CRÓNICAS DE LECTURAS – 47
Historia de la Corrupción en el
Perú, de Alfonso Quiroz
I
Corrupción, Política, Libros
Grande la expectativa levantada
por el libro Historia de la Corrupción en
el Perú, de Alfonso Quiroz
(1956-2013). La temprana muerte del autor pesa, pero más su
autoridad académica y la actualidad de la Corrupción en el devenir
social y político del Perú. La lucha política hoy en día pareciera estar en un hilo, el
tema que divide las aguas entre unos y otros es la Corrupción y cómo se asume. Este libro lo devoramos
recorriendo una parte de nuestra patria, preguntándonos como sería si no fuera por la Corrupción. Cuando hay acervo lector, este libro evoca otros. Toda estructura cognitiva se basa en la asociación libre, espero que mis lectores añadan las suyas y pongan el tema en el
candelero. La Historia de la Corrupción
en el Perú proporciona una estructura útil para articular datos dispersos sobre tema tan sensible, actual y permanente. Este Libro Debe Leerse, pese a no poseer refugio emocional que permita por momentos
autoengañarse y creer que la cosa es más fácil. No lo es. Por eso combate la
ingenuidad voluntaria, la que linda con la estupidez autoasumida tanto como con la ingenuidad involuntaria e ignorante. Como saben bien nuestros Corruptos, el lenguaje sirve también para ocultar. La peruanísima
estrategia de la “finta” esconde la realidad de modo que personajes sin
irrigación sanguínea en el rostro pueden navegar entre dos aguas, a fin de ser simpáticos a corruptos y no-corruptos, pues hay empleadores en los dos (o más)
lados en disputa. Por otra parte, por muchas definiciones de Corrupción que haya,
discutir mucho suele ser una finta en la que Quiroz no cae, y por ello define su objeto de estudio de modo laxo – en
verdad todos sabemos de qué y de quiénes habla. Se sostiene así en una enumeración
extensiva: La corrupción (es) un fenómeno
amplio y variado (…) No se trata tan solo del tosco saqueo de los fondos
públicos (…) La corruptela comprende el ofrecimiento y la recepción de
sobornos, la malversación y mala asignación de fondos y gastos públicos … . Quiroz no se enreda en teorías, presume que sus lectores saben o
deben saber, y deja el asunto ahí para que no se pierda lo
histórico, de fuentes contrastables que hablan por sí mismas. La definición de Corrupción se construye conforme se avanza en el Libro, y se llega a que la Corrupción ha pasado y pasa en el Perú.
(PARÉNTESIS: Al llegar a este punto me pregunto qué es peor: No-leer o No-entender-lo-que-se-lee. Todos arrancamos en la vida sin leer, pero lo terrible de no entender lo que se lee es lo diverso de las causas: Incapacidad conceptual, abulia cognitiva, pasmo y minusvalía
ético-moral. La Corrupción juega con estas variables, no es “contingente”
sino “instalada”. Cuando se dice que la Corrupción es espontánea e inevitable, y nos
lo creemos en lo cognitivo y lo ético-moral no se combate con eficiencia. Esto está en lo profundo de la decisión de millones de
peruanos que emigran - Quiroz era uno: La necesidad de conservar la claridad conceptual y la solvencia
ético-moral, pues emigrar te aísla de las argollas locales. Si quieres verlas, ve quienes enredan el tema y tratan que
parezca otra cosa de lo que es. Qué pena que Quiroz sea sólo historiador, y no conceptúe más la Corrupción. El
enfoque mejora con los conceptos de Psicología Social que, entre otros,
Dwight Ordóñez y Lorenzo Sousa usan en El Capital Ausente, obra en la que
participó el que estas líneas escribe.)
