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martes, 26 de agosto de 2014

CRÓNICA DE LECTURAS 93 - LECTURAS PROHIBIDAS (II)


CRÓNICAS DE LECTURAS - 93
Lecturas Prohibidas - II

Allí donde queman libros, al final queman personas. (Heinrich Heine)


I

El Acto de Prohibir, para Dummies (Parte Tres)

En la primera parte de esta Crónica (http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2014/05/cronica-de-lecturas-82-lecturas.html) vimos que las Iglesias no superaron la ortodoxia y abandonaron la vocación de asistir a cada ser humano frente a lo Inefable e Inexplicable, y en vez de ello instrumentaron la necesidad y la rentabilizaron en poder y riquezas. Con contadas excepciones, sus representantes terrenos se establecen en aduana donde se cotiza antes de atravesar el umbral de la muerte, a cambio de sentir que llegará a alguna clase de hotel de lujo, y no a una parrillada eterna en calidad de rostisado principal. Sobre este temor se instalaron normas cuyo cumplimiento asegura, dícese, reserva en el spa celestial. Una de estas normas es la Censura Religiosa sobre el material escrito, esto ya lo vimos. Ahora toca ver las Censuras propias del Estado, de los Poderes económicos y mediáticos, y de la Sociedad Civil. La Censura Militar, por ejemplo, niega a los enemigos reales o potenciales toda información útil, manga bastante ancha para abarcar todo, ejercida hacia adentro de la sociedad, que retrasa o retiene el flujo de información. En lo moral se justifica en la evitación de bajas que habría si la información fuera abierta, sin embargo el concepto del enemigo suele incluir a los propios ciudadanos. La Censura Política oculta información para impedir ciertos riesgos que quitan el sueño a los grupos dominantes: El desacuerdo, la disidencia, la protesta, la rebelión o la traición abierta a ciertos valores impuestos. A la coerción por Censura se unen la coacción y el control de la Información: No se trata sólo de impedir acciones y pensamientos, sino de provocar los que sean funcionales a los poderes fácticos. En el Perú – salvo una minoría estacionada cognitivamente en la nube 47, que llamamos cariñosamente caídos del palto – todos somos expertos en el tema gracias al descaro de la prensa oligopólica y concentrada en combinación con poderes económicos y políticos nada anónimos desde los ´90, que en la actualidad se despliega sin vergüenza. Insidiosa forma de la Censura es la “Desinformación”, técnica que distrae a las gentes de los intereses de los grupos antedichos. Como esto es cotidiano en el Perú me eximo de explicar la luz del día. La Censura es ejercida por la prensa tradicional, pues las redes virtuales en el país son limitadas en su penetración y excluyen a la mayoría. Se puede así desinformar a conciencia y con carácter permanente a una masa crítica que se puede llevar por la nariz a la hora de las decisiones. Hasta cierto punto, claro.

La Censura Política suele disfrazarse de Moral, el control eclesiástico de las conciencias empata con el de los medios: Cuando hay resonancia entre ambos en efecto ahí la Religión se vuelve Opio del Pueblo. La manipulación por miedo tiene larga data, y sirve para “proteger” a la población de sí misma, rechazando todo material “fuerte”, “agresivo” u “obsceno”. No entiendo muy bien ello en un contexto en que los medios sirven todos los días una abultada ración de crímenes y tripas sanguinolentas, con imágenes y todo y en horario de protección al menor, pero la consistencia no define a la Derecha. Si comparamos ello con lo que hacen los escritores, se entiende mejor por qué se Prohíbe la Lectura. La Censura Corporativa, mejor conocida como “autocensura”, es útil para las Empresas, a las que protege de retiros de publicidad, pues los medios son obsecuentes con los que les pagan, lo que a su vez se constata en los libérrimos Estados Unidos de América, donde las licencias de la TV que usa del espectro electromagnético de propiedad común, se renuevan tras juicios de valor sobre los contenidos televisivos. Es decir, pueden perder la licencia si siguen con demasiado entusiasmo ciertas líneas editoriales o transmiten cierto tipo de contenidos. Censura, que le llaman. Otra forma de Censura Política, en este caso en Educación, se da en los libros de texto, algo anacrónico en tiempos de libre acceso a la world wide web. "Blanquear" un Texto escolar alude a eliminar de ellos los conflictos éticos y políticos y “rebajar” las partes críticas, en especial en Historia Contemporánea. Esto pasa también con la literatura infantil y juvenil, ninguna editorial en sus cabales entrará en conflicto con el cliente por nimios detalles de exactitud histórica, hay mucha plata en medio. Los mapas se censuran por exigencias militares o diplomáticas. La música emitida por radio y TV pasa por análoga autocensura, igual que las películas, a las cuales además se clasifica por edades según criterios más o menos arbitrarios. La Censura Política en la ex Unión Soviética y sus estados satélites es de libro de texto y merece citarse. Surgió durante la Guerra Civil soviética, se mantuvo cuando el Partido Comunista se consolidaba y se volvía Único, y era tan conveniente que la dejaron. Con Stalin afectó el pasado tanto como el presente y el futuro de la información, entre otras linduras, pues como el amigo Stalin no era muy delicado se alteraron textos y fotos para eliminar menciones a gente peligrosa a priori, presa en el GULAG, ejecutada en las purgas o condenada en juicios amañados, como los disidentes León Trotsky o Nicolai Yezhov. El órgano soviético de Censura fue el GLAVIT: Agencia de Protección de Secretos de Estado Militar.

II

El Acto de Prohibir, para Dummies (Parte Cuatro)

Entremos con algún detalle en la estructura actual de la Censura Política, que con insidia suprime ideas contrarias a las de la casta gobernante. Por definición la Censura es una acción represiva, ejecutada por una policía o sección militar secreta (llamada usina en el argot de inteligencia), que coacciona la libertad periodística, y/o contrata plumíferos. Esta actividad está privatizada y rentabilizada en informales empresas llamadas de “marketing político”, algunas del Perú siguen dirigidas por ex miembros de inteligencia de la época de Montesinos – Fujimori. Entre las acciones que realizan están el cybergorilismo, el chuponeo o interceptación telefónica, el graffiting, el hostigamiento, la viralización de memes y contenidos, la congestión de líneas, el scroll-counting, el pintado de paredes, el astroturfing, las llamadas telefónicas (o su bloqueo) a programas de opinión, la difamación abierta y/o selectiva, la falsificación de identidades on-line, así como la destrucción general de mensajes del adversario, implantación de los que se les paga por difundir, y establecimiento de cortinas de humo y  diversos tipos de ruido informativo, entre otras cosas así de bonitas. Se les dota por vías alternas de amplios presupuestos para organizar call-centers, equipos de trolls y mesas de creativos con manuales de estilo de fácil reconocimiento por lo estereotipado de sus intervenciones y la usual presencia de falacias. Cuentan también con computadoras de última generación, módems inalámbricos, equipos de bloqueo, tarjetas telefónicas, celulares fantasma y chips para cambiar números y evitar su identificación y contra-interceptación. Para información de los caídos del palto, esta es la madre del cordero (la verdadera razón) por la que no se interceptan las llamadas desde los penales. Aunque todo esto es inútil a no ser que le metas talento (eso no abunda tanto, cosa de costos), así y todo tratan de copar los motores de búsqueda, la blogósfera y las diversas redes sociales. Las “centralitas” en el Perú son comunes, pues la estrategia de control de medios reales y virtuales se ha estereotipado para neutralizar lo contestatario en todo espacio público. Los costos los cubren las argollas y mafias políticas y delincuenciales peruana y latinoamericana, y no les estorban tonteras como la Libertad de Expresión, los códigos de ética del periodismo y la publicidad, la deontología o la moral pública. Los hilos que unen al narcotráfico y el crimen organizado con determinados partidos políticos y otras organizaciones son tan visibles que puede tildarse de cómplices a aquellos que los aceptan. Y ya dejaron atrás las sutilezas: El Diario El Comercio de Lima, modelo de periodismo en tiempos no tan remotos, ejecuta patéticas tácticas encargadas a estudiantes de periodismo que darían vergüenza a los anónimos trolls que las llevaran a efecto. La  consolidación de su posición como pasquín parece cosa de usina de última categoría, pero marca una tendencia general. Juzgue usted, amable lector, ahora que está en el ajo del asunto, y de paso pregúntese por qué se entera de esto en un Blog.     
  
