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martes, 15 de julio de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 88 -AJEDREZ


CRÓNICAS DE LECTURAS 88
AJEDREZ

“Dios mueve al jugador / y este a la pieza / ¿Qué Dios detrás de Dios, / la trama empieza?”
(Jorge Luis Borges)

I

Contra el Ajedrez

Qué extraño sonará a los que me conocen (en especial a Fito) que dispare contra los trebejos y los 64 escaques, cuando soy ajedrecista de  décadas atrás. Más extraño aún sonará a los que compartieron ese tiempo feliz en que nos reuníamos los sábados por la tarde y noche a organizar no apoteósicas francachelas (esas vendrían después), sino campeonatos de Ajedrez con Sistema Suizo y todo, y reuníamos jóvenes de diversas generaciones con adultos de diversos tonelajes. El amor a los Gambitos, las Aperturas y los Fianchettos unía este conjunto, aunque no todos asistían siempre, lo que hacía que uno tentara la posibilidad de alzarse con la “chanchita” (las cuotas de inscripción) hecha mediante pequeña erogación de cada jugador al inicio de cada match. Fueron buenas épocas que colapsaron por rudas y sucesivas crisis económicas, políticas y sociales, y pasó cada cosa que a estas alturas mejor no meneallo. A los jóvenes de hoy el Ajedrez no los convoca como antes, puede que les resulte demasiado difícil, aunque ello no es consistente con la complejidad y dificultad de los juegos de computadora o de naipes que están de moda, por ahí no va la cosa. Yo lo atribuyo a que el Ajedrez ha perdido su aureola de brillantez intelectual desde que el campeón mundial Garry Kasparov cometió el horrible desatino de perder ante una Computadora Deep Blue especial de IBM por 3,5 – 2,5 en 1997. En definitiva, el Ajedrez ni era tan intelectual ni los ajedrecistas tan genios como se pensaba. Si las reglas del Ajedrez y un número suficientemente grande de partidas y jugadas podían programarse en computadoras, y éstas vencer a Campeones Mundiales (el dicho Kasparov y Vladimir Krámnik en 2006), las funciones intelectivas del Ajedrez se ponen en cuestión, y no es descaminado pensar en abandonar la práctica del Ajedrez y mejor expectar campeonatos que enfrenten a las computadoras y sus soportes de silicio. Y esto es por una razón de enorme peso relativo a la naturaleza misma del juego del Ajedrez, que a diferencia de muchos otros - como el Bridge o el Backgammon - es puramente racional y no permite al azar entrar por ninguna parte previsible.

Claro que en nuestro país y en América Latina en general, salvo en círculos muy reducidos, creemos que los chanchos vuelan y consideramos la inteligencia con temor reverencial, la asociamos con la memoria y los despliegues eruditos, y nos parece que el Ajedrez es muy importante. Sabemos por experiencia que la inteligencia cuesta plata – tantos siglos de desigualdad de oportunidades se cobran peaje – y para tener la opción de poseerla hay que tener apellido. Hoy ello desaparece, menos mal, aunque la exclusión económica se ejerza con inconsciente ferocidad pero con menor tolerancia social. De todos modos el Ajedrez ha perdido vigencia y si bien se continúa jugando, ya no es lo que solía ser en tiempos de Lasker, Alekhine, Capablanca, Tal, Petrosian, Spassky y Bobby Fischer. Dediqué muchísimas horas al Ajedrez, que practicaba diariamente y traté de aprender lo más posible, y me convertí en un jugador regular, con los amigos incluso jugábamos ajedrez a ciegas, sin tablero y usando la notación clásica. Me gustaba el Ajedrez, y no creía en lo que Miguel de Unamuno opinaba sobre éste en Contra esto y aquello. Pero conviene detenernos un tanto en el porqué Unamuno escribió contra el Ajedrez: Comentaba una carta que el presidente del Club Argentino de Ajedrez le remitía al Rector de un colegio para incorporar la enseñanza y la práctica del Ajedrez a los planes de estudio. El artículo tiene algo menos de un siglo, pero la aspiración de integrar el Ajedrez en la Currícula escolar es vieja y siempre pondera las muchas ventajas que la práctica del Ajedrez poseería para la formación de los jóvenes, ya vimos lo vacío de estas afirmaciones. Lo real de esta solicitud, como otras análogas, está no en hacer de nuestros muchachos eximios practicantes del juego-ciencia, cuanto dar trabajo a los profesores de Ajedrez más o menos vinculados a la argolla de turno. Claro que la plata está más en el Fútbol, y a no ser que seas Atahualpa y te aprendas el juego de memoria, el Deporte Ciencia en el Perú dependerá no del inexistente interés estatal y/o privado, sino del esfuerzo de las familias de los jóvenes ajedrecistas. ¿Qué queda del Ajedrez tras todo esto? Pues lo que siempre ha habido: Un hermoso juego, en cuya práctica se puede encontrar alegría, que suele permitir el despliegue de la concentración, el cálculo y el análisis; además de enseñarte el valor del respeto a las reglas de juego.  

II

Aperturas

Una partida cualquiera de ajedrez suele dividirse en tres etapas diferenciadas: El Principio, el Medio Juego y el Final. Y la Literatura ajedrecística al respecto es ingente. Yo aprendí de mi tío Lucho de los Heros los primeros rudimentos del juego, y cuando a principios de los ´70 el Ajedrez se puso repentinamente de moda con motivo del Match del Siglo entre el estadounidense Bobby Fischer y el soviético Boris Spassky, empecé a jugar con mis amigos y llegamos a los campeonatos de los sábados que he mencionado líneas arriba.  En el aprendizaje y práctica del Ajedrez se evoluciona de la Táctica a la Estrategia: Los aprendices se inician con juegos que son sólo una sucesión de episodios tácticos, y van adquiriendo con el entrenamiento la percepción de la partida como un todo estratégico. Cayó en mis manos – no recuerdo cómo - el Ajedrez del Gran Maestro argentino Ricardo Grau, y ese fue mi primer manual, por donde andará ese libro. Desde allí en adelante me compré más libros, empezando por Conocimientos Básicos del Ajedrez, de Julio Ganzo, que igual que Grau, empezaba por el final, es decir por los llamados Mates Elementales, método y práctica que yo también empleo cuando enseño Ajedrez: Matar con Rey y Dama, con dos Torres, con Torre y Rey, con dos Alfiles y Rey, y con Alfil, Caballo y Rey. Así se adquiere un sentido algo más estratégico del juego, eso de empezar por el principio no funciona cuando el objetivo final es capturar o matar al Rey adversario, no desplegar las piezas ni comerse los peones. En Ajedrez se comete fácilmente el error de sobredimensionar la importancia de las Aperturas, claro que es verdad que pocas partidas superan el Medio Juego, los Finales aparecen poco a no ser que seas buen ajedrecista y tu oponente también lo sea, en la mayoría de los casos se gana la partida si la apertura permitió un mejor desarrollo de las piezas y una adecuada ocupación del centro. En ABC de las aperturas, del ruso V. N. Panov, se dice: La partida de ajedrez viene a ser una batalla, por cuanto en ella, como en la guerra, combaten dos ejércitos. Y como en cada batalla, primero se movilizan las fuerzas, lo que en ajedrez se llama indistintamente evolución o desarrollo de las piezas. En todos los libros se hace hincapié metodológico en la importancia de analizar partidas de los grandes maestros, así como en la de realizar ejercicios. Y hacerlo así de verdad que enseña mucho.

Pero por otra parte, como uno no es computadora, se necesita jugar muchísimo y con diferentes tipos de jugadores para poder conocer y controlar un número suficiente de aperturas y sus muchísimas variantes. Del autor Máximo Borrell adquirí todos sus libros de Aperturas de la Editorial Bruguera, pues era el compendio de éstas que estaba por entonces más a la mano, y porque parecía terriblemente importante disponer de ellas: Aperturas Abiertas, Aperturas Semiabiertas, Aperturas Cerradas, Aperturas Semicerradas y Aperturas de Flanco. Pocas compras como ésta resultaron tan inútiles, lo que necesitas acá no es compendios de aperturas, es muchos jugadores con los que jugar y practicar. Y más funcionales me resultaron los tratados de variantes, como La apertura española de Max Euwe; La estructura de peones centrales, de Boris Persits; y How to win in the chess openings (Cómo ganar en las Aperturas), de I. A. Horowitz. Si me lo preguntaran (nadie lo ha hecho, pero igual meto cuchara), yo limitaría el estudio de las aperturas a las variantes de movimiento de apertura de peones de AR – R – D – AD y su influencia en la ocupación de las casillas del centro del Tablero. O para seguir la nomenclatura, las aperturas conocidas bajo los nombres de Giuoco Piano o Apertura Italiana, la Apertura Española – conocida también como Ruy López, y diferente del Giuoco solo en una casilla de movimiento del Alfil del Rey -, la Defensa Francesa y sus variantes Winawer y Tarrasch, la muy conocida y jugada Defensa Siciliana, la Apertura Inglesa, la Apertura Réti, la Defensa Alekhine – con su elegante y desconcertante movimiento del Caballo de la Dama – y los diversos Gambitos (entrega de una pieza a cambio de ganar posición).  Como dice con gran acierto Ricardo Aguilera en El espíritu de la apertura – Estudio simple y lógico de la teoría en Ajedrez: Nada sería tan engañoso para el aficionado como tratar de retener en la memoria las incontables líneas de juego en las aperturas y considerar este caudal teórico como infalible arma de victoria. El memorismo y paporreteo es tan mortal en Ajedrez como en cualquier otra área del conocimiento.    

