Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de agosto de 2014

DERECHO DEL NIÑO A ESCUCHAR CUENTOS: DECÁLOGO


DECÁLOGO DEL DERECHO DE LOS NIÑOS
A ESCUCHAR CUENTOS

Hace algunos años lo encontré y por supuesto se lo leí a mi hija, porque ella tiene derecho a saber que tiene Derechos, y que entre esos Derechos está el acceso a la Belleza y a la Sabiduría  Desde entonces, y lo digo con íntima satisfacción, no me deja en paz con eso. Acá el Decálogo:

I.  Todo niño, sin distinción de raza, idioma o religión, tiene derecho a escuchar los más hermosos cuentos de la tradición oral de los pueblos, especialmente aquellos que estimulen su imaginación y su capacidad crítica. 

II. Todo niño tiene derecho a exigir que sus padres le cuenten cuentos a cualquier hora del día. 

III. Todo niño que por una u otra razón no tenga a nadie que le cuente cuentos, tiene absoluto derecho a pedir al adulto de su preferencia que se los cuente, siempre y cuando este demuestre que lo hace con amor y ternura, que es como se cuentan los cuentos.

IV. Todo niño tiene derecho a escuchar cuentos sentado en las rodillas de sus abuelos. Aquellos que tengan vivos a sus cuatro abuelos podrán cederlos a otros niños que por diversas razones no tengan abuelos que les cuenten cuentos. Del mismo modo, aquellos abuelos que carezcan de nietos están en libertad de acudir a escuelas, parques y otros lugares de concentración infantil donde podrán contar cuantos cuentos quieran.

V. Todo niño está en el derecho de saber quiénes son los principales autores de cuentos. Las personas adultas están en la obligación de poner sus historias al alcance de los niños.

VI. Todo niño goza a plenitud del derecho de conocer las fábulas, los mitos y leyendas de la tradición oral de su país.

VII. El niño también tiene derecho a inventar y contar sus propios cuentos, así como a modificar los ya existentes, creando su propia versión. 

VIII. El niño tiene derecho a exigir cuentos nuevos. Los adultos están en la obligación de nutrirse permanentemente de nuevos e imaginativos relatos, propios o no, con o sin reyes, largos o cortos. Lo único obligatorio es que estos sean hermosos e interesantes.

IX. El niño siempre tiene derecho a pedir otro cuento y a pedir que le cuenten un millón de veces el mismo cuento.

X. Todo niño tiene derecho a crecer acompañado de Alicia y el lobo, los músicos de Bremen y el pirata Garrapata, Caperucita y Mini, y del inmortal "Había una vez...", palabras mágicas que abren las puertas de la imaginación en la ruta hacia los sueños más hermosos de la niñez.
COMUNÍQUESE Y DIFÚNDASE

Peru Blogs

martes, 20 de mayo de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 81 - AIA PAEC Y LOS HOMBRES PALLAR

Crónicas de Lecturas - 81

Aia Paec y los Hombres Pallar


I

Leyenda Peruana

Es mi orgullo y motivo de peligroso nacionalismo ser peruano. Sé que todo país enorgullece a sus nacionales, qué bueno es que así sea. Yo lo aprendí desde chico leyendo a gentes de muchos países, el amor a la tierra es compartido por todo ser humano, con ese amor te lo aprendes cómo somos iguales en nuestras diferencias, que por distinta que sea la tierra el vínculo es el mismo: No importa la tierra o el agua - díganlo los inmigrantes de todas las épocas - sino el corazón: Tu patria es donde puedes ser feliz siendo tú mismo. Por eso me concedo tratar de ser feliz en mi tierra, el Perú milenario donde la civilización proviene desde siglos insondables. Vivir es ganarte el sustento con tu trabajo, y en ese proceso la tierra te cambia tanto como tú a ella. Los hombres - algunos mis antepasados – que llegaron a estas tierras diez o más milenios atrás la fecundaron ingeniándose la agricultura (hoy a eso le llaman Ingeniería Genética, pero es la misma vaina), y se inventaron plantas desde las especies salvajes: El maíz y la papa, la quinua y la cañigua y el yacón y la yuca y la kiwicha y la maracuyá y el aguaymanto, todos los cuales rodearon con mitos, cuentos y leyendas. Hoy aspiro a rendir homenaje en un libro de Carmen Pachas a una de estas plantas, El PALLAR (phaseolus lunatus), humilde menestra como la alubia, el garbanzo o la lenteja, que desde miles de años comemos los peruanos, entre ellos mis choznos, abuelos, padres y yo mismo; grano insuperable sancochado en ensalada con su cebolla y su ajicito y su tomatito, que espero lo seguirán comiendo mis hijos y descendientes por los siglos de los siglos, a ver si llegan siquiera a parecerse a sus antepasados, jardineros del desierto, el páramo altiplánico, las pendientes de montañas y los selváticos piedemontes.

Para entenderse a sí mismo el peruano necesita verse como ser histórico, y quizá más que otros, construye su autoimagen en ambivalente relación a la milenaria Cultura Andina. Si no lo hace más no es por falta de ganas, sino porque la Identidad es un artículo tan de primera necesidad como el pan y la sal, y algunos lo acaparan. Ya lo dijo un gran hombre: En el Perú la Nación es muy superior al Estado, que tantas veces ha servido sólo para perpetuar injusticias. Por eso a veces exageramos lo antiguo buscando ahí la grandeza que hoy se nos niega, hurgamos desesperados por un paradigma. Si lo haces bien y superas el que no te guste ser cholo, llegas a la constatación, como individuo y como comunidad, que eres - que somos - Cholos; y a mucha y españolísima honra. Y como mucha bola le hemos dado a nuestra hispanidad, tratamos hoy de profundizar en la otra parte de nuestros genes y conductas, y empezamos con el modo en que nuestros antepasados andinos conservaban la memoria: Con Cánticos y Cuentos y Mitos y Leyendas. Es imposible ser indoamericano sin ellos, todo esfuerzo en recuperar todo eso es encomiable, necesario, imprescindible. La labor que mi primita Carmen Pachas se echó al hombro - con el fundamental apoyo del concepto gráfico de Marie Isabel Musselman y la capacidad ilustradora de Andrea Lértora – construye así patria en el mejor sentido del término, y proporciona modelos a todos nuestros queridos hermanos de la América Latina, a los de la Ibérica península, y quien sabe más allá. Por eso dedicamos esta humilde Crónica a este Volumen Primero – deseamos que haya muchos más – de Mágicos Cuentos Prehispánicos para Niños: Aia Paec y los Hombres Pallar.

II

Aia Paec y la Civilización Moche

Las Leyendas son el corazón de los pueblos, y sus personajes sus paradigmas. El Perú es su historia y sus historias, y parte de dicha historia es la vieja civilización moche. Mil ochocientos años atrás en la costa del norte del Perú floreció en los valles de los ríos Moche y Jequetepeque lo que se llama una “cultura arqueológica”. Dichas “culturas arqueológicas” son muchas veces casi sacadas de la manga por los dichos arqueólogos en base a algunos ceramios o tejidos, pero reconozcamos que en este caso hay mucho más base que eso. Todo indica una larga presencia, de milenios, de un pueblo que por cierto continúa allí a la fecha. Después de todo, las expresiones culturales pasan y dejan su impronta sobre las siguientes, tras unas vienen otras, y por eso tras Salinar vino Virú, tras Virú Moche, que luego cambiaría para ser Lambayeque y Chimú, hasta la llegada de Incas, Españoles y Libertadores, hasta el Perú de nuestros días y el futuro más allá del siglo XXI. De allí que más que de “cultura arqueológica” hablemos directamente de una civilización lo suficientemente importante para habernos dado el cuerpo momificado del primer gobernante que conocemos del Perú, anterior a Presidentes, Virreyes, Sapa Incas y Chimo Cápacs: el Señor de Sipán. En mi país todo es continuo hace más de diez mil años, somos nada más y nada menos que una de las cunas de la civilización, y sin embargo, qué poco sabemos de nosotros mismos. Nuestras viejas civilizaciones, sólo comparables en vetustez al Imperio Antiguo de Egipto, a Indo-Harappa o a la primera Mesopotamia, no nos dejaron testimonios que supiéramos descifrar sin profusa semiótica e interpretación. Tenemos que suponer demasiadas cosas, y eso significa que muchas veces el desespero termina haciéndonos inventar data donde no la hay, o rodear de suposiciones con valor de verdad un diminuto núcleo de certeza, o elaborar media docena de hipótesis para dar cuenta de un hecho, color o hebra. 

Eso pasó con Aia Paec, traducido cariñosamente como “el dios degollador”. Su imagen más conocida la descubrió en 1990 el arqueólogo Ricardo Morales en Huaca de la Luna e impresionó, e hizo la fortuna de artesanos y ceramistas, que lo reprodujeron hasta la náusea. Pero se le conocía desde decenios antes, Rafael Larco Hoyle lo había identificado como parte de la dualidad andina, un Dios Supremo o Supremo Hacedor o Dios Todopoderoso, tan importante como su Otro Yo (Chico Paec) o como la Luna, Shí. La imagen nos presenta el impresionante y aterrador rostro de un dios asemejado a un hombre, con colmillos de felino y olas marinas rodeándolo. A veces le darán forma de araña, con sus ocho patas rodeándolo; o de pulpo, con tentáculos. Puede portar cabezas de guerreros muertos en sus brazos y serpientes brotando de su cabeza. El terrible Aia Paec, dios degollador de mochicas, vive sediento de sangre, y por eso exige sacrificios humanos. Los gobernantes Ciequich, y los Alaec de los valles le ofrendan jóvenes guerreros que pletóricos de fe combaten en explanadas al efecto en los magníficos templos de Huaca de la Luna, Huaca el Brujo, Huaca Pañamarca y Huaca Rajada, entre otros. Estos combates y la sangre derramada y ofrendada son agradables al creador, que en su contento provee de agua, alimentos y triunfos a sus súbditos moches, y así mantiene el equilibrio del universo. O al menos de eso estaban convencidos los susodichos moches, y más valía que lo estuviesen, pues que una de las maneras de sostenerse en el poder, como bien sabe nuestro sagaz Arzobispo, es ser intermediario de la divinidad e interpretarle sus antojos. Algunos arqueólogos explican la decadencia de los moches (relativa, por cierto) por la incapacidad de los sacerdotes moche de convencer al resto de la sociedad de continuar con los sacrificios humanos, dada la percepción de su inutilidad en el contexto de un desastroso fenómeno del Niño.  


