El Ministerio de Educación de la
República del Perú ha dado una Norma que está levantando harto polvo. Para
matricularse en el primer grado de primaria, niñas y niños deben haber cumplido
seis años antes del 31 de marzo. Si naciste a las 12:00 con diez segundos del
Primero de Abril – conocido en los países anglosajones como All Fool´s Day, el “Día de Todos los
Tontos”, coincidencia que no creo se haya notado -, o el médico que te ayudó a
nacer equivocó la fecha o la hora, no entrarás y seguirás en el pre-escolar si
estás en uno o te seguirás quedando en tu casa. Punto. Se acabó. No hay más. He
estado siguiendo los argumentos a favor y en contra de la norma sobre el 31 de
marzo como fecha límite para el ingreso a primer grado. Y francamente estoy
algo sorprendido, porque según parece el odre viejo se rompe precisamente en un
aspecto que duele a todo el mundo, aunque por muy diferentes razones en cada
caso.
Niños y Niñas
No me vengan por favor con el
tema de la socialización o de los niveles cognitivos. Mantener a un niño en un
nivel determinado, o no promoverlo por razón de una norma, y no por razones
inherentes a las características del niño es un soberano saludo al principio de
autoridad y al reinado de los indicadores estadísticos. Eso no es Pedagogía, es
Administración de la Educación. Administrativamente se adopta una norma porque
se entiende “conviene a la mayoría”, y se sostiene porque las normas dictadas
por la autoridad son para eso, para cumplirse. Pero poco veo qué tenga que ver
con los niños y su desarrollo. El desarrollo infantil es diferente en cada
criatura, y tiene que ver con el logro o ubicación del niño o niña en los
diferentes niveles de desarrollo motor, cognitivo, afectivo, moral y social
supuestos para una determinada edad, de acuerdo a un plan educativo
determinado, orientado por unos fines educativos específicos. Desde esa
perspectiva se toma una decisión referente a en qué nivel debe estar un niño u
otro. Lo que debiera mandar es la etapa del desarrollo del niño, no la decisión
del burócrata. Pero esta norma curiosa nos dice sin decirnos que todos los
niños y niñas deben tener el mismo nivel a los seis años para el 31 de Marzo
del año en curso. Y si no, naranjas, no entra. Como administrador, entiendo el
problema. Como educador me cuesta entender esa lógica “igualadora”.
Maestros e
Instituciones Educativas
Se supone que los maestros
sabemos cuáles son los niveles, estadios o etapas que atraviesan los niños – o
por lo menos sabemos cómo averiguarlas -, y podemos por lo tanto decir algo así
como “Fulanito está en su nivel cognitivo, pero tiene un retraso – o adelanto –
en su desarrollo motor, en tanto que Menganita anda como cañón en lo motor, pero
socializa de manera pobre – o superior”. Al margen de la crítica a una
Evaluación que te estaciona y predetermina de acuerdo a estándares desconocidos
para la mayoría, y que en otras latitudes se está abandonando con todo éxito, se
evalúa para tomar decisiones sobre qué nivel le corresponde a cada niña y niño,
y por ende qué recursos educativos serán destinados a su desarrollo. Dejándonos
de vainas, en la realidad real la mayor parte de los maestros no sabemos evaluar.
Y no parece que el sistema tenga bastantes Psicólogos para hacerlo, ni
demasiadas ideas aplicables al respecto. Y aunque los maestros supiéramos
hacerlo o hubiera psicólogos, ni unos ni otros toman la decisión, lo hacen las
Instituciones Educativas, de las que los maestros y psicólogos somos parte muy
relativa, sea porque no hay, sea porque rotamos más rápido que el cometa Halley,
sea porque los órganos que intermedian al estado con el aula están más
interesados en hacerle saber a los padres, madres, maestros y psicólogos que su
poder es omnímodo, más que sea por ser la Autoridad. El número de aulas,
carpetas y profesores, la cantidad de tizas y pizarras son argumentos de peso
mucho mayor que cualquier evaluación de niñas y niños, eso es bastante más que
obvio. Estas serían algunas razones latentes por las que el ministerio se
convierte en el gran evaluador nacional, saca un promedio general y pone la
raya en el 31 de Marzo. Por lo menos que nos digan qué tiene el 31 de Marzo
respecto a los niños y niñas que no tengan el 15 de Abril o el 14 de Octubre,
por ejemplo. Y qué tiene una fecha taxativa que no tenga mejor una franja.
