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viernes, 25 de septiembre de 2015

NUESTRO LUGAR EN EL COSMOS



NUESTRO LUGAR EN EL COSMOS

Por el poder de la verdad,
y mientras viva, 
habré conquistado el universo. 
(Goethe)

De vez en cuando vale la pena reubicarse en el Cosmos, vale decir recuperar nuestra perspectiva como seres hechos de polvo de estrellas que evoluciona en el tiempo y el espacio. Acá una bonita presentación nos deja, en menos de 3 minutos, bien ubicados. Véala, vale la pena:



Y como ya nos disparamos en esto de las escalas, veamos una bonita presentación, algo más larga (siete minutos y un pico más) dedicada a las escalas dentro del sistema solar, solamente, que no carece de poesía.  Recordemos que la sonda New Horizon se tomó sus buenos nueve años en llegar al planeta enano Plutón. Creo que ello nos devolverá una instantánea de nuestra verdadera importancia en el esquema general de las cosas.



Por último, ya que estamos en la onda astrofísica y llegamos hasta acá, veamos un legado de Carl Sagan, gestor del mensaje enviado al espacio en las sondas Voyager, que propuso a la NASA fotografiar nuestro planeta cuando la Voyager estuviera a 6,000 millones de kilómetros. La NASA no entendía el sentido de dicha foto, pero atracó. Y fue así que la Voyager giró hacia la Tierra y tomó la imagen más lejana que hayamos visto de nuestro mundo. Carl Sagan la bautizó "El pequeño punto azul pálido" e hizo el  comentario que sigue ...





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jueves, 22 de agosto de 2013

EL UNIVERSO Y EL INFINITO, o Ubícate , oye

EL UNIVERSO Y EL INFINITO 
o Ubícate oye.

Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos 
(Jorge Luis Borges)

Por el poder de la Verdad, y mientras viva, habré conquistado el Universo
(Johann Wolfgang von Goethe, en Fausto)

Poseer una percepción de la cartografía de nuestro lado del universo no es poca cosa. Se escucha cuando la gente está "desubicada" por alguna razón, y la convocatoria a Ubicarse en diversas formas, entre las cuales la más jocosa es la necesidad de consumir un remedio denominado Ubicaína Forte, a veces presentado en la forma de jarabe y otras en formas más invasivas. Pero la verdad es que aunque tengamos forma de imaginarnos en nuestra casa, nuestro país, nuestro planeta e incluso en nuestro sistema solar, no nos hemos ubicado del todo en nuestra galaxia o en nuestro Universo. Y por eso a veces sentimos miedo de esas inmensidades. Pero cuando podemos tomar esas inmensidades en el hueco de nuestras manos, medirlas y razonarlas, nos apropiamos de ellas, y al decir de Goethe, así conquistamos el Universo en el transcurso de nuestra breve vida.

Así que vale la pena expectar este video, que nos muestra en tridimensional la Cosmografía General de Nuestro Universo, e inmediatamente nuestra Cosmografía Local. 

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=WCHi4hioFEI#at=740

El video dura alrededor de diecisiete minutos, y posee además la portentosa capacidad de Traducir los subtítulos al castellano, así que pretexto no hay para escaparse de estos mapitas y sumergirnos por un rato en una manera adecuada de captar nuestro Universo real, que, como decía no sé quién, no solamente es más extraño de lo que imaginamos, sino más extraño de lo que podemos imaginar. Adelante con ello, y no tengas miedo.

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martes, 4 de junio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 38: CLÁSICOS (2)

CRÓNICAS DE LECTURAS - 38
Clásicos (II)