III

El Medio Juego

Como casi todo en la vida, empezar bien es importante, pero es en la cancha donde se ven los gallos. Decía Napoleón (buen ajedrecista él mismo) que en el amor y la guerra, para acabar hay que verse de cerca. Una vez que culmina el desarrollo de las piezas – cosa más difícil de lo que parece, recordemos que a un movimiento de las blancas viene uno de las negras, excepto en la poco conocida variante del Ajedrez de Marsella, de dos movimientos por bando – culmina la apertura, y si todo va bien estás ubicado en la posición donde la sucesión de los lances tácticos deberían llevarte a capturar el Rey adversario. Pero si las aperturas pueden eventualmente aprenderse – o programarse, si el jugador es cibernético -, el medio juego es poco previsible, las maniobras posibles a partir de cualquier posición en un tablero con 64 casillas y dieciséis piezas por bando son muy grandes en número, y se reducen únicamente por la lógica de las posiciones. He aquí en lo que sí resultan útiles las Aperturas, en prever posibles desarrollos, y sin embargo no necesitaríamos utilizarlas como las muletas que son si empleáramos mejor nuestras cabezas, esto se distingue maravillosamente bien en el libro del campeón Emanuel Lasker, Common Sense in Chess (Sentido Común en Ajedrez). Lasker fue el ajedrecista que retuvo el título más tiempo, de 1894 a 1921, aunque es posible que Alexander Alekhine hubiera durado más de no fallecer en posesión del título mundial en 1948.  La cosa es que Lasker era, además de ajedrecista, un buen matemático y filósofo, y cuidaba además muchísimo de las cuestiones psicológicas, empleando todos los recursos para vencer. En cuanto al juego mismo, sostenía la enorme importancia de la estructura formal de peones, y no le importaba demasiado la fase de apertura, la cosa era llegar al Medio Juego en una buena posición. De hecho es cierto que una sólida estructura de peones permite un sólido control de las propias líneas y buenas proyecciones en el Medio Juego.

Una ligera reflexión al respecto debería ayudar. Piénsese en una estructura de Peones atrancada, donde los dos jugadores no han intercambiado capturas, y más bien han llenado con sus Peones el centro y los flancos del tablero. Ello hace a los Caballos sumamente fuertes, dado que pueden saltar por encima de las demás piezas, en tanto que condena a Torres y Alfiles por lo general a una triste inmovilidad hasta que se despeje el tablero. El juego se vuelve así posicional, de estructuras, donde las diagonales y columnas adquieren importancia y se preparan minuciosamente los ataques tratando de abrir espacios de control propio negándoselo al adversario, y colar las propias piezas en las líneas adversarias para dar el mate. Pero lo posicional no es lo único que existe en el desarrollo del Juego. Hay lances muy específicos del Medio Juego, un teórico que los conoce bien es Fred Reinfeld, que en uno de sus libros más populares, How to be a Winner in Chess (Cómo ser un Ganador en Ajedrez) desarrolla algunos de estos lances: El variable valor relativo de las piezas, que depende mucho de las posiciones, aunque en general la seguidilla vaya, de mayor a menor, más o menos así: Dama (O Reina) – Torre – Alfil – Rey (En cuanto a poder) – Caballo – Peón; es esencial para entender las ventajas y desventajas de intercambiar piezas. En general se defiende a la Dama pues perderla es casi siempre indicio de pérdida de la Partida, pero esto no es tan cierto. En posiciones abiertas conviene cambiar los propios Caballos por los Alfiles adversarios o “ganar calidad” cambiando Alfiles / Caballos por Torres adversarias. Los jaques descubiertos o dobles suelen ser mortales o cuando menos ponen en serios aprietos a quien lo sufre. El Medio Juego casi siempre acaba en una Masacre de piezas, preparada poco a poco y desatada repentinamente, donde el jugador más hábil suele ganar una ventaja, a veces muy pequeña, que le servirá para ganar el juego posteriormente.     

IV

Final (y un poco de Historia y Matemáticas)

De la masacre del Medio Juego emerge por lo general el Final, en el que pocas piezas han sobrevivido, y donde casi siempre hay alguna igualdad en el material o la posición. Pero no se produce siempre, pues cuando los jugadores son disparejos, el mejor a estas alturas ya ha vencido al menos dotado, aprovechándose de sus errores en la Apertura y el Medio Juego, y puede medirse la diferencia entre ambos notando en cuantos movimientos se demora uno en vencer al otro. Los Mates de comienzo de juego en ese sentido son casi siempre Mates Ayudados, es decir, uno ha hecho los movimientos precisos y necesarios para que el otro le dé mate. El Mate del Pastor es de cuatro jugadas, el Mate Loco es de dos, y el Mate Legal de Siete, y solamente podrían obtenerse de ser ayudados, a sabiendas o no, por el otro jugador. De modo que al Final tenemos caracteres de la Partida más o menos estereotipados: Pocas piezas, partidas abiertas, algunos Peones más o menos estructurados aquí y allá, aproximada igualdad en el material (Torre contra Torre, Alfil contra Caballo, o algo así). La eventual promoción de los peones a Dama u otra pieza es una constante espada de Damocles, suele premiar el esfuerzo de haber alcanzado la octava fila, y es normalmente un subproducto del Final, extremadamente raro en el Medio Juego. La amenaza de coronar un peón es uno de los aspectos que suele decidir una Partida, y por ello en el Final suelen escenificarse feroces cacerías de los Peones que sobrevivieron al Medio Juego. Un jugador cuyos Finales pueden estudiarse con provecho es Bobby Fischer (1943 – 2008), campeón entre 1972 y 1975,  en su libro Bobby Fischer teaches Chess (Bobby Fischer enseña Ajedrez) donde se percibe su predilección por los Finales abiertos. Otro libro que consulté mucho tiempo fue The Art of Checkmate (El Arte del Jaque Mate) de Georges Renaud y Victor Kahn. El problema del jugador que podríamos considerar normal – y mi problema también – es que a no ser que pertenezcas a un grupo constante de ajedrecistas es difícil encontrar jugadores del mismo nivel. Los clubes tratan de juntarlos y por ello se hacen torneos constantes que permiten ubicarlos en un ranking, de donde emergen los jugadores realmente buenos. Pero lo que verdaderamente ha liquidado el Ajedrez es el hecho simple que las computadoras nos ganan a los seres humanos, y no hay ser humano que se respete al que le guste eso.

La Historia del Ajedrez sin embargo, es en sí gloriosa, y solo mandaré algunas pinceladas, si quieres saber más busca en Internet. Las leyendas que rodean su invención tienen  lugar en India y Persia (Shah Mat en persa se traduce Check Mate en inglés y Jaque Mate en castellano) son muy hermosas, entre ellas la de los granos de trigo (sumatoria de potencias de 2 acumuladas) que denotan el misterioso poder del infinito de los grandes números metido en un Tablero limitado a 8 x 8 = 64 escaques. Hay antiguos juegos de mesa análogos al ajedrez de hoy y posibles parientes y/o antepasados: Ajedrez japonés, birmano, chino, persa (el shatranj), indio (el chaturanga), e incluso una versión denominada Ajedrez de Tamerlán, con un Tablero de 132 casillas y muchísimas y exóticas piezas y reglas de juego. Dícese, sin embargo, que el mejor Ajedrez en cuanto a capacidad es el actual, evolucionado en España e Italia de la mano de sus primeros campeones, entre ellos Ruy López de Segura, conocido a través de la compilación del Sabio Rey Alfonso X, El Libro de los Juegos. Los campeonatos oficiales mundiales son de fines del siglo XIX y van hasta la actualidad, con el hiato cibernético mencionado, que hace que nos preguntemos si el Campeón Mundial de Ajedrez es un jugador de Ajedrez o un Diseñador de Software. En todo caso, después que Fischer hizo puré la larga era del dominio soviético, los campeones mundiales fueron Anatoly Karpov (URSS, 1975 – 1985) y Garry Kasparov (URSS, 1985 – 1991; Rusia 1991 – 1993). Entre 1993 y 2006 la Federation International de´s Echecs (FIDE) se dividió, y Kasparov organizó la PCA (Asociación de Ajedrecistas Profesionales) con su propio campeonato, ganado por el propio Kasparov hasta el 2000 y luego por Vladimir Krámnik (Rusia, 2000 – 2006). En el mismo lapso, la FIDE tuvo varios campeones:  Anatoly Karpov (Rusia, 1993 – 1999), Alesandr Jálifman (Rusia, 1999 – 2000), Viswanathan Anand (India, 2000 – 2002), Ruslán Ponomariov (Ucrania, 2002 – 2004), Rustam Khazimdzhanov (Uzbekistán, 2004 – 2005) y Veselin Topalov (Bulgaria, 2005 – 2006).  En 2006 el Match entre Topalov y Krámnik permitió unificar el Título, que quedó en manos del segundo hasta 2007, en que Viswanathan Anand lo gana hasta el 2013, en que el joven Gran Maestro noruego Magnus Carlsen se lo arrebata hasta hoy.          

V

Colofón


Dudo mucho que el Ajedrez vuelva a ser lo que fue. Además, la verdad es que mi computadora me gana a veces, y eso que siempre le salgo con mi Apertura Ruy López y siempre me responde lo mismo (A3A), y no sé cómo hacer para que me juegue distinto. Asimismo, la notación geométrica de ahora es bastante mejor que la antigua pero, qué quieren, uno está acostumbrado al buen y viejo P4R. El Ajedrez fue una parte sustancial y muy agradable de mi vida y de todos modos es un juego bonito. Veo además que no he mencionado la intervención del Ajedrez en la Literatura, lo que tal vez justifique otra Crónica. Y a otra cosa, mariposa. 

Post Data: Se me olvidaba señalar algo que me parece de un sexismo atroz: El Ajedrez se separa por sexos: Varones juegan su campeonato y mujeres el suyo. Ello siempre me escandalizó y hace que me pregunte por qué ocurrió así. Aprovecho para levantar mi voz de protesta, estoy seguro que no habría problema en que ambos géneros compitamos en igualdad de condiciones. 
Y ahora sí, hasta otro día

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jueves, 23 de enero de 2014

CRÓNICA DE LECTURAS 73 - LECTURA EN PANTALLA (PARTE DOS)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 73
Lectura en Pantalla (on line y off line)
 – Parte Dos

I
Pequeña Historia de la Lectura 
(Parte Uno)

La Lectura, hablando en simple, es un medio para almacenar y administrar Información. En la guerra constante que los seres organizados tenemos emprendida contra la entropía, la información es un elemento de organización tan fundamental que sus soportes y sustratos físicos surgen espontáneamente para actuar como almacenes y operadores. El curioso fenómeno que llamamos “vida” es, entre otras cosas, mover información de un conjunto de coordenadas espacio-temporales a otro. Dicho en culterano, se trata de vencer el paso del tiempo, de permanecer lo más posible como individuos y conjuntos. Los soportes formados por estructuras de ADN (Ácido Des-Oxi-Ribonucleico) pasan la información de una a otra generación  de seres vivos. Los soportes basados en haces de células nerviosas evolucionan desde el ADN primigenio y conforman sistemas nerviosos que brindan información para tomar decisiones más rápidas y pertinentes que lo que permite el estereotipado hardware de ADN, congelado en un momento del tiempo. Con esto se las arreglaron bastante bien las especies por algunos miles de millones de años. El ser humano, recién llegado a la danza contra la entropía, requirió de más almacén de información y de mejoradas habilidades de procesamiento, por ello inventó el alfabeto, la lectura, los gnomones, las Bibliotecas, las matemáticas, los quipus, la contabilidad, las yupanas, los escribas, los ziggurats, los ábacos y las tablillas de barro, entre muchas otras cosas, para incrementar y mejorar el manejo de datos. La herramienta para ello es el muy activo sistema nervioso central, que consume desmesuradas cantidades de energía para ejecutar su chamba fundamental: optimizar recursos. El cerebro halla formas de hacer cosas con mayor eficiencia y eficacia, y lo hace magníficamente bien dada cierta amplitud de los parámetros culturales.