El Ministerio de
Educación
El Viceministro Martín Vegas y la
Ministra Patricia Vargas manifiestan que la norma pretende proteger el
desarrollo de niños y niñas. Acabamos de ver que este argumento manifiesto
podría esconder otros latentes de carácter más bien administrativo y burocrático,
pero cuando menos es un argumento atendible e interesante, referido a una
lógica educativa, y no es para quitarlo de en medio, pues puede ayudar a distinguir
en qué se basa esta decisión del 31 de Marzo. Tratemos entonces de entenderlo.
¿Por qué razón el Ministerio daría una norma para proteger el desarrollo de
niñas y niños, que se sabe será entendida como taxativa? Debe ser porque se
espera que sea taxativa, pues hasta donde sabemos las autoridades del
Ministerio no son caídos del palto y conocen el sentido de las normas. ¿Y por
qué una norma debe ser taxativa? Pues para resolver un problema generalizado,
que no podría ser enfrentado mejor o de manera más adecuada de otro modo. ¿Cuál
problema es ese? Pues proteger el “desarrollo” de niñas y niños. Hasta aquí el
argumento.
Las Preguntas
Tempestad
Ahora, las Preguntas Tempestad: ¿De qué amenaza hay que proteger el
“desarrollo” de niñas y niños? Pues de la amenaza de las decisiones
equivocadas que otras instancias podrían tomar, que resultarían en “adelantar”
o “retrasar” a los niños y niñas a niveles que no serían los adecuados a su
edad. Pues si “protegemos el desarrollo” es precisamente para velar que cada
niño y niña esté donde le corresponde, no donde no le corresponde, y como el
sistema es progresivo y se basa en la edad y los logros pedagógicos, pues
entonces a cada nivel de desarrollo le corresponde un nivel institucional. Es
decir, si tienes seis años te corresponde primer grado, no si tienes cinco
porque te “adelantarías”, y si tienes siete, estás “retrasado”. Y se entiende
que estar “adelantado” o “retrasado” no es bueno para el “desarrollo”. Desde el
otro lado, el primer grado se diseña para los que tienen seis años, no cinco ni
siete. Ahora bien, “cinco”, “seis” y
“siete” son letreritos, rótulos que en Educación representan la correspondencia
de los años cronológicos con un determinado paquete de rasgos motores,
cognitivos, afectivos, morales y sociales.
Y “primer grado”, “segundo grado”, etcétera, son otros tantos letreritos
que representan un proceso en que se entra con ciertos rasgos motores,
cognitivos, afectivos y sociales, y se sale con ciertos cambios introducidos en
el desarrollo de dichos rasgos. Todo muy ordenado en apariencia, y todo por el
bien del niño y niña.
Sin embargo, aquí empiezan los
problemas, porque desde el mismo momento en que dije – por más que me ampare en
la Pedagogía – que Primer Grado es el nivel que “corresponde” a los seis años
cronológicos, y confundo el letrero con el paquete de rasgos que representan,
entonces me he metido en camisa de once varas. Porque las personas, y en
especial los niños y niñas, tienen la manía de no ser todos igualitos, y porque
las circunstancias de las comunidades y las familias; los entornos culturales,
geográficos y sociales; los diferentes niveles de aprestamiento; las situaciones
personales particulares como el biotipo y la posible discapacidad; y la
exposición a diferentes estímulos de todo tipo hacen de cada persona un alguien
diferente. Y los letreritos por lo tanto lo que hacen es cubrir con un manto de
homogeneización los muy heterogéneos rasgos cognitivos, afectivos, motores,
sociales y morales de un determinado grupo de edad. Si vamos a homogenizar así,
entonces no entiendo ni para qué diversificamos la currícula, ni para qué
descentralizamos el país, ni para qué establecemos la Inclusión educativa, si
al final vamos a terminar de nuevo homogenizados por la norma del Ministerio
desde Lima, para todos, y sanseacabó. Homogenizar lo heterogéneo es poco
pedagógico en sí mismo, aunque desde lo administrativo es comprensible
maximizar los recursos disponibles para lograr los fines que nos hemos
propuesto con el proceso educativo. Si tengo un paquete a obtener de logros
pedagógicos es porque tengo una idea de adónde me dirijo, es decir, un
resultado al que apunto. Y el problema es que nuestro sistema educativo está en
crisis hace demasiado tiempo, y lo está porque si algo ha demostrado es su
incapacidad para responder a las necesidades sociales. Y esto nos lleva a más
Preguntas Tempestad.
