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martes, 28 de octubre de 2014

CRÓNICAS DE LECTURAS 95 - LITERATURA INFANTIL (V) - OTROS CLÁSICOS


CRÓNICAS DE LECTURAS – 95
Literatura Infantil (V) – Otros Clásicos

I

Los Niños y la Verdad de las Cosas

Escribir para niños redobla en el escritor la obligación de poseer temperamento poético. La literatura para niños y adolescentes es profundamente metafórica y connotativa, y si pensamos en ciertos autores de exquisita sensibilidad como José Martí, Antoine de Saint Exupéry y Oscar Wilde la tendremos clara, aun considerando que Wilde no escribía propiamente para niños. La literatura en general y la poesía en particular siempre presentan alguna dificultad, y por ello la literatura infantil no es una preparación ni un sucedáneo de la literatura “en serio”, sino literatura de por sí, doblemente exigente y compleja; no divulgación literaria ni aprestamiento para La Insoportable Levedad del Ser o Ulises. La Literatura Infantil, dicen, re-significa el lenguaje para que alcance categoría estética en el leer de niños y niñas. Es decir, ni traduce ni divulga ni replantea ni hace calentamiento ni adapta ni promociona ni apresta ni entrena ni “enseña” en el peor sentido escolar del término. Quien así lo piense se equivoca, y ya. La Literatura es producción estética de primera mano, original en su contenido. Pero dado que se dirige a un mercado cautivo, los escritores de LIJ tratan desesperadamente de llegar a la fórmula para que chicas y chicos lean, y se complican. Si quieres escribir para niños, pues hazlo. Si crees que necesitas estudiarlo en la universidad, hazlo, aunque yo me concentraría en algo para ganar plata, porque vocación y hambre, a pesar de lo idealizado, no se llevan, cómo decirlo, del todo bien. Se puede estudiar al target de mercado, pero detesto lo prescriptivo donde no es pertinente, aunque hay donde sí parece que lo es: A los chicos les encanta que las palabras suenen, de ahí su facilidad para aprender poemas, ellos aprenden a leer para poder hablar más rico, y les encanta la Acción y proyectarse dentro de lo que leen.

Los niños y niñas aprenden en el hogar y su entorno cómo comportarse en la sociedad, pero también en segunda instancia de lo que leen. La ventaja de la fantasía infantil es que ellos se las creen todas, y por eso piensan mejor que nosotros en muchas cosas. Por suerte tampoco atracan con todas las deformidades estúpidas de nuestra sociedad, porque en su lógica blindada – que los grandes autores sienten, conocen y siguen – ellos saben mejor no cómo son las cosas, sino cómo deberían ser. Claro que de repente soy idealista y utópico, algunos no se cansan de decírmelo, a veces con buena intención, pero a cierta edad se trata de encontrar en los que vienen las esperanzas que se quedaron en el camino, así que si esto es wishful thinking, por favor no se me vayan a la yugular de frente sin ejercer antes un poco de misericordia. Vamos de vuelta entonces a la LIJ, al desarrollo de la creatividad, la imaginación y la fantasía, bases para la innovación, aunque también tengan valor por sí mismas: Ay del que trate de arrebatar eso a los niños, si es que yo ando cerca. Los niños son valiosos no por la promesa de lo que serán, ni porque estén en el proceso de ser seres humanos, ni porque estén inacabados o “en formación”. Los niños son seres humanos en su forma más pequeña, brillante y hermosa, fines en sí mismos desde que arribaron a la humanidad. Jesús de Nazaret, que posiblemente fue el que mejor lo entendía, dice que al Reino de los Cielos sólo llegan los que son como niños, que en el Amor es donde al final nos entendemos y llegamos a ser humanos; y guarda sus peores amenazas para los que se atrevan a irrumpir en la inocencia, ni siquiera se atreve a decir lo que les reserva a esos malditos, apela a un circunloquio: más les valdría que les ataran al cuello una rueda de molino y los arrojaran al mar. Porque la humanidad no es abstracta, sino real, y la verdad conecta las palabras con las realidades, por ello decirla es tan importante.

Cuando decimos la “Verdad” con el añadido de puesta en los términos que (los niños) puedan entender la cosa se relativiza, pues hay quienes creen que hay que decir la verdad, pero no toda, o que hay que endulzarla. Yo creo que no hay nada de qué proteger a los niños, otra cosa es que los adultos los usen de pretexto para protegerse ellos mismos de sus inconsistencias, algo tan cobarde como estúpido. Me viene a la mente al respecto dos libros de Laura Ingalls sobre lo mismo pero uno “para niños” y otro “para adultos”: La vida de frontera en los Estados Unidos del último tercio del siglo XIX, región de reserva moral y retirada emocional para muchos americanos del norte, que se creyeron en la década de los ´30 las historias de The Little House of the Prairie (La Casita de la Pradera, o La Familia Ingalls en TV con Michael Landon y Melissa Gilbert). Que Laura era consciente de la distancia entre lo pintado y lo real la impulsó a tratar de publicar Pioneer Girl. The annotated Autobiography. Pero no la dejaron, el sueño americano se vendía mejor. Lo interesante es que The Pioneer Girl recién se editará este año 2014, lo que hace que uno se pregunte por qué demoró tanto: Es triste saber que ese paraíso de los valores familiares jamás existió, no puedo culpar a la gente por temblar ante un Michael Landon bebiendo del pico de su Jack Daniels mientras gritonea y les sacude el polvo a su mujer y sus hijas. Lo bueno es que los niños son adaptables, el error es nuestro cuando no los exponemos a la vida. En inglés se llama spoiled (arruinado) al chico al que se protege demasiado, pero entiendo que muchos prefieran la fantasía, pues la vida no es sólo realidad, sino el deseo de acercarla lo más posible a lo que debería ser, equilibrar la verdad y la poesía, algo no imposible. Algunos autores captan eso y escriben para esos seres humanos, esos locos bajitos, en el idioma del Amor que ellos entienden, en el barrio duro y difícil que nos hizo crecer a patadas pero donde nunca se acaba el amor, como dice el grande Robin Wood. Acá algunos de ellos:


II

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry (1900 – 1944)


Tengo la sensación que todos aquí – el autor de esta Crónica y sus lectores - estamos bien enterados que sólo se ve bien con el corazón, y que lo esencial es invisible a los ojos. El famoso diálogo entre el Zorro y el Principito ha calado profundo en la cultura popular, y es que pocos libros se han escrito tan económicos en su expresión, tan concisos en su trama, su extensión y su vocabulario, con tanto equilibrio entre el lenguaje de las imágenes (Todas acuarelas del propio Saint –Exupéry) y el de las palabras, a favor de las primeras. La sensata mesura adulta está bien empaquetada dentro de la gran metáfora de cómo se siente la vida anterior a lo duro que es crecer, no pareciera que Antoine de Saint-Exupéry, piloto de caza y asesino profesional, pudiera recuperar lo que se le quedó en medio de lo espantoso de una realidad que no deja resquicios. Y así, como hacen los niños, se adaptó a las circunstancias. Tal vez eso lo salvó a él y a nosotros. El sub-texto de la historia es simple y puede ser entendida hasta por un adulto: Un piloto aterriza de emergencia en medio del desierto, y en el proceso de reparar la avería de su aeroplano, desvaría por la sed y el calor y ve visiones. Como justo antes su imaginación lo llevó a la infancia y a ciertos dibujos que reproduce en el libro, ahí se le aparece un pequeño príncipe de otro planeta, que conoce el sentido verdadero de los dibujos que el autor lleva consigo, en particular el de la Boa que digiere un elefante, ese que todos los adultos (aún hoy) confunden con un sombrero. Mientras el piloto se concentra en el motor del avión el principito cuenta su historia, que no repetiré exactamente porque casi todos la conocen, y porque si eres uno de los raros especímenes que completan el “casi”, pues ya es hora que lo leas y te salgas de ese “casi”. Diremos simplemente que entre corderos, asteroides, baobabs, rosas que amenazan con sus cuatro feroces espinas, zorros y víboras, han pasado ocho días y la provisión de agua del piloto se ha agotado, pero encuentran un pozo y se intuye que ambos personajes han formado lazos, pero el principito añora sus pequeños paisajes y su flor, y se despide súbitamente. El piloto no quisiera dejarle ir, pero al final y como todas las cosas, igual se va.   

