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miércoles, 31 de octubre de 2012

CRÓNICAS DE LECTURAS - 11 - Los Best Sellers


CRÓNICAS DE LECTURAS - 11 -
Los Best Sellers (1): Mi libro predilecto

I
Lo contemporáneo, los best-sellers, la literatura de auto-ayuda

Es relativo plantearse el tema de los autores “contemporáneos”. Lo contemporáneo existe  “mientras el lector vive”, y como uno sólo vive en su tiempo y no en otro, no es lo mismo lo que se publicó cuando se tenía veinte años que lo que de ahora, que se tiene algunas veintenas de meses más. Por lo tanto lo que planteo es absolutamente personal e intransferible, aunque espero que útil. El best-seller, como su nombre lo indica, es un producto diseñado en función de sus características comerciales. Es “el-mejor-vendido”, mejor aún, “el-mejor-vendedor”, y sólo implica que vende, NO que es moralmente bueno, deseable, conveniente, científico, adecuado, verdadero o incluso verosímil. Best-Sellers son la Biblia, el teatro de Shakespeare y las novelas de Umberto Eco; y best-sellers son Memorias de una Pulga y ¿Quién se ha llevado mi queso? El ser el que más vende no dice nada de la calidad literaria, histórica o de otro tipo de los libros de marras. Hay best-sellers que pueden calificarse de perfectos bodrios por sus mentiras, exageraciones u otras características indeseables. El Mein Kampf (Mi Lucha) de Adolfo Hitler fue un best-seller ampliamente editado, difundido y leído, y las consecuencias de tal éxito editorial se padecieron por la vía directa. Los best-sellers se venden por su capacidad de capturar la lectura gracias al empleo adecuado de códigos y registros literarios probados y universales por escritores que van desde la genialidad (Mario Vargas Llosa o Fedor Dostoiévsky), pasando por la habilidad para contar historias (Stephen King o Michael Crichton), hasta llegar a la simple artesanía y exposición de lugares comunes. Aquí destacan autores menores pero vendibles como Dan Brown, cuyos El Código Da Vinci, La Fortaleza Digital y Ángeles y Demonios, son libros francamente malos, aunque siguen a rajatabla las reglas y normas para producir un formato vendedor estereotipado que juega con los prejuicios y creencias de las gentes, diciéndoles lo que quieren oír. Si tú como escritor planteas una conspiración mundial donde “los buenos” enfrentan con éxito a “los malos”, procurando seguir las simpatías y las antipatías de tu público, y donde el héroe solitario – mejor aún si es una chica - derrota a la poderosa y malvada organización, la venta queda asegurada … siempre y cuando convenzas a la Editorial que te lo publique. En la ruta te amparas en la ficción verosímil, das por cierto lo falso y cargas las tintas en hipótesis cuestionables. Según se dice nace un tonto cada minuto, y todo sea por vender. El negocio suele abarcar los derechos para hacer películas, a veces antes de emprender la obra escrita. Confieso que me leí El Código Da Vinci en Máncora, en menos de un día, pues leerla nada exigía ni me imponía esfuerzo alguno, y tenía una curiosidad análoga a la que producen los bodrios detectivescos donde el asesino es el mayordomo.

Es obvio que no se edita sino lo que puede venderse, según el olfato editorial, y así se empatan lectores con autores. No me creo eso de que se escribe para uno, tarde o temprano quieres ver lo que escribes en negro sobre blanco, por lo menos en tu blog. El hecho es que para ser leído debes publicar, y para eso debes garantizar que te comprará alguien más que tu mamá, que no te leerá pero le parecerá lindo. Autores como Dan Brown o Paulo Coelho despiertan así cierto interés por su artesanal habilidad para contar historias, y en Paulo Coelho el componente de auto-ayuda que es su principal argumento de venta, del que podría perfectamente prescindir, aunque de seguro hubiera vendido 500,000 libros, no 50 millones. Su novela El Alquimista me pareció interesante y fácil de leer, un cuentito vendedor, extraído del acervo oriental, aunque simplón y con una moralina incorporada que francamente crispa. Tras El Alquimista, Coelho no ha hecho sino repetir la fórmula que le ligó, que alcanzó una nueva cota con el Manual para el Guerrero de la Luz. Cuando un autor alcanza el éxito, tiende a repetir la fórmula del éxito, impulsado por la industria editorial que, como la mayoría de las industrias, es conservadora. Repite lo que ya dijo bien en un principio, porque así lo exige la editorial, cuyo interés es poner el gallardete de Nuevo éxito del autor de …, que vende. Esto pasa con todos. Incluso Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique y Gabriel García Márquez, por no mencionar otros, se han repetido a sí mismos. Alcanzaron la grandeza con productos como Conversación en la Catedral, Un mundo para Julius o Cien Años de Soledad; y después hacen literatura francamente menor, como Kathy y el Hipopótamo, La amigdalitis de Tarzán o Memorias de mis Putas Tristes. Pero aún así, Vargas Llosa, Bryce y García Márquez tienen tanto qué decir, lo dicen tan bien y tanto aporta su lectura, que se puede pasar por eso y a veces sorprenderse, como con la magistral Guerra del Fin del Mundo, de Vargas Llosa.

