencia del encuentro personal del Hombre con su Dios (Hijo de Hombre, ponte en pie que voy a hablarte – Ezequiel, 2,1); la importancia de escuchar y llevar Su Palabra (… ellos no escucharon ni me hicieron caso – oráculo de Yahvé – (…) mis palabras y preceptos (…) ¿no alcanzaron a vuestros padres? (…) Como Yahvé Sebaot había decidido tratarnos (…) así nos ha tratado – Zacarías, 1, 4-6); la necesidad de la conversión personal y la fidelidad ética vivida en la sociedad como exigencia concreta de justicia social (¿Acaso se trata nada más de doblar la cabeza como un junco o de acostarse entre saco y ceniza? ¿A eso llamas ayuno y día agradable a Yahvé? ¿No sabes cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos … - Isaías 58, 5-6); la visión de la misericordia divina asomando en medio del juicio terrible de Yahvé Sebaot, Dios de los Ejércitos (Rasga tu corazón y no tus vestidos, y vuelve a Yahvé tu Dios, porque Él es bondadoso y compasivo; le cuesta enojarse, y grande es su misericordia; envía la desgracia, pero luego perdona – Joel, 2, 13). El encontrar tan semejantes la Fe de Cristo con la de Moisés y con la de Mahoma podría llevarnos, solo tal vez, a repensar un poquito mejor este tema del ecumenismo. A ver a donde nos lleva …

Y luego, las promesas, para bien y para mal. El Mesías, no lo olvidemos, será Rey, y será Justo, porque todas las esperanzas del Buen Gobierno que hoy día depositamos en la idea de la Democracia, en aquellos días eran depositadas en el Enviado que devolvería a Israel la Paz y la Justicia: Una rama saldrá del tronco de Jesé, un brote surgirá de sus raíces. / Sobre él reposará el espíritu de Yavé (…) / (…) / No juzgará por las apariencias ni se decidirá por lo que se dice, / sino que hará justicia a los débiles y defenderá el derecho de los pobres del país. (Isaías, 11, 1-4). Es nada más y nada menos que el advenimiento del Reino de Dios, es el cumplimiento de un alto destino para la Humanidad que empieza a sentirse también como la necesidad espiritual de vivir para siempre, es decir la esperanza de una Resurrección de la Carne que no se ve muy clara aún (habrá que esperar a los Macabeos y la resistencia nacional). Pero este Pueblo Elegido, liberado contra su voluntad ya desde Moisés, falla y falla y falla y no se merece en realidad nada de su Dios, a pesar de la paciencia que le muestra: La Gloria de Yahvé estaba allí, tal como la había visto junto al río. / Y Yahvé me dijo: Hijo de hombre, levanta tus ojos hacia el norte. Lo hice y vi el ídolo. / Y añadió: Ves lo que hacen, las grandes maldades que la gente de Israel comete en este lugar para alejarme de mi santuario. Pero vas a ver pecados mayores. (Ezequiel 8, 4-6). O también: Oye pueblo estúpido y tonto, que tienes ojos y no ves, orejas y no oyes. ¿A mí no me temen, dice Yahvé, ni tiemblan delante de Mí?  (…) Pero este pueblo, cuyo corazón es traidor y rebelde, me ha vuelto la espalda y se ha marchado (…) … han sobrepasado la medida del mal … (…) ¿Podré dejar pasar esto sin castigo, dice Yahvé, y no me vengaré de una nación como ésta? (…) ¿Qué harán ustedes cuando llegue el Fin? (Jeremías 5, 21 – 31). Terribles palabras, pero que indican que Yahvé Sebaot, el Dios de los Ejércitos, es un Dios Celoso, que no deja pasar las cosas, y que está siempre ahí, sea para salvar, sea para castigar. He ahí los dos mensajes proféticos fundamentales, contradictorios, duales, complementarios: Castigo / Perdón. Y esto pareciera que tiene que resolverse de alguna manera, de una buena vez por todas.