Todos sentimos la misma y vaga tristeza cuando el Principito decide marcharse por la vía de la mordedura de una serpiente venenosa. Pocas metáforas siento ser tan adecuadas como la mordedura de una serpiente para describir la pérdida de la inocencia y el tránsito a la adultez. Posiblemente El Principito sea un libro para niños, pero si es así es para los niños que están ahí dentro lamentando haber tenido que crecer. Y en el requerimiento final del autor por información y en el paisaje desértico donde halló al Principito hay una católica reminiscencia de Jesús de Nazaret: Si no son como niños no entrarán al Reino de los Cielos. Entre los planos que es posible encontrarle a la lectura de este libro cuando se le involucra un poco de corazón está que el Aviador no narra lo que le está pasando, sino lo que le pasó cuando estuvo en el Desierto, en una de esas visiones que, como la de Jacob luchando con el Ángel, le impulsa a crecer pero a costa de alejarse cojeando y herido, porque es imposible crecer y evolucionar sin pagar el precio de entender algo del sentido de estar vivo. A veces el sentido de la vida sólo se encuentra en la muerte, y no me sorprende que El Principito se publicara en plena Segunda Guerra Mundial (abril de 1943), ni que resultara entonces un best-seller. Y es curioso aunque comprensible que siendo un libro para niños su final no sea feliz, y culmine con una muerte que es a la vez un viaje, y un viaje final – el del aviador – que fue hacia la muerte, como resultó ocurrir al año siguiente de la publicación. Probablemente el contexto de la época haya favorecido las ventas en el mundo de habla inglesa, porque en francés la Editorial Gallimard recién lo podrá publicar en 1946, tras la liberación de Francia. Luego se le traduce a más de doscientos cincuenta lenguas y dialectos, incluso al Braille, pero definitivamente lo importante es que en cada edición se reproducen con exactitud las acuarelas del autor, y ese lenguaje terminará por ser el importante. Recién en 1951 Emecé Editores lo vuelca al castellano. A continuación un enlace para que leas El Principito: http://www.agirregabiria.net/g/sylvainaitor/principito.pdf

III

El Príncipe Feliz y otros cuentos, de Oscar Wilde (1854 – 1900)


El hecho de ser un desaprensivo y practicar superlativamente la ironía y en ocasiones el sarcasmo no le quitaba a Oscar Wilde el poder hacer profundas reflexiones, y a la vez ejercer una sensitiva inocencia que lo aproximaba al mundo infantil, mundo al que, sin embargo, nunca entró de lleno. Al leer a Oscar Wilde se percata uno que no se dirige sólo a los niños, pero que en muchos de sus cuentos se desenvuelve una exquisita sensibilidad que trata de encontrar pares en lo emocional. Puede que la percepción de este hecho por el gran público de las épocas victoriana y eduardiana hiciera de estas exquisitas obras momentáneos best sellers, que se leen por estar bien escritos y ser importante su autor, pero que se trata de no tocar después, no vayan a ser contagiosos. O peor aún, no vayan a mostrar a las relaciones que se leen cuentos e historias de Wilde pasada su inmediata publicación, eso podía resultar en la confesión de la admiración por un autor que como persona era improper. Así, se le consideraba grande y talentoso autor, pero de moral dudosa, con lo que cualquier asociación más o menos larga con su obra trasladaría la sospecha de inmoralidad al lector consuetudinario. Esto no es raro, en realidad, y se ve hoy como ayer, y por diversos motivos. Por ello parece que la lectura de obras como El retrato de Dorian Gray y La Importancia de llamarse Ernesto debidamente expurgadas por editores y traductores como que se reservaran para la época entre la pubertad y la adolescencia de nuestros hipócritamente liberales días. En fin, que la lucidez de Wilde no ayudaba tampoco a ser aceptado en una sociedad como la británica de fines del siglo XIX, como se puede distinguir en Una mujer sin importancia y en El fantasma de Canterville, obras interesantísimas que demuestran que Wilde no era para nada ajeno a los problemas sociales de la época, si bien para él la respuesta social parecía estar en una suerte de anarquismo democrático y liberal del que los Estados Unidos de su época parecían ser muestra.

Los cuentos de Oscar Wilde que se podrían denominar “infantiles” se suelen encontrar en las antologías de cuentos para niños, pero originalmente estuvieron en el contexto de publicaciones dirigidas a público adulto, los cuentos para niños no fueron la norma de la producción wildeana, porque las llamadas entonces Historias de Hadas (muy semejantes a los eventyr escandinavos contemporáneos) eran también de consumo adulto de los británicos y lo fueron hasta bien entrado el siglo XX, y es de lo más fácil confundir dichas historias con cuentos para niños. En 1888 se publica El Príncipe Feliz y Otros Cuentos, en la que el cuento que da nombre a todo el libro es una parábola del Amor y del sacrificio, de gran ternura en el contraste entre los sacrificios del príncipe y la golondrina, en las joyas de las que uno se va desprendiendo para que la otra las lleve donde son necesarias, y en el cómo los que reciben o contemplan desde fuera el despliegue de tales dones ni los comprenden ni los calibran. Del mismo estilo es El ruiseñor y la rosa, que parece un cuento que llama más a la sensibilidad romántica de púberes y adolescentes, en el rudo contraste entre el idealismo juvenil y la pétrea realidad. Posiblemente El Gigante Egoísta sea el más popular, lo que podríamos atribuir a la reunión de la humana sensibilidad con la fuerza física, y de ambos con la fe en el Jesús niño. Creo posible que el principal rasgo de Wilde como autor sea el de no tratar de ser otra persona que él mismo, y ello, que le costó muchísimo en términos humanos, sin embargo le permitió alcanzar una forma de inmortalidad: la de derrotar una y otra vez la prueba del tiempo. En sus cuentos como en sus novelas y obras teatrales, se distingue algo de universal y permanente en las preocupaciones de avanzada que mostraba. Sentimental, eso sí, hasta la pared del frente, rezuma un romanticismo de observador apostado en la célebre torre de marfil, enmarcado en una expresión literaria que recuerda muchísimo a la de otro importante escritor de la misma época, Hans Christian Andersen, en particular en el cuento El famoso cohete, que podría haber sido firmado por el danés. Para conocerlo, algunos enlaces: http://es.wikisource.org/wiki/El_pr%C3%ADncipe_feliz, http://es.wikisource.org/wiki/El_gigante_ego%C3%ADsta, http://es.wikisource.org/wiki/El_ruise%C3%B1or_y_la_rosa, http://es.wikisource.org/wiki/El_famoso_cohete.

IV

La Edad de Oro, de José Martí (1853 – 1895)


La sensibilidad latina y decimonónica de José Julián Martí Pérez se aunaba con una sólida formación clásica en los autores latinos y griegos. Pero esto es el forro, que no significa nada a no ser que contenga sensibilidad hacia el mundo infantil. Comparte Martí con Saint-Exupéry y Wilde el no impostarse al hablar con los niños, aunque sí modera la expresión al modo que hacemos los padres cuando tratamos que nuestros hijos nos entiendan, y tiene expectativas en esos niños y niñas, y emplea un lenguaje literario ampuloso, y padece de prejuicios como todo el mundo. Pero José Martí no se reduce al balbuceo como algunos hacen cuando tratan con niños, ni los trata como pequeños retrasados mentales. Al niño y a la niña les exige en lo racional y les exige en lo emocional como los seres humanos que son, y por ende les dice la verdad a cada paso, y no para formarlos o prepararlos sino porque es su derecho, faltaba más: Los niños han leído mucho el número pasado (…) y son graciosas las cartas que mandan, preguntando si es verdad todo lo que dice el artículo (…). Por supuesto que es verdad. A los niños no se les ha de decir más que la verdad. Claro que José Martí habla y lee desde ese petulante siglo XIX que todo lo sabía, y hoy que somos autosuficientes en nuestros métodos e ideas, no obsoletos como ese tal Martí creemos que lo hemos superado. Pero yo prefiero mil veces a José Martí que al inventor del iPad, porque José amaba a los niños y se le notaba, y si a un maestro no se le nota eso, pues mejor que se dedique a hacer ladrillos o inventar iPads, porque el maestro no ejecuta técnicas sino hace Trabajos de Amor, como erigir Catedrales a mano limpia o abrir Carreteras a punta de pala y zapapico, donde lo que menos cuenta es el plano. Léanlo en acción: Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Ideas retrasadas claro, pero qué hermosas suenan en un hombre bueno.

