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jueves, 25 de septiembre de 2014

CINCO CAUSAS ÚNICAS SOBRE PROBLEMAS EDUCATIVOS - LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA (5)


Peru Blogs



CINCO CAUSAS ÚNICAS SOBRE PROBLEMAS EDUCATIVOS
LEÑA PARA LA HOGUERA EDUCATIVA (5)

Introducción

Las hipótesis son enunciados, casi siempre apresurados, que tratan de dar respuesta a preguntas que a su vez expresan problemas existentes. El apresuramiento se debe casi siempre a la urgencia  asociada a los problemas, lo que hace importantes a las hipótesis por representar líneas de solución. Las hipótesis son más importantes cuanto más acuciantes o profundos sean los problemas.

A cada problema le corresponden sus preguntas; y a estas sus posibles respuestas. Las hipótesis suelen referirse a las causas de cada problema, pues para que las soluciones lo sean deben atacar a las causas.  En Educación y en todo lo demás se cree que es así.

El Problema

En lo objetivo, los Problemas son las cuestiones que requieren solución. Al hablar de problemas nos referimos a situaciones cuya permanencia no es deseada ni deseable, y por ende requiere ser cambiada. Resolver un problema requiere así ir a su raíz, y en tal sentido toda solución es radical.

En lo subjetivo, en cambio, solucionar los Problemas suele producir disgustos o preocupaciones, y además suelen referirse a una variedad de asuntos no siempre objetivamente equitativos: La opinión en general es variable y manipulable, y los medios dedican titulares y esfuerzos a convencer a las gentes que ciertas  cuestiones que interesan a un corto número de personas son de interés general, urgente e inmediato.

En un mundo más o menos equitativo se satisfaría el balance entre el Hecho y el Dicho que Aristóteles exige para llegar a la Verdad: Decir de lo que es, que es, y de lo que no es, que no es. Pero en la triste realidad de nuestras democracias todos somos iguales, pero algunos más iguales que otros, y por ello la relación entre lo objetivo y lo subjetivo queda relativizada.

Las Hipótesis y las Causas

En Educación, por ejemplo, lo urgente casi nunca es tan importante como se suele vender. El resultado final de un sistema organizado de procesos educativos se distingue tras décadas de su ejercicio, y en cierto modo el estado general de la sociedad es su resultado.

Más del 10 % de los nacidos aquí en el Perú se fueron por mejores horizontes a otras partes, y tal como van las cosas por acá, fuera del crecimiento económico que beneficia a un porcentaje extremadamente reducido de la población, no hay muchos motivos para sentirse optimistas. Nuestra sociedad se basa en los pilares axiológicos de la Ganancia, el Consumo y el Ventajismo, y los medios para medrar con mayor rapidez se basan en el Delito, la Corrupción y el Mercantilismo, de ahí que podemos decir en plan hipotético que somos el perfecto producto de la Educación impartida en el último medio siglo.

Pero esta afirmación es muy general, puede banalizarse y hacerse falaz. Tal vez sea mejor hacer un ejercicio de ironía, tomar al azar cinco problemas más o menos subjetivos de las Repúblicas de Pelagatos y Perusalem, y observar sus causas, o mejor, su causa educativa única. Seguro que además hay otras, deberíamos recurrir una vez más a Aristóteles - en este caso a su teoria de la causalidad - para poner algo de orden en el asunto, pero en estos postmodernos tiempos pensar no está de moda y quizá sea preferible seguir en lo subjetivo.

Para ello proponemos cinco problemas subjetivos recogidos de los medios de comunicación, con sus cinco causas, o más bien mono-causas. Sigo así el razonamiento postmoderno de facto: Lo subjetivo es verdadero, los problemas son como los percibe el individuo con su "verdad", y las causas - y por ende las soluciones - son únicas.


El Perú no clasifica a un Mundial de Fútbol desde 1982
Por razones presupuestales se retiró a los profesores de fútbol de los colegios nacionales, y se abandonó la educación física.

Los ciudadanos del Perú no saben las operaciones matemáticas básicas y odian las matemáticas y las ciencias.
Los profesores secundarios provienen en su mayoría de Institutos Superiores Pedagógicos donde no aprenden didáctica, tecnología o métodos, sino temas de la currícula. (En la práctica los ISP son escuelas secundarias.)

La juventud “no tiene valores"
Probablemente los mayores que imparten valores tampoco los poseen. La política, la "justicia" y los gobiernos expresan antivalores sociales, y el crimen no solamente paga, sino que paga mejor.

La gente cree que saber es memorizar datos.
Los exámenes para ingresar a la universidad son memorísticos, lo que muestra que lo que las elites intelectuales quieren es repetidores.

Los niños y jóvenes no saben expresarse ni comunicarse
La invasión de pantallas y computadoras determina el empobrecimiento del lenguaje corporal. No hay respuesta escolar a este hecho.


Dejamos una columna en blanco para que los amable lectores añadan de motu propio una posible mono-solución a la mono-causa, a modo de ejercicio de aplicación.


Colofón

Esta pequeña carretada de leña ejerce la ironía como refugio de donde se extrae el combustible para alimentarse el fuego: Las hogueras - en particular las educativas - no solamente queman, también alumbran la noche. Hasta otra.

jueves, 8 de marzo de 2012

CONTRA EL PENSAMIENTO DÉBIL o Debates Postmodernistas


“ … la primacía de las interpretaciones sobre los hechos, la superación del mito de la objetividad, no tuvo los resultados de emancipación que imaginaban filósofos posmodernos ilustres como Richard Rorty o vos mismo. (…) decir que “la llamada verdad es una cuestión de poder” tampoco me dice nada en esa dirección, como mucho, me sugiere no abrir más un libro. Hace falta un doble movimiento. El primero, justamente, es el desenmascaramiento, “el rey está desnudo”; y es verdad que el rey está desnudo, de lo contrario son palabras al viento. ” (Maurizio Ferraris a Gianni Vattimo)

 “Decís muy poco acerca de dónde buscar las normas del actuar cuando el modelo de la verdad es siempre el dato objetivo. No tenés ninguna duda sobre “quién lo dice”, siempre la idea de que mágicamente los hechos se presentarán por sí mismos. La cuestión de la auctoritas que sanciona la veritas deberías tomarla más en serio.” (Gianni Vattimo a Maurizio Ferraris)
(La traducción la ha realizado una respetable dama de nacionalidad argentina … ¿se nota?)


Así como nos preocupa el postmodernismo ingenuo, y en especial las formas que adopta en la discusión intelectual en nuestras latitudes, nos interesa el postmodernismo fuerte y de a verdad. Me mandan este enlace, y lo reboto para que mis lectores puedan captar la idea del asunto: El postmodernista por antonomasia, Gianni Vattimo, discute con el neorrealista por antonomasia, Maurizio Ferraris. El choque de las ideas arroja chispas y hace sonar truenos en la discusión de las ideas, y eso siempre es santo y bueno. El nivel de la discusión es alto, pero al referirse a lo que nos pasa, está muy aterrizado, y parte de discutir la existencia o no de la Verdad, la pertinencia de usar la Razón, y sus implicancias en la política y la realidad. Aquí el enlace:  
  

Encuentro hasta cuatro ideas-fuerza en el devenir de esta discusión, y me permito contarlas y comentarlas a la manera del narrador deportivo de un encuentro boxístico. Y así, el Campeón de Todos los Pesos Gianni Vattimo, con pantaloncillo blanco (o del color que te parezca), enfrenta al Retador Maurizio Ferraris, con pantaloncillo cuyo color creemos se acerca al rojo:

Asalto de Estudio: Crisis del postmodernismo

Ferraris critica la profecía de Vattimo, Rorty y otros ilustres filósofos postmodernos: La postmodernidad no nos hizo libres, no nos liberó del aherrojamiento criminal de la racionalidad ni desapareció los hechos desnudos. No solamente nadie se liberalizó, sino que más bien se instrumentó un movimiento en la dirección precisamente contraria. Uno de sus resultados fue la consolidación de los poderes fácticos a través del llamado populismo mediático, del reino del reality, desde donde se pretende hacerle creer a la gente todo aquello que les conviene. Como no hay verdad, como los hechos no se producen sino se construyen, y como todo depende del color del cristal con que se mira; los oligopolios informativos que expresan a los grandes poderes estructuran su dominio, por el solo hecho de poder gritar más fuerte y más lejos. Y así, como es fácilmente constatable entre nosotros, se da carta blanca ideológica y justificación ética a la manipulación de masas. Lo gracioso es que la mayoría de los que defienden la postmodernidad relativista terminan tarde o temprano por justificar este dominio y control, o terminan por caer presos de sus propias inconsistencias. Otros se cansan, dejan el debate y se dedican a la Dolce Vita. Mientras tanto los poderes siguen mandando en el desierto conceptual de un sentido común postmoderno, ingenuo y relativista. Y las gentes, bien gracias.

