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sábado, 31 de agosto de 2013

EXPLICAR LA EXPLICACIÓN: UN VIDEO TED

EXPLICAR LA EXPLICACIÓN: UN VIDEO TED

El libro de la naturaleza está escrito en matemático 
(Galileo)


Tratar de explicar las cosas es un viejo anhelo humano. Se nos escapa como pensaban los antiguos y a veces es casi imposible saber qué pensaban nuestros padres o qué piensan nuestros hijos. Algo ayuda el conocer los procesos científicos porque en ese caso podemos encontrar algo en común con otras gentes, o por lo menos podemos comparar estos parámetros con la expresión permanente de los pensamientos a través de la lectura, y tener como captar algo de la manera de pensar de ciertas gentes de la eras pre-científica, como Kepler o Raimundo Lulio.

Como lo interesante no está aquí, sino en el Video, se los presento a continuación, vale la pena verlo completo a pesar de su extensión, así que aquí se los mando:

David Deutsch: A new way to explain explanation | Video on TED.com

Y que les aproveche como si fuera leche.

Peru Blogs

jueves, 8 de marzo de 2012

CONTRA EL PENSAMIENTO DÉBIL o Debates Postmodernistas


“ … la primacía de las interpretaciones sobre los hechos, la superación del mito de la objetividad, no tuvo los resultados de emancipación que imaginaban filósofos posmodernos ilustres como Richard Rorty o vos mismo. (…) decir que “la llamada verdad es una cuestión de poder” tampoco me dice nada en esa dirección, como mucho, me sugiere no abrir más un libro. Hace falta un doble movimiento. El primero, justamente, es el desenmascaramiento, “el rey está desnudo”; y es verdad que el rey está desnudo, de lo contrario son palabras al viento. ” (Maurizio Ferraris a Gianni Vattimo)

 “Decís muy poco acerca de dónde buscar las normas del actuar cuando el modelo de la verdad es siempre el dato objetivo. No tenés ninguna duda sobre “quién lo dice”, siempre la idea de que mágicamente los hechos se presentarán por sí mismos. La cuestión de la auctoritas que sanciona la veritas deberías tomarla más en serio.” (Gianni Vattimo a Maurizio Ferraris)
(La traducción la ha realizado una respetable dama de nacionalidad argentina … ¿se nota?)


Así como nos preocupa el postmodernismo ingenuo, y en especial las formas que adopta en la discusión intelectual en nuestras latitudes, nos interesa el postmodernismo fuerte y de a verdad. Me mandan este enlace, y lo reboto para que mis lectores puedan captar la idea del asunto: El postmodernista por antonomasia, Gianni Vattimo, discute con el neorrealista por antonomasia, Maurizio Ferraris. El choque de las ideas arroja chispas y hace sonar truenos en la discusión de las ideas, y eso siempre es santo y bueno. El nivel de la discusión es alto, pero al referirse a lo que nos pasa, está muy aterrizado, y parte de discutir la existencia o no de la Verdad, la pertinencia de usar la Razón, y sus implicancias en la política y la realidad. Aquí el enlace:  
  

Encuentro hasta cuatro ideas-fuerza en el devenir de esta discusión, y me permito contarlas y comentarlas a la manera del narrador deportivo de un encuentro boxístico. Y así, el Campeón de Todos los Pesos Gianni Vattimo, con pantaloncillo blanco (o del color que te parezca), enfrenta al Retador Maurizio Ferraris, con pantaloncillo cuyo color creemos se acerca al rojo:

Asalto de Estudio: Crisis del postmodernismo

Ferraris critica la profecía de Vattimo, Rorty y otros ilustres filósofos postmodernos: La postmodernidad no nos hizo libres, no nos liberó del aherrojamiento criminal de la racionalidad ni desapareció los hechos desnudos. No solamente nadie se liberalizó, sino que más bien se instrumentó un movimiento en la dirección precisamente contraria. Uno de sus resultados fue la consolidación de los poderes fácticos a través del llamado populismo mediático, del reino del reality, desde donde se pretende hacerle creer a la gente todo aquello que les conviene. Como no hay verdad, como los hechos no se producen sino se construyen, y como todo depende del color del cristal con que se mira; los oligopolios informativos que expresan a los grandes poderes estructuran su dominio, por el solo hecho de poder gritar más fuerte y más lejos. Y así, como es fácilmente constatable entre nosotros, se da carta blanca ideológica y justificación ética a la manipulación de masas. Lo gracioso es que la mayoría de los que defienden la postmodernidad relativista terminan tarde o temprano por justificar este dominio y control, o terminan por caer presos de sus propias inconsistencias. Otros se cansan, dejan el debate y se dedican a la Dolce Vita. Mientras tanto los poderes siguen mandando en el desierto conceptual de un sentido común postmoderno, ingenuo y relativista. Y las gentes, bien gracias.

Segundo Asalto: Intercambio de golpes
   
Tras el jab al plexo de Ferraris, Vattimo responde con su uno-dos. La postmodernidad es válida, los problemas sobre la relatividad y la razón permanecen, es solamente que la liberalización que le es propia encuentra naturales resistencias por parte de los grupos de poder. Es importante señalarlo, Vattimo no niega que haya grupos de poder, como por acá algunos acostumbran, sino que los coloca en una posición diferente. “…estamos a merced de poderes que no quieren que la transformación sea posible”. Es decir, hay una transformación “democrática” en esa dirección, sin embargo Ferraris la niega pues si la verdad es una cuestión de poder, entonces la razón del más fuerte siempre es la mejor. Vattimo retrocede al constatar el fracaso de las esperanzas post-modernas, pero contraataca al no considerar al neorrealismo como una salida, pues el problema del Quién lo Dice es permanente. Este es un argumento contundente de Vattimo, y Ferraris trastabilla un tanto.

Tercer Asalto: Alrededor de la verificación

Ferraris sostiene la primacía de los hechos, y golpea con ellos, pero su ataque es débil. Vattimo se planta en la reiteración de la relatividad de la verdad, pero bajando su guardia al aceptar que para fenómenos como la lluvia, la verificación por constatación de los sentidos debe ser posible, pero la vuelve a subir cuando se refiere a fenómenos referidos al deber-ser. Este es un punto flaco de Ferraris, que se mete en terreno pantanoso al señalar las afirmaciones del deber-ser en el mismo nivel que las del ser. Así que asimila el golpe al precio de aceptar el hecho. Pero a la vez le extrae su conclusión obvia, y así vuelve al ataque: Si la Verdad es cuestión del poder, eso lo único que sugiere es no volver a abrir un libro. Y se mete dentro de la guardia de Vattimo: Hay dos fases en la cuestión, una es el hecho, el otro es su reflejo en la emancipación a través de la crítica y el saber.
  
Cuarto Asalto: Autoridad y Verdad

El demoledor asalto de Ferraris es contenido por Vattimo sacando al fresco el problema de la autoridad que sanciona toda verdad. La Razón es instrumental, y los poderosos de todas las épocas nos engañaron con ella, aunque a veces les sirvió a los débiles para rebelarse, sin embargo con el resultado de instaurar un nuevo orden de la Razón tan malo o peor que el que le antecedió. Si existe la Verdad, o es cosa de Autoridad o lo es de Negociación. Al final, como en el anterior Asalto, cosa del poder. Y así se termina por sugerir la primacía de la voluntad como posible única respuesta. Y es en esta ligera bajada de guardia que Ferraris elabora una defensa refiriéndose a lo concreto: guerras y crisis económicas con sus consecuencias. Se refugia así en la esquina azul de la Utopía de la Esperanza en que la Humanidad no necesite más de las autoridades, con el ejemplo de los filósofos.

Colofón

Pareciera un empate, aunque debo decir que como juez de encuentros boxísticos carezco de experiencia, y que mis simpatías van por el lado de Ferraris. Pero los argumentos de Vattimo no son nada deleznables, lo que augura que esta discusión seguramente continuará.
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jueves, 16 de febrero de 2012

INNOVACIÓN Y GENERACIÓN NINI: UN VIDEO TED

INNOVACIÓN Y 
GENERACIÓN NINI 

Uno de los problemas de la innovación en Educación es análogo al que Descartes detectaba para el Sentido Común: Que todos creen estar tan bien provistos de él que nadie siente que realmente le falte. No se dice así de dientes para afuera, sin embargo, pero en el fondo se cree que la Innovación siempre la tiene uno, nunca el resto. Parte del palo encebado que nos caracteriza, por supuesto, que se distingue cuando empezamos a pontificar y tratar de adaptar la realidad a nuestra subjetiva medida, en vez de tratar nosotros de adaptarnos a la objetiva realidad más amplia que nos rodea y nos supera.

Esto se distingue con enorme claridad cuando tratamos los problemas educativos en nuestro país, cosa que creemos exclusiva de educadores y especialistas - y muchas veces de los que por tener espacio periodístico creen saberlo todo-, que sabemos lo que al resto le conviene y aspiramos a ser Autoridades. La Autoridad es uno de los grandes enemigos de la Innovación en el planeamiento y trato de los problemas educativos. Los que padecen los problemas no son escuchados, porque "sabemos lo que les conviene". Hablamos de ellos, y sobre ellos, pero no con ellos, y si les consultamos es casi siempre un saludo a la bandera que hacemos con desgano, porque ya que le preguntamos a otros, hay que incluirlos a ellos. Llámesele estudiante o alumno, el común denominador es que el niño, niña, adolescente, joven es un paciente, no un agente.

