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lunes, 28 de octubre de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 62 - TRAGEDIAS GRIEGAS

CRÓNICAS DE LECTURAS – 62
Tragedias Griegas

I
La Tragedia y el pathos

Cuando decimos Tragedia griega hay a la vez un sinónimo y una metáfora sobre circunstancias dramáticas y patetismos extremos elevados a la enésima potencia. Pero no existe nada bajo el Sol como la Tragedia Griega y el pathos que expresa. Por supuesto que es mi apreciación, perdónenme, pues sé de muchos y valerosos jóvenes efebos y guerreros ilustres que se encomendaron a las musas y trataron de leer los clásicos de la Tragedia Griega con resolución, coraje, honestidad, intrepidez y extremado arrojo. Y sin embargo, oh esquivo Destino, quisieron los Dioses que cayeran derrotados en toda la línea por esas muchas oraciones de enrevesados, complicados e interminables períodos que los y las traductores y traductoras de rosados dedos suelen endilgarnos, los dioses sabrán por qué. Vedlo si podéis y lamentaos, oh hijos de las castellanas letras, por el cómo os queda el ojo cuando recibís sin anestesia algo así como esto: ¡Ay, ay! ¡Ay, ay! Prole de la fecunda Tetis, hijas del Padre océano, que con su curso insomne gris en torno a toda tierra, mirad, contemplad con qué cadenas clavado en la cima rocosa de este precipicio monto una guardia no envidiable. (Prometeo encadenado, de Esquilo). O como esto: ¡Oh luz amable de este día justiciero! Ya podría decir ahora qué dioses vengadores de los mortales contemplan desde arriba los sufrimientos de la tierra, puesto que veo en un manto tejido por las Erinias, a ese hombre que yace de manera grata para mí, pagando las maquinaciones de la mano paterna (Agamenón, de Esquilo). Complicado de entender hasta para el más pintado y clásicamente culto de los actores, no digo ya los lectores, que cuando menos pueden quedarse quietecitos frente al texto decodificándolo, y no pasando de él hasta por lo menos identificar los núcleos de sujeto y predicado, hasta ahora el mejor truco que se me ocurre para entender estas oraciones. En griego debe haber sido más fácil, o los gustos de entonces eran muy diferentes a los de hoy. Yo tuve la suerte de empezar a leerlo desde muy jovencito, y no me presentan dificultad extrema; así que aprendan papis y mamis, es la función la que hace al órgano.

Dícese de la Tragedia griega que es patética, es decir inficionada de pathos hasta el extremo. Como sé que mis lectores son inteligentes pero no necesariamente informados, les comentaré que el pathos en la retórica clásica es uno de los tres modos de persuadir a alguien de algo. Los otros son el ethos y el logos. La idea es que tú le crees algo a alguien por tres posibles motivos: Uno, porque te convence racionalmente a través de argumentos (logos). Dos, porque respetas a la persona y le crees pues posee buenas cualidades y trayectoria que hacen difícil que te mienta (ethos). Y Tres, porque compartes o te inducen a compartir los mismos o parecidos sentimientos (pathos) que mueven al expositor. Esta disquisición es, nada más y nada menos, que del Aristóteles por si acaso, no es tan difícil de leer ese gallo. La estética, parte de la Filosofía que trata de la belleza, entiende el pathos como los íntimos estados del alma y emociones que se viven al contemplar algo bello o hermoso. Por alguna razón que no entiendo del todo, el Pathos se contrapone al Eros, en una díada gozo-sufrimiento que los griegos veían al modo dialéctico, nunca separados uno del otro. La idea perduró, recuerdo un poema de Schiller sobre el corazón, que los médicos dicen se divide en cuatro cavidades, pero que el poeta sabe son dos: El lugar del dolor y el de la felicidad: Oh, felicidad, habla bajo para no despertar al dolor … . Bueno, que no se escape el pathos, esto es la sensación o sentimiento que poseemos de lo inevitable de sufrir en esta vida. De ahí que la Tragedia Griega sea patética, pues si algo enseña es lo (agárrense que viene palabra difícil) ineluctable del destino, esto es lo inevitable de que te vaya como la mona en algún momento, hagas lo que hagas.  

Los Trágicos de la Atenas del Siglo de Pericles son Esquilo, Sófocles y Eurípides, que presentan los primeros intentos para explicarse en la escena cómo es que opera el Destino que nos rebasa como un huracán, y nos arrebata (rara vez nos da) los afectos humanos y las cosas materiales. Ha pasado un par de milenios y medio y sus obras se siguen montando con pocos cambios de escenografía, vestuario y nombres. Pagamos tributo aún a los dioses de la tragedia y la comedia humanas. 


II
Esquilo

El primer nombre ilustre en la Tragedia ateniense es el de Esquilo (525 – 456 a.C.), sucesor de Tespis, Frínico, Quérilo y Prátinas, de los que se sabe poco, pero que parece tuvieron roles importantes en la estructuración del teatro griego. Dícese que fue Esquilo quien metió en la representación un segundo actor, a más de máscaras y coturnos; y también era abierto a las innovaciones a su peculiar modo, como en Agamenón, donde los dos actores (Egisto y Clitemnestra) recitan sus parlamentos en compañía de Casandra, bien calladita ella. El tercer actor lo introdujo el joven rival Sófocles, así que Esquilo, como quien dice tampoco lo iba a atracar así como así, por más que con seguridad le notó sus posibles ventajas. En fin, Esquilo era un veterano de Maratón, Salamina y Platea, es decir ciudadano ateniense y excombatiente políticamente conservador, que se sentía con derecho a plantear las cosas a su modo. Parece que escribió unas ochenta a noventa tragedias, perdidas la mayoría en las invasiones y el general retroceso a la barbarie de la edad media. Se conservan la trilogía La Orestíada (Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides); Los Persas; Los Siete contra Tebas;  Las Suplicantes y Prometeo encadenado, aunque hay alguna duda en la autoría de esta última. El gran tema de Esquilo es lo inevitable de sufrir, tal vez por eso ha pervivido tanto. Pero no es sólo sufrir lo que cuenta, sino aquello que se aprende al sufrir: Que no es gratuito, que la desgracia empieza con los hechos humanos, aunque no sean conscientes e inclusive si corresponde a los descendientes pagar las culpas de los padres, como pasa con Orestes, que se debe someter a la persecución de las coéforas por asesinar a su madre Clitemnestra y a Egisto, crímenes que está obligado a cometer atrapado por su deber filial, que le obliga a vengar a su padre asesinado. Así, al cumplir con su deber, se convierte en matricida.

Extraño como es esto a nuestra moral heredada de Kant, hecha de imperativos categóricos y de ética de intención, representa una realidad actual, tal vez eterna, de la condición humana: Justos e inocentes pagan por pecadores y culpables. Los dioses son implacables al servir a la justicia, las leyes divinas son prisión de los hombres, no saben de atenuantes ni de conflictos. En la Roma de mármol y pedernal incluso se dice Dura lex, sed lex (La ley es dura, pero es ley). Pero el genio de Esquilo consigue desentrampar el asunto y liberar a Orestes transformando a los mismos dioses, y las furiosas Coéforas devendrán en Euménides amigas de la Justicia. Aunque estamos bien lejos aún de Shakespeare y de Porcia abogando por la misericordia en el tribunal de Venecia, sentimos cuando leemos esto que el hombre tiene alguna esperanza, lo que no es poco. Porque cuando la tragedia trae el pathos no es porque sí, sino para lograr del lector y/o espectador que haga katarsis, es decir se purifique por el fuego (otra vez nos tropezamos con el Viejo Aristóteles), que encontramos viviendo los sucesos que el Destino nos impone, tratando de no cometer los errores de Eteocles, Polinice, Jerjes, Agamenón, Egisto o Clitemnestra que hemos visto allá en el Teatro o en el Cinematógrafo. Y porque el arte no es impermeable, es que podemos ver esta versión en youtube de algunos monólogos de la Orestíada, en particular el Agamenón, con música de Carl Orff, Carmina Burana:


Segunda Parte: http://www.youtube.com/watch?v=EB5QxNQOwOo       

En este link encontrarás una regular traducción de la Orestíada: https://n-1.cc/file/download/1319188


III
Sófocles

Sófocles (496 – 406 a.C.) era treinta años menor que Esquilo, con quien compitió en los concursos anuales, y precisamente para ganarle al viejo maestro es que introdujo al tercer actor, aumentó a quince los integrantes del coro e introdujo la escenografía. Aquí se le acabaron las ínfulas innovadoras y se aposentó en ellas conservándolas tal cual hasta su vejez, que total ya estaban probadas, oleadas, sacramentadas y convertidas en la avant garde del teatro ateniense. Y se estacionó en su éxito con tanto ídem que Eurípides, de genio cuando menos comparable, no le hizo ni cosquillas al mimado de la elite y la academia ateniense. Es que Sófocles, como muchos hoy en día, sabía venderse y entre sus amigos estaban Pericles, Herodoto y otros famosos. Estuvo activo en la vida política de la democracia ateniense: Fue tesorero de la Liga de Delos nada menos, e incluso fue general estratego, aunque parece que como militar era un buen autor de tragedias, de las que escribió entre 110 y 130, conservándose en la actualidad unas treinta, entre ellas la serie de Edipo: Edipo Rey, Edipo en Colona y Antígona; así como Áyax, Las Traquinias, Electra y Filoctetes. De los treinta Concursos Dionisios en los que participó ganó dieciocho, performance nada deleznable, y análogamente a nuestro contemporáneo Director de Cine Martin Scorsese parece que lo tenían que premiar sí o sí, pues tras un éxito venía otro. Encima, su fama moderna actual quedó asegurada con la adopción por Sigmund Freud y la escuela del Psicoanálisis de su personaje Edipo para definir un complejo instintivo-conductual del inconsciente de las personas.