Más Preguntas
Tempestad
¿De quiénes hay que proteger el “desarrollo” de niñas y niños? Según
parece hay que proteger el desarrollo de los niños de la acción de las propias
Instituciones Educativas, que ya vimos no están en su inmensa mayoría en
condiciones de evaluar correctamente el “desarrollo” de los niños. ¿Por qué?
Pues porque o no están en capacidad de hacerlo, o si lo están posiblemente
tomarían decisiones que no protegerían el “desarrollo” de los niños y niñas. Curioso,
parece ilógico que los protejas de Instituciones a las que los vas a meter. La
verdad no alcanzo a comprender del todo el alcance de esta amenaza. Debe estar
muy mal la cosa para no permitirle a una Institución que por lo menos conoce al
niño o niña involucrado que tome una decisión al respecto, cuando menos dentro
de una franja. A diferencia del Ministerio, en la Escuela ven a la niña o niño
en tiempo real y en vivo y en directo, y no entiendo cómo una evaluación escolar
in situ pueda ser peor que una homogenización a rajatabla tomada a base de
estadística desde un edificio de Lima; “válida” de Jaén a Huancané y de Chancay
a Caballococha; para entornos rurales y urbanos; para aymaras, matsiguengas,
criollos y andinos; para personas con y sin discapacidad. Si el promedio de las
Escuelas está tan mal que se considera
no pueden decidir al respecto, entonces lo coherente sería impedir al niño o
niña que ingrese a una Institución que ni siquiera es capaz de evaluarlo.
¿De quién más hay que proteger a las niñas y niños? Pues me parece
obvio, y me lo guardé para el final, pues de sus Papis y Mamis. Aparentemente,
según el Ministerio, Papis y Mamis no están en condiciones de decidir
correctamente qué es mejor para sus hijos en cuanto a su desarrollo. ¿Está esa conducta equivocada de papis y
mamis tan generalizada que el mismísimo Ministerio tiene que actuar para que
los Padres y Madres actúen de una buena vez por todas como se debe y no cómo
les parece? Pues parece que el Ministerio entiende que sí, pues de otro
modo no entenderíamos que meta la mano de este modo. ¿Y por qué está generalizado? Ah, esto es más serio de lo que
parece.
Padres y Madres de
Familia ¿lacras sociales?
¿Qué trata de evitar el Ministerio con esta Norma? Pareciera que
varias cosas, aunque la principal, la confesada en cualquier caso, es que los
Padres y Madres de Familia tomen decisiones erradas en cuanto al desarrollo de
sus hijos, “adelantándolos” del nivel de su edad. Tratemos buenamente de ver
por qué los papis tomarían esa tan equivocada decisión. Hasta donde sabemos,
papis y mamis no son lacras sociales, como algunos periodistas los están
pintando. En su gran mayoría quieren a sus hijos, aunque más no sea por
predeterminación biológica, y se comprende que desean en general “lo mejor para
ellos”. Nuestra Constitución y Leyes
protegen a la Familia y le acuerdan a los padres ciertas prerrogativas en la
Toma de Decisiones sobre la Educación de sus hijos, entre ellas algunas trascendentales,
como decidir en qué credo religioso, o ausencia de éste, los educarán. Se
supone que tienen derecho a decidir sobre la Educación que desean para sus
hijos.