La Edad de Oro fue una publicación periódica dedicada a los niños de América, editada en Nueva York en castellano y repleta de historias, poemas, adaptaciones literarias y crónicas, sí, crónicas como estas que trato de escribir, pues a Martí se le salía el maestro primario como a uno se le sale del corazón la ternura. El guerrero presidente de la república en armas que echa por tierra al tirano, con los niños se desata el sable y emplea sus horas mejores en escribir para ellos. Y le traicionan sus largos períodos y su formación periodística, se nota que se pule y que se pule a conciencia, porque el Maestro cuando prepara su clase sabe que es un Acto de Amor. Y no teme el Prócer educar en la política a los niños, porque sabe qué se debe enseñar, y no teme decir que la Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. En América no se podía ser honrado, ni pensar, ni hablar. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que le pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. No sé ustedes, yo miro alrededor la ruina moral en que se han convertido nuestras sociedades (los Pinos Nuevos) que José Martí amó tanto, y me da vergüenza tener que copiar La Edad de Oro como si fuera novedad. Qué falta nos hacen un Martí y un Bolívar y un San Martín, pequeñitos nomás, en estos tiempos degenerados. Pero entretanto, La Edad de Oro, aquí: http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/M/Marti,%20Jose%20-%20Edad%20de%20oro,%20La.pdf. Y la obra de José Martí: http://librosgratis.liblit.com/?subdir=M%2FMart%ED%2C%20Jos%E9%20(1853-1895)&sortby=date

V

Colofón



El Amor es una forma de humanidad, aunque se le presente con frecuencia deforme y sobrevalorado. Pero cuando es ternura nos devuelve algo de vida y entonces poco importa si somos pilotos de guerra, presidentes de la república en armas o presidiarios, porque seguimos siendo humanos. Termino esta Crónica con José Martí: lo que ha de hacer el poeta (…) es aconsejar a los hombres que se quieran bien, y pintar todo lo hermoso del mundo de manera que se vea en los versos como si estuviera pintado con colores, y castigar con la poesía, como con un látigo, a los que quieran quitar a los hombres su libertad, o roben con leyes pícaras el dinero de los pueblos, o quieran que los hombres de su país les obedezcan como ovejas y les laman la mano como perros. Los versos no se han de hacer para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útil al mundo, enseñándole que la naturaleza es hermosa, que la vida es un deber, que la muerte no es fea, que nadie debe estar triste ni acobardarse mientras haya libros en las librerías, y luz en el cielo, y amigos, y madres. El que tenga corazón, que lea, porque aún hay esperanza.  

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martes, 12 de agosto de 2014

DERECHO DEL NIÑO A ESCUCHAR CUENTOS: DECÁLOGO


DECÁLOGO DEL DERECHO DE LOS NIÑOS
A ESCUCHAR CUENTOS

Hace algunos años lo encontré y por supuesto se lo leí a mi hija, porque ella tiene derecho a saber que tiene Derechos, y que entre esos Derechos está el acceso a la Belleza y a la Sabiduría  Desde entonces, y lo digo con íntima satisfacción, no me deja en paz con eso. Acá el Decálogo:

I.  Todo niño, sin distinción de raza, idioma o religión, tiene derecho a escuchar los más hermosos cuentos de la tradición oral de los pueblos, especialmente aquellos que estimulen su imaginación y su capacidad crítica. 

II. Todo niño tiene derecho a exigir que sus padres le cuenten cuentos a cualquier hora del día. 

III. Todo niño que por una u otra razón no tenga a nadie que le cuente cuentos, tiene absoluto derecho a pedir al adulto de su preferencia que se los cuente, siempre y cuando este demuestre que lo hace con amor y ternura, que es como se cuentan los cuentos.

IV. Todo niño tiene derecho a escuchar cuentos sentado en las rodillas de sus abuelos. Aquellos que tengan vivos a sus cuatro abuelos podrán cederlos a otros niños que por diversas razones no tengan abuelos que les cuenten cuentos. Del mismo modo, aquellos abuelos que carezcan de nietos están en libertad de acudir a escuelas, parques y otros lugares de concentración infantil donde podrán contar cuantos cuentos quieran.

V. Todo niño está en el derecho de saber quiénes son los principales autores de cuentos. Las personas adultas están en la obligación de poner sus historias al alcance de los niños.

VI. Todo niño goza a plenitud del derecho de conocer las fábulas, los mitos y leyendas de la tradición oral de su país.

VII. El niño también tiene derecho a inventar y contar sus propios cuentos, así como a modificar los ya existentes, creando su propia versión. 

VIII. El niño tiene derecho a exigir cuentos nuevos. Los adultos están en la obligación de nutrirse permanentemente de nuevos e imaginativos relatos, propios o no, con o sin reyes, largos o cortos. Lo único obligatorio es que estos sean hermosos e interesantes.

IX. El niño siempre tiene derecho a pedir otro cuento y a pedir que le cuenten un millón de veces el mismo cuento.

X. Todo niño tiene derecho a crecer acompañado de Alicia y el lobo, los músicos de Bremen y el pirata Garrapata, Caperucita y Mini, y del inmortal "Había una vez...", palabras mágicas que abren las puertas de la imaginación en la ruta hacia los sueños más hermosos de la niñez.
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jueves, 23 de mayo de 2013

UN AGUJERO EN LA PARED, UNA NUBE EN EL CIELO

UN AGUJERO EN LA PARED, UNA NUBE EN EL CIELO

Sugata Mitra debe ser el enemigo público número Uno y la bète noire de toda organización educativa, incluyendo asociaciones de colegios privados, sindicatos, ministerios y otras oficinas burocráticas. Y de las Otras. 

La Revolución de Sugata Mitra es sencilla: Dejen a los Niños en Paz. Claro, no es tan exacto, pero si quieren saber más traten de ver este Video TED:

http://www.ted.com/talks/sugata_mitra_build_a_school_in_the_cloud.html

Tras verlo tratemos de respondernos estas preguntas:

¿Si dejamos que el proceso educativo se autoorganice, el aprendizaje surge espontáneamente?
¿Es dicho aprendizaje adecuado a lo que realmente es necesario del entorno?
¿En qué consiste el método de la abuela? ¿Puede aplicarse acá?
¿El método de Proyectos es funcional con estos grupos? ¿Qué cambios le introducirían?
¿El método de Problemas a resolver debería ir más allá de lo Evidente?
¿Para qué estaría el maestro además de hacer preguntas inteligentes y alentar a sus alumnos?
¿Hay lugar acá para castigos y amenazas? ¿Por qué no?

Disparo al aire: En el colegio de mi hija hay una falencia en la enseñanza del idioma inglés ... ¿podríamos recurrir a Sugata Mitra, darle bola y ver qué pasa ... ?

Debería hacer más preguntas, algunas malvadas, pero por ahora me conformo con que la gente vea el video.
Y punto por hoy

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miércoles, 17 de abril de 2013

LO QUE TIENE DE RARO LA EDUCACIÓN EN FINLANDIA (Pasi Salhberg)


Al revés de lo que normalmente hago, hoy vamos a copiar un artículo del especialista Pasi Sahlberg, conocedor absoluto del tema de la Educación en Finlandia, y emplearemos para ello a mansalva la Traducción e informaciones del Blog  OTRA∃DUCACION, de la renombrada educadora Rosa María Torres. Cumplida así la declaración con la parte de los créditos, paso a copiar este interesante artículo:



UN GERMEN INFECTA LOS SISTEMAS ESCOLARES

Por Pasi Sahlberg

Hace diez años, contra todo pronóstico, Finlandia obtuvo el primer lugar en el ránking mundial de la educación. Es extraño porque la educación en Finlandia es considerada un bien público accesible a todos sin costo, sin pruebas estandarizadas y sin competitivas escuelas privadas. Cuando voy por el mundo, veo la competencia, la elección de escuela, y la evaluación de estudiantes y de profesores usadas como vías para mejorar la educación. Este movimiento global basado en reglas del mercado ha puesto en riesgo a muchas escuelas públicas en Estados Unidos y en muchos países. Pero no en Finlandia. 

