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jueves, 12 de enero de 2012

CULTURA: ROMPER LA SOLEDAD


“Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él …” (César Vallejo)


Empieza un Nuevo Año, y este cronista, bloguero, comentarista, chismoso, escritor en ciernes o lo que sea que yo sea, estaba sumido en una seca creativa. Ocupado en mis quehaceres destinados a recuperar algún tipo de equilibrio económico, no encontraba nada que realmente me inspirara ganas de escribir y superara la gris cotidianidad. He seguido leyendo en los pocos momentos que tengo libres. Avanzo mis Crónicas de Lecturas, personalísimo proyecto con algunos visos autobiográficos, con el que espero poder mostrar desvergonzadamente, exponer sin pudor y airear al viento mi jugoso enamoramiento, pasión abrasadora y cuasi erótica relación con los libros y la lectura. Confieso que me da un poco de vergüenza, y lo equiparo a lo que un actor o actriz debe sentir la primera vez que sale desnudos en el teatro o la pantalla. Supongo que todo está, como en muchas otras cosas, en la primera vez. A ver como sale, espero lanzarlo este año, y si es posible este mes. Sin embargo, mi ausencia de ganas quedó superada con la lectura de lo último del Blog de Javier Garvich, El lápiz y el martillo (http://lapizymartillo.blogspot.com/2012/01/los-sociologos-los-tecnicos-y-los.html), donde pergeña una reflexión interesante – si bien un poquitín contradictoria por momentos - sobre la cultura, el rol de los escritores, la lectura, los “técnicos” y los “científicos sociales”. Da para bastante, aunque me deja la impresión, Dios me perdone, que mi tocayo describe la lucha entre encomenderos por repartirse una indiada cada vez más inexistente.

(Paréntesis: Eso de las ganas no tiene nada que ver con la necesidad, el deber o los principios que llevan a uno a expresarse, es simplemente tema de cansancio mental y tiempo disponible para hacer lo que uno quiere. Escribir es una pasión, y hundirse en la desesperación del escritor que no escribe tampoco es renta. Las ganas, como sabe todo aquel que trata de expresarse, dependen del trabajo que uno le ponga. Me siento, pues, delante de la pantalla y trato de compensar la ausencia de inspiración con transpiración, a ver si es verdad lo que cuentan al respecto. Ruego paciencia a mis lectores si este articulito no está a la altura de lo que esperan, pero así es la vida. Vuelvo así a la carga, reloaded. Que los Dioses estén con nosotros.)

El vacilón de las palabras

Saber decir lo que se quiere decir es una virtud lograda a partir de la práctica en una habilidad, y lograrla no es fácil. Algunos habilidosos lo instrumentan para trasladar e imponer con su lenguaje una completa visión del mundo porque necesitan de la imposición para ser felices o sentirse realizados. Eso me parece nauseabundo, y lo combatiré hasta mi último aliento, suponiendo que me quede algo y al final no traicione, cosa siempre posible. Creo que todas las sabidurías son necesarias y ninguna es, por sí misma, tan boba que no contenga algún elemento a considerar e incorporar. Pero no me tiene que agradar que me vendan gato por garduña. Si escribo es porque descubro mis pensamientos y los saco al fresco, y espero que a alguien eso le interese y lo cuestione. El único límite son las normas elementales de convivencia y una racionalidad mínima. Si me insultan, corto la comunicación sin culpa alguna. Si me tergiversan, digo “me tergiversan” y dejo abierto el espacio a la discusión, porque entiendo que puedo estar equivocado, pero a la vez eso no me convierte en un ser acrítico ni en habitante de una torre de cristal. Comparto con mi tocayo Garvich el vacilón de las palabras y su posición respecto a lo que ocurre con los escritores. Admiro en él su solidez y su coraje para decir de lo que es, que es. También creo que la falsa dicotomía entre “científicos sociales” y “técnicos” obedece a temas ideológicos y no a una visión real de la sociedad ni del conocimiento. Y me permito desde ahí decir mis pocas ideas al respecto.

