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lunes, 19 de enero de 2015

LA EDUCACIÓN NO RESUELVE NADA - LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 9


LA EDUCACIÓN NO RESUELVE NADA
LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 9


La solución para todo ... ¡es la Educación! 
(Creencia General)

Introducción

Nosotros creemos que la Educación como la pregonan los políticos y los empresarios no es solución de nada.

Nos oponemos al artificial discurso de la Educación como  panacea de todos los problemas, pues creemos que se trata en exclusiva de hacerle creer a la gente que la Educación soluciona problemas.

Modificar un aspecto de una realidad compleja y dejar igual lo demás no aporta gran cosa.

Cuando viene alguien con responsabilidad y se le plantea un problema existente, verlo poner los ojos en blanco y pontificar: Eso se resuelve con educación, no nos dice nada. Debiéramos empezar por definir qué es eso de Educación, y cómo y en en qué medida soluciona tal y cual problema.

Asumir la Educación como Panacea Mágica es puro tonteo a que se somete a las gentes. La "Educación" no es un metafísico abracadabra que administrado a cuentagotas soluciona problemas de toda laya y calaña en nuestras sociedades. El problema laboral juvenil en nuestro país, por ejemplo,  le hace saltar las costuras al presente gobierno, y no puede resolverse con más "educación".

Además, hay desacuerdos: Por ahí un importante columnista de la concentración mediática repite muy suelto de huesos que el problema en la Educación es el exceso, porque produce demasiados contestatarios e izquierdistas, y eso que le turba el sueño a la clase dominante no puede resolverse con más educación.

Que la Educación instrumente la movilidad social mínima propia de una sociedad más o menos democrática es una afirmación vacía en el contexto de un feroz clasismo y desbarajuste social y ético. Todos sabemos que la Educación como concepto, proceso, sistema, actividad, etcétera, en nuestros países es bastante inútil y prescindible, y no solamente no logra objetivos positivos sino que más bien propicia el retroceso y sostiene la reproducción de las desigualdades. 

Lo Manifiesto y lo Latente

Cuando se dice que la Educación resolverá tal o cual problema, hay que mirar bien quien lo dice. Si son políticos de mafia y argolla (y de los otros también), decirlo les permite distraer a las desconcertadas gentes, patear las soluciones a los verdaderos problemas hacia las calendas griegas, diluir las culpas y responsabilidades de los desastres de las últimas décadas, y encubrir lo masivo de los operativos de robo, corrupción y mentira que tienen masivo y entusiasta lugar mientras hablamos.

Como el proceso educativo dura decenios y no se sabe exactamente si termina, y cuando, es perfecto  manipularlo como Solución, pues no obliga a nadie a gran cosa. Es sumamente útil para hacer la finta de que se hace algo, inaugurar un par de aulas y dejar el resto como está, porque mientras la gente crea que algo se hace para "el futuro", en el hoy el corrupto sigue corrompiendo, el ladrón robando y el mentiroso mintiendo, porque las gentes dedican energías a "estudiar" o a reunir los ingentes fondos indispensables para que sus hijos "estudien". El truco es que sigan creyendo que "el que estudia triunfa", y dejen a los sinvergüenzas que roben mientras "hacen obra", en la esperanza de morder su tantito ... una vez que hayan logrado obtener esa cada vez más cara mercancía llamada "Educación". 

El meollo del problema

Lo dicho suena tan desesperanzado como desencantado, pero decía mi Santa Abuela que el que dice la verdad no miente. La Educación como Panacea es para engatusar a las gentes, y tiene poco que ver con lo esencial de la Educación.

Usemos un truquito epistemológico para distinguirlo,  un enfoque fenomenológico más o menos a lo Husserl. Es decir, concentrémonos en el fenómeno tal como es en sí, abstrayéndolo y deconstruyéndolo de todo aquello con que se lo rodea, y que usualmente proviene de diversos idola a la vieja moda de Francis Bacon.

Es decir, veamos el fenómeno educativo calato y despojado de toda morralla, basura, hojas secas y estorbos que nos tapan los hechos. Desprendidos de lo que no es fenoménicamente Educación, nos deshacemos de todo lo demás: "Política educativa", "Economía educativa", "Sociología educativa", "Sistema educativo" y todo otro añadido. Una vez deconstruido todo esto, discernimos el verdadero grado de importancia o "imprescindibilidad" de lo que queda como esencia de la Educación. Así tenemos argumentos para decir si lo que hacemos tiene sentido, si ponemos los recursos donde deben estar, o si lo que invertimos va a producir o afectar un resultado previsible, o si simplemente hacemos la misma finta una y otra vez.  

Deconstruyendo

En el siguiente cuadro hay elementos que nos refieren a la Educación: 

ELEMENTO
PERTINENCIA
SE PUEDE PRESCINDIR
Salón de Clase
Es importante que haya un espacio físico, sin embargo la transmisión de conocimientos, habilidades y actitudes no lo requiere necesariamente, y puede utilizarse casi cualquier lugar como espacio de aprendizaje.
SI
Textos, Equipos y Materiales
Refuerza la acción del profesor, pero tanto profesor como alumno pueden eventualmente pasársela sin textos, equipos ni materiales como ocurre en muchísimos lugares. Incluso el concepto mismo de Libro de Texto está en veremos.  La transmisión de contenidos no requiere necesariamente de ellos, aunque parecen auxiliares de mucha importancia para facilitarle la vida al docente y puede incluso que faciliten el aprendizaje. 
SI, 
en situaciones extremas
Escuela
El aprendizaje no requiere en realidad de Escuelas, pues se produce espontáneamente; pero parece importante tener estas instituciones para transmitir y fijar las conductas sociales consideradas deseables. Sin embargo, podemos imaginar un proceso de enseñanza / aprendizaje, que podría continuar eventualmente sin escuelas o con conceptos más cercamos a los de las comunidades educadoras.
SI, aunque tiene importancia para la socialización
Director
Necesario si hay muchos profesores y alumnos, y hay que administrar y gestionar recursos escasos. Puede eventualmente apoyar el proceso educativo. Pero no es imprescindible el Director para que haya enseñanza / aprendizaje, y demasiadas veces su acción estorba, deforma o dificulta el aprendizaje. 
SI
Organismos Intermedios
Pueden apoyar a maestros y alumnos, pero sin ellos nada cambia en el proceso general. Pueden ser eventualmente útiles, pero tienden a la burocracia, y pueden perfectamente ser factor de retardo o de coacción y coerción de los docentes de a pie. 
SI
Currículo
Representa lo que se enseña, y sin contenidos no hay enseñanza. Es verdad que los contenidos suelen anquilosarse y limitarse a la repetición y paporreteo, pero no hay enseñanza ni aprendizaje en el vacío, y cuesta imaginarse un proceso de este tipo sin contenidos. Por otra parte, los contenidos representan la experiencia condensada, resumida y sistematizada que los grupos humanos consideran importante transmitir a sus descendientes.
NO
Maestros
Los que enseñan, no es posible de ningún modo prescindir de ellos. Son las correas de transmisión de la experiencia social entendida tal como lo mencionamos en el cuadro anterior.
NO
Alumnos
Los que aprenden, no es posible prescindir de ellos. Son los que asumirán los contenidos sociales considerados relevantes y reproducirán el modelo y lo modificarán de acuerdo a sus necesidades. Con el tiempo serán, a su vez, transmisores.
NO

(Inserte aquí otros elementos que se le ocurran y continúe el análisis)




Algunas Conclusiones

Desprovisto de toda la morralla, hojarasca y fuegos artificiales, el hecho mondo y lirondo en sí es que lo más básico y esencial en Educación es:


Alguien que enseña,
y alguien que aprende. 

Podemos discutir hasta la náusea las circunstancias, personas, rasgos, colores, sabores y texturas del fenómeno, pero al final todo parece reducirse a esto, y nada más que esto:


Alguien que enseña a Alguien que aprende unos conocimientos socialmente relevantes.  

Y no habría nada más esencial en el fenómeno educativo. Tal vez le cargamos la tinta demasiado a lo esencial, porque definitivamente hay más, pero como ya no es lo Esencial, podemos continuar razonando desde este punto. Así llegamos a una consecuencia fundamental de lo dicho:


En Educación, puedes cambiar lo que creas necesario, pero si no modificas para mejor las condiciones de Enseñanza del Profesor, y/o de Aprendizaje del Alumno … pues no has atacado la esencia del Problema.


EN CONSECUENCIA, NO HAS HECHO REALMENTE NADA.
(E incluso puedes estar retrocediendo)


.   
Colofón

La mayor parte de lo que se dice que mejora o afecta a la Educación no va a lo esencial sino a  lo accesorio: La infraestructura, organización, equipamiento, etcétera, tienen importancia pero no van al centro del problema, que es la optimización del proceso de enseñanza / aprendizaje a través de la mejora de las condiciones de vida del maestro y de los alumnos.

