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lunes, 19 de enero de 2015

LA EDUCACIÓN NO RESUELVE NADA - LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 9


LA EDUCACIÓN NO RESUELVE NADA
LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA 9


La solución para todo ... ¡es la Educación! 
(Creencia General)

Introducción

Nosotros creemos que la Educación como la pregonan los políticos y los empresarios no es solución de nada.

Nos oponemos al artificial discurso de la Educación como  panacea de todos los problemas, pues creemos que se trata en exclusiva de hacerle creer a la gente que la Educación soluciona problemas.

Modificar un aspecto de una realidad compleja y dejar igual lo demás no aporta gran cosa.

Cuando viene alguien con responsabilidad y se le plantea un problema existente, verlo poner los ojos en blanco y pontificar: Eso se resuelve con educación, no nos dice nada. Debiéramos empezar por definir qué es eso de Educación, y cómo y en en qué medida soluciona tal y cual problema.

Asumir la Educación como Panacea Mágica es puro tonteo a que se somete a las gentes. La "Educación" no es un metafísico abracadabra que administrado a cuentagotas soluciona problemas de toda laya y calaña en nuestras sociedades. El problema laboral juvenil en nuestro país, por ejemplo,  le hace saltar las costuras al presente gobierno, y no puede resolverse con más "educación".

Además, hay desacuerdos: Por ahí un importante columnista de la concentración mediática repite muy suelto de huesos que el problema en la Educación es el exceso, porque produce demasiados contestatarios e izquierdistas, y eso que le turba el sueño a la clase dominante no puede resolverse con más educación.

Que la Educación instrumente la movilidad social mínima propia de una sociedad más o menos democrática es una afirmación vacía en el contexto de un feroz clasismo y desbarajuste social y ético. Todos sabemos que la Educación como concepto, proceso, sistema, actividad, etcétera, en nuestros países es bastante inútil y prescindible, y no solamente no logra objetivos positivos sino que más bien propicia el retroceso y sostiene la reproducción de las desigualdades. 

Lo Manifiesto y lo Latente

Cuando se dice que la Educación resolverá tal o cual problema, hay que mirar bien quien lo dice. Si son políticos de mafia y argolla (y de los otros también), decirlo les permite distraer a las desconcertadas gentes, patear las soluciones a los verdaderos problemas hacia las calendas griegas, diluir las culpas y responsabilidades de los desastres de las últimas décadas, y encubrir lo masivo de los operativos de robo, corrupción y mentira que tienen masivo y entusiasta lugar mientras hablamos.

Como el proceso educativo dura decenios y no se sabe exactamente si termina, y cuando, es perfecto  manipularlo como Solución, pues no obliga a nadie a gran cosa. Es sumamente útil para hacer la finta de que se hace algo, inaugurar un par de aulas y dejar el resto como está, porque mientras la gente crea que algo se hace para "el futuro", en el hoy el corrupto sigue corrompiendo, el ladrón robando y el mentiroso mintiendo, porque las gentes dedican energías a "estudiar" o a reunir los ingentes fondos indispensables para que sus hijos "estudien". El truco es que sigan creyendo que "el que estudia triunfa", y dejen a los sinvergüenzas que roben mientras "hacen obra", en la esperanza de morder su tantito ... una vez que hayan logrado obtener esa cada vez más cara mercancía llamada "Educación". 

El meollo del problema

Lo dicho suena tan desesperanzado como desencantado, pero decía mi Santa Abuela que el que dice la verdad no miente. La Educación como Panacea es para engatusar a las gentes, y tiene poco que ver con lo esencial de la Educación.

Usemos un truquito epistemológico para distinguirlo,  un enfoque fenomenológico más o menos a lo Husserl. Es decir, concentrémonos en el fenómeno tal como es en sí, abstrayéndolo y deconstruyéndolo de todo aquello con que se lo rodea, y que usualmente proviene de diversos idola a la vieja moda de Francis Bacon.

Es decir, veamos el fenómeno educativo calato y despojado de toda morralla, basura, hojas secas y estorbos que nos tapan los hechos. Desprendidos de lo que no es fenoménicamente Educación, nos deshacemos de todo lo demás: "Política educativa", "Economía educativa", "Sociología educativa", "Sistema educativo" y todo otro añadido. Una vez deconstruido todo esto, discernimos el verdadero grado de importancia o "imprescindibilidad" de lo que queda como esencia de la Educación. Así tenemos argumentos para decir si lo que hacemos tiene sentido, si ponemos los recursos donde deben estar, o si lo que invertimos va a producir o afectar un resultado previsible, o si simplemente hacemos la misma finta una y otra vez.  

Deconstruyendo

En el siguiente cuadro hay elementos que nos refieren a la Educación: 

ELEMENTO
PERTINENCIA
SE PUEDE PRESCINDIR
Salón de Clase
Es importante que haya un espacio físico, sin embargo la transmisión de conocimientos, habilidades y actitudes no lo requiere necesariamente, y puede utilizarse casi cualquier lugar como espacio de aprendizaje.
SI
Textos, Equipos y Materiales
Refuerza la acción del profesor, pero tanto profesor como alumno pueden eventualmente pasársela sin textos, equipos ni materiales como ocurre en muchísimos lugares. Incluso el concepto mismo de Libro de Texto está en veremos.  La transmisión de contenidos no requiere necesariamente de ellos, aunque parecen auxiliares de mucha importancia para facilitarle la vida al docente y puede incluso que faciliten el aprendizaje. 
SI, 
en situaciones extremas
Escuela
El aprendizaje no requiere en realidad de Escuelas, pues se produce espontáneamente; pero parece importante tener estas instituciones para transmitir y fijar las conductas sociales consideradas deseables. Sin embargo, podemos imaginar un proceso de enseñanza / aprendizaje, que podría continuar eventualmente sin escuelas o con conceptos más cercamos a los de las comunidades educadoras.
SI, aunque tiene importancia para la socialización
Director
Necesario si hay muchos profesores y alumnos, y hay que administrar y gestionar recursos escasos. Puede eventualmente apoyar el proceso educativo. Pero no es imprescindible el Director para que haya enseñanza / aprendizaje, y demasiadas veces su acción estorba, deforma o dificulta el aprendizaje. 
SI
Organismos Intermedios
Pueden apoyar a maestros y alumnos, pero sin ellos nada cambia en el proceso general. Pueden ser eventualmente útiles, pero tienden a la burocracia, y pueden perfectamente ser factor de retardo o de coacción y coerción de los docentes de a pie. 
SI
Currículo
Representa lo que se enseña, y sin contenidos no hay enseñanza. Es verdad que los contenidos suelen anquilosarse y limitarse a la repetición y paporreteo, pero no hay enseñanza ni aprendizaje en el vacío, y cuesta imaginarse un proceso de este tipo sin contenidos. Por otra parte, los contenidos representan la experiencia condensada, resumida y sistematizada que los grupos humanos consideran importante transmitir a sus descendientes.
NO
Maestros
Los que enseñan, no es posible de ningún modo prescindir de ellos. Son las correas de transmisión de la experiencia social entendida tal como lo mencionamos en el cuadro anterior.
NO
Alumnos
Los que aprenden, no es posible prescindir de ellos. Son los que asumirán los contenidos sociales considerados relevantes y reproducirán el modelo y lo modificarán de acuerdo a sus necesidades. Con el tiempo serán, a su vez, transmisores.
NO

(Inserte aquí otros elementos que se le ocurran y continúe el análisis)




Algunas Conclusiones

Desprovisto de toda la morralla, hojarasca y fuegos artificiales, el hecho mondo y lirondo en sí es que lo más básico y esencial en Educación es:


Alguien que enseña,
y alguien que aprende. 

Podemos discutir hasta la náusea las circunstancias, personas, rasgos, colores, sabores y texturas del fenómeno, pero al final todo parece reducirse a esto, y nada más que esto:


Alguien que enseña a Alguien que aprende unos conocimientos socialmente relevantes.  