Valores en juego

Toda discusión alrededor del Poder tiene, a la larga, visos éticos y morales. Entran en conflicto escalas de valores que, aunque tengan el mismo nombre, ni significan lo mismo ni son considerados igual. Despojada de toda hojarasca y cortinas de humo, de eso se trata precisamente la discusión política, cuando menos en un plano ideal. El concepto “Cultura” no es unívoco, y cuanto menos se defina más confuso resulta. En la realidad real, la que se arma desde las relaciones sociales, la Cultura tendría importancia si la gente le diera importancia. No es así porque, y esto es discutible, parece haber una suerte de complot para mantener bestia a la gente. Sé que esta explicación es sesgada y un tanto infantil, pero podemos admitirla provisionalmente, más que sea como hipótesis jocosa. Hay, por ende, élites y masas, y nuestras masas, propietarias solo del voto y de su Opinión, van por un lado en tanto que la intelectualidad – supuesta élite -, va por otro. La fuerza de la razón no es la razón de la fuerza, y tener la razón suele ser un consuelo un tanto idiota cuando vas camino a la guillotina, pues no evita el navajazo. Según el viejo Marx, el poder depende de la economía y del reparto de la torta, y si a los que la mueven les importa la Cultura, pues entonces la Cultura importará, y si no les es funcional, pues no importará. Punto. Cuestión de escalas de valores sociales.

Oralidad

Me detengo un poco en estos temas, tratando de combinar ideas. Sin entrar en arrumacos conceptuales y limitándonos a lo estrictamente intuitivo, nuestra “cultura” es mayoritariamente oral, lo que quiere decir que se basa en el empleo de la palabra y el oído, y esto ha sido así desde tiempos inmemoriales, pues que la lectura – proceso intelectual complejo - era limitada a los que la movían hasta hace muy poco tiempo, y era marca de pertenencia a la élite. La Cultura es cosa de ociosos desde la Grecia Clásica. Luego llegaron los Liberales con sus ideas sobre cómo aumentar la producción y su exigencia de que la gente sepa algo más que lo oral para lograrlo. Y luego llegó el Manifiesto Comunista, los socialistas empezaron a agitar más la vaina, y entonces a los que la movían no les quedó más remedio que atracar con esa cosa de los sindicatos, la justicia, la educación masiva y el estado de bienestar. Así como el capitalismo liberal avanzó en el espacio y tiempo, dinamitando la oralidad a su paso - y hay todavía hoy regiones donde por angas o por mangas aún no penetra del todo - era seguido por la contracultura “proleta”, y junto con la fábrica llegaba la escuela, el estado de bienestar y algunas ideas más o menos revolucionarias, tanto liberales como socialistas. Donde las estructuras previas – que pueden tipificarse de feudales, semifeudales, mercantilistas, estamentarias, o lo que corresponda – oponen resistencia tradicionalista, como en nuestro país, se combinan una suerte de aceptación de lo “moderno-técnico” – que después de todo aumenta las ganancias – con las formas tradicionales de llenarse los bolsillos. Si antes te explotaban por la tradicional, ahora te explotan por la tradicional y además por la moderna, y a veces por la postmoderna. Eso si tienes chamba, claro. Y en consecuencia, la Cultura seguirá inscribiéndose en una estructura de exclusión y torres de marfil. Aprenderás lo que tengas que aprender según tu ubicación social, y no más, a no ser que le metas punche. En lo realmente existente, para las mayorías eso es leer un poco y marcar el paso. El cholo barato sigue rindiendo beneficios. Juan Mejía Baca lo decía claro respecto a los libros: “¿Quién compra?” “Quien tiene plata”.