En la actualidad la Lectura es sin duda la más central de las operaciones de conservación y procesamiento de información. La cantidad y movilidad de la información en nuestro planeta presenta un Incremento en el tiempo cada vez mayor, y una pendiente cada vez más cercana al infinito. Las operaciones mentales que asociamos a la Inteligencia crecen en cantidad y complejidad. La Lectura / Escritura no es excepción: Se inventa hace unos 5000 años, y la inteligencia – sea cuál sea su definición – desde entonces aumenta exponencialmente. Hoy sabemos que la experiencia modifica la estructura sináptica del cerebro individual, y aunque necesitemos más información al respecto parece que la vieja polémica entre Lamarck y Darwin sobre la herencia de información adquirida por los individuos - resuelta tiempo ha a favor del segundo - podría tener que reabrirse dialécticamente: Es decir, ni tú ni yo tenemos la razón, sino todo lo contrario. Pero no nos compliquemos, el cerebro modifica su estructura sináptica a lo largo de la vida y podría resultar que ello quede registrado en el ADN que se transmite a las nuevas generaciones, lo que explicaría muchas cosas. En todo caso, como los seres humanos inventamos los símbolos y los signos no hace mucho tiempo (cinco milenios son un suspiro para la evolución), el cerebro no desarrolló aún circuitos neuronales dedicados en exclusiva al efecto y especializa poco a poco – como suele ocurrir en los procesos evolutivos – circuitos de otras funciones. Cuando aprendemos a leer en la infancia dichos circuitos “improvisados” y “reciclados” se activan y por eso una manzana y la pintura de una manzana nos parecen igualmente reales, y si somos chibolitos estiramos la mano para alcanzar la manzana del cuadro o la foto, por supuesto si la queremos. Al principio no muchos debieron tener la predisposición necesaria para ser “escriba”, primer intelectual de la Historia capaz de “leer” y “abstraer” símbolos y signos.       

II
Pequeña Historia de la Lectura (Parte Dos)

Con la Lectura / Escritura y otros inventos como la Contabilidad, las tareas sociales se agilizan, los mecanismos de control social mejoran, el Poder se sofistica y sutiliza. Las elites se alertan, tratan que el conocimiento no salga del círculo dominante, lo frenan y contienen, reteniendo lo necesario para sus fines: Pirámides y Grandes Murallas, esclavizar al pueblo, levantar ejércitos, banquetear a lo grande, cosillas análogas a las de hoy. El mito de Prometeo encadenado y torturado para siempre por entregar el conocimiento al hombre, compadecido de verle padecer hambre y frío, expresa el milenario castigo que las clases dominantes le reservan al imbécil que se le ocurra pasarse a la Indiada, porque la chusma no debe empoderarse del saber de los Dioses. Pero los cerebros continuaron su elaboración y argumentación y reflexión. La creatividad dio un Gran Salto Adelante, mayor conforme crecía el número de gente capaz de leer y escribir. Por siglos dichas operaciones estuvieron separadas, no era raro escribir sin entender lo escrito, que se decodificaba en un segundo paso, la lectura en voz alta. Y otro cambio será hacia el siglo III d. C. la adopción de la lectura silenciosa, para procurar recogimiento y devoción a los monjes, únicos lectores por entonces. Asimismo los alfabetos ideográficos ceden lentamente a los silábicos y fonéticos, más fáciles de decodificar. Leer en silencio aporta nuevas formas de reflexionar e interpretar y propende a la autoconciencia, aunque la Lectura en voz alta se conserva hasta hoy en contextos precisos. El siguiente cambio se produce hacia el siglo XII en la escritura del alfabeto fonético, con los signos de puntuación, las separaciones en párrafos y las mayúsculas. Imaginemos si podemos un texto sin separaciones, puntuación, mayúsculas, ello nos da idea de la dificultad enfrentada por los Traductores italianos que hubieron de inventarse Capítulos y Versículos para aportarle unidades de sentido a la Biblia hebrea traducida en la Vulgata. En otra Crónica vimos a Richard Burton traduciendo Las Mil y Una Noches a un inglés sin puntuación ni saltos de párrafo para mostrar cómo fluye la narrativa árabe. Los párrafos, la puntuación y las mayúsculas y otros signos asisten la Comprensión del sentido de los textos, unen la lectura con la respiración, dan espacio a macrooperaciones lectoras más complejas.  

Se ha abundado tanto en el tema de la revolución causada por la Invención de la Imprenta que casi resulta ocioso seguir haciéndolo, pero cuando Johann Gutenberg se mandó con eso, todo cambió para siempre. El número de libros se multiplicó por cien, por mil y luego por decenas y centenas de mil. Con el crecimiento exponencial de la Oferta los costos y los precios de los libros se vinieron al piso, haciendo accesible la lectura a millones de gentes. Hacia 1490 circulaban 12 millones de libros y el proceso echado a andar ya era irreversible. Por supuesto, y con rapidez que denota profunda conciencia de sus intereses, tanto el Estado como la Iglesia hicieron lo suyo para mantener el control de las conciencias a través de eventuales mecanismos como la censura, que trataremos en otra Crónica ya casi lista. Pero el Cambio no se detuvo: Aparece en el último tercio del Siglo XX la escritura / lectura digital y todo se remueve otra vez. El paso de la web 1.0 a la web 2.0 implicó dejar de ser simples recipiendarios de información para convertirnos todos en potenciales productores de la misma, y si no me engaña mi memoria de lo que trata todo esto es precisamente de información, su procesamiento y soportes: Blogs como éste, páginas web, redes temáticas, foros, listas de interés, gestión de datos,  gráficos y fotografías, motion pictures, microblogging, etcétera, todo en conexión diferida o en tiempo real, pero siempre sobre una pantalla. El Procesamiento de Datos más la Telecomunicación nos ha convertido en un solo gran cerebro global, enorme y asaz chismoso, al que los Poderes Fácticos tratan de controlar con cierta histórica desesperación. Hacia el año 2011, según la revista Science, la humanidad interconectada generaba cada dos días la misma cantidad de información – no calidad, ese es otro precio – que lo que la misma hizo en la totalidad de los últimos 5000 años. En cifras: 5 Hexabytes = 1018 bytes cada 48 horas. Es decir 10.000,000.000,000.000,000 bytes. O por ahí.       

III
Intento de un Pequeño Estado del Arte

Hoy probablemente podríamos meter todo el contenido - gráficos incluidos - de la proverbial Biblioteca de El Nombre de la Rosa de Umberto Eco en un solo disco duro, y nos sobraría harto espacio virtual. Menos del 0,1 % de la información del mundo está sobre soporte de papel. Vale decir, el 99,9 % de toda la información del mundo está digitalizada y sólo podemos acceder a ella en la pantalla. La razón fundamental son los costos, ya hemos visto que nuestro cerebro tiende a buscar espontáneamente cómo hacer las cosas mejor, más rápido y con menos recursos. Y ello a pesar que construimos nuestras imágenes simbólicas del mismo modo que construimos las del mundo real, o por lo menos con los mismos circuitos nerviosos. Hay discusión entre si estamos más adaptados al libro de papel o al libro en pantalla, y yo la siento como una discusión entre lectura silenciosa y lectura en voz alta, o si es mejor leer con música o en silencio. Lo que yo pienso es Lee como quieras, porque el cerebro presenta aguda plasticidad, y puesto a la tarea de aprender lo hace según la experiencia del medio ambiente que vive y ha vivido, de donde no hay que sorprenderse si es que se demora un tanto en adaptarse. Hay base para suponer que la tendencia del cerebro al soporte físico de papel, el libro tal como lo conocemos, es análoga a la que hubo respecto al rollo en tiempos helénicos. El cerebro se modifica a sí mismo, no es una entelequia metafísica, y lo digo en serio, el cerebro reconstruye todo el santo tiempo sus estructuras cognitivas reformulando químicamente su citoarquitectura. No hay gran diferencia – si acaso en la intensidad medida en cantidad de estímulos por segundo – entre leer un libro que nos sacuda emocionalmente e inyectarse LSD. El secreto del cerebro es el mismo del ADN: La forma es fondo, el cómo adquirimos información determina cómo la percibimos y transmitimos.

Y esto significa que la herramienta para leer condiciona la Lectura. Fueron todos seres humanos los que inventaron sucesivamente el rollo de papiro, la tablilla cuneiforme, el pergamino, el papel y la imprenta en China y en Europa, y la máquina de escribir del Siglo XIX. El que escribe a mano y luego aprende mecanografía sabe que sus procesos mentales cambian en profundidad. La tan vilipendiada Lectura en F que se produce en Pantalla (dos / tres líneas del primer párrafo – paseo por la izquierda del borde, uno o dos líneas del medio y nuevo paseo por la izquierda hasta el fondo de la página web) es una técnica de toma de decisión sobre continuar o no la lectura más ilustrada y costoefectiva que la mayoría de otras empleadas en una lectura cuyos contenidos nos son casi totalmente desconocidos. Y esto se refleja en el mucho menos tiempo que se demora un “nativo digital” en encontrar una información “x” por comparación con un “inmigrante digital”. Lo importante para padres y educadores es poder enseñar a Tomar Decisiones en lo cognitivo, lo metacognitivo y lo axiológico. Por cierto, baso estas afirmaciones - de las que soy único responsable - en la Investigación Nielsen – Norman, a la que me referí en Crónica anterior y que definió la Lectura en F; la de la University College of London dirigida por David Nicholas; la del Laboratorio de Investigación de Usabilidad de Software de la Universidad Estatal de Wichita; la de la empresa israelí de software ClikTale, especialmente valiosa por lo masivo de su universo y muestra en cuanto al tiempo de permanencia en las páginas web; y la de Ziming Liu, de la Universidad Estatal de San José, que describe la aleatoriedad de la exploración en pantalla y su centro no en la Lectura Lineal sino en los motores de búsqueda de palabras-clave.