III

Los Hombres Pallar

Hacia 3000 A.C. los hombres de los Andes estaban en pleno proceso de domesticación de plantas y animales. En ese contexto es que se domestica el pallar, menestra que hoy forma parte de excelentes potajes peruanos, españoles y vietnamitas (eso leí en wikipedia), lo que hace que uno se sorprenda de las extrañas rutas que suelen seguir los productos culturales. Los moches, al igual que otros muchos pueblos de aquí y de allá, veían algo maravilloso en el hecho de que nazcan frutos de la tierra que parecían destinados a nutrir a los hombres. Y trataban, cómo no, de manifestar el agradecimiento y unción correspondiente, para que el obsequio continúe. Como el trigo y la vid en otras latitudes, el pallar fue alimento de dioses y dios él mismo, y más aún en la mente de los moches: Fue un “comunicador”, una “escritura” en sí misma, un “código” secreto a descifrar, tan misterioso en sus peculiares manchitas blancas y negras, diferentes en cada generación de pallares, que no parece menos sino que el propio Aia Paec trata de decirnos algo, de recordarnos su presencia. Claro es que solo los sacerdotes pueden dar razón de estos arcanos mensajes. Pero el hombre, ay, es rebelde y desobediente, e irrespetuoso con sus dioses y hay que hacerle recordar de vez en cuando a lo que se arriesga. Los moches sacrificaban a Aia Paec las ofrendas debidas, humanas cuando era preciso. Pero un día la cosecha fue tan buena, tanto habían trabajado los agricultores en sus campos, acueductos y diques; tan hábiles fueron los ingenieros hidráulicos en el diseño de los canales y reservorios; tan capaces los líderes en movilizar hombres y recursos, que la cosecha de pallares fue simplemente extraordinaria. Y en el medio de la gran fiesta que se armó, los moches se olvidaron de honrar a su dios, y eso a Aia Paec no le gustó nadita de nada. Naturalmente, la idea de exterminar a estos desagradecidos destripaterrones debió pasarle por la mente, pero Carmen no nos lo dice, aunque seguro que se lo sabe. La cosa es que al final elucubró un castigo más sutil y menos definitivo: Mientras los moches se daban la gran vida metiéndole a la chicha con ganas, cayeron en cuenta que sus cuerpos se redondeaban y cambiaban de color. Se convertían ellos mismos en pallares, vaya. Y como Aia Paec no solía hacer las cosas a medias, también transformó a los animales del entorno, y así venados, zorros y otros bichos adquirieron la forma de pallar.

Los múltiples inconvenientes surgidos de este hecho les causaron a los moches muchas molestias y debieron acostumbrarse de nuevo a realizar de otro modo incluso las tareas más sencillas. Y es que tener forma de pallar puede ser muy molesto. Sin embargo, la energía de los pallares es tan grande que así y todos los valerosos mochicas se sostuvieron en sus lugares, se conservaron a sí mismos y resistieron a sus enemigos mientras continuaban con sus acostumbradas labores. Probablemente sin la protección del mismísimo Aia Paec no habrían podido mantenerse, pero eso ya es una especulación mía. La cuestión es que entre unas cosas y otras se tomaron su buen tiempo en caer en que no le habían hecho las ofrendas debidas al Degollador, y que éste les había hecho la gran jugarreta. Y así llamaron a sus mejores artistas y les dijeron que preparen unas ofrendas como nunca antes lo habían hecho para que el dios se ponga contento de nuevo. Los artesanos mochicas trabajaron sus ofrendas de día iluminados por el Sol, y de noche por la Luna y las Siete Cabrillas, esmerándose para contentar a su Todopoderoso, y una vez terminados ceramios y tejidos se los entregaron a sus más veloces mensajeros para reunir todo en los Templos y ejecutar la más grande ceremonia de ofrenda jamás realizada. El centro del asunto eran las representaciones que los artistas moche habían practicado en las réplicas de los pallares, dibujadas, tejidas o esculpidas: Cada réplica de pallar pintado de negro sobre blanco, cada uno de manera algo diferente, cada cual con un mensaje diferente para Aia Paec, según lo que cada artista había querido y tratado de representar. Así el dios se apiadó y devolvió a hombres y animales sus formas originales, y la felicidad fue grande cuando los moches prometieron no olvidarse más de las ofrendas a sus dioses. Pero considerando la muy mala memoria que suele afectar a los seres humanos cuando les va bien, Aia Paec dispuso en su sabiduría que los pallares nacerían de ahora en adelante con manchas negras sobre fondo blanco – o blancas sobre fondo negro, lo mismo da – como repitiendo o devolviendo los mensajes que el Dios había leído en las réplicas de los pallares. Así en adelante estos sinvergüenzas no se olvidarían de las ofrendas y no habría que tomar medidas radicales.

IV

Historias, ediciones y pallares


Por supuesto la historia es más larga y con más acontecimientos, y además las ilustraciones son sencillamente extraordinarias. Por si fuera poco, la edición es bilingüe (inglés y castellano), cuenta con actividades lúdico – educativas y con un excelente apéndice para enterarnos de más cosas; ello aparte de un completo glosario y, como no puede ser menos en un trabajo de tan excelente calidad, sus fuentes de investigación debidamente detalladas. Probablemente el principal defecto de este libro sea su pretensión de tratar de ser absolutamente completo, pero ¿será eso un defecto? En fin, queremos ser justos y tratar de no dejarnos llevar por el entusiasmo, pero así somos y qué hay con ello. Para el caso entonces le cedemos la palabra a la autora, Carmen Pachas, para que hable de sí misma: ¿Qué lleva a una contadora a utilizar su tiempo libre e investigar sobre la sabiduría de los antiguos peruanos (Yachay), traducirla a un lenguaje lúdico (Pucllay) y transmitirla a los niños a través de un cuento que los transporta atrás en el tiempo y en distintos puntos del territorio nacional (Pacha)?. Bueno, averígüelo por sí mismo, mi estimado lector. Y para eso le doy este enlace: https://yachaypucllaypacha.pe/index.php/nuestros-cuentos-2/alimentos/aia-paec-y-los-hombres-pallar#.U3t1gNJ5OSo
Es muy importante mencionar que la inspiración de los gráficos empleados en Aia Paec y los Hombres Pallar viene en línea recta de la iconografía mochica original, estudiada desde decenios atrás y clarísima fuente para Marie Isabel Musselman y Andrea Lértora. No es la primera vez que se emplea esta iconografía aparte de los estudios propiamente arqueológicos e históricos. El empuje creativo de la recopilación de mitos tuvo un ejercicio importante gracias al Instituto de Estudios Peruanos (IEP), que lanzó en 1993 una corta edición (3,000 ejemplares) de Las aventuras del Dios Quismique y su ayudante Murrup; y otra parecida en 1994 de La rebelión contra el Dios Sol, como partes primera y segunda de una serie - Los Dioses de Sipán -, del conocido intelectual e investigador Jürgen Golte. Ignoramos si se han editado más. El formato de Aia Paec y los Hombres Pallar, siendo mucho más ambicioso, completo y de intenciones lúdico – educativas más claras y desarrolladas, parece claramente inspirado en Golte y sus Quismique y Rebelión. La diferencia está en la parte que podemos denominar de recreación: Pachas – Musselman – Lértora logran recrear el mundo moche a partir de la iconografía asumida como fuente, con solvencia y creatividad. Las intenciones de Golte son más precisas y menos ambiciosas, utiliza bien las fuentes pre-existentes para narrar mitos, y eso lo hace definitivamente bien.
    
¿Y los pallares peruanos negriblancos? Pues que los tenemos en casa y hemos sembrado la enredadera. Dícennos que esta semilla provino de otra semilla obtenida de una antiquísima ofrenda moche encontrada en Túcume, y que data de siglos. Yo no sé si eso será verdad, pero me gustaría creerlo. La bonita enredadera da cada tres meses unas vainas con tres o cuatro semillas dentro, con un patrón de diseños negros sobre blanco variable de generación a generación. De hecho los pallares que sembramos se nos vuelven un poco más negros cada vez que los cosechamos. Se me ocurre que de repente es una adaptación genética al feo microclima urbano. Lo que sí se nota es que necesita mucho sol y poca agua, ciertamente es una planta peruana por lo aguantadora y resistente. Regalamos semillas cada vez que podemos, quisiéramos que en cada hogar peruano haya una de estas plantas. Así que ya saben, chicos, planten sus pallares y cuando los cocinen, sancóchenlos algo más de lo que se hace con los pallares “modernos”, o si no, no les quedarán bien.

