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lunes, 11 de marzo de 2013

HUGO CHÁVEZ, O LOS MIEDOS SOCIALES


HUGO CHÁVEZ, O LOS MIEDOS SOCIALES

"Los medios de comunicación de América Latina son la principal razón de que la mayoría de la gente de Latinoamérica tenga una visión de Venezuela igual de distorsionada incluso peor que la de la mayoría de ciudadanos estadounidenses."
(Mark Weisbrot, columnista de The Guardian, codirector del Center for Economic and Policy Research)

"(A la hora de la muerte) a un hombre debe bastarle pensar que es un hombre, que está de pie, que está bajo las estrellas"
(G.K.Chesterton)



Pocos políticos en América Latina levantaron más polémica en vida y en muerte que Hugo Chávez: Temido y odiado por bastantes; amado y adorado por millones. Objeto de absolutamente todos los trucos que una prensa dedicada a la desinformación podría utilizar para tumbárselo, incluyendo el  golpe de estado. Sin embargo les sobrevive incluso en su muerte. Hugo Chávez, ser humano, ha enseñado cómo vivir la lucha por un ideal, además de cómo se debe morir. Como a estas alturas de mi vida no creo en pajaritos, no solamente voté NO en la Revocatoria, sino que no me llama la atención la defensa irrestricta de la libertad de empresa. No es interesante preguntarse lo que ya sabemos: si la prensa dice lo que dice, es tema de tarifa y punto. Lo único que puede variar creativamente y despertar cierto interés es el monto y la forma de pago. El “secreto a voces” peor guardado de la historia es que hasta las piedras saben en nuestro continente que la prensa no es creíble y que opina con la billetera. Testigos los revocadores acá en Lima, conchabados con quien te jedi, caballero yedi. Es gracioso que, salvo cuatro o seis periodistas sensatos y/o lúcidos por ahí, siguen actuando como si se les creyera. Allá ellos.

El problema es Otro

En consecuencia el problema es Otro, y es el mismo del Fin del Mundo del 2012: ¿Por qué gente  inteligente y capaz, de toda procedencia, se cree las historias de la prensa, y repite un discurso mendaz, a todas luces tendencioso, e incluso falso? Sobre Hugo Chávez he escuchado monsergas  increíbles, expresiones tan emotivas que de repente se las merece un marido tramposo, un padre ausente, un hijo sinvergüenza. Pero … ¿el presidente de Venezuela, nación petrolera y hermana, pero  muy lejana de nuestras preocupaciones inmediatas? Vamos, que eso se merece su poquito de análisis.

Hay gente que no puede escribir – e incluso pensar – el nombre Hugo Chávez sin sentir violentas arcadas físicas y emocionales. Miremos algunos de los epítetos dedicados a Chávez, el proceso venezolano y sus aspectos vinculados, recogidos tan solo en un par de intervenciones en una discusión en red social:

Fraude, genocidio, se atornilló miserablemente, vomitó, amordazó, sojuzgó, emputeció, dictatorial, estupideces, payaso, títere, malvado, apestoso, miserable, desgraciado, hijo de puta, golpista, malvado más un larguísimo y efectista etcétera.

Yo no sé, pero ahí algo me suena raro. Tengo mis ideas de izquierda bien enraizadas e incluso familia en Chile, pero puedo decir con toda soltura, naturalidad, desenfado, e incluso donaire estas dos palabras: “Augusto Pinochet”, y no solamente no me vienen arcadas, ni agruras, ni me salen pústulas moradas, ni siquiera una vergonzante acidez estomacal. Es más, siento cierta satisfacción de poder mostrar un aura de objetividad frente a un tema polémico. Gratificante, si uno se pretende analista de la realidad y capaz de conceptualizarla sin malabarismos de conveniencia personal. Total, nadie me paga por opinar, lo que tampoco es tan bueno pues hay cuentas que pagar, y gente que me lo recuerda con insistencia digna de encomio. Pero puedo decir “Alan García” y hasta “Keiko Fujimori”, y no me da chucaque ni soponcio. Y no es que me gusten, pero no le doy a nadie el gusto de amargarme la cotidianidad con sus barbaridades en hechos y palabras. Y eso que hay quien se esfuerza.

Cuando veo lo que hacen y oigo lo que dicen, me escandalizo mi algo, pero luego se me pasa, y digo con toda dignidad “qué badulaque”, y continúo con mi vida, algo bastante más importante. Sigo el sapientísimo consejo del gran filósofo brasilero Chico Buarque: A pesar de Usted / mañana ha de ser / otro día.

Los Perros de Pavlov

Ahora bien, ¿por qué a tanta gente le da ataque? Como soy educador y me sé mi poco, tengo mi respuestita: La asociación de un concepto a contenidos negativos determina estímulos aversivos asociados en este caso a la imagen “Hugo Chávez”. Es decir, alguna gente sometida al estímulo “Hugo”, está condicionada a salivar amargo. No me creo el cuentazo que a veces dicen que la Prensa no tiene tanto poder, porque machaca y machaca diaria y subliminalmente, y no me vengan con que no, que grandecitos ya somos. Es que me molesta que me tomen por imbécil, aunque puedan eventualmente tener razón. Cuando la prensa es monocorde y manejada por gente sin escrúpulos, el condicionamiento es más efectivo todavía, y convendrán ustedes conmigo que estas condiciones de monocordia y concentración capitalista se cumplen ampliamente en nuestro continente.

Pero no puedo culpar a la gente por ser condicionada cuando el sistema educativo te estafa y te dice, por ejemplo, que sabes leer cuando en verdad eres semianalfabeto – apuesto que por ahí aparecerá uno que dirá que lo estoy insultando, de los que cree que “panzón” es un insulto. Piénsalo, si no decodificas discursos ni diferencias lo manifiesto de lo latente, ni puedes analizar más allá de tus simpatías y antipatías, eres perfecto para salivar como los perros de Pavlov y ser parte de la “masa de maniobra” mediática.

El Malo de la Película

Nuestra Derecha Bruta y Achorada tiende a opinar con los juanetes y creerse los discursos destinados a los incautos. Otorgarle a Hugo Chávez el cuasi demoniaco poder de intervenir en todo, e influir - no “influenciar”, por favor, me tiene harto ese galicismo - decisivamente en casi todo, pues eso no lo consiguió el comunismo soviético con bombas nucleares, Comintern y todo eso. Nos guste o no, Chávez nunca pudo disputar el dominio del mundo, o de América Latina, a los Estados Unidos, ya bastante hizo manteniendo en lo posible la independencia de Venezuela. Pero como está en la técnica del psicosocial meter miedo y fortalecer simbólicamente al enemigo, basta asustar a los pobres de espíritu para que se abandonen a una autoridad fuerte que se ofrezca a quitarte la pesada carga de la Toma de Decisiones. Pero asignar omnipotencia siempre es sospechoso, aun si la DBA sabe lo que hace – cosa que dudamos, sus decisiones corporativas últimamente han sido bastante malas.