I
Los Clásicos y la delicia de la relectura

Conforme pasan los años encuentro que me provoca leer y releer libros clásicos que por angas o por mangas no he podido leer, o que he leído pero me he olvidado y es como si no los hubiera leído. Me gustaría saber por qué lo hago, pero más interesante me parece dilucidar los criterios para determinar cuáles libros y lecturas se emprenderán o reemprenderán. Como todo el mundo que lee tengo mi lista de libros qué leer, soy consciente que hay mucho de obligatorio y de interesante que no he leído, y hay algunos libros de los que probablemente jamás tendré noticia y que me moriré sin haber leído. Horribles límites de la condición humana, aunque si tratamos de salvarlas hay ciertas cosas que de cajón uno siente que debe leer por razones profesionales y laborales, incluyendo las que de todos modos uno debe enterarse para hacer su trabajo más o menos coherente: En esta categoría entran todas las actualizaciones, artículos nuevos y libros editados recientemente en los temas en los que uno está vinculado e interesado por laburo. Y de eso no te libras ni a cañones. Por el otro lado, la lectura que podríamos llamar de cultura general y/o entretenimiento – he explicado en alguna otra parte lo idiota de separar la Cultura del Entretenimiento - presenta muchas obras y autores de las que tengo referencias, y que sé de algún modo que quiero leer, aunque no con la misma urgencia, necesidad, obsesión o ansiedad que los anteriores. Y son esas lecturas las que por angas o por mangas no puedo emprender por diversas razones, de las que la principal por lo general es la falta de disponibilidad de los libros por su elevado costo, aunque esto pueda relativizarse. Cuando se tienen gastos, gastar en libros no se puede, del mismo modo que cuando no te puedes tomar una chela pues no te la tomas, o no vas a ver los conciertos de tu vida porque no se puede, y ya. Y eso lo entenderá cualquier persona que conozca las viscisitudes de la vida, que los que no las conocen creen por tener zapatos que el suelo es de cuero.

Entre algunos autores que se me ocurren ahorita, y que no he abordado aún, están Paul Auster, Ayn Rand y Stieg Larsson, los que no he leído y por los que siento curiosidad. De otros he leído alguna que otra cosa, pero no me conquistan, a pesar de lo que me cuentan algunos amigos. Por otra parte, hay relecturas obligadas: Releí a la velocidad de la luz El Hobbit, de J.R.R. Tolkien, dado que no quería ver la película sin antes haberme refrescado esta lectura y poder hacer las comparaciones correspondientes. Por otra parte es interesante cada cierto tiempo releer Clásicos. Se me ha hecho costumbre cada cierto número de años releer la Odisea de Homero; La Divina Comedia de Dante Alighieri; el Fausto de Goethe; e igualmente El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes, algunos de estos los he mencionado junto con el Poema del Cid en otra Crónica, incluyendo algunas buenas razones personales para releerlos. Pero ¿a qué libros llamamos Clásicos? La antigüedad tiene que ver, indudablemente. Pero Herodoto y Homero son clásicos, tanto como Rabelais, Shakespeare, Milton y Víctor Hugo, pero entre unos y otros hay hasta milenios de diferencia. Me da la impresión que lo que está en el pasado se ve como la Historia en general, es decir como una pantalla tridimensional donde se ubican ciertos acontecimientos siguiendo criterios objetivos (su antigüedad real) y subjetivos (su importancia para uno). Así  puede resultar que uno sienta “más cerca” la Odisea que Ivanhoe, por ejemplo, aunque la primera es más “vieja”. Y debido a esa subjetividad parece natural que uno se plantee su propio concepto e idea de lo que es Clásico. Y así yo diría que es un Clásico toda aquella obra que nos dice algo importante y permanente sobre los valores humanos, empleando a su vez una forma y estilo de superior calidad. Y por ello debo confiar tanto en mi propio criterio como en el de filólogos, editores y literatos; amén de los especialistas en diversos temas, porque hay Clásicos de la Pedagogía como el Emilio de Rousseau, o de la Historia, como Vidas Paralelas de Plutarco; o de la Historia Natural, como El Origen de las Especies de Charles Darwin, de la Sociología como Las Reglas del Método Sociológico de Emile Durkheim, de la Antropología como La Rama Dorada de James George Frazer o de la literatura gauchesca como Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes. Parece que abundan los Clásicos, y aspirar a leerlos puede ser un programa de vida, aunque uno se pregunte por la finalidad de semejante programa. Yo entiendo que a uno le tiene que gustar la cosa para darse el esfuerzo. No basta para ser Clásico plantear valores fundamentales y/o trascendentales y ser estéticamente convincente; se debe pasar la prueba generacional: Superar la generación del escritor y continuar superando generación tras generación victoriosamente, sólo así estamos seguros de que tal obra es universal. Es un hecho que hay Clásicos que mueren; y es más, deben morir tal como las obras de Galileo o Copérnico; que ya envejecieron, pues lo importante en ellas se asimiló a toda la Cultura. Es decir, la Astronomía o la Física de estos autores se integró a textos más modernos que incorporan lo posterior. No pasa esto con la Literatura, sin embargo, o si pasa, es más lento, y el Decamerón, la Epopeya de Gilgamesh y Os Lusíadas pueden seguir leyéndose hoy en día, aunque en versiones actualizadas. Si la obra se sigue leyendo es porque los valores que representa mantienen validez y permanencia para determinados grupos humanos.