Mi problema cuando leo ciertos best-sellers es la sensación de perder de tiempo, habiendo otras cosas qué leer. De mis lecturas espero sacar algún aporte que me haga mejor en algún sentido. Si no, para qué leo. Hay best-sellers magníficos, que aúnan bien el aprendizaje emocional o cognitivo con el entretenimiento, que no tienen por qué separarse. Mucha excelente literatura ha sido best-seller antes de pasar la prueba generacional. Ejemplos de polendas son Esta noche, la Libertad de Dominique LaPierre y Larry Collins; Space de James Michener; la Trilogía del Bounty, de Charles Nordhoff y J. Norman Hall; The Naked and the Dead, de Norman Mailer; Los 900 Días de Harrison Salisbury; The Guns of August, de Barbara Tuchman; El Padrino, de Mario Puzo; etcétera. En el Perú, la ausencia de Editoriales capaces de lograr productos masivos, más las dificultades de comprensión lectora de los eventuales lectores crean un círculo vicioso difícil de romper, a pesar de esfuerzos históricos del estado o particulares reflejados en iniciativas como la Editorial Peisa, Populibros peruanos, los Munilibros, la Editorial del diario El Comercio y otros que han tenido impacto. Pero la falta de continuidad de una política de lectura – no una del libro por favor, eso es poner el carro delante del caballo – determina que no haya sinergias establecidas. En las librerías de viejo se encuentran aún muchos saldos felizmente baratos procedentes de estas ediciones.
  
II
Más sobre auto-ayuda, y segundas partes

No confundamos esto de repetirse con las segundas, terceras y cuartas partes de obras exitosas. Estas pueden ser funcionales o no, y hay incluso series completas escritas y centradas en situaciones específicas o personajes particularmente bien construidos. Hasta Don Miguel de Cervantes mordió el cebo de las Segundas Partes en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, y autores como Arthur Conan Doyle, J.K. Rowling, Alejandro Dumas, Henry Ridder Haggard, Manuel Scorza, Upton Sinclair, Ernesto Sábato, Richmal Crompton, Giovanni Guareschi, Alfredo Bryce Echenique, entre muchos otros, la hicieron con personajes como Sherlock Holmes, Lanny Budd, El Nictálope, Harry Potter, Don Camilo, Allan Quatermain o D´Artagnan. Pero hay autores cuyos malabarismos verbales o contenido novelesco no justifica ni segundas lecturas ni segundas obras, pues repiten demasiado de muy poco. Así me pasa con Jaime Bayly, cuya opus prima, No se lo digas a nadie, se dejaba leer a pesar de su fácil chismografía, escandalosa y vendedora, tema que aprovechan también autores más cuajados, como Alonso Cueto. En Bayly se encuentra cierto original nihilismo alpinchista, más o menos testimonial. No lo podemos culpar por emplearse a fondo para lograr que la gente meta la mano al bolsillo para envidiarle su actitud vital. De algo hay que vivir. Pero leerlo de nuevo para constatarlo de nuevo, en mi caso no rinde. Se puede ser testimonial, por supuesto, un gran novelista como John Maxwell Coetzee lo es en Desgracia, clásica anécdota del maduro profesor que se propasa con una alumna, que bucea en los motivos de un hombre que no controla sus impulsos. No se lo digas a nadie ha sido llevada al cine, no mal; pero Desgracia no.

Antes se separaba la “literatura de auto-ayuda” de la “literatura-literatura”, pues había público para ambas. Hoy la lectura está devaluada, se lee menos, y las editoriales segmentan a los lectores de otro modo, recombinando géneros. La “autoayuda” de calidad literaria es relativamente nueva, y presenta autores como Richard Bach (Juan Salvador Gaviota) o el peruano Sergio Bambarén (El Delfín) que de alguna manera rescatan los códigos de las viejas fábulas de Esopo, Samaniego e Iriarte. Poco queda de la autoayuda clásica, heredera de Carnegie o Mandino, venida a menos pues pocos se comen el cuento que con tu esfuerzo te harás millonario. Libros como Quién se ha comido mi queso y Chocolate caliente para el alma de las madres tendrán su público, pero Coelho, Bach, Bambarén y Bayly son mejores o menos malos. Es inaceptable que se empleen en el Plan Lector libros como Sopa de Pollo para el alma de las madres e incluso a autores como Bach, Coelho y Bambarén, me parece equivalente a emplear libros de astrología y quiromancia para las clases de Física y Anatomía. Pero evitemos el sectarismo, lo que gusta a unos puede no gustar a otros. Plantearé a continuación una sola obra de entre las muchas que prefiero de “Literatura Contemporánea” sin perjuicio de mencionar más en su momento.

III
Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar).