Segundo Asalto: Intercambio de golpes
   
Tras el jab al plexo de Ferraris, Vattimo responde con su uno-dos. La postmodernidad es válida, los problemas sobre la relatividad y la razón permanecen, es solamente que la liberalización que le es propia encuentra naturales resistencias por parte de los grupos de poder. Es importante señalarlo, Vattimo no niega que haya grupos de poder, como por acá algunos acostumbran, sino que los coloca en una posición diferente. “…estamos a merced de poderes que no quieren que la transformación sea posible”. Es decir, hay una transformación “democrática” en esa dirección, sin embargo Ferraris la niega pues si la verdad es una cuestión de poder, entonces la razón del más fuerte siempre es la mejor. Vattimo retrocede al constatar el fracaso de las esperanzas post-modernas, pero contraataca al no considerar al neorrealismo como una salida, pues el problema del Quién lo Dice es permanente. Este es un argumento contundente de Vattimo, y Ferraris trastabilla un tanto.

Tercer Asalto: Alrededor de la verificación

Ferraris sostiene la primacía de los hechos, y golpea con ellos, pero su ataque es débil. Vattimo se planta en la reiteración de la relatividad de la verdad, pero bajando su guardia al aceptar que para fenómenos como la lluvia, la verificación por constatación de los sentidos debe ser posible, pero la vuelve a subir cuando se refiere a fenómenos referidos al deber-ser. Este es un punto flaco de Ferraris, que se mete en terreno pantanoso al señalar las afirmaciones del deber-ser en el mismo nivel que las del ser. Así que asimila el golpe al precio de aceptar el hecho. Pero a la vez le extrae su conclusión obvia, y así vuelve al ataque: Si la Verdad es cuestión del poder, eso lo único que sugiere es no volver a abrir un libro. Y se mete dentro de la guardia de Vattimo: Hay dos fases en la cuestión, una es el hecho, el otro es su reflejo en la emancipación a través de la crítica y el saber.
  
Cuarto Asalto: Autoridad y Verdad

El demoledor asalto de Ferraris es contenido por Vattimo sacando al fresco el problema de la autoridad que sanciona toda verdad. La Razón es instrumental, y los poderosos de todas las épocas nos engañaron con ella, aunque a veces les sirvió a los débiles para rebelarse, sin embargo con el resultado de instaurar un nuevo orden de la Razón tan malo o peor que el que le antecedió. Si existe la Verdad, o es cosa de Autoridad o lo es de Negociación. Al final, como en el anterior Asalto, cosa del poder. Y así se termina por sugerir la primacía de la voluntad como posible única respuesta. Y es en esta ligera bajada de guardia que Ferraris elabora una defensa refiriéndose a lo concreto: guerras y crisis económicas con sus consecuencias. Se refugia así en la esquina azul de la Utopía de la Esperanza en que la Humanidad no necesite más de las autoridades, con el ejemplo de los filósofos.

Colofón

Pareciera un empate, aunque debo decir que como juez de encuentros boxísticos carezco de experiencia, y que mis simpatías van por el lado de Ferraris. Pero los argumentos de Vattimo no son nada deleznables, lo que augura que esta discusión seguramente continuará.
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martes, 28 de febrero de 2012

POLÍTICA, GENÉTICA Y MEDIO AMBIENTE


Han pasado varios meses desde la campaña electoral que terminó ungiendo a Ollanta Humala como Presidente de la República del Perú. Las aguas se han aquietado, aunque de modo extraordinariamente diferente a cómo se podría haber previsto. Se nota que muchos no desean volver la mirada a dichas épocas, a la mucha tinta que se derramó y las muchas cosas que se dijeron, pues leerlas y recordarlas hoy en día probablemente traería a los que las perpetraron agruras y malas digestiones. Hoy, sin embargo, y debido a las exclusivas ganas de fastidiar la paciencia que a veces se apoderan de mí, pisaré el terreno fangoso del Recuerdo y la Remembranza, antes que se pierdan en la lontananza del pasado remoto, que en nuestra Patria suele iniciarse a dos o tres semanas del acontecimiento. Y como el tema lo amerita, relacionaremos la Política de la Campaña Electoral con las conocidas posiciones contrapuestas y complementarias sobre la determinación de las características y actos humanos: La Genética y el Medio Ambiente.

Mensajes iguales y contrapuestos

Durante la muy larga Campaña Electoral de los años 2007 a 2011, recordemos, se dio una constante, incisiva y total ofensiva mediática contra Ollanta Humala, dirigida y financiada por los órganos representativos de lo que después, con fortuna, ha sido denominado entre jocosa y agresivamente por el Periodista Juan Carlos Tafur la Derecha Bruta y Achorada, en adelante DBA. Una parte del mensaje de esta guerra mediática orientada a la demolición del candidato Ollanta se concentraba en afirmaciones hechas por su Señor Padre, Don Isaac Humala, cuya escasa capacidad para ejercer el derecho de callarse sus opiniones fue explotada inmisericordemente por los conocidos plumíferos de la DBA. Sin embargo, lo que llamaba la atención era la afirmación jamás verbalizada pero omnipresente que subyacía a la crítica: Los hijos heredan las características de los padres. De esta manera, si Don Isaac afirmaba por ejemplo que se haría bien en fusilar a los homosexuales, su hijo Ollanta con absoluta seguridad y sin duda alguna pensaría exactamente lo mismo y los fusilaría masivamente en un eventual y catastrófico gobierno suyo. Falacia evidente por supuesto, pero no por eso menos machacada.

El problema fue en la segunda vuelta electoral. En la primera los tres candidatos Kuczynski, Toledo y Castañeda se habían demolido mutuamente con tal entusiasmo que los tres quedaron fuera de carrera y le cedieron el paso a Doña Keiko Fujimori Higuchi, candidata que enfrentó en Segunda Vuelta a Ollanta Humala. El mensaje anteriormente machacado acerca de que los hijos heredan las características de los padres encontróse con una suerte de corroboración extraordinaria, aunque muy comprometedora, porque si se le aplicaba a la Otra lo que al Uno se había aplicado con tanta constancia, pues la Señora Keiko no salía tan bien librada. Los medios controlados por la DBA echaron la reversa y trataron de decir que no se había dicho lo que se había dicho cuando se había dicho sino al revés y por todo lo contrario, tratando de sortear al toro con una chicuelina que ni El Niño de la Capea. El retorcimiento intelectual y la descolocación conceptual de toda la campaña de los medios de la DBA fue patente, e incluso tuvieron que reconstruir su estrategia a toda prisa. Esto debe haber causado mucha gracia en los predios ollantistas en su momento, entre otras razones porque estas disparadas al pie hacían trizas la credibilidad necesaria en los medios que trataban de influir y determinar a la opinión pública. Y es que no se les ocurrió mejor idea que seguir disparándose al pie predicando exactamente lo contrario que predicaban acerca de Ollanta Humala: Keiko Fujimori no era igual a su padre.