Visualidad

La cultura visual de la modernidad y postmodernidad, como la estructura económica del capitalismo liberal, se superpone sobre la oralidad y reconstruye la expresión cultural de la sociedad produciendo formatos nuevos. Desde que los que la mueven se encontraron otra vez en la situación de no tener que ceder (La Unión Soviética se hizo cisco, se acabó la monserga de la economía social de mercado, y llegó el neoliberalismo), pues dejaron de ceder, y dado que no es necesario que la indiada aprenda, pues que no aprenda, que eso es un sobrecosto intolerable y atenta contra la productividad. Claro que la cosa no es tan fácil, porque la modernidad es contradictoria y exige eficiencia en los procesos productivos, pero de veras. Si eres bestia no eres eficiente y las utilidades bajan. Entonces se te tiene que educar para que seas eficiente. Pero si se les pasa la mano en eso de la eficiencia te pueden entrar ideas raras, no sé, el psicoanálisis, la evolución, la relatividad, la multiculturalidad o la convivencia pacífica. O hasta pueden aparecer indeseables características mentales, como el pensamiento crítico, el análisis o la cultura evaluativa. Horrible, oye. Claro que si tu “cultura” es suficientemente estamentaria, puedes contar con que eso lo harán solamente algunos loquitos nerds convenientemente aislados, y que terminarán emigrando fuera del Perú, y así podremos continuar meciéndonos en nuestra tradicional hamaca, dándole vivas al Perú y a los logros que nuestros connacionales emigrados logran fuera de nuestro país.

Inmediatez perceptiva

Como la visualidad y la oralidad basan sus efectos en la muy comercial inmediatez perceptiva, es simplemente natural que la “cultura” no privilegie las operaciones intelectuales, y poseerlas es artículo de lujo que muestra la pertenencia a la élite, pues ello presupone que tienes plata, como quería Mejía Baca. El consumo de productos culturales que requieran de habilidades complejas para “entenderlos” implica una formación intelectual, y eso explica por qué las películas peruanas son tan poco vistas en el Perú, pues son productos culturosos para gente culturosa, y no tienen el atractivo de la inmediatez hollywoodense – e incluso bollywoodense -, que ha creado un lenguaje visual-auditivo perfectamente funcional comercialmente, que emplea la inmediatez por ser la línea de menor resistencia para ganar plata que da miedo. Salvo una que otra excepción, el cine peruano es para el público de los festivales internacionales, y trata infructuosamente de adaptar al público nacional, en vez de adaptarse a él. Superar individualmente esa situación no es solamente escapar de la estructura educativa, porque no es lo mismo la Universidad de Flor de Agosto que la UPC. Implica algo más fuerte y más profundo, implica que existan los medios para que puedas permitirte pensar por ti mismo, y eso es en estos días extraordinariamente difícil. El más somero análisis de las características de la transmisión de conocimientos – por ejemplo, observando qué hacen los educandos con su tiempo – arroja provisionalmente un resultado bastante lapidario: Oralidad en la escuela y visualidad en el entretenimiento. Es decir, un simple desenvolvimiento de la inmediatez perspectiva, no un desarrollo intelectual. La “cultura”, así, ya no solamente no es lo que solía ser, si es que alguna vez fue algo, sino que es, precisamente, esa inmediatez.

Lectura y Audiovisualidad

La lectura no es un proceso inmediato, sino de sucesión consecutiva de formación de significados. En ese sentido el lenguaje visual cinematográfico y televisivo posee grandes semejanzas, y por ende no existe de facto una oposición entre la lectura y las expresiones audiovisuales, como algunos tradicionalistas refugiados en su torre de marfil parecen creer. El proceso en diversos niveles de estructuración de los textos conforme se van leyendo tiene mucho en común con el proceso de integración de los encuadres en el visionado – palabreja nueva que no me gusta – de una película o serie. El manga japonés, el Cine Negro norteamericano, la Nouvelle Vague francesa, el Cinema Novo brasileño o el Nuevo Cine latinoamericano poseen rasgos análogos a los que presentan las tendencias literarias. No son tan diferentes. Las convenciones audiovisuales pueden ser objeto de aprendizaje tanto como la decodificación de los signos alfabéticos. El chiste de contar una historia está en que el lector pueda representársela en su mente, trabajo que el cine y la televisión le ahorran al espectador. Los que escriben tendrían que considerar este hecho simple y ya viejo de un siglo cuando menos, los que producen películas y series pueden hacer cosas realmente interesantes pensando en el gran público, los artistas y músicos pueden integrarse al sustrato popular, y las escuelas emplearlo y considerar la necesidad de alfabetizar no solamente en la Lectura, sino también en lo Audiovisual, apoyando la una en la otra. Los procesos de aprendizaje de códigos y registros lingüísticos y pre-lingüísticos de todo tipo poseen su sustrato en el sistema nervioso, y el desarrollo de habilidades puede perfectamente vehicularse mirando hacia el futuro, y no hacia el pasado. No hubo nunca paraísos perdidos de la Lectura ni la Comprensión Lectora, solamente inconsciencia de un problema que estamos recién visibilizando. El asunto siempre fue grave, la diferencia es que ahora lo notamos.