V

Colofón

Ahora que acabo me doy cuenta, como siempre, que me faltan cosas qué decir. Seguro para eso son los colofones. No dije que la palabra “pallar” dicen que viene del muchik pajek o pegyec que significa “noble guerrero moche” o “guerrero que se encarga del enemigo”. También se me olvidó que para que Carmen y su Banda lograran esta maravilla lograron la colaboración de muchas personas e instituciones, como la Doctora Inés del Águila, Consuelo González, Ricardo Morales, Ulla Holmquist y muchos más. Y hay muchos más, aunque con seguridad algunos que deberían haber estado no están. Ellos se lo pierden. Hasta la próxima.

Peru Blogs

martes, 28 de enero de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 74 - LITERATURA INFANTIL (i) - CHARLES PERRAULT

CRÓNICAS DE LECTURAS – 74
Literatura Infantil (I) – Charles Perrault

I
Infantiles, sí, pero no tanto…

He encontrado esta espantosa sigla: L I J (Literatura Infantil y Juvenil) y de veras que no me gusta. Por qué juntar lo Infantil con lo Juvenil, por qué pasar por alto la Pubertad y la Adolescencia. Ya sé, no me digan, es conveniencia de las editoriales, si hoy en día incluso se hacen congresos de escritores de L I J. Yo no sé ustedes, pero los motivos por los que leo me los tengo claros y soy bien relajado: Leo porque me gusta, porque aprendo, porque esta cabeza – la que traigo puesta - llega de un modo a la primera página de un libro y sale de otro en la última. Vale decir leo porque me conviene, porque me da mi regalada gana, y no le busco tres pies al Gato… ni aunque tenga Botas. Aparte, cuando veo a mi hija comerse los libros como malvaviscos me invade la satisfacción que justifica hasta el hecho de buscar trabajo bajo las piedras. Se trata de poner lo mejor en cartelera: La madre de mi hija gusta de los libros grandes, elegantes, bien editados, con dibujos y colores full arte, la estética le manda y no hay nada mejor que ser uno mismo con los propios vástagos. Aunque a mí la estética del libro me seduzca, la veo menos que al contenido, y trato de respetar los procesos, pero como profe no puedo evitar preocuparme, aunque a veces le deje la chamba al Espíritu Santo por intentar no exagerar en lo que mi hija - y mis hijos mayores en su momento – lee o deja de leer. Y si la literatura en general se guía por un criterio estético en lo fundamental ¿por qué no la L I J? Creemos que lo infantil es sinónimo de fácil y nada más falaz. La lectura para niños, como sabían los viejos contadores de cuentos y como saben hoy los editores, muestra conflictos, argumentos y mensajes de grande complejidad. No me canso de decir que los niños son niños y no idiotas, como parecen creer incontables padres y educadores. Las historias “para” niños son escritas por escritores “para” niños, de bagaje axiológico propio e intención específica, a veces sólo la de ganar plata con su pericia. Pero si el escritor es bueno – debe serlo si reúne la solvencia literaria con la docente - la Literatura se orienta a lograr en los niños el disfrute estético, lúdico y creativo; y además cumple finalidades pedagógicas y formativas, en particular como correa de transmisión de Valores y datos sobre la Vida. Cuando funciona.

Como en la actualidad los padres estamos con justicia alarmados por el estado del mundo que le dejamos a los vástagos, nos preocupa qué aprenden porque en el mejor de los casos el futuro se ve negro y ferozmente competitivo, y sospechamos que sobrellevarlo les será algo más fácil con habilidades desarrolladas en el leer y comprender. Creo que es eso lo que justifica hoy en día a la Literatura Infantil a los ojos de padres y maestros. Pero los chicos y chicas no son igualitos todos, Richard Bamberger en Promoción de la Lectura los clasifica por sus gustos y preferencias en lectores realistas (prefieren temas cotidianos), estéticos (juegan con palabras y sonidos), románticos (apegados a la fantasía y la magia) e intelectuales (orientados al conocimiento), y como no hay tipos puros, ganan los chibolos cuando padres y maestros nos ponemos anarquistas y les dejamos al alcance todo tipo de Libros de Literatura Infantil, y de la otra. Al principio no había Literatura Infantil, ni L I J ni más vainas de esas, los viejos contadores de historias no diferenciaban el auditorio ni apartaban a los chicos cuando la historia se volvía no apta, para ellos mientras más mejor. Por otra parte, un juego de video de hoy expone a los chicos a historias mucho más dramáticas y sanguinarias que La Niña de los Fósforos. La mayor parte de las veces que papis y mamis “protegen” a sus hijos, a quien en realidad protegen es a ellos mismos de su propia insolvencia e incapacidad para enfrentar el dolor y la triste realidad del mundo. Y así las viejas historias sobreviven de contrabando, a pesar de ser modificadas hasta lo irreconocible por bienintencionados editores que cubren las necesidades … de los padres. Las viejas historias – podríamos incluir los viejos mitos - no fueron hechas por preocupados educadores, sino por literatos que trataban de contar buenas historias. Ahora nos dedicaremos a los Clásicos de la Literatura Infantil, perdónennos que nos olvidemos de la L I J.   

II
Charles Perrault y los Cuentos de mi Madre la Oca

En 1697 el francés Charles Perrault (1628 – 1703) publica las Historias y Cuentos de Tiempos Pasados, que subtituló Cuentos de mi Mamá Gansa o Cuentos de mi Madre la Oca. Inaugura así ciertos recursos literarios, como el autor falso (tal Mi Madre la Oca, popular e imaginaria dama francesa del campo que parece se sacaba los cuentos de la manga) y el concepto mismo del Cuento de Hadas. Pero no es él quien inventa a la dama, a la que se puede rastrear a comienzos del siglo, basada en la verdadera y famosa Bertha Pied d´Oye (Bertha Pie de Ganso), quien al parecer hacial el año 1000 era una eximia narradora de cuentos y esposa del Rey de Francia Roberto II. Perrault inaugura también el Érase una vez (Il était une fois), como la no menos famosa coletilla y fueron felices por el resto de sus días, así como las reiteraciones tipo Abuelita, que (ojos, orejas, manos) tan grandes tienes, y las moralejas finales en verso. De hecho Perrault pone por escrito y en forma culta las historietas de viajeros, quitándoles el contenido vulgar y “no apto”, dando inicio a la larga tradición de versiones edulcoradas y “rebajadas” para niños. Por cierto que ello empata con la alta consideración en que tenemos la niñez en este siglo XXI, y aunque parece que en eso se nos está pasando la mano, ese es otro tema, y la gracia es que Perrault empata. Es el clásico definitivo de los cuentos infantiles y muchísimos autores copiarán sus temas, personajes y caracteres con absoluto descaro y  desprecio de su época. Pero es así que los cuentos de Perrault han alcanzado a ser hoy tan ampliamente conocidos. Por ello estoy seguro se me perdonará si trato de no abundar tanto en los más conocidos y me centro en los menos reproducidos.  

De La Bella Durmiente del bosque se elimina en las versiones modernas “rebajadas” la segunda parte, en que la malvada madre del príncipe es una ogresa que trata de comerse a todo el mundo, y como buen francés Perrault resuelve el asunto aunando la bondad a la astucia para triunfar de las maquinaciones. La Caperucita Roja clásica no tiene final feliz, la niña es devorada por el mismo lobo que se comió a la abuela, los cazadores que le abren la panza al susodicho fueron añadidos posteriores de los hermanos Grimm en busca de un artificial final feliz, porque la Caperucita no simboliza el Bien ni la Ingenuidad como en las versiones modernas, sino más bien la Necedad y la Estupidez. En La Cenicienta que se edita en nuestros días no se introducen en general grandes cambios, excepto por los añadidos y continuaciones artificiales que Disney se sacó de la manga para modernizarlas y hacer más plata con las segundas partes. Las variantes que se han introducido en diversas películas tienden a rescatar y acercarse al espíritu de la obra, aún en aquella donde metían de contrabando a Leonardo da Vinci. Pulgarcito (O Meñiquín) muestra un tema muy reiterado, repetido por los Hermanos Grimm en Hansel y Gretel: la familia de pobres leñadores que no consigue alimentar a sus hijos y los abandona en el bosque por no verlos morir de hambre, lo que debe haber ocurrido demasiadas veces en la edad media. Pulgarcito es pequeño en tamaño pero grande en astucia, tan cara a Perrault como valor fundamental en que sostiene el triunfo del bien sobre el mal, y consigue sobrevivir y aún rescatar a sus hermanos ahí donde otros más grandes y fuertes hubieran fallado.