Usted se preguntará qué es lo que ha hecho tan extraordinarias a las escuelas finlandesas. La respuesta toma a muchos por sorpresa.

Primero: los finlandeses nunca se han propuesto ser los mejores del mundo en educación, sino solamente ofrecer buenas escuelas a todos los alumnos. En otras palabras, la equidad en educación va primero, antes que la mentalidad de 'trepar a la cima', en la reforma escolar. 

Segundo: los finlandeses han tomado en serio la enseñanza y los profesores, asegurando que todos ellos sean formados adecuadamente en la universidad. Todos los profesores deberían gozar de autonomía profesional y de confianza pública en su trabajo. En consecuencia, en Finlandia la enseñanza se ha convertido en una opción popular de carrera entre los jóvenes en las tres últimas décadas. Hoy, el gobierno invierte 30 veces más en desarrollo profesional de sus profesores y administradores que en pruebas para medir el desempeño escolar de los estudiantes. 

Tercero: los profesores finlandeses han aprendido sistemáticamente de otros países cómo reformar la educación y mejorar la enseñanza. Estados Unidos ha sido fuente especial de inspiración para Finlandia, desde John Dewey, un siglo atrás. Innovaciones educativas estadounidenses como el aprendizaje cooperativo, la enseñanza basada en problemas y la evaluación a través de portafolios son ejemplos de prácticas creadas por educadores e investigadores en Estados Unidos y que se encuentran hoy en muchas aulas finlandesas.

Una cosa que me ha sorprendido es cuán similares son los sistemas escolares. Los currículos están estandarizados a fin de calzar en las pruebas internacionales aplicadas a los estudiantes; los estudiantes en todo el mundo estudian con materiales de proveedores globales. Las reformas educativas en diferentes países siguen patrones similares. Tan visible es este modo de mejora que lo he llamado Global Educational Reform Movement - GERM (Movimiento de Reforma Educativa Global). Es como una epidemia que se esparce e infecta a los sistemas educativos a través de un virus. Este es transportado por los expertos, los medios y los políticos. Los sistemas educativos piden prestadas políticas de otros y así es como se infectan. Consecuentemente, las escuelas se enferman, los profesores no se sienten bien, y los alumnos aprenden menos. 

Las infecciones con este GERMen tienen varios síntomas. El primer síntoma es más competencia en los sistemas educativos. Muchos reformadores creen que la calidad de la educación mejora cuando las escuelas compiten entre sí. Para competir, las escuelas necesitan más autonomía y con esa autonomía vendrá la demanda por rendición de cuentas (accountability). Las inspecciones escolares, las pruebas estandarizadas y la evaluación de la eficacia docente son consecuencia de la competencia de mercado en muchas reformas educativas en la actualidad. No obstante, cuando las escuelas compiten entre sí, cooperan menos.  

El segundo síntoma del GERM es mayor espacio para la elección de la escuela. Los padres de familia son puestos en posición de consumidores a los que se empodera para que elijan escuela para sus hijos, entre varias opciones. De este modo se promueve una competencia mercantil en el sistema escolar dado que las escuelas buscan atraer a los padres. Más de dos tercios de los países de la OCDE han aumentado las oportunidades de las familias para elegir escuela, asumiendo que los mecanismos de mercado en la educación permitirán acceso igualitario a una escolaridad de calidad para todos. Escuelas charter en EE.UU., academias de educación secundaria en el Reino Unido, escuelas gratuitas en Suecia, escuelas privadas en Australia, son algunos ejemplos de políticas que amplían la elección de escuela. No obstante, según la OCDE, los países que promueven tal elección han visto declinar los resultados académicos y aumentar la segregación escolar. 

El tercer signo de GERM es mayor 'rendición de cuentas' (accountability) de las escuelas y, en este marco,más pruebas estandarizadas aplicadas a los alumnos. Igual que en el mercado, muchos creen que responsabilizar a los profesores y a las escuelas del aprendizaje de los alumnos llevará a mejores resultados. Hoy en día, los puntajes de las pruebas son la manera más común de decidir si las escuelas están cumpliendo su papel. Laevaluación de la eficacia docente mediante pruebas estandarizdas es un síntoma vinculado del GERM. Según el Center for Public Education (Centro para la Educación Pública), las pruebas estandarizadas han incrementado el 'enseñar para la prueba', han reducido el currículo a fin de priorizar lectura y matemáticas, y han distanciado la enseñanza del arte de la pedagogía. 

Los sistemas escolares saludables son resistentes al GERM y a sus síntomas indeseados. En estos países, la enseñanza sigue siendo una carrera atractiva para los y las jóvenes. Mi sobrina Veera es un buen ejemplo de esto. 

Hace siete años, cuando se graduó del colegio en Helsinki, me llamó y me pidió consejo sobre cómo entrar en un programa de formación docente en la universidad donde yo había dado clases antes. Le dije que, habiéndose graduado con calificación A, debía sentirse cómoda con el examen de ingreso y ser ella misma en la entrevista. 

En Finlandia, la educación de un profesor de escuela primaria tiene un nivel académico de maestría en investigación, igual que en abogacía, economía o medicina. Ella leyó los libros requeridos, tomó el examen y fue invitada a la entrevista final a la que son llamados los mejores candidatos. Un mes después. me llamó llorando y me dijo que no había sido aceptada. Le pregunté que cuál había sido la pregunta más difìcil en la entervista. Me dijo: "¿Por qué quieres ser profesora cuando podrías ser abogada o médica?". 

Más tarde, ella me escribió una carta acerca de su interés en la enseñanza. Esto es lo que escribió: “Primero está el impulso interno a ayudar a la gente a descubrir sus fortalezas y talentos, pero también a darse cuenta de sus debilidades e incompletitudes. Quiero ser profesora porque quiero hacer una diferencia en la vida de los niños y en este país. Mi trabajo con los niños siempre se ha basado en el amor y el cuidado, en ser amable y establecer relaciones personales con quienes trabajo. Esto es lo único que - pienso - me pemitirá realizarme en la vida".  
  
La primavera siguiente volvió a aplicar. Fue aceptada y hace poco completó su maestría como profesora de primaria. Si el sistema educativo finlandés hubiese sido infectado por el GERM, como tantos otros países, Veera y muchos de sus compañeros y compañeras jamás habrían elegido la enseñanza como carrera de vida.  

Enfrentar el desinterés pandémico en la profesión docente con programas como Teach for America y Teach First puede ser una solución a los déficits locales pero no una cura para las infecciones sistémicas que ocasionan los bajos desempeños en muchos países. Deberíamos restaurar el sentido y los valores fundamentales de la educación escolar. Sin escuelas públicas, nuestras naciones y comunidades están pobremente equipadas para valorar la humanidad, la equidad y la democracia. No deberíamos educar a los niños para que sean similares de acuerdo a una métrica estandarizada sino ayudarles a descubrir sus propios talentos y enseñarles a ser diferentes entre sí. La diversidad es riqueza en humanidad y condición para la innovación. 

Cada vez más estudiantes en Corea y en Japón se están quitando la vida porque no logran soportar más la presión de los adultos. El sucidio reciente de dos niñas escolares de 14 años en Kenia, Mercy Chebet y Sylvia Wanjiku, agrega un capítulo triste al libro de las víctimas del GERM.

Debemos parar el GERMen que pone esta clase de presión sobre los alumnos mediante la competencia, la elección y la rendición de cuentas. Elegir la colaboración, la equidad y la responsabilidad basada en la confianza como los motores principales de las reformas educativas, refuerza la inmunidad de nuestros sistemas escolares para detener el GERMicidio y lograr una buena escuela para todos. 