La Censura de la Derecha Política ya no es lo bruta que solía ser, se ha afinado para no caer en rápido descrédito por el empleo de una violencia que en el pasado sus regímenes civiles y militares no tuvieron empacho alguno en aplicar. Además, la cosa ya es internacional y no hay que chocar con intereses más grandes. Pensemos, por ejemplo, en un libro “peligroso” cualquiera. La presión sobre los editores ya no plantea quemar libros ni fusilar o encarcelar autores (Sigmund Freud veía este hecho como un avance en la civilización). Ello atrae mala prensa y problemas de Comercio Internacional y Relaciones Exteriores. Un editor bajo presión para suprimir un libro, pero con contrato con el autor, puede hacer privishing: Tirajes deliberados pequeños para reducir el impacto al mínimo, y de esto no se salva ni Vargas Llosa. Hay más prácticas, pero no agotaré los nervios de mis valientes lectores (Si hasta acá sigues leyendo, eres valiente sin duda). Sigo: Como las censuras se mezclan y refuerzan mutuamente, el poso de moralinas del deber-ser que ciertos “líderes de opinión” alimentan para medrar, alcanzan expresión desmovilizadora: El orgullo de ser ignorante se combina con la conformidad fatalista. La Lectura desde esta perspectiva es convertida para una sociedad empobrecida intelectualmente en un sub-producto pseudo-intelectual. Esta idea cripto-fascista es funcional abajo en la escala social, y también para una elite que se aleja de sus fuentes, que ha olvidado o que nunca supo que Todo arte o voz genial viene del pueblo y va hacia él. Así se explica no solamente que el Perú sea uno de los países menos lectores y más ignorantes del mundo, sino que se trasluzca cierto orgullo al respecto. Esta base de psicología social permite ganar plata que da miedo creando “universidades” sin saber leer ni escribir, y construye censura social (no googleen este concepto, lo acabo de inventar) a través de estereotipos del pensamiento crítico, tildado de foráneo, apologético del terrorismo, pesimista, inconveniente, triste, propio de ciudadanos de segunda o tercera clase. Y todo en el mismo saco censor y pacato, porque la primera y más efectiva censura de todas, es el Silencio.

III

Libros, Lecturas e Incendios desde el Estado

No encontrarás, así escarbes en los archivos del Purgatorio, un libro sobre las aventuras sexuales de José de San Martín, que las tuvo, porque es el Papá del Perú, algo artificial, pero papá al fin, pues lo firmó y luego se fue, qué simbólico. Ni tampoco una novela histórica sobre las relaciones lésbicas entre Catalina Erauzo La Monja Alférez y sus varias parejas, porque en el Católico Virreinato del Perú no hubo más sexo que el reproductivo. Hoy en día abundan historias de gentes que comen carne en viernes, porque el ayuno y la abstinencia no le importan un pito ni al Arzobispo de Lima y se pueden ridiculizar sin riesgo. En pleno siglo XXI hay gentes dizque con carreras, maestrías y diplomados que se niegan a leer El Capital en el Siglo XXI, porque (agárrense) Thomas Piketty es un marxista hombre malvado (¿O era un malvado hombre marxista? Bueno, para estos da lo mismo). Hoy en día la técnica de la Censura se instala en la mente, mucho mejor que prohibir libros es fomentar el No-Pensamiento. El asunto no es del todo novedoso: Las iglesias y el estado quemaban libros “peligrosos” desde antiguo, parece que la práctica comenzó en el Egipto de los faraones, pero China tiene el primer registro indudable de quemar libros y masacrar intelectuales: El primer emperador, Tsin-Chi-Huang-Ti (siglo III a.C.), siguió el sabio consejo de su Ministro Li Si: unificar la opinión de los chinos por la rápida, reuniendo las obras de las Cien Escuelas de cinco siglos atrás y quemándolas. El que a ello se opusiera dejaba de ser leal súbdito, y se ganaba pasaje gratis de voluntario para construir la Gran Muralla, más una tumba bajo ella, totalmente gratis. La única Escuela cuyos libros se conservaron fue, qué casualidad, la de Li Si. La publicitada quema de libros en la Biblioteca de Alejandría por el Califa Omar es de seguro parte de la guerra psicológica para acallar quemas cristianas por gente convencida de que la Belleza y el Conocimiento eran diabólicas, en 292 d.C. el emperador Diocleciano empezó quemando todas las obras de Alquimia. Un Incendio curioso se produce en 1085 en Castilla, para decidir si los españoles seguirían el rito católico latino o el mozárabe, lo que se definió quemando en medieval Juicio de Dios un libro de cada rito: El romano ardió como cerilla, en tanto resistió el mozárabe encuadernado en cuero, pero algunos siglos más tarde la Iglesia Católica puso orden en este asunto. En 1204, los cristianísimos cruzados occidentales saquearon y quemaron la Biblioteca de Constantinopla. En 1480 el marrano fraile Tomás de Torquemada (1420 – 1498) quemaba con entusiasmo Talmudes y otros libros árabes y judíos como preludio a las quemas más institucionales de la Inquisición. En 1497, el fraile Savonarola en Florencia creó el revival religioso y el extremo ascético de quemar libros perniciosos, junto con instrumentos musicales, pinturas y esculturas, vestidos y juegos moralmente reprensibles. Los pueblos indígenas americanos no la pasaron mejor con la “extirpación de idolatrías”, que trató de borrar la memoria del Tahuantinsuyo y destruyó por fuego códices mayas. Se recuerda la encomiable labor al respecto del sacerdote Diego de Landa en Yucatán (1562), en la que acabó con la superstición y falsedades del demonio convirtiendo en cenizas miles de códices.