IV
Coexistencia Pacífica:
Lectura Lineal y Escaneo

Pero donde por lo general está el problema de fondo es en las capacidades y habilidades lectoras que dícese los estudiantes deberían tener y no tienen "debido a la Pantalla". Relativizo esta afirmación dado que la queja proviene por lo general de la nostalgia de un deber-ser del que francamente no estamos para nada seguros. No tenemos ni la más remota idea de qué tipo de habilidades lectoras – y de cualquier otra índole, para el caso - serán necesarias en el futuro, cualquier futuro que podamos imaginar, o no. Sólo sabemos con seguridad que cualesquiera sean esas habilidades, nuestros sistemas educativos no entrenarán a nadie para ello, por obsoletos y anquilosados, inútiles y prescindibles. En mi país consigue aprender a entender lo que lee una de cada cinco personas, así que no me vengan ahora con la lectura en libro y las habilidades curriculares, mejor haríamos en cantar, todos juntitos en coro y con música de huayno: Este librito que tú me regalaste / este librito que tú me regalaste / pío, pío, pío, pío / no sé qué dice / pío, pío, pío, pío / no entiendo ná. Ahora bien, nos es posible encontrar un par de cosas que se pueden decir “desde el otro lado”, es decir desde las habilidades que la Lectura en pantalla tal como es, efectivamente no forma ni puede formar dejada suelta. Y el asunto no se resuelve repartiendo demagógicamente computadoras, del mismo modo que no fomentamos la música selvática arrojando en paracaídas Pianos Steinway a las tribus no contactadas de nuestra Amazonía.

¿Qué falla en este esquema? Entre otras cosas, que las Computadoras conectadas a Internet son un Medio de Comunicación análogo a la Radio, la TV y la Prensa Escrita y deben por ende ser tratadas como tal. TV, Radio y Periódicos pueden ser utilizados como medios para educar, los profes lo sabemos bien. Pero las computadoras y soportes análogos no sirven si no los empleas de acuerdo a sus características, sus potencialidades y límites. Si nos limitamos a dejarlas que se apoderen de nuestras vidas, pues ahí sí que nos desestabilizan, porque la pantalla posee potencial de entretenimiento, siempre más fácil, que para eso es entretenimiento. La palabra mágica – la hay, y no es sinsaravino –para resolver este problema, es administración. Administración de las habilidades, la educación, el trabajo, las actividades, el tiempo. El aprendizaje es un hecho espontáneo, lo que hay que hacer es organizarlo. La experiencia de la Escuela en la Nube de Sugata Mitra ha demostrado (Ver el enlace en http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2013/05/un-agujero-en-la-pared-una-nube-en-el.html) a mi corto entender que los niños y niñas se equivocan bastante menos que los sistemas que pretenden amaestrarlos.

La cuestión parece más simple así: ¿Es posible administrar las cosas para que la Lectura en Pantalla y la Lectura Lineal coexistan pacíficamente y se refuercen entre sí? Hablando con honestidad, no creo que nosotros los que pontificamos seamos quienes para dar las respuestas. Queramos o no, nuestros primeros años fueron de lectura lineal, nuestros cerebros se adaptaron a ello, así que estamos sesgados e influidos… pero, stop y firmes… aún así todos los días los inmigrantes digitales estamos en Internet mirando y mirando páginas web, interactuando, buscando información, chateando, escribiendo correos electrónicos, haciendo las mil y una cosas que se hacen en las redes sociales. Y para remate escribo esto en un Blog, y no solamente no me he muerto sino que… sigo leyendo linealmente, y más, mucho más; y mejor, mucho mejor; que nunca. Y si un inmigrante digital como yo puede sin demasiado problema, pues los nativos digitales también pueden, y mejor… pero eso significa que hay que enseñarles a leer linealmente, y cuando digo eso no me refiero solamente a decodificar, sino a comprender y a disfrutar del leer, y nada de eso es del otro Mundo. Pero es exigente en la medida que te obligará a leer y a entender lo que lees en más de una forma. Pero esas son las cosas que se hacen por nuestros hijos y alumnos.

V
Colofón


Hay, entonces, una conclusión, y se parafrasea en una vieja verdad de Shakespeare: El problema, querido Horacio, no es nuestro destino, somos nosotros. Me reafirmo: Lee lo que quieras.

La primera parte de LECTURA EN PANTALLA se encuentra acá:

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lunes, 16 de diciembre de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 69 - LECTURA EN PANTALLA (PARTE UNO)

CRÓNICAS DE LECTURAS – 69
Lectura en Pantalla (on line y off line) - PARTE UNO

I
Lectura en Pantalla

Leemos signos impresos, pintados, grabados e incluso manuscritos sobre un conjunto de superficies planas encuadernadas entre dos tapas, así ha sido desde algo más de cinco siglos. Según UNESCO hay un libro si el conjunto de signos se despliega en no menos de cuarentinueve (49) de esas superficies planas (en adelante páginas), a razón de dos (2) por cada hoja de papel, lo que da veinticinco (25) hojas. De cinco a cuarentiocho páginas (3 a 24 hojas) es un folleto y menos que eso hojas sueltas. Antes, los rollos de papiro obligaban a la lectura lineal, avanzar o retroceder en un libro no era compatible con el libro-rollo, no se iba al final a ver en qué terminaba la aventura. Pero el mundo cambia: Entre papiro y papel hubo pergamino, que sugiere el ir y venir por el texto, hojear para ojear. El libro-rollo y el libro de hojas se transportan fácilmente, pero se maneja mejor un almacén de una Biblioteca con libros que con rollos. A fines del Siglo XX llega otro cambio radical en los soportes para leer, que pasan del papel a un formato documentario virtual. Crece el empleo del libro digital (o libro virtual, libro electrónico, ciberlibro, e-book, eBook, etcétera) en la lectura normal y en la profesional, como en la conservación de documentos. Surge el audiolibro para personas con discapacidad visual y para su empleo en museos y espacios turísticos. Leer en pantalla y mover lectores hacia ella es una etapa que, como la del pergamino, durará poco dado el acelerado desarrollo de soportes portátiles para leer, en los que llevarás tu Biblioteca Virtual y leerás lo que sea, donde sea y cuando te dé los forros. Estamos en la cresta de la ola del cambio y la hojarasca es barrida por el viento.

Pese a la inminencia de más cambios profundos en la función de la lectura, éstos no se avizoran claramente, los predictores de escenarios, planificadores educativos y demás profetas y sibilas están sumamente desconcertados: Lo imprevisible del devenir humano hace que prever qué pasará en los próximos cinco o diez años se vea iluso, no digamos los próximos veinte o cincuenta: El equipamiento en las escuelas queda obsoleto con vergonzosa premura; en especial en un Perú donde la desconfianza manda y se le teme tanto al maestro que se le quiere reducir al estatus de pulsador de botones. No se hace la muy necesaria investigación básica y aplicada y seguimos sin saber a estas alturas qué pasa exactamente en el cerebro cuando leemos, y menos aún qué pasa con la lectura en pantalla y si hay diferencia entre la lectura on – line (lectura en tiempo real y enlace en directo con la world wide web) y la lectura off-line (lectura de documento en pantalla desde su almacén virtual). Las preguntas son claras: ¿Nuestros cerebros actúan distinto y se desarrollan de forma diferente dependiendo del formato de lectura? ¿Decodificamos y/o comprendemos mejor leyendo en impreso o en pantalla? ¿Qué diferencia hay entre leer on line y off-line?

II
Una primera aproximación

Todo empieza y termina con las personas. Tratar de formatear a la gente no funciona porque se parte del supuesto equivocado de que la gente es formateable. Pero sí es cierto que la gente posee una historia y un presente cognitivo y metacognitivo. A mí, como a la gran mayoría, el destino me encontró cuando empecé a usar computadoras: La necesidad convoca a la herramienta y el contexto manda: Durante el desastroso gobierno de Alan Damián García (1985 – 1990) la galopante hiperinflación hacía del cálculo de costos un infierno para los que chambeábamos en hoteles, en particular en el rubro de Alimentos y Bebidas. Los precios se alzaban vertiginosos y dejaban atrás los procesos tradicionales de costeo. Vi la luz con las Hojas de Cálculo, se me representó un costeo de pocas horas de duración, pregunté tres o cuatro cosas, conseguí unas proformas y alegremente expuse mis ideas a la gerontocracia gobernante. Me sentía en la punta de la Tecnología de Punta, en la mismísima vanguardia de la innovación, y me expresé, creo,  de manera en exceso entusiasta. La expresión de entusiasmo casi me cuesta el puesto: mis jefes eran dinosaurios con los sesos en la cola y no aceptaban que un jovenzuelo de fuera de la argolla les dictara el futuro, y yo no sabía aún que tener razón antes de tiempo es peor que equivocarse. Bueno, esto ya es Historia, salvé el puesto a duras penas y pensé, como el Potro de Horacio Quiroga: Ya llegará el día en que se diviertan. Pero tal día no llegó, la empresa se privatizó y pasaron cosas que para qué te cuento. Por mi cuenta compré mi computadora a plazos, y otra, y luego otra más. Y cada cual contaba con más memoria de almacenaje (soporte físico para una Biblioteca Virtual), creciente velocidad de procesamiento RAM, pantallas de mayor resolución, tarjetas gráficas más potentes, las últimas versiones de programas de software, etcétera. Incluso encontré los primeros programas para libros digitalizados. Y por último y a la vez, surgió la www y todo lo avasalló.

Cuando decidí formar mi Biblioteca Virtual dispuse de los libros en Pantalla como si fueran físicos. Los codifiqué según el Sistema Dewey, pues la diferencia entre una ruma de libros y una Biblioteca es el orden y el registro; y si bien no soy bibliotecario profesional tenía (y tengo) libros, folletos y formatos impresos en tal cantidad que se justificaba sistematizar. Ya tenía la experiencia de haberlo hecho en un par de Bibliotecas institucionales con el apoyo de alumnos que hacían prácticas. Mi Biblioteca Física es grande, contiene a la fecha algunos millares de libros y otros formatos; pero tengo bastantes más títulos en la Biblioteca Virtual. Como en todo lo novedoso, las ventajas parecen mayores que los inconvenientes; y cuando surgen las desventajas hay que aprender a minimizarlas. En esto no hay maestro mejor que la experiencia, cada persona en su aproximación cuenta con un juego propio en  asuntos como los ítems de clasificación que es a la vez, bendito sea Dios, el criterio de almacenaje en el disco duro – u otro soporte. No tienes por qué apegarte a rajatabla a la Clasificación Dewey, pensada para las Bibliotecas del Mundo entero, porque tus necesidades son diferentes de las mías y no necesariamente empatarán. No sabíamos muy bien como se comía eso de la personalización antes de la explosión de computadoras / ordenadores y conexiones en red, estábamos mucho más acostumbrados a acomodarnos a la estandarización que a que ésta se acomodara a nosotros. Creo que este es uno de los principales cambios en la relación del pueblo común y corriente con la ciencia y la tecnología, para bien en mi opinión.