II
La Divina Comedia (Dante Alighieri)

Entiendo que considerar épica a la Divina Comedia es un abusivo empleo del concepto, pero que es Clásico, es Clásico. A más de la incomparable belleza de la forma – visible aún en las traducciones castellanas, en especial en verso -, se enfoca en el tema del Camino de la Vida, que es tema de  todo ser humano, y en el problema esencial de nuestro destino más allá de la muerte: la cuestión de nuestra salvación eterna. Aunque es obvio que no creemos, como Dante y los demás hombres y mujeres de la Edad Media, en la realidad física del cielo, el purgatorio y el infierno; podemos aceptarlos como alegoría, aunque eso a muchos no los tranquilice. Detengámonos un momento aquí, y abundemos un poco en esto: He ido a la Iglesia de Andahuaylillas un par de veces en mi vida, y la segunda vez me entregué a mí mismo el obsequio de observar detenidamente las pinturas que adornan las paredes de este monumento religioso colonial del Perú, tratando de sentir lo que sentían las gentes al ver las representaciones del cielo y el infierno combinadas con las representaciones alegóricas de los caminos ancho y estrecho (Ancho es el camino que lleva a la perdición, cito la Biblia de memoria). Dichos caminos alegóricos eran entendidos como alegoría por los que veían las pinturas hace 200 o 300 años, pero ellos mismos asumían reales los tormentos del Infierno y las delicias del Paraíso, igual que los primeros lectores de las “dantescas” descripciones de Dite y los tormentos de los diversos círculos del infierno de La Divina Comedia: Eran realidades en el mismo plano que la realidad que experimentamos al presente. Para tratar de hacer entender la pervivencia de estas imágenes e ideas, siempre hago el ejercicio de preguntar a mis alumnos y expectadores de mis conferencias (y me atrevo a preguntarte, lector): ¿Dónde está Dios? Y te apuesto doble contra sencillo que miraste arriba, tal como invariablemente todos me señalan. Igual pasa con el Diablo, y apuesto que mirarás hacia abajo. No es solamente una cuestión de la topografía del Mundo, sino una Filosofía sobre la realidad que le debía casi todas sus ideas a Aristóteles. Un libro que me ayudó sobremanera a entender muy bien esta manera de pensar, y las escisiones mentales producidas al respecto, fue Los Sonámbulos, de Arthur Koestler, cuya lectura por supuesto recomiendo.

El hecho es que, tomada a lo alegórico o a lo real o en combinación, La Divina Comedia sigue siendo un clásico estremecedor. Compuesta entre 1304 y 1321 más o menos, ya tiene siete siglos de permanencia. Se llama Comedia debido a los cánones tradicionales, pues Tragedia no podía ser, ya que termina con la salvación eterna del Dante. Vale la pena en este punto rendir homenaje al fallecido estudioso Leopoldo Chiappo, intelectual peruano profundo conocedor de esta obra, a quien tuve el gusto de escuchar sobre este tema y otros. Consta La Divina Comedia de tres grandes partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso, divididos en cien tercetos – las traducciones castellanas en verso los mantienen, pero por lo general varían la métrica acomodándola a la castellana – y cada una de estas grandes partes culminan en la palabra stella: estrellas, lo que nos habla del conocimiento que el Dante tenía del cielo, y cómo pensaba en cosmológico mientras componía su poema. También pensaba en numérico, influido por Pitágoras y sus conceptos metafísicos sobre los números: El número tres de la Trinidad está en las tres partes del poema, como en los tres personajes principales: El Dante, que perdido en el camino de la vida, es protegido por su amada Beatriz (La Fe) desde el Cielo, quien le encarga al poeta clásico romano Virgilio (La Razón) que guíe y proteja a Dante.  El número cabalístico Diez está presente en los cien cantos (33 en cada parte, más uno de introducción), y en los nueve círculos del infierno, diez con el anteinfierno. Es notable lo que un gran poeta puede hacer con tan poco material: Los personajes antiguos y modernos que pueblan el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso son representados vívidamente, y de acuerdo a la situación en la que están: Desesperación absoluta en el Infierno; sufrimiento esperanzado en el Purgatorio; alegorías sobre lo indecible en el paraíso. El último verso nos remite al Amor: L'amor che muove el sole e l'altre stelle (Amor, que mueve al Sol y a las Otras Estrellas).