Este es mi libro predilecto. Lo he leído y releído hasta la náusea, sin que me den náuseas jamás. Lo abro en una página al azar, y me admiro, disfruto, pienso, me emociono, me identifico. Eso es lo que espero de una buena obra literaria. Sin esfuerzo repito de memoria párrafos enteros, incluso sin recordar de donde vienen, lo que testimonia su impacto. Si el azar de mi devenir me llevara a Desierta Isla, a lo alto de un Faro, o a ejecutar talleres para pingüinos en la Antártida; con seguridad estará en mi equipaje. Lo leí originalmente en castellano, pero pude hacerlo también en su original francés, pese a mi ignorancia de tan bello idioma. Fue en circunstancias tan fuera de lo ordinario, que el teclado me manda y escribo sin pensar ni filtrar, pues las Memorias se vinculan, como otras cosas en la vida, con alguien: Ingeborg poseía una inmensa cultura literaria y artística y una gran pasión por las Memorias y por la Yourcenar. El azar quiso que nos cruzáramos con el mismo libro en el equipaje. Pasó lo que tenía que pasar, y en inspirado equipo revisamos cada frase en francés con su versión en español, saboreando la exquisitez de la Yourcenar y la de su traductor Cortázar. Fue una noche sin límites, una orgía literaria, y la mejor de mi vida, perdónese o no la confesión, lo que me tiene sin cuidado porque lo bailado nadie te lo quita. Inspirado en las Memorias y en la circunstancia nombré este Blog en que publico. Es que las Memorias de Adriano me parecen la mejor narración posible de las memorias vitales, me identifico en absoluto con lo contado, y su lectura evoca, completa y mejora mi vida interior. Si así no fuera, esta lectura podría ser entretenida y bacán, incluso útil, pero no me dejaría marca. Las Memorias narran en primera persona los eventos vividos más los sentimientos e ideas que inspiraron al Emperador Romano Adriano en su vida y gobierno. Adriano emprende este trabajo de recordar y escribir cuando siente que la muerte le ronda, como una suerte de ajuste de cuentas consigo mismo y como un modo de prepararse para el inevitable tránsito, ya que sus obligaciones y circunstancias le impiden suicidarse: Mi muerte me parecía mi decisión más personal, mi supremo reducto de hombre libre; me engañaba. (…) … no me sentía más libre para desertar que cualquier legionario. Adopta la forma de una larga epístola dirigida a su nieto por adopción, Annio Vero, conocido después como el Emperador Marco Aurelio. Adriano, como buen político, piensa en lo útil de su acto para formar al futuro Marco Aurelio en la política y en la vida, pero también para definirse a sí mismo, quizá para juzgarme, o por lo menos para conocerme mejor antes de morir. Esta exquisita novela es confesado libro de cabecera de gobernantes y políticos, porque la peripecia vital narrada, aunque común a todos los seres humanos, es particularmente importante en el Príncipe, humano aunque gobernante, que trata de llevar al mundo sus aspiraciones humanas, sus utopías ocultas o manifiestas. En el caso de Adriano, su ideario de Emperador: A cada uno su senda; y también su meta, su ambición si se quiere, su gusto más secreto y su más claro ideal. El mío estaba encerrado en la palabra belleza, tan difícil de definir a pesar de todas las evidencias de los sentidos y los ojos. Me sentía responsable de la belleza del mundo. Quería que las ciudades fueran espléndidas, ventiladas, regadas por aguas límpidas, pobladas por seres humanos cuyo cuerpo no se viera  estropeado por las marcas de la miseria o la servidumbre, ni por la hinchazón de una riqueza grosera … . Asoma aquí algo detrás de las durezas y suciedades en que la acción política se enfanga, y que para los incautos es lo único que ofrece. Asoma su grandeza, pero también su decadencia, presentando un hombre que vive plenamente hasta el final entre su voluntad y sus circunstancias: Mi tarea pública estaba cumplida; ahora podía volver a Tíbur, entrar en ese retiro que se llama enfermedad, experimentar con mis sufrimientos, sumergirme en lo que me restaba de delicias, reanudar en paz mi diálogo interrumpido con un fantasma. Mi herencia imperial quedaba en manos del pío Antonino y del grave Marco Aurelio; (…). Todo eso no estaba tan mal arreglado.

Marguerite Yourcenar consigue presentar a la persona que vive tras la acción pública, incluso dejándole mentir, como todos hacemos. La irrevocable perspectiva de la muerte imprime en el narrador una sinceridad implícita, si Adriano miente – y lo hace – es también porque se engaña a sí mismo, como todos hacemos. A veces se aceptará y justificará a sí mismo, a veces no se dará ese trabajo: Pero los dioses no se levantan (…) No se levantaron para protegerle. Admira ver con qué coraje y a la vez con qué conformidad de simple ser humano Adriano enfrenta a la muerte: El porvenir del mundo ya no me inquieta (…) dejo hacer a los dioses. No es que confíe más en su justicia que no es la nuestra, ni tengo más fe en la cordura del hombre; la verdad es justamente lo contrario. La vida es atroz, y lo sabemos. Pero precisamente porque espero poco de la condición humana, los períodos de felicidad, los progresos parciales (…) me parecen otros tantos prodigios, que casi compensan la inmensa acumulación de males, fracasos, incuria y error. (…) las palabras libertad, humanidad y justicia recobrarán aquí y allá el sentido que hemos tratado de darles. Es que en el proceso entre el nacimiento y la muerte se despliegan las bondades y las durezas de la existencia, como amores apasionados, guerras, negociaciones, amarguras, reformas y placeres. Adriano las enfrenta como visionario realista, combinación bien fuera de lo común. El carácter del hombre real se imprime en el Estado, porque el Estado no es una entelequia sino un proceso diario de los hombres y mujeres que lo dirigen, en el tiempo que va desde el pasado que nos determina, hacia el futuro que queremos determinar con nuestras acciones: Cuando visitaba las ciudades antiguas, sagradas pero ya muertas, sin valor presente para la raza humana, me prometía evitar a mi Roma el destino petrificado de una Tebas, una Babilonia o una Tiro. Roma debería escapar a su cuerpo de piedra; con la palabra Estado, la palabra ciudadanía, la palabra república, llegaría a componer una inmortalidad más segura. (…) Y sólo perecería con la última ciudad de los hombres. Y el resultado está ahí: Roma vive.

IV
Más de las Memorias de Adriano

Como narro y comento el libro que prefiero sobre todos, debo decir que lo hago no porque sea el mejor de todos, no pretendo ser objetivo. Es solamente el más querido de mi corazón y de mi mente, el que más me habla desde mi interior. Que mis lectores me perdonen el entusiasmo, porque voy a continuar. Los subtítulos de una obra, las partes en que se divide, suelen decir mucho de ésta, y proporcionan esa llamada “cultura de índice” que consiste básicamente en conocerlos y suponer lo que pueden significar. Los de las Memorias de Adriano están en latín y transmiten genialmente el sentido completo de la obra. Mal traducidos serían los siguientes: “Pequeña ánima mía”; “Vario, múltiple, multiforme”, “Tierra estabilizada”, “Siglo de Oro”, “Disciplina Augusta”, “Paciencia”. Para Adriano representan bastante bien las etapas vitales del individuo y del Estado que dirige. En la sólida investigación de Marguerite Yourcenar son también los lemas que ella encontró en las monedas acuñadas en el reinado del Emperador Adriano, con excepción de la primera que corresponde a un poema que se le conserva (Animula vagula blandula). Cuando lo leemos tendemos a olvidar el hecho especialmente importante de que Adriano fue real, Emperador del mayor Imperio del Mundo, y que por ende estamos conectados con él desde nuestra común condición humana, pero a la vez separados porque de no haber sido un príncipe gobernante, probablemente su destino individual no nos importaría tanto. En este contexto, para mí el centro de toda la obra es esta parte, que me permito transcribir: Por aquel entonces empecé a sentirme dios. No vayas a engañarte: seguía siendo, más que nunca, el mismo hombre nutrido por los frutos y animales de la tierra, que devolvía al suelo los residuos de sus alimentos, que sacrificaba al sueño a cada revolución de los astros, inquieto hasta la locura cuando le faltaba demasiado tiempo la cálida presencia del amor. Mi fuerza, mi agilidad física o mental, se mantenían gracias a una cuidadosa gimnástica humana. ¿Pero qué puedo decir sino que todo aquello era vivido divinamente? Creo que ser un verdadero hombre entre los hombres y vivir una vida plena, pasa para todos y cada uno de los seres humanos de todos los tiempos, por tratar de ser dioses. Por vivir, sentir, amar y trabajar como dioses, aunque sea por un corto lapso del corto lapso que nos ha sido dado bajo el Sol. Así alcanzamos el sentido pleno de nuestra existencia. Y todo esto me lo despierta esta pequeña obra maestra, que lo es porque en ella su autora y su personaje se convierten en uno con el lector.