Y no habría nada más esencial en el fenómeno educativo. Tal vez le cargamos la tinta demasiado a lo esencial, porque definitivamente hay más, pero como ya no es lo Esencial, podemos continuar razonando desde este punto. Así llegamos a una consecuencia fundamental de lo dicho:


En Educación, puedes cambiar lo que creas necesario, pero si no modificas para mejor las condiciones de Enseñanza del Profesor, y/o de Aprendizaje del Alumno … pues no has atacado la esencia del Problema.


EN CONSECUENCIA, NO HAS HECHO REALMENTE NADA.
(E incluso puedes estar retrocediendo)


.   
Colofón

La mayor parte de lo que se dice que mejora o afecta a la Educación no va a lo esencial sino a  lo accesorio: La infraestructura, organización, equipamiento, etcétera, tienen importancia pero no van al centro del problema, que es la optimización del proceso de enseñanza / aprendizaje a través de la mejora de las condiciones de vida del maestro y de los alumnos.

La mayor parte de los que venden la Educación como Solución a los problemas de la sociedad abstraen a Maestros y Alumnos del proceso y pretenden persuadirnos que poner computadoras y construir aulas mejora sensiblemente la educación. Ello es tan efectivo como arrojar violines en paracaídas para enseñar música, o construir aulas más grandes para que entren el doble de alumnos en cada una. Pero es que arrojar violines con paracaídas o duplicar el tamaño de las aulas son "obras" tangibles que permiten robos aún más tangibles. En cambio, capacitar docentes y mejorar sus ingresos y condiciones de trabajo, o entregar desayunos y transporte escolar, aunque sí mejoran las condiciones de vida de las gentes involucradas en el proceso, se dejan de lado pues el porcentaje de coima es más reducido.

Constatar esto y decirlo es incendiar la pradera, y eso a muchos no les gusta, pero las hogueras queman, y también iluminan la noche. El que tenga oídos, que vea.  

Peru Blogs

miércoles, 28 de marzo de 2012

CRONICAS DE LECTURAS 9: Leer en el contexto del Bullying

CRÓNICAS DE LECTURAS – Nueve

Leer en el contexto del Bullying

I
De colegios, nerds y matonería - bullying

Cuando yo estaba en el colegio – estuve en dos – leer no era demasiado importante. Se pasaba por agua tibia los cursos sin necesidad de leer ni el calendario, pues era suficiente repetir lo que el profe decía en clase y lo que había en el texto. Eso de PISA, de la emergencia educativa, de la crisis del sistema, del plan lector, no le preocupaba absolutamente nada a absolutamente nadie. Pocos percibían el problema en marcha, y por eso hoy en día tantos creen que la educación de antes era “mejor”, y la verdad, no creo que lo fuera para nada. Los problemas de ahora ya estaban ahí, simplemente no se notaban. La Educación era cosa de élites, algunas con más visión se la tomaban en serio; mientras que la mayoría no, pues para lo que se requería no contaba tanto. Si tú eras el hijo del Jefe, tú serías el Jefe, y ya. Y en ese caso qué importaba si en el colegio aprendías algo o no, pues para eso había la Universidad, y en ocasiones ni siquiera. Como dice el viejo versito, se interesaban en el asunto tanto “cómo el aristócrata ruso / en el primer calzón de raso / que se puso”. No era el aprendizaje de los cursos sino el de la ubicación social lo que realmente contaba. El aprendizaje central era el de tu ubicación en la sociedad, y el principal instrumento educativo era el de la matonería – bullying. Hoy vemos lo difícil es cambiar esa realidad, porque el bullying estaba y está instalado en la cultura educativa nacional desde siglos (La letra con sangre entra se decía desde el Virreinato, y he oído a padres, profes y hasta sacerdotes repetirlo con unción y nostalgia). Desde siempre los alumnos más sabihondos – en verdad los dotados de buena memoria – han sido objeto de acoso. Y poseer memoria / erudición era ser “inteligente”. Así estaba la cosa, y pese a toda el agua que ha pasado bajo el puente, poco ha cambiado y la cosa sigue ahí. Tal vez la principal diferencia entre entonces y ahora es que éramos más sonsos y vivíamos un feliz aislamiento que permitía mirarnos satisfechos el ombligo. Cuando no te comparas con nadie, puedes creerte que lo estás haciendo bien, eso hasta que llega la dura realidad y te das cuenta con cuánto entusiasmo lo que estabas haciendo lo hacías fuera del recipiente. Así nos enteramos que estábamos en crisis, lo que no fue tan malo, pues nos metió un sentimiento de urgencia y ganas de cambiar las cosas. 

Ser el nerd del salón de clase sin tener verdadera vocación para ello no fue agradable, por más que en mis tiempos eso implicaba juntarte con los tipos más leídos y escribidos del ídem. Además si no te juntabas con ellos quedabas solo como un hongo, y así los bacanes se juntaban con los bacanes y los nerds con los nerds. Ser nerd implicaba que en el mundillo del salón eras una bestia en las actividades que sí importaban a tus pares: El fútbol, el recreo, el fastidiar a los profesores - que llamo contra-bullying. Si leías y/o eras estudioso (“chancón”) y sacabas buenas notas, te aislabas de tus pares, pero servía con los otros grupos de la institución escolar: Profes, padres y/o autoridades, y tu estatus mejoraba algo aunque tus pares eventualmente te acusaran de soplonaje. A no ser que procedieras a un reajuste de tus actitudes sociales y aprendieras a jugar fútbol y jorobar profes, tus relaciones se reducían drásticamente. Compañeros tuve cuya vida escolar era dramática e imposible. Los matones (bullyes) lo son porque así se ubican como “superiores” en una jerarquía implícita entre los “pares”, que a mi entender refleja por mímesis el orden institucional y social. Podemos acudir al viejo símil del gallinero: La gallina A picotea a todas, la gallina B a todas menos la A, y así sucesivamente hasta la pobre gallina Z que no picotea a nadie y es picoteada y acosada por todas. La estabilidad del sistema se mide en la relación entre la amenaza de violencia y su empleo real. La matonería – bullying se da a la sombra de las consignas de la autoridad institucional a través de los conocidos mecanismos del currículum oculto o latente. La llegada de un alumno nuevo, por ejemplo, introduce un cuerpo extraño que cambia el orden establecido, y se reconfigura la estructura jerárquica en el gallinero-aula, probando al nuevo y ubicándolo en la jerarquía; esto en cuanto al grupo de pares. Por encima y por debajo de los pares hay otros grupos y otras super o subjerarquías: Los alumnos de años superiores, más grandes y fuertes por definición, que solían abusar de los más pequeños, y en casos extremos – más de los que creemos – incluso sexualmente; los profesores estaban por definición arriba en la jerarquía, pero esto se relativizaba cuando no sabían o no podían ejercer autoridad en el salón de clase. Así la jerarquía misma era subvertida a través del contra-bullying, es decir cuando los alumnos le jorobaban la vida a los profesores percibidos como más débiles de carácter. Por encima de todos, las Autoridades del plantel detentaban el último Poder: El de admitir o excluir de la Institución a los más levantiscos o indisciplinados o débiles de carácter, sean alumnos o profesores. El currículum oculto establecía que los alumnos sean sumisos con la autoridad, y que los profes “se hagan respetar”, “controlen” su clase y “contengan” a sus alumnos. La iniciativa y la audacia de maestros y alumnos se sometían a la Autoridad, a costa de las habilidades intelectuales y sociales basadas en la autonomía, pues el orden jerárquico y la autoridad estaban primero en la escala de valores institucional.  

Por este aro pasaban los alumnos, y aunque algunos desarrollaban más autonomía y espíritu independiente, o tenían mayores habilidades individuales y sociales, la conciencia de los dobles estándares los subsumía en el sistema. Si los procesos de la adolescencia permitían a alguno alzarse con cierto liderazgo y remecer la estructura colándose por sus intersticios más débiles, captados intuitivamente y rara vez explícitos, terminaban igual por adaptarse al entorno. En ciertos colegios particulares que dependían de las pensiones para la supervivencia de la Institución y de los puestos de trabajo, los alumnos sabían que no los botarían, y se volvían “Intocables”. Los alumnos del último año en muchísimas Instituciones educativas sabían que habría que hacer algo realmente gordo para ser echados. Hasta dónde esta realidad ha cambiado y en qué extensión es una buena pregunta.