El temprano fallecimiento de Alfonso Quiroz fuera de penoso recordatorio
de que nada es eterno, muestra la inteligencia de publicar a la póstuma La Historia de la Corrupción en el Perú, pues libera al autor de las arteras
y cobardes reacciones de silencio – los trabajos de Quiroz se conocen poco en el medio – y de ataque directo, indirecto
y de costado que de seguro sufriría de estar vivo y al alcance de las Argollas locales. La distancia geográfica y académica le protegía; el pan, educación y futuro de
sus hijos no dependía de Universidad, ONG o Institución estatal o
privada nacional, donde se le hubiera hecho objeto de bullying directo e indirecto, y eventualmente echado a la calle. Quiroz era mucho lote, pero tal como
demuestra la experiencia de Vargas Llosa
y otros egregios (egregio = fuera de la grey, y grey = rebaño), nadie es Profeta en su tierra. Los trolls, chuponeadores, plumíferos
contratados, emborronadores de papel y demás buitres mediáticos empleados por las Usinas de Desinformación, se especializan en destazar egregios, no por el mínimo daño
que les hacen, sino para aviso y escarmiento de los no-egregios que están acá, que podrían
creérsela. Así se le hace saber a la Indiada de su sometimiento a las Argollas, es obvio que si al egregio no le perdonan, menos a ti, insípido
y bobo Calixto Garmendia. A ti te harán bullying, te botarán de tu puesto o te bajarán el sueldo y te
bloquearán las chambas. Te harán conocer el desempleo y de cómo se suplica
y se ruega. Ser eficiente y tener razón, en el Perú se castiga, profetizar en casa no conviene, hacerlo te muestra muy
valiente o muy imbécil. O que tu menú del día no depende de un sueldo. Esta guerra no
se libra como quieren los Ingenuotes, es hora que enterarse para no caer en sus errores. La lucha contra la Corrupción es de largo aliento, sus
estructuras juegan con el Tiempo, como saben expresidentes,
alcaldes, parlamentarios y demás miembros de Argollas eficientes.
Los asuntos turbios no importan tanto, cuando se sepan estarás
cómodamente muerto, o habrán prescrito, en especial si controlas jueces
y policías. Lo importante es la omertá, y que se mantenga la famiglia.
II
Corrupción y Virreinato del Perú:
Empieza
el abuso del Perú desde aquellos que debieran corregirlos.
La Historia de la Corrupción en el Perú tiene la suprema virtud de
mostrar el proceso histórico “al revés” de como acostumbramos, vale decir,
desde una perspectiva inversa en la construcción de escalas de valores
deseables. Nos han vendido siempre un país de opereta, construido sobre valores de problemática existencia, que es hora de enterrar y sustituir para tener un país
real basado en la realidad y la verdad. Para basar la Política en la Realidad, hay que dejar de creerse los cuentazos de la Derecha Bruta y Achorada que siempre ha gobernado. Los modelos de la Corrupción actual se construyeron durante la
Conquista y el Virreinato para que unos pocos exploten a muchos. La Corrupción
no puede separarse de sus paradigmas de Dominación, Concentración y Exclusión,
ni dejar de basarse en un manejo artero y falaz de los Discursos, para lo cual
requiere del control del aparato educativo y de comunicaciones. Encontramos ello claramente expresado en las fuentes que Alfonso Quiroz emplea para mostrar el aparato de la corrupción: La primera de estas es El
Informe Confidencial intitulado Discurso
y reflexiones políticas sobre el estado presente de los reinos del Perú,
escrito en 1748-1749 por Jorge Juan
y Antonio de Ulloa, jóvenes y
hábiles oficiales de la marina española. El dicho Discurso recapitula de frente o de oídas otros esfuerzos para definir y describir las formas institucionalizadas de Corrupción en el
Perú, entre ellos algunos que hoy se dicen panacea, como los ineficaces Juicios
de Residencia, hoy Comisiones Congresales e Investigaciones de la Contraloría General de la República, Fiscalía de
la Nación y Poder Judicial. Tales Juicios, entonces como hoy, resultaban en
graciosísimas absoluciones o ridículas condenas, pero la estrategia preferida
era alargarlas hasta la prescripción (¿Dónde hemos escuchado eso antes?). El continuo modus operandi incluye la compraventa de cargos e indultos al mejor postor y otras bellezas que se repiten más de 200 años en el Perú, y que cada Generación copia
y modifica a su medida. Bien se dice que el que no conoce la Historia se condena a
repetirla: Los peruanos debiéramos dejarnos de caer del palto y enterarnos de qué pasa realmente. Pero no lo dirán en el colegio, no sea que a los niños la verdad los haga libres, y luego nos pidan cuentas.