Complemento imprescindible de esta pequeña obra maestra es su Cuaderno de Notas final, en el que en apurada confesión análoga a la que fuerza a Adriano, la Yourcenar describe con gran franqueza y maestría literaria su propio proceso de génesis, concepción y armado durante los años que fueron necesarios para poder escribir el libro: Todos esos manuscritos fueron quemados y merecieron serlo. El final es particularmente inspirador, lo citaré de memoria: Lo que yo era capaz de decir ya está dicho, lo que hubiera podido aprender ya está aprendido. Ocupémonos ahora de otras cosas. Me he encontrado a mí mismo murmurando estas palabras cuando se cerraba un proceso en mi propio devenir, no he encontrado aún palabras para expresarlo mejor. A esto me refiero cuando digo que un libro me habla desde el interior, cuando puede decir lo que siento y pienso mejor que yo mismo. Cuando te apropias de él al extremo de ser indisoluble con tu propio interior. Pero no nos detengamos: La pasión que un libro despierta no es la misma con otras obras del mismo autor. Opus Nigrum, por ejemplo, grande y celebrada obra de la Yourcenar, no me produce ni por asomo el efecto de Las Memorias de Adriano, aunque posea oficio, sello propio, genialidad, acaso también la misma estructura. Disfruto toda la obra de Marguerite Yourcenar, pero es poco lo que puedo decir de ella. Puede que a otros lectores les guste más o les inspire mejor Alexis o el tratado del Inútil Combate, Una Vuelta por mi Cárcel, o los Cuentos Orientales, o Fuegos. Ninguna de esas narraciones de gran potencia y oficio, alcanza a despertar en mí más que algunos ecos de las Memorias … . ¿Por qué? Me es difícil explicarlo. A veces es que un libro, ese y no otro, llegó en un momento determinado, ese y no otro, y es posible que tales coordenadas den lugar a una cierta actitud. A veces es el libro quien te escoge. A mí hay libros que me han seguido toda la vida sin alcanzarme hasta después de mucho tiempo, como el Ulises de James Joyce. Y libros que me han esperado durante años, producto de herencia por ejemplo, a los que acudía mucho después de haberlos ordenado en los estantes más altos, donde ponemos los libros que no leemos, como Los Cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez. Ha habido libros que cuando los encontraba y los leía eran maravillas, y luego al releerlos no me decían tanto, como los de Herman Hesse, que para mí no resiste el paso de la adolescencia a la madurez. Pienso en El Lobo Estepario o en Siddhartta, que tanto fueron para mí y hoy no es lo mismo. Otros en cambio empezaron por no decirme nada, tal vez me esperaban que creciera, como Todas las Sangres, de José María Arguedas. Yo sé de libros que he recomendado, fríos para mí y calientes para otros; y he leído libros que me han recomendado con calor, pero que me han dejado frío. Las Memorias de Adriano sigue siendo hasta hoy el libro por excelencia para mí. Resiste victoriosamente el paso de los años y supongo que así seguirá siendo. Es magnífico que cada lector tenga su propio libro-interlocutor, con quien dialogar y dialogarse y encontrarse un poco más a sí mismo.

V

Colofón

Tengo la sensación que en esta Crónica se me escapa un algo el sentimentalismo de los que narran algo que tienen en el corazón. No pido disculpas por las cursilerías en que incurro, pues nuestro intercambio con los demás no se produce más que por un cierto tiempo; se desvanece una vez lograda la satisfacción, la lección sabida, el servicio obtenido, la obra acabada. Tengo más libros predilectos, y no he terminado aún de leer todo lo que tengo que leer, mientras tenga vida y vista. Libros como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, La Guerra y la Paz de León Tolstoi, La agonía del cristianismo de Miguel de Unamuno, o El largo camino hacia la Libertad, de Nelson Mandela me inspiran grandemente y se han ganado su espacio interlocutor. Pero el corazón tiene razones que la razón no comprende. Ya hablaré de ellos, si puedo. Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. No te arrepentirás. Y si tienes un libro en el corazón, no olvides que Mucho me costaría vivir en un mundo sin libros, pero la realidad no está en ellos, puesto que no cabe entera. Hasta la próxima.