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sábado, 22 de diciembre de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS 15: NAVIDAD


CRÓNICAS DE LECTURAS – 15 - NAVIDAD

Para leer en Navidad: Canción de Navidad de Charles Dickens

I
Navidad en la Nieve y la Arena

Escribir sobre la Navidad siempre es una complicación, porque cuando uno es chico la fecha tiene un significado, y cuando se crece otro. En el proceso se nos pierde el encanto, la ilusión y la alegría que se suponen asociadas a esta época del año. Al final, como dice Gabriel García Márquez, la Navidad es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones. Vale decir, una farsa sin atenuantes, una feria comercial donde el más regalado es el sistema financiero, que te financiará y refinanciará la deuda en que incurras por los regalos que tienes que hacer y por el pavo y los licores que tendrás que regurgitar. Se supone que debes estar contento por obligación social, aunque se te estruje el corazón y tengas la vida hecha trizas. No consigo transigir con la hipocresía adjunta a esta Fiesta, por más que sé que hay que respetar la alegría inocente. Pero por otra parte, y suponiendo que consigamos dominar la depresión navideña, puede ser una buena oportunidad de hacer fiesta de lo que es fiesta. Y algo que se me ocurre es que se puede pasar un momento interesante leyendo el famoso Cuento de Navidad de Charles Dickens. Digo leerlo, aunque sea preferible no hacerlo la misma Nochebuena, no vaya a ser que la televisión, los regalos, los videos, el pavo, los nacimientos y los árboles de navidad nos devoren el momento y nos perdamos de lo que en verdad puede ser la Navidad. Porque esta historia, leída a media luz, en su versión original, es espeluznante.   

De todas las historias de Navidad, el Cuento de Navidad, Canción de Navidad o Villancico de Navidad (A Christmas Carol), es la que más ha capturado la imaginación del mundo anglosajón, y de rebote al nuestro. En su original es una novela corta estructurada como canción o villancico, dividida en Cinco Estrofas. No hay literatura navideña que no lo mencione. Aunque también se hace pesado porque hay tantas, tan variadas y tan desiguales versiones cinematográficas y televisivas, que hoy es un lugar común navideño, y todo el mundo se sabe a la superficial la anécdota sin entender mucho de qué se trata la cosa, porque el estereotipo de Ebenezer Scrooge (no el personaje, inconmensurablemente más rico) como el malvado usurero y avaro prestamista (Yo no celebro la Navidad, y no puedo permitirme el lujo de que gente ociosa la celebre a mi costa.) que repentinamente se convierte, desaparece totalmente el proceso del por qué y el cómo se convierte. Charles Dickens vivió una infancia difícil y conoció desde dentro el hambre y el abuso, no extraña que tuviera la compulsión de escribir sobre niños abusados y orfanatos, lo que conocía de primera mano. Sus obras son casi siempre de títulos simples: Oliver Twist, Nicholas Nickleby, David Copperfield, La pequeña Dorrit, usando de nombres propios como si debiéramos saber que estos niños tienen nombre y no son cifras de una estadística. La calidad humana de Dickens nacía del hondo sentimiento de compartir la desgracia, de sentirla tan injusta y horrible en el corazón que no se soporta que otros la padezcan. Tal vez no hay nada peor que saber qué es lo que sienten los miserables, y así uno se identifica con la rabia, la ira y la cólera, eso que algunos despistados llaman resentimiento. Claro que hay que superarlo si quieres hacer las cosas bien, que de la amargura no surge nada bueno, y aunque Dickens no creía en la revolución social - que para ello hay que estar convencido que la miseria de los unos está en función de la riqueza de los otros - sí que puso manos a la obra en lo que sabía hacer: contar historias, y eso es bastante más de lo que la mayoría hacemos. Y así la Canción de Navidad nos muestra a Dickens colocándose – y colocándonos – en el otro lado de sus personajes, en el sitio de los que deberían – deberíamos - estar haciendo algo para que los niños de carne y hueso sean niños y no monstruos. Charles Dickens parece llegó antes de tiempo a donde llegan los sabios: Al humor solidario y bondadoso. Y es este humor el que quiero compartir, así que ahí va mi reseña de: 

II
Canción de Navidad (Charles Dickens)

Canción de Navidad narra la peripecia de Ebenezer Scrooge: Duro y agudo como un pedernal al que ningún eslabón logró jamás sacar una chispa de generosidad; (…) secreto, reprimido y solitario como una ostra, que se retrae en su soledad en plenas fiestas navideñas, que desea que los pobres se mueran para eliminar el exceso de población, y cuya figura se contrapone a la de su sobrino, vivaz muchachón que sí sabe vivir la vida, y que nos dice que siempre he pensado que (las navideñas) son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino. Dickens presenta a Scrooge en contrapunto tanto con su sobrino como con su empleado Bob Cratchit, explotado sin misericordia. La historia se inicia en la Nochebuena en que Scrooge es despertado por la inesperada visita del fantasmal espectro de Jacob Marley, su socio muerto, condenado a vagar por la Tierra sin poder hacer lo que debió hacer en vida, y con quien sostiene una charla esclarecedora (Pero tú siempre fuiste un buen hombre de negocios, Jacob, balbuceó Scrooge (…). ¡Negocios! - exclamó el fantasma entrelazando otra vez las manos - El género humano era asunto mío. El bienestar general era negocio mío; la caridad, compasión, paciencia y benevolencia eran todas de mi incumbencia. Mis relaciones comerciales no eran más que una gota de agua en el anchuroso océano de mis asuntos). Y aunque Scrooge duda de la oportunidad que Marley le trae de ultratumba, éste se la ofrece: Esta noche estoy aquí para advertirte que aún te queda una oportunidad para escapar a un destino como el mío. Una oportunidad, una esperanza que yo te he conseguido, Ebenezer (…) Vas a ser hechizado por Tres Espíritus. Dado que las versiones de pantalla han hecho de todo con estos tres fantasmas, parece que vale la pena reseñar a los tales espíritus respetando lo que el mismo Dickens quiso decir. Así que ahí voy:

El Fantasma de la Navidad del Pasado era un extraño personaje, como un niño, y sin embargo parecía un anciano visto a través de una cierta áurea (…). El cabello le caía hasta los hombros y era blanco; como el de un anciano, sin embargo no había arrugas en su rostro (…). Tenía unos brazos muy largos y musculosos, igual que las manos, dando una impresión de fuerza excepcional. (…) Pero lo más sorprendente era el chorro de luz fulgente que le brotaba de la coronilla y hacía visibles todas estas cosas. Este Espíritu pasea a Scrooge por su infancia solitaria y los escasos afectos de su pasado, y lo confronta con sus propias decisiones, en especial la renuncia al amor por haber decidido vivir para el lucro. Y así empiezan a resurgir sentimientos, esa vacilante llama que pervive aún en el más empedernido de los pecadores. Pero el pasado lo tortura, y no lo quiere ver: ¡Déjame! ¡Llévame de vuelta! ¡No sigas hechizándome! Y llega el momento del Fantasma de la Navidad del Presente, y el hechizado Scrooge entra en una habitación repleta de pavos, ocas, caza, pollería, adobo, grandes perniles, lechones, largas ristras de salchichas, pastelillos de carne, tartas de ciruela, cajas de ostras, castañas de color rojo intenso, manzanas de rojo encendido, naranjas jugosas, deliciosas peras, inmensos pasteles de Reyes y burbujeantes boles de ponche que empañaban la estancia con sus efluvios deliciosos. Y en medio de toda esta abundancia, un gigante festivo, de esplendoroso aspecto, que sostenía una antorcha encendida, parecida a un cuerno de la abundancia (…) vestido con una simple túnica, o manto, de color verde oscuro, ribeteado con piel blanca (que dejaba) al descubierto su ancho pecho como si desdeñara protegerse u ocultarse (…). Sus pies, visibles bajo los amplios pliegues del manto, también estaban desnudos, y en la cabeza no llevaba más cobertura que una guirnalda de acebo salpicada de brillantes carámbanos. (De) rostro cordial; chispeante mirada, mano generosa, animada voz, ademanes espontáneos y aire festivo. El Fantasma simpatiza con los pobres y los que sufren escasez, en especial los trabajadores, y muestra a Scrooge a pobres y ricos que por igual viven la alegría de la Fiesta, mientras otorga su espíritu a quien más lo necesita y de paso lanza un dardo contra los puritanos: En esta tierra tuya hay algunos, (…) que pretenden conocernos y que cometen sus actos de pasión, orgullo, mala voluntad, odio, envidia, beatería y egoísmo en nuestro nombre; pero son tan ajenos a nosotros y nuestro género como si nunca hubieran vivido.