El complejo de Edipo se basa en el ineluctable (creo esta palabra ya la usé arriba) destino que sufrió el personaje Edipo, que tuvo al santo de espaldas de modo permanente. Nace el pobre, y ni bien nace le encajan que matará a Layo su padre, y cometerá incesto con su madre. El padre trata de burlar al Destino, le entrega a un pastor que le abandone para que muera, pero el tal pastor se compadece y le protege - varios cuentos en la literatura universal tienen este escenario, lo que hace que me pregunte por qué. Edipo alcanza la juventud, y en el camino a Tebas encuentra a Layo y lo mata. Acto seguido enfrenta al monstruo Esfinge que martiriza a Tebas, resuelve su célebre acertijo, y el agradecido pueblo le hace rey y le otorga la mano de la reina viuda Yocasta, de hecho su madre aunque todos lo ignoran. Edipo se pregunta por qué la peste asola a Tebas, de la que es justo Rey, tratando de dilucidar en qué han metido la pata precisamente para sacarla, y así llama al ciego adivino Tiresias, que está al tanto de todo: ¡Qué cosa tan funesta es saber algo cuando ya no puede aprovecharnos! Yo lo sabía y lo olvidé. De otro modo no me hubiera presentado aquí. Ya dijo Sherlock Holmes que a veces es odioso tener razón: y qué necesario es no meneallo, decían Lope y Calderón. Pero lo terrible es que meneallo es inevitable y no hay cómo no destapar el wikileak. Uno tras otro hablan los testigos, uno tras otro surgen los hechos, la verdad se descubre: Edipo es parricida e incestuoso. Yocasta no soporta y se quita la vida. Edipo se revienta los ojos para no ver tanta miseria: Perezca aquel que en el monte desierto las duras amarras quitó de mis pies y salvó mi vida sin hacerme un bien. Si la muerte entonces me hubiera alcanzado, mis amigos se hubieran ahorrado estas penas y yo me vería libre de dolores (…) No hubiera venido a matar a mi padre ni me apellidaran esposo de la que me dio la vida. Hoy me abandonan los dioses (…) Y si alguna desgracia hay peor que la misma desgracia ¡la he sufrido yo, Edipo!          

El Destino no se detiene aquí, sin embargo: La estirpe de Edipo y Yocasta está maldita. Esquilo retoma el tema en Los Siete contra Tebas con la guerra y mutuo fratricidio entre los hermanos Eteocles y Polinice; y el mismo Sófocles mostrará el destino de las hijas Antígona e Ismene en Antígona. Edipo huye de Tebas hacia Atenas, única entre todas las ciudades de Grecia que honrará su carácter demócrata otorgando asilo al desventurado (Edipo en Colona).

Las imágenes suelen hablar, así que acá podemos ver algunas escenas de la película Antígona, de 1961, con Irene Pappas:   http://www.youtube.com/watch?v=RBXrIBCb8w8

La escena culmen de Edipo Rey puede verse en versión de Televisión Española: http://www.youtube.com/watch?v=XhY6zK9tFa4


IV
Eurípides

Un maverick es, además del nombre de una serie de TV de los años ´60, un toro salvaje que no se hace a vivir en el rebaño, y por extensión dícese del hombre cuyas ideas son demasiado de avanzada y no es comprendido por sus coetáneos, aunque sea ciertamente superior a ellos. A Eurípides (480 – 406 a.C.) nos parece le tocó esta suerte, triste en cierta medida, pues vivió al mismo tiempo que Sófocles, y parece le tocó hacer la del líder innovador, aunque los honores y homenajes se los llevó Sófocles. Bueno, dejándonos de vainas Sófocles no era un mediocre precisamente y se merecía los homenajes, pero estaba con su tiempo y no se pasaba de la raya en eso de innovar, midiendo lo que hacía más que Eurípides, que seguramente estaba más tocado por sus demonios y andaba demasiado claramente por delante de su época. De seguro escandalizaba a muchos con eso de poner mujeres como personajes principales de sus tragedias, o con llevar la estructura del diálogo a su término lógico iniciado por Esquilo y Sófocles; o hacer de Hércules un matón de esquina, de Alcestes una heroína en forma y de Admeto un perfecto imbécil. Lo complicado de la innovación es que aunque como líder estés diez codos por encima del promedio de las gentes, éstos ni te comprenden ni te siguen. Los atenienses preferían a Sófocles, más potable y menos exigente con el espectador. Qué mala pata tener que competir con él. De las 92 Tragedias que escribió se conservan unas 18. En sus títulos corroboramos lo recurrente del tema femenino, casi obsesivo. Aparte de Medea y Alcestes, escribe Las Suplicantes, Hécuba, Andrómaca, Electra, Las Troyanas, la muy celebrada y representada Las Bacantes, Ifigenia en Áulide, Ifigenia en Táuride.   

Eurípides presenta notables diferencias con sus antecesores: Siente un afecto mayor por los hombres en su realidad real que por los Dioses y Héroes superhumanos que Esquilo adora, o por los seres ideales que Sófocles presenta y que en alguna medida desearía que fuéramos. En el conflicto entre el destino y los seres humanos, Eurípides toma decidido partido por los seres humanos, que en sus pasiones y sentimientos le merecen la conmiseración y solidaridad de la que en verdad carecen sus colegas. Probablemente por ello es que intenta mostrar los motivos y causas de las acciones humanas en actitud cercana a la de su contemporáneo Sócrates. Sus tragedias son de desarrollo intimista, sicológico y personal, incluso en ocasiones acercándose a la comedia, o más bien encontrándose con ella, como no puede sino pasarle al que trata de retratar las cosas como son. En la realidad real de los seres humanos se mezcla la gracia con la tragedia en dosis imprevisibles, tratar de separarlas es fútil, nos parece eso diferencia a Eurípides de los otros. La profundidad de sus caracteres femeninos dio escándalo, por más que fueran varones quienes representaban. Medea, por ejemplo, no es sólo un monstruo de celos, es una mujer abatida por el dolor y la miseria, que a pesar de toda su inteligencia y maquiavélico discurso sólo atina en volcarlo al odio y  la destrucción, como cualquier pobre mujer abandonada de nuestros días, que repodrida por la miseria y diciéndose Por todas partes me cercan las desdichas, administra insecticida a sus hijos antes de bebérselo ella misma: Yo, sola, sin patria, soy abandonada del hombre que me arrebató a mi extranjera tierra, sin madre, sin hermano, sin parientes que me den abrigo contra estos infortunios. Es probable que otros mejor enterados me digan que no, que Medea es malvada, una bruja asesina que se merecía lo peor. Que Medea se revuelca en su crueldad al castigar a Jasón en sus inocentes hijos es incuestionable: Todavía no te lamentes: aguarda la vejez. No hay ningún arrepentimiento liberador que nos licúe el asunto. Menos mal Eurípides escribe también sobre la dulce Alcestes, contraparte de la feroz Medea, pero no puede evitar presentarla como víctima de un Dios indiferente y de un marido idiota. Las mujeres eran víctimas objetivas del orden social, Aristófanes lo mostraría en clave cómica en Lisystrata, a pesar que por política ridiculiza a Eurípides llamándolo hijo de una verdulera. Que el escándalo no se detenía en el tema de género se demuestra en que Eurípides remece el orden social ateniense presentando en sus obras esclavos inteligentes, en lamisma época en que Aristóteles definía al ser humano como “animal racional” y por ende negaba a los esclavos tal condición, lo que demuestra que se puede ser inteligente y ciego a la vez.    