Aislamiento

Los grupos sociales viven en ghettos, y en consecuencia las subculturas florecen contrapuestas las unas a las otras, mirándose de lejos, desconociéndose y muchas veces despreciándose. Los compartimentos estancos sociales determinan desarrollos más o menos independientes, así como extinciones generacionales masivas de las subculturas que no alcanzan a adaptarse y reproducirse. A diferencia de este descuartizamiento social, la cultura de masas postmodernista es global, y se impregna en estos ghettos vía medios de comunicación, adoptando formas diversas, aunque con segmentaciones marqueteras más o menos interesadas. El escritor, artista o científico que aspire a ser precisamente eso, puede serlo al interior de su mundito, pero romper el ghetto es tarea ingente, y requerirá pertenecer a la élite. Si los escritores solamente escriben para ellos, les espera el triste destino de los artistas plásticos cuyas exposiciones son monumentos al desperdicio de espacio y al vacío. Las líneas sociales se marcan no solamente por lo económico sino también por lo subcultural, y se necesita un enorme esfuerzo y una gran imaginación para encontrar los medios de trascender a los ghettos y construir sociedad. Es que parece haber algunos que pretenden proteger a la indiada del libre curso de las ideas, no se les ocurra pensar. Le dan a la gente lo que dicen ellos que quiere: Sangre y tripas en las noticias, cortinas de humo y apología de la ignorancia y la barbarie, opiniones predigeridas y poco más. La “cultura” queda reservada a los que se la merecen por derecho de posesión de bienes. Hasta la misma palabra “cultura” está devaluadísima en sus significados mediáticos. Y cuidado con que eventualmente un miembro de la élite sostenga ideas medianamente revolucionarias o reformistas, incluso simplemente liberales. En esto ni Mario Vargas Llosa se salva, aunque su Premio Nobel le dé suficiente caché para que sea a regañadientes integrado al mainstream, puesto que juega en las grandes ligas y puede mirar a sus críticos por encima del hombro y morirse de la risa. Pero él ha escapado fuera del esquema mercantilista y estamentario de nuestro país. A este destierro emocional e intelectual en el exterior, les corresponde a las mayorías culturosas que no pueden financiar la salida una soledad interior análoga, un destierro interior.

Qué Hacer

Según parece habrá que crear algún tipo de programa. Un programa implica organización, juntarse, fugarse de las torres de marfil y empezar a ser realmente creativos. En resumen, hacer la del príncipe Siddhartha, salir del palacio, ir a las calles a ver qué es lo que realmente está pasando, y crear algo a partir de eso. Que hay gente que lo está haciendo, la hay. No sé qué pensará el resto, pero para mí es urgente Romper la Soledad. El que tenga ojos, que lea.

lunes, 12 de septiembre de 2011

CONTRA LA FELICIDAD DE LOS HIJOS o LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ

CONTRA LA FELICIDAD DE LOS HIJOS o LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ

Ser madre o ser padre inevitablemente significa ser jodido” (Pilar Sordo, 
Psicóloga chilena)

Título provocador sin duda. Todos queremos a nuestros hijos felices. Yo prefiero atacar eso, a ver a donde llegamos.