III
Enfoque “abajo-arriba”

El enfoque arriba-abajo  es grosso modo un modo de entender la comprensión lectora centrado en el lector; en tanto que el enfoque abajo-arriba se centra en el texto a comprender. La diferencia fundamental entre leer en libro y leer en pantalla parece estar precisamente en lo que está “abajo”, y parece conveniente empezar por aquí. Para ver en qué medida se lee distinto tenemos que identificar los formatos digitales de la lectura, y sus diferencias con el clásico: Para empezar están los libros electrónicos o ebooks, que aparecen en 1971 con el Proyecto Gutenberg, primera Biblioteca Digital. En el 2001 los primeros autores en poner a la venta ebooks con éxito fueron Stephen King y Vladimir Putin. Los ebooks son la versión más cercana al formato en papel, e incluso a veces son sólo el calco en facsímil de anteriores ediciones en papel, en especial los de formato .pdf, aunque los hay de formato .doc y .rtf, modificables con el programa word. Se puede disponer del archivo en el propio disco duro o soporte equivalente (en cuyo caso se accede a él off-line) o consultarlo a través de una página web que proporcione una Biblioteca Virtual (acceso on-line). Se ahorra un ingente espacio físico almacenando libros en el disco duro o soportes análogos. Confieso que daría lo que fuera por una tablet o equivalente en la que portara mi acervo bibliográfico y documental entero, tal como aparece en las novelas de ciencia ficción. Sus principales ventajas residen en la conservación y transporte de archivos, así como en el inmediato acceso cuando se los necesita. El brillo de la pantalla aún dificulta la lectura, la vista se cansa en especial para miopes y/o astigmáticos. Pero se desarrollan a todo meter soportes que resuelven este problema. Otra ventaja es el de la transcripción de citas para estudios o trabajos académicos, gracias al famoso copy and paste. En el tablet se lee off-line, aunque coexista con la lectura on-line en Bibliotecas Virtuales con documentos digitalizados y e-books ofrecidos al público por Internet.

La lectura en pantalla on-line presenta entre su fauna indígena al hipertexto, forma de estructurar información a través de links o enlaces o hipervínculos integrados a la interfaz del usuario, la idea es que cuando en el proceso de la lectura encuentras un concepto resaltado con hipervínculo significa que puedes interrumpir la lectura que haces para hacer click sobre él e iniciar una lectura subsidiaria en otra página referente al concepto vinculado o enlazado en la lectura anterior. El efecto es bifurcar la lectura, al salir de la primera para aclarar o completar un concepto en la segunda. En teoría al concluir esa “lectura secundaria” vuelves a la lectura anterior, en la práctica el retorno se dificulta. Por ejemplo, puedes encontrar hipervínculos “terciarios” al interior del hipervínculo “secundario”, interesarte en ellos y continuar haciendo clicks de manera que tu atención se desconcentra de la “lectura primaria”. Al "recentrarte" vuelves primario lo que era secundario, y te pierdes tal como dice la metáfora: irse por las ramas. Ese vagar por las armas y perderte del tronco del árbol desgracia la lectura como proceso sucesivo de decodificación / comprensión, porque el esquema de la lectura se va descubriendo – o construyendo - conforme lees. El riesgo en la lectura en pantalla on-line es perder el proceso al internarte en cada detalle hipervinculado. Claro que esto ya es enfoque arriba-abajo a desarrollar en la parte siguiente. Quedándonos en el soporte, digamos que la cantidad de hipertexto hipervinculado puede operar como un regressus-in-infinitum (retroceso al infinito) y llevar al lector a callejones sin salida conceptuales. Cada concepto empleado en una proposición posee una definición formulada a su vez por conceptos. Cada concepto a su vez posee una definición, formulada a su vez por conceptos, y cada concepto … y lo dejamos aquí precisamente para no retroceder hacia el infinito y perdernos. Parece claro ser éste el problema a enfrentar, la pérdida de los vínculos lógicos en el tronco principal de la argumentación, que los hipertextos estorban. Para ser competente en operar hipertextos se requeriría autodisciplina intelectual basada en el dominio del lenguaje de la Lógica Booleana y la Teoría de Conjuntos. Los hipervínculos y demás formas de organizar textos on-line son masivos en las Comunidades Virtuales (Facebook, Twitter, Google+, etc.), los e-zines (revistas electrónicas de estructura hipertextual) y los Blogs (Bitácoras web que recopilan cronológicamente diversos tipos de archivos de texto, imagen y sonido de uno o más autores).

IV
Enfoque “arriba-abajo”

Ya le echamos un vistazo a los soportes (abajo); ahora vamos arriba, directo al cerebro de los lectores: Leer es un acto cognitivo complejo, las operaciones cerebrales de la lectura se suelen explicar como un Doble Proceso combinado de decodificación y comprensión. La Decodificación se automatiza con la práctica y traduce y acumula letras, fonemas, palabras, frases, oraciones, enunciados y proposiciones; con los que construye sucesivas unidades de sentido. La constante y más o menos fluida sucesión decodificadora da lugar a que el cerebro “se adelante” y produzca “predicciones” sobre lo que vendrá después: Si lees la sucesión t-i-e-r-r- es muy probable que ya sepas que lo que viene es la “a” de t-i-e-r-r-a. Y si viene “i”, es probable que te inclines a predecir t-i-e-r-r-i … -t-a. Mil disculpas por el chabacano ejemplo. La predicción puede considerarse la primera parte del paso del automatismo decodificador a la comprensión lectora. Después de todo, comprender “tierra” no es igual que comprender “tierrita”, y no es lo mismo decir L1: “estamos en mi tierra” que L2: “estamos en mi tierrita”; comprender nos hace conscientes, por ejemplo, del contenido emocional (connotación) en L2, que L1 no posee. Y a una oración se suma otra, y a un párrafo otro, y a un capítulo le sigue otro; las comprensiones parciales se siguen prediciendo y acumulando en mayores unidades de sentido para llegar a poder producir eventualmente valoraciones de diverso tipo, tales como “Este libro parece de redacción descuidada”; “el sistema de ideas tal no es coherente (o sí lo es, o lo es parcialmente)”; “el informe registra hechos pero no interpreta”; “este poema es hermoso”; etcétera. Los dos conjuntos de microoperaciones y macrooperaciones conforman el acto de la lectura; la decodificación actúa sobre las pequeñas unidades; y la predicción / comprensión sobre las grandes (párrafos, capítulos, libros). Ateniéndonos a esta explicación, que trato sea lo más corta y coherente posible, podemos buscar diferencias entre leer en pantalla y leer en formato tradicional.

La experiencia sugiere que el cerebro percibe la lectura impresa espacialmente delimitada: Hay unas coordenadas físicas tridimensionales: Un arriba – abajo dado por el grosor del libro percibido con la vista y el tacto, mas una dirección y un vector izquierda – derecha (derecha – izquierda en las lenguas semíticas; arriba – abajo en las de extremo oriente). Aunque sigue habiendo dirección y vector en la pantalla, la apercepción del grosor impide ciertas predicciones, no se sabe cinestésicamente de qué tamaño es el artículo, libro o enciclopedia que se lee, y esto repercute en el contexto predictivo. Hay otra diferencia cinestésica: las manos actúan pasando las páginas del libro impreso en un complejo proceso de coordinación vista-mano, en cambio mover la página en un texto en pantalla sin división natural en páginas no es ciertamente posible en la lectura on-line (sí en la off-line, aunque no al modo del libro clásico), y debe emplearse el mouse (ratón) o una tecla de “bajada” para “avanzar” el texto, y de “subida” para retrocederlo. El juego de asociaciones (base de la memoria y del aprendizaje) en el libro físico es distinto que el de la pantalla, como sugiere una investigación de Kate Garland, de la Universidad de Leicester: Con el libro físico la mente tendría más juego para hacer sinapsis al haber más puntos físicos de referencia percibibles por los sentidos, que permiten mayor cantidad de asociaciones. La estructura física del libro apoya la evocación de los datos, como cuando sabes que en la página 268 entra en Moria la Comunidad del Anillo; o que la explicación de la simbiosis está en el capítulo XV. La pantalla plana limita estas percepciones y la “memorabilidad” de los textos. En este aspecto todo parece reducirse a que los cambios en la pantalla pueden llevar a que a uno “se le mueva el piso”, es decir, que no tenga referencias fijas que establecer en el momento que lee, es decir menos perchas cognitivas de las que colgar las ideas, cuestión central en la construcción de estructuras cognitivas.

Una investigación de Jakob Nielsen sugiere que el tamaño de la Pantalla cuenta – tal vez esto explique la actual popularidad de las pantallas de gran tamaño, así como su creciente resolución, lo que también se observa en la Televisión y el Cine. A menor área de pantalla más pequeño el contexto en el que se ubica la información y menor evocación de sus contenidos. Pero no parece que esto se diferencie mucho del problema de los minilibros en factura clásica de papel, o de tratar de leer la Enciclopedia Colliers con una lupa de 2 centímetros de diámetro. En mi opinión – y solamente eso, sometida a mejor data y salvo error u opinión - todo parece indicar que las diferencias de lectura entre lo digital y lo clásico en papel son solamente de grado, y por ello únicamente requieren de un período razonable de adaptación al cambio. Hay datos que así lo sugieren: Los niños británicos tienden a leer más en formatos digitales, particularmente computadoras. Los estadounidenses adultos y niños poseen más tablets y leen más en ellos. Los rusos y españoles leen mucho más en digital que hace cinco años. 