Creo que a pocos en nuestro país se les ocurre que uno de los principales problemas educativos a los que hay que aplicar la capacidad de la Innovación es el aburrimiento de los alumnos. Pero parece obvio que hay que combatir su desgano y desmotivación. Así parece que se le ocurrió a Geofrey Mulgan allá en las Británicas Islas. Veamos el video y saquemos nuestras conclusiones.

Geoff Mulgan: A short intro to the Studio School | Video on TED.com

Un aspecto de la Innovación en este aspecto es ver qué requieren aquellos que proporcionan empleo a los alumnos egresados. La parte de los conocimientos tiene sentido en cuanto a ciertas habilidades cognitivas que los alumnos tienen que lograr (leer y comprender lo que se lee, escribir con sentido, etc.), pero lo que los empresarios y emprendedores parecen requerir más de los egresados del sistema es que posean ciertas habilidades no cognitivas, de carácter ético-moral-político, que a veces llamamos actitudes. Creo que están tratando de enfrentar desde su perspectiva el serio problema de la Generación NINI (Que NI estudia NI trabaja) con los estudiantes, no para ellos.

La principal pregunta que yo y muchísimos otros profesores hemos oído durante años de los alumnos más perspicaces - y que por cierto hemos sido incapaces de responder convincentemente - es para qué diablos sirve todo lo que enseñamos. Parece que proporcionar un contexto como el que las Escuelas-Estudio presentan orienta a los alumnos, y responde implícita y explícitamente a esa pregunta.

Además, la propuesta de Mulgan y las Escuelas-Estudio presenta lecciones interesantes: La Inclusión es absoluta, no tratan de seccionar por "méritos", como hacen los Colegios Mayores de nuestro país - pálido reflejo nacional de estas Escuelas-Estudio -, donde evaluar es tan fácilmente convertido en un proceso arbitrario. Que el 80 % de la currícula se ejecute en base a proyectos se parece bastante a lo que queremos hacer en los CETPROS, pero ellos no parecen tener empacho alguno en hacerlo en el equivalente de nuestra Secundaria. Tratan de reproducir la jornada laboral y las operaciones propias de los oficios y ocupaciones realmente existentes, y ello en coordinación con los emprendedores y empresarios de las localidades donde se ubican. Y en esto se parecen a lo que estamos haciendo en nuestro país con PROJOVEN.

Con el egregio Maestro Jirafales, Norte y Guía de la Educación en América Latina, me pregunto por qué razón, motivo o circunstancia nosotros tenemos descuartizado en Colegios Mayores, CETPROS y PROJOVEN lo que ellos juntan en las Escuelas-Estudio. Parece más directo, más económico y más práctico unirlo que tenerlo separado. Y además tiene una virtud mayor aún: Funciona. Tengo la sensación que esta experiencia podría hacernos repensar cómo enfrentamos la Educación para el Trabajo en función de esa generación NINI aún tan invisible.

No parece tan difícil aprender de esta experiencia. Algunos pasos se están dando en esa dirección en nuestro país. Aprender sin complejos de las experiencias exitosas, y a la vez sin calco ni copia, debería ser una de nuestras consignas. Y punto por el momento.

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martes, 7 de junio de 2011

EL PRESIDENTE ELECTO



Primera ley de Dror:
“While the difficulties and dangers of problems tend to increase at a geometric rate, the knowledge and manpower qualified to deal with these problems tend to increase linearly.”
(“Mientras las dificultades y peligros tienden a crecer geométricamente, el conocimiento y capacidad humana calificados para tratar con estos problemas tienden a crecer aritméticamente”)

Segunda ley de Dror:
“While human capacities to shape the environment, society, and human beings are rapidly increasing, policymaking capabilities to use those capacities remain the same.”
(“Mientras las habilidades para dar forma al ambiente, la sociedad y los seres humanos están en rápido aumento, las habilidades de construcción de políticas continúan estacionarias”)


Debo decir que estoy contento, pues ganó las elecciones quien quería que las ganara. Ganó por varias y muchísimas razones que unos con alegría y otros lamiéndose la autoestima dañada intentan dilucidar con mayor o menor solvencia. Nuestro propósito hoy es escaparnos un tanto de la coyuntura y tratar de ver a la persona que hoy es el Presidente Electo del Perú en su relación personal con este importante encargo que la ciudadanía le ha entregado. Mirar hacia adelante tiene importancia, aunque todavía se cierna algún que otro nubarrón, procedente de impaciencias y angustias de gentes que lucen sus ganas de estar histéricas y sus deseos de seguirlo estando. Pero eso es precisamente coyuntura, y en parte se dirige a medir, y de ser posible responsabilizar, controlar o atolondrar al Presidente Electo, lo que a todas luces resulta irónico, pues no se ha esperado ni siquiera a los resultados oficiales de ONPE para empezar a ajocharlo.

Es cierto que el Presidente Electo tiene que medirse con la ciudadanía que lo eligió, pero también la ciudadanía tiene que medirse con la persona que ha elegido para el cargo. Esta confrontación es parte del juego democrático, aunque a veces mucho no pensamos en ello, en parte porque creemos saberlo todo a partir de nuestros prejuicios e ideas preconcebidas. Las campañas electorales nos muestran una parte de las personas, pero de hecho solamente una parte, y muchas veces ni siquiera la más importante. Las personas somos más complejas que el estereotipo en que nos quieren encasillar, y según parece los vencidos aspiran aún a gobernar, olvidando que tienen sus propias responsabilidades en torno a temas como la Guerra Sucia Mediática y las evidentes zancadillas de campaña, que aún tienen que explicar. No podemos dejar que la Histeria nos gobierne.

Hombre Público versus Persona Privada

Hoy que la persona Ollanta Humala es Presidente Electo y está en el centro de todos los focos, me viene a las mientes un dicho del pueblo estadounidense que, mal recordado, dice más o menos así: “Ese señor será el presidente, pero caramba, cuando se levanta por las mañanas, pone primero una pierna en una pernera del pantalón, y luego la otra, igual que yo”. Esto nos permite introducir algunas ideas sobre la relación entre la persona que se es, y el cargo que se tiene. La persona que es Presidente Electo no es demasiado diferente de nosotros, y comparte nuestra común condición humana, excepto por el pequeñísimo hecho que ha sido elevado por sus conciudadanos al rango de Primer Ciudadano de la Nación. Vale decir el Gobernante y Hombre Público por excelencia.

Ser el Primer Hombre Público de un país tan complicado y complejo como el Perú estoy seguro debe ser cuando menos aterrador, ni bien se piensa un poco. Significa tener que constituirse como el ejemplo vivo de las virtudes ciudadanas y republicanas, algo que muy pocos mandatarios llegan a entender verdaderamente, y menos a vivir. Nuestra tradición política de Sapa Incas y Virreyes pone a los líderes políticos por las nubes, y algunos, como es sabido, se marean y pierden la perspectiva. Esto le ha pasado a hombres de gran calidad moral, inclusive. El “mal de altura” suele producir una pérdida de la respiración, un cierto malestar, y luego una sensación irreprimible de estar fuera de foco, que sentimos debe resolverse cuanto antes. En las alturas seguir siendo el mismo ser humano que se era ya no es posible. La mayoría de las personas viven estos cambios de diversos modos, lo que es naturalmente el caso de nuestro Presidente Electo, pero para ello se requiere cierto tiempo de adaptación a la altura, como bien sabe todo aquél que se ha mudado por algún tiempo a nuestros Andes.

El Presidente de la República, por razón de su cargo, representa a la Nación entera. Se convierte en un ícono, en el centro representativo de todas las responsabilidades. Debe mostrar sus habilidades y cualidades, y ocultar sus defectos. Debe utilizar sus ventajas comparativas y disimular sus falencias. Todo el tiempo lo creerán intencionado y alerta, y el problema es que tendrá resfríos, como todo el mundo, y sufrirá días buenos y días malos. Nadine, por más Primera Dama que sea, puede que se despierte ciertas mañanas de mal humor, o los chicos traer malas notas, o las cuentas no cuadrar. Y tendrá que resolver estos temas de uno u otro modo, muchas veces antes de sentarse en el escritorio de los Deberes del Estado. La fuerza de lo cotidiano le puede permitir, sin embargo, no perder la perspectiva. Me imagino que el Primer Hombre Público puede despojarse de arreos, galas y miradas cuestionadoras en la intimidad de su hogar, que se constituye como un bunker de protección de las partes del propio ser que se desea mantener alejadas del trajín público. Pero esta protección será limitada. El Primer Hombre Público pierde una parte sustancial de su entorno físico y social. A partir del lunes, cada vez que la persona Ollanta Humala asome la nariz a la calle, será mirado, escrutado, analizado, comparado y explicado desde su condición de Hombre Público, no desde su condición humana. Imagino que Ollanta Humala, como cualquier marido responsable que se precie, de vez en cuando sacaba a la basura a la calle, y apuesto mi cabeza que los vecinos le dedicaban una de esas miradas compasivas e indiferentes propias de tan banal acontecimiento. Pero el Presidente Electo de la República del Perú ya no podrá sacar la basura sin que aparezcan veinte hueleguisos listos para sacarle la bolsa de las manos, ni sin que se le espulgue alguna clase de intención política oculta, ni sin que la basura sea cuidadosamente escrutada por periodistas o servicios de inteligencia, en busca de claves sobre su acción política, o con fines más inconfesables. También pierde a parte de sus parientes, vecinos y amistades. Es sabido que cuando los amigos son personas de cierta decencia personal, tienden más bien a tomar distancia del Hombre Público, y esperan a que la persona se manifieste. Conseguir mantener las amistades para el Hombre Público implica entonces hacer malabares, porque es obvio que aquellos que se le acerquen lo harán principalmente por interés. Y ni hablemos de la parentela, que es un tema mucho más serio.