Un primer análisis

En primer lugar, es bastante obvio que eso ya lo sabíamos. Las personas que, con posible y pedante injusticia, nos jactamos del empleo de algún sector de nuestros cerebros en el mismo nivel cuando menos que su equivalente hepático; y que sostenemos posiciones a favor de la equidad social, la integridad intelectual y la justicia, no podemos pensar de otra manera. El matrimonio bien avenido entre principios éticos más o menos sólidos con una inteligencia más o menos despejada, determina que no se pueda creer en barbaridades como que los hijos heredan las taras morales de los padres. Y esto es válido para “A” y para “B”, para Ollanta y para Keiko. Un viejo refrán decía que de padres cojos, hijos bailarines, y, contrario sensu, que el hijo de un tuerto no tiene nada de cíclope. Si el problema fuera genético, no podríamos explicarnos las diferencias realmente existentes entre padres e hijos, y se pasaría por alto el hecho de la natural rebeldía adolescente, que casi siempre busca diferenciarse de los padres. Aldo Mariátegui, egregio director de un medio de comunicación, no podría, por ende, sostener las creencias que sostiene, diametralmente opuestas a las de su ilustre abuelo José Carlos Mariátegui La Chira. Por otra parte, pasada cierta edad, las personas tienden a emplear sus cerebros. En algunos casos esa edad puede ser muy temprana. Mi hija me demostró palmariamente que no estaba dispuesta a tragarse cualquier contradicción que se le dijera, cuando frente a una gran figura que representaba a un perro yo, haciéndome el gracioso, le dije: “Mira, Paula, un helicóptero”. Ella me miró con una desaprobación tan evidente, con tanta vergüenza ajena del exabrupto paterno, que atinó a jalonearme hacia abajo a fin de ponerme en el nivel de su impresionante medio metro de estatura para decirme quedamente al oído: “No, papá, ese es un guau-guau”. Y luego mirarme con una expresión preocupada que valía por todo un discurso de Aristóteles, del tipo “Piensa antes de hablar, ¿quieres? No me hagas pasar vergüenza ajena”. Es magnífico, aunque terriblemente exigente, eso que los hijos le crean más a sus ojos que a sus padres.

Genética y Medio Ambiente

Que la Genética tiene algo qué hacer en el parecido entre hijos y padres, tiene. Pero no es tanto como se cree. El medio ambiente cuenta. Los árabes dicen, con sabiduría de siglos, que los jóvenes se parecen más a su tiempo que a sus padres. Y aunque decimos que “De tal palo, tal astilla”, también sabemos que “En casa del herrero, cuchillo de palo”. Johann Sebastian Bach era hijo y nieto de músicos, y fue padre y abuelo de músicos. Obviamente ello implica un entorno musical que para qué te cuento. Pero que tenía habilidades propias que determinaron que fuera él el genio musical en una familia dedicada a la Música, las tenía. Por el otro lado es patente que muchas familias cuentan con sus ovejas negras, rojas y de otras y diversas coloraciones. A veces los hijos eligen la misma profesión que los padres, a veces no. Mis hijos mayores me hacen el honor de pensar de manera muy diferente a la mía en muchos aspectos, y yo lo único que les pido es coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. La oposición entre padres e hijos es más conocida, repito, que los agujeros de las orejas del hombre de Lauricocha, y puede alcanzar ribetes emocionales dramáticos. Educadores y Psicólogos sabemos que muchos niños y jóvenes hacen contra-identificación de la conducta paterna, de manera que, por ejemplo, hijos de padres irresponsables o autoritarios se convierten ellos mismos en padres de familia responsables y afectuosos. Por el contrario, hay hijos irresponsabilísimos surgidos de familias ejemplares. Las variables intermedias al respecto son infinitas, por desgracia o por suerte.

Falacias a la vista

Una vez establecido el punto, llama la atención la increíble escisión que se operó en la mente de algunos comentaristas políticos. Tras años de enrostrarle al hoy Presidente las ideas de su padre y señalarlo con el dedo - como si de una verdad evangélica se tratara - eso de que los hijos repiten a sus padres; ahora pretendían convencernos de lo contrario, cuando de la otra candidata se trataba. ¿Por qué podrá haber sido que se limitara el debate “intelectual” de tal manera? ¿Por qué está tan claro que se defendió la posición exactamente opuesta a la que se defendía antes? Algunos de estos comentaristas políticos llegaron a defender abiertamente el racismo y la discriminación por motivos étnicos, que precisamente sostiene falazmente que los rasgos heredados son más determinantes que los adquiridos en el medio ambiente, incluso hasta el extremo de negarle humanidad o derechos a los que no poseen los rasgos supuestamente más mejores. Si se cree en esta barbaridad, claro está que desde ahí se puede creer en casi cualquier cosa. La libertad de empresa no está reñida con la ignorancia. Se puede ser, en nuestro medio, periodista o propietario de un medio de comunicación, y a la vez ignorar las verdades más elementales de la Genética y del Medio Ambiente, y elevar a la categoría de Verdad Evangélica aquello que a los susodichos les conviene creer. Quizá lo único que cabría pedir sería algo de coherencia. Pero tal coherencia tampoco existía. En esa ocasión fue palmario que se habían pasado de vueltas o estaban en plena resaca intelectual.

Un inocente análisis

¿Cómo puede alguien sostener a la vez dos ideas diametralmente opuestas? ¿Cómo puede ser posible que lo que es verdad para “A” no lo sea para “B”, cuando “A” y “B” están en situación análoga? Intentemos un ligero y altamente inocentón análisis.

Inocente Posibilidad Uno

Porque en la mente de ciertos comentaristas políticos no existe tal problema. Es decir, están en condiciones de aceptar que se pueden hacer dos afirmaciones mutuamente excluyentes pero igualmente aceptables, y a la vez. En psiquiatría esto es, más o menos, síntoma de una pérdida consistente de contacto con la realidad, con escisión de los mundos interior y exterior, y confusión entre las cosas que son con las que se quisiera que fueran. Esto es algo que creo se denomina esquizofrenia, e implicaría tratamiento médico urgente, medicamentos incluidos y pijama de fuerza. Pero no sabemos de ningún comentarista que esté internado en el Asilo de Arkham, ni en ningún otro.

Inocente Posibilidad Dos

Porque no se tiene conocimiento de las reglas de la lógica, o se carece de las habilidades necesarias para realizar operaciones lógicas. Ello produciría afirmaciones contradictorias, del tipo “Llueve pero a la vez no llueve”, “Ese guaguau es un helicóptero” o, más complejo, “Los hijos heredan las taras de los padres, en consecuencia, Ollanta heredó las taras de su padre, pero Keiko no las heredó”. La posibilidad de hacer estas “operaciones ilógicas” no es descabellada, si nos atenemos al nivel educativo de nuestra patria. Pero no nos explica cómo es que algunos de estos comentaristas pueden dirigir hasta la fecha diarios de circulación nacional y espacios de televisión. Los propietarios de éstos podrían mostrar un poco de responsabilidad contratando a gente capaz. Sin embargo, se observó que dicha gente verdaderamente capaz fue separada de sus exitosas direcciones y espacios, y sustituida por aquellos que confundían los guaguaus con los helicópteros. Es posible que esto haya pasado para evitar sobrecostos laborales. No nos consta.

Inocente Posibilidad Tres

Si eliminamos las Posibilidades Uno y Dos, lo que quede, por más improbable que sea, debe ser verdad. Así decía por lo menos Sherlock Holmes, poco sospechoso de aconchabamiento con los Liberales o los Izquierdistas. Es decir, deben existir razones suficientemente poderosas para que personas supuestamente sanas emocional e intelectualmente hagan público ridículo. Probemos, siempre con toda inocencia, con el más obvio, la supervivencia y/o el bienestar económico, que no son moco de pavo para nadie. Así, podemos suponer que esta suspensión del juicio está guiada por intereses distintos a la de la conservación de la cordura, la lógica o la sindéresis. Es decir, cómo decía el gran Filósofo Wilfrido Vargas, que por la plata baila el mono.

