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jueves, 2 de mayo de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 33: NOVELAS DE AVENTURAS


CRÓNICAS DE LECTURAS – 33
Leer Novelas de Aventuras

I
Adolescencia y Aventura


Dicen los editores que las novelas de aventuras siempre tienen mercado, y este mercado es de adolescentes. Para los que aún no saben, la adolescencia es una enfermedad cuya única cura es el tiempo, se le suele comparar con una botica abandonada por aquello de que no tiene remedio. Dada la condición incurable, sólo se puede mejorar la calidad de vida del entorno familiar, pues el paciente vive muy cómodo esta enfermedad. El entorno social combate el carácter endémico de la adolescencia con dosis masivas de tranquilizantes, pues aunque los papis padecen en vivo y en directo la adolescencia de sus hijos, la sociedad en su conjunto padece todo el tiempo gran número de adolescentes en acción. La Fisiología sostiene que la adolescencia arranca con ciertas hormonas operando a lo loco, lo que se traduce en los “que adolecen” en desajustes, movidas, desadaptaciones y permanente sensación de tener un rascapié en salva sea la parte. Por ello actúan de una manera más o menos enervante más o menos todo el tiempo. Entre otras cosas se ha detectado en los adolescentes las ganas de salir al mundo, de aventurarse, si es que son sanos y normales. En apariencia esto no es del todo posible sin desajustar sin remedio el tejido social, como puede observarse en nuestro vecino Chile, que se la pasa complicadísima con los pingüínos (así llaman allá a los estudiantes), y eso que aquí no pasan nunca esas noticias, no vaya a ser contagiosa la cordura, no vaya a ser que nos demos cuenta que el crecimiento económico no lleva a ninguna parte. Yo supongo que una Educación más humana - menos carrera de ratas - sería una maravilla para los adolescentes, que ya no tendrían que salir a la calle a protestar por oportunidades y podrían resolver sus necesidades aventureras a través de la lectura de historias de aventuras. 

Este rasgo aventurero de la adolescencia de todos los tiempos se refuerza con la cultura visual, que matiza si no sustituye al texto escrito. El género de aventura vende como pan caliente, necesita producir material excitante y ya no basta el socorrido recurso de editar la acción a velocidad supersónica. Los argumentos pesan y cuentan para producir guiones, y la cultura visual depende en enorme medida de los clásicos de aventuras para construir blockbusters en los diferentes soportes y mercados, para ganar copiosa audiencia adolescente y hacer plata como cancha. El cine y la tele de aventuras sustituyen al texto escrito, con el efecto colateral aprovechable de desplazar el polo lector al hogar. Claro, eso si los papis están en la nota aventurera y en las dinámicas visual y lectora, lo que les exige estar vivos y actuantes. Se trata de poner coto a la personalización de la pantalla, de modo que no se llegue al extremo ludópata, y chequear bien chequeados esos video-juegos de aventura, como Zelda, Warcraft y unos cuantos miles más. La diferencia entre video-juegos con cine, TV y libros está en la interactividad, que exige distintos y mayores compromisos neuro-musculares. 

Pero lo que no cambia es la trama, el guión, el argumento, el movimiento, lo que pasa, ocurre y acontece en el libro, la película, el programa de televisión o el video-juego. De ahí que resulte importante revisar siempre los parámetros de la novela de aventura, que no es nada vetusta como se cree a veces, ni se ha muerto. Por el contrario, los argumentos tienden a repetirse y encontramos en lois libros la mayor parte de lo que hay en manga, video-juegos, cómics, películas o series. Así que, papis y mamis, ustedes no están quedados sin remedio. Por el contrario, es más que probable que ustedes sean los expertos en el tema este de las aventuras. Les comento que así me pasa con mi hijo Alejandro, un artista del manga, con el que discuto los códigos literarios de la aventura, que él entiende mejor que yo.   

II
Los Tres Mosqueteros / Veinte Años Después / El Vizconde de Bragelonne
(Alejandro Dumas padre).


Se recuerda poco en estas épocas que los editores españoles y latinoamericanos solían hasta no hace mucho pedirle a los obispos católicos un checking del texto que publicaban, dando fe que su contenido no chocaba con las verdades promovidas por la Santa Religión Católica, Apostólica y Romana. Cuando era el caso aparecía en las primeras páginas el Nihil Obstat (Nada Impide), que indicaba a los católicos que podían leer el libro sin riesgo para su salvación eterna. Los editores más acuciosos añadían al Nada impide el Imprimátur (Imprímase), sutil orden, no sólo permiso, de lectura. Esto constituía un auspicio de la autoridad eclesiástica, lectura no sólo permitida sino casi impuesta a través de la sacrosanta Que se Imprima. Supongo que los editores estaban felices por los lectores que se sentían autorizados por su Iglesia para ejercer la lectura y por ende comprar el libro. Los libros que ostentaran el Imprimátur serían lectura casi edificante según la jerarquía eclesiástica, casi obligatoria para los que sujetaran su juicio al de la jerarquía. Allá al fondo acechaba el Índex Librorum Prohibitorum, lista de libros a los que ningún católico debía acceder sin arriesgar su salvación eterna, según criterio de los censores. La Iglesia Católica ejercía la censura no prohibiendo sino desaconsejando ciertas lecturas. Ustedes dirán que a qué cuento viene esto de la censura respecto a Alejandro Dumas y las aventuras de Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan en Los Tres Mosqueteros y sus continuaciones. Lo diremos con claridad de agua bendita: La mayor parte de las ediciones de Los Tres Mosqueteros en castellano se censuraron y mutilaron. Partes enteras figuraban en el Índex, en especial las que sugerían o relataban las aventuras sexuales de Milady con Athos y D´Artagnan, al marido de Constance consintiendo en la sacada de vuelta de ésta con D´Artagnan, así como las que simpatizaban con los Hugonotes protestantes. Y esa fue la primera versión que leí, concentrada en las aventuras de D´Artagnan y sus compañeros, pobre en la intriga y sugerente que la ejecución extrajudicial de Milady por los Tres Mosqueteros, Lord de Winter, los lacayos y el verdugo de Lille se justificaba en el pecado de Milady, el ser ligera de cascos y mala esposa del Conde de la Fère. 

La primera vez que leí Los Tres Mosqueteros tal como la escribió Dumas yo ya andaba por mis treinta años, y era otra cosa de lo que había leído en mi niñez. En España e Hispanoamérica muchísimas obras literarias (todas) fueron censuradas y mutiladas por el control eclesiástico apoyado en el autoritarismo franquista español y de sus aliados conservadores en América Latina. Los editores fueron víctimas, pero también en algo cómplices, y dicho esto, podemos continuar con Los Tres Mosqueteros y sus continuaciones tal como fueron escritas. Las aventuras de D´Artagnan, Athos, Porthos y Aramis; no se escribieron para jóvenes, sino para el público adulto francés, que los editores de la Tercera República veían ansiosos de leer sobre la vida de antes de la Revolución Francesa. Estas novelas no ocultan nada, y lo que me permitió descubrir este asunto de la censura fue que me leí Veinte Años Después, continuación de Los Tres Mosqueteros, y era tan buena que parecía de otro autor que el de Los Tres Mosqueteros. En la práctica los editores hicieron puré de Los Tres Mosqueteros, y eso que leí ya no era Dumas. La edición de Oveja Negra a la que accedí era tres veces más grande que la que leí antes, y mostraba la realidad del liberal sexo de entonces, la discriminación a los gascones, las jesuitas hipocresías de Aramis, el matrimonio por conveniencia de Porthos. Me pregunto a qué le tenían miedo los censores, y a qué se lo tienen, pues las versiones cinematográficas actuales también censuran, como en La máscara de Hierro, de Randall Wallace – guionista culpable de falsear la Historia escocesa en el Corazón Valiente de Mel Gibson –, y ello a pesar de Leonardo Di Caprio (Philip / Louis), Jeremy Irons (Aramis), Gerard Depardieu (Porthos), Gabriel Byrne (D´Artagnan) y en especial el magnífico Athos construido por John Malcovich. No sé cuál sea peor: La censura eclesiástica de antes o la autocensura de los productores, directores, guionistas y demás yerbas cinematográficas y de la TV de hoy. Porque solamente leyendo las tres obras nos enteraremos por qué son Los Tres Mosqueteros, y no los Cuatro del Uno para Todos y Todos para Uno: Al final de la última novela - El Vizconde de Bragelonne – Aramis, que ahora es General de los Jesuitas, voltea casaca, traiciona y enfrenta a sus amigos, y al final los Tres mueren honorablemente. Por alguna razón que nunca comprenderé se pretende proteger a los jóvenes de que hay traiciones e hipocresías. Qué absurdo. Como si no lo vieran diario en la vida cotidiana.