Alfonso Quiroz describe en aséptica prosa la Corrupción Organizada de la sociedad del Virreinato del Perú, opuesta al intento borbónico de instalar algo que pasara más o menos como “buen gobierno” (Hoy “gobernabilidad”). Antonio de Ulloa volvió al Perú en 1758 nada más y nada menos que a gobernar Huancavelica y supervisar la estratégica y legendaria mina de Azogue de Santa Bárbara. Experimentado agente de inteligencia en Flandes, Francia, Suecia y Dinamarca, parecía ser capaz de hacerse cargo del asunto, no era ningún caído del palto. Ha habido quien lo describe como “demasiado ético”, que “le faltó” habilidad política para transar, y ello es posible, pues la lucha contra el aparato de la corrupción no puede ser cosa de quijotes solitarios, cuyas lanzas se rompen contra molinos de viento a los que no hacen ni cosquillas. Los que hemos gestionado algo de Estado en el Perú con algo de honestidad podemos responder a la polémica pregunta de la Primera Dama Nadine Heredia ¿Es tan difícil andar derecho? con la respuesta obvia: Sí, andar derecho en el Perú es lo más difícil que existe. Y el que lo consigue totalmente es un as digno de ser escuchado con unción, para que nos cuente cómo lo hizo y diseminar la experiencia. Cuando la estructura se diseñada para ser corrupta, tiene mecanismos para reclutar gentes que hayan logrado posiciones meritocráticas de poder. Dicho en simple, para que la capte hasta el más sonso: La corrupción tiene que corromper para mantenerse, debe crecer y formar círculos cada vez más viciosos, o muere. Por eso una de las armas favoritas de las Argollas es acusar al Incorruptible de Corrupción, aunque sea falso, así se la hicieron a Ulloa, pero no se quedaron en el Virreinato: Al finado Javier Díez Canseco sus compañeritos congresistas lo mandaron a su casa por corrupción y hubo sonsos que se la creyeron. Antonio de Ulloa no trató de erradicar la Corrupción, sólo de andar derecho. Y por eso se le hizo cuánto seamos capaces de imaginar, y algunas cosas más: Sabotaje de arriba y de abajo, espionaje, difamación, acoso, calumnia, infiltración, agresión, visitas y averiguaciones oficiales digitadas, procesos judiciales, minado de autoridad, y un larguísimo etcétera. Podemos ubicar en el libro el momento culminante en que Antonio de Ulloa choca con el Chocano más Chocano de todos: El Virrey Don Manuel de Amat y Junyet, al cual – pero mira al insolente éste, qué se habrá creído - no paga el cupo ilegal pero oficiosamente obligatorio de 10,000 pesos ensayadísimos que todo Gobernador de Huancavelica satisfacía so pena de ser rápidamente hecho trizas. Dejémonos de vainas, hay que tener bien puesto lo que ponen las gallinas para pararse frente al dueño de la pelota. Ulloa se largó del Perú, y los que lo apoyaron fueron despedidos, maltratados y encarcelados para dar ejemplo. Si quiere más detalle y cómo Virreyes y funcionarios se tiraban la plata, haga su esfuerzo amable lector, cómprese el libro y léalo. Le prometo que no habrá más pajaritos en su cabeza. Pero léaselo enterito y subraye lo que le escandalice.