V
Colofón

Parece ser claro que se lee más que antes, aunque no podemos concluir nada aún en referencia de los procesos de lectura de libros propiamente dichos. Parece, sí, que en definitiva debemos hablar de diversos tipos de lecturas. Quizá Twitter muestre un paradigma nuevo: El microblogging estaría ayudando al desarrollo de la capacidad de síntesis, pero en este caso estamos rompiendo los estrechos límites de la lectura tradicional no solamente en cuanto a la capacidad relativamente pasiva de leer, sino en la capacidad activa de producir textos. Y como esto no está aún terminado trataremos de verlo mejor en una segunda parte de esta Crónica que voy preparando y que ya veremos si publicamos. Hasta entonces.

La segunda parte de esta Crónica se encuentra en el siguiente enlace:
 http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2014/01/cronica-de-lecturas-73-lectura-en.html


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viernes, 10 de febrero de 2012

TEXTOS ESCOLARES: PALABRA ESCRITA Y PALABRA ORAL



“Enseñarle un libro a un peruano es cómo enseñarle la cruz a Drácula”
 (Poeta de la calle)

Es interesante constatar lo que pasa cuando repentinamente se descubre lo que todos sabían que pasaba, pero nadie se atrevía a decir. Casi hasta parece que importara. Los textos escolares están de moda, aunque tradicionalmente nunca se les ha dado mayor bola. De hecho, se han puesto en el candelero básicamente no por sus contenidos – aunque a algunos les encantaría introducir la censura de lo que no les gusta – sino por ese algo que, en la realidad real, realmente nos afecta a todos: SUS PRECIOS. El ruidoso rasgado de las vestiduras se oye en las radios, la televisión y hasta en la prensa escrita.

Mercantilización educativa

Lo que arma a la gorda y la pone de pésimo humor son los precios de los textos escolares, incluso con ley de congreso incorporada. Se descubre repentinamente que existen elementos mercantilistas de intermediación que encarecen los textos escolares, como si este hecho no hubiera sido archiconocido con anterioridad. Se evidencia la confabulación entre editoriales, instituciones educativas, directores y docentes, dirigida a exprimir aún más a los padres de familia que invierten en la educación de sus hijos, en nombre de la maximización y reparto de la ganancia. Esta no es más que la punta del iceberg, porque la mercantilización educativa está generalizada en nuestra sociedad, sólo que no se ha verbalizado lo suficiente. En Chile esto sí está pasando, y el hecho que las gentes aprendan a decir su palabra produce terremotos políticos constantes que derruyen el sistema político con más entusiasmo y continuidad que los movimientos de las placas tectónicas. Tal vez esto sea un preludio de lo que eventualmente podría ocurrir en nuestro país, aunque resulta difícil predecir cuánto tiempo nos tomaremos en eso de aprender a decir nuestra propia palabra.

Textos viejos y textos nuevos

De lo repentino surge otra “repentitud”: La de periodistas, políticos y otras gentes que se han convertido, no sabemos cómo, en especialistas en textos escolares, cuya principal herramienta conceptual parece ser la de extrapolar su propia experiencia. Comparan lo que eran los textos “en su época” hace 10, 15, 20 o 30 años atrás, con lo que creen que son ahora, y luego generalizan su experiencia personal, para desde ahí pontificar algunos razonamientos doctorales. Tratan a los textos escolares como si estos fueran deus-ex-machina, objetos mágicos cuya posesión, al modo de amuletos, significara la posesión de “cultura”. Se concentran en los contenidos conceptuales, como si alumnos y docentes leyeran los textos al modo de libros comunes y corrientes. Acuerdan a los textos escolares un aire de “autoridad” y se preocupan de que sus contenidos sean ortodoxos y adecuados, no  infiltrados por malvados ansiosos de destruir la nacionalidad. No es que el texto escolar no tenga su importancia. Se utiliza en las instituciones que sirven como correas de transmisión de los contenidos socio-culturales. Pero algunos parecen creer que en la realidad real, realmente sirven para algo más que para ganar plata. Para variar, en este y otros temas algunos terminan en el detalle y se olvidan de lo fundamental.

Lo escrito y lo hablado

El texto escrito es nada más que eso, texto escrito. Para que realmente sea operativo, para que realmente funcione, para que realmente sirva de algo, tiene que dejar de ser un amuleto para ser convertido en una Herramienta. Un amuleto es sagrado, una herramienta es útil. El texto escolar debe ser desacralizado, deconstruido y desencantado. Para ser útil debe ser verbalizado, hablado, desmenuzado, despachado intelectualmente. Los signos y dibujitos deben convertirse en sonidos, y éstos en conceptos e ideas. Hacer estas abstrusas operaciones implica aprender a operar con la mente. Suena fácil, pero puede ser extremadamente difícil si los textos escolares son caros. Si no los puedes adquirir no aprenderás a leer, del mismo modo que si no tienes piscina o mar o río ni te tirarás al agua ni aprenderás a nadar. El desarrollo de tu comprensión lectora depende de cuánta plata tengas después que te has comido el ajiaco que puedes solventar. Si te gastas lo que tienes solo en comer, todo lo que tendrás para leer serán los titulares de los periódicos en los quioscos, ese será todo tu alimento espiritual.

Leer y comprender lo que se lee se han convertido en bienes económicos, necesarios para conseguir y mantener una chamba que signifique algo más que sobrevivir. Vale plata, e intermediarlo hace ganar plata. Y como si no lees o no entiendes lo que lees tu chamba es problemática y tu movilidad laboral será como bailar permanentemente la conga, salir de eso tiene costo, y como no tienes plata porque ya te la comiste, seguirás en tu espiral descendente.

El texto escolar como herramienta

Si el texto escolar es una Herramienta, entonces es para ser usado. Es en el salón de clase donde se hace concordar la palabra escrita con la palabra realmente hablada, es decir con la propia capacidad para la expresión lingüística oral. No me sirve de nada el texto si no lo consigo hablar con mis propias palabras, mis propios saberes y desde mis propias habilidades. La desnutrición aguda o crónica no sería un problema de aprendizaje si no afectara las capacidades lingüísticas de los niños tanto en general como en lo referido a la comprensión lectora. La pobreza no sería un problema de aprendizaje si no afectara la posibilidad de los estudiantes de enfocar su atención y su concentración en la lectura como en las explicaciones orales. La desigualdad socioeconómica – está probado hasta la saciedad – afecta la misma percepción de lo que es posible entender y lo que no en la lectura y en la explicación oral. Podría incluso no haber textos escolares, y seguiría habiendo Educación y seguiría habiendo libros y los docentes podrían construir sus propios textos de acuerdo tanto a las exigencias sociales como a las características concretas de sus estudiantes. Esta es incluso una consecuencia lógica y previsible de un proceso de Diversificación Curricular llevado a extremos finlandeses. 

En las escuelas hay maestros intermediarios en la tarea de “hacer hablar” los textos y otros materiales de enseñanza / aprendizaje. Pontificar sobre los textos escolares no tiene sentido alguno si se les aísla de los maestros. Ellos “hablan” los textos y los hacen accesibles a los alumnos. El origen histórico de la palabra escrita es la palabra hablada, ni Cristo ni Buda ni Sócrates ni Zoroastro ni Confucio dejaron nada escrito. Fueron los evangelistas, Platón y otros hagiógrafos, exégetas y comentaristas los que fijaron para la Humanidad sus mensajes. Y seguimos fraseándolos y refraseándolos de acuerdo a nuestras experiencias y nuestros saberes y las preocupaciones de nuestra respectiva época. Y los nuevos mensajes que replantean las ideas que influyen decisivamente en la humanidad son nuevamente hablados. En el aprendizaje de contenidos jamás arrancamos de cero, sino de la experiencia común de la humanidad o de los diversos grupos humanos a los que pertenecemos.

Herramientas de enseñanza / aprendizaje

Un texto escolar se diferencia del no-escolar en diversos aspectos. El principal sería que está dirigido a formar, no solamente a informar. Tiene una dirección y un sentido intencional, no se lanzan a la aventura, tienen objetivos. Representan las habilidades y contenidos intelectuales y valorativos que la currícula escolar establece como socialmente deseables. Sus contenidos temáticos son producto de un análisis que determina lo que la sociedad y el estado creen que es trascendental que los niños y jóvenes conozcan. Pero un texto no trabajado es como Iglesia abandonada por falta de fieles. Nadie va hoy en día en peregrinación religiosa a Pachacámac, Garagay o a Maranga, mal que le pese a los nostálgicos del pasado precolombino. La utilidad religiosa de las huacas es inexistente, y la tendencia es invadir sus terrenos para lotizarlos y resolver reales necesidades de las gentes. Contrario sensu, a nadie se le ocurre invadir y lotizar la Catedral de San Pedro en Roma, porque como es obvio responde a las necesidades espirituales de millones de personas. Así funciona también con los libros en general y los textos escolares en particular.

Las comparaciones son odiosas, pero igual las haremos. Colombia no tiene más libros o bibliotecas que el Perú, tiene más lectores. Y hay diferencia, luenga diferencia. No nos faltan libros, sino cerebros que los operen. Presumir de tener libros que no se utilizan es una suerte de autocomplacencia petulante análoga a la del dictador africano que construye una Catedral más grande que la de Roma, por el puro prurito de aparecer en los records Guinness. Discutir el precio que las gentes pagan por los textos escolares, siendo importante y necesario, no es suficiente. Pensar los textos escolares en abstracto es discutir por qué se gasta una plata que no tenemos para que los alumnos adquieran lo que a veces se llama “cultura de sobaco”, es decir, libros humedecidos por la transpiración axilar, que no se abren más allá del índice.

Esto se aplica a los libros en general, no solamente a los textos escolares. Un libro adquiere importancia porque es leído, decodificado y comprendido. La influencia de “El Origen de las Especies”,  el “Manifiesto Comunista”, el “Tractatus Logico-Philosophicus” o el “Emilio”, entre otros, está en que su mensaje esencial es considerado importante para un número o clase importante de personas. Así entonces se le trabaja, refrasea, difunde, glosa. El mensaje de dichos libros se incorpora a la “marcha de la Historia” que quería Walter Benjamin. Pero los libros responden a la lógica de la época, y en esa lógica los libros deben ser escritos, editados y publicados, y ello porque hay una oferta y una demanda cultural. De ahí que editoriales como Libun y el Fondo de Cultura Económica se especialicen en libros universitarios, mercado cautivo; y que haya editoriales que se especializan en textos escolares, otro mercado cautivo y recontra lucrativo, aún si es regulado.