Para bajar y leer:
http://dominiopublico.es/libros/Alejadro_Dumas/Alejadro%20Dumas%20-%20Los%20Tres%20Mosqueteros.pdf       

III
Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino / La Isla Misteriosa; y en otra línea Los Hijos del capitán Grant (Julio Verne)


En estas Crónicas de Lecturas me he referido in extenso a Julio Verne, pero siempre podemos ir un poco más allá. La serie de novelas a que me refiero ahora surgió de forma peculiar, pues Julio Verne no tenía intención de escribirla. Es decir que cuando se mandó con Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino no sabía que escribía el primer libro de una serie. Se ve ello en la extensión de la obra y la maestría con la que cierra los hechos que narra. Como obra es redonda, tanto que debe ser una de las novelas mejor escritas en la historia. El contrapunto entre Pierre Aronnax (narrador en primera persona) y el capitán Nemo da sentido a toda la novela, lo que a Verne no le costó nada, a fuer como quien esto escribe, de gran aficionado al mar y a la navegación. El viaje de iniciación del francés a bordo del extraordinario submarino Nautilus marca el paso de una infantil admiración por el Sabio al desencanto de notar la tortura emocional en que se debate Nemo, su no resuelta confrontación con los demonios del pasado de los que trata de escapar en lo profundo del mar. Demonios que le alcanzan en la forma de las fragatas inglesas de guerra que Nemo, ante el horror de Aronnax, Conseil y Ned Land, hunde sin piedad con el espolón de su portentoso buque submarino. El capitán Nemo no se reconoce parte de una humanidad que siente le rechaza, que le niega patria y nacionalidad, y Aronnax se separa de esta exigente figura paterna. La novela culmina en la catástrofe de la desaparición del Nautilus en el remolino Maelström de las Islas Löfoten, que a más de ser guiño y homenaje al Edgar Allan Poe de Un descenso al Maelström, desaparece a Nemo de la escena sin matarlo. La obra termina así con brillantez, hasta con cita bíblica del Libro de Job. En cambio, la serie Los Hijos del capitán Grant sí parece haberse pensado como serie dirigida a jóvenes, en especial por la iniciación del joven Robert Grant. La historia es tan extensa como la de Veinte Mil Leguas …, por lo que se edita en tres novelas, o como una gran novela en Tres partes: La búsqueda en América del Sur, Australia y el Océano Pacífico del Capitán Grant por sus hijos, generosamente auspiciados por el aristócrata Glenarvan y su entorno, que incluye al geógrafo francés Santiago Paganel. El largo periplo culmina con un final desdichado y otro feliz, en uno el traidor Ayrton a.k.a. Ben Joyce es abandonado en una isla desierta para expiar sus culpas, en el otro los hijos se reúnen con el padre perdido, con matrimonios por medio y hasta el galán cómico (Paganel) encuentra tarde, pero encuentra, a su dama cómica (Lady Arabella). Ahora bien, ¿qué podrían tener así en común Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino con Los Hijos del capitán Grant? Pues de arranque, nada. Me ocurrió como a todos los lectores de Verne, que no me enteré de nada hasta que leí La Isla Misteriosa.


Estoy casi seguro que a Julio Verne tampoco se le ocurrió atar cabos sueltos sino cuando estaba escribiendo el segundo tercio de La Isla Misteriosa. La anécdota del principio era más que suficiente para la aventura: Prisioneros unionistas de la Guerra de Secesión encerrados en Richmond escapan en globo, tropiezan con un huracán que los arrastra al Pacífico Sur, hasta una pequeña y deshabitada isla volcánica, que bautizan Isla de Lincoln. Ahí vivirán a lo Robinson Crusoe, que inspira esta obra. Hay cuando menos un personaje muy bueno: el Ingeniero Cyrus Smith, que representa brillantemente al paradigma del progreso y la revolución industrial. Pero tengo para mí que acá Julio Verne se tropieza con que tiene a sus personajes en el Pacífico Sur, está en una isla … y … ¿por qué no enlazar los cabos sueltos …? Desde el final de Los hijos del capitán Grant, Ayrton sigue en la Isla Tabor / María Teresa, a pocas millas de la Isla de Lincoln, cuyo origen volcánico deja jugar con la idea de súbitos surgimiento y desaparición. Y ahí es que se le debe haber venido a la cabeza el capitán Nemo, el Nautilus y el Maelström. No había cometido el error de Arthur Conan Doyle en Reichenbach y Nemo estaba disponible para traerlo y utilizarlo como deus ex machina … y ya está. Solamente hubo de superar el inconveniente de que al no haber planeado la serie se le enredaban las fechas, que no cuadraban ni con la mejor buena voluntad, lo que resolvió bonitamente con notas al pie de página, introduciendo sin percatarse un “universo paralelo”, truco y técnica hoy bien conocida de escritores y editores, que no estoy seguro fuera tan evidente en los tiempos de Julio Verne.

Para descargar y leer:
http://nuestraslecturasdotcom.files.wordpress.com/2013/03/vernejulioveintemilleguasdeviajesubmarinoresumen.pdf

IV
Las Minas del rey Salomón / Allan Quatermain / La Guerra Zulú  (Henry Ridder Haggard)


He leído y releído Las Minas del Rey Salomón ad náuseam. La culpa es de la solvencia con la que Henry Ridder Haggard escribe en primera persona. Un escritor del siglo XIX  de antes del cine y la televisión estaba obligado a ser eficiente y específico en la composición del lugar, en la descripción y la narración de hechos consecutivos o no. Qué podemos decir sino que la narrativa y descriptiva de Ridder Haggard parecen escritas antes de ayer. No es raro que se hayan hecho tantas versiones en cine de sus libros. Abundan incluso los pastiches, entre ellos el cómic pastiche Los Caballeros de la Liga Extraordinaria que, discúlpenme, no me cuaja ni convertido en la película de última La Liga Extraordinaria, que a pesar de Sean Connery en el papel del legendario cazador no le hace la más mínima justicia. Para mis lectores que ignoran lo que es un pastiche, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice Imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente. Y así sucede con continuaciones espurias de ciertas obras literarias escritas por autores de segunda o tercera categoría ávidos de un poco de fama o de ingresos (Nunca segundas partes fueron buenas, Cervantes dixit), tales como pergeñar las aventuras de Planchet, Grimaud, Mosquetón y Bazin, lacayos de Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan; o qué pasó con Ishmael tras el hundimiento del Pequod; o cómo Paco Yunque se metió al Partido Comunista. Dumas, Melville y Vallejo dejaron ahí a sus personajes, y bien dejados estuvieron. La línea que separa una obra bien escrita de un pastiche es tenue. Si está bien hecho, el pastiche tiene cierto artesanal encanto. También es pastiche tomar personajes de ficción y combinarlos con otros o con personajes reales, como para ver qué pasa al juntar al cocainómano Sherlock Holmes con el psicoanalista Sigmund Freud, en la novela Elemental, Doctor Freud, del Director de Cine Nicholas Meyer. En la novela de Umberto Eco La Isla del Día de Antes se toma a Biscarat, un muy menor personaje de Dumas en Los Tres Mosqueteros, como antagonista. En todo caso, a Allan Quatermain le han hecho de todo en el mundo anglosajón, hasta cambiarle el nombre a Quartermain, y ello porque el personaje en sí mismo es interesante, se come la novela y cualquier versión en cine, porque los guiones a veces se apartan demasiado del sentido de la obra original, y para salvar el asunto hay que cambiar el personaje.  
 