II
Más sobre bullying, Velasco, cambio de colegio, textos escolares

La jerarquía social escolar entiendo refleja los rasgos y composición de nuestra sociedad. En el cuento Paco Yunque del genial César Vallejo, Paco, objeto de acoso por el matón Humberto Grieve, dibuja lo que para él es la situación jerárquica establecida desde el acoso. Esta parte del cuento no se edita en las versiones escolares, nunca he entendido por qué. Recuerdo con gran nitidez el día que uno de nuestros profes – Pacheco o el Tigre Huertas, no sé bien quién, pero ambos sabían hacerse respetar sin violencia – nos leyó el cuento. No era común que un profesor nos leyera algo, y la atención del respetable público estudiantil fue fulminantemente absorbida por la trama, que mucho nos decía porque mucho nos involucraba. El final del cuento desconcertó a todos, pues nadie podía creer que un cuento terminara así, dejando indemne la situación de abuso, sin final feliz, sin nada a qué aferrarse. Preguntamos:  ¿Y cómo termina? Y el profe, con una mirada que era toda una declaración de principios: Ahí termina. A nosotros nos contaban por lo general narraciones y lecturas redondas, donde los buenos invariablemente merecen ganar y ganan, y los malos invariablemente merecen perder y pierden. Y eso se vende como “fomento de valores”, siendo de una simpleza escandalosa y de una irrealidad espeluznante. Jamás he podido estar de acuerdo en enseñar mentiras o edulcorar la realidad ético-moral. La semilla que Paco Yunque sembró tomó forma en mí y en muchos de mis compañeros posteriormente. Y en otros no, como siempre ocurre en este trabajo, porque el profe nunca sabe qué pasará con la semilla que echa, como en la parábola del Sembrador. Sólo la echas, ves qué pasa, y mañana echarás otras. Esto no lo comprenden los decisores políticos y los padres de familia. El aprendizaje es una actividad humana, y como dice el educador inglés Ken Robinson, es consecuencia de la Revolución Industrial: Una línea fabril de producción, donde metes por un extremo a niños “sin formar” y los sacas formateados por el otro extremo. Una visión más equilibrada compara la Educación más bien a la paciente labor del agricultor, que siembra, riega, abona y mueve la tierra, y observa todo el tiempo qué pasa con el clima y el entorno para reajustar sus acciones.

En una estructura educativa donde lo primordial es la introyección de la jerarquía establecida y el statu quo social, el aprendizaje de contenidos es secundario. Pero en aquellos días la realidad se entrometió en esta feliz arcadia con un remezón: El Gobierno y Reformas de Juan Velasco Alvarado. Pasó incluso que uno de mis parientes cercanos me llevó aparte y me explicó concienzudamente por qué la Reforma Agraria era mala, y Velasco el Diablo. La discusión política, a pesar de todos los esfuerzos, llegaba a los alumnos produciendo preguntas incómodas, que nos llevaban a usar de nuestras cabezas en una complicada, anárquica y espontánea autonomía. Oscuramente intuíamos que se ponía en cuestión todo lo instituido, y la clásica rebeldía adolescente se expresó, como siempre, en contradictorios rechazos y maximalismos de toda especie. En ese contexto fui cambiado de colegio en circunstancias poco felices, y una de las razones parecía ser que mi colegio, religioso y todo, era un antro de comunistas. Así que como quien dice tuve que empezar todo de nuevo, sin comunistas, creo. Y como yo antes leía mucho más y mucho mejor cuando lo hacía por mi cuenta exclusiva, en mi nuevo cole me encontré con que eso que había adquirido por mi cuenta resultaba ser muy apreciado por mis nuevos profes y por el Director – que por cierto llegó a Viceministro. Hasta entonces yo siempre había procrastinado la lectura escolar, pues ni la quería ni la necesitaba ni la usaba ni me inspiraba para nada. Mi rebelión adolescente empezó por no leer lo que era obligatorio leer. Tampoco importó mucho, no pasó nada académicamente. Con excepción del curso de Física, pasé el período por agua tibia, y a ritmo de entrenamiento aprobé con buenas notas, lo que me proporcionó muchas ventajas. Como lector identificado, los alumnos de años superiores me pedían les leyera sus textos obligatorios y les hiciera las tareas, así que aprendí economía comercializando mis conocimientos, cosa útil hasta hoy. En el Internado cobraba cinco soles de entonces a cada alumno que requiriera de mis servicios para resumir textos y llenar fichas. Además yo era el único usuario “espontáneo” de la Biblioteca escolar, y mi mejor lectura, lo recuerdo bien, fue la Historia de la Independencia Americana de Bartolomé Mitre, en varios tomos. Por cierto, qué narrador tan excelente. Ahora que el problema de los textos escolares está de moda, más que sea por sus precios, encuentro que nadie piensa hoy en la diferencia entre los viejos textos y los actuales: La interactividad. Los autores tratan, tratamos, que se hagan cosas con los textos. Los viejos y entrañables textos pueden provocar sentimentales suspiros de nostalgia, pero no eran interactivos, limitándose a echar listas de preguntas, a veces precedidas por un Cuadro Sinóptico – único y simbólico homenaje a la operación de las ideas. Estaban diseñados, como el resto del sistema, a imagen y semejanza de nuestra sociedad: autoritaria, repetitiva, memorística y unidireccional. Se puede decir que la matonería – bullying existía también a nivel de texto: Eran la Verdad, la Verdad se acepta, y si la discutes, jalado. La evaluación escolar puede ser también parte del estándar del bullying, cuando se destina más a sostener la jerarquía que a medir logros o reforzar aprendizaje. En otro momento trataremos de esto. No me parece extraño que el gran contestatario peruano, José Carlos Mariátegui, fuera un autodidacta libre del amaestramiento, que se ahorró sufrimientos innecesarios y viera así otras perspectivas en sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, donde entiende la educación como problema político, económico y social, no pedagógico. Ni es extraño que José Antonio Encinas, el gran educador peruano, criticara con visión nuestro atrasado sistema en Un ensayo de escuela nueva en el Perú, de 1932. No me resisto a hacer una cita al azar de sus combativos y actuales puntos de vista: Hace algunos años visité una “Escuela Correccional”, que era prácticamente una Cárcel para menores. Esa escuela ha estado en manos de militares y de curas, menos en poder de educadores y de psiquiatras. (…) encontré como Director a un Teniente Coronel de Caballería, quien había impuesto un régimen militar. (…) Ninguno de los niños detenidos había sido objeto de un estudio psico-médico. Bastaba la línea antropométrica policial. (…) Era suficiente, para corregirles, el calabozo o la capilla. (op. Cit. Ed. Facsimilar CIDE, 1986, p. 183). Admito que me disgusta mucho percatarme que problemas vistos con tal claridad hace ya más de 80 años por Mariátegui y Encinas sigan como si tal cosa en nuestro sistema educativo.