En nombre de la Razón también se generan monstruos: El Terror de la Revolución Francesa se cebó con libros como con cabezas aristócratas, Robespierre mandó quemar libros católicos, clericales y absolutistas. La Censura y Quema de Libros fueron comunes en la Europa del Siglo XIX. En 1812 los ingleses en Washington D.C. quemaron la Biblioteca del Congreso. Los estados esclavistas de América del Norte prohibían bajo pena de cárcel que los blancos enseñaran a leer a los negros - igual en la América Española respecto a los indios - y que muchos valientes desafiaron. El 10 de Mayo de 1933 miles de libros se quemaron en ceremonias neo-paganas en toda Alemania, las que Goebbels explicaba: el alemán del futuro no será un hombre de libros (…) así queremos educaros. Al fin de la Guerra Civil en España, el franquismo parodió a los germanos en la Universidad Central de Madrid el 30 de Abril de 1939, en un auto de fe contra los enemigos intelectuales de España, evento que solemnizó con su presencia Antonio Luna, secretario de “educación”. La Desnazificación en Alemania y sus satélites tras la Segunda Guerra Mundial implicó quemar más de 30,000 títulos de libros nazis. Las Dictaduras en Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú y diversos países centroamericanos instrumentaron quemas organizadas, algunas notables, como en el Chile de Pinochet, que tras 14 años de incendio admitió haber quemado en 1986 hasta 15,000 ejemplares de Las aventuras de Miguel Littin, clandestino en Chile, de Gabriel García Márquez; o la quema colectiva de un millón y medio de ejemplares del Centro Editor de América Latina en Junio de 1980 por la ilustrada Dictadura Militar argentina, en un récord de destrucción de cultura que así nomás no se alcanza. Aunque la Convención de La Haya ordene que el país ocupante de un territorio proteja sus bienes culturales, ello no protegió en agosto de 1992 a la Biblioteca de Sarajevo; ni en 2003 a la Biblioteca de Bagdad, lo que se sumó al  comercio ilegal de piezas arqueológicas con el complementario saqueo de los museos iraquíes, y en la actualidad de los sirios y libios. Entre las pérdidas más sentidas están el original del Canon de Medicina, de Avicena (980 – 1037), los tratados de Matemáticas de Abu Said al-Magribi y Qasim al-Hasani, la sección documental del Imperio Otomano, la Biblioteca Real Hachimita, los documentos de la Guerra Irán – Irak (1980 – 1988), y miles de microfichas sin copia. Cosas veredes, Sancho.

IV

Libros, Lecturas e Incendios desde la Sociedad Civil

Las quemas de libros “espontáneas” por parte de enardecidos ciudadanos escandalizados por los atentados contra la moral y las buenas costumbres siempre han sido curiosas e inconsistentes con la tolerancia que se acuerda a la pornografía soft y hard, y a los litros de salpicada sangre roja que rezuma en los écranes del cine y pantallas de TV. Aunque las películas están sometidas a censura en los cines y son editadas para la TV, los noticiarios televisivos no son tan detallosos cuando de embrutecer a las gentes se trata. Si los censores usaran algo más de sus cerebros – líbrenos la Santísima Virgen - dirigirían sus lanzallamas a los medios, pero como los fariseos del tiempo de Jesús, cuelan el mosquito y se tragan el camello. En el Perú clérigos retardatarios azuzaron quemas públicas de libros, como Peregrinaciones de una Paria de Flora Tristán, La Ciudad y los Perros de Mario Vargas Llosa y muchos otros. En 1967 el Editor Juan Mejía Baca publicó valerosamente una denuncia de la Quema de Libros del gobierno democrático de Fernando Belaúnde y su Ministro Alva Orlandini, aquí el enlace con el libro escrito por entonces: http://es.slideshare.net/markusronjam/juan-mejia-baca-quema-de-libros-1967. Cuando lees esto te percatas de un detalle: No se quemaban libros por contrarios a la moral, sino por decir la verdad. Igual que el libro de texto de Bruño en el Perú del siglo XXI (después de Cristo, por si hay duda) y acá el reportaje de la prestigiosa Ideele: http://revistaideele.com/ideele/content/la-quema-de-libros. La medida de la derechización de un gobierno se mide por su actitud hacia el libro y la lectura: La culta Policía de América Latina ha detenido estudiantes por portar el peligroso libelo La Revolución de la Física Moderna. En 1931 el Gobernador de Hunán en China prohibió Alicia en el País de las Maravillas porque los animales no deben usar el lenguaje humano. En 1978 se prohibió Hamlet en Etiopía. En el Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos se censura la sexualidad considerada desaforada (Punto interesante: con qué criterio se determina qué es desaforado y qué no) en libros como Un mundo feliz de Aldous Huxley, Trópico de Cáncer de Henry Miller, El pozo de la soledad de Radclyffe Hall, El amante de Lady Chatterley de J. A. Cronin. Las Uvas de la Ira de John Steinbeck se prohibió en California en 1939, por “lenguaje inapropiado”, pero se azuzó su quema pública.

(Un paréntesis sobre Las Uvas de la Ira. Desde el punto de vista literario es una de las cien mejores novelas de todos los tiempos, y su crimen es tomar partido por los condenados de la tierra y describir soberbiamente la pobreza. Fue un espejo social pues supo decir lo que nadie quería escuchar, dudo mucho que alguien haya dejado de leer el libro por ser “demasiado fuerte”. Es una de las obras mejor escritas que haya salido nunca de una pluma, con descripciones de antología: La destrucción premeditada de miles de toneladas de fruta para mantener altos los precios en contrapunto con el hambre de miles de personas; los abusos de alguaciles y watchers; la lucha sangrienta con los rompehuelgas. La última y tremenda escena de la leche materna queda grabada en las mentes. Se acusó a John Steinbeck de comunista, qué duda cabe, y nunca una acusación fue más falsa.)

A Miguel de Cervantes le censuraron fragmentos de El Ingenioso Hidalgo por sugerir cierto luteranismo en la frase  … las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada. En 1726 le tocó a Jonathan Swift en sus aparentemente innocuos Viajes de Gulliver. El mago de Oz, de Lyman Frank Baum, se prohibió en muchas escuelas y bibliotecas por “fomentar negativismo y brujería”. La Unión Soviética prohibió Las Aventuras de Sherlock Holmes por el espiritismo de Conan Doyle, así como a Kafka y a George Orwell y su Rebelión en la granja entre 1945 y 1990. Lolita, de Vladimir Nabokov (1955) se prohibió en Francia e Inglaterra por pornográfico. En los países islámicos, Venezuela y Japón hay diversas prohibiciones para Los Versos Satánicos de Salman Rushdie. Alemania, Canadá y Australia censuran Psicópata americano de Brett Easton Ellis por nocivo para menores. Los diarios de Turner, de William Luther Pierce, no puede leerse en Alemania desde 1978 porque el autor formó parte de un partido neonazi. La hija de Burger, de Nadine Gordimer, fue prohibida durante seis meses en Sudáfrica por ser sobre el apartheid. Cazador de espías, de Peter Wright, se prohibió en el Reino Unido entre 1985 y 1988 por revelar secretos de Estado. Nuestro amigo el rey, de Leroi Gilles Perrault, es prohibida en Marruecos desde 1993 porque en esta biografía del rey Hassan II se develan violaciones de los derechos humanos. La Buena Terrorista de Doris Lessing fue casi prohibida en el Perú por una campaña del Diario El Comercio con el intelectual argumento de no poder haber “terrorista bueno”. Matadero cinco de Kurt Vonnegut (1969) se desaconseja a menores. Trópico de Cáncer de Henry Miller (1934) y casi todo el resto de su producción es demasiado erótico y pornográfico para muchos. Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl, fue censurada muchos años por los personajes oompa-loompas; al igual que James y el melocotón gigante por, dícese, promover las drogas, la violencia y la desobediencia hacia los adultos. En el colmo de la ironía, se censuró un libro sobre la censura: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

V

Colofón


Es poco consuelo saber que es barbarie quemar libros. Parece cierto que los prusianos prohibieron La Divina Comedia pues según el ilustrado censor no se puede hacer comedia con las cosas divinas, y que se quemaron los libros que trataban de Cubismo de la Biblioteca de Pablo Neruda por hacer propaganda a la Cuba de Fidel. Barbaridades de Bárbaros. Los Libros que reflejan a esa parte de la Sociedad que gobierna no son de su agrado. Pero algo ganamos con la Censura, si quieres saber qué libros son realmente buenos e importantes, no tienes más que consultar las listas de Censuras…