Se puede decir de Ridder Haggard un par de cosas: Creó a Quatermain, y qué bien narra en primera persona el maldito, qué fluido, directo y excelente descriptor de la naturaleza y las situaciones. Conserva estas fortalezas con pocas excepciones en la serie de Allan Quatermain como en la serie Ella, excelente también por donde se le mire. Pensemos algo en esto: Narrar en primera persona algo que ha pasado es como servir una sopita fría, es casi empezar por el final, porque ya sabemos que si el narrador está narrando es que está allí para contarlo, no importa qué terribles riesgos o peligros haya vivido, no se ha muerto, y esto no es poco en una novela de aventuras. Así que la narración se desliza a cómo la hizo para salir bien del asunto. Porque si de aventuras se trata, pocos han vivido tantas como Allan Quatermain, que representa una especie de oda al colonialismo liberal británico del siglo XIX en la extensa África inglesa, en especial Sudáfrica. Ridder Haggard no hace el papel de propagandista barato de la civilización inglesa, en el que sí se siente cómodo Rudyard Kipling en Kim, El Libro de la Jungla y otras obras ambientadas en la India. Se le creen a Allan Quatermain sus increíbles aventuras porque él es verosímil, porque piensa y habla y actúa como un hombre que conoce la realidad, con opiniones propias, y que va a contramano de los muchos ingleses dedicados a explotar y disfrutar su imperio colonial sin considerar nada de lo que hoy llamamos interculturalidad. De ahí que, a diferencia de sus contemporáneos, sus valoraciones sobre los nativos africanos sean escandalosas para su tiempo (¿Qué es un gentleman? (…) no lo sé y, sin embargo he tenido que tratar con negros … Pero no, voy a tachar la palabra ´negros´ porque no me gusta. He conocido nativos que lo eran (gentlemen) (…) y blancos inteligentes, de buena familia y con dinero que no lo eran), e incluso ventajosas para los africanos, como en la comparación entre el valiente amazulu Umslopogaas y el cobarde europeo Alphonse en la novela Allan Quatermain. La calidad de la narración no decae nunca, y abarca todo el periplo vital de Quatermain, hombre de 55 años de edad en Las Minas del Rey Salomón, cuando nos es presentado. El éxito del libro llevó a Ridder Haggard a escribirle secuelas, como Allan Quatermain; así como lo que hoy se llama “precuelas” (odioso término), tales como La guerra Zulú, La esposa de Allan y La venganza de Maiwa, entre otras. Así podemos conocer la biografía completa de los 18 a los 68 años de este personaje, coincidente con el apogeo del Imperio Británico en África.

Para descargar y leer:
http://www.medellin.edu.co/sites/Educativo/Repositorio%20de%20Recursos/Haggard_H.%20Rider-Las%20Minas%20del%20Rey%20Salomon.pdf            

V
Colofón

Pienso que nos gustarán siempre las novelas de aventuras. Hay una cierta necesidad eterna en el ser humano de vencer dificultades, de mostrar logros, de atravesar por circunstancias difíciles y superarlas. Cuando no podemos vivir esas aventuras por nosotros mismos, tratamos de hacerlo por interpósitas personas. Sea en la realidad o en los libros necesitamos vivirlas, y no tenemos que ser adolescentes para ello. Así que ya saben: El que tenga Ojos, que Lea.

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jueves, 13 de octubre de 2011

LIBERTAD Y DROGAS LEGALES


Para Álvaro.


"El mal uso de las drogas no es una enfermedad. Es una decisión, como pararte enfrente de un coche en movimiento. Podrías llamarlo un error de juicio." (Phillip K. Dick, escritor estadounidense de ciencia ficción .)

“El LSD abrió mis ojos. Si sólo usamos una decima parte de nuestro cerebro, imagínate lo que podríamos lograr usando el resto. Si los políticos usaran LSD, no habría más guerras, o pobreza o hambre."
 (Paul McCartney, músico inglés.)

"No son las drogas sino las prohibiciones que pesan sobre ellas las causas de su uso desinformado, irresponsable, autoindulgente y personal y socialmente autodestructivo." (Thomas Szasz, Psiquiatra)

Introducción

Sexo, drogas y agresión. Qué rica la combinación, así me decía un amigo, fallecido a causa tanto de estrés laboral como por el concomitante consumo inmoderado de alcohol. En un artículo anterior que escribí sobre Drogas y Sexo llegaba a algunas ideas sobre el tema referentes a lo que ha ocurrido generacionalmente en algunos segmentos de nuestra sociedad. Intencionalmente me quedé en el terreno minimalista, centrado en lo educativo. Aunque sigo sin ser un experto en Drogas, estoy seguro que todo ciudadano necesita tener algunas ideas sobre estos problemas. La vez pasada lo veía como educador, ahora intentaré una aproximación desde la perspectiva ciudadana. La reciente noticia de la existencia de locales vespertinos y nocturnos cuyo marketing se concentra en los adolescentes de 12 a 18 años de edad, que funcionan como discotecas, y donde se expende y consume libremente alcohol y tabaco, ha levantado cierto escándalo. No nos hemos librado de la moralina con que se suelen tratar estos temas, y tuvimos que aguantar la voz engolada de un locutor o locutora condenando dicho consumo en nombre de los valores conculcados. Estoy casi seguro que esa dama se toma sus tragos en un bar de Barranco los sábados por la noche, y apuesto que hay una gran probabilidad tanto de que fume como que alguna vez se haya excedido con el alcohol. No impide esto que se estructure una perorata sobre valores y la falta de éstos en la sociedad, para variar. Así que me parece que siempre conviene volver sobre estos temas y añadirle algo más de datos, a ver si así le quitamos algo de esa facilista e inútil condena.

Drogas

Según Paul McCartney, a quien tuvimos en casa hace algunos meses, el LSD es más que interesante y tiende a favorecer su consumo. El consumo de ciertas drogas en los años 60 y 70 parece que era visto de manera más que positiva en ciertos segmentos de las sociedades desarrolladas, como un modo de ampliar los horizontes mentales. Hoy el uso de la ayahuasca y otras drogas es más o menos tolerado en el mismo sentido, pues se supone que el empleo de ciertos psicotrópicos abre ciertas posibilidades y entusiasmos existenciales. Es posible, no hay por qué negarlo. El consumo de drogas ha sido tradicionalmente una manera de contactar con otros aspectos o facetas del ser. No otra cosa hacían los indios norteamericanos con el tabaco: la famosa “pipa de la paz” tenía funciones básicamente alucinógenas, no tanto por la potencia de su alcaloide - la nicotina - como por las circunstancias de su uso al interior de una tienda llena de humo. Siempre me ha hecho gracia pensar en las cabezas clavas de Chavín y de otras sociedades precolombinas como galerías de Grandes Sacerdotes, mostrados en pleno “viaje” gracias a los alcaloides obtenidos del cactus San Pedro. Todas las sociedades registran en su tradición cultural y religiosa el empleo de sustancias psicotrópicas para ayudarse a alcanzar estados extáticos. Parece que por ello el alcohol de los hombres blancos resultaba ser tan apreciado por las culturas originarias, dado que los licores destilados son mucho más potentes que los fermentados, y sus efectos muchísimo más intensos y rápidos.

Drogas y sociedad

En otro artículo traté las drogas legales e ilegales de la misma manera, y no veo por qué no vamos a considerar el tabaco, el alcohol, el LSD, la marihuana, la cocaína, etc. como drogas de pleno derecho, dado que cumplen con la definición de modificar ciertas funciones del organismo. Es claro que su consumo inmoderado produce daños específicos en lo físico y lo mental, bastante demostrados, pero también las produce tomar agua o comer verduras en exceso. En nuestra sociedad el consumo de tabaco y alcohol es libre dentro de ciertos parámetros, básicamente por una larga tradición de uso y por las ganancias que genera. A diferencia del consumo ritual realizado tradicionalmente con fines religiosos y ceremoniales, hoy prima un uso social que se centra en la evasión de ciertas realidades demasiado duras para poder tolerarlas sin apoyo exterior, y/o para aceitar ciertas relaciones sociales producidas en ocasiones de interacción y/o para vehicular los ritos de pasaje de la adolescencia a la juventud.