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miércoles, 10 de agosto de 2011

CONTRA EL DETERMINISMO

“Traigo la contra, la contra, la contra / para la mala vida: / Tabaco y Ron” (Letra de una canción popular del autor y amigo Carlos Alonso)

En las últimas semanas me he embarcado en algunos artículos que he estado titulando “Contra esto” o “Contra Aquello”. Sigo en esto al gran maestro Don Miguel de Unamuno y Jugo, poderosa mente que escribió en su inimitable estilo unos ensayos que tituló precisamente “Contra Esto y Aquello”. Ya quisiera parecerme a Unamuno, aunque trato de acercarme a él y al modo en que abordaba ciertos aspectos de la realidad, ubicándome decididamente en Contra de Ellos. Ese misterioso acontecimiento se llama “Tomar Posición”, y está pésimamente mal visto, porque por lo general se supone que tomar posición a favor o en contra de algo es salirse de la comodidad del estar en medio y no comprometer la chamba u otras cuestiones importantes, o cuando menos
no comprarse líos. Muy nacional y muy criolla esta costumbre de estar en varios sitios a la vez, o, lo que es lo mismo, no estar en ninguno para que no te puedan acusar de estar en alguno.

Tomar posición

Tomar posición suele ser visto por algunos como la interrupción del libre flujo neuronal de los pensamientos, colocándoles una suerte de anteojeras intelectuales que los redirigen a ideas más o menos fijas. Dícese que si alguien posee una posición, entonces es una especie de anteproyecto de fanático fundamentalista, por una suerte de birlibirloque lingüístico por el que se dice algo así como “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”. Estoy seguro que existen fanáticos fundamentalistas en muchas áreas del devenir humano – sobre todo en la Política -, y abundan entre aquellos que “toman posición”, quizá porque algunos de los que “toman posición” creen que el seguir la parranda emocional que tienen en la cabeza es indicio de veracidad, u otorga alguna ventaja cognitiva al que esto hace. En el primer caso entiendo que estoy frente a un Ingenuo que aún cree en pajaritos, y en el segundo a un Cándido que se ha comido el cuentazo de la postmodernidad con zapatos y todo. En fin, de ambos hay por todos lados, y a veces con muchos títulos académicos. Los gringos dicen con enjundia que “nace un tonto cada minuto”. Y en ocasiones los estudios, diplomados y maestrías lo único que hacen es convertir a estos individuos, muchas veces de buenos sentimientos, de ingenuos o cándidos ignorantes en ingenuos o cándidos conocedores de algún aspecto de la realidad. Vale decir, le puedes echar contenidos de aprendizaje al coleto, pero no desarrollas funciones intelectivas, con el resultado que engordas, pero no creces.

El ciego que critica al ciego

He notado es que la mayor parte de los que juzgan el tomar posición de otras personas suelen ser tan ingenuos o cándidos como aquellos a los que hacen objeto de su juicio tonante. Vale decir, caen exactamente en la misma situación que las personas cuyas creencias fanáticas fundamentalistas juzgan, haciéndolo desde su propia versión de fanatismo fundamentalista. Cambiaron, como dice el poeta, mocos por babas, y tratan de convencer al mocoso de que las babas son mejores, o por lo menos tienen más caché. No hay nada más aburrido que una discusión de este tipo, donde ambos están exactamente del mismo lado, aunque en sentidos opuestos: el gnóstico y el agnóstico, el de la U y el Alianza, el comunista recalcitrante y el neoliberal renegrido. Amén de otros opuestos que en un mundo perfecto se anularían entre sí, dejando tranquilos al resto de la humanidad. Lo cierto es que ambos presentan versiones complementarios de fanatismo fundamentalista, y no hay nada más aburrido en el universo que escuchar una discusión entre ambos. De repente por eso en el Congreso pagan tan buenos sueldos.

El fanático fundamentalista que toma posición tiende a escindir su mente para alejar la racionalidad, porque el pensamiento racional es enemigo de la Creencia, así en general. Algunas veces, menos de las que nos gustaría, el que toma posición sabe que se está escindiendo, y se está convirtiendo en lo que podríamos llamar un esquizoide autocomplaciente consigo mismo. En castellano llano, se mete la yuca con conocimiento de causa. Pero el que dice del primero “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”, curiosamente está en tal caso en posición análoga, pero sin haberse enterado que está escindiendo su propia mente. Digamos que es Ingenuo o Cándido, pero avant la lettre. Pues no es menos lo que se hace cuando se juzga desde las alturas del “no-compromiso-con-nada-excepto-yo” la toma de posición del otro. Aunque a muchos esto les parecerá extraño, hay una buena posibilidad de que tomar posición sea una decisión guiada por algunos atisbos de inteligencia, racionalidad o lógica. No tomar posición no otorga superioridad alguna, ni cognitiva ni moral. Pero algunas gentes parecen creerlo así, y actúan en consecuencia.

Es que no todos los que toman posición son necesariamente ingenuos o cándidos. Por lo menos yo trato de mantener la suficiente correa intelectual y algún que otro pensamiento independiente que me impida deslizarme por la autocomplacencia. Creo que me funciona a veces. Como hemos dicho líneas arriba, es posible que alguno que toma posición no sea Ingenuo o Cándido. Pero en Política y en las demás actividades humanas, hay de todo. Más bien, si una persona que en su vida personal ha mostrado ciertas dotes intelectuales asume una posición, por lo general ello no significa que haya abjurado de su capacidad de raciocinio. No lo hacía Unamuno, por lo menos. Pero entonces se encuentra con la frase sacramental: “y pensar que siendo tan inteligente hace, dice, piensa o vota de esta manera”.

La mayor parte de lo que creemos nos es impuesto

Sí, amable lector, está usted leyendo lo que lee. No toque su pantalla. Como en los viejos tiempos de la serie “La Dimensión Desconocida”, “nosotros” la controlamos. Y lo interesante es que es usted el que decide eso, o por lo menos cree usted que lo decide. Y al creer que usted decide leer lo que lee, comer lo que come, hacer lo que hace, votar por quien votó, usted se lo puede apropiar, o no, diciendo simplemente “Yo leo esto”, “Yo como esto”, “Yo hago esto” o incluso “Yo voté por Fulano o Mengana”. O, por el contrario “Yo no leo esto”, “Yo no hago esto”, o incluso “Yo no voté por Mengana o por Fulano”.