La primera parte de esta Crónica, referida a la censura eclesiástica, está aquí:

       
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martes, 27 de mayo de 2014

CRÓNICA DE LECTURAS 82 - LECTURAS PROHIBIDAS - I

Crónicas de Lecturas - 82
Lecturas Prohibidas - I

I

El Acto de Prohibir, para Dummies (Parte Uno)

Iba a titular esta Crónica “Libros Prohibidos”, pero pensando pensando me tropecé con que lo que le interesa prohibir a quienes poseen el poder de prohibir no es el libro, que suena feísimo en un mundo orientado a la democracia liberal o cuando menos donde mucha gente se cree el cuentazo. Lo que interesa prohibir o cuando menos dificultar es el acto de leer. El genial Bradbury comentando su Fahrenheit 451 decía con donaire que no se necesita quemar bibliotecas, sino despoblarlas. Parece que viene a cuento describir algunos de tales modus operandi para prohibir la lectura en tiempo real, porque el pasado no está tan muerto como usualmente se cree. Una decena y pico de años atrás, por ejemplo, se publicaba en el Perú el Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (in extenso, acá: http://www.cverdad.org.pe/ifinal/), y dada la inexistencia de relatos del tiempo de la Lucha contra el Terrorismo la fuente parecía inatacable. Pero se visibilizó clarito el interés por invisibilizar una buena mitad de ese período: el de la violación masiva y descarada de los Derechos Humanos. Los que trataban de esconder el sol con un dedo no nos daban nada a cambio, pretendían ni más ni menos que no leamos ni averigüemos ni aprendamos, y de preferencia que tampoco pensemos. Toda la alternativa que presentaron era creerles a ellos y a su versión limitada, desaprensiva, atrabiliaria, parcial y sesgada. En varias polémicas que sostuve en espacios virtuales – relativamente fáciles de encontrar por poco que se busquen – respetables oficiales en retiro de ciertos Institutos Armados demostraban seguir estacionados mental y emocionalmente en la Guerra Fría, y decían con todas sus letras que el Informe podía ser elaborado y almacenado en Archivos y Bibliotecas para su consulta por los futuros historiadores del siglo XXX, suponemos, pero que era inadmisible que fuera leído libremente por la gente. Tal censura disimulada está de moda cuando un texto le pisa los callos al poder.

En 1440 se produjo la diabólica invención de la Imprenta de Tipos Móviles por el conocido radical y subversivo comunista Johann Gutenberg. La Iglesia y el Estado, desde premisas diferentes, estaban bien advertidos de los riesgos que envuelve que la gente lea y, Dios no lo permita, piense con libertad. Es común asociar Libre Examen con Imprenta, pero las primeras normas para regular la Imprenta y proteger los grandes capitales vinculados a la empresa en Italia y Europa son muy anteriores a Martín Lutero. El Imprimátur al que me he referido en otras Crónicas fue establecido por Inocencio VIII (Papa de raras habilidad y astucia, nada “Inocencio”, por cierto) en 1487, y duró casi medio milenio. Entretanto, las primeras normas de la República de Venecia de 1469 salvaguardaban los intereses comerciales de los impresores. Se evidencia así desde temprano la unidad de intereses entre el poder económico y el poder político en los medios de comunicación, que se potencia hacia 1540 gracias a la aparición de un enemigo común: La Reforma y su indeseable Libre Examen. Como es obvio, hay dos maneras de lograr que la gente no lea, una es no imprimiendo libros y la otra prohibir leerlos. Pero como la Imprenta es un negocio y los intereses comerciales terminan por imponerse, el paso de la prohibición de leer a la de imprimir se vio como signo de civilización, y de bárbaro se tildó al que reprimiera el ejercicio de la lectura. El malhadado Humanismo fue el culpable de esta vuelta de tuerca, que dio alas a los pensadores y utilizó artera e insidiosamente la Imprenta para difundir su material atentatorio contra la autoridad divina y humana, atreviéndose incluso a aspirar a la peligrosa utopía de la societas litteratorum, apoyada en los libros y en la libertad de ejercer el llamado ars scribendi artificialiter.

II

El Acto de Prohibir, para Dummies (Parte Dos)

A principios del siglo XV la situación estaba inclinada a favor de los scribendi. Quemar prójimos como Jan Huss o Giordano Bruno estaba muy mal visto y la naciente opinión pública no lo consideraba cristiano. Parecía momento de hablar, y de hablar alto: Martín Lutero clava sus 95 Tesis en la puerta de la Iglesia de Wittenberg en 1517 porque sabe que se las van a leer y sabe que tendrán impacto, y desde entonces ya no habrá vuelta atrás. Pese a excomuniones, represiones y prohibiciones, la Iglesia Católica no consiguió detener la progresión de las ideas de Lutero y otros reformadores, igual como no puede detener hoy a fuerza de represiones que sus fieles usen anticonceptivos o practiquen el aborto, y de entonces acá continúa en retirada. La unidad del cristianismo se hizo trizas cuando por vez primera en Occidente el Pueblo hizo saber que no cumpliría otra ley que la que ellos mismos aceptaran. La Lectura había derrotado a la Autoridad: En 1519 el editor y librero Giovanni Froben informaba a Lutero que sus escritos aparecían en toda Europa como los hongos después de la lluvia y que incluso ilustres caballeros italianos “devotos de las musas” compraban ediciones populares y las repartían por miles gratuitamente en las ciudades: No lo hacen por hacer dinero sino para ofrecer apoyo al renacimiento de la piedad cristiana. La Iglesia no toleró esto por mucho tiempo, y acusó a los editores de materialismo y corrupción (Algunas estrategias no cambian aunque pasen los siglos). Pero como suele ocurrir el mal había contaminado a los de adentro también: católicos sinceros conformaban una resistencia interna, creando tendencias espirituales de retorno a las enseñanzas del Cristo de los evangelios, y rechazaban la opulencia y el decaimiento moral en los prelados. En 1515 el papa León X establecía la censura previa para Occidente, según lo acordado en el V Concilio Lateranense, que prohibió imprimir libros sin autorización episcopal. La orden se aplicó ipso facto con la ruptura de la cristiandad por la Reforma. En 1523 Carlos V prohíbe difundir la obra luterana en España y Alemania, y en 1524 Clemente VII extenderá la prohibición al resto del mundo. Pero en el annus horribilis de 1527 la soldadesca germana de lansquenetes protestantes de Carlos V saqueó Roma, lo que se interpretó urbi et orbi como castigo de Dios sobre la impiedad de la Iglesia Católica. El trauma trajo un efecto aún visible en la estructura eclesial: Reforma hacia adentro, Contrarreforma hacia afuera.

En 1538 el Papa Pablo III (Alejandro Farnesio) delineaba los primeros rasgos de una Reforma interna en profundidad, y esa Reforma ya incluía en su primera fase ese enojoso asunto del control de los Libros. Dos posiciones entraron en conflicto durante el decisivo Concilio de Trento (1542 – 1564): Los “renacentistas”, con el Papa Farnesio, apoyaban los esfuerzos conciliadores y unificadores del Emperador Carlos V, y esto significaba dar pasos concretos hacia la tolerancia y la convivencia, y quien sabe así podría ser posible la reunificación de la Iglesia de Cristo. Por el otro lado, los “contrarreformistas”, con el Papa Caraffa (Pablo IV), uno de los autores del primer intento de censura, representaban la posición dura del no compromiso y no aceptación de nada que viniera del protestantismo, con los que se asociaba los libros y la lectura, incluso en su variable humanista católica. En el Concilio las posiciones terminaron por unirse en la formulación de estándares morales conservadores que proporcionarían la base para la censura y prohibición de lecturas. La Iglesia sólo era autoridad en los Estados Pontificios, y necesitó organizarse para ejercer el control moral que permitiera censurar la lectura. Así se fundó en 1542 la Congregación para el Santo Oficio de la Inquisición (o deberíamos decir refundó, había habido antes otra), y en 1572 la Sagrada Congregación para el Index Librorum Prohibitorum. Pareciera que tenemos que encontrar la motivación de todo esto en el miedo a que las bases de la autoridad se desvanecieran, el miedo a la desorganización del mundo, el miedo a perder el poder.