Existen ingentes intereses económicos alrededor de la fabricación y expendio de las drogas consideradas legales. Sabemos que su uso inmoderado causa graves daños, pero los toleramos por una suerte de compensación: El tabaco y el alcohol están gravados fuertemente con impuestos de toda clase, producen enormes utilidades para las empresas productoras, y proporcionan al fisco montos sustanciales. Con la excepción de aquellos a los que se les pasa la mano, todos ganan. Inclusive el estado fomenta el consumo de alcohol o tabaco por razones económicas, como en el caso del pisco peruano, suerte de bebida de bandera, o de los habanos de Cuba. Desde que tengo memoria he visto publicidad que favorece el consumo del alcohol tanto fermentado (cervezas y vinos) como destilados (ron y otros). Y así seguimos conviviendo con las indeseables consecuencias de su uso, entre ellas las cotidianas muertes en las calles y carreteras producidas por la ebriedad de los conductores, entre otros males.

Esto no evita que siga habiendo publicidad, aunque con mucha mayor cautela que antes. Hoy en día aparecen avisos que fomentan el uso moderado del alcohol y que tratan de crear una cultura alcohólica que tienda a evitar el exceso. Existe normativa que restringe de plano el consumo de drogas legales en personas menores de edad, o en determinados lugares públicos, entre otras, y me parecen correctas, aunque yo mismo haya sido un consumidor de “tabaco y ron”, y ya no me podría tomar mi cafecito o mi chela con un cigarrito en ningún lugar público. Aceptar las prohibiciones legales produce un ajuste personal relativamente sencillo porque entendemos que existe una libertad de los ciudadanos para consumir o no drogas legales. Esta libertad es lo suficientemente importante para que incluso se haya dicho que el aumento del precio de la cerveza suele producir mayores desórdenes sociales que el aumento del precio del pan. Podemos concluir provisionalmente que las drogas legales resultan funcionales para la sociedad. No por otra razón podemos entender el que su fabricación, comercio, expendio y consumo sigan siendo legales.

Libertad de elección

La libertad de elección es una característica particular de los seres humanos. Podemos elegir entre consumir ciertas drogas o no consumirlas. Se supone que es cosa personal saber si te metes la tranca hasta la muerte o no. O si fumas como un vampiro a pesar que te ponen la foto de un desdichado falleciendo por algún tipo de cáncer. Las prohibiciones se instalan en el interior de la personalidad por la intervención de la sociedad, sea ésta compulsiva – la ley que prohíbe fumar en lugares públicos, por ejemplo -, o sea que trate de inducir un patrón de consumo menos dañoso – como la ley zanahoria. Muchas otras drogas fueron no solamente legales sino inclusive fomentadas según la sociedad de que se trate. En muchos casos se reservaban para el consumo de una élite, y el consumirlas resultaba signo de la pertenencia a dicha élite. Por consiguiente ello debía crear en los que no la consumen la asociación libre entre su consumo y la pertenencia a un estrato social más alto, como ocurre hoy con los licores caros. En nuestro caso, el consumo de drogas legales se reserva a los adultos, masiva élite ciudadana con ciertos derechos y obligaciones. El Documento Nacional de Identidad es el pasaporte hacia el consumo de alcohol y el tabaco. Los adolescentes y jóvenes ven que el DNI es la manera de obtener estas sustancias, y la sensación de lo prohibido - y por ello deseable - se instala en adolescentes y jóvenes. No parece que se pueda hacer mucho al respecto, dada la naturaleza humana. Sabemos que basta con prohibir algo para que su necesidad crezca en aquellos a quienes se prohíbe. Esto es patente en el fracaso de la persecución que se le hace a la fabricación, expendio y consumo de drogas ilegales, que no solamente no ha reducido su uso, sino más bien parece aumentarlo y fortalecerlo.

Libertad y Adolescencia

Se supone que educamos a nuestros adolescentes y jóvenes en la posibilidad de elegir, es decir en el ejercicio de la Libertad. La Libertad es un valor importante, pues en nuestro orden social heredado de las revoluciones burguesas, se constituye como base esencial para entender la sociedad y desempeñarse en ella, y la Ley no puede conculcarla, sino dirigirla. La Libertad es un valor tan básico, que sin él los otros valores sociales ni tienen base ni pueden entenderse. La vida civil, política, económica y cultural se fundamentan en la libertad de los ciudadanos, y la autoridad legal deriva en todos los casos, por la directa o la indirecta, de la libertad de elección que los ciudadanos ejercen. En consecuencia, el ejercicio de la Libertad es una cuestión de ciudadanía, de personas que usan de esa libertad, y se entiende que aquellos que están en vías de ser ciudadanos deben ser formados en su ejercicio. La madurez de la persona humana es condición para el ejercicio de la Libertad, cosa de adultos, y por eso a ellos se les reserva.

¿Qué pasa entonces con la libertad de los adolescentes y jóvenes? Aparte de la mencionada tendencia a lo prohibido, que es una constante en personas en formación que están integrándose a la sociedad y sus goces, en todas las sociedades hay el problema de quiénes son los ciudadanos, y el momento en que adquieren las libertades civiles que permiten, por ejemplo, beber hasta la cirrosis o fumar hasta el cáncer. Establecer los límites de la libertad resulta extremadamente complejo. Pensemos en la simple libertad de contratar, por ejemplo para comprar y vender, acordada a los ciudadanos, pero que todos los días la vemos más que relativizada. Que yo sepa, no hay bodeguero que exija la presencia del padre, madre o apoderado cuando el chico de seis años quiere comprar un chocolate y tiene el dinero para hacerlo. Este hecho parece absolutamente inevitable, y cualquier sociedad que se pusiera majaderamente exigente con el cumplimiento de la Ley sin mayor criterio que la majestad de ésta, se encontrará con un callejón sin salida constituida por miles de excepciones de toda índole. El cumplimiento de la Ley está de facto sometido al criterio de realidad, y esa es la razón fundamental por la que es tan difícil hacer buenas leyes, y más aún aplicarlas, y es lo que justifica los sistemas policiales, judiciales y penales.

Responsabilidad y Libertad

Siempre he escuchado hablar de la Libertad Responsable, y siempre me ha parecido una suerte de contrasentido. La gente supone que la Responsabilidad es un valor que se opone a la Libertad, y así se produce un conflicto cognitivo entre la Libertad y su opuesto, que se hace muy compleja a niños, adolescentes y adultos. Ejercer la Libertad con Responsabilidad es un problema. Y a mi entender la manera en que los ciudadanos manejamos ambos conceptos es algo bastante absurdo, que se basa en la paradoja de que la Libertad solamente existe cuando no la ejerces. Algo así como que está bien que protestes, mientras no lo hagas. O que tienes libertad para beber y fumar, pero que no debes hacerlo. Pienso que aquí el problema básico está en que no entendamos la relación de la Libertad con la Responsabilidad. Es curioso que cuando hablamos a los adolescentes sobre la Libertad sentimos que es necesario ponerle su opuesto, y así le añadimos una nota paradójica a la Libertad, y decimos “Libertad Responsable”.

Pero la Responsabilidad no es opuesta a la libertad, ni añadírsela a la Libertad la desaparece, como algunos parecen creer. Veámoslo en el caso del trago. Si yo decido tomarme mis tragos sé que eso va a traer una serie de consecuencias, como por ejemplo que mi capacidad para conducir un vehículo va a ser muy limitada, y puede producir un accidente con consecuencias complicadas. Mi decisión de beber enfrenta un dilema ético, que eventualmente me puede llevar a no beber, por supuesto, pero que podría decidirme también a no manejar un vehículo bajo los efectos del alcohol. La Libertad Responsable no me lleva a no beber necesariamente. Si decido libremente empujarme una botella de pisco, y a la vez no manejar, mi decisión sigue siendo libre y responsable. Es un tema de tecnología ética, de toma de decisión, de una especie de cálculo ético-moral, no de balancear valores opuestos, en que uno cancela al otro. La responsabilidad consistirá en prever las consecuencias de los actos que llevo o llevaré a cabo en ejercicio de mi libertad, y aceptar que en la realidad concreta mi decisión de beber y manejar trae consecuencias que deberé eventualmente afrontar. Podría decidir beber y manejar, matar a alguien en el transcurso, y la responsabilidad me llevaría a aceptar las terribles consecuencias del hecho, y con toda seguridad soy persona responsable al hacerlo. Responsable, aunque estúpida al no prever las consecuencias de mis actos. ¿Están nuestros adolescentes y jóvenes – y para el caso, los adultos - preparados para ejercer esta suerte de inteligencia ético-moral?