La mayor parte de los que venden la Educación como Solución a los problemas de la sociedad abstraen a Maestros y Alumnos del proceso y pretenden persuadirnos que poner computadoras y construir aulas mejora sensiblemente la educación. Ello es tan efectivo como arrojar violines en paracaídas para enseñar música, o construir aulas más grandes para que entren el doble de alumnos en cada una. Pero es que arrojar violines con paracaídas o duplicar el tamaño de las aulas son "obras" tangibles que permiten robos aún más tangibles. En cambio, capacitar docentes y mejorar sus ingresos y condiciones de trabajo, o entregar desayunos y transporte escolar, aunque sí mejoran las condiciones de vida de las gentes involucradas en el proceso, se dejan de lado pues el porcentaje de coima es más reducido.

Constatar esto y decirlo es incendiar la pradera, y eso a muchos no les gusta, pero las hogueras queman, y también iluminan la noche. El que tenga oídos, que vea.  

Peru Blogs

martes, 29 de noviembre de 2011

CONTRA EL CASTIGO



Escena gris:
Los niños están resolviendo un problema de matemática. Un niño llama a la profesora y le dice “¿Cuánto es tres por seis, miss? No me acuerdo”. La profesora le responde: “¿Tres por seis? ¿No lo sabes? Eso te pasa por no saber las tablas de multiplicar ¿Ves? Tienes que saber la tabla. No sé. Sigue pensando”. Y el chico se quedará pensando hasta que concluya la hora.
Escena clara:
La misma escena. El niño: “¿Cuánto es tres por seis, miss? No me acuerdo”. La profesora: “¿Tres por seis? A ver. Es como si dijeras tres veces seis. ¿No? Saca la cuenta”. El niño “Seis y seis doce… … y seis… dieciocho…  Entonces, seis por tres ¡dieciocho! Ya lo sé”. La profesora: “Claro que lo sabes. Ahora puedes continuar ¿no?”
(Ejemplo de Manuel Valdivia Rodríguez – Blog de Educación y Pedagogía)

El colega Manuel Valdivia publica en su Gaceta de Educación y Pedagogía un esclarecedor artículo, del que he extraído el epígrafe que preside éste. El colega enfila sus baterías contra el negativismo y mala leche de los docentes en lo que a evaluación se refiere, expresado en la manía de los docentes de encontrar los errores que el alumno comete. De hecho, vivimos en una cultura evaluativa dedicada al aplastamiento de la autoestima a través del hallazgo, enumeración y concienzudo restregamiento en la cara de toda suerte de errores y omisiones que se presenten en los trabajos y tareas de los alumnos, como se ve en el masivo empleo de tinta roja para corregir y hacer notar el error. No estamos entonces ante un estímulo aversivo destinado a provocar en el alumno el deseo de trabajar, sino ante un castigo que aunque teóricamente se dirige a vehicular un cambio de conducta hacia lo positivo, en realidad produce lo contrario. A veces parece que los docentes resolvemos el problema personal-social del maltrato de la profesión, trasladándole la sensación de fracaso y desilusión a los alumnos. Por alguna razón, educadores, padres y madres de familia creemos que el castigo educa. Creemos que si maltratamos a los chicos, ellos usarán la sensación de fracaso como un reto para superarse. Nada más falso. Al margen de que el castigo en sí mismo tiene ribetes de inhumanidad, encima es la peor manera práctica posible de educar, en especial en las etapas más álgidas de formación de la personalidad.

Distinciones

Tratemos de distinguir la Educación basada en la punición, los estímulos aversivos y los castigos. He conversado varias veces con distinguidas personas de pensamiento conservador, que presentan una visión del mundo que justifica EL CASTIGO como forma de educar. El razonamiento latente que lo soporta es poco más o menos el que sigue: Hay un complot mundial comunista-islamista - que la Unión Soviética se evaporara en 1992 o que el Islam es una religión y el comunismo ateo no parecen afectar el argumento - que financia a los caviares vía ONG con plata de Hugo Chávez, para reblandecer nuestra sociedad desapareciendo los valores que la sostienen, y destruir las fuerzas armadas que los garantizan, y así vivimos en una sociedad que ha perdido sus valores. Sí, ya sé que el razonamiento es circular, pero así es como me lo han puesto montones de veces. Recibo a cada rato por Internet anécdotas e historietas que ilustran lo maravillosa que era la educación punitiva del pasado en comparación con la de hoy día, educación blandengue y maricona, que consiente a los alumnos y los trata con demasiado guante blanco, dejándoles hacer lo que les da la gana, con el resultado que son unos relajados morales que no aprenden nada. Y todo por falta de valores. A este holocausto educativo le oponen la defensa del autoritarismo y la violencia escolar, la añoranza y nostalgia por el bullying y matonería de profesores contra alumnos y alumnos contra alumnos, la apología del látigo, la palmeta y las orejas de burro, del pararse mirando a la pared, de la jaladera de patillas, del congelamiento durante el recreo; en suma de la aplicación de la DIS-CI-PLI-NA, señores, para formar los valores que la patria necesita y que deben imponerse como Dios manda, a fuetazo limpio y qué me mira cadete.

Estímulo aversivo y castigo

Distingamos. Una cosa es castigar, otra es aplicar un estímulo aversivo. Si mi hija de tres años acerca su mano hacia una tetera hirviendo llevada por su natural curiosidad por las cosas, no puedo ponerme a explicar. Un golpe directo y firme en la mano es muchísimo más eficiente para evitar el daño y establecer con claridad lo que no se debe hacer. Naturalmente el golpe debe ser medido pues señora, porque NO ES UN CASTIGO POR PORTARSE MAL ni es para que usted saque al fresco sus justificadas tensiones, es un estímulo aversivo para impedir que la niña se haga daño. A no ser que seamos sado-masoquistas o tengamos serios problemas emocionales, deberíamos poder diferenciar claramente el uno del otro. Por desgracia, mucha gente no los diferencia, porque hemos sido criados en una cultura punitiva y autoritaria, y tendemos a repetir la manera cómo nos trataron, quizá por una suerte de revanchismo escondido en el fondo, ahí al lado del recuerdo de nuestra resistencia pasiva. Somos aún demasiado “fieles al castigo”.

Todos sabemos, más que sea en lo teórico, que para educar no necesitamos estar dando de golpes. Si eres inteligente hace rato que empleas estímulos positivos y aversivos combinados y habrás condicionado a tus hijos a que obedezcan. Sabes además que tienes que explicar el estímulo aversivo, por qué lo aplicas y por qué lo sostienes, porque en otro caso no será sostenible, y en la adolescencia de los hijos pagarás las consecuencias de no haberlo explicado. No le tengamos miedo a la palabra condicionamiento o estímulo, es sólo una manera más descriptiva de hablar de “premios y castigos”, términos que no me gustan por su polisemia. No necesitas romperle el alma al chico para que haga lo que tú quieres. Alzar la voz, mirar de un determinado modo, y/o hacer un gesto determinado debería bastar y sobrar. Y no es que eso no sea agresivo, hay niveles de agresividad en juego, y los seres humanos no nos caracterizamos precisamente por ser blanditos. El chiste es usar de la agresividad y no dejar que la agresividad te use. Si tenemos dirección, sabemos a dónde vamos. Lo que pasa es que mezclamos todo, nos vamos al otro lado, y por “no castigar” dejamos de aplicar estímulos aversivos, y por supuesto, nos equivocamos otra vez, y esta vez al revés.

Castigo y coerción

¿Significa esto que todo castigo es malo? Pues mire, eso depende. Entendamos qué es un castigo. Quítesele al “castigo” todos los contenidos provenientes de la religión (pecado original, perdón, conciencia, culpa) o del derecho (punición, pena, falta, delito, justicia), y nos quedaremos con esto: El castigo es un procedimiento para hacer que una conducta cambie. Es decir, un procedimiento de coerción que se basa en el condicionamiento operante, y que por cierto tiende a funcionar en muchísimos casos. La amenaza de multa por pasarse la luz roja de los semáforos, o la misma existencia y sanciones de la SUNAT (Organismo recaudador de impuestos) son clarísimos condicionamientos operantes. Y funcionan, aunque no muy bien, porque están basados en una ley a la que se supone obedecen también los que la aplican, por lo que se erosionan cuando el común de las gentes percibe que las autoridades no las cumplen. Aún en el mejor de los casos encontraremos mil y una ocasiones en que la norma no se cumple, porque existe en el fondo de nuestro ser una resistencia a la autoridad, que salta hasta el techo cuando percibimos la arbitrariedad.