La Divina Comedia en verso: http://www.perueduca.edu.pe/c/document_library/get_file?p_l_id=42501&folderId=97683&name=DLFE-4682.pdf; y en prosa: http://www.mxgo.net/e-booksfree180511/1arteyentretenimiento/divina_comedia.pdf

III
La Guerra y la Paz (León Tolstoi)

No sé si los rusos de principios del siglo XIX eran como los peruanos de principios del siglo XXI, a veces me parece que sí, a juzgar por la manera como esta sociedad se desenvolvía, tal como se lee en los autores rusos del Siglo XIX: Dostoiévsky, Krylov, Gorki, Pushkin, Gogol, Turgueniev, Bunin, Chéjov y otros más. Entre esta pléyade de excelentes escritores destaca León Tolstoi, que en los ránkings de La Mejor Novela Jamás Escrita tiene a su obra La Guerra y la Paz compitiendo con el Ulises, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Rojo y Negro o Los Miserables. Aunque tales ránkings me parecen un poco sonsos, nos dan ciertas pistas acerca de la consideración que una novela puede tener por parte de un cierto público o de unos editores en particular. Que León Tolstoi conocía bien la sociedad de la que hablaba se distingue en que aunque su novela tiene carácter histórico y narra con lujo de detalles la epopeya nacional rusa contra la invasión de la Grande Armée del invicto Emperador Napoleón, abunda en la descripción de situaciones y en personajes muy bien delineados. Las partes en las que divide el libro nos presentan a sus grandes personajes Pierre Besukhoff, los príncipes Volkonsky, Nicolai y Natalia Rostov, el general Kutuzov, y muchos otros precisamente en el Antes, el Durante y el Después de la Invasión Napoleónica, complaciéndose en mostrarnos su intimidad, sus pensamientos, sus sentimientos gastados por el paso del tiempo y las circunstancias, conforme aumentan en edad y experiencias. Es magistral la pintura del desgaste prematuro de los sentimientos de una Natalia Rostov que al final de la obra arroja al mundo en un suspiro su frase: Nunca pensé que se pudiera ser tan feliz. Y asimismo, el final, puesto en boca del jovencísimo Príncipe Nicolasito: Haré algo más grande que los hombres de Plutarco, y mi hazaña se popularizará, me amará el pueblo y todos hablarán con elogio de mí.

Nos resulta difícil de creer en la actualidad que esta super-novela fuera escrita por entregas, y publicada por puchitos en revistas. Así se acostumbraba en el Siglo XIX, y parece esto continuó en las seriales cinematográficas de principios del siglo XX, y de ahí a las series de televisión de hoy en día, que se dividen en episodios y temporadas del mismo modo que las obras literarias que publicaban las revistas se dividían en entregas y capítulos. Hoy en día un escritor tiene que escribir para la televisión si quiere ganarse la vida y ser regularmente conocido, parece que la novela por entregas era la forma de hacerse conocido entonces, particularmente importante para anglosajones y franceses, pero también para los rusos. Cosas del mercado, que no entiendes pero igual es caro. Si tu novela era interesante la gente le seguía el argumento y esperaba la continuación en el siguiente número de la revista, la que adquiría precisamente para poderla leer. Y por supuesto, así se entiende que se escribieran historias cortas, que tenían su inicio, nudo y desenlace en la misma entrega, como se entiende que se contaran historias largas, que seguían la línea gloriosa abierta desde Las Mil y Una Noches, donde el argumento principal incluye precisamente interrumpir la historia en el medio para dejar al Sultán intrigado por el final, y así impedirle que le diera por cortar cabezas. Un algo de esto tiene La Guerra y la Paz, aunque no en la forma, pues resulta difícil soltarla, es la típica novela que se puede tener en la propia recámara, como para leerse algunas páginas antes de dormir. Y ello también es por la importancia del tema: Una epopeya patriótica que movilizó a todo y a todos tiene que haber marcado a profundidad a sus participantes. Y ello explica por qué Tolstoi, siguiendo en esto posiblemente a Víctor Hugo, se detiene a pontificar durante algunas páginas como historiador o filósofo, aunque por lo menos a mí nunca me cae pesado y algunas de esas páginas están entre las mejores del libro. Por cierto, este carácter también es compartido por los modernos Alejo Carpentier, Milan Kundera y Umberto Eco, a los que se les da por interrumpir la narración y hacer disgresiones de diverso carácter.