Veámoslo desde otra perspectiva. Un fumador no necesariamente puede evitar serlo cuando sufre el vicio, dado que la nicotina es eventualmente muy adictiva. Pero sí mantiene un margen de decisión libre extremadamente importante: La de obedecer las leyes que le impiden fumar en lugares cerrados o públicos. Si no lo hace y acepta y cumplimenta las consecuencias del acto, y por ende paga las multas correspondientes, pues sigue siendo una persona responsable. Responsable, aunque bote estúpidamente su dinero. ¿Están nuestros adolescentes y jóvenes preparados para ejercer esta suerte de razonamiento ético-moral?

Veamos otro caso proveniente de un tema que los medios de comunicación no se cansan de condenar, pero que ocurre constantemente en nuestro país: las protestas populares con toma de carreteras. La Libertad responsable no consiste en no bloquear una carretera para protestar, como muchos creen, es saber que el bloqueo es un delito que se castiga y puede echar mis huesos a la canasta, y si aún así acepto las consecuencias de mis actos, bloqueo la carretera y luego voy preso por ello, soy persona responsable. Pensemos en esto: Si considero que mis razones para bloquear la carretera son más importantes que el hecho de ir preso por ello, y asumo las consecuencias de mis actos, pues entonces estoy ejerciendo mi responsabilidad. ¿Están nuestros ciudadanos y autoridades preparados para ejercer esta suerte de razonamiento ético-moral e inteligencia política?

La responsabilidad individual se asemeja a las Leyes en que no limitan la Libertad. Tanto la Responsabilidad individual como las Leyes coaccionadoras y coercionadoras proporcionan dirección a las decisiones axiológicas, que siempre se basan en el ejercicio de la Libertad. No son, pues, un dique para mantener la paz social, sino un canal para darle dirección y lograr que la sociedad avance. La Responsabilidad no es opuesta a la Libertad, sino que proporciona elementos de juicio moral para tomar decisiones. El problema de fondo entonces no es contraponer valores, es ver cómo se relacionan en los casos específicos de la vida cotidiana. Es un problema de operatividad ética, de juicios morales, de pensamiento dirigido a tomar decisiones.

Inconsistencias

¿Por qué un adolescente no debería fumar o beber alcohol? Decimos que es porque se hace daño a sí mismo, y nos decimos que los protegemos al prohibírselos. Pero muchísimos adultos fuman y beben (entre ellos muchos que se oponen a que los adolescentes fumen y beban), y socialmente se permite la fabricación, comercio, expendio y consumo de tabaco y alcohol, si bien con límites. El contrasentido es flagrante y, como hemos visto, tiene poderosa relación con la ausencia de la capacidad de establecer juicios morales, y por ende poseer autoridad moral. Mientras creamos que decir que beber o fumar es malo lo convierte mágicamente en malo por nuestra autoridad de adultos, vamos perdidos. El problema de las drogas, legales o ilegales, no es que sean malas. Muy por el contrario, su consumo lleva a agradables estados de euforia que gustan a adolescentes y adultos, pero que no son apreciados ni aquilatados, con lo que se pierde de vista que su disfrute implica pagar un precio individual y social. El ejercicio de la adultez ciudadana en el consumo de drogas legales no es un conjunto de deberes y derechos, es más bien una constante toma de decisiones ético-morales y políticas. Los valores que aprendemos en la práctica se constituyen en guías para ello, pero no basta instilar valores, hay que crecer cognitivamente hacia el razonamiento moral.

¿La capacidad para beber y fumar legalmente se alcanza a los 18 años cumplidos? Parece que creemos que sí, y lo corroboramos solicitando el DNI cuando estamos en duda. Entiendo que las cosas necesitan definiciones operativas, y que en alguna parte debemos establecer el límite, lo que es materia de grandes discusiones según los países. En algunos la ciudadanía se alcanza a los 21 años, pero la tendencia general es a rebajar la edad de la ciudadanía. En varios países, entre ellos nuestro vecino Brasil, la ciudadanía se alcanza a los 16 años. ¿Quiere decir ello que los brasileños son más maduros que los jóvenes de 16 años peruanos o de otros países? Algunos estarían tentados a decir que sí. Pero lo único que esto en verdad demuestra es la necesidad de entender bien el problema de los valores sociales y del razonamiento moral, a fin de establecer políticas educativas al respecto, según la realidad de cada país. En nuestro país el razonamiento moral no es mucho mayor a los 16 que a los 32 o 48 años. De hecho la Educación Ética y Moral es tan complicada, que según alguna investigación – cuyo detalle me gustaría recordar en este momento - solamente una tercera parte del total de los ciudadanos alcanza un cierto nivel de razonamiento moral.

El problema de las drogas

El problema no sería pues, como nos gusta decir tan simplistamente, de valores. Sería más bien de razonamiento moral, de toma de decisiones. En el nivel educativo sería de coaching, en el real sentido del término. No veo razón alguna para tratar a jóvenes de 16 o 17 años como si fueran bebés de pecho o niños juguetones. De hecho seguimos manejando el pensamiento mágico cuando pensamos que los valores son “cosas”. Se puede educar en la Libertad y en la Responsabilidad, pero ello será efectivo en la medida no solamente qué enseñemos valores, sino además qué hacer con ellos. Punto por hoy.


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viernes, 23 de septiembre de 2011

CONTRA LOS PARADIGMAS DE LA EDUCACIÓN PERUANA




CONTRA LOS PARADIGMAS DE LA EDUCACIÓN PERUANA


“¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación.” (Alejandro Dumas)

“Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela.”
(Albert Einstein)

“Al término de mi mandato de cinco años quisiera haber hecho una gran revolución transformando la educación en el Perú” (Ollanta Humala, presidente de la república)




¿Revolución Educativa?

Parece que estamos en el contexto de una revolución Educativa y sabemos aún poco de ella. Ello puede ser una desventaja, pero también constituye una oportunidad. Se sabe que se necesita “revolucionar” la educación, es decir mover radicalmente sus paradigmas, y está en manos de las actuales autoridades educativas el qué hacer al respecto, los cómos, cuándos y dóndes. Hay bases para iniciarla, porque nunca se parte de cero, para bien o para mal, y hay ideas y situaciones que vienen dadas. La exigencia de resultados “aquí y ahora” que exhiben ciertos voceros y operadores políticos de la oposición en Educación como en muchos otros aspectos, pasa por alto y trata de disculpar frente a la ciudadanía la increíble complacencia con la que se ha tratado el tema en los últimos años, y el guante blanco reservado a los gobiernos anteriores, y negado a éste. Como no se pueden hacer las cosas antes de hacerlas, aún estamos en ese período indefinido de gobernar en que se trata de aprender a velocidad de crucero a mantener andando el aparato a la vez que se le transforma. Y este aprendizaje, como todo aprendizaje que se respete, toma tiempo.

Romper Paradigmas

Atrapados aún en la pre-modernidad educativa tendremos que saltar a la post-modernidad, o cuando menos intentarlo con solvencia. Los paradigmas educativos deletéreos suelen romperse de dos maneras: Una es parcialmente, introduciendo mayor o menor cantidad de cambios en algunos lugares, los que producen tensiones y tiranteces en un entorno de alta inercia, muchos cambios terminan eliminados si eran demasiado extraños a los paradigmas imperantes, o malamente adaptados a éstos, con lo que perdían su filo innovador. La Otra es el cambio de estructuras, intentado en nuestro país con la Reforma educativa de los 70, que siguió los avatares políticos de los cambios de gobierno, y se diluyó en parte frente a la contraofensiva conservadora, aunque dejó fuertemente instalados notables gérmenes de cambio en los que hoy nos apoyamos, como la educación inicial y la importancia de la educación productiva. Tal vez este gobierno consiga instalar nuevos gérmenes que resistan a las contrapresiones políticas, y que sobrevivan a los avatares del poder político. La lógica de la cuestión es donde se logran mayores cambios con menores esfuerzos y empleo de recursos.