Posibilidad Tres punto Uno: Los comentaristas mencionados tenían la creencia real de que lo mejor que le podía pasar a nuestra patria era que Keiko fuera Presidenta del Perú. Esta creencia podría estar guiada por un patriotismo acendrado, de bases muy emocionales, que hayan producido que los comentaristas hayan perdido el contacto con la realidad, de modo que lo que en uno ocurre, en el otro no pase, aunque la situación sea exactamente la misma. Nuevamente se pregunta uno si es responsable que se permita a personas tan alienadas de la realidad que dirijan periódicos o posean espacios radiales o televisivos, por más bueno y patriótico que sea el motivo.
Posibilidad Tres punto Dos: Los comentaristas poseían un interés personal en lograr que Keiko Fujimori ganara las elecciones. Tal interés podría haber sido Directo o Indirecto. En el caso del Interés Directo, y ateniéndonos a la realidad, podría ser que dicho interés tuviera carácter crematístico explícito. Imaginemos que el interés se dirija a resolver las necesidades básicas de la supervivencia. Estos comentaristas percibían un sueldo. Es decir, se les paga para que bailar al son que desde la jefatura se les toque. Es un motivo interesante y desde todo punto de vista respetable, cuando es conocido. A ver, pues, quien no le sonríe al jefe. Un caso interesante al respecto es el de Jaime Bayly, y la eventual tarifa que habría cobrado, de US$ 20,000 por programa emitido. Yo hasta encuentro justa esa tarifa, pues Jaime Bayly, cuando apoyó desinteresadamente – suponemos - a Susana Villarán en las elecciones municipales de Lima, ensayó una suerte de justificación sobre el tema del supuesto o real chavismo de Ollanta, con el que no podía estar de acuerdo. Podemos entonces discrepar de Jaimito, pero por lo menos ensayó un anteproyecto de coherencia lógica. De hecho, dicha coherencia lo hizo más importante y caro, por la sencilla razón que a él se le podía creer. Es que el muchacho sabe posicionarse. Si lo trajeron desde Miami era porque a los otros ya no se les creía, así de simple. En cuanto al Interés indirecto puede tomar las formas de amistades, participación en las mismas argollas sociales, alianzas políticas, conveniencias personales, ocultamiento de diversos ajetreos poco amables con las finanzas públicas, etcétera. Igual, se trataba de defender la plata que llegaba sola, y el proceso que determinaba que eventualmente seguiría llegando por sí sola.

En resumen y para no cansar, la verdadera razón para decir que “A” no es igual a “A” era por la plata.

Colofón

Este artículo pensaba dispararlo en la época de la campaña electoral. Se me refundió por ahí y me olvidé de él hasta que lo encontré por fin, y con algunas modificaciones de actualidad, aquí lo presento. Aunque es medio vetustón, igual lo saco al fresco por mor de la educación política de los peruanos. Un buen recuerdo no es nunca deleznable. Por ahora ando preparando algo sobre Sedapal, otra cosa sobre la Crisis de la Educación Formal en nuestro país, y continúo mirando con interés el pandillaje y la presencia de los “maras” en nuestro país. Continúo además mis Crónicas de Lecturas. Ojalá pueda cumplir con todo eso. Punto por hoy. El que tenga cerebro para recordar, que recuerde. Y que piense.   


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miércoles, 3 de agosto de 2011

CONSTITUCIÓN, A ESTAS HORAS



“¿Constitución a estas horas? Que lo amarren al señor.” (Ricardo Palma)

Acostumbrados estamos desde la década de los 90 a la desinformación y la manipulación de las agendas políticas, tanto, que a estas alturas ya no nos sorprende que se retire un programa de televisión top en sintonía, que se le niegue a un premio Nobel la posibilidad de tener un programa de TV, que desaparezca la parte noticiosa de una radio como CPN, o que el periodista más respetado del medio no tenga un programa de opinión. Nos da una idea clara de quien manda, y hace que se nos despierten simpatías por el presidente Correa, que recurrió a la legalidad de los tribunales de justicia para salvaguardar su honor, cuando se le acabó la paciencia.

Tampoco sorprende que, a raíz del escandalete surgido en el Congreso por obra y gracia de Santa Marta Chávez – canonizada y expuesta hasta la saciedad por los medios -, las declaraciones de parlamentarios de Gana Perú o miembros del gobierno no sean ni consultadas ni difundidas. Para averiguar qué va a hacer el gobierno los periodistas no parecen tener mejor idea que preguntárselo a sus enemigos o adversarios. La evidente inequidad es indicativa, y según parece, y a pesar de la zurra recibida en las urnas, no se han enterado que cuando esto sucede se potencia la capacidad comunicadora de aquel al que se pretende acallar. La otra tarde escuchaba un conocido programa en una radio local - cuyo lema es “Tu opinión importa” - donde miríadas de radioyentes empleaban su tiempo en preguntar por qué continuaban dándole y dándole con Santa Martha, cuando había tantos otros temas qué tocar, y la única respuesta que los agudos periodistas presentes pudieron dar era que ese era el tema en agenda. Esto hace que uno se pregunte qué entelequia o santo del paraíso se ocupa de establecer dicha agenda, y a quién le pertenecerá la opinión que realmente importa.

Agenda política: Intenciones y temas

En medio de este acre humo parece ser que el tema a invisibilizar esta vez es el de la Constitución del Estado. Como en mi Blog no me pagan por estar, las opiniones que vierto en este espacio son las mías propias, y por eso intentaré ver las intenciones que se traen, así como el tema de fondo, soplando el humo a un lado, a ver si los sufridos peruanos que me honran con su atención pueden contar con algunos de los elementos de juicio que los medios de comunicación les niegan.

Se observa que el general descontento y repudio a la malacrianza de Santa Martha resulta ser bastante acallado, y la sobreexposición de la Santa dice muchísimo del discurso que se está levantando. Parece claro que su intención es echar dudas sobre la legalidad y legitimidad del actual Gobierno, explorando las reacciones de la ciudadanía al respecto. Se trata de condenar a un Gobierno que no ha empezado a funcionar aún, y de hecho esto debería alertar a la ciudadanía respecto a las intenciones de los que pretenden cortar el jamón. El tema constitucional, presentado como secundario como quien mira a otro lado, parece en realidad ser el esencial. Tratemos de verlo con alguna claridad.

Un par de Falacias alrededor de las Constituciones de 1979 y 1993.

Empiezo señalando que no creo en la santidad de la entelequia constitucional. Una Constitución es un instrumento político, si bien fundamental, y por ende cambiarlo cuando es necesario no es cosa que debiera escandalizar a nadie. No es la Palabra de Dios. Los que la mueven lo entienden así, correctamente por cierto, pero al haber varias falacias en juego aquí, resulta importante develarlas. No entraré a mencionar todas ellas. Solamente recordaré que una Falacia consiste en un inadecuado uso de las reglas de la lógica con fines secundarios.

Es así que distinguimos el empleo masivo de la falacia “Post hoc, ergo propter hoc” (Pasó después de esto, luego esto es su causa) respecto a ambas constituciones. Se le adjudica a la Constitución de 1979 la hiperinflación y los desastrosos gobiernos de Fernando Belaúnde y Alan García del decenio 1980 y 1990, en tanto que a la Constitución de 1993 se le adjudica el crecimiento económico y el bienestar general. Curioso y polarizador alegato, bastante limitado en su alcance. Podríamos decir que, dado que el Cometa Halley pasó en 1986 cerca de la órbita terrestre, esto causó la hiperinflación de Alan García. O que el consumo de bacalao por parte del Ingeniero Fujimori causó el golpe de estado del 5 de abril de 1992.