Puedes hallar La Guerra y la Paz acá:
http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/T/Tolstoi,%20Leon%20-%20Guerra%20y%20Paz.pdf   

IV
Fausto (Johann Wolfgang von Goethe)

No hace mucho reemprendí la lectura del Fausto. Creo que es en esta obra que se plantea completa por primera vez la leyenda clásica alemana del ser humano que, insatisfecho y presa de la frustración, vende su alma al Diablo a cambio de una respuesta económica al aquí y ahora que le permita disfrutar la vida, motivo por el que casi siempre hay una cláusula que contiene el tema de la eterna juventud. Es que dejándonos de vainas, eso de que te ofrezcan una eternidad de goce y pachanga celestial a cambio de unas cuantas decenas de años de sufrimientos, frustraciones y complicaciones, en los que encima hay que portarse bien y estarse quietecito, suena en abstracto como un magnífico negocio en el largo plazo, pero no se siente igual cuando estás subido en la mula. En el muy presente corto plazo uno tiene que sobrevivir y mantener gente, y esas complicaciones del hoy pueden ser muy complicadas. A largo plazo todos estaremos muertos y así no vale. Por eso no carece de atractivo venderle el alma al Diablo (O a quien sea, la cosa es que haya quien te la compre), cosa que además, por poco que observemos, parece que todos están ansiosos por hacer, y si no lo hacen no es por falta de demanda sino porque el Diablo ya no aparece por esta parte del camino como lo solía hacer. Así que existe una cierta tendencia a ajustar todo de manera que podamos tener ambas cosas, como por cierto logra Fausto, dejando al pobre Mefistófeles con un palmo de narices. Resulta obvio que Goethe inspiró su Fausto en la Historia Bíblica de Job, aunque volteada, zurcida y retorcida; pues el Job de la Biblia es básicamente un pobre diablo al que Dios no se digna dar una respuesta, con lo que el tema del mal en el mundo queda en ahí veremos. En el medio de esta contradicción, sazonada con el tema de la sabiduría, el poder y la satisfacción de los placeres sensoriales, es que Goethe inserta esto de vender la propia alma al Diablo. En medio hay más temas y alusiones, entre las que destaca la del eterno femenino que nos salva, representada en la desventurada Margarita (Gretchen), víctima de ese par de sinvergüenzas, Fausto y Mefistófeles.

Entre las muchas obras que se han escrito y filmado con este tema, me vienen a la memoria un par de piezas literarias en las que la anécdota se repite, aunque de modo muy diferente. Es que, claro, en ambos casos está al servicio de diferentes objetivos literarios y responde a los muy diferentes estilos de los autores. El estadounidense Stephen Vincent Benét emplea la anécdota en El Diablo y Daniel Webster, relato corto de 1941, de épica folklórica destinada a elevar el patriotismo de guerra, y en que con su algo de ironía el héroe que vencerá al Diablo será el patriarca estadounidense Daniel Webster, personaje histórico presentado como caballero medieval (sus caballos se llaman Constitución y Constelación; y su Caña de Pescar, cuál Espada de Héroe, llámase Killal y las truchas no la pueden resistir y se arrojan ellas solas al zurrón de Daniel) que defenderá en juicio a Jabez Stone, hombre con simple mala suerte que aspira a cambiarla (Juro que esto es suficiente para hacer que un hombre quiera vender su alma al diablo. Y yo lo haría si me diera dos centavos), demostrando que el Contrato firmado entre Stone y el Diablo es írrito: si queremos brujas en este estado podemos criarlas nosotros mismos sin ayuda de extraños. Y yo añado: God Bless America. El tradicionista peruano Ricardo Palma toma el tema en su tradición Don Dimas de la Tijereta, narrando como un escribano limeño consigue engañar al demonio empleando un retruécano verbal que modifica el contrato mismo. Muy criollo, aunque no consigue más que una ventaja individual, muy distinta de la declaración de principios que Bénet llega a plantear y que tiene la marca de la grandeza. Claro, las comparaciones son odiosas, pero es que no es para nada lo mismo decir Esa prenda se llama almilla, y eso es lo que he vendido y a lo que estoy obligado (…) Repase usted, señor diabolín, los términos del contrato, y si tiene conciencia se dará por bien pagado; que decir: (Jabez Stone) un hombre común (que) iba a ser castigado para la eternidad. (…) Era triste ser hombre, pero también constituía un orgullo (…) Si, aún en el infierno, si un hombre era un hombre, se sabía. La idea del Fausto es mostrar una elección entre el Hoy y el Futuro, y mientras Bénet consigue convertirlo en una epopeya de la libertad del ser humano, nuestro Ricardo Palma apenas puede sacarle la lección de la viveza criolla, y una extraña protesta: ¡Para ceñirse a la ley y huir de lo que huele a arbitrariedad y despotismo, el demonio!  