Alfonso Quiroz describe en aséptica prosa la Corrupción Organizada de la sociedad del Virreinato del Perú, opuesta al intento borbónico de instalar algo que pasara más o menos como “buen gobierno” (Hoy “gobernabilidad”). Antonio de Ulloa volvió al Perú en 1758 nada más y nada menos que a gobernar Huancavelica y supervisar la estratégica y legendaria mina de Azogue de Santa Bárbara. Experimentado agente de inteligencia en Flandes, Francia, Suecia y Dinamarca, parecía ser capaz de hacerse cargo del asunto, no era ningún caído del palto. Ha habido quien lo describe como “demasiado ético”, que “le faltó” habilidad política para transar, y ello es posible, pues la lucha contra el aparato de la corrupción no puede ser cosa de quijotes solitarios, cuyas lanzas se rompen contra molinos de viento a los que no hacen ni cosquillas. Los que hemos gestionado algo de Estado en el Perú con algo de honestidad podemos responder a la polémica pregunta de la Primera Dama Nadine Heredia ¿Es tan difícil andar derecho? con la respuesta obvia: Sí, andar derecho en el Perú es lo más difícil que existe. Y el que lo consigue totalmente es un as digno de ser escuchado con unción, para que nos cuente cómo lo hizo y diseminar la experiencia. Cuando la estructura se diseñada para ser corrupta, tiene mecanismos para reclutar gentes que hayan logrado posiciones meritocráticas de poder. Dicho en simple, para que la capte hasta el más sonso: La corrupción tiene que corromper para mantenerse, debe crecer y formar círculos cada vez más viciosos, o muere. Por eso una de las armas favoritas de las Argollas es acusar al Incorruptible de Corrupción, aunque sea falso, así se la hicieron a Ulloa, pero no se quedaron en el Virreinato: Al finado Javier Díez Canseco sus compañeritos congresistas lo mandaron a su casa por corrupción y hubo sonsos que se la creyeron. Antonio de Ulloa no trató de erradicar la Corrupción, sólo de andar derecho. Y por eso se le hizo cuánto seamos capaces de imaginar, y algunas cosas más: Sabotaje de arriba y de abajo, espionaje, difamación, acoso, calumnia, infiltración, agresión, visitas y averiguaciones oficiales digitadas, procesos judiciales, minado de autoridad, y un larguísimo etcétera. Podemos ubicar en el libro el momento culminante en que Antonio de Ulloa choca con el Chocano más Chocano de todos: El Virrey Don Manuel de Amat y Junyet, al cual – pero mira al insolente éste, qué se habrá creído - no paga el cupo ilegal pero oficiosamente obligatorio de 10,000 pesos ensayadísimos que todo Gobernador de Huancavelica satisfacía so pena de ser rápidamente hecho trizas. Dejémonos de vainas, hay que tener bien puesto lo que ponen las gallinas para pararse frente al dueño de la pelota. Ulloa se largó del Perú, y los que lo apoyaron fueron despedidos, maltratados y encarcelados para dar ejemplo. Si quiere más detalle y cómo Virreyes y funcionarios se tiraban la plata, haga su esfuerzo amable lector, cómprese el libro y léalo. Le prometo que no habrá más pajaritos en su cabeza. Pero léaselo enterito y subraye lo que le escandalice.
Otros autores mencionados en el
texto los conocíamos de antes, y vistos a la luz del tema adquieren nueva
relevancia: Felipe Guamán Poma de Ayala
y su Nueva Corónica y Buen Gobierno de
1615; Mariano de Chaves y su Estado político y de justicia de el Reino
del Perú de 1759; fuentes empleadas por Quiroz entre muchas otras.
Asimismo, hacemos clic con otros,
como John Fisher en El Perú Borbónico 1750-1824; Jürgen
Golte en Repartos y Rebeliones - Túpac Amaru y las contradicciones de la
economía colonial; y las compilaciones de Scarlet O´Phelan, La
Independencia del Perú – De los Borbones a Bolívar, y la excelente de Claudia Rosas Lauro, El Miedo en el Perú, Siglos XVI al XX.