Cuéntase por ahí, y no sabemos si será cierto, que cuando el Presidente Lula alcanzó la primera magistratura del Brasil, reunió a sus familiares en un almuerzo o cena bastante bien pertrechado. Cuando estaban en lo mejor, Lula tomó la palabra y dijo, muy suelto de huesos, algo como esto: “Disfruten esta comida, porque será la primera y la última que verán”. Otros Hombres Públicos tienden, por el contrario, a olvidar la separación entre sus familiares y su cargo, con efectos de nepotismo. Es un hecho que saltar de ser un ciudadano destacado a ser el Primer Ciudadano de la Nación tiene que cobrarse algo, por lo menos debe determinar cierta ocultación o desplazamiento de los sentimientos humanos que, indudablemente todos tenemos. Debe ser un tema muy complejo. Ser el Presidente significa que, si bien te pones el pantalón por las mañanas del mismo modo que el resto, el resto ya no te ve como un simple hijo de vecino, sino como una especie de ser superior dotado de poderes extraordinarios.

Buenas Compañías

El Hombre Público, pues, queda aislado del resto en proporciones variables según su condición y personalidad. Queda detrás de un cerco levantado por el cargo que deberá llevar, cuál cruz, por cinco años. Y si algo necesita la persona que está aprisionada socialmente, es compañía. El Presidente Electo cuenta, menos mal, con una familia bien constituida, con hijos pequeños y obvias preocupaciones domésticas. Esto tiene un valor inmenso, considerando que nuestros mandatarios, con pocas excepciones, no han sido muy santos en esto de sostener la Moral Pública. La familia del Presidente Electo, a más de anclarlo en las pequeñas realidades cotidianas, le proporciona un esquema desde el cual relacionarse con sus amistades, y un ejemplo a brindar a toda la nación.

Por más brillante que se sea intelectualmente nadie sabe todo, ni por más poder que se tenga nadie puede hacer todo. Pero nuestra tradición política espera del Primer Hombre Público que cuente con una sarta de atributos que ni Dios. Pero eso es lo que los Otros, los de acá abajo, deseamos y esperamos que pase. Una condición que se espera del Gobernante es que esté despierto y alerta cuando el resto de nosotros no lo esté. Los pueblos duermen tranquilos cuando eligen un buen guardián que esté al tanto de absolutamente todo. Pienso que hemos acertado al elegir a alguien que tiene entre sus rasgos definitorios el de ser un “guerrero vigilante”, que eso significa el nombre Ollanta. La esencia de la seguridad está en la convicción de que el que está a cargo se ocupa que las cosas marchen.

¿Hasta dónde puede ser esto posible? En nuestro país tan problemático, la calidad de las personas de las que el Gobernante se rodee es esencial. El Presidente de la República necesita personas leales, y si son capaces mejor todavía. Es crucial entonces que acierte en la valoración de los subalternos que elegirá para asumir cargos en la estructura jerárquica del Estado, en especial considerando que estos subalternos a su vez deberán elegir sus propios subalternos, y de ahí para abajo. Valorar correctamente le es necesario al Gobernante para otorgar su confianza, para saber positivamente que en tal o cual sector las cosas se harán tal como se planteó programáticamente, y además, de acuerdo a los compromisos que ha asumido, los públicos y los otros, y que en buena medida han determinado su elección.

Porque la habilidad del Hombre Público no está más en lo que sabe o deja de saber, o en lo que hace o deja de hacer. El Hombre Público que apueste a ser Dios se equivoca de medio a medio, cuando debiera apostar a ser una Súper Computadora. Lo decisivo para él es la habilidad en el procesamiento de la multitud de información que recibirá desde todas direcciones, mucha de ella contradictoria. Este procesamiento implica en lo objetivo separar lo esencial de lo secundario, tanto como valorar las posiciones existentes en lo subjetivo. Lo que el Hombre Público necesita sobre todas las cosas son filtros conceptuales que le permitan tomar decisiones, pues la información le debe llegar procesada y lista. No le sirve para nada, a estas alturas, la larga poesía de los diagnósticos y las declaraciones líricas y de principios. En cualquier caso el tiempo de ellos ya pasó. Ahora el Gobernante necesita, fuera de la lealtad, colaboradores capaces de procesar grandes cantidades de información, correctamente y a alta velocidad. Y tendrá que cortar con algunos de sus antiguos compinches, y traer a otros que ni siquiera se imaginaron estar en el bolo.

Malas Compañías

Una consecuencia de las Leyes de Dror mencionadas arriba, y que aplicamos a este tema, lleva al Gobernante al riesgo del bloqueo informativo. Al principio el Gobernante trata de captarlo todo, pero es obvio que el factor tiempo no le dejará hacerlo, y deberá tomar decisiones rápidas en la esperanza que sean acertadas. Esto, sumado a su aislamiento personal, le llevaría a confiar cada vez más en cada vez menos personas, en la medida que la eficiencia de los filtros le demuestren que puede confiar en ellos. El Presidente no tiene tiempo que perder esperando que la gente se explique las cosas para explicárselas a él. Los colaboradores del Gobernante tienen que saber las cosas ya, con toda claridad. Por eso el Gobernante necesita confiar, pero no podrá confiar incondicionalmente jamás. Y no podrá ni siquiera confiar totalmente en sí mismo.

Al respecto me viene a las mientes un recuerdo del mejor jefe que he tenido, del que yo era primer subalterno, y además, sin falsas modestias, el más capaz y confiable. Algunas veces que tratábamos problemas cruciales que requerían una decisión, su actitud y lenguaje corporal me mostraban que de alguna manera “no estaba”, que “se iba” de la conversación. Por suerte éramos amigos y por eso le pregunté qué le pasaba en esos momentos. Él me respondió algo así como esto: “Es parte de mi estilo de ejercer autoridad. Cuando me traes problemas urgentes y complejos, me esfuerzo en salir de mí mismo. Me pongo en tu lugar y en el de otras personas. Pienso qué decidirías tú y otros en mi lugar. Trato de que mis defectos no me cierren la posibilidad de tomar una buena decisión.” En las posiciones de responsabilidad, tener la suficiente confianza en sí mismo para suspender el propio juicio y mirar otras posibilidades resulta fundamental en la Toma de Decisiones.

Los colaboradores eficaces son, pues, necesarios. Pero los colaboradores necesitan también una firmeza de propósito, una inspiración y una dirección adecuadas a las características del Primer Ciudadano, no solo del Presidente. Ollanta Humala ha estado marcando algunos de estos rasgos desde el mismo nombre: Gobierno de Concertación Nacional, que denota su deseo de concertar y negociar, y no limitarse el abanico de posibilidades. Desde lo administrativo parece apostar a tener grandes coordinadores para los temas cruciales de Inclusión, Lucha contra la Corrupción y otros temas, así como especialistas adecuados que le permitan hasta donde se pueda dejar la macroeconomía en piloto automático. Ha manifestado su deseo de ir a todas las partes del Perú que pueda, en una suerte de reedición de la Visita General de Francisco de Toledo, buscando los problemas y tratando de mantener una visión micro, personalizada, no burocrática. Es evidente su deseo de establecer un aparato de colaboradores, técnicos, y funcionarios que combinen las características de innovación, eficiencia y capacidad necesarias para los logros a los que se ha comprometido.

Los Límites de la Autoridad

Los peruanos y latinoamericanos creemos de alguna manera que el Gobernante es Dios. Pero, a diferencia de Dios, el Primer Ciudadano tiene límites surgidos tanto de su condición humana, como del común límite temporal al que estamos sometidos. Encima, a la visión del Gobernante Absoluto que tenemos enquistada en nuestras mentes, nuestras constituciones y leyes le oponen límites a su autoridad, que no siempre entendemos.

El orden jurídico de nuestra República Democrática se basa en la separación de poderes, y determina que el Presidente de la República tenga que convivir con una suerte de gentes que ejercen autoridad aparte de él, y sobre las que no tiene mando directo o, si lo tiene, lo tiene en ciertos aspectos y en otros no. Los Presidentes de los Poderes Judicial y Legislativo están en su nivel jerárquico, y poseen autonomía. Los Jefes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, si bien le deben obediencia como Jefe Supremo, no tienen por qué consultarle acerca de muchísimas cosas que están en sus institucionales atribuciones. Los Presidentes Regionales, los Alcaldes, y un largo etcétera poseen autoridad en cuestiones precisas en las que el Gobernante no puede intervenir directamente. Si ciertas Instituciones están bien dirigidas o configuran clústers cerrados, como la SUNAT, pueden marchar solas, tal como debe ser. Adaptarse a estos hechos requerirá del Gobernante tiempo y esfuerzo consciente.

Además están los poderes fácticos, que en la actual coyuntura tratan de medir los límites de la autoridad del Presidente Electo, a veces de modo bastante descortés y hasta irrespetuoso. Los poderes económicos están representados por Presidentes de Directorio, dirigentes de gremios y personas individuales sin cargos pero con enorme influencia en los asuntos financieros y productivos del país. Los representantes del Trabajo y de la frondosa Sociedad Civil en cierto modo están también en esta situación. El Presidente de la República podrá ser Presidente, pero aunque puede formalmente, por ejemplo, emplear sus atribuciones para lograr colocar un representante del estado en el Directorio de una empresa privada, más le valdrá no hacerlo a no ser en último extremo, so pena de perder la confianza que, con dificultad y muy retrecheramente, eventualmente le otorguen.