Pues no. Usted, no decide nada. Usted, no elige nada. Usted, que se computa libre, no lo es. Y claro, se preguntará usted a estas alturas ¿Y por qué habré de creerle a este tal Bloguero? ¿Cómo sabe este Bloguero que yo no soy el que decide sobre lo que leo, como, hago o voto? Pues muy bien, no me crea usted. Ya estaba previsto, de cualquier modo, y todo está ya planificado para darle a usted la sensación de que es usted quien posee el Control. Después de todo, la sensación de libertad es una buena forma de creer que la poseemos. Así que le dejaremos a usted la sensación, y de su Libertad nos apropiaremos “nosotros”. De hecho, si usted quisiera ser libre, verdaderamente libre, tendría que estar más solo que un gato techero en una ciudad abandonada. Pero como no está usted solo, pues es porque usted vive acompañado. Pero eso usted ya lo sabía. Pues para dejar de jugar a las escondidas, digamos que haber nacido y estar en nuestra sociedad hace del espacio de libertad que usted cree tener algo terriblemente limitado.

Por supuesto, usted puede elegir no seguir leyendo. Y ahí se le acabó su libertad. Porque si usted se ha interesado en esto y quiere saber a dónde demonios va a parar, es porque yo estoy manejando sus ganas y su interés, y usted se está dejando manejar, lo sepa o no. De hecho, eso le pasa a usted todos los días, por si no lo sabía. Vamos a suponer que usted lee un periódico o ve un programa de TV. ¿Por qué lo ve? Pues porque usted cree que ese periódico o programa de TV le conviene de alguna manera, sea por información, pasatiempo o entretenimiento. ¿Y por qué lo cree? Voy a suponer por un momento que usted jamás ha reflexionado al respecto. Que jamás dudó y que nunca se tomó la chamba de examinar por usted mismo el mundo que le rodea y se lo comió tal como se lo sirvieron, desde la primera papilla hasta la rueda de molino que usted se está tragando en este instante. Pues estimado amigo o amiga, reconozca usted que no ha pensado en ello, o si lo ha hecho, rápidamente ha desechado el pensamiento porque ya van a pasar el capítulo de Doctor House, o porque los niños lloran, el perro se mea, el trabajo no espera, o la comida está en la mesa.

Como en este mundo cochino no estamos solos, y como los que la mueven saben a la perfección que usted tiene entre las manos muchas cosas para ponerse a pensar – de hecho, algunas de esas cosas que tiene entre manos se las pusieron ellos -, y como quieren seguir moviendo la cosa, y odian la competencia, entonces han contratado gente que ha estudiado realmente a fondo las técnicas para mantenerlo a usted amarrado. Ya se imaginará usted que no es por amor al chancho – usted - sino al chicharrón. Y el chicharrón fue, en la particular coyuntura pasada, su voto. Y ahora es su opinión. ¿Por qué? Pues porque cuando usted colocó su voto en la urna, usted creerá que lo hizo en ejercicio de su libertad, pero ellos saben que con su acto habrá usted apoyado o desapoyado un conjunto de cosas. Es decir, usted, aunque no lo quiera, habrá tomado posición a favor o en contra de “algo”. Si lo hizo usted libremente o no, es cosa entre usted y su conciencia.

Final Infeliz

Vamos a suponer que es usted una persona pensante y paciente. Debe ser ambas cosas, pues no habría llegado hasta aquí de no serlo. Repentinamente usted percibe lo que le están haciendo. Puede que hasta le agrade que otros piensen por usted y le dejen ver Doctor House. Pero, si tiene usted algunos atisbos de humanidad, ello le disgustará. Qué se han creído éstos, puede que sea su primer pensamiento. El segundo es que tampoco, tampoco. De repente es la paranoia de este bloguero la que está inventando Teorías de Complot que usted no tiene por qué aceptar. Puede incluso que así sea, pues ese es uno de esos pensamientos independientes que nos impiden deslizarnos por alguna de las pendientes. Dudar, lo decía Descartes, es bueno por sí mismo.

Pero aquí viene la realidad, que como decía un mi amigo, asoma usted la cabeza por la ventana, y se la decapita. Decide usted votar por el candidato “A”, y eso le hará tomar partido, aunque no le guste a usted tomar partido. Imaginemos que usted, repentinamente celoso de su libertad, no quiere hacerlo. No puede votar por la candidata “B”, que viene a ser lo mismo, pero ni siquiera le gustaba en primer lugar. Puede usted entonces asumir una posición libertaria a lo bestia y decidir votar en blanco. Pero eso ya está previsto. Entonces a viciar el voto. También está previsto, maldición. Entonces niéguese a votar. Pero nos encontramos con la desagradable sorpresa que ya está previsto, también. Espero que usted se dé cuenta que … ¡nos tienen rodeados!

Colofón

Creo a veces que el problema de tomar posición es un problema de libertad y determinismo. No nos podemos librar de una ni del otro. Sartre señalaba que estamos condenados a ser libres, y ese determinismo de la libertad suena bien feo. Tal vez lo único que estoy pretendiendo es, parafraseando a Marguerite Yourcenar, sacudir las paredes de mi celda. En ese sacudimiento por lo menos estoy ejerciendo mi sagrado derecho al pataleo. Después de todo, quizá lo único que nos quede esté en el epígrafe que he puesto: Tabaco y Ron. Y punto.



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lunes, 11 de julio de 2011

ALEXIS, o el Tratado del Inútil Combate


“El descuido es un sucedáneo de la mentira.” (Marguerite Yourcenar)

Si algo me molesta en general de los floreteos y sablazos políticos de coyuntura es cuando estos contienen un mucho de paja y una poquita de trigo. Es aquí cuando se me da por aplicar cierto análisis más allá de los juicios apurados, y por lo tanto examinar con atención lo ocurrido y por ocurrir, a la búsqueda de algo consistente y claro, porque esta consistencia y claridad serán muy necesarias a tenor de los acontecimientos políticos presentes y previsibles a futuro.