III
Corrupción y República Peruana:
en
el Perú la clase alta está profundamente corrompida
Así como Alfonso Quiroz siguió en parte la ruta vital de Antonio de Ulloa para comentarnos como
se hacía en la época del Virreinato, sigue ahora a tres personajes del Siglo
XIX para comentarnos cómo fue la vaina en la República: Domingo Elías (1805-1867), Francisco
García Calderón Landa, destinado a ser Presidente del Perú en luctuosa
ocasión, y Manuel González Prada,
referente de la post-guerra del Pacífico. Con José de San Martín y Bernardo
Monteagudo se declara la Independencia del Perú, pero aclaremos que no para la salud del Perú sino para la seguridad del Río de la Plata y
Chile. Si ello significaba arruinar la economía del Perú, caballero nomás. Quiroz llanamente le llama Saqueo Patriota, que incluyó expropiaciones abusivas, el control de las aduanas y los
asientos mineros, cupos y sobornos institucionalizados, el omnipresente
contrabando, y otras bellezas que nos contaron en el colegio para justificar la postración
en que cayo el Perú independiente: los invasores que vinieron
a proclamar la libertad e independencia eran crueles, rapaces, carentes de
principios e incapaces (William
Tudor a John Quincy Adams, 1824).
A los males de la Colonia – como el Contrabando – se añadieron
nuevos modus operandi: los empréstitos y préstamos que configuraron la Deuda Externa inauguran formatos de corrupción que hoy las argollas manejan a cabalidad.
La república sumó redes clientelares a los patronazgos caudillescos heredados
del Virreinato, ya no era sólo el dinero el que otorga poder. La mayoría de los prohombres de la época (Santa Cruz, la asociación Gamarra-Gutiérrez
de la Fuente, Riva Agüero, La Mar, Castilla, Echenique,
etcétera) eran cabezas de redes clientelares, todos ellos parte del Ejército
realista que voltearon casaca en su momento. El proteccionismo que planteó Agustín Gamarra, por ejemplo, no se pensó como política de
progreso sino como efectivo chantaje a los comerciantes y capitalistas
nacionales, pues los extranjeros no se dejaban expoliar. La técnica de “rodear al príncipe” se
perfecciona: Francisca
Zubiaga, “la mariscala” esposa de Gamarra,
tenía su propia red de monopolistas de la harina, vinculados con los
exportadores de trigo. El estudio del naciente capitalismo peruano (Francisco Quirós, Domingo Elías, Pedro
Gonzales Candamo, Manuel Argumaniz) complementa esta interesante sección
del libro. Es notable la descripción del largo gobierno de Ramón Castilla, tradicionalmente considerado de estabilización de
la República, que trata del Guano y de los escándalos de la Consolidación de la
Deuda Interna, de los movimientos financieros de pago del estado a los
propietarios de esclavos, del surgimiento de los Piérola como corruptos administradores del estado, de las sucesivas
renegociaciones de la deuda externa, y de la administración contaminada del crédito público.
Entre 1860 y 1883 se caminó en línea recta hacia
el desastre: La Guerra del Pacífico. Una fuente importante de Quiroz es el Diario de Heinrich Witt, miembro de la elite de
negocios limeña entre 1860 y 1870, y consignatario del guano para Alemania. Siendo
él mismo protestante, sus observaciones morales resultan interesantes de
contrastar: Aprecia positivamente a Manuel
Pardo y Barreda y a Francisco Garcïa
Calderón; en cambio sospechaba de José Gregorio Paz Soldán, Henry Meiggs, Nicolás de Piérola y en general de toda la argolla de Echenique. La atmósfera limeña de
aquellos años era casi irrespirable, no importa lo que los tradicionistas digan, los conflictos de intereses eran cosa de todos los días y fuertes los costos de transacción, pues todas las operaciones financieras
y económicas tenían base en el amiguismo, el clientelismo y la corruptela aceitadas vía cupos.