El insulto y su relación con el inconsciente

A mí, que jamás me gustó el estilo de Chávez, entiendo que el hombre ha tenido mucho éxito: ganaba las elecciones, caray, a medio la docena, y si puedes hacer eso, hacerte dictador suena poco inteligente: Una ventaja de la Democracia es que te enteras de las cosas y tus decisiones son más sensatas, aparte que no tienes que hacer toda la chamba. Pero los opositores de Chávez y hoy de Maduro creen que insultar es un argumento, que la magia de los conjuros tipo Brujas de Macbeth son algo a mostrar y sentir orgullo, y despachan su ignorancia a gusto. La agresividad desatada es tal que uno se convence que estos solo se conformarían con matar a quien sienten que los agrede. Para  estas gentes debe ser terrible que Hugo Chávez se haya muerto por su cuenta, sin que hayan podido clavarle la estaca al vampiro. Denigrar al muerto linda con las ambivalencias necrofílicas, y no creo que la gente, Johnny, esté tan loca. Sería terrible que encontraran, como les pasó a algunos veteranos de la Lucha contra el Comunismo, que Chávez les hacía el favor de darle sentido a sus vidas.

Ahora cómo lo mantenemos amenazante, menuda dificultad que seguro produce enredos padre en cabezas no entrenadas en exceso en el ejercicio del pensamiento. Vemos a algunos tratar de encajar la realidad a esos esquemas, le chapamos el chiste, empezamos a reírnos y la comunicación se pierde, pues el interlocutor se ofende con uno y lo desamiga de las redes sociales.

El Problema del Otro

El problema entonces no es – o era - Chávez, sino el Otro, el que habla de él. Imagínate que tratas de conocer y posiblemente de cuestionar las bases del gobierno bolivariano (no vale decidir a priori que lo vas a condenar, primero necesitas la data como sabe cualquier investigador serio), te apuesto doble contra sencillo que NO vas a encontrar información fidedigna, o que conseguirla te va a costar sangre, porque por allí están más ocupados demonizando a Chávez y al Chavismo, y creen que con eso ganan más. Como por allí suponen que las gentes son irremisiblemente estúpidas (tampoco se les puede culpar de creer que tras décadas de destruir la Educación no tengan la conciencia de cierto éxito), ya no se molestan en argumentar, piensan que basta con la salivación pavloviana a lo Montesinos. La gran mayoría de los que se dicen "analistas" de la prensa peruana se creen la propaganda que repiten y que hasta colaboraron en fabricar, y no proporcionan información nueva sino que repiten lugares comunes, como eso de “perpetuarse en el poder”: Explíquenme  cómo hace un muerto para perpetuarse. Por cierto, estos límites analíticos se vieron también en la renuncia del Papa Benedicto, donde muchísimos “analistas” no dicen esta boca es mía porque esperan el His Master s Voice proveniente del Palacio correspondiente.

El Problema es el Otro

Hugo Chávez ha muerto de cáncer. Hemos visto gente que escupe el cadáver y patea el ataúd, si bien virtualmente. No lo harían en persona, la fácil valentía de las redes sociales no da para tanto. Es simbólico eso de patear al muerto, de insultar a gentes a los que se les adjudica ipso facto la calidad de “enemigo”. El muerto, en esas mentes, no está tan muerto, de repente anda de parranda. Seguro que esto duele a algunos, pero Chávez muerto sigue siendo mayoría en Venezuela. Se ganó un prestigio muy superior al de sus críticos. En cierto modo está más vivo que muchos, si la intensidad en el vivir es un parámetro. Porque el problema de fondo sigue siendo el Miedo expresado en la necesidad de disfrutar del control de la propia vida, que se cree tener porque se puede insultar en las redes sociales a los que les digitaron debían odiar. No es posible controlar los conceptos con adjetivos añadidos: Chávez malvado, dictador, criminal. Vale la pena preguntarse a qué le temen realmente tanta dama y caballero tan prolífico en epítetos. Ahora que el “Diablo” está muerto va a ser peor, porque es inevitable comparar con el Mío Cid Ruy Díaz El Campeador, que vencía después de muerto, lo que levanta ronchas por lo cantado que estuvo el triunfo de Nicolás Maduro.

De donde viene el odio

Ahora bien, el odio viene del Miedo, y el miedo de la posibilidad de que me quiten lo que entiendo es mío. Eso se entiende perfectamente en los muy pocos que se apropian de más de la mitad de la riqueza de nuestras naciones, y que alguna culpa inconsciente deben sentir por despojar al resto, aunque esa inconsciencia en algunos debe ser bien inconsciente, mientras en otros es Responsabilidad Social. Ciertos medios de comunicación peruanos hacen plata explotando y reflejando el temor inconsciente de los que la mueven, y la manipulación que ciertos periodistas lograban ya no es tan eficiente como solía ser. Ya se cae porque no se puede vender indefinidamente la bobada ideológica del comunismo internacional, que resolvemos metiendo bala y “matando menos gente”. Los grandes capitales están inmovilizados por conflictos sociales que el poder político ejercido por los dichos superdotados no atina a tipificar ni a resolver con un mínimo de solvencia. En consecuencia vender el temor a los ajustes sociales de cuentas por el que se cobre con intereses la deuda social tiene límites. El pacto entre derecha liberal y nacionalismo humalista como que morigera la cosa, aunque muchos la vemos compleja, como solamente ganar tiempo, y a ver qué hacen con ese tiempo. La lucidez no se compra, se trabaja. Y hay mucho vendedor de sebo de culebra (no “cebo”, por favor). Y ahí. 

Peru Blogs

lunes, 5 de diciembre de 2011

CONTRA EL CHANTAJE EMOCIONAL


CONTRA EL CHANTAJE EMOCIONAL


"Quien busca herirte busca tu herida, para herirte en tu herida.”
(Antonio Porchia)

 “Para hacer la paz se necesitan dos; pero para hacer la guerra basta con uno sólo” 
(Samuel Butler)

“La persona que domina, explota y lastima es tan dependiente como la persona sumisa. 
Ninguna de las dos puede vivir sin la otra”. 
(Erich Fromm)

Introducción

Quizá uno de los temas más complicados sea el del chantaje emocional. Es tema social a la vez que individual, pues la sociedad más pequeña que existe es la de la pareja, y por ende hay ahí relaciones de poder. La vida en común es una decisión donde se invierte mucho más que dinero, por más que éste se considere decisivo. Con el capital emocional pasa lo mismo que con el capital social: Así como en política es un problema darle lugar al capital social en una sociedad centrada en el consumo como valor supremo; en la pareja la plata termina por contar más que la inversión emocional. No se aprecian ni el capital social ni el emocional al no poder monetizarse, y en consecuencia el trabajo doméstico no se valora ni en el PBI ni en la familia. El “contigo, pan y cebolla” es una pésima broma dados los precios de los alimentos, las necesidades del estatus y la dificultad para obtener ingresos adecuados.

La pareja

La pareja son dos personas, de distinto o del mismo género. Inevitablemente hay diferencias por más en común que tengan, la interacción en la pareja se ha comparado a dos cantos rodados, rocas que chocan una contra otra y alisan sus durezas mientras ruedan por un río torrentoso. La relación entre dos involucra relaciones de poder como las de sociedades más grandes. Había en el cable un gracioso reality-show que caricaturiza la boda: Bridezillas (Combinación de la palabra en inglés bride - “novia” - con …. Godzilla), especializado en casos de novias que dominan a sus parejas: damitas complicadas, histéricas, exigentes, invariablemente chantajistas. Pero el Chantaje Emocional no es privativo de la pareja, es arma política en las relaciones amicales, políticas y laborales, y además en formas combinadas como en el chantaje sexual no emocionalmente vinculante.