III

La Prohibición por las Iglesias

Retrocedamos un poco en busca de tendencias generales: El Concilio de Nicea, en 325 d.C. no se limitó a establecer el Credo de la Fe Cristiana, también inició la seguidilla de condenas, prohibiciones y quemazones de escritos considerados paganos, herejes y/o cismáticos. La prohibición se extendía a los discípulos y seguidores del condenado en cuestión, tal vez la más famosa sea la condena a Arrio en la misma Nicea, pues el arrianismo casi desplazó a la doctrina ortodoxa, y para desplazarla a ella los prelados recurrieron a la manu militari del emperador Constantino. La lista de herejías y escritos relacionados a lo largo de los siglos es tan grande que me libero de la obligación de mencionarlas una por una, quizá le dedique en su momento alguna otra Crónica. Que baste con señalar que las Biblias en las que basaban sus ideas más sus escritos propios eran sacados de la circulación para evitar que sus pestíferas ideas influyeran sobre la masa de los creyentes: Tal era el objetivo final, relativamente sencillo de alcanzar pues nunca había demasiados ejemplares de dichas obras, que debían ser copiadas a mano, y cuya posesión era casi indicio seguro de pecado. Por ello la quemazón de libros era más bien simbólica, a veces junto a la quemazón de los cuerpos vivos de sus autores, ya mencionamos a Bruno y Huss. Este simbolismo lo heredarían algunos sucesores en la historia, como el Partido Nazi de Alemania, también entusiasta en esto de quemar libros para sentar posiciones. En todo caso, la imprenta lo cambiaba todo, ya no se podía pretender que una quemazón de libros eliminara el problema; y más aún, matar al autor podía convertirlo en mártir. Por ello el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, dentro de la vigilancia general a que sometía a los fieles, observaba con suma atención qué decían o escribían, lo que indicaba con bastante seguridad qué pensaban y sobre todo qué leían. En Los Anales de la Inquisición en Lima (1863), de Ricardo Palma, se describe con sabor criollo y librepensador el cómo la Inquisición vigilaba a la sociedad del Virreinato del Perú, encuéntrala aquí: https://archive.org/details/analesdelainqui00palmgoog. La novela histórica La Gesta del Marrano (1991) de Marcos Aguinis mira el asunto desde la perspectiva mucho más dramática del heroico perseguido Francisco Maldonado da Silva, bájala desde aquí:  http://inabima.gob.do/descargas/biblioteca/Autores%20Extranjeros/A/Aguinis,%20Marcos/Aguinis,%20Marcos%20-%20La%20gesta%20del%20marrano.pdf

Las prohibiciones y controles “invisibles” fueron así más rastreras e insidiosas, “prevenían” el problema. Las restricciones aplicadas a la producción de libros implicaban vigilar las Imprentas. Y por cierto, cualquier parecido con circunstancias análogas actuales NO es coincidencia y tiene exactamente el mismo propósito. Ahora bien, vale la pena dejar claro que este asunto no puede achacarse a una sola iglesia con preferencia a las demás, ni yo ni nadie conocemos Iglesia tan tolerante que acepte las obras que la atacan, o atacan alguno de los dogmas en los que se sostienen. Y donde la censura resulta peor es donde se junta el Estado con la Iglesia. Pruebas al canto hay miles, señalemos sólo algunas de las contemporáneas: Los Versos Satánicos de Salman Rushdie desataron una ola de histeria colectiva y prohibiciones en los países musulmanes al tocar el Corán. Leer Jinnah de Pakistán, de Stanley Volpert se prohíbe en dicho país desde 1982 pues el musulmán Mohamed Alí Jinnah, padre de dicha nación, disfrutaba su chicharroncito de chancho acompañado de algún vinito aloque, menú que para el Islam parece inadmisible. La relación del Islam jurídico con la mujer se critica en No sin mi hija de Betty Mahmoody, y fue prohibida en el Irán de los Ayatollahs desde 1990. No se crea que por acá en el Occidente cristiano o en América Latina estamos mejor, sólo la hacemos distinta: Tendemos no a la censura directa y escueta, sino a la vergonzante y medio escondida adoctrinación y manipulación de ciertos sectores sociales a través del control de la Educación, o al empleo del aparato del estado para la censura disimulada – o no tanto - de las lecturas consideradas peligrosas. Las Peregrinaciones de una Paria de Flora Tristán y las obras de Clorinda Matto de Turner fueron quemadas en plazas públicas y a sus autoras les hicieron cuadritos la vida, eso solamente por mencionar dos casos del Perú republicano. Durante decenios ser liberal, librepensador, anarquista, socialista, o a veces sencillamente humano, pasaba por denunciar y combatir la connivencia de la Iglesia con el estado para la censura, connivencia que en diversos aspectos aún subsiste, y que fue extremadamente marcada en el mundo hispano, en particular durante el régimen franquista en España.

Por cierto, y para los que crean que le pego demasiado a las Iglesias, espérense a la segunda parte de esta Crónica, donde le pego al Estado.

IV

El Índex

El Índex librorum prohibitorum, Índex Expurgatorius o Índice de libros prohibidos es la lista de publicaciones que la Iglesia Católica entendía como perniciosas para la fe, sea porque la atacaran, la ofendieran, la criticaran o la minaran actuando sobre la Moral de los fieles. Lo primero fue las normas y criterios para censurar libros, con el efecto buscado declarado de evitar que los tales textos y libros se leyeran, es decir que su contenido actuara sobre la conciencia de los fieles dificultando así su “salvación”. En la práctica el Índex servía para elaborar pruebas contra los autores o poseedores de libros perniciosos. Lo pernicioso no abarcaba únicamente el protestantismo en sus diversas variantes, sino también a la superstición, la magia, la alquimia, la necromancia y la astrología. Sin embargo, se observa en las listas de libros y autores censurados una cierta i-lógica, basada tanto en las necesidades políticas del momento como en los procesos en que una obra o autor llegaba a alcanzar el honor de ser prohibida. Alguna vez esperamos hallar una historia de estos procesos que arroje luz sobre el tema. El Índex constaba de tres listas que agrupaban: Uno - Todas las obras y escritos de un autor prohibido. Dos - Libros específicos de un autor prohibido. Tres - Escritos específicos de un autor incierto, como el caso del Lazarillo de Tormes, cuyo autor parece prefirió prudentemente pasar desapercibido. Con estas tres listas se abarcaba un Universo de prohibiciones cuya progresiva acumulación ponía a los intelectuales y fieles en general frente a un dilema insoluble: Para ser un buen católico debías renunciar a ciertos saberes. Me permito opinar que nunca estuvo tan amenazada la libertad de los hijos de Dios por la propia Iglesia.   