Todos estos cuentos han inspirado muchas obras de arte, con cuya referencia no agotaré a mis lectores, pero es imposible no mencionar en música y ballet, de Peter Ilitch Tchaikovsky La Bella Durmiente: http://www.youtube.com/watch?v=DJH0luFp2Vs. De Maurice Ravel Mi Madre la Oca: http://www.youtube.com/watch?v=o3rir1bWTyI. De Serge Prokofiev La Cenicienta: http://www.youtube.com/watch?v=Y6G0WG6YwBo. De Montsalvagé El Gato con Botas: http://www.youtube.com/watch?v=4pGqPvlzyrE&list=PLTZs4J2kcevmw5HteVWkLrx5ODdC1VswE

   
 III
Charles Perrault y más Cuentos de mi Madre la Oca

En El Gato con Botas, que Perrault llama originalmente Maese Gato, éste es dejado como única herencia a un muchacho que planea comérselo, parece lo único a hacer con él, pero el Gato le convence de dejarlo hacer, se dota de botas y un saco, y usa de diversas triquiñuelas para hacerse necesario al Rey de la comarca y hacer pasar a su amo pobretón como Marqués de Carabás, en una historia de creativo arribismo social para aprovechar las ocasiones como fuente de posibilidades, pero que se sostiene moralmente en la vera amistad que une al Gato con su amo. Al final el Gato logra que un Ogro que devasta la región se convierta en ratón y se lo come, la agradecida hija del Rey se enamora del muchacho y etcétera etcétera viven felices para siempre y el Gato se la pasa magnífico el resto de sus días. Pareciera que el Gato es un sinvergüenza amoral, pero en épocas de inmovilidad social se asciende usando de las propias habilidades pues la vida es difícil y la realidad manda, no siempre se puede ser moral a rajatabla. Piel de Asno presenta contenido escatológico y edípico: Los valiosos excrementos de oro del asno dan fondo a una historia en que hay riesgo de incesto padre-hija, estorbado sin embargo por la intervención de un hada madrina que aconseja a la hija del Rey haga demandas imposibles y así evite una boda incestuosa. Así solicita y obtiene la piel del asno mágico, que cuando se la pone la convierte muy convenientemente en una damisela fea, y así escapa a otro Reino. Como siempre lleva puesta la piel la nombran Piel de Asno, y encuentra chamba en las cocinas de una granja. Un día que anda sin camuflaje, el consabido Príncipe de la comarca la ve por el ojo de la cerradura (mañosón el aristócrata) y cae rendido de amor por ella, pero luego no la encuentra, pues Piel de Asno no se quita la ídem así nomás. El Príncipe insiste en que ella le hornee un pastel para curar el mal de amor. Para mí que algo se olía, porque eso del pastel de curar mal de amores, hecho por la misma de la Piel … seguro que algo se sospechaba, debe haber visto más por la cerradura de lo que se dice.

Por lo demás, la niña bajo la piel del asno guardaba su corazoncito para el Príncipe que tantos extremos hace por su amor, e “inadvertidamente” deja caer un anillo en el pastel. El Príncipe lo encuentra y declara que casará con aquella cuyo dedo encaje en el anillo - véase el parecido con el zapatito de cristal - y por ahí que el dichoso asunto estaba medio arreglado, pero dejemos las teorías de complot; el Príncipe casa con la bella Piel de Asno, la que descubre luego que su papi se ha consolado con una viudita, y… todos a comer perdices. El no saber qué hacerse del incesto ha dado lugar a que Piel de Asno aparezca muy de cuando en vez, y cuando lo hace está editado de todos esos fastidiosos elementos. Por cierto que Barba Azul es aún más inconveniente y apenas parece Cuento para Niños. El Barba Azul original parece se remasterizó en su contrario en La Bella y la Bestia, que elimina lo sanguinario y homicida. En la versión de Perrault, el protagonista es un rico aristócrata de talante fiero y salvaje, que tiene a sus vecinos en el puño y con ello pone de relieve lo buen partido que es, concertando varios matrimonios bajo presión con las hijas de los vecinos, esto hasta siete veces. Al final se casa con una astuta damita que accede al sacrificio y se gana la confianza y las llaves del castillo del barbón de marras. Un repentino viaje de negocios saca de circulación al de la Barba, y la curiosidad de su esposa la lleva a abrir el único cuarto prohibido, donde descubre el clóset en que el maldito guarda los siete cadáveres de sus predecesoras. En ese momento llega el Barbón, se arma la gorda, la esposa y su hermana se atrincheran en la torre del castillo y esperan el rescate de sus hermanos en plan de “salvamento de último minuto”. Por cierto que este cuento era, como se dice hoy, based in a true story. Hay acá más sangre que en Freddy y Jason, se ve por qué se le suprime de las ediciones modernas. 

IV
Charles Perrault y aún más Cuentos de mi Madre la Oca

El cuento epónimo Las Hadas desarrolla el tema de las dos hijas, la menor buenísima y la mayor malvada, desagradable y fea como la madre. La intervención de la consabida hada premia la amabilidad y generosidad de la hermana pequeña con un don: a cada palabra pronunciada, de su boca brotaría una piedra preciosa o una flor. Siendo la mayor en cambio egoísta y malosa, se le otorga el “don” inverso: cada vez que hablara saldría de su boca un sapo o serpiente. Destino complicado para ambas, me parece, aunque puestos a escoger son preferibles las flores a las serpientes. En todo caso el evidente favoritismo en el reparto de dones determina que la madre y la hija mayor arrojen de casa a la menor, que tiene que irse al bosque. Allí la encuentra un Príncipe (parece que los príncipes no tienen nada mejor que hacer que darse vueltas y vueltas por los bosques en busca de princesas encantadas) que queda, para variar, prendado de su belleza, y se enamora y casa con ella y vivieron felices para siempre. La hija mayor se volvió más malvada y despreciable aún, y su castigo fue morir sola y olvidada en un rincón del bosque. El tema de los valores contrapuestos se encontrará mucho más desarrollado en un cuento que no se reproduce por lo general en las ediciones modernas, probablemente por la complejidad y excesivo realismo de su trama, Riquete el del Copete, un príncipe extremadamente feo (posible antecersor de Cyrano de Bergerac), pero dotado de gran inteligencia y gracia. Decíanle el del Copete porque nació con una mata de pelo en la frente. El hada que presenció su nacimiento le dotó con la facultad de otorgar una inteligencia tan brillante como la suya a la persona a quien él más amara.

En un reino no muy lejos del de Riquete han nacido dos princesitas, una muy bella pero tonta, y la otra fea pero inteligente (Lo que recuerda a Blanca por fuera y Rosa por dentro de Jardiel Poncela). La misma hada que presenció el nacimiento de Riquete estaba por allí, y concedió a la bella pero tonta la facultad de otorgar una hermosura tan perfecta como la suya a la persona a quien ella más amara. Como se ve no parece que al hada le faltara inventiva sino que trataba de empatar geopolíticamente ambos reinos, sus buenas razones tendría. La cosa es que, al revés de lo que nos imaginaríamos, la princesa fea pero inteligente era muy solicitada por su espíritu brillante y sagaz, en tanto que pese a su hermosura a la bonita no le daban bola, cosa que me parece deprimiría a cualquiera. Es por ello que la hermosa se refugia en al bosque a llorar amargamente sus penas cuando, qué extraño, aparece de la nada Riquete el del Copete, que espontánea y fulminantemente se enamora y le pide que se case con él, lo que ella acepta, aunque pide un año de plazo. Hasta aquí todo funciona de perillas, pues entra en acción el don del hada, y ella se vuelve tan inteligente como Riquete. Pero parece que el don no era retroactivo, ella olvida la promesa, y bella e inteligente como ahora es atrae la atención de otros pretendientes más guapos que piden su mano. Al año se aparece Riquete listo para la boda, la princesa es sorprendida y en un prolongado y sutil diálogo la inteligencia del príncipe cautiva a la joven, se dispara el trigger del otro don, y Riquete queda transformado en tan hermoso doncel como bella es la doncella, y así ambos se igualan, se casan y viven felices para siempre.
      
Los deseos ridículos es otro cuento de pobres leñadores, como Pulgarcito. Un leñador desengañado y quejoso recibe la visita de Júpiter, que le concede Tres Deseos, los que desperdicia en medio de una discusión a la que se deja llevar por su mujer, que le hará hablar de modo irreflexivo. Grisélida o Griselda trata sobre la misoginia y los prejuicios de género y por eso, y con razón, no se edita. Para ilustrar lo dicho, el joven rey no se casa porque entre las mujeres La cándida se trueca en coqueta, la prudente en alborotadora, la que era alegría de su casa en infierno de la del marido; la económica en derrochadora, la modesta en imperiosa, y la que no osaba levantar la voz en el hogar paterno, quiere mandar en absoluto en el del esposo. Pero al final cede y se casa con una joven, hermosa y virtuosa pastora, Grisélida, a la que conoce casualmente, y que le da una hija. Pero la misoginia y el recelo sólo estaban dormidos en el corazón del joven rey, que prueba una y otra vez a Grisélida, la separa cruelmente de su hija, y le miente asegurándole que estaba muerta, cuando solamente la había recluido en un convento. Años después, destierra a Grisélida de su lado y la devuelve a su oficio de pastora. La niña entre tanto ha crecido y es pretendida en matrimonio, y el rey encarga a Grisélida que la atienda sin reparar en que es su hija, y diciéndole que se casará con ella. Al final el mismo rey descubre el asunto, pone las cosas en su lugar y todos viven felices para siempre. Pero en mi modesta opinión ese reyecito se merece un set completo de patadas en salva sea la parte. Los Cuentos de mi Madre la Oca pueden encontrarse aquí: 
  
V
Colofón

Los cuentos de Perrault son más cercanos a la vida real que los que se desarrollarán después, aún con las mismas tramas. Hay en ellos violencia y muerte, y eso que el autor trata de dulcificarlos para hacerlos potables para los niños. Como ya he dicho en otras ocasiones, no me agrada mucho eso de edulcorarles la existencia y la literatura a los niños, y me parece que Perrault, a diferencia de los Grimm – de los que hablaremos en otra Crónica – es  bastante más real y menos romántico. En todo caso testimonia una época, y sus cuentos se siguen leyendo, y son recomendables aún.    