III
El texto de Literatura de Cuarto Año, y el contra-bullying

Seguro he sido injusto con los viejos textos escolares. Hubo varios que me gustaron, como el de Historia del Perú de Gustavo Pons Muzzo. Los textos de Matemáticas de Rubén Romero Méndez presentaban orden y efectividad, y sus ejercicios, más mi profe de segundo de media, lograron que me gustaran las mates. Pero el que más me gustó fue el texto de Literatura de Cuarto de Media, de Rubén Barrenechea Núñez. Me lo leí de cabo a rabo con satisfacción íntima mucho antes de verle la cara al autor, que fue mi profe en Quinto. Pongámonos en contexto: Mi humilde persona y mis compañeros de la promo conformábamos un conjunto de vivaces cachafaces en algo semejantes a los Alegres Compañeros de Robin Hood en el Bosque de Sherwood, aunque otras percepciones tal vez más objetivas nos compararan mejor a una banda de Visigodos sueltos durante el saqueo de Roma. Es decir, un grupete al que el estar proscrito o fuera de la ley no incomodaba o producía el más mínimo atisbo de reflexión moral. Como grupo poseíamos rasgos hobbesianos, bakuninistas y libertarios. Vivíamos prestos a romper toda norma por el puro gusto de pasarla bien, ah qué tiempos. En cifras redondas, la banda de delincuentes juveniles en cuestión era el terror de los profesores, pues no solamente era alegremente vocinglera, capaz de extraordinarias cotas de chacota y astutamente transgresora, sino que además constituía una gestalt que manejaba un fulminante análisis psicográfico de personalidades combinado con el más absoluto de los nihilismos y el más acabado manual de tácticas para hacerle la vida imposible a los profes. Separados éramos muchachos más o menos comunes, ni mejores ni peores que otros, con virtudes y defectos. Juntos éramos las cabalgaduras que el Demonio empleaba para visitar sus dominios infernales más levantiscos. Contadísimos profes podían controlarnos, y demasiados salieron – cosa de la que hoy no siento orgullo – con la cabeza gacha, humillados por esta banda inmanejable en la que los más tranquilitos y chancones podían ser los peores. Saber que a los de quinto no los botan otorga ventaja en la secular guerra entre los alumnos y el sistema que los trata de doblegar. El grupo había alcanzado con los años y la práctica una sinergia que maximizaba al extremo los efectos de la chacota: Desde el nerd más nerd hasta el más bacán de los bacanes utilizaba corporativamente el máximo de sus habilidades para hacerle la vida imposible a los profes, formando lo que hoy llamaríamos un equipo multidisciplinario con eficiente y eficaz integración de habilidades diferentes. La matonería había desaparecido del grupo de pares, y dichas energías se redirigieron hacia el contra-bullying, que se convirtió así para nosotros en un arte, una ciencia, un hábito y un hobby.

No me atrevo a contar qué le hicimos a algunos profes. Estuve presente activamente, para mi vergüenza, en actos de grande e inconsciente crueldad. Después pensé mucho en ello y tomé decisiones. Sin embargo, con ciertos profes habíamos alcanzado la coexistencia pacífica, que no excluía la crítica o las chapas (apodos). En ciertos casos era por el poder que detentaban, en otros porque nos caían bien y/o sus clases tenían interés. El profesor de Literatura de Quinto, autor de nuestro texto, era un tipo curioso. No hablaba mucho, no se esforzaba por ser más que él mismo, y se notaba que se las había visto y dado chico y partido a guapos de toda calaña y salones muchísimo más complicados y difíciles que el nuestro. No me pregunten cómo lo sabíamos, ya hablé del aparato de análisis psicográfico fulminante que poseíamos. Lo sabíamos, punto. Por ende, no había contra-bullying. Dado mi oficio y experiencia, trato de encontrar cómo este profesor de Literatura, usuario de una muleta, bajito y portador de unos anteojos de carey ya entonces en desuso, se las podía ver con nosotros, controlarnos, contenernos y encima hacer bien su clase. Tras varias décadas de reflexión a algo llegué, a su actitud. En sus acciones había un absoluto y completo desprecio por los estudiantes. Por favor no me malentiendan, no digo que nos despreciara a nosotros, sino a los estudiantes, en el sentido que mucho después encontré en las Lecciones de Metafísica de José Ortega y Gasset. Los estudiantes son en realidad una tira de farsantes, sin ninguna sensación de identidad con los conocimientos que reciben, porque no sienten la más mínima necesidad de ellos, y por lo tanto se puede decir que son unos fantoches sin personalidad. Mi experiencia de estudiante corrobora este aserto, me temo. El desprecio del profe era impersonal, como el que se le podría acordar a una circunferencia o a un ladrillo, no tenía que ver con los chicos. Se veía que nos identificaba y trataba como seres humanos, no como estudiantes. Y cuando nos portábamos así, sentíamos como sus revoluciones bajaban y se le enfriaba el entusiasmo. Nadie se ofendía, nos manteníamos quietecitos, temerosos de incurrir no en su ira, de la que no éramos dignos, sino de su desprecio, mil veces peor. Ni hablábamos de ello ni lo entendíamos. La medida del respeto intelectual y temor reverencial que inspiraba su presencia se daba en que era el único profe sin apodo o sobrenombre. Y le decíamos de frente “Doctor”.

IV
La falsedad del estudiar, lo verdadero del aprender: Un profe y un texto

Tal es el Profesor, tal es el texto. Lo interesante en ambos, el texto escolar y el profesor-autor en la clase, era ese otro lado de ese orteguiano desprecio por el estudiante, que es el aprecio por el aprender y por el aprendiz. El profe y el texto eran apasionados, si bien dentro de sus límites. Parecía que mi profe no quería estudiantes en su clase, quería aprendices. Ello me dejó profunda huella, porque ni José Ortega y Gasset, ni el Profe Rubén Barrenechea, ni el profe Bellina quieren “estudiantes” en las aulas que tuvieron, tienen o tendrán a su cargo; quieren gentes con otra actitud vital frente al conocimiento. Para no caricaturizar ni caer en la injusticia, recurriré al propio Ortega y Gasset: El “estudiante” es un ser adocenado, aburrido, atrabiliario, a quien se le obliga a hacer algo falso, a fingir que siente una necesidad que no siente, que vive en el  vicio humano que consiste en fingir cuidado por lo que no nos da en rigor cuidado, en un falso preocuparse por cosas que no nos van en verdad a ocupar; porque ser estudiante es verse el hombre obligado a interesarse directamente por lo que no le interesa, y así El estudiante es una falsificación del hombre.  (Todas las cursivas son de Ortega y Gasset, José, Unas lecciones de metafísica, Alianza Editorial, 2da Edición, Madrid, 1968). Y si somos algo autónomos y tratamos de pensar con nuestras propias cabezas estas reflexiones nos llevarán a cuestionar el sentido de nuestras instituciones educativas, y por ende del sistema en su conjunto: escuelas, textos, maestros docentes, alumnos discentes, entorno, en suma el sentido general de lo que hacemos. Si tratamos a nuestros niños y jóvenes como simples “estudiantes”, en un contexto violento, matonesco y acosador, en buena cuenta los estamos falsificando por partida doble como seres humanos, lo que en mucha medida explica por qué somos tan malos educando, a pesar de nuestro ingente gasto en infraestructura, y tener excelentes textos y educadores; y por qué fracasamos en hacer algo útil con la Educación. Es horrible decirlo pero a veces pienso que somos un laboratorio del fracaso, que los éxitos de las personas que atraviesan el sistema son obtenidos a pesar de, y no debido a, el sistema. Basta con examinar lo que ocurre en términos generales con las personas exitosas, analizar su recorrido por el sistema, y llegaremos casi con seguridad a ciertos hechos terribles y muy penosos de aceptar, pero que debemos confrontar si queremos hacer algo. Me resulta difícil medir lo que pasó con mi generación, incluso con los que compartieron aula conmigo. Muchísimos emigraron, quizá más del 50 % contando a mis dos promos. Demasiados “quemaron cerebro” a través del inmoderado consumo de drogas legales y/o ilegales. Demasiados tienen vidas, familias y/o entornos inestables o disfuncionales. Otros simplemente se perdieron de vista, nada sabemos de ellos. Algunos fallecieron prematuramente por muerte violenta: asesinato pasional, atropello, incluso suicidio. Otros hicieron fortuna fuera de la ley, a través del narcotráfico, la estafa y otros delitos. También hay el otro lado, por supuesto, pero son tan pocos los que se reúnen a recordar los viejos tiempos, que hace que uno se pregunte por qué, no parece que esas épocas hayan sido para la mayoría un paraíso. Y en cuanto al aprendizaje, mi sensación personal fue que recién en la Universidad se aprendía “en serio”. 