Todo proceso de cambio es la resultante entre dos fuerzas: La inercia sistémica de la estructura a cambiar versus la potencia de la nueva estructura de cambio introducida. La resistencia de las estructuras establecidas pasma, retarda o relativiza los cambios, porque representa intereses, más o menos vigentes, en los que se han acomodado ciertos grupos. Por eso los cambios conllevan pisar callos y se necesita mucha audacia. Una política educativa sana ofrece alternativas al choque entre lo que es posible y lo que no lo es; así como entre lo que es moralmente necesario y la estructura legal que lo permite parcialmente o no lo permite. El liderazgo político es arriesgado, pues asume los riesgos del cambio. Y en una revolución educativa hay necesariamente cambios y riesgos.

La mejora de la Calidad de la Educación es un tema de alto riesgo, porque no es solo capacitar Docentes, crear nuevos y mejores materiales o una currícula mejor estructurada. De poco sirven los cambios si no poseen energía propia y no transforman su entorno. Su sostenibilidad se mide en cuánto consigue modificar la estructura anterior en la dirección prevista, y en cuánto consigue impermeabilizarse frente a la influencia negativa de la inercia institucional del entorno. Se ha lanzado un proceso de debate de la currícula nacional, y hay consenso alrededor de la necesidad de capacitar a los docentes, pero los diversos paradigmas que ofrecen resistencias a los procesos de cambio no verían afectada su inercia únicamente por más y mejor capacitación, materiales o currícula.

La organización escolar

Un paradigma importante se presenta en la organización escolar. Las instituciones educativas  encuadran a alumnos, docentes, autoridades y padres y madres de familia en una estructura determinada cuyo objetivo es el aprendizaje. Sus inercias estructurales se presentan en la forma de un constante conflicto entre los actores, su dinámica circula entre el relajo irresponsable y el autoritarismo jerárquico. El centro real de las actividades escolares no es el aprendizaje sino los conflictos de poder, que se resuelven por la fuerza sostenida en una cultura vertical, de obediencia sin chistar, de uniformidad de ritos y ceremonias que mal disfrazan la olla de grillos. Los docentes enfrentan a la Dirección y tratan de contener a los alumnos, los padres y madres de familia enfrentan a los docentes y la Dirección. Hay enfrentamientos y alianzas entre los actores por el control de la Institución, la matonería – bullying se inscribe en el proceso, alimentada por la cultura institucional. Resolver el problema de la autoridad y los mecanismos para alcanzar consensos entre los actores parece ser un elemento esencial para atacar este problema, reducir las pugnas internas, y hacer el espacio educativo algo menos tenso y más capaz de educar.

Los docentes

Otro paradigma se expresa en la pedagogía aplicada por los docentes que intermedian la Cultura social que pretende trasladarse a los alumnos. En la mentalidad de las gentes y de muchos líderes y operadores políticos sobrevive el viejo concepto de la Ilustración, que sobrevalora el conocimiento, la buena preparación y el orden de la clase – reflejado en el silencio, considerado como indicador de un buen desempeño docente - por sobre la capacidad de llegar a sus alumnos y motivarlos y cohesionarlos para que aprendan. La principal cualidad valorada en el docente será su capacidad para mantener el orden en el aula, lo que se consigue apelando a la verticalidad autoritaria. Mientras se siga formando y evaluando a los maestros de acuerdo con estos criterios nos mantendremos en la premodernidad, y para soltar el ancla tendremos que resolver el problema de la formación de maestros en pre y post grado, así como con una actualización y capacitación constantes y sostenidas; y con una evaluación en serio de los maestros en el contexto de una Carrera Pública sólida, que ofrezca oportunidades laborales y de desarrollo personal.

El aprendizaje

El paradigma instalado en el aprendizaje se refiere a los procesos que se emplean para lograr en el alumno el resultado esperado, es decir, el dominio de ciertos contenidos, procedimientos y actitudes considerados importantes. Nos guste o no, aún creemos que “saber” es memorizar, registrar y repetir cierta información dada, y no se evalúa en los alumnos si pueden ejecutar procedimientos motor-intelectuales, sino si han memorizado lo que el profesor les dijo en clase. Se valora al profesor que logra más memorización con menor gasto del recurso tiempo, y se relegan la comprensión y el dominio de los procedimientos intelectuales, porque el tiempo es esencial en la cadena de producción que arroja alumnos a la calle. En un entorno así no hay espacio ni para la curiosidad del alumno – que distrae y molesta – ni para la indagación intelectual y científica – que insume tiempo – ni para la producción autónoma de ideas – que ya están en el texto y en el profe – ni para construir respuestas a las preguntas que, por cierto, raramente se fomentan. Luego nos preguntamos por qué los muchachos “no entienden” la clase y en cambio se las ven muy bien con la computadora. Necesitamos implementar un cambio de paradigma en los maestros, dirigido a la formación de los alumnos en capacidades reales y útiles para ellos mismos y la sociedad.

El Centralismo

El paradigma del Centralismo es perverso por donde se le vea, porque se alimenta de arriba abajo como de abajo arriba, en un círculo vicioso de relaciones de dominación y sumisión de unos grupos respecto a otros: Del Ministerio a las Direcciones Departamentales, de éstas a las UGELES, de las UGELES a las Instituciones Educativas, de éstas a los docentes, alumnos y padres y madres de familia. Para remate el Sindicato impregna todos los sectores. El centralismo sirve básicamente para uniformizar el sistema, para mantener bien aceitadas las relaciones de poder. La Diversificación Curricular, buena en sí misma, se pasma en el control de los procesos de abajo hacia arriba que se ejerce desde los centros de autoridad. La dinámica es controlar desde arriba cada movimiento posible de todos los actores. Se ha dicho que lo único que ha logrado la Regionalización es que en vez de mirar a Lima, docentes y autoridades de las Instituciones Educativas miren a la capital de la Región con la misma actitud con que antes miraban a Lima. Años y gasto para descentralizar el centralismo. Es palmario que diversificar la currícula no basta. Se ha sostenido que una de las dificultades de la Regionalización es la ausencia o deficiencia de capacidades en las regiones, pero sin negar este hecho, se pretende que las regiones aprendan antes de aprender, que sepan antes de saber, absurdo considerando que se aprende a montar caballo  encima de él, no con una descripción acuciosa de la silla de montar. Así se ha perpetuado la transferencia de funciones a las Regiones. Quizá una de las muestras del criterio seguido, diseñado para fracasar, ha sido la malhadada y felizmente fenecida “municipalización educativa”, que para evitar entregar un poder que podía salirse del esquema centralista, transfera funciones consideradas como “papas calientes” a las instituciones con más necesidad de formación de capacidades, las municipalidades.

Colofón

¿Bastará entonces con considerar la prioridad del aprendizaje de la Comprensión Lectora, las Matemáticas y las Ciencias, y/o capacitar profesores y/o mejorar materiales y/o reestructurar la currícula? Ayudará, por supuesto, pero contra la corriente, cuando de lo que se trata es de cambiar la dirección de la corriente. No sirve meter más plata a un sistema que no funciona, a no ser haya una dinámica clara de mantener el aparato en funcionamiento mientras se le cambia hacia direcciones concretas y posibles. La gradualidad es útil cuando se sabe qué se quiere y a dónde se va, pero con garantías de sostenibilidad del nuevo modelo. Deseamos que las autoridades educativas piensen en esto, si no lo han hecho ya. Y deseamos ver resultados, pero habrá que tener paciencia. Vivir para ver.