Peru Blogs

viernes, 16 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 50: LAS MIL Y UNA NOCHES (3)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 50
Las Mil y Una Noches (3)

I
La lengua árabe

La lengua árabe en la que se escribieron el Corán, las Mil y Una Noches y otras muchas obras es muy diferente de las romances, las germánicas y las eslavas, y posee por su cuenta algunas espeluznantes particularidades. Su disposición gráfica, vale decir lo que se ve en un texto árabe clásico nos recuerda las Biblias y otros Libros Incunables editados por Gutenberg y otros viejos editores antes de que se inventaran los signos de puntuación y otros medios de organizar las ideas, que según parece esto de los Organizadores de Ideas actuales no son más que la última expresión de una antigua y gloriosa tradición. Medio milenio de Imprenta nos acostumbró a la evolución de una tipografía que dispone hoy de divisiones por párrafos y acápites, de mayúsculas y signos de puntuación, de vocales fonéticas y otros signos auxiliares. Ni el uso de la arroba (@ - originalmente medida de peso para 100 kilos) ni el de los emoticones son precisamente novedad desde el punto de vista de la tipografía. Las delicadezas tipográfícas fueron extrañas al árabe y al hebreo, su resucitada lengua prima hermana. Ahora bien, para lo que sirve esta parafernalia de imprenta es para precisar y agudizar la comprensión lectora como una respuesta a la complicación en la decodificación. Si en las lenguas de alfabeto fonético de tipo latino o cirílico la Decodificación y la Comprensión pueden más o menos separarse como procesos, parece que aprender a leer en árabe o en hebreo implica que el proceso bicorne de DECODIFICAR / COMPRENDER hay que dominarlo a la vez. Pareciera que los alfabetos latino y cirílico pusieran muletas en las entendederas para lograr la abstrusa habilidad de leer, que no otra cosa son esas constantes anáforas y vueltas que otorgan a lo escrito en latino y cirílico un sentido que el lector árabe en árabe y el lector hebreo en hebreo no necesitaban para captar el sentido de lo escrito. Para ellos desde el mismo principio de su aprendizaje hay que pasar por la comprensión del entorno cultural metido en la escritura, y ello nos explica por qué para ingresar a la Universidad de El Cairo durante el período más brillante de la cultura árabe el único “pre-requisito” (qué palabra más horrible) era recitar el Qumrán completo, de memoria y sin errores. Se me ocurre que algo así debe pasar también con el coreano, el japonés y el chino mandarín en sus modernas versiones fonéticas.

Que este tema tiene su importancia se ve en lo que le ocurrió al pobre San Jerónimo, traductor de la famosa Vulgata Latina, y a los primeros equipos de Traductores de las Escuelas de Palermo y Bolonia cuando se les encargaba diversas partes de la Biblia y enfrentaron textos en hebreo. Motivados estaban, considerando que de su chamba dependería el texto sagrado de toda la Cristiandad por los siglos de los siglos: Estos no cantados héroes se enfrentaron cuál Roldanes y Oliveros de Cantar de Gesta a textos hebreos sin mayúsculas, ni signos de puntuación, ni vocales, párrafos ni otros apoyos a la interpretación, y se vieron obligados a ir al combate inventando sobre la marcha UNIDADES DE SENTIDO por su cuenta y riesgo: Los versículos y capítulos de la Biblia fueron el resultado, que por cierto nos complicaron la existencia a nosotros lectores al darle a las Sagradas Escrituras sentidos que de seguro no poseían en el principio. Y así se nos hace penoso recordar los motivos por las que las diferentes sectas se han asesinado y quemado entre sí, todo por el sentido de una u otra palabra o frase que nadie miró en el original hebreo, donde el problema de repente nunca fue tal a los ojos y entendederas de los dichos. Por otra parte, como en el japonés, el sánscrito y el llamado quechua imperial, hay formas cultas del árabe que no son para ser habladas sino solamente escritas. En árabe y hebreo las vocales se marcan solamente si son verdaderamente necesarias, es decir si hay riesgo concreto de confusión. En estas lenguas “lo que no se dice” tiene tanto o más peso que “lo que se dice”, lo que nos trae a las mientes ciertos pasajes del Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein acerca de lo inefable, de lo que no se puede hablar como centro atractor de lo que se habla. El contenido entre líneas está así casi manifiesto para los lectores árabes y judíos, Cuando Sir Richard Burton enfrentó esto por primera vez, trató de presentárselo a occidente de manera que los occidentales entendieran cómo funcionaba la lengua árabe, y por eso renunció a los párrafos y separaciones y tradujo, por decir así, “de corrido”, repitiendo la disposición gráfica de las letras tal como las encontró. No pudo ir tan lejos como hubiera querido, los editores de seguro no lo dejaron: Mantuvo algunos signos de puntuación y las vocales, y así aunque como edición no fue precisamente un éxito editorial, es de consulta obligada para los especialistas.     

II
Continúan las Historias, y el rol de Dunyasad

Hemos visto ya la intención apologética del Islam, siempre presente en las historias narradas por la encantadora Shahrasad. Como la Biblia, las Mil y Una Noches a veces es tolerante de otros cultos, pero siempre subsumiendo su eventual verdad dentro de la propia, como suelen hacer todas las religiones, las que aunque juzgan justos a los justos de otras religiones, los consideran “en ruta” hacia la verdad que ellos representan más fielmente que los otros. No es muy diferente esta ruta al camino de la vida que propone el Dante al principio de la Divina Comedia. Pero en demasiadas ocasiones las religiones son xenófobas e intolerantes y caricaturizan a las gentes de las otras, en esto las Mil y Una Noches no son la excepción: como en la historia de Mesrur el mercader, y su amada Sinu-L-Mauazif  (Noches 465 a 477) que deja a judíos y cristianos como gente de cuestionable e indigna conducta, en especial cuando tratan de convertir a los Verdaderosa Creyentes a su religión. La historia de Alí Nuru-D-Din y Maryem, la cinturonera (Noches 477 a 492) introduce en las relaciones interreligiosas el elemento político de la “paz armada” propia del segundo siglo de la Hechra, y el rey de Ifrancha al que se alude es sin duda Carlomagno. El nombre Maryem es árabe por María, y su apellido-adjetivo “cinturonera” (as-sonariya) un apodo que los musulmanes le encajaban a los cristianos peregrinos y a los judíos, que usaban el cinturón como parte de su indumentaria. Enredada por supuesto en la clásica historia de amor, probablemente sea una de las que más poesías contiene, particularmente en esa variedad de requiebro que los latinos de América parecemos haber heredado, y también se lee acá un verso que contradice la común creencia en la prohibición muslime a rajatabla del alcohol y que más bien nos sugiere a Omar Khayyam: Bebamos, que Alá clemente / perdona a los pecadores / y en el vino medicina / encuentro yo a mis dolores / y dizque tampoco peco, / al beber, ya que Alá dijo: / - Para el hombre, en la bebida, / se encuentra algún beneficio. Luego, como es común, vienen historias puntuales, destinadas a reforzar ciertos puntos o a relajar la tensión narrativa, incluyendo cortas fábulas como la del cuervo y la culebra (noche 495) o la de la araña y el viento (Noches 497 y 498). Una historia que sigue la misma estructura de la de As-Simbad es la de Abdu-L-Lah, el de tierra, y Abdu-L-Lah, el de Mar (Noches 509 a 511), contada antes de volver a las clásicas historias de amor y más apariciones del Califa Harunu-R-Raschid.  

El tema del Buen Amor aparece en la historia de Kamaru-S-Semán y su amada (Noches 516 a 523), que como el Kamasutra, el Ananga Ranga, el Arte de Amar, el Libro de Buen Amor, el Decamerón  y muchos otros circula entre los polos opuestos y complementarios del erotismo terrenal y el amor sublimado, donde ambos son más o menos la misma cosa vista desde diferentes ángulos. El tema familiar vuelve en la historia de Abdul-L-Lah-Ben-Fazil, Amel de Bazra, y sus dos hermanos (Noches 523 a 528). Entre las noches 528 a 533 aparece un tema nuevo en la historia de Mârufu-L-Askafi y su mujer: Las desventuras conyugales del hombre tranquilo que debe soportar a una mujer insoportable hasta que ya no la soporta, que cambia totalmente su carácter perdiendo en la ruta sus valores morales y haciendo pagar a la realidad por ello con ventaja para él. Pero como la puritana moralidad musulmana no tolera éticamente este modo de resolver el asunto, Shahrasad trata de arreglarlo sin perder el sentido del cuento, y en una solución inconsistente recurre al consabido premio por la buena acción a través de la aparición de un anillo mágico (de los muchos que aparecen en las Mil y Una Noches), que trata de usar en una suerte de compensación moral. Los objetos mágicos (anillos, lámparas, ollas) parecen servir, en las Mil y Una Noches como en otras mitologías, para compensaciones de carácter moral. Pero acá no termina el enredo de Mâruf.  Se aparece la ñora (Fatimetru-L-Urra) a enredarlo todo de nuevo, la moraleja se acompleja, y parece ser que la enseñanza moral final es que a mujeres de esta calaña solo se les apacigua con plata: (Mâruf) no hacía caso de su mujer Fatimetru-L-Urra, la cual era ya vieja y más mala y fea que nunca (…) Y dizque Mâruf, al dispensarle aquellas atenciones y honores, no lo hizo porque lo mereciera por su buen natural, sino solo buscando el agradar a Alá. Lo que es una razón como otra cualquiera para portarse como un caballero. Pero la en otras cosas hábil Shahrasad no sabe cómo recuernos salir del embrollo en que se ha metido. Hay que ganar tiempo y para eso necesita le rescate la hasta aquí silenciosa Dunyasad: ¡Ye qué sabrosas estas tus palabras, más poderosas a cautivar los corazones que las mágicas miradas! ¡Y qué interesantes y atrayentes esas tus historias peregrinas y raras! Pues no se pueden comparar – respondió Shahrasad – con la que pienso contaros la noche que viene, si vivo y el rey prolongar mis días es servido. Cosas del marketing de los cuentos, que en boca propia la alabanza misma es locura y empezamos a entender por qué Shahrazad insistió tanto en tener al lado a Dunyasad como respaldo, que sonsas no eran las hermanitas.   