III
Más de Canción de Navidad

El Fantasma de la Navidad Presente conduce a Scrooge a la intimidad del mísero pero amoroso y feliz hogar de su propio empleado Bob Cratchit. No todo es felicidad en este hogar, pues Tiny Tim, hijo menor de estas buenas gentes, está tullido y enfermo, pero lleva su condición con coraje y es que, después de todo, es Navidad. Dickens contrasta con exquisitez y delicadeza la pobreza de la cena navideña con la alegría y solidaridad de la familia, la que a su vez contrasta con la soledad de Scrooge, que pregunta al Fantasma si Tiny Tim vivirá. Cuando el Fantasma le contesta que no, le recuerda que dijo eso de que los pobres mueran para eliminar el exceso de población: Hombre (…) si tienes corazón humano, no de piedra dura, olvida esa malvada jerga hasta que hayas descubierto qué es el exceso y dónde está el exceso. ¿Quién eres tú para decidir qué hombres deben morir y qué hombres deben vivir? Es posible que a los ojos del cielo tú seas menos valioso y menos merecedor de vivir que millones, como el hijo de ese pobre hombre. ¡Oh Dios! ¡Tener que escuchar al insecto en la hoja disertando sobre lo demasiado que viven sus hambrientos hermanos en el suelo! Hago notar que esta lúcida e iracunda cita no la he visto jamás en las versiones para niños, ni en las dulzonas versiones navideñas, y hago formal juramento que lo transcribo del original sin atenuante alguno. Continuamos. Cuando Bob Cratchit se atreve a brindar a la salud de Scrooge, su esposa le reconviene: Tiene que ser Navidad (…) para beber a la salud de un hombre tan odioso, tacaño, duro e insensible como (…) Scrooge. ¡Sabes que es cierto, Robert! ¡Nadie lo sabe mejor que tú (…)! Y Robert: Querida, los niños, es Navidad. Y es que No había nada de alta categoría en lo que hacían. No eran una familia distinguida; no iban bien vestidos; sus zapatos estaban lejos de ser impermeables; sus ropas eran escasas (…) Pero estaban felices, agradecidos y satisfechos unos de otros, y contentos con el presente. 

Pero el Fantasma aún no termina de darle su chiquita a Scrooge, y le conduce por un tour que normalmente no aparece en las versiones convencionales, mostrándole cómo viven la Navidad los mineros del carbón, los hombres de los faros y los marineros en alta mar; cómo es la Navidad en los lechos de los enfermos y los hogares de todo calibre, en los hospicios, hospitales y cárceles. Y aterriza mostrándole a Scrooge la carcajada de su propio sobrino (Si por una improbable casualidad el lector conociera a un hombre con una risa más feliz que la del sobrino de Scrooge, todo lo que puedo decir es que también a mí me gustaría conocerle) que celebra la Navidad burlándose de su tío con su algo de británica, maliciosa y varonil ironía: ¡Dijo que las Navidades eran tonterías, os lo juro!, (…) ¡Y además se lo creía! (…) La riqueza no le sirve de nada. No hace con ella nada bueno. No la utiliza para su bienestar. Ni siquiera tiene la satisfacción de pensar, ja, ja, ja, que algún día nosotros la disfrutaremos. (…) Me da lástima; no puedo enfadarme con él. El que sufre por sus manías es siempre él mismo. Le da por rechazarnos y no querer venir a cenar con nosotros. Y he aquí quizá la escena más dramática de todo el Cuento de Navidad: Scrooge distingue una garra tras el ancho abrigo del Espíritu, que entonces le descubre (…) dos niños; unos niños harapientos, abyectos, temibles, espantosos, miserables. Se arrodillaron a sus plantas y se colgaron del manto. (…) Eran un niño y una niña. Amarillos, flacos, mugrientos, malencarados, lobunos (…). Donde la gracia de la juventud debió haberles perfilado los rasgos y retocado con sus más frescas tintas, una mano marchita y seca, como la de la vejez, les había atormentado, retorcido y hecho trizas. Donde podrían haberse entronizado los ángeles, acechaban los demonios echando fuego por sus ojos amenazadores. Monstruos tan horribles y temibles como aquellos no se han dado en ningún cambio, degradación o perversión de la humanidad a lo largo de toda la historia de la maravillosa Creación. Scrooge, aterrorizado y asqueado, pregunta si son del Fantasma, que le responde: Son del hombre (…). Y se agarran a mí apelando contra sus progenitores. Este chico es la Ignorancia. Esta chica es la Necesidad. Guárdate de los dos y de todos los de su género, pero guárdate sobre todo de este chico porque en la frente lleva escrita la Condenación, a menos que se borre lo que lleva escrito. Y ahí el Espíritu – la voz del propio Dickens - dirige su mano a la ciudad, a la que acusa con voz tonante: ¡Niégalo! (…) ¡Difama a quienes te lo dicen! ¡Admítelo para tus propósitos tendenciosos y empeóralo todavía más! ¡Y aguarda el final!

IV
El final de la Canción de la Navidad

El Fantasma de la Navidad del Futuro es muy diferente a los anteriores: Iba envuelto en un ropaje de profunda negrura que le ocultaba la cabeza, el rostro, las formas, y sólo dejaba a la vista una mano extendida, de no ser por ella, habría sido difícil vislumbrar(le) y diferenciarle de la oscuridad que le rodeaba. (…) Scrooge notó que era alto y majestuoso y que su presencia misteriosa le llenaba de grave temor. Nada más podía discernir pues el espíritu ni hablaba ni se movía. Scrooge, remecido por el Pasado y el Presente, sabe que este Espíritu representa el Futuro y siente miedo y horror, pero asoma pequeña la esperanza de que todo puede ser distinto. Ve hombres de negocios que hablan con displicencia de un muerto reciente, y poco a poco transita desde la compasión por el muerto al horrible convencimiento de que ese cadáver que todos desprecian y cuyas pertenencias se arrebatan los buitres de la muerte, podría ser él mismo. Y el Fantasma le muestra en silencio el cadáver con afán documental y frío, con una indiferencia que añade más horror si cabe a estas escenas: (sobre el lecho) yacía el cadáver de aquel hombre, despojado, desposeído, sin que le velaran, sin que le lloraran, sin que le atendieran. Scrooge ruega al Fantasma le muestre un buen sentimiento asociado a este muerto, y el Espíritu le muestra una familia que no tendrá que pagarle la deuda al usurero. Scrooge no quiere saber que el muerto es él mismo, y pide al Fantasma le enseñe un afecto relacionado a un fallecido, y el silencioso Espíritu le muestra a Bob Cratchit que vuelve de visitar la tumba de Tiny Tim, así como la congoja de la honrada familia, en dolorosísima contrastación con la indiferencia que despierta el otro muerto. Y cuando el Fantasma le muestra su propia lápida con su propio nombre, Scrooge es presa del pánico y suplica una oportunidad: Haré honor a la Navidad en mi corazón y procuraré mantener su espíritu a lo largo de todo el año. Viviré en el Pasado, el Presente y el Futuro; los espíritus de los tres me darán fuerza interior y no olvidaré sus enseñanzas. ¡Ay! ¡Dime que podré borrar la inscripción de esta losa!