Entre 1564 y 1571 las listas fueron elaboradas -  a petición del Papa y los Obispos - por las Universidades, lo que verdaderamente escandaliza, pues las dichas Universidades no solamente no se negaron sino que fueron incluso entusiastas en demostrar su adscripción a la fe. Y precisamente por lo complejo de la situación es que el papa Pío V crea una Congregación al efecto, la que operó entre 1564 y 1966, en que fue suprimida por el Papa Paulo VI. En sus cuatro siglos de existencia emitió cuarenta ediciones del Índex, la última en 1948. Para los curiosos, acá la edición de 1612, donde consta la prohibición de toda la obra del sumamente peligroso Desiderio Erasmo de Rotterdam, en el Índex desde 1500, que amenaza con poner en riesgo la salvación de los lectores del Elogio de la Locura: http://www.uco.es/humcor/behisp/informacion/documentacion/indice_censorio_expurgatorio.pdf. En la primera versión del Index Librorum Prohibitorum se prohibía toda versión de la Biblia escrita o autorizada por Martín Lutero, así como las que se parecieran a ellas o estuvieran escritas en lengua vernácula, con detalle incluso de la lista de los tipógrafos o impresores vetados por reproducirla. Puede que el caso que describa mejor el modus operandi de la Censura sea el de Galileo Galilei, a quién convocó el Santo Oficio en 1633 para conversar amigablemente sobre su Diálogo sobre los principales sistemas del mundo. La obra había pasado la censura, pero tuvo demasiado éxito al ser interpretada como heliocentrista y a favor de Copérnico. Galileo parece pensaba que pasaría la censura por su superior inteligencia y prestigio, y ser protegido del Papa Urbano VIII. Pero la Censura carece de escrúpulos tanto como de sentido del humor, e igual lo llevó a juicio. Finalmente el anciano Galileo decidió no complicarse, pasó por el aro y pronunció la famosa abjuración, tras la que no pudo evitar murmurar el mítico Eppur si muove (y sin embargo se mueve). Si será verdad eso.

Que en el transcurso de los siglos el asunto no debió ser muy cuidadoso se nota por las inconsistencias, puede que por la diversidad de políticas aplicadas o los distintos contextos históricos. Hay autores cuya no-presencia en el Índex extraña, como Arthur Schopenhauer, Karl Marx o Friedrich Nietzsche, amplísimamente conocidos por su ateísmo o su hostilidad hacia la Iglesia Católica. Están, sin embargo, aparte del mencionado Erasmo, Nicolás Copérnico, François Rabelais, Michel de Montaigne, Giordano Bruno, René Descartes, Blas Pascal, Thomas Hobbes, Samuel Richardson, Francis Bacon, David Hume, Denise Diderot, Jean Jacques Rousseau, Heinrich Heine, George Sand, Honoré de Balzac, Émile Zolá, Anatole France, Alejandro Dumas, Edward Gibbon, Henri Bergson, Leopold von Ranke, Auguste Comte, Claude Henri de Saint Simon, Emilio Castelar, Gabrielle D´Annunzio, John Stuart Mill, Víctor Hugo, Maurice Maeterlinck, Gustave Flaubert, Emanuel Kant, André Gide, Pierre Larousse, Jean Paul Sartre, y un sumamente largo etcétera. La elección que el católico tendría que hacer entre la salvación de su alma y el saber del siglo podría de alguna manera considerarse cuestión de conciencia, si bien jalando muchísimo la pita, pues parecería que lo que no estaba explícitamente permitido estaba totalmente prohibido. Pero la sociedad hispanoamericana estaba tan dominada por la Censura Católica que el precio pagado por no leer ni imprimir a estos autores fue el retraso, el fracaso y/o la aceptación de la estupidez como elemento de la salvación personal. Y yo no sabo qué opinará el Buen Dios al respecto.    

V

Colofón


En este colofón deseo rendir homenaje a Sobre el infinito Universo y los mundos, libro que fue quemado junto con su autor: Giordano Bruno. El crimen cometido fue decir que el Sol era una estrella, que hay en el Universo un infinito número de mundos habitados por seres inteligentes. La emoción del descubrimiento llevó a Bruno a proponer una forma de panteísmo. Estoy seguro que el Buen Dios no va a castigar una visión portentosa y emocionada de la inmensidad del Universo con las llamas. Hasta otro día y otra Crónica.   

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martes, 23 de octubre de 2012

DEMOCRACIA Y CENSURA


DEMOCRACIA Y CENSURA

“ … la patria son dos hombres que en una esquina maldicen a un tirano …” (Borges)

Mirando y mirando los últimos acontecimientos me encuentro con ciertos temas que ameritan opinar. Y como opinar es precisamente la última trinchera contra la censura, el mero hecho de hacerlo implica estar en la ruta del patriotismo y la democracia. Nuestras patrias americanas se fundaron no solamente por la voluntad general de la independencia, sino por la de la libertad. Hasta Don José de San Martín, conservadorón como era, no pudo escapar al requerimiento de la hora, asociando en su celebérrima proclama la Voluntad General, la Patria, la Libertad y la Independencia del Perú.

Es que tales conceptos son inseparables. Si quieres ser autónomo e independiente, pues debes ejercer la Libertad. Si no puedes, tu independencia es un mito. Y ejercer la Libertad, según dicen los que saben, consiste en hacer y decir lo que debes hacer y decir, en elegir conscientemente cumplir con lo que consideras tu obligación. Esta elección personal, que se forma en el transcurso de los primeros decenios de la vida, se complementa con los límites que el cuerpo social acuerda. La Libertad garantiza la Independencia, y la Independencia a la Libertad. Si hay falla en el sistema educativo y en la organización política y social, pues entonces obtenemos lo que tenemos. Pues la “Libertad” hoy en día aún está en veremos tras toda una generación criada en épocas de dictadura, con instituciones nacionales dominadas y genuflexas, y con una educación diseñada para mantener intacta la segmentación social.

Sin embargo, la realidad enseña más que la escuela. Esta es una verdad que los partidarios de la Dictadura y el Negacionismo – son lo mismo - tratan desesperadamente de tapar con el Dedo Medio. Necesitamos urgentemente Derechas e Izquierdas Ilustradas, pero resulta siempre más fácil negar que afirmar, y en muchos no llegan a formarse las sinapsis con las neuronas que Dios, en su infinita sabiduría, distribuyó en nuestros cerebros. Se piensa que metiendo la cabeza en el carapacho la cosa que no nos gusta deja de existir, y aunque la autodefensa emocional es necesaria, lo cierto es que ejercer como seres humanos pasa por el uso de la razón, con sus críticas a ésta y todo. Y eso significa enfrentar la realidad como es, no como nos gustaría que fuera. Por ello fue que los sectores más sanos o menos corrompidos de la sociedad peruana combatieron y derrotaron a Sendero Luminoso, y a la vez se cepillaron a la Dictadura de Fujimori. Sin embargo, la sociedad peruana abarca amplios sectores Brutos y Achorados, Incendiarios y Congelados. La educación “en dictadura” o en “falsa democracia” dejó huella, hay quienes no quieren confrontar las realidades y así ni llama la atención ni deberíamos quejarnos porque Sendero sobreviviera a punta de cupos en el VRAEM y llegara a constituir partido político, mientras el fujimorismo redivivo trata por todos los medios de tener candidato liberado para el 2016. No es más que natural que así sea en una sociedad habituada a engañarse a sí misma.