La Corrupción parasita las líneas por donde circula la plata y en esta
etapa eso es guano y salitre. Por eso la Expedición
Científica española golpea en la médula al Perú al ocupar las Islas Chincha, punto
de extracción del guano e inicio de la cadena de Corrupción. Puede que
por ello ganáramos esa Guerra del Dos de Mayo de 1866. Las manipulaciones
políticas repartían el botín entre las diversas
argollas, pero la que se llevó la palma fue la que Quiroz llama infame Contrato
Dreyfus en donde argollas y sus aliados extranjeros se enfrentan entre
sí: Nicolás de Piérola es cabeza de Argolla y testaferro de Dreyfus
en el Perú, de hecho es principal responsable individual del desastre
financiero y la derrota en la Guerra del Pacífico, pero ello no obstó
para que volviera a ser Presidente, financiado por el amigo Dreyfus, esa habilidad es muy cotizada hoy en día. Henry Meiggs estuvo vinculado a
Piérola, merece a nuestro entender una detallada biografía, aunque no fuera más que por el logro de construir los ferrocarriles más caros del mundo. Las
guerras se sabe son río revuelto, y la Guerra con Chile no fue excepcional.
Se cedió Tarapacá a pesar de la sangre demarrada y la herida quedó abierta hasta hoy. Puede que el régimen más corrompido del Perú, que es decir, fuera el de Miguel Iglesias, firmante del Tratado de Ancón, que no se llevó más porque no había nada qué más llevarse tras el eficiente cepillo que
Chile le propinó al Perú, pero que hundió la moralidad
pública a niveles nunca vistos.
(Otro Paréntesis: ¿Acompaña la Corrupción el devenir
político de las naciones? Estamos tentados a creerlo. Incluso se la considera
contrapeso necesario de la Libertad, parece necesario transar con la
corrupción si se quiere Democracia. Resolver este dilema resulta
imperativo.)
IV
Continuidad de la Corrupción:
Todo
hombre tiene su precio, y el sistema mucha plata
Tras los gobiernos del Segundo
Militarismo y la hegemonía de Andrés
Avelino Cáceres, vuelve Nicolás de
Piérola de su dorado exilio en París, lugar de privilegio para
los Corruptos, dígolo sin más intención que apreciar el buen gusto. Como no creemos
en dibujos animados, ni en los buenos contra los malos, lo objetivo es que no
hay ni unos ni otros – Piérola era
testaferro de Dreyfus, Cáceres de Grace, y así vemos por quienes morían los montoneros de ambos
bandos. Si aplicamos lo aprendido y abandonamos el palto del que nos paramos
cayendo, enseñemos Historia y Política en serio. El wishful thinking y las frustraciones
consiguientes en nuestras creencias políticas son ridículas hasta para los chiquillos de hoy. El Contrato Grace de Cáceres y las cacareadas medidas
económicas del Piérola de 1895-1899 fueron instrumento de exacciones y corruptelas, si funcionaron bien fue
por casualidad. Con Cáceres
fuera del juego político y su ala izquierda desgajada, Piérola entrega el país a los
civilistas: En el temprano Siglo XX, el
país había sido parcialmente modernizado e institucionalizado. En consecuencia
el patrón violento y venal del pierolismo se había debilitado. Para remozar los
medios oscuros con qué conseguir y conservar el poder, es decir, para
reinventar las estrategias corruptas del Califa, era necesario que apareciera
un nuevo tipo de líder. El único político que mostraba semejante perfil era
Augusto B. Leguía, en varios sentidos un discípulo aventajado de Piérola. Leguía prueba las mieles del poder entre 1908 y 1912, y forma en este período la Argolla que exprimirá
al Perú durante el Oncenio, con apellidos que podemos reconocer por sus
actuales descendientes portadores de los mismos: Eulogio Romero, Germán y
Roberto Leguía, Julio Ego-Aguirre, Jorge
Polar, Juan Antonio Trelles, Víctor Larco Herrera, Pedro Muñiz, Rafael Grau, Alberto Salomón,
Pedro José Rada y Gamio, Celestino Manchego Muñoz, Alejandrino Maguiña, Pedro Larrañaga, Julio César Arana, etcétera. El Segundo y prolongado gobierno de Leguía, el Oncenio de 1919 a 1930, marcó cotas extraordinarias de Corrupción abyecta en lenguaje y conducta, semejante en mucho a la de Alberto
Fujimori, presidente entre 1990 y 2001.