Esto en el papel, por supuesto,
porque en la práctica las decisiones de los padres y madres están en
dependencia directa de cuánta plata tengan. La educación pública existe entre
otras razones para permitir a los padres y madres una alternativa que puedan
adoptar en el caso que, como ocurre con la gran mayoría en nuestro país, no
puedan agenciarse otra. Y su intervención en el proceso educativo está
consagrada a través de su participación en las AMAPAFAS – Asociaciones de
Madres y Padres de Familia – en los colegios públicos y privados. El discursito
acerca de los Padres y Madres que no saben no está corroborado por los hechos.
La escuela guardería
Un primer factor para “adelantar”
a niñas y niños es el tema laboral de la familia. Si papá y mamá tienen que
trabajar para traer el pan a casa, pues no pueden quedarse a cuidar a la
criatura, pues que yo sepa nadie, excepto San Martín de Porras, tiene el don de
la bilocación, y mientras la preescolar no esté generalizada, pues la Escuela
funciona como guardería. Y no es descaminado, pues el servicio educativo que
presta puede ser mediocre y homogéneo, pero permite a papis y mamis – en
especial en los casos de familia monoparental – salir a buscársela. Naturalmente,
este factor nada tiene que ver con el nivel de desarrollo del niño o niña,
pertenece a los datos de la pura realidad según la cual la supervivencia –
comer - es primero que el “adecuado desarrollo”, sea éste la entelequia que
sea. Quizá el funcionar como guardería sea una de las funciones sociales reales
más importantes que la escuela cumple en nuestro país, lo que en buena parte
explicaría algunos de los increíbles problemas y desórdenes que están saltando
con una norma que, en principio, podría ser adecuada. Según creo, esto es algo
conocido y que las autoridades del Ministerio supongo deben haber previsto,
pues es su trabajo hacerlo. Por otra parte, me ha desagradado profundamente
leer y oír a algunos periodistas, algunos de ellos sin ninguna experiencia de
paternidad o maternidad, pontificando sobre la irresponsabilidad de los padres
desde la comodidad de su clase media. Algunos de los que tienen zapatos creen
que el suelo es de cuero.
La Lucha por la Vida
Pero el factor esencial de la
oposición a la Norma parece ser otro. La Educación es un bien escaso, y la
calidad educativa ha sido expropiada en favor de las instituciones Educativas
privadas, que ofrecen el servicio de colocar a niñas y niños en condiciones
ventajosas socialmente por un precio, más aún en nuestra sociedad estamentaria.
Todos los padres y madres conscientes saben que la educación es importante. Se la
piensa como vehículo de ascenso social en casa, o medio para emigrar fuera del
país en busca de condiciones más o menos decentes de vida. Por lo tanto
conviene comprar los servicios de una escuela donde el niño aprenda las
esotéricas habilidades de la comprensión lectora, los idiomas extranjeros, los
valores, las matemáticas y las ciencias, negadas a las instituciones públicas. La
inversión es fuerte, como bien sabemos, y no todos tienen la plata. Un cálculo
económico obvio es cuánto va a costar en plata y en tiempo la educación de un
hijo o hija, cuál es el costo-beneficio de que “empiece antes” y “le saque
ventaja” al resto. Porque que hay competencia, hay competencia. Que la hija o
hijo se incorpore a la Lucha por la Vida cuanto antes y con todas las armas
posibles es un objetivo directo de las familias, en especial porque nada es
seguro, y menos que nada la jubilación en un país donde ésta es otro bien
escaso, y se cuenta tradicionalmente con la capacidad de los hijos adultos para
mantener a sus padres ancianos. “Adelantar” a los hijos no es, pues, algo que
se hace por maldad o por lacra social, sino un arma de supervivencia en medio
de la Ley de la Selva instalada en la sociedad.