Acotación de parte

Soy varón, no soy neutral, corro los riesgos de la autocomplacencia, la caricatura, el rechazo, eventualmente la misoginia, sesgos que no ayudan. No tengo la espada del augurio pero no dejo de ser quien soy, trato de entenderme a mí mismo desde un par de ideas independientes para no perder perspectiva y perseguir mi propia cola. Es esencial hacernos la idea de qué le pasa al Otro, cómo se siente, qué hace y por qué, la Empatía como capacidad de ponerse en el lugar del Otro. Todos somos más o menos empáticos, por poco que nos esforcemos, aunque cueste en ciertas circunstancias neurológicas o psicológicas: La sobreprotección o el Asperger te la complican. Pero puedes superar tus límites y avanzar a la empatía si te das tiempo. Los ejercicios de empatía no son complicados, una canción de Joaquín Sabina referida a ser todos los hombres que nunca seré me sugirió este: Imagínate varón, que eres mujer; y tú mujer, imagínate varón (También puedes ser Padre que se imagina Hijo, o Jefe que se imagina subordinado, etc.). Una vez que te has hecho la idea de Ser el Otro, sélo un día entero, haz lo que siempre haces, pero reserva momentos para imaginarte qué haría el Otro, cómo y por qué. Házlo  bien y será una de las experiencias de tu vida.

Qué es el Chantaje Emocional

Empecemos por el principio. Acudo a http://www.wordreference.com/definicion/chantaje, consultado el 30.11.11 a las 14:33 hora de Lima): Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:

Chantaje.- m. Amenaza de pública difamación o cualquier otro daño para obtener algún provecho de alguien u obligarlo a actuar de una determinada manera

Emocional.- Relativo a la emoción.

Emoción.- f. Conmoción afectiva de carácter intenso.

Reunir “chantaje” con “emocional” integra un elemento público a esclarecer: El Chantaje amenaza hacer públicos ciertos hechos o situaciones, su reserva permite a alguien, a cambio de su silencio, obtener dinero o favores sexuales, laborales o de otras clases. El chantaje emocional se basa en la creencia social en la debilidad de la mujer. Sin embargo, lo más venenoso del chantaje emocional no es el daño a la reputación, sino a la autoimagen e integridad emocional del chantajeado, por la evidencia de la propia sumisión frente a la mujer débil por antonomasia. Pero el chantajista no va de buenas, en otro artículo vimos la Sobreprotección como fuente del patrón de dependencia emocional, que como la pistola de Hober Mallow, puede disparar en las dos direcciones.

Imagen del chantajista

El daño con el que el chantajista amenaza ataca las brechas en la autoestima personal del chantajeado. El chantaje es una relación de poder, es que Uno haga lo que quiere el Otro so pena de inestabilidad, miedo, duda, angustia y culpa interiores. El chantajista es agente / victimario y el chantajeado paciente / víctima, pues uno actúa y el otro sufre la acción sobre sí. El Chantaje Emocional es un acto de Violencia que suele aparecer en la Infancia como consecuencia de la rabia y la furia que los niños sienten cuando no se les da lo que quieren.

Imaginemos un hogar donde la principal estrategia que el mocoso desarrolla es el chantaje. Situación típica: Papá / mamá se niega a lo que el chico quiere, pero mamá / papá otorga (“pobrecito …”), a veces con conflicto de poder abierto, a veces a espaldas del otro. El niño siente rabia frente a quien no da y manipula a quien da. Aprende que el chantaje paga, y que paga bien mientras no te sorprenda el represor, y para ello aprende a mentirle. No es poco común ver en la sociedad la imagen paterna  “mala” versus la materna “buena”, en nuestro país lo refuerza la imagen dual padre ausente / madre sobreprotectora. Así se refuerza la conducta en la medida que los padres ceden al chantaje de los mocosos, no es casual que los chantajistas adultos sean engreídos, mentirosos y poco tolerantes a la frustración. Lo dije en otra parte: El machismo es como la hemofilia, lo padecen los varones, lo transmiten las mujeres. Pero los varones no somos santas palomas sin hiel.

El chantajista no quiere saber que lo es. Rodea el hecho de racionalizaciones y justificaciones, que ocultan la enorme gratificación íntima y compensatoria que se logra con el control ejercido sobre otros. Con su conducta reforzada, el chantajista no tiene motivo para dejar de serlo: si como niño aprende a manipular, de adulto continúa el patrón.

La socialización y el crecimiento intelectual y moral reorientan el chantaje, profundizándolo en la psique. En no pocos casos se hace consciente y se administra, lo que no es tan malo como parece. Según la orientación moral da materia prima para psicólogos, psiquiatras, relacionistas públicos, negociadores, etcétera; o también para estafadores, políticos mañosos y sinvergüenzas, delincuentes de todo calibre, vendedores de sebo de culebra, etc. Es más peligroso si el chantajista está cómodo en su condición, ahí tenemos una perversión psicológica y/o una sociopatía severa, relativamente rara menos mal. En cualquier caso, no confundamos ciertas conductas manipulatorias en las que todos podemos caer alguna vez con la instalación de un modus operandi al que siempre se recurre. 













Un juego de a Dos

No hay chantajista sin chantajeado. La víctima tiene responsabilidad en el Chantaje, no la misma por supuesto pues su rol es pasivo. Pero el chantaje emocional responde a la profunda necesidad del chantajeado de ser víctima.

El juego consiste en la ejecución de ritos de poder en los que ambas partes encuentran una paradójica satisfacción íntima e inconsciente, pues hay presente dolor, insatisfacción y desdicha en ambas partes. El chantajeado necesita sentirse mal para estar “satisfecho”, el chantajista licúa su rabia pasivo-agresiva a través del control. Uno es un desdichado/feliz, el otro un feliz/desdichado. El dolor autoinfligido y la furia agresiva son el centro de la estructura emocional binaria de dos personas que ponen su felicidad en un vínculo de dominio, retorcido y penoso. El equilibrio es inestable, de un lado satisfacción íntima, del otro desdicha. A veces se verbaliza: No sé por qué lo hago, pero lo hago.

Hay, por ende, complicidad inconsciente, necesidad en las dos partes. Si no lo crees, pregúntate por qué estas relaciones se sostienen largo tiempo, es evidente que ambas partes algo sacan pero no saben qué. Es una relación autosostenida, un enganche insano y profundamente perturbado. No me gustan ciertos términos demasiado definitivos o devaluados por aplicaciones absurdas e incluso ridículas, pero parece adecuado hablar de un juego sado-masoquista.

Reconocer el chantaje emocional

El Chantaje Emocional suele ser inconsciente por ambas partes. La inconsciencia es no saber qué pasa, pero sentirse desdichado e insatisfecho, lo que se atribuye a que la situación es difícil, a que las cosas son como son, a que no queda sino atracar. El mejor pretexto siempre es, qué paradójico, la realidad. Y se soportan los altos costos emocionales hasta donde se puede. Para que se despeje la neblina en los ojos de las partes, se necesita que el dolor y la desdicha pesen más en la balanza que la satisfacción recibida, el acto de rebelión adolescente pospuesto se produce en la adultez, donde recién se empieza a pensar en remedios. Como para resolver problemas primero hay que verlos, se requiere distinguir el modus operandi del Chantaje Emocional para ir a una profunda reformulación personal.