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martes, 20 de septiembre de 2011

CONTRA LA TELEVISIÓN Y LOS FALSOS DEBATES


CONTRA LA TELEVISIÓN Y LOS FALSOS DEBATES

El objetivo principal de las televisiones comerciales es la rentabilidad económica de otro modo no tiene sentido su existencia.
 (Santos, M. y Pérez, J.; 2004: 336).o
La televisión ha hecho del entretenimiento su formato natural y, por tanto, nos presenta el mundo desde la perspectiva del espectáculo. Es una idea típicamente comercial emanada de una cultura televisiva ligada íntimamente al anuncio, que lógicamente no puede ser aburrido. 
(Piedrahita, 1995: 86).

Introducción

El sábado 17 de septiembre de 2011, el diario La República publicó uno de sus excelentes Dossiers referidos a temas de actualidad. No necesitan mi propaganda pero igual se las doy. Un grupo de profesionales y personajes vinculados en este caso al tema “Niños y Televisión – El monstruo en la pantalla” debatieron y conversaron con solvencia sobre varios aspectos, guiados por un moderador que orientó el tema. El planteamiento inicial del Dossier fue “analizar la influencia – formadora o deformadora – de la llamada caja boba en nuestros niños y los alcances del horario de protección al menor”. Considerando lo ausente que está la crítica fundada de la gran mayoría de la prensa, no podemos sino felicitar a “La República”, lo que consideramos excelente pues permite el debate ciudadano. Debo decir que me he divertido mucho al enterarme que existe un horario de protección del menor.

Últimamente he estado viendo un poco más de televisión nacional. No porque sea mejor, sino más bien para enterarme si es que ha cambiado algo. Parece que no. Según se ve sigue manteniendo exactamente los mismos formatos, estándares y taras que arrastra hace mucho tiempo, sin que al parecer la crítica consiga atravesar esa piel de elefante. La relación de los niños con la Televisión resulta de vital importancia para la Sociedad. El Dossier es, en este sentido, muy esclarecedor, avancemos desde allí.

El Dossier muestra la palmaria superficialidad y grandes desencuentros que hay entre los que se supone conocen el tema, con las debidas excepciones. Muchos argumentos planteados por los sesudos y capaces participantes dan vueltas y más vueltas sobre sí mismos, sin aparentemente poder resolverse jamás. Los lectores quedan, como con muchos temas en el Perú, enredados en una trompeadera de pulpos conceptual para terminar en la misma calle, con la sensación de que el problema termina por ser tan estructural que parece un nudo gordiano de esos que ni Alejandro Magno podría cortar a machetazo limpio. Así se instala la sensación de que el monstruo es tan enorme que nada se puede hacer con él, que el problema es irresoluble y continuará eternamente, hágase lo que se haga. Creemos que esto en parte se debe a los falsos debates que pueblan este tema y lo llenan de neblina.

Falsos Debates

Un falso debate es aquel en que los términos o posiciones en disputa no corresponden a la realidad objetiva, o no son conceptualmente opuestos. En los falsos debates abundan los traslapes temáticos y los momentos en que ambas partes discuten sobre cosas diferentes, muchas veces sin saberlo. Creo que era Voltaire quien señalaba que antes de entrar en una discusión hay que ponerse de acuerdo sobre lo que se trata y definir los términos. Con este y otros truquitos los falsos debates se pueden resolver con cierta facilidad. Pero demasiadas veces resulta que no es así, lo que deja la impresión de una voluntad generalizada de dejar las cosas como están. Pero no trato de acusar a nadie, digamos simplemente que el tema es peliagudo y está atravesado por intereses económicos y políticos. Mucha plata y poder corren en esto. Por supuesto, estamos hablando de la llamada Televisión Abierta, que vive de la publicidad y que se opone a la Televisión por Cable.

Un falso debate: La televisión abierta y el cable

Se pone invariablemente en el mismo saco a una y la otra. Naturalmente son muy distintas en lo que importa, la fuente de sus ingresos. Mientras la televisión abierta vive de la venta del espacio de audiencia capturado, los suscriptores de cable pagan una cantidad mensual por ver determinados canales que poseen carácter temático, lo que permite un ejercicio de la libertad de elección muchísimo mayor. Para decirlo de un queco: Si no quiero ver basura, cambio de canal, porque hay una amplísima oferta de canales de películas, culturales, de noticias, de deportes, de series, infantiles, etc. Se ve que la libertad cuesta plata, pero eso no es motivo para que la TV de señal abierta tenga necesariamente que emitir basura. Pase que no haya una perfecta igualdad de oportunidades, pues que el Cable tiene un costo, pero es realmente insidioso que se sirva basura en todos los canales a la misma hora. Un ejemplo, que retomaré después, es el de las noticias nacionales, que están tan sesgadas que si uno quiere enterarse de qué pasó en el Perú mejor se va al noticiero de López Doriga, mexicano. Por otra parte el favorable impacto del cable en la Educación masiva es muy notable y ha merecido sesudos estudios, y por eso señalar con tanta soltura de huesos que “no se sabe” si hay impacto educativo en los programas de TV es simplemente ridículo.

Un falso debate: ¿La Televisión tiene por fin entretener o educar?

Jamás entenderé por qué hay cosas que se plantean como alternativas de tercio excluido, cuando no hay por qué hacerlo. ¿Quién dice que no se puede entretener educando? O para el caso educar entreteniendo. Y más aún, no entiendo de dónde viene esa barbaridad de que el aprendizaje tiene que ser farragoso, pesado y aburrido, que es el concepto atrasado y tosco que está atrás de esta cuestión y que no es más que pura creencia ideológica y sin sentido. El problema de fondo no es la finalidad de la Televisión, porque eso está claro. La finalidad de la TV es tener bajos costos y altas utilidades, y es así porque la Televisión en el Perú es un negocio. Punto. Como negocio, su lógica es ganar plata. Punto. Como negocio, necesita estar sometida desde todo punto de vista a los avatares de la mano invisible del mercado, y para que esto sea posible, se necesita de la máxima libertad en los contenidos. Punto. Y la Libertad de Expresión, por ende, sirve para proteger la emisión de dichos contenidos orientados a ganar plata. Y otro punto más, aunque aburra.

Si creemos que la educación está contrapuesta al entretenimiento, pues entonces no se tiene claro ni qué es educación ni qué es entretenimiento. Así pues, qué vamos a meter educación en la tele, si creemos que eso es pasar clases tradicionales en aula por la pantalla chica, que así fue en las épocas de la Televisión “Educativa”. Además, el concepto “Cultura” en la tele está reducido al género documental, un cierto tipo de programas que, ya sabemos, son imágenes narradas en forma lenta, pesada, aburrida y destinada a rellenar la programación de la madrugada.

Otro falso debate: La trampa del rating

El rating se vincula al tema, y conlleva un entrampe. Si proporcionas “Educación” o “Cultura” en la pantalla tu audiencia se viene al piso, en especial si los demás continúan pasando las mismas monsergas que hace ya tres generaciones se vienen endilgando a la gente. Y si tu audiencia se viene al piso, entonces no emitirás ni “educación” ni “cultura”, porque no podrás vender audiencia. Este falaz razonamiento se viene al piso si consideramos que hay canales de Cable que no solamente se especializan en la “cultura”, sino que inclusive se segmentan: El grupo Discovery Channel tiene canales dedicados a historia, ciencias duras, tecnología y otros. La diferencia es que el formato empresarial es diferente y obedece a las leyes de los países que los domicilian, al revés de acá, donde es el Estado el que obedece a las empresas que controlan la Televisión.

El rating es cosa simple, es el número de hogares o aparatos de televisión conectados en un determinado momento a un determinado programa, mostrado como porcentaje del total de la población que ve TV a esa hora, sean cien personas o cien millones. Naturalmente se mide empleando un muestreo, que es manejado en nuestro país por una sola empresa: IBOPE. Al margen de la posible manipulación del rating, que puede o no producirse, hay un hecho que es incontrovertible: La gente trabaja o estudia o duerme la mayor parte del día. Eso quiere decir que los programas más vistos son los del horario nocturno, entre las 7 y las 11 de la noche. ¿Quieres rating? No te hagas problema, pon tu programa a esas horas, de qué trate tendrá relativamente poco que ver. Si no lo crees, prueba a pasar Al fondo hay sitio a las 3 de la mañana. Curiosamente es dicho programa el más visto por los niños, no los programas "infantiles". Al Fondo hay Sitio es una comedia costumbrista a la que no se le puede negar ciertos aciertos, como tampoco algunas metidas de pata. Pero no es un programa para niños, eso es evidente.