Si a un chico le quitamos el iPod o la Televisión hasta que haga la tarea, pues estamos “castigando”. Como las consecuencias de no usar el iPod o ver la TV son insatisfactorias y desagradables, se supone que el chico hará la tarea. Eso, mamis y papis, es terriblemente relativo. El chico en el mejor de los casos hará la tarea con desgano y aplicando la ley del mínimo esfuerzo, y de hecho como la situación de aprendizaje está rodeada, en su mente, de arbitrariedad, su aprendizaje es nulo. Sí, nulo, sin ambigüedades. Claro es que a veces necesitamos poner coto a conductas claramente disfuncionales, y ahí, a mi modesto modo de ver, el castigo se impone por vía de excepción. Pero las tareas no están en ese caso. No hay recetas unívocas para remediar una situación de este tipo ya instalada, lo que hay o debería haber es una combinación de estímulos positivos y aversivos. Si la situación de tarea y aprendizaje se rodea desde que el chico es pequeño de un ambiente acogedor y de una creciente autonomía, entonces el problema no debería ni siquiera presentarse. O si se presenta debería bastar con un pequeño estímulo aversivo adecuado, del tipo: ¿Qué no es hora de hacer la tarea, jovencito?

Castigo y autoritarismo

El problema del castigo es el autoritarismo, no la autoridad. Y aquí también hay que distinguir. ¿Qué hacemos cuando aplicamos la autoridad? Pues que aplicamos un estímulo aversivo para sostener una norma a la que nosotros mismos nos sometemos. Es decir, no soy yo que aplico la norma porque soy más fuerte que tú, o porque soy adulto, o porque soy tu padre. La aplico porque es lo correcto, y porque es correcto para ti y es correcto para mí. Notemos la enorme diferencia con el autoritarismo. Una cosa es la Norma y la Ley, que está por encima de todos nosotros, y al que papá, mamá, el profe, los hijos y los alumnos igualmente debemos obedecer. Otra cosa es el uso abusivo y punitivo de la Fuerza y del Poder como Padres y Maestros, estrictamente por ser quienes somos. Castigamos porque nos sentimos mal con el alumno o el hijo, no porque el hijo haya hecho algo incorrecto. Y si castigamos porque nos sentimos mal, ese es un uso déspota, discrecional y autoritario del poder que como maestros y padres tenemos, lo que nos descalifica y socava nuestra autoridad. El hijo y alumno aprenden que la voluntad del jefe es “la ley”, y que esta “ley” no tiene más sustento que la mayor fuerza. Y eso es autoritarismo, y si el chico o chica tienen carácter pues se rebelarán, sea por la activa, sea por la pasivo-agresiva. Claro que algunos padres y maestros solo se dan cuenta de lo que pasó cuando están camino a la Guillotina.

Castigo y sobreprotección

El castigo es el otro lado de la sobreprotección. ¿Qué es sobreproteger si no es establecer una situación de dependencia afectiva? ¿Y para qué estableces la dependencia? Pues para establecer una jerarquía hogareña, con alguien que ordena y otro que obedece, alguien que protege y alguien que es objeto de protección. La persona protege, la cosa es protegida. Es decir, autoritarismo clientelista de la peor especie, en la que el CASTIGO es parte esencial, en la forma de chantaje emocional del tipo “Cómo puedes hacer esto si yo hago tanto por ti”. Se mantiene a niñas y niños en situación dependiente precisamente para condicionarlos a la obediencia para toda la vida. Y si no obedecen, si resulta que se rebelan, entonces entra en acción el chantaje emocional, el acudir a la costumbre de la dependencia que tanto ha costado instalar permanentemente en la mente y el corazón del chico, de resultas que el acto de la rebelión - que visto positivamente encarna el inicio de la madurez -, es sentido por papi, mami o profe como una suerte de insulto personal, de ataque contra uno mismo. Y claro, se toma el rábano por las hojas (“Cómo puedes hacerme esto a mí, que soy tu madre”, “Tú no consideras a tu pobre madre”, “Me has desilusionado”, “Ahora ya sé quién eres y cómo te portas, de nada ha servido todo lo que he hecho por ti”), y la cosa termina en una reconciliación entre lágrimas o en la rebelión abierta, sin términos medios.

Vale la pena hacer aquí una acotación que le debe algo al psicoanálisis. Los varoncitos en particular se crían en una sociedad de madrecitas generosas y buenas, pero terribles a la hora del chantaje - castigo, pues que éste está instalado no en el exterior de sí mismos, sino en el interior. Y sufren horriblemente al desobedecer y saber que eso “hace sufrir a la pobre madre”, lo que además está pésimamente mal visto socialmente. Esta ambigua imagen femenina instalada en el propio interior, cuyas muestras más antiguas se pueden rastrear en el universal cultural de la vagina dentata, continúa desarrollándose en la adolescencia, juventud y madurez del varón, y el vicioso patrón de la relación se traslada a las relaciones afectivas con el sexo opuesto. Por supuesto, todos estamos enterados de las consecuencias de una sobreprotección mal curada, una de cuyas expresiones sociales es la mamitis, mientras que otra se expresa en los vividores de mujeres. El término mamitis es gracioso y a la vez dramático, y alude a una “inflamación” de la mami que vive en el interior del varón, y hacia la que éste es dependiente. Y las chicas de hoy no toleran la competencia, algunas de ellas por buenas razones, mientras que otras más bien repiten el patrón. Porque el machismo es como la hemofilia, lo padecen los hombres pero lo transmiten las mujeres.

Feminicidio y sobreprotección

Quizá aquí podríamos encontrar un factor – no una justificación, por favor – de un tema últimamente visibilizado, el del feminicidio. La ambivalencia de la relación entre madres e hijos varones se traslada a las situaciones de conflicto de pareja, y la rebelión contra la madre que no se produjo antes se produce ahora, pero sin recursos emocionales para manejarla y redirigirla a algo productivo o cuando menos inocuo y socialmente sano. Sin embargo y por fortuna no toda separación conyugal conduce al asesinato, y esto parece ser tanto porque el varón ha logrado superar la situación emocional previa de dependencia, como que la mujer – la de este siglo – se ve mucho más como persona autónoma y está menos necesitada de establecer dichas relaciones de dependencia. Lo triste es cuando hay desnivel entre ambos. Por otra parte es seguro que este factor no debe ser el único en juego.

(Un paréntesis para potenciales asesinos y abogados sinvergüenzas. Esto que digo no es una justificación para los varones ni constituye un permiso o atenuante para asesinar a la pareja o expareja. El asesinato sigue siendo un crimen, y si un varón sabe distinguir de una u otra manera entre lo que está bien y está mal – el razonamiento moral – entonces es positivamente culpable y debe pagar por ello. La sensación de culpa, por cierto, debe ser abrumadora, y quizá ello explique el alto índice de suicidios inmediatos que cometen algunos varones que han asesinado en su pareja o expareja a la madre simbólica. Por supuesto el suicidio no se vincula solamente a la culpa sentida, también al temor a la cárcel, al poder judicial, a la pobreza económica y a enfrentar el futuro, entre otros. Fin del paréntesis.)

Un Colofón

Creo que el punto queda claro. Estímulo aversivo en el hogar y la escuela, sí., Castigo, no. Castigo físico, menos aún. Y Educación basada en el Castigo, fuera. Si el profesor no sabe hacerse respetar en el salón de clase, que mire dentro de sí mismo por qué, y que trate de corregirse. El tema de la disciplina en clase necesita ser esclarecido por los profesionales del aprendizaje, y los profes deben ser reentrenados y actualizados todo el tiempo en Gestión de Aula. Respecto a los padres y madres, lo que puedo decirles es que todo lo que se haga con los hijos, aún lo desagradable, debe hacerse en función del Amor como principal valor en juego. Pero el Amor, como decía no me acuerdo quien, puede ser muy destructivo, así que miremos en nosotros mismos qué entendemos por Amor. Que los papis revisen su idea de autoridad. Que las mamis revisen su concepto de protección. Que papis y mamis, aún los que tengan rota su relación afectiva, continúen siendo amigos en función del bienestar de sus hijos.

Otro Colofón

El Amor no debería estar divorciado del cerebro. El único secreto real para hacer las cosas bien es tener un criterio claro y sano para hacerlas. Y los criterios, como toda cosa racional, se enriquecen y cambian con el tiempo. Nadie nació sabiendo y Roma no se hizo en un día, así que relajémonos un poco, porque la vida sigue y todos los días construimos nuestro hogar y nuestras relaciones humanas. Sin prisa y sin pausa dejemos de lado el castigo y pensemos un tanto en las situaciones que nuestros hijos y alumnos realmente viven. No olvidemos que sin querernos a nosotros mismos no podemos enseñarles a quererse a sí mismos. Punto por hoy.


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lunes, 12 de septiembre de 2011

CONTRA LA FELICIDAD DE LOS HIJOS o LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ

CONTRA LA FELICIDAD DE LOS HIJOS o LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ

“Ser madre o ser padre inevitablemente significa ser jodido” (Pilar Sordo, 
Psicóloga chilena)

Título provocador sin duda. Todos queremos a nuestros hijos felices. Yo prefiero atacar eso, a ver a donde llegamos.

Originalmente pensé ponerle a este artículo Los Límites de la Autoridad, pero la verdad del asunto es que lo que pasa no es que falte Autoridad, sino que sobra Permisividad, y ésta se justifica con el cuentazo de la felicidad de los hijos.