El modus operandi del chantaje: estrategia y tácticas

El Chantajista no es una persona poderosa o fuerte, en el fondo hay una niña o niño asustado e iracundo que necesita darse soporte. No consigue sentirse bien de manera sana y actúa a la manera del náufrago del Titanic, que para respirar debe ahogar a otro náufrago. Así logra control, pero no consigue satisfacer su necesidad interior a no ser que escale el chantaje. La popular imagen del Barril sin Fondo ayuda a entender: El chantajeado trata de llenar los requerimientos del chantajista para librarse del chantaje, pero como saben los mafiosos, una vez que atrapas a alguien es idiota soltarlo. Así tras una exigencia viene otra, y otra y otra más; nada de lo que el chantajeado haga será suficiente, pues para el chantajista no cuentan los resultados, sino mantener al chantajeado en la sartén caliente.

Aunque la estrategia del chantajista es siempre la misma, las tácticas son múltiples, todo chantajista es un manipulador consumado, pues primero debe engañarse a sí mismo y ello requiere de constante refuerzo. Las tácticas se evidencian en el discurso chantajista, de estructura repetitiva y circular, que vuelve al punto de partida para iniciar una nueva espiral, un círculo escalado en el que se hace lo mismo pero con más y mayor efectividad. Esto facilita y a la vez dificulta deconstruir el discurso,  primer paso del chantajeado para  salir de la viciosa relación. Veamos algunas de esas tácticas:

Las Tácticas

Ø  Amenaza de Castigo: 

La Amenaza con males reales o imaginarios es el arma favorita y el centro mismo del Chantaje Emocional. 

Una variante es el auto-castigo, en el que el chantajista amenaza con autoinfligirse un daño si no se hace lo que quiere, para producir una culpa lo más abrumadora posible. (Si no me quieres, la vida pierde sentido). 

Otra variante interesante es el autocastigo a posteriori, mayor generador de culpa pues ya no se puede resolver y se le pueden "cobrar intereses por adelantado" mientras siga sin hacer lo que el chantajista quiere (Yo, que te he entregado los mejores años de mi vida… ). Por cierto, hacer lo que el chantajista quiere no garantiza ni de lejos que se dejará de usar el argumento. 

Ø  Proyección: 

La propia rabia del chantajista se proyecta sobre el chantajeado, es la principal autojustificación de su conducta. Proyecta el todos son de mi condición. Si el chantajista es incapaz de perdonar, el chantajeado peor, y el chantajista se sorprenderá mucho si ve al Otro actuar de otro modo, se sentirá agredido por este rebote sobre su propia conducta, y tratará por todos los medios de autoconvencerse de lo contrario. La agresión escalará así hasta obtener una conducta que demuestre equivalencia moral que justifique una vez más su conducta.  Esa es la llamada “búsqueda del empate”, en que invariablemente se encuentra o inventa conductas análogas en la otra persona.

Ø  Reproches: 

El chantajista descontrolado reprocha sin dirección ni sentido, cae fácilmente en el insulto personal, lo que indica una pérdida de control que el chantajeado puede emplear a su favor. Pero el chantajista afiatado y con talento es insidioso, sus reproches tienen más impacto pues van a las reales debilidades personales del chantajeado. Ambos adolecen de datos elementales sobre sí mismos, el chantajeado tiende a ser crédulo, máxime si está unido emocionalmente al chantajista. Al chantajista se le suele pasar la mano, transgrede todo límite en su eterna búsqueda de satisfacción, sin saberlo se pone la soga al cuello, y la contradicción no le molesta ni le estorba. Un clásico reproche de pareja será decirle al que está ahí que nunca está ahí, y que su ausencia trae consecuencias espantosas en los hijos.


Ø  Desvalorización: 

El chantajeado es la peor persona del mundo, carece de toda virtud y es depositario de todos los defectos, a no ser, claro, que haga lo que el chantajista quiere. (Ahora ya sé quién eres en verdad, tú nunca me has querido). El mecanismo subyacente es de demonización, la víctima sufre la proyección de la rabia infantil del chantajista contra el progenitor represor. 

Una variante es negar o ridiculizar las virtudes del chantajeado para desactivar eventuales efectos de argumentaciones basadas en dichas virtudes, y desestabilizar la autoimagen de la víctima. Como en los casos anteriores, aún en el caso de hacer lo que el chantajista quiere, nada garantiza que no siga desvalorizando y ridiculizando, esperar que eso pase es pedir peras al olmo. Esto empata con la necesidad de algunos chantajeados de ser desvalorizados, en especial si los trataron de ese modo en la infancia.


Ø  Descalificación: 

La táctica anterior se dirige al ser del chantajeado, ésta se dirige a su hacer, decir u opinar, que es sistemática, repetitiva y constantemente descalificado para que pierda la confianza en sí mismo y la deposite en el chantajista, cuya muy degradada autoestima necesita constantemente ser reforzada por el temor reverencial del chantajeado. Dado lo circunstancial e inconsistente de la descalificación, normalmente muy reñida con la realidad objetiva, este es un recurso útil para hacer consciencia de la situación, la confrontación del chantajeado con la realidad objetiva es un ancla a la realidad muy adecuada. Se necesita realmente una autoestima muy devaluada para creerse que todo lo que se hace o dice está necesariamente mal.


Ø  Responsabilización: 

Siendo el chantajista un artista en el manejo de la culpa, necesita creer en su fantasía que el Otro es el responsable de todo. Esto, paradójico y ambivalente como es, descubre como se le asigna a la víctima una omnipotencia simbólica, el poder de darle lo que quiere, que refleja la imagen del progenitor represor. 

Lo normal es que el chantajeado quiera que se le comprenda, y trate de explicar en inútil empeño por qué no es como el chantajista dice. El chantajista no quiere explicaciones, quiere manipular, y la información que reciba la empleará sin ningún límite moral o ético, puramente en función de sus intereses. La interacción es de Acusación –> Explicación –> Contra-acusación –> Nueva explicación ...  hasta el agotamiento total, que juega a favor del chantajista Barril sin Fondo, pues cuando tratas de hacerle ver lo que hace, lo niega y te reproyecta la culpa de la situación, y el proceso reinicia y escala.

Ø  Confusión: 

El chantajista emite dos o tres mensajes a la vez, y pretende que se le entienda o interprete incluso lo que no dice o sugiere. Así produce confusión e inestabilidad, además de agregar culpa indirecta al chantajeado. Así, si el chantajeado no hizo lo que quería porque no lo entendió, fue su culpa no entender, bestia encima. Si el chantajista sabe de lógica formal podría ser imbatible, porque al moverse en la ambigüedad, más confunde al chantajeado mientras más clara la tenga, con la ganancia secundaria no despreciable de tenerlo constantemente en la cuerda floja. Sin embargo, si el que tiene claridad de ideas es el chantajeado, tiene en las manos una contra-táctica efectiva para la deconstrucción, y una vía segura para salir de todo eso.

Ø  Diferente rasero moral: 

La escala de valores del chantajista siempre es la correcta, en tanto que la del chantajeado jamás lo es. Toda acción del chantajista está justificada, ninguna del chantajeado lo está. Por ende el sentido de lo bueno y lo malo está totalmente subvertido y relativizado. El ideal del chantajista es que el chantajeado acepte y asuma acríticamente su escala de valores, y le reverencie al modo semirreligioso en que supone sus propios progenitores deseaban ser reverenciados.