Cosechamos así lo que sembramos. La pregunta pertinente es entonces qué hacer. Los que sostienen que la cosa dejará de existir si la ocultamos son poderosos y tienen a su disposición muchos medios. Como escuché alguna vez: “Todo hombre tiene su precio, y el sistema mucha plata”. ¿Dije Sistema? Sí, dije Sistema. Los intereses en juego son tan amplios, hay tanta plata permanentemente en juego que resulta ingenuo no verlo. Y cuentan con trucos malévolos, pues la mala conciencia no les permite hacer otra cosa. Y así se concentrarán en la delincuencia o en Antauro, pero no leerán el informe de la Comisión de la Verdad – pero sí querrán revisarlo. Ni querrán que las gentes ejerzan su libertad de elegir ver o no una determinada exposición, preferirán cerrarla, no vaya a ser que nosotros, menores de edad, pensemos. Quieren que MOVADEF no exista – y en eso concuerdo – pero creen que lo lograrán prohibiendo hablar de ellos. Aspiran a negarle a las Universidades la posibilidad de ejercer el pensamiento. Emplean falacias y mentiras a discreción basados en el hecho que la educación peruana está diseñada para el fracaso o para la emigración. Promueven el achoramiento a lo bestia, y con insultos tratan de tapar las ideas o al menos convencer a la mayoría que no debe participar. Como los niños que se tapan los ojos cuando algo les molesta, no quieren resolver problemas, quieren exorcizarlos con fórmulas mágicas.

Y se esconden tras la “Libertad de Expresión” que manipulan a su antojo, pues cuentan con los medios para diseminar su pensamiento mágico. Una Libertad que tratan de dinamitar hablando ellos solos. Porque censura es ni más ni menos callar al que dice, opina o muestra lo que a mí no me conviene o no me gusta. Porque la tolerancia que el resto les acuerda es un valor que ellos niegan frontalmente, pero que utilizan. Tienen miedo de la polémica, porque la polémica les haría cambiar, y ellos quieren quedarse congelados. Si fueran más inteligentes, capaces y brillantes que el resto, tal vez se les podría escuchar, pero lo único que nos sirven es su Intolerancia y su agresividad, hace rato que los mejores entre ellos se mudaron a la Derecha Inteligente. Defienden a viva voz o con murmullos el racismo, la intolerancia y el odio. Piensan para sus adentros, parafraseando a la mala a Castoriadis, lo linda que sería la civilización sin el 99 % de los peruanos. Lo intelectual les huele feo, no vaya a ser que convenzan a la indiada, y así si no pueden censurarte por las leyes, lo harán a grito pelado.

¿Qué quieren? Indudablemente quieren borregos que los sigan, quieren un país formado por menores de edad, donde ellos sean los encomenderos de esta indiada de todos los colores que es nuestra Patria. Quieren estar solos, que solamente ellos opinen, que solamente ellos manden. Eso de la Democracia es muy bonito, pero siempre que sea aristocrática. Sería maravilloso poder cumplir con la primera parte de su deseo y dejarlos solitos, a que se cocinen en su propio jugo, pero por desgracia son artificialmente levantados por una prensa permanentemente inclinada ante el poder. Y no queda más que continuar la brega, porque la manera de detenerlos no será poniendo entre paréntesis la realidad, sino mostrándola en su completa crudeza, fomentando el pensamiento, educando y enfrentando la ignorancia y el achoramiento. Sería interesante desplegar como lema nacional “A más Hígado, más Neuronas”. Es lo mínimo que le debemos a esta Patria fundada sobre la Libertad. Y punto.


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martes, 20 de diciembre de 2011

NI CON EL PÉTALO DE UNA ROSA, o Pobrecito el cocodrilo


“… el periodista peruano promedio es un engreído que cree merecerlo todo, incluso la licencia de insultar, agraviar, inventar historias y demoler no sólo a los personajes públicos o visibles, sino también al ciudadano común y corriente que tiene la mala fortuna de involucrarse en hechos controversiales” (César Campos)

“Entiendo que la intención de la ley es que se respete la privacidad y que la privacidad no sea una materia de escándalo, que la aproveche una prensa amarilla y escandalosa y eso me parece respetable, creo que la libertad es fundamental pero no la depravación de la libertad que es el libertinaje” (Mario Vargas Llosa)

Entre los buitres que despedazan jugosos cadáveres para servirlos a la indiada como ración cotidiana debiera correr la historia del cocodrilo y el sapo. Este chiste pondera la manera de hablar del sapo, que raja de todos los animales y dice de ellos cuanto le parece, hasta que aparece el león, rey de la selva, que viene a poner orden y manifiesta que se comerá a los bocones – o algún equivalente -, ante semejante amenaza a su integridad física, la reacción del sapo es fruncir la boca, empequeñeciéndola para engañar al león y pasar piola, y decir hipócritamente: “pobrecito entonces el cocodrilo”. El chiste consiste básicamente, para mis lectores que no lo hayan entendido, en la hipocresía del sapo, incapaz de aceptar el error y más bien buscando a quien endosárselo para que el león no se lo coma. Es curioso además cómo enfrenta al león con el cocodrilo, otro poderoso animal. ¿Le recuerda eso la conducta generalizada y constante del periodismo nacional, avisado y perspicaz lector? Si me comportara como el sapo de la conseja, seguramente le diría que no, pero afortunadamente cuento con la catilinaria que el agudo y entero periodista César Campos, cuyos puntos de vista en general no comparto, les endilga a sus colegas en su último artículo. Esto es algo muy destacable pues si una profesión destaca por su ausencia casi total de autocrítica y autocontrol, así como por un vasto e inmerecido exceso de autoestima – hasta el extremo del engreimiento, es la del periodismo.

Medios sin credibilidad

En nuestro país, por lo menos cuatro de cada cinco ciudadanos simple y llanamente no le creen a los medios de comunicación, dato estadístico que aparece fugazmente unos dieciséis segundos en los comentarios periodísticos y luego desaparece durante largos años, a pesar de su continuidad. Es que para muchos de ellos eso ni es noticia ni es parte de la agenda pública, que baja de los cielos. La gran mayoría de los ciudadanos tiene mayor o menor conciencia que la prensa conforma un grupo de poder que abusa de su posición de dominio para hacer lo que les viene en gana, conchabados y combinados con los que la mueven. Hay conciencia de que una cantidad escandalosa de los periodistas son plumíferos a sueldo, que alquilan o venden su pluma al mejor postor, es decir que lo que dicen y publican es el resultado de su labor como empleados a sueldo. Aunque algunos afortunadamente escapen a la norma, una norma sigue siendo una norma. Pero tal vez lo que más subleva a la mayoría de las gentes vulgares y silvestres es la pretensión del periodismo de constituir estamento privilegiado, ese engreimiento completamente injustificado al que se refiere Campos. Y quizá lo que más subleva a continuación es la obsecuencia de funcionarios de instituciones igual o peor consideradas por la opinión pública, que se lanzan con evidentísimo interés a defenderlos.