El Presidente de la República, además, tiene pares, es decir los Mandatarios de otros países, con los que tiene obligadamente que establecer relaciones y resolver diversos conflictos. Los pares de los países vecinos revisten especial trascendencia, en una negociación constante de fuerzas. Y la relación con Estados Unidos requiere de muchos cuidados.

Todo esto quiere decir que si en teoría el Presidente es el Mandatario Supremo de la Nación y dirige los asuntos de Estado, en la práctica encontrará diariamente diversos personajes y autoridades, cada cual en su parcela grande o pequeña, todos celosos de sus derechos, prerrogativas, autoridad y autonomía. Y deberá aprender qué hacer en cada caso. Y para eso necesitará tiempo y esfuerzo consciente.

Colofón

La habilidad primordial del Hombre Público /Gobernante está, sobre todo considerando las actuales circunstancias, en dos cosas fundamentales: Saberse rodear de personas confiables, leales y capaces en sus respectivas áreas; y negociar con eficiencia, manteniendo las propias prioridades con toda claridad, entendiendo desde ellas las posiciones de cada interlocutor y calibrándolas constantemente en función de los intereses supremos de la Nación. Es una menuda tareíta. No todo se puede resolver aplicando energía, aunque deberá utilizarla en los momentos oportunos. Ni todo puede resolverse negociando, aunque deberá hacerlo todo el tiempo. Y cuando haga una cosa u otra, de acuerdo al equilibrio general que debe guardar en todo momento, siempre habrá algunos que le gritarán que lo hizo mal. Entiendo, sin embargo que las características personales del Presidente Electo auguran buenos vientos para la nave del Estado y para el país en su conjunto. Le deseamos suerte y bonanza.

lunes, 18 de abril de 2011

FALACIAS POLÍTICAS - Dos

Continuando con nuestro pequeño estudio, pasaremos a mirar otros tipos de Falacias Políticas. Ahora nos concentraremos en las falacias que suelen usarse no sólo para lanzar ataques personales contra un adversario, como en el caso de las falacias ad-hóminem que ya vimos, sino también como forma de defensa.

2) Falacias de distracción

El mecanismo de este segundo tipo de falacias es simple: se alega algo que no tiene relación directa con el tema que se discute, para distraer la atención, no tocar los temas importantes, y llevar la discusión a otro campo.

a. Primera variante: “Consecuencias adversas”

Este tipo de falacia es muy simple: se trata de crear miedo o mejor aún, jugar con el pánico, presentando las consecuencias adversas que se podrían presentar, para con ello lograr convencer. Tales consecuencias adversas nunca son demostradas, simplemente se les menciona para asustar, para jugar con los temores ocultos.

Ejemplos:


  • Cuando una opción política es vista como peligrosa para el statu quo de los grupos dominantes. Se le llama a veces satanización, pero ella se dirige más bien hacia las personas. En las presentes elecciones presidenciales se emplea contra un candidato - adivinen ustedes quien - señalándose “lo que podría ser su gobierno”.
  • Cuando el Ministerio de Economía decide acelerar una reforma fiscal que aporte fondos para cubrir los gastos corrientes del Estado … el gobierno amenaza con el desastre si no hay reforma fiscal. No se exploran otras opciones, simplemente se amenaza con el caos, con que no habrá con qué pagar a policías, maestros, médicos, enfermeras, etc.
  • Un buen ejemplo es lo ocurrido con el Impuesto a las Transferencias Financieras. Los grupos de poder financieros aseguraron en su momento que causará el retraimiento de la actividad económica, la corrida de capitales y un “pánico” financiero ... no se analiza ni se discute, simplemente se asusta. El quid de la cuestión estaba en que ese Impuesto permitía controlar las operaciones financieras de las grandes empresas y ver si eran cierto lo que ellos decían en sus estados financieros.


b. Segunda variante: “Victimización”

Aquí se trata de despertar compasión, respeto, misericordia, etc. Cualquier emoción, siempre se considera mejores que el razonamiento, pues una emoción no necesita demostrarse y sirve para impresionar a los demás. Es la inversa exacta de la falacia ad-hóminem: se trata de involucrar a la persona que emite el argumento. Es uno de las falacias favoritas de los políticos tradicionales para manipular a la opinión pública.

Ejemplos:


  • Durante el gobierno de Alejandro Toledo, Eliane Karp fue acusada de aprovechar de su puesto público para pagar planillas de más a sus amigos. Ella alega que sus acusadores son “machistas” y que la atacan “por ser mujer”… pero no habla de los gastos en planillas.
  • Otra de las defensas de Eliane era: “son unos pituquitos de Miraflores que están contra mí porque defiendo a los indígenas y afroperuanos”… pero sigue sin explicar el asunto de las planillas.
  • Cuando el Presidente de Aerocontinente fue apresado como sospechoso de estar involucrado en narcotráfico, lavado de dinero y corrupción, se defendió diciendo que era “un preso político” y un “chivo expiatorio”… pero nada dijo de las pruebas en su contra.
  • Cuando se le preguntó a Kouri - sí, ese del videíto - de dónde salió el dinero que Montesinos le entregó, alegó que “es dinero para comprar un camioncito que servirá para entregar alimentos a los pobres”… pero no explicó el origen del dinero.

c. Tercera variante: “Populismo”

La falacia consiste en desechar un argumento simplemente porque no le gustaría a la mayoría. O decidir algo, no con razones, sino atendiendo a la popularidad.

Ejemplos:


  • Imaginemos que en el tema de Transgénicos se diga - y se dirá, no se preocupen - que los cultivos transgénicos permitirán una mayor producción de alimentos para las grandes mayorías ... pero el problema no es ese sino la conservación de los ecosistemas.
  • Otra variante es subirse al carro emocional en el que se ubica la mayoría de la gente, "exigiendo" la pena de muerte para los violadores de niños ... aunque está claro que no se puede hacer, pero resulta eficaz para distraer a la opinión pública y hacer creer que algo se hace.
  • Hacer "encuestas" en la calle y presentarlas como si fueran la opinión popular. Esto solamente puede ser real cuando la población está bien informada, y sabe de lo que se trata. Decía el teórico Ikram Antaki: no me digas qué opinas, dime qué sabes… por lo tanto, pedir la opinión de gente no informada es un mero truco para sostener una opinión y hacerla pasar por verdadera. El periodismo recurre a esto constantemente a fin de crear un “paisaje de fondo” a favor de una corriente que se desee defender, o atacar a otra. Las encuestas de calle y ciertas encuestas publicadas en medios escritos también cumplen con estas características.

d. Cuarta variante: “Señalar a otras personas”.

El objetivo es hablar de otras personas y demostrar que ellas hacen lo mismo que nosotros, y sin embargo no son señaladas. Hay una expresión nacional al respecto: Todos tenemos rabo de paja. Y en términos bíblicos: Fijarse en la paja en el ojo ajeno, y no en la viga del propio.

Ejemplos:

  • Un ejemplo antiguo y muy burdo, pero efectivo, fue la culpabilización del incendio de Roma hecha por Nerón a los cristianos, que tuvo el efecto de distraer la atención y evitar el levantamiento de los ciudadanos romanos contra el emperador.
  • El Presidente de turno por lo general emplea esta falacia, culpabilizando al anterior gobierno de no hacer lo mismo que él no hace. Toledo lo dijo de Fujimori, Alan de Toledo, y patatín. … pero siguen sin hablar de los problemas que ellos tienen.

e. Quinta variante: “Ocultar información”.

El método es defender una postura, pero sin mencionar todos los elementos, “olvidando” información comprometedora que invalida la postura.

Ejemplos:


  • • Hace unos años, el ex-Presidente de la Región Lima, Jorge Mufarech señaló que sufrió abuso por parte de una policía, pero no mencionó nunca que su vehículo estaba mal estacionado. Ello, que contradice su declaración, es cómodamente olvidado y no mencionado.
  • Los Tratados de Libre Comercio con diversos países son publicitados únicamente en función de sus ventajas, olvidando cómodamente sus desventajas en Salud, Medicamentos, Biodiversidad y Agricultura. No es que se discutan esos temas, es que simplemente no se publicitan.

f. Sexta variante: “Dogma o argumento de fe”.

El argumento favorito de los papás que no saben lo suficiente para responder las preguntas de los niños, o que no quieren hacerlo: “eres muy pequeño para entender” / “cuando crezcas entenderás” / “no lo entenderías”. En el fondo, siempre se trata de lo mismo: considerar al interlocutor como una persona incapaz de razonar. Es propio de ciertas jerarquías no demasiado inteligentes de las diversas Iglesias o Partidos Políticos.

Ejemplos:


  • Alan García decía que es inocente porque el Poder Judicial no lo había condenado … pero el Poder Judicial no lo condenó porque sus delitos - reales o supuestos - prescribieron, así que en realidad no ha sido declarado inocente.
  • Los sucesivos ministros de Economía han recurrido constantemente a las cifras para decir que la economía está así o asá .... pero luego “sinceran las cifras”.
  • Diversos Ministros de Salud dijeron en su momento que la píldora del día siguiente es abortiva ... porque la Iglesia Católica así lo dice.

g. Séptima variante: “Argumento de autoridad”

La idea es argumentar algo desde una posición de experto o autoridad, o de colocarse a la sombra de una. El experto puede serlo o no. Incluso puede que tenga autoridad en otro campo. Lo que se olvida es que el prestigio en un campo no se pasa automáticamente a otro. Y que los expertos son humanos y pueden equivocarse.