Ø  Temor reverencial: 

El temor reverencial es un elemento judicialmente conocido y es el final obvio de la relación de dependencia, se produce cuando la víctima abdica de su autonomía emocional y llega a la condición de la servidumbre autoaceptada, dedicando su vida a la atención del chantajista, con temor y temblor casi religiosos. 

Alcanzado este estadio, es en este momento que el chantajista pierde todo interés en su víctima, pues ya le sacó todo lo que necesitaba. Como ya no le sirve para reproducir la neurosis, lo desembarca en un último acto de crueldad, para buscar a otra víctima mas funcional con la cual reiniciar la dinámica. 

El empleo simultáneo de varias de estas tácticas refuerza su efecto. Sin embargo, como veremos ahora, la continua práctica de estas hace que al chantajista se le pierda la estrategia y llegue a un punto de saturación según la ira acumulada más el aguante del chantajeado.


El discurso chantajista, y su reload

La comunicación es en teoría una herramienta para transmitir y recibir contenidos. Pero el chantajista es incapaz de expresar asertivamente sus necesidades, sentimientos, demandas u opiniones; y no escucha lo que el Otro dice y menos capta la idea de lo que diga. Solamente oye lo que empate con su propia demanda emocional interna y pueda utilizar para el control. Sus berreos infantiles exigiendo lo que quiere jamás se han aplacado y no le dejan oír, a no ser que lo dicho le sea ventajoso o favorable. 

Si parece que no escucha ni entiende, es porque no escucha y no entiende. Su comunicación no-verbal proyecta rechazo y desaprobación. Es extremadamente difícil, y la mayor parte de las veces inútil, llegar a un acuerdo que solamente seguirá si le conviene, sin considerar circunstancias diferentes ni eventuales modificaciones. Es negociar con un niño de tres años que porta un garrote, que se expresa con rabietas y agresiones verbales y físicas, a quien no le importará “hacer escenas” delante de terceros, pues así le amarra una mano a la espalda al otro, que sí le importa.

En conclusión, mientras más generalizada esté la conducta del Chantaje Emocional, mayores serán las posibilidades de que consiga imponer sus requerimientos, u obtenga una ruptura definitiva con el otro, casi igual de funcional, pues recuperará la infelicidad de no tener lo que quiere, y hará reloading con otra víctima ulterior, en la que se vengará del “abandono” de quien se canse y le deje.

(¿Puede un chantajista inveterado, consuetudinario y poco consciente lograr más que quedarse solo y hacer infelices a los que le rodean? Primero tendría que ser consciente de su situación, entender sus consecuencias y buscar ayuda profesional. Resulta difícil creerlo a la luz de lo dicho líneas arriba, pero el ser humano posee recursos, y la infancia no es determinante absoluto. Lo que no se hizo en la adolescencia puede hacerse después, y hay como tratar el problema.)



Enfrentando el Chantaje

Lo primero que debe hacer la víctima de Chantaje Emocional es su mea culpa, convencerse de ser un perfecto imbécil cada vez que acepta la situación. No me disculpo por la palabra, incluso poco descriptiva, porque si se atraca el chantaje se comparte la responsabilidad, y hay que revisar a conciencia qué le pasa a uno que termina así. Aunque víctima, no se es un/a pobre idiota. Y si se siente uno así probablemente se lo merezca, pero no hay ningún motivo para seguir siéndolo.

Las malas personas no son objeto de chantaje, son chantajistas. Las buenas personas son chantajeadas y manipuladas por sus flancos aprovechables, que el chantajista explota sin misericordia introduciéndose en medio de sus debilidades. El chantaje emocional es maltrato psicológico, toda persona sana debe alejarse de ello, por ahí empieza todo. El chantajista ubica una posición desde la que ejerce  poder, y usa los favores reales o imaginarios que hace para obtener lo que quiere, vendiéndolo como mucho más valioso. Son "programas sociales" que no eliminan pobreza sino que la eternizan para medrar con ella.

El "Sermón" (1)

Es imperativo neutralizar esa posición de poder, deconstruir el “Sermón” y enfrentarlo con inteligencia. El "Sermón" es un rito más o menos estereotipado que aparece cada vez que el chantajeado muestra la más pequeña huella de autonomía personal y/o la más mínima duda en la omnisapiencia y omnipotencia del chantajista, ambas cosas lo mismo para éste. El chantajista se autojustifica desde su discurso, no cede nada pero lo aparenta, para ello alude a la amistad, al amor, la solidaridad, la pareja, los hijos y otros sentimientos y altos valores que "unen a ambas partes", pero siempre desde una posición de superioridad.

La ausencia de autocrítica es glamorosa, pero siempre la exigirá del otro, dejando implícito que toda virtud reside en sí mismo/a, si bien no tolerará cuestionamiento alguno al respecto. Si hay sociopatía moral acudirá directamente al interés de mantener la relación como está, la contradicción ética no le molestará, la pasará por alto, y siempre minará la confianza del chantajeado para que dependa más estrechamente y vuelva al redil. 

Ceder en este punto es mortal, porque reafirma al chantajista en la efectividad de su estrategia. Pero si no se cede, el ataque se hará más intenso y concentrado, con frases subidas de tono, amenazas veladas, traspaso de responsabilidad al chantajeado, combinando amenazas de lo que podrá pasar en el futuro. Si hay terceros, se les empleará como elemento de chantaje.


El "Sermón" (2)

La duración del Sermón podría ser eterna, pues el chantajista adora el eco de su voz y no desprecia la oportunidad de construir aparato ideológico, así que es uno mismo quien debe cortarlo, sin discutir el contenido - por ejemplo que uno no es el miserable que se dice. El sermoneador se molestará, dirá que lo interrumpes, escalará la agresión. Cortarle la capacidad de agredir exaspera al chantajista, que lo verbaliza como corte de la “comunicación”, ofensa máxima e imperdonable pues le quita su arma principal. Tratará entonces de "recuperar la comunicación” en sus términos: 40 o 50 llamadas telefónicas seguidas, 100 y más mensajes de texto, todo deplorando la negativa actitud del chantajeado, al que le colgará el fono si comete el error de devolver la llamada. En una etapa ulterior "se hace pública" la vergüenza con visitas inopinadas (calculadas para desestabilizar) al centro de trabajo o el hogar, en eventos sociales o sitios públicos, acosando con gritos y exigencias. Cada situación específica presenta variantes y no es posible determinarlas todas en pocas palabras. Y como para artículo este es ya bastante largo, vamos al práctico ...


Qué Hacer:
  • Desactivar la posición de poder del chantajista: Corte los favores en dinero, sexo u otros que el chantajista ponga a disposición. Si el resultado es reducir el propio estatus, que se reduzca pues usted no se va a morir. Es terrible cuando el chantajista usa como arma el bienestar de terceros, los hijos por ejemplo. Sin embargo, los hijos de uno no necesitan un/a perfecto/a imbécil como padre o madre, así que aquí mida con cuidado lo que haga, que Medea anda suelta.
  • Sostener la propia Independencia Emocional: Revise su posición de víctima, es imperativo. Por qué la mantiene, por qué cayó en ello, qué gana y qué pierde, cuál es su concepto de la felicidad, como le cambiará la vida si hace una cosa u otra. Siempre una medida inteligente y sensata será mejor que llevarse del “criterio” de otros sin control de sus emociones.
  • Negarse a los Ultimátum: Lo hay cuando se escuchan frases como estas: Después de todo lo que he hecho por ti; Tanto que he trabajado / me he sacrificado por ti; Después de tanto que te he dado; No puedo creer que siendo como he sido contigo tú no quieras…; No puedo creer que siendo como he sido te comportes tan egoísta conmigo; Si de verdad me amaras harías…; Tú no me quieres; No volverás a ver a los niños; Te dejaré sin nada; Quieres a los niños más que a mí; todo eso es chantaje, y significa una cosa y solamente una cosa:

“HAZ LO QUE YO TE DIGO QUE HAGAS, O SI NO ….”.