Como padre y docente he enfrentado las ideas de otros padres, madres, abuelas, tíos, tías e incluso docentes, que con desesperación tratan de hacer felices a sus hijos, sobrinos, nietos y alumnos. Se hacen esfuerzos ímprobos para proteger a los niños, lo que está bien por supuesto, pues protegerlos de la violencia, la miseria y la ignorancia es lo que le toca a la generación anterior. Pero de ningún modo podemos ni debemos protegerlos de absolutamente todo. No podemos tratarlos como tacitas de porcelana, como si la vida fuera en su totalidad algo tan terrible y tan insoportable que podría quebrarlos, por lo que tratamos a toda costa  que no tomen contacto con ella. Esta es una Política de Avestruz, la de tratar por todos los medios de impedir que niños y niñas contacten los hechos desagradables de la vida.

La Felicidad, ja ja

Empecemos por el principio, con nuestro fiel Diccionario de la Real Academia, en su versión virtual:

Felicidad. (Del lat. felicĭtas, -ātis).
1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento.

Lo primero que surge es el tema del estado de ánimo que se complace en poseer un bien. Entiendo que los bienes no son siempre físicos, y el acento no está en la posesión, sino en el estado de ánimo. Hablar de un bien así en directo nos refiere al tema de los valores. La felicidad parece ser un estado de bienestar íntimo, una satisfacción, un gusto, un contento generalizado. Creo que la definición  RAE explica poco, porque la felicidad es una idea elusiva, más aún cuando tratamos de hacer felices a otros.

Procurar la felicidad parece la obligación que la generación más vieja le debe a la más joven, en vez de un objetivo que cada ser humano se plantea en el transcurso de su vida. El deseo de lograr un estado de ánimo de satisfacción plena es general, de ahí que podamos afirmar con seguridad que la felicidad no viene de afuera, sino de dentro de la persona humana. La felicidad es un enorme problema, lograrla quiero decir, pues hay tantos factores en la vida que nos privan de los bienes físicos y emocionales, que al final la infelicidad se ceba en todos en algún momento y en alguna forma, nadie se salva de pasarla mal algunas temporadas. De otro lado, nadie tiene el monopolio de la felicidad, la que parece no tiene que ver con la posesión de bienes materiales, aunque es indudable que un mínimo de bienes materiales es necesario para alcanzarla.

La Felicidad de los Hijos

No hay cosa más instalada en la mente de madres y padres que el cuidado de la progenie, lo que ha funcionado bien hace una buena recatafila de milenios. La Cultura metió la nariz pocos miles de años ha, pero asumió el asunto con todo, y en nuestras mentes y documentos cuidar a nuestros hijos está presente, no hay sociedad que tolere que se trate mal a los hijos a no ser “por su bien”, claro. Sin embargo, esos locos bajitos siempre salen con otras ideas, amén desde hace milenios. No piensan en ser felices, quizá por eso necesitan muy poco para serlo. La felicidad de los hijos suele confundirse con la inconsciencia, y la inocencia - virtud infantil - es extemporánea y prueba de pérdida de contacto con la realidad en jóvenes y los adultos. Sin embargo leí en alguna parte que lo mejor de la inocencia es perderla, y la inconsciencia sirve más para crear émulos de los tres monos de ojos, boca y orejas tapadas, o avestruces que creen que la cosa deja de existir porque no la ve.

Los niños son cualquier cosa menos esos dulces seres que nos venden los huachafos. Son increíblemente perceptivos, absorben todo cual esponjas. Son excelentes aprendices y su razonamiento concreto y blindado, cuando no se le castrado o descuidado irresponsablemente la salud, educación y demás cuidados; basta para resolver la mayor parte de los problemas de la vida. También hay en ellos cierta perversidad, como es fácil ver cuando destripan un animalito, o juegan entre ellos un juego que involucre jerarquías. Vamos, no son angelitos de cerebro tábula rasa, como cualquier maestro, padre o madre de familia no obnubilada sabe.

Frustración y Felicidad

Que los niños sean felices no es tan deseable, hay que protegerlos, pero hay cosas de las que no se les puede proteger, tales las frustraciones. Está muy bien acompañarlos cuando las sufren, pero no puede ni debe impedírseles vivirlas, porque entrarán en juego las compensaciones, y el chico termina por aprender que cada vez que le pase algo, papi, mami o abuelita le darán su caramelo. Y cuando no lo reciba la infelicidad le pasará la factura acumulada con intereses. Pero papis, mamis y abuelitos por lo general evaden sus propias frustraciones proectándolas a los niños, y resuelven su problema pasándoselo a la siguiente generación. Un amigo me lo ilustraba muy bien: Definición de chompa: Lo que las mamis le ponen a los hijos cuando ellas tienen frío. Crear entornos con exceso de protección es un riesgo.


Bertrand Russell decía que niños y jóvenes deben enfrentar situaciones controladas de riesgo físico que les formen para enfrentar las durezas de la existencia. Los niños deben ser enseñados a lidiar con la frustración y los problemas de la vida. Si no lo hacen de chicos, igual lo harán de adultos, a la mala. De los apoderados depende esto, pero es fácil no estar, o estar a medias, siempre habrá pretextos para ello. En realidad los maestros de los niños son los medios de descomunicación, en particular la televisión, que fáciles imágenes de la felicidad, entendida básicamente como una fiesta permanente. La tierrita donde el avestruz entierra la cabeza está poblada de mentiras y falacias. La escuela no puede competir con los medios, todo lo que queda es el ejemplo familiar. Pero el consumismo le arrebata a la familia su aportación valorativa, y el espacio de los padres es cada vez más estrecho. Los niños aprenden con rapidez extraordinaria y lo que los padres no hagan cuando son niños, ya no lo harán nunca. Por desgracia lo que hacen la mayoría es pintar un mundo de colores brillantes que poco o nada tiene que ver con el gris tono de la existencia real.

Familia y permisividad

La familia se supone sigue siendo la base de la sociedad, pero sabemos que las familias andan como la mona, que hermanos a hermanos se hacen la guerra, que hay hijas e hijos que asesinan a sus padres y madres por plata, que a la hora de las herencias se produce una general sacadera de ojos, que el principal asesino de mujeres es la pareja, que los principales violadores de menores son padres, tíos y otros parientes cercanos, y que hay padres y madres que alquilan a sus hijos por cinco soles al día, cuando no son ellos mismos los que dirigen el negocio de la mendicidad, la venta nocturna de cuerpos núbiles, o el narcotráfico hormiga. Parece que los problemas de la generación anterior pasan a la posterior en automático, en función de una mímesis donde los niños repiten las tradiciones familiares reales. De esto no se libra nadie, como dice la canción, se sufre en ambos extremos de las clases sociales. Algunos lo explican por la pérdida de valores, y francamente me canso de decir que los valores no son billeteras que se pierden en la calle. Cabe preguntarse qué pasa hoy con las familias, y mirar atrás a la sociedad patriarcal no ayuda en nada, si no es a sentir una chocante nostalgia por los tiempos pasados que me evoca una senilidad anticipada. Sin embargo, la ética pueden ayudar a entender un poco esto de la felicidad.

Valores y Felicidad

La Sociedad se sustenta en prácticas y acciones que se expresan en ritos y ceremonias, actitudes y conductas, con potentes contenidos simbólicos basados en un núcleo axiológico: Los valores. El proceso de la felicidad se supone adscrito en la percepción, crítica, aceptación y corporización de dichos valores sociales. Si vives de acuerdo a ellos serás feliz, veamos algunos caracteres de ello:

Los valores son básicamente preferencias, las personas tienden a preferir ciertos estados de cosas a otros, eso se expresa en unos valores con preferencia a otros: Estar tranquilo y en paz parece ser mejor que estar intranquilo y en conflicto constante, y por eso tratamos de mantener la tranquilidad pública a través de leyes y una fuerza policial que las haga cumplir. Ocultarlo bajo la alfombra implica que los niños no saben que la paz y la tranquilidad tienen precio, y que este precio hay que pagarlo sí o sí con actitudes y acciones.

Los valores poseen polaridad, tienen positivo y negativo: Malo - Bueno, Feo – Lindo, Lógico – Ilógico, Sagrado – Profano, Salud – Enfermedad. Hay una tendencia a referirse a estas parejas como valores”·- “anti-valores, lo que me parece insulso y carente de sentido. Diferenciar pros de antis no es rentable para una ética de contexto postmoderno relativista. Tan valor es la Justicia como la Injusticia, la Honradez como la Deshonra. Se puede recurrir a la idea de anti-valor, pero me parece que el relativismo postmoderno determina que los valores son producto de conflictos entre grupos, y que adscribir a determinados valores coloca a las gentes en un bando de varios. Ocultar que hay anti-valores apreciados socialmente no ayuda a educar. Pensemos en Drogas, ya no es fácil decir son malas, cuando, como decía un amigo, el problema de las drogas no es que sean malas, es que son buenísimas. Ello ilustra lo relativo de los conceptos de bueno y malo, de modo que educar en valores es un ejercicio de reflexión y dilucidación, y un procedimiento para lidiar con los problemas de la vida cotidiana. Formar en valores no es proteger de la realidad, sino enfrentar lo que ocurre reflexiva y proactivamente. Y si no se hace ahora, no se hará nunca.