Para darnos una idea del poder de la Tragedia, un trozo pequeño del final de la Medea de Pier Paolo Pasolini: http://www.youtube.com/watch?v=yxdAztlGDUA

Una versión de Medea para leer la hallaremos en:


V
Colofón


Hay muchas adaptaciones modernas de la Tragedia Griega, aparecen con cierta recurrencia cosas sumamente interesantes, tales como La Orestíada, Medea, Antígona o Las Bacantes, trata de que no se te escapen. Como dije al principio, nada hay bajo el sol como la Tragedia Griega. Anda a verla o por lo menos trata de leerla. He dicho. 



lunes, 7 de octubre de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 59 - ALGO DE TEATRO

CRÓNICAS DE LECTURAS – 59
Algo de Teatro

I
Dramaturgos

En otras Crónicas me he alargado con inmerecido detalle en mis propias y mínimas andanzas teatrales. Pido disculpas a la audiencia, y paciencia porque es probable que continúe con esas injustificables referencias a mi persona, egocentrismo menos fatal que el egoísmo pero igual o peor de pesado. He tratado ya con cierto detalle de William Shakespeare, Thortorn Wilder, Pedro Calderón de la Barca y Enrique Jardiel Poncela, muy diferentes entre sí y sin parentesco más allá de mis gustos personales, así que ahora me daré una vuelta tal vez un poco menos organizada. Entre mis primeras lecturas de joven curioso hubo versiones del gran teatro clásico griego, básicamente las Tragedias de Esquilo y Eurípides, agrupadas en un tomo, mientras que en otro tomo, supongo, estaban las de Sófocles, pero por razones que desconozco el tal tomo no llegó a mis manos y no accedí a Edipo – Edipo Rey, Antígona, Edipo en Colona – ni otra obra de Sófocles. No tengo claro por qué la censura, puede que por el costo, puede que no se fijaran,  puede que para evitar que un jovencito accediera a ciertas armas ideológicas y rebasara a sus mayores. Así ya era yo de pedantito y neurótico y circunstancial cuando mis años no alcanzaban aún dos guarismos. Después fue peor, tras leer a Sigmund Freud y cómo – según el gran Historiador Woody Allen – lo sacaron paralizado y sudando frío de la primera representación de Edipo Rey a la que asistió. Cuando me sacaron del cole y me encajaron en el Internado leí a Sófocles. Aunque ese no fuera motivo para leerlo igual lo leí y no le hallé por entonces profundidad psicológica, verdad que mis intereses estaban más enfocados en cierta flaquita que en las aventuras de Edipo, y no emprendí el psicoanálisis sino años después. La Tragedia Griega tendrá su Crónica aparte, si Zeus quiere.

Por otra parte, ya conté que en el Internado me hacía mis cobres haciendo las tareas de mis compañeros, nada lectores ellos, y así adquirí un tabaquismo que costó décadas erradicar, unido al estudio de los clásicos del teatro español del Siglo de Oro obligatorio en Cuarto de Media, pero que hice en segundo. No juzgo a mis compañeros obligados a leer, me escarapela decirlo, pero lo digo: Ni entonces ni ahora había en el sistema educativo un real interés en que la gente aprenda algo fuera de su lugar en la jerarquía social. Tal vez por ello se veía peligroso, revolucionario, agnóstico, ateo y/o arreligioso, presentar, leer y – líbrennos las ánimas benditas del Purgatorio – representar a anarquistas y comunistas infiltrados de dramaturgos y comediógrafos, como August Strindberg, Luigi Pirandello, Bertolt Brecht, Eugene O´Neill, Rainer Fassbinder, Antonin Artaud, Eugene Ionesco, Albert Camus, Henryk Ibsen, Tennessee Williams, George Bernard Shaw, Harold Pinter, Samuel Beckett, John Priestley, Anton Chejov, Arthur Miller, Darío Fo, Alfred Jarry y otros de esa calaña. Me compensé con los dramaturgos en castellano, aunque no con los que atentaban contra la Moral y las Buenas Costumbres, tipo Jardiel Poncela. Mi cultura literaria escolar abarcó a José Zorrilla, Jacinto Benavente, Alejandro Casona y al mejor de todos: Federico García Lorca, que me enseñó que teatro y poesía podían ser uno: Unas líneas de teatro en el texto de Literatura de 4to, unos poemas sueltos aquí y allá, y me templé hasta el hueso de la poesía de García Lorca. Encontrar sus libros no fue fácil entonces, sólo hallé Doña Rosita la Soltera, que no me canso de leer hasta hoy, y ahí lo dejo, tendrá su Crónica. Otros como Miguel Mihura, Alfonso Paso, Carlos Arniches, José López Rubio, Enrique Jardiel Poncela, Pedro Muñoz Seca llegaron más tarde. El control de la Iglesia Católica sobre la currícula escolar y las editoriales a través del Nihil Obstat – Imprimátur, empataba en este lado del mundo con la paranoia oligárquica de las dictaduras militares, que a su vez se sintonizada con los republicanos de USA. El resultado fue rebotar en  América Latina lo que eventualmente se llamaba “política cultural” en el franquismo español, que lucía como timbres el fusilamiento de García Lorca, la cárcel de Miguel Hernández y el amordazamiento o exilio de media España. Y en este contexto presento los dos Teatros que conocí: El oficial de la currícula escolar; y el contestatario de afuera.

II
El Teatro Clásico Español del Siglo de Oro

Hoy a Félix Lope de Vega Carpio (1562 – 1635) no se le da  mucha bola, ni demasiada a Pedro Calderón de la Barca (1600 – 1681) o Tirso de Molina (1579 – 1648). A mí me gustaron cuando los leí, pero no les hubiera prestado atención si no hubieran estado en la currícula escolar. El texto de literatura transcribía partes completas que me interesaron. Cuando mis compañeros internos me apoquinaban 5 soles en metálico por cada resumen me financiaron sin saberlo mi Maestría en Teatro Clásico Español: Lope y Calderón, Tirso de Molina y Ruiz de Alarcón, Mira de Amezcua y Guillén de Castro. Adquirí solvencia en el verso castellano leyéndolos, y capté las ideas de la península, lejanas y opuestas a la sensibilidad indígena americana. Pero con una que otra excepción, siempre he sentido que los asuntos de esa época ya eran vetustos entonces, lo que salta a la vista si los comparamos con su contemporáneo William Shakespeare. Nótese: Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, / pero el honor es patrimonio del alma, /: y el alma sólo es de Dios... Es decir, Dios antes que el Rey, la Iglesia antes del Caudillo, que lo es por la Gracia de Dios, y dimos toda la vuelta. Pero igual me gusta y sigue gustando el verso en el decir que asume la recia lengua castellana: Escuchen si no cómo suena el verso entre rústico y aristocrático en esta versión de la famosísima Fuenteovejuna, de Félix Lope de Vega:  http://www.youtube.com/watch?v=gl0x_mWh8yQ

Las voces del levantamiento del pueblo contra el comendador suenan más viriles en verso español; los insultos de Laurencia violada y desmelenada suenan dos veces insulto: ¡Liebres cobardes nacisteis, bárbaros sois, no españoles!; pero da así el impulso a los labradores ya soliviantados para defender su honor: ¿Qué es lo que quieres tú que el pueblo intente? / ¡Morir! ¡O dar la muerte a los tiranos!, porque esta es la España de los hijos del Cid: http://www.youtube.com/watch?v=souQg5EVN2s
Y con esto se inspiraba García Lorca y yo no soy nadie para enmendarle la plana. Hay teatro clásico español entonces para regalar, y por eso aquí presento el muy famoso discurso de Segismundo en La Vida es Sueño, de Pedro Calderón de la Barca: http://www.youtube.com/watch?v=pbGb05Q-q9w

Esta España de la que descendemos por nuestra lengua, conserva su patrimonio cultural y celebra el Festival de Almagro, dedicado precisamente al Teatro del Siglo de Oro. Echémosle el ojo a la actriz Blanca Portillo, de buen ver de por sí, y aprendamos:   http://www.youtube.com/watch?v=053c0PqTdsk

Por último, para aquellos a quienes inspira Fuenteovejuna, la hallarán en este link: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/fuente-ovejuna--1/html/fedc4d4e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html; y asimismo encontrarán La Vida es Sueño en este: http://www.trinity.edu/mstroud/comedia/vidsue1a.html

III
Eugene O´Neill

A Eugene O´Neill (1888 – 1953) me lo leí completo de una sentada, una de esas que dura semanas, dadas ciertas circunstancias que me obligaron a aterrizar en Arequipa por un cierto tiempo. En donde me hospedaron con completa generosidad estaban las obras completas, y yo tenía y tengo por norma leerme completas las obras completas, que para eso se molestan en ser editadas como obras completas. Rara vez ha sido tan afortunada mi lectura, O´Neill es un escritor profundo no por la complejidad de su lenguaje como por lo que el lenguaje hablado no te dice pero te sugiere y trasluce, porque es más sensación que cerebro. Ver la obra representada o leerla me hace sentir lo que respecto del lenguaje decía Wittgenstein: Hay aquello que no se puede expresar con palabras, es decir, lo inefable. Quizá debiéramos decir que lo que hace O´Neill en Teatro tal vez sólo se compara con lo que hacen Bergman o Kurosawa en el cine. Tuve la suerte de ver Un largo viaje hacia la noche dirigida y representada en Lima por nuestro actor más notable - Alberto Ísola - y he de decir que me satisfizo plenamente, se sintió en la representación mucho del espíritu de Eugene O´Neill andando por entre el escenario de esta autobiográfica obra, que muchos consideran lo mejor salido de su pluma, lo que es mucho decir para el autor de puestas en escena como Deseo bajo los Olmos, El emperador Jones, la magníficamente chabacanona Anna Christie, Extraño Interludio, Todos los hijos de Dios tienen alas, la oscura y deprimente Días sin fin, El gran Dios Brown, A Electra le sienta bien el luto, la sarcástica Los millones de Marco Polo, etcétera.