Esto aquí, en Sebastopol y en cualquier otra parte del mundo, es un ultimátum. Aunque te digan que no cuando les digas que esto es un ultimátum y que si te lo parece es porque tú eres el paranoico/a, o que estás loco/a, etcétera. Toda afirmación de este tipo sobre tu salud mental es puramente arma arrojadiza, pura proyección, significa que estás ganando la batalla emocional. A estas alturas ya te percataste que el discurso es más falso que billete de 15 machacantes y que lo que tu chantajista quiere es llevarte de la nariz para que hagas lo que quiere que hagas. 

Y así ... no se quiere a nadie.


Advertencia: 

Responder y contraatacar en el mismo tenor nada resuelve. Un ultimátum es una afirmación de tercio excluido: O Esto o lo Otro; es decir una ORDEN que te dan para restablecer el control. Responder a ese agravio para mostrar la fuerza y carácter de que se ha carecido es jugar al gato y al ratón en una tonta competencia de egos. Dice mi hermano, que es tiburón de abogado y no cree en pajaritos: se gana con neuronas, no con hígado. El tercio excluido y las órdenes se superan: El chantaje se desarma diciendo clarito que si quiere ejecutar sus amenazas, que lo haga, nos prepararemos para la lucha.

  • Establecer las reglas de la discusión: Se conversa con el chantajista con la regla fundamental de hablar sólo de cosas y hechos concretos. Ni ataques, ni juicios personales, ni acusaciones ni sermones se permiten. No es que no se presentarán, pero las tácticas serán  estereotipadas: Por ejemplo, ante un juez o conciliador el chantajista buscará la posición de víctima, reproduciendo la situación de los dos progenitores, y tratando de granjearse el favor del otro. Y cada vez que el chantajista se salga de la regla - que lo hará un día sí y el otro también - salte de la discusión, interrumpe la perorata antes que escale, siempre hay algo  urgente qué hacer en cualquier otra parte.    
Los chantajistas siempre tratan de parecer más fuertes de lo que son, y por más virtudes que tengan en otros aspectos, una bala siempre es una bala y un ultimátum siempre es un ultimátum. Pero el ultimátum evidencia el colapso del esquema general del chantaje. Y se debe persistir hasta el final, cueste lo que cueste. Seguramente hay más ideas acerca de qué hacer, pero todas propenden a una sola cosa, que diré de manera entre jocosa y exagerada: Mejor morir de pie que vivir de rodillas.

Colofón

Me salió largo el artículo. Pero los temas de fondo del respeto, la libertad y el amor bien valen la pena. El amor no se sostiene con el miedo y el temor, menos con  ultimátums, pues donde los hay faltarán el Respeto, el Amor y más la Libertad. Aunque te digan lo contrario en todos los idiomas, si no te respetan no te quieren. Y el chantaje emocional es la peor forma de la falta de respeto.

Tú decides. He dicho.

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jueves, 13 de octubre de 2011

LIBERTAD Y DROGAS LEGALES


Para Álvaro.


"El mal uso de las drogas no es una enfermedad. Es una decisión, como pararte enfrente de un coche en movimiento. Podrías llamarlo un error de juicio." (Phillip K. Dick, escritor estadounidense de ciencia ficción .)

“El LSD abrió mis ojos. Si sólo usamos una decima parte de nuestro cerebro, imagínate lo que podríamos lograr usando el resto. Si los políticos usaran LSD, no habría más guerras, o pobreza o hambre."
 (Paul McCartney, músico inglés.)

"No son las drogas sino las prohibiciones que pesan sobre ellas las causas de su uso desinformado, irresponsable, autoindulgente y personal y socialmente autodestructivo." (Thomas Szasz, Psiquiatra)

Introducción

Sexo, drogas y agresión. Qué rica la combinación, así me decía un amigo, fallecido a causa tanto de estrés laboral como por el concomitante consumo inmoderado de alcohol. En un artículo anterior que escribí sobre Drogas y Sexo llegaba a algunas ideas sobre el tema referentes a lo que ha ocurrido generacionalmente en algunos segmentos de nuestra sociedad. Intencionalmente me quedé en el terreno minimalista, centrado en lo educativo. Aunque sigo sin ser un experto en Drogas, estoy seguro que todo ciudadano necesita tener algunas ideas sobre estos problemas. La vez pasada lo veía como educador, ahora intentaré una aproximación desde la perspectiva ciudadana. La reciente noticia de la existencia de locales vespertinos y nocturnos cuyo marketing se concentra en los adolescentes de 12 a 18 años de edad, que funcionan como discotecas, y donde se expende y consume libremente alcohol y tabaco, ha levantado cierto escándalo. No nos hemos librado de la moralina con que se suelen tratar estos temas, y tuvimos que aguantar la voz engolada de un locutor o locutora condenando dicho consumo en nombre de los valores conculcados. Estoy casi seguro que esa dama se toma sus tragos en un bar de Barranco los sábados por la noche, y apuesto que hay una gran probabilidad tanto de que fume como que alguna vez se haya excedido con el alcohol. No impide esto que se estructure una perorata sobre valores y la falta de éstos en la sociedad, para variar. Así que me parece que siempre conviene volver sobre estos temas y añadirle algo más de datos, a ver si así le quitamos algo de esa facilista e inútil condena.

Drogas

Según Paul McCartney, a quien tuvimos en casa hace algunos meses, el LSD es más que interesante y tiende a favorecer su consumo. El consumo de ciertas drogas en los años 60 y 70 parece que era visto de manera más que positiva en ciertos segmentos de las sociedades desarrolladas, como un modo de ampliar los horizontes mentales. Hoy el uso de la ayahuasca y otras drogas es más o menos tolerado en el mismo sentido, pues se supone que el empleo de ciertos psicotrópicos abre ciertas posibilidades y entusiasmos existenciales. Es posible, no hay por qué negarlo. El consumo de drogas ha sido tradicionalmente una manera de contactar con otros aspectos o facetas del ser. No otra cosa hacían los indios norteamericanos con el tabaco: la famosa “pipa de la paz” tenía funciones básicamente alucinógenas, no tanto por la potencia de su alcaloide - la nicotina - como por las circunstancias de su uso al interior de una tienda llena de humo. Siempre me ha hecho gracia pensar en las cabezas clavas de Chavín y de otras sociedades precolombinas como galerías de Grandes Sacerdotes, mostrados en pleno “viaje” gracias a los alcaloides obtenidos del cactus San Pedro. Todas las sociedades registran en su tradición cultural y religiosa el empleo de sustancias psicotrópicas para ayudarse a alcanzar estados extáticos. Parece que por ello el alcohol de los hombres blancos resultaba ser tan apreciado por las culturas originarias, dado que los licores destilados son mucho más potentes que los fermentados, y sus efectos muchísimo más intensos y rápidos.