Escalas de Valores

Los valores se ordenan en escalas. Para la Sociedad, los grupos que la conforman, los individuos, no hay valores aislados. Hay una jerarquía que permite tomar decisiones morales. Para decidir un curso de acción se privilegia un Valor sobre el Otro, así las sociedades y grupos consideran que hay Valores que cuentan más que otros. Donde hay desacuerdos es porque hay escalas de valores en conflicto. Los debates sobre unión civil, aborto, eutanasia, gasto social, impuestos son obvios para los niños. No se puede esconder en el closet por la eternidad que hay gays, pobres y muertos. La historia del príncipe Siddhartha ilustra el shock que produce toda la data que se viene de golpe.

Los Valores son guías para realizar acciones o tomar actitudes en la realidad cotidiana. Las situaciones reales modifican el ejercicio de los Valores. Se necesita coraje – a veces le decimos “valor”, así, en general – para defender una causa impopular, por ejemplo. Todos dicen querer la paz, pero veamos cómo nos comportamos en una barra brava, o cuando alguien se pone delante de nosotros en la cola. La coherencia de acciones y valores pasa por pruebas de fuego constantes, ocultar lo que está a la vista solamente produce desazón.

Los Valores, como todo lo humano, son “dobles”. Pasa que se dice tener un Valor, cuando en realidad se sostiene otro, o incluso el anti-valor. Se instrumentan ciertos valores para justificar el no adoptar medidas efectivas contra el narcotráfico y la prostitución clandestina, por ejemplo. Las incoherencias sociales, tal como se dan en las familias, se clavan en las almas de los niños y revientan en la adolescencia, a no ser que al chico se le tenga en una esfera de cristal tan sólida - o en un ghetto o banthustan - que la realidad no entre en ella. Pero parece que la máxima aspiración social de muchos es construir esas esferas en esos ghettos. Y ello es parte de nuestra anomia social tanto como las previsibles psicopatías y sociopatías.

Colofón

Esto da para un libro. Lo cierto es que la felicidad de los niños y niñas no puede construirse sobre la mentira. No tiene sentido esconder el mundo, hay que mostrarlo y dilucidarlo sin exageraciones ni dramatismos, los padres tienen como primer deber comportarse como adultos, enfrentar ellos mismos el mundo y no pasar su problemática irresuelta a la siguiente generación. Y punto.

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jueves, 4 de agosto de 2011

CONTRA EL TALENTO – Geraldine Chaplin en Lima


“… el talento no es nada, (…) el talento abunda. (…) lo que importa es el trabajo duro.” (Charles Chaplin, según su hija Geraldine Chaplin. El Comercio, 4 de agosto de 2011)

“Me enseñó la disciplina, y su gran ejemplo para mí fue que él fue un trabajador incesante.” (Geraldine Chaplin, El Comercio, 4 de agosto de 2011)


Para aquellos que amamos el Séptimo Arte, la venida de Geraldine Chaplin no puede menos que concitarnos interés y fascinación, no solamente por ella misma o por su arte, sino también por ser hija de quien fuera el más grande de todos los comediantes de todos los tiempos. Los años pasan y la estética del Cine Mudo y en Blanco y Negro queda atrás, superada por nuevos códigos y sintaxis; pero al final el Cine siempre presenta un lenguaje definido y propio, y aunque convivamos con las muchas tecnologías que se le han añadido, el ver lo que los actores, los directores y todos los que participaban de una película eran capaces de hacer sin los artilugios de hoy, produce una extraordinaria fascinación y una extraña sensación de dèja-vu.

La visita de la gran actriz a Lima me da pie para abundar en este y otros temas vinculados. Es una de esas raras ocasiones en que me permito escribir motivado por lo que me da mi real gana, confiado en la paciencia de mis lectores. Las declaraciones de la actriz al diario El Comercio de hoy, sin embargo, me dejan un tanto descontento, pues han servido no tanto para presentar a la actriz, o la relación entre hija y padre, sino para rellenar varias páginas con diversos ángulos. No está tan mal ello, aunque quizá hubiera preferido una entrevista con todas las de la ley, pues este es uno de esos casos donde el periodista se engrandece al esconderse, cosa que en este caso no ha ocurrido. Se ha preferido rellenar páginas, pero de todos modos algo se presenta al respecto, y cuando menos el testimonio gráfico adjuntado es notable.

El Talento y la Disciplina

Es inevitable pensar muchas veces que el talento no se hereda. Hay muchas historias alrededor de los hijos de los “famosos” o de las personas de gran talento que no alcanzaron la fama. Muchos de ellos no consiguieron tolerar la constante comparación interior y exterior, se rayaron, y cayeron en drogas y otros anexos igualmente penosos, en los que la prensa se regodea. Confieso que yo no pensaba muy bien de Geraldine Chaplin. Buena actriz, y ya. No es raro, si uno está algo familiarizado con la filmografía del padre y de la hija. Las comparaciones son odiosas en este caso, pues las circunstancias no son las mismas. Los hijos siempre están en una relación ambivalente con los padres, de amor y de rechazo entremezclados. Sin embargo, raras veces es tan visible la armonía que Geraldine presenta entre ambas cosas. Tal vez sea porque Geraldine ya está en los 67 años de edad, y a esa edad todo está resuelto. Pero de sus propias declaraciones deducimos que ser la hija de su padre la ha marcado para bien. De hecho, ella no se atascó en la búsqueda imposible de la copia, sino que aprendió, en el buen y real sentido del término entre otras cosas la relación entre el Talento y el Esfuerzo.

Geraldine no cometió el error de muchos de tratar de imitar al padre, por la positiva o la negativa. Es común que los hijos se definan por la aceptación total o por el rechazo total. La vida como obra de arte requiere de imitación, pero también de creatividad. Los hijos toman de los padres un algo, a veces indefinible, pero algo toman así no quieran. Y Geraldine, que no trató de imitar compulsivamente el genio de su padre, tomó creativamente de él tanto la disciplina como el compromiso social. De hecho, en las declaraciones a El Comercio, lo define como “Buen padre, estricto y victoriano”. Y a la vez como moralmente estricto y fiel a sus principios. Ello nos habla de un padre bueno, aunque firme, disciplinado, y de convicciones marcadas. Y no puedo menos que preguntarme de dónde viene tanta disciplina.


La Comedia y la Vida

Es evidente que Geraldine no conoció a su padre antes de nacer ella misma. El más grande comediante de todos los tiempos, el hombre que supo reír y hacer reír supremamente, provenía de la más podrida miseria londinense victoriana, retratada en parte por los grandes novelistas ingleses del siglo XIX. Si algo ha debido definir la vida de un hombre que tenía que turnarse con su hermano Sydney la salida a la calle porque tenía que compartir los zapatos, era el encarar la miseria más allá de toda descripción. La sensación de la tripa vacía está más allá de todo intento literario o artístico. Se puede hablar de ella después de haber pasado por ella, pero no durante. A los cinco años de edad el gran Charlot empezó su carrera artística, y conoció la ley de la jungla en las calles del Londres de la última década del siglo XIX. Bailó, cantó, actuó y payaseó en las calles para mantener a su madre, enloquecida, literalmente, por la miseria. Y desde allí inició su ascenso, apoyado en su talento y en una extremada capacidad de trabajo.

Como todos los que han pasado infancias duras, cuando alcanzó alguna solvencia económica, le quedó una suerte de paranoia, manifestada en una orgía vital, de impaciencia por vivir que se transparentaba en una disciplina de hierro. También le dejó taras. Odiaba la Navidad, de la que sólo recordaba el hambre y la carestía. Pero nunca dejó una tarea a medias, le costara el tiempo que le costara. Su perfeccionismo le llevaba a dominar por completo todas y cada una de las escenas que filmaba, y en alguna ocasión maravilló a sus compañeros repitiendo todos los movimientos de una escena al derecho, y luego al revés. Creía, como su hija nos ha contado, que el talento era cosa común y que muchos lo tenían, y que lo que realmente diferenciaba al éxito del fracaso era el trabajo duro. Cito a Geraldine: “Sus películas parecen muy fluidas, pero eso fue a base de romperse la cabeza trabajando.”

Aprovechar lo que se posee

Geraldine confiesa con alegría y sin prejuicios que ella utilizó su apellido para ingresar al mundo del cine y progresar en él. También, con inusitada honradez, nos dice que a su padre ello le parecía de una “moralidad dudosa”. Naturalmente, como persona inteligente, Geraldine lidió con el problema y lo resolvió pensando que si tenía una cara bonita no se la iba a cortar por aquello de que sería una ventaja injusta frente a otros. Así que aprovechó del plus que le dio la vida, y en ello creo que podemos reconocer la sabia prevención que tiene alguien que, nacido y criado en la pobreza, y salido de ella, sabe que no puedes escoger las cosas, y que si algo tienes, tienes que darle curso, y que tampoco eso bastará si no chambeas con el alma en la punta de los dedos. Una ética del trabajo duro y del esfuerzo, propia de un hombre que consigue pasársela a sus hijos. Pocos tienen esa suerte. Y la misma Geraldine nos dice: “Estoy muy agradecida por ser la hija de Charlot”.