La falacia de la parte por el todo está también aquí. Entiendo que para ciertas mentes lidiar con más de una causa es complicado, pero el simplismo con que se maneja la cuestión aterra. Se adjudica el efecto del crecimiento económico a la Constitución de 1993, cuando según tengo entendido se debe más bien al incremento de los precios internacionales de los minerales, que inyectó e inyecta ingentes fondos a la economía nacional. No encuentro relación alguna entre los precios internacionales y la Constitución del Perú. No creo que la Constitución de 1993 haya impactado tanto en la economía internacional que haya aumentado el precio del oro y la plata, ni me parece que fuera tomada en cuenta en la decisión estadounidense de invadir Irak dos veces, que disparó el precio del petróleo. Esto para dar pequeños ejemplos nomás. Contrario sensu, la Constitución del 79 no parece haber tenido relación con los relativamente bajos precios de nuestros principales productos de exportación en la década de los 80.

La metafísica de suponer que un documento produce inversión no es sostenible y denota pensamiento mágico. En el terreno de la realidad, un documento mandatorio puede tal vez fomentar la inversión, pero hará falta la concurrencia de muchos otros factores para movilizarla en la realidad. Una Constitución, por sí sola, no produce inversión extranjera o nacional. La Constitución de 1933 no produjo el crecimiento económico durante el gobierno de Odría (1948-1956), ni la de 1856 el incremento de las exportaciones de guano durante el Gobierno de Ramón Castilla. Cualquier historiador o economista con medio dedo de frente acudirá al agotamiento de los campos europeos y al redescubrimiento de las propiedades del guano en el siglo XIX; o al aumento del precio de los minerales debido a la Guerra de Corea (1950-1953). Acudir a las cartas constitucionales de aquellos días resulta improcedente por lo absurdo. Tampoco es que los papeles no puedan contribuir. Las Leyes de Fomento pueden aprovechar de las coyunturas económicas internacionales, pero no las determinan.

Un par de falsedades alrededor de las constituciones de 1979 y 1993

Una falsedad es distinta de una falacia. Producto del engaño premeditado o del error, la falsedad es simplemente decir – según el camarada Aristóteles – de lo que no es que es, o de lo que es que no es. Con el afán de equiparar ambas Constituciones en cuanto a su origen, se dice que las dos fueron producto de Dictaduras, y aquí es claro que se trata de equipararlas como si ambas fueran producto del mismo proceso, o cuando menos del mismo tipo. Como no nos gustan las falsedades, procederemos a recordar las circunstancias históricas para ambos casos, y ver por qué no son equiparables.

En 1978 el gobierno de la Fuerza Armada en su segunda Fase, liderado por el General Francisco Morales Bermúdez, se caía. Sin el innegable apoyo popular y la legitimidad de la que sí gozaba el gobierno del General Juan Velasco Alvarado, el gobierno estaba cercado por los conflictos sociales y políticos. “Abajo la Dictadura” era el lema más socorrido en aquellas épocas. El Paro del 19 de Julio de 1978 puso de rodillas al gobierno, que se echó a buscar con desesperación salidas políticas. Fue así que a los pocos días del Paro decidieron convocar a elecciones, primero constituyentes y luego generales, a fin de sacar a las Fuerzas Armadas del horno en que se estaban quemando. La Constituyente de 1979 nace de este proceso, y fue dirigida por un político de polendas, Víctor Raúl Haya de la Torre, ducho en la negociación política y hábil en el logro de consensos. Vastos sectores del Perú fueron representados, lo que le dio una alta legitimidad, y se desarrolló en el contexto de la realidad política de un gobierno incapaz de sostenerse, pero que estructuraba una salida política coherente. Los constituyentes de entonces gozaron por ende de mucha libertad para elaborar la Constitución, incluso al extremo de devolver las “correcciones” que Morales Bermúdez pretendió imponer, y que no pudo.

En 1992 el gobierno de Alberto Fujimori era producto del golpe de estado del 5 de Abril. Y pretendía no irse, sino quedarse. La presión interna era baja, pues la clase política de entonces hacía agua debido al desgobierno económico y la presencia de Sendero Luminoso y el MRTA. Desde afuera del Perú, en cambio, la OEA (Organización de Estados Americanos) – caja de resonancia de la Secretaría de Estado de Estados Unidos - presionaba hacia una salida política que preservara cuando menos una apariencia de democracia. En este contexto es que la dupla Fujimori – Montesinos decide convocar a un Congreso Constituyente para salvar la faz empleando el evidente descontento del pueblo peruano en referencia a la situación económica y social para conseguir una suerte de legitimidad que les permitiera continuar en el gobierno. La Constitución de 1993 fue ratificada por muy poco en un referéndum destinado precisamente a darle esa legitimidad, aunque algunos dicen con fraude electoral. De esto no sabemos, pero lo cierto es que dicha Constitución permitió instrumentar un acuerdo entre el poder político y el poder económico. Y esto era posible porque el gobierno no solamente no se iba, sino que reajustaba las cosas para quedarse con la mayor cantidad de poder posible. No se les puede negar que demostraron mayor habilidad que la de la clase política tradicional en esta tarea.

El Interés por sostener la Constitución de 1993

Cuando yo era chico, mi santa abuela me decía que me fijara en los intereses antes que en las palabras. De acuerdo a esta cuerda máxima política, podemos ver que cuando dicha Constitución fue elaborada, lo que se trataba era de darle una base de gobernabilidad al gobierno surgido del golpe de estado. No era el caso del Documento de 1979, donde el muy desgastado gobierno saliente no consiguió imponer una sola de sus condiciones. Vale decir, aquí el fujimontesinismo hizo lo que se le vino en gana, y lo esencial y central de esta Constitución fue el pacto económico y social que se estableció entre el fujimontesinismo y los poderes facticos. Ojo que en todo pacto hay acuerdos, y el hecho de hacer pactos y acuerdos no es necesariamente negativo. Pero el toma y daca de este pacto, apenas disimulado hoy en día después de las pasadas elecciones, era, para decirlo en simple, el poder político a cambio de mayores ganancias. Te elimino la oposición a cambio de que me financies. Esto era posible, desde que el gobierno fujimontesinista tenía la sartén por el mango, y podía imponer condiciones, como de hecho lo hizo.

Salta a la vista que este Pacto no fue el de la Moncloa, ni nada parecido al Acuerdo Nacional de hoy en día. Tenía ganadores y perdedores, y los perdedores estaban fuera del pacto. Se hizo a espaldas de la ciudadanía para reconfigurar y sostener un modelo económico y social de concentración de riqueza y exclusión social y política de las mayorías que el Gobierno de Velasco, la irrupción de las izquierdas y la guerra interna habían puesto en serio riesgo. Durante siete años (1993 – 2000) la trama del poder expresada en esta Constitución fue sostenible tanto en lo político como en lo económico, a costa de la más evidente y mendaz corrupción y concentración económica que el estado republicano vio jamás. Además permitió la estructuración de una dictadura civil de nuevo cuño, basada en el chantaje a los Poderes Fácticos, y en la que algunos alcanzaron pingües beneficios. Al venirse abajo la dictadura por el peso muerto de la corrupción y los costos que a ésta se vinculan, quedó supérstite, flotando en el esquema previo, el viejo pacto entre la clase política y los poderes fácticos, pero sin los vínculos que Montesinos había conseguido establecer y que una vez caído el gobierno dejó al Estado en situación de “default” frente a los poderes fácticos.

El Pacto en la primera década del nuevo siglo

El Pacto entre el gobierno y los poderes fácticos se vino abajo con el calateo y deslegitimación de la entraña corrupta del régimen fujimontesinista. Todos sabemos qué pasó ahí y cómo al final se resolvió, a medias, la crisis política. Tras la pequeña primavera democrática de Paniagua, con el Presidente Alejandro Toledo se trató de rearmar el pacto, en esta ocasión a favor de los poderes fácticos, que a partir de aquí, liberado de sus compromisos con Montesinos y Fujimori, empezó a tener una vez más la sartén por el mango, y en bastante mejores condiciones que antes de 1993. El gobierno de Toledo resultó cooptado, y se siguió con el business as usual, lo que se expresó en gestos para la platea – como el retiro de la firma de Fujimori de la Constitución de 1993 – y el mantenimiento del Pacto, aunque con modificaciones importantes en la trama del poder.