IV
El género apocalíptico

Y una manera en que en apariencia parece resolverse esta contradicción es el Apocalipsis. El término apocalíptico viene del nombre del último libro de la Biblia, el Apocalipsis, o Revelación, pero en realidad constituye un género con profundas raíces en el Antiguo Testamento y en otros Libros de origen análogo, que no están necesariamente en el canon de los libros sagrados de la Biblia, pero que tampoco está prohibido leer. Como este género está muy representado en los escritos de los Profetas, parece adecuado tratarlo aquí. La Biblia narra la Salvación operada en la historia por la acción de Dios. Es natural que así como tiene un principio con el Génesis, tenga también un final anunciado, que le ponga un fin a esta dinámica de Castigo / Perdón resolviéndola de una buena vez por todas. Y desde el principio, y para arribar al final, debe haber algún tipo de plan, revelado a los hagiógrafos, que lo expresan a su modo. Este plan prevé un final de los tiempos al que solamente se arribará tras muchas tribulaciones y sufrimientos por parte del Pueblo Elegido, y por ello encontramos apocalipsis judíos, cristianos, y hasta islámicos. Este sufrimiento y la terrible dificultad de mantenerse fieles provienen del hecho que la Fe no está en un contexto adecuado para su desarrollo. Para los judíos, el poseer un estado y país propios era determinante para poder vivir abiertamente la Fe en el Dios Vivo. La conquista de Canaán por Josué y sus sucesores no posee otro sentido, y la pérdida del Estado es el castigo divino por no estar a la altura del reto. La liberación del cautiverio Judío en Babilonia es operada por el Mesías persa Ciro el Grande, y muchos judíos vuelven a Judea, resignados a ser una semiprovincia del imperio persa, aunque con Libertad de Culto. Reconstruyen así el Templo y la Jerarquía religiosa, y logran alguna autonomía en sus asuntos. Pero esta relativa arcadia dependía de la situación política. Cae el Imperio Persa en manos de Alejandro Magno, y a su muerte se divide en reinos epígonos. Judea se subsume en el Reino Helenístico de Siria, la Cultura Helenística golpea duro en las tradiciones judías, y el género apocalíptico surge con la helenización forzosa que se impone en el siglo III a. C.

Si se lee con especial atención el Libro Segundo de Macabeos, se encontrará lo que fue ese durísimo proceso de helenización: Era tal el auge del helenismo y el progreso de la moda extranjera a causa de la extrema perversidad de aquel Jasón, que tenía más de impío que de Sumo Sacerdote, / que ya los sacerdotes no sentían celo por el servicio del altar, sino que despreciaban el Templo; descuidando los sacrificios, en cuanto se daba la señal con el gong se apresuraban a tomar parte en los ejercicios de la palestra contrarios a la ley; / sin apreciar en nada la honra patria, tenían por mejores las glorias helénicas (2 Macabeos, 4, 13-15). Lo que hasta entonces se tenía por sagrado es profanado por la acción de judíos conversos al helenismo, inclusive en la jerarquía sacerdotal. Se enfrenta una profunda crisis de identidad nacional y religiosa: No se podía ni celebrar el sábado, ni guardar las fiestas patrias, ni siquiera confesarse judío (2 Macabeos, 6, 6). Se persigue mantenerse en la fe de los mayores, se martiriza al que sigue los preceptos sagrados: Dos mujeres fueron delatadas por haber circuncidado a sus hijos; las hicieron recorrer públicamente la ciudad con los niños colgados del pecho, y las precipitaron desde la muralla (2 Macabeos, 6, 10). Es la hora de la Resistencia, como para los pueblos ocupados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, o para la Tacna sometida a la chilenización durante medio siglo: Uno de ellos hablando a nombre de  los demás, decía así: ¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que violar las leyes de nuestros padres (2 Macabeos, 7, 2). Y entre el suplicio y el martirio, el odio de los infieles, la aparente inutilidad del sacrificio, el espíritu de una Resistencia creciente y furiosa, surge la idea de la Resurrección, prefigurada por el Qohelet: Cerca ya del fin decía así: Es preferible morir a manos de hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él; para ti, en cambio, no habrá resurrección a la vida (2 Macabeos, 7, 14). Y así como hay premio en la Otra Vida para los que se mantengan firmes, el Dios de los Ejércitos reserva un Tremendo Castigo a los que atormentan a los Elegidos: … No obedezco el mandato del rey; obedezco el mandato de la Ley dada a nuestros padres por medio de Moisés. / Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios (2 Macabeos, 7, 30-31).

V
Colofón

Entre la profecía y el Apocalipsis encontramos una transición en el discontinuo devenir narrado en la Biblia. Es un período duro y complicado, un contexto en el que la Fe particular de cada cual sufre las consecuencias de lo que las enormes fuerzas impersonales de la Historia le cargan a uno. Quien sabe, el Nuevo Testamento y los Evangelios puedan dar algún tipo de respuesta a esto, y eso veremos en nuestras siguientes Crónicas sobre Leer la Biblia.