Por premios Eugene O´Neill tampoco se quedó, tres veces se llevó a su casa el Pulitzer, y una el Premio Nobel de Literatura. Tampoco se quedó por versiones cinematográficas, solamente para  Anna Christie se filmaron tres, casi seguidas una tras la otra. Podemos captar la idea de cómo su teatro revoluciona e impregna la escena norteamericana, tan profusa y poblada de por sí, y por eso mismo tan compleja y tan requerida de verdadera originalidad: Para verlo presentamos acá la publicidad de la representación de su obra The hairy ape, que nos puede introducir de alguna manera al universo teatral de Eugene O´Neill: http://www.youtube.com/watch?v=sTQDkNuSaJY.
Su vida en la realidad por desgracia culminó tristemente, en un hotel y en la más completa soledad. No mucho tiempo atrás su hija Oona, muy joven ella, se había casado con un muy maduro Charles Chaplin, contra los deseos de Eugene. Geraldine Chaplin, que estuvo por estos barrios de la Lima hace algún tiempo, es nieta de O´Neill, aunque definitivamente no su sucesora.
Acá el link para una de las mejores obras teatrales de O´Neill, Más allá del horizonte:  http://www.gardenschool.cl/masalla.pdf

IV
Bertolt Brecht

Bertolt Brecht (1898 – 1956) es el autor individual que más he visto representado, en una época el más ortodoxo, influyente y paradigmático de los autores teatrales, atractivo para los grupos de teatro independiente. Lo he representado en mis incursiones teatrales, narradas en otra Crónica. Brecht creó el Teatro Dialéctico, a veces llamado Teatro Épico para diferenciarlo del Teatro Aristotélico por su carácter intencional y teleológico, dirigido a interaccionar con las masas y orientado a obtener resultados políticos. Brecht une a la gran tradición romántica germana de Schiller, Lessing y Büchner las tesis del Materialismo Histórico de Carlos Marx, resultando así en una evolución que va desde la expresión de una rebeldía crítica individualista (Tambores en la noche, La ópera de dos centavos), que algunos podrían tildar de burguesa;  hasta la concientización explícita de las masas y la confrontación con el capitalismo y el fascismo (Un hombre es un hombre). Puede también atribuirse esta evolución, como es obvio, al muy mal momento que le tocó para nacer y vivir como persona humana, y concretamente como alemán. Esto lo expresa en uno de sus poemas más hermosos, el poema para tiempos oscuros: Llegué a las ciudades en tiempos del desorden / cuando reinaba el hambre. / Viví entre los hombres y en tiempos de rebeldes / y me rebelé con ellos. / Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra. Comunista y revolucionario desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza, jamás se afilió sin embargo al Partido Comunista Alemán, lo que no obstó para que mostrara lo que pareciera ser un rasgo político relativamente común en las gentes de entonces, y que ahora se ha perdido: la unidad de fondo y forma, la consistencia entre el concepto estético y el ideal social y político.

Consecuencia de esa coherencia y del compromiso que implica, se enfrenta con los nazis en despegue y dedicados a tomar el poder y “coordinar” a toda la sociedad. Huye de la Alemania Nazi en 1933, justo tras el estreno de una obra que le colmó la paciencia a la Policía Secreta, mientras sus libros se quemaban en las plazas públicas. El exilio fue la época más dura, a salto de mata entre Dinamarca, Suecia, Finlandia, Suiza y los Estados Unidos, de donde lo expulsan en 1947 por izquierdista. De esta etapa son sus obras de más potencia y expresión dramática: Terror y Miseria del Tercer Reich, Vida de Galileo, Madre Coraje y sus hijos, El alma buena de Szechuán (que analiza el problema moral de cómo ser bueno en el Capitalismo sin morir de hambre), El círculo de tiza caucasiano y El señor Puntilla y su criado Matti. Perfecciona en ellas el efecto de distanciamiento diseñado contra el sentimentalismo, pues la compasión según Brecht debe aunarse a la crítica social, por ello su teatro rompe el adormecimiento: las canciones interrumpen tramas y parlamentos, el telón sube y baja distrayendo al espectador, los carteles devuelven la atención hacia el mensaje del autor. Tras quince años de exilio se establece en Berlín Oriental, y se enfrenta con el comunismo oficial, a cuya Policía Secreta (Stasi) se atribuye provocar su muerte por trombosis coronaria en 1956. Escribió también prosa (Los negocios del señor Julio César) y poesía, conviene que terminemos ahora con ella: Y, sin embargo, sabíamos / que también el odio contra la bajeza / desfigura la cara. / También la ira contra la injusticia / pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros, / que queríamos preparar el camino para la amabilidad / no pudimos ser amables. Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos / en que el hombre sea amigo del hombre, / pensad en nosotros / con indulgencia.

Podemos saber algo más del teatro de Brecht en esta lección de teatro de Jordi Dauder: http://www.youtube.com/watch?v=XGFInS4_Yng

Un link para bajar algunas obras teatrales de Bertolt Brecht es el siguiente: http://www.libroos.es/tags/Brecht%20Bertolt.html

V
Colofón

No te limites a leer teatro, anda a verlo, aunque se represente poco el teatro español, y sea raro ver a O´ Neill, pues parece difícil para los actores interpretarlo. El Teatro de Brecht parece más fácil, pero como se ha visto tradicionalmente como “de protesta”, y hoy la Izquierda está mal vista, pues que no está tan de moda. Menos mal podemos leerlos. Por ahora, adieu. 

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viernes, 28 de junio de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 43: LOS MISERABLES

CRÓNICAS DE LECTURAS –  43

Los Miserables

I

Literatura, Teatro, Cine, Música, Política

Tras ver la película musical Los Miserables de este año 2013 tenía que escribir esta Crónica. El musical ganó el Oscar a Mejor Película, y dio Mejor Actriz para Anne Hathaway por esos cuatro eternos minutos de ser Fantine en Los Miserables de Víctor Hugo. A Víctor y Anne responsabilizamos de las lágrimas innumerables derramadas. Los que alguna vez conocieron la desesperación de no ver salida alguna del Infierno; o tenemos imaginación y sentimientos – que los tenemos todos los seres humanos que no nos perdimos en la ruta – sabemos que se siente, y también qué se siente. Necesitamos sí del poeta, el tenor, el novelista, el actor que nos lo recite, nos lo cuente, nos lo cante y nos lo muestre para empatar los sentidos con el corazón, poner el cerebro de lado y mirar de frente y con valor a la Miseria. Víctor Hugo está entre la Docena Maldita de los mejores escritores del mundo, pues grandilocuente y verborreico como es, sabe el corazón humano y fabrica una epopeya de seres frágiles, no muñecos ni marionetas ni estereotipos, sino miserables de toda calaña y calibre. El musical parece halló la fórmula, fuera que en el principio corretea. Las adaptaciones cinematográficas tienen a favor la Elipsis y en contra el Tiempo, no se puede hacer películas de 24 horas de duración, pero se pueden elipsizar como hace Peter Jackson en El Señor de los Anillos: Tres Películas de seiscientos y pico minutos de duración que así y todo no consiguen ser el Libro. En cosas así se atascan los artistas de la pantalla: David Wark Griffith trató cuatro películas a la vez en Intolerancia, y su truco fue pasarlas “a la vez”, saltando de una a la otra y esperando que el espectador llenara los espacios. No lo entendieron, el fracaso fue estrepitoso, pero hay más cómo expresarse. El formato visual que mejor le queda a Los Miserables – como a todas las novelas por entregas, tal La Guerra y la Paz o David Copperfield -  es el de Miniserie, y ya recomendaré. Pero el musical logra una versión “exterior” que como todas las adaptaciones que salieron “bien”, obvia ciertas cosas y refuerza otras según la época en que anda y los medios de expresión que dispone, en este caso la voz humana modulada.

(James Lipton hace al respecto de todo esto una entrevista de antología a Hugh Jackman en Inside Actor s Studio, y como la Traducción de los subtítulos del lnglés es infame, empréndela si sabes inglés: http://www.youtube.com/watch?v=4QzeEaQQNv0)

La novela de Víctor Hugo Los Miserables, se publicó en 1862, inspirada en la aventura de Vidocq, fundador de la Policía Francesa (Sûrete). Hugo extrajo de Vidocq sus dos personajes principales y contrapuestos: Jean Valjean y Javert, con lo que mostró en dos personas lo que anda embutido por lo general en una. Genio literario y Político de Combate, Víctor Hugo se despacha Los Miserables en el destierro de Bruselas, pues es opositor al seudoimperio de Napoleón el Chico (Hay un verso de José Santos Chocano que hace al paradigma: Es el poeta altanero / quien debe romper el yugo. / Siempre, al cantar Victor Hugo, / Tembló Napoleón Tercero). Víctor Hugo en Los Miserables disecciona sin piedad la miseria de la Francia de la Restauración. De aquí el título, porque Miserables hay por pobreza e injusticia como el propio Valjean, Fantine, Gavroche, y los hay morales de calaña maldita (Tholomyés, Thenardier) y de la otra, no maldita pero sí de acero y concreto (Javert, Gillenormand). A la vez hay personajes luminosos como Monsieur Bienvenu Myriel, Marius, Cosette, Enjolras, Sor Simplice, a más de miserables que se redimen por el trabajo o la lucha, como Fauchelevent y la heroica Eponine. Frente al fondo mismo de Javert, su elemento, su centro respirable, (…) la veneración de toda autoridad alinea el perdón, el amor, la lucha revolucionaria contra la miseria y por la igualdad. Es narración profundamente humana y solidaria con el dolor, sus personajes circulan de la luz a la oscuridad, y esas son las historias que cuentan. El centro de todo es el hombre Valjean, cuya humanidad se le quedó atada a la cadena de la cárcel, y a quien todos tratan como no lo harían a un perro. Valjean roba la platería del obispo Myriel, único que le cobija la noche horrible que llega a Digne. Es apresado, no queda ya nada para él en este mundo, pero Bienvenu lo toma en sus manos, le enseña lo que es Ser un Hombre: Jean Valjean, hermano mío, usted no pertenece ya al mal sino al bien. Lo que yo le compro a usted es su alma; la aparto de las malas ideas, y del espíritu de perdición, y se la entrego a Dios.   