Ejemplos:


  • • El laureado escritor y Premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa opina sobre política y democracia y se pronuncia a favor de la Invasión de Irak por Estados unidos y la Gran Bretaña … un escritor de novelas - calificado de “laureado”, para que se note que es intelectual - habla con gran ligereza de política internacional.
  • Se dice que la homosexualidad es malvada y un pecado contra natura porque así lo señala la Iglesia Católica - y otras Iglesias también, hay que decirlo -, a pesar de la evidencia científica en contrario. La única base es lo que dice la Iglesia.
  • Cuando los pueblos amazónicos se levantaron contra las concesiones de tierras que habían poblado desde tiempos inmemoriales, se les negó el derecho aduciendo que eran ignorantes y que estaban contra el interés nacional. Tras las muertes de Bagua, el gobierno señaló que se había equivocado en su estrategia de comunicación, partiendo del supuesto que la autoridad siempre tiene la razón.

h. Octava variante: “Argumento cronológico” o “respeto a la tradición”.

Se alega que algo es muy antiguo y que eso lo hace verdadero automáticamente. Lo cual es falso, desde luego.

Ejemplos:


  • • Cuando se planteó el tema de la Ley 20530, o “cédula viva”, la clase política tradicional y ciertos estamentos se rasgaron las vestiduras señalando que era un tema constitucional (combinado con la variante de argumento de autoridad).
  • El gobierno de Estados Unidos ha admitido públicamente que tuvo indicios, antes de los atentados de septiembre del 2001, de que algo se traían los terroristas de Al-Qaeda. Tomaron muchas precauciones en sus embajadas y consulados en el extranjero, pero hicieron muy poco en suelo estadounidense. ¿Por qué? Porque cayeron en la falacia de “Argumento cronológico”. Razonaron que si nunca antes habían sido atacados en su propio territorio, no lo serían esta vez … pero, como todos sabemos, se equivocaron.

i. Novena variante: “Somos especiales”.

Se presenta a una comunidad (incluso a un país) como “muy especial”, de tal modo que ninguna experiencia previa es válida para ese grupo, a veces ni la ley es aplicable. Es pariente cercano de la falacia tipo “Argumento de fe”.

Ejemplos:

  • Cuando las encuestas preelectorales no los favorecen, los políticos tradicionales argumentan, con ligeras variantes: “En el Perú no son válidas las encuestas preelectorales, porque somos muy especiales y no le decimos la verdad a un entrevistador”… pero nunca explican por qué sí son válidas en otros países, o por qué sí fueron válidas cuando pronosticaron triunfos de ellos. Se entiende que hablamos de encuestas bien hechas.
  • Los habitantes de un pueblo joven atrapan a un presunto ladrón y lo golpean hasta matarlo. El comisario de la policía declara sencillamente: “Con las costumbres del pueblo, más vale no meterse”… pero no dice nada del asesinato, evadiendo su responsabilidad con la idea de que somos tan especiales, que ciertos usos y costumbres del pueblo están por encima de la ley.
  • Desde luego, esto está generalizado en nuestro país con el asunto de los impuestos y tasas en general, por ejemplo el “medio pasaje” para los estudiantes universitarios. Traducción: “Somos una casta aparte”. Esto por cierto funciona también en el caso de la autonomía universitaria, los choferes de combi, los militares, los congresistas, etc.

j. Décima variante: "Critican, pero no aportan soluciones"

Este argumento sería válido si el que cuestiona algo tuviera la obligación de aportar soluciones. Pero no siempre es así, y en ese caso estamos frente a otra falacia de distracción.

Ejemplos:

  • Diversos grupos protestaron pidiendo que no se usen impuestos para pagar el rescate bancario del Banco Latino (O el que sea). Los funcionarios de economía y finanzas los acusan de "criticar, pero no aportar ideas de cómo resolver la crisis bancaria"... pero los “protestantes” no tienen por qué ser expertos en economía y política para sugerir soluciones… para eso están precisamente los funcionarios públicos. Si no pueden, entonces los botamos, revocamos, o cambiamos. El tema es que algunos incautos pisan el palito, usan su tiempo en estudios para encontrar soluciones, y estos sesudos y probablemente útiles estudios terminan usándose para acomodar la pata de la silla rota en alguna dependencia del estado.
  • Es un argumento muy usado en el Perú para efectos de descalificación. Una forma común es “reducir” el problema a una o dos proposiciones con las que se tiene que estar de acuerdo.

Por supuesto, los "buenos" políticos y los expertos en el arte del engaño a las masas, emplean más de una falacia para entrampar el asunto y no llegar a ninguna parte, así que las falacias resultan más efectivas cuando vienen de a pares o tríos. Es fácil encontrar más de una falacia en muchas afirmaciones.

No confundamos la falacia con la mentira. Si bien emplear falacias puede ser indicio de mentira, y seguramente lo es en muchos casos, a veces lo único que muestra es que quien las dice necesita urgentemente volver a la escuela.

Si nos tomáramos esto como una tarea, podríamos coleccionar algunas afirmaciones de este tipo de entre nuestra clase política. Les propongo este ejercicio, y hasta la próxima. Hay más falacias en cartera.



jueves, 24 de marzo de 2011

ELECCIONES Y GOBERNANTES EN LA HISTORIA DEL PERU (Parte 2)

ELECCIONES Y GOBERNANTES EN LA HISTORIA DEL PERU (Parte 2)


En esta segunda parte de ELECCIONES Y GOBERNANTES EN LA HISTORIA DEL PERÚ, empezaré por recuperar un par de ideas fuerza que mencioné en la primera. Decíamos que las sociedades tienen características que, fijadas en tradiciones, determinan mucho de su quehacer político, entre lo que destaca la visión que tienen de la manera y el estilo de dirigir que tienen sus gobernantes, que expresa lo que de algún modo esperamos de ellos. Aquellos gobernantes cuyo recuerdo ha quedado fijado, y que identificamos como importantes, se convierten históricamente en paradigmas del “deber ser”, del Buen Gobierno. Dichos paradigmas nos pueden ayudar a entender qué esperamos de los gobernantes potenciales, especialmente de cara a las elecciones que en unas semanitas tenemos que afrontar.

Nuestra democracia actual arrastra sus tradiciones, la mayoría anteriores a ella. El Presidente de la República es el sucesor legal de todos los que mandaron en este territorio, y eso lo convierte en continuador por lo menos de tres de los grandes personajes de nuestra Historia: El Sapa Inca Pachacútec, el Virrey Francisco de Toledo y el Presidente Ramón Castilla y Marquesado. Ello en la medida que el estado republicano de hoy es sucesor del Virreinato y del Tahuantinsuyo, que a su vez es resumen y compendio de los 10,000 años anteriores a él. A ellos estamos dedicando este Tríptico, y ya pasamos por el Sapa inca Pachacútec, centrándonos en algunos de sus rasgos que de alguna manera hoy en día nosotros, la indiada, esperamos nuestro gobernante posea.

Esta segunda parte se la dedico al Excelentísimo Señor Virrey del Perú, Don Francisco Álvarez de Toledo. Cualquier semejanza de nombre con el apellido de cualquier candidato es pura, purísima, extraordinariamente impóluta e inocente, y además involuntaria, coincidencia. Qué culpa tengo yo que se apelliden igual.

Francisco Álvarez de Toledo, Virrey del Perú


El Perú, tras la Conquista del Tahuantinsuyo y el esfuerzo de sojuzgar y controlar a la población originaria, seguía siendo tierra levantisca. El Rey, en la remota España, lo sabía. Había que poner orden en estas tierras, y sostenerlo. Se había intentado ya al convertir al Perú en Virreinato, es decir un Reino más bajo la directa autoridad del Rey de España, y que resultó ser el más extenso, pues que abarcada toda América del Sur menos las posesiones brasileñas. Y los Incas ni se habían rendido ni estaban derrotados, y resistían desde Vilcabamba, amenazando, como espada de Damocles suspendida sobre las cabezas, la estabilidad de la perla más preciosa de la Corona española. Los españoles, fieles a sus antiguas tradiciones anárquicas, también andaban soliviantados. Algunos españoles en el Perú mantenían encomiendas para darse la gran vida como señores feudales con los tesoros del Virreinato, y se sentían más dueños del Perú que el Rey mismo, lo que seguro no le gustaba ni poco ni mucho. Las Nuevas Leyes de 1542 en lugar de aplicarse como Dios manda, servían básicamente para aguantar la pata rota de la mesa donde comían pan los Virreyes del Perú, de los que el primero – Blasco Núñez Vela – por excesivo entusiasmo en hacer cumplir la Ley, había perdido la cabeza a manos de los Conquistadores, ahora Encomenderos, del Perú, que tras haber derrotado al Tahuantinsuyo no se sentían demasiado impresionados por una Corona real, menos todavía por un gorro virreinal. Y para remate, el tesoro español demandaba recursos para mantener su prestigio y poder en Europa. Había en estos reinos una crisis de autoridad y una crisis de lealtades. ¿A quién enviará al Perú el Rey Felipe II, en cuyo Reino jamás se pone el Sol?