La irrupción del Partido Nacionalista Peruano y de su líder Ollanta Humala reventó el esquema, como era lógico. Tras las elecciones de 2006 quedó patente que la garantía de que dicho Pacto se mantuviera era la constitución de 1993, en especial en la parte correspondiente al orden económico, que garantizaba las ganancias. Ello desató la competencia entre los diversos grupos de la clase política tradicional para ser el agraciado con el reparto de la torta, fortalecido por el sistema del ballotage. Como sabemos, dicha lotería política la ganó el Apra de Alan García, y con ellos fue que los poderes fácticos negociaron y renegociaron un reparto de la torta hasta las últimas elecciones políticas. Los tejemanejes de Alan García, aunados con el crecimiento y desarrollo de la opción política de Gana Perú, determinaron el colapso relativo de este acuerdo representado por la Constitución de 1993. En las elecciones pasadas el fujimorismo redivivo intenta nuevamente reconquistar la posición política hegemónica para replantear el reparto de la torta según los esquemas de la década de los 90, y aunque consigue imponerse en primera vuelta, no consigue ganar la Segunda, gracias a la acción militante de Gana Perú y de la Derecha Liberal y Democrática. Y aquí estamos.

Lo que importa no es la Constitución, es el Pacto

Que haya Pactos y Acuerdos entre los diversos poderes no es precisamente una excepción, es la regla. El chiste es que tal Pacto considere todas las partes. La exclusión de sectores importantes quita gobernabilidad al esquema política, y por ende amenaza el crecimiento económico. Cuando las cosas cambian, los pactos cambian, y de eso no hay por qué escandalizarse, que precisamente para eso sirve la Democracia. La Constitución de 1993 es el mascarón de proa, lo que realmente importa no es el título del papel, lo que cuenta es el Pacto que un Gobierno que aspire a sostenerse en el Poder debe establecer de hecho con los Poderes fácticos. Hasta ahora la fuente del Poder Político ha sido el usufructo patrimonialista del Estado por parte de las argollas de turno, y con esas argollas es que los Poderes fácticos han estado negociando. Víctima Toledo, Testigo Alan. Pero este estilo de Pacto ha llegado a su fin con las últimas elecciones, porque el contrapeso político hoy en día puede ser – aún no lo es plenamente – el Poder Ciudadano expresado en un Estado de Todos, no en un Estado propiedad de una casta política, que es lo que el Fujimorismo trataba – y aún trata - de reorquestar, y que sin duda fue uno de los factores que determinó que perdieran las elecciones. Hoy en día vemos la desesperación con la que el Fujimorismo redivivo trata de recuperar algún sector del mango de la sartén para así reconfigurar por una parte una alianza con algunos Poderes Fácticos; y por otra ponerse a la cabeza de una alianza de derechas. La composición del gabinete y de las alianzas políticas evidencia en la actualidad estos hechos.

Todo esto genera dos preguntas: ¿Cómo reaccionarán los diferentes Poderes Fácticos? La otra es ¿Qué hará la Derecha Liberal y Democrática? Las apuestas parecen estar alrededor de un nuevo pacto entre el Poder Ciudadano y los Poderes Fácticos, de Crecimiento con Inclusión, y su centro es el Gabinete Ministerial, donde están representados, con el arbitraje y muñeca del Presidente de la República y su Primer Ministro. Otras apuestas giran alrededor del Congreso, desde el cual los malcriados acontecimientos protagonizados por el fujimorismo recalcitrante el día de la Toma de Posesión se dirigen a crear una Oposición Caníbal, posible única salida que visualizan les puede asegurar algún nivel de supervivencia política. Poca imaginación demuestran, según entiendo. Dudo que amplios sectores obedezcan el artificial canto de sirena, y se alineen detrás del fujimorismo.

El tema constitucional

Si bien un programa como el de la Hoja de Ruta no implica para nada renunciar al objetivo político de fondo, resulta obvio que no es el rótulo del cambio constitucional la piedra de toque. Lo es el novísimo Pacto entre los Poderes Fácticos y el Poder Ciudadano dirigido al logro de Crecimiento con Inclusión. El Presidente de la República manifestó en una entrevista que no importa el color del gato, con tal que cace ratones. Representantes de grandes sectores económicos en nuestro país parecen dispuestos a pagar una factura que asegure sostenibilidad y gobernabilidad. Esto para nosotros es indicio de un pragmatismo político que no ha renunciado a los principios, pero que, como buena política, debe acomodarse a las realidades.

Hay diversos aspectos constitucionales que deben ser resueltos, en la medida que aspiramos a que nuestra nación tenga un Estado que la represente, y donde los diversos intereses puedan convivir en paz.

Colofón

Lo trascendental de las elecciones que pusieron a Gana Perú en el Gobierno no es que ahora el pacto pueda ser replanteado en el sentido que Alan García le dio, sino que el tipo de tablero ha cambiado. Se ha dicho hasta la saciedad en los dos últimos decenios que para repartir hay que crecer – la famosa política del chorreo -, y más bien la nueva lógica del momento político, económico y social actual es que para crecer hay que repartir. En Política práctica, no hay gobierno alguno que no quiera que el país crezca económicamente. El tema es que este crecimiento necesita de gobernabilidad, y la gobernabilidad democrática es incompatible con Pactos como el expresado en la Constitución de 1993 en su momento. La acción del fujimorismo militante de la actualidad ciertamente no aspira a asegurar la sostenibilidad de un modelo de crecimiento, y menos aún de crecimiento con Inclusión. De hecho lo que parecen querer fuera de las justificaciones y declaraciones es que la Inclusión fracase y que la Economía no crezca. Y un sector de la Prensa y los Medios les acompaña en esto. Vivir para ver. Y hasta la próxima.

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martes, 7 de junio de 2011

EL PRESIDENTE ELECTO



Primera ley de Dror:
“While the difficulties and dangers of problems tend to increase at a geometric rate, the knowledge and manpower qualified to deal with these problems tend to increase linearly.”
(“Mientras las dificultades y peligros tienden a crecer geométricamente, el conocimiento y capacidad humana calificados para tratar con estos problemas tienden a crecer aritméticamente”)

Segunda ley de Dror:
“While human capacities to shape the environment, society, and human beings are rapidly increasing, policymaking capabilities to use those capacities remain the same.”
(“Mientras las habilidades para dar forma al ambiente, la sociedad y los seres humanos están en rápido aumento, las habilidades de construcción de políticas continúan estacionarias”)


Debo decir que estoy contento, pues ganó las elecciones quien quería que las ganara. Ganó por varias y muchísimas razones que unos con alegría y otros lamiéndose la autoestima dañada intentan dilucidar con mayor o menor solvencia. Nuestro propósito hoy es escaparnos un tanto de la coyuntura y tratar de ver a la persona que hoy es el Presidente Electo del Perú en su relación personal con este importante encargo que la ciudadanía le ha entregado. Mirar hacia adelante tiene importancia, aunque todavía se cierna algún que otro nubarrón, procedente de impaciencias y angustias de gentes que lucen sus ganas de estar histéricas y sus deseos de seguirlo estando. Pero eso es precisamente coyuntura, y en parte se dirige a medir, y de ser posible responsabilizar, controlar o atolondrar al Presidente Electo, lo que a todas luces resulta irónico, pues no se ha esperado ni siquiera a los resultados oficiales de ONPE para empezar a ajocharlo.