La formación, desarrollo y
consolidación de Argollas que ejercen la corrupción organizada caracteriza el
Siglo XX peruano. Nos parece que un estudio detallado sobre las Argollas en el
Perú resultaría complemento indispensable a esta Historia de la Corrupción en el Perú. La Argolla civilista de los
hermanos Prado (Mariano Ignacio, Javier, Jorge y Manuel) depuso al Presidente Billinghurst para poner al Coronel Óscar Benavides como Presidente
Provisorio, y devolver el poder a los civilistas, que aspiraban a ser los únicos que esquilmaran al Perú. Benavides volvería a ser Presidente como cabeza de su
propia Argolla, y negociará con los Prado para hacer de Manuel Presidente del
Perú entre 1939 y 1945. La aparatosa caída de Leguía y su Argolla (1930) abrió paso a la novísima de Luis Miguel Sánchez Cerro, enfrentada
con el Apra. El Partido Aprista y las Izquierdas se convierten en duros
opositores del sistema de cosas, contra ellos todas las Argollas unen fuerzas para evitar que lleguen al poder. Los sucesos mundiales se
mezclan al devenir nacional y por variar llega un hombre honesto, si
bien ingenuo, a la presidencia: José Luis Bustamante y Rivero, a quien el Apra, ya organizada como Argolla, apoya. Cuando Bustamante
trata de gobernar con cierta racionalidad le pasó lo que al Ulloa de dos siglos atrás, y es
depuesto por la acción combinada de los apristas y la extrema derecha,
resultando en nuevo presidente militar: Manuel
A. Odría, quien, naturalmente, crea su propia Argolla. A excepción de la
Argolla aprista, de notable permanencia, las demás son muy fusibles: Al
clientelismo semifascista de Sánchez Cerro le sigue el de Benavides, y a éste el de Odría.
Vuelve al poder la Argolla Prado, surge el reformismo de Acción Popular, la
Democracia Cristiana, el Movimiento Social Progresista y otras agrupaciones. Llega el muy atípico Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada
(1968-1975 y 1975-1980), cuyas Argollas se merecen estudio aparte. Y por último
las Argollas Populista (heredada por el Perú Posibilismo),
Aprista y Fujimorista de nuestros días, enfrentadas con la pobre, provinciana y subdesarrollada Argolla Maoísta - Pensamiento Gonzalo de Sendero Luminoso.
V
Colofón
Colofón Lector: Me hubiera gustado detallar más este libro.
No me ha sido posible. Pero es necesario decir que este libro está en la ruta de ser un clásico peruano. Tratemos que no desaparezca de la
memoria de los peruanos. Al finalm Alfonso
Quiroz presenta unos preciosos Cuadritos con los Costos de la
Corrupción. Para decirlo suave, cuánta plata se han tirado. Y no se
lo digo, amigo lector, a fin que se compre el libro: Solamente le diremos que
los peores momentos fueron los decenios de 1820, 1850, 1870, 1920, 1950, 1980 y
1990. Saque sus conclusiones.
Colofón Ético: Lo que realmente hace felices a los Capos de
la Corrupción es que la gente sea imbécil cognitiva y moral, que pueda ser
llevada de la nariz e incorporada por la pasiva o la activa al aparato de la
corrupción, que se basa en una “meritocracia” conocedora de las
organizaciones y cómo se las parasita. La indiferencia moral y
cognitiva de los ciudadanos - sensación difusa del “nada se puede hacer” - se producen con
operativos sicosociales, que mantienen vigentes las Argollas de la
Corrupción, y proporcionar una participación simbólica al
identificarnos con los “Pepes Vivos” y no con la multitud de “Juanes Sonsos” de
que viven los primeros. El que tenga
Ojos, que Lea.
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