Francisco Álvarez de Toledo, tras larga y hazañosa vida, estaba más o menos en lo que hoy llamaríamos “situación de retiro”. Cuando el Consejo de Indias, reunido para examinar los problemas de las colonias españolas en América, decide proponerlo para Virrey, el Rey lo nombra como su representante directo en tanto que “persona real” en el Perú – que nada menos que eso era ser un Vice-Rey – en 1568, hace ya más de 400 años. Con el nombramiento de Virrey venían también adjuntos los de Gobernador y Capitán General, vale decir, el control de los asuntos civiles y militares, nada menos. Don Pancho de Toledo no conocía las Indias, y ya era un veterano cincuentón, que pesaban como muy cercanos a la vejez en aquellas épocas, en que tal edad no tenía el mismo significado que hoy. Es así que llega a Cartagena de Indias en 1569 con sus credenciales de Virrey en la faltriquera.

Nótese que la Autoridad de Francisco de Toledo le viene por delegación del Rey mismo. La fuente de la Autoridad es importante, dado que su prestigio se suma al prestigio personal del nombrado. Hay en esto cierto parecido con lo que ocurre en la actualidad con las democracias republicanas. En las Monarquías del Siglo XVI el Soberano – el depositario de la Soberanía - por supuesto, era el Rey, y nadie más. Si al Soberano del Perú, el Rey Felipe II Austria, se le hubiera ocurrido sentar sus reales por estas tierras, pues ni modo, de cajón hubiera sido el Big Boss. De hecho algo semejante ocurrió a principios del Siglo XIX con nuestro vecino el Brasil, gracias a ciertas travesuras napoleónicas. Hoy en día el Soberano sigue ahí, pero por supuesto ya no es el Rey de España, sino el Pueblo peruano. Pero ni el Rey ni el Pueblo están en todas, y los Virreyes lo eran precisamente por dos cualidades consideradas esenciales en aquestas monárquicas épocas, la lealtad y la capacidad. La capacidad era esencial, pero ningún Rey hubiera nombrado para Vice-rey a alguien cuya lealtad en el cumplimiento de las instrucciones no estuviera absolutamente fuera de toda duda. Más aún considerando que pasar el charquito del Océano Atlántico, más el cruce el istmo de Panamá, más embarcarse en este Pacífico Océano, hacia la costa más remota del mundo que era la nuestra precisamente, implicaba un aislamiento geográfico tan grande que la lealtad al Rey resultaba desde todo punto imperativa. Más en épocas en que una carta podía tomarse seis meses en llegar del Perú a España, y eso cuando era rápido. Ellos en todo caso preferían el error leal que el acierto desleal. Y desde el punto de vista político tenían toda la razón, qué duda cabe. Quizá ello explique por qué los funcionarios de gobierno parecen a veces tan tontos. Ser leal al Rey significaba poseer la virtud o valor de la lealtad, y ello significaba in illo témpore que se era español a toda prueba y católico a ultranza. Lo que implicó que Don Francisco Álvarez de Toledo gobernaría con tres ideas fijas en la cabeza: Servir a Dios, al Rey y a España. Y que quede claro que él no vino a gobernar a favor del Perú sino de España. No pertenecía por la sangre a la familia imperial incaica, no tenía ningún contacto telúrico con los Andes, y menos aún había sido electo por nadie, sino por el Rey, que Dios guarde, con la ayuda de los Consejeros de Indias.

Notamos muy presente este valor, al que se le da entonces y hoy una enorme importancia: La Lealtad. Podemos criticarle al Virrey Francisco Álvarez de Toledo todos, absolutamente todos sus actos de gobierno, pero indudablemente ni tirios ni troyanos, ni entusiastas ni opositores podemos criticarle en absoluto su insoslayable lealtad al Soberano, que fue absoluta y completa, hasta en sus errores. ¿Y qué significa eso de la lealtad? Ateniéndonos a algunas definiciones que encontramos por ahí, digamos que la lealtad es muy parecida a la Fidelidad, aunque no exactamente igual, y consistiría en “hacer aquello con lo que uno se ha comprometido”. Alto el fuego. Observemos primero que “ser leal” es asumir un compromiso determinado frente a un tercero; y en segundo lugar que se trata de ser consistente con ese compromiso y hacer todo lo necesario para cumplir el compromiso. Esto es tan importante para asegurar el Buen Gobierno, que hacemos jurar a los Presidentes, por lo que tenemos por más sagrado, el cumplimiento fiel de la Constitución y las Leyes. Y si lo cumple, se supone que la Patria se lo premiará, y si no, que se lo demandará. Y se entiende que el compromiso debe ser total, porque los intereses generales no se compelen con los particulares, y al que representa el interés general no le cabe anteponer intereses particulares ni propios ni ajenos. Hacerlo constituye una deslealtad política de alto vuelo. El soberano, frente al cual se ha asumido el compromiso, tiene el derecho de demandar el cumplimiento y castigar el incumplimiento.

La comparación con nuestros gobernantes republicanos es posible en este punto. ¿Cuáles de nuestros gobernantes republicanos resultaron más leales a su Soberano, es decir, al pueblo peruano que los colocó en el puesto? Hay que ver los dos elementos, el compromiso asumido y las acciones realizadas en función de éste. Se puede asumir de palabra el compromiso, de hecho todos los mandatarios lo hacen … ¿pero cumplirlo? Parece harina de otro costalillo. Porque los candidatos se comprometen a hacer y no hacer cosas, y cuando ya han gobernado, y tenemos la experiencia, se puede recurrir a ella para averiguar si efectivamente el Presidente cumplió con lo que prometió cuando era candidato. Y esto podemos observarlo, por ejemplo, en la persona de nuestro muy querido y jamás bien ponderado Señor Presidente de la República, cuya lealtad a su Soberano, el pueblo sufrido del Perú, es cuando menos cuestionable, dado que, según recordamos, en esto de la lealtad no lo es demasiado, pues fue electo con ciertas promesas cuyo cumplimiento aún estamos esperando. Pero tenemos fe que en los meses que le quedan de repente le da por cumplir alguna.

En el Siglo XIX tenemos dos casos tristes de lealtad presidencial. Derrotado nuestro país en la Guerra del Pacífico, el General Cáceres y sus heroicas huestes combatían con desesperación básicamente para no cederle territorio a Chile. Militarmente vencidos, peleamos en los aciagos años de 1881 a 1883 para minimizar el daño lo más posible. Haríamos lo que fuese para gestionar la paz, menos ceder territorio. Y por eso la lealtad del llamado “Presidente de la Magdalena”, Francisco García Calderón es un paradigma. Porque lo peor es que era un presidente de cartón, de esos que resultan elegidos para cargar el muerto, sin Poder efectivo, excepto el que viene de su investidura. No tenía plata ni tropa, y lo único que nos recordaba que era Presidente era esa bonita faja bicolor con la que se adornaba. Casi daba risa. Y los chilenos que ocupaban Lima por supuesto que rieron de buena gana, porque ya la veían hecha. Pero el caso es que el compromiso que García Calderón había recibido de la representación nacional era clarísimo: Paz, pero sin ceder ni un milímetro cuadrado de territorio. Y cuando los chilenos le pusieron el Tratado correspondiente ante los ojos – Tratado que estaba listo desde 1879 – se les congeló la sonrisa, porque, leal como era este valeroso hombrecito sin ningún poder, simplemente les dijo aquello que saca de sus casillas a esa gente que disfruta de poder efectivo y que cree que tiene la sartén por el mango: NO, NO y, en caso que haya dudas, NO. Y cumplió con ese compromiso hasta el extremo de soportar vejaciones e insultos, incluso la deportación de la patria a tierras enemigas. Un paradigma digno de seguir en horas aciagas.

Por cierto, el valor de la Lealtad parece distinguirse mejor en tiempos de Guerra. La discusión contemporánea sobre si era mejor ceder terreno y acabar esa maldita guerra de una buena vez se hizo amarga y compleja con la deportación a Chile de García Calderón. La potencia de ocupación esquilmaba sin misericordia al Perú, y la juventud peruana moría con denuedo en los campos de batalla. No soy de los que está de acuerdo con lo que hizo Miguel Iglesias al reconocer la derrota y ceder territorio, pero lo cierto es que demostró entereza al aceptar una posición que en automático lo haría odiado por todos. Iglesias prometió terminar la guerra, y cumplió con lo prometido, preso de inmensa amargura, podemos imaginarlo, desde que él mismo había combatido contra los chilenos en el Morro Solar, donde vio morir a su propio hijo, y en San Pablo. Cuando entendió que el Perú no podía soportar más la guerra (en lo que podemos y debemos discrepar), el Presidente Miguel Iglesias cargó sobre sus hombros la responsabilidad de firmar la rendición y hacer la paz con Chile. Podemos estar en desacuerdo, pero que se compró el pleito, se lo compró. Y la entereza moral necesaria para hacer lo que se debe hacer tiene en Miguel Iglesias un trágico exponente.

En el Siglo XX, tan pletórico de deslealtades y promesas incumplidas, la figura del Presidente del Gobierno de Transición, Valentín Paniagua, también posee este brillo de la Lealtad. Por mandato constitucional y exigencia popular, el Presidente Paniagua debía tomar una serie de medidas que permitieran al Perú recuperar la vía institucional y democrática tras casi un decenio de dictadura de Fujimori y Montesinos. Y lo hizo dentro de los plazos establecidos, convocó a elecciones, y cumplió con toda lealtad su deber para con el Soberano que ahí lo había puesto, es decir el pueblo del Perú. ¿Por dónde andará su monumento?