II

La Pobreza y la Miseria

Víctor Hugo participaba de lo que podríamos llamar prudentemente un optimismo explosivo basado en el Progreso y la Razón. A estas alturas desencantadas de la Historia resulta casi imposible entenderlo, nosotros que ya estamos de vuelta. Hugo vive entre el romance y la realidad, pone voz y color a los ideales republicanos, a la razón en el gobierno, a la destrucción y erradicación de la Miseria de Toda la redondez de la Tierra, operada por la Educación universal y gratuita, panacea universal. Hugo, como Milan Kundera, digresiona y reflexiona a cada momento, nos deja escudriñar el pensamiento de un hombre que es a la vez Cabeza y Corazón: El luchador social y talentoso escritor muestra la pobreza como un hecho divino del que no podemos sustraernos, ocasión para desplegar las virtudes heroicas y templar nuestra alma en el yunque de la adversidad. Este es un sueño hermoso del que Valjean, Enjolras y les amis de l´ ABC, Eponine, Marius, Bienvenu, Cosette, Fantine, Gavroche, Fauchelevent, Gillenormand y hasta Javert representan diferentes facetas. La pobreza está en la naturaleza divina de las cosas y se la bendice como Hermana, como hace el Poverello Francisco de Asís. Sin embargo, Víctor Hugo distingue Pobreza de Miseria, la que denuncia como responsabilidad absoluta del hombre, contra la que hay que oponer todas las fuerzas. La pobreza es don de Dios, la Miseria es castigo que el Hombre fabrica contra el Hombre, y destruirla justifica el hecho revolucionario, sobre el que reflexiona en toda la obra: … dígase lo que quiera, la Revolución Francesa es el paso más importante que ha dado el género humano desde el advenimiento de Cristo.  Y también Para que exista la revolución, no basta que Montesquieu la presienta, que Diderot la predique, que Beaumarchais la anuncie, que Condorcet la calcule, que Arouet la prepare, que Rousseau la premedite; es necesario que Dantón se atreva. En definitiva, Víctor Hugo nos convence todo el tiempo que para hacer tortilla hay que romper huevos. Conviene saber en consecuencia que en concepto de Víctor Hugo no es Miserable el andrajoso que guillotina reyes y canta La Marsellesa en la Plaza de la Revolución, ese es pobre pero no miserable. A diferencia de la Pobreza, en última instancia cosa de plata, la Miseria es una cuestión moral: Miserable es el humano sometido a la necesidad extrema (…) conducido hasta el límite de sus recursos, y al infortunio para todos los que transitan por este camino. Trabajo y salario, comida y cobijo, coraje y voluntad, para ellos todo está perdido. La luz del día se funde con la sombra y la oscuridad entra en sus corazones; y en medio de esta oscuridad el hombre se aprovecha de la debilidad de las mujeres y los niños y los fuerza a la ignominia. Luego de esto cabe todo el horror. La desesperación encerrada entre unas endebles paredes da cabida al vicio y al crimen (...) Ellos son "Los Miserables", los parias, los desamparados.

La Miseria se origina así en la desesperación, con tan hondo sentimiento mostrada por la Fantine de Anne Hathaway, y que la novela cuenta más bien con brutal fatalismo, en esas docenas de pequeñas cosas que cambian conforme te hundes progresivamente: Una saliva rojiza manchaba las extremidades de sus labios y tenía un agujero negro en su boca. (…) Los dos dientes habían sido arrancados. (… ) Fantina arrojó su espejo por la ventana. (…) El pobre no puede ir al fondo de su habitación como al fondo de su destino sino inclinándose cada vez más. Ya no tenía cama (…). Como había perdido la vergüenza, perdió también la coquetería. (…) ya no cosía nunca su ropa. (…) Las personas a quienes debía, venían a alborotar y a insultarla, sin dejarla nunca descansar. (…) Pasaba las noches llorando y soñando. Tenía los ojos muy brillantes y sentía un dolor fijo en la espalda (…) Cosía diecisiete horas por día; pero un contratista (…) bajó de repente los precios (a) cincuenta céntimos por día. Presionada y amenazada por Thenardier, Fantine es empujada a prostituirse, se habla a sí misma al modo que lo hacen los solitarios, en ese tono desesperanzadamente lógico que no es desaliento pero sí lo es: Vendamos lo que queda. Y cuando parece que ya llegó al fondo, aún había allí más abyección, aún hay más miseria: Un alma por un pedazo de pan (…) Le ha sucedido todo lo que le sucederá.(…) Pero es un error creer que se agota la suerte y que se toca el fondo …  Los que vivimos sabemos que las cosas siempre pueden ser peores, que el auxilio suele llegar póstumo. Y los que no saben, como Javert, meten el dedo en la herida para que ésta duela más. Y los que no sabían mentir, como Sor Simplice, aprenden, porque la vida es más complicada de lo que nos pintaron. Igual Fantine morirá en la Desesperación y la Miseria. Y en la ruta Valjean se descubre ante Javert,  evita que un inocente pague por él, y todo porque Monsieur Bienvenu le compró su alma y lo cargó con los intereses de la transacción. No deja uno de pensar que se tiene que ser muy idiota y muy simple para vivirlo. Pero ese Valjean que se entrega a la justicia injusta posee fuerzas hercúleas y voluntad de hierro, escapa definitivamente de la cárcel, escala a mano desnuda los muros de París con Cosette a cuestas, combate en las Barricadas de la República y carga con el cuerpo de Marius a través de kilómetros y kilómetros de subterráneas y rebosantes alcantarillas.       

III

Calaña de Miserables

Naturalmente no voy a contar toda la Novela o la película: Vean y lean. Miremos los personajes de Víctor Hugo, que como el mar alternan profundidad y superficie. Jean Valjean es un don Nadie, un ganapán taciturno, podador y cazador furtivo, ignorante, huraño e insociable; medio hombre y medio bestia salvaje. Cae preso al robar un pan para que coman sus sobrinos huérfanos, la ley lo manda a galeras, trata de escapar y acumula diecinueve años de condena, reducido a ser el número 24601. La desgracia tiene su claridad y Valjean condena la sociedad que le condena y la providencia que le abandona. Cuando nos cruzamos con él, está atravesado de odio, tiene seco el corazón y un vago, incesante y brutal deseo de hacer daño, sin reparar en quien, a un ser cualquiera. Por eso, es feroz hasta cuando se sacrifica, no es un manso cordero pero Bienvenu lo ha comprado y es bueno casi contra su voluntad: Yo no soy sino el más abyecto y el más abatido de los hombres (…) Yo estoy fuera de la vida, caballero. De Javert – el Otro Yo de Jean Valjean - sabemos lo que dice de sí: Nació en la cárcel, hijo de una echadora de cartas y de un presidiario. Sólo tiene apellido, como le cuadra a un hombre de una sola pieza: Puede ir indiferentemente Contra la Sociedad o Defenderla, y elige Defenderla. Es inflexible, el estrés lo mantiene tenso como cuerda de violín e implacable en la lucha contra el delito, e incluso salva a Valjean sin saberlo al desbaratar la banda de asaltantes en que andan los Thenardier. Sufrirá horriblemente al dejar de ser sencillo. Permanecer en la antigua honradez, no le bastaba ya. Cuando ve dos caminos igualmente rectos le aterra no que sean rectos sino que sean dos, que sean opuestos. Valjean salva su vida y se sorprende, pero que él perdone a Valjean le petrifica y deshonra: Entrega a tu salvador. En seguida haz que te traigan la jofaina de Poncio Pilatos, y lávate las garras. Confunde la bondad que en él apunta con debilidad y cobardía y no la soporta. Camina en la cuerda floja, al final caerá. Este es un conflicto que en nuestro país desconocemos, tan pegados somos a la letra de la ley y no a su espíritu; tan cercanos a la hipocresía inconsciente y tan lejos de la misericordia bien entendida. Ante un dilema moral como éste la cobardía nos gana y vivimos en una contradicción que no le hace ni cosquillas a nuestra piel de elefante. Prefiero a Javert: Obediente esclavo de la Ley, que con coherencia se da la muerte al no reconocer a la Justicia como Tribunal Más Alto, o quizá tratando oscuramente de acortar la ruta para llegar a él… .