La diferencia entre el profesor y el texto que menciono con otros profesores y otros textos no era la buena voluntad, que estaba presente en la gran mayoría. Ni era la sapiencia o la pasión, muchos conocían muy bien sus cursos y les gustaban. Ni tampoco el sistema en que se desenvolvían, el mismo para todos. Era la actitud frente a las personas que estábamos ahí en el papel social de escuchar, aceptar y aprender. Los profesores que yo más recuerdo eran aquellos que nos trataban como seres humanos, y trataban que entendiéramos la importancia de lo que estábamos haciendo. Creo que todos lo intentaban de uno u otro modo, pero el mismo entorno les impedía ser los seres humanos que a ellos mismos les hubiera gustado ser. Así como los alumnos que lo hicieron bien, lo hicieron a pesar y no por el sistema; los profesores que lo hacían bien, lo hacían no por el sistema, sino a pesar de él. Volvamos a la matonería – bullying. El concepto de currículum oculto nos ayudará a entender que en la práctica hay dos currículos: La excelente y cuidada currícula oficial, documento maravilloso, lleno de buenas intenciones, que el Ministerio se ocupa de estructurar y reestructurar cada cierto tiempo, y que las diversas instancias, hasta el maestro en su aula, tratan supuestamente de diversificar; y el currículum oculto, expresado en la realidad institucional de las escuelas, establecido por las reales acciones que se adoptan y resultado de las relaciones sociales realmente existentes. Para decirlo de un golpe, la currícula oficial considera la convivencia pacífica como el modo de establecer relaciones sociales democráticas y horizontales; el currículum oculto que las relaciones sociales reales son jerárquicas y basadas en la ley del más fuerte. Es decir, la matonería – bullying no empieza en las relaciones entre alumnos pares entre sí, sino en la integración a un esquema educativo jerárquico y autoritario, basado en la imposición de normas, la repetición de contenidos y la memorización de conceptos. Si pensamos – discutible, por supuesto – que el sistema educativo expresa el carácter de la sociedad, y que la Educación es la correa de transmisión de los contenidos socialmente deseables, pues entonces la extensión y amplitud del fenómeno de la matonería - bullying demostraría que éste es en la práctica el tipo de relaciones que existen en la sociedad.

V
Colofón
A veces uno sabe como empieza, pero no como termina un texto. Leer en el contexto del bullying nos lleva de hecho al bullying. Curioso concepto, que para que nosotros nos enteráramos que existía, tuvo que venir de norteamericanas latitudes, entre tanto “no lo vimos”. Seguimos siendo virreinales en nuestra educación y medievales en nuestro concepto de valores, y por eso no solamente ocultamos la matonería, sino que además sotto voce la consideramos como un hecho de la realidad al que hay que adaptarse, y algunos incluso la ven formativa para sus hijos. No hay padre de familia responsable que no entienda que hay que enseñar a los hijos a defenderse físicamente, y por eso los profes de artes marciales tienen tanta chamba en las clases medias. Tal vez el desprecio por la Cultura y los Libros que en la realidad existe, a pesar de todas las declaraciones líricas al respecto sea un reflejo, también, de esas relaciones sociales matonescas. Lo bueno es que el tema se ha visualizado y empieza a enfrentarse. Entremos en esa lucha, y entretanto Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. No te arrepentirás. Y cuídate del Bullying.

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viernes, 20 de enero de 2012

CONTRA EL HEROÍSMO

Peru Blogs
"La historia es la esencia de innumerables biografías." 
(Thomas Carlyle)

“Desgraciado el país que necesita héroes.” (Bertold Brecht)

“Un héroe es todo aquél que hace lo que puede” (Romain Rolland)


Me he levantado iconoclasta esta mañana, con ganas de darle la vuelta de un revés a alguna perogrullada social, de esas que de tanto ser repetidas ya carecen casi completamente de contenido y solamente se sostienen por la propia inercia de la estructura de la sociedad, de la ciencia de la historia y de la práctica educativa. No es la primera vez que trato estos tópicos, los he discutido con civiles y militares, con sostenedores absolutos y detractores completos del concepto, y de hecho tiene alguna trascendencia por los acuerdos y desacuerdos que levanta.

Heroísmo y Currícula

Lo cierto es que el concepto de Heroísmo cruza a tres disciplinas con las que me siento identificado y en las creo tener alguna competencia: La Educación, la Historia y la Ciudadanía. El Heroísmo y los Hechos de los Héroes se enseñan en el área de Sociales, se supone para formar a los ciudadanos en ciertas virtudes ciudadanas. Ello justifica que las instituciones militares hagan el lobby correspondiente frente al sector Educación para integrar a la Currícula ciertos conceptos corporizados en determinados personajes con los que dichas Instituciones se identifican. Queda patente la intención de integrar a la educación algunos Valores propios de la milicia, lo que no es solamente una cuestión teórica. En el Discurso del 9 de Diciembre pasado, el Presidente de la República nos soltó el concepto de guardianes socráticos – véase mi artículo de entonces La Guardia de Sócrates (http://memoriasdeorfeo.blogspot.com.es/2011/12/la-guardia-de-socrates-es-un-error.html) – que evidencia el aparente fracaso del esquema de Servicio Militar Voluntario, y la necesidad de restablecer el Servicio Militar Obligatorio. Se habría evaluado que el SMV no ha sido debidamente alimentado desde el sistema educativo, y es probable que ello refleje las dificultades del sector Educación para presentar, difundir y fomentar tanto los Valores en general como los valores de las Instituciones armadas.

Héroes e Historia

Por otra parte está la Ciencia de la Historia, la evolución de sus conceptos y de los instrumentos que nos proporciona. El mismísimo concepto de Héroe es vetusto, y su formulación teórica más importante provendría de las seis conferencias de 1841 publicadas en forma de libro con el título Los Héroes, de Thomas Carlyle. Las conferencias son brillantes y expresan la profunda admiración por los hechos extraordinarios del hombre en solitario, y se disfruta su lectura. El problema no está en la belleza de la forma, sino en los instrumentos intelectuales con los que hacemos los juicios históricos.

Concepto de Héroe

En el debate sobre el concepto de "héroe", es interesante que constantemente lo tengamos presente, así como su antinomia, el concepto de Traidor. Nuestras dificultades para el pensamiento abstracto determinan que en vez de mirar lo que es común al concepto nos concentremos en las personas que los corporizan, lo que implica caer fácilmente en ciertas contradicciones. En el concepto difuso de Héroe se traslucen las ideas de Carlyle, que les entrega la operación del motor de la Historia, dado el carácter divinizado, profético y/o visionario que el individuo héroe logra en su acción, sea desde lo religioso (Odín, Mahoma, Lutero), lo literario (Dante, Shakespeare, Rousseau) o lo político (Cromwell, Napoleón). Es notable la difusión del concepto en diversas culturas. La excelente película china Héroe, con Jet Li de protagonista, muestra hechos extraordinarios de diversos personajes protagónicos que al final palidecen delante del verdadero “héroe”, nada más y nada menos que el presunto malo de la película, el propio emperador, cuyo heroísmo reside en su sacrificio y obra como unificador, y cuyo planeado asesinato por los otros protagonistas no se realiza.

Héroes y Diccionarios

Héroe, heroína s. m.
1  Persona admirada por haber realizado una hazaña extraordinaria, especialmente si requiere mucho valor.
2  culto Personaje principal de una obra literaria o de un guion cinematográfico.
3  En la mitología griega y romana, hijo nacido de la unión entre un dios y un ser humano.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.
Héroe
s m héroe ['eɾoe]
1 persona venerada por realizar proezas con gran valentía
2 personaje principal de una trama literaria, teatral o cinematográfica
3 personaje mitológico hijo de un dios y un hombre
Kernerman Spanish Learners Dictionary © 2008 K Dictionaries Ltd All rights reserved.

Hay varios elementos interesantes. Originalmente el héroe participa de ciertos caracteres de la divinidad, aunque en un contexto específicamente humano. Los griegos consideraron que la comisión de hechos extraordinarios objetiva ciertos ideales que desearíamos ver difundidos y replicados socialmente. El héroe realiza proezas o hazañas, por definición “fuera de lo ordinario”, y el valor o valentía está presente en la medida en que sin dicha cualidad no se podría realizar proezas o hazañas. Hasta aquí estoy casi seguro que hay acuerdo.

Veneración

El tema de fondo a mi ver no está tanto en la persona del héroe, sino en lo que se espera que hagamos con él, que si entiendo bien nos lleva a la cuestión de la “admiración” o “veneración” que supuestamente despierta el héroe al realizar su acto o actos de valor. Se entiende que el héroe debe ser venerado, es decir se le debería profesar sentimientos de respeto y admiración, por causa de la realización de sus hazañas o proezas.