Y, de repente, Scrooge despierta en su cama, y se siente raro, pues ha pasado por un reajuste cognitivo y afectivo de raíz: (…) el tiempo que le quedaba por delante era su propio tiempo y podía enmendarse. (…) Viviré en el Pasado, el Presente y el Futuro, repetía Scrooge mientras luchaba por salir de la cama. Los tres espíritus me darán fuerza. ¡Oh, Jacob Marley! El Cielo y la Navidad sean loados. ¡Lo digo de rodillas, viejo Jacob, de rodillas! Y suenan las campanas, porque hay más alegría en el Reino de los Cielos por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no lo necesitan. El viejo renegrido usurero se ha transformado, ha renacido, se ha reformado, está chiflado de contento: ¡No sé qué hacer! decía Scrooge llorando y riendo al mismo tiempo, (…) Me siento tan ligero como una pluma, tan feliz como un ángel, tan contento como un colegial (…) tan embriagado como un borracho. ¡Feliz Navidad a todos, feliz Año Nuevo para el mundo entero! (…)  ¡No sé en qué fecha estamos! (…) No sé cuánto tiempo he estado con los espíritus. No sé nada. Estoy como un niño. Qué más da. No me importa. Es mejor ser como un niño. ¡Hola! ¡Yuppy! Y se entera que aún es Navidad, y muere de risa al imaginarse la cara de la buena señora Cratchit cuando vea el pavo enorme que le envía de incógnito, y le baila la panza de contento al hacer copiosa donación para ayuda a los pobres: Ni un ochavo menos dice al sorprendido filántropo que recibe la donación Le aseguro que van incluidos muchos atrasos. Pero, y sobre todo, descubrió que todo le resultaba un placer. Luego se invita a sí mismo a casa de su sobrino, a tratar de recuperar los afectos tan tontamente relegados. Y así arregla su vida, pone las cosas en su lugar, repara sus muchas faltas con Bob Cratchit. Y fue así que cumplió más de lo prometido. Lo hizo todo y muchísimo más; fue un segundo padre para Tiny Tim, que no murió. Se convirtió en el amigo (…) y hombre más bueno que se conoció en la vieja y buena ciudad o en cualquier otra buena ciudad, pueblo o parroquia del bueno y viejo mundo. Algunas personas se reían al ver el cambio, pero él les dejaba reírse sin prestarles atención (…) Su propio corazón reía y con eso le bastaba. (…) en adelante (…) siempre se dijo de él que sabía mantener el espíritu de la Navidad como nadie. ¡Ojalá se pueda decir lo mismo de nosotros, de todos nosotros! Y así, como dijo Tiny Tim, ¡que Dios nos bendiga a todos, a cada uno de nosotros!

V
Colofón

Y no queda más que desear a todos mis lectores una Feliz Navidad, y que lean la Canción de Navidad y lo que quieran, y como quieran, y donde quieran. Y como dijo Tiny Tim: ¡Que Dios nos bendiga a todos, a cada uno de nosotros! 

POST-DATA: De las muchísimas versiones en cine de Villancico de Navidad hay algunas buenas, regulares, algunas malas y otras franca y comercialmente impasables. Elegimos esta para compartir debido a su fidelidad a la versión original del libro y a la presencia de un inspirado George C. Scott como Scrooge. Que aproveche :)



http://youtu.be/Zc9vMPqYBy8?list=PL67d4V6VTlB52m8iCBxdYReW_U_S8suZf



Peru Blogs

martes, 4 de diciembre de 2012

CONTRA LA NAVIDAD REAL

Peru BlogsCONTRA LA NAVIDAD REAL

“Los padres no existen, todo es un montaje de Santa Claus” (Yo)

“ … siempre he pensado que (las navideñas) son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino.”  (Charles Dickens, Cuento de Navidad)


Reviso mi artículo Contra la Navidad del 2011, y encuentro que nada ha cambiado desde entonces. Sí, es presuntuoso pretender que el ejercicio de la expresión libre pueda mover tan profunda estructura, cuento análogo al de la Navidad que se nos hace creer. Sin embargo, y más que no sea porque uno no debe callar, retomo el refrito y lo reedito, reformo, deformo, aumento y corrijo. Porque de esto siempre se debe hablar.

Quién celebra la Navidad

El Libre Mercado instrumenta todo para venderlo, eso es puro dato de la realidad, ni bueno ni malo. Claro que establece una escala de valores que pone por encima de todo a la ganancia y al consumo, pues de eso se trata la Navidad Real. Quien crea otra cosa, discúlpenme, o posee una fe excesiva en la bondad humana o una impresionante bandada de pajaritos en la cabeza. Lo más importante de la Navidad es la “campaña navideña” iniciada desde Noviembre, pues las ruedas de la economía giran en la medida que lo hagan las previsiones en las ventas. No faltan los que en nombre de una moralina hipócrita y/o ingenua llenarán páginas o espacios radiales o de TV contra el “materialismo capitalista que trastoca la Navidad”, o por unos “valores” desfasados de la realidad navideña. Hablarle a los que no tienen chamba o plata de Navidad como “materialismo capitalista” resulta en broma de pésimo gusto. Seamos claros, la Navidad Real es para los que tienen plata. Hablémosle de Navidad a los padres que no tienen para regalar a sus hijos, veamos qué nos responden. Y no es que tienes que estar en la última lona, de repente tienes chamba, pero también deudas, y si tienes grati – suposición irreal – ésta se destinará a ponerte al día en tus cuentas con el único ente que tiene reales motivos para celebrar la Fiesta: El Sistema Financiero. O tal vez te endeudas con el banco para tu campaña navideña y cruzas los dedos para que tu previsión de ventas sea la que esperas. A veces eso sale cuadra: Durante el incendio navideño de Mesa Redonda, las gentes arriesgaban sus vidas y se metían al fuego para rescatar sus mercancías, adquiridas con plata prestada, y de las que tantas cosas dependían, y el valor mismo de la vida humana quedó trastocado en las cenizas de más de 300 cadáveres. No creo que al sistema bancario eso le haya importado mucho, para eso existen los seguros de desgravamen. Ni creo que les haya perdonado la deuda a los que sobrevivieron.  

Navidades e Inocencias

Y en estas cosas el corazón se nos endurece y el alma se nos marchita un poco más cada año, hasta que la inocencia de la Navidad desaparece, decapitada por la realidad. Es verdad que no sólo de pan vive el hombre, pero resulta que sin pan el hombre no puede vivir. La invocación al deber ser de la Navidad se olvida fácil de las personas de verdad. Se burla uno de la gente si se desprecian sus pequeñas alegrías, y esa burla es sanguinaria cuando destruye las ilusiones de los niños. Así que ni condeno la Navidad ni la aplaudo, trato de ver qué hay realmente en ella. Mi hija acaba de cumplir siete años de edad, y en conversa de sobremesa manifiesta, con seguridad no exenta de cierta sombra de tristeza, que ella ya no cree en Papá Noel. Yo entiendo que un padre está en la obligación de cuidar de las inocencias infantiles y de ayudar al tránsito hacia una realidad que tiene mucho de cuestionable. Y con la mesura que el caso se merece, trato de indagar sobre esto. Paula me dice que ella sabe que son los padres y familiares los que hacen los regalos, y que lo sabe porque ella le pidió en secreto a Papá Noel que le trajera un regalo en especial, y no se lo trajo. En su infantil y blindada lógica, si Papá Noel existe y se le asigna tal grado de discrecionalidad omnipotente, pues entonces debe saber qué regalos quiero. Y si no llega a enterarse, quizá sea, como diría Voltaire, que es simplemente porque no existe. Y ello le presta una vaga tristeza a esa necesaria afirmación de su personalidad, al convencimiento que todo niño debe adquirir tarde o temprano de que tiene que hacerle caso a sus sentidos y a su pensamiento más que a las monsergas sociales, aunque sean sus mismos padres quienes las sostengan.

La Fiesta de la Mafia y la Delincuencia

A mí hace mucho que la Navidad Real no me gusta, y estoy en buena compañía: Charles Chaplin, el genial comediante, sentía profunda repulsión contra la Navidad, según atestigua su hija Geraldine. No la odiaba, sólo no le veía el punto a celebrarla si no era por los niños. No era su fiesta. De niño, el Vagabundo había sufrido la más podrida miseria londinense, y en Navidad recorría descalzo las engalanadas calles de relucientes vidrieras repletas de juguetes y golosinas que no eran para él. Probablemente ese sentimiento explique sus preocupaciones sociales, a la vez que su inmensa capacidad de trabajo, expresión de una suerte de juramento personal de no ser pobre jamás. Tratando de salvaguardar la inocencia de los niños, y en alocada carrera para tratar de compensarnos a nosotros mismos, la mayoría de nosotros tratamos de no pensar en nuestro interior que esta Fiesta no nos pertenece, porque lo único que sacamos de ella son dolores de cabeza, estrés, empujones y la probabilidad de ser objeto de asalto. Los mafiosos y delincuentes celebran así la Navidad a su modo, porque ellos sí saben positivamente que sus ingresos aumentarán y llevarán juguetes a sus hijos. Y así la Navidad es Fiesta para la Mafia y la Delincuencia.  