Lo que en Jean Valjean es aguante y en Javert tensión, en Fantine es el dolor más agudo clavado en medio de su dignidad y sus sueños. Fantine no tiene absolutamente nada a que aferrarse más que a su Cosette, la que deja con los bandidos Thenardier por no poder hacer otra cosa. No tiene opciones ni posibilidades desde que Tholomyés, padre de Cosette, las abandonó por todo lo alto. Hugo presenta en ella la detallada crónica de la destrucción de un ser humano, y su muerte es amargada por un Javert que destruye con crueldad el porvenir de Cosette al arrestar a Valjean. Quizá las escenas más patéticas de la novela sean el encuentro entre Cosette y Jean Valjean y la confrontación de éste con el bandido Thenardier. Los Thenardier son la suma y compendio de la Miseria Humana, que Hugo la cuente: pertenecían a la clase bastarda  que (…) se halla entre la clase que llaman media y la llamada clase inferior, y suele combinar (…) algunos de los defectos de la segunda con casi todos los vicios de la primera, sin que tenga los generosos arranques del obrero ni la probidad ordenada de ciertos tipos de la clase media. (…) naturalezas mezquinas que si algún fuego sombrío las enardece (…) se hacen monstruosas. Había en la mujer el fondo de una bestia, y en el hombre las apariencias de un perdido. Y sin embargo, en el pantano nacen flores: Eponine y Gavroche Thenardier son los héroes de la Revolución: Gavroche es un gamin de París (que) tiene un hijo y el bosque un pájaro: el pájaro se llama gorrión, el hijo se llama pilluelo (….), y su padre no pensaba jamás en él, y su madre no le quería. Era uno de esos niños digno de compasión entre todos los que, teniendo padre y madre, son huérfanos. En ese mundo la calle es el mejor sitio para vivir, y la Barricada el mejor para morir: El pavimento era para él menos duro que el corazón de su madre. Eponine tiene más negro el corazón, ha sufrido y a nadie le ha importado un pepino. Como personaje gusta más que la etérea Cosette, y en un mundo más justo se ganaría el amor de Marius, al que salva la vida pidiendo a cambio le acompañe hasta el final y bese su frente cuando muera: ¿Sabe usted, Señor Marius? Yo andaba algo enamorada de usted. En boca de Enjolras, jefe de la barricada, pondrá Víctor Hugo la profesión de fe del Romanticismo Político, reflejo sin duda del discurso de la revolución de 1830: Ciudadanos, el diecinueve es un gran siglo, pero el siglo veinte será un siglo feliz. Nada será como en la vieja historia; no habrá nunca más que temer, como hoy, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones en armas, una interrupción de la civilización (…) No tendremos por qué temer la famina, la explotación, la prostitución por el desamparo, la miseria por el desempleo, el cadalso, la espada, las batallas, y todos los asaltos del azar en el bosque de los acontecimientos. Podremos incluso decir: no habrá ya acontecimientos. Seremos felices. Hermoso sueño que los que estamos de este lado, vencido el Siglo XX por el XXI, nos percatamos que este deseado “Fin de la Historia” (Fukuyama resultó ser un neoliberal copista) ni ha sido, ni es, ni probablemente sea. El Ángel de la Historia de Walter Benjamin no solamente no ha terminado su chamba, sino que se le ve bastante entusiasta…  

IV

Los Miserables hoy

Los  actores se disputan palmo a palmo los roles de Jean Valjean y de Javert, y por ello los interpretan los de talla: Jean Gabin, Fredric March, Jean Paul Belmondo (en film de Claude Lelouch ambientado en la Francia ocupada por los nazis), Liam Neeson, Gerard Depardieu y Hugh Jackman, éste último en el musical, para Jean Valjean. Javert ha sido actuado por John Malcovich, Geoffrey Rush, Anthony Hopkins, Charles Laughton y últimamente Russell Crowe. Fantine lo ha sido por Uma Thurman, Annie Girardot y en el Musical por Anne Hathaway; Claire Danes y Amanda Seyfert han dado vida a Cosette. La versión francesa en miniserie es excelente, búsquenla en YouTube, en especial si saben francés, no la he visto subtitulada al español. El musical nació en Broadway, y ha resultado en obra inspirada que ha alcanzado tremenda gravitación. El arte y la revolución parecen aterrizar en el mismo aeropuerto: La elipsis del cine es ventaja al contar una Historia larga y densa como Los Miserables. La novela está dotada de muchos personajes y digresiones de diverso carácter que hacen parte de la genialidad de la obra, y por ello en cada versión se trata que nada se escape. La penalidad es que referentes importantes queden fuera y se pierda la profundidad de la trama. Hay drama constante en la obra, en lo pequeño y lo grande, en lo individual y colectivo, y poderosas anáforas de arriba abajo, difíciles de plantear en medio distinto al lenguaje escrito. El Musical creemos que consigue expresar el sentido general de la obra, gracias tanto a los elementos de elipsis del teatro y del cine, como gracias a la potencia expresiva de la voz humana y de la música, con sus letras y el particular sentido de los Himnos, de resonancias tanto revolucionarias como místicas. Consigue así ser fiel al espíritu de la obra, por más que hagan cambios no tan menores en ella, que a esta altura ya no nos interesan tanto, pues no cometen la lesa majestad de modificar el sentido. Así, sí. Lo que subleva es ver como le enmiendan la plana al autor, lo que en este caso no ocurre. Y así lo que no es original de Hugo se merece serlo.  

La Bandera Roja y la Canción del Pueblo poseen grandes reminiscencias revolucionarias, me pregunto si por ahí algunos no estaremos tratando de recuperar la tradición revolucionaria occidental, algo se está moviendo ahí, me pregunto por qué en el Perú no se ha tratado de representar una obra cuyo éxito mundial lo justifica, el que la haga se llenará de guita. Pero me temo que no la montan porque posee una potencia revolucionaria incómoda en sociedades como la nuestra, donde aún no se han roto las cadenas ni se han ajustado seculares cuentas. Para la "Derecha Bruta y Achorada" es peligroso ver en acción a Gavroche, Enjolras y Marius; es peligroso el Himno del Pueblo. Veámoslo en acción en esta versión castellana cuyo link es:

La magnífica composición coral del musical: http://www.youtube.com/watch?v=6o5JeLsvkPs&list=PL67d4V6VTlB52m8iCBxdYReW_U_S8suZf, es un contrapunto que entrelaza las voces que representan las esperanzas y angustias de Jean Valjean, Eponine, Enjolras, Marius, Cosette, los Thenardier y Javert. Un contrapunto que expresa el sentido completo y el pináculo de la obra, que une y separa a la vez a los que van a morir para que triunfen la Justicia y la Libertad. En medio del gigantesco drama se quiebra el pecho de concreto armado de Javert, quítase su condecoración y la pone en el pecho de Gavroche muerto. Enjolras y Grantaire mueren abrazados a la bandera roja, como Santa Teresa de Ávila mueren porque no mueren. Valjean salva la vida de Marius y de Javert, se pospone a sí mismo, cumple su promesa a Monsieur Bienvenu. Marius cargará con ser feliz con Cosette en nombre de todos sus camaradas caídos. Eponine pagará con la muerte poder decir que ama. Javert cae del filo de la navaja. Al final de la obra se hace la última justicia, la justicia del lecho de muerte: Jean Valjean muere en brazos de Cosette y Marius, sus pecados le son perdonados, porque amó mucho: … todo eso ya es sombra, y nada más. Y yo me había imaginado que eso me pertenecía (…) Así distribuye Dios la gracia y la desgracia en el mundo. (…) Voy, pues, a dejaros, hijos míos. Amaos siempre mucho. No hay otra cosa en este mundo que amarse.  