El título de este artículo salió de mi mente dado que es el de la opera prima de la inmensa novelista francesa Marguerite Yourcenar, por la que tengo camote. La condición de obra primera, a más del entrampamiento moral y emocional que el protagonista exhibe en una larga carta – larga para carta, corta para novela – dan, me parece, un marco interesante como analogía a lo que ocurre en la actualidad con el llamado caso Alexis.

El contexto de la cuestión

Entender lo que pasa implica ver el contexto que le da paisaje a la cuestión. Esto debería ayudarnos a superar la confusión calculada que se muestra desde los medios de descomunicación, y que aprovecha las falencias de la cultura política nacional. Veamos algunos de estos aspectos. GANA Perú se ha comprometido como cuestión central de campaña a una Lucha contra la Corrupción frontal y sin atenuantes. La lucha contra el nepotismo, mal consuetudinario, es una parte importante y esencial de esta lucha. De hecho, no solamente es un tema de moralidad pública sino de sentido común el cerrar flancos a posibles ataques, sobre todo considerando que, como le ocurre hoy día a Susana Villarán, entrar a gobernar sin trafas bajo la mesa con el anterior ocupante del cargo - sin el famoso “borrón y cuenta nueva” - lo pone a uno en la mira de los grandes intereses económicos vulnerados. La Corrupción Previamente Instalada e Institucionalizada emplea sus armas mediáticas a mansalva para fabricar problemas artificiales, presionar y tratar de influir o atolondrar a los nuevos inquilinos de los diversos Palacios. Esto no dejó de hacerse en ningún momento. Los muchos años de silencio alrededor de estos temas y la súbita cruzada moralista emprendida por los mismos que actuaron en componendas, o acallaron interesadamente todo lo ocurrido antes puede que les quite derecho moral al piteo, pero también es cierto que se ha tocado un punto muy sensible.

La tregua política que se acuerda por tradición a los funcionarios electos duró para Susana Villarán aproximadamente ocho minutos y 20 segundos, lo que se tarda un rayo de luz en llegar del Sol a la Tierra. Para el caso de Ollanta Humala y GANA Perú la tregua se mide en números negativos. La lección que nos dan las presiones de los grupos de poder en su lucha contra el gobierno de Susana Villarán en este momento, debería ser analizada seriamente. La conclusión parece obvia: Sin una estrategia inteligente de comunicación se corren serios riesgos políticos.

La oposición de los grupos de poder – sectores de los cuales están o han estado metidos hasta el hueso en la corrupción del gobierno saliente y los anteriores – a las izquierdas en la Municipalidad de Lima y el Gobierno Nacional es mucho más sólida que la oposición política, y se expresa en los medios de descomunicación. Su objetivo es limitar al máximo la capacidad de maniobra del Gobierno entrante, tanto para diluir la posibilidad de investigación como para obtener mayores márgenes de negociación y componenda. Los métodos son bastante conocidos y no sorprende verlos en acción, pues todo esto ya le pasó a Toledo, y recordemos que su parentela le hizo bien flacos favores. En este contexto, la desaparición del único programa político de TV con ciertos pespuntes de objetividad – Prensa Libre – denota el cierre por ahora de la posibilidad de humanización del ejercicio del poder, es decir, volvemos al concierto de medias verdades, confusión entre hechos y posiciones, y camanchaca informativa que caracterizó los últimos años. Lo que están haciendo los poderes fácticos no es ningún misterio: Están dominando la agenda política lo más posible, con lo que proporcionan magníficas cortinas de humo, con la involuntaria ayuda de la confusión al interior del naciente oficialismo.

Las cuestiones de fondo

Sorprendió la tardía y tibia reacción de GANA Perú, así como los dos o tres discursos paralelos que han surgido a partir del caso Alexis. Desde una perspectiva amplia del ejercicio político, es solamente natural que los miembros de un partido Político que gana las elecciones conversen con diversos actores nacionales e internacionales. Es, de hecho, lo que el Presidente Electo ha estado haciendo desde antes de las Elecciones. El problema parece haber surgido en función de tres cosas: El hecho mismo de las conversaciones entre Alexis y los rusos, donde se cuestiona tanto la oportunidad como la autorización para dichas conversaciones; el hecho que estas conversaciones se hayan publicitado desde fuentes rusas; y el hecho de que GANA Perú no haya tenido reflejos políticos para presentar una sola voz, definitiva y fulminante, que la mayoría entendió debería haber venido desde el mismo Presidente Electo.

Conversar no es pactar

Que Alexis Humala y los rusos, chinos o albaneses conversen no tiene en sí mismo nada de curioso. Eso del “tráfico de influencias” es una gansada, si uno tiene una idea de todo lo que se conversa en esas ocasiones. Nadie es tan tonto de creer que estos temas no pasarán por la criba gubernamental en su momento. Las conversaciones informales son informales precisamente por eso. Son los temas conversados lo que ha levantado polvareda, la pesca, el gas y el turismo después de todo son sectores económicos importantes. Si hubieran hablado de Educación, Cultura o Ciencia y Tecnología nada hubiera pasado, porque en esos asuntos no hay mucha plata. Meter candados en gas, pesca y turismo favorece a ciertos grupos, en especial cuando según parece, las consignas de Alexis al tratar con los rusos no eran suficientemente claras. Es decir, qué puedes hablar, qué no puedes hablar, qué decisiones puedes tomar y cuáles no. Y ese es un serio error político de GANA Perú: Dar ciertas cosas por supuestas.