Colofón
Pareciera que sin querer
queriendo el Ministerio ha chocado con procesos sociales que le superan
enormemente. Cuando estas cosas pasan, casi siempre es la inercia social la que
consigue imponer el Odre Viejo para guardar el Vino Nuevo. Imponer la autoridad
por la autoridad misma tiene límites. En la República de Utopía esta Norma tendría
un enorme éxito, porque alguna sensatez presenta, pero pareciera que nuestras
autoridades educativas están contando con que la sensatez, la razón pedagógica
y el sentido moral y ético de los padres y madres de familia se impondrán sobre
las necesidades perentorias y la lógica social. Puede que sea lo correcto, pero
qué poco políticamente viable la forma de plantearlo. No somos tan optimistas
como los funcionarios del Ministerio, ni creemos que al final la razón se
imponga, no son así los procesos humanos. Lo que nos dice nuestra pequeña
experiencia es que hecha la ley, hecha la trampa. En ese proceso de sacarle la
vuelta a la norma como a tantas otras bienintencionadas normas, la autoridad se
deteriora con mayor rapidez, y la legitimidad se va difuminando de a poquitos,
y al final se cae en la inercia de siempre. No creo que hubiera costado
demasiado pensar en procesos más que en disposiciones, más en educar a la gente
que en imponer la autoridad. En fin, veremos qué pasa con esta norma cuya
viabilidad política no parece estar en manos de los funcionarios. Y por hoy,
puntos suspensivos… .
La logica gubernamental nos dice que si quieres algo tienes que reclamar, el que se queda callado pierde. Si tomamos la pista, la carretera ganamos. Creo como en tantos otros casos el gobierno que es endeble cedera, dara vuelta atras , dejara en mala situacion a los funcionarios. Esperemos. He aprenddido bastante de su punto de vista. Abrazos.
ResponderEliminarHola, Javier
ResponderEliminarLeí tu post sobre la edad escolar, y coincido en que la intención es evitar que se "adelanten" a las y los estudiantes en los grados.
Hay una moda y una mercancía que vende el "adelanto" en los grados como sinónimo de calidad en los aprendizajes. Tal venta no es escasa en argumentos, pues en Bangladesh hay programas que sintetizan la escolaridad en pocos meses. Sé que también ocurre en el Perú, mas me permito poner en duda el resultante (BRAC de Bangladesh tiene un renombre internacional). De hecho, más de un autor de gestión del conocimiento considera que un ser humano en edad productiva puede salvar los años de escolaridad en quince días o menos.
Si la nueva norma busca poner freno a la venta de "adelantos etáreos", alguna ventaja puede tener. Aún así, considero que requiere un complemento: si una niña o un niño no puede ingresar a un grado de estudios debido a su edad cronológica, tampoco debe forzarse a tal pequeña persona a mantenerse en un grado en el cual su edad exceda la esperada.
Tal condición está prevista para el Primer grado: no hay repitencia en primer grado; mas se pierde en los subsiguientes. Considero que si se exigen seis años para el Primer grado, debe exigirse el segundo grado para los siete años.
He conocido a más de un colega que considera a la repitencia como necesaria metodología. Mi primera respuesta suele ser analógica: Si se derrumbó una planta recién construida de la casa ¿hay que hacerla nuevamente con los mismos planos? ¿los mismos materiales? ¿Confiamos en el mismo maestro de obras? Suelo concluir con una afirmación general: las mismas acciones no traen diferentes resultados.
Espero que esta norma tenga como correlato una próxima, exigiendo el respeto de la edad cronológica para cada grado, anticipando metodologías alternativas al facilismo de la repitencia.
Saludos
Miguel
Estimado Miguel, lo que a mí me molesta es que se ponga al burócrata
Eliminardelante del educador. Es cuestión de principio, porque en realidad
sabemos que la parte institucional no es moco de pavo. Y me molesta
que se adelante a los chicos, pero la solución del tema no parece
educativa sino social y económica. O si quieres, axiológica, y en esto tiendo al maximalismo. Para efectos de la norma de los seis años el 31 de marzo, estoy de acuerdo que el tema de la repitencia y, por ende, el del logro de los aprendizajes esperados, debería ser inmediatamente normado en la dirección que señalas, pero creo que eso implica unas decisiones de política educativa que no creo que el Ministerio haya tomado aún. Creo que están en algo, pero el tema es que no se les ve bien parados aún, y la inercia educativa es grande.
Claro está, eso impulsa un cambio en una determinada dirección, y ahí es donde chocamos con el Vino Nuevo en Odres Viejos. En ese aspecto, no veo que el Ministerio tenga suficiente espacio para
más que cambiar algunas cosas. Quien sabe, tal vez sea mejor así, a la larga. Un abrazo, Javier
Gracias por sus tan acertados comentarios sobre la línea inamovible para el ingreso al primero de básica (en Ecuador) o al primero de inicial. Aquí es igual. ¿Podría "robarme" algunas de sus ideas para repensar la situación en mi país?