Veneración s. f.
1   Demostración grande de amor y respeto hacia una persona a causa de su virtud, dignidad o santidad.
2   Culto que se rinde a Dios, a los santos o a las cosas sagradas.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.
s f veneración [beneɾa'θjon]
1 sentimiento profundo de respeto y admiración que se tiene por alguien o algo.
2 culto rendido a Dios y a las cosas sagradas.
Kernerman Spanish Learners Dictionary © 2008 K Dictionaries Ltd All rights reserved.

Otra vez encontramos la divinización del Héroe, algo definitivamente muy al estilo de Carlyle. Al “admirar” caeríamos en la cuenta que los hechos del héroe lo “elevan” sobre la mayoría de las personas, es decir lo vuelven egregio (fuera de la grey o rebaño). Como el héroe realiza acciones que no se esperan de la mayoría de la gente, se sale del común y de lo común. Lo que el héroe hace representa valores que le superan, a nadie se le ocurre declarar héroe a alguien que no hace más que sobrevivir a la adversidad: Atravesar la Selva Amazónica, el Desierto del Sahara o las soledades del Antártico son hazañas o proezas, qué duda cabe, pero no califican como heroísmo, pues la acción se realiza en función de la propia supervivencia. Ello no es algo “admirable”, pues todos intentaríamos hacer lo mismo en tales circunstancias, en especial si no nos quedara más remedio, y no es digno de ser admirado o venerado lo que ocurre normalmente.

A nadie se le ocurre motejar de héroe a un gran boxeador o futbolista, por más que obtenga combatidas, numerosas y extraordinarias victorias. Nadie lo “venera”, incluso si somos sus fans, aunque de seguro lo vemos como ejemplo en lo deportivo o vital. Nos agrada una buena pelea o un buen partido, pero no “veneramos” al boxeador o al futbolista, a no ser que tenga que vencer grandes dificultades representando valores mayores que él mismo. Joe Louis era un extraordinario pugilista, pero sólo fue héroe para un sector de los norteamericanos cuando derrotó al germano Max Schmelling, de algún modo representante de la Alemania Nazi y sus doctrinas raciales. Por más que Louis fue instrumentado por los genios de la propaganda USA durante la Segunda
Guerra Mundial, nunca llegó realmente a cuajar como héroe popular. Si las películas de la serie Rocky, protagonizadas por Sylvester Stallone, se hicieron populares, se debió a que los guionistas hacían trascender la trama hacia ciertos Valores. Pelé convirtió más de mil goles y fue campeón del mundo tres veces, pero no llega a calificar como héroe, aunque sí como ejemplo.

El problema con la veneración y en menor medida con la admiración es que como actividades intelectivas son una suerte de paquete completo del que la evaluación, el pensamiento crítico y el análisis histórico suelen estar ausentes. Casi podríamos decir que en esta medida, aceptar el componente de veneración en el heroísmo implica una suspensión del juicio para proceder a una simple aceptación acrítica de una determinada escala de Valores subyacente. Ello, por cierto, puede ser relativamente válido dentro de una estructura institucional, como es el caso de las instituciones militares.

Héroes y Valores

Para que el héroe sea objeto de veneración por las grandes hazañas que realiza, tiene que realizarlas en función de algo que sea más grande que él: Un héroe peruano como José Olaya – pescador que durante la guerra de Independencia participó de la resistencia antiespañola como hábil correo y espía - califica por el valor demostrado en sus actos extraordinarios, como porque los realiza en nombre de la libertad e independencia de los peruanos. Pero ello no bastaría para hacerlo héroe, muchos actuaron así durante la Independencia. Hasta ahí Olaya actuó como un patriota leal, honesto y valiente que cumplía con su deber, y no más. Su heroísmo se patentiza cuando es capturado, se come las cartas comprometedoras y se niega a delatar a sus compañeros, a pesar de la tortura y amenaza de fusilamiento. La mayoría frente a la muerte arruga y delata, es lo normal pues tortura y amenaza de muerte no son moco de pavo. Pero el héroe lo es al sacrificar los valores comunes y corrientes que comparte con el resto, con lo que demuestra su carácter "semidivino” al aceptar incluso su desaparición física en función de valores que, debido a su sacrificio, se elevan.

Continuando en esta línea, hallamos valores supremos representados por héroes-santos como el Buda o el Cristo, que entregan su vida en función de valores considerados de enorme trascendencia. Aceptarlos como figuras heroicas implica aceptar las escalas de valores que representan.

Algunas Contradicciones

Muchos pelearon en las guerras de independencia con valentía, entre otras razones porque estaban convencidos de los valores de Libertad e Independencia por los que arriesgaban el pellejo. Hay actos de heroísmo colectivo que no están visibilizados. Si se examinan los primeros combates de la Independencia producidos antes, durante y después de la Rebelión de José Gabriel Condorcanqui – Túpac Amaru II – sorprende el número de bajas de ambos lados, muy pequeño del lado realista y muy numeroso del lado patriota, debido a la falta de armas de fuego y las comunes masacres inmediatamente posteriores a la batalla en sí misma. Cabe preguntarse qué clase de heroísmo o inconsciencia colectivas determinaron que haya gentes que enfrenten armas de fuego con gritos, hondas y macanas, y más o menos conocedores de que les van a sacar la mugre a cañonazos y balazos. Si esto no califica como heroísmo colectivo, pues no sé qué otra cosa califica.

Por otra parte imaginemos el caso de un joven que se lanza a las aguas para rescatar a alguien que se está ahogando. Parece que califica como héroe, sobre todo si tiene éxito, aunque éste no sea determinante. Ahora imaginemos que este salvador se dedica a la estafa u otros delitos para “ganarse la vida”. Entiendo que este segundo hecho no elimina el primero. Me viene a la mente el caso de Alfonso Ugarte, que me parece calificó como héroe mucho antes de arrojarse – si es que lo hizo – del Morro de Arica en 1880. La carta que escribió el día anterior señala con toda claridad que no reconoce de ninguna manera a un hijo que ha tenido, con todas sus letras, y le priva de una eventual herencia. No es, pues, un santo, ni siquiera un buen cristiano. Pero ello no quita el acto de valor que implicó su presencia en la reunión del 6 de junio de 1880, cuando todos los oficiales por unanimidad deciden quedarse en el Morro de Arica a morir, como los espartanos en las Termópilas. Y así Ugarte hubiera muerto por resbalón con una cáscara de plátano, la proeza se ejecuta en el momento en que decide que aquí estoy y aquí me quedo. De lo que se trataba era de defender a la Patria invadida en la esperanza de hacer mella en el enemigo victorioso (Telegrama de Bolognesi), para lo que se estaba dispuesto a renunciar al propio pellejo. Y eso, dejémonos de vainas, es heroico.

¿Culto a la Muerte?

Siempre me ha sorprendido encontrar que la mayoría de los héroes que “veneramos” en general han muerto en circunstancias de derrota. Pareciera que la única manera de acceder al heroísmo es ser derrotado y morirse, y francamente eso molesta. Claro es que nos evitamos problemas como el del héroe ateniense de la Batalla de Maratón, Milcíades, que murió encerrado en un templo, sitiado por sus conciudadanos cuando pretendió alzarse con la Dictadura; es decir héroe primero y al final villano. En nuestra historia nacional se ha escrito que el General Andrés Avelino Cáceres, héroe de la resistencia contra la invasión, debió morir, pero yo encuentro más aleccionador que no se haya rendido al enemigo y haya vivido para vencer. Entiendo que esta suerte de Culto a la Muerte pueda tener reminiscencias heredadas, pero no lo entiendo desde una perspectiva de futuro.

No carecemos de héroes victoriosos: José Quiñones, patrono de nuestra aviación militar, con el avión impactado por el enemigo y en trance de muerte, prefiere hacer interesante su sacrificio haciendo cisco un nido de ametralladoras enemigo, y contribuir así a la victoria de nuestras armas. Ya que estás en el trance, hazlo productivo pues, y me parece que eso denota valores más elaborados e interesantes que eso de morir por la patria cuando nos ganan. De hecho, como se dice en otras latitudes, soldado que huye pelea otro día, lo que ha sido costumbre de todos los guerrilleros del mundo desde la Guerra de Independencia Española frente a Napoleón: Golpea y escapa. Nada sustituye a la victoria, nos guste o no. Es deprimente que nuestra gente solo alcance el máximo de su escala de valores al ser derrotada y morirse. Ya pues, eso ni es adecuado ni es inteligente, y no hay muchacho con medio dedo de frente que se lo coma.