Es cierto que el Presidente Electo tiene que medirse con la ciudadanía que lo eligió, pero también la ciudadanía tiene que medirse con la persona que ha elegido para el cargo. Esta confrontación es parte del juego democrático, aunque a veces mucho no pensamos en ello, en parte porque creemos saberlo todo a partir de nuestros prejuicios e ideas preconcebidas. Las campañas electorales nos muestran una parte de las personas, pero de hecho solamente una parte, y muchas veces ni siquiera la más importante. Las personas somos más complejas que el estereotipo en que nos quieren encasillar, y según parece los vencidos aspiran aún a gobernar, olvidando que tienen sus propias responsabilidades en torno a temas como la Guerra Sucia Mediática y las evidentes zancadillas de campaña, que aún tienen que explicar. No podemos dejar que la Histeria nos gobierne.

Hombre Público versus Persona Privada

Hoy que la persona Ollanta Humala es Presidente Electo y está en el centro de todos los focos, me viene a las mientes un dicho del pueblo estadounidense que, mal recordado, dice más o menos así: “Ese señor será el presidente, pero caramba, cuando se levanta por las mañanas, pone primero una pierna en una pernera del pantalón, y luego la otra, igual que yo”. Esto nos permite introducir algunas ideas sobre la relación entre la persona que se es, y el cargo que se tiene. La persona que es Presidente Electo no es demasiado diferente de nosotros, y comparte nuestra común condición humana, excepto por el pequeñísimo hecho que ha sido elevado por sus conciudadanos al rango de Primer Ciudadano de la Nación. Vale decir el Gobernante y Hombre Público por excelencia.

Ser el Primer Hombre Público de un país tan complicado y complejo como el Perú estoy seguro debe ser cuando menos aterrador, ni bien se piensa un poco. Significa tener que constituirse como el ejemplo vivo de las virtudes ciudadanas y republicanas, algo que muy pocos mandatarios llegan a entender verdaderamente, y menos a vivir. Nuestra tradición política de Sapa Incas y Virreyes pone a los líderes políticos por las nubes, y algunos, como es sabido, se marean y pierden la perspectiva. Esto le ha pasado a hombres de gran calidad moral, inclusive. El “mal de altura” suele producir una pérdida de la respiración, un cierto malestar, y luego una sensación irreprimible de estar fuera de foco, que sentimos debe resolverse cuanto antes. En las alturas seguir siendo el mismo ser humano que se era ya no es posible. La mayoría de las personas viven estos cambios de diversos modos, lo que es naturalmente el caso de nuestro Presidente Electo, pero para ello se requiere cierto tiempo de adaptación a la altura, como bien sabe todo aquél que se ha mudado por algún tiempo a nuestros Andes.

El Presidente de la República, por razón de su cargo, representa a la Nación entera. Se convierte en un ícono, en el centro representativo de todas las responsabilidades. Debe mostrar sus habilidades y cualidades, y ocultar sus defectos. Debe utilizar sus ventajas comparativas y disimular sus falencias. Todo el tiempo lo creerán intencionado y alerta, y el problema es que tendrá resfríos, como todo el mundo, y sufrirá días buenos y días malos. Nadine, por más Primera Dama que sea, puede que se despierte ciertas mañanas de mal humor, o los chicos traer malas notas, o las cuentas no cuadrar. Y tendrá que resolver estos temas de uno u otro modo, muchas veces antes de sentarse en el escritorio de los Deberes del Estado. La fuerza de lo cotidiano le puede permitir, sin embargo, no perder la perspectiva. Me imagino que el Primer Hombre Público puede despojarse de arreos, galas y miradas cuestionadoras en la intimidad de su hogar, que se constituye como un bunker de protección de las partes del propio ser que se desea mantener alejadas del trajín público. Pero esta protección será limitada. El Primer Hombre Público pierde una parte sustancial de su entorno físico y social. A partir del lunes, cada vez que la persona Ollanta Humala asome la nariz a la calle, será mirado, escrutado, analizado, comparado y explicado desde su condición de Hombre Público, no desde su condición humana. Imagino que Ollanta Humala, como cualquier marido responsable que se precie, de vez en cuando sacaba a la basura a la calle, y apuesto mi cabeza que los vecinos le dedicaban una de esas miradas compasivas e indiferentes propias de tan banal acontecimiento. Pero el Presidente Electo de la República del Perú ya no podrá sacar la basura sin que aparezcan veinte hueleguisos listos para sacarle la bolsa de las manos, ni sin que se le espulgue alguna clase de intención política oculta, ni sin que la basura sea cuidadosamente escrutada por periodistas o servicios de inteligencia, en busca de claves sobre su acción política, o con fines más inconfesables. También pierde a parte de sus parientes, vecinos y amistades. Es sabido que cuando los amigos son personas de cierta decencia personal, tienden más bien a tomar distancia del Hombre Público, y esperan a que la persona se manifieste. Conseguir mantener las amistades para el Hombre Público implica entonces hacer malabares, porque es obvio que aquellos que se le acerquen lo harán principalmente por interés. Y ni hablemos de la parentela, que es un tema mucho más serio.

Cuéntase por ahí, y no sabemos si será cierto, que cuando el Presidente Lula alcanzó la primera magistratura del Brasil, reunió a sus familiares en un almuerzo o cena bastante bien pertrechado. Cuando estaban en lo mejor, Lula tomó la palabra y dijo, muy suelto de huesos, algo como esto: “Disfruten esta comida, porque será la primera y la última que verán”. Otros Hombres Públicos tienden, por el contrario, a olvidar la separación entre sus familiares y su cargo, con efectos de nepotismo. Es un hecho que saltar de ser un ciudadano destacado a ser el Primer Ciudadano de la Nación tiene que cobrarse algo, por lo menos debe determinar cierta ocultación o desplazamiento de los sentimientos humanos que, indudablemente todos tenemos. Debe ser un tema muy complejo. Ser el Presidente significa que, si bien te pones el pantalón por las mañanas del mismo modo que el resto, el resto ya no te ve como un simple hijo de vecino, sino como una especie de ser superior dotado de poderes extraordinarios.

Buenas Compañías

El Hombre Público, pues, queda aislado del resto en proporciones variables según su condición y personalidad. Queda detrás de un cerco levantado por el cargo que deberá llevar, cuál cruz, por cinco años. Y si algo necesita la persona que está aprisionada socialmente, es compañía. El Presidente Electo cuenta, menos mal, con una familia bien constituida, con hijos pequeños y obvias preocupaciones domésticas. Esto tiene un valor inmenso, considerando que nuestros mandatarios, con pocas excepciones, no han sido muy santos en esto de sostener la Moral Pública. La familia del Presidente Electo, a más de anclarlo en las pequeñas realidades cotidianas, le proporciona un esquema desde el cual relacionarse con sus amistades, y un ejemplo a brindar a toda la nación.

Por más brillante que se sea intelectualmente nadie sabe todo, ni por más poder que se tenga nadie puede hacer todo. Pero nuestra tradición política espera del Primer Hombre Público que cuente con una sarta de atributos que ni Dios. Pero eso es lo que los Otros, los de acá abajo, deseamos y esperamos que pase. Una condición que se espera del Gobernante es que esté despierto y alerta cuando el resto de nosotros no lo esté. Los pueblos duermen tranquilos cuando eligen un buen guardián que esté al tanto de absolutamente todo. Pienso que hemos acertado al elegir a alguien que tiene entre sus rasgos definitorios el de ser un “guerrero vigilante”, que eso significa el nombre Ollanta. La esencia de la seguridad está en la convicción de que el que está a cargo se ocupa que las cosas marchen.

¿Hasta dónde puede ser esto posible? En nuestro país tan problemático, la calidad de las personas de las que el Gobernante se rodee es esencial. El Presidente de la República necesita personas leales, y si son capaces mejor todavía. Es crucial entonces que acierte en la valoración de los subalternos que elegirá para asumir cargos en la estructura jerárquica del Estado, en especial considerando que estos subalternos a su vez deberán elegir sus propios subalternos, y de ahí para abajo. Valorar correctamente le es necesario al Gobernante para otorgar su confianza, para saber positivamente que en tal o cual sector las cosas se harán tal como se planteó programáticamente, y además, de acuerdo a los compromisos que ha asumido, los públicos y los otros, y que en buena medida han determinado su elección.