Drogas y sociedad

En otro artículo traté las drogas legales e ilegales de la misma manera, y no veo por qué no vamos a considerar el tabaco, el alcohol, el LSD, la marihuana, la cocaína, etc. como drogas de pleno derecho, dado que cumplen con la definición de modificar ciertas funciones del organismo. Es claro que su consumo inmoderado produce daños específicos en lo físico y lo mental, bastante demostrados, pero también las produce tomar agua o comer verduras en exceso. En nuestra sociedad el consumo de tabaco y alcohol es libre dentro de ciertos parámetros, básicamente por una larga tradición de uso y por las ganancias que genera. A diferencia del consumo ritual realizado tradicionalmente con fines religiosos y ceremoniales, hoy prima un uso social que se centra en la evasión de ciertas realidades demasiado duras para poder tolerarlas sin apoyo exterior, y/o para aceitar ciertas relaciones sociales producidas en ocasiones de interacción y/o para vehicular los ritos de pasaje de la adolescencia a la juventud.

Existen ingentes intereses económicos alrededor de la fabricación y expendio de las drogas consideradas legales. Sabemos que su uso inmoderado causa graves daños, pero los toleramos por una suerte de compensación: El tabaco y el alcohol están gravados fuertemente con impuestos de toda clase, producen enormes utilidades para las empresas productoras, y proporcionan al fisco montos sustanciales. Con la excepción de aquellos a los que se les pasa la mano, todos ganan. Inclusive el estado fomenta el consumo de alcohol o tabaco por razones económicas, como en el caso del pisco peruano, suerte de bebida de bandera, o de los habanos de Cuba. Desde que tengo memoria he visto publicidad que favorece el consumo del alcohol tanto fermentado (cervezas y vinos) como destilados (ron y otros). Y así seguimos conviviendo con las indeseables consecuencias de su uso, entre ellas las cotidianas muertes en las calles y carreteras producidas por la ebriedad de los conductores, entre otros males.

Esto no evita que siga habiendo publicidad, aunque con mucha mayor cautela que antes. Hoy en día aparecen avisos que fomentan el uso moderado del alcohol y que tratan de crear una cultura alcohólica que tienda a evitar el exceso. Existe normativa que restringe de plano el consumo de drogas legales en personas menores de edad, o en determinados lugares públicos, entre otras, y me parecen correctas, aunque yo mismo haya sido un consumidor de “tabaco y ron”, y ya no me podría tomar mi cafecito o mi chela con un cigarrito en ningún lugar público. Aceptar las prohibiciones legales produce un ajuste personal relativamente sencillo porque entendemos que existe una libertad de los ciudadanos para consumir o no drogas legales. Esta libertad es lo suficientemente importante para que incluso se haya dicho que el aumento del precio de la cerveza suele producir mayores desórdenes sociales que el aumento del precio del pan. Podemos concluir provisionalmente que las drogas legales resultan funcionales para la sociedad. No por otra razón podemos entender el que su fabricación, comercio, expendio y consumo sigan siendo legales.

Libertad de elección

La libertad de elección es una característica particular de los seres humanos. Podemos elegir entre consumir ciertas drogas o no consumirlas. Se supone que es cosa personal saber si te metes la tranca hasta la muerte o no. O si fumas como un vampiro a pesar que te ponen la foto de un desdichado falleciendo por algún tipo de cáncer. Las prohibiciones se instalan en el interior de la personalidad por la intervención de la sociedad, sea ésta compulsiva – la ley que prohíbe fumar en lugares públicos, por ejemplo -, o sea que trate de inducir un patrón de consumo menos dañoso – como la ley zanahoria. Muchas otras drogas fueron no solamente legales sino inclusive fomentadas según la sociedad de que se trate. En muchos casos se reservaban para el consumo de una élite, y el consumirlas resultaba signo de la pertenencia a dicha élite. Por consiguiente ello debía crear en los que no la consumen la asociación libre entre su consumo y la pertenencia a un estrato social más alto, como ocurre hoy con los licores caros. En nuestro caso, el consumo de drogas legales se reserva a los adultos, masiva élite ciudadana con ciertos derechos y obligaciones. El Documento Nacional de Identidad es el pasaporte hacia el consumo de alcohol y el tabaco. Los adolescentes y jóvenes ven que el DNI es la manera de obtener estas sustancias, y la sensación de lo prohibido - y por ello deseable - se instala en adolescentes y jóvenes. No parece que se pueda hacer mucho al respecto, dada la naturaleza humana. Sabemos que basta con prohibir algo para que su necesidad crezca en aquellos a quienes se prohíbe. Esto es patente en el fracaso de la persecución que se le hace a la fabricación, expendio y consumo de drogas ilegales, que no solamente no ha reducido su uso, sino más bien parece aumentarlo y fortalecerlo.

Libertad y Adolescencia

Se supone que educamos a nuestros adolescentes y jóvenes en la posibilidad de elegir, es decir en el ejercicio de la Libertad. La Libertad es un valor importante, pues en nuestro orden social heredado de las revoluciones burguesas, se constituye como base esencial para entender la sociedad y desempeñarse en ella, y la Ley no puede conculcarla, sino dirigirla. La Libertad es un valor tan básico, que sin él los otros valores sociales ni tienen base ni pueden entenderse. La vida civil, política, económica y cultural se fundamentan en la libertad de los ciudadanos, y la autoridad legal deriva en todos los casos, por la directa o la indirecta, de la libertad de elección que los ciudadanos ejercen. En consecuencia, el ejercicio de la Libertad es una cuestión de ciudadanía, de personas que usan de esa libertad, y se entiende que aquellos que están en vías de ser ciudadanos deben ser formados en su ejercicio. La madurez de la persona humana es condición para el ejercicio de la Libertad, cosa de adultos, y por eso a ellos se les reserva.

¿Qué pasa entonces con la libertad de los adolescentes y jóvenes? Aparte de la mencionada tendencia a lo prohibido, que es una constante en personas en formación que están integrándose a la sociedad y sus goces, en todas las sociedades hay el problema de quiénes son los ciudadanos, y el momento en que adquieren las libertades civiles que permiten, por ejemplo, beber hasta la cirrosis o fumar hasta el cáncer. Establecer los límites de la libertad resulta extremadamente complejo. Pensemos en la simple libertad de contratar, por ejemplo para comprar y vender, acordada a los ciudadanos, pero que todos los días la vemos más que relativizada. Que yo sepa, no hay bodeguero que exija la presencia del padre, madre o apoderado cuando el chico de seis años quiere comprar un chocolate y tiene el dinero para hacerlo. Este hecho parece absolutamente inevitable, y cualquier sociedad que se pusiera majaderamente exigente con el cumplimiento de la Ley sin mayor criterio que la majestad de ésta, se encontrará con un callejón sin salida constituida por miles de excepciones de toda índole. El cumplimiento de la Ley está de facto sometido al criterio de realidad, y esa es la razón fundamental por la que es tan difícil hacer buenas leyes, y más aún aplicarlas, y es lo que justifica los sistemas policiales, judiciales y penales.