V

Colofón


La supervivencia de Los Miserables en la memoria colectiva de la humanidad parece testimoniar los tiempos revolucionarios que dieron nacimiento a las repúblicas liberales, los estados americanos, los Derechos del Hombre, la democracia tal como la conocemos. Pero parece que aún oscilamos entre las barricadas y las cloacas, entre la ciudad y el campo, entre los Miserables y los Pobres. Algo se siente que cruje por ahí. El que tenga Oídos de seguro lo oirá: Si es rico, que haga llamar al médico. Si no es rico, que no le haga llamar. Si no tiene médico, morirá. El que tenga Oídos escuchará allá al fondo la misma Canción del Pueblo que últimamente ha estado sonando potente en Brasil, en Egipto, en Sudáfrica… 

Para los que quieran descargar la obra completa, está, entre otros sitios, en:  http://www.claseshistoria.com/general/pdf/miserables.pdf

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miércoles, 10 de abril de 2013

CRÓNICAS DE LECTURAS 28: SHAKESPEARE (i)


CRÓNICAS DE LECTURAS – 28
Leer y Ver a William Shakespeare (I)

I
Leer, Ver y Representar

Leer Teatro es una experiencia interesante y curiosa. Se lee teatro poco más o menos como se lee narrativa, la diferencia es que uno sabe que lo que se está leyendo está destinado a ser representado en un proscenio, por gentes de carne y hueso que dirán el texto que estás leyendo, y le darán entonación, volumen y actitud, y le harán cosas desconcertantes. Eso lo cambia todo, en especial cuando has vivido eso de pararte en un escenario, confrontarte con las luces, y saber que hay un público ahí que mira lo que haces y escucha lo que dices. Entre mis más entrañables experiencias de aprendizaje estuvo la incursión a las tablas, allá en mi remota, excesiva y extraordinariamente intensa juventud. Rodeado además de queridos amigos de toda la vida, y de la mano de competentes directores como Luis Durand Arp-Nissen y Roberto Fois Coniglio. Perdí la virginidad escénica a los catorce años de edad con una obra de las que se estilaban entonces, de “creación colectiva”. Y no la he olvidado nunca, ni podré hacerlo mientras viva, y aunque tratara, que no trato. Como cuestión de hecho, todo lo teatral era muy mal visto por la familia, y una consecuencia colateral de ello fue el aprendizaje de algunas elaboradas técnicas de clandestinidad, lo que junto al Teatro dieron forma al resto de mi vida. Y así continué hasta que la vida me alcanzó, y me resigné a dejar las tablas en la ruta, entre tantas cosas queridas que uno abandona con tristeza y nostalgia. Sin embargo, nada se aprende en vano, la experiencia y sus resultados ahí están, lo bailado no te lo quita nadie. En unos cinco clandestinos años de teatro, hice coreografías de canciones de Víctor Jara y otros, y conseguí de uno u otro modo llegar a diversos escenarios, gracias a los dichos directores y otros, en puestas de Bertold Brecht, Enrique Jardiel Poncela, Alejandro Casona, e incluso una comedia de Anton Chéjov. Y para reírnos un poco de estas juveniles veleidades, digamos que las críticas fueron buenas.

Cuando veo Teatro, en consecuencia, no veo solamente lo que ven los espectadores. De uno u otro modo sé lo que pasa ahí, lo fácil o no que es hacerlo, y por eso me molesta un poco que se vea Teatro como se ve cine o televisión. Deberíamos enseñar que una cosa es la imagen ensayada y emitida como producto final, y otra muy diferente ver gente “en vivo” interpretando. El Teatro es algo que se desarrolla en el momento que se ve, en “tiempo real”, y aunque haya un texto referencial e instrucciones del autor, lo cierto es que el Director y los actores hacen chichirimico el texto y las indicaciones, perpetrando eso que se llama “interpretación”. Y no solamente no está mal, sino que interpretar está en la misma esencia del teatro. Y en eso la pieza teatral se parece más a un Concierto de Rock, donde el público está allí, aunque las reglas sean otras. Pero nuestra sociedad no posee tradición teatral, y aunque nuestros actores mucho hacen y bien, la mayor parte de las veces nos acercamos al teatro leyéndolo. Mutatis mutandi, las preocupaciones puristas sobre la fidelidad al texto están de más cuando llevas una obra a la escena. Y como leer teatro no es lo mismo que verlo representado, hay diferencias muy notables en las dos operaciones vistas desde lo cognitivo. Yo he leído obras que he visto representadas después, como La muerte de un Viajante de Arthur Miller; o Edipo, Rey de Sófocles, y puedo decir que hay diferencia. Y el asunto puede empeorar cuando la obra teatral se lleva al cine, inclusive si es el mismo autor quien lo hace. La vieja película El zoológico de cristal de Tennessee Williams, por ejemplo, tiene de guionista al propio escritor, y es muy pero que muy floja en comparación con la obra escrita. Y vi hace un tiempo una representación combinada de las tres obras de Esquilo, Agamenón / Orestes / Las Euménides, de primera, en la que la actriz que representaba a la infortunada Casandra recitaba su parlamento en castellano con mote andino, potenciando así su cualidad de extraña y distinta de los otros personajes, matiz que no se distingue cuando lees la obra. 

II
Shakespeare

Para un actor aficionado y a la vez avezado lector, William Shakespeare es un reto y un hito. Dos momentos liminares marcan mi relación con el Cisne de Avon. El primero fue culpa y responsabilidad de Lucho de los Heros, quien en cabal cumplimiento de sus deberes de tío, y advertido de mi inmoderado y ecléctico gusto por la lectura, hace casi diez lustros trató de mejorar la calidad de éstas a través del obsequio de cuatro obras de Shakespeare, tres de ellas de la Editorial de la Universidad de San Marcos: El mercader de Venecia, Hamlet y Romeo y Julieta; y una de Plaza & Janés, de bolsillo, Macbeth. Nunca he recibido regalos de cumpleaños más trascendentales: Están frente a mí cuando escribo estas líneas y sus ajadas esquinas y amarillentas páginas testimonian los múltiples lugares y circunstancias donde me han acompañado. Me introdujeron al mundo shakesperiano, de la mano del magnífico traductor Marcelino Menéndez y Pelayo, cuyo trabajo respeta el espíritu del escritor y de la lengua en que estas obras fueron escritas, así como el espíritu del otro poderoso idioma en que las vierte. La primera lectura que emprendí fue la de El mercader de Venecia, y me conquistaron para siempre los dichos y hechos de Porcia, Shylock, Basanio, Antonio, Lanzarote, Graziano y Jéssica. La complejidad de la trama no resultó de ninguna dificultad, aún atendiendo al hecho que yo no tenía diez años cuando estos libros llegaron a mis manos, aunque reúne episodios como los de los tres cofres, el de la libra de carne y el de la apasionadamente monetizada relación de Lorenzo y Jéssica. El segundo momento liminar se lo debo a mi pareja, que conocedora de mi pasión por Shakespeare, me regaló por mi cumpleaños la representación de El mercader de Venecia del Teatro Británico de Lima. Cuando se conoce y disfruta una obra hasta la saciedad, y esta obra es teatral, y tras muchos años la puedes ver en el Teatro, que fue para lo que se hizo, el hechizo es especial, y está así marcada a fuego como recuerdo imperecedero. Y eso que había visto antes una excelente versión en cable en el nunca bien ponderado Canal Film and Arts, por el Teatro Nacional Británico, y luego vería en el cine la película de Michael Radford, con Jeremy Irons, Al Pacino y Lynn Collins. Pero no existe nada en el mundo como ver tu obra desarrollándose ahí, delante de tus ojos. Gracias, Ulla.

Luego fue Macbeth, también traducida por Menéndez y Pelayo. Drama de ambición descomedida y descontrolada, donde fair is foul and foul is fair (que traduzco como bondad es maldad y maldad es bondad) como salmodian las brujas al principio. Macbeth es la víctima de su propia pasión por el poder, verdugo de sí mismo, trastocado en su alma a pesar de sí mismo y en connivencia consigo mismo y para el mal. En cierto modo el Gollum del Señor de los Anillos de Tolkien se inspira en él. Además, conocí un personaje femenino completamente diferente de cualquier mujer que hubiera conocido, en real o en ficción: Lady Macbeth. Claro que por entonces no tenía muy clara del todo aún la petite différence entre mujeres y varones, pero aún así me parece que empecé a entender algo bastante mejor por entonces, el que ambos no son tan diferentes, después de todo. Me pregunto a estas alturas si algo así debería ser leído por un niño de diez años, y mi respuesta es afirmativa, no creo que “proteger” a los niños de la Literatura Universal sea rentable, y si se trata de introducir en las durezas de la vida a los párvulos, pues los cuentos infantiles no son precisamente más protectores. Además si vamos a enterarlos que el asesinato, la ambición, la tiranía y la muerte existen y son moneda corriente en el mundo, es mejor hacerlo de la mano de los que lo han planteado de modo insuperable. Me dejó tremenda impresión por entonces la escena aquella en que Lady Macduff apostrofa de cobarde y traidor a su marido por abandonarlos a ella y a su hijo en manos de los esbirros de Macbeth. Léanse esa parte, el diálogo entre madre e hijo. Rememoro el shock que me produjo ver al niño asesinado por los asalariados del tirano, lo que me hizo pensar como nunca a los diez años sobre lo horrorosa que puede ser la condición humana. Otra distinción personal del Macbeth es que es la única de todas las obras del Bardo que me he atrevido a emprender en su inglés original, cuya dificultad para los anglolectores de hoy es análoga a la que presenta El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha para los castellanolectores de la actualidad. Y más aún para mí, pues mi inglés no es de locutor de BBC, y para esas lecturas no te preparan. Aunque la dificultad es grande, me pasa como con El Poema del Cid en su castellano bárbaro y original, que así como le encuentro el gusto de saber qué dijo el desconocido poeta, así me pasa con lo que quiso decir William, y que se pierde en el inglés moderno y en la traducción castellana. Y el esfuerzo vale la pena.