Porque la habilidad del Hombre Público no está más en lo que sabe o deja de saber, o en lo que hace o deja de hacer. El Hombre Público que apueste a ser Dios se equivoca de medio a medio, cuando debiera apostar a ser una Súper Computadora. Lo decisivo para él es la habilidad en el procesamiento de la multitud de información que recibirá desde todas direcciones, mucha de ella contradictoria. Este procesamiento implica en lo objetivo separar lo esencial de lo secundario, tanto como valorar las posiciones existentes en lo subjetivo. Lo que el Hombre Público necesita sobre todas las cosas son filtros conceptuales que le permitan tomar decisiones, pues la información le debe llegar procesada y lista. No le sirve para nada, a estas alturas, la larga poesía de los diagnósticos y las declaraciones líricas y de principios. En cualquier caso el tiempo de ellos ya pasó. Ahora el Gobernante necesita, fuera de la lealtad, colaboradores capaces de procesar grandes cantidades de información, correctamente y a alta velocidad. Y tendrá que cortar con algunos de sus antiguos compinches, y traer a otros que ni siquiera se imaginaron estar en el bolo.

Malas Compañías

Una consecuencia de las Leyes de Dror mencionadas arriba, y que aplicamos a este tema, lleva al Gobernante al riesgo del bloqueo informativo. Al principio el Gobernante trata de captarlo todo, pero es obvio que el factor tiempo no le dejará hacerlo, y deberá tomar decisiones rápidas en la esperanza que sean acertadas. Esto, sumado a su aislamiento personal, le llevaría a confiar cada vez más en cada vez menos personas, en la medida que la eficiencia de los filtros le demuestren que puede confiar en ellos. El Presidente no tiene tiempo que perder esperando que la gente se explique las cosas para explicárselas a él. Los colaboradores del Gobernante tienen que saber las cosas ya, con toda claridad. Por eso el Gobernante necesita confiar, pero no podrá confiar incondicionalmente jamás. Y no podrá ni siquiera confiar totalmente en sí mismo.

Al respecto me viene a las mientes un recuerdo del mejor jefe que he tenido, del que yo era primer subalterno, y además, sin falsas modestias, el más capaz y confiable. Algunas veces que tratábamos problemas cruciales que requerían una decisión, su actitud y lenguaje corporal me mostraban que de alguna manera “no estaba”, que “se iba” de la conversación. Por suerte éramos amigos y por eso le pregunté qué le pasaba en esos momentos. Él me respondió algo así como esto: “Es parte de mi estilo de ejercer autoridad. Cuando me traes problemas urgentes y complejos, me esfuerzo en salir de mí mismo. Me pongo en tu lugar y en el de otras personas. Pienso qué decidirías tú y otros en mi lugar. Trato de que mis defectos no me cierren la posibilidad de tomar una buena decisión.” En las posiciones de responsabilidad, tener la suficiente confianza en sí mismo para suspender el propio juicio y mirar otras posibilidades resulta fundamental en la Toma de Decisiones.

Los colaboradores eficaces son, pues, necesarios. Pero los colaboradores necesitan también una firmeza de propósito, una inspiración y una dirección adecuadas a las características del Primer Ciudadano, no solo del Presidente. Ollanta Humala ha estado marcando algunos de estos rasgos desde el mismo nombre: Gobierno de Concertación Nacional, que denota su deseo de concertar y negociar, y no limitarse el abanico de posibilidades. Desde lo administrativo parece apostar a tener grandes coordinadores para los temas cruciales de Inclusión, Lucha contra la Corrupción y otros temas, así como especialistas adecuados que le permitan hasta donde se pueda dejar la macroeconomía en piloto automático. Ha manifestado su deseo de ir a todas las partes del Perú que pueda, en una suerte de reedición de la Visita General de Francisco de Toledo, buscando los problemas y tratando de mantener una visión micro, personalizada, no burocrática. Es evidente su deseo de establecer un aparato de colaboradores, técnicos, y funcionarios que combinen las características de innovación, eficiencia y capacidad necesarias para los logros a los que se ha comprometido.

Los Límites de la Autoridad

Los peruanos y latinoamericanos creemos de alguna manera que el Gobernante es Dios. Pero, a diferencia de Dios, el Primer Ciudadano tiene límites surgidos tanto de su condición humana, como del común límite temporal al que estamos sometidos. Encima, a la visión del Gobernante Absoluto que tenemos enquistada en nuestras mentes, nuestras constituciones y leyes le oponen límites a su autoridad, que no siempre entendemos.

El orden jurídico de nuestra República Democrática se basa en la separación de poderes, y determina que el Presidente de la República tenga que convivir con una suerte de gentes que ejercen autoridad aparte de él, y sobre las que no tiene mando directo o, si lo tiene, lo tiene en ciertos aspectos y en otros no. Los Presidentes de los Poderes Judicial y Legislativo están en su nivel jerárquico, y poseen autonomía. Los Jefes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, si bien le deben obediencia como Jefe Supremo, no tienen por qué consultarle acerca de muchísimas cosas que están en sus institucionales atribuciones. Los Presidentes Regionales, los Alcaldes, y un largo etcétera poseen autoridad en cuestiones precisas en las que el Gobernante no puede intervenir directamente. Si ciertas Instituciones están bien dirigidas o configuran clústers cerrados, como la SUNAT, pueden marchar solas, tal como debe ser. Adaptarse a estos hechos requerirá del Gobernante tiempo y esfuerzo consciente.

Además están los poderes fácticos, que en la actual coyuntura tratan de medir los límites de la autoridad del Presidente Electo, a veces de modo bastante descortés y hasta irrespetuoso. Los poderes económicos están representados por Presidentes de Directorio, dirigentes de gremios y personas individuales sin cargos pero con enorme influencia en los asuntos financieros y productivos del país. Los representantes del Trabajo y de la frondosa Sociedad Civil en cierto modo están también en esta situación. El Presidente de la República podrá ser Presidente, pero aunque puede formalmente, por ejemplo, emplear sus atribuciones para lograr colocar un representante del estado en el Directorio de una empresa privada, más le valdrá no hacerlo a no ser en último extremo, so pena de perder la confianza que, con dificultad y muy retrecheramente, eventualmente le otorguen.

El Presidente de la República, además, tiene pares, es decir los Mandatarios de otros países, con los que tiene obligadamente que establecer relaciones y resolver diversos conflictos. Los pares de los países vecinos revisten especial trascendencia, en una negociación constante de fuerzas. Y la relación con Estados Unidos requiere de muchos cuidados.

Todo esto quiere decir que si en teoría el Presidente es el Mandatario Supremo de la Nación y dirige los asuntos de Estado, en la práctica encontrará diariamente diversos personajes y autoridades, cada cual en su parcela grande o pequeña, todos celosos de sus derechos, prerrogativas, autoridad y autonomía. Y deberá aprender qué hacer en cada caso. Y para eso necesitará tiempo y esfuerzo consciente.

Colofón

La habilidad primordial del Hombre Público /Gobernante está, sobre todo considerando las actuales circunstancias, en dos cosas fundamentales: Saberse rodear de personas confiables, leales y capaces en sus respectivas áreas; y negociar con eficiencia, manteniendo las propias prioridades con toda claridad, entendiendo desde ellas las posiciones de cada interlocutor y calibrándolas constantemente en función de los intereses supremos de la Nación. Es una menuda tareíta. No todo se puede resolver aplicando energía, aunque deberá utilizarla en los momentos oportunos. Ni todo puede resolverse negociando, aunque deberá hacerlo todo el tiempo. Y cuando haga una cosa u otra, de acuerdo al equilibrio general que debe guardar en todo momento, siempre habrá algunos que le gritarán que lo hizo mal. Entiendo, sin embargo que las características personales del Presidente Electo auguran buenos vientos para la nave del Estado y para el país en su conjunto. Le deseamos suerte y bonanza.