Compromiso social

Charles Chaplin no fue solamente un comediante, sino un hombre que, conociendo la miseria de cerca, la consideraba, como Víctor Hugo, una maldición que debía ser erradicada. No tenía ese compromiso social frío y distanciado que no pareciera sino que está tallado en las cifras de las estadísticas, en lugar de en la vivencia propia o ajena. Charlot no fue solamente el Hombre que hacía Reír, sino el amigo y el hermano de todos los desheredados del mundo. Es imposible no emocionarse con esa escena maravillosa de “The Kid” en la que el vagabundo Charlot, solo contra la fría burocracia y la indiferencia del universo, rescata al niño que le están arrebatando, y al que ama, y una vez que se ha deshecho a puño limpio de sus opresores, lo besa entre lágrimas. No es difícil reconocer en ese chico la propia niñez desamparada del propio Charlot. Una escena como ésta vale por todas las inconsecuencias en las que, como ser humano, seguramente cayó.

El famoso discurso que finaliza su película “El Gran Dictador” aún estremece y conmueve. No se han resuelto aún las contradicciones humanas que impiden la vida libre y hermosa de los pueblos. Y el rumbo aún no se ha encontrado…
http://www.youtube.com/watch?v=he26DAbk3Sw&list=PLBF7CE41512B337CB

Recordemos, por lo demás, que Charles Chaplin, el hombre, murió en el autodestierro, entendiéndose a sí mismo como un olvidado del mundo. Se comprende que, después de tanta lucha, el guerrero haya necesitado el descanso. Fue la madre de Geraldine, Oona O´Neill, la que se lo hizo más fácil de pasar, y fueron Geraldine y sus hermanos quienes alegraron la vejez de un hombre que había luchado tanto. La historia de Charles Chaplin es una de tantas que ilustra la peripecia humana del Siglo XX. Y si algo queda de los seres humanos en sus descendientes, tenemos en casa una parte de ese ser humano.

Geraldine
http://www.youtube.com/watch?v=wJB9WJ0nU9M&feature=player_detailpage

Por su parte, Geraldine ha sido bailarina de ballet, modelo, exitosa actriz e incluso payaso de circo. Y está hoy entre nosotros como Jurado del Festival de Cine. Es verdad, el talento no se hereda. Pero qué importa eso si heredamos la capacidad para trabajar duro, para hacer bien lo que hacemos, para no tolerar la injusticia y para disfrutar con intensidad de esta vida que nos ha sido dada. Ahora Geraldine me cae mucho mejor que antes. Y su padre, también. Y punto.

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miércoles, 9 de febrero de 2011

DISCIPLINA Y VALORES EN EL CALLAO: PRONUNCIAMIENTO DEL CNE


A continuación, el pronunciamiento del CNE sobre el famoso curso "cívico-militar" que se pretende implementar en el Callao:

PRONUNCIAMIENTO

El Gobierno Regional del Callao ha emitido la Ordenanza Regional Nº 00004 en la que dispone la
obligatoriedad de desarrollar el curso de Educación Cívica en Instituciones Educativas públicas
en el ámbito de la Región Callao. Dicho curso se daría en las horas de libre disponibilidad, y a cargo preferentemente de profesores de educación física y ciencias sociales, y “se evalúa la
participación directa de personal de la Marina en calidad de monitores”.

Ante esta ordenanza, el Consejo Nacional de Educación se dirige al Gobierno Regional del Callao
y a toda la comunidad educativa para hacer las siguientes reflexiones:

1. De acuerdo al Diseño Curricular Nacional vigente los alumnos estudian actualmente once cursos además de la hora de tutoría; no es conveniente aumentar la cantidad de cursos porque dispersa la atención de los estudiantes y les impide profundizar en los existentes.

2. En el actual Diseño Curricular Nacional los aprendizajes del área social están divididos en tres áreas de formación, incluida el Área Curricular de Formación Ciudadana y Cívica con dos horas semanales. No resulta necesario incluir otro curso adicional de dos horas de Educación Cívica, cuando éste ya existe. En todo caso, el Gobierno Regional del Callao podría incorporar en el contenido del mismo las capacidades que considera pertinentes.

3. El Consejo Nacional de Educación se pregunta igualmente sobre el financiamiento de estas dos
horas adicionales propuestas por el Gobierno Regional del Callao. En segundo lugar, la norma
resulta extemporánea al proceso de distribución de los cuadros de horas y de racionalización
de personal que los centros educativos han venido desarrollando. En tercer lugar, está el uso
de la libre disponibilidad; al cuarto y quinto grado de la educación secundaria se les dejaría con solo una hora de libre disponibilidad, lo cual sería un retroceso en el objetivo de dar más
capacidad de decisión a las instituciones de enseñanza.

4. La “proliferación de la delincuencia, pandillaje, drogadicción y una casi total falta de identificación con su entorno social” que se señalan en los considerandos de la norma, no se van a solucionar con un curso adicional. Ellos obedecen a una serie de factores económicos, sociales, familiares y culturales que deben ser afrontados de manera integral. Creer que un curso va a solucionar estos problemas es irreal.

5. La norma emitida sobre la convocatoria preferencial a profesores de educación física para dictar el área de formación y al personal de la Marina para encargarse del “monitoreo” tiene poco fundamento, da la impresión de que la diferencia del curso propuesto con el ya existente, sería la de proporcionar aspectos de formación militar. Estas capacidades deben ofrecerse una vez acabada la escolaridad a los jóvenes que opten por el servicio militar voluntario, o que ingresen a las Escuelas Militares; no tienen sentido en la educación básica regular.

6. Ya que existe presupuesto para profesores de educación física y carencia de ellos en las
instituciones educativas, este se debería destinar al desarrollo de la educación física y deportes tanto en horario curricular como extra curricular. Un verdadero apoyo para alejar a
los jóvenes de las pandillas y la delincuencia, sería brindarles formación en un oficio ya sea
formando talleres ocupacionales o fortaleciendo los existentes. Los problemas de desadaptación social de los estudiantes corren a cargo de los tutores y de los departamentos sicopedagógicos de las instituciones educativas, en trabajo conjunto con los padres de familia y personal especializado.

Consejo Nacional de Educación

Lima, 4 de febrero de 2011


Hasta aquí el Pronunciamiento.

Como se ve, el CNE no va a decirles a los del Gobierno Regional que están haciendo las cosas fuera del recipiente, porque después de todo, lo cortés no quita lo caliente. Si de algo estoy seguro, es que esta "propuesta" del Gobierno Regional debe haber causado reacciones desde el asombro hasta la hilaridad, pasando por el escándalo. Así que está muy bien que se plantee el tema como "reflexiones", a ver si el Gobierno Regional del Callao toma nota del ridículo en que están cayendo, y algo hacen al respecto ...

La crítica del CNE - porque eso es - se centra en lo siguiente:

En los puntos 1, 2 y 3 en la tontería de añadir y/o duplicar esfuerzos ya existentes, creando problemas pedagógicos, administrativos y de financiamiento, y señalando, aunque no directamente, la improvisación que preside a la disposición de marras. Aquí se pregunta uno quienes son los que "piensan" en la Educación en nuestro primer Puerto ...

En el punto 4, el central, se menciona la "irrealidad" en la que están las autoridades de la Región en este aspecto, y les marca, como debe ser, la línea a seguir.

En el punto 5 se menciona lirondamente que la preferencia del Gobierno Regional por profesores de Educación Física y Monitores de la Marina de Guerra para el cursito de marras da la sensación de querer, a la prepo, "militarizar" la escuela como supuesta respuesta al problema de la delincuencia. Claro, así no lo dicen, porque las formas hay que guardarlas. Me imagino que en este punto varios deben haberse reído francamente. Es que guardar la seriedad ante esto es necesario, pero qué difícil ...

En el punto 6 la remachan indicando que el Gobierno Regional podría utilizar mucho mejor la plata que aparentemente tienen para esto en cosas realmente inteligentes y adecuadas a su propósito, como reforzar la educación física, formar en oficios, y una tutoría más efectiva.

Queda así deconstruido el proyecto en lo que tiene de absurdo, ridículo, ideologizado e improvisado. Falta ver si las autoridades chalacas acusan recibo, se quitan las anteojeras ideológicas y emplean sus neuronas en algo más productivo y menos chabacano para gastarse la plata. Maneras hay. Dios les ilumine, bien lo necesitan. Será cosa de ver cómo salen de ésta. Pero lo peor es que, dado el aparente nivel, de repente insisten en su dizque propuesta, tan jalada de los pelos.