Un link para bajarse a Macbeth:
http://escuelahistoria.fcs.ucr.ac.cr/contenidos/biblioteca/esociales/Shakespeare_Macbeth.pdf

III
Double, double, toil and trouble

La fascinación que la obra de William Shakespeare me despierta solamente puede compararse con la que me produce El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, aunque la verdad Shakespeare me resulta más interesante que Cervantes, cuya obra es bastante más irregular, pues al lado de las Novelas Ejemplares y El Ingenioso Hidalgo … hay bodrios realmente imposibles de trasegar ni con la mejor buena voluntad, como Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, que tengo en versión digital, y tanto mejor así, porque no pienso gastarme un céntimo en adquirirlo, discúlpenme los filólogos y demás fans de Cervantes. William Shakespeare presentará altos y bajos en su obra, pero no es por ninguna parte aburrido o intragable, incluso cuando se le da por poner en boca de sus personajes parlamentos larguísimos. Un buen autor teatral equilibra circunstancias y tramas con los personajes que fabrica, de modo que la cosa sea verosímil, pero a la vez suficientemente imaginativa como para interesar y conmover. Eso se llama oficio, y lo tienen hasta los autores menores, si se han esforzado y hecho su tarea a conciencia. Pero si además del oficio consiguen reflejar en su proceso creativo los temas universales del corazón humano, de manera que nosotros – actores, espectadores, lectores - nos metamos en ello y quedemos metidos e inmersos ahí, que se nos arrebate y se nos haga uno con lo que pasa en la obra, ahí creo que podemos decir que estamos ante la genialidad. Al principio la sensación es inefable, porque el autor ya dijo lo que dijo, te dejó sin palabras, y sabes que no hay manera de decirlo mejor. Y lo sé porque ahora puedo decir con mis palabras aquello que en mi temprana edad apenas podía intuir en la oscuridad. Shakespeare no es cualquier escritor, y según parece es así que se forma el gusto estético, cuando se te expone a obras de calidad indiscutible. Y una vez más debo rendir homenaje a Don Marcelino Menéndez y Pelayo, pues, y esto hay que decirlo, ciertas traducciones pueden ser consideradas mejores que otras, según el auditorio. 

Ilustraré este tema de las traducciones y su mayor o menor comprensión y presentación del espíritu de la obra para diversos públicos con el ejemplo del aterrador aquelarre de las Brujas en Macbeth, en el Cuarto Acto, Escena Primera, donde éstas trabajan la caldera hirviente del hechizo cuya tremenda fuerza llevará a Macbeth a su perdición. Mientras las brujas preparan el caldero en el que arrojan inmundicias para dar forma a su hechizo, salmodian el siguiente par de versos, cuyo original (Macbeth, New Penguin) dice así: Double, double, toil and trouble / Fire burn, and cauldron bubble. Estos versos tienen carácter de hechizo mágico, cuya repetición salmodiada por las Brujas es de extrema importancia para la correcta elaboración de la horrible pócima en la que entran las peores características de plantas, animales y hombres: raíz de cicuta, piel de víbora, lana del murciélago amigo de lo oscuro, dardo del escorpión, colmillos de lobo, brazo de un sacrílego, dedo de un niño arrojado al pozo por su infanticida madre… . Y todos estos ingredientes y más, unen sus diabólicas fuerzas mientras las brujas recitan lo que en castellano se ha traducido como No descansemos hasta que espese la mezcla y hierva como en el infierno (Obras Completas, Ediciones Castell, Traducción de Ramiro Pinilla); o como ¡No cese, no cese el trabajo, aunque pese! / ¡Que hierva el caldero y la mezcla se espese! (Obras Completas, Editorial Aguilar, Traducción de Luis Astrana Marín), o como Aumente el trabajo: crezca la labor; hierva la caldera. (Marcelino Menéndez y Pelayo para el Macbeth de Plaza & Janés). Nótese que Astrana y Menéndez conservan el ritmo del verso, en tanto que a Pinilla se le escapa. Los tres tratan de encontrar las mejores palabras para trasladar la sensación del aquelarre, y mientras que Pinilla alude en prosa al infierno en curiosa hipérbole del fuego, Astrana conserva los dos versos con rima consonante, mientras que Menéndez usa en cambio tres períodos rítmicos. Al lector dejo el juzgar cuál le puede parecer mejor y por qué. Yo veo dos grandes respuestas y una regular.

IV
Mares y Océanos Shakespearianos

Tras El mercader de Venecia y Macbeth, ataqué a Hamlet y a Romeo y Julieta. Y, la verdad, no las entendí cabalmente entonces, era demasiado temprano aún para mí. Tras la orgía de acción física y mental que se leía entre líneas en las primeras obras que leí, las dudas del príncipe de Dinamarca y las vicisitudes de los amantes de Verona no se me hacían tan bacanes, porque al fin y al cabo, cuando eres niño la acción te gana por sobre las profundidades psicológicas, que recién se está aprendiendo a captar y apreciar. Pero fue a partir de entonces que empecé mi navegación por mares y océanos shakespearianos, maravillándome con las diferentes obras a las que iba accediendo, y asimismo, conforme pasaron los años, la vida me aclaró los libros y particularmente los personajes de Shakespeare. Porque lo que a mí me conquista de Shakespeare son sus personajes, empezando por supuesto, por aquellos que conocí primero: Macbeth, Banquo, Lady Macbeth, Shylock, Basanio, Antonio y Porcia, en Macbeth y en el Mercader de Venecia. Pero hay más, y para mí ese es el sello shakespeariano por excelencia, el haber traído a la vida a muchísimos personajes, tanto que hasta los secundarios tienen existencia propia, ni más ni menos que en nuestra vida cotidiana. Y es de ahí que salieron mis paradigmas, que de un modo u otro son lo que aquellos que los entienden nos devuelven una vez que los procesaron: En nuestra vida nos asumimos, somos o vemos y escuchamos a Hamlet y sus dudas sobre aquello que nos es sustancial. O somos Romeo encontrando a nuestra Julieta en una fiesta de máscaras. O Benedicto y Beatriz en Mucho Ruido y Pocas Nueces, opuestos enemigos enredados en cortesanos  amores de conveniencia. O el vital, ingenioso y bebedor Falstaff. O el joven Rey Hal en Enrique V, que tiene que evolucionar a la prepo de joven calavera a maduro y maquiavélico estadista tratando a la vez de seguir siendo él mismo. O simplemente nos lleva el diablo, como al Calibán de La Tempestad.  

Si la vida es una tragicomedia, llena de sonido y de furia, y que nada significa, es porque estamos metidos en ella hasta el cuello, y vivos de ahí no saldremos. No hay más modo de vivir que viviendo, aunque mi pequeño cuerpo está ya bien harto de este inmenso mundo. William Shakespeare está entre aquellos que, como Cervantes, Homero o Tolstoi, entienden cómo es eso de vivir y estar vivo, que puede presentar una perspectiva del ser humano que lo considere tanto en lo que le es propio y permanente como en lo que cambia y evoluciona. Se es uno mismo también cuando se cambia, como el Quijote que a la hora de su muerte quiere ser otra vez Alonso Quijano el Bueno. Y se vive siempre, como dice Benedetti, dentro de las esclusas de la vida, y eso se ve claro cuando estás obligado al cambio aunque no lo quieras, como Pierre Besukhoff en La Guerra y la Paz, cuando las circunstancias exteriores se nos vienen encima al margen de nuestra voluntad. Pienso que el gran mérito de un escritor - visto desde la perspectiva de un enamorado de los libros -, es el poder presentarnos reflejos de uno mismo, es decir, mostrarnos como en un espejo nuestra propia humanidad en nuestras propias circunstancias. William Shakespeare nos muestra todo el tiempo en su obra esos espejos de humanidad, curiosamente quintaesenciados y a la vez particularizados en circunstancias concretas. Si como en La Vida es Sueño de Pedro Calderón de la Barca, resulta que somos más parecidos a lo que soñamos ser que a lo que somos, sin podernos diferenciar, es tal vez porque estamos hechos del tejido de nuestros sueños. Pienso en tantas gentes que he conocido en mis andanzas por la vida, y también cómo me he comportado yo mismo en innúmeras ocasiones en las más diversas circunstancias, y me encuentro allá y aquí, a derecha e izquierda, adentro y afuera, arriba y abajo; que soy a veces el Yago de Otelo, el Mercucio de Romeo y Julieta, la Cordelia de El Rey Lear, el Falconbridge de El Rey Juan; el Marco Antonio de Julio César; que quisiera conocer y enamorarme de la incomparable Rosalinda, a la que jamás encontraré de nuevo; y honestamente ya no sé si es Shakespeare quien ha retratado este mundo o es este mundo el que se esfuerza por auto-retratarse lo más parecido posible a imagen y semejanza de William Shakespeare.
Y si aún lo dudas, mira esto: http://www.youtube.com/watch?v=999mLuLm32E
  
V
Colofón

Y así, dado que nada de lo humano nos es ajeno, podemos abordar a Shakespeare sabiendo que además de entretenernos a ultranza, lo haremos en nuestra propia salsa. Y claro, para encontrarle todo eso al hombre, hay que leerlo, así que lee lo que quieras de Shakespeare, como quieras y donde quieras, y créeme que no te arrepentirás. Pero puede que te convenga primero verlo representado. Tú escoges.

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