El Fausto de Goethe se puede descargar desde acá:
http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Goethe-Fausto.pdf

V
Colofón

Tres Grandes Clásicos, Tres Grandes Temas: El camino de la vida; lo que cambia y lo que permanece; y la elección entre el sacrificio del Hoy y la felicidad del Mañana. Y hay más, mucho más: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. Lee Clásicos. 


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lunes, 25 de abril de 2011

CRÓNICAS: PERLAS DE LA EDUCACION PERUANA


“No hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción.” - Goethe

Este articulito lo escribí hace algún tiempo, y lo tenía ahí esperando una buena oportunidad. Ahora la hay. El día de ayer Panorama presentó una nota llamada “Cultura General”, donde a diversos estudiantes de Universidades Privadas se les administraba algunas preguntas sobre temas de cultura general, más o menos conocidos.

Los resultados muestran alguna significación: Según nuestros estudiantes universitarios, San Martín de Porras fue Libertador del Perú y su Presidente, esperamos que posteriormente; Francisco Bolognesi el "Fantasma de los Mares"; Palma es Cervantes; Vallejo es Belaúnde o José Carlos Mariátegui; Juan Velasco el primer presidente del Perú; el BCR una tienda, o su Banco correspondiente; Pachacútec destronó a Atahualpa; la población del Perú es de 6000 personas; los departamentos del Perú son 12 según unos, y entre 32 y 70 según otros; el Perú logró su independencia en 1981 o, aquí hay duda, en 1982 o 1996, y en algún caso en milquinientosnomeacuerdo. Nos tememos que las respuestas se dieron en tiempo real, con gráficos y fotografías, es decir, con reactivos más o menos adecuados. Por cierto, creemos que la entrevistadora debe haberse concentrado en las respuestas más absurdas y jocosas. Pero que todo esto indica algo, lo hace.

En la misma línea, presento unas pequeñas Crónicas que reflejan algunas anécdotas vividas. En ellas intento mostrar en clave más o menos costumbrista algunas perlitas de la Educación Peruana, no producidas en salones o en encuestas de salida de clases, sino en hechos y circunstancias de la vida cotidiana. Los que padecen la Educación peruana deberían tener el sentimiento de la estafa a flor de piel. Si tras años en el sistema educativo no se ha conseguido asimilar contenidos elementales, entonces hay que pensar qué pasa al respecto.

En Pensamiento Concreto y Pensamiento Abstracto muestro la dificultad en la representación de conceptos en una situación de la vida cotidiana. El objeto en Matemáticas Financieras es señalar una fallida situación de cálculo en una circunstancia donde éste es necesario. En Administración Avanzada se observa como la falta de criterio determina una ineficiencia brutal en un lugar en donde ser medianamente eficiente es una necesidad. Segmento publicitario nos enseña que a veces los problemas cognitivos están donde menos los esperamos.

1. Matemáticas Financieras

En Comisión de trabajo para el Ministerio de Educación, caí con un colega docente de Ciencia y Ambiente a una ciudad X del centro del Perú. Considerando que nuestra gastronomía es maravillosa por donde se mire, creo que el nombre de la ciudad no viene a cuento. El caso es que fuimos a un buen restaurante justo antes de despacharnos a nosotros mismos a los pueblos del interior – ahí no hay gastronomía, de hecho apenas hay comida -, y nos empujamos unos potajes excelentes, a cuenta de la Nación, claro, que estábamos de comisión. Y como la Nación es exigente con los viáticos que entrega a sus funcionarios, obligados estábamos a presentar factura con RUC, con toda la legalidad correspondiente. Así que, acabado el yantar, solicitamos las dos facturas. Y seguimos conversando y planeando nuestro viaje al Perú Profundo durante cerca de 45 minutos … y ahí caímos en cuenta que algo raro pasaba con las facturas. Curiosos, fuimos a ver en qué paraba el trámite de emitir dos sencillas facturas. No encontramos a la adicionista. Había salido a buscar a alguien que supiera extraer el 100 % de una cuenta que incluyera el IGV.

Para mis lectores que no conozcan la cuestión, la Factura se diferencia de la Boleta en que cuenta con el RUC correspondiente, y distingue entre el costo de lo adquirido y el Impuesto General a las Ventas que el restaurante le carga al consumidor, esto es, el 19 %. Añadamos que, con buen criterio para el consumidor, hace mucho que los precios en carta incluyen el dicho impuesto. De hecho, muchos restaurantes extraen el 19 % del IGV de las facturas con la ayuda de su caja registradora, lo que no era el caso aquí.