Que el que tenga oídos en el Gobierno Regional, que vea.

martes, 1 de febrero de 2011

DISCIPLINA Y VALORES ¿CURSO CÍVICO-MILITAR?

Nos llamó la atención días atrás una noticia publicada en El Peruano, respecto a la implementación en el Callao de un así llamado “Curso Cívico-Militar”, que sería obligatorio para los estudiantes secundarios del primer puerto. La noticia no dice mucho más, sino que la justificación estaría dada debido a “que un sector de la juventud ha perdido valores fundamentales como el respeto al prójimo y a la propiedad lo que tiene como desenlace el pandillaje y la delincuencia. (SIC)” Son palabras atribuidas a Félix Moreno, Presidente Regional del Callao.

Dícese también que “el curso no implicará marchas con pasos militares ni el uso de indumentarias castrenses, pero sí el reforzamiento de la cultura cívica de los estudiantes para contribuir a su formación como hombres de bien.” Gracias a Dios el Ministerio de Educación ya se enteró y puso el correspondiente grito en el cielo, aunque ampliamente edulcorado por la necesidad de transar con las autoridades políticas, que por alguna razón parecen ser bastante expertos en Educación “Cívico-Militar”.

Me pregunto qué estará pasando con el curso de educación ciudadana y cívica en el Callao que no pase en el resto del país. Cuál podrá ser la diferencia. Ya sabemos que ese curso es bastante inoperante, como lo son, dicho sea de paso, los de Comunicación, Matemáticas y Ciencias (A PISA 2009 nos remitimos), pongamos por caso. Pues mirando bien parece que con el curso no pasa nada especial. Tal vez sea la situación del Callao. Sabemos de más que el Primer Puerto, y como buen puerto además, cuenta con su cuota de delincuencia común. Y según parece, la delincuencia que, por desgracia, caracteriza al Callao, requiere de algún tipo de respuesta política. O cuando menos la finta de que algo se hace. Y se les ocurrió esta simpática medida de crear un “curso cívico-militar”, a la sombra, claro está, de la diversificación curricular. La justificación ensayada por el presidente Regional se refiere directamente a valores como el “respeto al prójimo y a la propiedad”, que serían, si comprendemos bien la noticia, causas de la formación de pandillas y de la proliferación de la delincuencia.

No deja de ser interesante que, interesadamente o no, se confundan causas con consecuencias. Creemos, sin lugar a dudas, en la capacidad de las autoridades del Puerto para entender los problemas. Y sin embargo, tengo entendido que el asalto y el robo – a esto se refieren con los eufemismos de “falta de respeto por el prójimo y la propiedad” – son una consecuencia del ingreso de jóvenes concretos, reales, con nombre y apellido, piernas y brazos, en la delincuencia. No al revés. No es que primero eres “malo”, y luego haces “cosas malas”. Es teniendo en tu entorno “cosas malas”, y viendo hacer “cosas malas” es que aprendes a copiarlas, y en la copia y perfeccionamiento de esta habilidad es que te vuelves “malo”. Y que me perdonen mis lectores por este argumento, pero estoy obligado a ponerlo de manera que lo entiendan las autoridades del Puerto.

Esto de señalar como causa de todo mal social a la “falta de valores” honestamente ya cansa un poco. Escuchar a algunas personas pontificar sobre los valores, como si supieran de qué se trata, y confundirlos con los hechos concretos de la vida sería jocoso, si no fuera porque los que así se expresan son autoridades elegidas, y sus carencias de entendimiento desembocan en curiosidades como un curso cívico-militar para “reforzar” valores. No entiendo cómo se puede “reforzar” algo que se ha tipificado como “carencia”. Si no hay, no hay nada que reforzar, pues. Hay que “crearlos”, “traerlos” o “instilarlos”. El Ministerio de Educación, con mejor criterio, prefiere “formarlos”, que aunque no le ligue, es mejor que imponerlos a patadas.

La lógica de las cosas, obviamente, sería bien aumentar las horas de educación ciudadana y cívica, o bien mejorar su calidad, o mejor aún, ambos. Pero aparentemente eso no da réditos políticos, ni produce la finta de hacerle creer a la población que algo se hace contra la delincuencia, o cuando menos que existe algo que recuerde más que sea de lejos a una política al respecto.

Es que hay temas escondidos debajo. Se habló de “monitores” proporcionados por la Marina de Guerra, para plantear “disciplina”, y, suponemos, introyectar “valores”, aunque eso de introyectarlos espero que alguien me cuente como se hace. Digo, de verdad, porque si se trata de emplear el garrote para que los alumnos chalacos saliven disciplina y valores, bueno, ya sabemos que muy bien no funciona, por más monitores y por más Marina de Guerra que se meta en el tema. Por supuesto, a falta de definiciones claras o ideas precisas sobre el tema, se cae en los lugares comunes ya escuchados. Y todo indica que esos lugares comunes, que se quieren imponer como la lógica de las cosas, son los que presiden esta curiosa decisión del Gobierno Regional. Según estas extrañas ideas todo tiempo pasado fue mejor, y como la vetusta Instrucción Pre-Militar funcionaba y a la vez no había tanta delincuencia, se hace la correlación automática de que uno supone el otro, y ya está. Y la disciplina consistirá en marcar el paso y obedecer sin chistar. Es decir, la aplicación de la famosa política de “contención”.

Me detengo en esto de la “contención”. Este término es de lo más curioso y merece una poca de análisis. ¿Qué es “contener”? A mí me sugiere algo que se nos viene con una fuerza eventualmente destructiva, y a lo que hay que ponerle un dique. Si nos atenemos a lo señalado, esa fuerza ciega es la delincuencia, la que se produciría por “falta de valores”. Y como la mayoría de los que entran a este inframundo de la delincuencia lo hacen durante la adolescencia y juventud, pues entonces hay que contener esa entrada de niños y jóvenes a la delincuencia. Y hasta acá, qué duda cabe, podríamos tener un cierto acuerdo. Nadie puede estar de acuerdo con los asaltos y los robos. Y algo hay que hacer al respecto. Lo que objetamos es que la aplicación a rajatabla de esa llamada “disciplina” y la formación de valores vengan de la mano con un curso “cívico-militar”. Es indudable que la adolescencia y la juventud son etapas de la vida. Los niños aprenden lo que viven. El niño es el padre del hombre. Y si el niño es mal formado, lo demás sería simplemente contención. Pero la adolescencia en nuestro país es un período que tiene demasiado de desencantamiento, demasiadas contradicciones irresueltas, muy poco de alternativas de vida. Y produce, por ende, una reacción agresiva. Como el curso se propone para Secundaria, suponemos que es a esta agresión ciega a la que se le propone como dique un curso “cívico-militar” de reforzamiento de valores.

Y la disciplina. Ah, la famosa disciplina, tan asociada en nuestro país al garrote y al principio de autoridad. Se nos olvida tan fácil que la disciplina es un sustantivo y no un adjetivo. Que la disciplina se define como la habilidad (HA-BI-LI-DAD, no imposición) de poder centrar el esfuerzo personal o social para obtener un resultado determinado. Y que ello requiere formar el “carácter”, la “fortaleza” de la persona o el grupo, precisamente para poder centrar los esfuerzos y evitar la dispersión. Pero acá confundimos el “carácter disciplinado” del militar que cumple órdenes con la “disciplina”, que es la habilidad de centrarse en cumplirlas. No en vano se llama “disciplina” a las matemáticas, la física o la filosofía, pues para estudiarlas y conocerlas se requiere centrar el esfuerzo en su aprendizaje, seguir sus reglas, abocarse a entenderlas. Esfuerzo personal, sí, pero con establecimiento de un “foco” en el cual esforzarse. Es decir, la disciplina no va de fuera adentro, sino de dentro afuera, como una habilidad aprendida, con actitudes más. Pero acá asociamos disciplina a castigo. La “disciplina” no es un “valor”, es una habilidad. El “ser disciplinado” sí muestra el valor de la “fortaleza de carácter”.

Aparte de este tema de la disciplina, que no se menciona pero que se supone, está el de los “valores”. En las penosas declaraciones del presidente regional se dice que la “juventud” ha “perdido” valores. Interesante concepto ese el de “perder valores”. Habría que ver primero si los jóvenes delincuentes en potencia a los que se quiere contener, se los han encontrado en alguna parte del previo camino de la vida, y si estos son los valores sociales que suponemos correctos. Porque nadie puede perder lo que jamás ha tenido. Si los valores de “respeto al prójimo y a la propiedad” se han perdido, sería bueno empezar por ver si en algún momento se adquirieron. Los educadores sabemos que los valores no pueden imponerse con acciones estereotipadas, so pena de crear hipocresías y dobles discursos con los que simplemente disimulamos el problema y lo enredamos más. Y sabemos que de lo que se trata en términos formativos es de fomentar actitudes que conlleven acciones, lo que significa tomar la vida tal cual es, como al proverbial toro, por las astas. De nada sirve decir que esto es lo que le gusta a alguna entelequia, tal como Dios o la Patria, sin formar las emociones y proporcionar cuando menos alguna explicación racional de por qué es preferible el valor “x” al valor “y”. Y es viejo el chiste ese que mencionaba al chiquito cuyo padre le dice que hay que decir siempre la verdad, pero que cuando el cobrador llama a la puerta, debe decirle que el papá no está.