El negocio del texto escolar

Como nuestra sociedad lee poco y lee mal, y como se necesita leer para ser alguien, se puede hacer negocio con ello. Hay mercado, jóvenes. Es decir, producto, y marketing vinculado. Es decir, entre otras cosas, un concepto social de lo que es un libro, al que la oferta se ajusta para poder venderlos. El fast-book es un producto; el best-seller otro producto. Los diversos géneros se ubican en las librerías – especie comercial en acelerada extinción - de acuerdo a su posibilidad de ser comercializado. Es el reino de “lo que le gusta a la gente”, como con las gaseosas o las camisas. Y así los libros que más se leen en nuestro país son los best-sellers, los libros de autoayuda y los de metafísica zodiacal y otros análogos. He visto algunos de estos incluso en diversos Planes lectores. No entiendo cómo los libros de auto-ayuda pueden ser considerados literatura o instrumentos para la formación en valores, cuando sabemos que trafican con la baja autoestima de las gentes. Pero allí está “Quién se ha comido mi queso”, muchas veces en vez de Dickens, Ribeyro o Dahl.

El Plan Lector es, desde la perspectiva de la oferta, un negocio complementario del de los textos escolares, con la ventaja de ser menos estacional. Los textos escolares se negocian a principio de año, se les impone a los padres de familia y se cobra por ellos precios de oligopolio. Al igual que en los mercados financieros, los precios los determinan unos pocos ofertantes, pues nuestros docentes parecen no tener capacidad de crear sus propios materiales. Junto al texto escolar viene la Guía del Docente, que se orienta al empleo del Texto de la propia Editorial y muchas veces trata de subsanar las carencias de los docentes maximizando su tiempo y proporcionando planes de clase. Esto, que en sí mismo no es negativo, produce una relación de dependencia entre el texto y el docente, que termina por aplicarlo sin mayor crítica, y se siente eximido de emplear otros materiales. Aunque los contenidos de los textos escolares suelen ser bastante buenos en general, el hecho de que sean generalizados atenta contra casi cualquier esfuerzo de diversificación curricular.

Los formatos de los textos podrían modificarse para responder a la diversificación y a los cambios curriculares y el avance del conocimiento. Un formato fascicular donde se sustituyera algunas partes cada vez que fuera necesario implicaría contar con un texto permanente, muy dinámico, de menor costo y fácil adaptabilidad a las diferentes realidades locales y regionales. Y estoy seguro que puede haber mejores ideas. Pero es obvio que nada de esto conviene al negocio, organizado en una economía de escala, que vive en parte de las rentas creadas por la repetición de contenidos año tras año. No se ve que haya mayor innovación en este aspecto pues no existe interés alguno en ello. Las editoriales no lo harán a no ser que la autoridad educativa lo exija. Y como nuestra autoridad educativa no lo exige, la situación permanece igual año tras año, las editoriales ganan, ciertas autoridades ganan y otras se hacen la vista gorda. Los que pierden son los alumnos y los Padres de Familia, y cuando se visibiliza se adoptan soluciones parche.

Procesos y contextos

En estas épocas la información es impartida y operada en nuevas y diferentes formas. El libro y el texto ya no son lo que eran. Estamos en la cresta de la ola de cambios tan importantes como los que dieron lugar a la invención de la Imprenta de tipos móviles de Gutenberg.  No se puede separar los contenidos intelectuales de sus soportes físicos. El libro es un transmisor de conocimientos, pero las habilidades necesarias para decodificarlos y entenderlos dependen de sus soportes. Las computadoras y demás pantallas soportes incorporan nuevas maneras de leer, decodificar y comprender. Los hipertextos, hashbacks, memes y otros artilugios mentales requieren de desarrollar las tradicionales habilidades mentales e incorporar otras nuevas. Discutir los textos escolares en abstracto pasa por alto este importantísimo tema. Se le ha dejado el tema a la educación no formal y para variar las necesidades nos encuentran con los pantalones abajo y discutiendo la coloración de las truzas. Se trata con éxito menos que mediano de generalizar el empleo de las computadoras en las escuelas, no como impartidor de conocimientos sino como formador de habilidades. En este panorama se inscribe la problemáticas del texto escolar.

Sin embargo, el contexto en el que se trata el tema de los textos escolares es decimonónico. Hablamos de ellos implícitamente como de un medio para uniformar la impartición vertical de conocimientos, cuando es tan obvio que las habilidades requeridas hoy en día de pensamiento crítico y creativo, de innovación y de investigación, cambian desde la raíz el viejo y exclusor concepto de erudición enciclopédica que muchos creen aún debería ser objetivo primordial de la Educación. Ahí encontramos al pensamiento conservador que se mete por los palos y a poco más aspira a establecer una censura de contenidos. No es que funcionaría tampoco. Como bien se sabe, todo se encuentra en Internet, y las habilidades de discriminación de contenidos y de direccionalidad en la indagación simplemente no son formadas.  Y los textos escolares parece que lo principal que hacen al respecto es incorporar links a diversas páginas web.   

Colofón

La Educación es un hecho social. Se enseñará de una u otra manera. Bien está que se plantee el problema de los costos de los textos escolares, pero el Iceberg es mucho más grande y profundo. Implica los objetivos de la Educación y los medios a emplear. Por supuesto, los que administran la Educación están en la desagradable situación de arrancar desde lo que tienen, y tratar de gestionar las dificultades suele obliterar los cambios necesarios. Un adecuado uso del texto por parte de los docentes implicaría una reingeniería completa y un esforzado programa de actualización y capacitación solamente para ponernos en el nivel del Siglo XX. Los requerimientos del Siglo XXI son mayores, incluyen los del Siglo XX y añaden más. Lo que catapulta los cambios en Educación, como en todo, son los requerimientos y necesidades sociales tal como son percibidos por la opinión pública y sus presuntos representantes. Y si discutimos los textos escolares como si fueran una cosa en sí misma aislada del resto, se nos escapa la perspectiva. Nos falta una visión social de conjunto. Alguien debería ocuparse de proporcionarla. Y punto por hoy.


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viernes, 9 de diciembre de 2011

ESCLAVOS DE LA COMPUTADORA



“Yo, como un lobo, / mordería al burocratismo / a las credenciales, / no les tengo respeto” (Vladimir Maiakovski)
“Las organizaciones gastan millones de dólares en firewalls y dispositivos de seguridad, pero tiran el dinero porque ninguna de estas medidas cubre el eslabón más débil de la cadena de seguridad: la gente que usa y administra los ordenadores.” (Kevin Mitnick, el ya no ya de todos los Hackers)

Estoy seguro que debo haber sido realmente un mal tipo – o tipa, concesión de género - en una o varias de mis vidas pasadas. Algo debo estar pagando que no me sé, porque de otro modo no me explico el porqué el tiempo, la voluntad y el humor de uno deben terminar a merced de esa condenable y omnipresente gavilla de asaltantes de corbata y traje sastre con licencia para matar, combinación de burócratas y operadores de sistemas de computación. Aprovecharé de una reciente experiencia personal para tratar del tema.

Primero, la experiencia

Tenía que hacer una gestión en un organismo público que me sé pero que me callo, porque los elefantes son famosos por su memoria, y odian con odio jarocho. Digamos que en estos días estaba en la penosa obligación de dejar por una mañana mi eterna búsqueda de alguien que me pague por lo poco que sé hacer, para tramitar un papel que no sería útil más que para emplearlo en el baño, pues no sirve absolutamente para nada más, aunque igual alguien lo exige para poderlo archivar. El organismo de marras, en cuyas garras caí, resultó bien poco amigable. Su página web era un monumento a la ambigüedad, y ello me obligó a ir para ver si podía poner en claro qué demontres tenía que hacer para finiquitar mi trámite.

Llegué al local, cuyas pizarras informativas poseían la virtud de dejarlo a uno más en la calle que antes. Miré a mi alrededor suplicando al cielo por orientación. Encontré dos posibilidades: Un bonito Nacimiento y los vigilantes, que por esta parte del camino llamamos huachimanes. A ninguno de los dos les correspondía orientarme, pero debo decir que tanto el Niño Jesús como los huachimanes fueron muy amables y estaban más al tanto de lo que pasaba que los Burócratas del sitio. Por otra parte el lugar tenía su gracia: Cajas y cajeros para recibir documentos y plata repletos de gente haciendo cola, y ventanillas sospechosamente vacías de gente, donde se entrega el resultado de los trámites. En una mesa hay rumas de formatos de solicitudes, cuya utilidad era perfectamente desconocida para el común de las gentes, que los tomaba y observaba con ceño fruncido, esperando que baje la inspiración divina para entender para qué sirven y cómo se llenan. Otros estantes adosados a la pared se supone eran para escribir sobre ellos, aunque los lapiceros no tenían tinta, y el espacio era tan reducido que una sola persona lo copaba. Había un individuo, de funciones indefinidas, que revisaba los papeles, musitaba para sí un “está bien” y le ponía un sello a las solicitudes. A su lado, una pantalla de computadora, de función decorativa; y al frente una fila de personas con cara de apúrate que tengo qué hacer. Algo más allá la Virgen, San José y el Niño Jesús nos miraban conmiserativamente desde el coqueto Nacimiento – es época de Navidad – al que ya me referí. Por cierto, no veo el punto de poner Nacimientos en las entidades públicas, a no ser para mostrar la fe de los trabajadores en el Más Allá, o sacarle cachita al resto que no recibe gratificación navideña. Pululaban en el local varios huachimanes, dedicados a vigilar, y de paso a orientar al respetable. Cuando veo eso se me paran las antenas críticas y antiburocráticas, porque si una institución requiere de sus huachimanes que orienten al público, algo anda realmente mal en la administración de esa Institución.

Se cayó el sistema

No, no es el sistema neoliberal, es la red cibernética. Creo que muchos hemos padecido esa experiencia. Bueno, ocurrió esta vez. La situación, que no pintaba demasiado bien en circunstancias normales, pintó peor cuando un murmullo se extendió irreprimible a lo largo de las colas: “¡Se cayó el sistema!”, “Cómo sabe”, “Mire hacia allá” dijo una señora pechugona, de anteojos y con evidente y amplia experiencia en las cosas de la vida, señalando con un movimiento de cejas a los jóvenes burócratas tras sus ventanillas, con los brazos cruzados y la mirada perdida. Momentos más tarde aparecieron esos odiosos y antipáticos letreritos: “Ventanilla cerrada. Mi compañero lo atenderá”. Por cierto, esos compañeros deben estar en el chifa de la esquina, porque yo por lo menos no vi ninguno.