Esperamos con paciencia que la adicionista volviera. Y lo hizo, tras una hora de buscar a alguien que la sacara del terrible problema en que estaba. Para mis lectores resultará evidente que, si para averiguar cuánto es el total de una cifra más el 19 %, debo multiplicar la cifra por 119/100, es decir 1.19 (1 + 0.19); encontrar el 100 % de 119 % se logra operando en contrario, es decir, dividiendo el total entre 1.19. Pero ello no resultaba tan evidente para la encargada de elaborar nuestras facturas. Primero nos rogó que le aceptarámos una boleta. Nosotros no podíamos aceptar eso por razones administrativas. Así que no nos quedó más remedio que ejecutar un curso ultraviolento de matemáticas financieras, tanto para la trabajadora en cuestión como para tres o cuatro hueleguisos – adicionistas de los restaurantes vecinos – que estaban también obviamente curiosos por saber cómo se realizaba tan abstrusa operación. Preguntamos luego qué había estudiado la adicionista, y nos respondió que Turismo en la Universidad local. A partir de aquí, preferimos quedarnos sin palabras.

2. Administración Avanzada

Los males de los pecados que uno comete determinan a veces la necesidad de aterrizar en lugares no planeados. Un exceso de baños de mar culminó en una oclusión del oído medio, lo que me obligó a dirigirme a un Puesto de Salud. No diré donde, solamente que está en el mismísimo cogollo de un distrito de esos de polendas, en esta Ciudad de los Reyes.

Llegué, hice la sacrosanta cola y me percaté tras 30 pacientes minutos que la cola no avanzaba. Es decir, estaba detenida. Me acerqué a ver qué pasaba, y me topé con que uno debía saber el número de su historia clínica para conseguir ser atendido. Naturalmente, nadie recuerda tal número, y, claro, para eso uno tiene nombre y DNI después de todo. Una madre de familia llevaba a un bebé que obviamente requería atención urgente. Y ella había detenido la cola rebuscando en un cuaderno su propio nombre. Mirando por sobre su hombro vi la ortografía y caligrafía infames que adornaban el cuadernito, y pensé en voz alta un par de cosas, dirigidas a una señorita que sonreía mientras admiraba una pantalla de computadora. De hecho, pregunté por qué no buscaba en la base de datos por nombre. La señorita distrajo un momento su mirada del Facebook y me hizo saber que tal base de datos no existía, pues la computadora recién se la habían traído hacía unas semanas. Pregunté entonces por qué los files no estaban ordenados en orden alfabético y por qué no se llevaba un registro numérico aparte. Archivística elemental, que las secretarias aprenden. Y, de paso nomás, le pregunté qué observaba en la pantalla con tanto detenimiento, si no tenía una base de datos qué mirar. La señorita en cuestión se sintió ofendida por mi insistencia – no entiendo por qué – en que la posta atendiera a las personas que estaban haciendo cola, esto es, madres con niños, heridos y enfermos, eso sin contarme a mí, el de la oclusión del oído medio.

Observé la pared repleta de archivos ordenados por numeración, y me ofrecí para hacer la base de datos. Total, vivo cerca y puedo seguir el criterio del bodeguero, que no necesita haber ido a Harvard para aprender cómo manejar multitud de ítemes. Mi ofrecimiento fue rechazado por una enfermera que me miraba con claros sentimientos encontrados, diciéndome que no se había enviado a nadie para hacer ese trabajo, y que cada cual ahí tenía su trabajo de acuerdo al MOF, el ROF, el POA y un par de siglas más.

Me impacienté ligeramente. Pregunté si entre las atribuciones del centro de salud estaba la de atender a los pacientes. O si la cuota de atención era de dos o de tres pacientes a la semana. Cuando quiero soy bastante pesado, y eso estaba empezando a ocurrir cuando la Jefa apareció, y le puso algo de tranquilidad al asunto.

De hecho, yo quería atenderme, y como mi oído estaba más bloqueado que la entrada al despacho de un burócrata, no escuchaba muy bien qué diablos se decía, y alcé la voz, ya de por sí alta. Como consecuencia lógica me la alzaron a mí. El asunto se puso algo complejo. Insistí machaconamente en que la labor del centro de salud era atender enfermos, no hacerlos revisar cuadernos, así que al final tomaron el nombre de los enfermos y heridos presentes, y empezaron a buscar sus historias clínicas. El asunto amenazaba con convertirse en un vodevil, y como yo tenía la desgracia de tener historia clínica allí, ya veía que iba a tener que buscarla por algunas horas que no tenía, así que opté por lo sensato, decir que yo no tenía Historia Clínica. Hartos de mí, me dieron pase inmediatamente. En total la fila tenía ocho personas, y el Puesto contaba con nueve trabajadores.