El Cuento de Navidad

Quizá la expresión literaria más impresionante de estas épocas del año sea el Cuento de Navidad de Charles Dickens, en su versión original, claro. Como todo lo navideño, al Cuento de Navidad está domesticado en sus muchas versiones, pues soltado así como es, como que malogra la farra. A fin de cuentas, de lo que se trata es que haya audiencia televisiva o asistencia a los cines para que la economía se mueva y haya para pagar planillas, lo que en sí mismo no es tan malo, pues la gente trabaja para vivir. Dickens era un moralista de los de a de veras, que no temía llamar las cosas por su nombre, con profunda fe en la realidad individual del hombre. Para él la Navidad era básicamente una oportunidad. El Fantasma de la Navidad Presente no es un producto comercial ideado para vender más, sino un personaje poderoso, alegre como un niño pero sin infantilismos idiotas, que lleva aquí y allá su espíritu, y que también sabe acusar a puritanos, inhumanos e hipócritas. Y así como trae consigo el espíritu de la Navidad, porta también terribles nuevas en esos dos seres abyectos - la Ignorancia y la Necesidad - que cobija bajo su manto y que nos restriega en la cara en dramática escena, diciéndonos claro que la miseria humana no se detiene porque haya Navidad, que el dolor es la marca de la condición humana, aunque también sea cierto que humanamente podamos, como decía San Agustín, hacer el loco una vez al año, pero con la cabeza bien puesta sobre los hombros.

El Cuentazo de Navidad

Las ruedas de la economía no funcionan bien cuando la gente es consciente. Los marqueteros saben que la inconsciencia redunda en más gasto. Quizá el mejor ejemplo sea el personaje emblemático de la Navidad Real, que no es Jesús, por favor, sino Papá Noel / Santa Claus. Siempre hay quien recuerda que San Nicolás fue un Obispo del Asia Menor, hombre de inmensa caridad y digno de ser recordado por eso. Pero el mito de cómo un caritativo Obispo se convierte en un gordito que recibe solicitudes de regalos en el Polo Norte es interesante de ser examinado con algún detalle. ¿Quién es Papá Noel? Parece ser la creación de un genio del márketing, aparentemente vinculado a Coca-Cola, no estoy seguro, pero su anécdota presenta interés: Papá Noel no es una buena persona, ni es ese abuelito regalón que nos quieren vender. Si tú “te portas bien”, él te da lo que le pides en tu carta. Si “te portas mal”, te pone carbón. Eso no parece consistente con el origen cristiano de la Fiesta. Y está claro que está diseñado para establecer la primacía de un valor que, para decirlo como mi amiga Yanira, “no me parece”. Ese obeso presidente de directorio es para mí persona non grata, y no le dejo entrar a mi casa, por más que me quiera sobornar con regalos. Hay mejor gente por ahí, que no me estará enrostrando lo reducido de mi pavo o cuánto me gasté en los regalos: Jesús, San Nicolás, el Ekeko, los Reyes Magos y el Fantasma de la Navidad Presente. No me parece que alguien que desprecia a los pobres por el mero hecho de serlo se merezca un sitio en una Fiesta presidida por la generosidad y la alegría.

La gran mentira

Tal como mi hija me enseñó, la Navidad es otra cosa. Es inocencia, sí, pero también el desencantamiento cuando se pierde. Cuando eres niño y careces de malicia, puedes creerte que la Navidad es hermosa y disfrutar de los colores, la música y la alegría, porque no sabes que la vida puede ser hermosa y a la vez una carga atrozmente pesada. El Fantasma de las Navidades Presentes no ha llegado aún para recordarnos que la Navidad no son sólo compras y ventas. Es posible que enterarte de que Papá Noel no existe sea un hito en ese proceso de “integración social” por el que los niños tristemente tienen que pasar. Percibir que son tus padres los que te regalan invierte la visión sobre la sociedad en que se vive, de lo que “debería ser” a lo que realmente “es”. La mayoría de los padres no tiene la más remota idea de cuándo sus hijos se enteran que Papá Noel no existe, y continúan dándole a la gran mentira como si nada pasara. Algunos incluso tratan de traspasar este estado de catatonia emocional navideña basada en la inconsciencia y la abundancia, aunque sea artificial. Parece que son los adultos los que no quieren crecer y aspiran a seguir creyendo en pajaritos de colores, como si nos instaláramos en medio de la creencia / no creencia, como si en el fondo de nuestra alma creyéramos que Papá Noel existe, que se nos hará justicia algún día, que Alguien se hará cargo de todo. Una suerte de esquizofrenia navideña generalizada, por la que nos escondemos de la realidad, esperando que la “solución” nos venga de afuera.

La Navidad: Una oportunidad

Pero puede haber Navidad para los adultos si te liberas de la presión social, lo que siempre es ir contracorriente. Una visión desencantada de la Navidad no excluye recuperar el encantamiento a la adulta, si es que eres capaz de ver más allá de tus corporativas narices, y tratas de ejercer la generosidad y la alegría por decisión personal e intransferible. Que una mesa bien provista no es pecado, ni regalar es maldad. El tema es cómo lo haces, cómo celebras. La Navidad puede ser una oportunidad, como Charles Dickens vio con tanta claridad. Después de todo, recuerda de quién es Su Cumpleaños. Tal vez no podamos poner las cosas en su sitio, pero siempre podemos intentarlo. Incluso si tu inocencia se desbarrancó en el agnosticismo o el ateísmo, puedes disfrutar de la Noche Buena – por cierto, qué nombre más bonito para una Noche - y siempre puedes acordarte del motivo original de la Fiesta: Aquél que hizo andar a los cojos y ver a los ciegos.

Tengo que contar también que me he reconciliado con el Árbol de Navidad. Pensaba yo en mi estrechez que el Árbol de Navidad no nos pertenece en estas tropicales latitudes. Pero me enteraron de un par de cosas que me gustaron: Allá, en el lejano Norte – donde también resulta que es Navidad – el verde árbol adornado con velas, tan pobremente representadas en esas “luces de colores” que tan profusamente se venden, es la manera de las gentes sencillas de no permitir que el Sol del Invierno se vaya en su larga noche invernal. Qué humano parecido le encontré a nuestra viejísima y andina tradición de “amarrar el Sol”. Y así ahora simpatizo con esa secular manera de traerse el Sol con nosotros en esa Noche Buena, de cuyo frío tenemos igual idea en nuestras Montañas. Y además esas gentes, que como nosotros no tienen nada de bobas, guardaban al costado de las velas encendidas de su Árbol cubos de agua y arena … para prevenir que celebrar la Fiesta no resulte en el incendio de la casa. Hay algo que aprender ahí, que no haya más Mesas Redondas que enluten nuestras Navidades, y que aprendamos a apagar las luces, que Navidad no es presumir de mis luces hacia afuera, sino iluminar nuestras vidas hacia adentro.

Colofón: Navidad en Tiempo Real

Tantas veces he tenido que trabajar Nochebuena y Navidad, que no puedo menos que sentirme solidario con todos aquellos que deben hacerlo para llevar el pan a su mesa, en especial cuando están en el servicio como los buenos. La Navidad es así para mí el ejercicio directo de la Solidaridad, el tratar de velar por los demás, el tratar de no ser felices solamente nosotros y los nuestros. Como en el Cuento de Navidad, hay un espíritu poderoso y generoso que recorre los lugares en que trabajan los obreros y empleados de turno, los marineros, los policías en servicio, los bomberos, los médicos y enfermeras, los telefonistas, los vendedores, los que laboran en aeropuertos, restaurantes y hoteles. También está en donde residen los emigrantes que añoran la patria lejana, el ambiente emocional en que se criaron, las familias y amigos que dejaron atrás. Y está en todos y cada uno de aquellos que tratan de hacerla mejor para todos los que no pueden. Esa es la Navidad en Tiempo Real, no el escaparate ni las luces, aunque éstas puedan contribuir a su escenografía. Si no hay luz en la conducta, de poco servirá que dejemos el símbolo prendido toda la noche. Y así saludo la Navidad de todos mis lectores, en especial a los que tienen que trabajar esos días, deseando que puedan construir una Navidad que sea mejor que la que existe. Y punto.