Responsabilidad y Libertad

Siempre he escuchado hablar de la Libertad Responsable, y siempre me ha parecido una suerte de contrasentido. La gente supone que la Responsabilidad es un valor que se opone a la Libertad, y así se produce un conflicto cognitivo entre la Libertad y su opuesto, que se hace muy compleja a niños, adolescentes y adultos. Ejercer la Libertad con Responsabilidad es un problema. Y a mi entender la manera en que los ciudadanos manejamos ambos conceptos es algo bastante absurdo, que se basa en la paradoja de que la Libertad solamente existe cuando no la ejerces. Algo así como que está bien que protestes, mientras no lo hagas. O que tienes libertad para beber y fumar, pero que no debes hacerlo. Pienso que aquí el problema básico está en que no entendamos la relación de la Libertad con la Responsabilidad. Es curioso que cuando hablamos a los adolescentes sobre la Libertad sentimos que es necesario ponerle su opuesto, y así le añadimos una nota paradójica a la Libertad, y decimos “Libertad Responsable”.

Pero la Responsabilidad no es opuesta a la libertad, ni añadírsela a la Libertad la desaparece, como algunos parecen creer. Veámoslo en el caso del trago. Si yo decido tomarme mis tragos sé que eso va a traer una serie de consecuencias, como por ejemplo que mi capacidad para conducir un vehículo va a ser muy limitada, y puede producir un accidente con consecuencias complicadas. Mi decisión de beber enfrenta un dilema ético, que eventualmente me puede llevar a no beber, por supuesto, pero que podría decidirme también a no manejar un vehículo bajo los efectos del alcohol. La Libertad Responsable no me lleva a no beber necesariamente. Si decido libremente empujarme una botella de pisco, y a la vez no manejar, mi decisión sigue siendo libre y responsable. Es un tema de tecnología ética, de toma de decisión, de una especie de cálculo ético-moral, no de balancear valores opuestos, en que uno cancela al otro. La responsabilidad consistirá en prever las consecuencias de los actos que llevo o llevaré a cabo en ejercicio de mi libertad, y aceptar que en la realidad concreta mi decisión de beber y manejar trae consecuencias que deberé eventualmente afrontar. Podría decidir beber y manejar, matar a alguien en el transcurso, y la responsabilidad me llevaría a aceptar las terribles consecuencias del hecho, y con toda seguridad soy persona responsable al hacerlo. Responsable, aunque estúpida al no prever las consecuencias de mis actos. ¿Están nuestros adolescentes y jóvenes – y para el caso, los adultos - preparados para ejercer esta suerte de inteligencia ético-moral?

Veámoslo desde otra perspectiva. Un fumador no necesariamente puede evitar serlo cuando sufre el vicio, dado que la nicotina es eventualmente muy adictiva. Pero sí mantiene un margen de decisión libre extremadamente importante: La de obedecer las leyes que le impiden fumar en lugares cerrados o públicos. Si no lo hace y acepta y cumplimenta las consecuencias del acto, y por ende paga las multas correspondientes, pues sigue siendo una persona responsable. Responsable, aunque bote estúpidamente su dinero. ¿Están nuestros adolescentes y jóvenes preparados para ejercer esta suerte de razonamiento ético-moral?

Veamos otro caso proveniente de un tema que los medios de comunicación no se cansan de condenar, pero que ocurre constantemente en nuestro país: las protestas populares con toma de carreteras. La Libertad responsable no consiste en no bloquear una carretera para protestar, como muchos creen, es saber que el bloqueo es un delito que se castiga y puede echar mis huesos a la canasta, y si aún así acepto las consecuencias de mis actos, bloqueo la carretera y luego voy preso por ello, soy persona responsable. Pensemos en esto: Si considero que mis razones para bloquear la carretera son más importantes que el hecho de ir preso por ello, y asumo las consecuencias de mis actos, pues entonces estoy ejerciendo mi responsabilidad. ¿Están nuestros ciudadanos y autoridades preparados para ejercer esta suerte de razonamiento ético-moral e inteligencia política?

La responsabilidad individual se asemeja a las Leyes en que no limitan la Libertad. Tanto la Responsabilidad individual como las Leyes coaccionadoras y coercionadoras proporcionan dirección a las decisiones axiológicas, que siempre se basan en el ejercicio de la Libertad. No son, pues, un dique para mantener la paz social, sino un canal para darle dirección y lograr que la sociedad avance. La Responsabilidad no es opuesta a la Libertad, sino que proporciona elementos de juicio moral para tomar decisiones. El problema de fondo entonces no es contraponer valores, es ver cómo se relacionan en los casos específicos de la vida cotidiana. Es un problema de operatividad ética, de juicios morales, de pensamiento dirigido a tomar decisiones.

Inconsistencias

¿Por qué un adolescente no debería fumar o beber alcohol? Decimos que es porque se hace daño a sí mismo, y nos decimos que los protegemos al prohibírselos. Pero muchísimos adultos fuman y beben (entre ellos muchos que se oponen a que los adolescentes fumen y beban), y socialmente se permite la fabricación, comercio, expendio y consumo de tabaco y alcohol, si bien con límites. El contrasentido es flagrante y, como hemos visto, tiene poderosa relación con la ausencia de la capacidad de establecer juicios morales, y por ende poseer autoridad moral. Mientras creamos que decir que beber o fumar es malo lo convierte mágicamente en malo por nuestra autoridad de adultos, vamos perdidos. El problema de las drogas, legales o ilegales, no es que sean malas. Muy por el contrario, su consumo lleva a agradables estados de euforia que gustan a adolescentes y adultos, pero que no son apreciados ni aquilatados, con lo que se pierde de vista que su disfrute implica pagar un precio individual y social. El ejercicio de la adultez ciudadana en el consumo de drogas legales no es un conjunto de deberes y derechos, es más bien una constante toma de decisiones ético-morales y políticas. Los valores que aprendemos en la práctica se constituyen en guías para ello, pero no basta instilar valores, hay que crecer cognitivamente hacia el razonamiento moral.

¿La capacidad para beber y fumar legalmente se alcanza a los 18 años cumplidos? Parece que creemos que sí, y lo corroboramos solicitando el DNI cuando estamos en duda. Entiendo que las cosas necesitan definiciones operativas, y que en alguna parte debemos establecer el límite, lo que es materia de grandes discusiones según los países. En algunos la ciudadanía se alcanza a los 21 años, pero la tendencia general es a rebajar la edad de la ciudadanía. En varios países, entre ellos nuestro vecino Brasil, la ciudadanía se alcanza a los 16 años. ¿Quiere decir ello que los brasileños son más maduros que los jóvenes de 16 años peruanos o de otros países? Algunos estarían tentados a decir que sí. Pero lo único que esto en verdad demuestra es la necesidad de entender bien el problema de los valores sociales y del razonamiento moral, a fin de establecer políticas educativas al respecto, según la realidad de cada país. En nuestro país el razonamiento moral no es mucho mayor a los 16 que a los 32 o 48 años. De hecho la Educación Ética y Moral es tan complicada, que según alguna investigación – cuyo detalle me gustaría recordar en este momento - solamente una tercera parte del total de los ciudadanos alcanza un cierto nivel de razonamiento moral.

El problema de las drogas

El problema no sería pues, como nos gusta decir tan simplistamente, de valores. Sería más bien de razonamiento moral, de toma de decisiones. En el nivel educativo sería de coaching, en el real sentido del término. No veo razón alguna para tratar a jóvenes de 16 o 17 años como si fueran bebés de pecho o niños juguetones. De hecho seguimos manejando el pensamiento mágico cuando pensamos que los valores son “cosas”. Se puede educar en la Libertad y en la Responsabilidad, pero ello será efectivo en la medida no solamente qué enseñemos valores, sino además qué hacer con ellos. Punto por hoy.


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