III
Siguen las historias, y llegamos a Aladino

Ha llegado a mis oídos, ¡ye monarca, el bienhadado!, que Mâruf no desairó a su mujer, por amor a Alá; pero se abstuvo con ella de todo trato conyugal. Continúa la historia de Mâruf, pequeña pero central en las Mil y Una Noches con el intento de la fea y desgradable Fatimetru-L-Urra de robar el Anillo Mágico. Pero el hijo de Mâruf sorprende a la ladrona y la mata por accidente. Así las hermanitas le enseñan a Shahriar, así de pasada nomás, que es solamente Alá quien dispone el castigo de la mujer que le falta al marido, empleando para el caso justicieros al paso. Inmediatamente, para diluir el efecto de lo dicho y no tener que abundar en explicaciones, viene un rosario de historias para distraer (Historia de Baibars y de los capitanes de policía, noches 533 a 543; Algunas historias referentes a Abu-Nuás y Raschid, noches 543 a 549; y otras más). Se hace hora de retornar a la novela de caballerías y hazañas guerreras tan del gusto de los soberanos del Siglo, y así en la historia de Garib y Achib, su hermano (Noches 549 a 572) se vuelve sobre la épica de la lucha contra los politeístas, esto es los cristianos, llamados así debido a su adoración de la Trinidad, que los duros monoteístas del Islam no atracaban por nada. Además - probablemente por contagio cristiano - hay milagros de Alá y conversiones en masa a la fe de Mahoma, sea sobre él la paz. Tras algunas cortas historias se plantea un tema metafísico que siglos más tarde le quitará el sueño a René Descartes: el de la realidad y el sueño en la historia del durmiente despierto (Noches 576 a 583). Tendemos a olvidar que las preocupaciones filosóficas occidentales nacieron casi todas en el mundo árabe, y que Averroes comentó a Aristóteles mejor que Santo Tomás de Aquino. Esta historia dícese habría inspirado a Pedro Calderón de la Barca su La Vida es Sueño, así como ciertas escenas de La fierecilla domada y Sueño de una noche de verano a un tal William Shakespeare. No sabemos, tal vez sea sólo que todos los seres humanos nos preguntamos las mismas cosas. En esto como en todo, Alá es el más sabio.

Tal vez por ser este relato demasiado filosófico es que le sigue una recatafila de crudos cuentitos, como el graciosísimo y constantemente comentado pedo histórico (Noches 583 y 584) y la muy gráfica Ar-Raschid, juez de amor (Noche 585), que anteceden al ciclo de la historia de Alá-D-Din y su lámpara (Noches 587 a 603), una de las más conocidas y famosas de las Mil y Una Noches, ambientada en el Reino de Az Zin, es decir en la China, pero con su mago originario del África. Son de antonomasia los djinns (genios) de la lámpara maravillosa y el anillo mágico de esta historia, más aún porque no son solamente artilugios mágicos capaces de albergar seres que pueden hacer lo que se les pida, sino porque su posesión mejora el alma y el entendimiento de su propietario: Ala-D-Din empieza esta historia como un zafio ganapán, analfabeto y haragán; y la culminará sensato, inteligente y sensible. La lámpara es dadora de luz, el simbolismo en este caso escapa de oriente y se vuelve universal. Otro elemento es el de la elevación de los humildes sobre los doctos, tan propia del Islam y las otras religiones del cercano oriente. Pero Alá, claro, es el más sabio, y en la seguidilla de cortos cuentos que sigue recurre a argumentos anteriores y a otros nuevos, pasando por la historia de Parisad y sus hermanos (Noches 640 a 651) de origen persa, historia caballeresca con una princesa de protagonista; por las llaves del sino (Noches 652 a 660); por la historia de la princesa Nuru-N-Nehar y de la bella Pari-Banu (Noches 660 a 673), y debo confesar que fuera de Shahrasad, es esta hermosa y justiciera hada Pari-Banu mi personaje femenino preferido de Las Mil y Una Noches. Hecha la ruborizada confesión, henos en la historia de la princesa Zuleika (Noches 673 a 681); la de Ataf el generoso (Noches 681 a 695); y dos conjuntos sucesivos de anécdotas atribuidas a personajes populares: El Quevedo de Oriente, Abu-Nuás, mencionado antes, y el famoso Choja, padre de los chistes y los donaires que abarca de la Noche 695 a la 700.       

IV
Y más Historias todavía

Tras la historia de Alí Jocha y el tarro de aceitunas (Noches 700 a 703), popular en las versiones infantiles de las Mil y Una Noches; sigue la del caballo mágico (Noches 703 a 710) pariente del Caballo de Troya y del famoso Clavijo del Quijote; la historia prodigiosa del espejo de las vírgenes (Noches 710 a 717), adminículo que permite averiguar si conserva o no su virginidad la dama que en él se observe. Tras éstas vienen algunas historias cortas de amores infelices y de los otros, incluyendo la historia de la treta que urdió una mujer contra su marido (Noche 722), francamente rabelesiana. Destaca por otras razones la corta historia del ángel de la muerte y el rey de los Beni-Israil o Hijos de Israel (Noches 726 y 727), de origen talmúdico, que presenta al ángel Asrail, el que recoge las almas de los que van a morir, junto con puntos teológicos sobre lo irrevocable de los plazos y la suerte de los tibios e indiferentes en materia religiosa. La princesa mendiga (Noche 735) relata un episodio histórico de las guerras civiles entre Omeyas y Abbasíes, en que una princesa destronada ruega patético amparo a los vencedores. Siguen anécdotas sobre los tacaños, las marrullerías de las mujeres casadas, y en medio una Noche completa (la 739) dedicada a los versos, y para muestra un botón: Si me tildas de imperfecto / te lo agradezco de veras, / pues con ello me aseveras / que no soy sino perfecto. Otro tremendo y dramático episodio histórico se narra en la historia del fin de Chafar, el Visir, y de todos los Beni-Barmek (Noches 744 a 754, incluyendo otras relacionadas), horrenda masacre ordenada por el Califa Harún sobre la familia de su Gran Visir. La fatalidad del amor y la intensidad de los sentimientos – que causa desmayos y desvanecimientos en los enamorados, y eventualmente la muerte, como en esta historia – aparecen en la historia de las tres esclavas (Noches 755 a 757). Luego vienen otras historias y anécdotas de ebrios, para continuar con las apreciadas seguidillas de relatos en la historia de Al-Maliku-N-Nazir y los tres capitanes de la guardia, el cairota, el bulakí y el kurdo (Noches 765 a 770). Vienen historias de amor y de rivalidades entre sirios y egipcios, en que los segundos le toman el pelo a los primeros, más otro cuento rabelesiano, el chico terco y su hermana, la del pie pequeño (Noches 778 a 780).

Un original género literario árabe, la munazira, surge en este punto – aunque ya se vio antes esporádicamente – en la disputa que entre sí tuvieron el cirio y el vino (Noches 788 a 790). La munazira es una polémica, justa o competencia poética entre dos o más rivales, que se disputan un premio y para ello recurrirán a sus mejores galas retóricas. Parece anteceder de algún modo los toasts anglosajones en los que era tan experto Mark Twain, como las competencias musicales o de baile donde se aprecia la capacidad de improvisación, como por cierto la Impro de nuestros días. Otras munaziras enfrentan al aceite y la carne, y a los árabes de ciudad y los beduinos, esta última presenta interés incluso histórico y sociológico. Siguen más historias edificantes de carácter apologético religioso y también histórico; así como anécdotas donosas que involucran al famoso personaje Choja. Por acá se distinguen historias de origen sufí, como la del profeta y la justicia de la providencia (Noches 801 y 802), la del barquero del Nilo y el Santo (Noche 803). A estas alturas del partido, parece que a la encantadora Shahrasad se le están acabando los argumentos, y el rey Shahriar no parece que caerá dos veces en la maniobra de distracción de Dunyasad. La bella narradora recurre entonces a la historia antigua, y hasta se sale del Islam, con Iskander y el rey del pueblo de los humildes (Noches 806 y 807). Iskander el bicorne es el nombre que llevó en el Oriente el Rey Alejandro el Grande de Macedonia, y el que anécdotas suyas se filtraran hasta a las Mil y Una Noches atestiguan su inmenso impacto histórico. Destaca en esta Noche en particular un episodio que involucra calaveras, que según parece William Shakespeare podría haber copiado para Hamlet.