ResponderEliminarLeonardo Izurieta Ch.
Siga usted no más, colega. Pero cite al autor. Saludos muy cordiales.
EliminarJavier, desconozco con exactitud la decisión de las autoridades educativas del Perú. Sin embargo, creo que es muy importante que los sistemas educativos fijen una fecha de admisión a la educación básica. En Colombia no hay estadísticas serias entre otras cosas por el desorden que produce no tener una norma que establezca la edad de los niños, quizás con un corte arbitrario sobre la edad adecuada del niño, pero que debe tener alguna sustentación, asociada a la edad, a los cambios de niño a joven y a los niveles educativos. Sucede que en Colombia un niño puede empezar a los 3 0 4 años la educación inicial y terminar a los 15 años la educación media, para luego graduarse de economista, docente u otra profesión a los 19 años. Otros niños empiezan a los 5 o 6 años, concluyen a los 17 a 18 años la educación media, ellos se gradúan de profesionales a los 21 o 22 años. Esta última situación les permite a los jóvenes disfrutar el sistema educativo, y empezar a asumir responsabilidades laborales y sociales a una edad más adecuada.
ResponderEliminarA manera de ejemplo, qué pasa, pensando desde la educación, cuando se encuentran 30 jóvenes en un curso de 9 grado, donde 15 de ellos tienen 14 años; 5, 13 años; 6, 15 años; y otros 4, 16 años: Se podrá imaginar los líos y la complejidad para de los docentes al interactuar en el aula con estudiantes con enormes diferencias de personalidad, madurez y desarrollo cognitivo.
ANGEL PÉREZ MARTÍNEZ
Bogotá Colombia
Un saludo. ¿Será tan difícil e imposible la interacción pedagógica con un grupo dónde hay niños con un rango de edad de dos o tres años? ¿No será más bien que esa dificultad resulta de una manera de valorar y comprender la diferencia de edad y, en general, la diversidad el aula? El discurso autoritario y etiquetador de las teorías del desarrollo cognitivo, la manía del supuesto orden y la aspiración dogmática a la uniformidad hacen que los sistemas educativos y muchos maestros aspiren a la homogeneización y a la estandarización de currículos, didácticas y niños, como lo pregonan las políticas educativas de la competitividad y del desarrollismo. Se olvida que la diversidad es una condición humana y una posibilidad de enriquecimiento para todos, y se la asume como obstáculo y como problema. La defensa del derecho a la educación y la necesidad de hacer una educación más inclusiva, pasa por la aceptación de la diferencia, por la eliminación de las formas de exclusión y por la superación de las barreras que generan discriminación en la escuela. Es inadmisible que los sistemas educativos, mucho más en nuestros países latinoamericanos y sobre todo si son públicos, establezcan restricciones y limitaciones al derecho a la educación y al educarnos juntos, tal y como promueve el movimiento de educación para todos y la educación inclusiva.
ResponderEliminarCordial Saludo,
Rafael Pabón
Bogotá
Estimado Rafael:
ResponderEliminarEstimados compañeros/ras:
Excelente tu reflexión y aporte en este mensaje.
He leído con sumo interés el intercambio de estos días entre los miembros de esta Comunidad - siempre estoy aprendiendo y sintiéndome motivada a reflexionar con ustedes , qué bueno de verdad !
Acuerdo completamente con tus dichos y envío a colega en Madrid - Soledad Arnau - investigadora en el tema de educación en capacidades diferentes.
Saludos cordiales y un gusto estar nuevamente en contacto contigo,
Alicia Cabezudo
Profesora Alicia Cabezudo
Escuela de Ciencias de la Educación
Universidad Nacional de Rosario
Rosario - Argentina
Yo ingrese a los cinco años 6 meses al colegio y tuve problemas toda mi vida (los menores de mi aula eran del 30 de junio) yo de setiembre. maltratos y todo tipo de cosas tuve que padecer, actualmente soy un hombre de 38 años diagnosticado con depresion y ansiedad ... no dejemos que nuestros niños padezcan las consecuencias de padres apurados.....
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