Lenguaje oficial

Los rusos, o quizá la agencia noticiosa EFE, le metieron candela al asunto, al poner en bandeja los temas económicos y usar un vocabulario que solamente puede emplearse cuando hay conversaciones oficiales. Esto le dio un fuerte componente de componenda al asunto. Ya no se podía decir que eran conversaciones informales, porque se presentaron términos como “acuerdos”, por ejemplo. Y aquí se armó la gorda, pues apareció de un momento a otro el fantasma del nepotismo, y lo que podía aparecer como oficioso se tiñó de una oficialidad extraña, pues GANA Perú aún no es gobierno. Ahora sí hay una camanchaca brava, porque tras estos indicios se puede, como el periodismo sabe perfectamente, construir un caso así no haya nada detrás. Lo que, por otra parte, está por verse.

Respuesta política limitada

Y, por último, el sorprendentemente poco afiatado mecanismo de respuesta política de GANA Perú. Según parece, no se midieron adecuadamente la intensidad y el nivel de la respuesta. Que las instancias partidarias hayan reaccionado con cierta rapidez no quita que la respuesta haya sido inadecuada. Si se hubiera tratado de Perico de los Palotes esto hubiera bastado, pero tratándose del hermano del Presidente Electo la cosa se deriva a un tema político-familiar, que vincula el tema del nepotismo y las intenciones del Presidente Electo al respecto. Como en las empresas donde la familia tiene cargos directivos – viene a la mente, risueñamente, el Directorio de El Comercio -, siempre hay una tensión que surge de los avatares familiares anteriores o presentes. Eso todo el mundo lo sabe y todo el mundo lo mira. Por eso se esperaba que, dada la principal promesa de campaña - Lucha contra la Corrupción -, el Presidente Electo saliera al fresco y pusiera orden en el asunto. A mí personalmente, me parece magnífico que el Presidente Electo se cuide y no pise palitos, así como que se tome todo el tiempo que necesite para tomar decisiones. No va a bailar el huayno que la oposición le toque. Pero en este caso creo que debió obedecer a sus instintos. A estas alturas el asunto se ha escapado de las manos con la intervención del hermano Ulises y la entrevista al mismo Alexis, con un exceso de datos que no explican nada, porque no vienen del que verdaderamente importa, que es el Presidente Electo; ni en lo que verdaderamente importa, que es el tema del Nepotismo. El asunto ha descendido de rango, que si fulano, mengano o perencejo dijo lo que dijo cuando no lo dijo que dijo lo que el otro dice. Y todos meten la cuchara, haciendo hermenéutica barata con líos de comadres incorporados, en el que los medios de descomunicación se solazan. Y el desgaste empieza desde antes de gobernar.

Entrampamiento moral y comunicacional

Lo realmente fastidioso de esta situación es que ha dado pie para dudar de la buena fe del gobierno entrante en el tema de la Lucha contra la Corrupción. La culpa o no culpa de Alexis ha pasado totalmente a segundo plano, desde que ni siquiera está claro de qué se le acusa. Para los grupos de poder el tema no importa, lo que cuenta es la cortina de humo y el desgaste adelantado; en tanto que para GANA Perú y la población del Perú los temas son el Nepotismo y la Credibilidad, el resto es neblina mediática. Los grupos de poder se han anotado un tanto en la Copa de la Limitación del espacio de maniobra política. Han hecho lo lógico, presionar sobre el flanco débil presentado. Lo que sorprende es, uno, que este flanco se haya presentado, y dos, que las respuestas hayan mostrado fisuras y contradicciones, que son obviamente producto de la desinformación interna, es decir, el bloqueo informativo interno alrededor de los decisores políticos en GANA Perú, que en esta ocasión ha jugado en contra.

El tema del nepotismo obliga al presidente Electo a poner a su hermano, que es político por propio derecho, en un destierro siberiano mientras se investiga qué diablos ha pasado realmente. Y ello, que puede funcionar como la acción concreta y coherente que demuestra lo que se predica, no ha sido adecuadamente comunicado ni en oportunidad, ni en intensidad ni en nivel. Peor, ahora es carne para buitres de todo plumaje. Faltan a la fecha diecisiete días para la Toma de Posesión, y ese tiempo, corto para una transferencia, es inmenso en función de las consecuencias políticas del comadreo sobre este tema. Ya el hecho de mostrar flancos no es nada inteligente en un aspecto donde menudearon compromisos serios de campaña. El no ser gobierno hasta 28 de Julio, determina que se carece de los medios para poder hacer ciertas cosas al respecto. El espacio mediático que no se puede llenar queda entonces reservado para la Opinión Pública. La única estrategia mediática visibilizada ha sido la de poner colchones amortiguadores para proteger al Presidente Electo. Pero los escuetos comunicados de GANA Perú no fueron suficientes.

El fondo de la cuestión

GANA Perú tendrá que entender que no es posible gobernar con una estrategia informativa análoga a la empleada durante la campaña. Y menos podrá gobernar sin estrategia de medios, como se puede ver en el caso de Susana Villarán, que paga injustamente pato y es hecha carnaza por los secuaces de Comunicore. Hay que mirarse en ese espejo. Llegó la hora de emplear estrategias adecuadas en comunicación que intermedien eficazmente al Gobierno y al Presidente de la República con la Opinión Pública. A su vez, GANA Perú debería dejar – por un ratito nomás - las paranoias, sean o no saludables, y abrirse un poco para evitar el autobloqueo informativo. Trabarse en combates inútiles con tanto en juego no es positivo ni ayuda en nada, más bien dispersa energías necesarias en la transferencia y la asunción del mando, que son cuestiones muy reales. Aunque ahorita por desgracia este ya no es el tema de agenda, que se resbaló entre los lacónicos dedos de los decisores políticos. Ahora se trata de lograr un efectivo Control de Daños, bajar la temperatura de la papa caliente, y establecer una agenda política propia proactiva, no reactiva. Es decir, retomar la iniciativa, hablar claro frente al tema del Nepotismo y reafirmar la Lucha contra la Corrupción.