(PARÉNTESIS: Encontré que entre Nicolai Rimsky-Korsakov, el Ballet Kirov y los bailarines Farukh Ruzimátov y Svetlana Zakhárova se perpetraron en el 2002 esto:  http://www.youtube.com/watch?v=CpE_pCHVBR4&list=PL3AD77B0D25EFBBC8 )

V
Colofón


Corro a todo meter para que no me ganen las Mil y Una Noches. Y sí parece que les gano, pero mejor no canto victoria antes de acabar. Algunas historias como las de Aladino y la de Simbad fueron apartadas del corpus de las Mil y Una Noches, y dieron lugar a ediciones aparte de libros, por su extensión vinculados a otros cuentos, e incluso han aparecido películas de aventuras y hasta serie de TV con un Simbad nada parecido al original. Las versiones para niños suelen ser más conocidas, y tienen  la virtud de mostrarte el personaje y la obra, pero así y todo prefiero recomendar la lectura del original para saber qué se incluyó y qué no. Aprovecho sí para quejarme amargamente de la irregular invasión perpetrada por Disney con esa cosa en animación de Aladdín, y su muy artificial personaje la princesa Jazmín, que no le hace justicia a ninguna de las princesas de las Noches Árabes. En fin, lee y ve lo que quieras, no seré yo quien te lo critique. Ya vuelvo con la última parte de estas Crónicas, si Alá quiere. 

Viene de Las Mil y Una Noches (2) en el link:  

jueves, 8 de agosto de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 48: LAS MIL Y UNA NOCHES (1)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 48
Las Mil Noches y Una Noche (1)

En el nombre de Alá, 
el Clemente, el Misericordioso.

I
Contar Cuentos

A mí siempre me ha gustado contar y actuar los cuentos e historias, cantar canciones de cuna y más que eso. He sido feliz haciéndolo con mis hijos, he dictado mis clases como si fueran narrativas y creo que a veces he tenido éxito con mis alumnos, en cualquier caso lo he disfrutado y me he fabricado así frondosos recuerdos que me acompañarán hasta el día que le luzca el pelo a la que deshace las reuniones. Estos últimos años he vuelto a ser feliz leyendo cuentos con mi hija. Y como en nada somos los primeros en este mundo cochino y como todo está dicho - aunque todo esté para volver a ser dicho - pues en esto de contar cuentos e historias se me adelantaron todas las culturas de todas las generaciones de seres humanos. Es que los cuentos no se han fabricado para los niños, aunque por supuesto para ellos también, tampoco me tomen los rábanos por las hojas. Lo cierto es que narrar cuentos e historias satisface una profunda necesidad del ser humano. La oralidad es poderosa, y lo creado para ser contado en las hogueras de los campamentos y los dormitorios de las chozas se convierte en escrito, menos mal. Entre los cuentos e historias que han hecho el gasto los últimos diez mil años de la existencia humana están los que se recopilaron para formar las famosísimas Mil y Una Noches. Esta obra es en definitiva un clásico, pero hay que pensarla como una obra viva, pues la oralidad en ella es tan evidente, que incluso uno de sus recopiladores / traductores (Mardrus) le añadió con toda la del buey cuentos e historias escuchados por él en las barberías y zocos de Damasco. Pero también contiene algunas paradojas: No podemos fechar con exactitud la antigüedad de las Mil y Una Noches, dada la cantidad de versiones que tiene, y el número de cuentos e historias incluidas o no incluidas según la versión. Lo único evidente es que muchas de estas historias son arcaicas. Y aunque tiene un notable sustrato Islámico, hay orígenes de los cuentos y escenarios establecidos en todo el mundo musulmán y más allá: Egipto, China, la India, Persia, Siria, Rum, etcétera.

A pesar de su origen oral y sus grandes indeterminaciones, hay en las Mil y Una Noches una suerte de impersonalidad objetiva, una manera de contar que está ahí y a la vez tiene demasiada dignidad para decir que está ahí, muy análoga a la de otras grandes obras literarias como la Ilíada, la Odisea, el Mahabharata, el Ramayana, los Eddas, el Quijote, el Fausto, la Divina Comedia, etcétera; que nos da la sensación a nosotros, lectores modernos, de haber en la colada un solo autor o cuando menos un solo criterio para determinar qué está y qué no está en la obra. Por otra parte, las Mil y Una Noches no constituyen una narración continua al estilo de los Poemas Homéricos, donde se puede discernir una suerte de linealidad por encima de los eventos narrados. Tiene más semejanzas con la Biblia, que pertenece a la misma tradición oriental, en el sentido que es más abigarrada, a-lineal, arrejuntada. Y sin embargo posee más coherencia que la misma Biblia, dada su estructura narrativa de principio y final, y al hecho incontrovertible que allí donde la Biblia es un montón de libros, las Mil y Una Noches es uno solo, como el Corán. A semejanza del libro de Job y algún otro, la pequeña Historia original de Shahriar y Sheherezada se partió en dos para colocar en medio mucho más contenido. A diferencia de la Biblia y sus diversas lenguas (Hebreos, Griegos, Arameo, etcétera), las Mil y Una Noche están escritas en árabe de punta a cabo, y además son completamente islámicas y mahometanas todo el tiempo (Pero Alá es el más sabio). Por otra parte los cuatro estilos retóricos del idioma árabe están presentes, aunque es el llano (transliterado sazich) el que predomina casi absolutamente, reservándose los otros a efectos muy particulares. Es, pues, por esta y por muchas otras razones que trataremos de dilucidar en esta y otras Crónicas, una obra de origen, desarrollo y final popular, y aparecerán en ella Nobles, Califas, Sultanes, Princesas, Efrits, junto a barberos, cargadores de bultos, vendedores de dátiles, leñadores, marineros, pastores, comerciantes, peregrinos a La Meca, domesticadores de monos y demás fauna humana.

Para información de mis lectores, la edición que empleo es la mexicana de 1989 de Aguilar, traducción y notas de R. Cancinos Assens; primera edición de 1955, de donde extraeré las citas, salvo que se diga lo contrario.    

II
La anécdota de las Mil Noches y Una Noches

Apenas encuentro que la palabra anécdota sea descriptiva para contar el drama que da cuerpo y estructura a esta monumental recopilación de historias de tantos y diversos tipos y procedencias. El drama es común y terrible, más terrible aún porque es común: La infidelidad. El Rey del Siglo (expresión miliunanochesca para diferenciar a Alá – soberano de la eternidad - de los reyes mundanos) Shahriar es un monarca justo y equitativo, caballero valiente y leal, pero ingenuo y caído del palto, que por tener babuchas cree que el suelo es de cuero, debido a su crianza – de él y de su hermano menor, el rey Shahsemán – en el artificial ambiente cortesano. Ambos descubren la realidad de la vida al enterarse de la infidelidad de sus respectivas esposas, que por supuesto, y para variar, son los últimos en enterarse. Shahsemán es el primero: … acordóse el soberano de una cosa que dejara en su palacio olvidada, y tornóse allá, y al llegar, encontróse a su esposa tumbada en el lecho, abrazada al cuello de un esclavo negro de entre los esclavos, y al ver ello ennegrecióse el mundo ante los ojos del soberano. Tras asesinar al negro y la esposa, visita a su hermano Shahriar, pero es obvio que está triste y amargado, y no es para menos con su mundo destruido y sus ingenuas creencias hechas trizas. Además y para colmo, Shahsemán descubre las orgías que su cuñada organiza a espaldas de su marido, y con el consabido esclavo negro. Encuentra Shahsemán cierto consuelo al percatarse que no es el único portador de tupida cornamenta, y al insistir Shahriar en por qué el semblante adusto y melancólico cambió repentinamente, Shahsemán le suelta el bombazo. Convencido por sus propios ojos, voló su razón de su cabeza y  decidieron los dos hermanos correr los caminos, y ver si somos los únicos a los que tal percance les ocurrió en el mundo. Pues si así fuere, preferible a la vida sería nuestra muerte. Quizá algo exagerada la reacción, pero es comprensible. En la ruta hallan un Efrit o Genio a la que su prisionera le saca la vuelta exactamente por 572 veces (llevaba la cuenta la pelandusca en cuestión), contando a ambos hermanos con los que yace bajo amenaza, y planteando, eso sí, sus razones: Este efrit me raptó la noche misma de mi boda (…) Y ha de aprender que las hembras de mi laya, cuando quieren una cosa, no las detiene nada. Lección que más vale que asumamos nosotros, los que gastamos barba. 

Vuelven los hermanos al reino de Shahriar, éste ejecuta a su esposa, al negro y a todos los complicados en las orgías, que eran bastantes. Y desde entonces solía Shahriar, cuando tomaba esposa virgen y le arrebataba su virginidad, matarla aquella misma noche sin aguardar a la mañana. En este plan estuvo tres años, con serio riesgo de despoblar su reino pues empezó a clamar la gente y a huir de la ciudad llevándose sus hijas. Y por supuesto el gobierno andaba en desbarajuste pues su cabeza misma está desequilibrada. Shahriar se ha convertido en un monstruo de venganza, en un déspota sanguinario. ¿Qué otra cosa puede hacer en estas circunstancias? No puede aceptar la vida como es, no perdona debilidades, y trata de recuperar la confianza en sí mismo – de esto se trata todo - impidiendo a sus esposas la infidelidad por la vía directa. Y al no haber muchas más damas disponibles, precisamente, le encarga a su Visir la chamba de alcahuete. Entra así Shahrasad o Sheherezada, hija del Visir, en escena. Y es una joven sabia y hermosa y valiente (En la Biblia hubiera sido el epítome de la mujer fuerte, ¿quién la hallará?): Por Alá, padre mío, cásame con el rey y a fe que moriré o serviré de rescate para las hijas de los mahometanos y las libraré de entre sus manos. Por supuesto, por poco que lo pensemos, vemos que los planes de Shahrasad combinan los de las heroínas judías Judith y Ester, que la niña no es ninguna boba, y contempla todas las posibilidades, incluso la de matar al rey, lo que no pasará porque el rey no es en verdad malvado, sólo está enfermo de misoginia y debe ser curado. Y con la complicidad de su ligeramente descocada hermana menor Dunyasad, Sharasad empieza a contarle cuentos a ésta y al rey, que sin darse cuenta se interesa en la continuación y pospone la ejecución de su esposa todos los días, pues ésta lo deja siempre con la miel en la boca y con la yuca adentro. Ella contará cuentos por más de mil noches … y estas inocentes historias resultan ser la terapia que devolverá la vida al triste y melancólico soberano, la belleza y la esperanza y la ilusión del amor. Alá, efectivamente, es el que más sabe, pero ¿qué más podemos nosotros, los mercaderes del zoco, decir de Shahrasad, la heroína del pueblo, la salvadora de las mujeres, la amante deliciosa, la elocuente cuentacuentos …? ¿Por qué, ye Alá, el Piadoso, el Apiadable, no has puesto en tu sabiduría una hembra así al lado de cada estúpido varón con que poblaste este mundo …?