Originalmente pensé ponerle a este artículo Los Límites de la Autoridad, pero la verdad del asunto es que lo que pasa no es que falte Autoridad, sino que sobra Permisividad, y ésta se justifica con el cuentazo de la felicidad de los hijos.

Como padre y docente he enfrentado las ideas de otros padres, madres, abuelas, tíos, tías e incluso docentes, que con desesperación tratan de hacer felices a sus hijos, sobrinos, nietos y alumnos. Se hacen esfuerzos ímprobos para proteger a los niños, lo que está bien por supuesto, pues protegerlos de la violencia, la miseria y la ignorancia es lo que le toca a la generación anterior. Pero de ningún modo podemos ni debemos protegerlos de absolutamente todo. No podemos tratarlos como tacitas de porcelana, como si la vida fuera en su totalidad algo tan terrible y tan insoportable que podría quebrarlos, por lo que tratamos a toda costa  que no tomen contacto con ella. Esta es una Política de Avestruz, la de tratar por todos los medios de impedir que niños y niñas contacten los hechos desagradables de la vida.

La Felicidad, ja ja

Empecemos por el principio, con nuestro fiel Diccionario de la Real Academia, en su versión virtual:

Felicidad. (Del lat. felicĭtas, -ātis).
1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento.

Lo primero que surge es el tema del estado de ánimo que se complace en poseer un bien. Entiendo que los bienes no son siempre físicos, y el acento no está en la posesión, sino en el estado de ánimo. Hablar de un bien así en directo nos refiere al tema de los valores. La felicidad parece ser un estado de bienestar íntimo, una satisfacción, un gusto, un contento generalizado. Creo que la definición  RAE explica poco, porque la felicidad es una idea elusiva, más aún cuando tratamos de hacer felices a otros.

Procurar la felicidad parece la obligación que la generación más vieja le debe a la más joven, en vez de un objetivo que cada ser humano se plantea en el transcurso de su vida. El deseo de lograr un estado de ánimo de satisfacción plena es general, de ahí que podamos afirmar con seguridad que la felicidad no viene de afuera, sino de dentro de la persona humana. La felicidad es un enorme problema, lograrla quiero decir, pues hay tantos factores en la vida que nos privan de los bienes físicos y emocionales, que al final la infelicidad se ceba en todos en algún momento y en alguna forma, nadie se salva de pasarla mal algunas temporadas. De otro lado, nadie tiene el monopolio de la felicidad, la que parece no tiene que ver con la posesión de bienes materiales, aunque es indudable que un mínimo de bienes materiales es necesario para alcanzarla.

La Felicidad de los Hijos

No hay cosa más instalada en la mente de madres y padres que el cuidado de la progenie, lo que ha funcionado bien hace una buena recatafila de milenios. La Cultura metió la nariz pocos miles de años ha, pero asumió el asunto con todo, y en nuestras mentes y documentos cuidar a nuestros hijos está presente, no hay sociedad que tolere que se trate mal a los hijos a no ser “por su bien”, claro. Sin embargo, esos locos bajitos siempre salen con otras ideas, amén desde hace milenios. No piensan en ser felices, quizá por eso necesitan muy poco para serlo. La felicidad de los hijos suele confundirse con la inconsciencia, y la inocencia - virtud infantil - es extemporánea y prueba de pérdida de contacto con la realidad en jóvenes y los adultos. Sin embargo leí en alguna parte que lo mejor de la inocencia es perderla, y la inconsciencia sirve más para crear émulos de los tres monos de ojos, boca y orejas tapadas, o avestruces que creen que la cosa deja de existir porque no la ve.

Los niños son cualquier cosa menos esos dulces seres que nos venden los huachafos. Son increíblemente perceptivos, absorben todo cual esponjas. Son excelentes aprendices y su razonamiento concreto y blindado, cuando no se le castrado o descuidado irresponsablemente la salud, educación y demás cuidados; basta para resolver la mayor parte de los problemas de la vida. También hay en ellos cierta perversidad, como es fácil ver cuando destripan un animalito, o juegan entre ellos un juego que involucre jerarquías. Vamos, no son angelitos de cerebro tábula rasa, como cualquier maestro, padre o madre de familia no obnubilada sabe.