La corona del periodismo

Todo esto viene a razón de la llamada por el periodismo - por favor, qué duda cabe – la “Ley Mordaza”, que ha sido aprobada por el Congreso los últimos días. Veamos en qué consiste la tal “ley mordaza”. Lo primero que notamos es la dificultad de encontrarla, pues está escondida detrás de una pantalla de críticas, periodísticas por supuesto, a ella. Así nos enteramos primero de que esa Ley está mal, es anticonstitucional, da mala digestión, es antisistema, atenta contra las viudas y los huérfanos, hace llorar a las viejitas, nos llevará forzosamente a una dictadura, y además el Congreso la ha dado porque Bedoya está resentido y Vargas Llosa está equivocado. Todo eso antes de saber en qué diablos consiste, lo que es una suerte de táctica de llenar el bosque de más árboles. No seré yo quien defienda al Congreso, casi seguro estoy que han aprobado una Ley llena de agujeros, de aquellas que, como decía Jesucristo de los fariseos, “cuelan el zancudo y se tragan el camello”. Pero casi termina uno simpatizando con el deseo del Congreso de regular un ejercicio profesional carente de todo control ciudadano. No es que el Congreso esté bien considerado, pero el periodismo está igual o peor. El trabajo de los ingenieros, abogados, profesores, arquitectos, policías, médicos, farmaceutas y muchos otros profesionales cuentan con códigos de ética y normativas legales a veces incluso excesivas, porque la ciudadanía no puede quedar inerme frente a los eventuales abusos. Pero no sabíamos que el periodismo se creía tener corona.

Periodismo y actividad comercial

Por otra parte, el periodismo es también una actividad comercial. Vende noticias y comentarios impresos, y captura audiencias para alquilarlas a los anunciantes. No por ser un comercio inmaterial deja de ser comercio, y por ende tendría que estar sujeta a los códigos comerciales que penalizan el vender gato por liebre, o la venta de licor a los menores de edad. Si me compro una loción para la calvicie que me dice que en 23 días me volverá a crecer el pelo, y no lo hace, pues entonces tengo abiertos los canales legales para que me devuelvan mi dinero y me resarzan los daños y perjuicios producidos. Si alguien le vende licor a los menores de edad le pueden cerrar el negocio. El resto son vainas. Pero el periodismo se puede permitir destrozar impunemente las vidas de las gentes, y salirse de la ley cuanto les viene en gana, y gozar de un poder que ni siquiera saben utilizar bien, y que más bien sirve para dorar la petulancia y las plumas de algunos. La ciudadanía está inerme frente a los manejos de los medios, y nadie penaliza las mentiras crasas. Los más lúcidos de entre los periodistas pugnan por la autorregulación, pero esa autorregulación no llega nunca y se entrampa en discusiones bastante bizantinas. El código de conducta, si existe, es letra muerta.

Labor social del periodismo

Hablar de la labor social del periodismo resulta bastante risible, en este contexto. Y aprovecho para felicitar a la media docena que sí lo hace. Un ejemplo de ello lo tuvimos patente en la madrugada del domingo pasado, cuando el fuerte temblor que despertó a todo Lima, desató el Twitter, cosa obvia porque sabemos que las líneas telefónicas colapsan durante un sismo. Se supone que el periodismo debería cumplir la labor social de informar con veracidad y controlar el pánico. ¿No es la vida humana el máximo valor del periodismo? Pero encontramos periodistas que creían llegado el calendario azteca, desesperados por anunciar catástrofes y tsunamis, que disparaban twitt tras twitt desconcertando a la gente, y demostrando y esparciendo la ignorancia más supina en cuanto a movimientos sísmicos. La tranquilidad provino de contados periodistas y de muchos espontáneos, que empezaron a reunir y difundir información, a tranquilizar el cotarro, a dar avisos de servicio público y a manejar el asunto con responsabilidad. Además está presente la constante cuestión de la protección de los menores, cosa que es obvio que, considerando la sangre y las tripas que cotidianamente nos sirven, al periodismo simplemente no parece interesarle. Y si dicen que sí, pues a los hechos me atengo: Si pudieran publicar sin sanción social asesinatos y violaciones chuponeados, ¿Lo harían? Si hay plata, pues por supuesto. Acá no creemos en pajaritos de colores.

La ley …. ¿Amordaza?

En resumen, la Ley señala un solo aspecto esencial: La sanción hasta con cuatro años de prisión al que indebidamente interfiere, escucha o difunde una comunicación privada, quedando exenta de responsabilidad la difusión de comunicaciones que tuviese un contenido delictivo perseguible por acción penal pública. Vale decir, algo bastante edulcorado y con hartas maneras de sacarle la vuelta, pero a la vez con dientes, que es tal vez lo que más le revienta el hígado a los medios, pues según la Ley ahora hay que coordinar con un Fiscal, que determine si lo presentado es perseguible. Ello le quita discrecionalidad al periodismo y los supedita al orden legal, pues deberían informar y consultar al Ministerio Público antes de difundir. Y según parece, escarbando un poquito, parece ser esa la mamacita del cordero. ¿Qué se ha creído la ciudadanía, que los periodistas son iguales a la indiada? Porque, que yo sepa, no soy yo el que determina si es delito perseguible el que mi vecino me tire piedras, pongamos por caso. Si así lo pienso, tengo que hacer un largo proceso, y puede que hasta lo pierda, y eso me costará en abogados, tiempo y complicaciones. Pero estos señores la quieren fácil, y, es más, la quieren impune, no en nombre de la Libertad de Prensa, sino en nombre del escandalete público, de la cortina de humo, del fomento del vuelo buitresco sobre las vidas y honras ajenas, de la venta de sangre y tripas. No quieren que les toquen el negocio ni con el pétalo de una rosa.

Libertad de chuponeo

El problema, por ende, no es la Libertad de Prensa, es la Libertad de Chuponeo, es decir de interceptación clandestina e ilegal de llamadas telefónicas o conferencias, y su empleo como arma periodística. El chuponeo se ha utilizado incluso en el caso de Ciro Castillo Rojo como chisme periodístico, y resulta elevado al rango de “noticia” por sí mismo. Toda discusión acerca de la moralidad, la ética y demás no puede pasar por alto que reunir las pruebas de un delito no es cosa del periodismo, sino de los que acusan judicialmente. El problema no es, como se dice irresponsable y tendenciosamente, la calificación del delito, porque al final eso viene tras un laborioso proceso, y es un juez quien lo declarará. El tema es que haya acusación y defensa, y el poder judicial, aún el nuestro, tiene que investigar y escuchar a todas las partes, antes de condenar o absolver. Pero es que el poder de condenar sin juicio es riquísimo, y el periodismo lo emplea a troche y moche, tratando de llevar de la nariz a la opinión pública. Por otra parte, seguramente todo esto toca aspectos complicados y cuestionables, pero las leyes se perfeccionan y cambian, y la alternativa no sería que no haya ley, sino que hubiera autorregulación. Y la autorregulación de los medios de comunicación, como la Segunda Venida de Cristo, se pasa al próximo año desde tiempos inmemoriales, lo que parece un modo de campear como beduinos en el desierto, asaltando sin tasa las caravanas, pues no hay ley que los contenga, ni desean que la haya.

Colofón

Se ha dicho que esta ley alienta la autocensura. Recién me entero que la autocensura se ejercía solamente por estas razones, como si no supiéramos que la agenda, que baja de los cielos, la ponen ellos, y que el silencio se suele comprar. Podríamos llamar autorregulación a esa pretendida autocensura, y en todo caso, entiendo que si el periodismo es tan incapaz de autorregularse, como queda probado por sus eternos e inútiles esfuerzos al respecto, pues no les debería quedar más remedio que dejarse autorregular. Como los niños malcriados, incapaces de comportarse autónomamente, necesitan de la mano fuerte del papá. Según parece, para que las criaturas se comporten deben venir mamá sociedad y papá gobierno y obligarlos a que se conduzcan civilizadamente. Entiendo que seguramente la ley no es perfecta, pero entonces ¿qué propone el periodismo frente al problema? Esperaremos aquí sentados una propuesta que no sea mantener la impunidad. Esta es mi libre opinión al respecto. Y punto por hoy.