La admiración que despierta la hermosa y sabia Shahrasad no es solamente literaria. El ruso Rimsky-Korzakov le compuso el poema sinfónico Sheherezada, en la que el violín la representa:

III
El Libro de las Mil y Una Noches: 
Lo que se dice y lo que se calla

El de los conocimientos maravillosos y las historias entretenidas, peregrinas. Las cuales noches añaden curiosidad a curiosidad y ofrecen descripciones de amor y pasión y locura de amor. Y contienen historias y rarezas amenas y divertidas y graciosas, adornadas con figuras sorprendentes nuevas, de lo más nuevo que haber pueda, y panoramas prodigiosos de los prodigios de los tiempos. Esta es la traducción castellana literal de la edición de Bulaq, y tratar de reproducir o siquiera contar en el corto espacio de unas Crónicas toda la riqueza de las Mil y Una Noches es ciertamente locura y hace que me pregunte seriamente sobre mi equilibrio mental. Trataremos solamente de presentar algunas de las partes y rasgos que definen esta gran obra. Y empezaremos con el hecho que las historias de Shahrasad se engranan siempre con palabras más o menos estereotipadas, del tipo Ha llegado a mis oídos, ye monarca, el afortunado, que había una vez … y así arranca una historia que puede durar menos de una noche, o tal vez treinta o cuarenta, con añadidos e intromisiones y según el humor del soberano y la sapiencia de la princesa. Pero todas tienen en común que Shahrasad las dejará inconclusas en la mejor parte, a la manera de un serial de cine de barrio o incluso de un coitus interruptus, y creo que no es posible encontrar mejor metáfora para esto: Sorprendió aquí a Shahrasad la mañana y atajó el flujo de sus desbordantes palabras. Y es que en el proceso de curación del misógino soberano este tema del coitus interruptus tiene mucha más importancia de lo que parece. No haremos psicoanálisis barato, digamos que el monarca recupera la sensación de la maravilla que trata de ahogar en sangre de vírgenes. Imaginamos a toda la ciudad aguantando la respiración cada noche, en especial a las mujeres núbiles y casaderas, y sus familias, rezando a Alá el Clemente, el Misericordioso para que a la princesa no se le agote el flujo de sus desbordantes palabras y pueda asegurarles a las mocitas de la ciudad, a sus padres y madres y hermanos, un día más de respiro, un día más de tranquilidad.

Tras cada historia de las Mil y Una Noches no hay pues solamente una historia y nada más, sino el testimonio del sordo drama que se desarrolla en las plazas públicas de la atribulada ciudad tanto como en la intimidad de la alcoba del rey y la princesa, una sutil tensión hecha de silencios interrumpidos con las historias narradas por Sharasad a Dunyasad y de costado al rey. Es una tensión que se respira fuerte al principio y que se olvida con facilidad tras las primeras noches, por el interés de las historias y las mecánicas repeticiones de los lugares comunes de Shahrasad, destinadas a tranquilizar al rey y recuperar su confianza. Pero lo cierto es que todos caminan en la cuerda floja, y una risa fácil, un exceso de confianza, un comentario fuera de lugar, una alusión descuidada, una falta de astucia podrían culminar en el reinicio del baño de sangre, con consecuencias imprevisibles;  y esa tensión está presente a todo lo largo de todas y cada una de las noches de las Mil y Una Noches. Es esta una situación que las versiones que por lo general nos han familiarizado con esta obra pasan por alto completamente. Ha pasado con las Mil y Una Noches como con Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, que han sobrevivido en su componente infantil y maravilloso: la anécdota mágica, los califas, los genios, las lámparas maravillosas, las alfombras voladoras, el ábrete sésamo y todo ese artificial y hollywoodense exotismo oriental de película de los años ´40. Digamos pues que esta terapia que Shahrasad le aplica al rey tiene su sentido profundo en cada cuento y poema que narra, y trataremos en adelante de ver esa magia en acción.          

IV        
El Libro de las Mil y Una Noches: 
Las primeras Historias

Empiezan las historias con el cuento del mercader y el efrit (Noches 1 y 2) y de cómo tres scheiks (jeques) rescatan la sangre del mercader al contar sendas e interesantes historias que proporcionan solaz y alegría … a cambio de la vida del susodicho. Estos efrit, ifrit, afarit, alifrit e incluso djinn o chinn, son lo que en occidente llamamos Genios, es decir una suerte de espíritus mitológicos, dotados de ciertos poderes, entre ellos el de hacerse invisibles y desplazarse a grandes distancias en corto tiempo. Algunos son buenos y están de parte de Alá, otros malos y están de parte de Iblís o Schaitán, el diablo según el Islam. No parece casual que las Mil y Una Noches empiecen con esta historia, parece una sutil reconvención de Shahrasad al rey para que distinga que se puede cambiar el derramamiento de sangre por historias y relatos. Y aunque el rey no lo note y nada haya en el texto que nos lo indique, preferimos pensar que en su astucia la princesa – de quien somos rendidos admiradores, habrá notado ya el lector – empieza a aplicarle los torniquetes del acting out al soberano, al que tiene entre sus dedos, pero con sumo cuidado que no se le rompa. También parece que de cuando en cuando no está tratando de enseñarle y guiarlo por los vericuetos de la sanación, sino simplemente distrayéndolo sabiamente con cuentos de diverso tipo, entre ellos los picarescos, como la historia del alhamel y las mocitas (Noches 9 a 11), donde por primera vez aparecen personajes que encontraremos en toda la obra: El Califa Harunu-R-Raschid, su Visir Châfar y su esclavo y verdugo el negro egipcio Mesrur. A veces también aparece la celosa esposa de Raschid, la Califa Zobeida. Parece adecuado señalar aquí que es posible que Shahrasad presente al poderoso Califa de Bagdad y Emir de los Creyentes como un ejemplo a seguir para el soberano Shahriar.         

Que la historia verdadera se entremezcle con la fantasía parece ser constitutivo de la narrativa árabe. Harunu-R-Raschid (766 – 809 de la era cristiana; 144 – 187 de la Hechra o Hégira) que en esta historia comparte créditos con los efrit, es definitivamente un personaje histórico, aunque su Visir Châfar, su verdugo Mesrur y su esposa Zobeida sean un poco más problemáticos. Harunu-R-Raschid, o Aarón el Justo (nombre latinizado) fue el quinto califa abasí de Bagdad, y gobernó un cuarto de siglo, que fue el de máximo esplendor del califato abasí, dícese que llegando incluso a cambiar embajadores con el otro gran imperio de la época, el de Carlomagno. Parece que gobernó de manera ecuánime, lo que se refleja en su fama de soberano sabio y astuto, que trata de saber cómo van la cosas por la vía directa, saliendo de su Palacio de incógnito y recorriendo Bagdad de noche, de modo que se termina enterando de todo el lío del alhamel y de los tres zaluks que además cuentan respectivamente sus historias (Noches 11 a 16) con otras intercaladas, como es costumbre en las Mil y Una Noches. Al final el Califa resuelve el problema, apoyado por el Saber del Visir y el Alfanje del Verdugo. Veremos a Moliére hacer lo mismo en El Avaro algunos siglos después. La historia del visir Nuru-D-Din y su hermano Schemsu-D-Din (Noches 20 a 25) tiene su lado jocoso, en especial cuando discuten y pelean por el destino de unos hijos que aún no nacen, pero la fuerza del maktub (“está escrito”) árabe queda patente en el cumplimiento del destino de estos jóvenes. Las historias de barberos o alfayates confirman los estereotipos que rodean el oficio y que como vemos parecen ser universales. La ocurrente historia del alfajeme de Bagdad, As-Samet alias “el silencioso”, alusión sarcástica (Noches 33 a 37), y sus seis hermanos, todos barberos también, muestra cuán antigua es la chismosa tradición de los cascaliendres. Entre las Noches 60 a 102 y 120 a 126 se desenvuelve la larga y épica historia del rey Omaru-N-Nomán y sus valerosos hijos Scharkán y Zu-L-Mekán, que por cierto es la más larga de todas las Mil y Una Noches. Se ambienta durante la resistencia árabe a las Cruzadas, y es de carácter caballeresco y algo picaresco, nada tiene que envidiar a la caballeresca occidental del Amadís de Gaula o del Caballero Cifar.    

                                                                                V         
Colofón

Largo, animado y agradable trabajo me espera, he llegado apenas a reseñar cien noches de las Mil y Una. Así que ahí veremos si no me eternizo en estas Crónicas. En todo caso, y como dicen los árabes, sea sobre nosotros la paz. Y lee lo que quieras.

Esta Crónica sobre las Mil y Una Noches continúa en el link:
http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/08/cronicas-de-lecturas-49las-mil-noches-y.html
Peru Blogs