Frustración y Felicidad

Que los niños sean felices no es tan deseable, hay que protegerlos, pero hay cosas de las que no se les puede proteger, tales las frustraciones. Está muy bien acompañarlos cuando las sufren, pero no puede ni debe impedírseles vivirlas, porque entrarán en juego las compensaciones, y el chico termina por aprender que cada vez que le pase algo, papi, mami o abuelita le darán su caramelo. Y cuando no lo reciba la infelicidad le pasará la factura acumulada con intereses. Pero papis, mamis y abuelitos por lo general evaden sus propias frustraciones proectándolas a los niños, y resuelven su problema pasándoselo a la siguiente generación. Un amigo me lo ilustraba muy bien: Definición de chompa: Lo que las mamis le ponen a los hijos cuando ellas tienen frío. Crear entornos con exceso de protección es un riesgo.


Bertrand Russell decía que niños y jóvenes deben enfrentar situaciones controladas de riesgo físico que les formen para enfrentar las durezas de la existencia. Los niños deben ser enseñados a lidiar con la frustración y los problemas de la vida. Si no lo hacen de chicos, igual lo harán de adultos, a la mala. De los apoderados depende esto, pero es fácil no estar, o estar a medias, siempre habrá pretextos para ello. En realidad los maestros de los niños son los medios de descomunicación, en particular la televisión, que fáciles imágenes de la felicidad, entendida básicamente como una fiesta permanente. La tierrita donde el avestruz entierra la cabeza está poblada de mentiras y falacias. La escuela no puede competir con los medios, todo lo que queda es el ejemplo familiar. Pero el consumismo le arrebata a la familia su aportación valorativa, y el espacio de los padres es cada vez más estrecho. Los niños aprenden con rapidez extraordinaria y lo que los padres no hagan cuando son niños, ya no lo harán nunca. Por desgracia lo que hacen la mayoría es pintar un mundo de colores brillantes que poco o nada tiene que ver con el gris tono de la existencia real.

Familia y permisividad

La familia se supone sigue siendo la base de la sociedad, pero sabemos que las familias andan como la mona, que hermanos a hermanos se hacen la guerra, que hay hijas e hijos que asesinan a sus padres y madres por plata, que a la hora de las herencias se produce una general sacadera de ojos, que el principal asesino de mujeres es la pareja, que los principales violadores de menores son padres, tíos y otros parientes cercanos, y que hay padres y madres que alquilan a sus hijos por cinco soles al día, cuando no son ellos mismos los que dirigen el negocio de la mendicidad, la venta nocturna de cuerpos núbiles, o el narcotráfico hormiga. Parece que los problemas de la generación anterior pasan a la posterior en automático, en función de una mímesis donde los niños repiten las tradiciones familiares reales. De esto no se libra nadie, como dice la canción, se sufre en ambos extremos de las clases sociales. Algunos lo explican por la pérdida de valores, y francamente me canso de decir que los valores no son billeteras que se pierden en la calle. Cabe preguntarse qué pasa hoy con las familias, y mirar atrás a la sociedad patriarcal no ayuda en nada, si no es a sentir una chocante nostalgia por los tiempos pasados que me evoca una senilidad anticipada. Sin embargo, la ética pueden ayudar a entender un poco esto de la felicidad.

Valores y Felicidad

La Sociedad se sustenta en prácticas y acciones que se expresan en ritos y ceremonias, actitudes y conductas, con potentes contenidos simbólicos basados en un núcleo axiológico: Los valores. El proceso de la felicidad se supone adscrito en la percepción, crítica, aceptación y corporización de dichos valores sociales. Si vives de acuerdo a ellos serás feliz, veamos algunos caracteres de ello:

Los valores son básicamente preferencias, las personas tienden a preferir ciertos estados de cosas a otros, eso se expresa en unos valores con preferencia a otros: Estar tranquilo y en paz parece ser mejor que estar intranquilo y en conflicto constante, y por eso tratamos de mantener la tranquilidad pública a través de leyes y una fuerza policial que las haga cumplir. Ocultarlo bajo la alfombra implica que los niños no saben que la paz y la tranquilidad tienen precio, y que este precio hay que pagarlo sí o sí con actitudes y acciones.