3. Pensamiento Concreto y Pensamiento Abstracto

Heme aquí en la plaza de armas de una ciudad de nuestra sierra norte, donde hay un magnífico restaurante. Una vez terminado mi condumio y una vez requerida y satisfecha la cuenta, recuerdo que debo ir a una calle cuya localización exacta no conozco. Así que me paré de la mesa y le pregunté al mozo que me ha atendido, muchachón de la zona, trabajador y atento, si me puede indicar dónde queda la calle del Marqués de Puntos Suspensivos.

El mozo me mira. Yo lo miro. Él me vuelve a mirar. Yo estoy esperando que me dé las instrucciones del caso. Le pregunto de nuevo si sabe dónde queda la calle Tal. Me responde que sí. Sigo esperando las instrucciones. Lo miro inquisitivamente. Él me devuelve la mirada, pero de instrucciones, naranjas.

La situación se hace incómoda. Pero se incomoda más aún cuando, repentinamente, el mozo me toma del brazo y, literalmente, me arrastra hacia la puerta del restaurante, situada al final de un largo pasadizo. Yo le dejo hacer aunque no entiendo qué demonios está pasando. El mozo abre la puerta, me empuja fuera no sin cierta delicadeza, mientras me aprieta el brazo como si me estuviera arrestando.

“¿Ve esa esquina?” me dice, al borde de la desesperación cognitiva. “Si”, le respondo, casi amedrentado. El muchachón suda frío. Se esfuerza por hablar. No encuentra las palabras para decirme cómo llego a la calle esa.

“Vaya usted a esa esquina” me dice, esta vez con cierta seguridad. “Muy bien” le digo, “¿y de ahí?” Y la angustia vuelve al muchachón, que me dice esta vez “Vaya por ahí” señalándome con su brazo libre la calle a la derecha.
- “¿A la derecha?”
- “Vaya por ahí”
- “¿Cuántas cuadras?”
El joven estaba exhausto tras tantas complicadas abstracciones, y agita el brazo dos veces, formando remolinos en el aire, hacia la derecha. Yo interpreto que deben ser dos cuadras. “Gracias”, le digo.
La calle del Marqués de los Puntos Suspensivos no estaba a dos cuadras a la derecha del punto indicado. Estaba a tres cuadras a la izquierda.

4. Segmento publicitario

Juro que esto es verdad. Lo juro y rejuro ante las Once Mil Vírgenes y todos los Santos del Santoral Católico. Y tengo testigos que pueden corroborarlo con la Biblia, el Corán, el Talmud, el Rig Veda, la Constitución del Perú y el Reglamento de Tránsito al frente. Observé esto en uno de mis viajes a uno de los más bellos departamentos del norte del Perú, en donde se lleva a cabo un encomiable esfuerzo para eliminar el analfabetismo. Resulta difícil deducir si la motivación de esta campaña es mejorar el nivel de vida de las gentes, o si no será más bien no perder la faz delante de Bolivia, país vecino que ha conseguido erradicar el suyo. En fin, como que no me importa tanto por qué se haga, con tal de que se haga.

En un sitio público, bien a la vista, encontramos un enorme letrero, con letras de color sobre fondo azul, que envía un mensaje importante a toda la población. Naturalmente no lo copio tal cual, para mantener el anonimato necesario.

“EL GOBIERNO REGIONAL DE PUNTOS SUSPENSIVOS
LUCHA CONTRA EL ANALFABETISMO
TODOS SOMOS PERÚ
¡ANALFABETO: APRENDE A LEER!”

Colofón

¿Qué podemos constatar de todo esto? Nos gustaría que estas crónicas fueran la excepción. No lo son, son la regla. Si en las habilidades obvias de la vida diaria hallamos jóvenes - que en muchos casos son universitarios - que no pueden hacer operaciones aritméticas elementales propias de su trabajo, que un mozo que ha hecho la secundaria completa no puede indicar correctamente una dirección, que nueve trabajadores del MINSA no pueden poner en acción un archivo, y que un Gobierno Regional gasta dinero para poner un letrero con un mensaje escrito dirigido a su segmento de analfabetos, entonces el problema ya no es “mejorar” la educación, es empezar a impartirla. El que tenga Olfato, que Oiga.