Las gentes se soliviantaron. Quiso la mala suerte que justamente en ese momento, por alguna razón que no llegamos a colegir, pero que podíamos sospechar, una señorita se molestara enormemente con la burocracia, que no resolvía un tema de esos que solo requieren de sentido común, pero que no se resuelven porque el burócrata es feliz cuando puede decir no. El tema era gordo y trajo consecuencias, pues la señorita en cuestión abandonó el local cual furioso meteorito, no sin antes emprendérsela con el Nacimiento. No sé yo si el Niño Jesús, la Virgen y San José tengan alguna culpa de lo que los burócratas hacen o dejan de hacer, pero lo cierto es que los tres, junto a la vaca y el burro, terminaron destrozados en el suelo. La gente se sonrió, entre comprensiva y solidaria, deplorando que la Sagrada Familia pagara por algo en lo que no tenía responsabilidad. Mientras, los huachimanes repartían papelitos con números para cuando “el sistema volviera”, cosa que puede hacerse esperar tanto como la Segunda Venida de Cristo.

Esclavos de la computadora

Empecé a hacer preguntas. Eso de ver a los jóvenes burócratas incapacitados completamente para algo más que sacarse brillo a las uñas cuando “el sistema se cae”, encendió apasionados debates en la cola. Algunos lo atribuían a simple estupidez generalizada. Otros lo referían a una eventual relación con los antepasados, en particular la madre. Como yo tengo mi experiencia – trabajé en un banco en la época en que las computadoras aún no habían sustituido completamente a la gente – me llamó la atención que los funcionarios no estuvieran autorizados a recibir dinero. Como en los Bancos, uno puede recibir el dinero, sellar lo necesario y luego, “cuando el Sistema vuelva”, ponerlo al día. La plata entra, la gente sale, menos bulto es más claridad, y todos felices nomás con un poco más de chamba. Pero parece que los jóvenes burócratas no parecen tener autorización para hacer nada al respecto. Esto expresa una general desconfianza de los Burócratas al Mando frente a los Burócratas Pichiruchis, probablemente por ser los pichis contratados a través de empresas de servicios, igual que los huachimanes. Solamente eso puede explicar que se les controle “en tiempo real”. Veamos algunas implicancias:

-          Desconfianza ético-moral: No hay garantías de que un Burócrata Pichi no se levante en peso la plata que recibiría y tal vez algunos millones más. La miseria que se le paga a los semitrabajadores de las empresas de servicios parece hacerlos sujetos de sospecha. Esto bastaría para eliminarles toda traza de toma de decisión y justifica que los Burócratas Al Mando no le den mayor peso al problema.
-          Desconfianza institucional: Observé que los “cajeros” no sabían mucho más que decir que faltaba una tilde o una coma en los formularios que se les presentaba, y enviarlos de nuevo al fondo de la cola del supuesto “orientador”, sí, ese de mirada perdida que ponía sellos y que no orientaba nada. Los trabajadores no parecían mostrar habilidades particulares para resolver problemas, es decir, y de acuerdo a mi larga experiencia en todo el territorio nacional, se espera de ellos sola y únicamente que repitan movimientos como chimpancés, y que no piensen, porque eso es un riesgo, no vayan a formar sindicatos.
-          Desconfianza cognitiva: Los Burócratas Pichis parecían bastante incapaces de hacer cálculos y razonamientos por sí mismos. Esto se patentizó cuando, según se dijo, “volvió el sistema”, lo que se reflejó en la apertura de una sola ventanilla dos horas y media después de “la caída”. Esto, que entusiasmó por un momento a los sufridos portadores de papelitos, implicó la reapertura de una sola de las cuatro ventanillas, donde el sonriente Burócrata Pichi recibía la ayuda de los otros cajeros. Considerando que se demoraron, entre los cuatro, cuarenta minutos más en atender a una sola persona, esto parecía una finta para hacernos creer que algo se hacía, o, como era más probable, que entre los cuatro no conseguían hacer lo que hacía la computadora.

Se imponía la comparación con los remotos tiempos – 20 o 30 años atrás – en que los cajeros hacían una respetable cantidad de operaciones sin computadoras. Se requería know-how, es decir, un conjunto de actitudes, habilidades y entrenamiento; y los trabajadores no eran, como hoy, piezas intercambiables. Es indudable que las computadoras son extremadamente útiles, pero ello implica que el trabajador sabe lo que está haciendo con ellas. Si no es así, simplemente es un implemento adosado a ellas, cuyo objetivo básicamente es la digitación, habilidad al alcance de cualquier ser vivo con dedos. La única cosa que podría justificar el hecho es el costo: Un trabajador no calificado cuesta menos que uno calificado. Y un chimpancé costaría menos aún, pero habría que traerlos del África, lo que tiene su precio; pues los monos tití de nuestra Amazonía, aparte de conflictivos y poco serios, tienen muy pequeñitos la cola, los dedos y el cerebro.

Analfabetismo cibernético

Se supone que el Facebook, el Twitter y el Youtube no son más que entretenimientos, y no de los más sofisticados precisamente. Hay cuestiones técnicas básicas sobre las computadoras, los sistemas y los programas que se supone los operadores deberían conocer. A nosotros, los de la cola, maldito si nos importaba la cosa, pero en estos días incluso en una cola siempre hay por lo menos un Ingeniero de Sistemas. Éste empezó a hacer penetrantes preguntas sin mostrar ni rastro de misericordia. Por cierto, como los Burócratas estaban convenientemente aislados detrás de su bunker de plástico semitransparente de la creciente furia homicida de los usuarios, el Ingeniero de Sistemas resolvía ese problema haciendo sus observaciones con una discreción tal que se le podía escuchar a 700 metros a la redonda. Recojo algunas de las cosas que me pareció entender: Si el sistema ha vuelto, ¿Por qué solamente abren una ventanilla? ¿Y porqué tarda cuarenta minutos en cargar? ¿Nos toman por idiotas? ¿De cuándo acá las caídas de sistema afectan la recepción de dinero? ¿Creen que estamos acá tres horas por pasatiempo? ¿El sistema solamente funciona en una computadora? Y patatín.

Los recursos de la Burocracia

Hoy en día las fintas que se hacen para justificar la desidia y el absurdo son cada vez más obvias para los usuarios. Un parlante extraordinariamente mal ubicado, pues los de las colas no lo podíamos oír, aunque sí percatarnos de que algo sonaba, informaba infructuosamente a la gente de lo que ya sabía, esto es, que el sistema “se había caído”. Una televisión supuestamente dedicada a distraer a la gente – la estrategia de la cortina de humo no es solamente cosa de los grandes medios – trataba de entretener presentando un documental de PROMPERU de fomento del Turismo Interno, que mostraba una hoguera encendida por un grupo de alegres asháninkas vestidos con sus trajes típicos. Presentar la hoguera resultó una malhadada idea, pues empezó a proporcionar algunas desagradables ideas a algunos usuarios, y el tono bromista iba desapareciendo a ojos vista, convirtiéndose en algo un poquito más serio.

Cuando la cola empezó a moverse, tres horas y cuarto después de “la caída”, el huachimán de turno no tuvo mejor idea que dejar pasar primero a los clientes de la Atención Preferencial, no los de nuestra cola de tres horas y cuarto, sino los recién llegados. Dios sabe que no tengo nada contra los ancianos, las personas con discapacidad y las damas en estado interesante, pero los que hacen esa cola no siempre son los que realmente lo necesitan. El público de la cola de tres y cuarto horas, en especial los que deberían estar en la cola de Atención Preferencial, y no estaban, reclamó. Como ocurre con todo conflicto social, la autoridad saca ventaja de enfrentar a unos con otros, y las energías que se dirigían peligrosamente contra la Burocracia, derivó hacia saber quiénes debían o no hacer la cola de Atención Preferencial. En fin, tras un largo y aburrido proceso llegué a la ventanilla, gracias a que el número 11 en mi papelito resultó ventajoso, pues varios de los que estaban delante de mí habían hecho abandono de la cola en ese periodo.

Alcancé, pues, la ansiada ventanilla. Y resultaba que tras tres horas y media de una mañana en la que podría haber hecho algunos centavitos, que bien me hacen falta, la Burócrata Pichi dedicó su indudablemente valioso tiempo en indicarme que debía volver al fondo, volver a hacer mis formularios, retornar a la revisión de los ojos vacunos del “Orientador”, y volver a hacer mi cola. En general creo ser persona de buen natural, que no aspira a hacerse más líos de los necesarios, y que trata siempre de ver los dos lados de toda cuestión que se presente, pero a veces se me calienta la jora, se me sube el indio y me arranco con una de esas que ni una división panzer. Como hasta el huachimán se moría de risa, yo me iba poniendo más colorado que tizón del infierno y más amargo que Angostura. Mi voz, naturalmente alta, se elevó ligeramente. Con esa delicada voz con que la madre natura me dotó, manifesté asertivamente mi opinión sobre la Institución, la Burócrata, la mañana desperdiciada en trámites estúpidos, y el clima; y hasta el Ingeniero de Sistemas, que continuaba su perorata,  se volteó a ver en qué terminaba esto. La Burócrata Pichi miró hacia afuera y halló tres docenas de miradas asesinas: Me miró a mí, y debo haber tenido cara de destructor de Nacimientos Navideños, pues ella misma le pidió al huachimán que trajera otro formulario, lo llenó, y me lo dio a firmar. Lo hice, pagué, me sellaron el papel, y me fui echando chispas.

Colofón

Encuentro en esta experiencia una muestra más del analfabetismo cibernético imperante combinado con los antiguos males del burocratismo, más los problemas cognitivos generalizados en nuestra población. Inclusión Social, es, entre otras cosas, no maltratar a la gente, con mayor razón si se va a hacer trámites por los que paga. El facilismo de poner más ventanillas con chimpancés detrás de ellas crea burocracia inútil, fomenta la explotación de los trabajadores de las empresas de servicios, y proporciona a los usuarios un pésimo servicio. Si necesitamos depender de las computadoras, cosa nada deseable por sí misma, cuando menos se debería pensar en estrategias alternativas, y eso es cosa de los Burócratas Al Mando, que se supone están ahí para eso, no solamente para administrar la estupidez. Si a los males antiguos solamente le vamos a agregar los males nuevos, no veo la ventaja de incorporar tecnología, ello termina en ser vino nuevo en odres viejos, destinada a satisfacer grandes egos y agarrar tajada en las licitaciones. Y punto.
  

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