Volvamos al siglo XVI con el Virrey Don Pancho Álvarez de Toledo. Si tomamos en cuenta lo importantes y discutidos que fueron sus más de 11 años como gobernante del Perú, el carácter de Don Pancho deviene como muy importante, y explica en buena medida lo acertado de su nombramiento. Don Pancho, a los 53 años de edad, ya era hombre completo y experimentado en las lides militares y políticas de su época. Administrador no lo era tan bueno, curiosamente, o cuando menos nada nos hace pensar que tuviera una gran experiencia previa. Pero está claro que poseía valores personales propios, que se decantaban en una conducta que se puede calificar de moralmente intachable. Sobrio hasta el extremo, era bastante inmune a la corrupción, por aquello de que quien nada necesita, nada apetece. De contextura sólida e imponente físicamente, su carácter serio y su firmeza le permitían, y seguramente muchas veces lo hizo, imponerse sobre los que le rodeaban, y establecer un fuerte liderazgo, que ejerció con audacia. Pagado de su propia persona, era impulsivo por momentos, e impaciente frente a lo que no andaba bien o no funcionaba, con seguridad debe haber dado muchos puñetazos contra la mesa para hacerse obedecer por los españoles de la época, tan aficionados al revolutis; y seguramente debe haber tenido medio aterrorizados a sus subalternos. Como era altivo, seguramente pensaba que nadie haría mejor que él las cosas, y debe haberle costado delegar la Autoridad del Rey. De ideas firmes y concretas, vino con la idea de reformar lo que debía reformar y mantener lo que había que mantener. No era fácil meterse con el Virrey Toledo, y más difícil todavía tenerlo bajo control, coacción o relativizar su autoridad, incluso influir en él debe haber sido casi imposible, y eso que los peruanos tenemos harta experiencia en eso de manejar al Príncipe. Este hombre haría lo que creyera correcto al servicio de Dios, el Rey y la Patria española, y punto.

Quizá sea difícil hallar en nuestra historia republicana a un gobernante que, en términos de carácter fuerte y firmeza de propósito, le sea comparable. Nuestros presidentes han sido demasiado dubitativos, demasiado temerosos de pisar callos, y esto demasiadas veces. Tal vez podamos encontrar en el siglo XIX la figura de Don Andrés Avelino Cáceres, empecinado en la Resistencia contra los chilenos invasores hasta el extremo de nunca admitir la derrota, y que jamás se rindió, con lo que dio muestras de un carácter parecido en ciertos aspectos al del Virrey Toledo. Es indudable que el carácter de una persona influye grandemente en su forma de administrar el estado. Si es sobrio, de carácter reformista, firme en sus ideas y planteamientos, serio y capaz de ejercer liderazgo, podemos decir que es una persona idónea para ejercer el mando, que requiere tener autoridad. En el siglo XX tenemos realmente pocos ejemplos de carácter fuerte. Esto parece ser más propio de los gobiernos fuertes, donde la Autoridad del gobernante muchas veces se expresará en términos del carácter que posee. Los gobernantes de Facto no pueden basar su Autoridad en fuentes externas a ellos mismos, tienen necesariamente que ser muy caudillos. Es posible que el Presidente de Facto Juan Velasco Alvarado haya contado, según se cuenta de sus acciones y contando con su talante reformista, con estas características personales cercanas a las del Virrey Toledo.

Retornando al Siglo XVI, lo cierto es que Francisco Álvarez de Toledo, ni bien llegó a Lima, lo primero que hizo fue establecer su Autoridad. Podría haberse comportado como otros Virreyes, en el sentido de que cuando estás en un cargo así, contemporizas con la realidad para no chocar demasiado con Chocano – que debe ser personaje de mucho poder - y hacer lo que tienes que hacer de la mejor manera que veas, aunque eso implique que pases por alto ciertas cosas. Cualquier persona que ha ejercido alguna autoridad, de cualquier tipo, sabe que esa autoridad nunca se desenvuelve en el vacío, sino en medio de inquinas, recelos, antipatías, conflictos, conveniencias, luchas por el poder y el control. Pero Pancho Toledo metió carácter y puso orden donde no lo había, de manera que pudiera dejar la capital, que era lo que quería hacer, y las cosas siguieran funcionando. Así se metió con lo más difícil por delante, de arranque y sin meter embrague: Reorganiza la hacienda y las escalas de salarios, restablece el servicio militar, nombra corregidores, pone orden en la Iglesia y la Audiencia. Se toma un año entero para poner orden en casa, porque aspira a más, y por eso o pisa ahora los callos difíciles y complicados, o no lo hará nunca. Y no deja títere con cabeza, y se mete con los temas de la plata, de las armas y de los nombramientos, es decir, los recursos económicos, militares y políticos, con lo que se asegura el control de las fuentes del poder.

Con esto sólo bastaría para decir que el Virrey Pancho de Toledo hizo un Buen Gobierno. Pero eso fue solamente el principio. Uno no hace cosas por hacerlas, sino para algo. El Virrey tenía un programa qué cumplir. Y como la única manera de hacer las cosas bien es verlas con los propios ojos, inició una famosa Visita General al Perú que duró 5 años, de 1570 a 1575, y dejó huellas tan duraderas como los corregimientos, las reducciones y las mitas. No insinúo que estas medidas hayan sido positivas para nosotros o para el Perú visto como la “persona nacional” de Basadre, solamente dejo sentado que Pancho Álvarez de Toledo, con lealtad probada a su Rey y a su Patria, y con eficiencia y firmeza de carácter hizo lo que debía hacer, y lo hizo bien. Y dejó por ello una huella histórica imborrable. Podemos admirar al hombre sin tener que denigrarlo por hacer eficientemente lo que desde su posición debía de todos modos hacer. Quizá podamos deplorar que no haya sido más tonto, débil o ineficiente, como la mayoría de los que han detentado autoridad en nuestra Patria. Quizá hubiera sido mejor para la vida de los peruanos de entonces el que no hubiera hecho bien las cosas. O tal vez podemos deplorar que de todos los ineficientes españoles de la época justo nos haya tocado éste. Pero que fue eficiente y eficaz, por suerte o por desgracia, lo fue.

No por nada le llamaron el Solón peruano. Solón, como mis lectores saben o ignoran, es el paradigma universal del legislador reformista y creativo, el que a partir de la realidad que encuentra, la modifica para mejorarla, para desactivar los conflictos y permitir el desenvolvimiento de una vida más o menos normal, tras resolver las contradicciones que encuentra. El Virrey Francisco Álvarez de Toledo resultó ser un reformista creativo y realista, que encontró al Perú como la mona, y cuadró las cosas para hacerlas manejables. En la ruta cometió errores, que su empleador Felipe II no le perdonó, lo que consideramos fue muy injusto. Porque, efectivamente, tuvo características de un Solón. Quizá debamos pedirle a Dios que nos libre de tipos eficientes que gobiernan bien, pero para el extranjero …

Ahora hagámosla igual que la que hicimos en la Parte 1. Pensemos en los principales candidatos. ¿Quiénes de ellos podrían parecerse en algo al Virrey Francisco Álvarez de Toledo?

Instrucciones: Califica de 1 a 5 a cada candidato en los temas de LEALTAD - FIRMEZA Y DECISIÓN POLÍTICA - CARÁCTER REFORMISTA. No te hagas trampa. Intenta ser objetivo. Luego suma sus puntajes. El puntaje máximo es 15 y el mínimo 0. Ello te dará una idea de qué puedes esperar de ellos.

Candidatos por orden alfabético
CARÁCTER

Luis Castañeda
Keiko Fujimori
Ollanta Humala
Pedro Pablo Kuczynski
Alejandro Toledo

Y ojo, QUE DESPUÉS VIENE: El Presidente Ramón Castilla y Marquesado.



martes, 16 de febrero de 2010

LA AUTORIDAD MORAL Y EL IMPULSO AL ASESINATO: APROXIMACIONES

Escuchamos en los Medios de Comunicación el habitual desconcierto frente al tema del asesinato de una madre por su hija y su pareja sentimental (digamos), en un despliegue de hipocresía que casi nos sorprendería, si no estuviéramos habituados al castigo. No exenta de gracia es la reacción moralista que plantean como respuesta los autorreferentes mediáticos y automodelos e imágenes que la sociedad se presenta a sí misma. Por ahí hemos escuchado incluso a un periodista “sorprendiéndose” no de que los asesinos hayan mentido, sino de que le hayan mentido a los medios. También hemos oído las autorizadas opiniones sobre ética, formación de jóvenes y pena de muerte del Congresista tránsfuga Carlos Torres Caro, invitado junto con un panel de respetables sicólogos, a “explicar” el tema, nada menos que en RPP. ¿Pérdida total de la lógica, imposición mediática digitada desde el poder, simple ejercicio de la negrura del Humor político nacional, interesada ingenuidad?

En nuestro país tantas cosas andan, como solía decir mi santa abuela, como la mona; y sin embargo pasa que manifestamos sorpresa hipócrita cuando emergen las puntas de los icebergs, lo que desde mi modesto punto de vista resulta simplemente un elaborado ejercicio para tapar el sol con un dedo, y no el más grueso precisamente. Tras el despliegue sensacionalista, algunos especialistas comienzan a abrirse paso tras la interesada cortina de humo. Si excluimos al “especialista” Torres Caro, por lo general son psicólogos, y es adecuado que ellos se pronuncien ante la población y proporcionen algún tipo de guía. Pero los psicólogos, particularmente los clínicos, tienen entre sus deberes tratar enfermedades y anomalías de la mente, y es como debe ser. Es la sociedad - y en ella el sistema educativo - el que debiera enfrentar en términos de prevención los problemas sicológico-sociales de los adolescentes y jóvenes. Y para eso hay que mirar sin concesiones lo que pasa en el tema educativo de la introducción del niño/niña en la sociedad, y los términos en que se produce.