Los valores poseen polaridad, tienen positivo y negativo: Malo - Bueno, Feo – Lindo, Lógico – Ilógico, Sagrado – Profano, Salud – Enfermedad. Hay una tendencia a referirse a estas parejas como valores”·- “anti-valores, lo que me parece insulso y carente de sentido. Diferenciar pros de antis no es rentable para una ética de contexto postmoderno relativista. Tan valor es la Justicia como la Injusticia, la Honradez como la Deshonra. Se puede recurrir a la idea de anti-valor, pero me parece que el relativismo postmoderno determina que los valores son producto de conflictos entre grupos, y que adscribir a determinados valores coloca a las gentes en un bando de varios. Ocultar que hay anti-valores apreciados socialmente no ayuda a educar. Pensemos en Drogas, ya no es fácil decir son malas, cuando, como decía un amigo, el problema de las drogas no es que sean malas, es que son buenísimas. Ello ilustra lo relativo de los conceptos de bueno y malo, de modo que educar en valores es un ejercicio de reflexión y dilucidación, y un procedimiento para lidiar con los problemas de la vida cotidiana. Formar en valores no es proteger de la realidad, sino enfrentar lo que ocurre reflexiva y proactivamente. Y si no se hace ahora, no se hará nunca.

Escalas de Valores

Los valores se ordenan en escalas. Para la Sociedad, los grupos que la conforman, los individuos, no hay valores aislados. Hay una jerarquía que permite tomar decisiones morales. Para decidir un curso de acción se privilegia un Valor sobre el Otro, así las sociedades y grupos consideran que hay Valores que cuentan más que otros. Donde hay desacuerdos es porque hay escalas de valores en conflicto. Los debates sobre unión civil, aborto, eutanasia, gasto social, impuestos son obvios para los niños. No se puede esconder en el closet por la eternidad que hay gays, pobres y muertos. La historia del príncipe Siddhartha ilustra el shock que produce toda la data que se viene de golpe.

Los Valores son guías para realizar acciones o tomar actitudes en la realidad cotidiana. Las situaciones reales modifican el ejercicio de los Valores. Se necesita coraje – a veces le decimos “valor”, así, en general – para defender una causa impopular, por ejemplo. Todos dicen querer la paz, pero veamos cómo nos comportamos en una barra brava, o cuando alguien se pone delante de nosotros en la cola. La coherencia de acciones y valores pasa por pruebas de fuego constantes, ocultar lo que está a la vista solamente produce desazón.

Los Valores, como todo lo humano, son “dobles”. Pasa que se dice tener un Valor, cuando en realidad se sostiene otro, o incluso el anti-valor. Se instrumentan ciertos valores para justificar el no adoptar medidas efectivas contra el narcotráfico y la prostitución clandestina, por ejemplo. Las incoherencias sociales, tal como se dan en las familias, se clavan en las almas de los niños y revientan en la adolescencia, a no ser que al chico se le tenga en una esfera de cristal tan sólida - o en un ghetto o banthustan - que la realidad no entre en ella. Pero parece que la máxima aspiración social de muchos es construir esas esferas en esos ghettos. Y ello es parte de nuestra anomia social tanto como las previsibles psicopatías y sociopatías.

Colofón

Esto da para un libro. Lo cierto es que la felicidad de los niños y niñas no puede construirse sobre la mentira. No tiene sentido esconder el mundo, hay que mostrarlo y dilucidarlo sin exageraciones ni dramatismos, los padres tienen como primer deber comportarse como adultos, enfrentar ellos mismos el mundo y no pasar su problemática irresuelta a la siguiente generación. Y punto.

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