Me he cansado de escuchar jóvenes que dicen con todas sus letras que no hay nada qué hacer en esta sociedad, que todo es plata, que todo es simplemente una suciedad andando, y que lo único que hay es vivir como se pueda y ganar plata. Perdón, ganar plata y vivir, el orden cuenta. Y el resto qué importa. Jamás olvidaré a una señorita que insistía en que nada se podía hacer, y traía como ejemplo un acto de injusticia que simplemente no se resolvía nunca. Estos jóvenes han captado, a mi entender perfectamente, de lo que se trata la cosa. No podemos engañarlos con frasecitas bien construidas. Saben que hay corrupción, saben que hay engaño, saben que cualquier discurso sobre valores es vacío, es contradictorio, o peor aún, sirve a algún interés. A no ser claro, que todavía siga creyendo en pajaritos, y que hay gente así, la hay a montones. Muy conveniente para algunos, parece. No extraña así ni la emigración ni la delincuencia como reacciones lógicas de esa juventud abandonada a su suerte. Y los que se van de nuestro país no son por lo general los menos audaces e inteligentes.

Volviendo al malhadado curso, se ha precisado que no se empleará indumentaria militar o que no se realizará marchas militares. Esto parece ser una concesión a esas malhadadas nuevas ideas educativas – que en realidad son bastante antiguas – de “educación para la libertad” y demás monsergas ideológicas importadas del extranjero por malvados iconoclastas enemigos de la patria y sus instituciones tutelares …. caray, que el discurso conservador se contagia … Bueno, eso es porque para tal discurso el esquema pedagógico básico a emplear es la repetición pavloviana. Y ella es magnífica para enseñar a salivar, de repente para marcar el paso, pero para poco más. Y así seguimos sin entender qué tendrá de militar el curso de marras. La Educación y la Instrucción militares sirven para una cosa en específico, y ella es formar soldados. Ese es su objetivo y ese es su razón de ser. Gente con capacidad de seguir órdenes y eventualmente darlas, en la consecución de los objetivos políticos que se dirimen por medios armados. ¿Es a eso a lo que se dirigirá el Curso “Cívico-Militar”? Porque esto de amar a la patria y a los símbolos sagrados me suena algo más bien para ser trabajado desde la Primaria. Lo militar no existe para fomentar valores, ellos se suponen vienen dados desde la sociedad, es decir, suponiendo que haya algo que valga la pena defender en ella.

La educación militar bien entendida no crea matones, sino soldados con disciplina suficiente para seguir órdenes en función de objetivos. Las instituciones armadas son sociedades con sus propias reglas y normas, basadas en una jerarquía necesaria para el cumplimiento de órdenes, diseñadas para defender al conjunto de la nación. Por desgracia ello no siempre se la ha entendido así, como nuestra historia de caudillaje y pronunciamientos militares nos muestra. Pero la “militaridad” tiene un carácter que no tiene el resto de la sociedad, que es que se entrena y se instruye para el uso de la fuerza orientado al objetivo de vencer. Y mientras el mundo no esté formado por corderos, sino también por lobos, debemos estar listos para ser corderos con el cordero y lobos con el lobo (Manuel González Prada dixit). Si vis pacem, parabellum. Podemos deducir que todo este asunto del curso “cívico-militar” parece sugerir esta característica del uso de la fuerza como argumento para “contener” a los enemigos de la patria.

A nuestro modesto entender, esto es una simple manera de hacerle creer a una sociedad atemorizada el cuento de que se empleará la fuerza militar para “contener” a pandillas y delincuentes, y para asociar a los “delincuentes” como “enemigos de la patria”. Así preparamos la intervención de carros blindados que dispararán en todas direcciones sin preguntar. Porque los “enemigos” solamente se merecen bala, en este curioso revolvimiento de conceptos. Pero da la casualidad que estos “enemigos” son, ni más ni menos, nuestros hermanos e hijos. No creemos que la Marina de Guerra se vaya a prestar a una manipulación tan burda por parte del poder político. Después de todo, son militares, no matones. Aunque supongo que entre ellos también hay nostálgicos de la “disciplina”.

Si toda la sociedad está organizada en torno a valores sociales muy específicos orientados al consumo y a la ganancia fácil; si toda la sociedad nos dice que el vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo; si el famoso chorreo no chorrea y no existen mejores opciones para los jóvenes que la emigración o la delincuencia; si los medios de comunicación hacen del asesinato y la muerte su principal noticia diaria; si el narcotráfico se difunde como la fiebre amarilla; si nuestros gobernantes nos señalan que “la plata llega sola” y que la autoridad consiste en la imposición hasta el grado de la agresión física; si las familias están desorganizadas y desorientadas por la pobreza y la anomia … ¿se puede saber qué demonios va a lograr este curso “cívico-militar”?

¿Proporcionará una alternativa viable a la formación de pandillas? Si las instituciones educativas no lo logran, con la enorme cobertura que poseemos, no veo como este curso en particular vaya a hacerlo. Una pandilla es, fundamentalmente, un conjunto de jóvenes carentes de referentes sociales positivos, nucleados alrededor de valores como el respeto a la fuerza, la carencia afectiva compartida, una suerte de estoicismo brutal y la lealtad al grupo. ¿Qué puede hacer este curso en cuanto a instilar valores alternos que tengan la misma fuerza que los pandillescos, si maestros y padres están igual o peor de desorientados que estos jóvenes? ¿Volveremos a los tiempos de “A la droga dile NO”, sin razones, sin explicaciones, solo en base a slogans, estos sí, importados del extranjero?

¿Reducirá la delincuencia? Es decir, y sin engañarnos, ¿reducirá el número de jóvenes que ingresan al inframundo de la ilegalidad, cuando la ilegalidad “es”, en este mundo trastocado, la legalidad? ¿Cuándo la sociedad misma vive una perversión axiológica y el inficionamiento de la delincuencia organizada del narcotráfico, que no es detenida – a veces creemos que es fomentada – por los que tienen la responsabilidad de mantener el orden social? Lo que estos jóvenes chalacos y peruanos necesitan no son “valores” inyectados a la fuerza, son alternativas de vida. Y no solamente ellos, sino las familias – todo delincuente proviene de una familia –, los maestros y los medios de comunicación. Es decir, aquellos que supuestamente tienen el rol de asegurar la continuidad de los valores sociales, sirviendo de correa de transmisión de éstos. Los mismos valores sociales están trastocados, y sabemos positivamente que en nuestro país en crecimiento económico no se da el desarrollo social correspondiente, y se deja a amplios sectores de población a su suerte. Y esto es percibido por nuestros jóvenes cuando alcanzan una cierta comprensión del mundo que los rodea.

El “respeto por el prójimo y la propiedad” se logra formando a nuestros alumnos en el conocimiento y la emoción de que el cuerpo humano – el propio y el ajeno – es sagrado. Que no me puedo apoderar del borrador del vecino sin antes solicitarlo. Que el ladrón y el asesino son juzgados por la sociedad y castigados, y no soltados por la mal llamada Justicia en nuestro país. Que el trabajo y los derechos del trabajador honesto y decente son respetados, y que la buena fortuna se debe al esfuerzo y la habilidad personales. Que la corrupción y el narcotráfico no pagan, sino que crean sociedades jerarquizadas con la misma o peor explotación y que se sale de ella en piyama de madera y los pies por delante. Que el mundo no es perfecto y que siempre estamos intentando hacer las cosas mejor. Que la sociedad civilizada se esfuerza para que todos surjan y para eso se necesita guardar orden y ejercitar valores.

Si en nuestra sociedad la corrupción – la principal forma de delincuencia, curiosamente dejada de lado por el cursito de marras - está tan institucionalizada que ya es norma de vida, lo que necesitamos es un esfuerzo nacional contra la corrupción. Vienen las elecciones. Miremos cuales candidatos nos aseguran que ese esfuerzo contra la corrupción se hará y será efectivo. Compulsemos sus ideas con las terribles realidades. Como decía Brecht, alcemos el dedo, y preguntemos “Por Qué”. Insistamos en que nos expliquen cómo piensan prevenir y enfrentar la corrupción.

Finalizo el presente artículo con una reflexión del Mariscal Ramón Castilla. Decía el viejo militar, dos veces Presidente Constitucional del Perú, que la corrupción no era algo tan negativo en las clases bajas de la sociedad. Cazurro y criollón como era, se percataba con claridad que la corrupción era mucho peor en las capas altas, porque desde ahí se contagiaba, para emplear sus términos, “como la fiebre amarilla”. Los valores se transmiten por procesos de mímesis social, no por cursos “cívico-militares” sacados de la manga.