Los programas más vistos lo son por su ubicación en el llamado horario estelar, no porque sean mejores o peores. Vale decir, el rating es relativo a los horarios. La segmentación en grupos predeterminados – amas de casa, público infantil, etc. – ha producido una tipología de programas que se supone producen sintonía en dicho segmento: Telenovelas, programas infantiles, concursos, etc. La importancia de dichos programas se rige por sus costos – ingresos, y no representan sino una cosa: Potenciales Utilidades. Vender espacio de TV para tandas comerciales depende de lo que el mercado esté dispuesto a ver, y eso significa segmentación y contenidos. Se adecúan contenidos a la audiencia esperada, se captura a dicha audiencia y se vende el espacio intermedio para publicidad. La lógica de los costos mínimos nos lleva así a una posición típica: Esto es lo que le gusta a la gente, lo que implica un círculo vicioso de doble efecto: Por aquí la integración de las personas a esquemas específicos y escalados de contenidos de programas: Típicos programas infantiles, Telenovelas, Noticiarios, etc.; y por allá la adaptación de dichos contenidos a las características del marketing para cada segmento. Un círculo vicioso muy difícil de quebrar.

Un paréntesis

(No tengo nada contra el marketing, la segmentación o las utilidades. Pero el espectro electromagnético no es propiedad de las empresas televisivas. Se entiende que la televisión sea un potente medio de publicidad para las empresas, y que deseen emplearlo, como que haya una guerra entre las empresas televisivas para captar cuentas importantes, capturan audiencia para ello. Eso en sí no tiene nada de negativo, a no ser que se empleen medios claramente nocivos para la sociedad).

Otro Falso Debate: ¿Cómo son los niños?

Sería muy bacán que los productores de programas de televisión tuvieran asignados psicólogos infantiles. De hecho no los deben tener, excepto posiblemente para los programas tildados de infantiles. La verdad es que parece que el juicio más profundo al respecto aparecido en el Dossier fue: el niño de hoy nos supera. En primer lugar, que no hablen por todos, que no tienen derecho a pasarnos su desconcierto. En segundo lugar, tengo entendido que hay montones de especialistas en niños, y me resulta muy complicado creer que no sepan nada que los productores de programas no puedan utilizar. Basta con hojear algunos textos o artículos de Internet para encontrar cosas muy sensatas sobre los niños y el efecto de la TV sobre ellos. 

Pero el tal desconcierto se evapora cuando se trata de dos hechos: La decisión de compra y la capacidad de gasto que poseen ciertos segmentos de niños y adolescentes, porque eso sí lo conocen a la perfección. Curiosamente fue un tema que no se tocó sino lateralmente en el Dossier. Y esos son los únicos criterios que los Gerentes de Programación atienden a la hora de determinar si los contenidos de un programa determinado son o no adecuados a los niños. Las frasecitas hechas sobre lo distintos que son los niños de hoy de los de antes están bien para la sobremesa de los abuelitos, no para una discusión de dizque especialistas. Alegar ignorancia no exime de responsabilidad.

Sería para reír si no fuera por las ridiculeces en que se cae. Un programa de dibujos animados como South Park se transmite en USA fuera del horario infantil porque es un programa dirigido a público adulto. Pero acá se puso en horario infantil  … porque era dibujos animados.  

Otro falso debate: ¿Cómo son los peruanos?

Los estereotipos alrededor de los peruanos se muestran en toda su extensión en los mal llamados programas cómicos así como en la publicidad. Los modelos y paradigmas de belleza son bastante invariables, lo que parece deberse a una suerte de temor a la innovación por parte de los creativos publicitarios, que no parece sino que desean transitar por caminos ya trajinados y por ello más baratos. Los programas llamados cómicos se transmiten todos en horario estelar, y dentro del ridiculísimo horario de protección al menor se hace apología del racismo y celebración de estereotipos negativos referidos a grupos étnicos o de preferencia sexual. La comedia ha sido degradada y desaparecido de nuestras pantallas, sustituida por una suerte de copia mal hecha del vodevil de otras latitudes, basado en el facilismo del gag de porrazos. Creemos que contenidos de esta especie no son deseables para nuestros niños.

La imagen que los peruanos construyen de sí mismos diariamente es golpeada por esta suerte de alegada ignorancia sobre los peruanos. No parece sino que estuvieran destinados a dividirnos y enfrentarnos. Pensemos en los noticieros: Entre el 60 y el 75 % de sus contenidos están basados en la mostración de cadáveres, crímenes y criminales. Fuera de la intención política de hacer creer que la cosa es peor de lo que es, de muy evidentes e inquietantes connotaciones políticas, se estereotipa a los peruanos como delincuentes. Los que ven estos noticieros a diario ven temprano en la mañana, en la tarde y noche (al diablo la protección de menores) que hay una suerte de cerco que la delincuencia establece contra la ciudadanía. Nadie dice que la seguridad ciudadana no es importante, pero lo cierto es que de lo que se trata no es informar, sino de producir la sensación de indefensión en la ciudadanía ante la delincuencia común, destinada a cubrir la delincuencia de cuello blanco y la corrupción, y favorecer opciones políticas autoritarias.o

Otro falso debate: Los desnudos en televisión

El cuerpo humano es hermoso, y sin duda eso se puede constatar en el arte de todas las épocas. Además el sexo es una función fundamental y totalmente inherente a la persona humana. El acto sexual en sí mismo posee elementos de agresividad que al ser mostrados con exceso de evidencia o exageración impactan negativamente en niños y adolescentes. Además conviene no olvidar que el sexo se usa para las ventas, hasta un monje trapense se volteará si ve los pechos desnudos de una mujer. Se califica de controversial un desnudo mostrado en televisión en el contexto de una trama novelesca centrada en las relaciones sexuales entre el Virrey Amat y la famosa Perricholi. Lo cuestionable no es el cuerpo desnudo, es lo que haces con él. Una violación es una violación aunque te vistas como esquimal, y lo sigue siendo por más elíptico que seas. El uso de la sexualidad femenina o masculina es común en la promoción de productos y servicios. Asimismo, en todas las esquinas de la ciudad se encuentran desnudos en foto y dibujo. Los broadcasters necesitan proteger una fuente importante de ingresos, pues cuando se les acaba la creatividad a los marqueteros de chelas, meten chicas en paños menores, y mejor mientras más menores las chicas y los paños, pues es un medio barato y efectivo para que la marca impacte. Se puede ser pornográfico sin quitarse la ropa, y de hecho se juega con la represión de las gentes, y se obtiene audiencia fácil.

Se escandalizan los conservadores de los bellos pechos desnudos de la actriz que representa a La Perricholi, pero a diario se muestran cadáveres destrozados en los avances de los noticieros dentro del risible horario de “protección al menor” – como se dice en el Dossier, los cuadraditos empleados "para cubrir" son simplemente ridículos – y se manipulan las declaraciones para fabricar noticia. Lo que queda claro es que si manifiestan "quedar superados" por cómo son los niños y los peruanos dada la deformidad profesional, menos aún tendrán capacidad para diferenciar erotismo de pornografía. La conclusión es que ya es hora que se deje atrás la artesanía que ha primado hasta ahora y se ingrese a una etapa diferente.

Conclusión precaria

Se ha dicho claramente, y este es un mérito de la publicación reseñada, que la Televisión definitivamente forma el carácter de una sociedad. Nadie de los presentes se opuso a esta afirmación, y el que calla otorga. Hubo además la afirmación concreta de que la Oferta televisiva abierta es muy mala. Tampoco hubo oposición. El llamado horario de protección es una falacia a no ser que se aclare de una vez por todas qué es lo que la sociedad quiere. Y es de esto de lo que al final se trata, de saber qué es lo que la sociedad quiere. 

La autorregulación es un fracaso. Necesitamos maneras de hacer intervenir a los actores sociales en la Televisión, salvaguardando la formación de los niños y jóvenes, la Libertad de Expresión y la propiedad pública del espectro electromagnético.