Esto nos ubica en el contexto del hogar y en la escuela, instituciones cuya función social sería la de reproducir una suerte de orden social preexistente, traducir generacionalmente el lenguaje afectivo-racional, y servir de correa de transmisión del sistema de valores predominante. No se trata solamente del asesinato de madres y padres por sus hijos, o del cinismo y alta capacidad para el disimulo y la mentira que muestran. También es importante situar estos hechos en el contexto de nuestro país, primero o segundo o tercero en la exportación de cobre y el abuso infantil; en la harina de pescado y el asesinato de mujeres por sus parejas o exparejas, entre otras bellezas sociales. Y eso sin contar con las cifras en bruto de las desigualdades sociales y los inexistentes esfuerzos para paliarlos con cierta inteligencia. Este asesinato sobrenada en una situación social anómica.

¿Qué falla aquí? Pues casi todo, a primera vista.

El orden social que se reproduce de padres a hijos tiene los caracteres de una sociedad que no ha resuelto aún sus contradicciones morales. El hogar y la escuela se limitan a trasladar el desconcierto. En otra ocasión hemos tratado someramente el tema de la formación moral en sus aspectos heteronómicos y autonómicos. A falta de autonomía de los jóvenes – mantenidos artificialmente en el pensamiento mágico y el descontrol adolescente – la heteronomía se sostiene en nombre de una suerte de “principio de autoridad” que se invoca aún desde las altas esferas del poder. La “autoridad” se valida por ella misma, a la manera del pasado. Padres y Madres carecen de modelos sociales, y tienden a retroceder hacia sus propias experiencias como hijos. Reproducen experiencias de otras épocas y otros contextos, inadecuadas por lo menos, y autoritario-dictatoriales por lo más.

El lenguaje afectivo-racional que supuestamente la familia y la escuela debieran plantear como elemento básico de comunicación intergeneracional está marcado por este autoritarismo. La base de toda formación es la seguridad que los niños y niñas debieran sentir. El fallecido educador Juan Abugattás lo señalaba como la necesidad de hacer de las escuelas “espacios amables”, donde las relaciones sociales estuvieran signadas por el afecto, no por la imposición. La seguridad se produce por la experiencia de la presencia afectiva de los padres biológicos y simbólicos. Nadie ha podido resolver el tema de la cantidad y calidad de la presencia de los padres. Sabemos de más que la agresividad de una sociedad orientada al logro económico per se determina la ausencia física y moral de padres y madres, sea por necesidad económica, sea por posicionamiento social, aspectos que devienen como lo más importante en la escala de valores familiar. Y eso se traslada, porque los niños son niños, no tarados, y asimilan lo que se les da. La gravedad de la situación es tal que los niños aprenden con todo éxito que lo más importante es la economía y el consumo que permite. El amor, el cariño, la presencia de los padres se visualizan como menos importantes que la capacidad de consumir, es decir, que la presencia del plato de comida allá abajo, o el wii allá arriba. Y claro que es para levantar polémica el asunto.

Por ende, la escala de valores que se transmite está trastocada en su origen. Nada hay que sea más valioso e importante que responder a la desesperación consumista. Para ello se requiere poseer dinero. El dinero se obtiene a través del trabajo. ¿Se obtiene a través del trabajo? Firmes. Sabemos de más que en el Perú el vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo. No está la ética del trabajo en los “memes” (equivalente social de los genes) que trasladamos a nuestros descendientes. Más bien encontramos una suerte de “todo vale”, y la corrupción y el delito son las rutas más rápidas para el ansiado logro de una farra eterna. Basta ver los titulares de los periódicos, y las noticias en la televisión. Parece existir una desesperación por parte de las mafias que nos gobiernan de plantear socialmente una especie de “blanqueo” moral de sus acciones. Lo vemos en nuestros políticos todos los días. Los delitos no lo son, son “pecados”. Las faltas no lo son, son “errores”. Todo en la sociedad grita contra una ética del trabajo. El lenguaje mismo está pervertido. Y la deconstrucción de este lenguaje pervertido, que es una labor que debiera asumir el sistema educativo en los últimos años de secundaria, simplemente no existe.

Hagamos la simplista ecuación de autoritarismo más consumismo más perversión del lenguaje, y lo que nos da es la aceptación social máxima maquiavélica del fin que justifica los medios.

Intentemos imaginar una respuesta más o menos “adecuada” al problema planteado. El asesinato de la madre tuvo móvil económico se dice, y eso es reducir el problema a lo policial. ¿Cuál fue el móvil del asesinato? Pues contar con aquello cuyo monopolio ejerce la generación de los padres: el dinero. Pero no es el dinero por sí mismo, sino por el status que permite a través de la integración a un mercado de consumo que está claramente limitado en nuestra sociedad. Representa el logro de la autonomía tan deseada por los adolescentes de todos los tiempos. Lo terrible, lo chocante, son los medios empleados, no solamente por la amoralidad de éstos, sino, y quizá esto es lo más notable, por la incoherencia que muestra con el objetivo que se intenta, la autonomía. En generaciones pasadas, en otras latitudes, el joven en conflicto familiar solía tirar la puerta, irse de casa y luchar por ganarse la vida por su cuenta, conquistando así, a lo bestia, su propia autonomía. Aprendiendo de la realidad. Creciendo en lo económico y lo emocional hacia la adultez, en suma. Pagaba por ello con la escasez por supuesto, pero la escasez – o la fantasía de la escasez, estos niños asesinos no saben en qué consiste - parece ser una suerte de infierno por el que pasar es demasiado laborioso, cuando hay atajos. Se aspira a la autonomía, pero por la ruta fácil, sin esfuerzo, sin trabajo personal de por medio. Y se secuestra, y se asesina, se ejercen la corrupción y la prostitución, se roba, se traslada drogas, y con un poco de suerte se llega a entrar en una argolla mafiosa, donde está la plata grande. Y últimamente se entra en política.

La autonomía se construye cuando el joven asume la responsabilidad de su propia vida. Ello es un proceso educativo, por cierto, y la ausencia total de medios pedagógicos para ello, sumada a la inopia paterno-materna al respecto, arroja a los jóvenes a la confusión ética presentada socialmente, en especial por los medios. ¿Qué representaría la posesión del dinero familiar? Evidente, la posibilidad del consumo desaforado (sin aforo, sin límite), la promesa de una vida construida alrededor del ocio. El viejo concepto de alienación parece ser útil para incluirlo en una explicación racional del tema. El trabajo mismo es una mercancía escasa, y cualquier peruano con medio dedo de frente sabe en positivo que de lo que se trata es del dinero, no del trabajo. Ello nos explica el por qué hay tanto “burrier”, tanta corrupción y tanto individuo – como la pareja de la hija asesina – “sin oficio ni beneficio”. Y, de pasadita nomás, por qué hay explotación infantil y tráfico de órganos en nuestro país.

El capitalismo originario se construyó alrededor del esfuerzo denodado de individuos que, siguiendo sus propios intereses, trabajaron con habilidad e inteligencia para lograr el aumento de sus bienes y el logro de un estilo de vida desahogado. Supuesto que el modelo del capitalismo es el que se aspira a establecer en el Perú, constatamos que ninguno de sus valores personales y sociales logran ser transmitidos a las generaciones que vienen, y cuando esto sucede es contra el sistema, no debido a él. No se premia socialmente ni se le da cobertura al esfuerzo laboral fecundo, a la habilidad para resolver problemas, a la honestidad como modelo de vida. Es más, las consecuencias que le esperan a las acciones consideradas “malas” también están trastocadas. El viejo dilema de Job sobre la favorable suerte de los malvados contrapuesta a lo mal que le va a las buenas personas no es en nuestra Patria una pregunta moral que se plantea en una clase o se discute en una tertulia, es una constatación objetiva de la realidad. No es tampoco un tema de azar o estadística, sino más bien una costumbre inveterada y que el medio social nos mete por los ojos. Aún las personas con más solidez moral sienten sus principios crujir ante el embate de la realidad. La transgresión se transforma en una costumbre. En el Perú el crimen no solamente pag
a, sino que paga mejor.

¿Sorprende entonces que ocurran estas cosas? Estas cosas pasan todos los días en nuestro país. Pero no están igual de cubiertas por los medios cuando no hay plata fuerte por medio. También se mata por un plato de comida. Y no podemos ocultar el sol con un dedo señalando que “en todas partes es igual”. No, en todas partes no es igual. En casi todas las partes civilizadas del mundo estas actitudes anómicas son rechazadas frontalmente, y existen políticas educativas y familiares establecidas para contrarrestar los daños que puede producir la “libertad de prensa” y los anti-valores. Los especialistas trabajan sobre ello, el sistema educativo coloca contenciones guidas por la sensatez, se forman ciudadanos autónomos, o por lo menos se intenta. Con sus más y sus menos, por supuesto. En todas partes se cuecen habas, pero, como escuché alguna vez: “En el Perú, lo único que hacemos es cocer habas”.

Quizá vaya siendo hora de repensar el orden social. Queda abierta la discusión.