Existe una actitud que rechaza el heroísmo clásico, más o menos estoico – práctica, que se resume en una frase atribuida al General Patton: No quiero héroes en mi ejército que mueran por la patria, ayudemos al enemigo a morir por la suya (Cito de memoria, así que la cita puede ser apócrifa o inexacta). Una vez leí un sticker: Desterremos el coraje, que vendría más o menos a significar que antes que la valentía malentendida de necesariamente tener que morir por la Patria, es preferible vivir por ella o por cualquier causa que entendamos valga la pena. En ese sentido me parece que morirse es un error, que no se trata de darle culto a la muerte - que es en lo que suele devenir el “culto al héroe” - sino en cualquier caso sustituirlo por un “culto a la vida” que reformule el concepto de proeza o hazaña valerosa en función de una causa mayor, para incluir todas las circunstancias. Creo, por ejemplo, que los muchos años de prisión de Nelson Mandela le asignan fácilmente la condición de héroe de la lucha contra el apartheid, a pesar de su divorcio de Winnie Mandela, de sus seguros defectos como persona humana, y del hecho que no se haya muerto en la prisión.

Colofón

La modernidad ha reformulado tanto los conceptos vinculados a la guerra, como sus objetivos y formas de hacerla. El concepto de gloria militar que seguimos manejando como una suerte de leit-motiv para ejemplo de nuestra juventud es francamente vetusto. Nuestra Guerra interna contra Sendero y el MRTA proporcionó héroes militares y civiles, individuales y colectivos, muchos de ellos desconocidos y otros francamente reducidos a la mínima expresión por razones de política menuda. Desde María Elena Moyano hasta los ejércitos Asháninkas, desde los policías en sus comisarías hasta los soldados en los puestos más remotos, nos sobran los héroes. Ahora que repensamos vuestra currícula, puede ser hora de considerarlo. Y punto por hoy.

viernes, 16 de septiembre de 2011

CURRÍCULA NACIONAL EN DEBATE (3) o Por qué se odia a las matemáticas y las ciencias


 CURRÍCULA NACIONAL EN DEBATE (3)
o Por qué se odia a las matemáticas y las ciencias

"Hay una considerable evidencia de que estamos naturalmente programados para que nos gusten las matemáticas (a todos los niños de cinco años que he conocido les gusta sumar y restar), hasta que el placer se estropea por una enseñanza incompetente u otros factores sociales" 
(Serge Lang)

Metidos en el ajo de la Comprensión Lectora y los temas de Inclusión Social se nos suelen pasar algunas cosas que no están en nuestra mira pero que tienen igual importancia. Es lo que ocurre con la Educación en ciencias y matemáticas. No me acuerdo donde leí que apenas el 18 % de los alumnos peruanos poseían algún tipo de gusto por las matemáticas, mientras que el resto simplemente las detesta con variantes de grado, y no parece que el asunto sea mejor con ciencias.

Una cuestión de suerte

Yo tuve dos enormes suertes en la vida, la primera fue tener en 2do de Media un profe que me enseñó no tanto matemáticas - nunca he sido demasiado malo en ellas - sino la belleza que poseen. Tras una brillante exposición del Binomio de Newton llevada a efecto elegante y ordenadamente en la pizarra, me atreví a levantar la mano y preguntar por qué la cosa era así y no de otro modo. El profesor me pidió que me quedara después de clase y me hizo la demostración del tema, por cierto más allá de lo que yo hubiera querido, pero el hombre estaba tan emocionado con la pregunta que me dio un paseo por la teoría de exponentes y el triángulo de Pascal, y no creí oportuno contradecirle. El entusiasmo del profe me clavó para siempre en el alma la elegancia y la lógica blindada de las matemáticas, y desde entonces cultivo un moderado gusto por la disciplina en cuestión. Gracias al profe no llegué a odiar las matemáticas, apenas a deplorar su dificultad.

La segunda suerte que tuve fue doble: Pasé por una enfermedad grave y fulminante que me tumbó varios meses en la cama, y a la vez poseía casi todos los tomos de la colección Salvat de Ciencias, en aquella época editada semanalmente. Metido en la cama sin poder moverme, y harto de la televisión nacional – no había cable en aquellas antediluvianas épocas – me leí todos y cada uno de esos libros, amén de muchos más sobre otros temas, que siempre he sido voraz devorador de páginas impresas. Aquellos volúmenes, bien escritos y puestos al alcance de una persona con cultura general y tiempo de sobra, me abrieron perspectivas insospechadas. Y tuvieron parte esencial en mi curación, al proporcionarme algo más en qué pensar que en el rasca-rasca que la ictericia produce. Títulos como El Universo Desbocado, Otros Mundos, La Lógica de lo Viviente, Patrones y Pautas en la Naturaleza hicieron que ya no pudiera contemplar las cosas como antes, me preguntaba desde mi lecho de enfermo cómo había vivido hasta entonces sin entender el mundo que me rodeaba, me enteré de la inmensidad de mi ignorancia y adquirí una pasión por las ciencias duras que me hace caerle pesado a otras personas. Esta magnífica y hoy desfasada colección – el tiempo pasa y la ciencia avanza con enorme rapidez – me acercó a autores como John Watson, descubridor de la Doble Hélice del ADN; Richard Dawkins y su Gen Egoísta; Jane Goodall y Dian Fossey, investigadoras de chimpancés y gorilas de montaña; Irenäus Eibl-Eifesteldt y Niko Tinbergen, y la conducta animal y humana; Arthur Koestler y la historia de la Ciencia, el enorme divulgador científico Martin Gardner, y hasta al mismísimo Albert Einstein, entre otros. La curiosidad por la ciencia no me ha abandonado desde entonces y es parte importante de mi felicidad personal entender algo del Universo en el que me ha tocado pasar mi vida. Hoy en día, con tantos recursos disponibles por Internet, no hay pretexto para no hacer las cosas bien. Vale la pena mirar estos dos links de TED para convencernos:


  
Carreras de “letras” y de “ciencias”

Hasta ahora estamos en la perspectiva exclusiva del gusto y la afición, pero la utilidad de las matemáticas y las ciencias duras es bien conocida, y sobre ella no me explayaré. Es bien cierto que una medida de nuestro subdesarrollo está dado por el hecho de que las aulas de Derecho, Educación y Gastronomía se abarrotan de jóvenes estudiantes hasta el extremo; mientras las carreras de Química, Física y Matemáticas cuentan con pocos alumnos y menos egresados aún, y de hecho cuentan con muchos más recursos para el aprendizaje y bastante mejores posibilidades laborales.

¿Dije posibilidades laborales? Sí, lo dije, pero es una verdad a medias. No somos productores de tecnología, nuestro país se dedica básicamente a exportar materias primas. El empleo se concentra en el sector de servicios, de bajos salarios y productividad. Nuestra sociedad desprecia la inteligencia y favorece un utilitarismo de mercado chato y facilista, casos y ejemplos sobran. Las ingenierías en general no tienen pierde, pero la mayoría de los ingenieros se dedican a otras actividades alejadas de  lo científico y tecnológico.

Los científicos se ven en la alternativa de fracasar en el Perú o emigrar a otras latitudes, cualesquiera otras latitudes, porque cualquier parte está mejor que nosotros. Somos el país de América Latina que menos invierte per cápita en Ciencia y Tecnología, con excepción de Haití. Está claro que a no ser que hagamos algo, y pronto, se nos pasará el carro de la historia, y seguiremos lamentándonos de nuestra suerte, desde las carreras de letras por supuesto. Parece que nos gusta ser analfabetos funcionales en ciencias y matemáticas, y mirar por sobre el hombro a otros países, verbigracia los Estados Unidos, como países de gentes ignorantes, cuando lo cierto es que la gran mayoría de los científicos de todo el mundo se concentran en Norteamérica, y solo últimamente en otros países que empiezan a reconocer su retraso al respecto. Aquí seguimos en una suerte de autocomplacencia bastante estúpida, la verdad; encerrados en la trama viciosa de la supervivencia individual.

Digámoslo con todas sus letras y sin anestesia, el criterio que los muchachos siguen para la elección de carrera es espantosamente simple: Cuál es más fácil. Las familias, con muy pocas excepciones, no pueden pagar carreras difíciles, a las que los estudiantes deben dedicar tiempo y esfuerzo que los retrotraen del cachuelito que aliviará la economía familiar. En otros casos, como medicina, la carrera es larga como suspiro de jirafa. Las capacidades que los alumnos traen de la escuela son tan inexistentes en muchos casos, que su elección se va a lo que les parezca más cercano a sus posibilidades, es decir las famosas carreras de “letras”. Y quizá lo más penoso de todo es que las carreras de letras son también científicas.

Un par de casos

El otro día, en una entidad de cuyo nombre no quiero acordarme, escuché que se pretendía dividir la investigación en tres categorías: La científica, la tecnológica y la social. Me costó un enorme trabajo explicarle a varios abogados, sociólogos y psicólogos que la Investigación Social también es científica, y que no podía dividirse el presupuesto de esa manera. El otro caso es peor si cabe: Un muchacho de quinto de secundaria, inteligente y preocupado por la elección de carrera, me pregunta qué puede estudiar. Trato de darle orientaciones precisas. Él me interrumpe y me dice: No, no, no. Javier, ¿cuál carrera es la más fácil? Traté de explicarle que eso de “más fácil”, así en general, no existe, que lo que hay son capacidades y gustos y que lo que de repente para uno es más fácil para otro no lo es, pero que al final todo depende de qué es a lo que quieres dedicarte los próximos veinte o cuarenta años de tu vida; que eso puede ser difícil, pero que el esfuerzo vale la pena tanto si te puedes ganar la vida como extraerle satisfacciones personales. El chico me miró con grandes ojos de plato, y me respondió: Ya. Eso lo entiendo. Pero, ¿cuál es la más fácil?

Mercantilismo educativo

Apoyados en el malhadado concepto del lucro educativo, tan puesto en cuestión en Chile en estos días, ciertos grupos forman Universidades de nivel muy cuestionable, basado en el mismo criterio de mercado que se emplea para fabricar salchichas: meter materia prima por un extremo de la línea de producción, y recibir por el otro el producto terminado. Vale decir obtener ganancias máximas con el mínimo de inversión y costos. Para ello, mantener al alumno en el aula todo el tiempo posible, para que pague, y con eso los niveles de calidad se vienen al piso, pues los profesores universitarios son obreros intelectuales rentabilizados y mal pagados, que se van por el mínimo esfuerzo. Como los estudiantes. Equipar la carrera de Derecho no requiere laboratorios ni gastos excesivos. Sabemos en positivo que en nuestro país no cuenta si sabes, sino cuantos papeles acumulas, y el papel corrugado a nombre de la Nación es un sine qua non para competir por unos pocos y mal pagados puestos en el sector de servicios. Como se trata de tener alumnos que paguen, no se es demasiado exigente en pre-grado, diplomados y maestrías. Las universidades nacionales andan en las mismas y en muchos casos peor, pues los presupuestos del estado se dan con cuentagotas, y se pretende que hagan lo mismo que universidades particulares con el triple de presupuesto y diez veces menos alumnos. Y así las carreras de ciencias no son rentables.

Qué pasa con las matemáticas

El problema con las matemáticas, como bien lo sabía mi profe de 2do de media, es que no se  presentan bien. Hay un equilibrio entre dificultad y motivación: A más alta motivación, la dificultad de la materia se remonta mejor y más fácil. Motivar al alumno para el inevitable esfuerzo de aprender cosas difíciles parte de crearle atractivo a lo que estás enseñando, que si no, de dónde diablos se le va a sacar la motivación al alumno. Es mucha verdad que las cosas deben hacerse tan fáciles como se pueda, pero no más fáciles de lo que son, y el problema aquí es que muchos enseñan matemáticas como si fuera un conjunto de fórmulas. Las matemáticas son una construcción con una lógica, el enseñar la fórmula sin la lógica puede ser útil para eventualmente manejar un carro, pero no para diseñarlo y construirlo. Se debería enseñar el lenguaje de la matemática y a pensar en matemático, se puede hacer desde la infancia, porque los números son bacanes para los chicos y se pueden divertir  con ellos, y mientras más nos divertimos, mientras más podemos jugar con ello, las dificultades se nos hacen más llevaderas. El otro factor es la utilidad, que para muchísimos alumnos no es evidente, y trabaja como una especie de motivación al revés, al producir la satisfacción de resolver un problema complicado a través de la transferencia de lo aprendido. Preguntémosle a los rusos como hacen para enseñar matemáticas, y encontraremos el vacilón del lenguaje matemático unido al ajedrez y a los concursos. Los americanos lo hacen parecido, pero más anárquico, a su estilo. La combinación entre la motivación ex ante y la post-hoc puede ser útil. La pasión del maestro de matemáticas debería cotizarse a precio de oro. Escuchemos a los didactas de la matemática, y entreguémosles la espada del augurio. Estoy seguro que se puede. Y hay plata para hacerlo.

Qué pasa con las Ciencias

Pensemos en las ciencias. Una vez más, la cosa no es contarle el asunto al chico como una clase de historia, sino enseñarle a pensar y actuar de acuerdo al método científico. De no hacerlo así el asunto equivale a enseñar hechos sin mostrar la lógica subyacente. Se enseña qué es el átomo como si se tratara de demostrar la existencia de Dios. Es verdad que no tenemos ciclotrones, pero me pregunto si es tan difícil construir “cámaras de niebla” para mostrar las partículas subatómicas en acción. No hace mucho tuve la oportunidad de ver a los muchachos de “Ciencia Loca” en el cumpleaños de una niña de seis años, y felicito a los padres y madres de familia que con tanta inteligencia los contratan para las fiestas infantiles. Los locos muchachos de Ciencia Loca hacían experimentos de varios tipos, que involucraban conceptos abstrusos de química y física, así como espectaculares resultados muy fáciles de conseguir. Los encantados asistentes de esa fiesta, de entre cuatro y ocho años de edad, y no exagero, se desesperaban por ver, escuchar, oler y tocar cuanto se les ponía delante de las narices. Hubo un momento en que los dos profesores presentes tuvimos que ponernos en medio para evitar que los chicos arrebataran los experimentos de las manos de los ejecutantes.

Qué diferencia con una clase típica de Ciencias, ¿no es cierto? Una típica clase de ciencias en el cole es una suerte de elaborada tortura china, y una oda al pensamiento mágico, donde en vez de que sean Dios o los ángeles los que mueven el Universo, se presenta elementos metafísicos, herméticos y misteriosos: La “Gravedad”, el “Electromagnetismo”, sin molestarse en explicarlos y mostrar cómo funcionan. El Universo presenta a los sentidos inmensas posibilidades, pero en el salón de clase se hace lo posible para hacerla de lo más aburrida. La pasión del maestro de ciencias es un elemento que debería cotizarse a precio de oro. Hay que escuchar a los didactas de las ciencias, hay que hacerles caso, no hay que temerle al cambio, no es así como se hace ciencia. Estoy seguro que se puede, y hay plata para hacerlo.

Colofón

Le dedico el final de este artículo al Maestro. No hay Maestro en el mundo que se meta a la carrera con el afán de hacerse rico. Lo que trata es, si hay vocación y no se metió porque era más “fácil”, de enseñar a lo chiflado y disfrutar cada segundo haciéndolo. Pero los maestros se pasman, adocenan y deprimen. Los años los frustran y la falta de plata los proletariza y envilece. Y aún así siguen luchando. Observemos un hecho simple, el sueldo: El obrero de la educación tiene que trabajar a destajo para poder mantener su familia. Así, ¿qué pasión puede sobrevivir? ¿Y en qué tiempo imaginará o se capacitará para hacer de su clase algo que valga la pena? Sin el maestro no hay revolución educativa. Empecemos por tratarlos como seres humanos. Y punto, por ahora.

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